miércoles, 5 de junio de 2019

5 DE JUNIO DE 2019, VIGESIMOTERCERA DE FERIA: MIAU

 “Tanto baile y lío en los corrales es una equivocación, ya que se traen toros fuera de tipo, toros fuera de hechuras (...) Por muy grandioso ganadero que sea, creo que es una equivocación esto.”


Palabras de Sebastián Castella ante los impresentables aduladores del C+, una vez estoqueó al 4° toro. Lo califican de "rajada", pero cuando una persona dice la verdad, por mucho que esta duela, no se le puede censurar. Y es que no hay mejor descripción para la infame gatada de Garcigrande (Garcichico para los amigos), que la que ha realizado Sebastián Castella. Dicen los corrillos de aficionados (y cuando el río suena es porque agua lleva) que han sido hasta trece los toros que ha presentado este ganadero para la tarde de hoy. Trece, de los cuales han sido lidiado cinco. Y en la práctica, ninguno debería haber pisado jamás el ruedo de Las Ventas. ¡¡Cómo se puede ser tan caradura de colar semejante gatada en Madrid!! Una novillada, con todas sus letras. Pero una novillada no de Madrid, pues en Madrid se exige más hasta para novilladas, y de hecho lo normal es que estas sean más fuertes que las lagartijas que hoy ha colado este ganadero. Una novillada de Sevilla, más bien. Y esto, teniendo en cuenta solo a los que se han aprobado... ¡¡Cualquiera se pone a pensar en lo que han rechazado!! 

Y ¿qué juego han dado los garcichicos? Pues hombre, a mí, si un día cualquiera, me preguntaran cómo describiría el llamado Toro artista, pondría como ejemplo a los de hoy: flojetes de remos, sin emplearse apenas en varas y haciendo que el piquero se emplee aún menos a la hora de realizar su cometido, sin malas ideas, nobles, toreables... Y rematadamente tontorrones. O, resumido en una palabra: descastados. El Toro artista en su máxima expresión. O como dirían los que entienden, el toro mas bravo jamás lidiado... 

A Castella le correspondió bregar con el remiendo de la corrida, un borricote de Buenavista que, comparado con los garcimiaus (si será por nombres) parecía aquello Los Viajes de Gulliver. En cuanto a juego, gastó la misma casta que los cinco del hierro titular, o sea ná de ná. Pero además, muy reservón, paradote y soso. Imposible para cualquier tipo de lucimiento, así como el otro ejemplar que completó el lote de Castella y que salió en 4° lugar. Ante semejante bazofia de pareja, Castella los pasó de muleta con muy poca gracia y aún menos convicción. Y lo mejor de todo, sin demorarse mucho en despacharlos con la espada. En otro momento, Castella hubiera sacado su insufrible lado dontancredista, pero hoy optó por ahorráselo y ahorrarle tiempo al personal. Se agradece el detalle.

A Álvaro Lorenzo le correspondieron dos bambichicos (que no, que no será por nombres) con carácter pastueño, dulce y colaborador. Se movieron los animalicos, iban y venían sin hacer un mal gesto, se prestaron a los intereses del matador... Solo faltaba que la gracia que les faltaba se la pusiera el este. Y el matador, ¿qué hizo ahí delante? Pues dos faenas calcadas la una de la otra, basadas en un pegapasismo basado en ese típico e irritante afán de ahora por tirar líneas, siempre muy despegado y echándoselos para fuera en todos, toditos, todos los muletazos. No hay mucho más que decir al respecto.

Ginés Marín sí puso más gracia y salero. La que en realidad tiene, que no es poca. Porque es uno de esos privilegiados tocado por el halo de la clase y totalmente alejado de las formas vulgares que tan en boga anda. Y la puso ante el 3° nada más recibirlo de capa, toreando a la verónica con mucho gusto y acabando por rematar en los medios. Fue este 3° un novillo que se podría adjetivizar desde dos vertientes: un aficionado riguroso y serio diría que fue un torete de carril para cogerse un empacho toreando. Y luego está la vertiente de los aduladores de la tele/portales/periódicos: un toro de vacas. Pero para terminar de rematar la faena, ¿qué hizo el toro en varas? Pues tomó dos picotazos (es decir que, de primeras, al toro no se le picó), y después pues sí, metió la cara abajo, pero no se empleó... Ahí queda eso. Ginés Marín comenzó la faena sacando al toro a los medios muy toreramente con trincherazos, pases de la firma y remates de calidad. Siguió con la diestra para dejar dos series de muletazos muy despegadito, echando el pie atrás siempre y sin rematar los muletazos atrás, sobresaliendo los pases de pecho. Eso sí, con mucha torería. Que destoreaba, pero con mucha torería, conste. Cambió después de esto a la zurda, y llegaron telonazos sin terminar de acoplarse al toro, por lo que no tardó nada en volver a la mano derecha. Siguieron los medios-pases, metiendo mucho el pico y sin colocarse en el sitio ni una sola vez. Pero ¡¡eh!! Torería no le faltó. Tampoco le faltó para cerrar al toro hacia los adentros, con remates y detalles de bisutería fina. Sirvieron para cuadrar al toro, y dejarle una estocada en buen sitio. Y oreja. 
Con media puerta grande abierta, se barruntaba que con poco que hiciera se le iban a llevar en volandas calle Alcalá arriba. Pero una cosa es con poco que hiciera, y otra cosa es... La nada. Pero nada de nada. Esta vez, no brilló en ningún momento Ginés Marín con el capote. Y luego, agarrada la muleta, comenzó sin tantearle ni nada citando a larga distancia con la zurda. Dos series de trallazos sin asentarse ni templarse ni una sola vez, y pasa a la mano derecha, para dejar algunos derechazos muy poco mandones y hacia fuera, y desde muy fuera. Cogió otra vez la zurda, pero a la faena le siguió faltando toda la importancia que le es necesaria a un trasteo de triunfo en Madrid. Trallazos sin someter al toro, y ni mucho menos llevarlo mandado. Y el toro, una perita en dulce que embestía como un carretón. Pero a parte de la concurrencia le dio por jalear como si fuera la única puerta grande que iban a ver en su vida. A Ginés Marín se le fue ese toro sin torear, pero primaban por encima de todo las ganas de verbena que había en el tendido. Y más aún cuando al matador le dio por cerrar la faena a base de... ¡¡Coooooorrecto, bernardinas!! Variedad y personalidad ante todo. Tenía la oreja en el bolsillo Ginés Marín y la puerta grande abierta. Solo le faltaba matar, cuando.... ¡¡Ahhggggggg!! Pinchazo... Se le escapó toda posibilidad de irse a hombros. ¿O no? Volvio a cuadrar al toro y la espada entró hasta los gavilanes, pero cayó trasera. No importó. ¡¡Pañuelos, venga pañuelos!! ¡¡Viva el jolgorio, la verbena, el gintónic, el vino y la Cruzcampo!! Pañuelos en el tendido, berridos y pitos de quien pide los despojos de tal manera y de quienes piden, también así, que no se conceda; los mulilleros dándose un rodeo bien hermoso para irse a por el toro (cualquier día de estos van a recogerlo no sin antes pasar por Manuel Becerra, Doctor Esquerdo, O'Donell, Goya, Conde de Peñalver, Avenida de América, Cartagena, Avenida de los Toreros y vuelta a la plaza para salirse a la M-30 y dar la vuelta entera a Madrid), el presidente que aguanta, más pitos y protestas, los mulilleros que se paran ante el toro sin motivo aparente, el presidente que sigue aguantando como un jabato (en peores se habrá visto, el hombre), los mulilleros que se van hacia el toro y ¡¡ay, que casualidad!! Fallan a la hora de engancharlo. Vuelven a darse otro buen rodeo para volver al toro, el señor Presidente que sigue aguantando sapos y culebras, otra vez van los mulilleros hacia el toro y ¡¡pero bueno, qué pena que hoy no tienen el día!! Otra vez se van las mulas sin el toro enganchado... Otra vuelta al mundo el 80 días de los mulilleros para volver al toro y, esta vez sí, se lo llevan. Y el señor don José Magán, presidente de la corrida, acabó como empezó: con las manos sin ni siquiera rozar el pañuelo blanco. División de opiniones para él. Nada de bronca, no. Que hubo también unos cuantos que aplaudían su saber estar y su aguante para no regalar otra puerta grande que hubiera sido vergonzosa. Una pase, pueden pasar accidentes de vez en cuando. Dos ya... No, definitivamente no. Bravo por don José Magán. ¡¡Que le nombren Presidente para todos los días!! Aunque, lejos de eso, a estas horas ya habrá unos cuantos pidiendo su cabeza...

Y entre tanto acontecimiento que provocaron un solemne cabreo de los unos y de los otros, brilló el peón Rafael Viotti poniendo dos excelentes pares de banderillas al 1°; y Rafael González, José Chacón y El Puchi expusieron mucho en sus correspondientes turnos, consiguiendo poner también buenos pares de banderillas.

martes, 4 de junio de 2019

4 DE JUNIO DE 2019, VIGESIMOSEGUNDA DE FERIA: COMO LOS TOROS DEL FARY, TORITOS "GUAPOS"

Nada. Ni un capotazo. Ni un par de banderillas. Ni un puyazo. Ni un detalle de torería. Ni una estocada. Por no hablar de la palabra mágica de siempre: casta. Ni bravura... ¡¡Uy bravura, dónde habrá quedado eso!! Sopor sí, para dar y regalar. Y bostezos. Y cabezazos contra el hombro del vecino de abono...

¡¡Qué tardecita de... De... Eso!! Con la factoría de bueyes marca Las Ramblas anunciada en el cartel, ¿qué cabía esperar? Sabíamos a lo que veníamos: a lo mismo del año pasado. Y del anterior. Y de hace tres, y cuatro, y así hasta el final de los tiempos. Es decir mansedumbre, descaste, bobaliconería, sosería y borreguez. Y también zambombos, que de esto también presume este hierro, de lo feos y mal hechos que salen sus toros. "Ay torito guapo", cantaba el gran Fary hace muchos años, pero nunca supimos a qué toro se refería ni a qué ganadería perteneció. Pero si hubiera que apostar, lo haría a que de Las Ramblas seguro que NO era el bicho.

Y ¿qué contar de semejante mojón de tarde? Bueno, pues aparte de que no hemos visto nada que no fueran todas esas cosas referidas a la parte chabacana de esta bendita Fiesta, que ha brillado una cosa buena por encima de todo. Muy buena, a decir verdad: que a las 21:05 horas de la tarde ya desertábamos del tendido, pues la cosa fue muy rápida. Y no será porque los matadores no se hayan explayado de lo lindo ante esas joyitas antes de darles muerte. Sobre todo Juan del Álamo, pegapases consumado, y Tomás Campos. Porque el Moreno de Aranda, viendo que carecía de material para sacar todo su arte, tampoco es que se haya demorado mucho en darles muerte. Siempre hay expectación cuando este torero viene a Madrid. Como para no, pues sus finas y puras maneras no se ven todos los días. Pero esta tarde no ha habido nada. Ni un quite, ni un par de verónicas, ni una media, ni el más mínimo detalle. Y a decir verdad, hubiera sido un milagro haberle sacado la más minima cosilla a los dos bueyes con los que le tocó andar delante. Lo único que cabía hacer, era mandarlos al otro barrio con decoro y pulcritud, pero no anduvo bien esta tarde la espada de Jesús Martínez. Con toreros de su estilo siempre cabe decir "otro día será". 

Juan del Álamo hizo lo que buenamente sabe: pegar pases. Lo de torear va aparte y en eso ya no anda tan fino, el hombre. Pero lo de dar pases, de maravilla vamos. Ahí se tiró un buen rato ligándole derechazos y naturales al segundo de la tarde, un torete bobo y de carril, de esos que van y vienen y que quizás, si se pone enjundia y garbo, se puede conseguir altas cotas de lucimiento. Pero nada de nada, solo pases, o mejor dicho medios-pases, abusando mucho del pico y tirando fuera al borrego siempre. Y para terminar la faena, ¿alguien lo adivina? Exacto, ¡¡manoletinas!! Con el tiempo que llevábamos sin ver esta suerte del toreo... Por lo menos, por lo menos, si la memoria no me falla, desde ayer mismo.
Y esa misma faena de medios-pases al más puro estilo 2.0, y recreándose bien y sin importar que la parroquia pidiera la hora por estar hasta el gorro de tanta vulgaridad ante semejante buey, se la hizo al 5°. ¿Alguien se acuerda de algo a estas horas? Yo tampoco...

