domingo, 17 de mayo de 2026

17 DE MAYO DE 2026, 9ª DE FERIA: "LA FÁBULA DE LOS SEIS FUENTEYMBROS Y LOS TRES TOREROS QUE QUEDARON EN EVIDENCIA"

    Érase una vez que se era, en un reino limítrofe situado en los territorios europeos del sur, una capital llamada Madrid y sus fiestas de San Isidro. Mientras estas se celebraban, en su plaza de toros llegaron a caer, un domingo 17 de mayo cualquiera, nada menos que tres toreros con etiqueta de "figuras" y que se presentaban con tales credenciales a mostrar sus cualidades a tan exigente afición -acaso la que más lo es en estos contornos, a pesar de los estragos que cometen los efluvios del dios Baco-. Pero hete aquí que cuando se personaron en el patio de cuadrillas de la plaza de toros, una figura alta, barbuda y ataviada como un labrador se les puso en medio y les preguntó a cada uno por sus virtudes. Este era nada menos que San Isidro labrador, el patrón de Madrid. Como quiera que los tres hombres vestidos de toreros hablaron maravillas de sus correspondientes estilos taurómacos, trayectorias e historial en otras plazas, el santo les prometió ayudarles enviándoles desde la providencia una corrida de toros que les posibilitara en gran medida un triunfo más para que figurara con letras doradas en sus respectivos historiales

    "Me habéis caído en gracia -les dijo el santo con una voz profunda y mística-. Tú, Miguel Ángel Perera, me has hablado de tus veintiún años en la cima del toreo, de tu buena técnica, de tu temple y de una infinidad de triunfos en otras plazas, especialmente esta donde nos encontramos. Tú, Paco Ureña, me has asegurado que haces el toreo basado en la pureza y en la verdad, además de que en esta plaza tan complicada su afición te tiene especial estima. Y tú, joven e impetuoso Fernando Adrián, me cuentas que triunfaste hace tan solo 48 horas en esta plaza; la cuarta vez en tu carrera y, además, te veo deseoso de llegar a la quinta... Bien, ahí os dejo una buena corrida de Fuente Ymbro -ganadería que os encanta y que de sobra conocéis ya-, para que volváis a alcanzar vuestros grandes logros y demostréis a esta cátedra de Madrid lo grandes que sois. Ya que, por lo que os he entendido, os han puesto bastante pegas... Ah, y no os preocupéis por la cosa del caballo, pues a los seis toros que os envío no hará falta más que dos refilonazos con la puya a cada uno. Por lo cual os dejo en bandeja que vuestra única preocupación sea conquistar Madrid únicamente con la muleta, para que sus aficionados no se emocionen con la bravura debajo del peto. Ea, que Dios os guíe".

    Y tras esto, San Isidro labrador se evaporó. La corrida empezó y, tal y como prometió el patrón, desfilaron por el ruedo seis toros de la acreditada vacada que sacaron la casta y la nobleza necesaria para que los tres toreros anduvieran cunvre, como se dice en el argot del güen afisionao. No solo eso, pues además los toros no se emplearon gran cosa en varas ni los picadores hubieron de meter el palo en exceso. Como dijo el bueno de San Isidro labrador, el triunfo estaba en bandeja para los tres. Sin embargo...

     El técnico y poderoso Miguel Ángel Perera, así como su excepcional sentido del temple, se arrugaron ante sus dos toros de Fuente Ymbro. Fueron estos dos toros nobles y ciertamente encastados que metían la cara de lujo en la muleta. San Isidro le mandó a su guerrero Perera dos toros acordes con su estilo, para someterlos por abajo haciendo gala del excepcional temple que, según le vendió al santo en el patio de cuadrillas, podía con todos los toros. Y el guerrero Perera, que a vulgar no le gana nadie, se dejó en casa su excelso poderío, su temple, su técnica y... Todo, menos esa vulgaridad tan personalísima que tiene. San Isidro se cabreó de lo lindo.

