domingo, 29 de septiembre de 2019

SEGUNDA DE OTOÑO: ¡¡VÁMONOS, QUE HAY FÚTBOL!!

"Vámonos de aquí echando leches, que el fútbol empieza dentro de poco rato". Los aficionados huían del tendido como el mítico Cazarrata lo hizo en su momento del caballo de picar, o como aquel sobrero de Cortijoliva que cerró la histórica goyesca del 96. Había fútbol sí, partido "de campanillas" como se dice de las tardes de toros importantes, pero no fue esto lo único que provocó la desbandada del personal en el primer momento que pudo aprovechar para ello. Supongo que la insufrible tarde ofrecida por los lisardianos de El Puerto de San Lorenzo y el aldeanueva de su hierro hermano, La Ventana del Puerto (lidiado en 4.º lugar), algo habrán tenido que ver también en este entuerto. Y ya no digamos si se menta a los tres señores que vistieron la taleguilla bordada en oro, pues como se suele decir, su tarde no fue tampoco un campo de tulipanes.

¡¡Vaya con lo del Puerto/La Ventana!! No hacen falta presentaciones, nos conocemos las caras ya de muchos, muchísimos años atrás entre unos y otros, y aquí se sabe muy bien de qué pie cojean los toros marcados a fuego con este hierro. Corridones inolvidables en ocasiones (mayo de 2010 u octubre de 2016, por citar solo un par de ejemplos), toros importantes sueltos (recuerdo un Cubilón en aquella de 2010 que hizo sudar sangre al bueno de Rubén Pinar; o los dos Cuba del año pasado por San Isidro en Madrid y por San Fermín en Pamplona, respectivamente). Y también, tardes de hastío, aburrimiento, bostezos, mucho asqueamiento y cabezazos sobre el hombro del vecino de abono (el bueno de mi amigo Carlos un día de estos me guillotinará bajo la atenta mirada de su querida Angelita). Pues sin ir más lejos, tal que esta de Otoño de 2019, 28 de septiembre, fue una de esas para salir de la plaza renegando de todo. Por los toros y por los toreros, por ambos bandos. Los toros fueron seis mansazos de órdago, que empujaron sin demasiada gana en varas, pero con la cosa buena de que no rodaron por el suelo como otras veces, y que por lo general apuntaron nobleza y afán por prestarse al toreo en los primeros compases de la lidia, pero tardaron muy poco en irse de najas, vaticinado tal vez lo que harían los aficionados posteriormente.

¡¡Y vaya, sea dicho de paso, con la terna!! La cual estuvo confeccionada por Daniel Luque, Juan Leal y Juan Ortega. Terna de la que se presumían estilos muy desmarcados cuando salió al ruedo a hacer el paseíllo, pero no tantos fueron los contrastes cuando abandonaron el ruedo camino del hotel. Que sus estilos, perfectamente definidos, seguirán siendo los mismos; pero la tarde ofrecida por los tres tiene un mismo denominador común. Ahí anduvo como primer espada y director de lidia Daniel Luque, de quien desde muchos estamentos del Toro llevan asegurando cosas maravillosas todo el año, tal que "está en un momento cunvre", o que "el grado de madurez que ha alcanzado este torero es sorprendente", así como que "está para verlo", y tal, y Pascual, y bla bla bla... ¡¡Lo que cansa el vendehumismo!! Porque eso ha sido esta tarde Daniel Luque: humo, humo, humo y nada más que humo. Esta tarde, y toda su carrera realmente. H U M O. El mismo pegapases de siempre, que con el capote intenta estirarse con elegancia y clasicismo, y hasta es capaz de soplarle dos o tres verónicas de cartel al torito de turno, pero sin llegar a redondear al 100%. Y con la muleta, pegapasismo 2.0, cites perfileros y fuera de sitio, y mucho pico para pasar al toro en línea y en medios pases que poco dicen. Eso lleva siendo Daniel Luque toda su carrera y es lo que ha realizado esta tarde. ¿Lo que haya hecho a lo largo de esta temporada? Eso solamente lo saben él y los que le han visto y pueden hablar tanta maravilla junta sobre él. ¿Y si es verdad? No digo que no lo sea, pero a juzgar de lo de esta tarde, cualquiera sabe...

Y ya que hablamos de pegapasismo, hablemos del francesito Juan Leal. Pegapasismo a las duras y a las maduras, pero dándole un par de vueltas de tuerca más en cuanto a vulgaridad, chabacanería y tremendismo se refiere. Ante dos toretes noblotes que se dejaron torear sin más hasta que se rajaron (poco tardaron), Leal realizó dos faenas calcadas la una de la otra que se basaron en latigazos de muy tosco corte, siempre colocado muy pero que muy fuera de chacho, y echando la pierna atrás exageradamente, casi citando ofreciendo las nalgas. Y sin el "casi" en ocasiones. Y ¿qué decir del lamentable espectáculo que da con la espada? No solo porque no sea capaz ni de pinchar un balón de playa, si no por su personalísima y nada ortodoxa forma de ejecutar la suerte suprema: como si se tirara en plancha a una piscina desde un trampolín. Algo así como el infame julipié, pero mucho más exagerado. Y con estos mimbres es como se las apañó para mandar a los matarifes a sus dos enemigos: al segundo con un hermoso sainete de pinchazos y golpes de descabello,  y al quinto con un bajonazo.

Juan Ortega tiene vitola de "torero artista", y se puede decir que bien ganada porque en los últimos tiempos le hemos visto torear bien de verdad. Además, es un torero diferente, que desprende aroma añejo por los cuatro costados, que anda por la plaza que da gusto y ante el toro hace las cosas con mucho garbo y parsimonia. Y Madrid, que tiene especial devoción por este tipo de toreros, le espera y le seguirá esperando. Hoy le esperaba y se quedó con las ganas de ver algo más que su simple torería y plasticidad. Cierto es que dejó algún que otro retazo de sabor añejo, como una media verónica de cartel para colocar al 3.º en suerte al caballo, o la manera de sacarse al 6° más allá de la segunda raya para comenzar la faena de muleta, andando y con gran torería. Pero su tarde también fue para olvidar. El más complicado del encierro, 3.º de la tarde, se lo llevó él. Un toro que derrochó genio y mansedumbre, que calibrada en lo que había detrás de la muleta y que pedía el carné de lidiador, algo que un torero como Juan Ortega no es ni mucho menos. Ahí delante se las vio, primeramente, el banderillero Antonio Chacón para colocarle un par de banderillas al sesgo como hacía años que no se veía, clavando prácticamente pegado a las tablas y asomándose al balcón. Suerte que Jesús Arruga, como buen tercero que es, andaba muy bien colocado y presto a hacerle un quite providencial, porque el toro le hizo hilo y estuvo a puntito de cazarlo. Y también Juan Ortega ahí delante se las vio y deseó para intentar interponer su faena a un toro que no estaba para muchas florituras, y el resultado fue el previsible: poco asentamiento, mucho enganchón y sensación de que el toro se subía a las barbas de su matador. Y ante el 6.º, tan manso y deslucido como los anteriores, más de lo mismo por parte de Juan Ortega: mantazos por aquí y mantazos por allá, enganchados en su mayoría y la sensación de que estaba completamente contagiado por la abulia de la tarde, o que quizás estaba deseando también de que todo terminara para irse a ver el fútbol. Poco notable fue también el uso que hizo de la espada Ortega durante la tarde. Ante toreros de este estilo solo cabe decir lo de siempre: otro día será.

Algo así decimos también de una ganadería como el Puerto de San Lorenzo, tan acostumbrada ella a intercalar corridas con interés y auténticos petardos. Hoy tocó el festival pirotécnico, uno más entre los muchos que nos ha dado. Son unos cuantos añetes ya viniendo a Madrid y lidiando hasta dos festejos por temporada, e incluso tres se ha dado el caso; y ya se la espera como una vieja amiga de la que cualquier cosa puede esperarse.

viernes, 27 de septiembre de 2019

PRIMERA DE OTOÑO: AQUÍ HAY TORERO, Y SE LLAMA TOMÁS RUFO

En tiempos que corren de vulgaridad en el ruedo, maneras repetitivas y aburridas de ejecutar el toreo, ventajismos en la cara del toro y novilleros que arrastran todos esos males consigo y que hacen de ellos su santo y seña, el simple hecho de que llegue un novillero dotado con un halo diferente, que hace las cosas despacio y con torería (que no amaneramientos burdos y muecas absurdas), que quiera hacer el toreo y que ofrezca una versión mucho más clásica de este, es como estar acostumbrado a no comer nada más que pan duro y agua, y de repente un día llegue un buen señor y le invite a uno a comerse un chuletón de kilo y regarlo con el mejor vino que pueda haber. Pues algo así, más o menos, se ha vivido en la novillada con picadores que ha abierto la feria de Otoño. Donde se dice "chuletón y vino" perfectamente podría concordar el nombre de Tomás Rufo; y donde aparece "pan duro y agua", perfectamente le pegaría los nombres de El Rafi y Fernando Plaza. Empecemos.

Y empecemos por el final: El Rafi y Fernando Plaza. Primer y tercer espada del cartel, uno nuevo en este foro y el otro ya conocido. ¿Han estado mal, de salir esquivando almohadillas como las esquivaban con tanta gracia Rafael "El Gallo", Cagancho, Curro o Paula? Más bien no. Se podría decir que los chicos han estado bien haciendo lo que mejor saben: pegar pases. Que otra cosa no, pero eso lo saben hacer como churros un churrero. Pero ya se sabe, una cosa es pegar pases, y otra cosa lo de torear, y tal. Hoy en día, se quiere equiparar una cosa con la otra, pero hay aficionados que aún se niegan a tal empresa. ¡¡Que se equiparen los sueldos de Policía/Guardia Civil con los de los Mossos, que esa es la única equiparación que debería llegar a puerto, y se dejen de demás gaitas!!
¿Que tanto El Rafi como Fernando Plaza han estado sublimes, cunvres que se dice en esto de los toros, esta tarde pegando pases? Como quien lo inventó, oiga. Mejor, imposible. Y eso puede valer en otro lado, pero en Madrid... ¡¡Ay Madrid!! Madrid ha perdido su sitio, pero aún las cosas funcionan de otra manera por allí, más con otro halo de sapiencia entre los aficionados más viejos del lugar, más así como de rigor, de no todo vale, de seriedad... Qué bonito suena todo eso, leñe. Sortearon ambos novilleros las dos manzanas podridas de la novillada de Fuente Ymbro, el 3° y el 4°, y ante ellos ambos fueron auténticas máquinas de destoreo moderno y chabacano que al aficionado más riguroso le rechina los dientes. Nada de nada, pasecitos por aquí, pasecitos por allá, y aburrimiento del bueno para todos. Luego, El Rafi tuvo en su haber al 1°, noble ejemplar que repetía las embestidas con dulzura y afán colaborador y con el que, para no desentonar, fue otra máquina de pegar pases. Sublime. Y Fernando Plaza se las vio negras con el 6°, que le echó mano en el recibo capotero al perder el pie el novillero mientras lo andaba para atrás, sin consecuencias graves aparentes. Novillo complicado este, que embistió con buen tranco pero tuvo el defecto de calamochear; y cuando el novillero se vio desbordado y podido por el animal, acortó las distancias al máximo y se pegó el arrimón. Ambos, con la espada, dejaron muestras de que esta no es su fuerte ni mucho menos. ¡¡Que pase el siguiente!!, dicen con guasa algunas voces desde el tendido.


