Cuando hojeamos por primera vez, hace algunos meses, los carteles de esta feria y vimos la ganadería de Fuente Ymbro anunciada, no pudimos dejar de acordarnos de aquel bravo Agitador. Pues bien, el día de Fuente Ymbro llegó y los aficionados acudimos a la plaza con la esperanza de que la sangre brava de aquel toro corriera por dentro de alguno de sus hermanos lidiados hoy. Pero claro, como no es oro todo lo que reluce, la esperanza depositada en Fuente Ymbro fue directamente proporcional al batacazo que nos hemos llevado al final del festejo, después de dar cuenta de una corrida blandengue, descastada, pastueña y mansa. Terriblemente mansa. No sabemos si porque se les ha indigestado el maíz otra vez, o porque era tarde de figurines y obviamente el ganadero, gran conocedor de lo que tiene, no iba a mandar nada que les complicara la existencia; o por cosas del azar, o vaya usted a saber por qué, pero el caso que la corrida de Fuente Ymbro ha sido, hablando claro, un asco de enormes magnitudes. Sin incluir el quinto, ninguno ha cumplido en el caballo, ni ha hecho falta que se les pegara medio puyazo. Ese quinto no fue como el resto, fue un toro al que su matador le dejó ahí a la buena de Dios para que se estampara contra el muro infranqueable de la montura, y derribó en el primer encuentro romaneando, mientras en la segunda puya cumplió. Algo ya es algo, aunque el animal luego se rajara.
A Urdiales también se le atragantó la tarde de hoy. El de Fuente Ymbro que abrió plaza fue evacuado del ruedo por la parada de cabestros de Florito, y en su lugar salió un sobrero de Buenavista que también flojeó lo suyo en los primeros compases de la lidia y apenas fue picado, por lo que a raíz de esos cuidados más propios de Hospital Central que de la Plaza de Madrid, se vino arriba en el último tercio y sacó buena condición. Vamos, que tuvo para torear en animalito. Y Urdiales apuntó cositas sueltas, pero estuvo muy por debajo. Pases con la derecha sin confiarse y tomando las debidas precauciones, luego a echa la mano a la zurda y deja tres naturales estimables, sigue con la izquierda y la cosa no rompe, vuelve a la derecha y vuelve a apuntar algún redondo bastante bueno... Y hasta ahí el toro, que se quedaba cada vez más corto y Urdiales seguía ahí dando trapazos. Y hasta le sonó un aviso sin haber entrado a matar. En definitiva, mediocre actuación ante un toro que tenía mucho dentro.
La cosa empeoró con creces en el cuarto, un animal pastueño, descastado, que iba y venía sin poner en aprietos a nadie... Y al que el de Arnedo trató con muchas precauciones, sin confiarse jamás con él ni dar el menor atisbo de ganas de triunfar. Pases desangelados, como el que se abanica para quitarse las moscas de la cara. Ni siquiera fue capaz de intentarlo por la izquierda. Mal día para él y los que le esperamos.
Miguel Ángel Perera, ese excelso pegapases de lengua aún más excelsa, estuvo tan inspirado como acostumbra, con esos pases desde la lejanía y con la suerte descargada, sin enmendarse con el toro ni ser capaz de llevarsele hacia dentro. Nada nuevo en él, vaya. Y si no triunfó en el día de hoy no fue porque no estuviera inspirado ni estuviera cunvre. Ni mucho menos, faltaría más. Los que hoy no estaban inspirados fueron sus palmeros y voceros; que no consiguieron hacer efectivo eso de que falta triunfalismo y sobran puristas. Qué petardo, ni Rafael el Gallo en sus tardes más aciagas (los del triunfalismo me refiero, no el maeztro Perera, que estuvo cunvre).
Y no merece la pena seguir.
Talavante se las vio en tercer lugar con un mulo que embestía a media altura con una tontuna y una falta de todo tremenda. Es verdad que ante este toro quiso hacer el toreo, citando siempre dando el pecho y queriendo llevarse al toro atrás bajando la mano, con la figura erguida y gustándose.
Con el sexto cambió la cosa, pero hasta que Talavante se dio cuenta de que a este toro en tablas se le podía torear, pasaron siete u ocho bloques de anuncios de Antena 3. Toro manso donde los haya, de esos que si se le abre la puerta se van escopetados al campo sin pensárselo. Pero Talavante, erre que erre en los medios pegando trapazos fuera de cacho. Si me cuentan que el toro le susurró al oído "te voy a llevar a las tablas por mis santos coj(...) ya que tú no me llevas", hasta me lo creo y todo. Y allí, en la mismísima puerta de toriles, Talavante consiguió sacar algunas series de muletazos en las que intercaló un toreo lineal y hacia las afueras, con otros muletazos mucho más mandones y llevando al toro toreado hacia dentro. Toreando, al fin y al cabo. A ratos, pero toreó. Si hubiera matado en todo lo alto, poco que objetar, pero como la estocada cayó en un lado y además fue contraria, el despojo se antoja, a humilde vista de este aficionado, como un regalito más. Peores hemos visto y peores veremos.
Al final no vimos ningún Agitador ni ningún fuenteymbro de esos que salían hasta no hace muchos años con carbón y mala leche. Mansada muy Gallarda que decepcionó y quedará para los anales del olvido.
jueves, 19 de mayo de 2016
miércoles, 18 de mayo de 2016
DUODÉCIMA DE FERIA: SALDO GANADERO Y MEDIOCRIDAD VESTIDA DE LUCES
Decepcionante, tanto por fuera como por dentro. Así fue la esperadísima corrida de Pedraza de Yeltes, que saldó su comparecencia en San Isidro, valga la redundancia, con un importante saldo ganadero.
Toros feos, sin remate, escurridos, haciendo gala de culatas de pollo, grandullones y, a fin de cuentas, mal hechos y de mala presentación.
"¿No tendría el ganadero otra cosa mejor para venir a la primera Plaza del mundo?", comentaba alguien. "Seguro, pero están reseñados para Pamplona y para Francia", contestaba otro más.
"Se la llevan adonde se la pagan bien, y punto", apostilla un humilde servidor. La primera Plaza del mundo... ¡¡Pues no queda eso lejos ni nada!!
Las hechuras de los toros hablaron por sí solas, y todo lo malos que eran para los ojos, también lo fueron para el paladar de los aficionados, que tan amantes del picante y el sabor fuerte, fueron sorprendidos por una dulzura bastante amarga. Y es que la casta, el empuje, el poder, la bravura y todas esas cosas que en esta tarde se esperaba, se la dejaron los seis toritos en casa. Ni se emplearon en varas, ni pusieron en grandes apuros a los lidiadores, ni hicieron que la emoción llegara a los tendidos, ni ná de ná. Más al contrario, el sopor se adueñaba de la plaza a medida que los toros iban siendo evacuados del ruedo por el tiro de mulillas. Pero de esto no tienen culpa solo los toros, pues los seis, sin excepción, tuvieron faena y se podría haber estado con ellos muchisimo mejor de lo que estuvieron Manuel Escribano, Juan del Álamo y el confirmarte Juan Leal. Porque todo lo que tuvieron de descastados y de feos, lo tuvieron los seis aldeanuevas de tontorrones y de animalitos dóciles. ¿Qué más querrá esta gente?
Manuel Escribano volvió a ratificar que lo suyo no es pegar pases bonitos al carretón de turno, que necesita de un toro que venda cara su piel y, a base de pundonor, poder con ellos. A los dos bombones que le cupieron en suerte esta mañana, además de banderillearlos de la forma más ventajista y vulgar que pueda haber, los aburrió con dos faenas en las que no se puso en su sitio ni de casualidad, no remató un solo muletazo donde hay que rematarlo, ni dejó el pico de la muleta quieto por un momento. Muy mala tarde la de Escribano, en resumidas cuentas.
Juan del Álamo es un genio de esto. El líder de la fiebre orejil que hay en Madrid. Todo un experto en cortar orejas y orejas y orejas la inmensa mayoría de tardes que pisa esta plaza. Y hoy no ha sido menos, faltaría más. Cortó una del inválido tercero, al cual los cuidados paliativos que recibió en varas y en banderillas le hicieron que se quedara ideal para hartarse a torearlo con la muleta sin sudar la gota gorda. Y Jonathan lo hizo, a su manera, pero lo hizo. Sin colocación, sin cargar la suerte, sin rematar los pases atrás, sin llevar al animal toreado... Vamos, lo que suele llamarse una faena al uso moderno. Y claro, como remató la faena por bernardinas, y hasta dio algunos cambiados de esos que tanto gustan a la concurrencia de sombra, la gente se volvió tan loca que se olvidó reparar en que la estocada fue un hermoso sartenazo caído y contrario. No importa, el toro rodó sin puntilla y un nuevo despojo cayó en manos de Juan del Álamo. Y vaaaaannnn....
El quinto fue ideal para terminar de calentar al personal con ese toreo tan característico de Juan del Álamo a lo 2.0, y abrirse de par en par la puerta (chica) grande. Pero no se hizo en ningún momento con el toro. Se le citaba y acudía al punto, se le dejaba el trapo rojo puesto y volvía, y así en unos veinte muletazos que Juan podría haber aprovechado mucho mejor. Trapazos desde la lejanía, falta de convicción, de mando, de temple... ¿Se vería con vértigo de tener la puerta (chica) grande medio abierta? ¿O es que no da para más? Quién sabe...
Confirmó alternativa el gabacho Juan Leal, y lo hizo con un toro complicado, de esos "con muchas teclas que tocar". Toro muy manso y rajado, que salía de cada muletazo mirando a los de las andanadas. Pero tuvo dos cosas: la primera, no se hizo el remolón ni una sola vez que se le citaba, siempre acudía con prontitud al cite y queriendo tomarlo por abajo; y segunda, en una de esas que el matador le dejó la muleta puesta, por puro azar eso sí, el animal repitió humillando, sin pensárselo ni por un instante y sin echar la cara arriba ni quedarse ensimismado mirando el tendido. Curioso, cuando se la dejaron puesta... No así en el resto de la faena, que fue una maraña de medio trapazos, tan pronto como embarcaba al toro en la muleta, pegaba el tirón y se la quitaba sin haber rematado el muletazo y sin llevarlo fijo en el engaño, algo así como "¿la ves? Ya no la ves...". Pero el animalito era llamado e iba sin pensárselo, y cuando se la dejaban puesta, volvía. ¿Quizás es que lo hicieron peor a lo que realmente era?
Cerró plaza otro animalito que no se lo pensaba dos veces cuando su matador le llamaba. Y repetía. Y si se le pegaba el trallazo a media altura, pegaba el tornillazo y se quedaba corto; y si se le corría la mano y hacía por alargar más el brazo, el animal iba más allá siguiendo la tela humillando. Qué cosas...
Leal, muy bisoño y ante un un lote harto complicado, lo único que acertó a hacer fue a dejar voluntad y pegarse el arrimón. Qué más se le podrá pedir...
Pedraza de Yeltes decepcionó esta tarde en la exprimera Plaza del mundo con un saldo carente de casta, poder, fiereza y bravura; a la par que pastueño, noble y con materia prima para estar bien a poco que se hicieran las cosas. Que no se hicieran, ya es otro cantar. La única ovación de verdad sentida y unánime fue para Marco Leal tras soplarle al primer toro de la tarde un soberbio par a banderillas.
lunes, 16 de mayo de 2016
DÉCIMA DE FERIA: JOLGORIO, VERBENA Y JUAMPEDRADA EN EL DÍA DEL SANTO PATRÓN
Día de San Isidro, día grande en la capital del Reino. Madrid está en fiestas, con sus chulapos y chulapas luciendo sus mejores galas, las verbenas, los claveles, los mantones de manila, los chotis, la Pradera... Y cómo no, los toros. También en Las Ventas es día grande, el día grande de la feria, y qué mejor manera de festejarlo que con un cartel compuesto por el tronco del que se ramifican los hierros donde se crían esos toros más bravos y con mayor trapío de la historia, y tres toreros que, presumiblemente, son de los que hacen el mejor toreo de la historia. Y hasta con el deseado cartel de "No hay billetes para hoy" hemos festejado este día tan especial, y por supuesto la ocasión era perfecta para darle bien en los hocicos a los de la Capital Animal, con la señora alcaldesa de Madrid y su ilustre Gobierno municipal a la cabeza... Hasta que salió el de cuatro patas y descompuso la tarde, el día del Santo Patrón, a los Santísimo aficionados y hasta al mismísimo patrón que, por muy santo que sea, le habrá hecho mucha gracia festejar su día con el bodrio de esta tarde.
Pongámonos en situación: Seis toros (artistas, debe de ser) de la afamadísima vacada de Juan Pedro Domecq; los dos primeros, sin grandes alardes, correctos de presencia y de bonitas hechuras; el resto, cuatro tulliditos bichejos con hechuras de becerro, impropios para cualquier plaza de primera (y aunque Madrid en muchas ocasiones no lo parezca, lo es). Inválidos, descastados, bobalicones, ninguno ha tomado un puyazo en toda regla... En definitiva, un mojón de corrida. ¡¡Chhhhsssssss!! Pero oigan, con muzha claze. Que se caigan, que huyan del caballo, que no les hagan falta mas que dos picotazos, que no se empleen, que no tengan poder ni casta, pero sobre todo que tengan muzha claze. Que sean jartistas los toretes, no vaya a ser que a los toreros no les entren las ganas de desplegar a ellos también su maravilloso jarte. Y las babosas de Juan Pedro tenían todo ello, no les ha servido absolutamente para casi nada, pero lo tenían, que es lo importante. ¿Y casta? No, gracias, vuelva usted otro día.
Cartel de toreros de relumbrón, de esos que saben hacer el mejor toreo de la historia al toro más bravo y con mayor trapío de la historia: el ya consolidado Alejandro Talavante, el recién llegado a tan selecto grupo, Roca Rey; y uno que aspira a llegar (aunque ya veremos), Posada de Maravillas, que confirmó la alternativa.
La corrida fue soporífera. Tediosa. Mortalmente aburrida. El primero de la tarde fue pastueño y manejable, iba y venía sin lanzar malas miradas, que es lo que importa, y con flojera en los remos. Posada de Maravillas se embarulló en una faena carente del más mínimo interés, hecha toda ella a base de una hermosa colección de trapazos y enganchones sin conseguir dar un pase a derechas. Cinco pinchazos, los cinco tirándole la muleta al toro en la cara, más una estocada, también tiŕándole la muleta en la cara, fueron la rúbrica.
Talavante pasó sin pena ni gloria ante el segundo, lo más destacable que hizo fue no excederse en demasía ante el toro, cosa de agradecer.
