sábado, 7 de marzo de 2020

JOSÉ TOMÁS, UNA LEYENDA QUE YA ESTÁ FUERA DEL TOREO

Sigue toreando, pero lleva ya mucho tiempo fuera del toreo y hasta considerado por muchos aficionados como un torero retirado. En su día protagonizó una época gloriosa, dividida en dos etapas, en la que seguramente consiguió ser el número uno y hasta tener el derecho a que se le considere como uno de los más grandes de todos los tiempos.

Por ello, hablar de José Tomás no es hablar de cualquier torero. Por sus logros, por su forma de torear y por la nueva vuelta de tuerca que consiguió darle al toreo, otra más que sumarle a las que en su día dieron Belmonte, Manolete y Ojeda, pisando unos terrenos que nadie había pisado antes, y poniéndose en un sitio que hasta ese momento nadie había conseguido alcanzar (y quizás muy pocos a día de hoy le han igualado). José Tomás ya hizo presentir desde novillero que en él había un torero completamente diferente a los demás, y tras tomar la alternativa y conforme pasaron las temporadas, ese presentimiento fue una certeza. México, Francia, Sevilla, Barcelona y Madrid, sobre todo Madrid, entre otras muchísimas, se le rindieron a sus pies en múltiples ocasiones a lo largo de los años 90 y principios de los 2000. Cuando se quitó en 2002 dejó un  tremendo vacío, un vacío que entonces se antojó muy difícil, casi imposible, de ocupar. Surgieron por aquel entonces otros toreros que alcanzaron la gloria y protagonizaron también grandes gestas, pero la nostalgia nunca llegó a borrarse en las cuatro temporadas que estuvo fuera de los toros. Y en 2007, cuando menos se lo esperaban los aficionados, saltó la noticia: José Tomas volvía, y lo haría con intención de quedarse. Volvió en Barcelona, justo en un momento muy delicado para la que en otro tiempo fuera la ciudad más taurina de España, llenó una plaza que hacía muchísimo que no se llenaba y dio una gran tarde como solamente él sabía. Siguió la temporada de su regreso y, aunque en plazas de menor relevancia para ir acomodándose, demostró que seguía siendo el mismo José Tomás que anteriormente fue: todo un derroche de toreo puro, arrojo y gran estilo que colocaba sus muslos donde la inmensa mayoría del escalafón solo alcanzaba a colocar la muleta (algunos, el pico). Volvió a Madrid al año siguiente, plaza que le veneró, y se entretuvo en cortar la friolera de siete orejas en un espacio de tiempo de diez días. Siguió triunfando y poniendo todo patas arriba con su grandiosa forma de torear allí donde actuaba; por desavenencias con los empresarios no llegaba a cuajar su presencia en Sevilla, ni tampoco en Madrid un año después de su apoteósico triunfo. Y una tarde en Aguascalientes, en el país donde ya volvió a nacer años atrás, por poco se va definitivamente. Tenía entonces una prometedora temporada de 2010 por delante, con dos tardes firmadas en Madrid y otra más en Bilbao (una de las poquísimas plazas que se le ha resistido), entre otras muchas. Todo se truncó con aquella cornada. Y también todo cambió radicalmente, ya nada volvió a ser como antes.

Tuvo el coraje y la gallardía de conseguir volver a torear un año después. Fue en Valencia, por julio. Y aunque en un primer momento parecía que aquel percance tan solo fue un socavón en el camino y ya había sido superado, la realidad dio en las narices a la ensoñación. Con una cornada como la que sufrió en Aguascalientes, lo milagroso era que hubiera salido con vida del trance, cuanto ya menos volver a torear. Pero ¿pretender que algo así no dejara secuelas a alguien quien, a pesar de todo el misterio y misticismo que siempre le ha rodeado, es en realidad un simple mortal más, de carne y hueso?
"Temporadas", por llamarlo de alguna manera, de dos o tres tardes como mucho vinieron después. Clausuró la Monumental de Barcelona al poco de reaparecer en Valencia, al año siguiente protagonizó una apoteósica mañana en Nimes encerrándose con 6 toros, siguió sumando actuaciones testimoniales en plazas como Jerez, Algeciras, Huelva, León, Granada, San Sebastián, Aguascalientes... Y pare usted de contar. Tardes muy preparadas en cuanto a toros a lidiar y compañeros con los que hacer el paseíllo, todo muy medido y sin apenas competencia, para que el protagonista único fuera él y tan solo él. Algo así como una perfomance tomasista anual para los más nostálgicos, pero que en realidad no le suma ni le resta absolutamente nada a la temporada taurina.
El año pasado, en Granada, fue un estrambótico vis a vis con un rejoneador y en la que se vio a un José Tomás que en absolutamente nada se parecía al grandioso torero de otros tiempos, por mucho que se empeñen algunos de sus más fieles seguidores.

Y este año ¿qué? Por un lado, hay quien asegura su presencia en Granada por su feria del Corpus. Pero lo que sí  están cerradas son, por mayo y septiembre respectivamente, dos tardes en Nimes... ¡¡Nimes!! Plaza de primera categoría en Francia, puede parecer que ha subido un escalón. Y dos tardes nada menos. Pero claro... ¿Toros? No se sabe aún, pero por supuesto que tampoco hay que echarle mucha imaginación para saber de qué va a ir el asunto. ¿Y compañeros? Pues decir que, de nuevo, el esperpento del "mano a pata" con rejoneadores. Y en ambas tardes además. ¿De verdad se puede tomar esto en serio?

Y es que verdaderamente da pena, muchísima pena, ver a toda una leyenda del torero arrastrarse de esa manera, cual alma del purgatorio, por esos montajes de Dios ideados para que sus incondicionales más nostálgicos revivan de alguna manera los años gloriosos del tomasismo. No se puede discutir que, aunque cien años en estas condiciones pasen, a José Tomás nadie le va a quitar ni un ápice de su alargada leyenda, forjada a base de triunfos, sangre y verdad durante muchas temporadas. Solo faltaría. Pero claro, ¿tiene algún sentido estas apariciones tan puntuales en el devenir de la temporada taurina, más allá de matarse el gusanillo él mismo y matárselo a toda esa legión de seguidores que aún todavía le consideran el número uno del toreo? Si es por la cosa de seguir alimentando su espíritu, lícito es. Pero que a día de hoy todavía haya quien considere un líder y un líder a José Tomás, exagera. Y siendo honestos, tampoco se le puede pedir mucho más a quien un cornadón de caballo no solamente casi le quita la vida, sino que le dejó secuelas físicas que le impide desarrollar su profesión con normalidad.

Si José Tomás pretende seguir montándose sus dos o tres revivals anuales para goce y disfrute propio y de sus adeptos, está en su pleno derecho. Lo que no puede dejarse aparte es que su época ya pasó hace tiempo y que su burbuja está totalmente apartada e independiente del grueso de la temporada taurina.

miércoles, 4 de marzo de 2020

LAS PUYAS PARA LA CONCURSO DE JEREZ: UNA MORANTADA MÁS

Para entender mejor qué pretende uno de la Puebla con "sus puyas" para la próxima corrida concurso a celebrarse en Jerez, quizás sea adecuado contestarse a una pregunta de suma importancia: ¿qué es la suerte de varas? O mejor dicho, ¿qué trascendencia tiene la suerte de varas en el toreo hoy en día? Hay dos respuestas posibles, una corta y una larga.

La corta, compuesta por una palabra: NADA.

La larga, pues se podría definir como una especie de mosca cojonera para los matadores (en especial los figuras y los que se las dan de figuras)  y público que aquellas arrastran (público, que no aficionado). Mosca cojonera o trámite, como se prefiera, el cual se resuelve pronto en plazas que no son de primera categoría con una sola entrada al caballo y un refilonazo como norma general (salvo si el animalito a lidiar saliera, por cosas de la vida, con más poder que el acostumbrado, y entonces hubiera que machacarlo de un solo puyazo). Y aquí paz y después gloria. Peor en plazas de primera categoría, pues el reglamento obliga a dos entradas, que se suelen resolver también como mero trámite y, normalmente, con sendos refilonazos (salvo cuando suele tratarse de plazas como Bilbao o Pamplona, donde el Toro impone más y suele salir con más poder). Y ya si hablamos de Madrid, la mosca cojonera deja de serlo, convirtiéndose en un mosquito tigre que porta el coronavirus (o algo peor, viendo cómo se toman algunos que todavía queden aficionados que reivindiquen todo el esplendor de la suerte de varas). Y ¿por qué los toreros de ahora pueden permitirse el lujo, tarde sí y tarde también, de prescindir de la suerte de varas? Pues porque el medio-toro a lidiar, con su bravura del siglo XXI, así lo permite. El medio-toro ya sale al ruedo picado, lidiado y dispuesto a tragarse sin tan siquiera pestañear una faena de muleta kilométrica, que necesita de una embestida suave, pastueña y noble hasta decir basta. La suerte de varas, por lo tanto, está de más ante un torete de estas características. 

Y así es como se ha llegado a la más absoluta degeneración de la lidia del toro bravo (y del propio toro bravo), la cual consiste en pegar pases. Simplemente eso, pegar pases. Ni suerte de varas, ni quites, ni apenas toreo de capote; los peones que gasten torería para cubrir el segundo tercio cada vez menos frecuentes, y ni tan siquiera el más mínimo decoro para realizar la suerte suprema con pureza y verdad. Nada que no sea pegarle pases (que no TOREAR) al animalito de turno. En otros tiempos, muy remotos ya, la suerte de varas lo suponía todo, junto con la suerte de matar. Posteriormente llegaron José y Juan, y con ellos la concepción de la faena de muleta como algo más que preparar al toro con miras a la suerte suprema, y todo fue evolucionando y convirtiéndose el último tercio en una expresión de lo más artística y de poderío ante el Toro, pero sin dejar de lado algo tan fundamental en la lidia como lo es la suerte de varas. Sin dejar de concebir, a fin de cuentas, la lidia como algo dividido en tres tercios. Hasta que entró en escena el llamado toro artista y todo aquello se fue al mismísimo carajo para convertirse en la pantomina a la que ha llegado ahora la lidia.

Ahora parece ser que al señor Morante de la Puebla, que en los últimos tiempos se las quiere dar de romántico empedernido, le ha entrado la vena por preocuparse de la suerte de varas. Con motivo de la corrida concurso de Jerez que estoqueará mano a mano con el Juli (monta tanto, tanto monta), al genio se le ha ocurrido la brillante idea de sacar a la palestra unas puyas de menor tamaño y, por lo tanto, menos dañinas. Algo así como que "los toros sangran demasiado en la suerte de varas (no serán los de las ganaderías que él suele lidiar, no), y lo que se pretende es conseguir que con una puya más pequeña se consigan más entradas al caballo y el toro llegue con fondo al último tercio. Que igual si hacemos una lectura superficial y rápida, cualquiera se levantaría del asiento y, tras destocarse, aplaudiría como un loco la idea. Pero pasa que si se ahonda un poco en el asunto, uno no tarda en darse cuenta que es una metedura de pata, como mínimo, gigante. Quizás reducir el tamaño de las puyas sea la solución más fácil en este punto al que ha llegado la Tauromaquia, pero no quiere decir eso que sea la más congruente. Si no se le hubiera despojado al toro de todo su esplendor, un esplendor consistente en casta, bravura, poder y pies, no harían falta puyas más pequeñas, es más, a nadie se le pasaría por la cabeza tal idea. Quizás si a todo ese esplendor del toro le acompañara la existencia de picadores verdaderamente competentes que sepan hacer la suerte, que piquen en lo alto y que se olviden de limitarse al puyazo trasero y a golferías tales como barrenar, no harían falta puyas más pequeñas. Quizás si todos y cada uno de los matadores y novilleros del escalafón entraran sin demora a hacer el quite en lugar de pegar voces al picador para que levante el palo, su única defensa para no ser desmontado,(¿o para darle más fuerte? Nunca se escucha con claridad si es vale o dale), y así evitar algunas carnicerías que se cometen desde lo alto del jamelgo, no harían falta puyas más pequeñas. Quizás si se revisara y se pudiera dar una solución al peso del caballo y del peto para que los toros no se desfonden tanto empujando al Caballo de Troya, no harían falta puyas más pequeñas.

Pero no, es mucho más fácil después de la degeneración que ha sufrido el espectáculo, el tema de las puyas más pequeñas. ¿Se imaginan que ahora hubiera que concienciar a los ganaderos para que vuelvan a seleccionar poderío, fuerzas, pies y casta, en detrimento de la toreabilidad y de la clase? ¿Y lo de concienciar a los matadores para que ordenen picar en el sitio y no en mitad del espinazo, y hacer el quite con rapidez y diligencia en lugar de quedarse mirando a las musarañas desde la lejanía? ¿Y ya conseguir que los picadores se suban a un caballo más ligero? Entra la risa de solo pensarlo.