De todos los novilleros que se ven por Las Ventas a lo largo del año (y que son unos cuantos, a decir verdad), por desgracia son pocos los que ilusionan mayoritariamente por sacar los pies del tiesto que representa la Tauromaquia 2.0. Hay que ver a unos cuantos a lo largo de una buena colección de festejos para que esa ilusión llegue al aficionado. Hoy llegó, y el culpable se llama Tomás Rufo. Las orejas cortadas, que fueron dos y se repartieron en ambos novillos que lidió, fueron lo de menos. Al menos para el aficionado que haya podido concebir ilusión en su futuro en el toreo, porque en lo que a él se refiere le habrán venido como agua de mayo. Para empezar, sorteó el mejor lote de la tarde con diferencia, dos novillos que embistieron con mucha claridad y ese punto de nobleza encastada que Ricardo Gallardo ha sabido transmitirle a sus productos con tan buen resultado. Rufo los toreó a ambos con altibajos, despegado a veces, acelerado también otras cuando se veía desbordado, y haciendo uso del pico para aliviarse. Pero en los momentos álgidos de la faena, su toreo derrochó elegancia, verdad y mucha despaciosidad. Personalidad a fin de cuentas, eso tan poco palpado en los últimos tiempos, fruto ello de novilleros aspirantes a ser Julianes, Sebastianes, Josemaris y una nueva variante añadida últimamente: la de los que aspiran a ser Andreses... Bien en el toreo fundamental Tomás Rufo por momentos, como se ha dicho antes, y torerísimo en remates y adornos para cerrar series de muletazos y faenas. Sirva como ejemplo de ello un buen ramillete de doblones ejecutados con muchisimo gusto y torería para cerrar a su primer novillo en el tercio, con miras ya a la suerte suprema. La cual, por cierto, dominó bastante bien toda la tarde el novillero. Resultado: oreja y oreja con salida a hombros por la puerta grande de Madrid, y que le terminará de abrir un camino prometedor a partir de la temporada próxima.

Cabizbajos se marcharon por el túnel de cuadrillas El debutante y quien cerró cartel; y en volandas y gloriosamente lo hizo Tomás Rufo por la puerta grande de Las Ventas. Un novillero que ilusiona. Un novillero que puede ser algo grande.


lunes, 16 de septiembre de 2019

MADRID Y LAS CORRIDAS CONCURSO: SERÍA BUENO QUE SE TOMASE COMO UNA COSTUMBRE

Muchos años atrás hay que remontarse para recordar la última corrida concurso celebrada  en la plaza de Madrid . Concretamente, habría que retroceder a abril del año 2009, domingo 19 para ser exactos. Aquella tarde despacharon entre Aníbal Ruíz, Jesús Millán y Sergio Martínez seis toros con los hierros de Juan Luis Fraile, Moreno Silva, Celestino Cuadri, José Escolar, Adolfo Martín y Pablo Mayoral. El de Adolfo, con un total de seis entradas al caballo, resultó ser vencedor aunque quizás no por ser el mejor de todos, sino más bien por ser el menos malo. Desde entonces, diez temporadas de larga sequía en cuanto a corridas concurso se refiere, demasiados años quizás teniendo en cuenta que la importancia de Madrid merece más festejos de este tipo. Novilladas concurso se dieron algunas temporadas con motivo de aquel "Ciclo de Encastes Minoritarias", y que resultaron ser una pantomina: el verdadero sentido de las corridas concurso siempre ha sido el de que cada ganadero mandara el mejor toro que hubiera en su casa, aquel en el que más confianza tuviera para llevarse el premio y todo el prestigio que supone ser vencedor de una corrida concurso de ganaderías. ¿Qué sentido tenía hacerlo en una novillada, festejo típico de lidiar deshechos? Al final, aquellas novilladas concurso que los taurodeltos confeccionaban se convertían precisamente en eso, en un concurso de deshechos de tienta. No tenían ningún sentido aquellas novilladas concurso, y ni muchísimo menos aliviaban el hambre del aficionado por las corridas concurso. Y por fin, tras años pidiendo por activa y por pasiva que se retomaran en Las Ventas las corridas concurso, el aficionado tuvo su ansiado caramelo el pasado domingo 15 de septiembre.
El plantel ganadero que se designó no podía tener mejor cara: hierros venerados por el aficionado madrileño como lo son Baltasar Ibán, Valdellán o La Quinta, el regreso a Madrid tras muchos años de ausencia de Murteira Grave o del encaste Pedrajas, de la mano del Marqués de Albaserrada; y la presencia de otra de las niñas bonitas de los aficionados más exigentes, Pedraza de Yeltes. Todo un lujo.

La corrida, como era de prever con esa retahíla de hierros, resultó ser entretenida y cargada de interés. Se vieron toros bravos, buenas peleas en varas, casta, dureza, emoción... Lo normal cuando el Toro está presente, vaya. Y bien es verdad que es el Toro quien más debe ofrecer, pero no es el único que ha de estar a la altura. Buena tarde de toros fue, cosa contraria si de lidiadores y de piqueros hay que hablar. Salvo las honrosas excepciones de César del Puerto con el capote ante el de Murteira Grave y de Jesús Romero tanto con el capote como con los palos, fue una tarde pésima la que ofrecieron los hombres de luces, tanto de a pie como de a caballo, de oro o de plata y azabache. Fundamental es durante la lidia de cualquier festejo esmerarse en las tareas lidiadoras desde que el animal salta al ruedo, pero esto es algo que se acentúa aún más si cabe cuando de corridas concurso se trata. Los seis piqueros que actuaron dieron una tarde más propia de seis vulgares matarifes que de un verdadero picador. Ya no es solo que ninguno hiciera la suerte con la más mínima corrección, ni que se mostrara destreza dominando la montura; es que no se señaló ni un solo puyazo arriba en toda la tarde. Ni uno. Todo marronazos, ninguno en el sitio. Ni tan siquiera existiendo un premio económico al mejor ejecutor de la suerte de varas se consiguió que los picadores salieran al ruedo con aires de motivación para lograr que el primer tercio fuera mínimamente decoroso. No, una vez más volvió a quedar muy en evidencia que en el escalafón de picadores actual es abundante la incompetencia y la mala leche, salvo dos o tres nombres que sí que suelen honrar a su profesión, y que por supuesto no estaban por Las Ventas el domingo. Y aunque pudiera parecer mentira, el premio al "Mejor Picador" no quedó desierto en una tarde donde tan pésimas suertes de varas se realizaron. Fue a parar a las manos de "El Legionario", encargado de picar precisamente al toro vencedor de la concurso, el de La Quinta (que se llevó tres puñaladas en mitad del espinazo, a eso premiaron).

No estuvieron tampoco a la altura, ni muchísimo menos, los lidiadores. Desorden durante la lidia, muchos telonazos de más y no menos pasadas en falso a la hora de clavar fueron la tónica general de las cuadrillas, y las bregas eficaces brillaron por su ausencia. A Javier Cortés, el hombre, apenas le dio tiempo a dejar su impronta, pues su percance ocurrió en los prolegómenos de la faena de muleta al primero de su lote. Si acaso, se puede decir que logró cumplir en lo básico, o sea poniendo en suerte al toro en las tres varas que tomó. A poco más le dio tiempo.
Quizás, lo de Fernando Robleño y, sobre todo, lo de Rubén Pinar sí fue para ponerse a cavilar más a fondo. En una corrida concurso de ganaderías se deben sentar unas bases cuyo peso recae en una cosa fundamental: todo para el Toro. Pararlo y fijarlo de salida, ponerlo en suerte (nada de relances), que entre al caballo las veces que hagan falta para calibrar su verdadera condición, bregas ordenadas, distancias oportunas para que los toros se luzcan lo máximo posible... ¿Todo eso ocurrió? Pues algunas a veces, y otras ni por casualidad. Ningún toro fue fijado de salida, algunas entradas al caballo fueron provocadas al relance (muy en especial los toros de Rubén Pinar), al de Murteira Grave y al sobrero de Rehuelga (que SÍ entraba en el concurso aun siendo sobrero) nos los privaron de verlos más veces ir al caballo, hubo mucho desorden entre las cuadrillas, algunos toros que sí demostron más potencial en los primeros tercios de la lidia se vinieron abajo repentinamente en la muleta y casualmente el matador de turno citaba muy en corto, sin darle sitio... Un completo desastre.

Y aun así, con este tipo de artimañas por parte de los lidiadores y piqueros, los seis toros, prácticamente del primero al último, tuvieron mucho interés y también mucho que torear. Al del Marqués de Albserrada apenas se le vio, pues pronto ocurrió el percance de su matador y Robleño lo despachó sin probaturas, aunque bien es verdad que lo poco que se le vio dio muestras de estar muy agarrado al piso, reservón y, además, su pelea en varas fue la más discreta de toda la corrida yendo esta de más a menos. El toro de La Quinta fue justo vencedor, bravo en varas y muy encastado y fiero en la muleta. Hizo también muy buena pelea el de Murteira Grave y Robleño se negó a una cuarta entrada aun siendo con el regatón, cosa que enfadó con creces al personal, y con razón además. Este de Murteira pareció en banderillas que iba a ser un portento embistiendo, pero duró muy poco en la muleta. ¿Poco fondo por parte del toro, o que Robleño no le dio sitio, le ahogó y tampoco hizo por tirar de él? He ahí la cuestión.

Las ganas de hacer algo relevante,  por muy pequeña que esta fuera, se las dejó Rubén Pinar en casa. Apático y descuidado en sus tareas lidiadoras, le dio igual ocho que ochenta a la hora de llevar a los toros al caballo y ponerlos en suerte; y tampoco quiso saber nada de su lote. El de Baltasar Ibán, muy discreto en varas, sí sacó más temperamento en la muleta; y el de Pedraza de Yeltes, que cumplió en varas, se comía la muleta por abajo y arrancándose con prontitud. A ambos no los quiso ni ver el matador. "Por desgracia me queda otro", contestó ante las cámaras cuando le recordaron que aún le quedaba por lidiar el de Valdellán que le hubiera correspondido a Javier Cortés, y esas palabras dijeron todo acerca de su actitud y su quehacer durante toda la tarde. El titular de Valdellán fue devuelto por inválido, y en su lugar salió un sobrero de Rehuelga que peleó con presteza y buena sintonía en el caballo, pero el matador se dio demasiada prisa en cambiar el tercio con tan solo dos entradas y nos privó de una tercera vara. ¡¡Y eso que el toro entraba dentro de concurso!! ¿Se puede tener mayor desfachatez? La pitada de parte del personal fue importante, y tampoco fue sin razón. El santacoloma fue pastueño, noblote y derrochó cierta sosería ya en el último tercio, y el matador se limitó a tirar líneas vulgarmente con la misma apatía de toda la tarde. Señor Pinar, si viene a Madrid a disgusto, ¿por qué no se queda en casa, se ahorra el mal rato, nos lo ahorra a los demás, y además le deja el puesto a otro compañero que de verdad quiera darlo todo y esté por la labor de hacer que sus toros también lo den todo?

Este fue el principal inconveniente de la concurso de Madrid,  y seguramente también de otras muchas: que no hay lidiadores capaces de meterse en la cabeza que hay que hacer todo en favor del toro, y que lo que este haga o deje de hacer puede ser igual de importante que la faena de muleta. La concurso del domingo dejó de ser deslucida principalmente porque hubo Toro, sí, pero aún mayor lucimiento pudo haber cobrado en el caso de contar con lidiadores capaces y montados competentes que le dieran sentido a los tres tercios de la lidia. No es tan difícil meterse en la cabeza que una corrida de toros se compone de dos tercios más, varas y banderillas, además del de muleta. Digo yo, vamos.

Sería bueno que, como bien dice el amigo Fran Díaz en su crónica del portal Toro de Lidia, con el tiempo y el trabajo de todos se llegase a institucionalizar en Madrid la corrida concurso, así como pasa en Zaragoza durante su feria de San Jorge, o en la plaza de Vic-Fezesanc. La base, si tomamos como tal la del pasado domingo, es buena, pero aún se podrian pulir varias cositas: lidiadores, mayor rigor en cuanto a la suerte de varas se refiere, y también buscar otra fecha que no coincida con las muchas fiestas patronales que se celebran alrededor de Madrid los fines de semana de septiembre. Madrid, primera plaza del mundo, lo merece.

domingo, 25 de agosto de 2019

OTOÑO 2019: ¡¡QUÉ PEREZA!!

