lunes, 1 de agosto de 2016

NOVILLADAS

Sigamos, no pasa nada. Sigamos maltratando a los novilleros, pilar fundamental de la futura Tauromaquia. Los ejemplos de Arnedo, Calasparra, Arganda del Rey, Villaseca de la Sagra, Algemesí o certámenes de novilladas sin picadores como el Camino hacia Las Ventas o la Ribera del Tajuña son honorables excepciones a la norma. Las novilladas están vapuleadas, pisoteadas. Vejadas por un sistema al que solo le importa facturar cuanto más dinero mejor, sin preocuparse de cuidar a las nuevas generaciones de novilleros y becerristas dándoles oportunidades para curtirse y aprender el oficio.
¿Por qué en ferias importantes, como Valladolid, como Guadalajara, como Ciudad Real, Murcia, Badajoz, Vitoria-Gasteiz o San Sebastián, por poner algunos ejemplos, no se da ni una mísera novillada?
¿Por qué en muchas plazas de tercera categoría se dejan las novilladas de lado para que vayan a torear las figuras del toreo? ¿Por qué nadie hace nada por cortar de raíz esa infamia que son los festivales sin novillero? Efectivamente, porque los que en esto mandan se preocupan únicamente de sus intereses individuales, y los intereses de la Fiesta se lo suelen pasar por el arco del triunfo, faltaría más. Luego, cuando hay que rellenar huecos en las numerosas novilladas que, por pliego, se deben celebran en Madrid, con novilleros que torean poquísimo y acusan la falta de rodaje, vienen los lamentos. Los lamentos de que en Madrid "se lidia un novillo descomunal y desproporcionado, y por ello llevamos no sé cuántas cornadas de novilleros este año". Es decir, que el problema, según esta banda de iluminados, no es que no haya novilladas, sino que el novillo que se lidia en Madrid es simplemente acorde a la categoría de esta plaza. La solución, pues, no es darles más oportunidades a los chavales para que aprendan y vengan con oficio al exigente examen que supone Madrid. ¡¡No, por Dios, acabáramos!! Esto se arregla bajando la exigencia que debe tener la que se supone plaza más importante del mundo. ¿Se puede ser más fariseo?

Esto es solo una parte de lo maltratada que está la novillería. Ayer, vía redes sociales, un novillero sin picadores llamado David del Castillo denunciaba que estaba anunciado para torear en Mijas, pero que finalmente no lo hacía porque "la empresa le obligaba a vender 80 entradas". Entradas de 50 euros las más baratas, en tendido alto de sol (95 euros la más cara, barrera de sombra). ¡¡50 euros una novillada sin picadores, en la que se lidian 3 erales 3!! ¿Cómo se puede ser tan sumamente cafre?
La noticia la hizo saber el propio novillero, y rápidamente el portal Cultoro la propagó para que todos nos hiciéramos eco de tal descalabro... Todos, excepto los salvapatrias de Simón Casas y Mundotoro, por supuesto, que seguramente estaban más pendientes de que en la novillada de Madrid no salieran novillos con todo el cuajo que les corresponde. Por suerte, la Unión de Toreros ha anunciado medidas al respecto.
Esto, porque al novillero en cuestión le dio un ataque de valentía y coraje, y no quiso morderse la lengua. Pero ¿qué no pasará por ahí de lo que nadie tengamos idea, porque a los pobrecillos no les queda otro remedio que tragar para poder cumplir su ilusión? La culpa, claro está, es del novillo que se lidia en Madrid, no nos comamos más la cabeza.

Eso sí, en todos los ámbitos de la vida siempre han existido clases y clases, y en esto no iba a ser menos. ¿Verdad señor Adame, de nombre Luis David?
Vaya con el júnior de los Adame, que en poco más de un año de novillero con picadores le ha dado tiempo a ser apoderado por la empresa de Madrid, a torear dos de las tres novilladas de la Feria de San Isidro, debutando en la primera además; a programarse una alternativa de lujo en Nimes, y hasta a decidir cuáles ganaderías quiere torear y cuáles no. Qué bien se lo montan algunos.

Y otros, la inmensa mayoría, penando y recibiendo miles de zancadillas por parte de este putrefacto sistema que solo mira por sí mismo, llevándose por delante de esta forma tan deleznable a la Fiesta. Pero la culpa es de Podemos, Izquierda Unida, PACMA, del Ché Guevara, de la mona Chita y de su puñetero padre. Ah, y de que en Madrid se lidia un novillo acorde a la categoría de la plaza, por supuesto.

domingo, 10 de julio de 2016

MI PEQUEÑO HOMENAJE A UN TORERO CAÍDO

Llego, cayendo ya la noche, a casa. Todo parece una tarde normal, con el calor propio del mes de julio, la mente puesta en la corrida de Escolar que se está lidiando en Pamplona, y maldiciendo mi suerte por no poder presenciar ese desafío ganadero de Teruel entre Ana Romero y Los Maños, el cual por cierto me lleva pareciendo unas cuantas semanas un cartel rematadísimo, con tres toreros que tienen mucho que decir en esto.
Lo primero que hago al llegar a casa es mirar el móvil para comprobar el desarrollo de ambos festejos y, al abrir el WhatsApp, me topo de bruces con un mensaje de mi querido Emilio Roldán que me hiela la sangre: a Víctor Barrio le ha matado un toro en Teruel. Me quedo en shock, no me lo creo. Tengo que sentarme en una silla porque mis piernas, temblorosas, no me sostienen. Me llaman a cenar y el cuerpo me responde con náuseas. ¿Qué ha pasado? ¿Cómo ha sido? ¿Por qué? ¿POR QUÉ? 
No hay palabras para responder, es imposible sacarlas de donde no las hay. Tampoco hay consuelo posible. Ni que el toreo es así, tan duro como real, ni que al torero podrá quitarle el toro la vida pero la gloria jamás. No, no hay consuelo posible ante tanto dolor. Un torero ha muerto en las astas de un toro, un torero joven, con proyección, con ganas de ser y de mandar en esto, con hambre de triunfo en cada tarde. Ha muerto Víctor Barrio, no me lo creo aún, es doloroso y difícil de digerir. 


Recuerdo perfectamente, y además con mucho cariño, la primera vez que vi torear a Víctor Barrio. Fue en mi pueblo, Estremera, en un festival sin picadores un 13 de octubre del año 2009. Barrio había debutado con picadores hacía pocos meses, aún apenas empezaba a abrirse hueco en la crême de la novillería, y aquel martes octubreño Barrio se entretuvo en darnos una bonita tarde a toros ante dos novillos de Alcurrucén. Las tres orejas que cortó fueron lo de menos en ese momento. Le recuerdo como un chaval alto y espigado que, embutido en un elegante traje de corto oscuro, hizo un toreo despacioso, vertical y mostrándonos además que le gustaba colocarse en el sitio. "A este hay que volver a verlo", recuerdo que le dije a mi buen amigo Andrés al terminar el festejo. 
Meses después, recién terminado San Isidro, vino a presentarse a Madrid, y cortó una oreja a un novillo de Rehuelga. Volvió en la novillada de la Feria de Otoño, tres meses después y, sin cortar orejas, volvió a decir mucho aquella tarde.
Llega la temporada 2011, el año de su consagración como novillero. Dos tardes en la feria del Santo Patrón de Madrid, cosa que llevaba años sin verse en un novillero, el torear dos de las tres novilladas que componen San Isidro. Vuelta a lo mismo, que era decir que ahí había un novillero dotado de buenas maneras y con ambición suficiente para comerse el mundo. Mete la cabeza ese año en lugares importantísimos, llama la atención en las plazas donde pisa. La alternativa está cercana y el buen rodaje de Víctor Barrio queda más que patente.
Domingo de Resurreción del año 2012, domingo 8 de abril. Apadrinado por El Fundi, Barrio toma la alternativa vestido de fucsia y oro en la plaza que le puso en órbita: Madrid. No podía ser en otro lugar, gran promesa de la novillería y con el reconocimiento unánime de los aficionados, no merecía menos. Pero las cosas aquella tarde no salen como se espera, no hay suerte. Vuelve Barrio un mes después por San Isidro para darse de bruces con una corrida infumable de Fermín Bohórquez.
Llega el parón. Quien estaba llamado desde novillero a ocupar un lugar importante en el toreo, no entra en las ferias, pero la afición le espera.

Y llega el 9 de febrero de 2015. Los aficionados acudimos a Valdemorillo llamados por una corrida de Cebada Gago que ha de ser estoqueada por Paulita, Manuel Escribano y Víctor Barrio.
La corrida se desarrolla con poco a destacar, hasta que sale el sexto de Cebada Gago, un encastado ejemplar al que Barrio, espoleado ante la necesidad de llamar la atención para volver a estar en la pomada, cuaja un faenón. Aquellos naturales a pies juntos, colocado en el sitio y llevando al toro hacia atrás, todavía me erizan los pelos. Hacía tiempo que no veía torear con tanta verdad. De nuevo, Víctor Barrio está en boca de los aficionados.
Por desgracia no dura mucho, año y medio después Lorenzo, de Los Maños, se cruza en su camino y trunca cruelmente una carrera prometedora.

