lunes, 20 de mayo de 2019

20 DE MAYO DE 2019, SÉPTIMA DE FERIA: DEPRIMENTE ES POCO

Hay días en que uno preferiría, tras terminar los toros, irse a casita, meterse en la cama sin cenar, ni escribir, ni nada; tomarse la pildorita de dormir, y mañana será otro día. Qué digo, hay días en que uno se maldice una y otra vez, saliendo de la plaza, por el mero hecho de haber ido a los toros... ¡¡En qué santa hora!! ¿Para qué, para acabar con una depresión de caballo? Esto no puede ser bueno para la salud física, ni mucho menos para la salud psíquica. Pero cuando la cosa de "maldita sea, y para qué puñetas voy a ir yo hoy a los toros, si lo que voy a ver me va a hacer que me lleven los demonios" aflora en el cuerpo, la vena de esta bendita afición se inflama y se pone en centésimas de segundos como el tronco de una encina, y hala, a los toros. Que una cosa puede con la otra. Y después, por si fuera poco, a escribir. ¿Y para qué? Vale, lo confieso: me lo ha dicho mi psicólogo, que cuando algo me produzca una depresión terrible, lo escriba en un folio, y después lo eche a la lumbre. O en su caso, lo publique en mi adorado blog, que aunque pueda parecer diferente, no lo es tanto: no arderá en la red de Internet, pero hará arder la sangre de algunos pocos: la de los taurinejos estos de poca monta, para ser conciso. Y esto es más efectivo que mil pastillas de esas que curan la depresión, y de placentero ya no hablamos.

Y en estas me hallo, intentando contar la deprimente primera novillada de este San Isidro, festejo en el que ha tomado parte la gandería del Conde de Mayalde, y tres mozalbetes los cuales, según vociferan por ahí estos vendehumos del taurineo, son grandes esperanzas, y que ellos son el futuro de la Fiesta, y que van a mandar en esto, y que... ¡¡Paren paren, que yo me apeo aquí mismo!!
La del Conde de Mayalde, tardes más ruinosas que esta nos han dado. Al menos estos de hoy, aunque no eran lo que se dice un derroche de fuerzas ni de poder (qué poco les han castigado en el primer tercio), no han acabado lamiendo el albero; y además se han prestado al toreo de muleta con docilidad, dulzura y una tontorronería extrema. Sosetes, aunque los corridos en primer y sexto lugar sacaron más motor, pero bonacibles. Quizás, lo que a ellos les faltaba se lo deberían haber puesto los de luces. Y estaríamos, volviendo a invocar el quizás, ante otra cosa. Otro aire a la tarde. Otra sensación. Otro sino.

Esta terna novilleril de hoy, formada por Rafael González, Marcos y Fernando Plaza, ha pecado no ya solo de invocar la Tauromaquia 2.0 grotesca y aburrida, sino de andar demasiado fáciles, aseados y con el mismo alma que se gasta cuando se echa una partidilla al cinquillo entre colegas. Que los zagales han venido con la artillería del bullicio cargada, pues ninguno ha perdido la más minima oportunidad de hacer un quite, y hacer mil y una cosas con el capote, como parar a los toros combinando verónicas, chicuelinas y gaoneras (cosa muy poco ortodoxa), o de torear por chicuelinas despatarrándose (cosa aún menos ortodoxa). Ni tampoco han perdido la ocasión de torear de rodillas o de irse a portagayola... Vamos, que en lo que en eso respecta, han venido con actitud de novilleros, como venían antes a comerse el mundo. Pero en lo fundamental, en el parar-templar-mandar, en el toreo de verdad y el que parte todo el bacalao... ¡¡Qué manera de aburrir y de deprimir!!

Rafael González abrió cartel con uno de esos típicos novillos soñados en el momento y lugar más oportuno. Vamos, traducido al castellano, un novillo de triunfo gordísimo en Madrid, en plena feria de San Isidro. Y ¿qué pasó? Que el animalito se fue al desolladero sin torear y con las dos orejas, una y dos, intactas. Su faena fue aseadita, despegada y siempre echando al toro fuera haciendo un uso descarado del pico. Y la verdad es que de tal manera podría describirse la faena al cuarto novillo, más apagado pero también toreable y con posibilidades de triunfo. Ninguna serie, ni un misero muletazo que hiciera revivir el toreo de verdad en Madrid. Pero la verdad es que la estocada con la que acabó con este cuarto fue buena en ejecución y en colocación, y eso sumado a que la golfer... digoooo la sobriedad de los banderilleros al tirarlo al suelo muy rápido haciendo uso de la infame rueda, calentó al público e hizo caer el despojo. Pues bueno, bien por el chico, salvo que se tenga en cuenta que regalar despojos es engañar al torero.

Marcos tiene tan poca gracia como un pan sin sal. Que sus dos novillos ya de por sí tenían poca, pero él muchísima menos. Y ya es decir. Pases. Y pases. Y más pases. Y nada más que eso: pases. Y aparte, todo lo que conlleva pegar pases y ser un pegapases: aburrimiento, vulgaridad, uno en el tendido contando las musarañas, otro observando a la rubia guapa de los asientos de más para allá, el de allí preguntándole al de luces "¿te queda mucho?"... Muy deprimente.

Y Fernando Plaza, que por segunda vez en veinte días hizo aparición por estos fueros, dispuso también de otro novillo, sexto, con más gracia y salero. Pero mientras esté más centrado en imitar a Talavante, que en torear de verdad, limpio y tirando del animal, va a quedarse en eso, en uno que quiso ser Talavante, otro más. Y de aquí a tres o cuatro temporadas, solo él se acordará de que un día quiso ser torero. Qué novillo este sexto para soñar el toreo, también uno de los de el novillo soñado en lugar y momento soñados... Y ante él, cierto es que algún muletazo bonito y corriendo bien la mano consiguió pegar, pero se perdieron en un mar de tirones hacia fuera, cuando no eran enganchados. Y ante el tercero, otro pan sin sal... Qué decir que no se haya dicho ya.

Pues sí, qué decir más de la tarde de hoy que no se haya dicho ya. Se me vienen a la cabeza un buen par de banderillas de Miguel Martín, otro de Fernando Sánchez; y dos puyazos señalados (solo señalados) en buen sitio por Francisco Javier Sánchez. Y paren de contar.
Si el futuro de la Fiesta se sostiene sobre tardes como las de hoy. Y si tres señores, que no son precisamente de los que torean poco y están poco rodados, no son capaces de triunfar rotundamente con novilladas que se dejan de esta manera... ¿Qué va a ser de esto? No es derrotismo, es la jodida realidad. Y mañana más.

sábado, 18 de mayo de 2019

18 DE MAYO DE 2019, QUINTA DE FERIA: Y QUE NO HAY QUIEN NOS LIBRE DE LOS INVÁLIDOS

La corrida de Montalvo que se ha lidiado en este quinto festejo de feria no ha sido sino otro petardo ganadero más que añadir a la magra colección va creándose según pasan los días Qué hermosa mascletá no íbamos a sacarnos de estos avíos, ni la mejor pirotecnia de toda España. Seis grandullones y rechonchos toretes de los cuáles solamente uno ha hecho mover el trasero a Florito y a sus berrendos coloraos, pero que podrían haber sido más, sin duda. Aquel que gozó de tales honores fue el 3° de la tarde, al cual sustituyó un sobrero de Luis Algarra que para nada fue el borreguillo artista que tanto anhelan hoy día los figurones y sus ganderos de cámara. Ya en recibo capotero mostró su guasa. Cuando Pablo Aguado, sin importarle que el toro no era para ponerse bonito, intentó estirarse a la verónica, el toro se le coló y le propinó un fuerte golpe. Manso el toro y con muy poca gracia en varas, sacó mucho que torear en la faena de muleta, pero seguía siendo un toro que no permitía ponerse bonito. Torear pero sin ponerse bonito. Torear sin ponerse a ligar y ligar y volver a ligar muletazos como un carrusel. ¿Que parece imposible algo así? Pues no lo es, porque torear no es solo pegar pases y/o ponerse bonito. Pero Aguado, con esta máxima metida en la cabeza, intentó emular su faena de Sevilla hace pocos días y trató al animal como si fuera para ello. El resultado fueron varios arreones, una fuerte voltereta y sobre todo un mal trago para el torero, que se vio superado en todo momento por el toro. Además, lo mató horrendamente.

Montalvo fue una ruina y ni siquiera un buen toro, el que hizo de segundo de la tarde, le salvó los muebles. Un toro este que sacó muchísima nobleza, clase y hasta ese punto de chispilla mínimo indispensable para darle importancia al asunto. Y también aguantó las fuerzas. Aguantó sí, pero con "trampa", porque la suerte de varas ni tan siquiera sirvió para hacerle medio hilillo de sangre. Entró al caballo dos veces arrancándose pronto y acudiendo con alegría, pero poco se empleó y además salió suelto. Óscar Bernal hizo muy bien la suerte, pero se le fueron los dos puyazos un palmo caído y atrás, respectivamente, siendo muy aplaudido. En el país de los ciegos... Con un catigo inexistente en el primer tercio, el toro empezó a desarrollar una condición alegre en el segundo tercio y llegó a la muleta fabulosamente para armar un lío. Pero para lío, el que se armó Adamito Jr él solo, con una larguísima faena de trapazos haciendo un uso exageradísimo de las ratonerías 2.0, consistentes en no cruzarse, citar con el pie muy atrás y llevar siempre al toro embarcado con el pico y en línea recta. ¡¡Qué toro se le fue!! Trallazos, trallazos y más trallazos, algunos bieeeeeeeeeeeennnnnnnjjjjjjj que destilaban fuerte aroma a ginebra entremezclado con tónica, combinados con protestas y recriminaciones por parte de algunos aficionados sobre la colocación y los muletazos del torero. Mató a recibir y la estocada se fue atrás, lo que no impidió que se  le pidiera una oreja que la Presidencia, haciendo gala del buen hacer, denegó.

Una oreja sí que se llevó Ginés Marín, cortada al primero de la tarde. Animal este muy noble y que se prestó al toreo sin hacer feo alguno, pero que no estaba sobrado de fuerzas. Ginés es un torero fino y cuando quiere, torea. Torea porque sabe. Pero no siempre tiene predisposición a ello. Esta tarde la tuvo por momentos, pero solo por momentos. Su faena a este primero fue de menos a más, empezando por aliviar al toro mediante muletazos poco obligados para ir metiéndolo en el canasto y no se fuera a pique. Poco a poco se apoderó Ginés de la situación y fue capaz, ya agarrada la zurda, de tirar del toro por momentos y bajando la mano, aunque con el defecto de ayudarse con la espada. Bernardinas para culminar, y una fabulosa estocada que por sí sola ya valía la oreja que se le concedió. El cuarto toro fue uno de esos que más hubiera valido que volviera a los corrales y que en su lugar saliera el sobrero, pero hubo que tragar con él hasta el final por obra y gracia no solo del Usía, sino de la cuadrilla y del propio matador, que lo llevaron entre algodoncitos toda la lidia para que no se les derrumbara. Así está esto. Lo pagó caro Ginés Marín, ya que lo poco que pudo sacar, si es que lo sacó, quedo en la nada. Exactamente lo mismo que Adame con el quinto.

La tarde iba cuesta abajo y sin frenos. Parecía una de esas tantas tardes destinadas a la nada absoluta, a querer olvidarlo todo y mañana será otro día. Y según pasaba la lidia del sexto toro, otra birria inválida, iba cogiendo peso la idea. Hasta que Pablo Aguado tomó la muleta, se fue a los terrenos del tendido 5 y se sacó al toro doblándose y haciendo gala de una torería y una cadencia que pararon todos los relojes que se hallaban en la plaza. Remató estos doblones con algunos pases del desprecio y pases de pecho torerísimos, para irse de la cara del toro andando muy graciosamente. Lo que vino a continuación fue un perfecto manual de destoreo moderno sobre el pitón derecho en el que Aguado, tan torero como es él, nunca se cruzó y metió el pico una barbaridad. Parecía que todo estaba hecho pero !!oh, sorpresa!! Agarra la muleta con la zurda y comienzan a venir algunos naturales que fueron verdadera antología. ¡¡Lástima que no hubiera toro ahí delante!! Algunos adornos más, y a por la espada. Era de oreja, pero la espada hizo guardia y se tuvo que conformar con escuchar el reconocimiento de la afición de Madrid ovación mediante.

Se dijo el primer día, y algunos festejos después ese sentimiento se agranda: cuantísimo nos íbamos a acordar de aquella corrida de La Quinta con la que iniciamos feria. Por mucho que intentaran vendernos la moto de que no, de que eran toros imposibles para el toreo de hoy en día, y que no dejaban a los de luces estar a gusto, y que duran poco, y que si es que en corridas así el público toma partido siempre por los toros y a los toreros les infravaloran, y que si no sé cuántas paparruchas más venidas de la misma patulea abrazafarolas de siempre. Lo que no gusta es la casta y la fuerza en los remos, qué gaitas. Y así de bien le va a la cabaña "brava" española, con la cría de estos mojones tetrapléjicos que ni emocionan ni valen para una parrillada siquiera. ¿Que dicen que valen para lo de torear mejor que nutsbsudidnosequé? Pues si esto de hoy o lo de ayer del maestro, por citar solo algunas muestras, es lo que sostendrá el toreo del mañana, ¡¡apaga y vámonos!! Y vámonos de verdad, que esta tarde de domingo toca rejones.

viernes, 17 de mayo de 2019

17 DE MAYO DE 2019, CUARTA DE FERIA: DOS PARES DE BANDERILLAS, Y PARE USTED DE CONTAR

Más de dos horas y medio de festejo. Un total de ocho toros que saltaron al ruedo, por dos paseos que les dio en público el bueno de Florito a sus queridos berrendos (casi tantos como los que llevamos vistos en todo lo que llevamos de temporada en Las Ventas). Y tan solo dos pares de banderillas (y qué pares, por cierto) que llevarnos a la boca. Mucho tiempo y muchas cosas vividas para tan poco argumento. Mucho ruido y pocas nueces. El tercero de la cuadrilla de Adame, Fernando Sánchez, fue el encargado de hacernos vibrar a la plaza de manera unánime tras dejar sendos pares marca de la casa a 1° y 4°, respectivamente. Un lujo verlo parear de esa manera, y que al menos hace que no nos vayamos de vacío a casa un día más. Porque la tarde, numerito de Florito y vueltas al ruedo aparte, fue un continuo carrusel de despropósitos.