Qué pereza dan los carteles de la feria de Otoño 2019. Solo con leerlos, la cabeza comienza a soltar humo, los ojos pesan, y el cuerpo entero nota una sensación de amodorramiento que bendita cama o bendito sofá más cercanos. Qué pereza, sí. Qué pereza más grande pasar por taquilla y aflojar la caponata por tan triste y repetitiva cartelería. Qué pereza leer y releer, de nuevo, prácticamente los mismos nombres (en cuanto a plantel ganadero se refiere) de tooooooodos los santos otoños venteños. Qué pereza lo de algunos nombres anunciados. Qué pereza un mano a mano de triunfadores isidriles sin TORO. Qué pereza de todo. ¡¡Qué pereza!! Pero hay que pasar por taquilla y acudir, principalmente por la cosa de no perder el abono, pero también porque al final el veneno de esta bendita afición siempre aparece y tira de lo lindo... ¡¡Vaya que si tira!! ¿Me lo dices o me lo cuentas?

Todos los años la misma frasecita que comenzó hace ya mucho tiempo como chanza, pero que al final ha acabado convirtiéndose en una triste realidad, y que dice algo así como "El Puerto de San Lorenzo, Fuente Ymbro y Adolfo Martín lidiarán en la feria de Otoño, da igual cuando usted lea esto". Que igual Fuente Ymbro siempre da pie a esperar cosas buenas sobre ella (o casi siempre, teniendo en cuenta su discretísimo paso por San Isidro). Que igual sobre Adolfo Martín, uno que gastase cierto optimismo en su manera de ser, puede esperar algo grande pensando también en lo que este hierro dio de sí el pasado mes de mayo; si bien es verdad que aquel situado en el polo opuesto al optimista (los realistas bien informados, que se suele decir), tomaría más en cuenta su historial de hace unos cuantos años atrás a esta parte. Y sobre el Puerto de San Lorenzo (o la irregularidad hecha ganadería de lidia), solo queda encomendarse a toda la corte celestial para que la de esta vez sea la encastada.
También está el tema de que si "falta este torero o el otro", y que "este no pinta nada ahí, ya podían haber puesto a fulano en su lugar", etc., etc., etc. Si ya de por sí la feria de Otoño es un serial corto y en el que hay pocos puestos, al incluirse una encerrona y un mano a mano en ella los puestos vacantes se reducen aún más y, por consiguiente, es más complicado que llueva a gusto de todos. Las figuras, salvo Perera, ni están ni se les espera en fechas que no sean mayo/junio. Como si desaparecen también por esos meses, qué gaitas.
Por otra parte, seguro que muy pocos aficiondos habrán dejado de preguntarse por qué falta en los carteles la gran sensación de esta temporada, que no es otro que Pablo Aguado. Ya se sabe que se habló hace algunas semanas de un posible mano a mano entre este torero y uno de la Puebla, pero no tardó el proyecto en irse al garete. Buen intento de Simón, pero el de la Puebla no está tan chalado como para dejarse caer por Madrid a estas alturas, y menos en Otoño. Es de cajón pensar que se habrá contado con Pablo Aguado desde un primer momento para tenerlo en esta feria, dado el año que ha echado y la expectación que ha generado por todas las plazas donde ha toreado, pero por lo que quiera que haya sido no le ha debido de cuadrar el asunto a las partes.
¿Y Diego Urdiales, matador de toros siempre muy esperado en Madrid? Tampoco habrá debido de cuadrar ni de cuadrarle a él mismo.
¿Y qué pasó con David de Miranda, gran revelación de San Isidro?
¿Y Gonzalo Caballero, que dejó buenos detalles de toreo en mayo antes de ser corneado de forma aparatosa? Sí, le tendremos el día 12 de octubre, y además al lado de Eugenio de Mora, que le cortó otra oreja en aquellas fechas a un toro de El Ventorrillo.
Y por supuesto, también se echa mucho en falta a Román, y no solo porque haya ganas de verlo reaparecer en la plaza donde un toro de Baltasar Ibán por poco se lo lleva para siempre, sino porque a lo largo de este año, tanto antes como después de aquel día, se le ha contemplado como un torero mucho más depurado y de técnica mejorada. Ojalá ese día nos llegue pronto.

Fuente Ymbro tiene para novillada y corrida, y de esta forma será como completará su sextete (como don Paco Gento en Europa) este año en Madrid. Para la novillada de Otoño, tradicionalmente se han anunciado a los tres novilleros más destacados del año en Madrid. Pues bien, ahí está Tomás Rufo, flamante ganador del Certamen de Novilladas Nocturnas que se celebró en el mes de julio. Flanqueado en el paseíllo por El Rafi y Fernando Plaza, los cuales también quedarían en su momento como los más destacados del año. Se supone, vaya.

Para la corrida de Fuente Ymbro hay un cartel de los llamados "fuertes", con El Cid, Emilio de Justo y Ginés Marín. Que sí, que todos pensamos en primavera que aquella sería la última vez que veríamos a El Cid en Madrid, pero al parecer no se le quedaría en aquel entonces buen sabor de boca para despedirse de la afición que tanto le quiso, quiere y querrá por los restos. Y la verdad es que a este torero, si algún día le entrara la ventolera y le diera por pedir la Luna, habría que ir y dársela aunque costara la vida en ello, pero quizás a muchos aficionados lo que menos les apetecía en este instante es verlo de nuevo por Madrid, tal y como está su estado artístico y teniendo en cuenta además que hay otros nombres en el escalafón que generen más apetencia de ver...
Estará acompañado en la que será su última tarde en Madrid (supuestamente, porque visto lo visto uno ya no sabe qué puede pasar) por Emilio de Justo, uno de esos que precisamente sí genera apetencia de ver; y Ginés Marín, que aun llevándose algunos despojos en el esportón durante San Isidro, no terminó de convencer de manera unánime. A ver si esta vez sí, porque de él todavía se esperan cosas grandes.

La corrida del Puerto de San Lorenzo tiene como su gran aliciente al fino Juan Ortega, con ese corte artístico que tanto gusta en Madrid. También vendrá a torear ese día el francés Juan Leal, quien no es lo más ortodoxo ni puro que hayamos visto nunca, pero quizás también mereciera estar este Otoño tras jugársela en San Isidro y acabar tan aparatosamente corneado. Lo que no se termina de comprender, por muchos esfuerzos que intentemos hacer, es la inclusión en el abono de ¡¡Daniel Luque!! ¿Cuáles son sus méritos para figurar, además de asegurar que le quedan "dos toros para ser figura"? No habría más toreros en el escalafón, no.

Adolfo Martín cerrará, como es habitual, el abono. Y lo hará con una terna que conocen bien esta sangre: López Chaves ha completado un año muy provechoso para él en ese circuito de las llamadas "duras", y además entusiasmó a parte del personal ante los de Celestino Cuadri el pasado San Isidro, por lo cual y consiguiente presencia justificada. Curro Díaz y su plasticidad tienen algunos adeptos en Las Ventas, y Manuel Escribano volverá a Madrid tras otro espeluznante tabacazo en San Isidro, de parte precisamente de un adolfo.

Pero la madre del cordero de esta feria, la crême de la crême de toda la cartelería programada para esos dos fines de semana en Madrid, se concentra en dos tardes: una, el primer fin de semana con un vis a vis; y la otra, el segundo fin de semana de la mano de una encerrona. Y en ambas, ganaderías diferentes. Victoriano del Río, Núñez del Cuvillo y Juan Pedro Domecq/Parladé son las
elegidas para el careo en el que se medirán Miguel Ángel Perera y Paco Ureña.
Para algunos, un mano a mano entre dos grandes triunfadores de San Isidro. Para otros, la mentira y el destoreo chabacano frente a la pureza y la verdad del toreo eterno. Para los de más allá, un vis a vis de dos grandes toreros ante ganderías de garantías, que se suele decir; y para los de la otra punta, un acontecimiento donde faltará el actor principal de esto: el Toro (salvo accidente genético indeseado, que también suelen ocurrir en ocasiones, y al que los ganaderos ponen como remedio inmediato una barbacoa con la vaca y el semental que engendraron al accidente). Sí, será este enfrentamiento entre estos dos toreros un acontecimiento programado con sentido y que tendrá interés para el aficionado, pero la elección del ganado deja mucho, muchísimo que desear. ¿De verdad no había otra cosa, sobre todo más allá de la bazofia juampedrera/parladeña que tantos dolores de cabeza provocan a la afición de Madrid año sí y año también? Lo dicho: esperando milagro genético.
Y por otro lado, la encerrona de otro triunfador de San Isidro: Antonio Ferrera. Siempre se agradecen este tipo de gestos por parte de cualquier matador, encerrarse con seis toros y nada menos que en Madrid, pero... ¿De verdad Antonio Ferrera está para seis toros en Madrid? Por interés que pueda generar en la afición (eso se verá ese mismo día en taquilla, con el aliciente además de que la corrida es fuera de abono), por estado anímico y psicológico, por repertorio, por interpretación del toreo... Y también, faltaría más, por el ganado elegido: las antes mencionadas Núñez del Cuvillo, Juan Pedro Domecq/Parladé, Victoriano del Río y Adolfo Martín, a las cuales se les agrega Alcurrucén y Garcigrande/Domingo Hernández.

Esto es lo que hay, y se parecen a las lentejas: o las comes o la dejas. Pues habrá que comérselas, aunque sea por gula. Pero al guiso le falta contundencia, imaginación y mucho más sabor. 

sábado, 3 de agosto de 2019

DE LAS PALABRAS DE UNO DE LA PUEBLA Y LA DESVERGÜENZA QUE ESTAS ENCIERRAN TRAS DE SÍ

El colmo de la caradura y la sinvergonzonería, resumido en dos simples frases: "la gran noticia es que Málaga ha cambiado de presidentes" y "quiero agradecer a la Junta su sensibilidad por escuchar a los profesionales".

Palabras del mismo de siempre, el señor de la Puebla. El de la pendiente, el de los toros cuanto más chicos mejor, el de regar el albero, el de... ¡¡El de tantas cosas!! Pongámonos en antecedentes: resulta que hace cosa de un año, antes de que diera comienzo la feria de Málaga correspondiente al ejercicio pasado, cuatro asociaciones de "profesionales" (ANOET, Unión de Toreros, UNPBE y Asociación Nacional de Mozos de Espadas) remitieron un escrito al Ministerio del Interior pidiendo la cabeza de doña Ana María Romero, entonces presidenta de La Malagueta, alegando supuesta arbitrariedad en los reconocimientos veterinarios y supuesta animadversión hacia las figuras y ciertos ganaderos. Llegó 2019 y, con él, dos presidentes nuevos a La Malagueta en detrimento de la citada doña Ana María Romero y su compañero, don Ildelfonso Dell´Olmo. "Málaga es plaza de primera desde 2006 y, quizás, algunos taurinos se resisten a aceptar que han aumentado las exigencias”, comentó la señora Romero en su momento, cuando la jauría se le echó encima. Y no hay más preguntas señoría, no hacen falta.