Escribiendo esto no puedo evitar derramar algunas lágrimas. Lágrimas de dolor, de rabia, de impotencia, de incapcidad para hallar respuesta a las tantas preguntas que nos invaden a todos.
No existen palabras de consuelo. No son posibles en estos momentos, no salen. Solo cabe mandar abrazos muy coordiales a la familia, cuadrilla, amigos, allegados y conocidos de Víctor Barrio.

Ha muerto un torero y ha nacido un mito. Gloria eterna a Víctor Barrio. Descanse en paz, TORERO.

martes, 5 de julio de 2016

MARCIAL LALANDA


¿Había muchos toros como estos, que daban la impresión de ilidiables, y en realidad no lo eran? 
Muchos. Me preguntaréis: "¿Es que quieres que vuelvan a los ruedos aquellos toros?". Mi respuesta rotunda sería: ¡¡Sí!! Aquellos toros -junto con otros más nobles- daban la tónica de lo que la Fiesta debe ser. Descubrían la importancia de un torero, y el público vivía en toda su intensidad la grandeza del toreo. Los aficionados que no se reconfortan con estas sensaciones son culpables de la decandencia actual de nuestra Fiesta. 

MARCIAL LALANDA

lunes, 6 de junio de 2016

TRIGESIMOPRIMERA Y ÚLTIMA DE FERIA: MIURA CLAUSURA SAN ISIDRO CON UN POCO DE TODO

¿Qué tendrán los toros del mítico hierro de Miura, que cuando se anuncia en Madrid apenas se ve cemento en el tendido? En la tarde de hoy no ha sido menos, y la plaza presentaba un aspecto que cualquiera diría que se anunciaban tres de esos que hacen el mejor toreo de la historia, frente a una corrida de esas pensadas para disfrutar y para crear arte. 
Pero no, hoy en la plaza de Madrid, en la última de la feria de San Isidro, se anunciaban los toros de Miura, herrados con esa A con asas inconfundible que, con solo mirarla, se le pone a cualquiera la piel de gallina; con los figurones de la Tauromaquia contemporánea en la otra punta de España, y anunciada para ser lidiada y muerta a estoque por tres toreros modestos que venían prácticamente jugarse el devenir su temporada.
Miura tiene que es diferente al resto. Uno que va por la mañana al apartado y, el subir las escaleras que dan a los corrales, se topa de bruces con esos toros cariavacados, ofensivos, largos como el viaducto del AVE, altos, finos y fibrosos, agalgados y con ese cuello largo y ágil, solo piensa en una cosa "pobrecito el que se tenga que poner ahí delante".
Ya por la tarde, uno por uno empiezan a desfilar por el ruedo y a hacer gala arrogante y galantemente de su inconfundible y pavorosa fachada, y despiertan la admiración y el respeto del aficionado. Y una vez dado cuenta de la hermosura de forma individual, cada uno sale a su padre y a su madre, pero normalmente el interés lo mantienen en el ruedo de forma constante.

El primer miura de la tarde que clausuró la feria salió lisiado, y el presidente, don Jesús María Gómez Martín, que haciendo su trabajo también es diferente a sus colegas, no se dio mucha coba e hizo asomar el pañuelo verde pronto. Rafaelillo hizo correr turno y salió Tabernero, n° 17, nacido en diciembre de 2011. Un hermoso toro de Miura que, así a lo tonto, ha sido uno de los toros de la feria. Poco se emplea en varas mientras el picador pega dos puyazos fuertes, por tal sale perdiendo las manos del primer encuentro. El animal se viene arriba en banderillas, la brega de Álvaro Oliver ha sido eficaz y cuando Rafaelillo de dispone a muletearlo, el animal ya tiene una embestida fiera y enclasada con mucha emoción. Rafaelillo empieza en los medios con la zocata, el toro se arranca como un tren y deja una serie de naturales despegada y metiendo mucho pico. Le siguen otras dos tandas con la zocata en las que las intenciones de Rafaelillo son las de hacer el toreo de verdad, pero falta mucho acople a tan encastado toro. Es después de esto cuando Rafaelillo se relaja más, se pone en el sitio y, dando al toro la distancia oportuna deja, de uno en uno, tres naturales despaciosos, cargando la suerte y llevando al toro atrás. El toreo, en una palabra. Luego de esos tres naturales vuelve a faltarle a Rafaelillo el mando y el acople, el toro sigue embistiendo con mucha emoción y la sensación en el tendido es que se va sin torear. Y así fue. Cuatro naturales de frente que vuelven a emocionar son el prolegómeno a tres pinchazos y una estocada que le hicieron perder una oreja. Una oreja que hubiera sido cortada a un toro de dos. Mereció muchísimo más Tabernero, que fue despedido con una gran ovación mientras el tiro de mulillas se lo llevaba destino a la industria cárnica.
Rafaelillo dispuso en cuarto lugar de una de las cosas más feas que se han visto en los últimos tiempos por esta plaza: un sobrero de Valdefresno (de quién si no) que parecía más bien un búfalo de esos de los que salían en las películas de los indios ambientadas en las grandes llanuras de los Estados Unidos. Ese aspecto tan poco apropiado para lo que se supone un toro de lidia fue algo premonitorio, el bicharraco acudía al percal y a la franela roja como un vulgar morucho de carne, topando y dando tarascadas defensivas a todo lo que se movía. A estas horas, el de Valdefresno ya será hamburguesa pura, lo único para lo que servía sin lugar a dudas.

Javier Castaño fue recibido por la afición de Madrid con una afectuosa ovación que le reconocía el haber superado al toro más difícil de su vida. Luego, a la hora de la verdad, Dios dispuso y el de cuatro patas descompuso. Tuvo Castaño un segundo toro de esos típicos miureños que salen sin comerse a nadie, flojito y haciendo gala de un hermoso trote cochinero. Castaño hizo una faena larga en la que pegó muchos trallazos a media altura sin fajarse de veras con el animal, y sin llegar a hacer que el interés floreara por algún lado. Además, el uso de la espada y sobre todo del verduguillo no fue el apropiado.
Con el quinto de Miura en el ruedo vivimos momentos de enorme emoción de la mano, de quién si no, de Fernando Sánchez y de Marco Galán.
Fernando Sánchez puso el segundo par a este toro de esa forma tan personal y tan torera de la que hace uso, dejándose ver toreramente y dejando que el toro le llegue mientras él anda con despaciosidad; pero la ejecución del par no pasó de normalita, siendo generosos. De nuevo el presidente, en otro ejercicio más de afición, dio la nota para bien y permitió a Sánchez volver a entrar para dejar, esta vez sí, un grandioso par de banderillas en toda la cara y asomándose al balcón. Ovación que se escuchó en Manuel Becerra.
Marco Galán, por supuesto, volvió a dejar patente el porqué es el número uno con el capote en las manos. Vaya brega le sopló al de Miura, aunque ya no es noticia algo así.
Fue este toro el peor de la corrida, sin recorrido, echando la cara arriba y sin un ápice de casta. Javier Castaño, de nuevo, estuvo muy pesado y porfió más de la cuenta. Esta vez sí, mató con más dignidad.

Y Pérez Mota... ¿Qué decir de él? Siendo honestos, cuando un servidor le vio anunciado en esta corrida, no pudo contener cierta esperanza en que pudiera romper para delante y dar una buena tarde. Evidentemente, tales esperanzas me las como con papas arrugadas con mojo picón, y muy gustosamente además. A Pérez Mota le correspondió el mejor lote de miuras, o el peor, según se mire. Si lo mira quien está en el tendido calibrando las posibilidades de los toros, su comportamiento, sus virtudes y sus defectos, evidentemente fue el mejor lote de la tarde. Pero si lo mira un señor que tiene más miedo que quince viejas y un nulo oficio, fue el peor lote de largo. No se toreaban solos los dos miuras, eran toros para trabajárselos, poderlos primero, y torearlos después sin excederse de faena. El tercero de la tarde no fue picado apenas y, por si fuera poco, el matador empezó la faena con trallazos en los medios sin siquiera doblarse con él. Resultado: el toro a vino arriba, Pérez Mota le acortaba mucho el viaje en cada muletazo, le dio trallazos de mil colores y formas y, a fin de cuentas, hizo al toro muchísimo peor de lo que en realidad fue. Y para rematar la faena de la mejor forma posible, bajonazo.
El sexto y último de la tarde y la feria, llamado Ojeador y marcado a fuego con el número 11, ha sido el único toro de toda la santa feria que se ha arrancado desde lejos al caballo en tres varas. Las dos primeras el animal cumplió, romaneando además en la primera y siendo picado malamente; y en la tercera, arrancándose desde los medios con un hermoso galope, ya pegó gañafones y se repuchó, siendo picado esta vez por Francisco Vallejo en todo lo alto. El toro se gastó mucho en esta pelea en varas, pero llegó a la muleta con sus quince arrancadas para poner Madrid bocabajo si el torero se lo proponía. De nuevo, Pérez Mota empezó la faena por banderazos a media altura sin pararse a someterlo por bajo antes de intentar torearlo; y el animal, cada vez más corto y a la defensiva. En resumidas cuentas, el torero gaditano lo único que hizo en este tarde la más de bien fue tapar a sus dos toros. Mala suerte para ambos miuras en la hora del sorteo.

