domingo, 28 de julio de 2019

RELIQUIAS DE LA CATALUÑA TAURINA

Hablar de Cataluña puede invocar muchísimas cosas, buenas por supuesto muchas de ellas, pero otras que no lo son tanto, tal y como anda la situación política y social actual. Que Cataluña es una tierra maravillosa, con gente maravillosa, un acervo cultural maravilloso y plagada de lugares maravillosos es algo que no se le escapa ni al más pintao. Otra cosa es que en ella habite una tropa de rufianes (algunos hasta lo llevan en el apellido y todo), minoritaria ella pero que por desgracia copan todos los telediarios y portadas de los periódicos, y que para más inri hacen que en Cataluña se viva una situación insoportable. Tampoco es menos cierto que, por culpa de unos y de otros, Cataluña se está echando a perder como la gran región que siempre ha sido, caracterizada siempre por ser líder en el avance de nuestro país y por acuñar en España el movimiento vanguardista. Son muchísimos los motivos que, a pesar de todo y aunque a veces cueste muchísimo darse cuenta, hacen de esta tierra un lugar fantástico. Y uno de ellos es, o mejor dicho fue, el fuerte arraigo que el pueblo catalán siempre tuvo hacia los toros. Sí, está mejor dicho si se dice fue. Porque hace tiempo que esto se erradicó por completo a manos de esa tropa de rufianes antes mencionada, pero por supesto no sin la trascendental colaboración de otra banda más rufiana aún que la anterior, si eso puede ser posible claro: los propios taurinejos, a los cuales ni el más animalista que pisa la faz de la Tierra le gana a destructivo para con la Fiesta. Porque a pesar de las muchas zancadillas que los politicuchos, más preocupados en no aparentar lo que irremediablemente son (españoles, por si hace falta decirlo), han ido poniéndole a los toros en Cataluña, si hoy en día no se celebran corridas de toros en Cataluña es solamente por culpa de los propios taurinejos. Por si hace falta recordarlo, el Tribunal Constitucional tumbó no hace mucho la prohibición decretada por el parlamento catalán en 2010, y eso significa que en Cataluña se pueden celebrar festejos taurinos sin que nadie pueda imponerse. Pero nadie ha tenido lo que hay que tener. ¿Por qué? Porque en ese caso, las indemnizaciones habrían de ser devueltas...

Hace un año se intentó hacer una corrida de toros en Olot (Gerona), pero el proyecto quedó en agua de borrajas. Que sí, que el ayuntamiento del municipio, propietario de la plaza y comandado por gente de esa que ustedes ya saben, se negó a ceder el espacio. Eso en Cataluña no se cómo se llamará, pero en mi pueblo tiene un nombre: prevaricación. Ya ven, ni tan siquiera teniendo la legalidad de nuestra parte somos capaces de defendernos...
También se habló en su momento de que los toros volvieran a Barcelona, cuya plaza es de propiedad privada (del histórico taurino Pedro Balañá). Y nadie, absolutamente nadie movió un dedo en favor de la causa. Ni siquiera quien hasta el momento de la prohibición fuera su gestor: Toño Matilla, que... ¡Matilla!! ¡¡MATILLA!! Con la Iglesia hemos ido a topar. Así está esto.

Sí, mal que les pese a unos pocos, Cataluña siempre fue de fuerte tradición taurina, y solamente hace falta rememorar un poco la historia para darse cuenta de ello. Unas cuantas son las plazas de toros que dejaron la huella de esa fuerte tradición taurina catalana:


Gerona tuvo dos plazas de toros, la de Santa Ana (inaugurada en 1819) y la de Santa Eugenia (inaugurada en 1897, y en la cual siguió habiendo toros hasta principios de este siglo XXI). Ambas fueron derruidas. 

La de Tarragona se construyó en 1883 y aún hoy en día sigue en pie, aunque convertida en recinto multiusos que se inauguró en 2006, y desde entonces no ha albergado ni un solo festejo taurino. 

En Olot (Gerona) existe una coqueta plaza de toros construida con piedra volcánica e inaugurada en 1859, y en la que el año pasado existió un conato de celebrar una corrida de toros, cosa que, como fue de esperar, impidió el ayuntamiento del municipio. No se celebran toros en Olot desde el año 2003.

