sábado, 3 de agosto de 2019

DE LAS PALABRAS DE UNO DE LA PUEBLA Y LA DESVERGÜENZA QUE ESTAS ENCIERRAN TRAS DE SÍ

El colmo de la caradura y la sinvergonzonería, resumido en dos simples frases: "la gran noticia es que Málaga ha cambiado de presidentes" y "quiero agradecer a la Junta su sensibilidad por escuchar a los profesionales".

Palabras del mismo de siempre, el señor de la Puebla. El de la pendiente, el de los toros cuanto más chicos mejor, el de regar el albero, el de... ¡¡El de tantas cosas!! Pongámonos en antecedentes: resulta que hace cosa de un año, antes de que diera comienzo la feria de Málaga correspondiente al ejercicio pasado, cuatro asociaciones de "profesionales" (ANOET, Unión de Toreros, UNPBE y Asociación Nacional de Mozos de Espadas) remitieron un escrito al Ministerio del Interior pidiendo la cabeza de doña Ana María Romero, entonces presidenta de La Malagueta, alegando supuesta arbitrariedad en los reconocimientos veterinarios y supuesta animadversión hacia las figuras y ciertos ganaderos. Llegó 2019 y, con él, dos presidentes nuevos a La Malagueta en detrimento de la citada doña Ana María Romero y su compañero, don Ildelfonso Dell´Olmo. "Málaga es plaza de primera desde 2006 y, quizás, algunos taurinos se resisten a aceptar que han aumentado las exigencias”, comentó la señora Romero en su momento, cuando la jauría se le echó encima. Y no hay más preguntas señoría, no hacen falta.

Los taurinejos con un gran cáncer, una especie de metástasis que crece, se expande y se come todo lo que se le pone por delante sin importar lo que sea, ni siquiera la integridad y la concepción de la corrida de toros como un espectáculo serio. Y ahí es donde reside el gran mal de la Fiesta, en la pérdida de su identidad, de la integridad del Toro y de la seriedad que su lidia desarrolla. La Fiesta no está muriendo, no; a la Fiesta en realidad la están matando y apenas queda esperanza de una posible reanimación. Y ¿quién la está matando? ¿Los animalistas desde fuera? ¿Los aficionados que demandan la recuperación de esa identidad que ha perdido la Fiesta? ¿Los ganaderos que seleccionan casta y bravura en detrimento de la toreabilidad y el jarte? Según la jauría de taurinejos, esos efectivamente son los verdaderos males de la Fiesta, pero se olvidan de que el verdadero mal lo generan ellos. Mejor dicho, el verdadero mal son ellos. El caso de la Malagueta es uno de ellos: un presidente (presidenta en este caso) vela por que su plaza cumpla con su categoría (primera, nada menos), que los toros a lidiarse tengan la presencia adecuada a esa categoría de primera, que no se cuelen animales cuya aparición en el ruedo sea cuanto menos vergonzosa, que el espectáculo se desarrolle con la seriedad oportuna y todo el rigor posible... Y ¿qué resultado se obtiene? Pues que le pintan bastos. Y es que eso del rigor, la seriedad y la integridad, con los taurinejos estos, como que no casa. Los taurinejos son más de ese chascarrillo que siempre ha proliferado de "billete grande, toro chico". Ellos buscan el acomodo y el mejor desarrollo posible de sus caprichines, sin importarles ni tan siquiera que con ello hagan daño a la Fiesta (que lo hacen, y mucho). Corriditas chicas y carentes de trapío, que provengan de sus cinco o seis ganaderías de cámara que les crían el torito a modo para eso de estar a gusto, o como quiera que se diga; sin casta, sin poder, que vaya y venga sin un mal gesto y tontorrón perdido (para colmo de males a eso lo llaman ¡¡bravura!! Toma ya). Público verbenero y amable, que se dice; que no exija y que solamente aplaudan y jaleen como posesos todo lo que en el ruedo ocurra, sin calibrar si aquello está bien hecho o no. Y por supuesto, presidentes que complazcan todos sus deseos sin una sola mirada de reproche ni amago de llevar la contraria, que si llevan bajo el brazo una gatada afeitada e impresentable para que sea lidiada, que diga que vale; que si hay la más mínima (que no mayoritaria) petición de trofeos, accedan sin miramientos aunque no haya motivos para concederlos; y que sobre todo digan a todo que sí. ¿Que por una de esas cosas de la vida sale un ganadero que selecciona en base a la casta y se desmarca de la bobaliconería de lidia? Ese ganadero acaba o bien lidiando en dos o tres plazas de España donde su afición demanda Toro sí o sí, o bien en Francia, o bien acaba mandando la ganadería al matadero, cansado de luchar contra el infame sistema. ¿Que llega un aficionado o algún sector de aficionados clamando al cielo contra tantos abusos, golferías, ratonerías y malos "profesionales"? En menos que se persigna un cura loco se le echa toda la jauría encima llamándole de todo. ¿Que llega un presidente que quiere hacer las cosas bien e imponer el rigor necesario para que el espectáculo no sea una charlotada? Lo de Málaga. Y así con todo.

El caso de La Malagueta es un claro ejemplo de todo lo anteriormente expuesto, y las palabras del señor de La Puebla así lo certifican. La gran noticia para este señor, y también para todo el séquito de taurinejos y estómagos agradecidos que le rodean, es que en Málaga ya no hay presidentes con ganas de velar por la seriedad propia de una plaza de primera categoría. Es una buena noticia que el día en que él y el resto de figurines de todo y a la vez de nada se presenten con sus gatos bajo el brazo (o los toros apropiados para que la gente disfrute, como el señor de La Puebla dice), haya un presidente que lleve puestas unas gafas de madera y trague con todo sin decir ni mú. Porque esa es otra, la de "que se lidie los toros adecuados para que la gente pueda disfrutar"... Pero ¿qué entiende este señor y todos los que le bailan el agua por "toro apropiado"? Supongo que donde se quiere ir a parar es a la mamadurria de siempre que mezcla los kilos con el trapío. Los toros grandotes y destartalados, propiamente dicho, no le gustarán al señor de La Puebla, pero tampoco a cualquier buen aficionado que se preste, eso segurísimo. Otra cosa es el trapío, entendiéndose como tal la buena planta que gastan los toros y correspondiéndose esta con su encaste y con la categoría de la plaza donde vayan a lidiarse. Trapío, sí; lo relativo al desarrollo de sus defensas, de sus cuartos traseros y, en definitiva, de todo su esqueleto. O como dicen los aficionados más viejos, que "parezcan hombres". Y esto último tampoco le gustan al señor de La Puebla y cía, no nos engañemos, aunque lo intenten al querer confundirnos con la cosa del volumen y el peso. Es aquí donde está el pecado de toda esta gente, en que no quieren trapío ni en pintura, mucho menos ya casta y dificultades. Toro chico, sin desarrollo de su cornamenta ni de sus cuartos traseros, y cuya selección se basa en la ausencia total de la casta, la fuerza, la bravura, y en el exceso de nobleza. ¿Pero qué clase de toro es ese, vamos a ver? ¿Que el toreo se fundamenta en ese tipo de toro? Hombre, si lo de pegar cuantos más pases mejor y poniéndose bonito, que es lo que se hace hoy en día mayormente, se le puede llamar "torear", pues digamos que sí, que ese toro es imprescindible y no vale nada más. Pero como en este caso no se admite pulpo como animal de compañía, o que no todo vale para ser más explícito, pues ese toro como que ni es toro ni es ná. Y ese es el toro que para esa tropa es el adecuado, y todo lo que se salga de esos moldes tan definidos no sirve para absolutamente nada. ¡¡Y un jamón para ellos!!
¿Y eso de "para que el público disfrute"? Hombre, cierto es que la parroquia se vuelve loca con tres o cuatro naturales bien pegados de verdad, más aún cuando con esos naturales se domina la casta de todo un señor toro. Pero el personal suele disfrutar también, y además sobremanera, cuando de la oscuridad de toriles sale un señor toro con buen trapío y recorre el ruedo haciendo gala con gran gallardía de su impresionante estampa. O cuando el mismo toro empuja con bravura en el caballo de picar mientras se le pega un buen puyazo. O cuando dibuja surcos con el morro en el albero, mientras trata de comerse la muleta porque su casta le empuja a ello. Y, casualmente, esos toros no son los que suelen salir en las corridas de matan ni el señor de la Puebla ni sus compadres los figurones de todo y a la vez de nada.

De manera señor de La Puebla, que no venga ahora a contarnos milongas que ni usted mismo se traga, háganos el favor. Ni que tampoco vengan los profesionales ni los taurinejos de poca monta a quejarse de supuesta "animadversión", ni de "arbitrariedad", ni gaitas contra unas corridas u otras.

domingo, 28 de julio de 2019

RELIQUIAS DE LA CATALUÑA TAURINA

Hablar de Cataluña puede invocar muchísimas cosas, buenas por supuesto muchas de ellas, pero otras que no lo son tanto, tal y como anda la situación política y social actual. Que Cataluña es una tierra maravillosa, con gente maravillosa, un acervo cultural maravilloso y plagada de lugares maravillosos es algo que no se le escapa ni al más pintao. Otra cosa es que en ella habite una tropa de rufianes (algunos hasta lo llevan en el apellido y todo), minoritaria ella pero que por desgracia copan todos los telediarios y portadas de los periódicos, y que para más inri hacen que en Cataluña se viva una situación insoportable. Tampoco es menos cierto que, por culpa de unos y de otros, Cataluña se está echando a perder como la gran región que siempre ha sido, caracterizada siempre por ser líder en el avance de nuestro país y por acuñar en España el movimiento vanguardista. Son muchísimos los motivos que, a pesar de todo y aunque a veces cueste muchísimo darse cuenta, hacen de esta tierra un lugar fantástico. Y uno de ellos es, o mejor dicho fue, el fuerte arraigo que el pueblo catalán siempre tuvo hacia los toros. Sí, está mejor dicho si se dice fue. Porque hace tiempo que esto se erradicó por completo a manos de esa tropa de rufianes antes mencionada, pero por supesto no sin la trascendental colaboración de otra banda más rufiana aún que la anterior, si eso puede ser posible claro: los propios taurinejos, a los cuales ni el más animalista que pisa la faz de la Tierra le gana a destructivo para con la Fiesta. Porque a pesar de las muchas zancadillas que los politicuchos, más preocupados en no aparentar lo que irremediablemente son (españoles, por si hace falta decirlo), han ido poniéndole a los toros en Cataluña, si hoy en día no se celebran corridas de toros en Cataluña es solamente por culpa de los propios taurinejos. Por si hace falta recordarlo, el Tribunal Constitucional tumbó no hace mucho la prohibición decretada por el parlamento catalán en 2010, y eso significa que en Cataluña se pueden celebrar festejos taurinos sin que nadie pueda imponerse. Pero nadie ha tenido lo que hay que tener. ¿Por qué? Porque en ese caso, las indemnizaciones habrían de ser devueltas...

Hace un año se intentó hacer una corrida de toros en Olot (Gerona), pero el proyecto quedó en agua de borrajas. Que sí, que el ayuntamiento del municipio, propietario de la plaza y comandado por gente de esa que ustedes ya saben, se negó a ceder el espacio. Eso en Cataluña no se cómo se llamará, pero en mi pueblo tiene un nombre: prevaricación. Ya ven, ni tan siquiera teniendo la legalidad de nuestra parte somos capaces de defendernos...
También se habló en su momento de que los toros volvieran a Barcelona, cuya plaza es de propiedad privada (del histórico taurino Pedro Balañá). Y nadie, absolutamente nadie movió un dedo en favor de la causa. Ni siquiera quien hasta el momento de la prohibición fuera su gestor: Toño Matilla, que... ¡Matilla!! ¡¡MATILLA!! Con la Iglesia hemos ido a topar. Así está esto.

Sí, mal que les pese a unos pocos, Cataluña siempre fue de fuerte tradición taurina, y solamente hace falta rememorar un poco la historia para darse cuenta de ello. Unas cuantas son las plazas de toros que dejaron la huella de esa fuerte tradición taurina catalana:


Gerona tuvo dos plazas de toros, la de Santa Ana (inaugurada en 1819) y la de Santa Eugenia (inaugurada en 1897, y en la cual siguió habiendo toros hasta principios de este siglo XXI). Ambas fueron derruidas. 