Ya acabó la feria, y acabó con una miurada que dejó de todo: casta, dificultades, invalidez, borreguez, suerte a varas, un tercio de banderillas vibrante, buenos capotazos, algunos naturales de Rafaelillo... De todo, menos aburrimiento. Y es que con Miura, malo es si nos aburrimos. Larga vida a Miura.

sábado, 4 de junio de 2016

VIGESIMONOVENA : LOS VICTORININES DEJAN EN EVIDENCIA A UNA TERNA QUE ES CARNE DE RETIRADA

Cuántas corridas de la A coronada no habremos visto mejores que la de hoy. Y también peores, el año pasado sin ir más lejos, pero ello no exime del hecho que los toros de Victorino Martín (García) no son ni la sombra de lo que fueron aquellos míticos albaserradas que criaba hasta no hace tanto el mítico Victorino Martín Andrés.
La corrida lidiada esta tarde en Madrid es un claro ejemplo de ello. Toros que han tenido qué torear, toros para cortar orejas y muy buenos para los toreros, pero ya no se ven aquellas alimañas que buscaban los tobillos como si se les fuera la vida en ello. Pero sin ser aquellos victorinos que engrandecieron la Fiesta y a todo aquel que se por delante de ellos y los podía, sí han dejado en paños menores a los tres señores que se han dejado caer en este cartel.

Horrorosa ha sido la tarde que nos han dado los tres, Uceda Leal, Miguel Abellán y El Cid, cada uno a su estilo. Ninguno de los tres están ya para trotes, han tenido toros para reventar Madrid y no han sabido ni han estado por la labor de estar a la altura.
Uceda Leal ha tenido un lote complicado, es verdad, pero a ninguno de los dos los ha querido ver. Lo que hizo con el primero fue una golfería. Salió el toro haciendo amagos de saltar el callejón, apretaba para dentro y recortaba mucho el viaje en el capote de Uceda quien, descompuesto, ordenó a su picador dos puyazos asesinos en mitad del espinazo, haciéndole cobrar lo suyo y lo de todos los que esta feria no han cobrado. El toro no por ello dejó de ser una prenda, no quería capotes, sólo estaba con los banderilleros y los seguía hasta el final; y mientras tanto, Abellán yendo a por uvas a la hora de hacer el quite. Salió Uceda con la muleta, intentó el macheteo y en una de esas el toro se le acostó por el izquierdo. Después de esto, pinchazo y estocada, y bronca de órdago. Con el cuarto de la tarde Uceda salió con un aire más dispuesto y más de querer, pero engañando. Engañando citando al hilo, ahogando al toro y pegándole trapazos a lo 2.0 y sin confiarse ni una vez. Está Uceda Leal para irse a casa y vivir del recuerdo.

Miguel Abellán dispuso de un segundo toro soso y noblote, pero sus cites a distancia corta ahogando al toro, sus carreritas entre pase y pase como si quisiera recordar su época en "Mira quién baila" y su nula disposición para hacer el toreo empeoraron las cosas. El quinto toro fue otra cosa, pues tuvo una nobleza exquisita y una embestida empalagosa, haciendo surcos con el morro en la arena y dejando a su matador el triunfo a tiro. Abellán quiso triunfar por las vías de la modernidad, esas de ser un completísimo pegapases que no se arrima, ni manda en el toro, ni carga la suerte, ni nada de nada. Qué toro se le fue al bailarín, uno de Victorino con tanta nobleza se veian muy pocos hace años, y ahora por desgracia parecen más habituales. ¿Por qué será?

A Manuel Jesús Cid Salas ya apenas se le espera, y con razón. Dispuso en tercer lugar de otro bombón, que además hizo una buena pelea en el caballo y fue muy bien picado por Juan Bernal. El Cid lo lució, dándole las distancias adecuadas y tiempo entre serie y serie, pero su faena sucumbió  estrepitosamente. Muletazos muy despegados por ambos pitones, pegando siempre el latigazo final y más toreando el toro al torero que viceversa. En otra época, El Cid hubiera tenido una tarde gloriosa ante semejante ejemplar, pero en la actualidad, ya se sabe, está para irse. Y además, culminó la obra con un bajonazo de cinco estrellas, cosa que no paró los pies a parte de la plaza para pedir la oreja.
Cerró plaza un toro complicado al que había que llevar muy tapado y quedarse colocado, pues a la mínima que se le dejara la ventana abierta, el toro se colaba y ponía en apuros al torero. Manuel Jesús no lo hizo en ningún momento, el toro le puso en apuros en varias ocasiones, y sensación final fue que el toro se fue tapado y sin serle exprimido todo su potencial.

Los cárdenos de Las Tiesas de Santa María ya no son lo que eran, lo llevamos sabiendo algún tiempo y así quedó de nuevo reflejado en esta tarde. Hubo dos toros, tercero y quinto, con mucho que torear; muy nobles ambos y el quinto con cierto picante. Pero la sensación final es que los victorinines mucho tienen que envidiar a sus ascendientes, los verdaderos victorinos. Y para el año que viene, a ser posible, una terna con más ambición y a la que no se le haya pasado el arroz.

viernes, 3 de junio de 2016

VIGÉSIMOCTAVA DE FERIA: CUADRIS DOMECQSTICADOS

Hacer referencia al nombre de la casa Cuadri es hacerla también a la nobleza, sí, pero nobleza acompañada de casta, de poder, de agresividad, de malas ideas cuando las cosas no se hacen bien... Y de todo eso, salvo de nobleza y de exceso de toreabilidad, es de lo que han adolecido los seis bondadosos toros que don Fernando Cuadri ha enviado a la exprimera plaza del mundo en el día de hoy.
A los seis de hoy, una corrida más armónica y con menos caja que otros años, aunque de presentación más que correcta, le ha faltado ir más allá, algo más que seguir el trapo yendo y viniendo sin lanzar miradas fuera de lugar. Les ha faltado ese picante y esas dificultades que sí tuvieron sus antecesores Ribete, Podador, Poleo o Aragonés, y que tanto nos emocionaron en su día. En definitiva, la sensación a la salida de la plaza era de decepción. La corrida no había salido todo lo bien que todos podríamos desear, ni muchísimo menos. Faltó casta, faltó fiereza, faltó emplearse en el caballo (y ojo lo que les arrearon en varas a los seis), y le faltó, sobre todo, EMOCIÓN.
Y a todo esto hay que añadirle, por supuestísimo, que los tres anunciados, Luis Miguel Encabo, Fernando Robleño y Rubén Pinar, no han ayudado en absoluto a que la cosa alcanzara las cotas de emoción que los nobilísimos cuadris no llegaban a poner encima de la mesa.

Luis Miguel Encabo está ya entrado en años y apenas torea, y aunque se las haya visto y deseado en mil y una batallas, ello le pesa. Hoy sudó la gota gorda con un cuadri, el primero, de sosísima bondad, no se comía a nadie y, aunque le costaba Dios y ayuda arrancarse, cuando lo hacía repetía sin hacer extraños. Encabo lo trató como si de una alimaña se tratase: desconfiado, medroso y muy precavido con un animal que no se comía a nadie.
El cuarto fue un toro con mucho que torear y con orejas que cortar. Encabo, con tantas precauciones como con el primero, lo llevó con trallazos por alto, y de esa manera el animal protestaba y pegaba tarascadas; y cuando acertaba a llevarlo más por bajo, el animal descolgaba y metía la cara con más clase. Lo que no tiene justificación es la lamentable imagen que dio con el descabello en sus dos toros.
Por repescar algo bueno de su actuación, ahí quedó la forma que tuvo de dejar en suerte al primero en el caballo: con una larga cordobesa en el primer encuentro y con una serpentina muy vistosa en el segundo encuentro. Estampas de toreo antiguo que se agradecen en tiempos de monotonía y vulgaridad.

Fernando Robleño hizo de nuevo aparición por aquí para añadir otra corrida de Cuadri en su palmarés, y pasó sin pena ni gloria. Se contagió de la sosería de la que hizo gala el pastueño segundo, al cual hizo una faena larga y vacía; y se dejó ir, otro más, al bombón que hizo de quinto. Un toro este quinto pronto, con recorrido, muy noble y con una embestida muy alegre mucho que torear. Robleño se vio desbordado y no fue capaz de hacer que entre los muchísimos pases que dio destacara tan sólo uno. Otro año más y seguimos sin ver ni la sombra de aquel torero que deslumbró en sus comienzos.

