lunes, 8 de octubre de 2018

SEXTA DE OTOÑO: UNA TARDE QUE HACE AFICIÓN

Lo vivido en Las Ventas en la tarde de hoy, 7 de octubre de 2018, es de esos acontecimientos que se le quedan grabados con fuerza en el alma a todo aquel que se preste a ser aficionado a esta bendita Fiesta. ¡¡Qué gran tarde de toros y de toreros esta última corrida de la feria de Otoño!! Desde que los toreros aparecieron en el ruedo liados en el capote de paseo y hasta que se llevaron a Diego Urdiales en volandas camino de la gloria, no sin antes despedir a Octavio Chacón con una atronadora ovación que solo los grandes toreros se ganan el derecho a escuchar, el festejo se desarrolló en un ambiente de fervor, pasión, emoción y profunda evocación a la grandeza de la tauromaquia. Una tarde de las que  le enciende la llama de la afición al que por primera vez viene, se la refuerza al aficionado y, además, le reconcilia a este con una Fiesta tan degenerada y venida a menos en los últimos tiempos. Y, por si fuera poco (y que me disculpen los aludidos, pero tal cosa es señal inequívoca de que ha sucedido algo grande) una tarde en las que los vendedores de pipas se plantean cerrar el negocio. Al grano:

Una buena corrida de Fuente Ymbro, a la cual no se le puede poner reproche alguno en cuanto a presencia, y de juego tan variado como interesante. Dentro de que no ha surgido en ellos lo que se dice bravura y poder en el primer tercio, sí han sido castigados sin reservas (a excepción del primero, el único al que le han aliviado más de la cuenta el castigo en este tercio). Y, como ya se ha dicho, saliendo cada uno a su padre y a su madre. Así, ha sido como hemos podido disfrutar de un torito noble al que le ha faltado más chispa (el primero), la alimaña (segundo), el de bandera (y qué bandera, haciendo de tercero), el encastado y exigente aunque manso (cuarto) y el marrajo que se desentendía de todo en cada muletazo (quinto). Luego estuvo el sexto, que apuntaba también a ser de nota pero se rompió la pata izquierda durante el tercio de banderillas y hubo de ser evacuado como buenamente se pudo por los berrendos de Florito; siendo sustituido por un sobrero de El Tajo, muy protestado de salida por su gatuna presencia, y que también resultó ser un regalito para todo aquel que quiera prestarse a torear a placer.

El Toreo es Grandeza, espetó con mucho acierto un gran cronista taurino hace ya años, y ahí que se plantaron en el ruedo de Las Ventas dos señores con la clara intención de refrendar tales palabras. Uno, don Diego Urdiales Hernández, de Arnedo (La Rioja), 43 años, 4 meses y 7 días de edad, y 19 años de alternativa. El segundo, don Octavio Chacón Garrido, de Prado del Rey (Cádiz), 34 años, 4 meses y 4 días de edad, y 14 años de alternativa. Cada uno a su manera, y dentro de las posibilidades que les han ofrecido sus respectivos oponentes, han certificado en el mejor escenario posible que efectivamente el toreo es grandeza cuando se alinean los astros. Uno, con tres orejas en su haber: la primera por matar con consumada maestría y dejar múltiples detalles de toreo caro en su primer turno. Las dos cortadas al cuarto, por torearlo como los mismos ángeles, sobre todo con la mano zurda. El segundo, una oreja al segundo de la tarde después de una faena de mucho aguante y poderío ante la alimaña, con el que se jugó la vida de verdad, sacando muletazos de mucho mérito por ambos pitones y sufriendo varios arreones y hasta un achuchón que pudo tener consecuencias peores. Y además, una digna actuación ante el morucho quinto, mansazo de órdago sin casta alguna y que se desentendía de todo. Con él, hizo lo que buenamente pudo y cometió quizás el pecado de porfiar más de lo necesario. Y ya no es solo eso, pues también está el hecho de tomarse la lidia en su más amplio y estricto sentido de la palabra. ¿Cuánto tiempo hacía que un torero se apostara junto al picador con la intención de evitar que el toro entrara al peto sin ser puesto en suerte? Quizás, el último en tales menesteres fuera uno de Alicante al que no es necesario nombrar, y que también certificó con letras de oro que el Toreo es Grandeza.

Diego Urdiales tuvo grandes intenciones de realizar buen toreo con el capote al recibir al primero, llegando a dar alguna verónica de buena factura. La faena de muleta en verdad estuvo plagada de altibajos, en gran parte por las molestias ocasionadas por el viento y las cuales le tuvieron poco confiado. Algún muletazo de mano baja y corriendo muy bien la mano surgió durante el nudo de la faena, llegando lo mejor al final, para preparar al toro con miras a la suerte suprema: tres naturales pegados de frente y algunas filigranas de sabor añejo. La gran estocada hizo el resto y la oreja cayó. El cuarto fue un toro con fondo que exigía poderío y una muleta mandona. En el tercio del 5 y el 6 comenzó el torero con la mano derecha, metiendo poco a poco al toro en el canasto y llegando a mandar sobre él. Después de dos series con la derecha, se echó la muleta a la zurda, y ahí llegó el suceso culmen: una serie de naturales en las que resucitó el toreo eterno, el de verdad, el que se ejecuta dando el pecho y echando la pierna alante, templando la embestida y llevándola en redondo con largura. La plaza en pie y ese runrún típico de Madrid cuando algo gordo va a suceder, presente. Y algo gordo sucedió o, mejor dicho, siguió sucendiendo: otra serie de naturales de similar pureza y clasicismo, y que terminaron de convertir Las Ventas en un manicomio. Había sucedido, por fin había sucedido. Por fin Diego Urdiales, uno de los niños bonitos que esta plaza ha tenido en los últimos años, daba lo mejor de sí ante una afición que siempre le ha esperado y ha creído en él. Estaba hecha la faena, pero Urdiales quería más y cambió de mano para dejar otra serie con la derecha que bajó en cierta medida el listón, pero que aún así siguió dejando esparcida por el ruedo la verdad del toreo. Y a por la espada, la cual, no sin antes dibujar otra locura con la mano izquierda, cayó en el rincón de Ordóñez y ejecutándose la suerte con la misma pureza que atesora su toreo. Y dos orejas, y gritos de ¡¡torero torero!!, y una apoteósica vuelta al ruedo, y otra más que la afición le pidió que diera porque le supo a poco la primera. ¿Cuánto tiempo hacía que no se pedía a un torero que diera dos vueltas al ruedo? El último caso de esta magnitud, si a un servidor no le falla la memoria, ocurrió un 18 de mayo del año 2005, en plena feria de San Isidro, cuando otro de los grandes de la historia del toreo y niño consentido de Madrid pinchó uno de sus faenones y la afición, como loca, le invitó a tal honor. No podía ser otro que Manuel Jesús Cid Salas, el de Salteras (Sevilla).

No, no se me olvida que también actuó David Mora. La cara opuesta de la moneda, encargado de hacer presente en esta tarde la bronca, el desencanto, la incapacidad y la apatía. De nuevo un toro de lío, un gran toro con mayúsculas, le cupo en suerte en el sorteo de las 12, pidiéndosele por parte de la concurrencia la vuelta al ruedo en el arrastre y que el presidente tuvo a bien de desoír, pues aun siendo un gran toro en la muleta, el animal se dejó pegar sin más dos varas, no haciendo en este tercio demasiados méritos para ganarse el pañuelo azul. Y de nuevo, un toro de lío, un gran toro con mayúsculas, se le fue con las orejas puestas después de un trasteo en el que sacó a relucir su insufrible repertorio de ventajas, destoreo, trallazos y vulgaridad. Y además, matando de un horripilante sartenazo. No mejoraron su actitud ni su técnica ante el dulce sobrero de El Tajo, con el cual volvió a estar muy por debajo, cabreándose el personal considerablemente. Quizás, debiera David Mora pensarse muchas cosas en cuanto a su futuro, pues hace tiempo que ni está ni se le espera.

Las emociones de la tarde terminaron con los capitalistas sacando en hombros a Diego Urdiales por la puerta grande, y la afición despidiendo con una atronadora ovación a Octavio Chacón y una no menos sonora bronca a David Mora. Una tarde de toros que puso a todos de acuerdo. Una tarde que al aficionado le reconcilia de alguna manera con su vejada y maltratada Fiesta. Una GRAN TARDE DE TOROS.

sábado, 6 de octubre de 2018

CUARTA DE OTOÑO: PETARDO DE ÉPOCA

Petardo. De considerable tamaño y tan sonoro como una mascletá valenciana. No hay excusas que valgan, el ganadero Adolfo Martín ha vuelto a las andadas. A las andadas suyas particulares, esas que lleva protagonizando desde hace años lidiando auténticos saldos ganaderos en esta plaza, y con los cuales no ha hecho sino perder el gran respeto que la afición de Madrid tenía por esta vacada. No ha habido por dónde coger a la corrida de Adolfo, descastada hasta la saciedad, sin poder y sin transmitir ni una gota de emoción. Y ante todo, en líneas generales, muy mal presentada. Bien Adolfo, rotundamente cunvre que dicen los taurinejos, si lo que pretendía era hacerse una buena limpia de cercados de cara al inminente final de temporada. Sin duda, en ello habría que darle la enhorabuena. Lo malo es que eso, por lo menos al que paga (que es mayoría aquí) le repampinfla sobremanera ese punto. E incluso le cabrea bastante si el escenario elegido para tal cosa es la mismísima plaza de Madrid. Y esa ha sido la sensación del personal cuanto más transcurrían los minutos de esta tediosa tarde de ¿toros? y de ¿toreros?: pitos, abucheos, protestas y malas caras al final de la corrida. Y no sin razón.

Pero no solo ha sido Adolfo Martín el protagonista de semejante petardazo. Los espadas, véanse Alejandro Talavante, Álvaro Lorenzo y Luis David Adame, como si se hubieran puesto de acuerdo junto con el ganadero para repartirse a partes iguales el aluvión de críticas, también han contribuido a la causa. Alejandro Talavante ha acabado su segunda comparecencia en esta feria de la peor manera posible: dando una paupérrima imagen de "lidiador" incapaz y medroso que no sabe ni hacer ni ver más allá del borreguito inválido y colaborador al que tan acostumbrado está. Y es que el lote del que Talavante se ha hecho cargo esta tarde no era para ponerse a pegar naturales y derechazos a placer, como sí suelen permitir los productos de sus torifactorías preferidas. Pareció que venía a por todas Tala cuando se fue a recibir a portagayola al primero de la tarde, pero pronto se torció la cosa cuando, una vez ya en pie, intentó meter al toro en el capote y este se le quedaba corto y le tiraba gañafones. Incspsz de tirar el capote abajo e intentar alargar el viaje del toro, no quiso saber nada el matador, y se retiró a la otra punta de la plaza, delegando a la cuadrilla la lidia. Un puyazo de parte del picador que guardaba puerta y sin que nadie fuera capaz de evitarlo, más otros dos fortísimos en contraquerencia y metiendo bien la vara el picador. Tales sucesos hacían prever que Talavante no iba a querer ni verlo en el tercio de muerte. Y así fue. Empezó la faena doblándose en terrenos de adentro y tocándole los costados al toro, pero con ínfima convicción y aún menos confianza. No más allá del tercio cogió la muleta con la mano diestra para empezar pegando pases tomando excesivas precauciones y sin asentarse ni una sola vez con un toro descastado que no se desplazaba y se paraba en mitad del muletazo, pero que tampoco es que fuera una alimaña. Cambió Talavante a la zurda y siguió dando algunos trapazos con la misma convicción y apatía. Y después de esto, se fue a por la espada Talavante. El cuarto no mejoró el comportamiento de su hermano lidiado en primer lugar, se le apretó muy de más en varas y otra vez Talavante le espantó las moscas con muy malas formas,  y se lo quitó de enmedio mássin dilación. Mal lote el de Alejandro Talavante, pero aún peor su apática actitud durante toda la tarde. ¿Querría quizás un torete a modo para sentirse y disfrutar una barbaridad? Desde luego, como todos los aue se visten de torero hoy día. Pero pasa que no todo en la tauromaquia es pegar derechazos y naturales, y al parecer eso lo desconoce la mayoría quienes hoy se visten de torero.