La de Tarragona se construyó en 1883 y aún hoy en día sigue en pie, aunque convertida en recinto multiusos que se inauguró en 2006, y desde entonces no ha albergado ni un solo festejo taurino. 

En Olot (Gerona) existe una coqueta plaza de toros construida con piedra volcánica e inaugurada en 1859, y en la que el año pasado existió un conato de celebrar una corrida de toros, cosa que, como fue de esperar, impidió el ayuntamiento del municipio. No se celebran toros en Olot desde el año 2003.

En Figueras (Gerona), en plena Costa Brava, existe una plaza de toros que se inauguró en el año 1894. Su arquitectura es curiosa, pues tiene forma hexagonal, y en su época hasta fue plaza de segunda categoría. Su último festejo data del año 2000 y en la actualidad se encuentra en un lamentable estado de abandono. 

Ahí donde la vemos, la localidad de Vic también tiene tradición taurina. Los primeros festejos taurinos de los que se tiene constancia en esta localidad datan del siglo XVII, y a lo largo de los tiempos se siguieron celebrando con gran asiduidad, hasta que en 1917 se inauguró su plaza de toros. Dicho edificio tuvo su mayor apogeo durante los años anteriores a la Guerra Civil, y siguió funcionando hasta que en 1961 se celebró la última corrida de toros, aunque el último festejo que se celebró en ella fue en 1963 una charlotada (sin duda, un claro presagio de lo que iba a venir en tiempos posteriores). Se derribó en 1966, aunque en los años 1970 y 1971 se instaló una plaza portátil en los mismos terrenos donde se ubicó la otra para dar festejos.

San Feliú de Guixols, localidad de la Costa Brava, contó con una plaza de toros que se inauguró en 1957 y que estuvo en funcionamiento hasta 1987, fecha en la que se le echó el cerrojo. Actualmente, como tantas otras, no existe, pues fue derribada en 1998.

En Lloret de Mar se construyó la plaza de toros "Juan Luis Andrés", que fue inaugurada en 1962. Su última temporada en activo fue la del año 2003, y en 2006 el ayuntamiento de la localidad procedió a su derribo.

Pero la verdadera madre del cordero en lo que a la tauromaquia catalana se refiere está, como no podía ser de otra forma, en su capital. Barcelona. El primer festejo taurino celebrado en Barcelona del que se tiene constancia fue en el año 1387. Sin embargo, Barcelona no tuvo su plaza de toros hasta bien entrado el siglo XIX: la plaza de toros de El Torín, en el barrio de La Barceloneta. Su construcción fue impulsada por el rey Fernando VII mediante Real Cédula del 3 de marzo de 1827. A través de la misma, el rey instaba a que se destinasen a la Casa de Caridad los recursos económicos recaudados mediante la celebración de corridas de toros. No careció el proyecto de inconvenientes, ya que ello coincidió con el inicio en Cataluña de la guerra de los Malcontents, o agraviados, impidiendo ello a que se comenzara con ello. Años después, fallecido Fernando VII, la Casa de Caridad volvió a impulsar el proyecto, en septiembre de 1833, para que la plaza de toros fuera construida en unos terrenos que dicha institución poseía en el barrio de La Barceloneta. Y así fue como unos meses después, la plaza de toros de El Torín se convirtió en una realidad. Se inauguró el 26 de julio de 1834, pero los problemas no tardaron en aparecer. Resultó ser que para conmemorar el primer aniversario de la plaza, se programó una corrida de toros el 25 de julio de 1835 en la que tomaron parte los matadores Manuel Romero y Rafael Pérez de Guzmán, para dar cuenta de uns corrida de Zalduendo. Los entonces toricos navarros de Zalduendo salieron en aquella tarde tan mansos, que se organizó un gran escándalo, primero en la plaza con el lanzamiento de objetos al ruedo, y posteriormente en la calle. Por aquel entonces el ambiente en la calle estaba tensionado por cuestiones políticas (parece ser este el sino de Barcelona, corcho), y se vivían casi a diario agitaciones en las calles. Cuando algunos aficionados salieron de la plaza armando gresca a consecuencia de la horripilante tarde de toros que vivieron, ello dio pie a que los agitadores habituales aprovecharan que el Pisuerga pasa por Valladolid para armar la suya propia. El lío que se montó se convirtió en algo así como una revolución anticlerical, llegando a arder conventos y monasterios. Algunos frailes perdieron la vida en aquel día. Al día siguiente, las autoridades decretaron el cierre de la plaza de toros de El Torín, ya que se consideró que la mecha se prendió en la plaza de toros por los aficionados. Sea lo que fuere, la plaza permaneció cerrada a cal y canto durante 15 años, no volviéndose a reabrir sus puertas hasta 1850 salvo en una excepción: la del año 1841, en el cual se celebraron algunos festejos en beneficio del Séptimo Batallón de la Milicia Nacional. Aquel año de 1850 se celebraron un total de nueve festejos, pero otra vez la inestabilidad volvió a hacer mella en el normal transcurso de la temporada taurina, pues debido a algunos sucesos varios tales como carteristas, colocación de bombas por parte de anarquistas, falsificadores de monedas y billetes y hasta las multas interpuestas al matador de toros Conejito por enfrentarse a la Autoridad, la plaza hubo de cerrar durante los años de 1851, 1854 y 1865. Durante algunas décadas continuó en funcionamiento El Torín, pero con la inauguración de Las Arenas en 1900 comenzó su decadencia. Este recinto comenzó a coger mucho más protagonismo en Barcelona, y durante los años posteriores en El Torín únicamente se celebraron novilladas y de manera muy esporádica. Además, a ello se le sumaron diversas sanciones de carácter económico provenientes de las autoridades municipales a causa de la baja calidad de los festejos que se programaban y de la falta de seguridad. Es el día 23 de septiembre 1923 cuando se celebra el último festejo, una novillada en la que tomaron parte Faroles, Alcalareño II y Nacional chico, ante una novillada de Hidalgo. Durante algunos años el edificio fue utilizado como almacén, y en el año 1946 se procede a su derribo.

El Torín de la Barceloneta hizo de esta ciudad, junto con Las Arenas y La Monumental, la más taurina de toda España. Las tres se mantuvieron en funcionamiento de forma simultánea entre 1914 (inauguración de la Monumental) y 1923 (cierre de El Torín).
Las Arenas de Barcelona fue una plaza de toros promovida con la intención de darle relevo a El Torín, pues esta plaza empezaba a quedarse chica ante la creciente población y afición de Barcelona. De estilo neomudejar, fue inaugurada el 29 de junio de 1900 con una corrida mixta en la que se lidiaron 8 toros del Duque de Veragua, siendo lidiados los dos primeros por los rejoneadores Mariano Ledesma e Isidro Grané, respectivamente, y estoqueados por Alejandro Alvarado "Alvaradito". Los seis restantes correspondieron a las cuadrillas de Luis Mazzantini, Conejito y Algabeño. No solo fue escenario de importantes acontecimientos taurinos, pues también sirvió como auditorio de mítines políticos, veladas de boxeo, partidos de baloncesto, carreras de ciclismo, espectáculos circenses y hasta sirvió como cuartel del ejército republicano durante la Guerra. Su última corrida de toros tuvo lugar el 19 de junio de 1977, corriéndose toros de María Antonia Laá y siendo estos estoqueados por José Manuel Domínguez "Dominguín", Armillita chico y Tomás Campuzano. Sola y abandonda durante casi tres décadas, fue reconvertida en un centro comercial que se inauguró en marzo de 2011. Solo queda una pizca de esencia de lo que fue gracias a su fachada neomudejar y su puerta grande, pero lo que nadie puede borrar de la memoria es que por donde ahora pasean cientos de personas portando bolsas de Mango, Zara, H&M o Pull&Bear, en otro tiempo se corrieron toros nada menos que del Duque de Veragua, Cobaleda, Coquilla, Miura o Clairac. Tampoco puede borrarse que en las salas de cine donde hoy se proyecta El Rey León, antaño eran tendidos donde los aficionados barceloneses dieron cuenta de grandes tardes durante la Edad de Oro del toreo. También en esta plaza el miura "Desertor" le segó la vida a Domingo del Campo "Dominguín", y tomaron la alternativa Juan Silveti, "Facultades" o Francisco Martín Vázquez (padre de Pepín Martín Vázquez).

Y por último, La Monumental. Una de esas plazas "monumentales" promovida por el Rey de los toreros para dar cabida a una mayor cantidad de público, de diferentes clases sociales además, ante la demanda de público que suscitaba la Edad de Oro del toreo. La plaza donde tomaron la alternativa Domingo Ortega, Pepín Martín Vázquez, César Girón, Chamaco, Paquirri o Julio Robles, entre muchos otros. La plaza donde Cuchareto, de Hoyo de la Gitana, arrebató la vida del portugués José Falcón, y donde también perecieron los banderilleros Mariano Alarcón (1952) y Joaquín Camino (1973). La plaza donde los dos Monstruos de la tauromaquia, el de Córdoba y el de Galapagar, dejaron su impronta por siempre. Una de las pocas plazas, sino la única, que puede presumir de haber tratado de tú a la Maestranza de Sevilla y a Las Ventas. La Monumental de Barcelona, la Señora de la Fiesta por antonomasia, y que fue inaugurada el 12 de abril de 1914 bajo el nombre de "El Sport" con una corrida de toros del Duque de Veragua de la que dieron cuenta Vicente Pastor, Papa Negro, Martín Vázquez y Torquito. Ese mismo día y a esa misma hora se programó otro festejo en Las Arenas en la que se lidió una corrida de Guadalest por Regaterín, Manolete padre y José Flores "Camará". Las Arenas registró media plaza mientras que la Monumental se llenó. Aun con todo, la Monumental no pareció alcanzar las expectativas de aforo, por lo que se continuaron las obras para acoger más público en sus tendidos. Y así, el 27 de febrero de 1916, la plaza de toros de "El Sport" fue reinagurada, sustituyendo su denominación por "Monumental de Barcelona", con un cartel de campanillas: toros de Benjumea para Gallito, Posadas y Saleri II. Y cabe también decir que ese mismo día y a esa misma hora, en El Torín se celebró una novillada con el hierro de Anastasio Martín que fue lidiada y muerta a estoque por Barquerito y Calvache. Durante diez temporadas las tres plazas de toros de Barcelona fueron protagonistas de una encarnizada competencia, de la cual salió con más prestigio la Monumental, pues los carteles que se programaban en ella tenián una mayor calidad que sus dos rivales. Tanto así, que en muy poco tiempo la Monumental de Barcelona se puso a la altura en cuanto a prestigio se refiere de las dos grandes plazas de España: Madrid y Sevilla.

Tras un siglo de historia, la Monumental sigue en pie hoy en día rodeada por una sociedad que parece haber olvidado (supongo que muy adrede) la gran importancia de Barcelona en el panorama taurino de toda la geografía mundial. Allí sigue su estructura neomudejar, a la cual comienza a notársele un preocupante estado de deterioro y abandono. En ella se siguen celebrando eventos varios totalmente ajenos a la Fiesta, y hasta junto a la puerta grande se anuncian los horarios de entrada a su museo taurino. Pero un servidor ya se ha dejado caer por allí unas cuantas de veces y se ha encontrado con que el museo está cerrado y no hay posibilidad de que sea visitado; ni tampoco el amable señor que hay colocado en la taquilla de la plaza (no se para qué en verdad) ha podido aclararme la verdadera situación del museo taurino, pues lo poco que habló al ser interpelado no lo dijo en castellano, precisamente.

