sábado, 3 de agosto de 2019

DE LAS PALABRAS DE UNO DE LA PUEBLA Y LA DESVERGÜENZA QUE ESTAS ENCIERRAN TRAS DE SÍ

El colmo de la caradura y la sinvergonzonería, resumido en dos simples frases: "la gran noticia es que Málaga ha cambiado de presidentes" y "quiero agradecer a la Junta su sensibilidad por escuchar a los profesionales".

Palabras del mismo de siempre, el señor de la Puebla. El de la pendiente, el de los toros cuanto más chicos mejor, el de regar el albero, el de... ¡¡El de tantas cosas!! Pongámonos en antecedentes: resulta que hace cosa de un año, antes de que diera comienzo la feria de Málaga correspondiente al ejercicio pasado, cuatro asociaciones de "profesionales" (ANOET, Unión de Toreros, UNPBE y Asociación Nacional de Mozos de Espadas) remitieron un escrito al Ministerio del Interior pidiendo la cabeza de doña Ana María Romero, entonces presidenta de La Malagueta, alegando supuesta arbitrariedad en los reconocimientos veterinarios y supuesta animadversión hacia las figuras y ciertos ganaderos. Llegó 2019 y, con él, dos presidentes nuevos a La Malagueta en detrimento de la citada doña Ana María Romero y su compañero, don Ildelfonso Dell´Olmo. "Málaga es plaza de primera desde 2006 y, quizás, algunos taurinos se resisten a aceptar que han aumentado las exigencias”, comentó la señora Romero en su momento, cuando la jauría se le echó encima. Y no hay más preguntas señoría, no hacen falta.

Los taurinejos con un gran cáncer, una especie de metástasis que crece, se expande y se come todo lo que se le pone por delante sin importar lo que sea, ni siquiera la integridad y la concepción de la corrida de toros como un espectáculo serio. Y ahí es donde reside el gran mal de la Fiesta, en la pérdida de su identidad, de la integridad del Toro y de la seriedad que su lidia desarrolla. La Fiesta no está muriendo, no; a la Fiesta en realidad la están matando y apenas queda esperanza de una posible reanimación. Y ¿quién la está matando? ¿Los animalistas desde fuera? ¿Los aficionados que demandan la recuperación de esa identidad que ha perdido la Fiesta? ¿Los ganaderos que seleccionan casta y bravura en detrimento de la toreabilidad y el jarte? Según la jauría de taurinejos, esos efectivamente son los verdaderos males de la Fiesta, pero se olvidan de que el verdadero mal lo generan ellos. Mejor dicho, el verdadero mal son ellos. El caso de la Malagueta es uno de ellos: un presidente (presidenta en este caso) vela por que su plaza cumpla con su categoría (primera, nada menos), que los toros a lidiarse tengan la presencia adecuada a esa categoría de primera, que no se cuelen animales cuya aparición en el ruedo sea cuanto menos vergonzosa, que el espectáculo se desarrolle con la seriedad oportuna y todo el rigor posible... Y ¿qué resultado se obtiene? Pues que le pintan bastos. Y es que eso del rigor, la seriedad y la integridad, con los taurinejos estos, como que no casa. Los taurinejos son más de ese chascarrillo que siempre ha proliferado de "billete grande, toro chico". Ellos buscan el acomodo y el mejor desarrollo posible de sus caprichines, sin importarles ni tan siquiera que con ello hagan daño a la Fiesta (que lo hacen, y mucho). Corriditas chicas y carentes de trapío, que provengan de sus cinco o seis ganaderías de cámara que les crían el torito a modo para eso de estar a gusto, o como quiera que se diga; sin casta, sin poder, que vaya y venga sin un mal gesto y tontorrón perdido (para colmo de males a eso lo llaman ¡¡bravura!! Toma ya). Público verbenero y amable, que se dice; que no exija y que solamente aplaudan y jaleen como posesos todo lo que en el ruedo ocurra, sin calibrar si aquello está bien hecho o no. Y por supuesto, presidentes que complazcan todos sus deseos sin una sola mirada de reproche ni amago de llevar la contraria, que si llevan bajo el brazo una gatada afeitada e impresentable para que sea lidiada, que diga que vale; que si hay la más mínima (que no mayoritaria) petición de trofeos, accedan sin miramientos aunque no haya motivos para concederlos; y que sobre todo digan a todo que sí. ¿Que por una de esas cosas de la vida sale un ganadero que selecciona en base a la casta y se desmarca de la bobaliconería de lidia? Ese ganadero acaba o bien lidiando en dos o tres plazas de España donde su afición demanda Toro sí o sí, o bien en Francia, o bien acaba mandando la ganadería al matadero, cansado de luchar contra el infame sistema. ¿Que llega un aficionado o algún sector de aficionados clamando al cielo contra tantos abusos, golferías, ratonerías y malos "profesionales"? En menos que se persigna un cura loco se le echa toda la jauría encima llamándole de todo. ¿Que llega un presidente que quiere hacer las cosas bien e imponer el rigor necesario para que el espectáculo no sea una charlotada? Lo de Málaga. Y así con todo.

