viernes, 24 de mayo de 2019

23 DE MAYO DE 2019, DÉCIMA DE FERIA: TOROS SOSOS, TOREROS VULGARES

Ser ganadero de bravo es tarea arduo complicada. Ser figura del toreo aún más, casi un milagro. Y lo de escribir acerca de una tarde de toros como la vivida hoy, eso ya es otro nivel. Casi el mismo nivel que aguantar una hermosa colección de toretes mal presentados, flojos, mansos y con una bobería irritante, ante los cuales se las vieron tres vulgares pegapases que no han dado una derechas en toda la bendita tarde. "Y qué demonios escribo yo de esta bazofia que nos acabamos de merendar...", me preguntaba saliendo de la plaza. Pues hombre, parece estar todo dicho: corriducha del montón, que no se empleó ni se picó, que fueron mansos hasta decir basta, que de casta mejor no hablar porque parece una batalla perdida, y que una vez en el tercio de muleta se caracterizaron mayormente por bobos, tontorrones, tontainas, simples, lelos, tarugos, paparotes, bodoques, memos, bolonios, tarugos y cualquier otro tipo de sinónimo afín a cualquiera de estos adjetivos que pueda aceptar la RAE. Y puestos a sacar la artillería de adjetivos calificativos para hacer lo propio sobre los toretes de Jandilla (5° con el hierro de Vegahermosa), también se podría sacar para hablar de la actuación de los tres espadas. Una pena que la RAE no acepte el término"pegapases", pues en este momento hubiera hecho un gran servicio. Pero en el diccionario del aficionado a los toros, existe y se acepta, de manera que se puede decir que los señores Sebastián Castella, Emilio de Justo y Ángel Téllez han dado una completísima cátedra de pegapasismo vulgar, chabacano, chocarrero, pedestre, tosco, basto, anódino, fútil, soso, insustancial, insulso, nimio, mediocre, y así hasta acabar existencias.

De uno en uno, el figurón del neotoreo moderno, véase Sebastián Castella, fue simplemente él. El mismo pegapases de siempre que le da igual ocho que ochenta, el que empieza pegando trapazos sobre la mano derecha fuera de cacho, descargando la suerte y en línea más recta imposible, y los cuales parecen que van haciendo entrar al público en vereda mientras los pocos aficionados exigentes que quedan reprochan las mil y una trampas al de luces. Y luego coge la zurda y prosigue con aquellas formas pero comienzan las dudas, la falta de limpieza de los trallazos y el público se queda a medias mientras el otro bando sigue a lo suyo. Y como todo se ha enfriado, comienzan a acortarse las distancias, el encimismo, el tirarse prácticamente encima del toro y todas esas cosillas de siempre... Lo único que diferenciaron sendas faenas una de las otra fueron los comienzos: la de su primero con unos elegantes doblones que resultaron ser lo más torero de la tarde por parte de los matadores, y los pendulazos clásicos de su particular tauromaquia ante el cuarto. Castella, y nada más...

Emilio de Justo... ¿Cómo decirlo? Bueno, pues que vino vestido de torero con una elegancia y un gusto que le son muy característicos... Y que, que, que... Que nada más. Que ni toreo de capote, ni lidia ordenada, ni colocación ante el toro, ni confianza para quedarse quieto, ni temple... Uy, temple, ¡¡temple!! La madre del cordero saltó a la palestra. Pregunta seria, ¿se le recuerda a Emilio de Justo alguna tanda de muletazos en que por lo menos dos o tres no hayan sido enganchados? No lo creo, porque ¡¡no existen!! Enganchones, y cuando no unos tirones con la muleta que dan que pensar que este torero no conoce el temple ni su significado. A otra cosa, mariposa.

Ángel Téllez vino a confirmar en esta tarde la alternativa que tomó hace no muchas semanas en Guadalajara. Y también a confirmar lo que ya dejó en su época de novillero: que si llega, no va a pasar de ser uno más. Imposible hacer cualquier intento de lucimiento ante el mulo con el que confirmó la alternativa, pero se empeñó en estar ahí dando pases, dando pases y dando pases. Aburriendo y haciendo que el personal pidiera la hora, que llegó a la última. Ya es mala suerte que un chico venga a tomar la alternativa y le caiga semejante mojón en suerte para abrir la tarde. La vida es dura, pero bien es verdad que a veces es justa y compensa. Y eso pasó con este chico cuando el sexto de Jandilla apareció en el ruedo. Si el destino le puso un garbanzo pocho en primer lugar, en el último le puso una perita en dulce para resarcirse y pegar algunos muletazos a gusto para seguir sumando en su carrera. Que no fue la panacea el toro, ni un torrente de casta ni mucho menos bravura, pero ahí estaba, presto a ofrecerse al toreo. Ángel Téllez estuvo animoso, quitando por saltilleras (que en realidad resultaron ser telonazos hacia arriba con más intención de pasarse al animal cerca que de torear de verdad), comenzando la faena de muleta citando de rodillas desde los medios, y mostrando actitud. Algo ya era, aunque luego, en lo fundamental, el asunto no prosperara. Que el torete se arrancó y galopó con alegría en ese comienzo de faena, saliendo trompicado el matador en el primer muletazo y teniéndose que poner en pie pronto para salir del trance como buenamente pudo. En los medios el toro pareció embestir con cierta alegría, pero el matador se lo cerró al tercio. Ahí comenzó con la derecha, trapazos usando pico, hacia fuera y mal colocado, y el toro empujando con dulzura. Después de algunas series, coge la mano izquierda y el toro comienza a quedarse más corto y a pararse. Pero solo fue por el lado izquierdo, porque cuando volvió a la derecha, el toro siguió empujando y yendo al trapo obedientemente. La faena fue larguísima, tanto así que sonó un aviso antes incluso de que el matador montara la espada, pero de tanto muletazo y tanto rato ante la cara del toro, no sacó el toricantano nada que no fuera vulgaridad y ganas de acabar con tan abominable tarde.

Y la tarde, precisamente tuvo en su fin lo mejor: que antes de las 21:15 horas ya nos disponíamos a abandonar la grada. Y entre medias de esto, un puyazo extraordiario por parte de Félix Majada al 5°, y dos buenos pares de banderillas de Morenito de Arles al 3°. Incluso cuando la tarde está abocada al mayor de los esperpentos, siempre queda el más mínimo detalle que compensa las más de dos horas sentado en la dura piedra.

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