Y aunque sea la solución más fácil y rápida, lo de las puyas más pequeñas no deja de ser una morantada más que añadir a su importante colección de disparates.

martes, 14 de enero de 2020

EL RETORNO DE UN GRAN TORERO

Vuelve. Ese es el titular que todos los aficionados llevamos meses codiciando, vuelve... Vuelve Alejandro Talavante. "Vuelve quien nunca debió irse", dicen por ahí. Y no hay mayor falsedad que eso. Porque Alejandro Talavante nunca se fue de los toros. A Alejandro Talavante lo echaron. Mejor dicho, lo echó la infame mafia taurinesca que tanto daño ha hecho, hace y seguirá haciendo a la Tauromaquia (más incluso del que pueda hacer ese nuevo Gobierno de España, presuntamente prohibicionista para con los toros). Y lo echaron justo en el momento en que su toreo había alcanzado mayores cotas de pureza y verdad en toda su carrera, tras algunos años irregulares y de vaivenes en los cuales ni él mismo sabía qué buscaba.

Alejandro Talavante se tomó un curso entero sabático en el cual apenas nada se supo de la persona y, menos aún, del torero (si acaso, rumores era lo único que les llegaba a los aficionados). Y justo cuando la temporada que corresponde a la del año 2020 asoma en el horizonte, tenemos la gran noticia: Alejandro Talavante reaparecerá en la plaza francesa de Arles el próximo 11 de abril, en un mano a mano con Juan Leal y una ganadería que, a día de hoy, es una incógnita. Y por si fuera poco, ha decidido pegarle la patada en el trasero a toda la mafia, y apostar por el camino de la independencia a la hora de elegir gestor de su carrera: su apoderado será nada menos que el maestro Joselito. Nada de Matillas, Donsimones, Choperas, Choperitas, Lozanos, Bailleres, no. Ni hablar. ¡¡Cuánta falta hacía Alejandro Talavante!!


En un escalafón repleto de mediocridad, mentiras y amaneramientos (especialmente entre los figuritas esos de porcelana que venden como quienes inventaron el toreo), tener de vuelta a Alejandro Talavante, uno de los últimos exponentes del clasicismo, la pureza y la verdad, es un lujo. Puestos a soñar, que de momento no cuesta dinero y no es actividad ilícita, qué grandiosa tarde de toros sería para Madrid, en pleno San Isidro, un cartel formado por Diego Urdiales, Alejandro Talavante y Paco Ureña (otro par de grandes toreros, por cierto, que han sufrido en sus propias carnes los ninguneos y zancadillas de la mafia). O junto a Pablo Aguado, intérprete de la escuela sevillana en su gran esplendor. Y, por qué no, tampoco podemos dejar de acordarnos del duende de Juan Ortega. Y por supuesto, verle medirse a cara de perro con Roca Rey, el torero de moda. En Madrid, por San Isidro. O en Sevilla, por abril. O en Bilbao, por su Aste Nagusia. O en Valencia, por julio ya que por Fallas no podrá ser, al estar prevista la reaparición para días después de esta feria... ¿Por qué no íbamos a poder soñar con que estos deseos puedan convertirse en realidad los próximos meses?

Sería precioso, pero mucho se teme un servidor que esto sean solo eso: sueños. Al menos de momento, pues hasta que no pasen algunas semanas y se vislumbren las primeras ferias, no conoceremos con certeza las intenciones de Alejandro Talavante para el año de su regreso. Su reaparición causa furor entre todos los aficionados, pero no es menos cierto que ha preferido la comodidad para esta su primera comparecencia: nada menos que un vis a vis ante un torero joven, muy nuevo y que a todas luces no le pondrá en demasiados apuros. Y en cuanto a los toros previstos a lidiarse aún no se conoce la ganadería elegida, pero no es descabellado aventurarse a pensar que no estará muy lejos del sota, caballo y rey. ¿Planteamiento de un año a lo grande y sin rehuir de grandes compromisos, como corresponde a un torero de la categoría de Alejandro Talavante? ¿O por el contrario será una temporada más aliviada, toreando en plazas de menor relevancia y ante compañeros más de segundo nivel, como ya hizo en su momento otro gran torero de los noventa y principio de siglo XXI, cuando volvió allá por el año 2007?

La noticia por todos esperada está encima de la mesa, Alejandro Talavante está de vuelta y todavía le tenemos para rato. Ahora solo toca esperar a que el Alejandro Talavante que regresa sea el mismo que el que se fue en 2018, el triunfador de las grandes plazas con un toreo de alto grado de pureza.

Suerte torero.


domingo, 10 de noviembre de 2019

MANUEL JESÚS CID SALAS, TORERO DE CULTO POR LOS RESTOS

Tendrán que pasar unos cuantos años, tal vez décadas, para que el toreo dé otro ilustre que sepa interpretarlo como lo ha hecho El Cid. Cuentan los viejos aficionados sobre la retirada de otro ilustre, Su Majestad El Viti, que por aquel entonces se auguró otro saco de años para que saliera otro torero como El Viti, cuyo poderío sobrio y con aires muy clásicos lo habían convertido en un referente de los años sesenta y setenta del siglo pasado. Veintiún años concretamente tuvieron que pasar, los que transcurren desde su retirada en 1979 hasta la alternativa de El Cid en el 2000, un período de tiempo en el cual surgieron otros grandiosos toreros, faltaría más, pero ninguno con el sello propio del que vino al mundo en Vitigudino.

Baches y etapas mejores que otras aparte, lo que ha supuesto El Cid en el toreo del siglo XXI no ha sido lo que se dice moco de pavo. Posiblemente, el torero más completo que se haya visto en todo lo que llevamos de siglo (muy en especial durante la primera  década de este, no ya solo por su pureza manifiesta a la hora de interpretar el toreo, sino porque su poderoso estilo le ha valido para imponerse ante todo tipo de ganaderías). Si bien ha sido un torero corto en cuanto a repertorio se refiere, tuvo una gran capacidad para lidiar los toros con el capote, y aunque no solía ir más allá de la verónica y el delantal, la ejecución de estos dos lances siempre la realizó con elegancia y cierta dosis de arte; así como su media verónica, la cual tuvo muchos aires a Belmonte. Pero sin lugar a dudas, donde verdaderamente ha destacado El Cid y ha sido lo que le ha hecho rico en los toros, ha sido en su uso de la muleta con la mano izquierda. El natural de El Cid ha sido un muletazo de quilates, que embebía a los toros con toda la panza de la muleta, y los llevaba largo larguísimo, y despacio despacito. Y sin retorcerse, ni hacer feas contorsiones, ni nada raro. Su hacer se desarrollaba por la vertiente de la naturalidad. ¡¡Cuántas veces no nos habrán hecho saltar del asiento las maravillas que dibujaba Manuel Jesús con la zocata!! Gastaba también ciertos aires barrocos para rematar las series de muletazos, pues en este punto sí contaba con un abanico más amplio de suertes: molinete, pases del desprecio, de la firma, molinete invertidos... Y el rey de sus remates: el pase de pecho, rematado en la hombrera contraria y que terminaba de poner en ebullición al personal tras tres o cuatro naturales no menos arrebatados.

Pero, como todo ser humano, El Cid tuvo un punto débil. Muy débil, tanto como para hacerle perder docenas de triunfos en ruedos de suma importancia. Si don Rodrigo Díaz de Vivar ganó grandes batallas Tizona en mano, Manuel Jesús Cid Salas perdió puertas grandes a espuertas por hacer mal uso de su Tizona particular. Así a bote pronto, solo en Madrid perdió unas ocho puertas grandes. ¡¡Ocho!! Ocho que sumadas a las dos que sí consiguió, hubieran sido iguales al número de puertas grandes alcanzadas por colosos de la talla de Ruiz Miguel y Andrés Vazquez, y superiores a las de otras leyendas de la Tauromaquia como Diego Puerta, Gregorio Sánchez, Antoñete o José Tomás. Pero quedó únicamente en dos, y culpa de ello fue ese talón de Aquiles que arrastró El Cid toda su carrera, de principio a fin, y que fue la espada.

No fue el camino de Manuel Jesús un camino de color rosa y de fantasía desde que se iniciara como novillero. Para llegar a ser lo que fue, es y será siempre, tuvo que pasar por la dureza extrema del toreo en las plazas del Valle del Tiétar (el famoso Valle del Terror, donde si el toro y novillo que se lidia es imponente y exigente, el público que se congrega en el tendido de sus plazas no se queda a la zaga). Seis temporadas de novillero con picadores hasta llegar a la alternativa, en los cuales adquirió un oficio y una cabeza privilegiada para entender al Toro de verdad. Sería quizás por eso por lo que después fue el torero que fue. Su alternativa en Madrid, su Madrid, no fue triunfal, pero sí llegó a dejar entrever que ahí olía a torero grande. La alternativa no terminó de mejorar su situación, pues no consiguió salir de ese duro circuito donde se forjó, aunque sí seguía contando para empresas importantes, como la de Sevilla o la de Madrid, para confeccionar algunos carteles de sus respectivas temporadas. Fue precisamente en esta última (dónde iba a ser si no) donde se produjo el primer aldabonazo gordo que le empezaría a cambiar la situación. Corría la temporada de 2002, y El Cid había conseguido entrar en la feria de San Isidro para lidiar y estoquear la corrida de Hernández Pla en el segundo festejo de abono. Fue la tarde en que inmortalizó al gran Guitarrero, y también la tarde en que empezó su pasional idilio con Las Ventas. Pero pocos meses tuvieron que pasar para que comenzara otro gran idilio que todos, desde él mismo hasta el último aficionado que se precie, y durante toda la historia de la Tauromaquia, recordarán: el romance Cid - Victorino. Y es que ese mismo verano de 2002, poco tiempo después de torear como los ángeles y en Madrid al bravo Guitarrero, El Cid se las iba a ver en Bayona con su primera corrida de Victorino Martín, la primera de muchas que iba a estoquear. Y mal no debió de dársele aquellos primeros albaserradas, pues cortó un rabo. Desde aquel día, El Cid comenzó a ser un clásico en las ternas que habrían de estoquear las corridas de Victorino en todas las ferias. En especial, Madrid. Y precisamente al año siguiente, en 2003, su primera corrida de Victorino Martín en Madrid, en la última de la feria de San Isidro. El Cid hizo aquella tarde el paseíllo aún con los puntos frescos de una cornada que le infirió un toro de Celestino Cuadri en esta misma plaza semanas antes, y de nuevo otra tarde para el recuerdo en Madrid. En el marco de una sobresaliente corrida de Victorino (el mayoral fue obligado a saludar tras finalizar la corrida) El Cid le realizó un faenón al segundo, de nombre Gaditano, y al que le hubiera conseguido cortar las dos orejas si no hubiera fallado con la espada. La afición de Madrid ya le tenía como uno de sus toreros predilectos, y en las ferias de toda España y Francia ya se comenzaba a dejar caer su nombre en los carteles. Su ascenso al Olimpo del toreo era una evidencia.

Comenzaban los años gloriosos del Cidismo. Entró en todas las ferias y en carteles de relumbrón, pero nunca se olvidó de sus duros orígenes, pues siguió matando de todo y triunfando ante todo lo que se le pusiera por delante. Un nuevo faenón en la de Victorino de San Isidro 2004, de nuevo pinchado, y el corte de una oreja en la Beneficencia de aquel año, no hicieron sino refrendar todo lo anterior. Pero faltaba lo que faltaba: que rematara con la espada todo lo bueno de la muleta, y en las plazas importantes. Madrid y Sevilla ya le bendecían y le apreciaban, pero estaban deseosas de verlo en hombros de los aficionados al terminar la corrida. Y llegó un momento en que parecía imposible que algo así llegara. Pero llegó. Y vaya si llegó...
Tres fechas claves en el calendario de 2005: 27 de marzo, 7 de abril y 3 de junio. Dos puertas del Príncipe en Sevilla, y una puerta grande en Madrid. Por fin lo consiguió, y por fin sus adeptos le veían como hacía algunos años que deseaban verle. Las de Sevilla, por Resurrección ante toros de Juan Pedro Domecq y en la Feria con la de Victorino (como no podía ser menos), fueron colmadas de gloria porque transcurrieron en un período de tiempo muy corto (apenas diez días). La de Madrid, punto y aparte como siempre. Venía aquel 3 de junio de pinchar por enésima vez otra puerta grande ante una corrida de Alcurrucén, aquella en que otro ilustre de Madrid como lo es César Rincón se reencontró con su querida afición madrileña. Y tras derramar otro buen puñado de lágrimas días antes, Manuel Jesús consiguió por fin meter a la primera la espada al toro de Victorino que había vuelto a cuajar con consumada maestría. La primera de dos que tuvo, completándose el cupo un año después ante otra corrida de Alcurrucén.