Álvaro Lorenzo tampoco estuvo lo que se dice fino. Dejó crudo en varas al segundo y el caso es que el toro se vino arriba en cierta manera, propiciando un puñado de embestidas nobilísimas y suavonas para hacer más que de sobra eso que tanto se ansía y que parece ser el único fundamento de la Lidia: pegar naturales y derechazos. Por suerte, ese gran torero que es Sergio Aguilar, que pasaba por allí, no debió de pensar lo mismo, y le sopló a este toro dos enormes pares de banderillas por los que hubo de desmonterarse. De vuelta a la realidad después de semejante momento cargado de torería, el mejor de la tarde por cierto, cogió Álvaro Lorenzo la muleta. Pases, muchos desde luego que pegó. Otra cosa es que toreara. Empezó con la derecha Álvaro Lorenzo pegando medios pases y rectificando muchos pasos entre muletazo y muletazo, dejando en evidencia tal cosa su pésima colocación a la hora de citar. Cambiada la muleta a la zurda, pareció Lorenzo que se esmeró algo más en correr la mano con mayor largura y aseo, pero nuevamente mal colocado. Pareció por un momento que todo se venía arriba, pero tan solo fue un simple espejismo, pues de nuevo se atascó Lorenzo en medios pases despegados y tomando las debidas precauciones del pico y la pierna atrás. Total, que la faena a tan pastueño y manejable ejemplar quedó en un espeso manojo de vulgaridad y toreo moderno que, por si fuera poco, fue rematado malamente con la espada y el descabello. Con la salida del quinto se armó un escándalo mayúsculo, pues muchos nos preguntamos cómo podía tener ese ganadero la desvergüenza de mandar semejante bichillo nada menos que a Madrid, y peor fue aún cuando la presidencia, se quiere creer que por un lamentable fallo cromático, sacó el pañuelo blanco justo después de que la sardina saliera de tomar el primer picotazo. Acto seguido, y sin que a muchos nos diera tiempo a reaccionar mientras andábamos sumidos en la duda de si habíamos contado bien las entradas al caballo, asomó por el balconcillo del palco presidencial el pañuelo verde que anunciaba inequívocamente la evacuación del tetrapléjico a corrales para ser apuntillado. Al de Adolfo le sustituyó un sobrero del Conde de Mayalde que, de haber estado dotado de más poder y pies, hubiera sido de escándalo. Siempre que Lorenzo hacía amago de bajarle la mano, el toro se derrumbaba sobre la arena como si de un castillo de naipes se tratara, cosa que eclipsó casi por completo su nobilísima y empalagosa embestida. El matador estuvo mucho rato ahí delante pasando de muleta por ambas manos al toro, siempre a media altura para que el animal no acabara rebozado en el albero como una croqueta. Mediocre y vulgar fue el conato de faena de Lorenzo, dando posteriormente un lamentable mitin, otro más, con el descabello.

La terna que para este día el azar del bombo compuso estuvo rematada por el mediano de la insufrible saga Adame, Luis David, quien dispuso en tercer lugar de un torete de Adolfo Martín que fue un auténtico mulo y con el cual estuvo más tiempo del que hubiera hecho falta pegando pases sin fundamento alguno e intentando imponer el toreo 2.0, lo cual no tuvo éxito. Mató para colmo de un sartenazo en todo el número, además de otra estocada caída. Buen corte tuvieron las verónicas con rodilla en tierra que le recetó de salida al que cerró plaza, el único toro de Adolfo cuya fachada sí le hacía honor a la línea del Marqués de Albaserrada, ganándole siempre terreno y moviendo bien los brazos, rematado todo ello con una serpentina que acabó con el toro arrebatándole el capote de un gañafón. Pareció querer el toro en la primera vara, pero quedó todo en un espejismo cuando en la segunda se dejó pegar y y se repuchó. Ya con la muleta, Adame mediano de nuevo intentó interponer, sin el menor atisbo de éxito, su modernista estilo a un toro que a medida que avanzaba la faena se desplazaba menos y se paraba a mitad del muletazo. El personal para entonces ya andaba hastiado de tanta estafa y pidió la hora al matador, para quien no fue impedimento tal cosa y de nuevo alargó su quehacer mucho más de lo necesario. Y de nuevo, mal uso de los aceros.

Con estos mimbres, no cabe duda de que la afición de Madrid merece que el hierro de Adolfo Martín esté sin ser anunciado en esta plaza durante una temporadita. Ni siquiera el notable Chaparrito lidiado en San Isidro hace pensar otra cosa, pues como se dice por ahí, con un solo dedo no se puede tapar el Sol. Pero no importa, en la temporsda 2019 de nuevo habrá corrida de Adolfo en San Isidro, y corrida de Adolfo en Otoño. Y lo peor, es que seguirán vendiendo estas corridas como del gusto de la afición de Madrid. Como si la afición de Madrid se hubiera caído de un guindo.


domingo, 30 de septiembre de 2018

TERCERA DE OTOÑO: LO QUE EL GINC-TÓNIC SE LLEVÓ

Qué tiempos más esplendorosos aquellos en los que la plaza de Madrid era una plaza tan rigurosa y seria como justa, que calibraba todo cuanto acontecía en el ruedo con una admirable afición y sabiduría taurómaca, que recompensaba a los toreros cuando así lo merecían de verdad y estaban a la altura; y abroncaban sin tapujos cuando era menester. Eso fue la plaza de Madrid un día que parece ya lejano, casi como si hubiera sido un sueño y no una realidad. ¡¡Madrid hecha harapos!! Hecha harapos, tal y como suena, a consecuencia de que los veteranos aficionados desertasen del duro granito, hartos ya de contemplar día sí y día también cómo esa tauromaquia que un día conocieron radicalmente distinta a esto de hoy en día, decaiga en seriedad, rigor y artísticamente. Y esos aficionados fueron sustituidos por una masa de público enfervorizado y hambriento de triunfalismo cayera quien cayera, incluyendo la seriedad de Madrid. Para los toreros, un chollazo esta situación. ¡¡Toma, como para no!! La siempre temida y rigurosa afición de Madrid, cambiada de buenas a primeras por un público dado a la gresca triunfalista, que aplaude todo y disculpa prácticamente cualquier desmán. Así, cualquiera. Muchos han sido los que han conseguido triunfar en Madrid sin conseguir siquiera una actuación que pasara de correcta. valiéndose para ello de tan amable situación, y en este tercer festejo de Otoño ha habido un nuevo caso: el de Emilio de Justo, quien cortando una oreja a cada uno de sus oponentes, dos buenos ejemplares de La Ventana del Puerto y del Puerto de San Lorenzo, respectivamente, no ha realizado lo que se dice dos faenas de muleta que fueran medianamente aceptables para tales honores. Vino Emilio de Justo a Madrid esta tarde con los puntos frescos aún de una reciente cornada, y con una herida aún más dolorosa en el alma que solo puede ser causada por la pérdida de un padre en fechas recientes, por lo que tuvo que saludar una ovación desde el tercio tras romperse el paseíllo que comenzó a escucharse desde el sector de los talibanes, que se les dice por ahí, y que fue después secundada por la masa, desconcertada en su mayoría ante tal acontecimiento. Salió el de negro, y Emilio de Justo dejó un fino y garboso quite por chicuelinas al primero, al cual recetó posteriormente una faena en la que nunca llegó a acoplarse a las buenas embestidas del burel, pecando de los cites fuera de cacho y los trallazos metiendo mucho el pico. Eso, cuando la muleta no resultaba enganchada, que también ocurrió con cierta frecuencia a lo largo de la faena. Nunca llegó a coger verdadero relieve el quehacer de Emilio de Justo, pero una buena estocada para pasaportar al toro a la industria cárnica, precipitó unos pocos pañuelos que fueron entendidos por la Presidencia como mayoría para serle otorgada una oreja. Media puerta grande abierta a la salida del cuarto, un toro que peleó en varas metiendo los riñones y con la cara abajo, pero terminó saliendo suelto de la segunda vara y a partir de aquí, no dejó de mansear. Manso, pero con muchísimo que torear el animal. Emilio de Justo no estuvo a la altura de esa magnífica condición, volviendo de nuevo a pecar de la falta de colocación y de temple para que los muletazos surgieran limpios y mandones. ¿Cuántos enganchones sufrió a lo largo de la faena? Servidor perdió la cuenta en la segunda serie de muletazos. No se puede negar que sea este un torero que derroche cierta plasticidad y su finura entre fácil por los ojos, pero de ahí a torear de verdad hay un mundo. Una nueva estocada de buena ejecución y colocación, sumada a la sed de triunfalismo de la masa (hay presentes en el tendido con más ganas de sacar en hombros a un torero que el propio interesado) precipitaron otros cuantos pañuelos que, sin ser clara mayoría otra vez, propiciaron un nuevo despojo y la posterior salida en hombros. En Madrid siempre se han premiado las buenas estocadas, se dice. Cierto, pero lo que no se dice tanto es que el premio llegaba cuando se estaba correcto ante un toro complicado, no después de dejarse ir dos toros tras sendas faenas aceleradas y de nula pulcritud. ¿Cuántas puertas grandes en Madrid tendrían, por aquella regla de tres, toreros como El Fundi o Uceda Leal? Un porrón cada uno. Y sin embargo...

La corrida, más allá de esos dos buenos toros que salieron en primer y cuarto lugar, ha mantenido interés y se han llegado a lidiar ejemplares con mucho que torear. El lote de Román ha tenido complicaciones pero no por ello se han tratado de dos toros que no tuviera ni uno. El segundo de la tarde cobró de lo lindo en la primera vara, peleando con celo en este encuentro, y siéndole prácticamente simulada la segunda vara. Por ello, llegó al tercio de muleta descompuesto y visiblemente mermado, pero dejando evidentes signos de que con un castigo mejor administrado hubiera sido un toro de bandera. Y aun con esas el animalito ofreció una serie de arrancadas que, por si hace falta decirlo, fueron desaprovechadas. Román dibujó muchísimos muletazos sin ser capaz de llevar al toro sometido, siempre dentro de su basto estilo. Valiente y decidido, como siempre, pero sin poderle al toro nunca. Se llevó además una voltereta y, viendo el percal que se ha apoderado de los tendidos de esta plaza, sólo cabe deducir que si el premio no llegó fue por la estocada trasera y que hizo guardia. Tampoco se entendió con el manso quinto, al cual se empeñó tercamente en plantar cara en los medios cuando el toro claramente solo quería los terrenos de adentro. El resultado fue un toro que salía suelto de cada muletazo, pero que acudía con mucha nobleza y franqueza a cada cite. Y entre tanto, Román solo pegaba trallazos al aire sin ningún orden ni fundamento.

Ginés Marín fue evacuado a la enfermería rápidamente con una fea herida en la cara que le propinó el sexto en los prolegómenos de la faena de muleta. El toro fue estoqueado rápidamente y sin miramientos por Emilio de Justo. En su primer turno y ante un tercer toro de la Ventana del Puerto de noble y dulce condición, pudo haberse llevado premio si no llega a ser por su fallo en la suerte suprema. De Ginés Marín es consabido que tiene un corte de toreo exquisito, más tirando hacia los cánones clásicos que hacia la dichosa Tauromaquia 2.0. Esta tarde y ante ese tercer toro de La Ventana del Puerto, esas fragancias de buen toreo han salido a la palestra en forma de pequeñas dosis, pero sin llegar a alcanzar la rotundidad necesaria para triunfar clamorosamente, como merecía el toro. Bien colocado siempre Ginés y ofreciendo la muleta ortodoxamente, se le ha apreciado acelerado y dando, en su mayoría, medios pases. Detallitos en forma de pases de pecho de categoría y algunos trincherazos que los mejores pintores de toros ya querrían dejar plasmados. Pero en el toreo fundamental, le ha faltado a Ginés Marín correr la mano con mayor largura, profundidad y temple.

Los del Puerto de San Lorenzo han salido con la mansedumbre propia de su estirpe, así como con la importancia y el interés que también les es propio cuando las cosas les funcionan. Hoy, les funcionó, y el caso es que este ha sido un denominador común a lo largo de esta temporada 2018. Enhorabuena pues a los ganaderos por tan notable camada.

SEGUNDA DE OTOÑO: TRENES QUE SE DEJAN PASAR Y NO VUELVEN

Hay momentos, a lo largo de la vida, en los cuales se presentan oportunidades de oro para encauzar el futuro de manera brillante, y que este venga de cara para labrarse un buen porvenir. Lo que en el argot de la calle se ha denominado desde siempre trenes que pasan y que hay que tomar como sea. Malo es cuando a quien se le presenta lo deja escapar, ya sea por incapacidad para tomarlo, o porque aún no se está lo suficientemente preparado para tales menesteres, porque no hay actitud, o por mil historias más.

Un tren importante, de nombre Fuente Ymbro y con forma de novillada, ha pasado hoy durante la segunda de Otoño, festejo correspondiente a la novillada que compone el ciclo. Y la verdad es que, ya sea por unos motivos o por otros, quienes debían de haberse aprovechado de la oportunidad no han terminado de hacerlo del todo, en algunos casos; o directamente no lo han hecho de ninguna de las maneras posiblesy han acabado despidiendo semejante tren casi entre lágrimas y agitando un pañuelo mirando al horizonte, hacia donde el tren se dirigía con paso firme y sin mirar atrás.

