Ignacio Sánchez Mejías fueron el nombre y los apellidos del día. Grandioso banderillero, primero, a las órdenes de varios buenos lidiadores de la Edad de Oro, destacando entre ellos su cuñado Joselito. Posteriormente lidiador alternativado en 1919, con un estilo bizarro y valiente que le hizo figurar entre los más importantes durante parte de la Edad de Plata. Víctima de la Fiesta, pues cayó en las astas del toro Granadino durante el tórrido mes de agosto de 1934, en la plaza de Manzanares. Amante de los deportes, del automovilismo y de su Real Betis Balompié, hasta el punto de llegar a presidir este club durante unos meses. Hombre dotado de muchas luces y un gusto envidiable por las letras, y he aquí una de sus grandes aportaciones más allá del toreo: algunas obras literarias, entre las cuales destacaron Zaya y Sinrazón, y la Generación del 27. Miembro destacado de este selecto grupo de literatos y considerado el mecenas de la misma, pues a él se debió la primera reunión de sus miembros.
Este fue Ignacio Sánchez Mejías, personaje trascendental en la historia de la Tauromaquia y de la literatura española. La llamada Corrida In Memoriam del presente ha ido dedicada a él, pero su memoria no le ha sido rendida con el respeto y la consideración que su figura merecía. Para la ocasión un torero, Borja Jiménez, se ha anunciado para lidiar seis toros en solitario. Y la tarde, lejos de acabar todo lo triunfal y feliz que siempre se espera en estos casos, ha acabado siendo un tremendo petardo por parte de los toros y del propio torero que los reseñó. Así no se puede venir a Madrid, y mucho menos encerrándose con seis toros.
La tarde se ha hecho muy cuesta arriba. Primero para el torero, el cual vio cómo todo transcurría sin que le llegara la faena grandiosa ni el triunfo rotundo, todo ello en un ambiente cargado de la inmundicia que desarrollaron aquellas reses que tanto él como su entorno tuvieron a mal de reseñar en el campo. Cuesta arriba para los aficionados presentes, que de seguro no han pagado una entrada ni han perdido su maravilloso tiempo para ir a ver un desfile de inválidos, sobreros, cabestros, vulgaridad, falta de frescura y variedad, y un pésimo uso de la espada. Y acaso se le habrá hecho cuesta arriba hasta al propio homenajeado allí arriba, en el cielo.
Cuesta arriba y sin pedales es imposible. O sin toros, que al caso viene siendo lo mismo. Algo así como tratar de hacer una paella sin arroz, o de jugar al fútbol sin balón. No se puede venir a encerrarse con seis toros a Madrid reseñando una auténtica birria de corrida que, para colmo, iba a estar destinada al fracaso desde el momento en el que uno decide que tres de esos toros sean de Domingo Hernández. Eso para empezar. Lo de Victoriano del Río suele ser jugar a lo seguro y, aunque más que menos también ha fallado, poco se puede reprochar el haberla seleccionado. Pero ¿no hay más ganaderías en el campo? ¿No hay más encastes? ¿No hay vergüenza torera para reseñar un par de toros cárdenos, y que sea lo que Dios quiera?
Tres de Domingo Hernández y tres de Victoriano del Río herrados a fuego con la marca blanca de la casa, eso de Toros de Cortés. De los cuales tres han vuelto a los corrales por no sostenerse en pie y han sido sustituidos por sendos toros de las respectivas ganaderías titulares, además de uno de El Torero que, a la postre, ha sido el que mejor se ha comportado. ¡¡Vaya!!
Cuesta arriba, muy cuesta arriba la tarde durante los tres primeros toros: 2º y 3º hicieron asomar el pañuelo verde, y los sustitutos no hicieron sino empeorar las cosas. Mucha fue la vulgaridad del lidiador durante las respectivas lidias de estos toros, y absolutamente nada que rescatar. El 4º toro, de Cortés, tuvo algo más de movilidad en la muleta y ello animó el cotarro algo más. La faena de Borja Jiménez fue comenzada de rodillas y continuó en la línea que había dejado durante los tres turnos anteriores: la de la vulgaridad. Muletazos sin ajuste, rematados siempre afuera y muy acelerados. Las bernardinas de todos los días como colofón. Por debajo del bondadoso animal en todo momento, definitivamente. Y mal rematado todo ello con la espada, mediante una media estocada en mal sitio.
Con el 5º llegaron los mejores muletazos de toda la tarde, y en cierta medida la verdadera esencia que hace algunos años nos hizo fijarnos en este torero. Fue este un sobrero de El Torero que tuvo mucho que torear, y por momentos el lidiador lo hizo. Faena realizada principalmente sobre la mano derecha, con series de muletazos irregulares al principio, pues aunque algunos llevaron mando y mano baja, en otros le costaba. Con la zurda el asunto no cuajó, y al volver a la mano derecha, ya al final de faena, Borja Jiménez dejó derechazos extraordinarios. De esos lentos y poderosos que se rematan atrás y abajo. En una palabra: torear. Torear bien de verdad. Pero pinchó en reiteradas ocasiones, y lo que tenía ganado se le esfumó.
La corrida acabó en este término, pues el 6º toro fue otra birria con la que Borja Jiménez optó por abreviar, cosa que se agradeció. Aquellos derechazos pegados al 5º fueron lo único verdaderamente bueno que se vio durante toda la corrida. Nada, absolutamente nada más. A Borja Jiménez le faltó durante toda la tarde la frescura y la variedad que se precisan para encerrarse con seis toros. Con el capote, aparte de tres portagayolas, no se le vio hacer absolutamente nada de provecho. Con la muleta estuvo vulgar durante casi toda la corrida y con la espada, paupérrimo en todo momento. Pero sobre todo lo que faltó fue el TORO. De la manera en que vino Borja Jiménez a encerrarse con seis toros a Madrid, no se puede venir. No, definitivamente no. A Ignacio Sánchez Mejías, con razón, no le hubiera gustado nada el tributo que se le rindió. Y este fue el único y verdadero protagonista de esa Corrida In Memoriam en la que el petardo ganadero fue inmenso, como también lo fue el del torero que escogió semejante corrida. Cuesta arriba y sin pedales no se puede.
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