El Cid mantuvo su gran nivel unos cuantos años más, entre los cuales protagonizó tardes verdaderamente históricas. Tardes como la de la encerrona con seis toros en Sevilla en el año 2006, y en la que cortó cuatro orejas; la de Bilbao al año siguiente con seis de Victorino Martín y que supuso un verdadero hito en su carrera, su faena al gran Borgoñés en la feria de abril de 2007, su puerta grande en Barcelona ante una corrida de Parladé tres días después, su San Isidro de 2008, en el que pudo salir a hombros las tres tardes en que actuó, con corridas de El Pilar, Victorino (siempre Victorino) y Núñez del Cuvillo; no consumándose ninguna de ellas por lo mismo de siempre. En fin, muchas tardes y muchos grandes recuerdos de alegría y de gratitud.

Y después... ¿Qué? Después, el ostracismo. La oscuridad. El socavón. La tristeza. La abulia. La apatía. La suya y la de todos sus adeptos. Dicen los cercanos a él que la enfermedad de su padre  y otros problemas personales le pasaron factura anímica. Madrid y Sevilla, sus dos amores, le seguían esperando, y lo cierto es que le esperaron hasta el final. En ambas consiguió llevarse algún que otro trofeo de cuando en cuando, pero los que le vieron en todo su esplendor reconocían que ya no era lo mismo, que a aquel Manuel Jesús le faltaban muchas cosas de las que le pusieron en órbita. Milagrosamente, esas mismas cosas resucitaron por un día aquella feria de Otoño de 2013, la de el faenón al coloraíto de Victoriano del Río apodado Verbenero, en lo que resultó ser su penúltima gran faena, con su penúltimo sainete de pinchazos a la puerta grande, en Madrid (la última siempre quedará por escribir).

Su última temporada en activo ha sido un completo homenaje a la figura del torero que tanta grandeza ha ofrecido a la Tauromaquia. La afición sevillana se lo llevó en hombros tras su última tarde en la Maestranza, y los madrileños no pudimos quedar atrás y tuvimos que hacer lo propio la pasada feria de Otoño, cuando se despidió de Madrid. Aquella tarde fue obligado a saludar, tras romperse el paseíllo, hasta en dos ocasiones; y aunque su tarde fue discreta, tras la muerte del cuarto fue obligado a dar una vuelta al ruedo. Y también, la salida de la plaza sobre los hombros de aficionados que vivieron aquella tarde un cúmulo de nostalgias, recuerdos y evocaciones al pasado que difícilmente se les olvidará. Porque Manuel Jesús Cid Salas, El Cid en los carteles, ha dado mucho al toreo. Y el toreo y los aficionados le recordarán por siempre lo que siempre será: un torero de culto. Suerte MAESTRO.

domingo, 6 de octubre de 2019

SEXTA DE OTOÑO: BUEYES CÁRDENOS DE MARCA ADOLFO MARTÍN

Petardazo grandioso del señor don Adolfo Martín Escudero, ganadero de reses bravas (se supone), como colofón a esta feria de Otoño. ¿Petardo de Adolfo Martín? ¿En Madrid? ¿Y en Otoño además? Nooooooo, ¡¡no puede ser, debe de haber un error!!

¿Hasta cuándo tendremos que aguantar las cuchufletas de este señor cada vez que lidia una corrida en Madrid? Y por supuesto, ¿hasta cuándo tendremos que seguir aguantando a su séquito de palmeros (que también los tiene) poner excusas de todo tipo, formas y colores sobre el lamentable juego de estos pseudoalbaserradas? ¿Que se merienda bien en casa de este señor, o cómo va el tema? ¡¡La Virgen Santa!!

La de hoy, una más de tantas de Adolfo, y que hacen la excepción de la norma a la corrida de hace cuatro meses en esta plaza: una colección de torillos chicos, mal hechos, feos, sin remate... Y lo que es peor, de un comportamiento que, a su lado, los berrendos de Florito parecen bravos. Lo suyo hubiera sido dejarlos en Los Alhijares, castrarlos y venderlos como bestias de tiro para las carretas de El Rocío. O para tirar del arado. O para el manejo de ganado bravo, pero bravo de verdad. Y a lo mejor, ni tan siquiera hubiera hecho falta castrarlos. ¿Para qué? Hubiera sido perder tiempo y fuerzas.

Solo hubo uno, uno solo, que sacó una condición que mereciera un poquito más acorde de llamarse "ganado de lidia". El 4.º de la tarde fue, y aunque no fue tampoco una cosa sobrenatural de casta, temperamento y bravura, al lado de sus otros cinco hermanos se pareció y todo, sin ir más lejos, a aquel mítico Madroñito que lidiara en esta misma plaza, hace años ya, Fernando Robleño. No se empleó en varas, se le alivió en el primer puyazo y se le apretó más en el segundo, ambos inferidos en mal sitio, sea dicho de paso; y llegó a la muleta con una nobleza exquisita y queriendo tomar los engaños por abajo. Vamos, que casi pareció más un juanpedro cárdeno que otra cosa. O uno de esos saltillos del otro lado del charco que hacen suspirar a los figurones mientras se les dibuja un corazoncito en cada pupila. Y para uno que sale medianamente bueno, no va el espada de turno y se lo deja sin torear...  El susodicho fue ese fino, pinturero y artistísimo Curro Díaz, y con mucha finura, pinturería y jarte, lo mandó al desolladero sin sacarle el más mínimo provecho. Lo sacó al tercio con unos pases de tanteo, entre los cuales fue jaleado un natural de los que solamente salen en los carteles de toros, y en esos terrenos pasó al toro por el lado derecho, dándole muy poco sitio y sin demasiadas apreturas, ante lo cual el toro se quedaba corto. El pitón del toro era claramente el zurdo, y Curro se echó la muleta a esa mano sin más dilación para dibujar algunos naturales metiendo mucho pico y sin acoplarse a la franca embestida. Le sucedieron más naturales en los que pareció que se iba imponiendo con más autoridad el torero al toro, llevándolo más largo y despacioso. La tercera serie de naturales era la clave, la que iba a determinar si la cosa iba a tomar vuelo por fin, o si por el contrario todo se iba a desmoronar. Ocurrió lo segundo, el toro seguía embistiendo con dulzura y a Curro le iban lloviendo como churros los enganches, por lo que a la cuarta serie de naturales, ya con el toro más apagado, no consiguió obtener más limpieza, ni tampoco más ajuste. Y hasta aquí el quehacer de Curro Díaz, rubricado por un pinchazo y una estocada defectuosa.

No dio la corrida para nada más. López Chaves se dio de bruces con un tetrapléjico que salió en 2.º lugar, y con el que hizo las veces de enfermero, quedando muy por encima del bichejo y cumpliendo la papeleta con dignidad. En Madrid no se triunfa de esa manera (a no ser que uno se llame Enrique Ponce o Julián López Escobar, y tenga la plaza poblada de incondicionales), pero al menos hace que se gane el respeto y la valoración positiva de los parroquianos. Y tal fue el caso. También se lo ganó, y además la ovación que se llevó así lo demostró, parando al 5.º de salida. El buey (llamarlo toro es un insulto) de salida no pasaba del umbral de la puerta de toriles, y si se movía era para darse la vuelta y volver a la oscuridad. Después de proceder de esta manera en varias ocasiones, y con el matador apostillado en los terrenos cercanos a la puerta de toriles, el toro se arrancó como una bala a por el bulto que lo llamaba, el cual trataba con demasiados apuros de fijarlo en el capote. Cuando se vio prácticamente Lopez Chaves acorralado en tablas, se dio la vuelta y, andando hacia atrás, se llevó al toro hasta la misma boca de riego para dejarlo allí parado. No dio para más su actuación, el toro abandonó el ruedo arrastrado por el tiro de mulillas dando las mismas sensaciones que cuando salió: oveja vieja que no tenía ni uno. Y López Chaves inédito.

Manuel Escribano cerró cartel, y lo hizo sin pena ni gloria ante otros dos cabestros cárdenos que no tenían la más mínima gota de temperamento corriendo por sus venas. Se fue a portagayola en ambos turnos, siendo arrollado por el 3.º aunque afortunadamente sin consecuencias; banderilleó con dificultad a este mismo toro, dejando cuatro palos en cuatro entradas como buenamente pudo; de la misma manera que este mismo toro le puso en aprietos durante la faena de muleta, pues no era lo que se dice para florituras, pero quiso tratarlo como si lo fuera. También banderilleó al 6.º, de manera vulgar, pero valiéndose de un par al violín haciendo un quiebro para arrancar algunas palmas. Ninguna palma arrancó cuando, muleta en mano, se plantó delante de ese buey para proponer su faena, pero para entonces la afición, aburrida y hastiada de tanta bazofia, ya pedía la hora y solamente miraba hacia la puerta de salida. De puntillas pasó Escribano durante toda la tarde, si bien saludó una calurosa ovación tras romperse el paseíllo, en recuerdo a aquella fuerte cornada que le infirió un toro de Adolfo Martin en San Isidro. Una ovación que, precisamente, se inició en ese tendido de terroristas, asesinos, borrokas, ce de erres y genocidas que, con sus pitos, provocaron claramente aquella infortunada cornada. El resto de la plaza, sensible y muy respetuosa con todos los toreros, no parecía acordarse.

Y para no acordarse es la tarde que se ha vivido en Madrid el día de autos. Una tarde de las que echan a patadas de la plaza al más aficionado a esto.

QUINTA DE OTOÑO: ENCERRONA DE LIDIAS COMPLETAS Y DESTOREO AMANERADO

Se llevaron en hombros de manera triunfal (y triunfalista, sea dicho de paso) a Antonio Ferrera. Dos horas y media después de hacer el paseíllo en solitario y entre grandes ovaciones. Dos orejas fue su balance numérico, y que en verdad podrían haber sido más si la espada hubiera entrado a la primera en momentos puntuales. Pero la Tauromaquia es mucho más allá que cortar una, dos, cuatro o veinte orejas, o no cortar ninguna. Y también, es mucho más que andar pegando derechazos y naturales a diestro y siniestro, como si solamente eso fuera torear. No, el toreo va mucho más allá de esos moldes modernos basados en la faena de muleta como único sentido de una corrida de toros, y de dejar fuera de todo lugar el resto de la lidia. Y en su día grande en Madrid, Antonio Ferrera ha demostrado estar completamente de acuerdo con que la lidia no es solamente torear de muleta. Verdaderamente ha sido delicioso contemplar a lo largo de los seis toros que ha lidiado en solitario cómo ha cuidado la lidia de principio a fin, de cómo ha movido el capote para fijar a los toros en él, de cómo se ha preocupado en dejar a los toros colocados en suerte para entrar al caballo, de cómo ha entrado en quites en todos los turnos y ha mostrado una variedad de suertes como hacía tiempo que nadie mostraba. En resumidas cuentas, que como lidiador ha dado una tarde espectacular, muy entregado de principio a fin y metido en el festejo desde el primer momento.

Pero ahora bien, si Ferrera ha demostrado a lo largo de sus seis toros tener en la cabeza un concepto de lo que es la lidia muy a la antigua (como tanto gusta a los aficionados) también ha demostrado quién es el Antonio Ferrera verdadero cuando agarra la muleta y comienza a torear por derechazos y naturales. O mejor dicho, cuando hace el conato de torear: un amaneradísimo ventajista que de torear, lo que se dice torear... Pues muy pero que muy flojito. Demasiado flojito, plasticidad aparte.

Antonio Ferrera se plantó esta tarde en Madrid para matar seis toros de distintas ganaderías con una actitud irreprochable, muy preparado de repertorio y psicológicamente para hacer frente a tan dura tarde. Como lidiador lo bordó, pero con la muleta hizo el mismo numerito de postureo que acostumbra. Abrió tarde con un toro de Alcurrucén con el que se dobló en el recibo capotero para fijarlo, aunque no terminó de conseguirlo. Lo llevó al caballo con aires antiguos, siempre por abajo y alargando los brazos. No fue fácil hacer que el toro entrara al caballo, en la primera vara fue a regañadientes y, tras un quite por chicuelinas de manos bajas, Ferrera tomó la decisión de mover al caballo de picar hasta los terrenos del tendido 5, donde el toro se hizo menos el remolón para acudir. Hizo pelea, si se le puede llamar así, de manso declarado, y en banderillas siguió alimentando esa condición esperando a los banderilleros, quedándose a media arrancada, y haciendo hilo. Con cuatro banderillas arriba se cambió el tercio, y el matador se fue a por él nada menos que a los medios. Allí lo probó por el lado derecho, pero después optó por cerrarlo más hacia el tercio. Ni en un sitio ni en otro, al toro le faltaba casta por todos sitio y Ferrera, tras sufrir una colada al segundo muletazos que dio con la zurda, lo lidió sobre las piernas y se lo quitó de encima más pronto que tarde.