Y Tomás Campos, el hombre, pues vino con voluntad y ganas de agradar. Eso que no le falte a quien le escasean los contratos, malo sería lo contrario. Pero bien haría en plantearse las cosas y pensar seriamente en qué gusta y qué deja de gustar a una afición como la de Madrid. Que igual lo de intentar ponerse bonito ante un cabestro topón como lo fue el 3°, no es lo que corresponde. Porque al final pasa lo que pasa: que le echa mano aunque sea por accidente. Porque dudo mucho que el pobre animal quisiera hacerle el más mínimo daño cuando cuando se le quedó enganchado el pitón en la banda de la taleguilla, si solo le faltó pedir perdón. Tampoco es muy normal que ante semejante bicho, después de una larguísima faena de trapazos para espantarle las moscas, se ponga a dar ¡¡sí señor!!, manoletinas otra vez. Como si lleváramos sin verlas desde la época del Monstruo de Córdoba.
El sexto se movió con mas claridad, pero no era tontería este toro. Requería mando y sometimiento, mucho oficio al fin y al cabo. Demasiado para un torero que no torea demasiado. No se hizo con él Tomás Campos, quien se limitó a tirar líneas a media altura y sin temple alguno. "¡¡Bájale la mano!!" se oía decir una y otra vez, pero tan ostentosos consejos nunca llegaron a convertirse en algo material. Merecería este torero ser anunciado de nuevo con una corrida de más garantías, pues lo de hoy es una encerrona de muy mal gusto.

Las Ramblas cumplió con el guión, una vez más. Y el año que viene, seguro que otra vez estará anunciada en Madrid por San Isidro. Aburrimiento y cabreo asegurado, con semejante factoría de bueyes más apropiados para tirar de un arado que para ser lidiados como corrida de toros.


3 DE JUNIO DE 2019, VIGÉSIMOPRIMERA DE FERIA: ¡¡QUÉ NOVILLEROS MÁS MALOS!!

Qué envidia me producían aquellos que veían en la tauromaquia un futuro más que halagüeño, con sus dichosos se torea mejor que nunca, se lidia el toro más bravo de la historia, los toros es el 2° espectáculo de masas en España solo por detrás del fútbol, los antitaurinos son minoría, las plazas se llenan porque los toros sí interesan, y demás fantochadas. Y digo que "me producían envidia", en tiempo pretérito, porque a día de hoy ya no solo no me produce envidia ver las cosas de manera tan halagüeña y desde la perspectiva de quien vive en los mundos de Yupi. No, envidia no es la palabra. Es horror. Sí, me horrorizan tales afirmacione, pues el Titanic se hunde, y la tripulación solo se dedica a acallar la realidad con los violonchelos y contrabajos de la banda de música. Pero hundiéndose, a pique, camino del fondo del océano, llámenlo como lo deseen. O de un modo más coloquial, yéndose a la real mierda (y perdón por la expresión). Son muchas las situaciones que lo demuestran, pero una muy clara es lo mal que anda la novillería, pilar fundamental donde se sostiene el futuro más inmediato de la Fiesta. Y un perfecto resumen de esto es la lamentable feria de San Isidro que ha echado la representación novilleril anunciada en ella. Tres novilladas, de ganaderías X, Y y Z, que han servido considerablemente para triunfar en Madrid; y nueve novilleros, A, B, C, D, E, F, G H e I, que han pasado de puntillitas ante tan buen material, aunque el término pasar de puntillas sea un alarde de excesiva benevolencia.

Ya se habló en su momento sobre la primera novillada, con el hierro X y que lidiaron A, B y C; y también sobre la segunda novillada, con el hierro Y y ante la cual se midieron D, E y F. Lo escrito sobre ambos festejos coinciden: novillos desaprovechados por novilleros vulgares, monótonos y a los cuales poco futuro se les ve en esto. Si hasta el más puntero de todos y en quien más confía el aficionado (podríamos apodarlo... Yo qué se, F por ejemplo) patinó ante sus dos novillos.

Ahora, toca hablar de lo acontecido en la tercera y última novillada de la feria, con el hierro Z (de Fuente Ymbro) que lidiaron G (de Juanito), H (de Antonio Grande) e I (de Diego San Román). Y otra vez el mismo guión de todos los días, ¡¡otra puñetera vez!! Otra vez que hay que hablar de novillos de lío que salieron, y que se fueron al desolladero sin torear y con las orejas sin cortar. Tres novillos de Fuente Ymbro para armar un lío gordo, gordísimo: el primero, el segundo y el cuarto. No hace falta perder el tiempo en describir los quehaceres de cada uno de los novilleros ante tales pastelitos de merengue, pues se resume perfectamente en que tanto Juanito como Antonio Grande realizaron tres faenas (dos Juanito y una Antonio Grande) calcadas la una de la otra, y que si por algo sobresalieron fue por la adhesión radical que muestran estos dos chicarrones del norte a la infame Tauromaquia 2.0, esa del toreo perfilero y donde no se carga la suerte ni por accidente, se cita muy fuera de cacho, se embarca la embestida con todo el pico y se tira para fuera al toro. Y no hay más. Antonio Grande, el hombre, fue esta su primera tarde de toda su carrera en Las Ventas, y se le vio que anda más verde que un camión de melones, y que meterle en San Isidro, ¡¡en San Isidro nada menos!!, con tan pobre bagaje (cinco novilladas y un festival en 2018) es para coger por banda al autor de la gracia (que dudo mucho que fuera el propio interesado) e interponerle una orden de alejamiento de cualquier despacho taurino. Pero Juan Silva "Juanito", que ya ha toreado en Madrid ¡¡cinco veces en dos temporadas!!, (seis con la de hoy, y que se puede decir seis festejos en tres temporadas, a dos novilladas por año)... Siendo además uno de los novilleros que más torea (16 en 2018, octavo en el escalafón de novilleros). Es para pensar en muuuuuuuchas cosas, y que se dejen las adulaciones y los peloteos de lado. Y quien dice Juanito, novillero G de San Isidro, dice también lo mismo de otros cuantos novilleros acuantes en la misma feria.

Tres novillos de triunfo gordo los tres antes mencionados, sí. Pero ¿y los otros tres? Pues bien, ese resto (3°, 5° y 6°), no sirvieron más que para carne. O para tirar de las carretas que van al Rocío, si se le quiere dar otro uso. O, si no se sabe lidiar marrajos y solo se tiene en mente la monofaena de los tropecientosmil telonazos culminado con el arrimónde rigor, para buscarse un disgustobien egordo. Y eso fue lo que por poco le pasó a Diego San Román, otrora componente de la terna. Mal en lo lidiador, peor aún en lo técnico, y muy a merced toda la tarde de los dos novillos complicadísimos, por masos, que le cupieron en suerte. El tercero fue un animal que ya estaba muy rajado desde el tercio de varas, y  aculado en tablas en banderillas. Que sí, que está muy bonito todo eso de dar pases y hacer las mil y una florituras que hacen los Julianes, Rocas, Pereras y demás redil de figuras, pero hay que tener cabeza y saber cuándo y cómo. Empezó con este tercero, sin apenas probarlo ni nada, citándolo desde los medios dándole mucha distancia. Y el animal se tragó ese primer trallazo por completo, pero más bien podría decirse que fue porque estaba aculado en el tendido 7, y enfrente tenía la puerta de toriles. Y entre medias, el novillero citando. Se tragó ese primer muletazo pero salió despavorido hacia la puerta de chiqueros como alma que lleva el diablo. Se empeñó el mexicano en sacarlo fuera, pero imposible. Ya más cerrado, intentó ponerse a pegarle pases como si fuera para ello, pero en una de esas el novillo hizo por él y le propinó una espeluznante voltereta. Y de ahí, a cerrarlo completamente en tablas e intentar el encimismo, para después realizar la temeridad de pegarle bernardinas a semejante mulo, quitándoselo de enmedio acto seguido degollándolo con una estocada que cayó trasera. Y ante el sexto, un novillo también muy manso y reservón, prácticamente lo mismo. Comenzó la faena nada menos que de rodillas, pero al segundo intento tuvo que ponerse en pie, y no porque el novillo le achuchara, sino porque tuvo que salir corriendo detrás de él para volverlo a recoger. Otra vez se puso de rodillas cuando llegó donde estaba el novillo, es decir casi en toriles, pero el intento le volvió a fallar. Porfió en sacarlo a los medios e intentar el toreo con la derecha, pero el toro se quedaba corto y gastaba mucha sosería. Lo prueba con la zurda y el novillo vuelve a hacer por él y le propina otra fortísima voltereta. Es entonces cuando el novillero lo cierra más y sigue porfiando por ambos pitones, pero no hay ni material ni maneras que convenzan al personal. Y tras otro larguísimo trasteo por el que muchos aficionados rogaban que terminara, intentó cerrar em mismo por manoletinas (sin fortuna), culminando con una estocada que cayó en buen sitio al hilo de las tablas

Y luego estuvo el quinto novillo, reservón, paradote como él solo, y que no derrochó ni medio mililitro de sangre encastada. Ideal para quitárselo de enmedio en menos que se persigna un cura loco. No ocurrió, y Antonio Grande se embarulló en un trasteo larguísimo y tedioso que no dijo absolutamente nada de nada.

La tarde fue calamitosa, por todos lados. Ni una verónica, ni un muletazo como mandan los cánones ortodoxos, ni una estocada... Ahora, que lo que no faltaron para nada fueron los telonazos con el capote a la espalda, las chicuelinas de esas que se dan despatarrado (abriendo el compás que dicen los que entienden) y que van camino de convertir las 7 plagas de Egipto en 8; las tafalleras combinadas con más chicuelinas, los pendulazos desde los medios, el toreo de rodillas, las bernardinas, las manoletinas, y toda esa patulea de moderneces. Y hasta se vio una nueva variante del toreo de rodillas con la muleta: algo así como intentar dar una larga cambiada con la muleta para comenzar la faena (Antonio Grande en el 2°, pero por razones que eran de esperar, tuvo que echarse al suelo). Tampoco se vio un par de banderillas (cosa harto de rara a decir verdad), y en cuanto a los piqueros solamente Tito Sandoval fue capaz de hacer la suerte ante el 3° y señalar un puyazo arriba, pero después de marrar al costillar en el anterior encuentro que tuvo con dicho novillo.

Una tardecita que pone muy en evidencia el pésimo estado del escalafón novilleril. Una tardecita que no se debe olvidar, pues de ello depende que se empiecen a asumir errores y males, para poder enderezar esto. Una tardecita que, como la.mayoría de novilladas aue se ven por aquí, hace presagiar un futuro gris.

sábado, 1 de junio de 2019

31 DE MAYO DE 2019, DECIMOCTAVA DE FERIA: PACO UREÑA, DOS GRANDES BANDERILLEROS Y SEIS BUEYES DE ALCURRUCÉN

"¡¡Vaya forma de venir a Madrid, ganadero!!, gritó desde el tendido, cuando la tarde iba tocando a su fin, uno de esos criminales-genocidas-traidores a la patria y demás memeces con los que el pesebre define a quienes hacen uso de la protesta. Tan simple frase no podía resumir mejor el devenir de la tarde. ¡¡Qué cosa más infumable de corrida la que han mandado los hermanos Lozano a Madrid!! ¿Dónde quedó la casta y la bravura? Porque dentro de los seis ejemplares de esta tarde no, desde luego. Lo de esta tarde fue el anti-toro de lidia: flojos y sin que les hiciera demasiada falta su paso por el percherón, descastados y mansurrones. El buey y la mula que habitaron el portal de Belén hace dos mil años fueron más bravos. Segurísimo.
Tan seguro como que la corrida salió así de mala por culpa de las protestas. No por las de hoy (que ya puestos también, oiga), sino por las de ayer, y anteayer, y las del año pasado, y las de hace diez años, y las de hace veinte, y cincuenta, y las de cuando se inauguró la plaza en el año treinta y uno, y hasta por culpa de los protestones que curtieron su afición en la antigua plaza de la carretera de Aragón y en la más antigua aún plaza sita en la Puerta de Alcalá. ¿Que no? Hombre, si los que protestan ya son culpables hasta de cuando un torero cae herido, cuanto ni menos cuando una corrida sale así de mala. Qué malos afisionaos, qué antiraurinos, qué talibanes, qué...

