lunes, 11 de mayo de 2026

10 DE MAYO DE 2026, 3ª DE FERIA: "TOROS MULETEROS Y PICADORES CARNE DE DESEMPLEO"

    El aficionado promedio, ese con el que no da ni para llenar un autobús, bien haría en mentalizarse de que esto va cuesta abajo y sin frenos hacia la corrida a la portuguesa. Es decir, una corrida sin suerte de varas y probablemente que hasta sin estocada. ¿Que no? Pues el que no esté convencido de ello puede quitarse las gafas de madera y mirar la corrida lidiada en Madrid con el hierro del Conde de Mayalde. Una corrida que ha sido lidiada tan solo en sus dos terceras partes, pues dos de los ejemplares sorteados al mediodía -1º y 6°- fueron condenados al triste pañuelo verde dada su manifiesta invalidez. Una corrida cuyos cuatro ejemplares lidiados, cada uno a su estilo, tuvieron una condición extraordinaria en la muleta. Qué duda cabe de ello, y es tan real ese extremo como que el tercio de varas de los cuatro ejemplares lidiados se ha resuelto a base de un par de picotazos, respectivamente. "Ni para un análisis", que hubiera dicho un recordado aficionado de la plaza de Madrid.

    No. No se le picó apenas a las dos terceras partes de corrida que fue encerrada por la mañana. Su condición mientras tomaron los picotazos fue cumplidora sin más, dejándose pegar en algunos momentos y empujando con la cara abajo en otras ocasiones. Tampoco llegaron a mansear, que no es poco. Pero a la corrida no se le pegó absolutamente nada, lo cual da a entender que, si no hubiera habido picadores, no hubiera pasado absolutamente nada. Y a fuer de ello que el bolsillo del empresario hubiera tenido un resultado mucho más espléndido, pues los honorarios de los seis picadores se los hubiera ahorrado. Así pues, ¿a qué esperan para mandarlos a la cola del paro? Si se está poniendo por las nubes a una corrida de toros que no ha sido picada, ¿para qué sirven entonces los picadores? ¿Para qué seguir manteniendo ese gasto absurdo en una corrida de toros? Mejor sería eliminarlos y, de paso, abaratar el precio de las entrada. 

    Así las cosas, la corrida del Conde de Mayalde, mejor dicho sus dos terceras partes, flojeó en los primeros compases de la lidia y acabó por venirse arriba en la muleta. O sea, el celebérrimo medio-toro. ¡¡Como pueden enorgullecerse de semejante desfachatez para con el Toro y la lidia!! Pues al parecer lo están, sí. El culmen de esta pseudocorrida a la portuguesa fue el medio-toro lidiado en 4° lugar, que derrochó una extraordinaria condición por su nobleza y exigencia. Cumplió en varas empujando tan solo con un pitón en la primera entrada, y dejándose pegar en la segunda, mientras desde lo alto el piquero -al cual parece no asustarle la posibilidad de verse sellando en la oficina del SEPE de mes en mes- le rozaba con la puya. Román le acabó cortando una oreja, luego de una faena que tuvo como mayor virtud el darle sitio al toro y bajarle la mano siempre. Dos fundamentos esenciales en la lidia de un toro, y que acaban por demostrar la verdadera esencia de la casta. Sin embargo, a la faena de Román le faltaron cosas. Una cosa fue mando, pues fueron pocas las veces en que fue capaz de hacerle pasar al toro con dominio. Tampoco hubo ajuste ni estuvo embraguetado de verdad Román con el toro. Sí hubo mucha firmeza por su parte, gran sentido lidiador, algunos muletazos sueltos y, por supuesto, una estocada ejecutada como pocas veces se ve. Recibió -que decían los antiguos- al toro Román, y como la estocada cayó arriba y fue fulminante -aunque atravesada, sin embargo-, la oreja fue concedida. Una oreja a un toro de dos, y en gran parte concedida por la extraordinaria ejecución de la suerte de recibir. Ahí queda eso... 

    Ese toro 4º fue el mejor de esas dos terceras partes de corrida del Conde de Mayalde. Román hubo de lidiar en 2º lugar un toro de tan nobilísima condición como poco temperamento y casta. Un toro que se movió con sosería y extrema tontuna, y con el que el lidiador tampoco transmitió gran cosa. Muy asentado una vez más y dándole siempre sitio, llegó a hilvanar algunas series de muletazos aseaditas sin más. De esas que de correctitas no pasan. Y, por supuesto, que no llegan al alma del personal. Y no llegaron tampoco esta vez.

    A Gonzalo Caballero le correspondieron otros dos toros del Conde de Mayalde muy pastueños. Toreables. Que iban y venían sin echar mal de ojo. Con la casta justa. Ayunos de temperamento. De embestida poco emocionante. Y toda esa sarta de adjetivos que puedan caberle a semejantes ejemplares más pensados para colaborar con el torero que para otra cosa. Si en verdad deseaba Gonzalo Caballero una gran oportunidad para volver a meter la cabeza sin necesidad de pasar un mal trago, la ocasión fue esta. Y el tren se le ha ido. Poca sangre se puede -y debe- hacer de un lidiador muy poco toreado y que ha arrastrado muchos sucesos desagradables en los últimos tiempos. Simplemente, Gonzalo Caballero no ha estado en ningún momento ante un lote que tuvo muchas orejas que cortar. 

    David Galván vino a lidiar la corrida del Conde de Mayalde, acaso con la ilusión de encontrarse algún caramelo como los que si le correspondieron a sus compañeros. Pues acabó estoqueando dos zambombos de Fermín Bohórquez que estuvieron anunciados en un primer momento como sobreros. Y entre medias se llevó una cornada en la espalda al intentar hacerle un quite al 3º. Por tal cosa fue retirado a la enfermería y se corrió su turno hasta el último lugar. Antes había estado bien Galván abriendo plaza, realizando una faena meritoria en la que, a base de aguante, consiguió sacar algunos naturales de buen estilo. Tras salir de la enfermería con tamaña paliza en el cuerpo se las vio con otro sobrero de Bohórquez que se movió con brusquedad, no centrándose en ningún momento con el mismo. Ahí quedaron esos pocos muletazos al 1º...

    Echó una gran tarde Iván García con las banderillas y con el capote, y Fernando Sánchez volvió a dejar otro buen par al 5º, en compañía de Ángel Gómez que arriesgó mucho a la hora de clavar. No se puede decir lo mismo de los picadores, a quienes parece quedarle dos telediarios de existencia con un puñado de corridas de toros más como esta. O como algunas otras ya lidiadas en días pasados. Si los toros salen únicamente muleteros, los piqueros con carne de paro. 

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