En Figueras (Gerona), en plena Costa Brava, existe una plaza de toros que se inauguró en el año 1894. Su arquitectura es curiosa, pues tiene forma hexagonal, y en su época hasta fue plaza de segunda categoría. Su último festejo data del año 2000 y en la actualidad se encuentra en un lamentable estado de abandono. 

Ahí donde la vemos, la localidad de Vic también tiene tradición taurina. Los primeros festejos taurinos de los que se tiene constancia en esta localidad datan del siglo XVII, y a lo largo de los tiempos se siguieron celebrando con gran asiduidad, hasta que en 1917 se inauguró su plaza de toros. Dicho edificio tuvo su mayor apogeo durante los años anteriores a la Guerra Civil, y siguió funcionando hasta que en 1961 se celebró la última corrida de toros, aunque el último festejo que se celebró en ella fue en 1963 una charlotada (sin duda, un claro presagio de lo que iba a venir en tiempos posteriores). Se derribó en 1966, aunque en los años 1970 y 1971 se instaló una plaza portátil en los mismos terrenos donde se ubicó la otra para dar festejos.

San Feliú de Guixols, localidad de la Costa Brava, contó con una plaza de toros que se inauguró en 1957 y que estuvo en funcionamiento hasta 1987, fecha en la que se le echó el cerrojo. Actualmente, como tantas otras, no existe, pues fue derribada en 1998.

En Lloret de Mar se construyó la plaza de toros "Juan Luis Andrés", que fue inaugurada en 1962. Su última temporada en activo fue la del año 2003, y en 2006 el ayuntamiento de la localidad procedió a su derribo.

Pero la verdadera madre del cordero en lo que a la tauromaquia catalana se refiere está, como no podía ser de otra forma, en su capital. Barcelona. El primer festejo taurino celebrado en Barcelona del que se tiene constancia fue en el año 1387. Sin embargo, Barcelona no tuvo su plaza de toros hasta bien entrado el siglo XIX: la plaza de toros de El Torín, en el barrio de La Barceloneta. Su construcción fue impulsada por el rey Fernando VII mediante Real Cédula del 3 de marzo de 1827. A través de la misma, el rey instaba a que se destinasen a la Casa de Caridad los recursos económicos recaudados mediante la celebración de corridas de toros. No careció el proyecto de inconvenientes, ya que ello coincidió con el inicio en Cataluña de la guerra de los Malcontents, o agraviados, impidiendo ello a que se comenzara con ello. Años después, fallecido Fernando VII, la Casa de Caridad volvió a impulsar el proyecto, en septiembre de 1833, para que la plaza de toros fuera construida en unos terrenos que dicha institución poseía en el barrio de La Barceloneta. Y así fue como unos meses después, la plaza de toros de El Torín se convirtió en una realidad. Se inauguró el 26 de julio de 1834, pero los problemas no tardaron en aparecer. Resultó ser que para conmemorar el primer aniversario de la plaza, se programó una corrida de toros el 25 de julio de 1835 en la que tomaron parte los matadores Manuel Romero y Rafael Pérez de Guzmán, para dar cuenta de uns corrida de Zalduendo. Los entonces toricos navarros de Zalduendo salieron en aquella tarde tan mansos, que se organizó un gran escándalo, primero en la plaza con el lanzamiento de objetos al ruedo, y posteriormente en la calle. Por aquel entonces el ambiente en la calle estaba tensionado por cuestiones políticas (parece ser este el sino de Barcelona, corcho), y se vivían casi a diario agitaciones en las calles. Cuando algunos aficionados salieron de la plaza armando gresca a consecuencia de la horripilante tarde de toros que vivieron, ello dio pie a que los agitadores habituales aprovecharan que el Pisuerga pasa por Valladolid para armar la suya propia. El lío que se montó se convirtió en algo así como una revolución anticlerical, llegando a arder conventos y monasterios. Algunos frailes perdieron la vida en aquel día. Al día siguiente, las autoridades decretaron el cierre de la plaza de toros de El Torín, ya que se consideró que la mecha se prendió en la plaza de toros por los aficionados. Sea lo que fuere, la plaza permaneció cerrada a cal y canto durante 15 años, no volviéndose a reabrir sus puertas hasta 1850 salvo en una excepción: la del año 1841, en el cual se celebraron algunos festejos en beneficio del Séptimo Batallón de la Milicia Nacional. Aquel año de 1850 se celebraron un total de nueve festejos, pero otra vez la inestabilidad volvió a hacer mella en el normal transcurso de la temporada taurina, pues debido a algunos sucesos varios tales como carteristas, colocación de bombas por parte de anarquistas, falsificadores de monedas y billetes y hasta las multas interpuestas al matador de toros Conejito por enfrentarse a la Autoridad, la plaza hubo de cerrar durante los años de 1851, 1854 y 1865. Durante algunas décadas continuó en funcionamiento El Torín, pero con la inauguración de Las Arenas en 1900 comenzó su decadencia. Este recinto comenzó a coger mucho más protagonismo en Barcelona, y durante los años posteriores en El Torín únicamente se celebraron novilladas y de manera muy esporádica. Además, a ello se le sumaron diversas sanciones de carácter económico provenientes de las autoridades municipales a causa de la baja calidad de los festejos que se programaban y de la falta de seguridad. Es el día 23 de septiembre 1923 cuando se celebra el último festejo, una novillada en la que tomaron parte Faroles, Alcalareño II y Nacional chico, ante una novillada de Hidalgo. Durante algunos años el edificio fue utilizado como almacén, y en el año 1946 se procede a su derribo.