Corrida de toros herrada a fuego con el 4 y el 8, propiedad ambos del maestro Joselito, inválida y descastada como ella sola, y que más hubiera valido que se hubiera quedado en el campo, lejos de esta plaza y de esta feria. Igual da hasta buen juego en los fogones, bien guisada con patatas o hechos a la brasa con unos pimientitos, y regados con un buen vino. Pero en el ruedo, en una corrida de toros y en plena feria de San Isidro, como que no. Los dispuestos en segundo y tercer lugar volvieron a entrar por donde salieron, el segundo por descordarse nada más salir al ruedo, y el tercero por tetrapléjico, y si los picas hubieran tenido a bien salvar el honor de su buen nombre y cometido, seguramente también hubieran sido apuntillados en la oscuridad de los corrales los cuatro restantes. Pero como a esta gente del castoreño hoy en día le da igual ocho que ochenta (es decir, elegir entre seguir subiéndose encima del percherón para picar al toro o irse a sellar el paro), hubo que tragar con cuatro inválidos más, por mucho que a ultimísima hora saliera un animalito que fue capaz de venirse arriba en el último tercio y sacar algunas arrancadas alegres y bondadosas que le hicieron coronarse como el rey tuerto del País de los Ciegos. Un desastre que ni los dos sobreros, de Torrealta y Montealto respectivamente, fueron capaces de subsanar, aunque tuvieran otro aire.

Ante tan infame material de borregos inválidos se las vieron Joselito Adame, Román y Álvaro Lorenzo, con resultado dispar al finalizar sus quehaceres. Adame vino para comparecer por primera y última vez en este San Isidro, y lo hizo haciendo lo que sabe: pegar telonazos con el capote que no dicen nada, espantarle las moscas a sus dos oponentes con la muleta con un chabacano estilo que dice aún menos, y matar a sus dos toros malamente. ¿Que si no hubo nada bueno en la actuación de Joselito Adame en el día de hoy? Por supuesto que la hubo: no repite en la feria.

Román el hombre es un tipo simpático, sonriente, alegre y con un aire diferente a ese aura tan místico como teatral, y a veces irrisorio, que se dan los toreros hoy en día, y que algún alma de cántaro se atreve a llamar "torería". Un jamón para ellos. Román tiene además una cosa buena, y es que nunca esconde a sus toros. Intenta siempre sacar lo mejor de cada uno. Les da tiempo, les da aire, les da distancias, no tiene por costumbre asfixiarlos. Y es de agradecer algo así en un torero, ojalá muchos aprendieran de tan importantes detalles. Pero su limitadísima técnica y su basto estilo le juegan malas pasadas, tanto en la cara del toro como de cara a los aficionados. Lesionado su primero, mandó hacer salir al primer sobrero, con el hierro de Torrealta, un animal grandote que en el caballo manseó y no recibió un castigo lo que se dice muy decoroso, que se movió con bronquedad, genio y se colaba cada vez que Román le dejaba la ventana abierta. Le dieron sitio, y el toro se arrancaba alegremente pero embistió descompuesto, y Román, molestado además por el viento, no consiguió imponerse en una faena llena de telonazos, enganchones, algunas coladas y nulo poder por su parte. Mató de estocada recibiendo que cayó muy atrás, y ni eso fue impedimento para que parte de los presentes hicieran ondear el moquero, petición que desatendió con buen criterio la Presidencia. Dio una vuelta al ruedo. Ante el quinto, mojón inválido e imposibilitado para hacer llegar la más mínima emoción, Román no hizo sino pasar de puntillas con otro trasteo que no dijo nada.

Álvaro Lorenzo cerró terna. El tercero volvió al corral por inválido, y es que durante todo el primer tercio se tambaleó como un castillo de naipes dando muestras de su tetraplejia, pero sin que arriba en el palco nadie se diera por aludido. Solo un telonazo de Adame mientras simulaba quitar por algo que recordaba vagamente a las chicuelinas, y que dejó al pobre animal rodando por el suelo como una albóndiga con patas, hizo rectificar al Usía y mandar que retiraran semejante birria con cuernos para poder dar paso a un sobrero de Montealto que tampoco dejó indiferente a la concurrencia, por complicado aunque no imposible. Se movió el bicho, sacando genio y a la defensiva, pero Lorenzo, más centrado en la estética y en pegar pases que en otra cosa más importante (como por ejemplo, dominar semejante prenda), se mostró desconfiado y falto de ideas para imponerse. Una pena.
Si Lorenzo buscaba algo más dulce y empalagoso para resarcir su paladar, al parecer no preparado para el picante, lo tuvo ante sí mediante el toro que cerraba plaza. Un animalito sin gas, flojucho y ya picado y banderilleado desde que lo parió su señora vaca, por lo que in situ hizo prescindir del más mínimo roce con la puya. Llegó a la muleta con brío, y Lorenzo comenzó a darle fiesta, primero con unos estatuarios y un trincherazo que sirvió de remate y resultó bonito, para después seguir sobre la mano derecha con medios-pases despaciosos pero llevándolo al toro en línea recta y sin correr la mano del todo. A juzgar por el runrún de la parroquia, entremezclado con protestas de otra parte hacia la mala colocación y los telonazos del matador, la faena iba cogiendo vuelo, pero bajó mucho el asunto tras intentar torear al natural. Solo una serie sobre la zurda, para después seguir sobre la derecha y sin llegar en ningún momento a correr la mano con limpieza ni entusiasmar como al principio, pero unas bernardinas para rematar la faena volvieron a encender al personal, y si no se llegó a tocar pelo fue por el pinchazo que precedió a la buena estocada que terminó con el bicho sin necesidad de cachetazo.

Y aquí acabó tan tedioso festejo, y los aficionados al salir de la plaza prefirieron acordarse de los pares de banderillas de Fernando Sánchez para seguir manteniendo viva la ilusion y las fuerzas necesarias con la que aguantar las treinta tardes que quedan. Con lo que hay anunciado todavía por delante, seguro que quedarán unas cuantas como esta.

San Isidro bueno, San Isidro amable, riega nuestros campos y cosechas que falta nos hace. Y de paso, riéganos de paciencia a los abonados madrileños, que también nos hace muuuuuuucha falta.

jueves, 16 de mayo de 2019

16 DE MAYO DE 2019, TERCERA DE FERIA: CRÓNICA DE UN PETARDO ANUNCIADO


                             

Madrid se acordó de él un año más


Valdefresno es una de esas ganaderías que a los aficionados de Madrid no les inspira confianza. Ni la más mínima, a decir verdad. Más al contrario, lo único que les inspira son ganas de salir corriendo y no mirar atrás con tan solo escuchar mentarla. La historia viene de muy lejos: Valdefresno es una ganadería habitual en Las Ventas desde hace décadas, ya sea incardinada en feria o fuera de ella, y ni siquiera los más viejos del lugar le recuerdan una corrida medianamente aceptable. No digo ya alguna que haya sido buena, no. Simplemente aceptable. Ni eso tan siquiera. Toros sueltos, alguno que otro, sí. Quizás. Uno de cada cuarenta o cincuenta, como muchísimo y siendo generoso. La tradición manda que la tarde en la que se lidia la de Valdefresno en Madrid es una tarde de toros insufrible en la que toman parte una bonita colección de toros grandotes, mal hechos, destartalados, zambombos, feos, descastados, mansurrones, inválidos y bobalicones. Que como prototipo ideal de buey no digo yo que no pasen, pero de ahí a que puedan pasar como toros de lidia hay un mundo.

Y como en Madrid somos gentes germánicas y que no se saltan la más mínima oportunidad para cumplir con las costumbres de antaño, no hemos querido dejar de ser testigos de una nueva bueyada marca Valdefresno/Fraile Mazas. Pero solo ha querido ser testigo de la tradición media plaza, pues la otra media, menos arraigada y seguramente viendo venir desde lejos lo que se venía encima, ha salido huyendo como una liebre. Bien por ellos, y también por los que nos hemos animado a dejarnos caer por allí, pues lo ancho que lo han pasado nuestras sufridas piernas no tiene precio en pleno mes de mayo. Si casi parecía aquello uno de esos festejos de verano en los que el público clavelero ni sabe que hay toros en Madrid, con la diferencia de que esta tarde no estábamos como para torrarnos de calor, y por los tendidos no había desperdigados guiris de piel lechosa buscando el moreno brillante, pero acabando como aquellos antiguos jijones de rojiza capa encendida. 

Calor no, pero viento sí ha abundado en esta tarde, y además un viento fuerte y muy molesto para los de luces. Y ello, sumado a la pésima condicion que arrastraban los seis zambombos de negro, ha sido motivo más que suficiente para imposibilitar cualquier labor por parte de los toreros. Podría decirse que David Galván, Juan Ortega y Joaquín Galdós se han estampado contra las inclemencias del tiempo y contra los dos bueyes que han sorteado cada uno, a partes iguales. Y aunque quisiéramos ponernos a analizar al detalle los quehaceres que cada uno han dispuesto en sus correspondientes turnos, muy pocas cosas más podrían sacarse en claro. Sí es cierto que cada uno dejó impronta de su estilo, y que el mejor parado en esto fue Juan Ortega, que por momentos tuvo disposición de hacer el toreo tanto con el capote como con la muleta, sin llegar a redondear completamente tan finas intenciones. Detallitos y buenas maneras, pero que quedaron prácticamente en nada. David Galván dice más bien poco, o dice cosas similares a las que deja la mayoría del escalafón, que viene a ser lo mismo. Y Joaquín Galdós lo poco que dejó fue la cuestión entre los aficionados de cómo ha llegado hasta donde está, sin tener la más mínima técnica, idea ni estilo para enfrentarse a un animal de lidia.

A los picadores también les debió de molestar el viento, porque no atinaron ni una vez a picar arriba, aunque bien es verdad que a esos, normalmente, les molesta el viento hasta cuando no sopla. Y entre los hombres de plata, fue muy aplaudido Juan José Trujillo tras un buen par de banderillas. 

El petardo de esta tarde no era sino la crónica de una muerte anunciada. ¿Llegará el año en que la sufrida afición de Madrid se libre de las garras de estos ganaderos que parecen únicamente mantener factorías de cerriles para festejos populares y bueyes para tirar del arado y la trilla? 


15 DE MAYO DE 2019, SEGUNDA DE FERIA: A SAN ISIDRO LABRADOR TAMPOCO LE HUBIERA AGRADADO

Cuentan de San Isidro Labrador que fue hombre bueno, bondadoso, de carácter noble y afable. Todo un bendito. Pero hasta el más bendito de los hombres hubiera salido de la plaza de Madrid, en la tarde de toros de ayer, lanzando pestes y mentando al diablo. Y el bueno de San Isidro seguro que el primero, pues no le hubiera sentado nada bien que se mancillara de semejante manera su buen nombre y su festividad, 15 de mayo. Igual, si San Isidro le hubiera tenido gusto a eso del gintónic, a estas horas estaría tranquilamente en su catre durmiendo la mona después de jalear en la Plaza de Madrid, foro que le rinde tributo año tras año con el mayor de los respetos, la chabacanería hecha (des)toreo, y partirse las manos palmeando una infame puerta grande que no hace sino mandar al carajo el rigor y la seriedad que (se supone) se guarda en esta plaza. Pero como seguro que San Isidro, por los tiempos en que vivió, solo tomaría vino y nada más que convertida en sangre de Cristo cuando acudía a misa, lo de hoy hubiera hecho que se le llevaran los demonios.