El segundo llevó el hierro de Parladé, quien recibió un castigo bien inferido por Manuel Cid. Un quite por verónica regulares cerrado con una buena media de perfil que por sí sola dejó al toro en suerte para la segunda vara, de la cual se le sacó con otro vistoso quite por dos largas cambiadas y dos chicuelinas, fue el balance capotero ante este toro. José Antonio Carretero dejó un buen par de banderillas. Quizás perdió Antonio Ferrera una oreja de este pastueño ejemplar por el mal uso que hizo de la espada. Ferrera le dio fiesta, su particular fiesta muletera, pasándolo por ambos pitones abusando del pico en exceso y echándole hacia fuera en todos y cada uno de los muletazos. Eso sí, elegancia a espuertas. Medios pases aliviándose, pero pegados con claze. Que eso del desmayo entra por los ojos mucho más mucho más que una serie de naturales por abajo, largos y tirando del toro.

El tercero llevó en hierro de Adolfo Martín, que de salida miraba mucho por encima de los tableros, como dando a entender que tenía las intenciones necesarias para hacer una visita al callejón, aunque finalmente no hiciera amago de ello. Ferrera le echó el capote abajo y, andando hacia atrás, se lo sacó fuera y consiguió pararlo. Se le dejó en suerte en ambas entradas, la segunda con una revolera muy bonita tras quitarlo de la primera vara bregando a la antigua, y en ambos encuentros se defendió el albaserrada cuando sintió el hierro de la puya quemarle el pellejo, lo cual se hizo en buen sitio por el picador Antonio Prieto, que fue ovacionado. Antes de que los rehileteros se dispusieran a entrar a clavarle los palos, salió por sorpresa el subalterno Raúl Ramírez, vestido de gris plomo y azabache, para ejecutar el salto a la garrocha. Costó, pues el de Adolfo estaba muy reservón, tardó a la hora de arrancarse y parándose a media arrancada. Pero Raúl Ramírez tiró de coraje y pudo ejecutar la suerte con limpieza tras un primer intento fallido. Difícil se lo puso el de Adolfo a quien saltó a la garrocha, pero no menos a quienes entraban en turno de banderillearle. Pero ahí andaba en gran Fernando Sánchez para colocarle un par de banderillas simplemente emocionante, pues el toro le esperó hasta el último segundo, pero el banderillero aguantó, aguantó y aguantó y, finalmente, clavó en lo alto asomándose al balcón. Ovación de órdago. Se lo sacó el matador al tercio y, con la zurda, empieza a darle muletazos desde la M-30, hasta que el toro se le coló, y tuvo que rectificar y no ponerse tan fuera. En la segunda serie pareció que lo iba metiendo poco a poco en vereda, pero en la tercera el toro echó la persiana y Ferrera optó por machetearlo y terminar con él. Y a por el siguiente.

El cuarto fue de Victoriano del Río, con el cual intentó lucirse en un recibo capotero a pies juntos, pero pronto el toro optó por irse a explorar otros territorios. Dejó al toro al relance esta vez en ambos encuentros con el caballo, y el quite que se sacó de la manga fue por caleserinas muy vistosas. El de Victoriano sacó algunas arrancadas más que aprovechables que Ferrera se dejó ir tras una faena tan amanerada como las demás, y tan vacía de toreo como las que la precedieron y sucedieron. Series de medios muletazos por ambos pitones, dejando la muleta muy retrasada casi siempre a la hora de citar. Plasticidad,  toda la del mundo, qué duda cabe. Y quizás sería por eso por lo que el público se volvió loco y, de no haber sido de nuevo por la espada, hubiera premiado con otra oreja la obra. Pero torear, si esto consiste en lo contrario a los medios muletazos, los cites fuera de cacho y los tirones hacia fuera... Pues como que nasti.

De Domingo Hernández fue el quinto, al que recibió con lances  echando el paso atrás. Cumplió este toro en varas, entrando en quites Ferrera esta vez por orticinas. José Chacón se llevó una ovación más que merecida tras correr al toro a una sola mano casi de punta a punta de la plaza. Sirvió el garcigrande en el último tercio, de condición empalagosa y con mucho que torear. Ferrera siguió en su línea de primar lo preciosista por lo bueno de verdad, en una faena carente de acople y mando, pasando siempre al toro en una magna colección de medios pases  aliviándose una barbaridad. Pareció que a la mayoría del personal le entraba por los ojos más el postureo ferrerista que otra cosa, pues a gran parte de la plaza le dio por jalear tanto destoreo preciosista. Para matar, sacó de la chistera la estocada recibiendo tras citar dando mucha distancia, y aunque la espada cayó algo trasera, la ejecución fue espectacular. Y cayó la primera oreja, que fue protestada por parte de la parroquia.

Con media puerta grande abierta y la gente con él a carta cabal, Ferrera se fue a portagayola para recibir al último de la tarde. De Victoriano del Río fue y, tras la portagayola, Ferrera intentó fijarlo cuando volvió a entrar en su jurisdicción el toro con una especie de serpentinas muy vistosas, intercaladas con un conato de toreo a la verónica. En el caballo no se empleó el toro, y los dos últimos quites de la tarde consistieron, tras la primera vara en una larga cambiada de rodillas; y tras la segunda en un buen ramillete de chicuelinas con el compás abierto y una gran media verónica. Fernando Sánchez volvió a colocar otro par de banderillas colosal, y en el polo opuesto José Manuel Montoliú firmó un petardo con los palos al clavar solamente una por cada de las dos pasadas que realizó. Con cuatro palos arriba y tras una bronca de la concurrencia al negarse Ferrera a poner banderillas él mismo, pidió el matador los palos para dejar colocado un buen par al quiebro, pegadito a tablas, que terminó de enloquecer a la plaza. Se palpaba en el ambiente que iba a haber lío. Ferrera comenzó la faena de rodillas y dejándose venir al toro de lejos. Una vez en pie, surgieron una vez más esas formas amaneradas tan ferreristas, los medios pases, los trallazos hacia fuera y, sobre todo, la falta de TOREO. Alguno remates tales que pases de pecho o pases de la firma sí llevaron el sello de la calidad, pero a la faena le faltó lo que le llevaba faltando al toreo de muleta de Ferrera toda la tarde: verdad, dominio, pureza...  Y al final, tras una estocada corta y dos descabellos (para más inri) otra oreja al esportón, que podían haber sido dos si no llega a ser de nuevo por la espada. Suficiente para irse en volandas y convertir la tarde en triunfal. ¿O triunfalista?
Según se mire...

No hay duda de que Antonio Ferrera vino a encerrarse con seis toros en Madrid con una actitud impecable, una preparación óptima y un buen repertorio entrenado. En la lidia, actuación más que notable, pero en el toreo fundamental un cerapio del tamaño de un miura como los que van a correr por La Estafeta.

viernes, 4 de octubre de 2019

CUARTA DE OTOÑO: LO MEJOR ES HACER RESET, Y A DORMIR

Pues eso, que mejor irse a casita, cenar tranquilamente, e irse a dormir (o a acostar, según las preferencias de cada uno). Y mañana, al levantarse de la cama tras amanecer un nuevo día, como si no hubiera pasado nada. Como si nadie se hubiera comido uno de los peores encierros que se le recuerdan a Fuente Ymbro en esta plaza. Casi como si nadie hubiera vivido una tarde de toros que, según iba transcurriendo, iban aumentando proporcionalmente las ganas de colgarse de las rejas de la andanada...

¿Cabe decir algo más acerca de semejante asco de corrida? ¿Verdaderamente merece la pena analizar una por una a las cinco bestias de tiro de que se lidiaron con la G de Gallardo, y a aquella que salió como sobrero con el hierro de Manuel Blázquez? Y para qué, si está dicho todo. Corrida muy mal presentada y que destapó a todas luces las verdaderas pretensiones del ganadero: hacerse una limpia de cercados la mar de hermosa. Pues lo consiguió, triunfó en esa empresa y, además, cortando dos orejas y rabo. Pero si se habla de lo que ofrecieron en el ruedo, se diría que no han ofrecido posibilidades de nada. Nada de nada. En el ruedo al menos, en la cazuela ya se verá. Ni pelearon en los jacos, ni sacaron poderío, ni ganas de pelea durante la lidia, ni nada. Y de casta no hablamos. Uy, la casta... ¿Dónde habrá quedado eso esta tarde? Mejor dicho, dónde habrá quedado a lo largo de toda la feria, porque vaya lo que llevamos encima entre unos y otros, Señor.

Y sí, hubo toreros ahí enfrente. Dieciocho exactamente, si las cuentas no me fallan. Tres matadores, con la taleguilla bordada en oro; nueve subalternos, plata o azabache su bordado; y seis montados a caballo tocados de un castoreño, calzona, gregoriana y chaquetilla bordada en oro los seis. ¿Que si hubo lucimiento por su parte? Depende de por quién preguntemos, aunque en líneas generales, más que menos, la respuesta sería un NO gigantesco. Los seis señores esos del castoreño, la gregoriana, la vara y el caballo, mejor no referirse hacia ellos. Se podría caer en las descalificaciones, las injurias y todas esas cosas que dañan la reputación del que las infiere, y tampoco es el mejor plan. Solamente preguntar, si se puede claro, si tanto cuesta rectificar los marronazos. ¿TANTO?

Pero TOREROS, con mayúsculas y en letras doradas, solamente hubo uno. Pelillos a la mar, ha sido uno de los más grandes, si no el que más, de todo lo que llevamos de siglo XXI. Y esta tarde hizo el paseíllo en Madrid por última vez en su vida para decirle adiós a esta plaza, su plaza. La plaza donde mejores improntas de lo que es ha sido toreo ha dejado. Vino voluntarioso de agradar, aunque una cosa sea la voluntad y otra el acierto. Estuvo aliviado y sin querer demasiadas complicaciones toda la tarde, dejó algunos pasajes de buen toreo de capote ante el toro que abrió plaza... Y sobre todo, vivió una tarde emotiva en la que la afición que tanto le ha querido y le querrá por los restos le sacó a saludar no una, sino dos veces para romperse el paseíllo. La misma afición que, de manera unánime, le obligó a dar una vuelta al ruedo a la muerte de su último toro en Madrid, más por los múltiples recuerdos que la emoción hacían agolparse en la mente de cada uno que por lo estrictamente realizado en el ruedo. Sí, la afición que, al querer abandonar la plaza por su propio pie, le agarró por banda y le sacó en hombros de la plaza tras otra vuelta al ruedo clamorosa. Gloria a los toreros grandes, gloria a don Manuel Jesús Cid Salas. Ya habrá tiempo para dedicarle unas palabras más detenidamente, en otro marco que no sea el de la crónica de un petardo ganadero.

Acompañaron a la mejor zurda de los últimos veinte años Ginés Marín y Emilio de Justo, quienes tuvieron a bien de brindarle un toro cada uno. El primero, más joven espada de la terna, no hizo más méritos en el ruedo que los suficientes para decir que su lote fue imposible de meterle mano por cualquier parte, que se deshizo de ambos toretes sin excederse demasiado (lo que es de agradecer), y que otro día será. Emilio de Justo dejó algo más. Finos accesorios de toreo caro, tales que pases de pecho al hombro contrario como pocos ya se ven, o trincherazos bellísimos, ante el sobrero que salió en segundo lugar, de Manuel Blázquez (divisa gaditana perteneciente a la AGL, puro origen Cuvillo, así salió de bueno...). Pero todos esos detalles se diluyeron entre los medios pases, los cites perfileros, el pico y demás cosillas que Emilio de Justo sacó a relucir en lo fundamental. Hizo un esfuerzo y derroche de firmeza ante el quinto. Muy abanto de salida y ante la incapacidad de la cuadrilla por fijarlo en los capotes, se puso el mono de trabajo el matador y lo bregó él mismo impecablemente. Llegó incluso a llevarlo de punta a punta de la plaza (desde toriles, donde el toro ya se hacía en remolón antes incluso de anunciarse la salida de los picadores, hasta la puerta grande), valiéndose de una brega impecable. Ya con la muleta en la mano, tragó parones varios y miraditas que descomponen para al final, conseguir robarle muletazos por el lado derecho de muy buen corte, muy mandones, corriendo la mano hacia dentro y de mano baja. Demasiado para lo que hubo enfrente.