Salió Roca Rey ante el becerro que hizo de tercero dispuesto a armar una de las suyas, y con el público predispuesto a encunvrar al nuevo "pasmo" del toreo. El peruano, ya se dijo el otro día y se vuelve a recalcar, usa el capote para muchísimas cosas, pero no para lidiar ni torear con verdad. Muchos banderazos de esos para cambiarse el capote a la espalda, luego toma trallazo para imitar una gaonera, otro banderazo más por arriba y vuelta coger el capote de nuevo de frente... Pero cero torear y cero lidiar. Con la muleta nos dio otro recital marca de la casa de pegapasismo del bueno, arrimones, enganchones, unos cuantos cambiados de esos por la espalda... Y por supuesto el biiiiieeeeeeennnnjjjjjjjj no faltó acompañando los medio trapazos, aunque en realidad fuera maaaaaaaaaaaal. Como falló con la espada, la cosa quedó en palmas por un lado, y pitos y protestas por el otro.
Talavante volvió a pasar sin pena ni gloria ante el pobrecito cuarto, que apenas sí se tenía en pie. Lo bueno, de nuevo, es que volvió a no excederse.
La corrida estaba siendo un sopor y la gente quería marcha a toda costa. La verdad es que les vino de perlas que tanto al quinto como al abecerrado sobrero, también de Juan Pedro, les sacaran pañuelo verde para poder disfrutar de uno de los espectáculos favoritos de los isidros: los cabestros de Florito. Y entre medias, la banda de música tocando Los nardos. Y como a la gente le encanta la jarana, bailo en los tendidos y acompañó la música con palmas. ¡¡Las peñas de Pamplona en la mismísima plaza de Madrid!! ¡¡Qué gran honor!! ¿Se tirarían el ginc-tónic entre ellos?
El segundo sobrero, de José Luis Marca, un tío, dejó aún más en evidencia la mala presentación juampedrera. Roca Rey volvió a sacar todo su vulgarísimo arsenal de cites al hilo, trallazos hacia fuera, cambiados por la espalda y todas esas cosas que afean el toreo verdadero. La faena no terminó de coger vuelo, y la cunvre se quedó en las ganas.
El sexto y último becerro también se fue para dentro, y los guapos isidros volvieron a rentabilizar la entrada aplaudiendo a Florito y sus berrendos colorados. Salió un sobrero del Conde de Mayalde con hechuras más de gorrinico de San Antón que de toro de lidia, y al que pegaron más cera en el caballo que a todos los anteriores juntos, titulares, devueltos y sobreros. El animal quedó muy aplomado, a la defensiva y topón. Posada de Maravillas le quitó las moscas la mar de bien con banderazos de mil colores y formas en una nueva muestra de que su carrera no va a dar mucho más de sí. Si se novillero ya intuíamos un excelso pegapases carente de gracia torera e inexistente capacidad lidiadora, qué no será de matador. Esta vez mató a la primera, pero volvió a tirar la muleta y salir corriendo de allí como una vieja.
El día grande de San Isidro acabó entre el cabreo del aficionado con la nueva tomadura de pelo de Juan Pedro y lo chabacana que es la tauromaquia 2.0; y la alegría y jarana de los isidros, que bailaron, jalearon a la banda de música, comieron, bebieron, aplaudieron todo lo inaplaudible y hasta vieron por tres veces salir a los cabestros. Vamos, que la plaza de toros de Madrid, amén de ser el botellódromo de todos los días, ayer también estaba convertida en la Pradera. Pero ¿y los toros? ¿Y los toreros? ¿Y la seriedad? Mejor no preguntamos...
Pongámonos en situación: Seis toros (artistas, debe de ser) de la afamadísima vacada de Juan Pedro Domecq; los dos primeros, sin grandes alardes, correctos de presencia y de bonitas hechuras; el resto, cuatro tulliditos bichejos con hechuras de becerro, impropios para cualquier plaza de primera (y aunque Madrid en muchas ocasiones no lo parezca, lo es). Inválidos, descastados, bobalicones, ninguno ha tomado un puyazo en toda regla... En definitiva, un mojón de corrida. ¡¡Chhhhsssssss!! Pero oigan, con muzha claze. Que se caigan, que huyan del caballo, que no les hagan falta mas que dos picotazos, que no se empleen, que no tengan poder ni casta, pero sobre todo que tengan muzha claze. Que sean jartistas los toretes, no vaya a ser que a los toreros no les entren las ganas de desplegar a ellos también su maravilloso jarte. Y las babosas de Juan Pedro tenían todo ello, no les ha servido absolutamente para casi nada, pero lo tenían, que es lo importante. ¿Y casta? No, gracias, vuelva usted otro día.
Cartel de toreros de relumbrón, de esos que saben hacer el mejor toreo de la historia al toro más bravo y con mayor trapío de la historia: el ya consolidado Alejandro Talavante, el recién llegado a tan selecto grupo, Roca Rey; y uno que aspira a llegar (aunque ya veremos), Posada de Maravillas, que confirmó la alternativa.
La corrida fue soporífera. Tediosa. Mortalmente aburrida. El primero de la tarde fue pastueño y manejable, iba y venía sin lanzar malas miradas, que es lo que importa, y con flojera en los remos. Posada de Maravillas se embarulló en una faena carente del más mínimo interés, hecha toda ella a base de una hermosa colección de trapazos y enganchones sin conseguir dar un pase a derechas. Cinco pinchazos, los cinco tirándole la muleta al toro en la cara, más una estocada, también tiŕándole la muleta en la cara, fueron la rúbrica.
Talavante pasó sin pena ni gloria ante el segundo, lo más destacable que hizo fue no excederse en demasía ante el toro, cosa de agradecer.
Salió Roca Rey ante el becerro que hizo de tercero dispuesto a armar una de las suyas, y con el público predispuesto a encunvrar al nuevo "pasmo" del toreo. El peruano, ya se dijo el otro día y se vuelve a recalcar, usa el capote para muchísimas cosas, pero no para lidiar ni torear con verdad. Muchos banderazos de esos para cambiarse el capote a la espalda, luego toma trallazo para imitar una gaonera, otro banderazo más por arriba y vuelta coger el capote de nuevo de frente... Pero cero torear y cero lidiar. Con la muleta nos dio otro recital marca de la casa de pegapasismo del bueno, arrimones, enganchones, unos cuantos cambiados de esos por la espalda... Y por supuesto el biiiiieeeeeeennnnjjjjjjjj no faltó acompañando los medio trapazos, aunque en realidad fuera maaaaaaaaaaaal. Como falló con la espada, la cosa quedó en palmas por un lado, y pitos y protestas por el otro.
Talavante volvió a pasar sin pena ni gloria ante el pobrecito cuarto, que apenas sí se tenía en pie. Lo bueno, de nuevo, es que volvió a no excederse.
La corrida estaba siendo un sopor y la gente quería marcha a toda costa. La verdad es que les vino de perlas que tanto al quinto como al abecerrado sobrero, también de Juan Pedro, les sacaran pañuelo verde para poder disfrutar de uno de los espectáculos favoritos de los isidros: los cabestros de Florito. Y entre medias, la banda de música tocando Los nardos. Y como a la gente le encanta la jarana, bailo en los tendidos y acompañó la música con palmas. ¡¡Las peñas de Pamplona en la mismísima plaza de Madrid!! ¡¡Qué gran honor!! ¿Se tirarían el ginc-tónic entre ellos?
El segundo sobrero, de José Luis Marca, un tío, dejó aún más en evidencia la mala presentación juampedrera. Roca Rey volvió a sacar todo su vulgarísimo arsenal de cites al hilo, trallazos hacia fuera, cambiados por la espalda y todas esas cosas que afean el toreo verdadero. La faena no terminó de coger vuelo, y la cunvre se quedó en las ganas.
El sexto y último becerro también se fue para dentro, y los guapos isidros volvieron a rentabilizar la entrada aplaudiendo a Florito y sus berrendos colorados. Salió un sobrero del Conde de Mayalde con hechuras más de gorrinico de San Antón que de toro de lidia, y al que pegaron más cera en el caballo que a todos los anteriores juntos, titulares, devueltos y sobreros. El animal quedó muy aplomado, a la defensiva y topón. Posada de Maravillas le quitó las moscas la mar de bien con banderazos de mil colores y formas en una nueva muestra de que su carrera no va a dar mucho más de sí. Si se novillero ya intuíamos un excelso pegapases carente de gracia torera e inexistente capacidad lidiadora, qué no será de matador. Esta vez mató a la primera, pero volvió a tirar la muleta y salir corriendo de allí como una vieja.
El día grande de San Isidro acabó entre el cabreo del aficionado con la nueva tomadura de pelo de Juan Pedro y lo chabacana que es la tauromaquia 2.0; y la alegría y jarana de los isidros, que bailaron, jalearon a la banda de música, comieron, bebieron, aplaudieron todo lo inaplaudible y hasta vieron por tres veces salir a los cabestros. Vamos, que la plaza de toros de Madrid, amén de ser el botellódromo de todos los días, ayer también estaba convertida en la Pradera. Pero ¿y los toros? ¿Y los toreros? ¿Y la seriedad? Mejor no preguntamos...
domingo, 15 de mayo de 2016
NOVENA DE FERIA: SOPORÍFERA Y MALA CORRIDA DE FLOR DE JARA
Descastada, falta de poder y picante, pastueña, sosa y, a fin de cuentas, decepcionante, tediosa y aburrida. Así ha sido la esperada corrida de Flor de Jara, remendada con dos de San Martín, en la tarde de hoy. Cuatro toros de Flor de Jara, los cuatro primeros, con hechuras y caritas de Santa Coloma, muy en tipo la corrida, bonita y correcta de presencia, y más teniendo en cuenta el encaste al que pertenece. Dos toros de San Martín, quinto y sexto, también de más que correcta presentación y de bella lámina, sobre todo el quinto de la tarde. Y el que quiera ver kilos y moles mastodónticas, que se vaya al zoo de la Casa de Campo a ver hipopótamos y elefantes.
De Santa Coloma solo tuvieron las hechuras los animales, porque en comportamiento fue una hermosísima borregada que no se empleó en absoluto en varas, no sacó ese picante que tanto caracteriza a este encaste, ni malas ideas, ni casta en definitiva, que es lo que le da emoción a esto de los toros. Para lidiar con tan penoso material vinieron un veterano de guerra, Fernando Robleño; un joven que necesitaba como agua de mayo un toque de atención, Miguel Ángel Delgado; y un dinástico del otro lado del charco, Diego Silveti.
Fernando Robleño se las vio en primer lugar con un toro al que le pegaron en varas dos puyazos en regla, lo mínimamente indispensable que se le debe picar a un toro. Lo justo y necesario. Fue un toro de embestida muy suavona, como las de esos cárdenos que tanto gustan en el otro lado del charco a las grandes figuras del neotoreo. Ni una mala idea, ni una sola mala mirada al matador en las muchas paradas que hizo el toro a mitad de los muletazos. Nada de nada, casi parecía un Domecq de capa cárdena. Sin pena ni gloria Robleño con tan poco material.
El segundo flojeó en el primer tercio, y ello llevó a que se le simulara el castigo desde lo alto del jaco. Surtieron efecto los cuidados paliativos, tanto en varas como en banderillas (donde Fernando Sánchez dejó un par enorme), y el animal se vino arriba en el último tercio, ofreciendo veinte arrancadas francas y humillando. Delgado puso tanta voluntad como poco acierto a poderlo y llevarlo toreado por abajo. Hasta que el toro se aburrió, y acabó Delgado pegándose el arrimón y hasta dando las feas bernardinas a la desesperada, cosa inútil cuando los tendidos están despoblados de grandes afisionaos que solamente pasan por aquí en tarde de glamour.
Al tercero también le pegaron dos puyazos en regla, el segundo arrancándose a distancia pero sin emplearse. Fue este otro torete calcado a esos cárdenos tan solicitados por México, suave como el terciopelo y más bondadoso que una monjita de la caridad. Ni Santa Coloma ni leches, un borrego en toda regla al que Silveti le pegó pases desde la lejanía tan cargados de sosería como el animalito que tenía delante. También Silveti se dio el arrimón, y "toreó" por bernardinas, y empezó en los medios con los dichosos pendulazos... Pero claro, ante la ausencia de los grandes afisionaos en el día de hoy, todo pasó desapercibido.
Con el cuarto toro en el ruedo, el tedio y el sopor ya habían campado a sus anchas por los tendidos, y la tarde estaba bendita. Poco se picó a este toro, que lo único que tuvo fue un macheteo por abajo y, acto seguido, quitárselo del medio lo más dignamente posible. Robleño porfió con él, pero lo único que se llevó fueron achuchones, gañafones, malos tragos, un animal cada vez desarrollando más sentido y la indiferencia del público y afición.
Aquí acabó el turno de Flor de Jara, y llegaron los dos remiendos de San Martín. El precioso quinto recibió un fuerte castigo en el que poco se empleó, y llegó a la muleta reservón, incierto, muy mirón, arrancándose de imprevisto y haciendo pasar un trago importante a un apático Miguel Ángel Delgado, que no supo ni qué hacer con él, más que andar por ahí pegando trapazos sin ser capaz de domeñar al bicho.
Y el sexto y último del festejo, también de San Martín, se movió a sus anchas por el redondel sin que nadie fuera capaz de echarle un capote abajo y fijarlo. La lidia fue caótica y no tuvo orden alguno, nadie se hacía con él. Pero llegó el manso cuando Silveti le presentó la muleta y... ¡¡Sorpresa!! Repitió con nobleza y humillando. Mucho que torear tuvo este sexto, cosa que, para no perderla costumbre, Silveti desaprovechó. Y desaprovechó con una faena trapacera, cargada de trallazos fuera de sitio y sin someter la noble y franca embestida del toro. Hasta que el animal se aburrió de tanta incompetencia y le soltó un "ahí te quedas, aburre a quien yo te diga", y se largó de allí. Pena de animal...
Una pena la corrida de Flor de Jara, esperada por la afición madrileña que tanto tiempo lleva solicitándola con una corrida de toros, vistas las magníficas sensaciones que dejaba en este ruedo hasta no hace mucho lidiando novilladas fuertes y muy encastadas. Todo se tradució en una enorme decepción entre los aficionados, que con tantas ganas la esperaban en esta plaza. Y también mucho aburrimiento y mucho sopor, el mismo que padecemos muchas tardes de la mano de esas ganaderías que venden como "bravas" y nunca han demostrado serlo.
Lo mejor (y único) del festejo, el par a banderillas marca de la casa que Fernando Sánchez le sopló al segundo. Por algo así mereció la pena soportar tanto sopor.
De Santa Coloma solo tuvieron las hechuras los animales, porque en comportamiento fue una hermosísima borregada que no se empleó en absoluto en varas, no sacó ese picante que tanto caracteriza a este encaste, ni malas ideas, ni casta en definitiva, que es lo que le da emoción a esto de los toros. Para lidiar con tan penoso material vinieron un veterano de guerra, Fernando Robleño; un joven que necesitaba como agua de mayo un toque de atención, Miguel Ángel Delgado; y un dinástico del otro lado del charco, Diego Silveti.