Y con este material agurdando en chiqueros, un calor perfecto para hacer carne a la piedra en el granito de los tendidos, y una plaza que rozó el lleno, aquí que se presentaron David Mora, Paco Ureña y Álvaro Lorenzo para echar la tarde, cada uno a su manera. Apenas hubo gran cosa que contar en los cuatro primeros toros, a decir verdad: dos grandes pares de banderillas de Ángel Otero al primero y otros tantos de Iván García al cuarto (vaya cuadrilla se trajo consigo David Mora, sea dicho de paso) conformaron las mayores ovaciones de este peregrinaje por el Sáhara que fueron los cuatro primeros toros. David Mora con el primero dejó algunos pases desmayados que remataron los estatuarios con los que comenzó, y el hombre ahí anduvo con su particular estilo ultraventajista y vulgar ante un torete que se movió, pero siempre embistiendo con la cara a media altura. Lo mató, además, malamente, pues salió volteado en el primer intento y trompicado en el segundo (afortunadamente sin consecuencias graves aparente), cobrando una estocada trasera y varios descabellos posteriores.
Ureña continuó después ante un toro soso con el cual estuvo aseadito y sin dar el paso definitivo que le hace tan especial y diferente a los demás. Algunos pases sí llevaron su sello propio, pero los menos, y quedaron en nada ante la vulgaridad que transmitió el toro en todo momento. Con el tercero en el ruedo la cosa no hizo sino empeorar. El animal tenía un comportamiento más propio de un buey, y Álvaro Lorenzo tuvo a mal ponerse muy pesado haciendo gala de un estilo poco clásico y sí muy apegado a esa Tauromaquia 2.0 que tanga tendencia crea en estos tiempos. Mató, además, de un bajonazo la mar de hermoso.
El cuarto debió haber vuelto al corral por no tenerse ni en pie, pero la terquedad de la Presidencia nos la comimos todos junto al inválido, podría decirse que como guarnición. También se lo comió el matador, quien con abulia y desgana realizó una faena innecesariamente larga y que terminó siendo completamente hueca.

Y en estas estábamos, con la mirada más puesta en el reloj que en la corrida y con las ganas de irnos a casa cuanto antes, cuando salió el quinto. Tan manso y abanto como el resto de la corrida, los lidiadores no consiguieron fijarlo en el percal. Tanto fue así que acabó el toro yéndose por su propia cuenta y riesgo al percherón que guardaba la puerta, donde se le pegó. Siguió el desorden en la lidia y, de nuevo, el torito se fue solo al caballo sin que nadie le conduciera allí, pero esta vez al que estaba montado por el picador a quien le correspondía turno. Rápido y poco lucido el tercio de banderillas, el toro estaba por completo a su aire y huía de todo lo que se le ponía por delante. Ureña se fue debajo del tendido 7 a comenzar su faena, lo cual se llevó a cabo por estatuarios que, a su vez, fueron rematados por dos trincherazos simplemente bellísimos. No salió Ureña mas allá del tercio, donde comenzó a pasar al toro sobre la mano derecha, intentando tirar del mansurrón y meterlo en la muleta como buenamente podía. No era fácil, pues el toro huía en cada muletazo y, además, cuando iba al siguiente muletazo después de hacer amago de huir, el matador quedaba descolocado. Pero este, lejos de quedarse tal cual, fuera de cacho, daba el pasito hacia delante y cargaba la suerte, como mandan los cánones del toreo clásico. Destacaron algunos derechazos sueltos pegados con toda la verdad del mundo y muy rematados atrás mientras rotaba la cintura el matador, pero a esos buenos derechazos siempre le acompañaban otros que, cuando no eran aliviados hacia fuera, resultaban punteados. Andaba en estas Ureña cuando se cambió la muleta a la mano izquierda, y siguió intercambiándose algunos naturales de muchísima calidad con otros mucho menos lucidos. No obstante, quedaba claro que Ureña estaba metiendo poco a poco al toro en la muleta y sobreponiéndose a su mansedumbre. Llegó el momento en que, tanto consiguió meterlo, que lo llevó a los medios a base de otros cuantos trincherazos enormes y algunos pases de la firma que lo dejaron allí plantado, en la boca de riego, aunque bien es verdad que, al estar andando hacia los medios pero a su vez hacia la puerta de toriles, ayudó a que el toro se moviera hacia allá. Allí mismo, casi en los medios, volvió a sacar Ureña algunos genuflexos sobre el pitón izquierdo, muy toreros. Y una vez erguido, una buena serie por la mano izquierda con que cerró la faena y quedó como un ahí queda eso, pues el toro ya estaba embebido totalmente en la muleta. Faltaba lo importante para culminar la obra: matar. Pero matar bien, y no de cualquier manera. Intentó Ureña la estocada a la suerte de recibir y pinchó, para luego dejar una estocada muy caída. Había perdido una oreja de ley, o al menos esa fue la sensación que quedaba. Pero entonces vino lo sorprendente: comenzaron a aflorar los pañuelos y, unido a las perrerías que hacen los tipejos que se encargan de conducir a las mulillas por su mísero aguinaldo, hicieron que la Presidencia sacara la tela blanca para conceder una oreja que, por la espada y porque a pesar de todo no había mayoría de pañuelos, no debió ser concedida. Y ahí queda el detalle de Ureña: no paseó el despojo. La torería también se mide en este tipo de actos.

Y por último el sexto, el cual se podría decir que se movió. Pero si se califica cómo se movió, se podría decir que como aquel intenta tirar una puerta abajo a base de empujones. Es decir, con mucha bastez y poca clase. Víctor Manuel Martínez, tercero de la cuadrilla de David Mora, fue herido en el muslo derecho durante en transcurso del tercio de banderillas. Álvaro Lorenzo volvió a sacar todo su arsenal de toreo 2.0, con telonazos en línea, muy pefilero siempre y sin ponerse en el sitio. Y así discurrió otra faena larga y vulgarota. No trascendió apenas el trasteo, pues el personal ya estaba más ocupado en recoger los bártulos y salir escopetado a casa, donde aguardaba la cena y el descanso.




jueves, 30 de mayo de 2019

29 DE MAYO DE 2019, DECIMOSEXTA DE FERIA: VICTORININES, QUE NO VICTORINOS

Qué días más felices eran aquellos en que los victorinos eran victorinos de verdad. No los trozos de carne y cuernos que conforman los bichejos de ahora, y que de victorinos tienen el hierro y el pelaje cárdeno, como mucho. No, estos no son victorinos. Aquellos victorinos no llevaban sangre en las venas, sino fuego. Fuego que se exteriorizaba en forma de un temperamento y una fiereza desde que asomaban por la oscuridad de toriles hasta que caían rodados tras la estocada. Fuego, temperamento, fiereza, poder, dureza... ¡¡Casta!! Aquello sí era casta de verdad, y seleccionada con mucho esmero y dedicación por quien fue uno de los mejores ganaderos de todas las épocas. Se comían los capotes y las muletas, empujaban al caballo con presteza y grandes alardes de poder, buscaban los tobillos por detrás de los engaños, no admitían fallos por parte de los de luces y no consentían la más mínima duda. ¡¡Esos, esos eran los victorinos verdaderos, y no los de ahora!! 

Ahora, ¿qué diablos queda de todo aquello? Poco. Muy poco a decir verdad. ¿A qué diantres se ha dedicado el señor Victorino Martín (García) desde que se encarga de llevar este hierro en solitario? ¿A qué aspira usted, señor Victorino? ¿Acaso a que sus toros acaben matándolos los figurines esos de todo y a la vez de nada? Pues si es así, "congratulations" que se dice en idioma oficial de la Mundo. "Congratulations", porque está muy cerca de ello. Y la corrida lidiada en la tarde de hoy en Madrid, como tantísimas otras de los últimos años, así lo certifica. Lo de hoy, y lo del pasado Domingo de Ramos, y del pasado San Isidro, y del Domingo de Ramos del pasado año, y de ahí hasta unos cuantos años más atrás, si se les quitara el hierro de la A coronada y se les diera un brochazo en negro o en castaño, pasarían perfectamente como cualquier producto de esas ganaderías de Dios con sangre Domecq por los cuales las figuritas de porcelana suspiran.

¡¡Qué birria más grande lo de esta tarde!! Si con solo con verlos la pinta que gastaban cuando saltaban al ruedo, uno ya se barruntaba que la cosa no iba a ir bien. Seis victorinines seis chicos, escurridos, sin culata ni remate, y con caritas de adolescentes. Un aunténtico saldo ganadero que, como ya digo, su sola presencia en el ruedo despertaban las protestas y el mosqueo del personal. Y eso que la corrida no empezó del todo mal, pues la estrenó un ejemplar que recordó, y mucho, a esas alimañas que le salían antes a esta ganadería con cierta frecuencia. Pero solo fue un mero espejismo, porque lo que vino después, se caracterizó por una cosa que se resume en una simple frase: falta de casta. Tal cual, así como suena. Que no quiere decir esto que la corrida fuera una bueyada de órdago ante la cual cualquier opción de triunfo hubiera sido remota, no. Al contrario, hubo toros para hacer el toreo y con mucho que torear. O como se dice hoy en día, para expresarse, disfrutar una barbaridad, y tal... Para ser exactos, tres toros: uno por cada matador, y que fueron lidiados en 4°, 5° y 6° lugar. Pero, dentro de esa vertiente, hay toros y toros: los que se dejan con bondad, sin hacer extraños y con dulzura empalagosa; y los que son más exigentes, tienen nobleza pero también temperamento, no son la tonta del bote y no admiten errores. Victorinines vs victorinos. Nobleza dulzona y toreabilidad, toda la del mundo. Casta y fiereza, cero. Haciendo referencia a la pelea en varas, los victorinines fueron, metieron la cara abajo y pelearon, pero no con verdadera bravura, ni mucho menos poder. Cumplieron, sin más.
Y en la muleta, toreables y para soñar el toreo. Magníficas personas. Pero de ahí a encastados, hay un universo entre medias. Y esto es lo que siempre ha caracterizado a los victorinos: la casta. No la nobleza boba, no. La casta. Ce, a, ese, te, a. Mientras esta no aparezca, ya pueden salir como quieran los victorinines, que decepcionarán a buen seguro.

La primera parte de la corrida fue protagonizada por esa alimaña ya mencionada, y a la que le siguió un pobrecito desgraciado que tuvo la malísima suerte de toparse con un señor llamado Juan de Dios que, montado a caballo, se lo ventiló de mala manera con dos marronazos. El animal dejó entrever nobleza y afán por acudir a cada muletazo, pero se quedaba corto, se paraba y embestía a media altura. Y el tercero, un tetrapléjico que debió haber hecho a los bueyes de Florencio Fernández mover el trasero, pero estos se quedaron en sus aposentos y el torete, en el ruedo para inri de los parroquianos.

Pero el asunto cambió durante la segunda parte de la corrida, pues salieron tres toros que se prestaron al toreo y ofrecieron posibilidades de triunfo, que fueron aprovechadas o desaprovechadas según los casos. Octavio Chacón no se acopló nunca a las buenas embestidas del cuarto, basando la faena en una vulgar colección de trapazos sin parar quieto en ningún momento. Confianza y mando para conseguir tirar del toro fue lo que en verdad le hizo falta para conseguir aprovecharse del animal. Antes, con la alimaña, tampoco dio la sensación de tener claras las ideas. Bien es verdad que no era un toro para florituras, sino para una lidia de aliño sobre las piernas, como antaño. Pero, lejos de esto, hizo gala de un quiero hacer el toreo moderno, pero no puedo porque mi toro es a contraestilo. ¿Dónde quedaron en esta tarde sus buenas maneras como lidiador poderoso? No, no fue la tarde de Octavio Chacón.

Daniel Luque, don nosecuantostorosparaserfigura, estuvo muy centrado y hasta bien con el segundo. Sí, ese al que su picador destrozó. El toro no tenía mucho recorrido, pero Luque consiguió tirar de él y llevarlo largo en algunos derechazos muy mandones sobre la diestra, sin obligarlo mucho por bajo, pero llevándolo muy metido en la muleta. Si hasta causó una grata impresión y todo... Pero hete aquí que salió el 5°, y a hacer puñetas todo, porque salió en todo su esplendor el verdadero Daniel Luque al que estamos acostumbrados, el pegapases vulgar que si sabe agarrar la muleta es porque los milagros existen. Qué toro para reventar Madrid, por nobilísimo, colaborador y dulce. Luque, pues eso: Luque. Pases. Muchísimos pases. Tantos pases, y ni uno, ¡¡ni uno bueno!! Hacia fuera y desde fuera todos.

Y el bueno de Emilio de Justo, que quedó inédito ante la babosilla inválida que se lidió como 3°, se desquitó de este contratiempo cortándole una oreja al también buen sexto. Buenas en verdad fueron las verónicas de recibo y la enorme media verónica abelmontada con la que abrochó tan buen toreo de capote. No fue una faena completa ni rotunda la que consiguió hilvanar, más aún teniendo en cuenta que había toro de sobra para ello, pero sí cargada de muchos detalles de toreo caro. Comenzó, sin antes doblarse por abajo ni tantearlo, sobre la mano izquierda dando distancia al toro y dejándoselo venir, para darle una serie de naturales algo acelerado, pero siempre cargando la suerte y con intención de rematar la embestida atrás, cerrando la serie con un pase de pecho a pies juntos y llevado a la hombrera contraria que fue de aunténtico cartel de toros. Fueron algunas series más de naturales en las que hubo buena colocación, mucha plasticidad y hasta por momentos logró mandar y llevar al toro atrás, aunque bien es verdad que en otros momentos se le vio un tanto acelerado y no consiguió correr la mano del todo, quedando en muchos medios pases. Siguieron a estas series de naturales otras tantas de derechazos las cuales mantuvieron la misma línea de las anteriores: mucho clasicismo y alardes de toreo caro, colocación y algunos muletazos despaciosos y mandones, entremezclados con otros en los que le quitaba rápido la muleta del hocico al toro y no terminaba de rematarlos. La faena no fue larga. Suficiente para dejar buenas impresiones, pero sin terminar de aprovecharse al máximo del bonacible animal ni de alcanzar gran rotundidad. Cerró la faena, tras cambiar de espada, con intención de torear por naturales completamente de frente, aunque fue más la intención que el resultado, y cerrados eso sí con otro pase de pecho eterno, a pies juntos y rematado en la hombrera contraria. De locura. Mató de un bajonazo que no fue impedimento para que cayera un despojo, baratito baratito si se tiene en cuenta la mala estocada. Por algo es la "suerte suprema".