Al hacer de los matadores y de los picadores, añadir el buen manejo de capote por parte de Curro Robles, y los buenos pares de banderillas que colocó Lipi. Pero sobre todo, las ganas de que tan infame tarde vivida llegara a su fin. Ante este tipo de situaciones, lo mejor es resetear las neuronas e irse a dormir, que mañana será otro día.






lunes, 30 de septiembre de 2019

VERDUGOS DE LA LIDIA EN TRES TERCIOS

"A ver si podéis explicar de una vez que el hecho de que un matador no quiera picar un toro no es señal ni de menos bravura, ni de blandura, ni de menos casta, ni de menos raza. Es una tarde importante, quiero apostar y me gustan los toros muy crudos. Eso es una responsabilidad mía, igual que muchos toreros lo hacen, y es una apuesta mía. Entonces qué pena no tener un altavoz para poder explicar, porque si con dos puyazos medidos el toro no va a embestir imagínate si le pongo una tercera vez. Y es más de lo mismo, es una tarde, y otra tarde y otra tarde... Y entonces no sé, habrá que explicarles que el hecho de no picar un toro no es que sea menos bravo, ni más blando, ni que tenga menos raza ni menos casta; es que hay un torero que manda órdenes y yo les tengo dicho a mis picadores que mientras yo dé órdenes los toros se ponen como yo quiera. Y si el otro sale con una condición igual a esta, o que se mueva o que tenga virtudes, apostaré igual.  Ya le pegaré yo al toro que le vea condiciones y al que no le vea yo opciones de triunfar (...) No todos los días hay que pintar las rayas que pintan aquí, eso les gustará a una gente, a otra gente no le gusta, y esto es una lidia y la de otros tiempos y otras semanas es otra". 

Imposible meter más la pata en tan solo 90 segundos de tiempo, pero cuando a Miguel Ángel Perera o a cualquier otro taurinete de estos de hoy en día les ponen el micrófono delante el hocico, todo es posible. 
Al señor Miguel Ángel Perera le hastía y cabrea que los aficionados, a su vez, también se cabreen porque a los toros no se les pica. ¡¡Acabáramos!!

El señor Perera exterioriza un mensaje equivocado a través de su berrinche (otro más que añadir a su particular colección, todavía se recuerda aquello de "sobran puristas y falta triunfalismo", un buen día en que se le dejó de conceder un rabo en una plaza de tercera), y el que parece no enterarse de qué va el asunto es él mismo. El señor Perera no se entera, o no se quiere enterar, de que la lidia del toro se divide en tres tercios: varas, banderillas y muleta, aunque a él y a unos pocos, a lo mejor, solo le interese el último y los otros dos les sobran. El problema viene cuando hay un conjunto de aficionados en el tendido que han pagado su entrada, ¡¡pagado!!, por ver un espectáculo íntegro en el que los tres tercios se puedan desarrollar con el lucimiento oportuno, porque para eso paga el aficionado, para disfrutar de la lidia completa de un animal único como lo es el Toro bravo, con su pelea en el caballo, su tercio de banderillas y lógicamente la faena de muleta. Si piensa el señor Perera que la gente solamente paga por verle a él o a cualquier otro matador pegar muletazos, está muy equivocado. Que seguramente hay público que sí, que solamente va a la plaza a ver muletazos y todo eso de la suerte de varas, los pares de banderillas, los quites y demás les suene a cuento chino. Pero ¡¡hombre!!, a lo mejor quien necesita algunas explicaciones, la cosa de los altavoces y demás son esos espectadores que tienen también la creencia de que todo se circunscribe a la muleta. 

El aficionado medio suele ir a la plaza llamado por muchas cosas: obviamente por sus gustos hacia un torero u otro, por la manera que pueda tener este de interpretar el toreo y lo que pueda dar de su ante el toro. Pero el aficionado también se deja caer por la plaza con intención de disfrutar de la lidia de un toro. Sí, la lidia, ese proceso por el cual se somete al toro a una serie pruebas para que saque a relucir sus condiciones,  y así el aficionado pueda calibrarlas. Y una de esas pruebas, la primera además, es el tercio de varas, y a los toros hay que castigarlos en este tercio para comprobar si se crece al castigo o si por el contrario se duele y le da por rehuir. O lo que es lo mismo, para comprobar su bravura o mansedumbre. Y también, por supuesto, para que sangre y sea restado parte de su temperamento. Si se le pica más o menos, claro que no es motivo de que sea más o menos bravo y tenga más o menos casta, para eso está su comportamiento mientras le es sometido el puyazo y, posteriormente, el que desarrolla en la muleta. Pero otra cosa es el poder y las fuerzas del animal y si un torero se deja un toro sin picar es porque no está lo que se dice muy sobrado de poder, por mucho que el señor Perera y todos aquellos que le bailan el agua se empeñen. El señor Perera asegura que le gusta dejar a los toros "crudos", pero eso es porque las ganaderías a las que está acostumbrado a medirse así lo aconsejan. ¡¡Cómo se nota que aquí el amigo Miguel Ángel poco acostumbrado está a las aventuras!! Anda que como para dejarse sin picar no digo ya uno de Saltillo, que siempre saldrá el iluminado de turno con que eso no embiste; pero sí digo uno de esos de Baltasar Ibán, Valdellán, Escolar o La Quinta... Y es aquí donde viene la madre del cordero en todo lo expuesto por el señor Perera: los mosqueos del aficionado cuando un toro se queda sin picar no lo es tanto hacia el picador y el matador de turno, pues la bronca más bien suele ir dirigida al ganadero y a su forma de seleccionar. Porque es precisamente ahí donde está el problema de todo, y no en que el matador dé órdenes y los picadores las cumplan a rajatabla. 

La selección que se hace hoy en día en los tentaderos de algunas ganaderías es un completo mamoneo, una especie de perfomance en la que los ganaderos solo miran por el torero y lo único que seleccionan es nobleza y toreabilidad, con miras únicamente al tercio de muleta e intereses del matador, para que disfrute una barbaridad pegando muletazos. ¿Cómo podemos pretender los aficionados que se cuide la lidia completa y se garantice el total disfrute de los tres tercios, si los ganaderos solo seleccionan en base a la muleta, y dejan el tercio de varas en algo secundario y menos importante? Después, el resultado es el obvio: esos productos salen a la plaza ya sin necesidad de pasar por el caballo, no se le castiga y tampoco se emplean, lo que convierte a la suerte de varas en un mero trámite que, como ha quedado reflejadas en las palabras del señor Perera, molesta. Y mucho además. Le molesta a él y le molesta a otros muchos que no saben ver más allá de su ombligo, pues solamente les importa quedar bien ellos solos y que nadie más se luzca, ni siquiera el toro. ¡¡El toro!!, como para pretender que se le tome en cuenta, si lo tienen como una mera comparsa de la que se valen para su puesta en escena, y el termómetro de bravura que ellos utilizan se basa en si han colaborado lo suficiente para llevar a cabo todo lo que llevan en la cabeza. ¿Qué más da si se maltrata el resto de la lidia? ¿Qué más da si se convierte al toro, auténtico REY DE LA FIESTA mal que les pese a algunos, en un monigote secundario que solo tiene nobleza y dulzura, pero ni gota de casta? Y eso es en lo que consiste la bravura para ellos, la bravura del siglo XXI, en un animalillo que vaya y venga una y otra vez sin hacer un mal gesto. Y el mejor ejemplo de ello es el toro de Cuvillo que lidió el propio señor Perera hace días en Madrid: un torito que salió de chiqueros dando algunas muestras de falta de poder, y que necesitó únicamente dos refilonazos de parte del picador (y si no hubiera sido ninguno, no hubiera pasado nada), se le cuidó durante el resto de la lidia y cuando llegó el tercio de muleta ¡¡catapum!!, el toro se vino arriba y fue para torearlo a gusto hasta aburrirse. En las antípodas de este ejemplo se haya, sin ir más lejos, el Matorrito de La Quinta lidiado hace días en Madrid, que se comió el caballo de picar, le pegaron tres puyazos en toda regla, sin excederse pero tampoco sin quedarse corto, y todavía tuvo carbón de sobra para comerse la muleta. ¿Se dejaría crudo el señor Perera a ese ejemplar? Por supuesto que no, él mismo dio la respuesta en sus declaraciones: "Ya le pegaré yo al toro que le vea condiciones y al que no le vea yo opciones de triunfar". 
Y unas declaraciones así tienen muchísimo peligro, porque evidencia lo que es para esta gente la suerte de varas: un mero trámite salvo si el toro sale con pies, que es entonces cuando se le pega un puyazo fuerte, solamente uno, para dejarlo mermado y que se suavice más de la cuenta, ya que tanto temperamento no interesa. Pero se olvidan de lo fundamental, que es lucir a los toros para calibrar su bravura. ¿Y se atreve el señor Perera, con estos mimbres, a dar lecciones de qué es bravura y qué no, tras mostrar un absoluto desprecio a la suerte de varas? Váyase al carajo, señor Perera.

No es ninguna mentira que a lo largo de los tiempos la tauromaquia ha sufrido constantes cambios. Lógico, todo evoluciona en el tiempo. Cambió el tipo de toro, cambió la forma de torear, cambió la suerte de varas... Pero algo que ha perdurado de forma muy agarrada ha sido la lidia en tres tercios. ¿Por qué ese afán desmedido de ahora por centrar todo en la muleta y, de paso, arrancarle al toro su heroica condición de bravo? ¿Por qué tantísima destructividad? No cabe duda, son verdugos de la lidia en tres tercios. Y también, verdugos de la Fiesta. 

domingo, 29 de septiembre de 2019

TERCERA DE OTOÑO: UN MEDIO-TORO, Y UN TREMENDO VACÍO DE CASTA ENTRE MEDIAS

Para muchos, un grandioso toro que hubiera sido merecedor, como mínimo, de una vuelta al ruedo. Incluso alguno que otro se hubiera atrevido a "echarlo a las vacas". Allá cada cual. Para otros, un toro para cogerse un empacho toreando, dada su nobilísima condición en el tercio de muleta, pero muy flojo en el primer tercio, de pelea más que discreta bajo el peto, de casta y fiereza prácticamente inexistente, y al cual hubo que cuidar. Lo que se viene traduciendo en que para los primeros esto del toreo es solo el tercio de muleta y que a lo demás le zurzan; y para los segundos la lidia son tres tercios y el toro bravo ha de demostrar sus cualidades en los tres, no solamente en el tercio de muleta. Portugués, número 62 y con el hierro de Núñez del Cuvillo puso la controversia encima de la mesa con su condición, la misma antes descrita. Salió en 5.º lugar esta tarde, en medio de un ambiente de decepción, provocada por el mal juego que hasta ese momento estaban ofreciendo las tres ganaderías anunciadas para este acontecimiento. Cuatro toros, por este orden, de Juan Pedro Domecq, Nuñez del Cuvillo, Victoriano del Río y otra vez Juan Pedro, que no estaban a la altura de tan importante corrida, a consecuencia de la falta de emoción que provocó su nula casta y poder. Le había cortado Paco Ureña una oreja al 2.º de la tarde, un torete de Cuvillo al que su matador le puso todo lo que le faltaba, en una faena que comenzó Ureña por estatutarios, un clásico en su repertorio, a los que siguió un gran pase de trinchera y otro del desdén que hacían presagiar que se iba a cocer algo importante. El torero también parecía pensarlo y sería por eso por lo que, en los terrenos del tercio entre los tendidos 7 y 8 agarró la muleta con la mano izquierda y empezó una serie de naturales que acabaron con el toro pegándose una costalada. Quizás por eso, o quizás porque en verdad no podía dar más de sí, el de Núñez del Cuvillo evidenció una gran falta de poder y mucha sosería. Siguió Ureña sobre la zocata, y los naturales que se sucedían iban rematados en línea en su mayoría. Ureña estaba quedando aseado, sin más, dejando algún que otro muletazos suelto de mayor categoría, pero sin redondear del todo. La estocada, perfecta de ejecución y que cayó en buen sitio, hizo que afloraron los pañuelos y la oreja cayera sin mayor dilación, aunque a algunos se nos quedó el sabor de que de este torero se espera muchísimo más a la hora de torear. Vamos, que se presumió como una orejita barata.

También se vivió, antes de que ese Portugués saltara al ruedo, un apoteósico tercio de banderillas ante el 3.º por parte de la cuadrilla de Perera. José Chacón ofreció una buena colección de capotazos que hicieron rugir al personal, y con los palos quedaron muy bien Javier Ambel y Jesús Arruga. Y nada más, porque Miguel Ángel Perera anduvo frío, vulgar y sin decir absolutamente nada ante el 1.º y el 3.º (dos mojones), y Ureña también hizo lo propio delante del 4.º,  que resultó ser... ¡¡Exacto!! Otra bazofia de torillo.

