¡¡Oiga mozo, vayan marchando para el 237 de la calle Alcalá seis de sillas de ruedas bien tiradas!! Van a hacer falta, pues viene Montalvo. Sí, viene una corrida de Montalvo como recambio de los toros anunciados de Lagunajanda; los cuales, por lo visto, no han sido aprobados por los señores veterinarios. Montalvo, sí. Montalvo... Pero ¿acaso no están preparados para la final de la Copa Chenel? ¿Se ha desvestido un santo para vestir a otro? Uhhhhh, aquí hay tomate... No se sabe muy bien a quien pudo ocurrírsele semejante idea -la de traer una montalvada, conociendo el historial de esta vacada en Madrid-, pero por lo visto el visionario ha quedado a la altura de quien asó la manteca.
Montalvo fue el recambio, y la necesidad de seis sillas de ruedas se hizo cada vez más grande conforme los inválidos eran puestos en libertad. Un infame desfile de toritos inválidos y tontorrones hasta la saciedad, es lo que fue la corrida de Montalvo que sustituyó a la de Lagunajanda. ¿Se perdió con el cambio? Más se perdió en Filipinas, pero a poco que sí. Los tetrapléjicos de Montalvo iban desfilando por el ruedo uno a uno y, con ellos, los berrendos en colorado que ya maneja Júnior. Por dos veces salieron estos, aunque si no llega a ser por la "generosidad" de maese Fernández Serrano, a la fuerza se hubiera hecho pleno. Y no hubiera pasado nada, so pena de que el bolsillo del Productor de Jarte y el del Productor de lunas de miel se hubiera visto más resentido de la cuenta. Pero como un servidor no tiene acciones ni tratos con ese par de dos, aquí paz y después gloria.
Casi tres horas de inválidos, sobreros, cabestros y... Y José Garrido, Ismael Martín y Samuel Navalón. Al primero, por lo que se ve, aún le dura la obsesión por la estética de cierto coloso actual que ama los puros y las excentricidades. Pero para el bueno de José Garrido todo queda en la mera obsesión, y poco más. Cortó una oreja del 1° -sobrero de Casa de los Toreros que "se dejó"-, y en gran parte bien habría que achacarla a la buena estocada que dejó. El resto de su hacer fue una especie de performance que intentó realizar un toreo artista sin arte, un toreo arrebatado de medios muletazos sin arrebato, un toreo recargado de teatralidad e inspirado en sabe Dios qué y quién. En definitiva, un estilo de lo más personal pero parco en la verdad que otorga el templar y el mandar. También lo intentó con esmero ante el 4°, pero la manifiesta invalidez del torete de Montalvo lo dejó en la más absoluta nada.
Si José Garrido es la obsesión por la estética llegada desde la Puebla del Río, ¿cómo definir lo de Ismael Martín y Samuel Navalón? Se vienen muchos nombres propios a la cabeza: Pedrés, Chamaco, Litri, Chicuelo II -el de Albacete, no el de verdad-, un tal Manuel Benítez, otro tal Sebastián Palomo, un Jesús Janeiro, un David Fandila... Es decir, heterodoxia en una palabra. En dos, heterodoxia y tremendismo. Y en más, el toreo alegre. El salir a darlo todo sin dejarse nada atrás. El arrojo. Las ganas de comerse hasta a sus toros, si fuera preciso. La línea del toreo bullidor... Y la verdad, la pureza y el hacer elegante, brillando por su absoluta ausencia. Dos toreros Martín y Navalón que han salido a la plaza totalmente entregados de hacer más de lo que pudieran o les dejaran hacer sus toros, así como todo aquello que supiesen hacer.
Ismael Martín quiere dominarlo todo: capote, banderillas, muleta y espada. Quizás algún día llegue a dominarlo de verdad a través de las reglas del toreo y del arte, pero para ello antes debe dominar su cabeza. Es lo que le falta, dominar su cabeza para pisar el freno. Ismael Martín embiste más de la cuenta, le falta contar hasta diez. Muy acelerado siempre, con unas condiciones físicas envidiables, un arrojo exagerado y una puesta en escena demasiado excesiva. Ha dejado cosas buenas, como ese quite de oro al 2° que ha sido quite de verdad, pues se lo ha llevado del caballo con el capote a la espalda y lo ha dejado en suerte de nuevo tal cual. También ha matado bien a ese mismo toro, al cual hasta ha llegado a dejar dos pares de banderillas cuadrados en toda la cara; si bien, con demasiadas florituras y excesiva contorsión en la preparación. Luego, en el toreo fundamental y que consiste este en las verónicas, los derechazos y los naturales, Ismael Martín anda muy verde. Y muy vulgar. Anduvo por debajo del 5°, sobrero de Fermín Bohórquez que gastó buena condición, y al cual citó siempre muy encima y no fue capaz de llevar toreado hasta el final.
Samuel Navalón también domina las florituras como pez en el agua. El encimismo, el toreo de rodillas con el capote, el toreo de rodillas con muleta, las bernardinas, los circulares, el aguante... Pero ¿qué tal Samuel Navalón a la hora de torear a la verónica y al natural? Pues con mucho, pero que muchísimo que pulir. No tuvo sentido alguno el alargarse con el bodrioso animalejo que fue lidiado como 3°. Pero sí fue a parar a su suerte el único torete de Montalvo que desarrolló dureza en los pies, regalando así una buena retahíla de embestidas para andar bien de verdad. La faena a este toro fue de sobar y sobar, muchos muletazos en los cuales ninguno fue mandón ni templado. Todo fue hacia fuera, perfilero y retorcido de figura. Y cuando el toro echó el freno, comenzó el encimismo, el aguante y las bernardinas. Mató mal al toro y, además, anduvo cerca de sonarle el aviso número tres. Es lo que tiene pasarse de faena.
Montalvo reventó la tarde. Pero una cosas buenas parece que tendrá: no reventará la final de la Copa Chenel, a celebrarse en pocas semanas en la propia plaza de Madrid. Una pena por los mayoristas de sillas de ruedas.
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