Otra unánime ovación se la llevó la cuadrilla de Emilio de Justo cubriendo el tercio de banderillas del 6°. Morenito de Arles y Manuel Pérez Valcárcel anduvieron bien con las banderillas, pero quien realmente hizo que se avivaran los aplausos fue Ángel Gómez moviendo el capote. Tan absorto estaba en su gran quehacer, que al llevarlo hacia el burladero del tendido 6 a punta de capote, pegó un traspié que le hizo quedar a merced del toro, el cual no le perdonó y le infirió una fuerte paliza. Por suerte, sin aparentes consecuencias graves, pues se levantó enrabietado tras salir del trance y terminó lo que empezó, para dejar al toro en el burladero del 6 plantado. Plata con quilates.

miércoles, 29 de mayo de 2019

28 DE MAYO DE 2019, DECIMOQUINTA DE FERIA: BUENA CORRIDA DE ESCOLAR GIL, CON LA CUÁL TRIUNFÓ EOLO/CAURUS

En una situación normal, al hablar de la corrida que hoy se ha lidiado con el hierro de don José Escolar Gil, se empezaría haciendo referencia a esas cositas que tan feliz le hacen a cualquier aficionado que se preste. Ya saben, lo de la casta, la dureza de patas, las dificultades, la emoción y tal. Pero ocurre una cosa, que la tarde de hoy no ha discurrido del todo por los senderos de la normalidad, pues ha tenido como protagonista a un señor al que todos los toreros temen casi tanto como a los pitones que miran hacia delante, los toros con los cuartos traseros muy desarrollados, el hierro de la A con asas o que la montera caiga boca arriba. Su nombre, en griego, Eolo. O Caurus, en la antigua Roma. El caso es que este indeseado no ha querido perderse la tarde de los escolares, seguramente porque presumirá de aficionado al toro-toro, o porque no tenía nada mejor que hacer en casa y le apetecía venir a dar por saco; pero sea por lo que fuere, ha deslucido sobremanera la tarde y los toreros, más que menos, se han visto muy dificultados, cuando no imposibilitados, con su afán de ser protagonista esta tarde.

Eolo, o Caurus (desconozco qué nombre le gustará más al colega) dio mucho, muchísimo por saco esta tarde a los de la taleguilla bordada en oro, o plata en el caso de Gómez del Pilar, pero no así a los de cuatro patas y pelaje cárdeno. Esos embisten, se paran, se comen los caballos, mansean o se caen, según los casos, haga frío, calor, lluvia, granizo, nieve, sol, viento o que el arcoiris luzca radiante. Y en esta tarde ventosa, embistieron. ¡¡Y cómo embistieron!! A pesar de que la presentación de la corrida dejó mucho que desear por desigual, con ejemplares correctos y otros verdaderamente sin remate y mal hechos, pero embistió. Unos más que otros. Unos con más claridad que otros. Tampoco llegaron a emplearse con bravura y codicia en varas, sin que tampoco rehuyeran de la pelea. Pero salió la bendita casta. ¡¡Milagro!!

No comenzó la corrida con el mejor ejemplar, pues fue este primero el típico albaserrada tobillero y probón que acortaba mucho el viaje y buscaba al bulto que había detrás de la muleta. Intentó Robleño ponerse a torear según los cánones modernos, o al menos a intentarlo, pero no estaba la cosa para andar pegando pases, ni por la condición del toro ni por la necedad del señor Eolo/Caurus. Por fin desistió, lo macheteó con dignidad y lo mandó al otro barrio no sin pinchar en hasta cinco ocasiones.

El segundo no mejoró la cosa, pues también tenía poco recorrido y aún menos ambición de embestir, y cuando lo hacía era con la cara a media altura. Gómez del Pilar no salió de la segunda raya, y bien que hizo. Basó la faena sobre el lado derecho, intentando tirar del toro y llevarlo largo, llegando a conseguirlo por momentos en algunos derechazos sueltos de mucho mérito. Fue larga la faena, tanto que le sonó un aviso cuando cambiaba el estoque simulado por el de verdad, pero ahí quedaron esos derechazos que le hicieron rayar a buen nivel al torero.

El tercero fue, esta vez sí, uno de los toros de la tarde por encastado, fiero, con pies y mucho que torear. Y todo eso, a pesar de la infame carnicería que le organizó el picador Luis Miguel Leiro, con el beneplácito de su matador, mediante dos varas asesinas. Porque en efecto, a pesar de la tentativa de homicidio que se llevó a cabo en el primer tercio, el toro llegó a la muleta haciendo gala de todas sus facultades. Ángel Sánchez, el hombre, entre el viento y, seguramente, por lo que no es el viento también, anduvo ahí delante haciendo lo que buenamente pudo. Gran toro, Combativo de nombre y con el número 15 en el costillar.

El cuarto completó el lote mas áspero de la tarde. Acudía con prontitud a los cites, pero se quedaba a medio viaje y probaba mucho al matador. Robleño tardó en acoplarse a la situación, pero poco a poco se fue cerrando más a tablas, y también reposándose, para, en esos terrenos del tendido 4, acabar sacando su oficio y tirar del burel en muletazos muy mandones por el pitón derecho y alargando la embestida. No fueron muchos, pero sí los suficientes para dejar un trasteo más que digno. La espada cayó, nunca mejor dicho, en mal sitio, y quizás por ello perdió una oreja.

Sobre el quinto decir que siempre nos quedaremos con la duda, aunque la embestida del animal durante los primeros tercios de la lidia apuntaba alto. Fue también un toro que acudió con alegría y prontitud al caballo, aunque no terminó de emplearse. Gómez del Pilar fue más allá de la segunda raya con él, pero Eolo/Caurus quiso ser aún mas protagonista, y no permitió que el matador estuviera confiado para colocarse, echar la muleta alante y correr la mano con poderío. Y ante tanta duda y telonazo, el toro acabó a la defensiva y pegando tornillazos. Siempre nos quedará la duda de si en otras condiciones...

Y el sexto y último también tuvo intenciones de embestir con fiereza, pero en este caso fue una lástima que anduviera corto de fuerzas en los remos. Lo de Ángel Sánchez ante él fue un calco de su actuación ante el tercero: muchas dudas y falta de confianza provocadas, otra vez, por Eolo/Caurus. No terminó de dar el paso hacia delante el matador, quien lo pasó de muleta tomando muchas precauciones, componiendo una faena larga y hueca. Lo suyo, de momento, tendrá que esperar.

Los de oro, y el de plata, sufrieron la mala baba del señor Eolo/Caurus, pero no así algunos hombres de plata y azabache. Y muy en especial, la cuadrilla de Ángel Sánchez, que ofreció un antológico tercio de banderillas ante el tercero de la tarde. Raúl Ruiz puso dos pares exponiendo mucho, y el par de Fernando Sánchez fue uno de los mejores que se ha visto en toda la feria. Todo ello acompañado por la magnífica brega de Iván García, quien además se llevó al toro casi de punta a punta de la plaza a una sola mano. También expuso mucho la cuadrilla de Gomez del Pilar banderilleando al quinto, destacando un par de Pedro Cebadera.


martes, 28 de mayo de 2019

27 DE MAYO DE 2019, DÉCIMOCUARTA DE FERIA: Y OTRA QUE SE FUE SIN TOREAR

No habrá sido este el encierro más encastado y con más emoción que hayamos visto lidiarse con el hierro de La Quinta. Pero si se dijera de esta novillada que ha sido imposible para el triunfo, y se la calificara como una moruchada infame, tampoco se andaría muy acertado. Evitaré por todos los medios, o al menos se intentará, acudir a la ya clásica frase de muchas novilladas, y que dice algo así como "qué más necesitan estos muchachos para triunfar", pero es harto difícil. Sí, muy difícil, porque esto es el cuento de nunca acabar. La misma historia de casi siempre, novillos bonacibles, suavones, no muy sobrados de poder ni de malas ideas, que no hacen grsn cosa en el caballo, alguno que sale pidiendo los papeles pero sin complicar en demasía al que está delante, que por cierto va indocumentado; pero en general muy dulzones y con falta de sal y pimienta. Que quizás, ese punto de emoción que en ocasiones podría faltarles, les hubiera correspondido ponérselo a los novilleros. La emoción llega por sí sola cuando el coleta de turno se pone en el sitio, carga la suerte y tira de los toros hacia atrás, y ahí están los ejemplos, sin necesidad de salirse de esta feria, dictados por Pablo Aguado o Paco Ureña ante ejemplares que no transmitían más que los de esta tarde. Pero esta tarde los novilleros han estado muy lejos de ello, y han optado por el estar aseadito, la facilidad, la falta de apreturas, el aliviarse, y todas esas cosas que no llegan muy lejos.

Ángel Jiménez, si ya de por sí dispuso del lote más soso, él tampoco hizo por transmitirle al personal maneras lo que se dicen agradables de ver. El primero de la tarde fue un mulo que se movía porque sí, como quien anda por la calle sin rumbo y al final acaba estampado contra una farola por empanado. Mal empezó el novillero descuidando sus tareas lidiadoras, lanceándolo de recibo por puro trámite y sin gracia, y dejándolos irse solos al caballo sin hacer siquiera amago de ponerlos en suerte. Con la muleta lo pasó por la mano derecha en dos series de muletazos, y otras tantas series con la izquierda. Se caracterizó este trasteo por un pegapasismo sin apreturas, a media altura y acompañando la tontorrona embestida del novillo, centrándose más en poner posturitas jartísticas que en otra cosa. Y gracias a los cielos, se fue a por la espada tras esto y el trasteo no fue más allá. Con el cuarto novillo volvió otra vez a descuidar flagrantemente su quehacer lidiador y dejarlos estamparse en el caballo sin sobresaltarse. Y de nuevo, ante un novillo que pareció apuntar en los primeros compases de la lidia pero que acabó aburrido demasiado rápido, volvió a dejar pinceladas de su toreo aliviado, despegado y frío.

El Galo vino a San Isidro avalado por una actuación bullidora, tremendista y que rozó lo puramente circense el pasado agosto. Pareció incluso que quería hacer las cosas bien ante su primero, parándolo de salida y dejándolo en la misma boca de riego, y esmerándose en dejar a sus dos novillos en suerte para acudir a la montura. Hasta quiso dejar de banderillear a este novillo y dejar paso a su cuadrilla. Parecía que el muchachete había asentado la cabeza y se había decantado por darle seriedad a todo lo que rodea a la lidia, pero... Mero espejismo. Fue coger la muleta, y comenzó a rayar la vulgaridad, la chabacanería, el destoreo y las malas maneras. Un novillo como este, por nobilísimo y empalagoso, no salen todos los días y menos en Madrid. Casta, inexistente; toreabilidad, para parar un tren. Lo que se sueña hoy día para eso de torear mejor que nunca, o como quiera que se diga esa mamarrachada moderna. Trallazos hacia fuera, enganchones, más trallazos hacia fuera, más enganchones, después muchos más trallazos y muchos mas enganchones... Y así hasta que le dio por irse a por la espada, para dejar patente que lo suyo tampoco es lo de matar. Y en el quinto sí que sí, sacó toda su artillería. Verónicas muy aceleradas con las cuales no fijó al novillo, un quite por telonazos que aparentaban ser delantales, o algo así; entre medias volvió a poner a los toros en suerte y, esta vez sí, agarró los palos para dejar un irrisorio tercio de banderillas. Comenzó con un par de poder a poder a cabeza más pasada que una paella de chiringuito, le siguió el violín, y finalizó con un tercer par en el que se embarulló recortando y quebrando para acabar tomando el olivo, saliendo de nuevo para dejar un par en el que el toro le comió mucho terreno. Mucho que torear tuvo este 5°, con el cual apareció la bendita casta en el ruedo. No grandes alardes, pero sí lo suficiente para mantener el interés. El pobre chaval, perdido y sin recursos ni ideas para meterle mano, demasiado hizo con salir del trance y acabar matando al novillo. El infierno le espera a quien engaña de esta manera a los chavalines para que sean toreros sin tener la más mínima facultad pars ello.