Y apareció el famoso Portugués por la puerta de toriles para poner la controversia entre los presentes. ¡¡Qué sería de los toros sin ella, aunque a muchos les moleste que no se piense como ellos!! Portugués dio síntomas de blandura en el primer tercio, y de hecho recibió dos refilonazos de parte del picador de turno. Muchos aficionados empezaron a amoscarse con la situación y se empezó a protestar con energía, pero el toro, aun pareciendo estar muy falto de fuerzas, no cayó al suelo ni una sola vez, y eso que tanto el matador como su peón de brega lo probaron echándole el capote abajo en varias ocasiones, y el animal lejos de irse a pique, humilló y embistió sin inmutarse. El tercio de banderillas pasó rápido y, una vez con la muleta en la mano, Miguel Ángel Perera se colocó a gran distancia y empezó la faena. Varias series de muletazos sobre ambas manos en las que el toro se vino galopando desde lejos y con un tranco más que óptimo, para seguir reponiendo en cada muletazos y perseguir la franela empujando con muchísima nobleza. Ahí había toro con muchísimo que torear, dulce como la miel y para reventar Madrid. ¿Casta? Poca en realidad. Más bien un toro de carril que nunca se cansó de jugar al pilla pilla con la muleta que su matador le ponía delante. Y con estados mimbres, Perera le realizó la faena a su estilo habitual: muletazos descargando la suerte y corriendo la mano hacia fuera, pero exigiendo mucho al toro por bajo a decir verdad. Destoreo 2.0 puro y duro, nada que ver con el toreo eterno de pata alante y semicírculos dibujados en el albero con los vuelos de la muleta. A su manera, Perera encandiló a gran parte de la plaza y, de no haber sido porque al pinchazo le siguió un metisaca en muy mal sitio, a estas horas seguramente estaríamos hablando de otra puerta grande.

Toro formidable en la muleta y nulo en varas dado su escaso poder. "Bravura del siglo XXI" lo llaman algunos, el "medio-toro" lo llaman, mejor dicho lo LLAMAMOS otros. El toro bravo de verdad se tiene que ver en los tres tercios, sin que en el primer tercio se le tenga que aliviar el castigo para que dure. Porque si no ¿para qué queremos seguir sacando al caballo de picar, si al final sería más fácil que saliera el toro, y el matador ya estuviera esperando con la muleta la mano para liarse a torear como si no hubiera un mañana? ¿Acaso queremos exterminar con esta infame selección ganadera una de las más bellas suertes que tiene la lidia? ¿Quienes son los verdaderos antitaurinos, los que quieren llevar a cabo tal herejía o los que denunciamos ese tipo de prácticas? Ahí queda eso.

Y después de Portugués vino uno de los shows más característicos de este lugar, y que lamentablemente tiene más solera entre parte de los espectadores que el propio tercio de varas: el show de Florito y sus berrendos. Y es que hubo que evacuar al 6.º,  de Victoriano del Río, por su invalidez manifiesta. Y en su lugar salió un sobrero de José Vazquez. Mira por dónde, hablando de exterminios y de herejías, salta otra a la palestra. ¡¡En qué han convertido el mítico hierro de Aleas!! Aquellos toros jijones criados nada menos que desde el siglo XVIII en tierras colmenareñas, que se herraban y de hecho se siguen cerrando con el 9; y que tomó antigüedad allá por 1791... ¡¡La más antigua de la UCTL!! "Los aleas ni los veas", rezaba el chascarrillo entre los toreros por aquellos días, a causa del pavor que estos provocaban. Primero jijones y posteriormente santacolomas, para pasarse al encaste "de moda" cuando el actual propietario se hizo con la vacada... ¡¡Para acabar convertidos en bueyes de carretas una vez entrado en siglo XXI!! De locos oigan, de locos. Y un aunténtico buey de carreta fue ese sobrero que cerró plaza. Huyó de todo durante su lidia, y Ureña intentó quitarle la querencia de tablas sacándoselo fuera en diversas ocasiones, pero ni por esas. El toro se iba echando leches de cada muletazos. Siguió Ureña profiando ya cerrado en tablas, realizando una labor que tuvo el gran mérito de aguantar estoicamente las feas sacudidas del marrajo. Mucho fue esto para lo que en realidad mereció la bestia de tiro, y tras este quehacer Paco Ureña se lo quitó de enmedio y dio así por terminado el mano a mano. Y también su temporada, una temporada que para él ha sido canela en rama. Y para los que hemos tenido la suerte de disfrutarlo en sus grandes tardes, también lo ha sido.

Digerido el primer ciclo de la feria de Otoño de este 2019, nos quedan ahora cuatro días de reflexión y toma de fuerzas para ir a por el segundo. Hasta el próximo viernes pues.

SEGUNDA DE OTOÑO: ¡¡VÁMONOS, QUE HAY FÚTBOL!!

"Vámonos de aquí echando leches, que el fútbol empieza dentro de poco rato". Los aficionados huían del tendido como el mítico Cazarrata lo hizo en su momento del caballo de picar, o como aquel sobrero de Cortijoliva que cerró la histórica goyesca del 96. Había fútbol sí, partido "de campanillas" como se dice de las tardes de toros importantes, pero no fue esto lo único que provocó la desbandada del personal en el primer momento que pudo aprovechar para ello. Supongo que la insufrible tarde ofrecida por los lisardianos de El Puerto de San Lorenzo y el aldeanueva de su hierro hermano, La Ventana del Puerto (lidiado en 4.º lugar), algo habrán tenido que ver también en este entuerto. Y ya no digamos si se menta a los tres señores que vistieron la taleguilla bordada en oro, pues como se suele decir, su tarde no fue tampoco un campo de tulipanes.

¡¡Vaya con lo del Puerto/La Ventana!! No hacen falta presentaciones, nos conocemos las caras ya de muchos, muchísimos años atrás entre unos y otros, y aquí se sabe muy bien de qué pie cojean los toros marcados a fuego con este hierro. Corridones inolvidables en ocasiones (mayo de 2010 u octubre de 2016, por citar solo un par de ejemplos), toros importantes sueltos (recuerdo un Cubilón en aquella de 2010 que hizo sudar sangre al bueno de Rubén Pinar; o los dos Cuba del año pasado por San Isidro en Madrid y por San Fermín en Pamplona, respectivamente). Y también, tardes de hastío, aburrimiento, bostezos, mucho asqueamiento y cabezazos sobre el hombro del vecino de abono (el bueno de mi amigo Carlos un día de estos me guillotinará bajo la atenta mirada de su querida Angelita). Pues sin ir más lejos, tal que esta de Otoño de 2019, 28 de septiembre, fue una de esas para salir de la plaza renegando de todo. Por los toros y por los toreros, por ambos bandos. Los toros fueron seis mansazos de órdago, que empujaron sin demasiada gana en varas, pero con la cosa buena de que no rodaron por el suelo como otras veces, y que por lo general apuntaron nobleza y afán por prestarse al toreo en los primeros compases de la lidia, pero tardaron muy poco en irse de najas, vaticinado tal vez lo que harían los aficionados posteriormente.

¡¡Y vaya, sea dicho de paso, con la terna!! La cual estuvo confeccionada por Daniel Luque, Juan Leal y Juan Ortega. Terna de la que se presumían estilos muy desmarcados cuando salió al ruedo a hacer el paseíllo, pero no tantos fueron los contrastes cuando abandonaron el ruedo camino del hotel. Que sus estilos, perfectamente definidos, seguirán siendo los mismos; pero la tarde ofrecida por los tres tiene un mismo denominador común. Ahí anduvo como primer espada y director de lidia Daniel Luque, de quien desde muchos estamentos del Toro llevan asegurando cosas maravillosas todo el año, tal que "está en un momento cunvre", o que "el grado de madurez que ha alcanzado este torero es sorprendente", así como que "está para verlo", y tal, y Pascual, y bla bla bla... ¡¡Lo que cansa el vendehumismo!! Porque eso ha sido esta tarde Daniel Luque: humo, humo, humo y nada más que humo. Esta tarde, y toda su carrera realmente. H U M O. El mismo pegapases de siempre, que con el capote intenta estirarse con elegancia y clasicismo, y hasta es capaz de soplarle dos o tres verónicas de cartel al torito de turno, pero sin llegar a redondear al 100%. Y con la muleta, pegapasismo 2.0, cites perfileros y fuera de sitio, y mucho pico para pasar al toro en línea y en medios pases que poco dicen. Eso lleva siendo Daniel Luque toda su carrera y es lo que ha realizado esta tarde. ¿Lo que haya hecho a lo largo de esta temporada? Eso solamente lo saben él y los que le han visto y pueden hablar tanta maravilla junta sobre él. ¿Y si es verdad? No digo que no lo sea, pero a juzgar de lo de esta tarde, cualquiera sabe...

Y ya que hablamos de pegapasismo, hablemos del francesito Juan Leal. Pegapasismo a las duras y a las maduras, pero dándole un par de vueltas de tuerca más en cuanto a vulgaridad, chabacanería y tremendismo se refiere. Ante dos toretes noblotes que se dejaron torear sin más hasta que se rajaron (poco tardaron), Leal realizó dos faenas calcadas la una de la otra que se basaron en latigazos de muy tosco corte, siempre colocado muy pero que muy fuera de chacho, y echando la pierna atrás exageradamente, casi citando ofreciendo las nalgas. Y sin el "casi" en ocasiones. Y ¿qué decir del lamentable espectáculo que da con la espada? No solo porque no sea capaz ni de pinchar un balón de playa, si no por su personalísima y nada ortodoxa forma de ejecutar la suerte suprema: como si se tirara en plancha a una piscina desde un trampolín. Algo así como el infame julipié, pero mucho más exagerado. Y con estos mimbres es como se las apañó para mandar a los matarifes a sus dos enemigos: al segundo con un hermoso sainete de pinchazos y golpes de descabello,  y al quinto con un bajonazo.

Juan Ortega tiene vitola de "torero artista", y se puede decir que bien ganada porque en los últimos tiempos le hemos visto torear bien de verdad. Además, es un torero diferente, que desprende aroma añejo por los cuatro costados, que anda por la plaza que da gusto y ante el toro hace las cosas con mucho garbo y parsimonia. Y Madrid, que tiene especial devoción por este tipo de toreros, le espera y le seguirá esperando. Hoy le esperaba y se quedó con las ganas de ver algo más que su simple torería y plasticidad. Cierto es que dejó algún que otro retazo de sabor añejo, como una media verónica de cartel para colocar al 3.º en suerte al caballo, o la manera de sacarse al 6° más allá de la segunda raya para comenzar la faena de muleta, andando y con gran torería. Pero su tarde también fue para olvidar. El más complicado del encierro, 3.º de la tarde, se lo llevó él. Un toro que derrochó genio y mansedumbre, que calibrada en lo que había detrás de la muleta y que pedía el carné de lidiador, algo que un torero como Juan Ortega no es ni mucho menos. Ahí delante se las vio, primeramente, el banderillero Antonio Chacón para colocarle un par de banderillas al sesgo como hacía años que no se veía, clavando prácticamente pegado a las tablas y asomándose al balcón. Suerte que Jesús Arruga, como buen tercero que es, andaba muy bien colocado y presto a hacerle un quite providencial, porque el toro le hizo hilo y estuvo a puntito de cazarlo. Y también Juan Ortega ahí delante se las vio y deseó para intentar interponer su faena a un toro que no estaba para muchas florituras, y el resultado fue el previsible: poco asentamiento, mucho enganchón y sensación de que el toro se subía a las barbas de su matador. Y ante el 6.º, tan manso y deslucido como los anteriores, más de lo mismo por parte de Juan Ortega: mantazos por aquí y mantazos por allá, enganchados en su mayoría y la sensación de que estaba completamente contagiado por la abulia de la tarde, o que quizás estaba deseando también de que todo terminara para irse a ver el fútbol. Poco notable fue también el uso que hizo de la espada Ortega durante la tarde. Ante toreros de este estilo solo cabe decir lo de siempre: otro día será.