Fernando Robleño se las vio en primer lugar con un toro al que le pegaron en varas dos puyazos en regla, lo mínimamente indispensable que se le debe picar a un toro. Lo justo y necesario. Fue un toro de embestida muy suavona, como las de esos cárdenos que tanto gustan en el otro lado del charco a las grandes figuras del neotoreo. Ni una mala idea, ni una sola mala mirada al matador en las muchas paradas que hizo el toro a mitad de los muletazos. Nada de nada, casi parecía un Domecq de capa cárdena. Sin pena ni gloria Robleño con tan poco material.
El segundo flojeó en el primer tercio, y ello llevó a que se le simulara el castigo desde lo alto del jaco. Surtieron efecto los cuidados paliativos, tanto en varas como en banderillas (donde Fernando Sánchez dejó un par enorme), y el animal se vino arriba en el último tercio, ofreciendo veinte arrancadas francas y humillando. Delgado puso tanta voluntad como poco acierto a poderlo y llevarlo toreado por abajo. Hasta que el toro se aburrió, y acabó Delgado pegándose el arrimón y hasta dando las feas bernardinas a la desesperada, cosa inútil cuando los tendidos están despoblados de grandes afisionaos que solamente pasan por aquí en tarde de glamour.
Al tercero también le pegaron dos puyazos en regla, el segundo arrancándose a distancia pero sin emplearse. Fue este otro torete calcado a esos cárdenos tan solicitados por México, suave como el terciopelo y más bondadoso que una monjita de la caridad. Ni Santa Coloma ni leches, un borrego en toda regla al que Silveti le pegó pases desde la lejanía tan cargados de sosería como el animalito que tenía delante. También Silveti se dio el arrimón, y "toreó" por bernardinas, y empezó en los medios con los dichosos pendulazos... Pero claro, ante la ausencia de los grandes afisionaos en el día de hoy, todo pasó desapercibido.
Con el cuarto toro en el ruedo, el tedio y el sopor ya habían campado a sus anchas por los tendidos, y la tarde estaba bendita. Poco se picó a este toro, que lo único que tuvo fue un macheteo por abajo y, acto seguido, quitárselo del medio lo más dignamente posible. Robleño porfió con él, pero lo único que se llevó fueron achuchones, gañafones, malos tragos, un animal cada vez desarrollando más sentido y la indiferencia del público y afición.
Aquí acabó el turno de Flor de Jara, y llegaron los dos remiendos de San Martín. El precioso quinto recibió un fuerte castigo en el que poco se empleó, y llegó a la muleta reservón, incierto, muy mirón, arrancándose de imprevisto y haciendo pasar un trago importante a un apático Miguel Ángel Delgado, que no supo ni qué hacer con él, más que andar por ahí pegando trapazos sin ser capaz de domeñar al bicho.
Y el sexto y último del festejo, también de San Martín, se movió a sus anchas por el redondel sin que nadie fuera capaz de echarle un capote abajo y fijarlo. La lidia fue caótica y no tuvo orden alguno, nadie se hacía con él. Pero llegó el manso cuando Silveti le presentó la muleta y... ¡¡Sorpresa!! Repitió con nobleza y humillando. Mucho que torear tuvo este sexto, cosa que, para no perderla costumbre, Silveti desaprovechó. Y desaprovechó con una faena trapacera, cargada de trallazos fuera de sitio y sin someter la noble y franca embestida del toro. Hasta que el animal se aburrió de tanta incompetencia y le soltó un "ahí te quedas, aburre a quien yo te diga", y se largó de allí. Pena de animal...
Una pena la corrida de Flor de Jara, esperada por la afición madrileña que tanto tiempo lleva solicitándola con una corrida de toros, vistas las magníficas sensaciones que dejaba en este ruedo hasta no hace mucho lidiando novilladas fuertes y muy encastadas. Todo se tradució en una enorme decepción entre los aficionados, que con tantas ganas la esperaban en esta plaza. Y también mucho aburrimiento y mucho sopor, el mismo que padecemos muchas tardes de la mano de esas ganaderías que venden como "bravas" y nunca han demostrado serlo.
Lo mejor (y único) del festejo, el par a banderillas marca de la casa que Fernando Sánchez le sopló al segundo. Por algo así mereció la pena soportar tanto sopor.
sábado, 14 de mayo de 2016
OCTAVA DE FERIA: PUERTA GRANDE A LA TAUROMAQUIA MÁS BURDA
¡¡Ya desembarcaron las figuritas del neotoreo en la exprimera Plaza del mundo!! Ya han pisado el ruedo de Las Ventas tres de los que hacen el mejor toreo de la historia. Ya vinieron, con sus gatadas debajo del brazo tan cariñosamente preparadas por sus sirvientes ganaduros; y con sus palmerines amantes del ginc-tónic y las faenas trapaceras.
En los tres primeros "toros" apenas puede rescatarse el más mínimo detallito. Roca Rey en primer lugar tuvo un pobre tetrapléjco al que dio muchos pases embarullados, citando al hilo, escondiendo la piernecita y toreando hacia fuera. En definitiva, el toreo 2.0, con sus pendulazos, sus trapazos por la espalda, sus bernardinas de cierre de faena, sus pases por la espalda, su encimismo... Estarían bien contentos los elegantísimos y guapos afisionaos, que por ser la primera a la que vienen desde el pasado mes de mayo, no se les defraudó. No fuera que se les fuera la ginebra por otro lado y para qué queremos más.
Castella con el segundo se lió a pegar pases y pegar pases, y más pases y más pases, y cada vez más pases, y escuchó un aviso sin siquiera haberse ido por la espada. ¡¡Qué pegapases más bueno!!
Con la tercera borrega, Talavante podría haber abreviado y no hubiera pasado absolutamente nada. Todo lo contrario, nos hubiera ahorrado otro suplicio. Pero es Talavante otro pesado, y se embarulló en otra faena larga sin sacar nada de nada destacable. ¿Para qué tanta terquedad, si luego no hacen otra cosa que hastiar al personal?, me pregunto yo. ¿Lo harán aposta por joder?
Salió el 4°, remiendo del Conde de Mayalde, con más pies y poniendo en apuros a Castella en el saludo capotero. Obviamente, tal atrevimiento le condenó a un castigo en varas que los tres anteriores no recibieron ni juntos. Y el picador José Doblado, al que esperamos que le hayan puesto una buena multa por ello, al partírsele la vara mientras picaba, no se le ocurre otra cosa que meterle el palo astillado al toro por el boquete que anteriormente había hecho con la puya. ¿Se puede ser más... más... más...? Que mejor me callo. Llegó el toro a la muleta con movilidad, podría habérsele aprovechado en quince muletazos bien pegados y poner aquello patas arriba. Evidentemente Castella, con su faena ya pensada, la misma faena de hace uno, dos, tres, seis, diez y doce años, volvió a estar de pena, pegando trapazos sin convicción y cargados de apatía. Y hasta le sonó el "BUUUUM, PETARDO" que dedica el tendido 7 a quien hace méritos para ello. Y lo peor de todo esto no es la tarde que ayer nos dio Castella, sino que todavía nos quedan por aguantarle tres corridas más. Mejor sería que esos días el personal de la plaza, antes de entrar a la localidad, nos requise todo tipo de objetos cortantes, punzantes, cadenas de oro o plata, los cordones de las zapatillas, etc. Por precaución más que otra cosa.
El comportamiento del quinto toro, jabonero sucio de Cuvillo, fue otro cantar. Un toro de lidia, malo malísimo, pero al menos... Un Toro. Un marrajo con mucho genio, y también con mucho que torear. Dos puyazos fuertes le pegaron, de ambos salió de najas. Dolióse en banderillas con ímpetu, tercio en el que puso en algún apuro a los rehileteros. Al primer muletazo de Talavante le birló el trapo rojo de un gañafón. Se dobló con él el matador después esto, supongo que con ánimo de domeñar la violenta embestida del bicho, pero fue más que el toro domeñó a su matador. Siguió la faena, trallazos con la zocata a media altura que hacían que el bicho siguiera pegando tornillazos y poniéndose cada vez más violento. Cambia a la mano derecha, vuelta a los banderazos con la mano alta y los gañafones propios de un toro a la defensiva, más a la defensiva si se le hacen las cosas mal. Y así toda la faena, hasta que ya al final, muy pero que muy muy muy al final, llega Talavante y, milagrosamente, consigue tres naturales bajando la mano y dominando al marrajo. ¡¡Y el animal siguió la muleta, y humillando!! ¡¡La cosa era esa, bajar la mano!! Cuatro naturales más, de los que salió uno limpio y francamente bueno, más una estocada desprendida. Y cayó el despojo. El animalito se fue sin torear, solo cuatro muletazos con la zurda, y visto lo visto creo que hasta de casualidad; muy poco para lo que el complicado animal tenía dentro. Ahí está el figura Talavante, quien si de verdad hubiera tenido que hacerse figura como se hacían antaño, matando toros de verdad y no carretones, no se hubiera quedado ni llevándole el botijo al maestro. Ahí queda lo de ayer, por mucho despojo que cortara.
Ya vinieron las figuras, a hacer de Madrid su cortijo y a dejar por los suelos la verdad de la Tauromaquia.
Lamentable la parcheada becerrada de Cuvillo, que echó tres becerras inválidas, los tres primeros, que seguían el trapito como si fueran corderos, sin lanzar una mala mirada ni poner en apuro alguno a los de luces; y un regordete y más serio jabonero sucio por cuyo comportamiento, que distó a años luz de la bravura, ya podía hablarse más de un "toro de lidia". Los dos remiendos del Conde de Mayalde, cebones y con leña, se movieron con otro tranco. Una mierda pinchada en un palo, como se dice en el argot de la calle, el primero de los festejos en los que hacen aparición en Madrid los grandes figurones de la Tauromaquia 2.0.
En los tres primeros "toros" apenas puede rescatarse el más mínimo detallito. Roca Rey en primer lugar tuvo un pobre tetrapléjco al que dio muchos pases embarullados, citando al hilo, escondiendo la piernecita y toreando hacia fuera. En definitiva, el toreo 2.0, con sus pendulazos, sus trapazos por la espalda, sus bernardinas de cierre de faena, sus pases por la espalda, su encimismo... Estarían bien contentos los elegantísimos y guapos afisionaos, que por ser la primera a la que vienen desde el pasado mes de mayo, no se les defraudó. No fuera que se les fuera la ginebra por otro lado y para qué queremos más.
Castella con el segundo se lió a pegar pases y pegar pases, y más pases y más pases, y cada vez más pases, y escuchó un aviso sin siquiera haberse ido por la espada. ¡¡Qué pegapases más bueno!!
Con la tercera borrega, Talavante podría haber abreviado y no hubiera pasado absolutamente nada. Todo lo contrario, nos hubiera ahorrado otro suplicio. Pero es Talavante otro pesado, y se embarulló en otra faena larga sin sacar nada de nada destacable. ¿Para qué tanta terquedad, si luego no hacen otra cosa que hastiar al personal?, me pregunto yo. ¿Lo harán aposta por joder?
Salió el 4°, remiendo del Conde de Mayalde, con más pies y poniendo en apuros a Castella en el saludo capotero. Obviamente, tal atrevimiento le condenó a un castigo en varas que los tres anteriores no recibieron ni juntos. Y el picador José Doblado, al que esperamos que le hayan puesto una buena multa por ello, al partírsele la vara mientras picaba, no se le ocurre otra cosa que meterle el palo astillado al toro por el boquete que anteriormente había hecho con la puya. ¿Se puede ser más... más... más...? Que mejor me callo. Llegó el toro a la muleta con movilidad, podría habérsele aprovechado en quince muletazos bien pegados y poner aquello patas arriba. Evidentemente Castella, con su faena ya pensada, la misma faena de hace uno, dos, tres, seis, diez y doce años, volvió a estar de pena, pegando trapazos sin convicción y cargados de apatía. Y hasta le sonó el "BUUUUM, PETARDO" que dedica el tendido 7 a quien hace méritos para ello. Y lo peor de todo esto no es la tarde que ayer nos dio Castella, sino que todavía nos quedan por aguantarle tres corridas más. Mejor sería que esos días el personal de la plaza, antes de entrar a la localidad, nos requise todo tipo de objetos cortantes, punzantes, cadenas de oro o plata, los cordones de las zapatillas, etc. Por precaución más que otra cosa.
El comportamiento del quinto toro, jabonero sucio de Cuvillo, fue otro cantar. Un toro de lidia, malo malísimo, pero al menos... Un Toro. Un marrajo con mucho genio, y también con mucho que torear. Dos puyazos fuertes le pegaron, de ambos salió de najas. Dolióse en banderillas con ímpetu, tercio en el que puso en algún apuro a los rehileteros. Al primer muletazo de Talavante le birló el trapo rojo de un gañafón. Se dobló con él el matador después esto, supongo que con ánimo de domeñar la violenta embestida del bicho, pero fue más que el toro domeñó a su matador. Siguió la faena, trallazos con la zocata a media altura que hacían que el bicho siguiera pegando tornillazos y poniéndose cada vez más violento. Cambia a la mano derecha, vuelta a los banderazos con la mano alta y los gañafones propios de un toro a la defensiva, más a la defensiva si se le hacen las cosas mal. Y así toda la faena, hasta que ya al final, muy pero que muy muy muy al final, llega Talavante y, milagrosamente, consigue tres naturales bajando la mano y dominando al marrajo. ¡¡Y el animal siguió la muleta, y humillando!! ¡¡La cosa era esa, bajar la mano!! Cuatro naturales más, de los que salió uno limpio y francamente bueno, más una estocada desprendida. Y cayó el despojo. El animalito se fue sin torear, solo cuatro muletazos con la zurda, y visto lo visto creo que hasta de casualidad; muy poco para lo que el complicado animal tenía dentro. Ahí está el figura Talavante, quien si de verdad hubiera tenido que hacerse figura como se hacían antaño, matando toros de verdad y no carretones, no se hubiera quedado ni llevándole el botijo al maestro. Ahí queda lo de ayer, por mucho despojo que cortara.
Y salió el sexto y último, un manejable y noble remiendo del Conde de Mayalde. Roca Rey será muy valiente, se quedará muy quieto, se lo pasará muy cerca, pero el capote no sabe ni por dónde se coge. Utiliza el percal rosa más como un instrumento de tortura a los toros, con esos trallazos intentando imitar las gaoneras, y esos banderazos al cielo como si quisiera torear por tafalleras; pero no como un instrumento de lidia y dominio al toro. Pero claro, como lo que cuenta aquí es que se haga el valiente y se queda quieto, ovaciones y alaridos como a quien hubiera inventado el toreo. Oigan, que también es valiente el de la grúa de Canal Plus, ahí subido todas las tardes, llueva, haga viento, diluvie, haga calor... Y nadie se acuerda del pobre hombre. Puestos a reconocer valientes, ya, ¿qué más da?