Fueron otros tiempos tiempos en Cataluña. Quizás algunos, con sonrisa y naturalidad, como si ello fuera bueno y todo, lo achaquen al antes mencionado "avance de la sociedad y vanguardia". Pero nada más lejos de la realidad, un pueblo que reniega de su pasado, de su cultura y de sus tradiciones, que las erradica de su sociedad y de las mentes de sus ciudadanos, y además las prohíbe no es un pueblo que avance. Más al contrario, retrocede como los cangrejos y se instala en una espiral más parecida al medievo que a otra cosa. Y si a ellos se les suma que si los taurinejos vuelven a dar toros en Cataluña tienen que devolver las indemnizaciones que les hizo cobrar la prohibición, nos podemos terminar de dar por muertos. En fin, lo que nadie podrá hacer es borrar de la historia la enorme importancia que la Cataluña taurina tuvo a lo largo de los tiempos.  

lunes, 8 de julio de 2019

HISTORIA DE LA FERIA DEL TORO DE PAMPLONA: 60 AÑOS NO SON NADA

Julio, comienza el verano. Es tiempo de vacaciones, viajes, playa, piscina, helados... ¡¡y sanfermines!! Nos ocupa esa semana del año en la cual todas las miradas se centran en lo que ocurre en Pamplona a eso de las 8 de la mañana, cuando el cohete anuncia la salida de los toros al casco viejo de la ciudad. Mucho más allá de los encierros, está lo que ocurre en el coso de La Misericordia por la tarde, cuando los mismos toros que por la mañana protagonizaron momentos de emoción y belleza junto con los mozos que los corrieron, son lidiados y estoqueados en el ruedo pamplonica. Si algo caracteriza a la plaza de La Misericordia, amén del ambiente festivo y el jolgorio con el que se viven los festejos, es la seriedad del Toro que se lidia en esta plaza. Esto supone un verdadero oasis para el aficionado, cada vez más harto de toparse constantemente con festejos anodinos donde se lidian animales indignos de llamarse Toro. En Pamplona, en plenas fiestas en honor a San Fermín, se celebra la Feria del Toro, donde se cuida con mucho escrúpulo la presencia de toros de impresionante trapío y estampa (destartalados como los llama el taurineo rancio y antitaurino), y esto supone que esas fechas sean todo un referente para el aficionado.

La Feria del Toro como tal fue creada en el año 1959. Corría entonces una época en la que las secuelas de la Guerra Civil aún influían a la hora de encontrar animales con cuajo y trapío para confeccionar las ferias. Por ello, en el año 1957 La Meca se hace con los servicios de Miguel Criado "El Potra" para llevar a cabo las tareas de selección de toros acordes con lo que la afición navarra demandaba. Durante los primeros meses de 1959, cuando se empiezan a confeccionar los carteles de la feria de San Fermín, La Meca se encuentra con serios problemas a la hora de contratar a Luis Miguel Dominguín y Antonio Ordóñez, los mandones de la época, y al no encontrar acuerdos a la hora de establecer hierros a lidiar y dineros a cobrar, La Meca se centra en elaborar una feria que se caracterizó por contar con los hierros más prestigiosos del momento. Éstos fueron Juan Pedro Domecq, Miura, Pablo Romero, Carlos Núñez, Benítez Cubero, Vizconde de Garci-Grande y una novillada de Isaías y Tulio Vázquez. La Feria del Toro es una realidad. Sesenta años después, las ganaderías que más han lidiado en la Feria del Toro son:

 -MIURA: El mítico hierro de la A con asas tiene el honor de liderar este ránking. Dicen los aficionados más cualificados que no podrían entenderse unos sanfermines sin los astados miureños, y razón no les falta. Desde 1977 no se han ausentado ni un solo año de los carteles de Pamplona, aunque en el año 1978 no pudo lidiar al ser suspendidas las fiestas de Pamplona por motivos extrataurinos. En total, 53 ferias a sus espaldas, a saber 1959, 1960, 1963, 1965, 1966, 1970, 1971, 1972, 1973, 1974, 1975; y desde 1977 hasta nuestros días. También son numerosos los premios que Miura lleva a sus espaldas:


PREMIOS FERIA DEL TORO

+ 1974: Corrida lidiada el 13 de julio por Manolo Cortés, J.L. Parada y A.J. Galán.

+1977: Corrida lidiada el 8 de julio por Ruiz Miguel, J.L. Parada y A.J. Galán. 

+1984: Corrida lidiada el 14 de julio por Ruiz Miguel, J.A. Campuzano y Víctor Mendes.

+1999: Ex aequo con la corrida de Cebada Gago. Lidiada el 11 de julio por Sergio Sánchez, J.J. Padilla y Antonio Ferrera.

+2008: Ex aequo con la corrida de El Ventorrillo. Lidiada el 13 de julio por El Fundi, J.J.Padilla y Rafaelillo.


PREMIOS CARRIQUIRI

+ 1972: "León", lidiado el 10 de julio por Andrés Vázquez (OREJA)

+ 1973: "Importuno", lidiado el 14 de julio por A.J. Galán (DOS OREJAS Y RABO)

+ 1974: "Galguito", lidado el 14 de julio pos Manolo Cortés (OREJA)

+ 1975: "Aguijito", lidiado el 10 de julio por  A.J. Galán (OREJA)

+ 1977: "Algabeño", lidiado el 8 de julio por A.J. Galán ( DOS OREJAS)

+ 1983: "Navajito", lidiado el 10 de julio por J.A. Campuzano (DOS OREJAS)

+ 1997: "Abulagueño", lidiado el 13 de julio por El Fundi (OREJA)

+ 1999: "Bombito", lidiado el 11 de julio por J.J. Padilla (OREJA)

+ 2003: "Lagartijo", lidiado el 13 de julio por J.J. Padilla (OREJA)



-MARQUÉS DE DOMECQ: Hablar de sanfermines es hablar también del mítico hierro de don Pedro Domecq Rivero, el cual ha lidiado en la Feria del Toro nada menos que en 28 ocasiones (1962, 1963, 1964, 1975, 1976, 1978 a 1994, 1996, 1998, 1999, 2001, 2002, 2004, 2006, 2007 y 2010). En sus 28 ferias comparecientes, han coleccionado varios premios:


PREMIOS FERIA DEL TORO


+ 1963: "Escorpión", lidiado el 11 de julio por Luis Segura (DOS OREJAS)

+ 1983: Corrida lidiada el 12 de julio por Ruiz Miguel, J.L. Palomar y Yiyo.

+ 1991: Ex aequo con la corrida de Guardiola. Lidiada el 8 de julio por Ortega Cano, Emilio Muñoz y Litri.

+ 1998: Corrida lidiada el 13 de julio por Emilio Muñoz, Rivera Ordóñez y Morante de la Puebla.


PREMIOS CARRIQUIRI


+ 1985: "Helador", lidiado el 11 de julio por Ortega Cano (DOS OREJAS)

+ 1986: "Vidriero", lidiado el 12 de julio por J.A. Campuzano (SALUDOS). Este premio fue concedido ex aequo con el toro "Bilbaíno", de Murteira Grave, lidiado el 13 de julio por Roberto Bermejo.

+ 1993: "Fresón", lidiado el 9 de julio por César Rincón (DOS OREJAS)

+ 1994: "Marcador", lidiado el 13 de julio por César Rincón (SILENCIO/AVISO)





-CONDE DE LA CORTE: Hierro que goza hoy día de una gran importancia en la cabaña brava española al ser madre de la gran parte de ganaderías existentes. No menos importante es su extenso historial en la Feria del Toro de Pamplona, en la cual han lidiado en 25 ocasiones (1961 a 1972, 1974, 1978 a 1982, 1990 a 1994, 1997, 1998 y 2008). 
No cuenta, sin embargo, con un extenso palmarés en cuanto a premios se refiere, como se ve reflejado a continuación:

+1964: Premio "Feria del Toro" a "Nuevecosechas", lidiado el 7 de julio por Pedrés ( DOS OREJAS)

+ 1965: Premio "Feria del Toro" a "Guineo", lidiado el 8 de julio por Paco Camino (BRONCA)

+ 1971: Premio "Carriquiri" a "Vareto", lidiado el 13 de julio por Diego Puerta (OREJA)

+ 1991: Premio "Carriquiri" a "Hablador", lidiado el 7 de julio por Sergio Sánchez (SILENCIO)




-PABLO ROMERO - PARTIDO DE RESINA: Los "toros guapos", hoy desgraciadamente en horas bajas, también son muy conocidos en Pamplona. Así lo abalan sus 25 comparecencias (1959 a 1962, 1970 a 1979, 1981 a 1985, 1987, 1988, 1989, 1993, 1994 y 2000).
Tampoco ha sido lo que se dice muy galardonada esta ganadería: solo cuenta en su haber un Premio "Feria del Toro" a la mejor corrida, allá por el año 1975, lidiada por Paquirri, Julio Robles y Ruiz Miguel el 8 de julio. 




-CEBADA GAGO: Más allá de la sanguinaria fama que poseen en Santo Domingo-Ayuntamiento-Mercaderes-Estafeta-Telefónica, los toros de Cebada Gago aparece en este ránking en quinto lugar. Hizo su debut en Pamplona el 11 de julio del año 1982 con un toro corrido como sobrero en la corrida de Pablo Romero. Volvió con una novillada en 1984 y, al año siguiente, su debut con corrida de toros. Desde entonces, solo se ha ausentado de los carteles en tres ocasiones: 1997, 2014 y 2015; si bien en 2013 no lidió la corrida que sí estaba anunciada en un primer momento al ser esta rechazada por los veterinarios.
Cebada cuenta con un importante palmarés:


PREMIOS FERIA DEL TORO

+ 1986: Corrida lidiada el 10 de julio por J.M. Manzanares, Julio Robles y L.F. Esplá.

+ 1990: Corrida lidiada el 10 de julio por Roberto Domínguez, Emilio Muñoz y Fernando Cepeda.

+ 1992: Corrida lidiada el 8 de julio por Juan Mora, Rafael Camino y Jesulín de Ubrique.

+ 1999: Ex aequo con la corrida de Miura. Lidiada por Manuel Caballero, Pepín Liria y Dávila Miura.

+ 2001: Corrida lidiada el 9 de julio por Pepín Liria, J.J. Padilla y Jesús Millán.

+ 2006: Corrida lidiada el 10 de julio por López Chaves, Francisco Marco y Fernando Cruz.

+ 2012: Corrida lidiada el 12 de julio por Francisco Marco, Morenito de Aranda y Antonio Nazaré.


PREMIOS CARRIQUIRI

+ 1990: "Trepador", lidiado el 10 de julio por Emilio Muñoz (OREJA)

+ 1992: "Panadero", lidiado el 8 de julio por Juan Mora (OREJA)

+ 1998: "Manzanillo", lidiado el 10 de julio por Jesulín de Ubrique (SALUDOS/AVISO)

+2007: "Segador", lidiado por Juan Bautista el 10 de julio (SILENCIO)





-HEREDEROS DE D. SALVADOR GUARDIOLA FANTONI: Ausentes desde 1999, los astados de El Toruño también cuentan con una dilatada experiencia en Pamplona. 21 corridas de toros (1965, 1968, 1969, 1972 a 1975, 1978, 1979, 1980, 1984 a 1993, y 1996 a 1999), una novillada en 1966 y una corrida de rejones en 1976 es la experiencia en la Feria del Toro de estos villamartas. 

PREMIOS FERIA DEL TORO

+ 1989: Corrida lidiada el 10 de julio por Roberto Domínguez, Víctor Mendes y Emilio Oliva.

+ 1991: Ex aequo con la corrida de Marqués de Domecq. Lidiada por Morenito de Maracay, Víctor Mendes y Juan Cuéllar.

+ 1996: Corrida lidiada el 8 de julio por El Fundi, F.J. Martínez "Paquiro" y Javier Vázquez.

+ 1997: Corrida lidiada el 8 de julio por Juan Mora, El Tato y Pepín Liria.


PREMIOS CARRIQUIRI

+ 1987: "Carasucia", lidiado el 8 de julio por Morenito de Maracay (SALUDOS)

+ 1988: "Abeja", lidiado el 8 de julio por Paco Alcalde ( PALMAS)

+ 1989: "Ricolata", lidiado el 10 de julio por Víctor Mendes (SILENCIO)




-TORRESTRELLA: Los toros de Torrestrella, también con una siniestra fama en las calles de Pamplona, se lidiaron por primera vez en la Feria del Toro el mismo año del nacimineto de esta, 1959, para sustituir a la corrida que en un primer momento iba a ser lidiada con el hierro de Benítez Cubero. Desde entonces, ha lidiado un total de 23 ocasiones en la Feria del Toro (1959 a 1963, 1966, 1969, 1973, 1976, 1977, 1988, 1994 a 1997, 2000 a 2004, 2011, 2013 y 2014). 


PREMIOS FERIA DEL TORO

+ 1959: "Rabioso", lidiado el 9 de julio por Curro Girón (DOS OREJAS Y RABO)

+ 1962: "Buscalíos", lidiado el 12 de julio por Mondeño (OREJA)

+ 1966: "Escultor", lidiado el 14 de julio en corrida concurso por Antonio Ordóñez (BRONCA)

+ 1994: Corrida lidiada el 12 de julio por Emilio Muñoz, Juan Mora y Chamaco.