Al patrón de Madrid y de los agricultores, entre otros, tanto como llevárselo los demonios, igual no. Como mucho, se removería en el interior de su tumba y, si hiciera ademán de levantar la cabeza, se volvería a caer del pasmo. Pero sí que esos demonios antes mentados nos llevaron a gran parte de la afición de Madrid después de que se le concedieran dos orejas de aunténtica vergüenza a Miguel Ángel Perera. No se recuerda en estos fueros puerta grande tan barata y tan bochornosa como esta que nos ocupa en intentar describir. Mejor será comenzar por el principio:

La segunda de feria apenas estaba creando interés al arrastre del segundo. La predisposición que esta tarde traía consigo la parroquia clavelera ya se dejó entrever cuando le jalearon al de Sabadell unas pocas verónicas por el pitón derecho que resultaron candenciosas pero dando un paso atrás en cada una de ellas, cuando recibía al que abrió plaza. Muy poca disposición a ponerse en el sitio y hacer el toreo derrochó este espada en su primer turno, disponiendo para la ocasión de un animal al que pegaron fuerte en el caballo y que manseó durante toda la lidia, pero que sacó casta y sí tuvo qué torear. Cites desde Manuel Becerra, uso exagerado del pico y muchísimas precauciones, pero eso sí, poniéndose bonito  y rezumando jarte por los cuatro costados. Que lo de torear con verdad y pureza ya si eso para otro día, pero por lo menos que a los pintores de pincel y a los fotógrafos les dé para llevarse algo a la boca, oiga. No vaya a ser... Un pinchazo precedió a un bajonazo, y protestas para el torero una vez arrastrado el toro. El segundo fue más manso aún y derrochó un feísimo estilo. Casta inexistente, embestida bronca y a la defensiva. Diego Urdiales, que tras el paseíllo fue obligado a saludar una fuerte ovación que iniciaron los malos afisionaos que todo protestan y solo acuden a la plaza a reventar a los toreros, hizo una faena larga, quizás demasiado para tan poco material, pero bien es verdad que sacó a relucir por momentos gran disposición de hacer ese toreo tan personal y llenos de clasicismo. No llegó la faena a gran cosa dadas las nulas condiciones del bicho, pero ahí quedó la esencia y algún que otro muletazo que hace recordar que torear es algo radicalmente distinto a lo que se premió a continuación.

Y llegó el suceso culmen de la tarde. Salió de chiqueros el tercero, apodado Pijotero y bautizado a fuego con el 61, de capa castaña. Un animal con bonita lámina pero sin grandes alardes al que Perera lancea de salida con la tan poca gracia que le es característica, pero consigue ganarle terreno y acaba con él en los medios y dejándolo parado. Efectivo al menos fue. Dos varas tomadas al relance y en las que cumple sin más, aunque salió suelto de la primera. Curro Javier es encargado de lidiarlo, magistralmente por cierto, y es en el capote de este hombre donde el toro ya saca a relucir unas cualidades tremendas. Perera lo ve rápido y, sin dilación ni tan siquiera un pase alguno de tanteo, se coloca casi en los medios, con el toro plantado en el tercio del tendido 1, a gran distancia. Lo cita con la mano derecha y el toro se viene, una tanda de muletazos consiguiendo templar al toro pero llevándolo hilvanado en el pico de la franela y escupiéndolo literalmente con un feo tirón hacia fuera, no sin antes descargar la suerte como él acostumbra. Le da aire al toro durante unos instantes el matador y vuelve a citarlo a larga distancia, el toro se viene pronto y alegre, y además embiste de lujo en la muleta. Perera, en el más puro estilo Perera: perfilero, zancada atrás, pico y tirón hacia fuera. La plaza, como loca. Vuelve a darle tiempo al toro y ejecuta una tercera serie sobre la mano derecha con el mismo corte 2.0 que caracteriza a este torero, y que termina de encender al personal. Cambia de mano y agarra la zurda, y es entonces cuando Perera acorta excesivamente las distancias y ahoga al toro, el cual no deja de embestir con la misma clase y transmisión con que estaba embistiendo hasta ahora. La faena de muleta baja el listón de golpe, Perera no es capaz de ligar los muletazos ni tampoco de pegarlos tan limpios, y tras este conato de (des)toreo al natural, vuelve a agarrar la mano derecha para seguir ahogando al encastado ejemplar, y aunque el personal le sigue jaleando como si aquello fuera inventar el toreo, Perera no saca muletazos tan limpios. A sabiendas de que estaba la faena, se fue a por la espada tras ello. Tres series con la derecha que, dentro de ese estilo 2.0, había conseguido tirar del toro y aprovecharlo, pero al coger la zurda todo acabó y nunca más volvió a retomar el vuelo. "Si mata bien, solo si mata bien, oreja. Y aquí paz y despues gloria". Si hubiéramos sabido la verdad, hubieramos aprovechado para salir a hacer aguas menores antes de tiempo y así no ser testigos de la chacota: estocada trasera y caída. Ni rinconera ni leches, no. Casi un bajonazo, pero sin el casi. "No creo que le den la oreja, estamos en Madrid y...", y antes de terminar la frase, dos pañuelos blancos colgando de la barandilla. ¡¡Dos!! Surrealista cuanto menos. Baste con decir que los pitos y abucheos ahogaron los aplausos, y que seguramente ni el mismo interesado se creería tal situación. Y Perera paseó, con una sonrisa que delataba sin disimulo la soberbia que gasta y bajo un enorme alboroto, la casquería de la que era injusto merecedor.

El resto de la corrida transcurrió entre el cabreo ocasionado por tan lamentable suceso y la decepción que los toros de Fuente Ymbro estaban creando, aun lidiando ese buen tercero. El señor de Sabadell (por muy de Córdoba que ponga en los carteles que es) las pasó canutas ante el manso cuarto, que seguramente en una muleta mas poderosa hubiera sacado otra condición. Pero con un tío ante sí mismo con tanto miedo, tanta desconfianza y tomando tantas precauciones, ¿qué otra cosa podía hacer si no era defenderse de los telonazos a los que era sometido? Como suele decirse, que salga a saludar al tercio aquel a quien se le ocurrió anunciar a Finito de Córdoba en San Isidro un año más. ¡¡Que salga a saludar!! Del quinto, decir que se quedó sin picar, y quizás eso pesó demasiado en el tercio de muerte. Diego Urdiales porfió ante él, consiguiendo un comienzo de faena portentoso con doblones muy toreros que ganaron terreno al toro, pero una vez agarrada la muleta para realizar el toreo fundamental, no llegó a acoplarse ni a conseguir mandar sobre la correosa embestida del animal. Muchos muletazos sobre ambos pitones, pero apenas algún resquicio de temple y mando. Otro día será para Urdiales. Y el sexto, un inválido y descastado ejemplar con el cual Perera no hizo sino gala, otra vez (aunque ahora sin material) de su pegapasismo vulgar en otra interminable faena que debió terminar muchísimo antes de cuando lo hizo. Y una vez hubo doblado este último, flechaíto a la salida para no ser testigo ni por casualidad de la más vergonzosa puerta grande de cuantas se recuerdan.

Y entre medias, Curro Javier y Javier Ambel se llevaron grandes ovaciones tras bregar con consumada maestría y efectividad a los toros tercero y sexto; amén de que Curro Javier le sopló al sexto un par de banderillas de enorme categoría.

San Isidro Labrador, perdónalos. No saben lo que hacen. 

miércoles, 15 de mayo de 2019

14 DE MAYO DE 2019, PRIMERA DE FERIA: QUE LA PEOR SEA ESTA

"Que la peor sea esta", comentaba la afición cuando desertaba del tendido, pasadas ya las 21:15 horas de la tarde. Un aficiondo que no hubiera visto la corrida, y que sea tan viejo como avispado, murmuraría entre dientes con voz socarrona: "Vamos, que buena lo que se dice buena, tampoco ha sido". No, no ha sido un corridón de toros. Pero que ha tenido importancia y ha mantenido el interés de todo aquel apostado en el granito, sin duda. ¡¡Cuántas no veremos a lo largo de este mes d
que verdaderamente sean para echar a correr y no volver!! La corrida, importante es decirlo desde el primer momento, ha sido horripilantemente picada, y a partir de ahí se comprendería el mérito que han tenido los seis ejemplares de no dar el menor síntoma de invalidez y de no abrir ni tan siquiera la boca. Dureza de patas por delante, nada de medios-toritos a los cuales hay que llevar entre algodoncitos durante toda la lidia, darles un par de picotacitos de nada, y bregarlos sin arrastrar por el albero los vuelos del capote. Por lo tanto, seis toros de La Quinta duros de patas, que además si bien no han hecho unas peleas espectaculares debajo del peto, tampoco han rehuído como alma que lleva el diablo cuando sentían la puya allá donde Satanás dispusiera que les cayera. Y luego, algunos incluso se les podría tildar de encastados... ¡¡Casta!! Bendita palabra. Muy en especial, la de los corridos en tercer, cuarto y quinto lugar. El segundo se ha prestado al toreo, ha galopado con alegría y ha ofrecido unas cuantas arrancadas con buen son, pero quizás le faltó un puntito más de picante. Y sobre aquellos que abrieron y cerraron plaza, respectivamente, decir que fueron los garbanzos negros de la corrida. El primero bien es verdad que quería pero no podía, se quedaba muy corto y se frenaba en mitad del viaje, seguramente a causa de los dos infames puyazos que le arrearon. Y el sexto, un borreguito soso que no dio el más mínimo interés.

Y la terna... ¿Qué decir de la terna? Pues algo así como que pasaban por allí circunstancialmente tres señores vestidos de luces, acompañados cada uno de tres hombres de plata y dos carniceros tocados con castoreño (uno en el caso de Javier Cortés, pues en el otro lugar sí llevaba un picador de verdad), y a ellos les endiñaron los santacolomas. Que oiga, todos sabemos de la dificultad que lleva aparejada la casta, quién lo duda. Pero ¡¡caramba!!, de tres matadores a los que se les supone con la mínima preparación indispensable para asomar por Madrid en San Isidro (supuestamente) siempre se espera uno el menor decoro posible. ¡¡Ja, iluso que es uno!!
A Rubén Pinar le tocó abrir feria con la más fea o, al menos, con una de las dos feas; y el hombre hizo lo que pudo, que no era otra cosa que quitárselo del medio con decoro, además de darle las gracias a su picador, el cual seguramente habrá dormido esta noche con la tranquilidad de un recién nacido. ¿Mató con decoro Pinar a este primero? Lo hizo con un golletazo y con la ayuda de sus peones, que lo tiraron haciendo uso de la rueda. De manera que no comment. Que después de esto, en cuarto turno, dispuso Rubén Pinar de un animal huidizo pero de esos con teclas que tocar, las cuales no eran otras que llevarlo muy tapadito y dejarle el trapo muy bien puestecito. Puea, aun habiendo mansedumbre, también había casta. ¿Que el matador consiguió meter al toro en vereda y hacerle que embistiera comiéndose la muleta? Cierto. ¿Que los muletazos que pegó fueron todos muy fuera de cacho y echando al toro hacia fuera haciendo un uso del pico más que descarado? Tan cierto como que el palabrero de Emilio Muñoz no ha cortado una oreja en Madrid jamás y que el tal Maxipedia, si le quitan su buena mano para hacer estadística, pinta menos en el Plus que seis picadores en una corrida de Juan Pedro Domecq o de Daniel Ruiz. Solvente, por tanto, la técnica de Pinar para evitar que el toro se le fuera de najas, pero vulgarísimos y cuanto menos ventajistas fueron los muletazos que le recetó una vez que tenía al animal bajo su batuta. Quizás, otro día será para Rubén Pinar en Madrid. Quizás...

A Javier Cortés le cayó en gracia (o quizás debería decir en desgracia) el lote de la tarde. El segundo animalico repetía dulcemente en su muleta y pareció susurrar algo así como "oye, tengo las orejas que se me caen". Y ahí anduvo el bueno de Cortés pegando trapazos por ambos pitones, y sin evitar que el nobilísimo animal se le subiera a las barbas. Que luego tuvo al quinto, ejemplar ante el cual el picador Juan Francisco Peña dio una verdadera lección de cómo se pica un toro. Le descabalgó en el primer envite, y cuando se lo pusieron en suerte para recibir la segunda vara y a distancia considerable, el animal no hizo otra cosa que remolonear, escarbar y buscar cualquier excusa para largarse, pero el pica movió el caballo de un lado para otro y levantaba el brazo gritando a viva voz para llamar su atención. ¿Tan difícil es hacer la suerte con corrección, demonios? Pues el toro, a pesar de que no estaba por la labor, ¡¡milagro, se arrancó!! Y galopó, eso sí, con alegría, y hasta empujó metiendo riñones. Y el bueno de Juan Francisco Peña, antes de que el toro se estampara contra la acorazada, lanzó la vara y le acertó en toda la yema antes de que el toro rozara el peto con los pitones. Y la plaza, en pie y aplaudiendo hasta con las orejas. Con lo bonita que es la suerte de varas, y nos la quieren abolir... Esto desató la histeria colectiva hasta tal punto que el bueno de Javier Cortés se llevó al toro a la mismísima boca de riego y ahí lo dejó. ¿Y si se producía el milagro y el toro, a pesar que desde más cerca ha dejado claro que no le apetecía mucho, se arrancaba desde tan lejos? Total, si hubo hasta quien convirtió agua en vino, ¿por qué no esto? Pero hoy no fue el día completos de los milagreros, y el toro no solo no se arrancó al caballo de contraquerencia, sino que se fue a aquel que guardaba puerta en el tendido 4, impidiéndo que llegara a la jurisdicción de este picador un peón que andaba en su sitio. Pero como el toro apenas había sido picado en la primera vara, necesitaba de otro puyazo, por lo que después de intentarlo otra vez desde más cerca sin que diera resultado, hubo que ponerlo prácticamente debajo para cobrar otro puyazo de perfecta colocación. Se fue el pica bajo una atronadora ovación, y después de un tercio de banderillas rápido y solvente, quedaron solos toro y torero en el platillo. El animal no hizo pelea de bravo en varas, pero sí dejó entrever durante la lidia que iba a dar guerra en la muleta. Guerra de la buena, pues era un deleite ver cómo se arrancaba y cómo metía la cara en el percal del peón de brega. Toro encastado y fiero fue este, y el cual se comió muletazo tras muletazo la franela de un Javier Cortés que estuvo muy acelerado, sin sitio y sin capacidad alguna para conseguir bajarle la mano, templarlo y mandar sobre su embestida. Una pena que así fuera, pero se fue sin torear.