Cogió la muleta Roca Rey, y las cosas como son, fue todo muy meritorio. Mucho. De enorme mérito, sí. Como lo leen. Ah, pero ¿acaso no tiene mérito cortar dos orejas en la plaza de Madrid sin haber pegado un sólo muletazo en toda la santa tarde? Pero ni uno. Banderazos. Trallazos. Medios pases en línea. Con la pierna atrás. Metiendo el pico. Fuera de cacho. Destoreando chabacanamente. Haciendo gala de un tremendismo que ni el mismísimo Manuel Benítez Pérez, El Cordobés, hubiera conseguido calcar. Si solo le faltaron los molinetes de rodillas y el salto de la rana... En resumen, Andrés Roca Rey representó ayer en la exprimera plaza del mundo, más exprimera que nunca, una ideal muestra de la negación del toreo verdadero. Y como además sufrió varios arreones, y de la estocada recibiendo salió trompicado por tirarse al toro encima... ¡¡Histeria colectiva!! Que vive el tremendismo, que viva el destoreo, que viva la ginebra, que viva el whisky, que viva el Botellódromo de Toros de Las Ventas... Dos orejas de vergüenza a la Tauromaquia más burda que pueda haber, y el chavalín se hartará a torear y a ganar millones sin dar un muletazo a derechas.
Cogió la muleta Roca Rey, y las cosas como son, fue todo muy meritorio. Mucho. De enorme mérito, sí. Como lo leen. Ah, pero ¿acaso no tiene mérito cortar dos orejas en la plaza de Madrid sin haber pegado un sólo muletazo en toda la santa tarde? Pero ni uno. Banderazos. Trallazos. Medios pases en línea. Con la pierna atrás. Metiendo el pico. Fuera de cacho. Destoreando chabacanamente. Haciendo gala de un tremendismo que ni el mismísimo Manuel Benítez Pérez, El Cordobés, hubiera conseguido calcar. Si solo le faltaron los molinetes de rodillas y el salto de la rana... En resumen, Andrés Roca Rey representó ayer en la exprimera plaza del mundo, más exprimera que nunca, una ideal muestra de la negación del toreo verdadero. Y como además sufrió varios arreones, y de la estocada recibiendo salió trompicado por tirarse al toro encima... ¡¡Histeria colectiva!! Que vive el tremendismo, que viva el destoreo, que viva la ginebra, que viva el whisky, que viva el Botellódromo de Toros de Las Ventas... Dos orejas de vergüenza a la Tauromaquia más burda que pueda haber, y el chavalín se hartará a torear y a ganar millones sin dar un muletazo a derechas.
Y mientras tanto, torerazos como Morenito o Ureña, por poner los ejemplos más cercanos, jugándose la temporada y prácticamente su carrera de tarde en tarde. ¡¡Qué asco adonde hemos acabado!!
viernes, 13 de mayo de 2016
SÉPTIMA DE FERIA: LA CARA, LA CRUZ Y LA CHACOTA
En la séptima de la feria de San Isidro han pasado muchas cosas. Buenas y malas, de todo, y que pueden resumirse en tres palabras: cara, cruz y chacota.
Empezando por lo malo, la cruz, que es el tabacazo que se llevó Gonzalo Caballero en su labor muletera al tercero de la tarde. Pena, muchísima pena es lo que se siente cuando un chaval que ha demostrado en su época de novillero que sabe torear, y que además se planta esta tarde sin tener un una triste migaja que llevarse a la boca, viene a Madrid en su primera corrida después de la alternativa, jugándose todo, y acabe en el hule sin apenas haberse justificado. Se le desean desde este humilde espacio los mejores deseos de recuperación y un pronto retorno a este ruedo para terminar lo que apenas pudo empezar.
Siguiendo con lo que dio de sí la tarde, llega el turno de la chacota. Pero no una chacota así, sin máz. Lo que viene siendo una chacota monumental. Un atropello en toda regla. Una burla al aficionado. Una mofa más de Taurodelta (y ya van...). Una afrenta, un esperpento, una vejación, un cachondeo, una chufleta, una chirigota, una ofensa, una mortificación, un zaherimiento, un escarnio, un ultraje, un vejamen, un desmán, un agravio. Y podría seguir así, pero pueden darme las campanadas de fin de año. Los protagonistas de la chanza, Taurodelta con su jefe supremo José Antonio Martínez Uranga a la cabeza, y Pedro Gutiérrez Moya, a quien todos conocemos como "Niño de la Capea". Y es que la responsabilidad de estos señores ante lo ocurrido con su ahijado e hijo, respectivamente, es absoluta. Todos sabemos de la carencia del menor atisbo de facultades para ser torero que derrocha el ahijado e hijo, respectivamente, por lo que la sonora traca que ha habido esta tarde en la Plaza de Madrid no nos pilla a nadie de imprevisto. El niño de padrino y papá, respectivamente, no sabe ni coger un capote, y no queramos por tanto que sepa echar la tela abajo y fijar al toro mientras se anda hacia delante ganandole terreno. Más al contrario, pasó grandes apuros en el saludo de capa a los tres toros que tuvo que estoquear. La cosa sigue mal cuando se inhibe de la lidia y manda a los picadores que procedan a trocear a los pobres animales, al que cerraba plaza llegó incluso a meterlo tres veces bajo el peto, la última en la puerta de arrastre. Y llega el último tercio, y como el toro puede tener carbón y eso no interesa, se le espantan las moscas mientras se hace gala del baile de San Vito, y rápido a por la espada. Tal como en el primero de la tarde. Pero no termina lo malo aquí, ya que es con la espada donde se ve lo peor de lo peor. Varias entradas saliéndose de la suerte, pinchazos en cualquier sitio, si medio entra la espada nunca será en todo lo alto, el pertinente mitin con el descabello para que los antitaurinos tengan para rebuznar un rato, y como el tercero de la cuadrilla tiene envidia y quiere ser también partícipe del jolgorio, a base de diezmil cachetazos se acaba con el toro. Sale el cuarto toro, y El Capea, que en el tercero ha hecho el quite del perdón por algo que recordaban vagamente a chicuelinas, quiere ante todo demostrar que él está por aquí no solo por el padrino y el padre. O sea, quiere ante todo demostrar lo que no existe. Y oigan, que el tío hasta llegó a dar el pecho, echar la pierna delante y llevarse al toro atrás, y lo llegó a conseguir hasta en cuatro ocasiones. Que por otro lado digo otra cosa: si yo soy ganadero y un tío tan patán consigue hacerle eso a uno de mis toros, lo primero que hago nada más llegar a la finca es prepararme una barbacoa con la señora madre que parió a ese toro. Y vuele el mitin con la espada, y un poco más y se queda el bicho para que se lo lleven los berrendos de Florencio el mayoral.
La tarde sigue, y como Gonzalo Caballero no puede salir a continuar la lidia, es El Capea quien tiene que liquidar al toro que cierra plaza. ¿No querían caldo? -dijo el karma- pues ¡¡tomen tres tazas!! Y otro toro más que salió con pies, y vuelta a la sangría en varas, y vuelta a no querer ni ver al animal en el tercio de muerte, y vuelta a darles para rebuznar a los antitaurinos nada más coger la espada y el descabello.
En todo esto consistió la enésima oportunidad de uno de los peores toreros que se recuerdan de todos los tiempos, algo que puede calificarse de mil y una formas, pero me niego a llamarlo espantá. Calificarlo de tal forma sería mancillar el buen nombre de grandes colosos de antaño como Rafael "El Gallo", Cagancho, Curro Romero o Rafael de Paula.
Pero no importa nada de todo lo expuesto, El Capea seguirá por ahí manchando el buen nombre que un día su señor padre sembró, y lo peor es que este lo seguirá permitiendo. Allá él.
Y como en las buenas ocasiones lo mejor queda para el final, hablemos de la cara de la tarde: Morenito de Aranda, que en su último cartucho de Madrid antes de entrar de lleno en la temporada y quedar a la buena de Dios, se llevó una oreja de ley del quinto. Ya en el segundo de la tarde se le vio predispuesto a hacer las cosas bien con un buey de carreta que no hacía otra cosa que pegar gañafones y topar. Morenito se puso en el sitio, no se amedrentó y quiso en todo momento torear por bajo y enroscarse al toro. No había material para culminar tan buenas intenciones. Sí lo hubo en el quinto, un mansurrón, como toda la corrida de El Ventorrillo, que sí sacó más nobleza y permitió al Moreno de Aranda de Duero pegar muletazos cargados de pureza por ambos pitones, siempre dando el pecho, llevando al toro toreado atrás y, además con mucho gusto. De media estocada en lo alto mandó a la industria cárnica al toro, y paseó tan merecida oreja con una sonrisa de oreja a oreja que se bien podría traducirse en un "con la falta que me hacía algo así".
De todo, como el la botica, en esta séptima de abono isidril, que tuvo una cara, una cruz, y una chacota.
#FuerzaGonzaloCaballero
miércoles, 11 de mayo de 2016
SEXTA DE FERIA: CHABACANERÍA DE ESCRIBANO, PETARDO DE FANDIÑO, Y A RATOS PACO UREÑA
Agua para los melones. Agua para los tomates. Agua para las alcachofas, el maíz, la cosecha y el campo en general. Que llueva, que hace buena falta. San Isidro atiende nuestras plegarias y nos manda agua para todos. "Agua para los sufridos abonados de mi feria, que buena falta les hace", dice el santo patrón de Madrid, y al punto cae un aguacero que hace que se suspenda el enorme saldo de El Vellosino. A veces hay que creer en lo divino a la fuerza.
"Agua para los ricos", dice jocosamente alguien en la grada del 7, donde el agua no llega, mientras se lidia la de El Torero en la sexta de abono.
La de El Torero, sí, la misma que lleva tres días dando pie a chascarrillos y cuitas que provienen de los corrales de Las Ventas. Que si solo se aprueban tres en el primer reconocimiento; luego que no, que al final pasan cuatro; esta mañana alguien comentando que se habían reconocido de Torrealta, de Gavira, de Julio de la Puerta... Y el desenlace final, cinco de la ganadería titular y uno, el 5°, remiendo de Torrealta. Las entrañas de la Plaza de Madrid solo son comparables al plató de Sálvame, con la salvedad de que en aquella, a veces, hay gente normal. Pero solo a veces.
La de El Torero ha sido una corrida con leña, descarados de cuerna, pero ni por esas se tapaba lo alturrones, bastos y escurridos que eran los cinco. A la altura de cinco escarabajos peloteros los dejó la guapísima pintura que saltó al ruedo en quinto lugar, remiendo procedente de Torrealta. Bonito como él solo el jodío, bien hecho, ofensivo y luciendo trapío. Ni kilos, ni tamaño, ni carnes, no. Trapío, sin más. Tanto como para descomponer a su matador, hasta el punto de no querer ni olerlo.
Si feos por fuera fueron los de El Torero, por dentro fueron todo buenas intenciones, nobleza, ausencia de la más mínima mala idea, afán por colaborar con sus matadores... Un toro moderno en definitiva, para estar a gusto y no pasar un mal trago ahí delante; aunque exceptuando al tercero, que puso en más de un apuro a su matador por el lado izquierdo.
No creo que este sea el mejor material que le venga a Manuel Escribano, acostumbrado a lidiar con zarpazos en lugar de con besitos, y que se llevó el lote de la tarde. Es Escribano un torero esperado en Madrid por lo bien que estuvo el pasado San Isidro y, obviamente, por el famoso indulto en Sevilla. Pero hete aquí que Madrid, aun estando a un nivel lastimoso, no es Sevilla. Mientras en Sevilla le tocan la música por poner banderillas a penca pasada, en Madrid le dan palmas de tango en señal de protesta. Si en Sevilla responden con un silencio sepulcral a la falta de colocación y al no dar ni uno cargando la suerte, en Madrid pronto afloran los pitos y los vozarrones indicando que "estás en Manuel Becerra", "no has dado ni uno", "ponte derecho" o "se te va sin torear", entre otras lindezas. Y sí, se le fue el lote de la tarde con las orejas puestas y sin dar ni uno en el sitio ni cargando la suerte. Chabacana, muy chabacana la tarde de Manuel Escribano hoy en Madrid.
Peor aún es lo de Iván Fandiño. El segundo de la tarde respondió bien en el capote durante el tercio de banderillas, pero llegó a la muleta pirándose de allí al segundo muletazo. En otra época, Fandiño le hubiera pisado el terreno al toro, se la hubiera dejado puesta y habría acabado fijando al animal. Pero el ánimo del de Orduña no está para esos menesteres, ni mucho menos. Al hilo del pitón citando Fandiño, el toro iba por inercia al segundo muletazo buscando el olor de las tablas, y adiós. Adiós, porque me aburro de ti, de tu pocas ganas de hacer nada y de tu trapito rojo, que un poco más y me lo quitas del medio antes incluso de citar.
Peor suerte tuvo la cosita preciosa herrada con la A propia de Torrealta. Ya en el recibo, Fandiño no hizo nada por evitar que el toro no tocara el percal, ni de llevarlo por bajo, ni de pararlo. El toro tenía carbón y, para colmo de males, apenas recibió medio puyazo. Total, que el toro sin sangrar, una lidia desastrosa, el ruedo hecho unos zorros por el chaparrón que estaba cayendo y la apatía del torero fue el detonante de una mezcla explosiva que terminó en ¡¡buuum, petardo!!. El de Torrealta tenía mucho que torear, acudía presto a cada cite; y Fandiño, que no era capaz de dar uno limpio y no sometió al toro, hizo que este pareciera mucho peor de lo que fue. Bronca monumental para un torero que tiene el norte perdido.
Paco Ureña es un torero que nos enamoró a todos en esta plaza el pasado mes de octubre toreando al natural. Y por supuesto, todos le esperamos con enormes ganas. El tercero tenía un pitón derecho potable, pero por el izquierdo era, en idioma de calle, un cabrón. No se amedentró Paco por ello, y fue por este pitón por donde le sacó los muletazos más sinceros de los que llevamos de feria. Siempre en el sitio y dando el pecho, cargando la suerte y llevando al toro toreado. Y esto, más tres derechazos a pies juntos que fueron enormes. El mal uso de la espada le privó de una oreja. Todo estaba predispuesto para el lío cuando el nobilísimo sexto salió de la oscuridad de toriles. Un bomboncito el toro, empalagoso como el solo, con mucho que torear. ¿Ureña lo toreó? Pues... Ahí va eso: comienzo de faena con tres muletazos por el derecho muy relajados, templados y descargando la suerte. Le siguen más muletazos por la derecha, algunos buenos, otros no tanto, abundantes trallazos, otros pocos atropellados por querer alargar las series con más de tres muletazos. Se echa la franela roja a la zocata, serie en la que falta acople, y otra más compuesta por tres banderazos a pies juntos fuera de cacho y tirándolo para afuera con descaro. Después de esto vuelta a la derecha para seguir con algún derechazo aceptable y otros pocos no tanto... Y para culminar, pinchazo, estocada en el Rincón, y oreja. Cada cual saque sus propias conclusiones, pero para lo que a este servidor respecta, el torito era de dos orejas y se fue sin que se le sacase todo el provecho que llevaba. Y es que después de ver a Ureña otras veces, estoy segurísimo de que lo sabe hacer mucho mejor. Le esperamos dentro de dos domingos.