No es que la novillada de Fuente Ymbro lidiada en este segundo festejo de la feria de Otoño haya sido de lo mejor que hayamos visto. Su denominador común ha sido la mansedumbre, la falta de codicia peleando en el caballo y el poco castigo que ha necesitado de parte de los picadores. Pero, exceptuando al flojito primero, quien a duras penas se mantenía en pie y mejor era no dejar de llevarlo a media altura, lo cierto es que la novillada ha conseguido venirse arriba en el tercio de muleta y ha sido capaz, unos más unos menos, de colaborar excelsamente con los coletas en su intento de triunfar en esta tarde. Un tren que llevaba directo y sin escalas a la cima del toreo, y que se ha ido como llegó al andén: sin pasajeros. Esos pasajeros podían haber sido Juanito, Pablo Mora y Francisco de Manuel, pero como ya se ha dicho más arriba, no han terminado de valerse de ello. 

Juanito se ha pasado mucho tiempo delante del flojucho y soso primero tirando líneas y mostrando ese destoreo vulgar con el que ahora le aseguran a uno que torea mejor que nunca, copiado y recopiado hasta la saciedad de los figurines de esta época que tanto cansan y aburren. En realidad, tampoco ha sido diferente lo realizado al cuarto novillo de la tarde, dotado de más gracia y chispa que su otro hermano de lote. Faena calcada a la anterior, de pases despegados y hacia fuera, figura retorcida y pierna atrás. Aburrida y vulgar cuanto menos la actuación de este novillero, que dejó escapar una oportunidad de oro.

Pablo Mora no dejó escapar un tren, no. Dejó dos. Segundo y quinto, dos novillos de comportamiento importante y que hasta hacen aparecer, no a gran escala pero sí de alguna manera u otra, la palabra CASTA. No es raro en Fuente Ymbro tal cosa, como tampoco lo es que esto sea fruto del prácticamente inexistente castigo en el primer tercio. El medio toro que se dice por ahí. Casta tuvo el segundo de la tarde, que embistió con mucho brío y poder comiéndose la muleta y descolgando la cara cuando se le bajaba el trapito rojo. El novillero las pasó finas ahí delante, sin ser capaz en ningún momento de imponer su orden y su mando al novillo, el cual estuvo en todo momento muy por encima y terminando por ganarle la partida a un incapaz y poco asentado Pablo Mora. Tuvo ocasión de desquitarse de este penoso envite ante el dulzón y nobilísimo novillo que saltó al ruedo en quinto lugar. Un cortijo con patas y cuernos, sobre todo por el lado derecho, fue este quinto novillo ante el que Mora volvió a naufragar estrepitosamente en una faena de tintes 2.0 consistentes en cites perfileros y fuera de sitio, trallazos marcando una línea recta, abuso del pico, recorte de distancias y hasta los tan vistos y repetitivos circulares. Dos novillos ideales para marcharse de Madrid en alza, y tren desaprovechado. Otro igual pocos tienen. 

Francisco de Manuel tiene metido en la cabeza una forma de torear la cual, por desgracia, muy poquitos son capaces siquiera de intentar llevarla a cabo. Este novillero sí gusta de ponerse en el sitio y correr la mano suavemente trazando con la muleta un semicírculo en la arena, sin exagerados agarrotamientos del cuerpo ni retorcimientos que hacen daño a la vista. En definitiva, Francisco de Manuel sabe lo que es torear de verdad, con la pureza y el clasicismo que prácticamente ha quedado en el olvido, como una serie de viejos libros apilados en una estantería empolvada y llena de telarañas. Francisco de Manuel lo tiene, pero aún está verde y solo consigue sacarlo en pequeñas dosis. Muy toreable y con orejas que cortar el tercero, con el que Francisco ha estado bien, comenzando la faena sacando al animal hacia fuera con torerísimos doblones, para continuar con series de muletazos en los que ha dado algunos buenos muletazos mandones y de trazo clásico, intercalados con otros en los que se veía superado por su oponente, sin mando ni temple alguno. Pudo haber cortado una oreja si no llega a pinchar antes de dejar una estocada entera, pero el novillo era de dos orejas y mereció mucho más. Francisco de Manuel dejó pasar su tren en este turno, pero tiene el aliciente de que su crédito para disponer de más viajes en otros trenes es alto. El estilo que deja patente así lo certificará en el futuro. Para lidiarse el sexto hubieron de saltar al ruedo hasta tres ejemplares: el inválido titular de Fuente Ymbro, otro inválido más de El Cotillo que se anunciaba como primer sobrero, y por fin el segundo sobrero, de Hato Blanco. Un novillo descastado que embistió en todo momento a media altura, más casi topando que embistiendo. Su novillero, poco pudo hacer ante él.

Los trenes de Fuente Ymbro pasaron y nadie los tomó, aunque las sensaciones que dejaron sus matadores fueron dispares. El único parado a bien, a medias eso sí, Francisco de Manuel, quien estando poco maduro aún ha dejado entrever maneras que poco se ven ya. 

sábado, 29 de septiembre de 2018

PRIMERA DE OTOÑO: BIENVENIDOS TODOS OTRA VEZ

Comenzó la famosa y sonada feria del bombo. ¡¡Por fin!!, parecía exclamar la cuantiosa concurrencia que asistió a este primer festejo de la feria de Otoño de 2018. Ganas de toros parece que había y, aunque la plaza no se llenó al completo, sí presentó un aspecto como hacía tiempo que no se contemplaba en este foro. Concretamente, tres meses y dieciocho días. El tiempo exacto desde que finalizó la feria de San Isidro con aquella corrida que tributo a la Asociación de la Prensa, y de cuyos resultados ahora mismo ni apetece ni viene al caso acordarse. Tres meses y dieciocho días en los que, aunque algunos no se lo crean y lo tomen como broma más propia de 28 de diciembre, también ha habido toros en Madrid semanalmente, dejando para el recuerdo algunas alegrías tales como un desafío ganadero entre Valdellán y Saltillo para recordar, una novillada de Los Maños más que notable, algunos muletazos de Fernando Robleño cargados de esa verdad de la cual tuvo a bien hacer gala en sus comienzos, hace ya algunas lunas; o el toque de atención de un torero joven, Juan Ortega, en la taurinisima fecha del día 15 de agosto. Y entre medias, paja. Muchísima paja.

Y hete aquí que, tras estos largos tres meses y dieciocho días de paja en el ruedo y granito en el tendido, volvió la plaza de Madrid a presentar un buen ambiente. Sería la cosa del abono. O quizás Talavante, figura del toreo, triunfador del pasado San Isidro y torero respetado por la exigente afición de Madrid (algo tendrá el agua cuando se le bendice). O vaya usted el porqué. Primer festejo de Otoño en el que el bombo determinó una cita de Alejandro Talavante, Paco Ureña y Saúl Jiménez Fortes con los toros de Victoriano del Río, confeccionado así el azar un cartel rematado por los cuatro costados y del gusto de todos, a diferencia de los que suele confeccionar la mano del hombre feria tras feria y temporada tras temporada, monótonos y repetitivos hasta la saciedad. El destino quiso que Paco Ureña sufriera un grave percance hace días y tuviera que causar baja [#FUERZAPACOUREÑA], ante lo cual se tuvo que buscar sustituto que estuviera a la altura. El agraciado se llama Pablo Aguado, novillero puntero en su época y de Sevilla, y que se le dio la oportunidad de venir a confirmar su alternativa. Ya se dijo hace semanas, cuando se conoció el elenco de toreros que se someteríanal bombo, que de esta feria se habían quedado fuera toreros que habían hecho más méritos que algunos de los que sí estaban en la misma. Alguno de ellos, quizás, es quien hubiera debido ocupar la vacante de hoy, eso en el hipotético caso de que triunfar en Madrid siga sirviendo de algo en esto. Pero como donde hay patrón no manda marinero, se vio más pertinente contar con Pablo Aguado para esta vacante y, montera en mano y con un resplandeciente vestido blanco y oro, igual que un Niño Jesús, hizo el paseíllo esta tarde en Madrid flanqueado por Talavante y Fortes. Venía Aguado a jugarse gran parte de su futuro en esta tarde, pues poco ha toreado este año y su situación no era lo que se dice halagüeña, aunque ya se verá si esta le cambiará mucho después del despojo concedido esta tarde, visto lo visto y comentado lo comentado unas líneas más arriba sobre la utilidad de triunfar en Madrid y tal. Efectivamente, una orejita de verbena le cayó tras estoquear al sexto, de Victoriano del Río, ejemplar tan soso como descastado que iba y venía sin poner en serios aprietos al torero, quien realizó una faena pinturera y de muchas florituras, pero vacía de toreo puro, pulcritud y limpieza, así como repleta ventajismo y modos modernistas. 
Más emoción y con menos sosería embistió el manso primero, el de la confirmación. Aguado se empeñó en sacarlo a los medios oponiéndose con terquedad a las condiciones del toro, que pedía tercio, por lo cual el toro desarrolló más complicaciones que de por sí tenía. El matador no fue capaz en ningún momento de correr la mano con suavidad y mandando ante el interesante ejemplar, por lo cual la faena quedó en nada. Sí movió los brazos con más suavidad y gracia sevillana de la que hace gala a raudales (otra cosa es saber torear) cuando se picó en quites con Talavante (quién quitó por poco decorosas gaoneras)  en este primero, dejando algunos lances de bello trazo. 

El resto del festejo, de un modo u otro, apenas más historia tuvo, al menos historia buena que contar. De la otra...
Dos toros más de Victoriano del Río, además de ese primero que tuvo qué torear, ofrecieron a sus correspondientes matadores más posibilidades de las que estos estuvieron por la labor de aprovechar. Uno de ellos fue el segundo, al cual Talavante comenzó muy decidido desde los medios con la muleta en la mano zocata pegando latigazos, y sin que en series de muletazos posteriores se templara una pizca ni fuera capaz, primero, de ponerse en el sitio donde hay que ponerse; y segundo, de someter con temple y mando las nobles y dulces embestidas del animal. Mal Talavante ante este toro y aún peor ante el cuarto, y no porque se le fuera con las orejas puestas un toro de bandera. Más bien, porque consintió sin la más mínima mueca de desagrado que semejante babosa inválida permaneciera en el ruedo, con las clásicas ratonerías de capote arriba, picotacito de nada y demás. Evidentemente, ante semejante prenda, poco más que matarlo con decoro cabía hacer. Mediocre en su primera comparecencia de esta feria Talavante. 

Jiménez Fortes se llevó una espeluznante paliza consecuencia de la cual tuvo que ser evacuado a la enfermería, propinada por el sobrero del Conde de Mayalde que hizo de quinto en sustitución del tetrapléjico titular, ejemplar este sobrero que no pasará desde luego a la historia por ser derroche de casta, poder y emoción. Antes, ante el tercero de Victoriano del Río, otrora ejemplar de la tarde que ofreció provechosas embestidas de triunfo, Jiménez Fortes no consiguió cogerle el aire en ningún momento en una faena de trallazos, poca enjundia y nula convicción por su parte. Se le desea a Saúl Jiménez Fortes lo mejor en su recuperación. 



miércoles, 5 de septiembre de 2018

NO HABLEN DE " RESPETO", QUE ME ENTRA LA RISA




A veces nos creemos haberlo visto todo en esto de los toros, pero cuando uno menos se lo espera va y salta el gañán de turno con alguna de las suyas para demostrarnos que no es así, que lo peor está por llegar y que son capaces de superarse. La última de esta gente llega a través de las imágenes captadas por algunos aficionados en la plaza portátil de Navas del Rey, durante el transcurso de una novillada sin picadores. Dichas imágenes hablan por sí solas: mientras el novillero de turno realiza la faena de muleta a su correspondiente oponente, al parecer pasando algún que otro apuro, otro de los que tomaban parte en el festejo, tan a gusto en el callejón entreteniéndose con el teléfono móvil, como si estuviera en la barra del bar. Puede parecer una estupidez mayúscula, pero analizando bien la situación uno se da cuenta de que el asunto es más serio de lo que pueda parecer a simple vista. Y es que un lidiador, sea matador o banderillero, y esté o no en su correspondiente turno, siempre ha de estar atento a la plaza y presto a echar un capote cuando sea necesario. Y nunca está de más poner como ejemplos en casos así a Luis Francisco Esplá, Domingo Navarro o, caso más reciente, Octavio Chacón. Cuántas cogidas no se habrán evitado con actitudes como las de estos tres señores, sólo por citar los ejemplos más próximos.