Los taurinejos con un gran cáncer, una especie de metástasis que crece, se expande y se come todo lo que se le pone por delante sin importar lo que sea, ni siquiera la integridad y la concepción de la corrida de toros como un espectáculo serio. Y ahí es donde reside el gran mal de la Fiesta, en la pérdida de su identidad, de la integridad del Toro y de la seriedad que su lidia desarrolla. La Fiesta no está muriendo, no; a la Fiesta en realidad la están matando y apenas queda esperanza de una posible reanimación. Y ¿quién la está matando? ¿Los animalistas desde fuera? ¿Los aficionados que demandan la recuperación de esa identidad que ha perdido la Fiesta? ¿Los ganaderos que seleccionan casta y bravura en detrimento de la toreabilidad y el jarte? Según la jauría de taurinejos, esos efectivamente son los verdaderos males de la Fiesta, pero se olvidan de que el verdadero mal lo generan ellos. Mejor dicho, el verdadero mal son ellos. El caso de la Malagueta es uno de ellos: un presidente (presidenta en este caso) vela por que su plaza cumpla con su categoría (primera, nada menos), que los toros a lidiarse tengan la presencia adecuada a esa categoría de primera, que no se cuelen animales cuya aparición en el ruedo sea cuanto menos vergonzosa, que el espectáculo se desarrolle con la seriedad oportuna y todo el rigor posible... Y ¿qué resultado se obtiene? Pues que le pintan bastos. Y es que eso del rigor, la seriedad y la integridad, con los taurinejos estos, como que no casa. Los taurinejos son más de ese chascarrillo que siempre ha proliferado de "billete grande, toro chico". Ellos buscan el acomodo y el mejor desarrollo posible de sus caprichines, sin importarles ni tan siquiera que con ello hagan daño a la Fiesta (que lo hacen, y mucho). Corriditas chicas y carentes de trapío, que provengan de sus cinco o seis ganaderías de cámara que les crían el torito a modo para eso de estar a gusto, o como quiera que se diga; sin casta, sin poder, que vaya y venga sin un mal gesto y tontorrón perdido (para colmo de males a eso lo llaman ¡¡bravura!! Toma ya). Público verbenero y amable, que se dice; que no exija y que solamente aplaudan y jaleen como posesos todo lo que en el ruedo ocurra, sin calibrar si aquello está bien hecho o no. Y por supuesto, presidentes que complazcan todos sus deseos sin una sola mirada de reproche ni amago de llevar la contraria, que si llevan bajo el brazo una gatada afeitada e impresentable para que sea lidiada, que diga que vale; que si hay la más mínima (que no mayoritaria) petición de trofeos, accedan sin miramientos aunque no haya motivos para concederlos; y que sobre todo digan a todo que sí. ¿Que por una de esas cosas de la vida sale un ganadero que selecciona en base a la casta y se desmarca de la bobaliconería de lidia? Ese ganadero acaba o bien lidiando en dos o tres plazas de España donde su afición demanda Toro sí o sí, o bien en Francia, o bien acaba mandando la ganadería al matadero, cansado de luchar contra el infame sistema. ¿Que llega un aficionado o algún sector de aficionados clamando al cielo contra tantos abusos, golferías, ratonerías y malos "profesionales"? En menos que se persigna un cura loco se le echa toda la jauría encima llamándole de todo. ¿Que llega un presidente que quiere hacer las cosas bien e imponer el rigor necesario para que el espectáculo no sea una charlotada? Lo de Málaga. Y así con todo.

El caso de La Malagueta es un claro ejemplo de todo lo anteriormente expuesto, y las palabras del señor de La Puebla así lo certifican. La gran noticia para este señor, y también para todo el séquito de taurinejos y estómagos agradecidos que le rodean, es que en Málaga ya no hay presidentes con ganas de velar por la seriedad propia de una plaza de primera categoría. Es una buena noticia que el día en que él y el resto de figurines de todo y a la vez de nada se presenten con sus gatos bajo el brazo (o los toros apropiados para que la gente disfrute, como el señor de La Puebla dice), haya un presidente que lleve puestas unas gafas de madera y trague con todo sin decir ni mú. Porque esa es otra, la de "que se lidie los toros adecuados para que la gente pueda disfrutar"... Pero ¿qué entiende este señor y todos los que le bailan el agua por "toro apropiado"? Supongo que donde se quiere ir a parar es a la mamadurria de siempre que mezcla los kilos con el trapío. Los toros grandotes y destartalados, propiamente dicho, no le gustarán al señor de La Puebla, pero tampoco a cualquier buen aficionado que se preste, eso segurísimo. Otra cosa es el trapío, entendiéndose como tal la buena planta que gastan los toros y correspondiéndose esta con su encaste y con la categoría de la plaza donde vayan a lidiarse. Trapío, sí; lo relativo al desarrollo de sus defensas, de sus cuartos traseros y, en definitiva, de todo su esqueleto. O como dicen los aficionados más viejos, que "parezcan hombres". Y esto último tampoco le gustan al señor de La Puebla y cía, no nos engañemos, aunque lo intenten al querer confundirnos con la cosa del volumen y el peso. Es aquí donde está el pecado de toda esta gente, en que no quieren trapío ni en pintura, mucho menos ya casta y dificultades. Toro chico, sin desarrollo de su cornamenta ni de sus cuartos traseros, y cuya selección se basa en la ausencia total de la casta, la fuerza, la bravura, y en el exceso de nobleza. ¿Pero qué clase de toro es ese, vamos a ver? ¿Que el toreo se fundamenta en ese tipo de toro? Hombre, si lo de pegar cuantos más pases mejor y poniéndose bonito, que es lo que se hace hoy en día mayormente, se le puede llamar "torear", pues digamos que sí, que ese toro es imprescindible y no vale nada más. Pero como en este caso no se admite pulpo como animal de compañía, o que no todo vale para ser más explícito, pues ese toro como que ni es toro ni es ná. Y ese es el toro que para esa tropa es el adecuado, y todo lo que se salga de esos moldes tan definidos no sirve para absolutamente nada. ¡¡Y un jamón para ellos!!
¿Y eso de "para que el público disfrute"? Hombre, cierto es que la parroquia se vuelve loca con tres o cuatro naturales bien pegados de verdad, más aún cuando con esos naturales se domina la casta de todo un señor toro. Pero el personal suele disfrutar también, y además sobremanera, cuando de la oscuridad de toriles sale un señor toro con buen trapío y recorre el ruedo haciendo gala con gran gallardía de su impresionante estampa. O cuando el mismo toro empuja con bravura en el caballo de picar mientras se le pega un buen puyazo. O cuando dibuja surcos con el morro en el albero, mientras trata de comerse la muleta porque su casta le empuja a ello. Y, casualmente, esos toros no son los que suelen salir en las corridas de matan ni el señor de la Puebla ni sus compadres los figurones de todo y a la vez de nada.

De manera señor de La Puebla, que no venga ahora a contarnos milongas que ni usted mismo se traga, háganos el favor. Ni que tampoco vengan los profesionales ni los taurinejos de poca monta a quejarse de supuesta "animadversión", ni de "arbitrariedad", ni gaitas contra unas corridas u otras.

domingo, 28 de julio de 2019

RELIQUIAS DE LA CATALUÑA TAURINA

Hablar de Cataluña puede invocar muchísimas cosas, buenas por supuesto muchas de ellas, pero otras que no lo son tanto, tal y como anda la situación política y social actual. Que Cataluña es una tierra maravillosa, con gente maravillosa, un acervo cultural maravilloso y plagada de lugares maravillosos es algo que no se le escapa ni al más pintao. Otra cosa es que en ella habite una tropa de rufianes (algunos hasta lo llevan en el apellido y todo), minoritaria ella pero que por desgracia copan todos los telediarios y portadas de los periódicos, y que para más inri hacen que en Cataluña se viva una situación insoportable. Tampoco es menos cierto que, por culpa de unos y de otros, Cataluña se está echando a perder como la gran región que siempre ha sido, caracterizada siempre por ser líder en el avance de nuestro país y por acuñar en España el movimiento vanguardista. Son muchísimos los motivos que, a pesar de todo y aunque a veces cueste muchísimo darse cuenta, hacen de esta tierra un lugar fantástico. Y uno de ellos es, o mejor dicho fue, el fuerte arraigo que el pueblo catalán siempre tuvo hacia los toros. Sí, está mejor dicho si se dice fue. Porque hace tiempo que esto se erradicó por completo a manos de esa tropa de rufianes antes mencionada, pero por supesto no sin la trascendental colaboración de otra banda más rufiana aún que la anterior, si eso puede ser posible claro: los propios taurinejos, a los cuales ni el más animalista que pisa la faz de la Tierra le gana a destructivo para con la Fiesta. Porque a pesar de las muchas zancadillas que los politicuchos, más preocupados en no aparentar lo que irremediablemente son (españoles, por si hace falta decirlo), han ido poniéndole a los toros en Cataluña, si hoy en día no se celebran corridas de toros en Cataluña es solamente por culpa de los propios taurinejos. Por si hace falta recordarlo, el Tribunal Constitucional tumbó no hace mucho la prohibición decretada por el parlamento catalán en 2010, y eso significa que en Cataluña se pueden celebrar festejos taurinos sin que nadie pueda imponerse. Pero nadie ha tenido lo que hay que tener. ¿Por qué? Porque en ese caso, las indemnizaciones habrían de ser devueltas...

Hace un año se intentó hacer una corrida de toros en Olot (Gerona), pero el proyecto quedó en agua de borrajas. Que sí, que el ayuntamiento del municipio, propietario de la plaza y comandado por gente de esa que ustedes ya saben, se negó a ceder el espacio. Eso en Cataluña no se cómo se llamará, pero en mi pueblo tiene un nombre: prevaricación. Ya ven, ni tan siquiera teniendo la legalidad de nuestra parte somos capaces de defendernos...
También se habló en su momento de que los toros volvieran a Barcelona, cuya plaza es de propiedad privada (del histórico taurino Pedro Balañá). Y nadie, absolutamente nadie movió un dedo en favor de la causa. Ni siquiera quien hasta el momento de la prohibición fuera su gestor: Toño Matilla, que... ¡Matilla!! ¡¡MATILLA!! Con la Iglesia hemos ido a topar. Así está esto.

Sí, mal que les pese a unos pocos, Cataluña siempre fue de fuerte tradición taurina, y solamente hace falta rememorar un poco la historia para darse cuenta de ello. Unas cuantas son las plazas de toros que dejaron la huella de esa fuerte tradición taurina catalana:


Gerona tuvo dos plazas de toros, la de Santa Ana (inaugurada en 1819) y la de Santa Eugenia (inaugurada en 1897, y en la cual siguió habiendo toros hasta principios de este siglo XXI). Ambas fueron derruidas. 

La de Tarragona se construyó en 1883 y aún hoy en día sigue en pie, aunque convertida en recinto multiusos que se inauguró en 2006, y desde entonces no ha albergado ni un solo festejo taurino. 

En Olot (Gerona) existe una coqueta plaza de toros construida con piedra volcánica e inaugurada en 1859, y en la que el año pasado existió un conato de celebrar una corrida de toros, cosa que, como fue de esperar, impidió el ayuntamiento del municipio. No se celebran toros en Olot desde el año 2003.

En Figueras (Gerona), en plena Costa Brava, existe una plaza de toros que se inauguró en el año 1894. Su arquitectura es curiosa, pues tiene forma hexagonal, y en su época hasta fue plaza de segunda categoría. Su último festejo data del año 2000 y en la actualidad se encuentra en un lamentable estado de abandono. 

Ahí donde la vemos, la localidad de Vic también tiene tradición taurina. Los primeros festejos taurinos de los que se tiene constancia en esta localidad datan del siglo XVII, y a lo largo de los tiempos se siguieron celebrando con gran asiduidad, hasta que en 1917 se inauguró su plaza de toros. Dicho edificio tuvo su mayor apogeo durante los años anteriores a la Guerra Civil, y siguió funcionando hasta que en 1961 se celebró la última corrida de toros, aunque el último festejo que se celebró en ella fue en 1963 una charlotada (sin duda, un claro presagio de lo que iba a venir en tiempos posteriores). Se derribó en 1966, aunque en los años 1970 y 1971 se instaló una plaza portátil en los mismos terrenos donde se ubicó la otra para dar festejos.