Thomas Duffau se llevó quizás la peor parte en el sorteo de las 12 al caerle el soso y aburrido sexto; y también, el complicado tercero. Complicado, pero no imposible. Que aunque a veces pueda parecerlo, no lo es. Y no lo fue en este caso ni mucho menos. Pero pasa que cuando en manos de uno cae un toro con tan mal estilo, que es incierto, pega tornillazos, se defiende y no humilla, ahí debe haber una muleta poderosa que, primero, se olvide el que la porta de ponerse bonito; y segundo, que consiga realizar una faena de poder sobre las piernas y macheteando por bajo. Ni la una, ni la otra. ¿Habrá alguna vez alguien, en el entorno de un torero y/o de una escuela taurina, que convenza a sus chicos de que hay vida en el toreo más allá de pegar pases componiendo la figura? Sí, mejor esperar sentados.

Acabada la primera de feria tocó tiempo para reflexionar sobre lo visto, y todos los presentes parecieron estar de acuerdo: ojalá la peor de todas fuera esta. No nos iba a salir mala feria.

sábado, 11 de mayo de 2019

PABLO AGUADO, ¡¡TORERO!!

Cuatro de abril de 2016. Domingo. Ya había pasado Semana Santa y en Las Ventas ya estábamos inmersos en los habituales festejos primaverales que suelen ser el preludio a las fiestas de la Comunidad Autónoma de Madrid y a las de San Isidro. Ese domingo cuatro de abril había programada una novillada con picadores, una más de las muchas que se celebran en Las Ventas a lo largo de toda la temporada, y en ella estaba anunciada una novillada de Sánchez Herrero para ser estoqueada por un veterano en aquel entonces de la novillería y viejo conocido en ese foro (Miguel Ángel León) y dos debutantes en Madrid llamados Pablo Aguado y José Ruiz Muñoz. Los tres, sevillanos. 

Los novillos de Sánchez de León resultaron flojos, bobalicones y descastados, pero ello no impidió que uno de los debutantes, vestido de un bonito terno corinto muy cargado en oro con unas cuantas puestas ya, dejara esparcido por el ruedo multitud de destellos de toreo eterno acompañados por esa esencia de la escuela sevillana que tanto se caracteriza por la multitud de remates, adornos, naturalidad y arte. ¡¡Un novillero radicalmente distinto a los demás, que no se retuerce, que torea bonito, que trata de llevar a los toros hacia atrás y que ofrece el pecho al citar!! ¿Estaremos soñando?No cortó orejas esa tarde, ni tampoco hizo faena alguna merecedora de ello, pero... ¡¡Al demonio con la casquería!! Lo importante es que aquí ha quedado demostrado que hay torero a seguir, y que si sigue dentro de ese estilo va a darnos grandes tardes de toros.

Fue pasando el tiempo y, como no podía ser de otra manera, muchas fueron las atenciones que se pusieron sobre Pablo Aguado en sus respectivas actuaciones, tanto fuera como dentro de Madrid. No sabría explicar qué pasó después, pero tras aquella novillada no vi por ninguna parte a aquel chaval que tanto me deslumbró durante la tarde que se presentó en Madrid. Continuó su etapa de novillero siendo uno de los punteros de este escalafón, pero el concepto que derrochó posteriormente se acercaba más quizás a esa vulgar Tauromaquia 2.0 a la que tanto se venera hoy en día, que a aquel aroma sevillano y eterno que tanto deslumbró una tarde de abril en Madrid. Tomó la alternativa en Sevilla una tarde de la feria de San Miguel del año 2017, y Pablo Aguado bajó considerablemente su número de actuaciones como matador de toros respecto a las que sumaba como novillero. Vino a Madrid, a confirmar doctorado, una tarde de la feria de Otoño de 2018 ante una corrida de Victoriano del Río, en sustitución de Paco Ureña, y esa tarde le cortó una oreja al sexto, pero se podría decir que no convenció lo más mínimo a la exigente afición de Madrid. Mucho menos hace algunos días, ante los toros del Torero que se lidiaron el Domingo de Resurrección. La pregunta era "¿dónde quedó aquel torerito que despertó la llama del toreo caro aquella tarde de abril del 2016?". Si casi pareció un espejismo...

La respuesta a esta cuestión, qué alegría más grande, la encontré en la tarde de ayer, en la Plaza de Toros de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla. Todo lo expuesto sobre lo que hizo Pablo Aguado la tarde qie debutó como novillero en Madrid quedó reflejado ayer, viernes de farolillos, en lo que fue una gran faena al tercer toro de Jandilla. Perono en sensaciones, sino en el marco incomparable de una gran faena de muleta plagada de muletazos por ambos pitones que resucitaron el toreo de verdad, el de siempre ¡¡Qué manera de torear!! ¡¡Qué torería, qué empaque, qué naturalidad, que manera de llevar atrás a los toros!! ¡¡Qué gusto y qué variedad para rematar las series de muletazos!! Pases de la firma, cambiados de mano, kikirikís, pases de pecho llevados al hombro contrario... Y lo mejor de todo, ligados al último muletazo, sin ceder medio milímetro de terreno y con la misma naturalidad de quien se toma un café. Toreó Pablo Aguado, pero no solo toreó con la muleta. Qué verónicas dejó plasmadas al toro que cerró plaza, tanto para recibir al toro de salida como en el quite que fue réplica al de Morante. Verónicas lentas, con el toro hilado completamente al percal y sin echar el pie atrás en ningún momento. ¡¡Qué poco se ve esto ya!!

Pablo Aguado, en definitiva, destapó ayer tarde el tarro de las esencias, y los aficionados acabamos toreando después de todo, ya fuera por el sevillano paseo de Colón, camino del Real de la Feria, en casa, en el puesto de trabajo o en el bar. Y además, lo hizo con el mérito añadido de que toreó y puso a todos de acuerdo en una tarde en la que él, visto lo visto en la afición maestrante y escuchado lo escuchado a los pagafantas de la tele, parecía convidado de piedra ante el de Puebla del Río (a quien le vociferan eso de biiiiiiiieeeeeeeeeeeennnnnjjjjjjjjjjjjj antes incluso de que el capotazo sea una realidad), y ante el huracán Roca Rey, quien cuelga el cartel de "No hay billetes" allá donde pisa, pero cuya tauromaquia se basa en los chabacanos modos dospuntocero. 

Pablo Aguado, ¡¡torero!! Madrid le espera en los próximos días con gran expectación, la que causa un toreo de tantísimos quilates.

viernes, 3 de mayo de 2019

LA GOYESCA: "YO NADA"

"Yo nada". Contestación tajante que ha soltado el buen amigo Enrique Martín cuando, en tono jocoso, se me ha ocurrido preguntarle qué se podría escribir sobre lo de hoy.

-- "Oye Jefe, ¿y de esto qué escribimos hoy?".
-- "Yo nada". Y a otra cosa, mariposa.

Él nada, y bien que hace. Un servidor, aquí anda enfrascado en sus pensamientos y reflexionando acerca de lo acontecido en este 2 de mayo, día grande de la Comunidad de Madrid y el cual se tiene a bien celebrar, desde hace un tiempo a esta parte, una corrida Goyesca para conmemorar la gloriosa jornada del 2 de mayo de 1808. ¡¡Quién la ha visto y quién la ve, a la Goyesca del 2 de mayo!! Qué tiempos aquellos cuando nada menos que José Tomás se dejaba caer por aquí en fecha tan señalada, y la plaza lucía llena hasta la bandera. O los vis a vis protagonizados por César Rincón y Enrique Ponce, o Luis Francisco Esplá y Luis Miguel Encabo. Y aquella corrida concurso del año 2001 en la que tomaron parte ganaderías como el Conde de la Corte, Hernández Pla, Cuadri o el Conde de la Maza. Por no hablar de las encerronas de Uceda Leal y, cómo no, de Joselito aquella histórica jornada del año 96. E incluso alguna corrida de Victorino Martín se ha visto lidiarse algún 2 de mayo. Y también de Adolfo Martín cuando aún generaba gran interés (el recordado Mulillero fue lidiado un 2 de mayo, precisamente). En fin, otros tiempos.

¿Qué queda ya de todo aquello? Nada, por desgracia. Aquellas goyescas eran todo un acontecimiento, un gran preludio al comienzo de San Isidro días después, y que servía a los abonados de Madrid para ir cogiéndole el pulso a lo que se avecinaba. Ahora la Goyesca no es más que una más de relleno, un día más en la larga temporada madrileña, con el aliciente de que todos, cuadrillas, areneros, monosabios, mulilleros, el calero y hasta el buñolero (¿hoy no es una falta de respeto que vista como los toreros?) calzan un vestido que, supuestamente, está inspirado en la época de Goya. Ah sí, y que en el prolegómenos de la corrida, los aficionados tenemos permitido pisar el ruedo mientras las calesas tiradas por caballos desfilan por el ruedo al son de la Banda de Música Municipal, que también se encuentra en el ruedo interpretando algunos pasodobles. Pero por lo demás, un cartel más de relleno en la temporada. Otros años pasados, con algún que otro aliciente de interés, pero sin rotundidad ni el reclamo suficiente para el aficionado. Este año, ya ni eso. ¿Qué reclamo tiene una ganadería como José Luis Pereda en Madrid? El reclamo de salir corriendo como alma que lleva al diablo, como mucho. Solo con recordar su historial en Madrid, basado en innumerables festejos de invalidez, descaste y aburrimiento, es para eso y para mucho más. Y hoy, gracias a los cielos, ninguno ha hecho que nadie se acordara de Florito. Han sacado la casta justita justita pero que muy justita y sí, la corrida en líneas generales se ha dejado, pero le ha faltado mucho más.

Se dejaron torear los peredas y además no se cayeron. ¡¡Oh, milagro!! ¿Qué hubiera sido si hubieran sacado casta a raudales? Salta a la palestra con una corrida que no pasa de normalita una ganadería como esta, vieja conocida en el lugar y célebre por lo mucho malo y lo poco bueno que ha ofrecido al personal, y nos creemos que ha sido un corridón de época. Se dejaron torear, iban y venían, algún ejemplar como el cuarto o el sexto sacaron más picante... Pero muy poca cosa.

Y la terna, ¿qué decir de la terna? ¿Qué decir de Cristian Escribano, de Francisco José Espada y de Ángel Sánchez? Pues pocas cosas y aún menos buenas, mal que nos pese. Escribano, con el soso y pastueño primero se dedicó a tirar líneas con la mano derecha, a media altura y hacia fuera, sin alma. Peor fue cuando cogió la muleta con la zurda: cinco trapazos que hicieron pleno en enganchones, y a por la espada. Cayó esta en muy mal sitio, ante lo cual el matador hizo gestos evidentes de pedir perdón, lo cual le honra. ¿Cuántas veces no habremos visto matadores pegar sartenazos más infames y levantar la mano como si hubiera emulado a Rafael Ortega?
También apuntar como nota destacable que lució Escribano las alegres arrancadas del burel que hizo de cuarto, citándolo siempre dándole distancia y dejandole el tiempo suficiente entre serie y serie para que tomara aire. El toro tuvo mucho qué torear, y su matador así lo dejó en evidencia, pero otra cosa es que consiguiera imponerse al animal. Se le fue sin torear, y ya está. Mató con estocada un poquito desprendida y contraria, para después pegarse una vuelta al ruedo que nadie le reclamó y sí muchos le protestaron.

Pero lo que verdaderamente se protestó con ahínco esta tarde fue el empeño de la Presidencia en conceder una chabacana oreja al bueno de Francisco José Espada quien, si hiciera algo de autocrítica de manera objetiva, ya debiera haberla olvidado. Sucedió en el segundo de la tarde, animal que fue puesto en suerte tres veces para ir a la montura, pero que a pesar de ello se quedó sin picar. El toro se dejó torear sin más, y Espada realizó una faena que comenzó con algunos estatuarios y un cambiado de esos por la espalda que puso a parte del personal en ebullición. Siguió el matador pegando trapazos por ambos pitones, muy mal colocado siempre y dando un horrendo tirón hacia fuera en todos. Si la faena brilló por algo, fue por la ausencia de la más mínima torería y verdad. No había motivos para premiar la faena con una oreja, y menos aún después de matar de un bajonazo. Pero el despojo cayó, y todos contentos. O al menos el matador y quienes lo pidieron. Ah, y los mulilleros, quienes sin su inestimable colaboración el pañuelo blanco nunca hubiera asomado. ¿Se puede tener más desfachatez?
Una oreja cortada por un matador en el primero de su lote ya se sabe, media puerta grande abierta. Pero la cosa quedó en eso, en media puerta grande nada más. ¿Pasó algo ante el quinto? Nada, salvo que pareció que tenía más ganas de fiesta parte de la concurrencia que el propio interesado. El mismo corte vulgar, basto, mentiroso y tramposo ante este toro, que fue mandado camino de los fogones con un sartenazo. Para otro momento lo de la puerta chica, ya si eso.

A Ángel Sánchez hay quien le espera en Madrid. Sus razones tendrán, quién lo duda, pero van a tener que esperar a que el chico madure, profesionalmente hablando, porque está más verde que una paraguaya. Poca cosa dentro tuvo el tercero, con el cual se contagió el matador de su sosería y se dedicó a pegar muletazos sin fuste alguno, como quien tenía un discurso sobre Derecho Laboral preparado y tenía que soltarlo sí o sí. Pues lo soltó el hombre, y quedó como si nada.
El sexto sí fue un toro con más motor, un toro que sacó interés y que necesitaba de una mano poderosa que consiguiera someterlo y sacarle unos cuantos muletazos mandones para animar el cotarro. Demasiado para alguien que todavía acusa mucha bisoñez. Y además, se eternizó más de la cuenta con la espada.

