jueves, 21 de mayo de 2026

21 DE MAYO DE 2026, 12ª DE FERIA: "LOS TOCOMOCHEROS QUE QUISIERON SER ARTISTAS"

    Esta es la entrañable historia de dos hombrecillos que, dedicados toda su vida al tocomocho y sin saber hacer otra cosa en la vida, un buen día decidieron cambiar los cupones de la ONCE fraudulentos y las viejecitas incautas, por el vestido de luces, el capote, la muleta y el estoque. No porque quisieran ser toreros, no señor. El asunto era mucho más profundo para ellos, pues estaban completamente convencidos de que ellos eran artistas. Sí, artistas. Con todas sus letras, y sin miedo a tener miedo...Si el vecino de arriba les preguntaba a qué se dedicaban tras dejar el tocomocho, ellos contestaban: "al arte, pues yo ahora soy artista". Cuando les paraban por la calle y les decían eso de "suerte torero", miraban de soslayo y respondían: "artista, si no le importa a usté". Y así todo...

    La vida les había cambiado plenamente, pues creían haber dejado el tocomocho del todo y la mala vida que ello traída. No solo se veían artistas, también se veían honrados y totalmente rehabilitados de aquella mala vida... Pero lo que no sabían ese par de zascandiles es que el tocomocho nunca iba a salir de sus vidas, por mucho que hubieran cambiado los hábitos, la visión del mundo y hubiera entrado en ellos ese halo místico que les acompaña a los artistas de verdad. Ya no se dedicaban a timar a las señoras mayores que pecaban de inocencia -y, sea dicho de paso, cierta avaricia-, ni empleaban los cupones de la ONCE antiguos para revenderlos asegurando que estaban premiados... Ahora, los "artistas" pegaban el timo precisamente asegurando que "creaban arte" ante los toros bravos; y sus víctimas eran aquellos que  les compraba el relato del "arte", la "genialidad", el "duende", la "sevillanía", la "naturalidad" y toda esa colección de paparruchas que llevan vendiéndose unos cuantos años ya sobre Juan Ortega y Pablo Aguado. Los protagonistas de esta historia de tocomocheros que quisieron ser artistas, y se quedaron en el intento. 

    Dios perdone a todos aquellos que algún día confiaron en este par de mangurrianes como los sucesores de Rafael de Paula y de Chicuelo. O de Curro Romero y Pepe Luis Vázquez. o Cagancho y Gitanillo de Triana -también llamado Curro Puya-. La Biblia dice que quien esté libre de pecado, tire la primera piedra. Perdone también el altísimo a todos aquellos que aún, en este momento preciso, siguen creyendo en esta parejita como lo expuesto anteriormente. No pasa nada, hay cosas peores. Sí, todavía hay quien aún confía en ese infeccioso ser de rostro calcado a Míster Bean y que anduvo habitando en La Moncloa durante ocho calamitosos años... Sean perdonados todos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

    Juan Ortega y Pablo Aguado. Dos tocomocheros que nunca han dejado de serlo, aunque hayan cambiado las formas. Dos tíos que han sido vendidos como la reencarnación de Dios sabe quién, y que son dos torerines tan de pitiminí que ni ellos mismos saben qué carajo necesitan para "expresarse". Desde luego que un toro bravo, no. La casta, ni de lejos. Se creía que un torete noble y muy a modo, pero parece ser que ni así -y si no, que se lo digan al bueno de Ortega hace unos días, cuando en Madrid le salió una cosita así con el hierro de Cuvillo-. Pero es que, por lo que parece, no les vale ni las babosas a ninguno de los dos. Entonces, ¿qué? La charlatanería de sus voceros no da ya para más.

    Así pues, ante dos babosas que lidiaron cada uno en la tarde de la fecha, tampoco fue. La tarde del Puerto de San Lorenzo... Y si hasta ahora se venía hablando de tocomocho, al hablar de la vacada aludida es meterse ya en los terrenos fangosos donde el Código Penal tipifica los robos con violencia y/o intimidación. Porque, efectivamente, la corrida de nuestros queridísimos y admirados lisarnianos del señor Lorenzo Fraile ha resultado ser lo mismo de casi siempre: un hermosísimo vertedero. Tres de El Puerto de San Lorenzo y tres de su prima-hermana La Ventana del Puerto, malamente presentados los seis, completamente inválidos, descastados y tontorrones. No se esperaba nada distinto, como tampoco lo han ofrecido los dos sobreros lidiados: uno, con el mítico hierro del 9 que un día perteneció a la familia colmenareña Aleas, y cuya fama terrorífica hizo nacer entre los lidiadores decimonónicos la expresión "los Aleas ni los veas". Pero en el siglo XXI, ya en manos del señor José Vázquez, la expresión sigue siendo vigente aunque ha cambiado de bando: ahora la pronuncian no los toreros, sino los aficionados. Y el espantajo lidiado como primer sobrero ha hecho bueno el dicho entre los que presenciaron su lidia. Por otro lado, el segundo sobrero llevó el hierro de El Freixo -si, la ganadería de don Julián-, y cuya presencia recordó mucho a las birrias que el amo de la ganadería se dedicaba a lidiar en las plazas, cómo no también en la de Madrid. Y no, el torito de don Julián tampoco sirvió para absolutamente nada.

    Y con este percal esperando en la oscuridad de los chiqueros, hicieron el paseíllo José María Manzanares, Juan Ortega y Pablo Aguado. Sobre los dos últimos está todo dicho. Los dos torerines de pitiminí han querido ponerse bonitos con semejantes birrias, y hasta han llegado a recrearse y todo en algunos pasajes... Pero no había toro ni tampoco ánimos por parte de los aficionados para soportar cucamonas. Aguado, además, escuchó los 3 avisos en el 3º tras protagonizar un lamentable espectáculo con el descabello. Unos 20 golpes de verduguillo llegaron a contarse, y el pobrecillo animal acabó siendo apuntillado por el puntillero de la plaza desde el burladero. El tocomocho va a ser complicado seguir haciéndolo tragar.

    José María Manzanares... No hay ni ganas ni ánimo alguno para describir lo suyo. Es lo mismo desde hace unos cuantos años. Simplemente observar que mientras este caballero sigue anunciado en todas las ferias importantes, otros toreros -jóvenes en su mayoría y con proyección- están parados en casa. O a unas buenas, toreando festivales en los pueblos para no perder el hilo. Ya va siendo hora de que algunos se marchen a casa, y José María Manzanares es uno de ellos.

    ¿Se dejará para el año que viene, por fin, de contar con El Puerto de San Lorenzo? Ya va siendo hora, ya...

No hay comentarios:

Publicar un comentario