        Paco Ureña, el del toreo puro y basado en la verdad, tuvo que sortear en 2º lugar un toro mansito que echaba la cara abajo cuando por ahí se le exigía, y que embestía con cierta brusquedad. Pero el de la pureza y la verdad se dedicó a eso de los trallazos a media altura y a los trapazos por arriba. Para colmo, antiestéticamente despatarrado y muy retorcido. Pero en 5º lugar San Isidro le tenía reservado un buen toro para que demostrara ante él todo lo bueno que llevaba dentro... Un toro que repetía con temperamento y arrastrando el hocico por el suelo, ideal para torear a placer. El bueno de Ureña, sin salirse más allá del tercio ante semejante toro, de nuevo anduvo trapacero y muy por debajo del toro. Y San Isidro se volvió a cabrear de lo lindo. A esas alturas de corrida ya estaba que echaba humo por las orejas y lanzaba rayos desde el cielo como si del dios Zeus se tratara.

        Para que el coleccionista de puertas grandes alcanzara otra más, San Isidro le mandó en el lugar 3º un toro noble y de embestida empalagosa con el que aquel brilló de manera sobresaliente. Eso sí, a su estilo. El estilo inconfundible del toreo pueblerino, ese que desprende aroma a churrería, gofres con chocolate, patatas fritas y pólvora; y suena a música reggaetonera, a coches de choque y a Macaulay Culkin. A Fernando Adrián se le jaleaban los trapazos que pegaba fuera de sitio y descargando la suerte, al mismo tiempo que la exigente afición de Madrid -o lo que de ella queda- le censuraba, pitos mediante, esa bufonada de faena. Y como pinchó con la espada, pues se perdió una oreja. Y también el beneplácito de San Isidro. El cual, desde su poltrona en el firmamento, se echaba las manos a la cabeza y le repetía de manera constante a Santa María de la Cabeza: "peeeeero ¿cómo es posible que eso de ahí abajo haya llegado a triunfar en mi feria tantas veces?". Y como el santo labrador, al abrirse el portón de chiqueros para dar salida al 6º, ya andaba hiperventilando allí arriba de semejante disgusto, se aseguró de que ese 6º volviera a corrales -vaya condición se le presuponía en el capote, a pesar de que estaba descoordinado-, y en su lugar saliera un mansurrón complicado e incierto de los que piden el carnet de lidiador. 

        "A ver qué sabes hacer con eso, señor Fernando Adrián", gritó San Isidro, cual león enjaulado, a la salida de ese sobrero, también de Fuente Ymbro. Y el toro, muy manso y ya rajado durante el tercio de banderillas, fue sacado a las afueras por el extraordinario lidiador que es Ángel Otero para quitarle las querencias. Ahí el toro embistió por abajo y con temperamento encastado, pero probaba y se agarraba mucho al piso. Fernando Adrián se fue con la muleta a los medios y allí acreditó su documentación ante ese manso que pedía carnés. Pero en el de Fernando Adrián solo figuraba "torero de verbena". Nada de lidiador, ni de poderoso, ni nada... Lo demostró pegándole trapazos por alto al manso para comenzar la faena, en lugar de someterle por abajo. Continuó acreditando aquel extremo durante las siguientes series de muletazo, cargadas de la incertidumbre del toro. No bajaba la mano el torero, ni sometía ni nada... Y el manso se le subió a las barbas. Peor aún con la espada: estocada atravesada que hizo guardia y una buena retahíla de golpes con el descabello, que envalentonaron los ánimos del personal apostatado en el granito, y del bueno del santo labrador. 

     Moraleja de la fábula: la corrida de Fuente Ymbro fue floja en varas y tuvo mucho que torear. Miguel Ángel Perera está ya muy visto y, además, se le intuye una marcada decadencia. Paco Ureña está para irse a casa a descansar, sus mejores tiempos ya pasaron. Y Fernando Adrián, a pesar de las puertas chicas que alcanza, no es torero de Madrid ni para Madrid. 

    Y el bueno de San Isidro labrador no volvió a bajar jamás allí donde se celebra su magnífica feria taurina, con el fin de ser amable con las gentes que allí pululan. Cuenta la leyenda que aún no ha superado el disgusto de los fuenteymbros, y que ni siquiera el gran tercio de banderillas que protagonizó Ángel Otero ante el 3º consiguió animarle. 





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