+ 2002: Corrida lidiada el 13 de julio por Víctor Puerto, Antonio Ferrera y El Fandi.


PREMIOS CARRIQUIRI

+ 1995: "Castellano", lidiado el 13 de julio por Juan Mora (OREJA)

+ 1996: "Borracho", lidiado el 12 de julio por Jesulín de Ubrique (SALUDOS/2 AVISOS)

+ 2002: "Sonajero", lidiado el 13 de julio por Antonio Ferrera (OREJA)




-FERMÍN BOHÓRQUEZ: Habituales hoy día en rejoneo, los murubes de don Fermín Bohórquez tampoco son moco de pavo en la Feria del Toro. La ganadería gaditana ha estado presente en 19 ferias, aunque hay que remontarse al año 1986 para dar cuenta de la última corrida que lidió a pie. En total son 16 corridas lidiadas a pie (1961 a 1965, 1967, 1968, 1969, 1973, 1975, 1978, 1980, 1981, 1984, 1985 y 1986), más 3 corridas de rejoneo (1997, 2007 y 2008). Cuenta con un historial de premios muy escueto: tan solo un "Premio Carriquiri" concedido al toro "Palomero", lidiado el 11 de julio de 1984 por Emilio Muñoz, quien fue pitado.



-JUAN PEDRO DOMECQ: Los "toros artistas" que tan de moda están entre los figurines a día de hoy han lidiado en la Feria del Toro en 15 ocasiones (1959, 1960, 1964 a 1971, 1974, 2003, 2004, 2005 y 2012). Como puede comprobarse, fue todo un clásico en la Feria durante los años 60.


PREMIOS FERIA DEL TORO

+ 1966: Mención honorífica a "Maniguero", lidiado el 13 de julio por Andrés Vázquez (DOS OREJAS Y RABO)

+ 1969: Corrida lidiada el 14 de julio por Diego Puerta, Paco Camino y El Viti.

+ 1970: Lidiada el 8 de julio por José Fuentes, Paquirri y J.L. Parada.

+ 1971: Lidiada el 7 de julio por Manolo Cortés, Curro Rivera y J.L. Parada.


PREMIOS CARRIQUIRI

+ 1969: "Madrileño", lidiado el 14 de julio por El Viti (BRONCA)

+ 1970: "Delirio", lidiado el 8 de julio por Paquirri (DOS OREJAS)




-JANDILLA: Finalizamos este ránking con otro hierro muy idolatrado por los toreros "importantes" de la actualidad. Los toros de don Borja Domecq, los cuales tantos encierros peligrosos se han cobrado, han lidiado en la Feria del Toro un total de 20 ocasiones, contando con esta de 2019. Hizo su debut en el año 1983, pero no regresó hasta 1997, año a partir del cual participa en las siguientes 12 ediciones, concretamente hasta 2010. Los años 2011, 2012 y 2013 quedó ausente, para regresar en 2014 y no ausentarse desde entonces.

PREMIOS FERIA DEL TORO

+ 2003: Corrida lidiada el 10 de julio por Rivera Ordóñez, El Juli y César Jiménez.

+ 2004: Corrida lidiada el 12 de julio por Dávila Miura, Miguel Abellán y Matías Tejela.

+ 2017: Ex-aequo con Victoriano del Río. Corrida lidiada el 11 de julio por Miguel Ángel Perera, Cayetano y Roca Rey.

+ 2018: Corrida lidiada por Juan José Padilla, Cayetano y Roca Rey.


PREMIOS CARRIQUIRI

+ 2004: "Olivarero", lidiado el 12 de julio por Dávila Miura (DOS OREJAS)

+ 2005: "Regidor", lidiado el 11 de julio por Salvador Cortés (OREJA/AVISO)

+ 2009: "Sabueso", lidiado el 9 de julio por Rubén Pinar (OREJA)

+ 2016: "Decana", lidiado el 11de julio por Alejandro Talavante (VUELTA AL RUEDO)




No podemos finalizar este artículo sin recordar a una persona muy querida en Pamplona y cuya ganadería es también un clásico en la Feria del Toro. Me refiero a la recordada doña Dolores Aguirre, quien ha estado presente en Pamplona en 16 ocasiones. La Doña hizo su debut en la Feria del Toro en 1980, para regresar en 1989 con un sobrero, y en 1995. La siguiente fue en 2002, y desde entonces es habitual en Pamplona hasta el 2014, año en el que hizo su última aparición.
En tres ocasiones ha sido galardonado este hierro con el "Premio Feria del Toro", la primera en año 1995 por una corrida lidiada el 9 de julio por Cristo González, Javier Vázquez y Pepín Liria; la segunda el 11 de julio de 2009, estoqueada por Serafín Marín, David Mora y Joselillo; y la tercera el 8 de julio de 2013, y de la que dieron cuenta Manuel Escribano, Joselillo y Juan del Álamo.
Con el "Premio Carriquiri" ha sido galardonado este hierro en una sola ocasión, concretamente el toro "Langosta", lidiado por Joselillo el 11 de julio de 2009 (OREJA). 





BIBLIOGRAFIA:
 feriadeltoro.net
feriadeltoro.com
Libro "Ganaderías históricas de los sanfermines", de Roberto Moreno Torres
Enciclopedia "La Pasión por los Toros", año 1994






viernes, 5 de julio de 2019

MANOLETE vs RATÓN: UNA FAENA PARA LA HISTORIA

Madrid, 6 de julio de 1944. Corrida de la Prensa. Por tal motivo, en los corrales de Las Ventas aguarda una corrida de don Alipio Pérez-Tabernero Sanchón, la cual ha de ser lidiada y muerta a estoque por Luis Gómez "El Estudiante", Juanito Belmonte y Manuel Rodríguez "Manolete". Casi nada.

Las notas más destacadas de la corrida fueron sendos trofeos conseguidos por "Estudiante" y Manolete en los toros primero y tercero, respectivamente; hasta que llegó el sexto y último turno de la corrida. Saltó al ruedo un toro de don Alipio del que se cuenta que armó un escándalo monumental en el tendido por ser excesivamente feo y terciado, ante lo cual el señor presidente hizo asomar el pañuelo verde. En su lugar salió al ruedo un negro zaíno de nombre Ratón, número 242, del hierro portugués de don José Lacerda Pinto Barreiros. Ante este toro, Manolete no solo obtuvo su triunfo más apoteósico en Madrid, sino que además realizó la que para muchos críticos y aficionados fue la mejor y más completa faena de su carrera, la que retrata más a lo vivo su toreo, como dijo el famoso documentalista taurino Fernando Achúcarro.

Los que habíamos visto torear a Manolete en Barcelona, en Bilbao, en Valencia, en cualquier parte, sabíamos que un día le saldría el toro en Madrid y la capital se inclinaría. Y así ha sido. Tan rotundo, tan total, que no se habla de otra cosa. El fino sentido periodístico ha traído a la primera plana de los diarios esta figura tan tranquila e impasible, que pisa el ruedo como si llevase a sus espaldas cuarenta generaciones de toreros. Este es Manolete, a quien se rinden propios y extraños y que en su arte llega a cimas incalculables. Es hermoso coronar con la juventud el triunfo. Y coronarlo con el riesgo y el peligro, con el heroísmo de la muerte, escurrida entre cascadas de arte y alegría》. Artículo firmado por José Vicente y publicado en El Ruedo el 11 de julio de 1944, sobre aquella faena.

La apoteosis, el no va más, llega con el toro que cierra plaza, y que al salir de chiqueros hace cosas de muy feo estilo. La gente, ante tales maneras, se dispone a cubrir el expediente: se prepara para irse. Total, en un cuarto de hora estará fuera de la plaza, camino de casa. Pero el torero cordobés no es de la misma opinión y piensa otra cosa. Se esfuerza por sujetar al astado; torea a la verónica colosalmente. La primera serie de lances la remata con una media muy templada, le vale la correspondiente ovación. En el turno de quites se repite el éxito. Manolo tiene ganas de pelear; "habrá faena", aseguran los peñistas del 7. Efectivamente, tocan a matar, y el torero toma la muleta y el estoque y se va al centro del ruedo para brindar a los aficionados. Desde lejos, cita al toro y le administra un ayudado por algo que pone a la plaza en pie. Otra ovación. Luego se lleva el trapo rojo a la zurda y torea al natural. La serie resulta espectacular y redonda, pues el torero de Córdoba no se ha movido del sitio donde ha ejecutado el primer pase. Cuando le da el de pecho al final, el ruedo se cubre de sombreros. Ya hay incluso quien, adelantándose a los acontecimientos, pide, nervioso, la oreja. Manolete continúa con su magistral lección. Es todo un curso sobre aunténtico toreo. Entre palmas y vítores, Manolo hace pasar al bicho en otro capítulo de naturales, seguido de derechazos en redondo y de las discutidas manoletinas. Da algunos muletazos "mirando al tendido", que desatan la locura del público. En una breve pausa, los espectadores, en pie, le aclaman y solicitan para el espada los trofeos de rigor. Al fin, el torero de Córdoba monta el estoque y ejecuta la suerte suprema maravillosamente. No cae el toro y, cuando se dispone a descabellarlo, la gente, temiendo que no acierte a la primera y se produzca el desencanto, le pide que lo deje. Pero Manolete cumple con su deber. Al primer intento se derrumba el bicho, y se desencadena el entusiasta carrusel de aclamaciones. Con las dos orejas del vencido animal en la mano, recorre el torero el redondel, y por la Puerta Grande sale en hombros de los entusiastas》.
Francisco Narbona, en su obra "Manolete".


DE CENTELLA RATÓN
Don José Lacerda, criador del toro con el que el Monstruo de Córdoba se encumbró en Madrid, contó una curiosa anécdota sobre el toro en cuestión. Resultó ser que el animal se llamó desde un primer momento Centella. El caso es que fue adquirido por la empresa de Madrid como novillo, haciendo de sobrero en algunas corridas durante algún tiempo, sin conseguirse que fuera lidiado. Centella se hizo amo y señor de los corrales de Las Ventas durante todo ese período de tiempo, llegando incluso a comerse el pienso destinado para los otros toros. Por tal motivo, el mayoral de la plaza comenzó a apodar al bicho Ratón, sobrenombre con el que pasó a figurar, de la mano del IV Califa del Toreo, en las páginas doradas de la Tauromaquia aquel histórico 6 de julio de 1944 en Las Ventas.


sábado, 29 de junio de 2019

LA CRÍTICA, UN GRANO EN EL CULO DE LOS TAURINEJOS Y SU SÉQUITO

El día menos pensado, nos levantaremos de la cama y nos encontraremos que en el Código Penal español se ha incorporado un nuevo artículo que rezará de la siguiente manera: "Quienes en un festejo taurino o tras su celebración ejerciera la crítica de un modo en que se menoscabe o se critique la actuación de un torero, se diga abiertamente o se insinúe que no ha estado bien, que su oponente se le fue sin torear, que su oreja o su puerta grande sea regalada o injusta, que se pite o cualquier otro tipo de protesta que pueda ir en contra de la corriente triunfalista que impera en la Fiesta de hoy en día, serán castigados con Pena de Prisión Permanente Revisable. Se entenderá que el reo ha alcanzado la reinserción social cuando sea capaz de ir a los toros y solo abra la boca para decir "biiiiiieeeeeeeennnnnjjjjj", "viva España", "viva el 155", "viva el Rey" o "tráeme otro gintónic, mozo". 

Puede que esta reflexión esté cargada con cierta dosis de sarcasmo, pero el tabique que separa algo así de la realidad es tan fino que apenas se palpa. Incluso inexistente parece la mayoría de las veces. La crítica como tal es un ejercicio prohibido en los toros, un hecho muy mal visto por aquellos taurinejos y adeptos (abrazafarolas ellos) que lo único que buscan es que todo sea aplaudido, premiado con orejas, rabos, puertas grandes e indultos, y que nadie abra la boca si no es para decir que todo fue perfecto. Y aquel aficionado que considera que no todo vale, que no todo es merecedor de premio, que los toreros no siempre están bien y que en el toreo hay cosas censurables, se ejerce contra él una caza de brujas basada en que "es una falta de respeto opinar así", que "cómo puedes dar tú esa opinión si nunca te has puesto delante de un toro", que "escribir o decir eso hace más daño a la Fiesta que los animalistas", y demás retahíla de imbecilidades cacareadas por ciertos personajillos pertenecientes o adeptos al infame sistema taurino existente. Los niveles alcanzados en redes sociales tipo Twitter o Facebook sobrepasan lo vomitivo, pero en los tendidos se ha llegado a un nivel de infamia alarmante. Buena prueba de ello fue la pasada feria de San Isidro.