A los taurinejos se les llena la boca, con una mezcla de orgullo y falsa indignación, con la palabra respeto. Respeto al que se juega la vida. Respeto a ese que está delante del toro. Respeto a quien se pone. Respeto... ¿Respeto? ¿Respeto de qué y a quién? ¿Qué respeto pueden pedir los que ni siquiera se respetan a sí mismos, ni mucho menos al Toro y al aficionado? ¿Acaso no es una falta de respeto mayúscula hacia la vida del compañero que se está jugando la vida andar haciendo el indio con el teléfono móvil y pasar absolutamente de todo lo que pasa alrededor? ¿Me van a decir ahora que un señor o señora que pide desde el tendido seriedad o protesta situaciones censurables, falta más al respeto que un tío vestido de luces al que se la bufa lo que pasa en el ruedo? ¿Dónde estaban en ese momento los del respeto para reprender al novillero con esa actitud?

Por desgracia, esta situación no es un hecho aislado. Se viene observando desde hace ya tiempo que en la plaza de Madrid ¡¡Ojo, la mismísima plaza de las Ventas!!, cuando el matador de turno se dispone a realizar la faena al sexto toro del festejo, las cuadrillas (salvo la que le corresponde al matador que está en ese momento ante el toro, ¡¡sólo faltaría!!) ya están con el capote de paseo doblado sobre los brazos y sujetando la montera, dispuestos a abandonar la plaza a escape. Como si tuvieran algún tipo de prisa en ello. Con actitudes así, lo único que queda en evidencia es una total dejadez por parte de algunos, más preocupados en irse de la plaza cuanto antes que en lo que en ese momento sucede en el ruedo, que no es otra cosa que un compañero ante el toro. Y vuelvo a decirlo: esto ocurre en todos y cada uno de los festejos que se celebran en Madrid. ¡¡Qué no se verá en otros lugares de menoe categoría!!

Se viene también a la cabeza otra situación acaecida durante una novillada en Pamplona, hace no muchos años. Durante la faena de muleta por parte de uno de los espadas, el siguiente lidiador a quien le correspondía turno se hallaba en el túnel de cuadrillas realizando lo que parecían ejercicios de calentamiento, demostrando importarle un carajo el cómo se desarrollaba la lidia de su compañero. Y los peseteros con carné de informador, enfocando la situación con la cámara y riéndole la gracia al chaval. Con un par.

Respeto, sí. Pero depende de con quién y para quién. Porque no es para todos igual ese rasero. Respeto, palabra que, pronunciada por el taurinejo de guardia, le afloja la risa a más de uno. Como si la conocieran y la ejercieran.

Por cierto, el del teléfono móvil se llama Manuel Casado y es novillero sin picadores.

lunes, 27 de agosto de 2018

FERIA DE OTOÑO 2018: ÉRASE UNA VEZ UN BOMBO

La feria de Otoño de 2018 ya ha dado, y seguirá dando en tiempos venideros, mucho de que hablar, más allá de cómo estén los toreros, cuántas orejas se corten y los toros buenos y malos que se lidien. Y es que la feria ya era histórica desde antes incluso de conocerse los carteles que la compondrían. El famoso bombo tiene la culpa. De la misma manera que hace algo más de un siglo se interpuso el sorteo de los toros a lidiar para acabar con los abusos de las figuras y las preferencias de los ganaderos de la época, en este 2018 aparece el bombo para determinar, suerte mediante (ya habrá tiempo más adelante para dar cabida a las teorías de los conspiracionistas con las bolas calientes) a qué ganaderías se medirán los toreros contratados para hacer el paseíllo y con qué compañeros se verán las caras. Tal medida lleva ya tiempo reclamándose con ahínco por los aficionados, cada vez más hastiados de las mismas combinaciones de siempre en las que los importantes apenas dejaban hueco en sus carteles a los toreros que venían pidiendo paso, por no hablar de las preferencias de aquellos por las tres o cuatro factorías de borregos que les permiten sentirse y, hablando en cristiano, complicarse la vida lo menos posible.

Aparece pues en este Otoño 2018 el bombo como la novedad, y como era de prever, las grandiosas figuras del toreo contemporáneo no han hecho ni amago de asomar por estos lares. Si ya de por sí llevan años sin querer saber nada de Las Ventas fuera de San Isidro, como para pedirles que aparezcan cuando ni las ganaderías ni los compañeros pueden elegir. Mejor así, porque la feria que ha quedado, aun con alguna ausencia reseñable y también alguna que otra presencia injustificada, es bastante atractiva. Y ahora, después de que esta innovación haya tenido tan buena acogida entre los aficionados, lo que hace falta realmente es que Monsieur Gafapasta le eche las agayas necesarias en la próxima feria de San Isidro para dejar que el bombo sea quien decida los carteles, y que esto no se quede en un hecho aislado. Obviamente, pensar que tal cosa tiene la más mínima probabilidad de llevarse a cabo es utópico, cualquiera le dice al Todopoderoso de Velilla o al fino y guapo Manzanares, entre otros muchos, que igual la
suerte puede depararles la de Partido de Resina, Saltillo, Miura o Baltasar Ibán, en lugar de las birrias que ellos acostumbran y con las que tan a gusto se muestran. "Metes a tu padre en el bombo, Simón", serían capaces de espetar, con la cara blanca como la cal y la barriga a punto de descomponerse, atemorizados con tan solo contemplar esa posibilidad. Y Simón, con las orejas agachadas y cabizbajo, pidiendo perdón.

Sobre las ganaderías sometidas a sorteo muy poco o nada que comentar respecto a otros años. Casi parece un copia y pega sacado de los carteles que ya por entonces confeccionaban los señores Martínez Uranga e hijo en sus tiempos. Tanto el Puerto de San Lorenzo como Adolfo Martín llevan siendo fijas en este serial unas cuantas temporadas, y prácticamente pasa lo mismo con Fuente Ymbro. No es tal el caso de la cuarta en discordia, Victoriano del Río, la cual lleva cinco años sin aparecer por Madrid en Otoño. Y la verdad es que si este año tampoco hubiera aparecido, nadie hubiera reclamado por ello lo más absoluto, dadas las dos pésimas corridas que este señor lidió en el mes de mayo. Fuente Ymbro está ahí y el caso es que es habitual en este hierro lidiarse ejemplares de interesante comportamiento, no es pues un pesar tenerla anunciada. Sobre el Puerto de San Lorenzo decir que no suele tener tanta regularidad para echar toros importantes, pero es justo reconocer que cuando los echa, son importantes de verdad. Lo malo es que para ello hay que verse antes unos cincuenta o sesenta, tranquilamente. Y de la de Adolfo Martín solo esperar que siga la senda que tomó en San Isidro, corrida en la que lidió al célebre Chaparrito, así como algún que otro ejemplar más que interesante. Esto es el Toro de Otoño.

En cuanto a los toreros, la verdad es que el plantel es atractivo y hay nombres que apetecen mucho ver, así como otros que tienen que estar sí o sí gustos aparte, alguno que otro que pinta más bien poco, y ausencias que hubieran quedado muy bien anunciar. El gordo del bombo se llama Alejandro Talavante, triunfador del pasado San Isidro y única figura del toreo que ha admitido someterse al azar del bombo, aunque algunos no podemos dejar de admitir alguna reserva hacia tal actitud de este torero. Y es que, tras una temporada en la que el mafioso y corrompido sistema taurómaco, el mismo bajo cuyo paraguas ha estado amparado Talavante prácticamente toda su carrera, ahora le da la espalda alevosamente y le margina por el simple hecho de llevarle la contraria a uno de los mayores capos que ha dado el mundo del Toro a lo largo de toda su historia: Toño Matilla. Aun siendo triunfador de San Isidro, pero esta es la triste realidad. Y ahora, después de todo, Talavante necesitaba de algo gordo de verdad para rebelarse contra su situación y buscarle las vueltas a los antitaurinos taurinejos que tantísimo daño hacen. Y al parecer, el bombo le ha supuesto una ocasión de oro para tal propósito. Con estas, se convierte Alejandro Talavante en la única figura del toreo que ha tenido un mínimo de vergüenza torera en entrar, por partida doble además, en un bombo que ninguna de las otras figurillas de mantequilla han querido ni ver. Aunque sea más por necesidad que por ganas reales de querer tener un gesto. Y también seguramente, y mediosalvando Adolfo Martín (solo mediosalvando, ya que en las últimas dos o tres temporadas algunas figuras se han apuntado a ella) porque en el bombo tampoco han entrado hierros de los cuales las figuras rehúyan especialmente. ¿Y si en vez de Victoriano del Río y Fuente Ymbro hubieran estado, sin ir más lejos, Palha, Baltasar Ibán, Saltillo, Escolar o Cuadri, sólo por citar algunos ejemplos? Siempre quedará esa duda. En cualquier caso, se espera y desea que Talavante pegue un fuerte golpe sobre la mesa y este sea el primer paso para desarticular de una vez por todas el cártel taurómaco que se está cargando la Fiesta a pasos cada vez más agigantados. Actitud para ello tiene, parece ser. Y maneras en el ruedo, pues también.

Hablando de marginados por el cártel, también ha entrado en el bombo, para celebración de muchos aficionados, el señor Diego Urdiales. En su tercera corrida de la temporada, no se le ocurre otra cosa mejor que armar el taco y cortar tres en Bilbao, toreando además como tan pocos torean hoy en día. Y lo dicho, era su tercera corrida esta temporada, lo que demuestra, una vez más, que esto está montado por una organización de sucios entramados. Si la evidente irregularidad que arrastra este torerazo se lo permite y arma otro taco en Madrid para Otoño, el puñetazo que le iba a pegar en toda la cara a unos pocos sería de órdago.

Interesante es también la comparecencia de Saúl Jiménez Fortes, un torero que está demostrando paulatinamente ir a más en su concepto al apostar por la línea pura. No menos lo será ver a Octavio Chacón después de su revelación en San Isidro, y por supuesto a Paco Ureña también se le espera con gran expectación.

Entra en el bombo también un torero del que se esperan grandes cosas como lo es Ginés Marín, y que necesita de que pase algo grande en un lugar de la importancia de Madrid después de su poco afortunado paso por esta plaza en San Isidro. Caso parecido es el de Román, torero que gana adeptos más por la garra que derrocha en el ruedo que por un estilo ortodoxo y puro, y que tras alzarse triunfador de la temporada pasada en Madrid dentro de ese estilo, pasó de puntillas en San Isidro. También necesita justificarse en la que catalogan como primera plaza del mundo Emilio de Justo, de quien siempre llegan noticias alentadoras desde el país vecino, pero poco o nada de eso puso en práctica con el único toro de Victorino Martín con posibilidades que se corrió en la última de la feria madrileña. Se le espera.

Álvaro Lorenzo está anunciado y, además, con derecho propio a estarlo, guste más o menos. Y por su parte, a Luis David Adame le sirvió aquella baratija que le fue regalada en San Isidro para estar igualmente sometido a la suerte del bombo.

Lo que no tiene explicación, por mucho que uno quiera encontrársela o se empeñe en convencerse, es la comparecencia de un torero que hace ya tiempo que no hace otra cosa que dejarse ir sin torear ejemplares más que potables en las muchas tardes que actúa año tras año. Me refiero, claro está, a David Mora, y quien más le valdría tener presente que el crédito ganado en aquella tarde ante el toro Malagueño, de Alcurrucén, no es eterno. Quizás, en su lugar, se le podría haber dado cabida a un torero modesto que dio un toque de atención en forma de oreja el pasado 15 de agosto: Juan Ortega. Quizás...

Sea como fuere, el plantel de matadores es notable, y las combinaciones que el bombo ha determinado no lo son menos. Así las cosas, la feria de Otoño de este 2018 se dividirá a partes iguales en el último fin de semana de septiembre y el primero de octubre, y de la siguiente manera:

Viernes 28 de septiembre: Toros de Victoriano del Río, los cuales serán lidiados por Alejandro Talavante, Paco Ureña y Jiménez Fortes. Cartel atractivo cuanto menos, y con mucha competencia

Sábado 29 de septiembre: Novillada con picadores, la cual llevará el hierro de Fuente Ymbro y ante la cual se verán las caras Francisco de Manuel, Pablo Mora y Juanito. Apetece ver la progresión de Francisco de Manuel a lo largo de la temporada, pues en una de las novilladas abrileñas apuntó un buen concepto del toreo pero se le vio aún con falta de rodaje. Pablo Mora se ganó el puesto al resultar triunfador del certamen de novilladas nocturnas, y sobre el portugués Juanito... Dicen por ahí que ha destacado en la temporada venteña, pues habrá que creérselo.