Las mayores ovaciones que se tributaron a los de luces esta tarde, o mejor dicho de pasanamería, se las llevó Iván García por dos buenos pares al tercero y una brega más que eficiente al sexto. A Goya le hubiera dado para dejarlo reflejado en su Tauromaquia. 



jueves, 2 de mayo de 2019

FERIA DE LA COMUNIDAD: NOVILLADA DULCE, TERNA AGRIA

Suena a lo mismo de siempre, pero no por ello deja de ser realidad. Lo mismo de muchas novilladas celebradas en Las Ventas. Lo mismo de todas las temporadas, aunque pasen mil años. La misma frase de todos los santos días: ¿qué más necesitan estos chavales para triunfar? Entiéndase "qué" por lo que sale de toriles. Porque la respuesta, si se contesta con seriedad, sería que estos chicos lo que necesitan son facultades y valía para este oficio. Pero la pregunta es retórica, gasta cierta ironía y, además, trata acerca de los toros que les caen en suerte, en muy buena suerte a decir verdad.

¿Qué necesitan que les salga de toriles a los tres señores de esta tarde, véase Pablo Mora y los debutantes Diego San Román y Fernando Plaza, para conseguir causar buena impresión en Madrid? Dudo mucho que algo muy diferente a lo que los seis mozos de Montealto lidiados en esta tarde han sacado. Nobleza a raudales, toreabilidad para cogerse un empacho, dulzura, colaboración extrema con el de luces... Ni un mal gesto, ni malas miradas, ni un derrote, ni nada de nada que se saliera de madre. Si no triunfan con esto, es prácticamente imposible que lo hagan con otra cosa. 

¿Qué más necesitam estos chicos para triunfar? No será porque no han tenido novillos aptos para el triunfo y con mucho, muchísimo que torear. Lo que verdaderamente necesitan no viene de la dehesa, ni está en manos de los ganaderos a la hora de seleccionar. En esta tarde al menos no ha sido así. Necesitan valer para ser toreros, ni más ni menos. ¿Quién es el sinvergüenza que pone, nunca mejor dicho, a novilleros tan pobres de condiciones a funcionar en todas las ferias desde que son becerristas, los riegan de elogios aunque no los merezcan, y los venden como la panacea del toreo? ¿Dónde están los novilleros que de verdad atesoran dentro de sí facultades y torería suficiente como para poder funcionar en esto? Si es que acaso los hay, claro, porque uno ya empieza a dudar de que eso sea posible. 

Que Pablo Mora ya ha pasado por Madrid unas cuantas veces en los últimos 365 días, y podemos estar de acuerdo en que algún despojo que otro se habrá llevado, y que habrá sido triunfador absoluto de las nocturnas del pasado verano, y que lo pintan como novillero puntero, y que no sé cuántas cosas más. Estadísticas varias, pero el aficionado a los toros no es de números, sino de letras. Y las letras utilizadas para contar los dos quehaceres de Pablo Mora en esta tarde son similares a actuaciones anteriores: pocas y fáciles de escribir. Nada trascendental con el capote, dos interminables faenas de muleta en las que de doscientos muletazos fueron buenos, como mucho muchísimo, cero; y un uso de la espada más que deficiente. Absolutamente nada más. Y qué dos novillos le cupieron en suerte al mozo...  

El lote de Diego San Román, mexicano y nuevo en esta plaza, fue el menos bueno de la novillada, es verdad, pero no por ello dejó de ofrecer grandes posibilidades. El segundo fue un mansurrón que se iba de najas cada vez que podía, pero a ese manso había que tocarle las teclas adecuadas para que no desertara al segundo muletazo, lo cual no era otra cosa que dejarle el trapito muy bien puestecito al rematar cada muletazo, y llevarlo con adecuado mando. Y al final, acabó embistiendo y regalando un puñado de buenas arrancadas para armar el taco. No muchas, pero sí las suficientes como para hacer algo grande. No solo no las aprovechó, sino que además alargó la faena mucho más allá de lo que el novillo dio de sí, con muchos muletazos que no ofrecieron nada nuevo a lo que el personal está acostumbrado desde que la Tauromaquia 2.0 es torear mejor que nunca. Y además, dejó para la posterioridad un bonito metisaca en los bajos para mandarlo al desolladero. El quinto novillo fue el garbanzo negro de la novillada, pues se movió poco, dejó pocas opciones y, además, se echó al poco de comenzar la faena de muleta. Claro que, quizás, las tres veces que lo dejaron estamparse contra la acorazada de picar y los tres puyazos en tan mal sitio que le colocaron tuvieran algo que ver en todo eso. Por suerte, Diego San Román no se extendió demasiado rato delante, optando por estoquearlo más pronto que tarde con un espadazo en el Rincón de Ordóñez, y sin que ninguno de los muletazos que dejó fueran como para emocionarse demasiado. 

Fernando Plaza trajo consigo debajo del brazo una legión de seguidores que desplegó estratégicamente por toda la plaza, y que le agasajaron con esos gritos de biiiiiiieeeeeeeeennnnnnjjjjjjjj y jaaaaandaaaaaaaaa a todo lo que hacía, aunque en realidad fuera maaaaaaaaaaaaaaal. Sus dos novillos, tercero y sexto; sexto y tercero, llevaban un cortijo cada uno en las orejas. Algo así como "el novillo soñado en el lugar y momento oportuno". O mejor dicho, el lote soñado. ¿Cuántas más veces se verá en otra así? Dos novillos ante los cuales dejó una extraordinaria cátedra de toreo (pseudotoreo mejor dicho) moderno y ventajista. Sobre todo que quedara claro que es perfecto aprendiz de los maestros contemporáneos: los cites, perfileros, fuera de cacho y escondiendo la pierna; los trapazos, hacia fuera y metiendo el pico con enorme descaro; y la figura, retorcida y flexionando el espinazo hasta límites que es un verdadero suplicio verlo. Dos faenas calcadas la una de la otra y que hicieron florecer todas aquellas virtudes del destoreo que se estila a día de hoy, y por la que el paisanaje se volvió loco de atar, llegando a pedir orejas incluso después de matar a ambos novillos de manera poco ortodoxa: trasera y atravesada la del tercero y por la que el novillo agonizó durante unos interminables minutos (escuchó dos avisos desde que enterró la espada el el morrillo), más un pinchazo y otra estocada atravesada y trasera en el sexto. La Presidencia, divina providencia, puso las cosas en su sitio e hizo oídos sordos. 

De la novillada de Montealto está casi todo dicho: magnífica novillada para hacer el toreo y para conseguir un triunfo gordo. Presentada con corrección, los seis fueron mansos en el tercio de picas, no se emplearon y se les picó a unos más que a otros, pero a ninguno hubo que levantarle el palo para que no terminara derrumbándose por manifiesta falta se fuerzas. Y muy maltratada por las cuadrillas, por lo pésimamente que fue picada y lo mal que se lidió. Ni un solo puyazo en lo alto, ni un picador que hiciera la suerte, ni un par de banderillas, ni un capotazo, ni un quite, ni nada de nada. ¡¡Vaya tarde dieron las cuadrillas también!! Y aun así, los novillos ofrecieron grandes posibilidades para triunfar con ellos ¡¡Pena de novillos, que se fueron sin torear!! Y es que resulta desesperante que vayan pasando novilleros y novilleros por esta plaza, y que sean inmensa mayoría los que no despierten  la más mínima ilusión por volver a verlo repetido. Muy mal futuro le aguarda a esto.

martes, 30 de abril de 2019

MEMORIAS DE LA MONUMENTAL DE SEVILLA

Probablemente, cualquier aficionado que se preste conoce el porqué de las Plazas Monumentales. Corrían los primeros años del siglo XX en España, y el planeta de los toros vivía una de sus más esplendorosas épocas, si no la que más: la Edad de Oro. José Gómez Ortega Gallito y Juan Belmonte García; José y Juan, Juan y José. Rivales por antonomasia y revolucionarios del toreo no solamente en el ruedo, sino además, más allá de lo que allí acontecía. Es este un importante punto de inflexión en el origen de las monumentales.

Corrían aquellos gloriosos tiempos de los años 10 del siglo XX, y la locura que ambos colosos generaban entre los aficionados de entonces alcanzaba tales cotas que muchos incluso eran capaces de empeñar su colchón para verlos torear. A tanto llegó aquello, que las plazas de toros de la época empezaron a quedarse chicas ante la demanda de público que arrastraban el Coloso de Gelves y el Pasmo de Triana. Fue entonces cuando a Gallito se le ocurrió la idea de las plazas monumentales: recintos taurómacos que pudieran albergar más público que las primitivas plazas que la época, no solamente para que fueran más los aficionados que pudieran paladear la rivalidad entre José y Juan, sino también para que pudieran tener acceso a este espectáculo todas las clases sociales a través de una política de precios cuya heterogeneidad así lo permitía. Y además, este hecho conllevaba que los toreros pudieran cobrar honorarios más altos. De esta manera, todos contentos.

Y así fueron haciéndose realidad los proyectos de la Monumental de Barcelona (inaugurada en 1914 y con 19.582 localidades, frente a las 14.983 de Las Arenas), Las Ventas (inaugurada en 1931, con 23.798 localidades frente a las alrededor de 12.000 de la antigua plaza de la Fuente del Berro) o la Monumental de Pamplona (inaugurada en 1922, y que contaba primitivamente con 13.620 localidades, frente a las 8.000 que aproximadamente albergaba la antigua plaza). Tres plazas de toros monumentales que no tardaron demasiado en alcanzar gran importancia, y cuyas directas competidoras tuvieron suerte muy dispar, pues la vieja plaza de Pamplona ardió en 1921, un año antes de inaugurarse la Monumental; la de Barcelona estuvo compitiendo a gran nivel con Las Arenas hasta que esta fue cerrada el 19 de junio de 1977; y Las Ventas no tardó en comerse a la plaza de la antigua Carretera de Aragón, la cual fue derruida en el año 1934.

Y también existió la Monumental de Sevilla, la cual parece pasar un poco más desapercibido entre los aficionados, pero lo cierto es que también existió e incluso le hizo gran competencia la Maestranza durante los pocos años que estuvo activa. Así como las otras plazas de toros monumentales, la de Sevilla fue precursada por Gallito con el objetivo de dar acceso a un número de espectadores (23.055), de todas las clases sociales además, más elevado a los que daba su competidora más directa: la plaza de toros propiedad de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla. Ni que decir tiene que el ambicioso proyecto de José le hizo canjearse numerosos enemigos en su tierra, pues no todos los sevillanos veían con buenos ojos eso de que a la Maestranza le saliera competencia. Pero así las cosas, la plaza comenzó a contruirse en el año 1916, siendo proyectada por el arquitecto Francisco Urcola, encargándose de dirigir la construcción el arquiecto José Espiau y Muñoz. La edificación no estuvo exenta de sobresaltos, pues al poco de ser comenzada, un fuerte temporal provocó fuertes inundaciones en las obras, y como además se cometió la imprudencia de desencofrar antes de que el hormigón estuviera completamente sólido, el agua que cayó dio al traste con parte de lo avanzado. Pero lo peor llegó en 1917. Con miras a ser inaugurada la plaza durante el emblemático Domingo de Resurrección sevillano de aquel año, se realizaron unas pruebas de carga sobre los tendidos que acabaron de la peor manera posible, pues parte del edificio se fue a pique. Se cuenta que el pobre Francisco Urcola cayó enfermo del disgusto. De manera que hubo que retrasar la inauguración más de un año.

Llegó el año 1918, y terminada de nuevo la construcción se realizó otra prueba de carga que, esta vez sí, resultó satisfactoria. Vía libre pues para la inauguración, que se programó para el día 6 de junio con un cartel compuesto por Gallito (como no podía ser de otra forma), Francisco Posada y Fortuna, ante ganado de Contreras. Cuentan las crónicas de la época que asistieron unos 15.000 espectadores a la corrida, que José brilló por encima de sus compañeros y que los contreras resultaron ser buenos en general.

La Monumental, además de esa temporada de 1918, estuvo en vigor durante los años 1919 y 1920. Durante este breve espacio de tiempo, la competencia con la Maestranza fue intensa, pues aquella obligó a esta a reducir considerablemente los precios ofertados. En el año 1919 ambas plazas organizaron sendas ferias de abril, la Monumental la comprendió entre los días 26 y 30 de abril; y en la Maestranza se desarrolló entre el 27 y el 30. Cabe destacar como nota importante que Gallito actuó en todos los festejos de feria organizados en la Monumental, y que Belmonte hizo lo propio en la Maestranza, por lo cual y consiguiente ambos se ausentaron de la Maestranza y de la Monumental, respectivamente. Realmente fue esta feria de abril de 1919 la única que mantuvo la competencia entre ambos cosos, pues en el año 1920 se hizo cargo de organizar las corridas de la Monumental el empresario de la Maestranza, y ello llevó a que hubiera alternancia entre ambas plazas: la Maestranza celebró sus festejos los días 18, 19 y 20 de abril; y la Monumental hizo lo propio los días 21, 22 y 23 de abril. En ambos cosos tomaron parte, además de Gallito y Belmonte, Ignacio Sánchez Mejías, Varelito, Chicuelo y Manolo Belmonte. Si bien durante esa feria de 1920 no hubo competencia de festejos entre las dos plazas, sí se mantuvo el equilibro entre los económicos precios.