Francisco de Manuel vino a cerrar la terna, y también a reafirmarle las ilusiones al aficionado. Pero eso, de momento, tendrá que esperar. Pareció prometer su tarde cuando, al recibir a su primer novillo, se lo llevó a la boca de riego con algunas verónicas de cante grande, una bonita media verónica y una larga muy torera que le dejó ahí plantado. Gusta este chico de cubrir el segundo tercio por sí solo, pero nunca han convencido sus maneras de banderillear. Esta tarde, por fin, lo hicieron. ¿Por qué? Porque no puso banderillas, y le relegó tal honor a la magnífica cuadrilla que le acompaña. Y fue una suerte, porque ante ese 3° se lució Iván García. Un buen novillo fue este, pues también tuvo mucho que torear y, aunque moviéndose con nobleza y suavidad, no era la tonta del bote. Ya en los pases de tanteo con los que comenzó la faena sufrió el novillero un arreón que pudo haberle supuesto un disgusto, justo por quedarse con la ventana abierta y al descubierto. Cambió de mano después para torearlo con la zurda, intentando siempre hacer las cosas con despaciosidad pero sin conseguir limpieza ni acople. Ni tampoco colocación, y fue por eso por lo que el novillo volvió a prevenirle con otro arreón que casi le cuesta otro disgusto. A partir de aquí no volvio a confiarse el novillero, le acortó mucho las distancias para asfixiar al novillo, le espantó las moscas pasándolo con vulgaridad sobre la mano derecha, y hasta aquí el trasteo. Eso sí, la estocada que dejó después de pinchar una vez fue magnífica. Con el 6° en el ruedo volvió Francisco de Manuel a intentar torear a la verónica de la misma manera que en su primero y, aunque consiguió volver a ganarle terreno y llevarlo de nuevo hasta los medios, esta vez no salieron con tanta enjundia. Bien poniendo a sus dos novillos en suerte, y tras una magnífica lidia de Iván García, la única buena en toda la tarde, se llevó el novillo al tercio del tendido 5 para comenzar sobre la mano derecha muy despegadito y pegando tirones hacia fuera. El novillo mostró cualidades excepcionales para el toreo, pero estaba claro que no era la tarde de Francisco de Manuel, quien se volvió a embarullar en una faena larga y de corte moderno que destacó por alternar muletazos de nulo acople sobre ambos pitones, y en los que apenas estuvo ni asentado ni confiado. Trasteo vulgar y tedioso ante un animal que se prestó al triunfo y que acabó aburrido de tanto pegapasismo.

Pena de novillos, que se fueron sin torear en la mayoría de los casos; y de orejas, pues se fueron puestas, con la falta que les hacen a los chicos cuando las agarran después de cortadas. Pero ciertamente, si ante una novillada como esta no hay un triunfo rotundo, ¿en el futuro y ante novillos que pidan el carné, qué pasará?
Y no estamos hablando de novilleros poco experimentados ni que estan muy nuevos, sino de chavales que ya llevan algunas temporadas en esto, son de los que mas torean y, además, tienen la alternativa cerrada (caso de Ángel Jiménez) o a punto de caramelo.

domingo, 26 de mayo de 2019

25 DE MAYO DE 2019, DUODÉCIMA DE FERIA: EL VASO MEDIO LLENO O MEDIO VACÍO, SEGÚN SE MIRE

Una más que añadir a la colección. O una menos para acabar. Como con el vaso, dependiendo de si se ve medio lleno o medio vacío. Así podría analizarse también la corrida que ha echado Pedraza de Yeltes en esta tarde. Un señor que vea el vaso medio lleno diría que la corrida ha empujado en varas, unos más y otros menos, pero que por lo general se ha empleado. Seguiría diciendo que ha habido algunos toros que se han prestado al toreo, y que otros, como por ejemplo el lote de Octavio Chacón, tenían buenas intenciones de embestir pero que la falta de fuerzas de la que han hecho gala les ha deslucido bastante. En cambio, quien vea el vaso medio vacío diría que a la corrida le ha faltado básicamente casta, poder y pies, y que efectivamente ha habido toros que se han prestado al triunfo pero les faltaba más picante.

Por otro lado, es miy posible que ambos coincidirán en varias cosas: primera, lo mal presentada que estaba la corrida, con ejemplares escurridos y feos. Segundo, que sí, que efectivamente la corrida ha sido interesante en el primer tercio, y que además esta tarde los picadores, por lo general, han señalado los puyazos en buen sitio y no han cusado los estragos de otras tantas tardes. Coincidiría también en lo bien que han estado los banderilleros de Juan Leal con los palos. Marco Leal, hermano del matador, le sopló al 3° un espectacular par por el cual tuvo que saludar una ovación; y en el 6° Agustín de Espartinas y Manuel de los Reyes hicieron lo propio tras cubrir un buen tercio de banderillas. Y por supuesto, y sin que quepa duda de ello, la coincidencia más exacta entre la opinión de unos y de otros llegaría al hablar de la terna de esta tarde y de lo mal que han andado con ella, despojos aparte. ¡¡Vaya tardecita la que han dado entre los tres!! La corrida de Pedraza no habrá sido un derroche de poder y de casta, pero de ahí a que haya sido imposible para conseguir el mínimo lucimiento, hay un mundo. O dos. Y tres, y cuatro, y cinco, y... No solo que no haya sido imposible, es que ha habido toros de triunfo. Y la terna, lejos de valerse de ello y dar una bonita tarde de toros, ha aburrido más que un cura dando el sermón. Cierto es que Juan Leal, espada con menos antigüedad del cartel, ha sido el único en conseguir despertar pasiones varias en los tendidos, aunque sin convencer a la totalidad de la parroquia. Juan Leal, lo ha demostrado muchas veces ya y hoy no ha vuelto a ser menos, es un torero tan dotado valor como carente de técnica y del más mínimo estilo artístico, rebasando incluso en muchas ocasiones la línea que separa lo serio de lo tremendista. Solo pudo lidiar el primero de su lote (tercero de la tarde), animal  que hizo buena pelea en varas aunque salió suelto de la segunda vara. Se le vio al animal mucha clase y recorrido durante la lidia, y más aún cuando el matador se fue a los medios para comenzar la faena de rodillas. El toro acudió con alegría y repitió como una locomotora mientras que Juan Leal lo pasaba de muleta una y otra vez y sin hacer amago de levantarse cuando se veía apurado. Meritorio mucho, ortodoxo ya menos. Una vez en pie y cogida la muleta con la mano derecha, vuelve a darle sitio en la primera serie de derechazos y el toro sigue embistiendo con un buen tranco, pero el matador se embarulla en una serie de derechazos en los que el animal le desborda y no consigue someterlo. Y a partir de aquí, nos quedamos sin ver más toro, porque empezó el matador a acortar cada vez más y más las distancias hasta meterse, literalmente, entre medias de los pitones, y basar el trasteo en el encimismo, los telonazos y la vulgaridad. Y el toro, asfixiado, comenzó a defenderse aunque no dejó de acudir a cada muletazo al que el matador le citaba. Aun así el matador se vio superado en todo momento por el encastadito ejemplar, y en una de esas le llegó a echar mano y pegarle una cornada en la zona anal. Visiblemente dolorido, volvió a la cara del toro para seguir por la misma tónica del encimismo, pero sin que en ningun momento apareciera el menor atisbo de toreo. Y para culminar, estocada que enterró a la primera y que volvió loca a parte de la concurrencia (quien en su mayoría no calibra en su colocación, como fue el caso que cayó trasera), petición mayoritaria y despojo. Le fue entregado por el alguacilillo y sin pasearla siquiera se metió a la enfermería para ser atendido de la grave cornada, no volviendo a salir para estoquear al último. Pronta recuperación para él.

Octavio Chacón era esperado con ilusión esta tarde por la afición de Madrid, que acabó con el gozo en un pozo. Es este un torero que necesita Toro-Toro para ser capaz de relucir sus cualidades lidiadoras y poderosas, justo lo que esta tarde se le volvió de espaldas. Tanto los dos de su lote como el que mató por Juan Leal sacaron nobleza y afán por embestir bien, pero la evidente falta de fuerzas que arrastraban les hizo quedar en prácticamente nada. Octavio estuvo toda la tarde desempeñando con corrección sus tareas como director de lidia, preocupado de parar a sus toros y de dejarlos en suerte en varas, pero ante tres toros como se han descrito realizó la misma faena: pases siempre a media altura y sin obligar al toro en exceso, despegadito siempre y, lo que es peor, alargando las tres faenas hasta el limite, lo que hizo que la gente acabara cansada, hastiada de tanto pase vulgar y pidiéndole la hora al matador. No ha sido esta la mejor tarde de Octavio Chacón, desde luego.

Tampoco fue la tarde, ni tampoco la feria de Javier Cortés. Si ya en la corrida de La Quinta en la que tomó parte hace algunos días se le vio perdido y por debajo de la situación, en esta tarde ha vuelto a dejar las mismas sensaciones de no estar. Y ante el lote más claro de la tarde. El segundo fue un toro noblote que acudía presto a cada muletazo aunque con el defecto de salir del muletazo con la cara alta. No era fácil, pero Javier Cortés consiguió con muy buena técnica tirar de él y conseguir meterlo en el canasto. Aunque tuvo su mérito, una cosa fue eso y otra muy distinta que los muletazos fueran de mano baja, mandones de verdad y rematados atrás, cosa que nunca sucedió, y la faena acabó sumergida en un mar de trallazos con la figura muy retorcida, metiendo mucho el pico y descargando la suerte. Más de lo mismo ante el quinto toro, quizás el animal que mejor embistió de toda la tarde y el que tuvo más claridad. Cortés, de nuevo, volvió a embarullarse entre mil y un trapazos olvidándose por completo del parar-templar-mandar-cargar. El animal se fue sin torear y así cerró este torero su decepcionante feria.

No habrá sido esto lo que todos esperábamos de Pedraza de Yeltes, pero tampoco ha sido ni mucho menos lo peor con lo que ha venido a Madrid. Nos quedamos con que de momenton ha sido lo que mejor ha embestido al caballo en toda la feria. De largo, vamos.


sábado, 25 de mayo de 2019

24 DE MAYO DE 2019, UNDÉCIMA DE FERIA: TARDE DE EMOCIONES FUERTES

La de historias que se han contado en esta tarde del 24 de mayo del año 2019, undécimo festejo de San Isidro. Historias tristes, historias irritantes, e historias bonitas, emocionantes y entrañables. Asi que manos a la obra y a hablar de toros, que hoy hay motivos para hacerlo con alegría.

La historia triste de esta tarde comienza, en realidad, un 14 de mayo de 2018. Se celebraba entonces la séptima de feria y los toros a lidiar pertenecían al hierro de Las Ramblas. El cuarto toro salió de chiqueros abueyado, huyendo despavorido cada vez que se le presentaba un capote y sin la menor intención de embestir. Vamos, un marrajo de toda la vida, y el cual no merecía otra cosa que no fueran banderillas negras. Lo que ocurrió, todos lo sabemos: al marrajo le sacaron pañuelo verde, sin siquiera hacer amago de sacar la montura e intentar picarlo, como se ha hecho toda la vida. Devuelto por manso, lo nunca visto. Y con esa frase nos quedamos en esa tarde, "lo nunca visto". 24 de mayo de 2019, un año y diez días después, aquello parece haber quedado en mera anécdota que se comenta entre los amigos de los toros con una sonrisa socarrona, por no echar lágrimas. Pero en este día, ocurre otro hecho que bien podría titularse, y de hecho así se hace, "Lo nunca visto, segunda parte". Resulta que el cuarto toro, con el hierro de Juan Pedro Domecq, sale al ruedo y la lidia parece ir con la normalidad propia de una tarde como esta: mansedumbre, flojera, nulidad en varas y picotacitos de nada. El tercio de banderillas ocurre con normalidad y rapidez, sin sobresaltos, y cuando se cambia el tercio y El Juli se dirige al toro, este parece estar lesionado de una mano. Efectivamente, cuando el matador le da los pases de tanteo el toro se resiente y las protestas afloran. El Juli, sin escrúpulos, intenta hacerle la faena al pobre animal, y todos creíamos que esto iba a ser colmo de los colmos... Hasta que la Presidencia sacó el pañuelo verde. Sí, el pañuelo verde, el que indica que hay que devolver el toro al corral y sustituirlo por el sobrero... ¡¡Con la faena de muleta comenzada!! Gran bronca, gritos de "fuera del palco", e incredulidad en la plaza. Otra vez una chacota magna que le da una buena patada al reglamento taurino y deja la seriedad de la Plaza de Madrid hecha unos arapos.