San Feliú de Guixols, localidad de la Costa Brava, contó con una plaza de toros que se inauguró en 1957 y que estuvo en funcionamiento hasta 1987, fecha en la que se le echó el cerrojo. Actualmente, como tantas otras, no existe, pues fue derribada en 1998.

En Lloret de Mar se construyó la plaza de toros "Juan Luis Andrés", que fue inaugurada en 1962. Su última temporada en activo fue la del año 2003, y en 2006 el ayuntamiento de la localidad procedió a su derribo.

Pero la verdadera madre del cordero en lo que a la tauromaquia catalana se refiere está, como no podía ser de otra forma, en su capital. Barcelona. El primer festejo taurino celebrado en Barcelona del que se tiene constancia fue en el año 1387. Sin embargo, Barcelona no tuvo su plaza de toros hasta bien entrado el siglo XIX: la plaza de toros de El Torín, en el barrio de La Barceloneta. Su construcción fue impulsada por el rey Fernando VII mediante Real Cédula del 3 de marzo de 1827. A través de la misma, el rey instaba a que se destinasen a la Casa de Caridad los recursos económicos recaudados mediante la celebración de corridas de toros. No careció el proyecto de inconvenientes, ya que ello coincidió con el inicio en Cataluña de la guerra de los Malcontents, o agraviados, impidiendo ello a que se comenzara con ello. Años después, fallecido Fernando VII, la Casa de Caridad volvió a impulsar el proyecto, en septiembre de 1833, para que la plaza de toros fuera construida en unos terrenos que dicha institución poseía en el barrio de La Barceloneta. Y así fue como unos meses después, la plaza de toros de El Torín se convirtió en una realidad. Se inauguró el 26 de julio de 1834, pero los problemas no tardaron en aparecer. Resultó ser que para conmemorar el primer aniversario de la plaza, se programó una corrida de toros el 25 de julio de 1835 en la que tomaron parte los matadores Manuel Romero y Rafael Pérez de Guzmán, para dar cuenta de uns corrida de Zalduendo. Los entonces toricos navarros de Zalduendo salieron en aquella tarde tan mansos, que se organizó un gran escándalo, primero en la plaza con el lanzamiento de objetos al ruedo, y posteriormente en la calle. Por aquel entonces el ambiente en la calle estaba tensionado por cuestiones políticas (parece ser este el sino de Barcelona, corcho), y se vivían casi a diario agitaciones en las calles. Cuando algunos aficionados salieron de la plaza armando gresca a consecuencia de la horripilante tarde de toros que vivieron, ello dio pie a que los agitadores habituales aprovecharan que el Pisuerga pasa por Valladolid para armar la suya propia. El lío que se montó se convirtió en algo así como una revolución anticlerical, llegando a arder conventos y monasterios. Algunos frailes perdieron la vida en aquel día. Al día siguiente, las autoridades decretaron el cierre de la plaza de toros de El Torín, ya que se consideró que la mecha se prendió en la plaza de toros por los aficionados. Sea lo que fuere, la plaza permaneció cerrada a cal y canto durante 15 años, no volviéndose a reabrir sus puertas hasta 1850 salvo en una excepción: la del año 1841, en el cual se celebraron algunos festejos en beneficio del Séptimo Batallón de la Milicia Nacional. Aquel año de 1850 se celebraron un total de nueve festejos, pero otra vez la inestabilidad volvió a hacer mella en el normal transcurso de la temporada taurina, pues debido a algunos sucesos varios tales como carteristas, colocación de bombas por parte de anarquistas, falsificadores de monedas y billetes y hasta las multas interpuestas al matador de toros Conejito por enfrentarse a la Autoridad, la plaza hubo de cerrar durante los años de 1851, 1854 y 1865. Durante algunas décadas continuó en funcionamiento El Torín, pero con la inauguración de Las Arenas en 1900 comenzó su decadencia. Este recinto comenzó a coger mucho más protagonismo en Barcelona, y durante los años posteriores en El Torín únicamente se celebraron novilladas y de manera muy esporádica. Además, a ello se le sumaron diversas sanciones de carácter económico provenientes de las autoridades municipales a causa de la baja calidad de los festejos que se programaban y de la falta de seguridad. Es el día 23 de septiembre 1923 cuando se celebra el último festejo, una novillada en la que tomaron parte Faroles, Alcalareño II y Nacional chico, ante una novillada de Hidalgo. Durante algunos años el edificio fue utilizado como almacén, y en el año 1946 se procede a su derribo.

El Torín de la Barceloneta hizo de esta ciudad, junto con Las Arenas y La Monumental, la más taurina de toda España. Las tres se mantuvieron en funcionamiento de forma simultánea entre 1914 (inauguración de la Monumental) y 1923 (cierre de El Torín).
Las Arenas de Barcelona fue una plaza de toros promovida con la intención de darle relevo a El Torín, pues esta plaza empezaba a quedarse chica ante la creciente población y afición de Barcelona. De estilo neomudejar, fue inaugurada el 29 de junio de 1900 con una corrida mixta en la que se lidiaron 8 toros del Duque de Veragua, siendo lidiados los dos primeros por los rejoneadores Mariano Ledesma e Isidro Grané, respectivamente, y estoqueados por Alejandro Alvarado "Alvaradito". Los seis restantes correspondieron a las cuadrillas de Luis Mazzantini, Conejito y Algabeño. No solo fue escenario de importantes acontecimientos taurinos, pues también sirvió como auditorio de mítines políticos, veladas de boxeo, partidos de baloncesto, carreras de ciclismo, espectáculos circenses y hasta sirvió como cuartel del ejército republicano durante la Guerra. Su última corrida de toros tuvo lugar el 19 de junio de 1977, corriéndose toros de María Antonia Laá y siendo estos estoqueados por José Manuel Domínguez "Dominguín", Armillita chico y Tomás Campuzano. Sola y abandonda durante casi tres décadas, fue reconvertida en un centro comercial que se inauguró en marzo de 2011. Solo queda una pizca de esencia de lo que fue gracias a su fachada neomudejar y su puerta grande, pero lo que nadie puede borrar de la memoria es que por donde ahora pasean cientos de personas portando bolsas de Mango, Zara, H&M o Pull&Bear, en otro tiempo se corrieron toros nada menos que del Duque de Veragua, Cobaleda, Coquilla, Miura o Clairac. Tampoco puede borrarse que en las salas de cine donde hoy se proyecta El Rey León, antaño eran tendidos donde los aficionados barceloneses dieron cuenta de grandes tardes durante la Edad de Oro del toreo. También en esta plaza el miura "Desertor" le segó la vida a Domingo del Campo "Dominguín", y tomaron la alternativa Juan Silveti, "Facultades" o Francisco Martín Vázquez (padre de Pepín Martín Vázquez).

Y por último, La Monumental. Una de esas plazas "monumentales" promovida por el Rey de los toreros para dar cabida a una mayor cantidad de público, de diferentes clases sociales además, ante la demanda de público que suscitaba la Edad de Oro del toreo. La plaza donde tomaron la alternativa Domingo Ortega, Pepín Martín Vázquez, César Girón, Chamaco, Paquirri o Julio Robles, entre muchos otros. La plaza donde Cuchareto, de Hoyo de la Gitana, arrebató la vida del portugués José Falcón, y donde también perecieron los banderilleros Mariano Alarcón (1952) y Joaquín Camino (1973). La plaza donde los dos Monstruos de la tauromaquia, el de Córdoba y el de Galapagar, dejaron su impronta por siempre. Una de las pocas plazas, sino la única, que puede presumir de haber tratado de tú a la Maestranza de Sevilla y a Las Ventas. La Monumental de Barcelona, la Señora de la Fiesta por antonomasia, y que fue inaugurada el 12 de abril de 1914 bajo el nombre de "El Sport" con una corrida de toros del Duque de Veragua de la que dieron cuenta Vicente Pastor, Papa Negro, Martín Vázquez y Torquito. Ese mismo día y a esa misma hora se programó otro festejo en Las Arenas en la que se lidió una corrida de Guadalest por Regaterín, Manolete padre y José Flores "Camará". Las Arenas registró media plaza mientras que la Monumental se llenó. Aun con todo, la Monumental no pareció alcanzar las expectativas de aforo, por lo que se continuaron las obras para acoger más público en sus tendidos. Y así, el 27 de febrero de 1916, la plaza de toros de "El Sport" fue reinagurada, sustituyendo su denominación por "Monumental de Barcelona", con un cartel de campanillas: toros de Benjumea para Gallito, Posadas y Saleri II. Y cabe también decir que ese mismo día y a esa misma hora, en El Torín se celebró una novillada con el hierro de Anastasio Martín que fue lidiada y muerta a estoque por Barquerito y Calvache. Durante diez temporadas las tres plazas de toros de Barcelona fueron protagonistas de una encarnizada competencia, de la cual salió con más prestigio la Monumental, pues los carteles que se programaban en ella tenián una mayor calidad que sus dos rivales. Tanto así, que en muy poco tiempo la Monumental de Barcelona se puso a la altura en cuanto a prestigio se refiere de las dos grandes plazas de España: Madrid y Sevilla.

Tras un siglo de historia, la Monumental sigue en pie hoy en día rodeada por una sociedad que parece haber olvidado (supongo que muy adrede) la gran importancia de Barcelona en el panorama taurino de toda la geografía mundial. Allí sigue su estructura neomudejar, a la cual comienza a notársele un preocupante estado de deterioro y abandono. En ella se siguen celebrando eventos varios totalmente ajenos a la Fiesta, y hasta junto a la puerta grande se anuncian los horarios de entrada a su museo taurino. Pero un servidor ya se ha dejado caer por allí unas cuantas de veces y se ha encontrado con que el museo está cerrado y no hay posibilidad de que sea visitado; ni tampoco el amable señor que hay colocado en la taquilla de la plaza (no se para qué en verdad) ha podido aclararme la verdadera situación del museo taurino, pues lo poco que habló al ser interpelado no lo dijo en castellano, precisamente.

Fueron otros tiempos tiempos en Cataluña. Quizás algunos, con sonrisa y naturalidad, como si ello fuera bueno y todo, lo achaquen al antes mencionado "avance de la sociedad y vanguardia". Pero nada más lejos de la realidad, un pueblo que reniega de su pasado, de su cultura y de sus tradiciones, que las erradica de su sociedad y de las mentes de sus ciudadanos, y además las prohíbe no es un pueblo que avance. Más al contrario, retrocede como los cangrejos y se instala en una espiral más parecida al medievo que a otra cosa. Y si a ellos se les suma que si los taurinejos vuelven a dar toros en Cataluña tienen que devolver las indemnizaciones que les hizo cobrar la prohibición, nos podemos terminar de dar por muertos. En fin, lo que nadie podrá hacer es borrar de la historia la enorme importancia que la Cataluña taurina tuvo a lo largo de los tiempos.  

lunes, 8 de julio de 2019

HISTORIA DE LA FERIA DEL TORO DE PAMPLONA: 60 AÑOS NO SON NADA

Julio, comienza el verano. Es tiempo de vacaciones, viajes, playa, piscina, helados... ¡¡y sanfermines!! Nos ocupa esa semana del año en la cual todas las miradas se centran en lo que ocurre en Pamplona a eso de las 8 de la mañana, cuando el cohete anuncia la salida de los toros al casco viejo de la ciudad. Mucho más allá de los encierros, está lo que ocurre en el coso de La Misericordia por la tarde, cuando los mismos toros que por la mañana protagonizaron momentos de emoción y belleza junto con los mozos que los corrieron, son lidiados y estoqueados en el ruedo pamplonica. Si algo caracteriza a la plaza de La Misericordia, amén del ambiente festivo y el jolgorio con el que se viven los festejos, es la seriedad del Toro que se lidia en esta plaza. Esto supone un verdadero oasis para el aficionado, cada vez más harto de toparse constantemente con festejos anodinos donde se lidian animales indignos de llamarse Toro. En Pamplona, en plenas fiestas en honor a San Fermín, se celebra la Feria del Toro, donde se cuida con mucho escrúpulo la presencia de toros de impresionante trapío y estampa (destartalados como los llama el taurineo rancio y antitaurino), y esto supone que esas fechas sean todo un referente para el aficionado.