Rubén Pinar tuvo dos toros para dar un vuelco a su difícil situación y poner de nuevo su carrera a funcionar. Ideales para hacer el toreo ambos, al tercero el subalterno Javier Ambel mostró a su jefe de filas que podía formar un escándalo al toro por ambos pitones. Qué brega la de Ambel, qué forma de TOREAR y que lección de torería y de plata con quilates que dio, mal que les pesara a algunos, que no ven bien lo de que los banderilleros de luzcan.
Ya con la muleta, Pinar basó el trasteo sobre todo con la mano zocata, y con la que pegó algunos naturales muy templados y corriendo bien la mano, pero a los que le faltó pureza.
El sexto fue otro toro con otros dos cortijos, un animal nobilísimo y con mucho que torear que, si bien tardeaba mucho a la hora de arrancarse, cuando lo hacía volvía de nuevo repitiendo con franqueza y sin hacer extraños. Pinar anduvo ahí pegando banderazos fuera de sitio, sin alma ni convicción, sin cargar la suerte ni dar la muleta planchada. Una pena para él eso dejar escapar un lote con tantas posibilidades de triunfo en una plaza como la de Madrid y una feria como la de  San Isidro. Porque Robleño y Encabo dejaron escapar sendos toros, cuarto y quinto, pero ellos son dos toreros que en los toros ya han dicho todo lo que tenían que decir. Pero Pinar, cuya carrera va en caída libre, necesitaba de algo para relanzarse. Y toros tuvo, pero no supo meterlos mano. Una pena.

El festejo terminó y todos habíamos hincapié en lo mismo: la excesiva bobaliconería de la que hicieron gala los toros de Cuadri, y que adoleció de casta y mucho más picante. No nos sirve que se dejaran torear sin más, y seguro que al ganadero, conociéndolo como se le conoce, tampoco. Con esto, cualquiera sabe cuándo volveremos a ver a los Herederos de don Celestino Cuadri Vides.

jueves, 2 de junio de 2016

LA BENEFICENCIA: TOROS, ALCOHOL Y JUERGA, MEZCLA EXPLOSIVA Y NOCIVA

¡¡Vivan las festividades, vivan las verbenas, vivan las juergas, los desmadres, los desenfrenos, las parrandas y vivan las correrías!! ¡¡Viva el vino, viva el whisky, viva el ron, la ginebra, la birra, el calimocho y los cubatas con colonia y alcohol de farmacia!!
Y ¡¡viva la Fiesta brava, viva la Tauromaquia, viva el toreo eterno, la bravura, la casta y la suerte de varas!! Que viva todo ello siempre, pero por separado y sin mezclar, que mezclar sustancias y abusar de ellas es nocivo para la salud.

No, definitivamente no es buena idea mezclar las correrías, los desmadres, la ginebra, el whisky y todas esas cosas con la Tauromaquia, nuestra maltrecha Tauromaquia que agoniza a pasos cada vez más acelerados. Hoy, en la Extraordinaria de Beneficencia (extraordinaria a medias sólo, por la cosa de las guirnaldas, las divisas y las banderillas con moñas y el Palco Real hasta los topes, pero no porque en ella se anuncien los triunfadores de San Isidro, como antaño; y de Beneficencia, el nombre solamente) el alcohol ha jugado una mala pasada a unos pocos. Y conste que venía ya prevenido con que hincharse a cubalibres antes de los toros podía jugar malas pasadas, pero no he podido resistirme a beberme una botella y media de ginebra yo solo y, por si fuera poco, llegar al bar de la plaza y pedir llevarme hasta al camarero. Pero hoy, al ser una corrida Extraordinaria, he echado el resto, que para eso es un día especial. Y conste que lo siento, porque la cogorza que me he agarrado me ha privado, por lo que parece, de presenciar la corrida del siglo. De este y de muchos, además. Olé yo.
La cosa es que la corrida de Victoriano del Río comenzó (seguro que estoy equivocado, el alcohol ya saben) con dos toros flojos y sosotes como ellos solos a los que los dos guaperas que tenían enfrente les han pegado pases sin más y han aburrido a todo el mundo. Hasta a mí, que iba contento. Qué cosas.
Salió el tercero, y por cosas de los vapores etílicos, más me estaba pareciendo ver un gorrino con cuernos que un toro de lidia, pero bueno poca importancia le doy. Le meten al caballo y me pregunto por qué, si ha ido para nada, no le han picado, e ir para nada es tontería. Sigue la lidia y el joven que tiene delante, llamado Alberto López Simón, empieza la faena al pastueño animal, y un servidor, que se ha bebido hasta el agua de los tiestos y está fuera de sí, lo único que alcanza a ver son trallazos y más trallazos lineales y escondiendo la piernecita. Perdí la cuenta de los que pudo dar con la diestra, y cuando me quise dar cuenta el matador ya estaba haciendo lo propio con la zocata, aunque creo que fue tan solo un espejismo, porque aquello no duró nada y volvió a la diestra para seguir pegando pases (sublimes deberían ser, porque yo solo escuchaba biiiiieeeennnjjjjjjj), pero un humilde servidor, entre lo poco que sabe de esto y la chispa que tenía encima, sólo alcanzaba a decir maaaaaalllljjjjjjjj. Total, que el tío se tira a matar, el toro le prendió y le pegó un fuerte golpe, y tuvo que ser buena la estocada, porque el resto de la plaza (que estoy seguro que no habían catado el alcohol en toda la tarde) se volvió loca; y el que iba tocado del ala, por ir tocado del ala debería de ser, solo alcanzaba a ver una estocada tendida, trasera y caída. Y lo que le costó al pobre bicho caer no está escrito... "Pues nada, una oreja le darán y ya está, y casi por la cogida", pensaba un servidor con la lengua medio trabada. "Qué mal voy, si hasta veo doble, me está pareciendo ver dos pañuelos en vez de uno asomados en la barandilla del palco", yo seguía a lo mío. "No sé si decirle que se esté tranquilo, que no ve doble porque en realidad son dos pañuelos lo que hay, o va a ser peor...", se comentaban entre sí dos señores de mi lado. Qué cachondos.

Sale el cuarto y yo, con lo que de por sí me aburre Castella cuando voy sobrio, imaginen cuando voy mamado, pues aprovecho para dormir la mona. Me despiertan en mitad de faena algunas voces gritando "ponte bien", "el toreo es para dentro" o "muy mal" (seguro que estaban igual o peor que yo, me juego media uña del índice derecho); y otras voces, la mayoría de la Plaza que, estoy seguro, solo bebió agua, volviendo a gritar biiiieeeeeennnnjjjjj. "Porque ha pinchado, que si no corta otra oreja", le oigo decir a alguien.
"Pues sí que me estoy perdiendo una gran tarde, sí" me maldigo para los adentros.

Y sale el quinto, y yo con mi modorra oigo de repente BIIIEEEEENNNNJJJJJJJJ, y miro abajo y resulta que es Manzanares, pegando verónicas mientras el toro embiste andando, porque el pobre animal no daba más por tener poco fuelle. Le simulan los puyazos mientras el pobre bicho, más que emplearse, está a la defensiva (aunque por ahí los grandes aficionados, que evidentemente iban sobrios, dicen que el toro empujó e hizo una pelea de bravo). Un servidor, que sigue ahí sentado en su abono, con una cogorza del quince, solo alcanza a ver un bomboncito que embiste al ralentí por falta de fuerzas y de picante, y es cuando el guapísimo Manzanares se echa la muleta a la zurda y, sujetándola desde el extremo del estaquillador, empieza a acompañar, a media altura y sin cargar la suerte, la tontorrona y despaciosos embestida del torillo. Y sigue Manzanares, sigue acompañando muy elegantemente a media altura, sigue al hilo, sigue metiendo el pico, sigue toreando en línea recta... Y la gente vociferando loca, llevándose las manos a la cabeza ante aquella maravilla. Y yo, infeliz de mí, poseído por el dios Baco y viendo cosas que no se correspondían con la realidad.  Y así más muletazos, hasta que entra a matar y cobra una estocada entera recibiendo, y cae una oreja, cae otra... Y no sé si porque bebí demasiado o porque la ginebra llevaba algo más que alcohol, me pareció ver a gran parte de la plaza pidiendo ¡¡el rabo!! ¿Pero cuál, el del toro o el de Manzanares? Aún me lo estoy preguntando... Y hasta la vuelta al ruedo para la babosa, que no se la dan al bravo Camarín (de Baltasar Ibán) y se la pedían a una pobre babosa a la que hubo que simular el castigo...