El Torín de la Barceloneta hizo de esta ciudad, junto con Las Arenas y La Monumental, la más taurina de toda España. Las tres se mantuvieron en funcionamiento de forma simultánea entre 1914 (inauguración de la Monumental) y 1923 (cierre de El Torín).
Las Arenas de Barcelona fue una plaza de toros promovida con la intención de darle relevo a El Torín, pues esta plaza empezaba a quedarse chica ante la creciente población y afición de Barcelona. De estilo neomudejar, fue inaugurada el 29 de junio de 1900 con una corrida mixta en la que se lidiaron 8 toros del Duque de Veragua, siendo lidiados los dos primeros por los rejoneadores Mariano Ledesma e Isidro Grané, respectivamente, y estoqueados por Alejandro Alvarado "Alvaradito". Los seis restantes correspondieron a las cuadrillas de Luis Mazzantini, Conejito y Algabeño. No solo fue escenario de importantes acontecimientos taurinos, pues también sirvió como auditorio de mítines políticos, veladas de boxeo, partidos de baloncesto, carreras de ciclismo, espectáculos circenses y hasta sirvió como cuartel del ejército republicano durante la Guerra. Su última corrida de toros tuvo lugar el 19 de junio de 1977, corriéndose toros de María Antonia Laá y siendo estos estoqueados por José Manuel Domínguez "Dominguín", Armillita chico y Tomás Campuzano. Sola y abandonda durante casi tres décadas, fue reconvertida en un centro comercial que se inauguró en marzo de 2011. Solo queda una pizca de esencia de lo que fue gracias a su fachada neomudejar y su puerta grande, pero lo que nadie puede borrar de la memoria es que por donde ahora pasean cientos de personas portando bolsas de Mango, Zara, H&M o Pull&Bear, en otro tiempo se corrieron toros nada menos que del Duque de Veragua, Cobaleda, Coquilla, Miura o Clairac. Tampoco puede borrarse que en las salas de cine donde hoy se proyecta El Rey León, antaño eran tendidos donde los aficionados barceloneses dieron cuenta de grandes tardes durante la Edad de Oro del toreo. También en esta plaza el miura "Desertor" le segó la vida a Domingo del Campo "Dominguín", y tomaron la alternativa Juan Silveti, "Facultades" o Francisco Martín Vázquez (padre de Pepín Martín Vázquez).