Después viene la historia irritante, y es protagonizada, como no podía ser menos, por el más golfo y sinvergüenza matador de toros de toda la historia. No hace falta extenderse mucho: el llamdo don Julián vino en esta tarde a pasearse por Madrid con una actitud deplorable. "Vengo a Madrid a mesa puesta y sin someterme al bombo, hago un poco el indio sin complicarme la vida, y lo más importante lo del final: pongo el cazo y me llevo todo el parné. Y a los que pagan, que les den morcillas", es el mejor resumen de lo que ha sido su tarde. No vuelvas Julián, hazte ese favor y haznos el favor. Gracias

Y por fin, vienen las notas alegres y bonitas de la tarde, protagonizadas por dos grandes hombres: Paco Ureña y David de Miranda. No solamente fue el hecho de tener en Madrid a dos toreros que en los últimos meses lo han pasado mal a causa de dos graves percances, es que esos dos toreros han venido a Madrid demostrando que todo aquello ha sido superado, y lo han hecho TOREANDO. Sí sí, como suena: TOREANDO. ¡¡Qué alegría más grande!!

Paco Ureña perdió un ojo el pasado mes de septiembre en la feria de Albacete, y durante algún tiempo todo lo relativo al discurrir su carrera fue una incógnita. Por fin se anunció que sí, que efectivamente iba a poder seguir toreando y que empezaría por la feria de Valencia, lo cual fue una alegría porque significaba que estaba en condiciones más que aptas para volver a torear. Ha ido transcurriendo la temporada y las sensaciones eran que Ureña seguía siendo el mismo, pero esas sensaciones había que ratificarlas en Madrid, en su Madrid, la plaza donde tan buenas tardes de toros ha dado. La afición de Madrid le hizo saludar al finalizar el paseíllo en señal de afecto, y ese acto fue correspondido por el torero en su primer turno, tercer toro de la tarde: comienza la faena con algunos doblones que empalma con algunos derechazos imponentes. El de Juan Pedro iba y venía sin ser gran cosa, simplemente se dejaba, y el matador puso todo lo que al toro le faltaba. Siguió Ureña sobre la mano derecha acoplandose poco a poco y cada vez asentándose mejor, hasta que surgió una serie más limpia y mandona que despertó el entusiasmo del personal. Cambió a la zurda y los tres naturales que dejó fueron simplemente colosales. ¡¡El toreo al natural, una vez más!! Siguió la faena con altibajos sobre la mano izquierda, sin lograr tirar del toro con limpieza pero sin dejar de pisar los terrenos comprometidos, ni de cargar la suerte ni de hacer por llevar al toro detrás de la cadera. Queriendo hacer el toreo, en una palabra. La última serie fue con la derecha, buena y bonita, y tras esto cerró al toro con unos ayudados por bajo muy toreros. Tenía la oreja ganada, pero el pinchazo previo y la posterior estocada que cayó  ligeramente desprendida, le impidieron ese honor. Dio una vuelta al ruedo clamorosa. Si sosote fue este toro, el quinto no mejoró nada. Peor aún, se movió con brusquedad, pegaba tornillazos y se quedaba corto. Ureña no escatimó nada en volver a ponerse en el sitio, ofrecer siempre la muleta planchadita y sin ninguna arruga e intentar tirar para detrás. Solo pudo dejar detalles de toreo caro pero sin redondear ante este toro, y con una estocada de magnífica ejecución y colocación, sumada al conjunto de la tarde, hubieran sido suficientes para que se hubiera premiado con una justa oreja. Falló una cosa, muy importante por cierto: la estocada, que cayó baja. Aun asi, paseó una oreja que, debido a la espada, se antoja prescindible. Fue lo de menos en una tarde feliz para el torero y para la afición de Madrid, que tiene de vuelta a uno de sus ojitos derechos.

Y también está la preciosa historia de David de Miranda, quien en la tarde de hoy vino a confirmar la alternativa que tomó hace tres temporadas de la mano de uno que no fue nadie ni nada, José Tomás. David de Miranda llegó a tocar con la yema de los dedos la tragedia, cuando en agosto de 2017 sufrió una fuerte voltereta en la plaza de Toro (Zamora) que le causó graves daños en las cervicales. Nadie tenía claro si volvería a vestir de luces después de tan grave cogida, pero haciendo gala de una gran fuerza de voluntad por salir adelante y recuperarse, volvió a vestirse de luces un año después en su tierra, para torear hasta en siete ocasiones más ese mismo año. Y a la temporada siguiente, la actual, le esperaba Madrid para confirmar alternativa, y en un cartel de campanillas. Y lo hecho por él esta tarde es la mejor recompensa que puede tener un torero que tan mal lo ha pasado. La verdad es que hay que tener una suerte pésima para que el toro con el que uno confirme la alternativa sea un completo mulo que no vaya para delante ni para detrás, y aunque no había nada que hacer ante él, el toricantano ya dio muestras de su valioso concepto del toreo y de sus ganas en esta tarde. Pero tal y como se dijo en la crónica de ayer, la vida es dura pero a veces sabe hacer justicia, y eso se hizo realidad en el sexto toro, el mejor de la corrida con mucha diferencia. Mejor dicho, el mejor y el único bueno. El torero, desde luego, no dejó pasar la oportunidad: comenzó de manera poco ortodoxa con el típico pendulazo desde los medios, y con ello se metió gran parte del público en el bolsillo. Faltaba la otra parte, la afición que se emociona más por una simple tanda de naturales de verdad que por los mil pendulazos y trapazos de rodillas que existan, y no tardó el joven en llevárselos también de calle. Da distancia al toro y en la primera tanda, sobre la mano diestra, no se acopla y pega latigazos hacia fuera. Viene una segunda mucho más despaciosa y mandona, para acabar con una tercera que es buena de verdad, con el torero puesto en el sitio, sin esconcer la pierna y llevando al toro detrás haciendo gala de un portentoso mando. ¡¡El toreo otra vez!! Por fin, coge la mano izquierda, la mano que manda en el toreo, y deja una serie que baja en cierta parte el listón, pero no sin dejar un gran natural. Vuelve a intentar el toreo al natural y esta vez salen buenos de verdad, llevando al toro con mucho poder atrás y con un estilo muy clásico y puro. Una última tanda con la derecha, que sigue por la senda del clasicismo, y hecha la faena. Tocaba matar, pero no sin abrochar la faena de una forma elegante. ¿Unos ayudados por alto? No... ¿Por bajo tal vez? Tampoco... ¿Quizás unos naturales de frente? Quita quita...
Entonces, ¿no sería por...? Correcto, bernardinas. ¿Cómo es posible que un torero que gasta un concepto tan clásico y cargado de pureza, le dé también por los pendulazos, las bernardinas, y todas esas cosas? Pues así es. La faena apuntaba a premio gordo, solo faltaba que la estocada cayera donde tienen que caer si se quiere triunfar en Madrid sin ningún pero. ¿Lo hizo? Más bien no, se fue a un lado. Y eso empañó la concesión de la segunda oreja. Un torero que torea en Madrid, por muy bien que esté no se le puede conceder una segunda oreja si no ha matado en el sitio, y eso ha sido así toda la vida. Orejas aparte, fue una alegría encontrarse con este torero triunfando con tanta fuerza y tanta verdad después de todo lo que ha pasado. Una historia entrañable que, junto a la de Paco Ureña, dio la nota emocionante de la tarde en el marco de otra juampedrada que pecó de lo mismo de siempre: nula presencia, falta de fuerzas, descaste, mansedumbre y sosería. Ni siquiera ese buen sexto tapa las vergüenzas de semejante corrida. El año que viene más, por desgracia. 

¡¡Viva el toreo eterno y vivan los buenos toreros!!

viernes, 24 de mayo de 2019

23 DE MAYO DE 2019, DÉCIMA DE FERIA: TOROS SOSOS, TOREROS VULGARES

Ser ganadero de bravo es tarea arduo complicada. Ser figura del toreo aún más, casi un milagro. Y lo de escribir acerca de una tarde de toros como la vivida hoy, eso ya es otro nivel. Casi el mismo nivel que aguantar una hermosa colección de toretes mal presentados, flojos, mansos y con una bobería irritante, ante los cuales se las vieron tres vulgares pegapases que no han dado una derechas en toda la bendita tarde. "Y qué demonios escribo yo de esta bazofia que nos acabamos de merendar...", me preguntaba saliendo de la plaza. Pues hombre, parece estar todo dicho: corriducha del montón, que no se empleó ni se picó, que fueron mansos hasta decir basta, que de casta mejor no hablar porque parece una batalla perdida, y que una vez en el tercio de muleta se caracterizaron mayormente por bobos, tontorrones, tontainas, simples, lelos, tarugos, paparotes, bodoques, memos, bolonios, tarugos y cualquier otro tipo de sinónimo afín a cualquiera de estos adjetivos que pueda aceptar la RAE. Y puestos a sacar la artillería de adjetivos calificativos para hacer lo propio sobre los toretes de Jandilla (5° con el hierro de Vegahermosa), también se podría sacar para hablar de la actuación de los tres espadas. Una pena que la RAE no acepte el término"pegapases", pues en este momento hubiera hecho un gran servicio. Pero en el diccionario del aficionado a los toros, existe y se acepta, de manera que se puede decir que los señores Sebastián Castella, Emilio de Justo y Ángel Téllez han dado una completísima cátedra de pegapasismo vulgar, chabacano, chocarrero, pedestre, tosco, basto, anódino, fútil, soso, insustancial, insulso, nimio, mediocre, y así hasta acabar existencias.

De uno en uno, el figurón del neotoreo moderno, véase Sebastián Castella, fue simplemente él. El mismo pegapases de siempre que le da igual ocho que ochenta, el que empieza pegando trapazos sobre la mano derecha fuera de cacho, descargando la suerte y en línea más recta imposible, y los cuales parecen que van haciendo entrar al público en vereda mientras los pocos aficionados exigentes que quedan reprochan las mil y una trampas al de luces. Y luego coge la zurda y prosigue con aquellas formas pero comienzan las dudas, la falta de limpieza de los trallazos y el público se queda a medias mientras el otro bando sigue a lo suyo. Y como todo se ha enfriado, comienzan a acortarse las distancias, el encimismo, el tirarse prácticamente encima del toro y todas esas cosillas de siempre... Lo único que diferenciaron sendas faenas una de las otra fueron los comienzos: la de su primero con unos elegantes doblones que resultaron ser lo más torero de la tarde por parte de los matadores, y los pendulazos clásicos de su particular tauromaquia ante el cuarto. Castella, y nada más...

Emilio de Justo... ¿Cómo decirlo? Bueno, pues que vino vestido de torero con una elegancia y un gusto que le son muy característicos... Y que, que, que... Que nada más. Que ni toreo de capote, ni lidia ordenada, ni colocación ante el toro, ni confianza para quedarse quieto, ni temple... Uy, temple, ¡¡temple!! La madre del cordero saltó a la palestra. Pregunta seria, ¿se le recuerda a Emilio de Justo alguna tanda de muletazos en que por lo menos dos o tres no hayan sido enganchados? No lo creo, porque ¡¡no existen!! Enganchones, y cuando no unos tirones con la muleta que dan que pensar que este torero no conoce el temple ni su significado. A otra cosa, mariposa.

Ángel Téllez vino a confirmar en esta tarde la alternativa que tomó hace no muchas semanas en Guadalajara. Y también a confirmar lo que ya dejó en su época de novillero: que si llega, no va a pasar de ser uno más. Imposible hacer cualquier intento de lucimiento ante el mulo con el que confirmó la alternativa, pero se empeñó en estar ahí dando pases, dando pases y dando pases. Aburriendo y haciendo que el personal pidiera la hora, que llegó a la última. Ya es mala suerte que un chico venga a tomar la alternativa y le caiga semejante mojón en suerte para abrir la tarde. La vida es dura, pero bien es verdad que a veces es justa y compensa. Y eso pasó con este chico cuando el sexto de Jandilla apareció en el ruedo. Si el destino le puso un garbanzo pocho en primer lugar, en el último le puso una perita en dulce para resarcirse y pegar algunos muletazos a gusto para seguir sumando en su carrera. Que no fue la panacea el toro, ni un torrente de casta ni mucho menos bravura, pero ahí estaba, presto a ofrecerse al toreo. Ángel Téllez estuvo animoso, quitando por saltilleras (que en realidad resultaron ser telonazos hacia arriba con más intención de pasarse al animal cerca que de torear de verdad), comenzando la faena de muleta citando de rodillas desde los medios, y mostrando actitud. Algo ya era, aunque luego, en lo fundamental, el asunto no prosperara. Que el torete se arrancó y galopó con alegría en ese comienzo de faena, saliendo trompicado el matador en el primer muletazo y teniéndose que poner en pie pronto para salir del trance como buenamente pudo. En los medios el toro pareció embestir con cierta alegría, pero el matador se lo cerró al tercio. Ahí comenzó con la derecha, trapazos usando pico, hacia fuera y mal colocado, y el toro empujando con dulzura. Después de algunas series, coge la mano izquierda y el toro comienza a quedarse más corto y a pararse. Pero solo fue por el lado izquierdo, porque cuando volvió a la derecha, el toro siguió empujando y yendo al trapo obedientemente. La faena fue larguísima, tanto así que sonó un aviso antes incluso de que el matador montara la espada, pero de tanto muletazo y tanto rato ante la cara del toro, no sacó el toricantano nada que no fuera vulgaridad y ganas de acabar con tan abominable tarde.