Y después de esto, con el sexto aún por lidiarse, me salí de la plaza y me fui a mi casa, mañana será otro día. Pero eso de mezclar los toros con el alcohol y la parranda, no se me vuelve a ocurrir en mi vida, mejor seguiré el ejemplo de los grandes y entendidos afisionaos que todo aplauden, que seguro que a ellos jamás a les ocurriría semejante disparate.

martes, 31 de mayo de 2016

VIGESIMOSEXTA DE FERIA: PARA MANDAR A MUCHOS A PLANTAR CEBOLLAS

La degeneración de la Fiesta pasa por muchos órdenes, pero hay uno que nunca falla: salir de la plaza esbozando una sonrisa después de ser testigos de una mansada de órdago que ha derrochado mala baba y han hecho pasar a los de luces un aunténtico quinario. En estos tiempos que corren de babosas tontorronas, toretes colaboradores, animalejos lastimosos y tardes aburridas, es un soplo de aire fresco el hecho de presenciar una corrida de toros en la que el ay está presente en todo momento y los problemas para los lidiadores se llevan por bandera. Por eso, y aunque la corrida haya sido un tremendo petardo de Joaquín Moreno Silva, hoy ha sido imposible ser víctima del aburrimiento. Muy triste llegar a estos extremos, pero a ello nos han llevado los mismos que lo de hoy lo calificaban de "salvajada" y para "coger al ganadero y no pagarle un duro" (sic Emilio Muñoz y Maxipedia, en la línea 5 del metro, cuando se creen que nadie los escucha. Ellos, precisamente...).

Los de Moreno Silva ya empezaron mal siendo anunciados como Saltillo y llevar el hierro de Moreno Silva, y siguió peor cuando el primero saltó al ruedo haciendo gala de un cuerpecito recogidito, terciadito y asardinadito. El pobre animal tampoco hizo nada del otro mundo para que le armasen la que le armaron el el caballo: puyazo paletillero SIN RECTIFICAR y DANDO FUERTE, al que respondió pegando arreones y saliendo suelto para acabar en el que guardaba la puerta, y recibir más leña en la paletilla. Sánchez Vara se empeñó en ponerlo una tercera vez en contraquerencia, con el animal diciendo nanai, hasta que lo meten a la fuerza para propinarle otro puyazo fuerte del que se repuchó. La lidia a este toro fue caótica, vergonzosa, propia de una capea en la Alcarria. El toro va adonde le da la gana y nadie le consigue meter en vereda. Sánchez Vara ya con la muleta se lo sacó a la segunda raya, y ahí el toro es donde demostró cierta bondad, yendo y viniendo sin maldad alguna y dando posibilidades. Sánchez Vara, desde Manuel Becerra casi, pegó trapazos sin más y dejó la faena en una vulgarísima actuación vacía de contenido. 

El segundo fue un toro mejor presentado, más larguito y con más remate, y al que volvieron a picarle de una forma que, en otra época, hubiera conllevado noche entre rejas. Francisco Javier Sánchez, el autor de la masacre, pega un picotazo en el primer encuentro antes de que el marrajo saliera de najas, pero esto fue el prolegómeno a un escándalo: cuando el toro entra en jurisdicción del piquero en el segundo encuentro, el pedazo de golfo e inútil (no tiene otro calificativo) empieza a pinchar en todas las partes del cuerpo del pobre animal, dejándole más boquetes que una bodega. A estas horas confiamos en que se le haya propuesto para sanción y recaiga una buena multa para este sujeto que, si hubiera seriedad, no volvería a tocarse el castoreño en su puñetera vida. El toro protestó de lo lindo ante esta masacre y volvió a salir de najas, pero en la muleta desarrolló casta y cierto poder, el que le faltó a Alberto Aguilar para someterlo y poner o plaza bocabajo. El toro repetía, acudía con prontitud a cada muletazo  y cuando Aguilar le bajaba la mano incluso metía la cara. Hasta que echó la persiana después de los veintipico mil trallazos que le dieron y no dio para más. 

El tercero fue uno de esos toros que, por presencia, nunca debería salir en Madrid. Le arrearon de lo lindo en el caballo, y por el derecho solo buscaba al pobre Venegas que, descompuesto, pasó un quinario y, de paso, se pasó de faena intentando ponerse bonito donde no correspondía. El bicho de lo único merecedor que era de ser sometido a un lustroso macheteo seguido de la estocada final, pero Venegas se empeñó y se empeñó, y cuando se quiso dar cuenta ya era más que hora de irse a matar. Suena el primer aviso y se las está viendo y deseando aún para meter la mano; suena el segundo aviso y se las sigue viendo canutas con el verduguillo. El toro, más duro que una piedra, no lo ponía nada fácil, y ya después de sonar el segundo aviso el matador se dio cuenta de que había que entrar a matar otra vez. Cobra otro pinchazo y una estocada entera, pero el animal se empeña en lo doblar, y su desesperado matador intenta, en vano, descabellar. Suena el tercer aviso y los cabestros de Florito recogen al toro que, después de todo lo que le han hecho, aún tiene la gallardía de irse del ruedo trotando, con la cabeza alta y con la boca cerrada. 

Lo del cuarto es difícil. Un toro que en el primer capotazo se va derecho a lo que hay detrás del capote sin pensárselo ni frenarse... Son cosas que dan que pensar. Y así sigue durante la lidia, los subalternos le presentan el percal, y si no huye se lanza como un rayo por el hombre. Va al caballo, y nada. Vuelve a ir, y menos. Le meten, no quiere. Le vuelven a meter, sigue sin querer. Hasta que el presidente, con buen criterio, hace asomar el pañuelo rojo que anuncia las banderillas negras.  El toro es una prenda, va de un lado a otro como si fuera su casa, se arranca contra todo lo que se intenta acercársele y hace hilo, y los banderilleros de Sánchez Vara, Javier Ortiz y Raúl Ramírez, dejan claro que ellos hicieron novillos el día que en la escuela explicaron lo de los pares a la media vuelta y al sesgo. Javier Ortiz consigue poner uno haciendo el lanzamiento de jabalina, y Raúl Ruiz consigue poner un par con mucha dignidad de sobaquillo, para dejar posteriormente otra casi como si estuviera rejoneando. El matador, obviamente, macheteó sin darse coba y se lo quitó del medio rapidito. 

Sale el quinto, también de buena presencia y, después de darse una vuelta al redondel enterándose de todo, se planta en lo medios y parece decir "aquí estoy yo, que venga a por mí quien los tenga bien puestos". Y fue César del Puerto, elegantemente vestido de azul marino y plata, y le pone el capote en la cara, le alarga el viaje, lo temple y lo lleva por bajo, y se lleva la ovación de la tarde sólo por echarle dos pelotas y un palo parando a semejante animal. Bravo por César del Puerto. También fue aplaudido en este turno el único picador que hizo bien la suerte y picó en lo alto, Juan Carlos Sánchez. El toro se defendió al recibir la puya y arreó como buen manso que fue. Llegó al último tercio con carbón y mucho que torear. Tuvo su castita el toro y también sus malas ideas, y Aguilar, aunque muy firme con él y con buena disposición, no fue capaz de someterlo y de llevarlo toreado, ni tampoco ni siquiera fue capaz de probarlo con la zocata. En resumidas cuentas, que también se le fue sin torear. Y van unos cuantos ya en esta feria que ya ha terminado para él. 

El sexto y último fue un toro que también lució una correcta presencia y, para seguir en la misma tónica, se defendió de lo lindo mientras le picaron fuerte y trasero. Llegó a la muleta pastueño y con cierta dosis de nobleza que Venegas, muy verde, no supo entender. Este torero demostró con este toro que tiene un buen concepto del toreo y puede ser un torero a tener en cuenta por los aficionados, pero el hombre está muy poco rodado y esta tarde lo acusó con creces.