Algo así decimos también de una ganadería como el Puerto de San Lorenzo, tan acostumbrada ella a intercalar corridas con interés y auténticos petardos. Hoy tocó el festival pirotécnico, uno más entre los muchos que nos ha dado. Son unos cuantos añetes ya viniendo a Madrid y lidiando hasta dos festejos por temporada, e incluso tres se ha dado el caso; y ya se la espera como una vieja amiga de la que cualquier cosa puede esperarse.

viernes, 27 de septiembre de 2019

PRIMERA DE OTOÑO: AQUÍ HAY TORERO, Y SE LLAMA TOMÁS RUFO

En tiempos que corren de vulgaridad en el ruedo, maneras repetitivas y aburridas de ejecutar el toreo, ventajismos en la cara del toro y novilleros que arrastran todos esos males consigo y que hacen de ellos su santo y seña, el simple hecho de que llegue un novillero dotado con un halo diferente, que hace las cosas despacio y con torería (que no amaneramientos burdos y muecas absurdas), que quiera hacer el toreo y que ofrezca una versión mucho más clásica de este, es como estar acostumbrado a no comer nada más que pan duro y agua, y de repente un día llegue un buen señor y le invite a uno a comerse un chuletón de kilo y regarlo con el mejor vino que pueda haber. Pues algo así, más o menos, se ha vivido en la novillada con picadores que ha abierto la feria de Otoño. Donde se dice "chuletón y vino" perfectamente podría concordar el nombre de Tomás Rufo; y donde aparece "pan duro y agua", perfectamente le pegaría los nombres de El Rafi y Fernando Plaza. Empecemos.

Y empecemos por el final: El Rafi y Fernando Plaza. Primer y tercer espada del cartel, uno nuevo en este foro y el otro ya conocido. ¿Han estado mal, de salir esquivando almohadillas como las esquivaban con tanta gracia Rafael "El Gallo", Cagancho, Curro o Paula? Más bien no. Se podría decir que los chicos han estado bien haciendo lo que mejor saben: pegar pases. Que otra cosa no, pero eso lo saben hacer como churros un churrero. Pero ya se sabe, una cosa es pegar pases, y otra cosa lo de torear, y tal. Hoy en día, se quiere equiparar una cosa con la otra, pero hay aficionados que aún se niegan a tal empresa. ¡¡Que se equiparen los sueldos de Policía/Guardia Civil con los de los Mossos, que esa es la única equiparación que debería llegar a puerto, y se dejen de demás gaitas!!
¿Que tanto El Rafi como Fernando Plaza han estado sublimes, cunvres que se dice en esto de los toros, esta tarde pegando pases? Como quien lo inventó, oiga. Mejor, imposible. Y eso puede valer en otro lado, pero en Madrid... ¡¡Ay Madrid!! Madrid ha perdido su sitio, pero aún las cosas funcionan de otra manera por allí, más con otro halo de sapiencia entre los aficionados más viejos del lugar, más así como de rigor, de no todo vale, de seriedad... Qué bonito suena todo eso, leñe. Sortearon ambos novilleros las dos manzanas podridas de la novillada de Fuente Ymbro, el 3° y el 4°, y ante ellos ambos fueron auténticas máquinas de destoreo moderno y chabacano que al aficionado más riguroso le rechina los dientes. Nada de nada, pasecitos por aquí, pasecitos por allá, y aburrimiento del bueno para todos. Luego, El Rafi tuvo en su haber al 1°, noble ejemplar que repetía las embestidas con dulzura y afán colaborador y con el que, para no desentonar, fue otra máquina de pegar pases. Sublime. Y Fernando Plaza se las vio negras con el 6°, que le echó mano en el recibo capotero al perder el pie el novillero mientras lo andaba para atrás, sin consecuencias graves aparentes. Novillo complicado este, que embistió con buen tranco pero tuvo el defecto de calamochear; y cuando el novillero se vio desbordado y podido por el animal, acortó las distancias al máximo y se pegó el arrimón. Ambos, con la espada, dejaron muestras de que esta no es su fuerte ni mucho menos. ¡¡Que pase el siguiente!!, dicen con guasa algunas voces desde el tendido.


De todos los novilleros que se ven por Las Ventas a lo largo del año (y que son unos cuantos, a decir verdad), por desgracia son pocos los que ilusionan mayoritariamente por sacar los pies del tiesto que representa la Tauromaquia 2.0. Hay que ver a unos cuantos a lo largo de una buena colección de festejos para que esa ilusión llegue al aficionado. Hoy llegó, y el culpable se llama Tomás Rufo. Las orejas cortadas, que fueron dos y se repartieron en ambos novillos que lidió, fueron lo de menos. Al menos para el aficionado que haya podido concebir ilusión en su futuro en el toreo, porque en lo que a él se refiere le habrán venido como agua de mayo. Para empezar, sorteó el mejor lote de la tarde con diferencia, dos novillos que embistieron con mucha claridad y ese punto de nobleza encastada que Ricardo Gallardo ha sabido transmitirle a sus productos con tan buen resultado. Rufo los toreó a ambos con altibajos, despegado a veces, acelerado también otras cuando se veía desbordado, y haciendo uso del pico para aliviarse. Pero en los momentos álgidos de la faena, su toreo derrochó elegancia, verdad y mucha despaciosidad. Personalidad a fin de cuentas, eso tan poco palpado en los últimos tiempos, fruto ello de novilleros aspirantes a ser Julianes, Sebastianes, Josemaris y una nueva variante añadida últimamente: la de los que aspiran a ser Andreses... Bien en el toreo fundamental Tomás Rufo por momentos, como se ha dicho antes, y torerísimo en remates y adornos para cerrar series de muletazos y faenas. Sirva como ejemplo de ello un buen ramillete de doblones ejecutados con muchisimo gusto y torería para cerrar a su primer novillo en el tercio, con miras ya a la suerte suprema. La cual, por cierto, dominó bastante bien toda la tarde el novillero. Resultado: oreja y oreja con salida a hombros por la puerta grande de Madrid, y que le terminará de abrir un camino prometedor a partir de la temporada próxima.

Cabizbajos se marcharon por el túnel de cuadrillas El debutante y quien cerró cartel; y en volandas y gloriosamente lo hizo Tomás Rufo por la puerta grande de Las Ventas. Un novillero que ilusiona. Un novillero que puede ser algo grande.


lunes, 16 de septiembre de 2019

MADRID Y LAS CORRIDAS CONCURSO: SERÍA BUENO QUE SE TOMASE COMO UNA COSTUMBRE

Muchos años atrás hay que remontarse para recordar la última corrida concurso celebrada  en la plaza de Madrid . Concretamente, habría que retroceder a abril del año 2009, domingo 19 para ser exactos. Aquella tarde despacharon entre Aníbal Ruíz, Jesús Millán y Sergio Martínez seis toros con los hierros de Juan Luis Fraile, Moreno Silva, Celestino Cuadri, José Escolar, Adolfo Martín y Pablo Mayoral. El de Adolfo, con un total de seis entradas al caballo, resultó ser vencedor aunque quizás no por ser el mejor de todos, sino más bien por ser el menos malo. Desde entonces, diez temporadas de larga sequía en cuanto a corridas concurso se refiere, demasiados años quizás teniendo en cuenta que la importancia de Madrid merece más festejos de este tipo. Novilladas concurso se dieron algunas temporadas con motivo de aquel "Ciclo de Encastes Minoritarias", y que resultaron ser una pantomina: el verdadero sentido de las corridas concurso siempre ha sido el de que cada ganadero mandara el mejor toro que hubiera en su casa, aquel en el que más confianza tuviera para llevarse el premio y todo el prestigio que supone ser vencedor de una corrida concurso de ganaderías. ¿Qué sentido tenía hacerlo en una novillada, festejo típico de lidiar deshechos? Al final, aquellas novilladas concurso que los taurodeltos confeccionaban se convertían precisamente en eso, en un concurso de deshechos de tienta. No tenían ningún sentido aquellas novilladas concurso, y ni muchísimo menos aliviaban el hambre del aficionado por las corridas concurso. Y por fin, tras años pidiendo por activa y por pasiva que se retomaran en Las Ventas las corridas concurso, el aficionado tuvo su ansiado caramelo el pasado domingo 15 de septiembre.
El plantel ganadero que se designó no podía tener mejor cara: hierros venerados por el aficionado madrileño como lo son Baltasar Ibán, Valdellán o La Quinta, el regreso a Madrid tras muchos años de ausencia de Murteira Grave o del encaste Pedrajas, de la mano del Marqués de Albaserrada; y la presencia de otra de las niñas bonitas de los aficionados más exigentes, Pedraza de Yeltes. Todo un lujo.

La corrida, como era de prever con esa retahíla de hierros, resultó ser entretenida y cargada de interés. Se vieron toros bravos, buenas peleas en varas, casta, dureza, emoción... Lo normal cuando el Toro está presente, vaya. Y bien es verdad que es el Toro quien más debe ofrecer, pero no es el único que ha de estar a la altura. Buena tarde de toros fue, cosa contraria si de lidiadores y de piqueros hay que hablar. Salvo las honrosas excepciones de César del Puerto con el capote ante el de Murteira Grave y de Jesús Romero tanto con el capote como con los palos, fue una tarde pésima la que ofrecieron los hombres de luces, tanto de a pie como de a caballo, de oro o de plata y azabache. Fundamental es durante la lidia de cualquier festejo esmerarse en las tareas lidiadoras desde que el animal salta al ruedo, pero esto es algo que se acentúa aún más si cabe cuando de corridas concurso se trata. Los seis piqueros que actuaron dieron una tarde más propia de seis vulgares matarifes que de un verdadero picador. Ya no es solo que ninguno hiciera la suerte con la más mínima corrección, ni que se mostrara destreza dominando la montura; es que no se señaló ni un solo puyazo arriba en toda la tarde. Ni uno. Todo marronazos, ninguno en el sitio. Ni tan siquiera existiendo un premio económico al mejor ejecutor de la suerte de varas se consiguió que los picadores salieran al ruedo con aires de motivación para lograr que el primer tercio fuera mínimamente decoroso. No, una vez más volvió a quedar muy en evidencia que en el escalafón de picadores actual es abundante la incompetencia y la mala leche, salvo dos o tres nombres que sí que suelen honrar a su profesión, y que por supuesto no estaban por Las Ventas el domingo. Y aunque pudiera parecer mentira, el premio al "Mejor Picador" no quedó desierto en una tarde donde tan pésimas suertes de varas se realizaron. Fue a parar a las manos de "El Legionario", encargado de picar precisamente al toro vencedor de la concurso, el de La Quinta (que se llevó tres puñaladas en mitad del espinazo, a eso premiaron).

No estuvieron tampoco a la altura, ni muchísimo menos, los lidiadores. Desorden durante la lidia, muchos telonazos de más y no menos pasadas en falso a la hora de clavar fueron la tónica general de las cuadrillas, y las bregas eficaces brillaron por su ausencia. A Javier Cortés, el hombre, apenas le dio tiempo a dejar su impronta, pues su percance ocurrió en los prolegómenos de la faena de muleta al primero de su lote. Si acaso, se puede decir que logró cumplir en lo básico, o sea poniendo en suerte al toro en las tres varas que tomó. A poco más le dio tiempo.
Quizás, lo de Fernando Robleño y, sobre todo, lo de Rubén Pinar sí fue para ponerse a cavilar más a fondo. En una corrida concurso de ganaderías se deben sentar unas bases cuyo peso recae en una cosa fundamental: todo para el Toro. Pararlo y fijarlo de salida, ponerlo en suerte (nada de relances), que entre al caballo las veces que hagan falta para calibrar su verdadera condición, bregas ordenadas, distancias oportunas para que los toros se luzcan lo máximo posible... ¿Todo eso ocurrió? Pues algunas a veces, y otras ni por casualidad. Ningún toro fue fijado de salida, algunas entradas al caballo fueron provocadas al relance (muy en especial los toros de Rubén Pinar), al de Murteira Grave y al sobrero de Rehuelga (que SÍ entraba en el concurso aun siendo sobrero) nos los privaron de verlos más veces ir al caballo, hubo mucho desorden entre las cuadrillas, algunos toros que sí demostron más potencial en los primeros tercios de la lidia se vinieron abajo repentinamente en la muleta y casualmente el matador de turno citaba muy en corto, sin darle sitio... Un completo desastre.

Y aun así, con este tipo de artimañas por parte de los lidiadores y piqueros, los seis toros, prácticamente del primero al último, tuvieron mucho interés y también mucho que torear. Al del Marqués de Albserrada apenas se le vio, pues pronto ocurrió el percance de su matador y Robleño lo despachó sin probaturas, aunque bien es verdad que lo poco que se le vio dio muestras de estar muy agarrado al piso, reservón y, además, su pelea en varas fue la más discreta de toda la corrida yendo esta de más a menos. El toro de La Quinta fue justo vencedor, bravo en varas y muy encastado y fiero en la muleta. Hizo también muy buena pelea el de Murteira Grave y Robleño se negó a una cuarta entrada aun siendo con el regatón, cosa que enfadó con creces al personal, y con razón además. Este de Murteira pareció en banderillas que iba a ser un portento embistiendo, pero duró muy poco en la muleta. ¿Poco fondo por parte del toro, o que Robleño no le dio sitio, le ahogó y tampoco hizo por tirar de él? He ahí la cuestión.

