martes, 26 de mayo de 2026

26 DE MAYO DE 2026, 16ª DE FERIA: "¡¡QUÉ PRESIDENTES MÁS MALOS!!"

    Qué presidentes más malos. Pésimos. Espantosos. Incompetentes. Paupérrimos, y toda clase de adjetivos de la misma índole. Los presidentes que la plaza de Madrid padece son lamentables, pero la cohorte de asesores -entre veterinarios y artísticos- que les acompañan tarde tras tarde, son también para echar a correr. Todos ellos, unos y otros, son los responsables de la degradación que vive la plaza de Madrid. Una degradación traducida en un escándalo presidencial cada tarde, apenas sin fallar una. De seguir así, el día 14 de junio podremos gritar eso de "¡¡bingo!!". O "pleno al 15", como en la quiniela. Y el premio, que por lo que se ve no ha de ser modesto, se lo repartirán entre todos y quizás hasta puedan optar a la jubilación.

    El señor Juan Carlos González Carvajal ha sido quien nos ha traído el escándalo de día: la concesión de dos orejas tras un bajonazo, y una vuelta al ruedo a un novillo que fue extraordinario en la muleta, sí, pero manso en varas. O sea, nada que no hayamos vivido a lo largo de los últimos días. Una vez más cabe preguntarse en qué carajo piensan estos buenos señores cada vez que suben al palco. Ellos y sus señores asesores. 

    Maese González Carvajal se volvió loco nada más doblar el 3º. Hasta el momento estaba siendo una tarde apacible y sin sobresaltos. Dos novillos, 1° y 2°, descastados y flojetes. Y ante ellos, Emiliano Osornio y Pedro Montaldo pasaban por allí y, cada uno a su estilo, pasaron sin gloria y con algo más de pena. El 3° pareció mejorar el percal en el primer encuentro con el arre, pues empujó con presteza en esa primera vara. Iba bien el asunto hasta que le tocó salir del caballo, pues lo hizo manseando y sin fijeza. Fue un mero espejismo ese primer encuentro: en el segundo se defendió bajo el peto y volvió a salir de najas. Es lo que toda la vida se ha definido como un toro manso, o novillo en este caso. En banderillas siguió mostrando mansedumbre y tendencia a tablas, pero se vino arriba cuando el novillero le plantó cara. Este fue Julio Méndez, nuevo en esta plaza en la tarde de hoy y que realizó una faena plagada de intermitencias. Toreo de rodillas para comenzar, con el infame pendulazo incluido. Una vez puesto en pie fue capaz de hilvanar dos series de derechazos trazados con gusto y tirando bien del novillo, llegando incluso a someterlo por abajo. Pero fue echársela a la zurda y empeorar el percal: naturales bien ligados a la par que muy desajustadas y abusando del pico. Destoreo puro y duro, de ese que en otra época hubiera hecho rugir de desencanto a la afición de Madrid. Hoy tan solo da para llenar medio autobús, pues el resto ruge a través del archiconocido biiiiiiiiiieeeeeeeennnnnnnjjjjjj. Hubo una última serie de derechazos que recuperó la senda de la verdad, pues volvieron a gastar el trazo mandón y ajuste. Y para rematar la faena, las bernardinas que apenas nadie ejecuta... Y estocada baja. Y maese González Carvajal, llevado sabe Dios por qué... ¡¡Sacó tres veces el moquero blanco!! Sí sí, tres veces. ¿No sabe contar? ¿Acaso es daltónico y confundió el blanco con el azul? ¿O es que ya le daba igual 8 que 80, y su ánimo era conceder un rabo? Luego sacó el azul, sí. Para premiar, otra vez, a un novillo MANSO y toreable sin más. Hace años se cesó a un Presidente por un desafortunado desatino. ¿Acaso no se están acumulando los motivos para que la historia se repita? Y no solo es merecedor de semejante honor maese González Carvajal, no... 

    La novillada prosiguió. Los novillos restantes del Conde de Mayalde cumplieron tal y como se esperaba de ellos: flojos en varas, sin emplearse en los caballos y muleteros. Como mazapanes, así como más que aptos para andar sobrados con ellos. Emiliano Osornio lo estuvo a ratos, y eso es muy poco para un novillero al que se esperaba con ilusión. Inhibido de la lidia en todo momento y ante sus dos oponentes, pues siempre dejó a los peones que dejaran en suerte y quitaran a los novillos del caballo; con el 1º anduvo muy desconfiado y con el 4º, lo dicho: a ratos. Muy intermitente esa faena y de menos a más, pues solo al final consiguió realizar el toreo. Esto consistió en algunos naturales sueltos, sin ligar, que destellearon por un buen estilo artístico, así como una serie de derechazos rotunda. Y otros cuantos detalles consistentes en trincherazos y pases de la firma. Pero mereció mucha más rotundidad ese novillo 4º.

    Pedro Montaldo, el hombre, vino a la feria de San Isidro con tan solo una novillada toreada la temporada pasada. Y fue en esta misma plaza, allá por el mes de julio pasado. Lo poco toreado que está y su deplorable oficio son las mejores maneras de definir su actuación esta tarde, y más no se le puede ni exigir ni censurar. 

    Julio Méndez, tras las dos orejas cortadas al 3º, podría habérselo tomado de una manera más conservadora la lidia del 6º. Pero no se dejó nada atrás, y eso es algo cuanto menos loable. Estuvo, como siempre se ha dicho, en novillero: portagayola, largas cambiadas de rodillas, quites, más pendulazos... Pero a la hora de ejecutar el toreo fundamental, el asunto se volvió más turbio. Nunca se puso en el sitio Julio Méndez, ni sometió la empalagosa embestida de su novillo, ni cargó la suerte, ni nada. Todo fueron muletazos acompañando y demasiado arrebatado. Acelerado, más bien. No anduvo bien ante este novillo Julio Méndez más allá de la buena actitud que demostró. Con las dos orejitas cortadas al 3º, le bastó y sobró para que el hatajo de imberbes exaltados e irrespetuosos se lo llevaran en volandas. Y, de paso, dejaran un nuevo vestido de torear para que las finas manos del sastre lo recomponga en días venideros. 

    Y hablando de las salidas a hombros, estas ya sobrepasan lo grotesco. Ya no solo por lo que ocurre con el vestido de torear del premiado, ni la excesiva exaltación de toda esa marea que les acompaña. Últimamente se ven situaciones tan surrealistas como el parar a uno de los toreros en el centro del ruedo mientras enfilan camino al patio de cuadrillas, y hacerse una fotografía con el mismo. O el acompañar a los toreros mientras dan la vuelta al ruedo a pie paseando las orejas. Algo totalmente ajeno a la liturgia del espectáculo y una verdadera falta de educación taurina por parte de los IGNORANTES que invaden el ruedo sin tan siquiera haber sido arrastrado el último toro. La plaza de Madrid, y con ella la Fiesta, va en caída libre hacia la degradación. ¿Acaso todo este triunfalismo exagerado tendrá coto el día que se prohíba invadir el ruedo durante las puertas grandes y se dejen de expedir cubalibres y ging-tónics durante el espectáculo? Es así de simple, pero claro... ¿A quién le beneficiaría ello? A los taurinetes, desde luego que no. Quizás sea más corto el camino de exigirles a los maeses del palco un rigor adecuado a la plaza de Madrid. Porque la realidad es que ¡¡vaya presidentes más malos!!

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