La Feria del Toro como tal fue creada en el año 1959. Corría entonces una época en la que las secuelas de la Guerra Civil aún influían a la hora de encontrar animales con cuajo y trapío para confeccionar las ferias. Por ello, en el año 1957 La Meca se hace con los servicios de Miguel Criado "El Potra" para llevar a cabo las tareas de selección de toros acordes con lo que la afición navarra demandaba. Durante los primeros meses de 1959, cuando se empiezan a confeccionar los carteles de la feria de San Fermín, La Meca se encuentra con serios problemas a la hora de contratar a Luis Miguel Dominguín y Antonio Ordóñez, los mandones de la época, y al no encontrar acuerdos a la hora de establecer hierros a lidiar y dineros a cobrar, La Meca se centra en elaborar una feria que se caracterizó por contar con los hierros más prestigiosos del momento. Éstos fueron Juan Pedro Domecq, Miura, Pablo Romero, Carlos Núñez, Benítez Cubero, Vizconde de Garci-Grande y una novillada de Isaías y Tulio Vázquez. La Feria del Toro es una realidad. Sesenta años después, las ganaderías que más han lidiado en la Feria del Toro son:

 -MIURA: El mítico hierro de la A con asas tiene el honor de liderar este ránking. Dicen los aficionados más cualificados que no podrían entenderse unos sanfermines sin los astados miureños, y razón no les falta. Desde 1977 no se han ausentado ni un solo año de los carteles de Pamplona, aunque en el año 1978 no pudo lidiar al ser suspendidas las fiestas de Pamplona por motivos extrataurinos. En total, 53 ferias a sus espaldas, a saber 1959, 1960, 1963, 1965, 1966, 1970, 1971, 1972, 1973, 1974, 1975; y desde 1977 hasta nuestros días. También son numerosos los premios que Miura lleva a sus espaldas:


PREMIOS FERIA DEL TORO

+ 1974: Corrida lidiada el 13 de julio por Manolo Cortés, J.L. Parada y A.J. Galán.

+1977: Corrida lidiada el 8 de julio por Ruiz Miguel, J.L. Parada y A.J. Galán. 

+1984: Corrida lidiada el 14 de julio por Ruiz Miguel, J.A. Campuzano y Víctor Mendes.

+1999: Ex aequo con la corrida de Cebada Gago. Lidiada el 11 de julio por Sergio Sánchez, J.J. Padilla y Antonio Ferrera.

+2008: Ex aequo con la corrida de El Ventorrillo. Lidiada el 13 de julio por El Fundi, J.J.Padilla y Rafaelillo.


PREMIOS CARRIQUIRI

+ 1972: "León", lidiado el 10 de julio por Andrés Vázquez (OREJA)

+ 1973: "Importuno", lidiado el 14 de julio por A.J. Galán (DOS OREJAS Y RABO)

+ 1974: "Galguito", lidado el 14 de julio pos Manolo Cortés (OREJA)

+ 1975: "Aguijito", lidiado el 10 de julio por  A.J. Galán (OREJA)

+ 1977: "Algabeño", lidiado el 8 de julio por A.J. Galán ( DOS OREJAS)

+ 1983: "Navajito", lidiado el 10 de julio por J.A. Campuzano (DOS OREJAS)

+ 1997: "Abulagueño", lidiado el 13 de julio por El Fundi (OREJA)

+ 1999: "Bombito", lidiado el 11 de julio por J.J. Padilla (OREJA)

+ 2003: "Lagartijo", lidiado el 13 de julio por J.J. Padilla (OREJA)



-MARQUÉS DE DOMECQ: Hablar de sanfermines es hablar también del mítico hierro de don Pedro Domecq Rivero, el cual ha lidiado en la Feria del Toro nada menos que en 28 ocasiones (1962, 1963, 1964, 1975, 1976, 1978 a 1994, 1996, 1998, 1999, 2001, 2002, 2004, 2006, 2007 y 2010). En sus 28 ferias comparecientes, han coleccionado varios premios:


PREMIOS FERIA DEL TORO


+ 1963: "Escorpión", lidiado el 11 de julio por Luis Segura (DOS OREJAS)

+ 1983: Corrida lidiada el 12 de julio por Ruiz Miguel, J.L. Palomar y Yiyo.

+ 1991: Ex aequo con la corrida de Guardiola. Lidiada el 8 de julio por Ortega Cano, Emilio Muñoz y Litri.

+ 1998: Corrida lidiada el 13 de julio por Emilio Muñoz, Rivera Ordóñez y Morante de la Puebla.


PREMIOS CARRIQUIRI


+ 1985: "Helador", lidiado el 11 de julio por Ortega Cano (DOS OREJAS)

+ 1986: "Vidriero", lidiado el 12 de julio por J.A. Campuzano (SALUDOS). Este premio fue concedido ex aequo con el toro "Bilbaíno", de Murteira Grave, lidiado el 13 de julio por Roberto Bermejo.

+ 1993: "Fresón", lidiado el 9 de julio por César Rincón (DOS OREJAS)

+ 1994: "Marcador", lidiado el 13 de julio por César Rincón (SILENCIO/AVISO)





-CONDE DE LA CORTE: Hierro que goza hoy día de una gran importancia en la cabaña brava española al ser madre de la gran parte de ganaderías existentes. No menos importante es su extenso historial en la Feria del Toro de Pamplona, en la cual han lidiado en 25 ocasiones (1961 a 1972, 1974, 1978 a 1982, 1990 a 1994, 1997, 1998 y 2008). 
No cuenta, sin embargo, con un extenso palmarés en cuanto a premios se refiere, como se ve reflejado a continuación:

+1964: Premio "Feria del Toro" a "Nuevecosechas", lidiado el 7 de julio por Pedrés ( DOS OREJAS)

+ 1965: Premio "Feria del Toro" a "Guineo", lidiado el 8 de julio por Paco Camino (BRONCA)

+ 1971: Premio "Carriquiri" a "Vareto", lidiado el 13 de julio por Diego Puerta (OREJA)

+ 1991: Premio "Carriquiri" a "Hablador", lidiado el 7 de julio por Sergio Sánchez (SILENCIO)




-PABLO ROMERO - PARTIDO DE RESINA: Los "toros guapos", hoy desgraciadamente en horas bajas, también son muy conocidos en Pamplona. Así lo abalan sus 25 comparecencias (1959 a 1962, 1970 a 1979, 1981 a 1985, 1987, 1988, 1989, 1993, 1994 y 2000).
Tampoco ha sido lo que se dice muy galardonada esta ganadería: solo cuenta en su haber un Premio "Feria del Toro" a la mejor corrida, allá por el año 1975, lidiada por Paquirri, Julio Robles y Ruiz Miguel el 8 de julio. 




-CEBADA GAGO: Más allá de la sanguinaria fama que poseen en Santo Domingo-Ayuntamiento-Mercaderes-Estafeta-Telefónica, los toros de Cebada Gago aparece en este ránking en quinto lugar. Hizo su debut en Pamplona el 11 de julio del año 1982 con un toro corrido como sobrero en la corrida de Pablo Romero. Volvió con una novillada en 1984 y, al año siguiente, su debut con corrida de toros. Desde entonces, solo se ha ausentado de los carteles en tres ocasiones: 1997, 2014 y 2015; si bien en 2013 no lidió la corrida que sí estaba anunciada en un primer momento al ser esta rechazada por los veterinarios.
Cebada cuenta con un importante palmarés:


PREMIOS FERIA DEL TORO

+ 1986: Corrida lidiada el 10 de julio por J.M. Manzanares, Julio Robles y L.F. Esplá.

+ 1990: Corrida lidiada el 10 de julio por Roberto Domínguez, Emilio Muñoz y Fernando Cepeda.

+ 1992: Corrida lidiada el 8 de julio por Juan Mora, Rafael Camino y Jesulín de Ubrique.

+ 1999: Ex aequo con la corrida de Miura. Lidiada por Manuel Caballero, Pepín Liria y Dávila Miura.

+ 2001: Corrida lidiada el 9 de julio por Pepín Liria, J.J. Padilla y Jesús Millán.

+ 2006: Corrida lidiada el 10 de julio por López Chaves, Francisco Marco y Fernando Cruz.

+ 2012: Corrida lidiada el 12 de julio por Francisco Marco, Morenito de Aranda y Antonio Nazaré.


PREMIOS CARRIQUIRI

+ 1990: "Trepador", lidiado el 10 de julio por Emilio Muñoz (OREJA)

+ 1992: "Panadero", lidiado el 8 de julio por Juan Mora (OREJA)

+ 1998: "Manzanillo", lidiado el 10 de julio por Jesulín de Ubrique (SALUDOS/AVISO)

+2007: "Segador", lidiado por Juan Bautista el 10 de julio (SILENCIO)





-HEREDEROS DE D. SALVADOR GUARDIOLA FANTONI: Ausentes desde 1999, los astados de El Toruño también cuentan con una dilatada experiencia en Pamplona. 21 corridas de toros (1965, 1968, 1969, 1972 a 1975, 1978, 1979, 1980, 1984 a 1993, y 1996 a 1999), una novillada en 1966 y una corrida de rejones en 1976 es la experiencia en la Feria del Toro de estos villamartas. 

PREMIOS FERIA DEL TORO

+ 1989: Corrida lidiada el 10 de julio por Roberto Domínguez, Víctor Mendes y Emilio Oliva.

+ 1991: Ex aequo con la corrida de Marqués de Domecq. Lidiada por Morenito de Maracay, Víctor Mendes y Juan Cuéllar.

+ 1996: Corrida lidiada el 8 de julio por El Fundi, F.J. Martínez "Paquiro" y Javier Vázquez.

+ 1997: Corrida lidiada el 8 de julio por Juan Mora, El Tato y Pepín Liria.


PREMIOS CARRIQUIRI

+ 1987: "Carasucia", lidiado el 8 de julio por Morenito de Maracay (SALUDOS)

+ 1988: "Abeja", lidiado el 8 de julio por Paco Alcalde ( PALMAS)

+ 1989: "Ricolata", lidiado el 10 de julio por Víctor Mendes (SILENCIO)




-TORRESTRELLA: Los toros de Torrestrella, también con una siniestra fama en las calles de Pamplona, se lidiaron por primera vez en la Feria del Toro el mismo año del nacimineto de esta, 1959, para sustituir a la corrida que en un primer momento iba a ser lidiada con el hierro de Benítez Cubero. Desde entonces, ha lidiado un total de 23 ocasiones en la Feria del Toro (1959 a 1963, 1966, 1969, 1973, 1976, 1977, 1988, 1994 a 1997, 2000 a 2004, 2011, 2013 y 2014). 


PREMIOS FERIA DEL TORO

+ 1959: "Rabioso", lidiado el 9 de julio por Curro Girón (DOS OREJAS Y RABO)

+ 1962: "Buscalíos", lidiado el 12 de julio por Mondeño (OREJA)

+ 1966: "Escultor", lidiado el 14 de julio en corrida concurso por Antonio Ordóñez (BRONCA)

+ 1994: Corrida lidiada el 12 de julio por Emilio Muñoz, Juan Mora y Chamaco.

+ 2002: Corrida lidiada el 13 de julio por Víctor Puerto, Antonio Ferrera y El Fandi.


