sábado, 1 de junio de 2019

31 DE MAYO DE 2019, DECIMOCTAVA DE FERIA: PACO UREÑA, DOS GRANDES BANDERILLEROS Y SEIS BUEYES DE ALCURRUCÉN

"¡¡Vaya forma de venir a Madrid, ganadero!!, gritó desde el tendido, cuando la tarde iba tocando a su fin, uno de esos criminales-genocidas-traidores a la patria y demás memeces con los que el pesebre define a quienes hacen uso de la protesta. Tan simple frase no podía resumir mejor el devenir de la tarde. ¡¡Qué cosa más infumable de corrida la que han mandado los hermanos Lozano a Madrid!! ¿Dónde quedó la casta y la bravura? Porque dentro de los seis ejemplares de esta tarde no, desde luego. Lo de esta tarde fue el anti-toro de lidia: flojos y sin que les hiciera demasiada falta su paso por el percherón, descastados y mansurrones. El buey y la mula que habitaron el portal de Belén hace dos mil años fueron más bravos. Segurísimo.
Tan seguro como que la corrida salió así de mala por culpa de las protestas. No por las de hoy (que ya puestos también, oiga), sino por las de ayer, y anteayer, y las del año pasado, y las de hace diez años, y las de hace veinte, y cincuenta, y las de cuando se inauguró la plaza en el año treinta y uno, y hasta por culpa de los protestones que curtieron su afición en la antigua plaza de la carretera de Aragón y en la más antigua aún plaza sita en la Puerta de Alcalá. ¿Que no? Hombre, si los que protestan ya son culpables hasta de cuando un torero cae herido, cuanto ni menos cuando una corrida sale así de mala. Qué malos afisionaos, qué antiraurinos, qué talibanes, qué...

Y con este material agurdando en chiqueros, un calor perfecto para hacer carne a la piedra en el granito de los tendidos, y una plaza que rozó el lleno, aquí que se presentaron David Mora, Paco Ureña y Álvaro Lorenzo para echar la tarde, cada uno a su manera. Apenas hubo gran cosa que contar en los cuatro primeros toros, a decir verdad: dos grandes pares de banderillas de Ángel Otero al primero y otros tantos de Iván García al cuarto (vaya cuadrilla se trajo consigo David Mora, sea dicho de paso) conformaron las mayores ovaciones de este peregrinaje por el Sáhara que fueron los cuatro primeros toros. David Mora con el primero dejó algunos pases desmayados que remataron los estatuarios con los que comenzó, y el hombre ahí anduvo con su particular estilo ultraventajista y vulgar ante un torete que se movió, pero siempre embistiendo con la cara a media altura. Lo mató, además, malamente, pues salió volteado en el primer intento y trompicado en el segundo (afortunadamente sin consecuencias graves aparente), cobrando una estocada trasera y varios descabellos posteriores.
Ureña continuó después ante un toro soso con el cual estuvo aseadito y sin dar el paso definitivo que le hace tan especial y diferente a los demás. Algunos pases sí llevaron su sello propio, pero los menos, y quedaron en nada ante la vulgaridad que transmitió el toro en todo momento. Con el tercero en el ruedo la cosa no hizo sino empeorar. El animal tenía un comportamiento más propio de un buey, y Álvaro Lorenzo tuvo a mal ponerse muy pesado haciendo gala de un estilo poco clásico y sí muy apegado a esa Tauromaquia 2.0 que tanga tendencia crea en estos tiempos. Mató, además, de un bajonazo la mar de hermoso.
El cuarto debió haber vuelto al corral por no tenerse ni en pie, pero la terquedad de la Presidencia nos la comimos todos junto al inválido, podría decirse que como guarnición. También se lo comió el matador, quien con abulia y desgana realizó una faena innecesariamente larga y que terminó siendo completamente hueca.