Los de Moreno Silva pegaron un petardo gordo y dejaron en evidencia a gran parte de los que hoy se vistieron de luces. Cuatro picadores para multarlos, otro más para multarlo e inhabilitarlo de por vida, un subalterno que lidió al quinto toro con mucha sobriedad y un David Adalid que plantó un gran par al segundo. El resto pueden irse a plantar cebollas muy tranquilamente, porque tela. Si los toros tuvieron mala baba, la inmensa parte de las cuadrillas de hoy los hicieron peores con las nefastas lidiar a los que les sometieron. Y don Joaquín Moreno Silva, si quiere llevar su vacada por buen camino, que empiece mañana mismo haciéndose una deliciosa barbacoa con algunos de sus sementales y vacas de vientre. 

lunes, 30 de mayo de 2016

VIGESIMOCUARTA DE FERIA:"IBÁN" DE LUJO, PERO LA MALA SUERTE SE INTERPUSO EN SU CAMINO

Se plantaron en Madrid como hay que venir, ofreciendo una elegante imagen y con ganas de hacer honor a su nombre. Vinieron a por todas en el día de hoy. Quisieron, aun con sus defectos, que los tenían, agradar al personal. Pero se estrellaron con un material infumable y hueco. Mala suerte, y lo peor es que ellos sí que no tendrán otra oportunidad ante otra terna que les ayude más a sacar lo mejor de sí.
Me refiero, como no podía ser menos, a los seis galanes de la afamada ganadería de Baltasar Ibán que hoy han sido lidiados en esta vigesimocuarta de San Isidro. Seis toros de impecable estampa y exquisita presentación, y aunque a muchos nos han jugado una mala pasada esta mañana las fotos del sorteo, lo cierto es que en la plaza eran otra cosa los de Baltasar Ibán. Un gusto para los ojos de los aficionados, y un pavoroso trago para aquellos que vestían el chispeante. Una corrida con esa fachada debe de ser un quinario ponerse delante de ella, pero más aún cuando las dificultades, fruto de la casta que hace grande al Toro de lidia, se hace presente en el ruedo. Y claro, los toros de Ibán hoy vinieron con ganas de hacer honor al buen nombre que tiene la vacada desde hace muchos años, pero la incompetencia y la desgana de sus matadores por hacer las cosas bien y que la corrida desarrollase mejor sus buenas intenciones, lo dejaron en mucho menos de lo que pareció. Muy mal Iván Vicente, lamentable Alberto Aguilar, y pésimo Víctor Barrio. Y de sus correspondientes picadores, no hablamos.

En primer lugar salió un bonito colorado en línea Guateles, y que solo por ver el nombre en la tablilla ya había interés sí o sí. Bastonito fue un animal al que se puso en suerte a distancia en la primera vara, marrando Héctor Vicente clamorosamente, picando en la paletilla, para posteriormente rectificar y dejar un picotazo trasero mientras el toro solo empujó con un pitón. Se desentiende del capote de su matador  y se va al picador que guarda la puerta, pero el eficaz tercero Jesús Robledo "Tito" no lo permite. Se lo llevan a contraquerencia y de nuevo le dejan de lejos, pero en animal tarda en arrancarse, y cuando lo hace le pegan un puyazo fuerte y trasero a la par que no se emplea. Tampoco se empleó apenas en la muleta de Iván Vicente, que puesto a hacer las cosas mal, no le dio sitio, ni lo llevó con suavidad, y para colmo se excedió sobremanera con la faena.

Camarín, número 37 y nacido en octubre del 2011, fue un toro bravo. Así, sin más. Tal como suena. Hasta el momento, el toro de la feria con muchísima diferencia. Ya desde el recibo capotero de Alberto Aguilar dejó patente que lo suyo iba a dar mucho de que hablar, y fue algo que ratificó las dos veces que peleó en el jaco, la primera al relance y la segunda bien puesto en suerte por el matador. Bravo, empujando con fijeza y metiendo riñones como no lo habíamos visto en toda la feria, mientras desde lo alto se le asestaron dos puyazos fuertes y traseros. Lo suyo hubiera sido verlo en un tercer encuentro para terminar de sacar conclusiones, pero el amigo Alberto Aguilar no tuvo tal amabilidad. La brega del subalterno César del Puerto fue caótica, y Aguilar, una vez tomó la franela, se sacó al animal a los medios con unos doblones cargados de torería y mando, en los que llevó al toro embarcado en la muleta y tirando de él. De cómo embistió en la muleta, tampoco hay precedentes en este San Isidro 2016. Su encastadísima nobleza y el bravo tranco del toro llegaba con fuerza a los emocionados tendidos, mientras Aguilar aguantaba tipo como podía, desbordado y sin terminar de hacerse con el bravo Camarín. Muletazos con la derecha, muchos enganchados, otros trallazos, y algunos pocos corriendo la mano con suavidad y llevando al toro detrás, fue la tónica de la faena, hasta que se echó la muleta a la zocata y el animal terminó de hacerse el amo y señor de la situación. Aguilar estuvo firme y decidido con el toro, pero le faltó poder de verdad con él y domeñarlo. En otras palabras, Camarín, número 37, toro de San Isidro 2016 (hasta el momento) se fue sin torear. Aguilar remató con una buena estocada y se le premió con una orejita muy pero que muy baratita, teniendo en cuenta al bravo que había por allí.
¿Fue, pues, Camarín toro de vuelta al ruedo? Clara y rotundamente, NO. No, no, no y mil veces no. La vuelta al ruedo en Madrid hoy en día se les da a los mansos que no cumplen en el caballo ni se les castiga, para que colaboren con el matador al objeto de que este pueda crear arte y estar cunvre. Y el bravo Camarín no hizo tales (de)méritos, por lo cual y subsiguiente no estuvo a la altura de los mansos Malagueño y Jarabito. A cambio, se llevó algo más gratificante: el reconocimiento UNÁNIME de Madrid. Y el señor Polo Ramos, don Justo, el mismo que hace pocos días regaló una vuelta ruedo de verbena a un manso, no llega hoy y se la deniega al bravo, cubriéndose de gloria una vez más. Un aplauso para él, por favor.

Sandonguero se apodaba el impresionante galán que salió en tercer lugar. Dos veces fue al caballo y sendas peleas de manso realizó, atizando arreones y pegando cornadas al peto mientras se le picaba fuerte y trasero. Importante fue su condición encastada, comiéndose en cada embestida la muleta de Víctor Barrio, quien las pasó canutas ahí delante. La mayoría de los trapazos fueron enganchados, no consiguió dar uno templado, ni asentarse, ni estar a la altura de las circunstancias. Sandonguero fue, a fin de cuentas, un manso encastado y fiero, con muchísimo torear, que le vino enorme a quien el año pasado sólo se vistió de luces en diez ocasiones.

El cuarto, Teguso, tampoco hizo una pelea brava en el caballo. Al relance en el primer encuentro se dejó pegar un puyazo muy fuerte, mientras que en el segundo encuentro, colocado de lejos, se lo pensó muchísimo lo de ir, y acabó yendo protestó y dio arreones mientras le volvieron a dar otro puyazo muy fuerte. Se dolió en toro en banderillas, y en la muleta derrochó nobleza y también tuvo qué torear, pero se encontró con un Iván Vicente que le hizo todo al revés. No le dio sitio, siempre encima asfixiando al animal, mucho muletazo trapacero sin ponerse en el sitio y sin llevar toreado al aninal, quien en alguna ocasión hasta le puso en apuros. También se fue al desolladero este cuarto con muchas cosas dentro que no fueron aporovechadas por su matador. Además, el sainete que pegó con el descabello fue de escándalo.

Salió el quinto, Clavillero de nombre, y a quien Alberto Aguilar, con la complicidad de su picador Francisco Javier Sánchez, armó una censurable carnicería en varas. En otros tiempos, ambos hubieran dormido en la Dirección General de Seguridad está noche. El toro quedó amorcillado y enculado en tablas durante el tercio de banderillas, pero cuando Rafael González le presentaba el capote y se metía mucho con él, el animal arreaba con temperamento y haciendo las cosas por abajo. En la muleta el animal también tuvo sus cosas, hasta que en la segunda tanda de echó a los lomos al matador, y el animal dijo "hasta aquí", se rajó, se cerró él solo en tablas y no quiso más. Qué vamos a esperar de un animal al que asesinaron en el primer tercio...

Cerró plaza otro clásico de la casa, Camarito, otro pobre infeliz que salió comiéndose el capote del matador y que, una vez dejado al relance en ambos encuentros, le bajó bien los humos el matarife del castoreño Óscar Bernal. En banderillas se le apreció bien tranco al toro, pero Víctor Barrio, entre la masacre que ordenó en varas y lo encimista y asfixiante que estuvo con la muleta, hizo que el pobre bicho no durara un suspiro y se parara pronto.

Fue, a fin de cuentas, esta de Baltasar Ibán una corrida con mucho interés y muy buenas intenciones, pero a la vez con muy mala suerte de encontrarse tan pésimos lidiadores que, además, no quisieron ni verlos. Recibió esta corrida en varas todo lo que no recibieron los juampedros, cuvillos, alcurrucenes, parladés y cía en días anteriores, y muchos de ellos acusaron con creces las carnicerías que se les realizó. ¿Y quién del escalafón mayor está hoy en día capacitado para lidiar y poder con toros así? Puede que alguno haya, pero seguro no estaba en la terna del día de hoy.
Y de todos ellos, un toro para el recuerdo: Camarín, n° 37, de octubre de 2011, negro listón, chorreado, bragado, meano y axiblanco. Un toro bravo, ni mas ni menos.

viernes, 27 de mayo de 2016

VIGESIMOPRIMERA DE FERIA: CALDERETA PARLADEÑA PARA CHUPARSE LOS DEDOS

Qué hermosura de toros los mozos de Parladé, uno a uno desfilando por el albero de Las Ventas esta tarde. Se pone a los de esta tarde al lado de cualquiera de los seis de El Vellosino de ayer, y perfectamente podrían pasar por David el Gnomo sus enemigos los trolls. Y qué chuletones más buenos se iba a sacar de ahí, y qué cecina y qué carne magra más apetitosa para una caldereta... Para cualquier cosita los de Parladé, ya ven, menos para darle emoción a una tarde de toros. ¡¡Qué aburrimiento, por Dios santo!!
Los tres primeros toros casi parecían pelotas de playa, tan recogiditos y tan regordetes. Y hasta habrá quien piense que eso era trapío, pero en fin, Madrid, su público, su tablilla de peso y sus cosas...
Los tres últimos ya parecieron más toro, luciendo unas hechuras más hondas y proporcionadas, larguitos, bien cuajados, rematados y con buenas cabezas. Tres toros con presencia, en definitiva, y que junto con el resto de sus hermanos, adolecieron de casta, poder, bravura, fiereza y todas esas cosas que se le presumen, o se le deberían de presumir, a un toro de lidia. Anunciados para darlos pasaporte a la cazuela y guisar con ellos una extraordinaria caldereta estaban Juan José Padilla, Iván Fandiño y José Garrido.