Aquella de 1920 fue la tercera temporada en la que la Monumental de Sevilla se encontró en funcionamiento. Y también la última. Durante la primavera de 1921 trascendió a la prensa un informe redactado por técnicos especializados en el que se alegaba que la estructura de la plaza no se encontraba en un estado óptimo para seguir operativa, y que dicho informe fue remitido al Gobernador Civil quien, tras mantener una reunión con la Junta de Espectáculos, ordenó la clausura del edificio mediante orden gubernativa. Sin embargo, dos días después la propiedad de la plaza solicitó que se realizaran pruebas de carga con las que comprobar la exactitud de dicho informe. También a instancias del Gobernador Civil, esas nuevas pruebas de carga fueron rechazadas, lo que terminó por condenar definitivamente la Plaza de Toros Monumental de Sevilla. Evidentemente cabe pensar que la muerte de José en Talavera de la Reina el 16 de mayo de 1920 no dejó de tener transcendencia en estos hechos. La Monumental de Sevilla, al igual que el resto de plazas monumentales, fue un proyecto de lo más ambicioso, pero no fue bien acogido por todo el mundo. La altísima competencia que le hizo a la Maestranza levantó ampollas en cierta parte de la sociedad sevillana, y sirva como ejemplo el ajuste de precios a la que tuvo que someterse esta última. Por ejemplo, antes de la inauguración de la Monumental, una barrera de sombra en la Maestranza salía por el módico precio de 24 pesetas, mientras que la misma localidad costaba casi la mitad en la corrida que inauguró la Monumental: 13,50 pesetas. Ello supuso que la Maestranza tuviera que reducir los precios si quería seguir en la órbita: 20 pesetas la misma localidad en 1919. Y para terminar de rizar el rizo, recalcar la subida que se llevó a cabo en esta plaza durante la temporada 1921, ajena a toda competencia con la Monumental ya clausurada: 30 pesetas. ¿Había entonces intereses políticos, propiamente dicho, en guillotinar la Monumental de Sevilla? Eso, quizás, nunca podrá saberse. Pero lo cierto es que, comprobados algunos datos y opiniones autorizadas en la materia, da que pensar.

La Monumental sevillana se mantuvo en pie y en estado de abandono hasta el año 1930, durante el cual se procedió a su derribo. Hoy en día queda en pie a modo de vestigio una de las puertas que daba acceso al coso, situada en la avenida Eduardo Dato. Sin duda, un precioso recuerdo a lo que fue un grandioso proyecto del Rey de los Toreros, y que desgraciadamente quedó en agua de borrajas al poco de ser estrenada, quien sabe si por motivos más allá de los estrictamente taurino y arquitectónico.



BIBLIOGRAFÍA

"Plaza de Toros Monumental de Sevilla, la dignidad de un proyecto"

www.monumentaldesevilla.com

www.portaltaurino.net



lunes, 22 de abril de 2019

DOMINGO DE RESURRECCIÓN EN MADRID: HAY TORERO EN JUAN ORTEGA

Era agosto del año 2018. Las playas y las piscinas estaban atestadas de veraneantes; y la temporada taurina se encontraba en todo su esplendor. Las ferias de provincia atraían al gran público, los figurines de porcelana se rifaban el oro y el moro por esas plazas, los pueblos programaban sus novilladas, encierros y concursos de recortes; y por lo general todo iba con normalidad y sin grandes sobresaltos. También en Las Ventas se vivía la temporada con la absoluta normalidad propia de esas fechas: es decir, los ocho o nueve guiris de turno tumbados a lo largo del granito del tendido 5 sin camiseta y cociéndose para coger color; los señores y señoras procedentes del Japón y de la China sacándole fotos a todo lo que se movía, y algún que otro aficionado (pero que muy muy muy aficionado) dejándose ver, con toda la chicharra agosteña, a ver si caía algo que llevarse a la boca. Y todo esto mientras los proveedores de ginebra y tónica se maldecían porque nadie les reclamaba. "¿Sabrán que también hay toros en Las Ventas por agosto?", se preguntaban. Acabarán por cambiar el gintónic por el sake y el sushi cuando los festejos sean fuera de abono.

Pero hete aquí que durante la castiza y emblemática tarde del 15 de agosto, llegó a Madrid un chaval procedente de Sevilla que hizo de las delicias de los pocos aficionados que aquella tarde se apostaron en el tendido, con un toreo que derrochó clasicismo y ese pellizco que es debilidad de Madrid. Su nombre resultaba familiar entre los aficionados de Las Ventas, pues ya había actuado como novillero unas cuantas veces, hace algunos años. Juan Ortega no tuvo el reconocimiento unánime de Madrid en su época novilleril, por eso la sorpresa que dio bajo el calor de aquella tarde agosteña fue aún más grande y agradable. ¡¡Vaya cambio, desde que le vimos la tarde de su confirmación en la primavera de 2016!! Una muy agradable sorpresa, sí señor. Sorpresa que fue en aumento a lo largo de lo que restaba de 2018, cuando llegaban más noticias de este torero, y que apuntaban todas a lo mismo: que aquí hay torero y que merecía tener su sitio. 

Pues bien, meses después de aquello y tras la meditación que acarrea el largo y duro invierno, Juan Ortega hizo de nuevo el paseíllo en Madrid en esta tarde del Domingo de Resurrección, con muchas miradas puestas en él, y para vérselas con una corrida de El Torero junto a David Galván y Pablo Aguado. Elegantemente ataviado con un terno verde oscuro y azabache combinado con un corbatín color grana, su carta de presentación fue un quite al primero de la tarde por chicuelinas, resultando aturullado y poco asentado. David Galván despachó a este inválido primero sin pena ni gloria después de una faena larguísima y sin apenas transcendencia. El segundo de El Torero era precioso de hechuras y muy aplaudido de salida, y Juan Ortega salió con grandes intenciones de hacer el toreo a la verónica para recibir a este toro, pero todo quedo en eso: disposición, pues el toro le punteó el capote en todos los lances y no consiguió llegar a convencer. Puso al toro en suerte con una bonita revolera para que este tomara un picotacito que no hubiera dado ni para un análisis, y después de sacarlo y llevarlo a los medios vino el primer suceso de la tarde: cuatro verónicas despaciosas y de mucha enjudia, rematadas con una media verónica abelmontada que hubiera inspirado a cualquier pintor, y que pusieron a la plaza en pie. El toro volvió al caballo para tomar otro picotazo que le hizo aún menos pupa que el anterior. Sin picar pues, y también sin mucho poder. Se desarrolló rápido y limpio el tercio de banderillas. Juan Ortega cogió los trastos y se dirigió a los medios para brindar al personal, y acto seguido se fue a los terrenos del 7, para empezar la faena doblándose por bajo y a dos manos, dejando un torerísimo comienzo que puso al público en ebullición. Después de algunas probaturas y sin salirse más allá de las rayas de picar, llegaron tres derechazos despaciosos y muy pintureros, sin bajar la mano en exceso, pero tirando del toro y llevándolo atrás. Siguió el torero con la mano derecha dejando esparcidos por el ruedo algunos muletazos sueltos llenos de verdad, siempre de uno en uno para dejar reponerse al flojo toro entre cada muletazo, y haciendo gala además de un pellizco que hacía tiempo no se paladeaba en Madrid. Cambió a la mano izquierda y dejó algún que otro natural de bello trazo, pero la cosa no alcanzó cotas más altas dada la nula condición del toro, que hacía grandes esfuerzos por no derrumbarse. Estaba hecha la faena y el toro no daba mucho más de sí, por lo que optó el torero acertadamente a irse a por la espada. La estocada cayó, nunca mejor dicho, en mal lugar y ello hizo que la presidencia negara acertadamente una oreja que, de haber matado bien, hubiera sido merecidísima. Dio una aclamada vuelta al ruedo.

De un modo u otro la corrida acabó en este punto, porque en verdad apenas nada más ocurrió digno de mencionarse. La corrida de El Torero tenía buenas referencias de años anteriores, pero por cada animal que se arrastraba, la decepción era mayor entre los aficionados. Una corrida inválida hasta la saciedad y descastada que, por ende, hizo que los seis piqueros apretaran el brazo muy poco o nada. Ya llorarán cuando se vean en la fila del INEM, ya. Solo un toro fue devuelto (el quinto), pero alguno más debió haberse ido de vuelta a los corrales por tetrapléjico. Fue el caso del cuarto, al cual las sucesivas caídas, los dos picotacitos de nada que hubo de recibir, y ni tan siquiera las dos vueltas de campana que pegó y que tanta mella le hicieron, fueran suficientes para que el señor presidente hiciera asomar el pañuelo verde, provocando en la concurrencia un solemne mosqueo que se exteriorizó con gritos de "fuera del palco", "antitaurino" o "ladrones". Hubo alguien que comentó con cierto tono jocoso que "la empresa está en ruina y no interesa gastar sobreros, conlleva mucho gasto". ¿He dicho "en tono jocoso"? A ver si es que los tiros no van muy desencaminados. 

David Galván realizó dos faenas tan largas como vulgares que no hicieron sino mosquear aún más al respetable, que ya de por sí andaba de muy mala uva no solo por la inoperancia de la presidencia al no devolver inválidos, sino por la suya misma al incentivar a la cuadrilla para que mantuvieran los capotes en alto y así intentar disimular algo más la evidente invalidez de lo que había delante. ¡¡Qué desfachatez!! ¡¡Todos, y no solo el señor del palco!! 

Juan Ortega, después de su buena faena al segundo, se las vio en quinto lugar con un sobrero de Lagunajanda que no mejoró a los anteriores en cuanto a pies y casta, dejando un quehacer en el cual se le notó a disgusto, sin demasiada confianza y muy precavido. No había gran cosa que sacar ante tal ejemplar, y por suerte no se pasó mucho rato ahí delante. 

Pablo Aguado sorteó el único de El Torero, sexto de la tarde, que se vino arriba en el tercio de muerte y llego a desarrollar cierto picante y mucho que torear. Se embarulló Pablo Aguado en una faena larga y repleta de medios-trallazos que resultaron enganchados en su mayoría. Para colmo, el viento sopló y eso no ayudó en nada a un matador que ya de por sí se mostró muy acelerado, poco asentado y sin ideas para templar y mandar unas embestidas de triunfo. Una pena.
El tercero, muy basto y feo de hechuras, embistió rebrincado y a la defensiva, y Aguado se preocupó más toda la faena en ponerse bonito que en someter con inteligencia las embestidas, sufriendo por ello varios achuchones y hasta una fea voltereta que le hizo pasar a la enfermería tras la estocada. 

Verdaderamente aquí parece haber torero: es de Sevilla y se llama Juan Ortega. Lleva el clasicismo por bandera, gasta personalidad y  está dotado de esa gracia sevillana que tanto ha encandilado a todos los aficionados a lo largo de los tiempos. Ahí quedan las ganas de volver a verlo en las próximas semanas durante la feria del Santo Patrón, y a ser posible ante ejemplares con más casta y poder, cosa harta fundamental.

martes, 2 de abril de 2019

FERIA DE SAN ISIDRO (III): LAS NOVILLADAS

Tres novilladas con picadores, como lleva haciéndose prácticamente toda la vida. Tres novilladas con los hierros, respectivamente, del Conde de Mayalde, La Quinta y Fuente Ymbro. Plantel ganadero atractivo, que podría haberse mejorado muy mucho si en lugar de la del Conde de Mayalde se hubiera apostado por otro hierro con más picante en la sangre que recorre sus venas. Pero así las cosas, es lo que toca y de poco o nada serviría quejarse.


¿Qué es lo que tenemos entre los encargados de lidiar y estoquear esas tres novilladas? Pues de todo un poco. Por un lado tenemos a uno de los poquísimos novilleros que ilusionan de veras al aficionado, que es Francisco de Manuel. Novillero este con muy buenas maneras pero al cual todavía le falta oficio, como bien demostró el pasado 24 de marzo en la primera novillada de la temporada. Viene a San Isidro para vérselas con los utreros de La Quinta, encaste el cual ha tenido oportunidad de conocer muy a fondo.