Y la tarde, precisamente tuvo en su fin lo mejor: que antes de las 21:15 horas ya nos disponíamos a abandonar la grada. Y entre medias de esto, un puyazo extraordiario por parte de Félix Majada al 5°, y dos buenos pares de banderillas de Morenito de Arles al 3°. Incluso cuando la tarde está abocada al mayor de los esperpentos, siempre queda el más mínimo detalle que compensa las más de dos horas sentado en la dura piedra.

jueves, 23 de mayo de 2019

22 DE MAYO DE 2019, NOVENA DE FERIA: TRIUNFÓ LA MODERNIDAD, TRIUNFÓ ROCA REY

Hoy, la mayoría de cronistas taurinos y aficionados que tienen a bien escribir de toros, empezarán por unanimidad hablando de Roca Rey y de su puerta grande. Supongo que será lo normal, ya que ha armado un lío gordo y la gente ha salido histérica de la plaza. Que no es por llevar la contraria, ni por tocar las narices, ni nada de eso. Dios me libre. Cada uno es libre y dueño de sus actos, por eso estas líneas de hoy empezarán hablando y estarán dedicadas a uno que lo ha sido todo en el toreo, y especialmente en Las Ventas. 

Sí, no puedo por menos que rendirle estas líneas a Manuel Jesús Cid Salas, en la última tarde de su carrera en Madrid. Tampoco hablaré de su tarde de hoy, si acaso de un buen recibo al primero, con verónicas a pies juntos rematadas con una bonita larga, y que no pasó de aseadito y sin complicarse demasiado ante dos toretes de Parladé noblotes y sosos. A Manuel Jesús, simplemente, darle las gracias por tanto. Que igual hay que retroceder en el tiempo un poco para revivir sus mejores tiempos, pero ahí quedó todo aquello y el aficionado, que tiene memoria, siempre lo recordará como momentos en que uno se aferra más a esta bendita afición. Manuel Jesús, MAESTRO, que la vida le vaya bonita.

Y una vez pasado el momento nostálgico cidista recordando viejos tiempos, toca ponerse serio y hablar de lo que ha transcurrido en esta tarde, noveno festejo de San Isidro y que le correspondió a Parladé mandar un encierro de seis adefesios que, además de adefesios y mal presentados, hiceron el conjunto de una infame corrida de ¿toros? faltos de fuerza, faltos de poder, faltos de pies, faltos de casta, faltos de emoción y faltos de cualquier condición que ha de tener un toro de lidia. ¿La suerte de varas? Bien gracias. Desapareciendo a pasos agigantados, pero de lujo. Gracias. ¿Para qué suerte de varas, si el toreo moderno se basa en la muleta única y exclusivamente? O mejor dicho, en el "destoreo". Que lo de toreo, propiamente dicho, le viene demasiado grande al tema. Sobre El Cid, prácticamente todo dicho. No hay más vuelta de hoja. Solo una última cosa, por si no quedó claro antes: gracias maestro. Y así toda la vida podría tirarme. 

Y sobre Alberto López Simón, ¿qué decir? Ciertamente, que progresa adecuadamente. En esta tarde por lo menos así lo ha demostrado, al cortar una oreja (la del segundo de la tarde), sin que en ningún momento el toro le haya levantado los pies del suelo. ¿Alguien recuerda alguna oreja concedida a este chico saliendo ileso del trance? Pues yo tampoco, y eso que lleva unas cuantas. Que lo de torear, y poder a los toros, y demás, ya si eso en otro momento. Quizás cuando las ranas críen pelo. Que no le dio un solo muletazo mandón y en redondo al pastueño y empalagoso animal ni casualmente. Que la faena se basó casi en su totalidad sobre la mano derecha, y que la única vez que tomó la zurda fue para dejar una serie de naturales que resultó ser poco asentada y prácticamente enganchada en su totalidad. Finalizó su labor con lo mismo de siempre y de todos, es decir con bernardinas. Que mató de estocada trasera y caída. Y que le dieron el despojo por... ¡¡Nada!! No toreó. No se puso en el sitio. Ni templó. Ni mandó. Ni siquiera dio más de dos naturales sin que el toro le punteara el engaño. Y de matar bien no hablemos, porque esta todo dicho. Y se le conceció la oreja. Pero el chico progresa, porque ya es capaz de cortar despojos sin voltereta de por medio. Eso es un logro. Aunque todos hubiéramos apostado un riñón a que en su quehacer al quinto mojón, con un poco que el toro le achuchara, se lo llevaban en volandas camino a la calle Alcalá. Y por él tampoco quedó: se fue a portagayola, intentó torear con el capote (otra cosa es que lo lograra), y cuando se fue muleta en mano hacia el bicho, este estaba ya rajado y no quiso saber nada de nada, ni siquiera muy cerrado en tablas. Toros tan descastados como este quinto pocos se han visto últimamente por aquí, y mira si hemos visto descaste, pero con tan pocas ganas de embestir, parándose en mitad del muletazo y quedándose a mirar las musarañas como si la cosa no fuera con él... Fue verdaderamente espantoso. Que López Simón, como es perro viejo en esto y sabe perfectamente que a poco que haga y con una oreja ya en el esportón el público de Madrid (que no aficionado) le va a empujar lo que haga falta para sacarlo en hombros; viendo que el toro no pasaba más allá del cuarto de muletazo, se pegó el arrimón encerrado en tablas, hasta tal punto de dejarse lamer la taleguilla por el pobrecito animal, que lo único que buscaba era irse de allí, a hacer algo mejor que lamerle la taleguilla a un tío. Sin cogidas López Simón ya es capaz de cortar orejas, pero lo de la puerta grande queda en otro nivel. Quizás más adelante... Quizás. ¡¡Quizás!! Del quizás intentamos vivir, pero ni que fuera agus ni mucho menos aire.

Y ahora sí que sí, el fenómeno Roca Rey. El unico que es capaz de colocar el cartel de "No hay billetes para hoy" allá por donde pasa. El torero de moda que tantas pasiones despierta allí donde va. El futuro mandón de esto le auguran. Puede ser. Es más, ya manda mucho más que otros. Y esta tarde ha acrecentado aún más su leyenda, aunque bien es verdad que no ha contado con la unanimidad de la plaza. "Porque no es español", dicen algunos, y a quienes no se les puede por menos que mandarles al carajo, por no decir otra. Es que no merece la pena detenerse a debatir ni medio segundo con el tipejo que suelta tal memez. "La gente no tiene ni idea de toros", pues miren, tal vez. Será eso, porque otra explicación... "Porque se le recrimina que solo lo hace ante lo de Domecq, y no se enfrenta a nada más", la forma de torear no tiene nada que ver con el toro. Sobre esto, veremos a ver dentro de una semana exac... Bueeeeenoooooo, si los adolfos quisieran... Pero no, no es nada de eso. Roca Rey le ha cortado las dos orejas a ese sexto toro de Parladé, que al igual que toda la corrida se quedó crudo, no se empleó y la casta la llevo muy justa. Pero eso sí, toreabilidad, dulzura, nobleza, afán por colaborar y todos esos matices que definen a la perfección el Toro Artista, para aburrir. Y Roca se valió de ello a la perfección, y además entendiendo al toro muy bien, dejándole su tiempo entre serie y serie, y dándole las distancias que pedía. Comenzó la faena desde los medios con algunos pendulazos de rigor, para continuar la faena con algunas series sobre la mano derecha que ya empezaron a poner al público en ebullición. Estas series de derechazos se caracterizaron por una retahíla de trallazos metiendo mucho pico y tirando al toro para fuera, de mano muy baja eso sí, pero sin llegar a enroscárselo ni una sola vez y siempre con la pierna retrasada. Agarró Roca Rey la mano zurda después, y las series de naturales que se fueron sucediendo no cambiaron mucho la tónica, a decir verdad, pero el público se volvía más histérico cada segundo que pasaba y a pasos agigantados. Que cada uno puede jalear y aplaudir lo que le venga en gana, faltaría más, pero de la misma manera hay quienes no tragan, o mejor dicho tragamos, con un toreo tan lineal, tan pefilero y con tan poco mando. Que igual será que las entendederas no nos llegan, o que en verdad lo de que los no españoles "no nos caen bien" es cierto y no nos hemos dado cuenta, o que la parienta no nos quiere y descargamos la frustración yendo a los toros. Vayan ustedes a saber. Pero el toreo puro, el de verdad de toda la vida, no se hizo presente en ningún momento, y eso hace mella en el ánimo de algunos. Que Roca Rey estuvo cunvre, ¿quién lo niega? Nadie. Pero en su estilo, que es el estilo de la Tauromaquia 2.0 tan poco clásica y apegada al toreo eterno. Y después de todo aquello, bernardinas también de rigor para finalizar y, eso sí, gran estocada en la suerte de recibir que cayó en buen sitio. Dos orejas, la plaza loca, y algunos que qué mas quisiéramos tragar con todo. 

Antes de todo esto, en su anterior turno, le echaron el titular para atrás por inválido y en su lugar salió un sobrero del Conde de Mayalde, de hechuras bastas y bien cebado. Soso como el solo, descastado y que se dejó sin más. Roca Rey no empezó bien con él: tres lances a pies juntos, telonazo para cambiarse el capote a la espalda y, en una de esas, el toro le echa mano y le propina una fuerte paliza de la que resultó corneado y con el vestido de torear hecho girones. Cosas de no saber ni qué significa el término "lidiar". Aguantó el tipo durante todo su turnl aunque visiblemente mermado. No fijó al toro, ni él ni sus peones (¿para qué están, solo para devolver los sombreros y las prendas durante la vuelta al ruedo?), ni tampoco lo dejó en suerte en el caballo en ningún momento, ni fue capaz de hacer llevar una lidia ordenada, así en este como en el sexto. ¡¡Vaya un lidiador!! Visiblemente mermado a causa del golpe, intentó tirar del pastueño animal pero en ningún momento la faena alcanzó las más mínimas cotas de triunfo. Algunas palmas de aliento por parte del bondadoso público, entremezcladas con las voces discordantes que venían a reclamarle la mala colocación, los trapazos, los enganchones, el no cargar la suerte, el excesivo uso del pico, y toda esa primorosa colección de modismos dospuntoceristas. Además, el bajonazo con el que acabó con el toro, fue para algo más que para sentirse avergonzado. 

A Roca Rey se lo llevaron en loor de multitudes camino de la gloria una vez finalizado el festejo, mientras que un grandioso torero, el cual por cierto sí sabe lo que es la verdadera unanimidad de Madrid, fue despedido con todo el respeto y afecto por parte de estos seres ignorantes y reventadores. Maestro, por si antes no lo dije, MIL GRACIAS POR TANTO. 

martes, 21 de mayo de 2019

21 DE MAYO DE 2019, OCTAVA DE FERIA: "SE VAN SIN TOREAR"

"Se va sin torear". Y así hasta en seis ocasiones. Del primero al sexto. Bueno, en realidad no es del todo cierto. Hubo un toro que no se fue sin torear, que sí llegó a ser sometido. Fue el 3° y, sobre todo por el lado derecho, fue muy bien toreado por Gonzalo Caballero. Quizás no estuvo el torero todo lo bien que se podía estar ante un toro con tan buena condición, pero dio algunas series sobre el pitón derecho en las que el toreo de verdad se hizo presente. Vino Caballero esta tarde a Madrid, como suele ser normal en él por desgracia, con poco que perder y sí muchísimo que ganar, pues los contratos no le son abundantes. El mundo al revés, los buenos ninguneados, y los no tan buenos (por no utilizar otro adjetivo más rotundo) hinchándose a torear. La lidia a este tercero fue desordenada, no llegó a fijar al toro aunque consiguiera algunos lances templados en el recibo, ni tampoco estuvo acertado poniendo al toro en suerte para ser picado. Cambió la historia en el tercio de muerte. Con mucha tranquilidad y sosiego, como si ya tuviera firmadas cincuenta o sesenta corridas para toda la temporada, como si de la tarde de hoy no dependiera tantísimo su futuro, agarró la muleta y comenzó la faena por estatuarios y algunos adornos de bonita factura. Siguió por derechazos, acertando al darle al toro las distancias oportunas y echándole al toro la muleta con despaciosidad, para después llevarlo toreado y hacia atrás sin pegar tirones, mandando de verdad. No fueron muchos, pero sí los suficientes para darle importancia a su faena. No consiguió, sin embargo, seguir rayando a tan buen nivel con la zurda, y al volver a la derecha la faena ya había terminado hacía rato. No se demoró mucho más en la cara del toro, bien hecho, y después de cerrar la faena por las manoletinas de rigor, se dispuso a matar. Pero aquí llegó la fatalidad: pinchazo tras el cual el toro le echa mano y le infiere una cornada de 25 cm. en el muslo izquierdo. Fue evacuado inmediatamente a la enfermería y con el toro acabó Juan del Álamo como pudo. Ovación tras ser arrastrado el toro dedicada a Gonzalo Caballero que, de haber matado bien, podría haber sido premiado con una justa oreja.