Domingo 30 de septiembre: Toros del Puerto de San Lorenzo para Emilio de Justo, Román y Ginés Marín. Cartel también interesante.

Viernes 5 de octubre: La de Adolfo Martín, la cual ha caído en suerte (o mala suerte, según quién lo mire) de Alejandro Talavante, Álvaro Lorenzo y Luis David Adame. Si la de Adolfo respondiera como en San Isidro y Talavante hiciera lo propio, la tarde puede ser histórica.

Sábado 6 de octubre: Rejones, encerrona de Diego Ventura con seis toros de diferentes ganaderías, a saber Miura, María Guiomar Cortés Moura, y Ángel Sánchez y Sánchez.

Domingo 7 de octubre: Toros de Fuente Ymbro para Diego Urdiales, Octavio Chacón y David Mora. No con menos alicientes este cartel que los anteriores, con el plato fuerte de tener a Urdiales y Chacón demostrando todo lo bueno que llevan dentro.


La suerte está echada y la ha determinado el bombo. Suerte a todos y, por supuesto, que siga habiendo bombo en temporadas venideras, caiga quien caiga y se enfade quien se enfade.

domingo, 19 de agosto de 2018

JULIANADAS Y DEMÁS MALES DE LA FIESTA


Algunos ven el problema, más que en este hecho en sí, en que muchos lo denunciamos. 


Julián López Escobar, Madrid, 35 años. Frase inocente y que poco dice a ojos de la ignorante y poco alfabetizada sociedad que padecemos en el año 2018. Si a ella le añadimos "El Juli", quizás, y solamente quizás, más gente no aficionada a la Fiesta puede conocer con qué se relaciona tal nombre.

El Juli, un asesino y maltratador de animales para cierto colectivo que, solo escuchándoles hablar, uno llega a la conclusión de que saben leer y escribir de puro milagro. Eso, en el hipotético caso de que sepan, claro.

El Juli, un grandioso torero, paladín de eso que el taurinejo de turno califica como se torea mejor que nunca. Figurón cunvre de la Tauromaquia del siglo XXI. Referente de la inmensa mayoría de los que aspiran a ser torero. Lo mejor que ha parido la madre naturaleza en los últimos 25 años, a fin de cuentas.

Y luego está lo de otro sector de aficionados, poco minoritario a decir verdad, por mucho que les pese a los juligans del clavel, el ginc-tónic, del biiiiiiiiiieeeeeeeeeeeennnnnnnnnjjjjjjjjj que destila aroma a alcohol lo suficientemente fuerte como para que a uno le pegue un coma etílico con solo aspirar un par de veces de esa bocanada; y también por mucho que les duela a los subvencionados de la alcachofa con el logo C+ y demás cadenas de televisión, a los subvencionados de los portales, las revistas y todo aquel que, sin papeles morados mediante, no suelta ni los buenos días en su portal/revista/lo que quiera que sea.

Pues bien, para ese sector del que todos los anteriormente descritos vociferan desde su poltrona como sector minoritario (eso quisieran ellos), el señor Julián López Escobar, áleas El Juli, no es otra cosa distinta a una célula cancerígena, otra más, que componen esa gran enfermedad terminal que está matando a la Tauromaquia lenta y dolorosamente. El Juli representa a las mil maravillas todos y cada uno de los males que se han convertido en rutina en el toreo. Lo de hace escasas horas en la salmantina localidad de Guijuelo no es sino un ejemplo más de que allá por donde pasa no sólo el Juli, sino toda y cada una de las también cancerígenas figuras de la Tauromaquia del siglo XXI, arrasa con todo lo que se interpone en su camino. Para empezar, ¿qué pintan dos figuras como lo son Diego Ventura y El Juli, cada uno en lo suyo, midiéndose en un mano a mano sin fundamento en una plaza de tercera categoría ubicada en una localidad que no pasa de los diez mil habitantes? ¿No sería más justo, y también más beneficioso para el futuro de la fiesta, que en estas plazas se dieran novilladas o corridas de toros con matadores menos rodados, y se dejaran un poco más de lado los carteles de lujo? Para el futuro de la Fiesta, quizás sí. Pero para el bolsillo de los taurinejos, desde luego que no. Y eso es lo que importa aquí, arramplar con todo y al resto que le zurzan. ¡¡Qué lástima!! Y ya no hablemos de aquellas ferias de provincias en las cuales no se anuncia ni una triste novillada. Evidentemente hacer chivo expiatorio única y exclusivamente al tal don Julián con todo esto sería de lo más injusto. Pero no es menos cierto que todo ello lo consiente un sistema putrefacto que está montado para beneficio y disfrute de unos pocos taurinejos, entre los cuales por supuesto se encuentra nuestro Julián.

Luego está el tema del toro que se lidia. No podemos pretender que en una plaza de tercera categoría (salvando quizás algunas plazas de la denominada zona del Valle del Terror) se lidia el toro de Madrid o de Pamplona. Pero lo que no es ni de recibo es que aparezcan con los pitones hechos una piltrafa a causa del serruchazo que se les ha pegado. Ni es de recibo, ni es algo que se deba consentir, ni mucho menos callar, lo cual hacen precisamente todos los palmeros y aduladores de estos personajillos vestidos de luces: callar, callar y callar. Salvo cuando el ejemplar es de Miura claro, ahí barra libre.
Pero por desgracia la práctica del afeitado es muy habitual. En realidad, siempre lo ha sido. Pero en los últimos tiempos se están alcanzando unos niveles de desvergüenza impresionantes. Hasta los chavalines que empiezan a querer ser toreros se toman la licencia, muchos de ellos, de mandar pasarle el serrucho a los ejemplares que han de lidiar. Y si no, amenazan con no torear. Y para colmo, los taurinejos les ríen la gracia. Ya hay que ser canalla.

De canallas está lleno el mundo del toro, como puede verse. Tantos son, que si algún día les diera por volar, el cielo se cubriría por completo y no pasaría entre ellos el menor atisbo de luz solar. Y así está la Tauromaquia: aficionados que desertan, plazas semivacías y ferias en un estado lamentable, algunas plazas cerradas a cal y canto a causa de la dejadez de los taurinejos ante algunos ataques político-animalistas, ganaderías y encastes legendarios abocados a la desaparición o ya desaparecidos, cada vez menos festejos (sobre todo novilladas que son el pilar fundamental de la tauromaquia), por consiguiente novilleros poco o nada rodados que sucumben cuando la casta se hace presente, matadores y novilleros por otro lado que basan sus méritos en los despachos y en las influencias más que en lo que se hace en el ruedo, una monotonía aplastante impuesta por un estilo de toreo que se basa en un vulgar y mentiroso pegapasismo y una gran dejadez en el resto de las suertes, así como un largo etcétera de males. Y los taurinejos, lejos de querer ponerle coto e intentar enderezar está situación, más preocupados en denunciar a aquellos aficionados cansados y hastiados que denuncian tanta patraña, y poniéndole la zancadilla a aquellos presidentes que intentan interponer la seriedad como recurso para evitar que esto se siga yendo al garete.
Cuando esto desaparezca, por desgracia, ya habrán aprovisionado lo suficiente para tener la vida resuelta, pero no merecen algo diferente a un pico y una pala para jubilarse cavando zanjas.

lunes, 11 de junio de 2018

CORRIDA DE LA PRENSA: TRACA FINAL DE FIESTA

Se acabó el cotarro. ¿Qué vamos a hacer sin toros, después de un mes intenso acudiendo a la plaza, fieles a nuestra cita con la Fiesta? ¿Qué va a ser de nosotros a partir de ahora, sin esas animadas tertulias con los vecinos de abono; sin nuestras alegrías cuando se ven retazos de torería y de emoción; sin nuestros enfados cuando se viven despropósitos; sin esas tardes de tedio en las que uno solo tiene ganas de que todo acabe para irse a cena; sin el día a día típico de San Isidro de conocer los toros a lidiarse por la tarde o de leer las opiniones de otros aficionados sobre lo acontecido en el día anterior?

Se acabó la feria de San Isidro de 2018, y lo ha hecho con la tradicional corrida no incluida en el abono que lleva el nombre de la Prensa, en la que se ha lidiado una corrida de Victorino Martín. ¡¡Una de Victorino Martín para finalizar este mes de toros!! Como en aquellos tiempos que tan lejanos parecen en los que se cerraba la feria lidiándose una de cárdenos herrados con A coronada. Qué tiempos aquellos, en las que Victorino Martín era un clásico cerrando la feria y nunca dejaban indiferente a nadie, gracias a su bravura, casta, emoción y dureza. Qué lejano queda todo aquello.

Qué melancolía y qué tristeza se palpaba en el ambiente una vez los aficionados abandonaban la plaza después de lidiarse la de Victorino para finiquitar este mes de toros. Y no porque se trate del fin de la feria precisamente. Melancolía, tristeza, enfado, decepción y hasta cierta resignación, porque cada año, cada temporada, cada festejo y cada corrida que, desde un tiempo a esta parte, se lidia de esta ganadería, más en evidencia queda el hecho de que el heredero del gran Victorino Martín Andrés no tiene lo que se dice en mente seguir con la cría de aquel albaserrada duro, encastado, vivo, emocionante, completo en los tres tercios y bravo. Qué se le pasa por la cabeza a Victorino Martín García es algo que solamente él conoce, pero vistos los resultados ofrecidos desde hace un tiempo a esta parte, desde luego que el actual ganadero no parece ser muy partidario de la casta. Y si lo es, sus toros lo disimulan bastante mal.

La corrida de Victorino Martín que ha cerrado el mes de toros venteño ha venido muy bien presentada y es justo, qué menos, resaltar la impresionante fachada que lucieron los seis animales. Pero, salvando el tercero de la tarde que sí hizo honor al hierro y a la casta (y tan solo a medias, ya que muy poco se le castigó en varas), ahí se quedó la cosa. En solamente fachada. Ni emplearse en el caballo, ni casta, ni ese temperamento tan de lo Victorino, ni nada de nada. Y de castigo en el primer tercio, no hablemos. ¡¡A quien se le hubiera dicho hace 12 años, y de ahí para atrás, que a los victorinos se les pegan dos refilonazos y ya con eso van sobrados!! ¡¡O pegarle un pendulazo desde los medios como el que le ha pegado Manuel Escribano al cuarto, y el animal si inmutarse!! ¡¡Qué ruina!!

Escriban, Ureña y de Justo han dado cuenta de la corrida y, cada uno a su estilo, han hecho lo que buenamente han podido y sabido hacer. Manuel Escribano, más allá de irse a portagayola en sus dos toros, banderillear a toro pasado, el pendulazo desde los medios (al Victorino que sabe que se lo puede hacer, claro), dar medios pases muy mal colocado y sin gracia alguna, así como matar malamente, no da para más el hombre. Ante dos toros flojitos, sosos y pastueños, ha calcado sendos quehaceres basándose en las premisas anteriormente enumeradas.

Paco Ureña ha estado hoy en Madrid después de perderse su anterior compromiso del día 25 de mayo por una lesión cervical. Y dentro de que ante el segundo toro ha estado bien y de no haber matado mal se hubiera llevado una merecida oreja, bien es verdad que se le ha visto limitado de facultades y lejos del 100% que se requiere para estar ante el toro. El segundo de la tarde ha sido un toro suavón y manejable al que ha conseguido llevar embebido en los vuelos de la muleta en muletazos sobre la mano derecha en los que corrió la mano con despaciosidad y mando. Una sola serie con la izquierda templada y poderosa, y aquí acabó el toro y la faena. Con inteligencia se fue Ureña a por la espada, y antes de cuadrar al toro intentó naturales sobre la mano derecha, que no destacaron. Una estocada caída que hizo guardia le impidió pasear una merecida oreja.
Intentó Ureña ante el quinto realizar el toreo, pero el oponente pasaba sosamente y sin transmitir, por lo que cualquier conato de toreo por parte del matador quedaban en nada. Se excedió Paco Ureña más de la cuenta porfiando ante semejante ejemplar, y el personal acabó aburrido y pidiendo la hora.