De los ocho nombres restantes, así como de los demás que componen el escalafón de novilleros con picadores, ¿es Francisco de Manuel el único novillero que hoy en día le ilusiona de verdad al aficionado? Por lo menos, de los diez o quince novilleros punteros que hay funcionando, parece ser que sí. No había más que darse una vuelta domingos anteriores, a la salida de las novilladas celebradas en Las Ventas, y quedarse escuchando en los corrillos de los aficionados. Circunscribiéndonos exclusivamente a lo que hay para San Isidro, los nombres de Rafael González, Juanito, Marcos, Ángel Jiménez y El Galo sí son ya conocidos en este foro. Rafael González participó en la novillada inaugural de la temporada, y en esa tarde dejó más o menos lo mismo que en sus anteriores comparecencias por aquí: nada. Algún despojo conseguido la pasada temporada, pero más por la benevolencia del paisanaje que se traía en autobús que por lo realizado capote y muleta en mano. João Silva "Juanito" es un novillero portugués que ya ha pasado por Madrid en varias ocasiones, la última en la pasada feria de Otoño. Su bagaje en esta plaza no pasa de discreto, y las sensaciones dejadas entre los aficionados no distan mucho de la indiferencia. Marcos Pérez, anunciado como "Marcos", tiene un rancio abolengo taurino en su familia, pues es nieto del ganadero Domingo Hernández e hijo de Maximino Pérez. Casi , que dirían los castizos. No es raro, pues, que le tengamos ahí, en lo más alto del escalafón y anunciado en las ferias más importantes y bien colocado. Dos tardes la pasada temporada en Madrid (debutó en esta plaza en San Isidro de 2018), en las cuales no despertó lo que se dice grandes pasiones entre los aficionados congregados en el granito. Ángel Jiménez también es un viejo conocido por esta parroquia, y lo cierto es que, en las primeras comparecencias, sus maneras despertaron interés y ganas por volver a verlo. Todo eso, por desgracia, se diluyó hace tiempo, y ahora viene como uno más. De El Galo también tenemos nuestras referencias, las cuales fueron adquiridas el pasado mes de julio con motivo de las novilladas nocturnas. Se plantó aquella noche veraniega en Las Ventas con intención de arrasar como un huracán. Y el chico arrasó, vaya si arrasó. Quites (o así lo llaman ahora) muy julianos, pares de banderillas afandilados, molinetes de rodillas, trapazos mirando al tendido, desplantes y guiños de cara a la galería... Y como colofón, estocada tirándose sin muleta. Vamos, que arrasar, lo que se dice arrasar, sí que arrasó, pero con lo único que arrasó fue con las maneras ortodoxas que le convierten a la Tauromaquia en un arte serio, de las cuales no quedaron ni rastro y acabaron los aficionados por creerse que nunca había existido tal cosa.


Tres son los que restan, y al parecer, en este 2019 harán su primer paseíllo en Madrid. Por un lado, el mexicano Diego San Román, quien hará su presentación en esta plaza el día 1 de mayo con motivo de la miniferia de la Comunidad de Madrid, ante una novillada de Montealto; y además, matará la novillada de Fuente Ymbro dentro de la feria. Y por el otro lado están dos novilleros llamados Fernando Plaza y Antonio Grande. Un servidor, en un ejercicio de honestidad, reconocería que esos dos nombres no le suenan absolutamente de nada, y ha de indagar en San Google para poder tener referencias sobre ellos. El primero, Fernando Plaza, hijo del banderillero Fernando José Plaza, se ha hecho en la Escuela Taurina de Madrid. Al igual que Diego San Román, hará su debut en esta plaza el 1 de mayo ante la novillada de Montealto, y posteriormente se las verá con la de Conde de Mayalde en la primera novillada de la feria. Por su parte, Antonio Grande es de Salamanca y también es nuevo en Madrid este año. Se anuncia con la novillada de Fuente Ymbro.


Esto es lo que hay en cuanto a novilladas para San Isidro, habiendo en ellas algún que otro nombre que ilusiona, otros cuantos ya bastante vistos, y tres novedades que, se quiere y desea, se conviertan en nuevas ilusiones para el aficionado.








lunes, 1 de abril de 2019

DOMINGO MADRILEÑO: FRÍO Y NADA MÁS

¡¡Qué frío!! Y parecía que había venido ya el verano para quedarse, y que era hora de guardar la ropa de invierno, quitar las mantas de la cama; y sacar los polos de manga corta, las bermudas y las sandalias. Había que estar muy loco para dejarse ver por los toros en semejante tarde de perros, amenazante de lluvia, con un frío del copón y tal cartel: novillos de José Luis Pereda para Juan Carlos Carballo, El Chorlo y Adrien Salenc. O lo que es lo mismo, un hierro que asoma por aquí año tras año sin dejar apenas nada trascendental; y tres novilleros ya conocidos en Madrid pero que no han dejado lo que se dice huella en el aficiondo. Lo dicho: como un cencerro había que estar. Será por eso por lo que hemos acabado esta tarde dejando el calor del hogar en beneficio del frío tendido y el predecible aburrimiento producido con lo que sucedía en el ruedo.

"Si lo sé me quedo en casita, tan agustico", pensábamos muchos mientras el festejo se iba desarrollando y los aficionados apostados en el granito nos quedábamos pajaritos a causa del frío. Porque en esta tarde es lo único que ha habido: frío. Frío y aburrimiento, a partes iguales. Y entre medias, un novillo de bandera. Uno de esos novillos cuya perfecta descripción sería "el novillo soñado en el lugar y momento adecuado". Un novillo de bandera en la muleta que no peleó con demasiada presteza en varas, fue poco castigado y manseó, como toda la novillada. Un novillo que ya en banderillas empezó a arrancarse con alegría y embestir con mucha dulzura en los capotes que le ofrecían los peones, refrendando tan halagüeñas condiciones en el último tercio. Un novillo para reventar Madrid y alzarse figura indiscutible de la novillería. ¿Ocurrió esto último? Pues... Baste con decir que el animalito se fue al desolladero con las orejas puestas.
Adrien Salenc fue el agraciado a quien le tocó el gordo, y lo cierto es que el chico fue generoso a la hora de lucir al animal, manejando muy bien los tiempos y las distancias. Pero a la hora de lo verdaderamente importante, que no es otra cosa que parar, templar y mandar, la cosa hizo aguas. Un buen inicio doblándose por abajo por el lado derecho, al más puro estilo talavantiano, pareció el preludio de algo importante, pero nada más lejos de la realidad. La faena instrumentada por el novillero no dejó de ser una más de las que se estilan hoy en día, de esas repletas de trapazos citando perfilero, y echando al novillo fuera usando el pico con mucho descaro. Y tan larga, que le sonó el primer aviso mientras se hallaba todavia pegando pases como un poseso. Quizás si hubiera matado bien y a la primera se le hubiera pedido la oreja, pero un pinchazo (del que salió violentamente prendido aunque sin consecuencias, por fortuna) secundado de una estocada trasera y varios golpes de verduguillo, le privaron de tales honores.

La novillada no tuvo apenas más historia. La casta en los animales de Pereda apenas hizo atisbo de asomar, y las buenas maneras de la terna menos aún. Juan Carlos Carballo abrió plaza con un novillo inválido y soso con el que se limitó a tirar líneas, sin dejar nada relevante. Tan pocas cosas como las que dejó ante el complicado cuarto, mansazo el cual huía al abrigo de las tablas desde que los peones le echaban el capote. Aun con esa condición, se empeñó el novillero en hacerle faena en los medios, pero tuvo que desistir y cerrarlo más pronto que tarde. En sus terrenos, el novillo llegó a embestir con más claridad, pero su matador no consiguió meterle mano en una faena poco pulcra y con aún menos dominio. El uso que hizo Carballo de la espada, muy deficiente durante toda la tarde.

Completó la terna Jesús Díez "El Chorlo", a quien repetían en Madrid después de, dicen, "una actuación valentísima el pasado mes de septiembre ante un novillo de Saltillo". Con un bagaje a sus espaldas de dos novilladas en 2018 (incluida la de Madrid), lo raro hubiera sido que el mozo hubiera quedado bien en esta tarde. Y menos aún con el lote que sorteó, compuesto por un segundo novillo que le costaba un mundo arrancarse en cada muletazo, y un quinto noblote y soso que tenía muy poco dentro. Sus quehaceres no pasaron de discretos, y en ambos el personal acabó pidiendo la hora, pues pasó mucho más rato de la cuenta pegando pases insustanciales. Tanto, que le sonó un aviso cusndo todavia no había entrado a matar al segundo novillo. Igual que sus compañeros, muy mal con la espada.

La novillada de Pereda salió muy pero que muy justita de fuerzas, manseó mucho y sacó muy poca casta. La poca que pudo haber corrió a cargo de ese tercer novillo. La suerte de varas fue un desastre en esta tarde, pues se picó muy poco y de forma pésima, y ni siquiera hubo ningún tercio de banderillas que quedara para el recuerdo. En definitiva, una tarde ideal para haberse quedado en casa. Y las que nos quedan como esta...


viernes, 29 de marzo de 2019

FERIA DE SAN ISIDRO 2019 (II): LOS TOREROS

Diseminado el asunto ganadero, es tiempo ahora de hacer lo propio con quienes vestirán el chispeante. Como ya pasó hablando de ganaderías, llegamos a la conclusión de que faltar, más bien faltan pocos nombres de relieve. El primero que se nos puede venir a la cabeza es el mismo de siempre: José Tomás, pero cada año que pasa esta empresa cobra menos realismo. Casi tan poco realista como la fantasía de muchos consistente en haber tenido a Alejandro Talavante de vuelta. También resulta curioso ver cómo un nombre que despertó tantísima expectación en su época novilleril, véase Jesús Enrique Colombo, no haya dejado rastro a la hora de confeccionarse los carteles. No menos curioso resulta también la ausencia de quien abrió una puerta grande hace un par de veranos: Javier Jiménez, de quien tampoco se tiene noticia alguna. Y hablando de curiosidades, la  que despierta la ausencia de quien vendían hasta hace muy poco como futuro figurón del toreo: Antonio Catalán "Toñete", teniendo en cuenta además que lo apodera el propio Simón Casas. Al parecer, entre las clausulas existentes que podían encontrarse en ese acuerdo de apoderamiento, se encontraba la de no torear durante este 2019 en Sevilla y Madrid. No hace falta preguntar por los Morante-Cayetano-Manzanares, pues mordieron polvo al olor del bombo, y quizás (solo quizás) salvando al primero, la verdad es que mejor tal cual nos quedamos. Un quebradero de cabeza menos. Y sobre los lesionados Enrique Ponce y Jiménez Fortes, solo nos queda desearles una recuperación lo más pronta posible.




A ultimísima hora llegó la noticia de que los huecos vacantes que dejaba Ponce iban a ser ocupados por el... Bueno, por don Julián. De malos modos y de malas maneras, como acostumbra este sujeto cada vez que su nombre asoma en algún lado, sobre todo Madrid. Ausente en un primer momento junto a ese terceto antes mencionado (el bombo tenía mucho que ver), finalmente debió convencerle llevarse el parné que iba a cobrar Ponce en un primer momento. Y por supuesto, que sin necesidad de pasar por el bombo de Simón, se iba a llevar de calle la juampedrada y la cuvillada. Y yo me pregunto que si a Ponce le hubiera salido la bolita no ya de Adolfo Martín, si no del Puerto de San Lorenzo o de Fuente Ymbro ¿hubiéramos tenido este bajonazo de última hora haciendo un julipié la mar de hermoso? Sea como fuere, el caso se ha hecho efectivo gracias a la bajada de pantalones del palabrero que tenemos por empresario. Quizás, hubiera sido una oportunidad de oro para anunciar en la Corrida de la Beneficencia al triunfador de San Isidro, como se hacía antaño. Quizás hubiera sido oportuno también darle una segunda tarde a toreros que bien podrían haber merecido algo más que un solo festejo, caso de Gonzalo Caballero o Gómez del Pilar. En fin...






En cuanto a lo que sobra de la feria, principalmente (se lleva diciéndolo muchísimo tiempo y es repetirse hasta la saciedad), son festejos. Solo así nos ahorraríamos tanto relleno y se incentivaría de una vez por todas la calidad. Porque cantidad no es calidad, necesariamente. Y los últimos sanisidros son una buena prueba de ello. ¿Qué pintan dos tardes Luis David Adame, José Garrido o Juan del Álamo? ¿Qué pintan en la feria Eugenio de Mora, Daniel Luque, Juan Leal, El Fandi o Joaquín Galdós? ¿Y Finito de Córdoba, dónde va Finito de Córdoba? ¿Y a Antonio Ferrera no le hubiera bastado con dos tardes, y gracias? RE-LLE-NO.














TRES TARDES


DIEGO URDIALES (Fuente Ymbro - Alcurrucén/Lozano Hermanos - Núñez del Cuvillo): Entra en la feria como merece, ni más ni menos. Va bien colocado además con el ganado, teniendo la suerte de que el bombo le deparó Alcurrucén y, posteriormente, eligió mejor (Fuente Ymbro). Eso sí, a algunos nos hubiera gustado verlo menos con lo de Cuvillo y más con otra cosita. Pero bueno, si esto de Cuvillo tuviera los matices del pasado año, podría dar también una gran tarde.



PACO UREÑA (Juan Pedro Domecq - Alcurrucén/Lozano Hermanos - Victoriano del Río/Toros de Cortés): Reapareció en Valencia después de su grave percance, y felizmente demostró que sigue siendo el mismo. Madrid le espera, y espera que por fin pueda consumarse el golpe definitivo que le falta en esta plaza. Una pena que haya elegido la juampedrada para una de sus comparecencias, pero lo de Alcurrucén suele echar ejemplares encastados, y Victoriano del Río también, según tengan el día.



ROCA REY (Parladé - Adolfo Martín - Victoriano del Río/Toros de Cortés): El torero de moda irrumpe un año más en Madrid, llevándose además lo que muchos consideran "el coco del bombo" (lo del "coco" será por lo malo que lleva saliendo en los últimos años, porque por otra cosa...). Sin embargo, sus maneras un tanto tremendistas y otro tanto muy apegadas al toreo 2.0 no terminan de convencer al aficionado exigente de Madrid (a los cuatro o cinco que ya quedan). Veamos como viene este año.



LÓPEZ SIMÓN (Parladé - Puerto de San Lorenzo/La Ventana del Puerto - Santiago Domecq): Quien ya suma cinco puertas grandes en Madrid sin haber pegado un solo muletazo. Otra cosa no, pero un rato meritorio sí que es. Y aquí le tenemos un año más, anunciado tres tardes y esperemos que con la incentivación de querer cortar alguna oreja en Madrid después de torear, aunque sea por una vez en la vida.