"Se va sin torear". Más hubo de estas que ovaciones a lo largo de toda la tarde. Coletilla clásica del aficionado de Madrid cuando un torero no está a la altura de un buen toro y se lo deja ir al desolladerro sin aprovecharlo. Y así se fue la corrida de El Pilar, con las orejas puestas, sin ser toreados y entre los vítores por parte de algunos aficionados que clamaban esas cuatro palabras mágicas. Podrán decir lo que quieran, que la corrida fue mansa (que lo fue), que fue "dura" (que también lo fue), que tuvo "complicaciones" (que las tuvo), y mil pamplinas más. Pero lo que no se puede negar es que tuvieron muchísimo que torear, que la casta, ¡¡por fin!!, llegó a aflorar en el ruedo; que la dureza de patas fue la tónica habitual, y que una ganadería por la que muchos no hubiéramos apostado ni un caramelo de esos pastosos que se quedan pegados en la dentadura, nos sorprendió agradablemente y acabamos rendidos a ellos. Porque por estos fueros llevábamos años, ¡¡ojo, años y años!!, sin verle un triste toro al hierro propiedad de don Moisés Fraile que le hiciera honor a lo que de verdad es: un Toro. Pero este año no ha sido así. Y qué ricamente, anda que no ha estado entretenida la tarde ni nada. Algunos mansos que no han empujado con bravura y poder en varas, otros muy mansos que directamente no han querido empujar, fuera bien o de mala manera; todos muy mal picados, con la salvedad de lo bien que ha colocado el palo Aitor Sánchez al segundo; y las lidias más propias de una capea en Castilla o en el Levante que en toda una corrida de toros en Madrid, por San Isidro. Pero ahí han estado los seis galanes de El Pilar, con ganas de pelea, dándole emoción a la tarde, poniendo en apuros a quienes osaban a plantarse enfrente suya, y vendiendo cara su piel. Y ojo, fue una corrida para haber triunfado con ella por todo lo alto, y que la tachen de "complicada y dura" no quita que fuera imposible torearlos. ¿Complicada y dura? ¡¡Toma!! ¿Y qué gaitas buscan en un Toro esta tropa?

De Gonzalo Caballero ya se ha hablado, pero faltan sus dos compañros de cartel. Falta hablar de Juan del Álamo y de José Garrido, quienes tuvieron ante sí la oportunidad de su vida para callar las bocas, como hizo el ganadero de hoy, de los aficionados más remisos a creerse todas las supuestas bondades que de ellos se habla por ahí. Pero la oportunidad se esfumó, perdida en un mar de incompetencia, chabacanería, destoreo, vulgaridad, dospuntocerismo y toda la retahíla de bondades que le rodean al toreo de hoy en día. El cabeza de cartel, Juan del Álamo, lo pasó mal ante el exigente primero, el cual no tenía un pelo de tonto y embestía quizás algo descompuesto pero como un tren. Pero para algo está ahí la muleta y la sapiencia de quien la lleva en la mano, para rebajarle los humos al toro y acabar sometiéndolo a base de recursos lidiadores y poderío. Que no se le puede negar que no estuviera firme en todo momento, pero siendo realistas, ¿de qué sirve eso si se cita casi desde Manuel Becerra, se pega un fuerte tirón hacia fuera en el momento del embroque y no se es capaz de llevar a cabo el milagro de parar-templar-mandar? No hubo de nada de eso, pero sí hubo una fuerte voltereta (sin consecuencias graves por suerte), lo cual en Madrid funciona mejor que lo antes expuesto. La demostración queda ahí: estocada trasera y caída, petición de oreja, acertadamente desatendida por si hace falta decirlo, y posterior vuelta al ruedo.
Y este trasteo con aires tan modernos y ventajistas fue repetido tanto en el cuarto y sexto (el que mató por Caballero). El cuarto, más suavón pero también con mucho que torear; y el sexto, encastado. Nada, que todo fue un irritante pegapasismo y ventajismo. Se va sin torear...

Y hablando de irritaciones, aquí llega José Garrido. Pasa un día más, dos toros más que añadir a la colección, su colección madrileña, y sigue siendo el mismo pegapases del primer día. Y eso que iba para sucesor de Morante. Al comienzo de la corrida, antes de que le saliera su toro, los personajes de la tele comentaban no se qué de que "es que José Garrido es un torero que siempre ha tenido mala suerte en Madrid, es que nunca le ha embestido un toro, es que tal, es que Pascual, es que...". "Es que, es que, es que, es que...", ¿quería toro para demostrar algo en Madrid? Pues toma toro, a falta de uno, ¡¡dos!! Que el segundo ha sido un ejemplar noble y que transmitía, pero el quinto... ¡¡Qué toro ese quinto!! Si solo le faltaba al animal arrancarle la muleta de un mordisco y comérsela sin mascarla ni nada. Fiero, duro de patas, noble eso sí, pero no tonto. Vamos, en una palabra, la CASTA. Y Garrido el pobre hombre, que parece ser de esos toreros que esperan a que Bambi o algo parecido le salga de chiqueros para permitirle lo de estar a gusto, expresarse, disfrutar y demás, las pasó bastante canutas, con ambos de su lote, pero sobre todo con el quinto ¡¡Bendita casta, cómo desmonta todas las mentiras!!

Una corrida como esta, así como aquella de La Quinta el primer día de feria (aún seguimos recordándola, como para no), si salieran mucho más a menudo, haría una buena limpia en el escalafón. Buena y extensa, empezando por muchos de los nombres que aparecen en los puestos de arriba. Y los "se va sin torear" sería la frase más pronunciada en toda la plaza. Mucho más aún que los biiiiiieeeeeeeeennnnnnnnjjjjjjjj de rigor cuando en realidad es maaaaaaaaaaaaaaaal. Y hablando del "bien", se me vienen a la cabeza los dos pares de Antonio Chacón al quinto. Qué buena feria están echando los de plata y azabache...

lunes, 20 de mayo de 2019

20 DE MAYO DE 2019, SÉPTIMA DE FERIA: DEPRIMENTE ES POCO

Hay días en que uno preferiría, tras terminar los toros, irse a casita, meterse en la cama sin cenar, ni escribir, ni nada; tomarse la pildorita de dormir, y mañana será otro día. Qué digo, hay días en que uno se maldice una y otra vez, saliendo de la plaza, por el mero hecho de haber ido a los toros... ¡¡En qué santa hora!! ¿Para qué, para acabar con una depresión de caballo? Esto no puede ser bueno para la salud física, ni mucho menos para la salud psíquica. Pero cuando la cosa de "maldita sea, y para qué puñetas voy a ir yo hoy a los toros, si lo que voy a ver me va a hacer que me lleven los demonios" aflora en el cuerpo, la vena de esta bendita afición se inflama y se pone en centésimas de segundos como el tronco de una encina, y hala, a los toros. Que una cosa puede con la otra. Y después, por si fuera poco, a escribir. ¿Y para qué? Vale, lo confieso: me lo ha dicho mi psicólogo, que cuando algo me produzca una depresión terrible, lo escriba en un folio, y después lo eche a la lumbre. O en su caso, lo publique en mi adorado blog, que aunque pueda parecer diferente, no lo es tanto: no arderá en la red de Internet, pero hará arder la sangre de algunos pocos: la de los taurinejos estos de poca monta, para ser conciso. Y esto es más efectivo que mil pastillas de esas que curan la depresión, y de placentero ya no hablamos.

Y en estas me hallo, intentando contar la deprimente primera novillada de este San Isidro, festejo en el que ha tomado parte la gandería del Conde de Mayalde, y tres mozalbetes los cuales, según vociferan por ahí estos vendehumos del taurineo, son grandes esperanzas, y que ellos son el futuro de la Fiesta, y que van a mandar en esto, y que... ¡¡Paren paren, que yo me apeo aquí mismo!!
La del Conde de Mayalde, tardes más ruinosas que esta nos han dado. Al menos estos de hoy, aunque no eran lo que se dice un derroche de fuerzas ni de poder (qué poco les han castigado en el primer tercio), no han acabado lamiendo el albero; y además se han prestado al toreo de muleta con docilidad, dulzura y una tontorronería extrema. Sosetes, aunque los corridos en primer y sexto lugar sacaron más motor, pero bonacibles. Quizás, lo que a ellos les faltaba se lo deberían haber puesto los de luces. Y estaríamos, volviendo a invocar el quizás, ante otra cosa. Otro aire a la tarde. Otra sensación. Otro sino.

Esta terna novilleril de hoy, formada por Rafael González, Marcos y Fernando Plaza, ha pecado no ya solo de invocar la Tauromaquia 2.0 grotesca y aburrida, sino de andar demasiado fáciles, aseados y con el mismo alma que se gasta cuando se echa una partidilla al cinquillo entre colegas. Que los zagales han venido con la artillería del bullicio cargada, pues ninguno ha perdido la más minima oportunidad de hacer un quite, y hacer mil y una cosas con el capote, como parar a los toros combinando verónicas, chicuelinas y gaoneras (cosa muy poco ortodoxa), o de torear por chicuelinas despatarrándose (cosa aún menos ortodoxa). Ni tampoco han perdido la ocasión de torear de rodillas o de irse a portagayola... Vamos, que en lo que en eso respecta, han venido con actitud de novilleros, como venían antes a comerse el mundo. Pero en lo fundamental, en el parar-templar-mandar, en el toreo de verdad y el que parte todo el bacalao... ¡¡Qué manera de aburrir y de deprimir!!

Rafael González abrió cartel con uno de esos típicos novillos soñados en el momento y lugar más oportuno. Vamos, traducido al castellano, un novillo de triunfo gordísimo en Madrid, en plena feria de San Isidro. Y ¿qué pasó? Que el animalito se fue al desolladero sin torear y con las dos orejas, una y dos, intactas. Su faena fue aseadita, despegada y siempre echando al toro fuera haciendo un uso descarado del pico. Y la verdad es que de tal manera podría describirse la faena al cuarto novillo, más apagado pero también toreable y con posibilidades de triunfo. Ninguna serie, ni un misero muletazo que hiciera revivir el toreo de verdad en Madrid. Pero la verdad es que la estocada con la que acabó con este cuarto fue buena en ejecución y en colocación, y eso sumado a que la golfer... digoooo la sobriedad de los banderilleros al tirarlo al suelo muy rápido haciendo uso de la infame rueda, calentó al público e hizo caer el despojo. Pues bueno, bien por el chico, salvo que se tenga en cuenta que regalar despojos es engañar al torero.

Marcos tiene tan poca gracia como un pan sin sal. Que sus dos novillos ya de por sí tenían poca, pero él muchísima menos. Y ya es decir. Pases. Y pases. Y más pases. Y nada más que eso: pases. Y aparte, todo lo que conlleva pegar pases y ser un pegapases: aburrimiento, vulgaridad, uno en el tendido contando las musarañas, otro observando a la rubia guapa de los asientos de más para allá, el de allí preguntándole al de luces "¿te queda mucho?"... Muy deprimente.

Y Fernando Plaza, que por segunda vez en veinte días hizo aparición por estos fueros, dispuso también de otro novillo, sexto, con más gracia y salero. Pero mientras esté más centrado en imitar a Talavante, que en torear de verdad, limpio y tirando del animal, va a quedarse en eso, en uno que quiso ser Talavante, otro más. Y de aquí a tres o cuatro temporadas, solo él se acordará de que un día quiso ser torero. Qué novillo este sexto para soñar el toreo, también uno de los de el novillo soñado en lugar y momento soñados... Y ante él, cierto es que algún muletazo bonito y corriendo bien la mano consiguió pegar, pero se perdieron en un mar de tirones hacia fuera, cuando no eran enganchados. Y ante el tercero, otro pan sin sal... Qué decir que no se haya dicho ya.

Pues sí, qué decir más de la tarde de hoy que no se haya dicho ya. Se me vienen a la cabeza un buen par de banderillas de Miguel Martín, otro de Fernando Sánchez; y dos puyazos señalados (solo señalados) en buen sitio por Francisco Javier Sánchez. Y paren de contar.
Si el futuro de la Fiesta se sostiene sobre tardes como las de hoy. Y si tres señores, que no son precisamente de los que torean poco y están poco rodados, no son capaces de triunfar rotundamente con novilladas que se dejan de esta manera... ¿Qué va a ser de esto? No es derrotismo, es la jodida realidad. Y mañana más.