No seré yo quien niegue el hecho de que hay aficionados que lanzan su grito en el momento menos oportuno para hacerlo, y que eso merece reprobación. Valga como ejemplo el clásico "se va sin torear" justo en el momento que el matador está perfilándose para entrar a matar. También el "Viva España" o el "Viva el 155" se ha llegado a escuchar en ese momento tan poco apropiado para estas cosas, aunque esto no sea censurable ni nada, no señor... ¡¡Es hasta gracioso y se debe tomar como algo solemne!! Pero lo que no se puede pretender es que en la plaza de Madrid, plaza donde siempre se ha protestado y pitado durante la lidia, algunos quieran imponer lo que llaman el "silencio sevillano". No, no y mil veces no. Cada plaza y cada afición tiene su propia personalidad, y así como la característica principal de Sevilla es el silencio, en Madrid es el runrún, y ese runrún es clásico cuando sale un toro bajo de trapío, se pica mal, se lidia mal, un torero no está a la altura o comete ciertas maneras de aliviarse como meter el pico o descargar la suerte. Pero también ese runrún aparece cuando en el ambiente se palpa que va a suceder una faena grande. El runrún de Madrid y de ningún lugar más, para lo bueno y para lo malo... ¡¡Y nos lo quieren arrancar!! De la misma manera que en Pamplona se canta La chica Ye-Yé y piezas similares durante la lidia y nadie dice nada. Y esto siempre ha sido así, ¿por qué cambiar la personalidad de cada plaza? Mejor dicho, ¿por qué cambiar la personalidad de la plaza de Madrid? ¿Por qué tanta efusividad para meterse con la afición de Madrid cuando protesta la colocación de un torero o la concesión de una oreja barata, y que luegi todo el mundo, desde los voceros de la tele hasta el más paladín del triunfalismo, callan cuando las peñas de Pamplona lanzan latas, botellas y demás desperdicios a los toreros cuando se acercan a tablas? ¿O cuando estos mismos "señores" sacan pancartas o lanzan consignas a favor de los presos batasunos en plena corrida? Ese doble rasero...

En Madrid esta feria de San Isidro se han vivido momentos de verdadero bochorno. Ya no son solo los muchos gritos de "Viva España" o "Viva el 155" que se escuchaban unas cuantas de veces todas las tardes, ni los "cállate gilipollas", ni los cortes de manga hacia el sector protestón cuando este está a lo suyo. Eso se pueden considerar chiquilladas comparado con aquel día en que algunas personas subieron tendido 6 arriba para llegar hasta los abonados de la Grada 6 y lanzarles todo tipo de improperios, insultos y hasta amenazas. Pero si ha habido un hecho que ha marcado para mal esta feria y que hasta puede decirse que supuso un antes y un después, fue el ocurrido la tarde del 30 de mayo. Pongámonos en antecedentes: Manuel Escribano se las andaba viendo y deseando ante un exigente y encastado ejemplar de Adolfo Martín, el cual tenía muchísimo que torear y su matador no conseguía estar a la altura. Madrid en ese momento fue Madrid, ni más ni menos. Con sus protestas al torero porque no conseguía poder con el toro, sus pitos cuando el torero se quedaba fuera de cacho, sus comentarios aprobatorios hacia el buen toro que había en el ruedo... Hasta que ocurrió lo que nadie quiere que ocurra, que el toro se llevó por delante al matador y le infirió un cornadón. A continuación y durante las horas posteriores, se contabilizaron por miles las vejaciones y calumnias hacia los aficionados que protestaban, culpabilizándoles de la cornada. Y sí, es cierto que las protestas en ocasiones llegan a destiempo, y a veces se persiste en ellas más de la cuenta. Pero de ahí a que un aficionado tenga la culpa de una cornada por sus silbidos o sus protestas... ¿Se puede ser más miserable, más ruín, más zafio, más hiena, más mal bicho y más vomitivo? Es difícil...

Muchas veces se les recrimina a los aficionados más protestones el hecho de hacerlo cuando el torero está toreando, y en palabras de esos mismos que lo recriminan lo ideal sería "hacerlo cuando termine la faena, y que cada uno manifieste su parecer a la actuación del coleta cuandoeste ya ha estoqueado al toro". Muy bien, podríamos estar de acuerdo en ese precepto. Pero en este sentido, del dicho al hecho hay un trecho, pues luego este tipo de personas no tardan mucho en retractarse, pues también a la grandiosa mayoría de esas personas les molesta cuando se protestan trofeos y salidas al tercio para saludar. Por no hablar de cuando los aficionados que disponemos de blog o perfil en Facebook mostramos nuestro parecer de lo que fue la corrida. Da gusto cuando un aficionado que discrepa de la opinión de otro se presenta con educación y respeto y comenta su parecer aunque este sea discordante, pues en los toros, además de la crítica, siempre le ha dado vida al espectáculo la controversia, siempre que esta venga con buenas formas claro. Lo verdaderamente jodido es cuando viene el tipejo o la tipeja de turno con insultos y argumentando en contra de quien no opina como él que "es una falta de respeto pensar así", "sois unos integristas", "tenéis que aprender a ser buenos aficionados", "quién eres tú para decirle a un torero dónde se tiene que colocar", "hay que echaros de las plazas como sea", "decir eso hace mucho daño", y toda esa hermosa colección de paparruchas. Que luego se les pide que razonen esos argumentos sólidamente, y pueden suceder varias cosas: o bien siguen obcecados en sus tontos argumentos, o acuden al insulto y/o a la amenaza, o él sí que razona y quien tiene enfrente no y es imposible que entre en razón. ¿Entrar en razón de qué? ¿Acaso lo único que hay que hacer es ver, oír y aplaudir todo, hasta lo inaplaudible, y que desaparezca la seriedad y el rigor de las plazas de toros, para más comodidad de los autodenominados "profesionales"? Asqueroso, muy asqueroso todo.

Muchos comprendemos que sin crítica, sin controversia y con aficionados que no conmulgan con ruedas de molino, los taurinejos lo tienen más fácil para cometer sus abusos y tropelías, para pintar su imagen y sus actuaciones de color rosa y tener más por menos. Pero hay aficionados (todavía, a pesar de todo) a los cuales no todo les vale, que distinguen lo bueno de lo menos bueno y de lo malo, y que gustan de llevar el rigor por bandera porque no todo vale. O no todo debiera valer. Que ya les gustaría a unos cuantos que los aficionados rigurosos desaparecieran del mapa y dejaran de hacer peligrar su chiringuito de comodidad y de triunfalismo barato, pero aunque la cosa está más mal que bien van a tener que seguir aguantándose.

jueves, 20 de junio de 2019

LA IMPORTANCIA DE PICAR BIEN A LOS TOROS

"En el desolladero comprobamos que desafortunadamente el último puyazo, algo trasero, perforó la pleura del pulmón, provocando un gran destrozo y que el toro no recibiera el oxígeno que demandaba el esfuerzo que estaba realizando. Una pena. Hasta donde pudo nos hizo disfrutar".



Palabras del ganadero Santiago Domecq sobre el toro Zahareño, aquel que cerrara San Isidro el pasado domingo. No estamos muy acostumbrados a conocer cierto tipo de cosas que solo pueden salir a relucir en el desolladero, por lo que es de agradecer que haya un ganadero que se pronuncie acerca de estas cosas, y más cuando el toro en cuestión tuvo en el ruedo una gran importancia. Con ello queda patente lo que gran parte de la afición lleva demandando prácticamente desde que el mundo es mundo: que a los toros se les debe picar bien. Ojo, no confundir el "picar bien" con "picar poco", ni el "hay que picar" que tantas tardes se vocifera desde el tendido con hacer una carnicería. Picar bien, que no es otra cosa diferente a tirar el palito y colocarlo en el sitio preciso, o sea justo donde finaliza el morrillo y en todo lo alto de este lugar; y aplicar el castigo en su justa medida evitando barrenar, hacer la carioca cuando esta deje de ser un recurso para castigar a los toros mansos, y todas esas triquiñuelas más propias de un carnicero que de un buen picador. Que hacer todo esto es muy difícil , cierto, y ni tan siquiera son capaces de hacerlo todos los días hombres que trabajan como vaqueros o mayorales en muchas ganaderías, y que por consiguiente son grandes experimentados en el arte de picar. Pero cuando se marra, siempre cabe rectificar el puyazo, y eso no siempre se hace. ¿Por qué? Por lo que viene a continuación.

Zahareño, gracias también a las explicaciones de su criador, es el mejor ejemplo posible para defender que picar bien a los toros tiene muchísima importancia. El fin de la suerte de varas, amén de comprobar la bravura del toro es que este sea sangrado y sea restada cierta parte de su temperamento. Ahormar la embestida, que se ha dicho siempre en el argot taurino. No hay más vuelta de hoja.

Pero existe un problema, y es que con la suerte de varas, una de las más bellas de cuantas existen en la tauromaquia, se llega muy a menudo mucho más lejos. O no se llega, que es igual de malo. Y no se llega porque el toro que se demanda en tiempos actuales está llevando a la suerte de varas hacia su desaparición. Pero ¿y cuándo salen toros con mucho poder y casta? Pues que se llega mucho más lejos de la frontera que marca la ética taurómaca y también el Reglamento: se masacra vilmente a los animales con puyazos traseros y en muchos cados paletilleros (los más dañinos) en los que se barrena y se mete el palo muchísimo más de lo que debería hacerse, provocando destrozos en los toros que les pasan mucha factura durante la lidia y les impide sacar lo que llevan dentro. Y las palabras de Santiago Domecq son una prueba irrefutable de ello.

A Zahareño no lo picaron tan horripilantemente mal como estamos acostumbrados a ver, pero tampoco le dieron tres puyazos perfectos. Manuel Bernal hizo bien la suerte, tiró el palo y, antes de que el toro se la pegara contra el peto, plantó el puyazo, los cuales sí, efectivamente cayeron en lo alto. Pero traseros, y a las pruebas me remito. Zahareño mostró bravura y poder en el primer tercio, y también ser un torrente de casta cuando su matador le toreó con el capote. Pero los puyazos traseros, como siempre suele parar en estos casos, le mermaron. El toro apenas pasaba en la muleta, se quedó amorcillado y el matador tuvo que tirar por la calle de enmedio. Pero cierto es que no sería justo que toda la culpa de este hecho recayera sobre los puyazos, pues en el segundo tercio al toro, aunque ya daba síntomas de irse a menos, todavía le quedaba fuelle. Fue el show fandilista de los cuatro pares de banderillas ¡¡cuatro!!, con sus carreras de un lado para otro y el pertinente desfogue del toro lo que le hicieron acabar con el carbón que le quedaba. Un puñado de buenas embestidas hubiera ofrecido el buen Zahareño, no muchas pero sí las suficientes para poder poner Madrid bocabajo. ¡¡Ni que en Madrid hiciera falta una faena de tres mil trapazos para cortar dos orejas!!

