viernes, 15 de mayo de 2026

15 DE MAYO DE 2026, 7ª DE FERIA: "LA VERBENA DE SAN ISIDRO"

     Hermosa recreación de la verbena de San Isidro para rendirle tributo al santo de Madrid en su día grande. Solo que en lugar de realizarse en la famosa pradera, ha tenido lugar en la plaza de Madrid. Y lejos de un ambiente cargado de chulapos, mantones de manila, gentes bebiendo agua del santo, puestos de rosquillas y aroma rezumante a gallinejas y entresijos, todo ha desprendido triunfalismo barato, güenos afisionaos uniformados para la ocasión -véase chaleco, pantalones de pitillo y pesqueros, camisa de muy determinadas marcas, mocasines y, para rematar, cubata en mano-, así como los borrachines berreando el insufrible bieeeeeennnnnnnnnnnjjjjjjj y los impertinentes vivaspañas. Precioso cuadro.

        Triunfalismo barato, cada día más barato y esperpéntico. A Fernando Adrián se lo ha llevado en hombros la marabunta de niñatos exaltados y destrozadora de vestidos de torear, luego de cortar dos orejas. Dos orejas, una al 3º y otra al 6º, que premiaron el destoreo más chabacano que se pueda realizar. Y, para colmo de males, mal rematado todo con la espada. La degeneración no solo de esta plaza, sino que de la Fiesta en general, avanza a pasos agigantados mientras la verdad del toreo es arrinconada hacia lo residual. También se ven arrinconados en ese oscuro abismo de inmundicia los aficionados cabales y críticos, pues la mayoría del personal que asienta las posaderas en el foro van solamente a ver triunfar y a aplaudir, sin importar lo que pase en el ruedo. Mientras tanto, el criterio y el sentido común se considera sinónimo de "reventar toreros". 

        Fernando Adrián no toreó en toda la tarde y, sin embargo, se llevó dos orejas. Una del encastado 3º, el mejor de la corrida de El Torero, tras una faena de medios trapazos, falta de colocación en todo momento y el no cargar la suerte jamás. La estocada fue trasera y la petición, insuficiente. Pero ¿en qué andan pensando los señores presidentes? El 6º fue un toro, como se dice en el argot actual, "güeno pa er torero". Noblón, toreable, empalagoso y muy justito de fuerzas. Ideal para recrearse, fuera de la manera que fuera. Fernando Adrián se recreó, naturalmente que sí. A su manera: más trapazos de antiestética factura y colocación, que bien puede definirse como "estar fuera de cacho". Y otra estocada aún más trasera que la anterior, y una segunda oreja que le abría de par en par la puerta grande y, de paso, sentenció a muerte a su precioso vestido de banderillero. 

        Fue Fernando Adrián quien puso los trapazos, mientras que Urdiales y sobre todo Fortes pusieron el toreo. A retazos, sin rotundidad y de manera intermitente. En el caso de Urdiales, además, también se puede hablar de estocadas. Pero vayamos por partes, pues Urdiales abrió la corrida con un toro incierto, brusco y, además, anduvo molestado por el viento. Tras unas pocas probaturas sin convicción alguna, lo despachó pronto con una buena estocada. Al 4º lo toreó Urdiales a ratos. Sobre todo con la zurda, dejando naturales de extraordinario clasicismo y otros tantos detalles de torería añeja que también se puede considerar marginada de la tauromaquia actual. Le faltó rotundidad a la faena de Urdiales, así como más temperamento y poder al toro, aunque su condición dejó entrever que, de haber tenido más fuerzas, hubiera sido un gran toro. La estocada con la que lo mandó al otro mundo fue extraordinaria. También brilló en dos quites, sobre todo uno por verónicas al 6º.

        Fortes también toreó, sobre todo al natural. Fue al 5º, al que lidió con una cornada y un fuerte golpe en la cara que le propinó el 2º. A este le realizó una faena breve y digna. A ese 5º, igual con las fuerzas justas y embestidas  aprovechables, le realizó una faena basada en el pitón izquierdo. Los muletazos fueron pegados  de uno en uno y dejando tiempo al toro, pero siempre colocado en el sitio y llevándolo atrás con mucha elegancia. Le fue otorgada una oreja, ciertamente discutible por la mala colocación de la espada. 

        La corrida de El Torero fue seria, lució buenas hechuras y echó algunos toros "güenos pa er torero". Toros muleteros, pues se les alivió mucho el castigo en varas hasta el punto de convertirse este tercio, una vez más, en puro trámite. Otra muestra más de la degradación que sufre el espectáculo. Pero no importa, pues la verbena en honor a San Isidro y los ríos de cubatas nunca faltan aquí. Que, al fin y al cabo, es lo que más le importa al público de hoy. Junto a las orejas y las puertas grandes, claro. 

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