Y con una duda me quedo yo: ¿volverá a haber justicia divina mañana, y desde el cielo el santo patrón de los agricultores, de Madrid y de los sufridos abonados madrileños nos mandará otro chaparrón lo suficientemente fuerte como para librarnos de ese suplicio llamado El Capea? Como sea así, el nada fervoroso que esto escribe se compromete a ir a misa todos los domingos hasta el día del juicio final. Hasta mañana pues.
lunes, 9 de mayo de 2016
CUARTA DE SAN ISIDRO: LA FUTURA CUNVRE DEL TOREO
Y creíamos que nos lo íbamos a perder a lo largo de esta mañana, mientras llovía con fuerza en Madrid y nos llegaba la noticia de que, por segundo día consecutivo, la lona estaba aparcada en algún rincón de Las Ventas. Y de nuevo, gracias al buen drenaje del que hace gala el ruedo de Las Ventas, o lo que es lo mismo, gracias a la pendiente, se ha podido dejar el piso en condiciones más o menos aptas para que se diera el festejo. Y por segundo día consecutivo: Morante, vete a la mierda.
Hablar del festejo de hoy es hablar de las postinerías del escalafón novilleril. La crême de la crême de los festejos menores. El futuro de la Tauromaquia. Los próximos mandamases de la Fiesta. Los que dentro de no mucho comprarán cuatro o cinco fincas, siete ferraris, ocho descapotables, dos o tres yates y en torno a unaz diez mansiones por cada ciudad costera. Vamos, que hoy se ha hecho presente en la primera de las tres novilladas de San Isidro la cunvre novilleril.
Y ahora hablando en serio, ¿estos tres galanes de hoy son los tan cacareados y famosísimos Álvaro Lorenzo, Ginés Marín y Varea? ¿A estos tres nos quieren colar como el paradigma del toreo?
¿En serio son estos? ¿Estos tres vulgares pegapases, que ni siquiera saben dejar un toro en suerte, ni fijar un puñetero novillo con el capote, ni entrar a matar, pretenden que sean los que manden y sobre los que caiga todo el peso de la Fiesta? Ay la Virgen, en dónde nos estamos metiendo...
Para tal importante evento en la historia de la Tauromaquia 2.0 se ha adquirido a los señores propietarios de El Parralejo seis novillotes que, para variar, han adolecido de la arcaica combinación casta-poder-pies, no ha sido preciso que se les pique ni una pizca, y han derrochado por consiguiente carencia de malas ideas, flojera, docilidad y todas estas cosas que tanto gusta hoy en día a los amantes del toreo güeno. Los tres primeros, carne de matadero simple y llanamente. Los tres últimos, también carne de matadero, pero con más ánimo colaborador que sus otros tres hermanos. Tuvo esa segunda parte de la novillada algo más que torear, aunque para ello tenían que tener delante a alguien que les hiciera las cosas bien y no les pegara pases, trallazos, banderazos, mantazos, o como se quiera llamar.
Álvaro Lorenzo es un futuro maestro que, con sus aires retorcidos, sus cites en la oreja y su nula intención de cargar la suerte, no recuerda absolutamente a nadie, la verdad. Y además, tiene una preciosa y hermosa jeta el niño. Nos la mostró mientras daba la vuelta al ruedo al término de su vulgarísimo quehacer ante el cuarto novillero, que remató además con una estocada defectuosa. ¡¡Viva la chabacanería y viva la humildad de los nuevos prodigios!! ¿Le pidió alguien que se paseara por el redondel? Sí, su banderillero, que bien podría procurar poner los pares en lo alto del morrillo en lugar de clavarle al pobre novillo los arpones en el anca. Y dejar de engañar de esa manera, primero, a su jefe; y en general, a los que pagamos.
Ginés Marín también es un futuro maestro del pegapasismo. Pero eso sí, un pegapases que se pone bonito. Se pone en la periferia, pero se pone muy bonito el chaval, que conste. Pega medios pases y no temple ni uno, pero lo hace muy bonito, hay que reconocerlo. Tira trallazos y no hace el mínimo gesto de intentar enroscarse al toro, pero todo ello lo hace poniéndose bonito eh, quede claro. ¡¡Biiiiieeeeeennnjjjjjj, qué cunvre!!
Varea cerró esta terna de futuras figuras del toreo moderno pudiendo quedar inédito sin más ante el hermosísimo bodrio que salió de sobrero, herrado con el mítico 9 de Aleas (hoy José Vázquez). ¡¡Qué remoto parece quedar aquel famoso chascarrillo que decía "los de Aleas ni lo veas"!! No, será mejor no verlo por aquí nunca más. Y digo pudiendo quedar inédito porque al niño, lejos de abreviar con esa basura, se le antojó quedarse en la cara del paralítico intentando la nada, y el quedar simplemente inédito se convirtió en quedar con poca dignidad de intentar ponerse cañí con un pobre cadáver. Y hasta se enfadó, el hombre... Oiga Varea, ¿acaso le molesta que sus toros se le caigan y no sirvan para nada? Muy sencillo mire, el año que viene venga a confirmar su alternativa con la de Baltasar Ibán, con la de Pedraza de Yeltes o con la de Celestino Cuadri, que esos no suelen caerse...
Para desquitarse de ello se fue a recibir a portagayola al último, pero tan negado estaba el pobre que el novillo le hizo la trece catorce y pasó del tema. Su labor con la muleta distó muy poco de la de sus dos compañeros: vulgar y chabacana, alardeando de la costumbre tan en boga que es el citar escondiendo la pierna y al hilo del pitón, y... Y lo mismo de siempre, en resumidas cuentas, que uno ya se cansa de hablar todos los días de lo mismo.
Los tres abandonaron el ruedo venteño camino de la alternativa en Nîmes este fin de semana, en carteles de glamour y al lado de los maestros que tanto les han hecho fijarse en los malos vicios de la mediocridad taurina. Se hartarán a torear seguramente, ganarán dinero como para limpiarse el culo con uno de los morados, presumirán de cochazos, fincas y hasta de orejas y triunfos por toda la geografía española y Latina. Pero me temo que, visto lo de hoy, ninguno llegará a emocionar al aficionado exigente.
Qué tengan suerte en la cunvre del toreo.
La ovación de la tarde, unánime, fue para Iván García después de dos pares de banderillas enormes al sexto; y para Javier Ambel, que lo bordó bregando al segundo.
La ovación de la tarde, unánime, fue para Iván García después de dos pares de banderillas enormes al sexto; y para Javier Ambel, que lo bordó bregando al segundo.
TERCERA DE SAN ISIDRO: MOOOORAAAAAANNNTEEEEEE
Al señor Morante de la Puebla no le gusta torear en Las Ventas. No le gusta porque, dice, es incómodo y no se siente a gusto, que la pendiente del ruedo le importuna y no le permite expresarse. Qué sabrá el señor Morante de pendientes y desniveles, nos preguntábamos unos cuantos esta tarde en la plaza de Madrid. El cielo de Madrid empezó a descargar agua en la madrugada del sábado al domingo y no paró por un segundo hasta bien entrada la tarde, a dos horas de empezar el tercer festejo de feria. Y como no había lona sobre el ruedo venteño, todos dimos por perdida la tercera de feria. Paró de llover a eso de las cinco y los operarios de la plaza trabajaron a contrarreloj para dejar el ruedo en las condiciones más óptimas posibles para dar el festejo. Y lo consiguieron, vaya si lo consiguieron. En parte gracias a su buen hacer, y también en parte, parte mayoritaria además, al estupendo drenaje que posee el ruedo de la plaza de Las Ventas. O lo que es lo mismo, gracias a la pendiente que tan poquito le gusta al señor de la Puebla del Río. ¿Se imaginan qué hubiera pasado si el ruedo de Las Ventas fuera plano como una pista de aterrizaje, a gusto del jartista? Pues que esta tarde no hubiera habido toros en Madrid, ni seguramente mañana, y muy probablemente a lo largo de esta semana lluviosa que nos espera tampoco. Así que señor Morante, parafraseando a un afamado y gran escritor, actor y director de teatro oriundo de nuestro país, déjeme que le diga una cosa: váyase usted a la mierda.
La corrida empezó con media hora de retraso para darle tregua al personal de la plaza al objeto de que acondicionase el ruedo, que aunque no lo dejó en perfectas condiciones (demasiado bien lo hicieron contando con todos los factores a la contra), sí lo suficiente para que los toreros decidieran tirar para delante en un acto de respeto al aficionado allí congregado y de gallardía, cosa que se agradece.
Luego, salió el de negro y dispuso lo que le vino en gana. Del de negro se pueden decir muchas cosas, buenas o malas, según quien las diga, pero lo que no se puede decir de lo que ha lidiado hoy Montealto son dos cosas: una, que reuniran casta, poder y pies, y otra, que estuvieran bien presentados. Sobre lo primero se podrá decir que fue una corrida muy boyante, noble, con algunos ejemplares que se prestaron al toreo y totalmente carente de carbón para emocionar a los congregados en el tendido. Sobre lo segundo, decir que los toros iban con romana y tamaño, pero una cosa es eso, y otra que lucieran un trapío de bandera. Algunos parecían albóndigas con patas; y otros, más larguitos y mejor proporcionados, pero altos, bastos y feos. En definitiva, una corrida cebona y basta como unos calzoncillos tejidos con alambre de espino. Hemos visto mejores cosas de Montelto por aquí, cierto.
Juan Bautista se las vio en primer lugar ante un animal con hechuras de gorrino que derrochó una empalagosa embestida para hartarse a torear. Bautista acompañó las embestidas del noble animalito poniéndose bonito, pero nunca sometiendo ni llevando al toro adonde hay que llevarlo. Mató de una estocada en buen sitio recibiendo y perdiendo la muleta, y la parroquia, que se conforma con tan poquito (qué envidia), le dio una orejita baratita baratita. Ya tenía el gabacho media puerta grande abierta, y conociendo como conocemos al público de Las Ventas, a poco que hiciera con el cuarto se lo iban a llevar en volandas por la calle Alcalá. Pero en este turno dio la sensación de que tenían muchas más ganas de que hubiera una puerta grande los apostillados en el tendido que el propio interesado. No quiso ni ver a este animalito, que tampoco es que se comiera a nadie. Siempre en la periferia, dando trallazos como si no hubiera un mañana y, además, mostrando una desconfianza total. Creo que en caso de Juan Bautista también se puede decir eso de "con qué poquito se conforma".
Morenito de Aranda sabe torear y, como tal, es siempre un torero esperado en esta plaza, desde mucho antes además de lo de la goyesca de 2015, debo añadir. Y como torero "de arte" que se le presume, tiene sus altos y sus bajos. Lo de esta tarde un servidor lo ha visto como un bajo. Fue el primero un mansurrón que necesitó dominio y una lidia más efectiva que el desastre que le hicieron, y Morenito no fue capaz. Sufrió además una tremenda paliza que le dejó el vestido hecho jirones, en una de esas por quedarse fuera. Con el quinto también puso voluntad, pero nada más. Una faena larga y vulgar en la que nunca pisó el terreno comprometido, y poco más. El jueves vuelve a esta plaza, ojalá que con más acierto.
Y por último José Manuel Mas, un joven que solamente se vistió de luces en una ocasión la temporada pasada y, como tal, pocas cosas sobre su nulo oficio se le pueden echar en cara (al sexto se lo dejó vivo luego de que le sonaran los tres avisos). Pero no se pueden dejar cosas en el tintero, y es que su tauromaquia se presume a lo 2.0, nunca se pone en el sitio ni ofrece la muleta plana , por no hablar de dónde remata el muletazo ni de cómo se retuerce. No, definitivamente así no. Es verdad que otros se hinchan a ganar millones así, pero cuando uno va a jugarse el todo a la feria de San Isidro, hay que hacerlo con otros aires. Que se lo piense.
Que se lo piense mientras desde aquí, después de comprobar con buenos ojos en el día de hoy el porqué de la dichosa pendiente venteña, volvemos a dedicarle unas palabras al que repudia la exprimera Plaza del mundo por tal motivo: Morante, váyase a la mierda.
La corrida empezó con media hora de retraso para darle tregua al personal de la plaza al objeto de que acondicionase el ruedo, que aunque no lo dejó en perfectas condiciones (demasiado bien lo hicieron contando con todos los factores a la contra), sí lo suficiente para que los toreros decidieran tirar para delante en un acto de respeto al aficionado allí congregado y de gallardía, cosa que se agradece.
Luego, salió el de negro y dispuso lo que le vino en gana. Del de negro se pueden decir muchas cosas, buenas o malas, según quien las diga, pero lo que no se puede decir de lo que ha lidiado hoy Montealto son dos cosas: una, que reuniran casta, poder y pies, y otra, que estuvieran bien presentados. Sobre lo primero se podrá decir que fue una corrida muy boyante, noble, con algunos ejemplares que se prestaron al toreo y totalmente carente de carbón para emocionar a los congregados en el tendido. Sobre lo segundo, decir que los toros iban con romana y tamaño, pero una cosa es eso, y otra que lucieran un trapío de bandera. Algunos parecían albóndigas con patas; y otros, más larguitos y mejor proporcionados, pero altos, bastos y feos. En definitiva, una corrida cebona y basta como unos calzoncillos tejidos con alambre de espino. Hemos visto mejores cosas de Montelto por aquí, cierto.
Juan Bautista se las vio en primer lugar ante un animal con hechuras de gorrino que derrochó una empalagosa embestida para hartarse a torear. Bautista acompañó las embestidas del noble animalito poniéndose bonito, pero nunca sometiendo ni llevando al toro adonde hay que llevarlo. Mató de una estocada en buen sitio recibiendo y perdiendo la muleta, y la parroquia, que se conforma con tan poquito (qué envidia), le dio una orejita baratita baratita. Ya tenía el gabacho media puerta grande abierta, y conociendo como conocemos al público de Las Ventas, a poco que hiciera con el cuarto se lo iban a llevar en volandas por la calle Alcalá. Pero en este turno dio la sensación de que tenían muchas más ganas de que hubiera una puerta grande los apostillados en el tendido que el propio interesado. No quiso ni ver a este animalito, que tampoco es que se comiera a nadie. Siempre en la periferia, dando trallazos como si no hubiera un mañana y, además, mostrando una desconfianza total. Creo que en caso de Juan Bautista también se puede decir eso de "con qué poquito se conforma".