Por desgracia, son muy contadas la veces que los aficionados llegamos a ser conocedores de estos extremos. Pero los casos en que nos quedamos sin toros por culpa de malos picadores y malos lidiadores sí abundan más. El caso de Zahareño no es sino la punta de ese iceberg llamado "La importancia de picar bien a los toros". O también "La importancia de picar mal a los toros", todo desde según que punto de vista se mire, si desde la del aficionado que está deseoso de ver toros en todo su explendor de condiciones, o desde la del matador que tiene lidiar con un toro encastado, fiero y que derrocha poder. 

lunes, 17 de junio de 2019

16 DE JUNIO DE 2019, CORRIDA DE LA PRENSA: AUR REVOIR, ISIDROS

Se acabó lo que se daba. Tras treinta y cuatro días de toros, esto echa el cierre. Y con ello, la desbandada general de los famosos isidros, claveleros y ginctoneros. Adiós pues a la verbena, al jolgorio, los biiiiiiiieeeeeeeennnnnnnnjjjjjj que destilan aroma a ginebra como una destilería, a los aplausos a todo, a los gritos de Viva España, Viva el Rey y Viva el 155; a los cállate gili****, al olor a alcohol en los pasillos de la plaza, y al botellón en los tendidos, grada y andanadas, como si esto fuera la puerta del Fabrik o del Pachá. Adiós también al aplauso fácil y al triunfalismo barato y chabacano, a las prohibiciones de llevar la contraria a quien se tira toda la santa tarde aplaudiendo hasta lo inaplaudible, y al no protestar. Adiós, adiós isidros, que paséis un  buen verano, aunque a algunos hasta se les puede decir feliz verano, feliz navidad, feliz entrada y salida de año, felices carnavales y hasta el San Isidro de 2020.

Toca darle la bienvenida, a partir del domingo que viene, a las legiones de japos, guiris, yankis y cía que vienen de excursión a los toros, por la cosa de no irse de España sin ver una Typical Spanish Bullfighter. Toca darle la bienvenida a la comodidad, pues a partir de ahora las apreturas en los toros desaparecen, y podremos estirar las piernas todo cuanto podamos sin que el tío coñazo de delante no mire con cara de pocos amigos hacia atrás. Bienvenido también ese aspecto desolador de los tendidos, ese famoso cemento que dicen los viejos aficionados del lugar. Y por supuesto, aquí continuarán domingo tras domingo, bajo el abrasador sol madrileño, los pocos fieles aficionados que aun así andan todavía hambrientos de toros, con sus protestas cuando las cosas no se hacen bien (aunque a veces puedan resultar un tanto molestas), sus gritos de vaya un inválido, ponte bien, carga la suerte aunque sea una vez, le vas a sacar los ojos de meter tanto pico, se va sin torear, etc., etc., etc... Pero también con su sensibilidad cuando se hacen bien las cosas y hasta cuando se cuidan los más mínimos detalles. Que sí, que efectivamente la feria de San Isidro ha acabado, pero no la temporada, y el domingo que viene vuelve a haber toros en Madrid, y al siguiente, y al siguiente, y así hasta la feria de Otoño allá por el mes de octubre. Que gran parte de los no habituales parecen no saberlo, que por el mes de julio y agosto también hay toros en Madrid.
"En agosto va a ir tu prima a los toros, pues yo voy solo cuando torean las figuras, que para eso soy mu güen afisionao y selecciono lo mejor", diría el isidro de turno mientras le pega un sorbo largo, cual oso hormiguero, al cubata que sostiene en la mano.

Aur revoir pues al público no habitual, no sin antes finiquitar este interminable mes de toros con la tradicional Corrida Extraordinaria de la Asociación de la Prensa, con un cartel que no despertó grandes pasiones cuando fue anunciado, allá por el mes de marzo, pero que al final ha acabado con un "No hay billetes para hoy" en la taquilla. No había gran cosa de donde rascar, por lo que una gran parte del abonado decidió no sacar la entrada para hoy, que había que pagarla aparte al ser fuera de abono. Pero algún tiempo después, estos inocentes señores tuvieron que volver corriendo a la taquilla a hacerse con su localidad, concretamente nada más acabarse aquella tarde en Sevilla de Pablo Aguado, componente de la terna. Resultado: todo el papel vendido. Una corrida con el hierro de Santiago Domecq para San Isidro provocó todo tipo de opiniones, desde aquellas de quien la llevaban siguiendo hace algún tiempo y confiaban en ella, hasta la de los más reacios a creer en ello. Y finalmente, se podría decir que fueron los primeros quienes llevaron razón, pues la corrida aun no siendo lo que se dice un derroche de poderío, bravura, casta y agresividad, sacó gran nobleza, dulzura y se dejó torear a placer. Para reivindicar muchas cosas ante ellos y tapar bocas a quienes se muestran reacios con determinados toreros. Pero claro, ¿tiene algo que reivindicar El Fandi a estas alturas? ¿Tiene Lopez Simón, después de todo, algo que demostrar? Pues eso...

El gran atractivo de la tarde vino de la mano de Pablo Aguado, pero por desgracia solo pudo matar uno. Es Pablo Aguado un torero que lleva consigo unos aires toreros muy añejos, da gusto verlo moverse por la plaza con esas maneras que son ya tan poco habituales, lejos de ese forzado y teatral misticismo que derrochan los toreros de ahora. Pablo Aguado es un gusto para los cinco sentidos cuando camina por la plaza, le anda a los toros, les echa el capote y la muleta al hocico, lleva a los toros con excelsa facilidad y suavemente, sin pegarle esos tirones y siempre andando con torería. Es, en definitiva, un torero completamente diferente por su sabor barroco y antiguo. También es de sobra conocido que sabe torear, y muy bien hay que decir, pero esta tarde el toreo no ha llegado a aparecer de su mano, entendiéndose por torear eso de llevar a los toros sometidos a la muleta y tirar de ellos para rematar el muletazo atrás, y no limitarse a acompañar las bonacibles embestidas del burel. Derrochó su faena formas muy pintureras y gran naturalidad, pero a los muletazos de Pablo Aguado, o mejor dicho a sus medios-muletazos, le faltaban precisamente eso, el llegar a ser rematados atrás y no quedarse solamente en el acompañar al toro mientras se mueve. ¿Torería? Para regalar. ¿Plasticidad? A espuertas. ¿Remates muy toreros como pases de la firma, pases de pecho llevados al hombro contrario, trincherillas y kikirikís? Hubo unos cuantos de cartel de toros. Pero una cosa es eso, y otra cosa fue el tirar de los toros. Y fue una pena, pues había ahí toro de triunfo gordo, pero el torero se quiso conformar con muy poco. La mala suerte se cebó con él a la hora de entrar a matar, pues tras pinchar en hueso resultó prendido y le pegó cornada, por lo que hubo de pasar a las manos de los galenos una vez dobló el toro. Y no volvió a salir de ahí.

Por lo cual y consiguiente, tuvimos triple ración fandileña en esta tarde. ¿No decíamos algunos que no es este circuito para un torero de su estilo y que en Madrid está de más su presencia? Pues ¡¡toma tres tazas!! Y no, a estas alturas de la vida, David Fandila no tiene nada que demostrar ni que reivindicar, ni en esta ni en ninguna plaza. Él hace lo que buenamente sabe: facilidad y variedad con el capote, su show de carreritas de un lado a otro para luego acabar clavando a toro pasado, con violín incluido, y una nulidad evidente para utilizar la muleta. Esto fue lo que ofreció ante su lote, ni más ni menos. No da ni para más ni para este torero, tiene sus cosas, su público y si circuito, pero todo esto está lejos de Madrid. Qué dos torazos se dejó ir con las orejas puestas... Y de qué toro nos privó cuando salió a lidiar en lugar de Pablo Aguado. Porque sí, ese 6° llevaba mucho dentro, y así lo dejó en evidencia en las tres varas que tomó: empujó en la primera, hizo volar por los aires al picador por lo fuerte y bajo que embistió al penco, y acudió de largo y volvió a emplearse con la cara abajo en la tercera vara. Y no fue esto de ponerlo tres veces porque el matador estuviera con el día amable, sino porque la Presidencia, con gran acierto, consideró que la segunda vara apenas castigó al animal. Hizo gran pelea el toro en varas, pero no lo suficiente como para desfondarse del todo. ¿Qué pasó entonces para que, tras evidenciar grandes virtudes en los capotes y en el caballo, el toro llegara amorcillado a la muleta? La respuesta la tenemos en el segundo tercio: cuatro pares ¡¡cuatro!!,  carreritas por aquí, carreritas por allá, y el toro por cada par que pasaba, con menos fuelle se le veía. Había toro ahí para una faena de 20 muletazos pegados de verdad, pero todo se fue al garete durante la puesta en escena de David Fandila en banderillas.

Y López Simón dispuso de otro lote para coger un nuevo empacho a torear, torear, torear y seguir toreando hasta hartarse y decir ¡¡basta, no puedo más!! Pasecitos por aquí, pasecitos por allá, ninguno bueno y todos malos. Sí, pases malos, vulgares y llenos de ese dospuntocerismo que se reconoce a la legua cuando el matador echa siempre al toro fuera con el pico, para posteriormente dar un pasito atrás y vuelta a empezar. ¿Que si se le fue sin torear su lote a López Simón? Pero vamos, de tal manera que a estas horas el animalito aún sigue embistiendo. Y es que aunque parezca un tópico, en realidad lleva mucha verdad: en caso de López Simón, sin voltereta no hay oreja. 

Acabó lo que se daba, aur revoi isidros, que pasen ustedes feliz verano, feliz Navidad y un próspero año 2020. Que sean felices, y ya saben, si acaso les apetece, en Madrid sigue habiendo toros domingo tras domingo, por si gustan.

domingo, 16 de junio de 2019

15 DE JUNIO DE 2019, CORRIDA DE LA CULTURA: PACO UREÑA, DE MADRID AL CIELO

¡¡Qué tardecita más infumable estábamos padeciendo!! Qué tardecita ha dado la novillada de... ¿He dicho novillada? Sí, novillada con todas sus letras, desde la N hasta la A, la que ha colado el señor Victoriano del Río en esta Corrida Extraordinaria de la Cultura. Sí, la de la Cultura, ese invento del vendehumos Monsieur du le Bombo desde sus inicios como empresario de la plaza de Madrid. Qué irónico eso de celebrar una Corrida en homenaje a la "Cultura" (entendiéndose por tal la "Cultura Taurina", se imagina uno) con una hermosa colección de seis torillos escuálidos, tullidos y feos que lo único que fueron capaces de desarrollar fue mansedumbre a raudales, falta de casta y sosería. ¡¡Qué tardecita!!

¡¡Qué tardecita dio el señor Sebastián Castella!! Qué tardecita, calcada y mondada a sus otras dos tardes en esta feria, con ganado de Jandilla y de Garcigrande, respectivamente. Y luego se quejará de que los toros no le embisten, por unas cosas o por otras. Señor Castella, ¿quiere para el año que viene una corrida que verdaderamente pueda embestirle? Bien pues tome buena nota de la feria que han echado José Escolar o Valdellán. Eso embiste, sí señor.

¡¡Qué tardecita la del fenómeno Roca Rey!! De sobra es sabido que eso de parar a los toros y torear a la verónica, lo de llevar a los toros al caballo de dos o tres capotazos como mucho y colocarlos en suerte, no va para nada con él. Va por el ruedo portando el capote, pues porque hay que llevarlo. Lo hacen los demás, ¿por qué no lo va a hacer él también, aunque no sepa ni para qué hay que llevarlo? Tampoco es muy dado a lidiar, ni él ni su cuadrilla. No fijan a los toros, los dejan corretear a sus anchas por todo el ruedo, ni siquiera se preocupan de quitarles las querencias y conseguir meterlos en el canasto... Y cuando llegan al tercio de muleta, lejos de doblarse con los mansos y tocarle los costados, o bien empieza a dar telonazos simulando que torea por estatuarios (tal que con el 3°), que sin ton ni son empieza a darles tirones para sacarlos a los medios. Y en ambos casos el resultado es el mismo: que a la primera de cambio el animal se va de najas como alma que lleva al diablo, y nunca se le cambia esa tendencia abanta para embestir en la muleta. Y  por lo demás, lo mismo de siempre. ¿O no? Lo mismo lo mismo, no, pues hoy se dejó en casa la cosa de los pendulazos, las manoletinas, las bernardinas, los cambiados por la espalda a mitad de cada serie de muletazos y todas esas cosas. Pero en lo que se refiere al toreo fundamental, pues sí, más o menos lo mismo de siempre: citando en la oreja, metiendo mucho el pico y torear hacia fuera descargando la suerte. Y con la espada, pues tampoco acertado.