PREMIOS CARRIQUIRI

+ 1995: "Castellano", lidiado el 13 de julio por Juan Mora (OREJA)

+ 1996: "Borracho", lidiado el 12 de julio por Jesulín de Ubrique (SALUDOS/2 AVISOS)

+ 2002: "Sonajero", lidiado el 13 de julio por Antonio Ferrera (OREJA)




-FERMÍN BOHÓRQUEZ: Habituales hoy día en rejoneo, los murubes de don Fermín Bohórquez tampoco son moco de pavo en la Feria del Toro. La ganadería gaditana ha estado presente en 19 ferias, aunque hay que remontarse al año 1986 para dar cuenta de la última corrida que lidió a pie. En total son 16 corridas lidiadas a pie (1961 a 1965, 1967, 1968, 1969, 1973, 1975, 1978, 1980, 1981, 1984, 1985 y 1986), más 3 corridas de rejoneo (1997, 2007 y 2008). Cuenta con un historial de premios muy escueto: tan solo un "Premio Carriquiri" concedido al toro "Palomero", lidiado el 11 de julio de 1984 por Emilio Muñoz, quien fue pitado.



-JUAN PEDRO DOMECQ: Los "toros artistas" que tan de moda están entre los figurines a día de hoy han lidiado en la Feria del Toro en 15 ocasiones (1959, 1960, 1964 a 1971, 1974, 2003, 2004, 2005 y 2012). Como puede comprobarse, fue todo un clásico en la Feria durante los años 60.


PREMIOS FERIA DEL TORO

+ 1966: Mención honorífica a "Maniguero", lidiado el 13 de julio por Andrés Vázquez (DOS OREJAS Y RABO)

+ 1969: Corrida lidiada el 14 de julio por Diego Puerta, Paco Camino y El Viti.

+ 1970: Lidiada el 8 de julio por José Fuentes, Paquirri y J.L. Parada.

+ 1971: Lidiada el 7 de julio por Manolo Cortés, Curro Rivera y J.L. Parada.


PREMIOS CARRIQUIRI

+ 1969: "Madrileño", lidiado el 14 de julio por El Viti (BRONCA)

+ 1970: "Delirio", lidiado el 8 de julio por Paquirri (DOS OREJAS)




-JANDILLA: Finalizamos este ránking con otro hierro muy idolatrado por los toreros "importantes" de la actualidad. Los toros de don Borja Domecq, los cuales tantos encierros peligrosos se han cobrado, han lidiado en la Feria del Toro un total de 20 ocasiones, contando con esta de 2019. Hizo su debut en el año 1983, pero no regresó hasta 1997, año a partir del cual participa en las siguientes 12 ediciones, concretamente hasta 2010. Los años 2011, 2012 y 2013 quedó ausente, para regresar en 2014 y no ausentarse desde entonces.

PREMIOS FERIA DEL TORO

+ 2003: Corrida lidiada el 10 de julio por Rivera Ordóñez, El Juli y César Jiménez.

+ 2004: Corrida lidiada el 12 de julio por Dávila Miura, Miguel Abellán y Matías Tejela.

+ 2017: Ex-aequo con Victoriano del Río. Corrida lidiada el 11 de julio por Miguel Ángel Perera, Cayetano y Roca Rey.

+ 2018: Corrida lidiada por Juan José Padilla, Cayetano y Roca Rey.


PREMIOS CARRIQUIRI

+ 2004: "Olivarero", lidiado el 12 de julio por Dávila Miura (DOS OREJAS)

+ 2005: "Regidor", lidiado el 11 de julio por Salvador Cortés (OREJA/AVISO)

+ 2009: "Sabueso", lidiado el 9 de julio por Rubén Pinar (OREJA)

+ 2016: "Decana", lidiado el 11de julio por Alejandro Talavante (VUELTA AL RUEDO)




No podemos finalizar este artículo sin recordar a una persona muy querida en Pamplona y cuya ganadería es también un clásico en la Feria del Toro. Me refiero a la recordada doña Dolores Aguirre, quien ha estado presente en Pamplona en 16 ocasiones. La Doña hizo su debut en la Feria del Toro en 1980, para regresar en 1989 con un sobrero, y en 1995. La siguiente fue en 2002, y desde entonces es habitual en Pamplona hasta el 2014, año en el que hizo su última aparición.
En tres ocasiones ha sido galardonado este hierro con el "Premio Feria del Toro", la primera en año 1995 por una corrida lidiada el 9 de julio por Cristo González, Javier Vázquez y Pepín Liria; la segunda el 11 de julio de 2009, estoqueada por Serafín Marín, David Mora y Joselillo; y la tercera el 8 de julio de 2013, y de la que dieron cuenta Manuel Escribano, Joselillo y Juan del Álamo.
Con el "Premio Carriquiri" ha sido galardonado este hierro en una sola ocasión, concretamente el toro "Langosta", lidiado por Joselillo el 11 de julio de 2009 (OREJA). 





BIBLIOGRAFIA:
 feriadeltoro.net
feriadeltoro.com
Libro "Ganaderías históricas de los sanfermines", de Roberto Moreno Torres
Enciclopedia "La Pasión por los Toros", año 1994






viernes, 5 de julio de 2019

MANOLETE vs RATÓN: UNA FAENA PARA LA HISTORIA

Madrid, 6 de julio de 1944. Corrida de la Prensa. Por tal motivo, en los corrales de Las Ventas aguarda una corrida de don Alipio Pérez-Tabernero Sanchón, la cual ha de ser lidiada y muerta a estoque por Luis Gómez "El Estudiante", Juanito Belmonte y Manuel Rodríguez "Manolete". Casi nada.

Las notas más destacadas de la corrida fueron sendos trofeos conseguidos por "Estudiante" y Manolete en los toros primero y tercero, respectivamente; hasta que llegó el sexto y último turno de la corrida. Saltó al ruedo un toro de don Alipio del que se cuenta que armó un escándalo monumental en el tendido por ser excesivamente feo y terciado, ante lo cual el señor presidente hizo asomar el pañuelo verde. En su lugar salió al ruedo un negro zaíno de nombre Ratón, número 242, del hierro portugués de don José Lacerda Pinto Barreiros. Ante este toro, Manolete no solo obtuvo su triunfo más apoteósico en Madrid, sino que además realizó la que para muchos críticos y aficionados fue la mejor y más completa faena de su carrera, la que retrata más a lo vivo su toreo, como dijo el famoso documentalista taurino Fernando Achúcarro.

Los que habíamos visto torear a Manolete en Barcelona, en Bilbao, en Valencia, en cualquier parte, sabíamos que un día le saldría el toro en Madrid y la capital se inclinaría. Y así ha sido. Tan rotundo, tan total, que no se habla de otra cosa. El fino sentido periodístico ha traído a la primera plana de los diarios esta figura tan tranquila e impasible, que pisa el ruedo como si llevase a sus espaldas cuarenta generaciones de toreros. Este es Manolete, a quien se rinden propios y extraños y que en su arte llega a cimas incalculables. Es hermoso coronar con la juventud el triunfo. Y coronarlo con el riesgo y el peligro, con el heroísmo de la muerte, escurrida entre cascadas de arte y alegría》. Artículo firmado por José Vicente y publicado en El Ruedo el 11 de julio de 1944, sobre aquella faena.

La apoteosis, el no va más, llega con el toro que cierra plaza, y que al salir de chiqueros hace cosas de muy feo estilo. La gente, ante tales maneras, se dispone a cubrir el expediente: se prepara para irse. Total, en un cuarto de hora estará fuera de la plaza, camino de casa. Pero el torero cordobés no es de la misma opinión y piensa otra cosa. Se esfuerza por sujetar al astado; torea a la verónica colosalmente. La primera serie de lances la remata con una media muy templada, le vale la correspondiente ovación. En el turno de quites se repite el éxito. Manolo tiene ganas de pelear; "habrá faena", aseguran los peñistas del 7. Efectivamente, tocan a matar, y el torero toma la muleta y el estoque y se va al centro del ruedo para brindar a los aficionados. Desde lejos, cita al toro y le administra un ayudado por algo que pone a la plaza en pie. Otra ovación. Luego se lleva el trapo rojo a la zurda y torea al natural. La serie resulta espectacular y redonda, pues el torero de Córdoba no se ha movido del sitio donde ha ejecutado el primer pase. Cuando le da el de pecho al final, el ruedo se cubre de sombreros. Ya hay incluso quien, adelantándose a los acontecimientos, pide, nervioso, la oreja. Manolete continúa con su magistral lección. Es todo un curso sobre aunténtico toreo. Entre palmas y vítores, Manolo hace pasar al bicho en otro capítulo de naturales, seguido de derechazos en redondo y de las discutidas manoletinas. Da algunos muletazos "mirando al tendido", que desatan la locura del público. En una breve pausa, los espectadores, en pie, le aclaman y solicitan para el espada los trofeos de rigor. Al fin, el torero de Córdoba monta el estoque y ejecuta la suerte suprema maravillosamente. No cae el toro y, cuando se dispone a descabellarlo, la gente, temiendo que no acierte a la primera y se produzca el desencanto, le pide que lo deje. Pero Manolete cumple con su deber. Al primer intento se derrumba el bicho, y se desencadena el entusiasta carrusel de aclamaciones. Con las dos orejas del vencido animal en la mano, recorre el torero el redondel, y por la Puerta Grande sale en hombros de los entusiastas》.
Francisco Narbona, en su obra "Manolete".


DE CENTELLA RATÓN
Don José Lacerda, criador del toro con el que el Monstruo de Córdoba se encumbró en Madrid, contó una curiosa anécdota sobre el toro en cuestión. Resultó ser que el animal se llamó desde un primer momento Centella. El caso es que fue adquirido por la empresa de Madrid como novillo, haciendo de sobrero en algunas corridas durante algún tiempo, sin conseguirse que fuera lidiado. Centella se hizo amo y señor de los corrales de Las Ventas durante todo ese período de tiempo, llegando incluso a comerse el pienso destinado para los otros toros. Por tal motivo, el mayoral de la plaza comenzó a apodar al bicho Ratón, sobrenombre con el que pasó a figurar, de la mano del IV Califa del Toreo, en las páginas doradas de la Tauromaquia aquel histórico 6 de julio de 1944 en Las Ventas.


sábado, 29 de junio de 2019

LA CRÍTICA, UN GRANO EN EL CULO DE LOS TAURINEJOS Y SU SÉQUITO

El día menos pensado, nos levantaremos de la cama y nos encontraremos que en el Código Penal español se ha incorporado un nuevo artículo que rezará de la siguiente manera: "Quienes en un festejo taurino o tras su celebración ejerciera la crítica de un modo en que se menoscabe o se critique la actuación de un torero, se diga abiertamente o se insinúe que no ha estado bien, que su oponente se le fue sin torear, que su oreja o su puerta grande sea regalada o injusta, que se pite o cualquier otro tipo de protesta que pueda ir en contra de la corriente triunfalista que impera en la Fiesta de hoy en día, serán castigados con Pena de Prisión Permanente Revisable. Se entenderá que el reo ha alcanzado la reinserción social cuando sea capaz de ir a los toros y solo abra la boca para decir "biiiiiieeeeeeeennnnnjjjjj", "viva España", "viva el 155", "viva el Rey" o "tráeme otro gintónic, mozo". 

Puede que esta reflexión esté cargada con cierta dosis de sarcasmo, pero el tabique que separa algo así de la realidad es tan fino que apenas se palpa. Incluso inexistente parece la mayoría de las veces. La crítica como tal es un ejercicio prohibido en los toros, un hecho muy mal visto por aquellos taurinejos y adeptos (abrazafarolas ellos) que lo único que buscan es que todo sea aplaudido, premiado con orejas, rabos, puertas grandes e indultos, y que nadie abra la boca si no es para decir que todo fue perfecto. Y aquel aficionado que considera que no todo vale, que no todo es merecedor de premio, que los toreros no siempre están bien y que en el toreo hay cosas censurables, se ejerce contra él una caza de brujas basada en que "es una falta de respeto opinar así", que "cómo puedes dar tú esa opinión si nunca te has puesto delante de un toro", que "escribir o decir eso hace más daño a la Fiesta que los animalistas", y demás retahíla de imbecilidades cacareadas por ciertos personajillos pertenecientes o adeptos al infame sistema taurino existente. Los niveles alcanzados en redes sociales tipo Twitter o Facebook sobrepasan lo vomitivo, pero en los tendidos se ha llegado a un nivel de infamia alarmante. Buena prueba de ello fue la pasada feria de San Isidro.

