Lo de Álvaro Serrano empezó hace once días exactos. Al menos en esta plaza, que es la plaza de Madrid y primera plaza del mundo. Dicen los que le vieron el 1 de mayo en Madrid que se vislumbró a un novillero diferente, de reposadas maneras, valor y personalidad. Ha habido suerte, pues aquellos que no le vimos entonces, hemos podido tener la oportunidad de hacerlo en plena feria de San Isidro. Por lo cual y consiguiente se ha podido comprobar que, efectivamente, no eran exagerado aquel optimismo que se ha despertado en torno a este novillero. Lo de Álvaro Serrano empezó hace once días y ha continuado en la tarde de hoy. Con el capote, con la muleta y hasta con la espada. De principio a fin, su tarde ha sido importante y se ha condensado en dos orejas -una y una- que le han llevado a la gloria. Una oreja del tercero, al que recibió con buenas verónicas, continuando con un quite por delantales que remató de una media verónica muy abelmontada. Hizo una buena pelea el novillo en varas hasta el punto de derribar en el segundo encuentro, siéndonos vilmente hurtada una tercera vara que a buen seguro hubiera determinado el verdadero estado de la cuestión. Y en la muleta, ese temperamento que había demostrado en el caballo no se vino abajo. Valiente y estoica fue la faena de Álvaro Serrano, teniendo enfrente un novillo muy exigente y encastado al que se tuvo que enfrentar en presencia del miembro más indeseado de la Fiesta: el viento. Quedó a merced el novillero varias veces por esta situación, lo que no le impidió aguantar estoico las miradas que le dedicaba el novillo. Además de asentado, fue capaz de ligar algunos muletazos de mucho mérito dejándole la muleta muy puesta y haciendo gala de buen estilo. No tuvo continuidad ni pulcritud la faena, pero sí mucho mérito el aguantar de esa manera. El novillo acabó haciendo amagos de rajarse, y una buena estocada culminó la obra. Y, de paso, dio pie a la oreja. La primera.
Aquella que le aupó al cielo de Madrid se la cortó al 6º, un novillo que manseó en varas pero derrochó casta durante toda la lidia. Un buen ejemplo del desparpajo que tiene este novillero fue el recibo capotero, en el de un tornillazo el novillo le dejó sujetando el capote con una sola mano y, como se le revolvió, resolvió la situación dando una larga cambiada muy vistosa. Como el que no quiere la cosa. Dejó también con personalidad al toro en suerte con una larga cordobesa, y remató un quite con otra media verónica que rezumó belmontismo. La faena la comenzó Álvaro Serrano con ayudados por alto rodilla en tierra, y un extraordinario trincherazo y otro superior pase de la firma fueron el preludio al gran suceso: tres series de derechazos mandando por abajo y de gran estética, muy relajada la figura. La plaza comenzó a ser un hervidero que, ni ante una serie de naturales más desajustados y de menor importancia, se vino abajo. Siguieron otros cuantos naturales más ligados y de gran trazo y estética, de los que vuelven rematadamente loca incluso a la afición más exigente del mundo, y hasta aquí. Faena rotunda y de justa medida, ni un muletazo de más ni de menos. Ni tampoco monsergas de esas llamadas manoletinas, bernardinas, pendulazos, circulares, arrimones, etc. Eso también marca la personalidad de un torero, el acabar la faena con unos cuantos adornos toreros en lugar de aquellas barrabasadas. La estocada entró hasta la bola, aunque cayó algo trasera. Por tal motivo tardó el novillo en caer hasta el punto de escucharse dos recados de parte del Presidente, y como se había quedado amorcillado fue imposible descabellar. Al filo del tercer aviso cayó el novillo y todo el mundo pudo respirar. Una lástima este último extremo, pues la faena era de dos orejas.
Lo de Montealto tuvo mucha miga, pero sobre todo CASTA. Sí, esa es la palabra clave: casta. Y con la casta lo de siempre: emoción, importancia, exigencia y todo aquello deseable en una corrida de toros -o novillada, como es el caso-. Encastados, duros de patas y con poder los novillos, llegaron a pelear incluso con pujanza en varas, aunque los hubo que mansearon. Y de esa pujanza en varas se desprende lo que viene a continuación...
Lo de los caballos de picar. Una vez más se ha procedido al pesaje y posterior publicación de los resultados de los arres que han salido a picar en la tarde de hoy. Y para sorpresa de absolutamente nadie, se nota. ¡¡Vaya si se nota!! Se nota en la fisionomía de los animales, muy lejos de aquellos tiranosaurios rex que tantos dolores de cabeza nos daban hasta hace, literalmente, cinco días. Y se nota también en el resultado de la suerte de varas: más pujanza demuestran los animales a la hora de pelear, y hasta en el día de hoy dos novillos han llegado a derribar. ¿Cuánto tiempo hacía que no se veía tal cosa? Gracias a la lucha ejercida por diversos colectivos de aficionados -y muy especialmente los chicos de la ACT Chenel y Oro y a la Asociación El Toro de Madrid- se ha conseguido alcanzar este importantísimo hito. Y el resultado es el visto. ¡¡Así sí!! ¿Ven como no era imposible pesar a los caballos de picar de manera regular? Por mucho que vendieran el humo con lo contrario...
Lo de Tomás Bastos y Martín Morilla... ¡¡Qué decir!! Porque, efectivamente y aunque parezca mentira, a Álvaro Serrano le acompañaron otros dos novilleros para lidiar la excepcional la importante novillada de Montealto. Pues... Digamos que Tomás Bastos, con un lote de auténtico lujo, naufragó estrepitosamente en un mar de vulgaridad. No se puede estar peor, ni tampoco se puede dejarse ir en Madrid a dos novillos de semejante condición. Y menos aún siendo un novillero, presuntamente, "puntero". Tomás Bastos se va directito al rincón de pensar después de esta tarde, y Martín Morilla todavía tiene mucho camino por recorrer. Tan verde como su precioso terno, de tono Esperanza Macarena, no dijo absolutamente nada ni tampoco cruzó la línea que separa el alivio del querer torear. Cierto es que a sus manos fueron a parar los dos novillos más sosones de toda la novillada, pero fueron dos novillos que merecieron unas manos y una cabeza con mucho más estilo y decisión.
Hoy brilló un picador. ¡¡Esto si que es noticia!! Pero ¿no era imposible picar a lomos de caballos de picar más ligeros, o no se qué paparruchas? Pues sí, Héctor Vicente le plantó dos varas al 6º en todo lo alto. Y también anduvieron bien en banderillas Iván García y el tercero de la cuadrilla de Álvaro Serrano, Ignacio Martín, en sus dos turnos. Así pues, ¡¡que vivan los toreros buenos, que viva la casta y que viva la suerte de varas cuando la intención es hacerse bien de verdad!!
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