Padilla vino a Madrid muy motivado y con ganas de llevarse al público de calle, seguramente espoleado por su reciente triunfo en Sevilla. Pero pasa, ya se ha dicho miles de veces por aquí, que Madrid no es Sevilla, y tan pronto como los sevillanos se rompen la camisa a tirones por una portagayola o un par de banderillas al violín, a los madrileños nos cuesta más entrar por esa vereda. De rodillas a chiqueros se fue Padilla a recibir al primero, portagayola seguida por un ramillete de verónicas pegadas al aire y dando el pasito hacia atrás. Por hacer lo que nunca ha hecho, cuadrar en la cara un par de banderillas, el toro se lo llevó por delante y le propinó un fuerte porrazo, afortunadamente sin consecuencias graves. Levantose maltrecho y dolorido, y después de recuperarse, dejó otro par arriba y de nuevo cuadrando en la cara, para rematar el tercio con un par de esos al violín que un servidor, bendita ignorancia, no entiende. Insólito también fue ver a Padilla agarrar la muleta con la zocata y ponerse en el sitio, citar echando la muleta delante y querer tirar del toro llevándolo detrás, pero este, ante una manifiesta falta de... De... De todo, se quedaba a mitad del viaje y no puso de su parte porque la cosa rompiera. Con el cuarto las aguas volvieron a su cauce natural y aquí se vio al verdadero Padilla, el de los pares a banderillas a penca pasada, el que muletea de rodillas, el que no se pone en el sitio ni por todo el oro del mundo, el que pega pases y pases y pase, y más pases, y después de esto vuelve a pegar más pases... Y parte del público, con gran agrado, pidió el despojo. Suerte que hoy en el palco presidencial estaba la cordura hecha persona, que si no...

Fandiño... Pues eso, Fandiño. Haciendo mucho peor de lo que parecía al segundo, un animal correoso y con cierta dosis de genio, al que no sometió y lo único que se dedicó a hacer fue pegarle banderazos con la mano alzada como si quisiera parar un taxi. Y como además pegó el mitin con la espada y con el descabello, la bronca fue importante.
El quinto fue una perita en dulce. Lo más parecido que pueda haber a un perrito faldero, pero de 600 kg y con cuernos. Flojito, sin echar una mirada fuera de lugar, iba y venía a antojo del torero... Y Fandiño, con cierta disposición de intentar salvar a última hora su calamitosa feria, no dio una a derechas. Al hilo, retorcido, sin mandar sobre el animal... Un Pestiño, a fin a cuentas. Otro más.

José Garrido también ha pasado en sus dos tardes en este abono con más pena que gloria. "¿Qué queda de aquel novillero que nos hizo aflorar tantas esperanzas?" se preguntaban una y otra vez los que le siguieron en su época en el escalafón menor. Nulas opciones en el tercero, con el que alargó demasiado la faena e hizo cabrear al personal por ello, y con la suerte de cara al sortear al único de Parladé que medio se salva de la quema: el sexto. Un animal noble y con un tranco de cierta emoción, que repetía y se prestaba al lucimiento sin rechistar. Garrido no se acopló con él en ningún momento, sólo pegó trapazos allí en la lejanía, y tomando muchas precauciones. Hasta que se acabó el toro y empezó con el santo arrimón de cada día y de cada faena, y hasta cerró la faena por bernardinas, porque como nadie lo hace, para que viéramos algo nuevo. O eso pensaría él, supongo. En fin, que se le fue sin torear el sexto, hablando en plata.

Y al finalizar la corrida, y después del tostón que nos metimos al cuerpo, otro más, por la mente de algunos solo se nos pasaba un delicioso guiso de carne de toro de Parladé con patatas. Y es que para poco más sirvieron los mojones primos-hermanos de los que el pasado día 15 de mayo no valieron ni para eso, ser merendados.

jueves, 26 de mayo de 2016

VIGÉSIMA DE FERIA: NO HAY NOMBRE PARA CALIFICARLO

Llego a casa hundido, derrotado, asqueado, hastiado, cabreado... Me siento estafado, apaleado, engañado, robado, pisoteado, insultado, mofado; me siento, y como yo algunos aficionados más, hecho trizas. Apenas tengo ganas de escribir sobre lo de esta tarde, pero intento sacar fuerzas de la nada para hacerlo, porque deseo hacerme oír y dejar constancia de este esperpento.
Lo de hoy en Madrid no ha sido un petardo más, ni una tarde de figuras del montón, ni nada. No, lo de esta tarde ha sido la gota definitiva que ha colmado el vaso de despropósitos que la Tauromafia (toreros, ganaderos, apoderados, veedores, veterinarios y hasta la autoridad incluida) ha ido coleccionando con tanto esmero en los últimos años. Comencemos.

Corrida de Jandilla programada y que fue desembarcada el pasado lunes. Desde ese día llegaban de los corrales rumores (solo vivimos de rumores, dada la enorme transparencia de la que se hace gala por aquí) de que habían sido rechazados siete de ocho. Se cuenta que fueron reconocidos unos cuantos más de Jandilla, pero que no sirvieron (no sabemos si a los veterinarios o a los toreros).
En la tarde de ayer, a la salida del festejo, los rumores de que sería la de El Vellosino la encargada de suplir la de Jandilla cogen cada vez más fuerza. Y así fue, esta mañana, antes incluso del sorteo, ya sabíamos que se lidiaba la de El Vellosino , y que habría sido El Juli quien habría impuesto tal cosa, mientras que Miguel Ángel Perera se negaba en redondo. Pero, siguiendo la tónica del rumor, al final alguien medió y Perera acabó aceptando a regañadientes, y los de Vellosino se enlotaron y enchiqueraron a la hora reglamentada. Pero aquí no acaba la cosa, y esto ya es 100% verídico porque lo hemos visto todos con nuestros propios ojos, pero es que al ir mirando uno por uno los seis productos a lidiarse por la tarde, nos damos cuenta de que faltan dos toros que sí se llegaron a enlotar el pasado 10 de mayo, aquel día que finalmente la corrida fue suspendida por la lluvia. E indagando e indagando, observamos que fueron los toros n° 107 y n° 236, curiosamente los dos toros mejor hechos y más descarados de cuerna, entrando en su lugar los números 162 y 128, los dos primeros de hoy, y que eran dos aunténticos mojones, feos como ellos solos, mal hechos y muy pero que muy lavaditos de cara. Una nueva maniobra, parece ser, del Gallito del siglo XXI, el torero más ladrón y más golfo de toda la historia de la Tauromaquia, y del que son cómplices silenciosos tanto Miguel Ángel Perera como Alberto López Simón, por mucho que no quisieran en un primero momento los espantajos de El Vellosino.

El resto, ya se sabe. Empezaron a desfilar una por una las seis babosas de El Vellosino haciendo gala de una tontorronería desesperante. El Juli, a lo suyo. No da para más. Que se largue a los pueblos o que se cruce el charco, pero que nos deje aquí tranquilos porque no nos hacen falta ni él ni los que le comen el tasero. Ni a él tampoco creo que le haga falta Madrid. Aur revoir, Julián.
Perera, también a lo suyo, que es aburrir hasta a las ovejas con su desesperante vulgaridad y sus intermibles faenas de trapazos. Tampoco da para más, el hombre. Le quitan la alcachofa del morro y deja de dar juego.
López Simón se hinchó a pegarle muchos pases a la tercera babosa, y hasta le aplaudieron y le exclamaron biiiieeeeennnjjjj con mucho ahínco. Pero de casquería, nasti de nasti. ¿Porque pinchó o porque no hubo cogida? Conociendo cómo está la plaza de Madrid, no me aventuro a sacar conclusiones. El sexto, con medio palmo entre pitón y pitón y más feo que unos calzoncillos blancos usados seguidamente durante una semana entera, fue sustituido por un sobrero de Domingo Hernández (los Garcipequeños de toda la vida, vaya). Tuvo su aquel el toro con la muleta, y ante él, Alberto López Simón pasó un quinario. Latigazos al hilo del pitón, perdiendo pasos mientras el animal pasaba, falta de acople... Y las vergüenzas de tan pésimo torero, al descubierto. La sensación en el tendido fue que el temible garcipequeño se iba sin torear, y que si hubiera habido cornada, entrada al hule, y salida triunfal de él por medio del ruedo y con ese misticismo tan teatrero del que hace gala a la perfección este jovencito, a estas horas se estaría hablando de dos orejas, un rabo, y tres o cuatro patas cortadas.

