sábado, 9 de mayo de 2026

8 DE MAYO DE 2026, 1ª DE FERIA: "QUE COMIENCE LA JARANA"

    La jarana y el despendole del público -que no aficionados- están servidos desde el primer día de la feria de San Isidro. Dos orejas a Alejandro Talavante tras una faena muy desigual y mal rematada de una estocada desprendida. A lo cual, para colmo, se suma una vuelta al ruedo que premió la toreabilidad bobalicona por encima de la mansedumbre y de la nula pelea en varas que realizó el ejemplar en cuestión. Pronto, pero que muy pronto empiezan a correr los ríos de ginc-tónic tanto por los tendidos como por el palco presidencial. 

    Dos orejas para Alejandro Talavante a un toro premiado con la vuelta al ruedo. El suceso tuvo lugar en el acto número cuatro. Pasó desapercibido el hacer capotero del matador, pues apenas se limitó a dar algunos telonazos de recibo y otros tantos para llevarlo al caballo. Entre medias, dos picotacitos en los que el toro no se entregó debajo del peto, demostró poco poder y, en cambio, sí mansedumbre. Pero en banderillas se le vio galopar con alegría, aunque con tendencia a irse a tablas y abriéndose mucho tras tomar cada capotazo. Y ahí se plantó Talavante para comenzar su faena con estatuarios rematados con algunos adornos que gastaron poco ajuste y sí pinturería. Siguieron muletazos sobre la mano derecha en los que el toro repetía como un tiovivo, limitándose a acompañar sin más Talavante pero rematando esas series con sendos naturales que sí gastaron sometimiento. Al echárse la muleta a la zurda siguió el toro embistiendo con esa bondad infinita, pero siempre mirando de reojo a tablas y abriéndose tras cada muletazo. Hubo de todo con la mano izquierda: desde naturales acompañando y dejando que el toro pasara sin más, hasta otros de mano baja y rematando atrás; pasando, además, por la falta de ajuste en no pocos momentos, y también mucho gusto y plasticidad en todo cuanto hacía. El toro repetía incansablemente en cada muletazo, a veces porque sí y otras porque el torero le obligaba. Y ahí es donde radica la diferencia entre qué es torear y qué es, simplemente, acompañar: en si el toro pasa por su cuenta o si lo hace sometido. Por tal cosa, a la faena de Talavante le faltó rotundidad y le sobró desigualdad. Tras aquellos naturales, toreo en ochos cambiándose la muleta de mano y con los pies clavados en el albero; así como unos derechazos que fueron el colofón a una faena rematada de una estocada desprendida. Dos orejas y vuela al ruedo para el torete.

    Ese toro 4º fue un fiel reflejo del resto de la corrida de Núñez del Cuvillo: mansa, floja en varas y muy noble en el último tercio. Además de mal presentada y con ejemplares indignos no ya de Madrid, sino de cualquier plaza de primera categoría. Pero sirvieron para el toreo, y de qué manera. Dicho en tan solo una palabra, aquella corrida fue el medio-toro. El medio-toro en todo su esplendor, lo cual no es de extrañar viniendo de la aludida vacada. A ese 4º que con tanta dulzura se dejó hacer de todo sin una mala mirada, le sucedió un jabonero escuálido y también manso en varas que embistió con la misma nobleza y más temperamento. Acaso el toro perfecto para que la afición de Madrid, por fin, viera a Juan Ortega. Y también para que Juan Ortega se dejara ver en Madrid. ¿O quizás no?

    No. Definitivamente no. Aquel jabonero, lejos de ser el toro con el que Juan Ortega se ratificara en Madrid como el "artista" que es -según venden por ahí-, probablemente acabe por ser el toro que haya cavado la tumba de Juan Ortega. Y también el que ratifique que todo eso que venden sobre Juan Ortega no es más que humo. Si un toro así no le vale a Juan Ortega para destapar su particular "tarro de las esencias", ¿qué es lo que puede servirle entonces? La credibilidad de este torero queda peligrosamente en entredicho tras su tarde de hoy y tras la lidia de ese toro de Núñez del Cuvillo. Ese toro que embistió con superlativa nobleza, repetidor incansable e ideal para hartarse a torear, dejó en paños menores a un Juan Ortega que se lo dejó ir en un mar de muletazos que brillaron por la medrosidad, los enganchones y la falta de decisión. El "arte" se tornó en el esperpento.

    Los toros que respectivamente abrieron y cerraron plaza, también tuvieron lo suyo. No así los que se lidiaron como 2º y 3º; los cuales, además de ser sendas birrias, nunca debieron haber sido tan siquiera desembarcados en los corrales de una plaza de primera categoría. Tristán Barroso confirmó su alternativa ante un torete bondadoso que tuvo a bien empujar con cierto brío en el caballo, y que en la muleta se arrancaba de largo y con alegría. Pero tras un par de series dándole sitio, el matador acortó mucho las distancias y el toro se vino abajo. No anduvo bien Barroso ante este toro, pero sí ante el 6º. No fue este toro como las dos tontas del bote que le precedieron, teniendo mucho que torear pero en la línea de la incertidumbre y la mansedumbre. Un toro para tirar la moneda al aire, lo cual sí hizo Barroso. Y, aunque la faena fue de menos a más, tuvo mucha importancia en su conjunto. Fue esta una faena de aguante y arrebatada, carente de dominio en las primeras series de muletazos pero mucho más reposada al final. Fue así como consiguió Tristán Barroso hilvanar dos series de muletazos de mano muy baja y despaciosas, imponiéndose al toro. Faena valerosa y arrebatada, culminada con varios pinchazos que a buen seguro le hicieron perder la oreja. Una pena.

    La veda de la jarana y el despendole se ha abierto. Y lo ha hecho con una puerta grande que deja dudas; y con una corrida de Núñez del Cuvillo que, como se suele decir, fue "muletera", mansa y floja en varas. Pero hubo toros que se dejaron hacer con excesiva nobleza y mucha menos casta. Esto es el medio-toro. El listón se ha puesto muy pero que mu bajito desde el primer día.