Morenito de Aranda sabe torear y, como tal, es siempre un torero esperado en esta plaza, desde mucho antes además de lo de la goyesca de 2015, debo añadir. Y como torero "de arte" que se le presume, tiene sus altos y sus bajos. Lo de esta tarde un servidor lo ha visto como un bajo. Fue el primero un mansurrón que necesitó dominio y una lidia más efectiva que el desastre que le hicieron, y Morenito no fue capaz. Sufrió además una tremenda paliza que le dejó el vestido hecho jirones, en una de esas por quedarse fuera. Con el quinto también puso voluntad, pero nada más. Una faena larga y vulgar en la que nunca pisó el terreno comprometido, y poco más. El jueves vuelve a esta plaza, ojalá que con más acierto.
Y por último José Manuel Mas, un joven que solamente se vistió de luces en una ocasión la temporada pasada y, como tal, pocas cosas sobre su nulo oficio se le pueden echar en cara (al sexto se lo dejó vivo luego de que le sonaran los tres avisos). Pero no se pueden dejar cosas en el tintero, y es que su tauromaquia se presume a lo 2.0, nunca se pone en el sitio ni ofrece la muleta plana , por no hablar de dónde remata el muletazo ni de cómo se retuerce. No, definitivamente así no. Es verdad que otros se hinchan a ganar millones así, pero cuando uno va a jugarse el todo a la feria de San Isidro, hay que hacerlo con otros aires. Que se lo piense.
Que se lo piense mientras desde aquí, después de comprobar con buenos ojos en el día de hoy el porqué de la dichosa pendiente venteña, volvemos a dedicarle unas palabras al que repudia la exprimera Plaza del mundo por tal motivo: Morante, váyase a la mierda.
sábado, 7 de mayo de 2016
PRIMERA DE FERIA: COMO SE PREVEÍA, PETARDO DE VALDEFRESNO
Seamos positivos, que la Feria acaba de empezar y el optimismo aún está presente (a ver cuánto dura): el insufrible y lamentable bodrio con el que la ganadería de Valdefresno ha abierto San Isidro también lleva aparejado algo positivo: que la primera de feria nos servirá para ir adaptándonos a lo que va a haber tarde tras tarde, salvo honrososas excepciones, en la exprimera Plaza del mundo. Animalejos no mal presentados ni de mal juego. Peor, peor que mal presentados y de pésima condición. Qué digo peor, ¡¡una escombrera!! La ganadería de Valdefresno es una escombrera. Qué asco de ganadería, decían unos. Qué basura de toros, decían otros. Qué aburrimiento, decían los de más allá. Que les den por saco a los toros que yo me voy a por otro ginc-tónic, decían los grandes aficionados. Qué guapo es Abellán, nena; decían las féminas...
Y es que la Plaza de Madrid es una plaza fiel a sus tradiciones. ¿Qué es tradición en el primer festejo de feria, empezar con una tarde tediosa, para ir anunciando lo que se les viene encima a esta buena gente que se deja su dinero en la taquilla? Pues toma Valdefresno para abrir boca, que otra cosa no, pero de borregadas indignas de llamarse corridas de toros, saben un rato. Y así vamos allanando en camino para tardes venideras. ¡¡Anda que no se lo montan bien estos de Taurodelta!! Si los truhanes, para devolver el cumplido, me juego el dedo índice derecho a que, a estas horas, ya tiene apalabrada una corrida para 2017 con los Fraile. Lo dicho, plaza de tradiciones.
Ni tercios de picas medianamente aceptables, ni lidias dignas de especial mención (salvo la buena brega de Ramón Moya al primero), ni un mísero detallito de calidad... Y eso por no hablar de la casta, aunque esta sea ya una causa perdida usualmente.
De la pésima corrida de Valdefresno solo puede mediosalvarse de la quema el nobilísimo cuarto, también de buena presencia, el cual en el recibo capotero osó a tener pies y hacer sudar a su matador que, descompuesto, mandó a sus picadores, tanto al de turno como al que guardaba puerta, a que se ganaran el jornal con él. Y vaya si se lo ganaron, como que trabajaron más que sus otros cuatro compañeros de montura juntos, por esta tarde y por las del resto del año. Después de esto, el animalito no se vino abajo, pues siguió embistiendo con franqueza y sin hacer extraños en la muleta de Abellán, quien aunque creyera y le hicieran creer (el ginc-tónic, que hace milagros) que estaba bordando el toreo, su faena no pasó de vulgar, retorcida y ventajista. Si hasta le pidieron la oreja y todo, afortunadamente sin llegar a desatarse la histeria colectiva:
-Ay pero mira chica, ¿ese no es el guaperas que salía en Televisión Española hace un par de años, bailando con la Obregón y con la Esteban?
-Ay nena es guapísimo, estoy in love con él, con lo bien que bailaba y lo potente que está...
-Pues yo pienso pedir que corten la oreja para él, que con lo buenorro que está y lo bien que bailaba, a mí me vuelve loca...
-Joooo tía pero no sé... Parece que por ahí hay quien le protesta, le dicen no sé qué de crúzate, y ponte derecho, y...
-Que me da igual, que yo pienso pedirle la oreja y se acabó, que me encanta ese tío...
Del resto de la corrida apenas merece reseñarse nada más. Daniel Luque, del que un servidor ya perdió la cuenta de los toros que le quedan para ser figura, dio muchos pases a sus dos toros y alargó hasta la extrema unción sus dos quehaceres. Y no sé el resto de aficionados, pero este humilde juntaletras no recuerda nada de nada de nada de nada de nada de... Que otro día será, cuándo no se sabe, pero seguro que será.
Y positivo es, ironías aparte, el regreso en el día de hoy de un torero que hace un año por poco no lo cuenta. La ovación más sincera y unánime de la plaza fue para él nada más romperse el paseíllo, en señal de memoria y de alegría por tenerlo aquí vestido de luces otra vez. Este tipo de cosas engrandecen la Fiesta. Luego, ante un lote infumable e indigno hasta para hacer albóndigas, Saúl Jiménez Fortes mostró tanta voluntad y ganas de agradar al personal como vulgaridad, frialdad y una irritante incapacidad lidiadora, tanto por su parte como por la de sus peones. También, otro día será.
La Feria quedó inaugurada, y con un colosal petardo, para ser fieles a la tradición venteña. Hasta el domingo.
Y es que la Plaza de Madrid es una plaza fiel a sus tradiciones. ¿Qué es tradición en el primer festejo de feria, empezar con una tarde tediosa, para ir anunciando lo que se les viene encima a esta buena gente que se deja su dinero en la taquilla? Pues toma Valdefresno para abrir boca, que otra cosa no, pero de borregadas indignas de llamarse corridas de toros, saben un rato. Y así vamos allanando en camino para tardes venideras. ¡¡Anda que no se lo montan bien estos de Taurodelta!! Si los truhanes, para devolver el cumplido, me juego el dedo índice derecho a que, a estas horas, ya tiene apalabrada una corrida para 2017 con los Fraile. Lo dicho, plaza de tradiciones.
Ni tercios de picas medianamente aceptables, ni lidias dignas de especial mención (salvo la buena brega de Ramón Moya al primero), ni un mísero detallito de calidad... Y eso por no hablar de la casta, aunque esta sea ya una causa perdida usualmente.
De la pésima corrida de Valdefresno solo puede mediosalvarse de la quema el nobilísimo cuarto, también de buena presencia, el cual en el recibo capotero osó a tener pies y hacer sudar a su matador que, descompuesto, mandó a sus picadores, tanto al de turno como al que guardaba puerta, a que se ganaran el jornal con él. Y vaya si se lo ganaron, como que trabajaron más que sus otros cuatro compañeros de montura juntos, por esta tarde y por las del resto del año. Después de esto, el animalito no se vino abajo, pues siguió embistiendo con franqueza y sin hacer extraños en la muleta de Abellán, quien aunque creyera y le hicieran creer (el ginc-tónic, que hace milagros) que estaba bordando el toreo, su faena no pasó de vulgar, retorcida y ventajista. Si hasta le pidieron la oreja y todo, afortunadamente sin llegar a desatarse la histeria colectiva:
-Ay pero mira chica, ¿ese no es el guaperas que salía en Televisión Española hace un par de años, bailando con la Obregón y con la Esteban?
-Ay nena es guapísimo, estoy in love con él, con lo bien que bailaba y lo potente que está...
-Pues yo pienso pedir que corten la oreja para él, que con lo buenorro que está y lo bien que bailaba, a mí me vuelve loca...
-Joooo tía pero no sé... Parece que por ahí hay quien le protesta, le dicen no sé qué de crúzate, y ponte derecho, y...
-Que me da igual, que yo pienso pedirle la oreja y se acabó, que me encanta ese tío...
Del resto de la corrida apenas merece reseñarse nada más. Daniel Luque, del que un servidor ya perdió la cuenta de los toros que le quedan para ser figura, dio muchos pases a sus dos toros y alargó hasta la extrema unción sus dos quehaceres. Y no sé el resto de aficionados, pero este humilde juntaletras no recuerda nada de nada de nada de nada de nada de... Que otro día será, cuándo no se sabe, pero seguro que será.
Y positivo es, ironías aparte, el regreso en el día de hoy de un torero que hace un año por poco no lo cuenta. La ovación más sincera y unánime de la plaza fue para él nada más romperse el paseíllo, en señal de memoria y de alegría por tenerlo aquí vestido de luces otra vez. Este tipo de cosas engrandecen la Fiesta. Luego, ante un lote infumable e indigno hasta para hacer albóndigas, Saúl Jiménez Fortes mostró tanta voluntad y ganas de agradar al personal como vulgaridad, frialdad y una irritante incapacidad lidiadora, tanto por su parte como por la de sus peones. También, otro día será.
La Feria quedó inaugurada, y con un colosal petardo, para ser fieles a la tradición venteña. Hasta el domingo.
jueves, 5 de mayo de 2016
SAN ISIDRO
Recuerdo en el patio de arrastre de Las Ventas a don Livino Stuyck, creador de la Feria de San Isidro
"Eso de las ferias es cosa de provincias", decían los aficionados madrileños de antaño, presumiendo de una plaza que daba (y da) toros de marzo a octubre. Y un día, don Livino Stuyck, gerente de la plaza de Madrid y hombre visionario, pensó en la posibilidad de introducir en la capital una feria "como en provincias". Nace así la Feria de San Isidro.
Manolete cierra una época con su faena al toro Ratón en la corrida de la Prensa de 1944 y Rafael Ortega "Gallito", sobrino del Rey de los toreros, abre una nueva era lidiando el primer toro de toda la historia de San Isidro, el 15 de mayo de 1947. Aquel toro de la ganadería de Miguel del Corral se fue vivo. Con Gallito alternaron Andaluz y Antonio Bienvenida. Nacía la Feria de San Isidro, que constaba, en aquel año de 1947, de apenas cinco festejos (veinticuatro menos que los actuales veintinueve, Prensa y Beneficencia aparte).
Madrid se había rendido a la moda de las ferias como gran negocio y aunténtico escaparate del toreo; San Isidro pasa de cinco a ocho festejos y los madrileños van acostumbrándose a esta feria. Poco a poco va perdiendo importancia el resto de la temporada madrileña en favor del ciclo isidril, en el que nuevas figuras van emergiendo. Pepín Martín Vázquez es el triunfador rotundo en esta primera feria. En 1949, Luis Miguel Dominguín impone su ley y ocupa el sitio vacante por Manolete en la cima del toreo. Pero en 1950 surgen dos novillero que barren, literalmente, a todos: Litri y Julio Aparicio. Ellos resultan los triunfadores de San Isidro y salen de Madrid lanzados al estrellato taurino. Otro novillero destacable es el triunfador de San Isidro en su edición de 1952: Antonio Ordóñez, que el 20 de mayo obtiene un triunfo apoteósico ante los novillos de Buendía, cortando tres orejas.
En 1952, San Isidro se convierte en una feria de once festejos y ya es la más larga de España. En esta edición, Juan Posada, el posteriormente afamado crítico taurino, es el triunfador absoluto, aunque el mexicano Juan Silveti obtiene un señalado éxito en una tarde en la que sus compañeros de terna, Pablo Lozano y Rovira, resultan cogidos. Chicuelo II, Rafael Ortega, Julio Aparicio de nuevo, César y Curro Girón suman éxitos en la década de los cincuenta. Y entre San Isidro y el resto de la temporada madrileña, la corrida de Beneficencia, del Montepío de toreros, de la Prensa y otras de este tipo, sirven a Antonio Bienvenida para dictar cátedra.
La década inolvidable de los sesenta, tal vez la mejor del toreo de todos los tiempos, alumbra a cuatro figurones que monopolizaron esos años y esas ferias de San Isidro: Paco Camino, El Viti, Diego Puerta y El Cordobés. Este último tiene el récord de orejas en un San Isidro: ocho de ocho en 1970; y Paco Camino, el récord de una sola tarde, aunque fue en la Beneficencia de aquel mismo año: otras ocho. En 1966, Antoñete realiza una de las grandes faenas de la historia taurina de Madrid: la del mítico Atrevido, el toro blanco de Osborne.
En los setenta llega cierta decadencia a la Fiesta, especialmente en la segunda mitad de la década, con los ases Camino, Ordóñez y El Viti desgastados, y El Cordobés retirado. Se había producido en 1971 el milagro de la reaparición de Antonio Bienvenida, retirado a finales de 1966. Vuelve y triunfa aquel año. Reaparece Luis Miguel Dominguín en 1973 y deja buen sabor, pero no entusiasma ya a nadie. Se ve venir la crisis, y los nuevos valores no pueden hacer olvidar a los consagrados. Pero un ganadero sí que se coloca en todo lo alto de la popularidad: Victorino Martín, indiscutible rey de San Isidro hasta muy entrada la década de los ochenta. Y los Niño de la Capea, Paquirri, Julio Robles, Esplá o Dámaso González resultan eclipsados por un Ruiz Miguel que con los toros de Victorino Martín y las corridas denominadas duras es un favorito de la afición madrileña
Ya en los noventa, la feria se convierte en una aunténtica moda y en un negocio brillantísimo. Los llenos diarios es normal, y un abono es un lujo. Son los años del huracán César Rincón, que arrasa los primeros años de los noventa, y del madrileño Joselito. Luis Francisco Esplá siempre es esperado con las corridas que llaman duras, y Victorino Martín sigue acaparando todas las miradas, sobre todo en la corrida que clausura la feria. Pero sin duda el nombre destacado de esta década irrumpe a mediados, concretamente como novillero en 1995, primero, y posteriormente como matador consagrado: José Tomás
Los primeros años del siglo XXI son los años en los que Joselito y Rincón se van, José Tomás intercala grandes tardes con un sonoro petardo en el año 2001, e irrumpen las figuras de este tiempo: los Juli, Perera, Castella y cía. Pero Madrid, durante estos años, solo tiene un amo y señor: Manuel Jesús Cid Salas. También es la década de la histórica despedida del maestro Esplá, de la irrupción del fenómeno novilleril y posterior figura consagrada Alejandro Talavante, y del capote de Morante (sí, el del montículo).