Qué tardecita llevábamos hasta que salió el 6°, lugar en que Ureña tuvo que lidiar al segundo de su lote por encontrarse anteriormente en la enfermería. Los únicos argumentos sólidos de la tarde los había puesto el mismo Ureña ante el segundo de la tarde, toreando suavemente con el capote de salida y realizando un torerísimo quite por delantales echando la pierna adelante y cargando la suerte. Uno de los quites de la feria, y que llegó en réplica a otro quite que hizo Roca Rey. Ante este toro, bonacible y de embestida suavona, Ureña no terminó de acoplarse con la muleta. Muy despegado siempre y toreando hacia fuera, su actuación defraudó a la parroquia madrileña, que siempre espera mucho más de él. Solamente brilló, y solo a medias, una serie de naturales ya casi al final, pero la concurrencia andaba muy predispuesta ante él, y si no llegó a tocar pelo ante este toro fue porque pinchó, dando una vuelta al ruedo totalmente por su cuenta y riesgo. Después entró a la enfermería, ya que fue feamente cogido toreando por naturales, y hubo de correrse turno.

Qué tardecita hasta ese preciso momento en que Ureña salió del túnel de la enfermería. Salió el toro y lo volvió a recibir con algunas buenas verónicas. Pedro Iturrialde dejó un buen puyazo, y muleta en mano se dispuso el matador a armar el alboroto. Comienzo por estatuarios sin ceder un palmo de terreno, y cuando remató por varios trincherazos y algunos pases de la firma que fueron sencillamente colosales, empezó a fraguarse la idea de que allí iba a pasar algo grande. Se le veía dolorido al matador aunque no por ello se arrugó, y empezó a darle fiesta al toro por el lado derecho. Buena primera serie llevando al toro toreado y mandando mucho, pegando una segunda serie también de derechazos con más altibajos. Se echó la muleta a la zurda y dibujó algunos naturales colosales tirando mucho del toro, que ya estaba muy paradote, y aguantando estoico las veces que se le quedaba parado. Y tras esto, Ureña se fue a cambiar la espada con muy buen criterio, pues todo lo que hubiera sido seguir ahi delante hubiera deslucido mucho la corta pero intensa faena. Tenía en su esportón una oreja ganada a ley, eso de haber matado bien. Pero cuando, ya con la espada de verdad en su mano, se fue de nuevo al toro, llegaron más naturales todavía de más pureza y mandones, pues al toro le costaba un mundo desplazarse. Pero el torero, siempre cruzado y dando el pecho, tuvo el coraje suficiente para aguantar y tirar del animal haciendo, simplemente, el toreo verdadero. El toreo eterno, el que nunca muere. ¡¡Qué pedazo de naturales!! En total la faena no tuvo más de veinte, si es que llegaban, pero fueron intensos y extraordinarios. ¿Para qué más, si con tan pocos basta? Esos últimos, además, hicieron que el listón de la faena escalara un centenar de kilómetros de un tirón, y lo que antes era de una oreja, se convirtió en algo de dos. Solo faltaba que la espada cayera en buen lugar, y ya estaba todo hecho. Pero no fue tal el caso, pues fue a caer un palmo desprendida, y además el toro tardó mucho en caer, cosa que deslució todo en cierta media. No importó, el toro acabó rodando por sí solo y sin la necesidad de descabello, y cayeron las dos orejas, y así, la primera puerta grande de don Paco Ureña en Madrid, su Madrid. ¿Merecidas? Pues podrían discutirse porque la espada no cayó en el lugar más adecuado. Pero lo que no podía negarse es que el personal salió toreando de la plaza después de ser testigos de aquella faena con la que Paco Ureña puso de acuerdo, una vez más, a la unanimidad de la plaza de Madrid.

A Ureña se lo llevaron posteriormente en volandas, dolorido pero muy feliz. Y los aficionados, tardaron más en llegar a sus casas. ¿Por qué? Porque iban pegando naturales calle Alcalá arriba.

sábado, 15 de junio de 2019

14 DE JUNIO DE 2019, TRIGÉSIMO SEGUNDA Y ÚLTIMA DE SAN ISIDRO: EL VIENTO TUVO LA CULPA... ¿O NO TANTO?

La corrida lidiada por Fuente Ymbro en este último festejo de abono puede tener varias lecturas. Que a nadie se le escapa que fue esta una corrida mansa, con la casta muy justa y tampoco muy sobrados de poder, a la que no se le picó prácticamente y apenas desarrolló dificultades en la muleta. Pero eso sí, se dejó torear y hubo ejemplares verdaderamente de triunfo por su nobleza, dulzura y manejabilidad. Entonces, se podría decir que si esta corrida hubiera llevado otro hierro que nos tuviera acostumbrados a petardos colosales y tardes tediosas año sí y año también, la corrida hubiera causado sorpresa y hasta cierto agrado, más que nada por aquello de "por lo menos se dejó torear, porque para lo que suele soltar por aquí y por otros sitios...". Lo malo del tema es que no, que lejos de pertenecer la ganadería a uno de esos hierros infumables que andan por Madrid año sí y año también sin razón, la corrida iba herrada a fuego con una rodeada de una herradura y lucía divisa verde. O sea, Fuente Ymbro, ganadería que ha dado grandes tardes en esta plaza a base de casta y poderío de sus toros. Por lo tanto, una corrida tan sumamente flojita y toreable le deja a uno muy a medias tratándose de una ganadería de la que se espera mucho más.

Cinco fueron los ejemplares lidiados por Fuente Ymbro, pues hubo uno, el 6°, que volvió por donde salió por obra y gracia de los únicos bueyes que deberían pisar el ruedo de Las Ventas, los cabestros de Florencio Fernández Castillo. En su lugar salió un sobrero del Conde de Mayalde que no desentonó nada ni del juego habitual de esta ganadería, ni del juego que estaba dando la corrida: mansito, sin excesivo poder y muy pastueño, aunque bien es verdad que en varas recibió un puyazo que bien valía por lo que no se les dio a los otros cinco. Y es que aunque el toro no era una cosa loca de rezumar fuerzas por los cuatro costados, cuando el matador le presentó el capote para recibirlo de salida se frenaba y se le metía por dentro, por lo que hubo que apretarle en el caballo. Y fue esto seguramente por la cosa de este toro lleva toda la feria anunciado como sobrero, y tanto trajín en los corrales de pasarlo de un sitio a otro, ahora enchiquerarlo porque esta tarde está como sobrero, ahora sacarlo porque la corrida terminó y no hicieron falta sobreros, y vuelta a empezar un día tras otro, les pasa factura a los animales. De los cinco de Fuente Ymbro, complicado de veras fue el 1°, por su mansedumbre, poca fijeza y afán de huir de todo lo que se le ponía por delante. El resto, más que menos, fueron unos caramelitos. Iban y venían una y otra vez, metían bien la cara, embestían largos y no se cansaban. Eran, como solía decir un afamado ganadero de antaño, tontos y sin frenos.

Y ante tales regalos para los cinco sentidos, ¿a qué se dedicó la terna durante toda la tarde? A nada. A nada, salvo a pegar pases con una vulgaridad y una falta de alma que provocaron un tedio de enormes magnitudes durante las dos horas y media que se prolongó el festejo. En defensa de los tres espadas, podría argumentarse que durante la totalidad de la corrida soplaron rachas de viento que hicieron muy difícil el milagro de torear, y que ello llevó tanto a Morenito de Aranda, como a Pepe Moral y a José Garrido a no encontrarse del todo confiados ante la cara de los toros. Pero bien es cierto también que aunque Eolo hizo de las suyas, hubo otros momentos en que estuvo calmado, y ni por esas los toreros fueron capaces de asentarse y tirar de tan bondadosos ejemplares, que se fueron al desolladero sin torear uno a uno. Al menos, ya que el viento dificultó sobremanera los quehaceres de los matadores, cierto es que podrían haberlos dado muerte haciendo un uso decoroso de los aceros, pero he aquí otro gran lunar de la actuación de los tres matadores: la suerte suprema se desarrolló siempre entre pinchazos, bajonazos, golpes de verduguillo y cachetazos por parte de los peones, y ni tan siquiers hubo una sola estocada medianamente digna de ser mencionada en toda la bendita tarde. Ni tampoco un quite, ni una verónica, ni un detalle que rezumara la más mínima torería. Tan solo el banderillero Antonio Chacón puso un buen par de banderillas al 3° y movió el capote con muy buenas maneras ante el 6°, lo que le valió escuchar algunos aplausos sinceros.

El resto de la tarde, se diluyó en un desencanto provocado por la falta de casta de los gallardos, la vulgaridad de los espadas y la falta de contenido que ha imperado durante todo el festejo. Buena manera de finiquitar la feria.

viernes, 14 de junio de 2019

13 DE JUNIO DE 2019, TRIGÉSIMO PRIMERA DE FERIA: RÉQUIEM POR CUADRI

No valen las excusas, no. La corrida lidiada por los herederos del señor Celestino Cuadri ha sido un petardo muy grande que nos ha hecho salir de la plaza cabizbajos, con el gesto torcido y negando con la cabeza. De nada sirve sacar excusas, pues si ni tan siquiera el ganadero, en su enésimo alarde de honestidad y sinceridad, se excusa del paupérrimo juego que han dado sus toros esta tarde en Madrid, ¿con qué cara vamos a excusar a la corrida los demás? Don Fernando Cuadri ha llegado esta tarde a Madrid después de anunciar que se quita del medio, que deja paso a sus descendientes en la capitanía del barco. Y Madrid, mejor dicho el aficionado de Madrid (que no son más de cuatro pobres infelices), le ha hecho saludar una calurosa ovación, desde su localidad en el tendido, en homenaje a su gran trayectoria como ganadero. Si estas ovaciones se les da a los toreros, ¿por qué no también a los ganaderos?

Y ¿cuáles podrían ser esas excusas que alguna mente interesada hiciera saltar a la palestra? ¿Quizás que los seis picadores vinieron con el machete entre los dientes y protagonizaron seis infames carnicerías ante los cornúpetas, pegando traserazos, metiendo bien el palo y hasta barrenando en algunos casos? Cierto es, ocurrió. Otra, ¿que hubo toros que en el último tercio sacaron suavidad y se dejaron pegar pases sin hacer un mal gesto? Pues hombre, tampoco es menos cierto. Pero aquí hubo un problema de base, que es el mismo del que habla siempre: una palabrita mágica que empieza por C y termina por A; y entre medias llevan por este orden la A, la S y la T. Sí, problema de CASTA, propiamente dicho. Y ese problema venía apareciendo, o mejor dicho venía dejando de aparecer, desde que los cuadris dejaron Trigueros hace algunos días para poner rumbo a Madrid. Eso sin contar con que quizás el problema venía desde el mismo momento en que el semental descargó sus cromosomas dentro de la vaca madre. Hay corridas en que a los toros se les hacen mil perrerías, se les pican muchísimo y muy mal, se les pegan cientos de telonazos durante la lidia, los peones pasan en falso otras tantas veces a la hora de clavar, se les hace rematar a las tablas para que su poder se merme aún más, el matador de turno acorta mucho las distancias y le ahoga mientras lo trapacea con la muleta... Y qué gaitas, el toro que verdaderamente lleva dentro la casta lo muestra. Que la lidia influye siempre en el comportamiento de los toros, pero cuando hay casta de verdad todas esas perrerías no la hacen desaparecer como por arte de magia.

Que no, que no se puede excusar de ninguna manera la corrida. Uno que va a ver una corrida de toros, más aún cuando esta va marcada a fuego con la H horizontal que le es propia a Cuadri, siempre espera casta, poder, agresividad, celo, raza y todas esas bondades que le hacen al Toro de lidia un ser incomparable. Y cuando estas cualidades no aparecen, la corrida decepciona. Y punto, no hay más.

Y de la corrida, está todo dicho en verdad. ¿Qué más decir de una tarde tan carente de contenido? Bueno, que ante los seis de Cuadri se midieron tres toreros muy hechos a esto de lo que se tilda por ahí como "corridas duras", y que no fueron otros que Rafaelillo, López Chaves y Octavio Chacón. Solamente López Chaves escuchó aplausos del personal, aunque su actuación tampoco es que fuera lo que se dice para tirar cohetes. Muy discreto y vulgar ante el mulo que hizo de segundo, con el que se tiró muuuucho tiempo más de lo necesario pegándole pases ahí sin tener el más mínimo fundamento. Y ante el quinto, que regaló un puñado de arrancadas suavonas y pastueñas, le llegó a acompañar en sus embestidas con la misma suavidad que derrochaba el toro, pero siempre citando en la oreja, llevando luego la muleta a media altura y toreando hacia fuera. Ni uno, pero ni uno de los naturales que dio fueron rematados atrás. Muy jaleada fue su actuación en parte de los tendidos de sombra, pero el resto de la plaza no entró prácticamente en la faena. Mató, además, de mala manera.