El único toro de la corrida que desarrolló condición picante en la muleta fue el tercero, tan poco castigado en varas como toda la corrida, y con el que Emilio de Justo no se entendió, en una faena muy atropellada y falta del más mínimo atisbo de temple y poder por parte de un Emilio de Justo que se vio muy por debajo de la situación. El toro tuvo buena condición sobre todo por el lado derecho, y su matador, sacádolo al tercio, comenzó con series de muletazos sobre la mano derecha, en los que pocos muletazos dejaron de ser enganchados. Cambió de Justo la muleta a la mano izquierda, lado por el cual el animal no embestía con la misma claridad que por el pitón derecho, y de Justo no consiguió alargarme el viaje al toro y tirar de él con poderío. De nuevo cambió el torero a la mano derecha, y siguieron los enganchones y la falta de mando sobre una embestida que se fue al desolladero sin ser aprovechada por un torero al que le vino grande todo.
El sexto tuvo un peligro sordo y probó a los banderilleros en cada envite que estos osaban a afrontar. Cumplieron con sobriedad, y el tercero José Luis Neira, de la cuadrilla de Escribano, evitó algunas cornadas al estar siempre atento y bien colocado. De Justo estuvo valiente y dispuesto ante semejante prenda. Aguantó gañafones y coladas estoico y resolvió la papeleta con dignidad, pero de nuevo volvió a alargar el trasteo innecesariamente, pues lo único que podía haber sacado ante ese toro hubiera sido una cornada. Se tiró a matar con verdad, pero cobró una estocada desprendida.

Más allá de ese buen hacer de José Luis Neiro en los quites, dentro de las cuadrillas destacó Pedro Iturrialde señalando un puyazo en el sitio, la brega de Ángel Gómez al tercero y los pares de banderillas de Morenito de Arles a este tercero.




sábado, 9 de junio de 2018

8 DE JUNIO DE 2018, TRIGESIMOSEGUNDA DE FERIA: PEPE MORAL Y CHAPARRITO, TOREO GRANDE Y CASTA

La tarde iba pasando sin pena ni gloria y, al arrastre del tercero, se intuía una adolfada que añadir a la colección de mojigangas que lleva sumando esta ganadería en los últimos años. La corrida solamente tenía buena fachada y el tipo clásico del señor Marqués de Albaserrada, pero hasta ese momento la casta era muy justita siendo generosos. Ángel Sánchez fue investido matador de toros sorteando un ejemplar que fue el que menos albaserrada tuvo de tipo, por alto, zancudo y no demasiado largo. Poco le arrearon en varas a este toro, y menos aún hizo por meter los riñones. Llegó a la muleta el de Adolfo muy agarrado al piso y con los niveles de casta bajo mínimos, y Ángel Sánchez se contagió de la sosería del animal realizando un trasteo despegado y atropellado, sin que en ningún momento se llegaran a intuir las buenas maneras que dejó evidentes cuando era novillero.

El segundo de la tarde, al cual se le simuló la suerte de varas y tampoco hizo mucho por empujar debajo del peto, mandó a El Cid a las manos de los doctores propinándole una cornada de 20 centímetros en el muslo cuando le iniciaba la faena por unos muletazos de tanteo. Pepe Moral, sin miramientos, se lo quitó del medio rápido después de probar por el pitón derecho lo orientado que estaba el animal.

El tercero se empleó en el caballo lo mismo que sus dos predecesores, si bien el castigo que recibió de parte del piquero fue más contundente que los dos anteriores. En banderillas el animal ya mostraba una marcadísima tendencia a tablas, y Pepe Moral quedó prácticamente inédito ante semejante marrajo, el cual confirmó su mansísima condición huyendo de cada muletazo que el matador intentaba darle. Pepe Moral se lo llevó a terrenos de toriles con la intención de probarlo en su terreno, pero ni ahí el toro quiso saber nada de nada, por lo que el matador, resginado, lo despachó más pronto que tarde.

A partir de aquí muchos ya pensaban en que la cosa no remontaba, pero en esto que cuando menos se lo espera uno va y salta la liebre. O lo que es lo mismo, un toro con casta. Y el cuarto adolfo lo fue. Después de realizar una pelea con el caballo en la que cumplió empujando y metiendo riñones, aunque saliendo suelto de ambos encuentros y haciendo incluso amago de saltar las tablas, terminó por sacar temperamento, pies y las dificultades propias de un mansazo con casta. Ante tal prenda, Ángel Sánchez intentó realizarle toreo bonito sin tan siquiera doblarse con él ni dominarlo por abajo. Y el resultado fue que, siendo un toro para pocas florituras, Ángel Sánchez se vio muy por debajo del manso encastado. Demasiado toro quizás para un recién doctorado.

El quinto de la tarde fue Chaparrito, uno de los toros de la feria así a bote pronto. Recibió dos varas en las que Pepe Moral lo dejó en suerte con corrección y de largo, arrancándose de largo pero sin terminar de emplearse bajo el peto con bravura, pues en el primer puyazo sólo empujó con un pitón e incluso salió suelto, y en el segundo puyazo llegó a defenderse y pegar cabezados. En el segundo tercio ya se intuía, por cómo metía la cara el albaserrada y por cómo se desplazaba, que ahí iba a tener Pepe Moral toro para dar en Madrid el campanazo gordo que le hacía falta para meterse a su afición en el bolsillo. Manuel Pérez Valcárcel dejó un gran par de banderillas, y Juan Sierra arriesgó mucho en otro y siendo achuchado por el encastado animal, saliendo del paso con mucha torería. Una vez se quedaron Chaparrito y Pepe Moral solos el uno frente al otro, llegó a Las Ventas la emoción de un toro encastado siendo podido por un torero que estuvo tremendo con él. Lo saca el matador a los medios doblándose para, posteriormente, ejecutar una serie de derechazos en las que templó y mandó  al animal con muchísima torería y corriendo bien la mano para llevarlo hacia atrás. Otra serie más con la derecha, muy mandona y despaciosa, fueron el preludio a que Pepe Moral se echara la franela roja a la zocata. Y con esa mano, siempre cruzado y cargando la suerte, llevó al toro de nuevo con mucho poder toreando en redondo. ¡¡Eso es torear!! Mal hizo Pepe Moral en cambiar de nuevo a la mano derecha, pues con la zurda estaba alcanzando grandes cotas de lucimiento, pero algunos de los derechazos que dejó volvieron a tener aroma de toreo caro. Cuando quiso volver a torear con la zurda, ya poco toro quedaba, y con mucha inteligencia se fue Pepe Moral a por la espada. Oreja de ley para Pepe Moral que, de no haber sido precedida por un pinchazo, podían haber sido dos perfectamente. Y petición de vuelta al ruedo para un buen toro, no concedida con acierto: en varas el toro no se empleó con la bravura necesaria para tal cosa (otra cosa es que a otro presidente, hace unos días, se le fuera la olla mostrándole el moquero azul a un marrajo).

Y el último de la tarde, que se dejó pegar sin más dos puyazos fuertes, también le vino grande al toricantano. Esta vez Ángel Sánchez asentó las zapatillas e hizo gala de mucha mejor colocación, pero nunca consiguió someter a un animal con las complicaciones propias de la casta. Derechazos y naturales muy acelerados y a media altura, acortando mucho el viaje al toro y echándoselo encima, son el resumen más conciso sobre este quehacer que cerró la tarde.

Adolfo Martín por fin embarcó a Madrid algunos toros que derrocharon el verdadero tipo del Marqués de Albaserrada y la casta suya de antaño que hizo a los aficionados respetar esta ganadería y tenerla entre sus favoritas. Y de entre todos, destacó el buen Chaparrito, un puro albaserrada con el que Pepe Moral convenció a la parroquia venteña toreando de verdad.

jueves, 7 de junio de 2018

7 DE JUNIO DE 2018, TRIGESIMOPRIMERA DE FERIA: DE DESAFÍO, EL NOMBRE COMO MUCHO

La feria languidece y cada día se hace más cuesta arriba venir a los toros. Y gran parte de culpa de que esto suceda la tiene el simple hecho de que cada tarde, salvo muy contadas excepciones, ha sido un enorme fiasco y el aburrimiento se ha apoderado de los aficionados. Por muchas mamadurrias de corridas de La Cultura, Las 6 Naciones o Desafío Ganadero que Monsieur Gafapasta se invente para venderlo como un espectáculo único.

Hoy, trigesimoprimera de abono, ha tocado precisamente de eso ultimo: un desafío ganadero entre dos hierros de origen Santa Coloma, distribuidos en tres toros con el hierro de Rehuelga, y otros tres con el de Pallarés. Eso, en la teoría.
En la práctica, la corrida terminó siendo un pseudodesafío entre 3 toros de Pallarés, dos de Rehuelga y uno, sobrero, de José Luis Marca que salió al ruedo para sustituir al segundo, de Pallarés, el cual salió lesionado. ¿Que quién ganó el tal desafío? Pues como todo en la vida, esto será según a quién se le pregunte, pero en cuanto a un servidor respecta, la cosa quedó en lo que llega siendo un premio "desierto". A los dos toros de Rehuelga se los protestó mucho por su baja alzada, y no ser demasiado aparatoso de carnes ni de cara. Vamos, lo que llegan siendo protestas a eso de estar en tipo. Quizás es que algunos esperaban ver zambombos de la talla del célebre Liebre lidiado hace justo un año. O sea, kilos, carnes, más kilos, más carnes, y así hasta que salga un elefante con cuernos para que se considere "bien presentado". Pero los dos salieron en tipo, qué gran pecado. Su comportamiento se resume en pocas palabras: de haber estado dotados de más poder y fuerzas, ambos hubieran sido de lío. Pero como se trató de un par de inválidos, todo lo demás les vino muy grande. Los cuatro de Pallarés levantaron más alzada, lucieron más carne y cornamenta, y la tablilla les sumó algunos dígitos más. Para los amantes de esta estadística, no por otra cosa...  Y en especial, destacó un hermosísimo zambombo, el sexto, que parecía una albóndiga con patas y cuernos. La antítesis perfecta del toro de Santa Coloma. O la panacea del trapío y de la buena presentación, según quién lo mire vaya.
Y el sobrero de José Luis Marca, otro zambombo regordete con mucho genio y poco apto para toreo excelso del siglo XXI.

La corrida, más allá de todas esas cosas, sacó posibilidades para propiciarle el triunfo a la terna. No excesiva casta, pero sí algunas arrancadas bonacibles como para triunfar. Ese verbo, ni Iván Vicente, ni Javier Cortés ni Javier Jiménez lo consiguieron conjugar en la tarde de hoy.
Iván Vicente pasó por ambos pitones al soso y flojo primero con frialdad, aseo y no muchas apreturas. No había toro ahí para nada de nada, pero Iván Vicente estuvo rato porfiando como si la cosa fuera a alcanzar altura en algún momento.
El cuarto fue el mejor de la corrida. Hizo una pelea en varas que fue de menos a más: protestó e hizo ademán de quitarse el palo en la primera vara, metió mejor la cara en la segunda, y puesto por tercera vez de largo, se arrancó pronto y a galope para acudir al peto a empujar metiendo los riñones y la cara abajo. Notable pelea en este tercer encuentro, y tres puyazos arriba aunque algo traseros por parte de Jesús Vicente. El toro tuvo muchísima nobleza y también casta, y acudía con prontitud y franqueza a cada cite de Iván Vicente quien, apático, muy espeso y sin apreturas, se lo dejó ir sin torear en una faena larguísima de trapazos en la que hasta el toro terminó aburrido de tanta vulgaridad.

Javier Cortés venía con ambiente después de la buena tarde que dio hace un mes en esta plaza vestido de goyesco. Pero esta no fue la suya. El segundo, de Pallarés, no se empleó en el caballo, y Abraham Neiro con su excelente brega mostró que el toro se desplazaba con nobleza y buenas formas. Cortés, ya con la muleta, comenzó dando derechazos a media altura y haciendo pasar al toro con trallazos metiendo mucho el pico. Cogió la mano izquierda Javier Cortés y, citando muy encima, volvió a pegar trallazos sin mandar en ningún momento, quedándose el toro corto y sin que el matador consiguiera alargar el viaje. Transcurrió la larga faena en ese halo de vulgaridad y mal hacer del torero, quedando el toro por encima, y mandándolo al desolladero con una estocada caída perdiendo la muleta. El quinto fue el sobrero de José Luis Marca, manso y muy bruto al que Javier Cortés le intentó imponer, con nulo acierto, el toreo 2.0 de cites fuera de cacho, trapazos hacia fuera, pico y pierna retrasada. Y en un momento dado el toro, que no era la tonta del bote, se lo llevó por delante y le propinó una fortísima voltereta que dejó muy mermado al matador, quien tuvo que ser atendido en la enfermería una vez estoqueado el toro. Valiente y dispuesto Javier Cortés, pero desacertado al plantearle la monofaena de siempre a tan complicado animal.