Lo que empezó siendo un tímido invento de don Livino, se fue convirtiendo con el paso de los años en el eje de la temporada española. Mañana 6 de mayo comienza una nueva edición, la edición número 70 de esta feria. Feliz San Isidro a todos.
BIBLIOGRAFIA: Carlos Ilián, en La pasión por los toros.
martes, 3 de mayo de 2016
LA GOYESCA MADRILEÑA: POCO TORO Y CERO TORERÍA
Tal día como hoy de hace veinte años, Joselito (el autoproclamado como El Verdadero) regaló a la afición madrileña una tarde de toros memorable, de esas que quedan guardadas con enorme afecto en el corazón del buen aficionado. Y hoy, para conmemorar alguna forma aquella tarde, se quiso contar para esta corrida goyesca del 2 de mayo con el protagonista de tal hazaña, pero esta vez ocupando otro rol diferente: el de ganadero.
Dice el tópico que quien ha sido gran figura del toreo nunca llega a a ser figura de los ganaderos, pero veo el caso de Joselito (el Verdadero) como una excepción. Y es que después de dar cuenta en esta tarde de las viandas que se cuecen en casa del maestro, le auguro un gran porvenir como ganadero de aquí a poco tiempo, sobre todo en carteles y ferias de postín, dando disfrute a los del "mejor toreo de la historia" y los grandes aficionados.
Trajo el maestro a Madrid una corrida desigual, con algunos ejemplares como el 4° y el 5° de buena presencia, otros más justitos y dos impresentables (2° y 3°) para una plaza a la que algo de categoría (solo algo) le queda aún. El primero y el segundo regalaron ambos una veintena de francas embestidas, el tercero fue un nobilísimo ejemplar para soñar el toreo, los corridos en cuarto y quinto lugar (curiosamente los de mejor presencia) querían, pero la flojera de remos se lo impedía, y el sexto tuvo otra docena de embestidas antes de que se rajase y su matador le terminara de aburrir a base de circulares y arrimones.
Miguel Abellán, elegantemente vestido y con un peinado que recordaba mucho al maestro hecho ganadero en el día de hoy, no se hizo con el primero, que tuvo dentro mucho más de lo que su matador mostró. Fue una faena de mucha pose joselitista, sí, y de un postureo elegantísimo también. Pero pasa que ponerse bonito no es torear, claro está, y entre trallazo y trallazo, y enganchón y enganchon, el torito echó el cerrojo y dijo hasta aquí. Al cuarto las pocas fuerzas le impedían sus nobles intenciones de dejarse torear, y aquí Abellán hizo gala de nuevo de un pegapasismo burdo y tedioso culminado, cómo no, con el típico arrimón. El viernes más por su parte, supongo.
Lo de Iván Vicente ya empezó mal desde el momento en que decidió calzarse esas antiestéticas medias negras para parecer goyesco. Y es que según se cuenta, en tiempos de don Francisco el de los toros este tipo de atuendo sólo eran utilizados por las monjas y las chicas de compañía. Ahí queda eso.
La cosa siguió por los malos senderos cuando dejó sin aprovechar otro ramillete de buenas embestidas del que hizo de segundo, que también acabó aburrido, como gran parte de los presentes, de la enorme vulgaridad y del neotoreo 2.0.
El quinto toro hizo una pelea interesante en varas, pues empujó con brío en el primer encuentro y se arrancó con alegría y prontitud cuando Héctor Vicente, que picó en el sitio y fue muy aplaudido por ello, lo llamó para acudir por segunda vez, en la que el animal volvió a cumplir. Pero todo se fue al garete en el último tercio a causa de la escasa fortaleza del animal que también quería pero poco podía. Vicente, de nuevo, por allí con una faena larga e insustancial que no dijo nada.
Y por último Juan del Álamo, un diamante en bruto dotado de unas excelsas cualidades de las que muchos no conseguimos percatarnos ni aun queriendo. Qué más quisiera yo ver un elegantísimo toreo donde simplemente veo a un señor retorcerse y tirar trallazos hacia fuera, lo mismo supongo que los que protestaron la concesión de tan verbenera oreja al buen tercero. Qué le vamos a hacer...
Y es que del Álamo se vio desbordado con creces por un novillote que embestía una y otra vez dulcemente y sin un mal gesto. Como se suele decir, para hartarse a torear. Y toreo no, pero destoreo para dar y regalar. Y como colofón, una estocada caída y trasera, pero como lo que cuenta aquí es que la espada entre a la primera y el toro caiga, no fue impedimento para que la gente sacara los pañuelos para pedir el despojo. Y como además se juntó el hambre con las ganas de comer, o lo que es lo mismo, la fiebre ojeril con el señor Cano Seijo, don Javier, ocupando el trono presidencial, el despojo cayó y fue paseado entre protestas y negaciones de los aficionados. No tuvo la misma fortuna de encontrarse en sexto lugar con otro bomboncito al que dar el coñazo. Más al contrario, fue un toro que en las dos series que tuvo fue correoso y bravucón, hasta que cantó la caponata. Ya en tablas, del Álamo empezó con los pertinentes arrimones y circulares de siempre por si colaba y caía el despojo definitivo que le abriera la puerta grande (chica), pero la gente ya estaba más por irse a casa que por aguantar lo mismo de siempre.
Total, que Joselito (el Verdadero) celebró su particular aniversario con una corrida boyante que derrochó cualquier cosa menos lo principal: casta y bravura, con algunos ejemplares para torear bonito y un tercero para tener un empacho y reventar aquello. Pero nada de ello pasó, claro está.
Hasta el próximo viernes, que vamos a saber lo que es un empacho de verdad...
martes, 26 de abril de 2016
GOYA, EL PINTOR DE LOS TOROS POR ANTONOMASIA
Para plasmar en un lienzo el alma del toreo, era imprescindible que el genio del artista y la ciencia de un gran aficionado de unieran.
Goya lo consiguió [para INRI de los ilustrados animatontos]
Costillares, retratado por Goya
Don Francisco de Goya y Lucientes no solo ha sido un pintor de época, sino el pintor de los toros por antonomasia. Indudablemente, ha pasado a la historia por otros merecimientos, pues fue "el pincel de cámara" de Palacio en la época de Carlos IV, y retratista oficial de la Casa Real. También es una de las paletas más costumbristas de todos los tiempos y, concretamente, del pueblo de Madrid, pues asumió un madrileñismo total en su idiosincrasia, a pesar de su alma aragonesa. Un costumbrismo que se manifiesta al retratar los juegos populares, como en La gallinita ciega y en los frescos, ahora remozados, de la ermita de San Antonio de la Florida. Goya también retrata, con precisión, los avatares de la villa y corte en los primeros años del siglo XIX, durante la "afrancesada". Ahí está la fuerza emotiva y dramática de Los fusilamientos del 3 de mayo o de La carga de los mamelucos, que han dejado inmortalizada para siempre la estancia en España del invasor napoleónico. Pero Goya es también la nota desgarrada de Los caprichos, la leyenda - verdadera o falsa - de sus amores con una dama de la más alta alcurnia y que plasmó en sus lienzos en más de una ocasión.
Pero, en un punto y aparte, Goya es la Fiesta. Si no hubiera existido el pintor de Fuendetodos, no tendría esa categoría cultural que ahora ha alcanzado. Moratín fue el primer artista que cantó el toreo a pie, en la persona de Pedro Romero y desde el plano del verso. Pero sería Goya el que dejaría para siempre la huella de los matadores como tema de sus paletas y pinceles. Como ejemplo ahí está, todavía, la estampa del famoso Martincho, de apellido vascongado y nacimiento en la baturra Ejea; ahí quedan, para siempre, en el recuerdo su negra Tauromaquia, El licenciado de Falces -a cuerpo limpio- y toda la gama de su obra al óleo, desde los Niños jugando a los toros a El Gayumbo.
Representó tanto Goya a nuestra Fiesta, que los aficionados han colocado su efigie esculpida en piedra para siempre, y como un espectador más, en la plaza de toros de Zaragoza, presenciando sus corridas.
En el célebre El Gayumbo, Goya retrató la costumbre rural de los toros enmaromados a principios del siglo XIX
SU PINTURA AL ÓLEO
Goya ha pasado a la historia, taurinamente hablando, por su Tauromaquia. En el grabado Los toros en Burdeos volvió a representar su tema favorito, poco tiempo antes de su muerte. Pero la policromía y el colorido subyugante de sus pinceles cromáticos es tan apabullante en sus cuadros al óleo, como en el de las negruras de aquellos grabados.
Goya es, ante todo, un gran aficionado. Por eso refleja con tanto conocimiento lo que ve. Sabe de todas las suertes y facetas del toreo, y el arte de su paleta se hermana con su ciencia taurómaca. No sólo aficionado, sino gran aficionado. Por eso el francés Pierre Gassier, una gran autoridad al enjuiciar y catalogar la obra pictórica de Goya, ha escrito: "Ante la efervescencia de colores de una tarde de toros en Madrid -a las cinco de la tarde-, ¿cómo podría permanecer insensible un aficionado como Goya? A decir verdad, le hicieron falta pocas obras para decir lo esencial. Una veintena escasa dentro de su última obra...".
Así, entre estos óleos se encuentran tres, titulados La novillada (en los que, según la tradición, el majo que figura en el centro es el propio Goya que se autorretrató), Los niños jugando al toro, en una escena en que los infantes están debajo de un puente simulando la suerte de varas mientras otros observan; y el célebre El Gayumbo, claro ejemplo de la España rural -con los tradicionales toros enmaromados- y pintado sobre hojalata.
También están La suerte de banderillas -muy similar en el tema a un cartel para tapices que data de 1792-, El despejo de la plaza, labor encomendada desde tiempos inmemorables a los alguacilillos y que, simbólicamente, persiste hoy, en el mal llamado "pase de capa", pues trata de un lance por detrás, que creó Pepe-Hillo, diestro pintado por el pintor de Fuendetodos, igual que Pedro Romero o Costillares.
Toda la tragedia de la Fiesta se conforma en la Muerte de un picador, la belleza de matar recibiendo en Suerte de matar, con el piquero como observador y dos caballos muertos en el fondo del cuadro.
Y, además, merecen también destacarse el colorido realista de El arrastre, la arrogancia de El garrochista y la movilidad de Corrida en plaza partida o Corrida en un pueblo.
En Muerte de un picador, queda recogido todo el dramatismo y la tragedia de la Fiesta
SU HUELLA
La huella que dejó Goya en la Fiesta está en las corridas goyescas, que toman el nombre del hecho que los matadores salen ataviados con vestidos de torear basados en los trajes usados en la época del pintor. Con ese atuendo salían a las plazas [no siempre, ya que últimamente se ven aunténticas aberraciones de vestidos que cualquier parecido con los tiempos de Goya son mera casualidad] el célebre Pedro Romero, de quien se dijo que llegó a torear con setenta años, y también Pepe-Hillo, al que mató el toro Barbudo unos años antes de la "afrancesada".
En la corrida goyesca se ve a los toreros tocados con la monetea de la época de don Francisco. Los atavíos son poco bordados, con las taleguillas casi en forma de bombacho y con la redecilla, debajo de la prenda que cubre, para dar mayor sabor a los tiempos de Pedro Romero, Pepe-Hillo y Costillares, pues hasta Paquiro no se crea una aproximación a la indumentaria actual.
La corrida goyesca más importante es la de Ronda, creada por Pepe Belmonte (sobrino del Pasmo de Triana), en 1954. Luego, Antonio Ordóñez le daría forma y estilo. Retirado Ordóñez en 1971, siguió interviniendo en ella mientras sus fuerzas no se lo impidieron: era su única actuación de la temporada y a Ronda perenigraban todos sus partidarios.
El Círculo de Bellas Artes de Madrid instauró este tipo de festejos en 1961, celebrándose anualmente hasta los primeros setenta, y volviéndose a instaurar esa eventualidad en los noventa para festejar cada 2 de mayo el levantamiento del pueblo de Madrid contra los franceses.
En La novillada, Goya se visualizó lidiando con el novillo. Algo que se presume impropio de una persona que detesta la Fiesta...
@ BIBLIOGRAFÍA: José Luis Suárez-Cuales, colección La pasión por los Toroz.
viernes, 22 de abril de 2016
SALTOS: UNA MODALIDAD TAURÓMACA DE AYER Y HOY
De todas las suertes que se ejecutaban antiguamente, los saltos aún se pueden apreciar en espectáculos taurómacos. El más famoso ha sido el salto de la garrocha, inmortalizado por Francisco Goya en su Tauromaquia y ejecutado limpiamente por expertos saltadores de otros tiempos, como Juanito Apiñani. Este salto, que hemos conocido en tiempos modernos gracias a algún torero (como los subalternos Aurelio Calatayud o Raúl Ramírez), o en espectáculos de recortadores, consiste en esperar al toro con la garrocha en posición levantada hacia el toro; cuando este llega a su jurisdicción, el saltador apoya la garrocha en el suelo para que apalanque el salto, que se ejecuta de cabeza a rabo, saliendo limpiamente de la suerte.
El salto landés, aún presente en distintos espectáculos taurinos, mantiene viva esta tradición en festejos que se celebran en plazas de toros. Es el presente y será el futuro de este tipo de saltos que se ejecutan a cuerpo limpio, que ejecutaron toreros que serían muy importantes, como Paquiro, Cayetano Sanz y, a modo de alarde, Joselito "El Gallo", que en tentaderos lo practicó muchas veces. Sin olvidar que Guerrita, en sus tiempos de aprendiz, también realizó esta suerte, llamada del trascuerno.
En la plaza de Madrid, en 1994, un espontáneo sorprendió por su destreza para ejecutar limpiamente un salto de cabeza a rabo sin mancharse. Resultó ser un torero cómico que reivindicaba atención a esta modalidad taurina.
Muy al uso en festejos populares y de recortadores están el salto del Ángel y el tirabuzón. Un experimentado saltador en estos festejos es Julián Gómez Carpio, de Morata de Tajuña, y que los ejecuta con enorme limpieza y espectacularidad.
lunes, 11 de abril de 2016
BLANDENGUES Y PASTUEÑOS DE PABLO MAYORAL
Es una verdadera lástima el haber llegado a este punto, pero así es y, además, es el fiel reflejo del cómo está el mundo de los toros en los días que corren. Cuando un presidente llega a ser el protagonista de la tarde por el trabajo correcto y riguroso que ha realizado, es que hay algo que se ha hecho verdaderamente mal desde un tiempo a esta parte. Sobre todo, puestos a comparar con sus colegas de palco.
Esta tarde en la plaza Madrid todos veníamos (todos me refiero a los pocos aficionados que había) con la mosca detrás de la oreja por varios motivos: que si una novillada de origen santacolomeño, que si un novillero que el año pasado dejó muy gratas sensaciones en esta plaza, que si otro que llegó a tirarse de espontáneo en este mismo ruedo también la temporada pasada reclamando una oportunidad, que si un inquilino nuevo en el palco presidencial... Vamos, que entre el atractivo de algunas cosas y el morbo de otras, se ha ido esta tarde a la plaza con mucha expectación. Eso ya es algo.