Los otros dos componentes de la terna echaron una tarde tan horrible como la que echaron los toros, y desde luego no merece la pena pararse a comentar mucho sobre ellos. Mayormente porque hay poco que comentar. Si un tal caso que Rafaelillo se tiró toda la tarde muy a la defensiva y sin querer ni dar las buenas tardes. Y por la parte que le corresponde a Octavio Chacón, sería acertado comentar, más allá de su actuación en esta tarde, la decepcionante feria que ha echado. Tres tardes ha pasado por Madrid en el último mes sin hacer el menor ruido. Ni medio decibelio. No se le ha visto por ningún lado, y su tarde de hoy es una perfecta metáfora de lo que ha sido su feria: como triste y abatido, sin que la cosa fuera con él, basando sus quehaceres lidiadores y muleteriles en algo de puro trámite, algo así como "voy, hago mis dos o tres cosillas con el capote para que no se note que ya me he cansado del tema, con la muleta hago que quiero y no puedo, y a casita". Qué pena...

Qué pena, sí. Pero no pena por la tarde mala de hoy, ni por el tedio que hemos sufrido. Pena por esta ganadería, que nos ha dado tantísimas tardes de gloria, en Madrid y fuera de Madrid, que verla ahora así... Duele muchísimo.


miércoles, 12 de junio de 2019

LA BENEFICENCIA: LA VERDAD DE DIEGO URDIALES ANTE LA MENTIRA DE DON JULIÁN

Hoy no era un día cualquiera en la capital del Reino. No lo era no, hoy era un día especialmente grandioso, feliz y de jolgorio, pues en Las Ventas se iba a celebrar la Corrida Extraordinaria de la Beneficencia, uno de los eventos mas importantes en la tenporada taurina madrileña. ¡¡Y cómo lucía la plaza!! Atestada de gente como hacía días que no se veía, engalanada con esas guirnaldas que colgaban de las localidades de barrera, y que seguramente Le Monsieur du le Bombo adquirió en el primer Todo a Cien que se encontró al salir de casa esta mañana. Qué bonitos también los tapices que colgaban de las barandillas de las andanadas, o mejor dicho los pseudotapices, pues me temo que no eran de otro material distinto al que se usa para fabricar las lonas con las que se tapa el remolque del tractor cuando va cargado de aceituna recién vareada. Y los toros luciendo unas divisas con esas monas tan espléndidas, y las banderillas que se reservan únicamente con motivo de este día tan señalado. Y tan importante fue el día de hoy, que hasta nuestro Rey, Felipe VI (aqDg, que se decía en los carteles taurinos de antaño) no quiso dejar de honrarnos con su presencia desde el Palco Real, también engalanado con motivo de la importante cita de hoy.

Y sí, tan importante fue la cita de hoy, que hasta un modesto servidor no quiso dejar de tomarse un gustazo especial por ser el día que era, y decidió dirigirse a la plaza con toda la parsimonia y la tranquilidad del mundo, a diferencia de lo que mandan sus germánicas cosumbres de bajar a la plaza casi al galope y apoyar sus posaderas en la dura piedra con, al menos, quince o veinte minutos de margen, para poder leer tranquilamente el programa de mano, disfrutar de la maña que gasta el calero pintando las rayas de picar y observar con gusto cómo se ocupan los tendidos de gente. Hoy tocaba tomarse lo de ir a los toros con tranquilidad y disfrutando enormemente del paseo, pues por un día también a uno le gusta hacer cosas extraordinarias. Oiga, que ya que la corrida de hoy es "extraordinaria", aunque sea vamos a hacer algo fuera de lo común y vamos a darle ese tinte por nuestra cuenta, ya que los taurinejos que (des)gobiernan a su antojo hoy día en esto de los toros, tuvieron a mal hace algunos años de quitar ese carácter "Extraordinario" y "Benéfico" que antaño sí que sucedía. Total, que tanta tranquilidad y tanto gustarse en el paseo diario camino a la plaza, que se me fue el santo al cielo y cuando me planté en la puerta para acceder al tendido, me encontré con la negativa del portero, pues el primer toro ya había salido. "Una pena. En fin, me entretendré echándole un ojo al programa". Y como me sobró tiempo antes de que el portero le diera visto bueno a mi acceso, me entretuve en contemplar las musarañas, llegando en estas a percatarme del urgentísimo brochazo que les hace falta a los pasillos de la plaza, así como el cambio de suelos, de rodapiés y arreglo de todas las humedades. Que ya podrían haberse preocupado más de estos menesteres que de cambiarle el hato de manera irrisoria al chulo de toriles. Pero aquí lo dicho: se desgobierna. 

Así pues pasé al tendido mientras se arrastraba al primer toro, y no se me pasó por alto que este presentaba unas hechuras como para haber llevado ante el Defensor del Menor a quien se le ocurrió traerlo a Madrid para ser lidiado, por no hablar de los pitones del animalico, que lucían mas redondeados que el morro de un avión. "¿Será cosa de que abría cartel el Bombero-Torero y sus enanitos toreros?", me dio por pensar... Hasta me percaté de que, desde el tercio, saludaba una ovación un señor que lucía elegantes zahones, botas de montar y chaquetilla de corto color ocre, y se me apareció la realidad de la misma manera que Jesucristo a sus apóstoles. También pensábamos que, terminado este primer acto, iba a aparecerse en la plaza la seriedad, o al menos toda la seriedad que fuera posible dentro de que fue don Julián quien apareció por la tronera del burladero portando su gigante capote en las manos, junto a un torete de Cuvillo inválido perdido y aún más tontorrón si cabe, pues iba y venía sin maldad alguna y tragándose los cien mil muletazos que el matador le pegó. Don Julián le hizo su faena, a su manera siempre, sin apreturas, sin cargar la suerte, sin torear con la muleta plana. Y para rematar, el famoso julipié. Sí, la faena clásica de Don Julián, pero con un toque más, digamos, "artístico", pues tiene últimamente este torero la costumbre de ponerse con la figura más erguida y hacer las cosas más relajadas. ¿Se habrá cansado de retorcerse también? Si es por eso sería lógico, no podía ser bueno para las lumabres esas formas tan julianescas de destorear. La faena de Don Julián, en otra plaza, seguramente hubiera sido premiada con las orejas, el rabo, la pata, los entresijos y hasta la asadura. Eso, en el hipotético caso de que el virus de la indultitis no se hubiera propagado por los tendidos. Pero en Madrid, todas esas cosas se toman a mal, y el premio para el matador quedó en tímidas palmas al ser arrastrado el toro.

El tercer cuvi hizo aparecer en el ruedo algunas cosas que no son muy acostumbradas a ver en este hierro, tales como la incertidumbre, las dificultades y la exigencia. La casta, quizás, tuvo algo que ver. Y efectivamente hubo casta por parte de este toro, y como es lógico las dificultades aparecieron con ella. Ya desde su salida mostró sus cartas, pues el toro hizo cosas raras y el matador mandó a su peón pararlo, detalle desgracidamente ya perdido y que a lo mejor sería bueno utilizar con mayor frecuencia. Al toro le arrearon en varas y aun así no se vino abajo en ningún momento, puso las cosas difíciles a los banderilleros en el segundo tercio e hizo hilo hasta el final hasta el punto de pegarle al Pirri una cornada cuando ya estaba metido en el burladero. Urdiales no por ello se amedentró. Más bien al contrario, pues ya ha demostrado infinidad de veces que es un torero muy fino pero puede imponerse a la casta y torearla. Después de unos pases de tanteo, comenzó a darle fiesta al toro sobre la mano derecha, con una primera serie en la que ya dejó entrever sus muy puras maneras, pero resultando algo aceleradas. Con la segunda serie de derechazos comenzó la emoción en los tendidos, pues el toro empujaba con picante y emoción, y Urdiales fue capaz de templarlo, hilarlo en la muleta y llevarlo muy sometido hacia atrás con exquisito mando. Siguió sobre la mano derecha una serie más, no sin dejar de hacer el toreo, y se la echó a la izquierda. Le costó a Urdiales hacer entrar al toro por este pitón, pero finalmente consiguió pegarle algunos naturales con muchísima verdad. Poco más allá se extendió la faena, duró lo necesario y, tras cambiar la espada, Urdiales quiso cerrar la faena toreando por naturales de frente, quizás con más intención que acierto, aunque alguno sacó con mucho estilo, cerrando con detalles añejos que fueron de cartel. Lástima que la estocada hiciera guardia, pues perdió lo que a buen seguro hubiera sido una oreja de ley. Faena cargada de clasicismo, poderío, sabor añejo y muy finas maneras, y ante un toro de Cuvillo que tuvo mucha importancia.

Fue al arrastre de este tercero cuando la vejiga me dio un serio aviso de que necesitaba espacio libre, por lo que tuve que hacerle caso y abandonar mi querido abono para visitar los lavabos. Y ciertamente, no sé si porque la faena de Urdiales me dejó más embelesado de la cuenta, o porque en esta tarde me he tomado la libertad de hacer las cosas con muuuuuucha calma, o vaya usté a saber por qué, pero cuando quise regresar al tendido me encontré con una nueva negativa del señor de la puerta, y me quedé con las... ¿Ganas? de ver la lidia del cuarto. Cuando entré volví a percatarme de un nuevo ejemplar que, siendo arrastrado por los mulilleros, mostraba con claridad otros dos pitones muy redonditos, y hechuras que le hubieran dado más trabajo todavía al Defensor del Menor. Y también, al mismo señor de antes con los zahones y la chaquetilla de corto color ocre paseando por el redondel con una oreja.

Vuelve la lidia a pie con el 5° y Don Julián ante él. Fue este cuvi un animal al que le dosificaron mucho el castigo y que tampoco hizo gran cosa bajo el peto. Empujó mucho mejor cuando el banderillero le echaba el capote abajo, y el caso que en el segundo tercio el animal dejó claras sus intenciones: que se iba a dejar torear a placer. Y así fue, pues seguía la muleta con una nobleza exquisita y no se cansaba de seguirla hasta donde Don Julián le llevaba, o sea hacia fuera siempre. De la faena de este señor, ¿qué decir? Bueno, para empezar, que fue muy jaleada a la par que protestada por quienes no tragan con ciertas cosas. Don Julián no dejó de ser él mismo en ningún momento, con sus trallazos hacia fuera, su tan archiconocido uso del pico, sin cargar la suerte ni por accidente y tantas esas cosas tan julianescas que tanto mosquean en Madrid. Y de nuevo, el uso del infame julipié, aunque esta vez hubo de repetirlo en reiteradas ocasiones, pues dio varios pinchazos.

El 6° fue un inválido al cual le mostraron el pañuelo nada más ser comenzado el segundo tercio, siendo sustituido por un sobrero marcado a fuego con el 4 de La Reina. No fue lo que se dice bravo en varas, pues huyó despavoridamente las dos veces que entró, ni tampoco se le picó en exceso. El toro llegó a la muleta con movilidad, pero derrochando muy mal estilo embistiendo. A Urdiales le costó mucho meterse con el toro, no logró ponerse esta vez tan de verdad como acostumbra y tuvo tendencia a mostrarae más perfilero y llevando al toro fuera, sobre todo en los primeros compases de faena. Tampoco estuvo centrada la concurrencia, pues al mal estilo del toro se le unió una trifulca en los tendidos, vaya usted a saber por qué (el gintónic parece ser que tuvo la culpa, como siempre en estos casos), y Urdiales se vio solo ante el toro y sin ningún ojo puesto en él. Pero poco a poco fue discurriendo la faena y Urdiales fue centrándose cada vez más, acoplándose a la situación de manera progresiva, plantando las zapatillas en unos terrenos más comprometidos, y tirando del toro hacia atrás. Lo logró y consiguió sacar naturales muy de verdad, pero la embestida del toro ya carecía de emoción y sí derrochaba sosería. Finalizó el trasteo con una estocada de muy buena ejecución pero que cayó desprendida.

Fue una tarde en la que Don Julián fue eso, Don Julián; y en la que Urdiales volvió a dejar muy claro que lo que él tiene en la cabeza es el toreo verdadero. Y también fue una tarde en la que la Extraordinaria de Beneficencia fue de todo menos eso: extraordinaria y benéfica.