Y en estas estábamos, con la mirada más puesta en el reloj que en la corrida y con las ganas de irnos a casa cuanto antes, cuando salió el quinto. Tan manso y abanto como el resto de la corrida, los lidiadores no consiguieron fijarlo en el percal. Tanto fue así que acabó el toro yéndose por su propia cuenta y riesgo al percherón que guardaba la puerta, donde se le pegó. Siguió el desorden en la lidia y, de nuevo, el torito se fue solo al caballo sin que nadie le conduciera allí, pero esta vez al que estaba montado por el picador a quien le correspondía turno. Rápido y poco lucido el tercio de banderillas, el toro estaba por completo a su aire y huía de todo lo que se le ponía por delante. Ureña se fue debajo del tendido 7 a comenzar su faena, lo cual se llevó a cabo por estatuarios que, a su vez, fueron rematados por dos trincherazos simplemente bellísimos. No salió Ureña mas allá del tercio, donde comenzó a pasar al toro sobre la mano derecha, intentando tirar del mansurrón y meterlo en la muleta como buenamente podía. No era fácil, pues el toro huía en cada muletazo y, además, cuando iba al siguiente muletazo después de hacer amago de huir, el matador quedaba descolocado. Pero este, lejos de quedarse tal cual, fuera de cacho, daba el pasito hacia delante y cargaba la suerte, como mandan los cánones del toreo clásico. Destacaron algunos derechazos sueltos pegados con toda la verdad del mundo y muy rematados atrás mientras rotaba la cintura el matador, pero a esos buenos derechazos siempre le acompañaban otros que, cuando no eran aliviados hacia fuera, resultaban punteados. Andaba en estas Ureña cuando se cambió la muleta a la mano izquierda, y siguió intercambiándose algunos naturales de muchísima calidad con otros mucho menos lucidos. No obstante, quedaba claro que Ureña estaba metiendo poco a poco al toro en la muleta y sobreponiéndose a su mansedumbre. Llegó el momento en que, tanto consiguió meterlo, que lo llevó a los medios a base de otros cuantos trincherazos enormes y algunos pases de la firma que lo dejaron allí plantado, en la boca de riego, aunque bien es verdad que, al estar andando hacia los medios pero a su vez hacia la puerta de toriles, ayudó a que el toro se moviera hacia allá. Allí mismo, casi en los medios, volvió a sacar Ureña algunos genuflexos sobre el pitón izquierdo, muy toreros. Y una vez erguido, una buena serie por la mano izquierda con que cerró la faena y quedó como un ahí queda eso, pues el toro ya estaba embebido totalmente en la muleta. Faltaba lo importante para culminar la obra: matar. Pero matar bien, y no de cualquier manera. Intentó Ureña la estocada a la suerte de recibir y pinchó, para luego dejar una estocada muy caída. Había perdido una oreja de ley, o al menos esa fue la sensación que quedaba. Pero entonces vino lo sorprendente: comenzaron a aflorar los pañuelos y, unido a las perrerías que hacen los tipejos que se encargan de conducir a las mulillas por su mísero aguinaldo, hicieron que la Presidencia sacara la tela blanca para conceder una oreja que, por la espada y porque a pesar de todo no había mayoría de pañuelos, no debió ser concedida. Y ahí queda el detalle de Ureña: no paseó el despojo. La torería también se mide en este tipo de actos.

Y por último el sexto, el cual se podría decir que se movió. Pero si se califica cómo se movió, se podría decir que como aquel intenta tirar una puerta abajo a base de empujones. Es decir, con mucha bastez y poca clase. Víctor Manuel Martínez, tercero de la cuadrilla de David Mora, fue herido en el muslo derecho durante en transcurso del tercio de banderillas. Álvaro Lorenzo volvió a sacar todo su arsenal de toreo 2.0, con telonazos en línea, muy pefilero siempre y sin ponerse en el sitio. Y así discurrió otra faena larga y vulgarota. No trascendió apenas el trasteo, pues el personal ya estaba más ocupado en recoger los bártulos y salir escopetado a casa, donde aguardaba la cena y el descanso.




2 comentarios:

Joselito dijo...

¿No comentas la del dia 30, con los Adolfos y Roca Rey?

Luis Cordón Albalá dijo...

Ni pude ir ni pude verla después. Motivos familiares de importancia, ya sabe usted... Tanto esa como la tarde de Antonio Ferrera con Zalduendo. Y escribir a ciegas o después de un minivideo resumen de 2 minutos, como que no...