Javier Jiménez tuvo en su haber al segundo de los dos inválidos que se lidiaron con el hierro de Rehuelga, y con el que pegó muchos pases aliviados y sin obligar lo más mínimo al toro, para evitar la genuflexión de este dada su poca fuerza. No le puso las cosas fáciles el pastueño zambombo de Pallarés que cerraba corrida, pero tampoco imposibles. Ya en el caballo se arrancó con alegría hasta en tres ocasiones, pero sin hacer nada que no fuera defenderse una vez se le colocaba el palo en el morrillo. Por cierto que Agustín Romero, además de ejecutar la suerte más que correctamente, colocó el palo en todo lo alto, dejando así tres puyazos sencillamente COLOSALES. Enorme este picador. Ya cambiado al tercio de muerte, el toro demostró estar un tanto agarrado al piso, así como que se desplazaba con recorrido una vez tenía a bien de arrancarse. Javier Jiménez no supo tirar del toro en ningún momento, siempre pegando latigazos hacia fuera y quitándole la muleta de la cara para perderle pasos y tener que volver a colocarse siempre. Por debajo de las posibilidades que ofreció el animal Javier Jiménez. Una pena.

El desafío ganadero Rehuelga-Pallarés no dio más de sí salvo un toro bueno que fue el tercero, los puyazos de Agustín Romero al sexto, y un buen par de banderillas de Jesús Robledo "Tito" al cuarto. Y es que el final del festejo, la sensación fue de que se desafío, la corrida solamente tuvo el nombre.


miércoles, 6 de junio de 2018

6 DE JUNIO DE 2018, ¿EXTRAORDINARIA? CORRIDA DE LA ¿BENEFICENCIA?: A BENEFICIO DE LOS TAURINEJOS

Todo lo Extraordinaria que puede ser una corrida incardinada en mitad de la feria y con el cartel confeccionado desde el mes de febrero. Salvo que se tenga en cuenta que no estaba incluida en el abono y aquí todo el mundo, abonado o no, ha tenido que aflojar la caponata si no quería que el portero le dijese suba aquí y dé pedales, enseñando el dedo del medio. Y también, teniendo en cuenta las lonas de plástico con el escudo de la Comunidad de Madrid, camufladas como tapices (está la cuenta corriente de Plaza 1 para tapices de verdad), que colgaban de las andanadas; así como las banderillas, las divisas con moña y la ilustre presencia del Emérito, con la que nos sentimos honrados (un servidor por lo menos). Pero bueno sí, aceptemos pulpo como animal de compañía, y califiquémoslo de Extraordinara.  Qué sería entonces cuando se daba después de San Isidro y se remataba el cartel con los triunfadores de esta feria...

De Beneficencia... Pues hombre, si en la letra pequeña del cartel decía algo así del estilo de "A beneficio de los taurinejos, para satisfacer su cuenta corriente", clavado y mondado. Si se habla de Beneficencia para referirse a aquellos añorados tiempos en los que los toreros donaban sus honorarios a causas benéficas de verdad, de Beneficencia tuvo lo mismo que la pesebrera poltrona del Plus tiene de amor por la objetividad. Qué bonita es esa placa de mármol ubicada en el patio de caballos, y que recuerda a los toreros que un día tuvieron verdaderos gestos benéficos en fecha tal señalada. Desde 2007 lleva sin inscribirse ni una más, concretamente en aquella fecha en que Morante de la Puebla se encerró con seis toros en beneficio de una entidad con fines solidarios. Once años después, ahí sigue, esperando a ver si alguno hace por inscribirse en ella. Quizás, Alejandro Talavante, con fecha 25 de mayo de 2018, debiera aparecer no tardando mucho. Por lo demás... Bueno, igual los nombres de Antonio Ferrera, Miguel Ángel Perera y Ginés Marín, con fecha 6 de junio de 2018, y con la siguiente inscripción: "en beneficio de Plaza 1, para que el año que viene adquiera tapices, y ceda las lonas que cuelgan de las andanadas al  primer agricultor que pillen por ahí, para que con ellas tape el remolque en tiempos de la aceituna". Y quedarían como Dios. Porque lo de "en beneficio de Plaza 1, para que empiece a adquirir las cabezas de camada para ser lidiadas en la primera plaza del mundo"... Menos complicado sería ver a Emilio Muñoz cortar una oreja en Madrid.

Nuestra cita anual Extraordinaria de Beneficencia se completó con un cartel en la que los renombrados Ferrera, Perera y Ginés Marín estaban anunciados para vérselas y deseárselas ante una corrida de Alcurrucén muy desigual de presencia y hechuras, muy poco castigada en el primer tercio, y cuya condición fue mansa y rajada hasta decir basta. Pero sirvió para los toreros. O, por lo menos, hubo toros aptos para que los toreros alcanzaran altas cotas de lucimiento. Y también hubo casta. No a raudales, pero lo suficiente para deleitarse en algunos momentos con ella. 

Hablando de deleitar, poco de ello supieron los toreros de esta tarde, teniendo toros más que de sobra para hacerlo. Antonio Ferrera, por ejemplo, tuvo en su haber al primero para de una vez por todas darle la razón a todos aquellos que le aclaman como la panacea de la torería y el buen toreo, pero una vez más eso tendrá que esperar. Huidizo el toro de salida, nadie fue capaz de poner orden para fijarlo en el capote. Hasta que llegó Montoliú, ya en banderillas, y le echó el capote abajo unas cuantas de veces para conseguir meterlo en vereda. Y oye, que el marrajo metía la cara y todo. Ferrera se dejó de chiquitas desde el momento cero y se fue a terrenos de toriles con él, y cosas de la vida, el toro empujó y se comía la muleta en todo momento en que Ferrera se la presentaba e intentaba tirar de él. El toro nunca dejó de embestir, sobre todo por el pitón que le da el dinero a los toreros, cosa de la que no se enteró un Ferrera perfilero, despegado, poco asentado y menos mandón aún. El marrajo, encastado, se fue sin torear y con las orejas puestas al desolladero. 
El cuarto fue un burel muy complicado que requería mano baja y mando. Mucho mando. Y Ferrera, con actitud abúlica y desganada, se dedicó a espantarle las moscas durante toda, consiguiendo con ello que el toro pareciera peor de lo que en realidad fue. En otro momento quizás pueda ser lo de Ferrera y Madrid...

Miguel Ángel Perera, ilustre pegapases al servicio de la chabacanería hecha tauromaquia, estuvo estuvo lo suyo. "Y ¿qué es lo suyo?", pensarán algunos. Pues sacar de paseo el capote de brega y utilizarlo únicamente para darse un garbeo por el ruedo con él recogidito mientras pone poses, inhibirse de la lidia como hace siempre, y realizar su misma faena de hace dos semanas, y del año pasado, y de hace dos, y cinco, y diez, y... 
Ante un borrego soso y parado como fue el segundo, y un nobilísimo ejemplar que tuvo dulces arrancadas como lo fue el quinto, nada más que eso: trallazos citando al hilo y perfilero, esconder la patita, pico, latigazo hacia fuera y vuelta a empezar. Es lo que hay, lo que lleva tiempo habiendo y lo que seguirá habiendo cada vez que este hombre se vista de luces. Nada más que añadir.

Ginés Marín tiene un concepto del toreo que más quisieran muchos echárselo a las espaldas. Bueno, o mejor dicho, más quisiéramos muchos que la mitad del escalafón lo tuvieran. Pero al hombre todavía le falta reposarse más, asentarse y poder tirar de los toros con mayor suavidad y mando. Y, sobre todo, no dejarse llevar por orejitas festivaleras que no hacen sino engañar al que las recoge de manos del alguacil. El tercero fue noble a secas y duró muy poco, pero Marín, en una faena con aires muy toreros, consiguió sacarle algunos muletazos sueltos (no muchos ciertamente) que llegaron a llevar al toro atrás de la cadera, siempre cruzado el torero y cargando la suerte. Ni siquiera esa epidemia llamada bernardinas que ahora todos utilizan para cerrar la faena, incluido Marín ante este tercero, no le quitaron a la faena el aroma de clasicismo que tuvo. Pero al quehacer de Marín le faltó en sí más rotundidad y, sobre todo, Toro. De haber matado muy bien, la oreja concedida no hubiera tenido reproche. Pero con un pinchazo y una estocada trasera y un palmo caída, se antoja como más que prescindible. 
¿Que le hacía falta Toro a Ginés Marín? Pues toma el sexto toro, que vas a tener toro para reventar Madrid. Y sobre todo, no lo piques mucho, criatura. No vaya a ser que te lleven comisión por ello. Pero esta vez Marín, quizás porque se conformaba con un sólo despojo, quizás porque aún está verde para estas cosas, o vaya usted a saber por qué, no se las terminó de entender con un encastado animal que se arrancaba con prontitud y repetía con carbón y emoción. Ginés no se puso en el sitio ni una sola vez, y lo aburrió, y de paso aburrió al personal, con trapazos poco templados, pegando el latigazo hacia fuera, y haciendo que el toro quedara por encima de la situación. La voz que llegó de cierta parte de la plaza espetando se va sin torear, no pudo definir mejor la faena. 

No fue una gran corrida de Alcurrucén ni mucho menos. Se puede decir incluso, sin miedo a equivocarse, que de ella se esperaba muchísimo más. Pero echó toros aptos para cortarse orejas y hacer el toreo, yéndose al desolladero con ellas puestas y, además, sin torear. Pinceladitas de Ginés Marín ante el tercero, y nada más.
Eso, por parte de los de oro. Los de plata, cabe resaltar la magnífica tarde con capote y banderillas de Javier Ambel, que una vez más demostró que es de los subalternos más completos que existen en la actualidad. Montoliú también le pegó algunos capotazos buenos al primero, y sobre todo destacar a Guillermo Marín señalándole al tercero dos puyazos en todo lo alto, consiguiendo hacer la suerte con total pureza y toreando a caballo. Aunque parezca mentira a veces, todavía quedan grandes picadores. 

martes, 5 de junio de 2018

5 DE JUNIO DE 2018, VIGESIMONOVENA DE FERIA: Y CHUPETERO NOS DESPERTÓ DEL LETARGO

Qué tarde más mala estaba saliendo. Muchos ya desertaban de su escaño siendo arrastrado el quinto, aburridos y decepcionados por la falta de trapío y de casta de los de Pepe Escolar, y también por el pegapasimo de los tres matadores, incapaces de sacarle partido a una corrida suavona que se dejó torear con nobleza.

Y con el ambiente cargado de tedio y pesar, hizo aparición en el ruedo un galán apodado Chupetero, con el número 10 en el costillar. Los aplausos no tardaron en oírse una vez que los aficionados pudieron comprobar de cerca la preciosa estampa del bicho. Tanto así, que parecía el padre de sus cinco predecesores. Chupetero ya dejó claro desde el primer capotazo que tomó de Luis Bolívar que sus embestidas iban a llevar mucha clase. Bolívar consiguió estirarse en el recibo y sacarse algunos lances templados. Luego, ya en varas, dejó al toro de largo para que fuera lucido. Chupetero entró al primer encuentro y el picador, Félix Majada, no fue capaz de agarrar el puyazo, por lo que el toro empujó con la cara abajo y cumplió en este primer encuentro sin el palo encima. Bolívar lo volvió a colocar largo y de nuevo Majada, después de hacer la suerte con algo más que corrección, volvió a no conseguir agarrar el puyazo, por lo que el toro de nuevo volvió volvió emplearse con muy buenas maneras, pero sin ser castigado. Con dos entradas, el toro apenas sí tenía dos pequeños refilonazos, por lo que Bolívar volvió a colocarlo de largo por tercera vez y el toro acudió de nuevo con alegría, pero esta vez el picador colocó el palo, resultando ser el puyazo caído, y en un primer momento el animal metió la cara y empujó, pero después echó la cara arriba e hizo ademán de quitarse el palo. Lo sacaron inmediatamente y se cambió el tercio bajo las protestas de los aficionados, pues hubiera gustado mucho ver al toro en una cuarta vara. En banderillas el toro se desplazaba largo y surcaba el albero con el morro, cosa que se demostró gracias a los buenos capotazos de ese magnífico peón de brega que ha sido siempre EL Jeringa. No menos se lucieron con los palos sus compañeros de cuadrilla, Miguel Martín y sobre todo Fernando Sánchez. La lidia de Chupetero estaba resultando intensa hasta el momento, y prometía más vibración según Bolívar se disponía a vérselas cara a cara con él. Los primeros muletazos, con la derecha y en los mismos medios, el toro desbordó por completo al matador con su casta, cambiando este de mano para continuar con naturales. Se vio a Bolívar más reposado y asentado con la muleta en esta mano, pero los primeros muletazos no consiguieron salir ni limpios ni mandones. Le siguió otra serie en la que Bolívar consiguió tirar de Chupetero con más mando y poder, pero sin cruzar la línea ni una sola vez. El resto de la faena, basada sobre la mano izquierda, continuó la tónica de pases muy despegados de Bolívar en los que metió mucho el pico y sin conseguir en ningún momento someter al animal para llevarlo podido. El toro se fue parando y quedando más corto cuanto más se le alargan la faena, además de que empezó a aburrirse y a salir con la cara alta de cada muletazo. Y es que hasta el toro se aburrió de tal faena, ganándole la partida a su matador. Se tiró Bolívar a matar como quien se tira a la piscina en plancha, saliendo rebotado y cobrando una estocada que cayó en buen sitio. Gran ovación para el buen Chupetero, quien dio un toque colorido a tan gris tarde; y palmas entremezcladas con pitos para Bolívar.