El caso de La Malagueta es un claro ejemplo de todo lo anteriormente expuesto, y las palabras del señor de La Puebla así lo certifican. La gran noticia para este señor, y también para todo el séquito de taurinejos y estómagos agradecidos que le rodean, es que en Málaga ya no hay presidentes con ganas de velar por la seriedad propia de una plaza de primera categoría. Es una buena noticia que el día en que él y el resto de figurines de todo y a la vez de nada se presenten con sus gatos bajo el brazo (o los toros apropiados para que la gente disfrute, como el señor de La Puebla dice), haya un presidente que lleve puestas unas gafas de madera y trague con todo sin decir ni mú. Porque esa es otra, la de "que se lidie los toros adecuados para que la gente pueda disfrutar"... Pero ¿qué entiende este señor y todos los que le bailan el agua por "toro apropiado"? Supongo que donde se quiere ir a parar es a la mamadurria de siempre que mezcla los kilos con el trapío. Los toros grandotes y destartalados, propiamente dicho, no le gustarán al señor de La Puebla, pero tampoco a cualquier buen aficionado que se preste, eso segurísimo. Otra cosa es el trapío, entendiéndose como tal la buena planta que gastan los toros y correspondiéndose esta con su encaste y con la categoría de la plaza donde vayan a lidiarse. Trapío, sí; lo relativo al desarrollo de sus defensas, de sus cuartos traseros y, en definitiva, de todo su esqueleto. O como dicen los aficionados más viejos, que "parezcan hombres". Y esto último tampoco le gustan al señor de La Puebla y cía, no nos engañemos, aunque lo intenten al querer confundirnos con la cosa del volumen y el peso. Es aquí donde está el pecado de toda esta gente, en que no quieren trapío ni en pintura, mucho menos ya casta y dificultades. Toro chico, sin desarrollo de su cornamenta ni de sus cuartos traseros, y cuya selección se basa en la ausencia total de la casta, la fuerza, la bravura, y en el exceso de nobleza. ¿Pero qué clase de toro es ese, vamos a ver? ¿Que el toreo se fundamenta en ese tipo de toro? Hombre, si lo de pegar cuantos más pases mejor y poniéndose bonito, que es lo que se hace hoy en día mayormente, se le puede llamar "torear", pues digamos que sí, que ese toro es imprescindible y no vale nada más. Pero como en este caso no se admite pulpo como animal de compañía, o que no todo vale para ser más explícito, pues ese toro como que ni es toro ni es ná. Y ese es el toro que para esa tropa es el adecuado, y todo lo que se salga de esos moldes tan definidos no sirve para absolutamente nada. ¡¡Y un jamón para ellos!!
¿Y eso de "para que el público disfrute"? Hombre, cierto es que la parroquia se vuelve loca con tres o cuatro naturales bien pegados de verdad, más aún cuando con esos naturales se domina la casta de todo un señor toro. Pero el personal suele disfrutar también, y además sobremanera, cuando de la oscuridad de toriles sale un señor toro con buen trapío y recorre el ruedo haciendo gala con gran gallardía de su impresionante estampa. O cuando el mismo toro empuja con bravura en el caballo de picar mientras se le pega un buen puyazo. O cuando dibuja surcos con el morro en el albero, mientras trata de comerse la muleta porque su casta le empuja a ello. Y, casualmente, esos toros no son los que suelen salir en las corridas de matan ni el señor de la Puebla ni sus compadres los figurones de todo y a la vez de nada.

De manera señor de La Puebla, que no venga ahora a contarnos milongas que ni usted mismo se traga, háganos el favor. Ni que tampoco vengan los profesionales ni los taurinejos de poca monta a quejarse de supuesta "animadversión", ni de "arbitrariedad", ni gaitas contra unas corridas u otras.

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