No seré yo quien niegue el hecho de que hay aficionados que lanzan su grito en el momento menos oportuno para hacerlo, y que eso merece reprobación. Valga como ejemplo el clásico "se va sin torear" justo en el momento que el matador está perfilándose para entrar a matar. También el "Viva España" o el "Viva el 155" se ha llegado a escuchar en ese momento tan poco apropiado para estas cosas, aunque esto no sea censurable ni nada, no señor... ¡¡Es hasta gracioso y se debe tomar como algo solemne!! Pero lo que no se puede pretender es que en la plaza de Madrid, plaza donde siempre se ha protestado y pitado durante la lidia, algunos quieran imponer lo que llaman el "silencio sevillano". No, no y mil veces no. Cada plaza y cada afición tiene su propia personalidad, y así como la característica principal de Sevilla es el silencio, en Madrid es el runrún, y ese runrún es clásico cuando sale un toro bajo de trapío, se pica mal, se lidia mal, un torero no está a la altura o comete ciertas maneras de aliviarse como meter el pico o descargar la suerte. Pero también ese runrún aparece cuando en el ambiente se palpa que va a suceder una faena grande. El runrún de Madrid y de ningún lugar más, para lo bueno y para lo malo... ¡¡Y nos lo quieren arrancar!! De la misma manera que en Pamplona se canta La chica Ye-Yé y piezas similares durante la lidia y nadie dice nada. Y esto siempre ha sido así, ¿por qué cambiar la personalidad de cada plaza? Mejor dicho, ¿por qué cambiar la personalidad de la plaza de Madrid? ¿Por qué tanta efusividad para meterse con la afición de Madrid cuando protesta la colocación de un torero o la concesión de una oreja barata, y que luegi todo el mundo, desde los voceros de la tele hasta el más paladín del triunfalismo, callan cuando las peñas de Pamplona lanzan latas, botellas y demás desperdicios a los toreros cuando se acercan a tablas? ¿O cuando estos mismos "señores" sacan pancartas o lanzan consignas a favor de los presos batasunos en plena corrida? Ese doble rasero...

En Madrid esta feria de San Isidro se han vivido momentos de verdadero bochorno. Ya no son solo los muchos gritos de "Viva España" o "Viva el 155" que se escuchaban unas cuantas de veces todas las tardes, ni los "cállate gilipollas", ni los cortes de manga hacia el sector protestón cuando este está a lo suyo. Eso se pueden considerar chiquilladas comparado con aquel día en que algunas personas subieron tendido 6 arriba para llegar hasta los abonados de la Grada 6 y lanzarles todo tipo de improperios, insultos y hasta amenazas. Pero si ha habido un hecho que ha marcado para mal esta feria y que hasta puede decirse que supuso un antes y un después, fue el ocurrido la tarde del 30 de mayo. Pongámonos en antecedentes: Manuel Escribano se las andaba viendo y deseando ante un exigente y encastado ejemplar de Adolfo Martín, el cual tenía muchísimo que torear y su matador no conseguía estar a la altura. Madrid en ese momento fue Madrid, ni más ni menos. Con sus protestas al torero porque no conseguía poder con el toro, sus pitos cuando el torero se quedaba fuera de cacho, sus comentarios aprobatorios hacia el buen toro que había en el ruedo... Hasta que ocurrió lo que nadie quiere que ocurra, que el toro se llevó por delante al matador y le infirió un cornadón. A continuación y durante las horas posteriores, se contabilizaron por miles las vejaciones y calumnias hacia los aficionados que protestaban, culpabilizándoles de la cornada. Y sí, es cierto que las protestas en ocasiones llegan a destiempo, y a veces se persiste en ellas más de la cuenta. Pero de ahí a que un aficionado tenga la culpa de una cornada por sus silbidos o sus protestas... ¿Se puede ser más miserable, más ruín, más zafio, más hiena, más mal bicho y más vomitivo? Es difícil...

Muchas veces se les recrimina a los aficionados más protestones el hecho de hacerlo cuando el torero está toreando, y en palabras de esos mismos que lo recriminan lo ideal sería "hacerlo cuando termine la faena, y que cada uno manifieste su parecer a la actuación del coleta cuandoeste ya ha estoqueado al toro". Muy bien, podríamos estar de acuerdo en ese precepto. Pero en este sentido, del dicho al hecho hay un trecho, pues luego este tipo de personas no tardan mucho en retractarse, pues también a la grandiosa mayoría de esas personas les molesta cuando se protestan trofeos y salidas al tercio para saludar. Por no hablar de cuando los aficionados que disponemos de blog o perfil en Facebook mostramos nuestro parecer de lo que fue la corrida. Da gusto cuando un aficionado que discrepa de la opinión de otro se presenta con educación y respeto y comenta su parecer aunque este sea discordante, pues en los toros, además de la crítica, siempre le ha dado vida al espectáculo la controversia, siempre que esta venga con buenas formas claro. Lo verdaderamente jodido es cuando viene el tipejo o la tipeja de turno con insultos y argumentando en contra de quien no opina como él que "es una falta de respeto pensar así", "sois unos integristas", "tenéis que aprender a ser buenos aficionados", "quién eres tú para decirle a un torero dónde se tiene que colocar", "hay que echaros de las plazas como sea", "decir eso hace mucho daño", y toda esa hermosa colección de paparruchas. Que luego se les pide que razonen esos argumentos sólidamente, y pueden suceder varias cosas: o bien siguen obcecados en sus tontos argumentos, o acuden al insulto y/o a la amenaza, o él sí que razona y quien tiene enfrente no y es imposible que entre en razón. ¿Entrar en razón de qué? ¿Acaso lo único que hay que hacer es ver, oír y aplaudir todo, hasta lo inaplaudible, y que desaparezca la seriedad y el rigor de las plazas de toros, para más comodidad de los autodenominados "profesionales"? Asqueroso, muy asqueroso todo.

Muchos comprendemos que sin crítica, sin controversia y con aficionados que no conmulgan con ruedas de molino, los taurinejos lo tienen más fácil para cometer sus abusos y tropelías, para pintar su imagen y sus actuaciones de color rosa y tener más por menos. Pero hay aficionados (todavía, a pesar de todo) a los cuales no todo les vale, que distinguen lo bueno de lo menos bueno y de lo malo, y que gustan de llevar el rigor por bandera porque no todo vale. O no todo debiera valer. Que ya les gustaría a unos cuantos que los aficionados rigurosos desaparecieran del mapa y dejaran de hacer peligrar su chiringuito de comodidad y de triunfalismo barato, pero aunque la cosa está más mal que bien van a tener que seguir aguantándose.

jueves, 20 de junio de 2019

LA IMPORTANCIA DE PICAR BIEN A LOS TOROS

"En el desolladero comprobamos que desafortunadamente el último puyazo, algo trasero, perforó la pleura del pulmón, provocando un gran destrozo y que el toro no recibiera el oxígeno que demandaba el esfuerzo que estaba realizando. Una pena. Hasta donde pudo nos hizo disfrutar".



Palabras del ganadero Santiago Domecq sobre el toro Zahareño, aquel que cerrara San Isidro el pasado domingo. No estamos muy acostumbrados a conocer cierto tipo de cosas que solo pueden salir a relucir en el desolladero, por lo que es de agradecer que haya un ganadero que se pronuncie acerca de estas cosas, y más cuando el toro en cuestión tuvo en el ruedo una gran importancia. Con ello queda patente lo que gran parte de la afición lleva demandando prácticamente desde que el mundo es mundo: que a los toros se les debe picar bien. Ojo, no confundir el "picar bien" con "picar poco", ni el "hay que picar" que tantas tardes se vocifera desde el tendido con hacer una carnicería. Picar bien, que no es otra cosa diferente a tirar el palito y colocarlo en el sitio preciso, o sea justo donde finaliza el morrillo y en todo lo alto de este lugar; y aplicar el castigo en su justa medida evitando barrenar, hacer la carioca cuando esta deje de ser un recurso para castigar a los toros mansos, y todas esas triquiñuelas más propias de un carnicero que de un buen picador. Que hacer todo esto es muy difícil , cierto, y ni tan siquiera son capaces de hacerlo todos los días hombres que trabajan como vaqueros o mayorales en muchas ganaderías, y que por consiguiente son grandes experimentados en el arte de picar. Pero cuando se marra, siempre cabe rectificar el puyazo, y eso no siempre se hace. ¿Por qué? Por lo que viene a continuación.

Zahareño, gracias también a las explicaciones de su criador, es el mejor ejemplo posible para defender que picar bien a los toros tiene muchísima importancia. El fin de la suerte de varas, amén de comprobar la bravura del toro es que este sea sangrado y sea restada cierta parte de su temperamento. Ahormar la embestida, que se ha dicho siempre en el argot taurino. No hay más vuelta de hoja.

Pero existe un problema, y es que con la suerte de varas, una de las más bellas de cuantas existen en la tauromaquia, se llega muy a menudo mucho más lejos. O no se llega, que es igual de malo. Y no se llega porque el toro que se demanda en tiempos actuales está llevando a la suerte de varas hacia su desaparición. Pero ¿y cuándo salen toros con mucho poder y casta? Pues que se llega mucho más lejos de la frontera que marca la ética taurómaca y también el Reglamento: se masacra vilmente a los animales con puyazos traseros y en muchos cados paletilleros (los más dañinos) en los que se barrena y se mete el palo muchísimo más de lo que debería hacerse, provocando destrozos en los toros que les pasan mucha factura durante la lidia y les impide sacar lo que llevan dentro. Y las palabras de Santiago Domecq son una prueba irrefutable de ello.

A Zahareño no lo picaron tan horripilantemente mal como estamos acostumbrados a ver, pero tampoco le dieron tres puyazos perfectos. Manuel Bernal hizo bien la suerte, tiró el palo y, antes de que el toro se la pegara contra el peto, plantó el puyazo, los cuales sí, efectivamente cayeron en lo alto. Pero traseros, y a las pruebas me remito. Zahareño mostró bravura y poder en el primer tercio, y también ser un torrente de casta cuando su matador le toreó con el capote. Pero los puyazos traseros, como siempre suele parar en estos casos, le mermaron. El toro apenas pasaba en la muleta, se quedó amorcillado y el matador tuvo que tirar por la calle de enmedio. Pero cierto es que no sería justo que toda la culpa de este hecho recayera sobre los puyazos, pues en el segundo tercio al toro, aunque ya daba síntomas de irse a menos, todavía le quedaba fuelle. Fue el show fandilista de los cuatro pares de banderillas ¡¡cuatro!!, con sus carreras de un lado para otro y el pertinente desfogue del toro lo que le hicieron acabar con el carbón que le quedaba. Un puñado de buenas embestidas hubiera ofrecido el buen Zahareño, no muchas pero sí las suficientes para poder poner Madrid bocabajo. ¡¡Ni que en Madrid hiciera falta una faena de tres mil trapazos para cortar dos orejas!!

Por desgracia, son muy contadas la veces que los aficionados llegamos a ser conocedores de estos extremos. Pero los casos en que nos quedamos sin toros por culpa de malos picadores y malos lidiadores sí abundan más. El caso de Zahareño no es sino la punta de ese iceberg llamado "La importancia de picar bien a los toros". O también "La importancia de picar mal a los toros", todo desde según que punto de vista se mire, si desde la del aficionado que está deseoso de ver toros en todo su explendor de condiciones, o desde la del matador que tiene lidiar con un toro encastado, fiero y que derrocha poder.