Y por último, La Monumental. Una de esas plazas "monumentales" promovida por el Rey de los toreros para dar cabida a una mayor cantidad de público, de diferentes clases sociales además, ante la demanda de público que suscitaba la Edad de Oro del toreo. La plaza donde tomaron la alternativa Domingo Ortega, Pepín Martín Vázquez, César Girón, Chamaco, Paquirri o Julio Robles, entre muchos otros. La plaza donde Cuchareto, de Hoyo de la Gitana, arrebató la vida del portugués José Falcón, y donde también perecieron los banderilleros Mariano Alarcón (1952) y Joaquín Camino (1973). La plaza donde los dos Monstruos de la tauromaquia, el de Córdoba y el de Galapagar, dejaron su impronta por siempre. Una de las pocas plazas, sino la única, que puede presumir de haber tratado de tú a la Maestranza de Sevilla y a Las Ventas. La Monumental de Barcelona, la Señora de la Fiesta por antonomasia, y que fue inaugurada el 12 de abril de 1914 bajo el nombre de "El Sport" con una corrida de toros del Duque de Veragua de la que dieron cuenta Vicente Pastor, Papa Negro, Martín Vázquez y Torquito. Ese mismo día y a esa misma hora se programó otro festejo en Las Arenas en la que se lidió una corrida de Guadalest por Regaterín, Manolete padre y José Flores "Camará". Las Arenas registró media plaza mientras que la Monumental se llenó. Aun con todo, la Monumental no pareció alcanzar las expectativas de aforo, por lo que se continuaron las obras para acoger más público en sus tendidos. Y así, el 27 de febrero de 1916, la plaza de toros de "El Sport" fue reinagurada, sustituyendo su denominación por "Monumental de Barcelona", con un cartel de campanillas: toros de Benjumea para Gallito, Posadas y Saleri II. Y cabe también decir que ese mismo día y a esa misma hora, en El Torín se celebró una novillada con el hierro de Anastasio Martín que fue lidiada y muerta a estoque por Barquerito y Calvache. Durante diez temporadas las tres plazas de toros de Barcelona fueron protagonistas de una encarnizada competencia, de la cual salió con más prestigio la Monumental, pues los carteles que se programaban en ella tenián una mayor calidad que sus dos rivales. Tanto así, que en muy poco tiempo la Monumental de Barcelona se puso a la altura en cuanto a prestigio se refiere de las dos grandes plazas de España: Madrid y Sevilla.

Tras un siglo de historia, la Monumental sigue en pie hoy en día rodeada por una sociedad que parece haber olvidado (supongo que muy adrede) la gran importancia de Barcelona en el panorama taurino de toda la geografía mundial. Allí sigue su estructura neomudejar, a la cual comienza a notársele un preocupante estado de deterioro y abandono. En ella se siguen celebrando eventos varios totalmente ajenos a la Fiesta, y hasta junto a la puerta grande se anuncian los horarios de entrada a su museo taurino. Pero un servidor ya se ha dejado caer por allí unas cuantas de veces y se ha encontrado con que el museo está cerrado y no hay posibilidad de que sea visitado; ni tampoco el amable señor que hay colocado en la taquilla de la plaza (no se para qué en verdad) ha podido aclararme la verdadera situación del museo taurino, pues lo poco que habló al ser interpelado no lo dijo en castellano, precisamente.

Fueron otros tiempos tiempos en Cataluña. Quizás algunos, con sonrisa y naturalidad, como si ello fuera bueno y todo, lo achaquen al antes mencionado "avance de la sociedad y vanguardia". Pero nada más lejos de la realidad, un pueblo que reniega de su pasado, de su cultura y de sus tradiciones, que las erradica de su sociedad y de las mentes de sus ciudadanos, y además las prohíbe no es un pueblo que avance. Más al contrario, retrocede como los cangrejos y se instala en una espiral más parecida al medievo que a otra cosa. Y si a ellos se les suma que si los taurinejos vuelven a dar toros en Cataluña tienen que devolver las indemnizaciones que les hizo cobrar la prohibición, nos podemos terminar de dar por muertos. En fin, lo que nadie podrá hacer es borrar de la historia la enorme importancia que la Cataluña taurina tuvo a lo largo de los tiempos.  

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