OCTAVIO CHACÓN (Pedraza de Yeltes - Victorino Martín - Celestino Cuadri): Gran revelación del pasado 2018 en aquella dificilísima corrida de Saltillo, y reivindicándose en Otoño ante otro correoso ejemplar de Fuente Ymbro. Ha empezado la temporada muy bien en Valencia, y la ilusión por verle es máxima. Además, le tendremos una cuarta tarde dentro de poco, el próximo domingo 14 de abril y ante otra corrida de Victorino Martín. Una apuesta fuerte.



EMILIO DE JUSTO (Jandilla/Vegahermosa - Victorino Martín - Baltasar Ibán): Torero también revelación la pasada temporada con una puerta grande conseguida en Otoño, aunque un tanto barata. Jandilla por un lado, y por el otro dos compromisos fuertes con Victorino Martín y Baltasar Ibán. Bien por él. Esperemos que este año termine de convencer muleta en mano a quienes no consiguió meterse en el bolsillo hace un año.



GINÉS MARÍN (Montalvo - Garcigrande/Domingo Hernández - Alcurrucén/Lozano Hermanos): Se trata este de un matador dotado de un corte torero muy exquisito, y que apuntó alto al principio, llegando incluso a salir a hombros de esta plaza hace dos temporadas. Posteriormente no ha conseguido ratificar aquel triunfo, pasando de puntillas en sucesivas comparecencias por esta plaza. Le convendría pisar el acelerador este año.





ÁLVARO LORENZO (El Tajo/La Reina - Alcurrucén/Lozano Hermanos - Garcigrande/Domingo Hernández): Una puerta grande en este escenario a principios del 2018 le puso en órbita. Tres tardes es hacerle justicia.





SEBASTIÁN CASTELLA (Jandilla/Vegahermosa - Garcigrande/Domingo Hernández - Victoriano del Río/Toros de Cortés): Entró en el bombo y este no le pudo deparar mejor destino conforme a sus intereses: Jandilla. El resto, como siempre: cómodo y sin demasiadas complicaciones.



ANTONIO FERRERA (Zalduendo - Puerto de San Lorenzo/La Ventana del Puerto - Alcurrucén/Lozano Hermanos): Tres tardes son muchas tardes para un torero que lleva mucho tiempo sin justificarse en Madrid. Seguramente, las cosas del tener que rellenar tantos huecos.








DOS TARDES


JAVIER CORTÉS (La Quinta - Pedraza de Yeltes): Torero que ilusiona a los aficionados exigentes desde su época de novillero, llamó la atención en los desafíos ganaderos de 2017, y en 2018 se reivindicó. El 2019 debería seguir dejando el pabellón alto, y viendo con qué está anunciado, se podría decir a priori que tendrá material.



MIGUEL ÁNGEL PERERA (Fuente Ymbro - El Puerto de San Lorenzo/La Ventana del Puerto): No hace falta comentar mucho acerca de este matador. Si acaso, que sus dos comparecencias vendrán marcadas por dos hierros que últimamente están en buen momento. Pero en verdad, para lo que él suele ofrecer, que es la monofaena vulgar y pegapasista al uso, solo se puede desear que no acabe aburriendo también a los ejemplares que le toquen en suerte.



ROMÁN (El Tajo/La Reina - Adolfo Martín): Quien cuenta con un concepto del toreo poco ortodoxo y embarullado, aunque con algo muy positivo: siempre se preocupa de lucir a sus toros. Consiguió salir a hombros hace dos veranos, cosa que le hizo entrar en todas las ferias. El pasado año, en tres tardes, pasó de puntillas y además se dejó ir varios toros de nota, como el Hechizo (Fuente Ymbro) o el Taponero (Miura).



LUIS DAVID ADAME (Montalvo - Zalduendo): Mediano de la insufrible saga Adame, su toreo no se aleja demasiado de lo que ofrece su hermano el mayor. O sea, pegapasismo chabacano y muy alejado de las formas clásicas. Y además, también parece haberse copiado de su hermano hasta en eso de ponerle cara de perro al presidente de turno que no entra por el aro a la hora de regalarle las orejas. Hace un año sorteó al famoso Ombú, siéndole otorgado un despojo de tal ejemplar. Por lo demás, poco o nada digno de mención.



PABLO AGUADO (Montalvo - Santiago Domecq): La oreja cortada la pasada feria de otoño (un tanto benévola, por cierto), le hace entrar dos tardes en este serial, además de matar la de El Torero el próximo domingo de Resurrección. De novillero mostró finas maneras y un concepto que recuerda a la Escuela sevillana, pero como se dice ahora en el mundo del fútbol, le falta cocción.

JUAN DEL ÁLAMO (El Pilar - Las Ramblas): Su amplia colección de orejitas en esta plaza le han hecho un imprescindible año tras año en Madrid a la hora de rellenar huecos, aunque al aficionado le diga poco su toreo.



JOSÉ GARRIDO (El Pilar - Fuente Ymbro): Pasan los años y con ellos las ferias; y por más que lo intentamos y requeteintentamos, aún somos muchos los que no hemos conseguido verle a este torero ninguna de esas virtudes tan cacareadas desde que era novillero. Ya son muchas tardes pasando de puntillas por esta plaza, el asunto empieza a aburrir un poco.



EL JULI (Juan Pedro Domecq y Núñez del Cuvillo): Todo dicho.



FERNANDO ROBLEÑO (José Escolar - Valdellán): Por momentos pareció volver a sus antiguos fueros el pasado mes de septiembre ante el famoso Navarro de Valdellán, ofreciendo a la parroquia algunos naturales con mucha enjundia. Si fuera capaz de repetirlo ante los escolares o los valdellanes próximamente pero con más rotundidad, sería de cine.



CURRO DÍAZ (Baltasar Ibán - Zalduendo): Pinturero y cargadito de detalles, pero tomando cada año que pasa más precauciones.



MORENITO DE ARANDA (Las Ramblas - Fuente Ymbro): También muy pinturero, solo que este sí es de los que se ponen y saben torear de verdad. Por ende, siempre se le espera en Madrid, feudo donde ha dado buenas tardes de toros y ha dejado multitud de detalles, como por ejemplo un formidable ramillete de verónicas el pasado año, y el cual justificó las más de dos horas que duró ese tedioso festejo.



PEPE MORAL (Baltasar Ibán - Fuente Ymbro): Gran faena el pasado año al recordado Chaparrito, con la que por fin terminó de convencer a gran parte de la afición de Madrid. Se espera que  sea capaz de ratificar ese buen toreo. Con esas dos ganaderías a las que se enfrentará, todo hace prever que oportunidades tendrá.






UNA TARDE


RUBÉN PINAR (La Quinta): Abre feria un torero que en los últimos años parece haber encontrado su sitio en el circuito de las llamadas corridas duras. Y la verdad que, dejando aparte lo tosco que resulta su toreo, el hombre parece defenderse con solvencia en estos lares.



THOMAS DUFFAU (La Quinta): Francés que cortó una oreja el pasado mes de septiembre a un toro de Pallarés. Credencial suficiente para tenerlo en la feria.
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FINITO DE CÓRDOBA (Fuente Ymbro): ¿Cuáles son los credenciales que presenta este señor para verse anunciado en Madrid una vez más? ¿Que le apodera Simón Casas? Es lo único que se le ocurre a uno. Hace muchísimos años que en Madrid no solo no interesa, sino que se le dejó de tragar. Y,
además, en un día tan señalado como lo es el 15 de mayo y en un cartel de lujo. No, no se entiende.



DAVID GALVÁN (Valdefresno/Fraile Mazas): Torero joven del que se lleva temporadas esperando cositas importantes, sin terminar de llegar estas. Se anuncia, además, el próximo domingo de Resurrección con los toros de El Torero.



JUAN ORTEGA (Valdefresno/Fraile Mazas): Muy grata fue la sorpresa que nos llevamos el pasado verano con este matador, el cual en su época de novillero no terminó de convencernos a unos cuantos. Sin embargo, mostró para la ocasión un toreo mucho más reposado y con formas muy clásicas. Puede ser una de las sensaciones de la feria, si los de Valdefresno se prestan a ello y él tiene el día. Completará también la terna del domingo de Resurrección.

JOAQUÍN GALDÓS (Valdefresno/Fraile Mazas): Poco más que añadir a lo anteriormente expuesto sobre este matador. Solo que ha gozado de unas cuantas oportunidades en esta plaza que han terminado cayendo en saco roto.



JOSELITO ADAME (El Tajo/La Reina): Primogénito de la familia Adame, y de quien también ha quedado todo expuesto.



GONZALO CABALLERO (El Pilar): Se trata este de un torero que dispone de muy buenas maneras y muy pocas oportunidades. ¿De verdad tanto hubiera costado incluirle una tarde más en el abono?

EL CID (Parladé): En el año de su adiós a los toros, se espera y desea que Manuel Jesús salga con ganas de dar un recital en memoria a sus mejores años.



ÁNGEL TÉLLEZ (Jandilla/Vegahermosa): Confirmará la alternativa en plena feria quien ha sido un novillero de más nombre que argumentos dejados en el ruedo.



DAVID DE MIRANDA (Juan Pedro Domecq): Es una inmensa alegría ver anunciado a este torero en San Isidro, después de la lesión sufrida hace dos veranos. Viene a confirmar alternativa y, además, también se espera que confirme las buenas sensaciones que dejó en sus tiempos de novillero.



JUAN LEAL (Pedraza de Yeltes): De Francia, y que lleva algunas temporadas colándose en la feria sin reeditar créditos de un año para otro, en verdad.



GÓMEZ DEL PILAR (José Escolar): Se ha hecho un huequecito en las corridas donde el Toro hace aparición (vulgarmente conocidas como duras), y el hombre parece ir creciendo a pequeños pasos en ese circuito. Por cierto, ¿no hubiera merecido este señor entrar en una 2ª tarde, en detrimento de otros espadas los cuales no se sabe muy bien qué pintan anunciados?



ÁNGEL SÁNCHEZ (José Escolar): Novillero de altos vuelos en su época, tomó la alternativa el pasado año en la corrida de Adolfo Martín, estando poco acertado aquella tarde. Muchos confían en él, y el hecho de haberse curtido matando mucho santacoloma da a pensar que puede funcionar en ese circuito. Está también anunciado para el día 2 de mayo.



DANIEL LUQUE (Victorino Martín): He aquí el que iba para figura, y se ha quedado para los restos de los restos. En verdad tiene más que suficiente con una tarde, pero ¿alguien hubiera echado en falta su ausencia?



MANUEL ESCRIBANO (Adolfo Martín): Poca historia se recuerda de este matador desde el indulto al toro Cobradiezmos en la Maestranza. Y de eso han pasado ya tres temporadas. Se sabe que dentro lleva buenas maneras para enfrentarse a este tipo de corridas, pero debería apretar el acelerador, pues no puede vivir toda la vida de aquella renta.



DAVID MORA (Alcurrucén): Caso muy parecido al anterior: aquella faena al Malagueño de Alcurrucén hace tres ferias no debería durar toda la vida. Lleva ya tiempo arrastrándose por las plazas y dando sensación de tristeza, hecho agravado además por la cosa de que siempre se lleva al mejor toro de cada festejo, y se lo deja ir sin torear.



TOMÁS CAMPOS (Las Ramblas): Actuó el verano pasado en esta plaza y, los que le vieron, afirman rotundamente que es un torero a seguir. Bienvenido sea y deseando que ratifique tan buenas sensaciones.



EUGENIO DE MORA (El Ventorrillo): Relleno, relleno, relleno y más relleno. Y por si a alguien no le ha terminado de quedar claro... RE-LLE-NO.



SEBASTIÁN RITTER (El Ventorrillo): Merecía entrar este año con todas las de la ley, después de vérselas con muchísima dignidad y solvencia el pasado año con los demonios andantes de Saltillo.



FRANCISCO JOSÉ ESPADA (El Ventorrillo): Mucho ruido, y pocas nueces. El pasado año, sin ir más lejos, se le fue con las orejitas puestas un gran toro de Baltasar Ibán al cual no fue capaz de someter, y todo lo cacareado por los adeptos al sistema sobre él ha tenido poco refrendo por su parte. Tiene esta oportunidad y, además, la del 2 de mayo.



IVÁN VICENTE (Valdellán): Destellitos y elegantes poses, pero resbala (y mucho) en el toreo fundamental. Se le recuerdan buenos naturales hace dos años, un 12 de octubre. Pero poco más.



CRISTIAN ESCRIBANO  (Valdellán): La oreja cortada el pasado mes de septiembre a un toro de Saltillo le hace entrar una tarde en la feria y, además, vestirse de goyesco el 2 de mayo.



RAFAELILLO (Celestino Cuadri): Fijo en este tipo de corridas, Rafaelillo se trata de un torero que ha combinado magníficas faenas en esta plaza con otras tardes en las que no ha querido ni verse a sí mismo. ¿De qué palo le tendremos esta vez?



LÓPEZ CHAVES (Celestino Cuadri): Un torero que hace años también era un fijo en este tipo de corridas, y la empresa ha considerado oportuno desempolvarlo para dar cuenta de la corrida de Cuadri. Seguramente tampoco habría muchos candidatos para estos menesteres.



EL FANDI (Santiago Domecq): Una, y gracias. Y si hubiera sido ninguna, habría sido muchas gracias. En fin...