La novillada de Pablo Mayoral, remendada con dos ejemplares de doña Mercedes Figueroa y a la postre otrora hierro de la casa, ha distado mucho de lo que siempre se espera de la sangre de Santa Coloma: pastueños, flojos, sin poner en grandes apuros ni a los de luces ni a los del peto, y exentos de fiereza. Vamos, lo que llega siendo una novillada descastada. Mención aparte merece el precioso novillo corrido en último lugar y que, amén de huír de los caballos como alma que lleva el diablo, sí hizo gala de cierta casta en el tercio de muerte y recordó más a sus antepasados del Conde. También la merece el santacolomeño sobrero de Benjamín Gómez, corrido en cuarto lugar en sustitución de un pobre inválido. Su bella estampa era de por sí un espectáculo a ojos de cualquier aficionado, y aunque tuvo una discreta pelea en el primer tercio, no fue así su comportamiento en el último tercio. No fue este un novillo que se toreara solo, pues había que darle distancia y llevarlo por abajo cuidando de no pegar trallazos no excederse de muletazos. Demasiados para alguien que en el 2015 no se vistió de luces ni una sola tarde.
En el cartel de novilleros, tres chavales que se hacen llamar Gallo de Córdoba, David de Miranda y Juan Carlos Carballo, quien hizo el paseíllo destocado.
Sobre el primero, aquel señor que en la encerrona de Fandiño se tiró de espontáneo, con cero actuaciones en su haber la temporada pasada, apenas se puede decir nada de él. Solo desearle pronta recupración de la cornada que sufrió durante la lidia del cuarto.
David de Miranda, de Trigueros, es aquel chavalín que en una novillada de abril del año pasado dejó grandes esperanzas de cara al futuro. Pues la de ayer no fue su tarde, ni muchísimo menos. La faena al segundo novillo, tuvo muchos alardes en lo accesorio. Que si el péndulo para comenzar la faena, las bernardinas para cerrarla, los arrimones... Pero en lo fundamental se vio un novillero que no se puso en el sitio ni una sola vez, muy perfilero y sufriendo un mar de enganchones. El quinto fue un novillo en línea Buendía, tan bonito como pastueño, flojito y manso. ¡¡Pero muy manso, qué descaro gastó quitándose el palo en sus dos encuentros con el jaco!! Miranda no empezó la faena muy acertadamente, pues esos banderazos por alto no le hacen bien a ningún animal de lidia. Siguió su quehacer en la misma línea que en su primer turno, los trallazos se sucedían y el animal seguía embistiendo como si nada. A medida que pasaba la faena, pareció que se centró un poquito más y demostraba tendencia a rematar los muletazos atrás y con cierto gusto, lo que hizo recordar en pequeñas dosis al debutante de aquella tarde se abril que tanto nos sorprendió hace doce meses. Aun así, faltó mucho acople, y sobre todo temple. Ojalá lo de ayer en Madrid lo tenga presente para mejorar cosas de cara al futuro.
Y cerró cartel el vitoreadísimo (por los de su pueblo, faltaría más) Juan Carlos Carballo. Para hablar de este muchacho no puedo sino empezar hablando de sus trastos talla XXXXXXL. ¡¡Qué capote y qué muleta tan descomunales!! El Faraón de Camas hubiera sacado de ahí cinco capotes, y todavía le hubiera sobrado percal para tejerse un par de mudas de invierno. ¡¡La Virgen!! Con ese capote XXXXXXL recibió con algo que se parecían a las verónicas al tercero, un novillo de bonitas hechuras pero con cara de becerro y despitorrado desde por la mañana. El público, un público con el que el del capote XXXXXXL fletó por lo menos diez o doce autobuses desde su pueblo, aplaudió y gritó OLÉ como si Cagancho hubiera resucitado, y un servidor, que cada día tiene menos idea de esto, se quedó tal cual. La faena de muleta, muleta también XXXXXXXL, basta con decir que se movió por unos derroteros muy julianescos, y encima fue rubricada con un hermoso bajonazo. No fue impedimento para que los diez o doce autobuses fletados desde tierras extremeñas se volvieran locos de atar y pidieran el despojo como si se les fuera la vida en ello. Hasta con un pañuelo en cada mano algunos. ¿Y qué hizo el señor del palco? Pues imponer la seriedad y el rigor en la plaza de Madrid, y denegar tan verbenero trofeo. ¡¡Con un par, sí señor!! Ya era hora de que un presidente diera con sus decisiones la categoría que la plaza de Madrid realmente merece. No se puede regalar despojos por nada, y mucho menos después de matar a bajonazos. Y lo más descoyante de todo es que el chaval no va y se enfada. ¡¡Se enfada porque no le dan un despojo que nunca mereció!! Por Dios, que alguien de su entorno que sea un poco serio le diga que ayer lo suyo fue la negación del toreo, que no le hagan creer que ayer estuvo bien, que sólo le pidieron la oreja los muchos paisanos a los que regaló entrada. Háganle ese favor, que seguro que lo acabará agradeciendo.
La belleza del sexto novillo fue acompañada por cierta dosis de casta y emoción en casa embestida. El único de Pablo Mayoral que de verdad hizo recodar los reductos de Santa Coloma. Manso, pero encastado. Decir en favor del chaval de la muleta XXXXXXL que tuvo la amabilidad de darle sitio al toro y oportunidad de lucir ese buen tranco que sacó, pero la faena de muleta, de nuevo, hizo gala de esas maneras zafias del toreo moderno. Un novillo de ese estilo hubiera sido para reventar Madrid con veinte muletazos. Reventó al público que fletó los diez o doce autobuses, pero a lo que es Madrid, hablando de la afición de Madrid, los que pasan por taquilla todos los domingos sin mirar tan siquiera quién torea y quién lidia, sólo sentenciaron con los típicos "muy mal", "toreas desde Manuel Becerra" o "no te lo creas". Y gracias al Cielo que el señor del palco lo volvió a tener en cuenta y denegó lo que hubiera sido otra oreja de peñas y charanga. Y yo lo vuelvo a decir: niño, no te lo creas. Espero que alguien cercano a él le lea la cartilla y le ponga los puntos sobre las íes, porque de lo contrario no irá a ninguna parte como torero.
Debutó en el palco don Jesús María Gómez Martín. Y como ven, dejó alto el listón. Tuvo un pero: no hubiera pasado nada si al inválido segundo lo hubiera devuelto al corral, pero la rapidez con la que enseñó el moquero verde en cuarto turno y la cicatería que demostró negando despojos hacen tener grandes esperanzas en que la seriedad y el rigor volverán a la plaza de Madrid de la mano de este joven y nuevo presidente. Ahora solo falta verle en tardes isidriles de glamour y gente guapa, para comprobar si de verdad esto es realidad o un simple espejismo. Y que se ponga de acuerdo con sus otros compañeros y haya unión de criterios, porque lo que tampoco puede ser es que en el día de ayer un presidente se pusiera en su sitio, y el domingo que viene venga otro y dé los despojos como quien da calcetines y calzones en el rastro.
De los hombres de luces, destacar los dos buenos puyazos que Israel de Pedro propinó al primero. Así se pica, señores.
Esta tarde en la plaza Madrid todos veníamos (todos me refiero a los pocos aficionados que había) con la mosca detrás de la oreja por varios motivos: que si una novillada de origen santacolomeño, que si un novillero que el año pasado dejó muy gratas sensaciones en esta plaza, que si otro que llegó a tirarse de espontáneo en este mismo ruedo también la temporada pasada reclamando una oportunidad, que si un inquilino nuevo en el palco presidencial... Vamos, que entre el atractivo de algunas cosas y el morbo de otras, se ha ido esta tarde a la plaza con mucha expectación. Eso ya es algo.
La novillada de Pablo Mayoral, remendada con dos ejemplares de doña Mercedes Figueroa y a la postre otrora hierro de la casa, ha distado mucho de lo que siempre se espera de la sangre de Santa Coloma: pastueños, flojos, sin poner en grandes apuros ni a los de luces ni a los del peto, y exentos de fiereza. Vamos, lo que llega siendo una novillada descastada. Mención aparte merece el precioso novillo corrido en último lugar y que, amén de huír de los caballos como alma que lleva el diablo, sí hizo gala de cierta casta en el tercio de muerte y recordó más a sus antepasados del Conde. También la merece el santacolomeño sobrero de Benjamín Gómez, corrido en cuarto lugar en sustitución de un pobre inválido. Su bella estampa era de por sí un espectáculo a ojos de cualquier aficionado, y aunque tuvo una discreta pelea en el primer tercio, no fue así su comportamiento en el último tercio. No fue este un novillo que se toreara solo, pues había que darle distancia y llevarlo por abajo cuidando de no pegar trallazos no excederse de muletazos. Demasiados para alguien que en el 2015 no se vistió de luces ni una sola tarde.
En el cartel de novilleros, tres chavales que se hacen llamar Gallo de Córdoba, David de Miranda y Juan Carlos Carballo, quien hizo el paseíllo destocado.
Sobre el primero, aquel señor que en la encerrona de Fandiño se tiró de espontáneo, con cero actuaciones en su haber la temporada pasada, apenas se puede decir nada de él. Solo desearle pronta recupración de la cornada que sufrió durante la lidia del cuarto.
David de Miranda, de Trigueros, es aquel chavalín que en una novillada de abril del año pasado dejó grandes esperanzas de cara al futuro. Pues la de ayer no fue su tarde, ni muchísimo menos. La faena al segundo novillo, tuvo muchos alardes en lo accesorio. Que si el péndulo para comenzar la faena, las bernardinas para cerrarla, los arrimones... Pero en lo fundamental se vio un novillero que no se puso en el sitio ni una sola vez, muy perfilero y sufriendo un mar de enganchones. El quinto fue un novillo en línea Buendía, tan bonito como pastueño, flojito y manso. ¡¡Pero muy manso, qué descaro gastó quitándose el palo en sus dos encuentros con el jaco!! Miranda no empezó la faena muy acertadamente, pues esos banderazos por alto no le hacen bien a ningún animal de lidia. Siguió su quehacer en la misma línea que en su primer turno, los trallazos se sucedían y el animal seguía embistiendo como si nada. A medida que pasaba la faena, pareció que se centró un poquito más y demostraba tendencia a rematar los muletazos atrás y con cierto gusto, lo que hizo recordar en pequeñas dosis al debutante de aquella tarde se abril que tanto nos sorprendió hace doce meses. Aun así, faltó mucho acople, y sobre todo temple. Ojalá lo de ayer en Madrid lo tenga presente para mejorar cosas de cara al futuro.
Y cerró cartel el vitoreadísimo (por los de su pueblo, faltaría más) Juan Carlos Carballo. Para hablar de este muchacho no puedo sino empezar hablando de sus trastos talla XXXXXXL. ¡¡Qué capote y qué muleta tan descomunales!! El Faraón de Camas hubiera sacado de ahí cinco capotes, y todavía le hubiera sobrado percal para tejerse un par de mudas de invierno. ¡¡La Virgen!! Con ese capote XXXXXXL recibió con algo que se parecían a las verónicas al tercero, un novillo de bonitas hechuras pero con cara de becerro y despitorrado desde por la mañana. El público, un público con el que el del capote XXXXXXL fletó por lo menos diez o doce autobuses desde su pueblo, aplaudió y gritó OLÉ como si Cagancho hubiera resucitado, y un servidor, que cada día tiene menos idea de esto, se quedó tal cual. La faena de muleta, muleta también XXXXXXXL, basta con decir que se movió por unos derroteros muy julianescos, y encima fue rubricada con un hermoso bajonazo. No fue impedimento para que los diez o doce autobuses fletados desde tierras extremeñas se volvieran locos de atar y pidieran el despojo como si se les fuera la vida en ello. Hasta con un pañuelo en cada mano algunos. ¿Y qué hizo el señor del palco? Pues imponer la seriedad y el rigor en la plaza de Madrid, y denegar tan verbenero trofeo. ¡¡Con un par, sí señor!! Ya era hora de que un presidente diera con sus decisiones la categoría que la plaza de Madrid realmente merece. No se puede regalar despojos por nada, y mucho menos después de matar a bajonazos. Y lo más descoyante de todo es que el chaval no va y se enfada. ¡¡Se enfada porque no le dan un despojo que nunca mereció!! Por Dios, que alguien de su entorno que sea un poco serio le diga que ayer lo suyo fue la negación del toreo, que no le hagan creer que ayer estuvo bien, que sólo le pidieron la oreja los muchos paisanos a los que regaló entrada. Háganle ese favor, que seguro que lo acabará agradeciendo.
La belleza del sexto novillo fue acompañada por cierta dosis de casta y emoción en casa embestida. El único de Pablo Mayoral que de verdad hizo recodar los reductos de Santa Coloma. Manso, pero encastado. Decir en favor del chaval de la muleta XXXXXXL que tuvo la amabilidad de darle sitio al toro y oportunidad de lucir ese buen tranco que sacó, pero la faena de muleta, de nuevo, hizo gala de esas maneras zafias del toreo moderno. Un novillo de ese estilo hubiera sido para reventar Madrid con veinte muletazos. Reventó al público que fletó los diez o doce autobuses, pero a lo que es Madrid, hablando de la afición de Madrid, los que pasan por taquilla todos los domingos sin mirar tan siquiera quién torea y quién lidia, sólo sentenciaron con los típicos "muy mal", "toreas desde Manuel Becerra" o "no te lo creas". Y gracias al Cielo que el señor del palco lo volvió a tener en cuenta y denegó lo que hubiera sido otra oreja de peñas y charanga. Y yo lo vuelvo a decir: niño, no te lo creas. Espero que alguien cercano a él le lea la cartilla y le ponga los puntos sobre las íes, porque de lo contrario no irá a ninguna parte como torero.
Debutó en el palco don Jesús María Gómez Martín. Y como ven, dejó alto el listón. Tuvo un pero: no hubiera pasado nada si al inválido segundo lo hubiera devuelto al corral, pero la rapidez con la que enseñó el moquero verde en cuarto turno y la cicatería que demostró negando despojos hacen tener grandes esperanzas en que la seriedad y el rigor volverán a la plaza de Madrid de la mano de este joven y nuevo presidente. Ahora solo falta verle en tardes isidriles de glamour y gente guapa, para comprobar si de verdad esto es realidad o un simple espejismo. Y que se ponga de acuerdo con sus otros compañeros y haya unión de criterios, porque lo que tampoco puede ser es que en el día de ayer un presidente se pusiera en su sitio, y el domingo que viene venga otro y dé los despojos como quien da calcetines y calzones en el rastro.
De los hombres de luces, destacar los dos buenos puyazos que Israel de Pedro propinó al primero. Así se pica, señores.
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