Las ganas de hacer algo relevante,  por muy pequeña que esta fuera, se las dejó Rubén Pinar en casa. Apático y descuidado en sus tareas lidiadoras, le dio igual ocho que ochenta a la hora de llevar a los toros al caballo y ponerlos en suerte; y tampoco quiso saber nada de su lote. El de Baltasar Ibán, muy discreto en varas, sí sacó más temperamento en la muleta; y el de Pedraza de Yeltes, que cumplió en varas, se comía la muleta por abajo y arrancándose con prontitud. A ambos no los quiso ni ver el matador. "Por desgracia me queda otro", contestó ante las cámaras cuando le recordaron que aún le quedaba por lidiar el de Valdellán que le hubiera correspondido a Javier Cortés, y esas palabras dijeron todo acerca de su actitud y su quehacer durante toda la tarde. El titular de Valdellán fue devuelto por inválido, y en su lugar salió un sobrero de Rehuelga que peleó con presteza y buena sintonía en el caballo, pero el matador se dio demasiada prisa en cambiar el tercio con tan solo dos entradas y nos privó de una tercera vara. ¡¡Y eso que el toro entraba dentro de concurso!! ¿Se puede tener mayor desfachatez? La pitada de parte del personal fue importante, y tampoco fue sin razón. El santacoloma fue pastueño, noblote y derrochó cierta sosería ya en el último tercio, y el matador se limitó a tirar líneas vulgarmente con la misma apatía de toda la tarde. Señor Pinar, si viene a Madrid a disgusto, ¿por qué no se queda en casa, se ahorra el mal rato, nos lo ahorra a los demás, y además le deja el puesto a otro compañero que de verdad quiera darlo todo y esté por la labor de hacer que sus toros también lo den todo?

Este fue el principal inconveniente de la concurso de Madrid,  y seguramente también de otras muchas: que no hay lidiadores capaces de meterse en la cabeza que hay que hacer todo en favor del toro, y que lo que este haga o deje de hacer puede ser igual de importante que la faena de muleta. La concurso del domingo dejó de ser deslucida principalmente porque hubo Toro, sí, pero aún mayor lucimiento pudo haber cobrado en el caso de contar con lidiadores capaces y montados competentes que le dieran sentido a los tres tercios de la lidia. No es tan difícil meterse en la cabeza que una corrida de toros se compone de dos tercios más, varas y banderillas, además del de muleta. Digo yo, vamos.

Sería bueno que, como bien dice el amigo Fran Díaz en su crónica del portal Toro de Lidia, con el tiempo y el trabajo de todos se llegase a institucionalizar en Madrid la corrida concurso, así como pasa en Zaragoza durante su feria de San Jorge, o en la plaza de Vic-Fezesanc. La base, si tomamos como tal la del pasado domingo, es buena, pero aún se podrian pulir varias cositas: lidiadores, mayor rigor en cuanto a la suerte de varas se refiere, y también buscar otra fecha que no coincida con las muchas fiestas patronales que se celebran alrededor de Madrid los fines de semana de septiembre. Madrid, primera plaza del mundo, lo merece.

domingo, 25 de agosto de 2019

OTOÑO 2019: ¡¡QUÉ PEREZA!!

Qué pereza dan los carteles de la feria de Otoño 2019. Solo con leerlos, la cabeza comienza a soltar humo, los ojos pesan, y el cuerpo entero nota una sensación de amodorramiento que bendita cama o bendito sofá más cercanos. Qué pereza, sí. Qué pereza más grande pasar por taquilla y aflojar la caponata por tan triste y repetitiva cartelería. Qué pereza leer y releer, de nuevo, prácticamente los mismos nombres (en cuanto a plantel ganadero se refiere) de tooooooodos los santos otoños venteños. Qué pereza lo de algunos nombres anunciados. Qué pereza un mano a mano de triunfadores isidriles sin TORO. Qué pereza de todo. ¡¡Qué pereza!! Pero hay que pasar por taquilla y acudir, principalmente por la cosa de no perder el abono, pero también porque al final el veneno de esta bendita afición siempre aparece y tira de lo lindo... ¡¡Vaya que si tira!! ¿Me lo dices o me lo cuentas?

Todos los años la misma frasecita que comenzó hace ya mucho tiempo como chanza, pero que al final ha acabado convirtiéndose en una triste realidad, y que dice algo así como "El Puerto de San Lorenzo, Fuente Ymbro y Adolfo Martín lidiarán en la feria de Otoño, da igual cuando usted lea esto". Que igual Fuente Ymbro siempre da pie a esperar cosas buenas sobre ella (o casi siempre, teniendo en cuenta su discretísimo paso por San Isidro). Que igual sobre Adolfo Martín, uno que gastase cierto optimismo en su manera de ser, puede esperar algo grande pensando también en lo que este hierro dio de sí el pasado mes de mayo; si bien es verdad que aquel situado en el polo opuesto al optimista (los realistas bien informados, que se suele decir), tomaría más en cuenta su historial de hace unos cuantos años atrás a esta parte. Y sobre el Puerto de San Lorenzo (o la irregularidad hecha ganadería de lidia), solo queda encomendarse a toda la corte celestial para que la de esta vez sea la encastada.
También está el tema de que si "falta este torero o el otro", y que "este no pinta nada ahí, ya podían haber puesto a fulano en su lugar", etc., etc., etc. Si ya de por sí la feria de Otoño es un serial corto y en el que hay pocos puestos, al incluirse una encerrona y un mano a mano en ella los puestos vacantes se reducen aún más y, por consiguiente, es más complicado que llueva a gusto de todos. Las figuras, salvo Perera, ni están ni se les espera en fechas que no sean mayo/junio. Como si desaparecen también por esos meses, qué gaitas.
Por otra parte, seguro que muy pocos aficiondos habrán dejado de preguntarse por qué falta en los carteles la gran sensación de esta temporada, que no es otro que Pablo Aguado. Ya se sabe que se habló hace algunas semanas de un posible mano a mano entre este torero y uno de la Puebla, pero no tardó el proyecto en irse al garete. Buen intento de Simón, pero el de la Puebla no está tan chalado como para dejarse caer por Madrid a estas alturas, y menos en Otoño. Es de cajón pensar que se habrá contado con Pablo Aguado desde un primer momento para tenerlo en esta feria, dado el año que ha echado y la expectación que ha generado por todas las plazas donde ha toreado, pero por lo que quiera que haya sido no le ha debido de cuadrar el asunto a las partes.
¿Y Diego Urdiales, matador de toros siempre muy esperado en Madrid? Tampoco habrá debido de cuadrar ni de cuadrarle a él mismo.
¿Y qué pasó con David de Miranda, gran revelación de San Isidro?
¿Y Gonzalo Caballero, que dejó buenos detalles de toreo en mayo antes de ser corneado de forma aparatosa? Sí, le tendremos el día 12 de octubre, y además al lado de Eugenio de Mora, que le cortó otra oreja en aquellas fechas a un toro de El Ventorrillo.
Y por supuesto, también se echa mucho en falta a Román, y no solo porque haya ganas de verlo reaparecer en la plaza donde un toro de Baltasar Ibán por poco se lo lleva para siempre, sino porque a lo largo de este año, tanto antes como después de aquel día, se le ha contemplado como un torero mucho más depurado y de técnica mejorada. Ojalá ese día nos llegue pronto.

Fuente Ymbro tiene para novillada y corrida, y de esta forma será como completará su sextete (como don Paco Gento en Europa) este año en Madrid. Para la novillada de Otoño, tradicionalmente se han anunciado a los tres novilleros más destacados del año en Madrid. Pues bien, ahí está Tomás Rufo, flamante ganador del Certamen de Novilladas Nocturnas que se celebró en el mes de julio. Flanqueado en el paseíllo por El Rafi y Fernando Plaza, los cuales también quedarían en su momento como los más destacados del año. Se supone, vaya.

Para la corrida de Fuente Ymbro hay un cartel de los llamados "fuertes", con El Cid, Emilio de Justo y Ginés Marín. Que sí, que todos pensamos en primavera que aquella sería la última vez que veríamos a El Cid en Madrid, pero al parecer no se le quedaría en aquel entonces buen sabor de boca para despedirse de la afición que tanto le quiso, quiere y querrá por los restos. Y la verdad es que a este torero, si algún día le entrara la ventolera y le diera por pedir la Luna, habría que ir y dársela aunque costara la vida en ello, pero quizás a muchos aficionados lo que menos les apetecía en este instante es verlo de nuevo por Madrid, tal y como está su estado artístico y teniendo en cuenta además que hay otros nombres en el escalafón que generen más apetencia de ver...
Estará acompañado en la que será su última tarde en Madrid (supuestamente, porque visto lo visto uno ya no sabe qué puede pasar) por Emilio de Justo, uno de esos que precisamente sí genera apetencia de ver; y Ginés Marín, que aun llevándose algunos despojos en el esportón durante San Isidro, no terminó de convencer de manera unánime. A ver si esta vez sí, porque de él todavía se esperan cosas grandes.

La corrida del Puerto de San Lorenzo tiene como su gran aliciente al fino Juan Ortega, con ese corte artístico que tanto gusta en Madrid. También vendrá a torear ese día el francés Juan Leal, quien no es lo más ortodoxo ni puro que hayamos visto nunca, pero quizás también mereciera estar este Otoño tras jugársela en San Isidro y acabar tan aparatosamente corneado. Lo que no se termina de comprender, por muchos esfuerzos que intentemos hacer, es la inclusión en el abono de ¡¡Daniel Luque!! ¿Cuáles son sus méritos para figurar, además de asegurar que le quedan "dos toros para ser figura"? No habría más toreros en el escalafón, no.

Adolfo Martín cerrará, como es habitual, el abono. Y lo hará con una terna que conocen bien esta sangre: López Chaves ha completado un año muy provechoso para él en ese circuito de las llamadas "duras", y además entusiasmó a parte del personal ante los de Celestino Cuadri el pasado San Isidro, por lo cual y consiguiente presencia justificada. Curro Díaz y su plasticidad tienen algunos adeptos en Las Ventas, y Manuel Escribano volverá a Madrid tras otro espeluznante tabacazo en San Isidro, de parte precisamente de un adolfo.

Pero la madre del cordero de esta feria, la crême de la crême de toda la cartelería programada para esos dos fines de semana en Madrid, se concentra en dos tardes: una, el primer fin de semana con un vis a vis; y la otra, el segundo fin de semana de la mano de una encerrona. Y en ambas, ganaderías diferentes. Victoriano del Río, Núñez del Cuvillo y Juan Pedro Domecq/Parladé son las
elegidas para el careo en el que se medirán Miguel Ángel Perera y Paco Ureña.
Para algunos, un mano a mano entre dos grandes triunfadores de San Isidro. Para otros, la mentira y el destoreo chabacano frente a la pureza y la verdad del toreo eterno. Para los de más allá, un vis a vis de dos grandes toreros ante ganderías de garantías, que se suele decir; y para los de la otra punta, un acontecimiento donde faltará el actor principal de esto: el Toro (salvo accidente genético indeseado, que también suelen ocurrir en ocasiones, y al que los ganaderos ponen como remedio inmediato una barbacoa con la vaca y el semental que engendraron al accidente). Sí, será este enfrentamiento entre estos dos toreros un acontecimiento programado con sentido y que tendrá interés para el aficionado, pero la elección del ganado deja mucho, muchísimo que desear. ¿De verdad no había otra cosa, sobre todo más allá de la bazofia juampedrera/parladeña que tantos dolores de cabeza provocan a la afición de Madrid año sí y año también? Lo dicho: esperando milagro genético.
Y por otro lado, la encerrona de otro triunfador de San Isidro: Antonio Ferrera. Siempre se agradecen este tipo de gestos por parte de cualquier matador, encerrarse con seis toros y nada menos que en Madrid, pero... ¿De verdad Antonio Ferrera está para seis toros en Madrid? Por interés que pueda generar en la afición (eso se verá ese mismo día en taquilla, con el aliciente además de que la corrida es fuera de abono), por estado anímico y psicológico, por repertorio, por interpretación del toreo... Y también, faltaría más, por el ganado elegido: las antes mencionadas Núñez del Cuvillo, Juan Pedro Domecq/Parladé, Victoriano del Río y Adolfo Martín, a las cuales se les agrega Alcurrucén y Garcigrande/Domingo Hernández.

Esto es lo que hay, y se parecen a las lentejas: o las comes o la dejas. Pues habrá que comérselas, aunque sea por gula. Pero al guiso le falta contundencia, imaginación y mucho más sabor.