La corrida, más allá de ese gran Chupetero, tuvo muy poca historia. Los toros de Pepe Escolar, quitando a ese Chupetero y al cuarto de la tarde, tuvieron presencia más de preescolar, por chica, terciada, vareada, y luciendo muy poco remate. Tampoco fue un derroche de casta la corrida, lo que no quiere decir que no se les pudiera haber toreado y lucirse ante ellos. Rafaelillo, en esta su segunda y última tarde isidril, de nuevo fue autor mediato de sendos asesinatos durante el tercio de varas a sus dos opinentes, ejerciendo otra vez como matarifes Juan José Esquivel y Agustín Collado, quienes mañana no podrán ni mover el brazo derecho más de medio milímetro a causa de las agujetas. Rafaelillo pasó sin pena ni gloria ante dos toros sin grandes complicaciones aparentes durante los dos primeros tercios, pero que una vez con Rafaelillo delante, parecían alimañas. Nunca fue capaz el matador de bajarles la mano, ni de someterlos con poderío, ni de alargarles el viaje. Más bien, se dedicó a pegar trallazos por arriba y a acortarle el viaje a los animales, lo que provocaron arreones por parte de los de cuatro patas y dos cuernos. Mal con la espada Rafaelillo en sus dos toros, y conclusión final de que su feria ha sido bochornosa. 

A Robleño se le aplaudió y jaleó mucho en su primer toro, un preescolar al que se le pegó también bastante en varas, y terminó con una embestida tan suavona que recorbada sobremanera a los saltillos mexicanos que las figurinas de porcelana se rifan al otro lado del charco. De esta condición se valió Robleño para sacar algunos muletazos templados con la mano derecha, pero sin conseguir tirar del toro hasta el final. Más bien, se la dejaba puesta, corría la mano con suavidad y, a mitad del muletazo, se la quitaba del hocico al toro. Tal quehacer llegaba a ciertos sectores de la plaza, pero en otros se le recriminaron al matador tales maneras. Acabó con estocada caída y atravesada, más dos descabellos.
Mucha menos suerte tuvo Robleño ante el quinto, el más morucho de toda la corrida y, por ende, con nulas posibilidades de lucimiento. Robleño se excedió en tiempo ante el toro, realizando una faena larga y totalmente hueca de emoción y de interés. 

Bolívar, además de su quehacer lidiador ante el buen sexto, tuvo en sus manos en tercer lugar a un ejemplar que, muy castigado en el primer tercio, sacó en el tercio a muleta cierta nobleza y actitud de dejarse torear, pero sin la más mínima casta. Bolívar bien pudo haber sacado algunos muletazos excelsos ante tan manejable ejemplar, pero su faena, basada casi por completo sobre la mano zurda, no pasó de los trallazos pegando el latigazo hacia fuera, y colocándose fuera de cacho. La estocada tendida y caída que dejó fue suficiente. 

El encastado y buen Chupetero no ha servido, ni mucho menos, para tapar la decepcionante tarde de los escolares. Corrida muy suavona y carente de casta, así como presentación censurable. Claro, los buenos ya sabemos para dónde están reseñados... ¿Se dará la vuelta alguno en Santo Domingo este año, como en años anteriores? Ahi estaremos para verlo. 

4 DE JUNIO DE 2018, VIGESIMOCTAVA DE FERIA: DON OCTAVIO CHACÓN

Lo siento, pero no puedo empezar de otra manera: OCTAVIO CHACÓN, EL MATADOR MÁS SERIO DE TODOS CUANTOS HAN VENIDO EN ESTE SAN ISIDRO. Y una vez dicho esto, vayamos al grano, que en esta tarde ha habido como para alimentar a una granja de pollos durante quince años.

La de Saltillo de esta tarde ha tenido muchísimas cosas y muchísimos matices: emoción, mansedumbre, dureza, malas ideas, genio, moruchez algunos, casta otros... Y en base a todo eso, se asienta la frase que sale a relucir en tardes así: nadie se aburrió. Y es muy cierto, en una tarde como la de hoy el aburrimiento se ausentó de los tendidos, los vendedores de pipas se quedaron con la caja registradora tal cual, y el cesto de las almendras fritas que pulula por el tendido durante toda la corrida presentó el mismo aspecto al final que al principio de la corrida. Dios me libre de defender la excelsa mansada que don Joaquín Moreno Silva, propietario de la ganadería de Saltillo, ha echado esta tarde en Las Ventas. Tal cosa es tarea que se presume imposible de llevar a cabo. ¿Que nadie se aburrió? Cierto. ¿Que la emoción estuvo presente en todo momento, alentada en gran parte por esa mala uva de los toros, la cual requería a los lidiadores el carné y un saber estar adecuado? Verdad verdadera. ¿Que no era imposible lucirse con estos toros y estar más dignos? Ahí han quedado grandes momentos protagonizados por algunos hombres de luces. ¿Que una corrida así, por mucho que deje de aburrir, es la antibravura? Correcto. ¿Que esto no hace sino que dejar en evidencia aún más los grandes males de la Fiesta, que son la monotonía que produce el medio-borrego bobo, cosa que hace que creamos que se nos apareció la Virgen cuando una corrida sale con mala leche? El perfecto resumen de la tarde de hoy. 

Corrida complicadísima para estar delante, pero no imposible. No señor. Bueno, imposible hacer eso de se torea mejor que nunca, o como se diga. Pero no para el lucimiento, lo cual no necesariamente llega única y exclusivamente con lo de pegar pases. Y si no, ahí quedan los quehaceres de Sebastián Ritter y, sobre todo, de Octavio Chacón, quienes han dado una magnífica lección, sobre todo el segundo, de cómo se puede alcanzar grandes cotas de lucimiento ante una corrida de este calibre. ¿Enseñarán a partir de ahora en las escuelas este tipo de cosas? No estaría de más.

Se podía estar muy digno, como ha hecho el novel de la terna, Sebastián Ritter, a quién no se le puede poner ningún pero. El tercero fue un manso huidizo, ante el cual se quiso poner de verdad para sacarle buenos muletazos, pero lo único que pudo hacer fue aguantar estoico los parones y las probaturas del toro. No se alargó Ritter en exceso, culminando con un decoroso y muy torero macheteo sobre los pies, para acabar con la vida del marrajo de estocada tendida y atravesada, que sirvió.
El comportamiento que tuvo el sexto de la tarde recordó más a un morrucho castellano que a un toro de lidia de verdad. El morucho ya de por sí puso en serios aprietos a los banderilleros a la hora de clavar los palos, quienes no consiguieron hacerlo de otra forma que no fuera de una en una, ya que el toro se venía con muchos pies y perseguía hasta el final. Ritter, ya con la muleta, de nuevo intentó ponerse, pero el toro le quitó rápido de la cabeza la idea cuando se le vino al pecho en uno de esos conatos. En otra, le arrebató la muleta de un gañafón y se fue derecho a por él, haciéndole hilo y llegando a darle caza casi cuando se disponía a saltar las tablas, afortunadamente sin consecuencias graves aparentes. No se demoró más, y metió la mano con habilidad para dejarle la estocada.
Digna, pero muy digna su actuación.

También cabía el triunfo esta tarde y ante estos toros, aun pegando muy pocos muletazos buenos. Y si no, que le pregunten a Octavio Chacón, ese torero de cuyas hazañas en los duros festejos del valle del Tiétar se lleva tiempo hablando en muchas tertulias de aficionados. Y esta tarde en Madrid, tales hazañas han sido refrendadas ante un mansurrón que se dejó dar algunos muletazos por el lado derecho, y ante un marrajo pregonado que en todo momento fue a por el bulto que había detrás de la franela roja.
El mansurrón que tuvo cierta bondad por el lado derecho abrió plaza, y Chacón, con el capote, lo sacó a los medios andando hacia atrás y llevándolo muy toreado y sometido por abajo, con una suavidad y un poderío exquisito. Dejó al toro de largo hasta tres veces, cumpliendo en las dos primeras y cantando la gallina en el tercero; y después de esto dejó plasmado Chacón un bonito quite por delantales que volvieron a mandar sobre la embestida. Con mucho orden y acierto de desarrolló una lidia dirigida por el matador, quien ya con la muleta en la mano, comenzó la faena doblándose y sacando algunos muletazos de mucho sabor. Basó el torero la faena en el tercio, donde pegó algunas series con la mano derecha donde sobresalierom algunos redondos muy mandones que llevaron al toro hasta el final. Cogió la izquierda, pero lo único que quedó claro es que por ese lado el toro no quería nada, y volvió a la derecha para dejar otra serie en la que la noblota condición del animal por este lado ya estaba muy apagada. Dejó Octavio Chacón una estocada tendida y atravesada que, aunque tardó en hacer efecto, sirvió. Y tardó porque el toro fue más duro que una piedra y se negaba a doblar, llegando incluso a levantarse en varias ocasiones. Los pañuelos asomaron para pedir una oreja ganada a todas las de la ley, pero el único pañuelo que asomó fue... El azul. Sí, vuelta al ruedo a un toro que acabó manseando en el tercer puyazo, que por el lado derecho no pasó de pastueño, y que por el izquierdo no tuvo ni uno. Increíble pero cierto. Muy protestada tal concesión, y clamorosa vuelta al ruedo que se pegó Octavio Chacón bajo las ovaciones unánimes de toda la plaza.
No con menos brillantez resolvió la papeleta Chacón ante el cuarto, el cual de salida le apretó hacia dentro pero, haciendo gala de inteligencia y recursos, se dio media vuelta y volvió a sacárselo a los medios arrastrando el capote y mandando. Volvió a ponerlo tres veces en el caballo otra vez con sobriedad y afán lidiador, el toro recibió tres puyazos en los que cabeceó y se dolió de la vara como buen marrajo que fue. En banderillas no lo puso tampoco fácil, cortaba, apretaba hacia los adentros y echaba la cara arriba, pero nada de eso fue impedimento para que el subalterno Vicente Ruiz colocara dos grandes pares de banderillas. El toro, después, no tuvo ni uno de pregonado que fue. Chacón se dobló por abajo e intentó ponerse para sacarle algún derechazo, pero el toro, lejos de seguir la muleta, se lanzaba como un cohete al pecho del matador, quien como pudo, volvió a dar otra muestra más de dignidad y de vergüenza torera haciendo una lidia breve sobre las piernas, y matándolo sin más dilación con una estocada que cayó en todo lo alto. Gran ovación para él una vez arrastrado el toro.
La gran tarde de Octavio Chacón no acabó con la lidia y muerte a estoque de sus toros, pues estuvo en el resto de turnos muy atento de todo, muy bien colocado para hacer el quite, tanto en el ruedo como dentro del callejón; salió acompañando a los caballos de picar para cortar el viaje del toro si hubiera hecho falta, y hasta dejando en suerte al toro de algún compañero cuando este no era capaz. Sobran las palabras acerca de Octavio Chacón.

Esaú Fernandez completó la terna para hacerse cargo de segundo y quinto, y para no hacer leña del árbol caído mejor acortar palabras: no quiso ni ver a ninguno de sus dos toros y fue incapaz en todo momento de resolver la papeleta con un mínimo de dignidad, como sí hicieron sus compañeros ante situaciones no menos complicadas que las que él tuvo. Al quinto,  además, no se lo dejó vivo de milagro, pues es mitin de pinchazos que ofreció fue de escándalo. Quizás Esaú debería tener en cuenta que esto de la Tauromaquia no es sólo pegar pases.

Las cuadrillas de a pie, más que menos, resolvieron la papeleta también dignamente, y hasta en muchos casos, con lucimiento y torería. Tal fue el caso de Alberto Cerrato, tercero a las órdenes de Octavio Chacón, quien salvó la vida unas cuántas veces a los compañeros gracias a su magnífica colocación en el ruedo, y además logró soplarle un gran par de banderillas al primero. Vicente Ruiz también brilló con los palos y saludó montera en mano tras parear al cuarto. Sobre los seis picadores que ayer actuaron, baste con decir que a todos sin excepción se les debería tocar el bolsillo por las carnicerías y cuchilladas que asestaron a los animales por todas las partes de su cuerpo. En todas, excecto en donde se debe picar.