Y entre medias de todo esto, el público aplaudiendo todo tan feliz de la vida y mosqueándose cuando a algunos no nos da la real gana de tragar con tanto despropósito. Y eso que en el día de hoy aquí ha sido estafado todo quisqui, hasta el Emérito, quien un día más nos honró con su presencia en la meseta de toriles. Y los de la tele y los portales, ganándose el jornal la mar de bien tapando todo y echando la culpa a los que nos jode que nos pisoteen de esta forma. Un día más, DE LOS ANIMALISTAS ME RÍO YO...

miércoles, 25 de mayo de 2016

DECIMONOVENA DE FERIA: CULMEN DEL TRIUNFALISMO MÁS APOTEÓSICO

Si hay algo que tengo muy comprobado en mi parca experiencia como aficionado a los toros, eso es que para ser ganadero de bravo hace falta ser un genio y desprender arte a raudales. Que se lo pregunten si no a los Lozano, propietarios de la ganadería de Alcurrucén, que si bien hace cuatro días escasos nos colaron una borregada en tarde de glamour, en la tarde de hoy, con un cartel más modesto, han echado seis toros que han sido la antítesis de aquellos seis zopencos con cuernos. ¡¡Pues cualquiera les echa a los del mejor toreo de la historia una corrida como la de hoy!! Cada ganadero sabe perfectamente lo que tiene en casa, y los Lozano, con tres hierros en propiedad, más de un millar de cabezas de ganado en su haber y variedad para todos los gustos, saben perfectamente en qué momento tienen que mandar esto de aquí y en qué otro momento ofrecer eso de allá. Lo dicho, qué genialidad. 
La de hoy, ya digo, la antítesis total de lo del otro día: escalera a corrida, con algunos toros más armónicos y poca caja, como manda el prototipo Núñez; y otros más grandotes, destartalados y descarados de pitones. Interesantísima fue la condición que estos desarrollaron, los tres primeros fueron unos animales encastados y con muchísimo que torear; bajó el asunto considerablemente con el marrajo cuarto y el soso quinto, para acabar la corrida con un sexto toro que también sacó sus cosas y tuvo muy buenas maneras de embestir. 

Urdiales ha echado una feria lamentable. Apático, desganado, pasota total y sin apenas ganas de complicarse. El encastado primero tuvo muchísimo que torear y desbordó por todos sitios a su matador, que las pasó canutas ahí delante, sin confianza ni arrojo, sin colocación, sin mando, sin ideas... Pena de toro, en resumidas cuentas.
Se inhibió Urdiales de la lidia del manso que salió en cuarto lugar, al que nadie consiguió fijar en los engaños con una pizca de inteligencia lidiadora. Cinco veces lo metieron al caballo y cinco veces salió de najas nada más sentir el palo. Y con la muleta, el animal ya solo quería la puerta de toriles, pero Urdiales no estaba para esos trotes de quitarle la querencia al toro e intentar meterlo en el canasto. Vamos, que no lo quiso ni ver, y después de quitarle las moscas a base de banderazos, terminó pronto con él. ¿Qué ha pasado con Diego Urdiales esta feria? ¿El hecho de verse en la FIT le ha hecho acomodarse en exceso? 

David Mora volvió a la plaza donde casi pierde la vida una tarde de hace dos años, y Madrid, que tiene memoria, le quiso recibir con el cariño oportuno al romperse el paseíllo. Pero después de eso, había que ponerse y torear, y claro, aquí llega el lío. 
Recibió al primero con verónicas llenas de voluntad, de manos bajas y relajadas. Se picó con Roca Rey en quites: el primero dejó algunos banderazos que, supongo, intentaban ser saltilleras (qué raro, Roca Rey toreando por la espalda), y Mora contestó también con el capote a la espalda, pero pegando latigazos que, me imagino, querrían ser gaoneras. 
El toro se arrancó pronto y con alegría en la segunda vara, e Israel de Pedro le propinó un puyazo de bandera, pero el animal, más que empujar, pegó arreones y cornadas al peto en ambas entradas; y para colmo, del primer encuentro salió pegando una coz. Muy lejos queda una pelea así de la bravura. Ángel Otero lo bregó con mucha solvencia, y el animal quedó para la muleta con una embestida de lujo. Mora se empeñó en recibirlo con el pendulazo en las rayas de picar, pero el viento le jugó una mala pasada y el animal le propinó un golpe feísimo. Una vez repuesto del porrazo, toreó por estatuarios, y remató con dos trincherazos y otros tantos pases del desprecio de cartel. A ello le siguieron tres series despaciosas con la derecha que pusieron la plaza bocabajo, con el animal embistiendo con mucha nobleza y su punto de casta y emoción. Pero un servidor, que no se deja llevar una pizca por las emociones del momento y solo se fija en el cómo, vio en David Mora el mismo torero ventajista que ha sido siempre, citando al hilo con el pico de su descomunal muleta y descargando la suerte con mucho descaro. Después de esto, se echó la muleta a la mano zocata, y dejó algunos naturales que también fueron muy jaleados, pero donde faltó la verdad, la verdad de echar la pata adelante y llevarse al toro toreado hacia detrás de la cadera, y no pases lineales siguiendo el recorrido que le marcaba el toro, lejos de marcarle al toro el recorrido que tenía que hacer. Después de esto, se fue por la espada y, antes de la estocada, dejó otra serie de naturales con la mismas carencias antes descritas. Y claro, la espada entró a la primera (no importó dónde, como es costumbre) y dos orejas muy benévolas cayeron. Y me pregunto yo, si en vez de llamarse David Mora, eso mismo lo hace uno llamado Pepito Pérez. ¿Hubiera sido todo igual? 
Pero lo más delirante de todo fue la surrealista vuelta al ruedo concedida al toro. Sí, fue un gran toro en la muleta, pero ni siquiera llegó a cumplir en las dos varas que tomó. Y eso del caballo, llámenme anticuado, para una vuelta al ruedo en Madrid es sagrado. Y una vez más, un presidente se lo vuelve a pasar por el arco del triunfo. Pues nada...
El quinto fue un animal soso e insustancial como él solo. Mora lo intentó por ambos pitones, pero con dos orejas ya en el esportón, pensaría que se complicara la vida otro, y se lo quitó del medio prontito.

Y Roca Rey, gran exponente de la excelsa torería moderna y la chabacanería vestida de luces, demostró en esta tarde sus múltiples carencias ante dos animales que no eran el carretón de turno que tanto gusta hoy en día. El tercero, un toro con su casta y su mucho que torear, al que el bueno de Andrés pegó trallazos de mil colores con sus clásicas maneras 2.0 y sus arrimones, y hasta algún pase de esos por la espalda para no perder la costumbre. Pero de torear y de poder al animal, pues como que no. El sexto se repuso de un calambre que le pegó en el primer capotazo, y acabó siendo un animal complicado al que había que dar distancia, tiempo y mucho mando. Roca Rey empezó, raro en él, con el cambiado por la espalda, y realizó una faena laaaaaaaaargaaaaaaaaa ahogando la embestida del toro, pegando trallazos hacia fuera y terminando con el arrimón de siempre. ¿Y alguien se extraña de que a este hombre se le vayan dos toros complicados con mucho que torear? Pues... ¡¡No!! 

Al final de la tarde, a David Mora se lo llevaron en hombros en dirección la calle Alcalá, y a él, después de lo mucho que habrá pasado, le tuvo que saber a gloria. Pero a quien tiene la firme convicción de que torear es algo radicalmente diferente a lo hecho ayer por Mora, le dejó bastante indiferente.
Y Malagueño,  n° 1, que ahora mismo estará hecho filetes en alguna galería comercial de Madrid, recibió unos honores que no mereció. Cuanto menos, la tarde de ayer fue el culmen del triunfalismo más apoteósico. 

lunes, 23 de mayo de 2016

DECIMOCTAVA DE FERIA: LOS BOMBONES DE LA VENTANA SE ESTRELLAN CON TRES NOVILLEROS DE SALDO

Estamos hartos, pero que muy hartos, de oír hablar a los mandamases de los toros y a los que de esto saben no sé qué de que hay que evolucionar en el comportamiento de los toros, de que hay que apostar por la nobleza, la toreabilidad, la colaboración con el del chispeante, la docilidad, etc.; y dejar de lado las complicaciones, la casta, la dureza de patas, el picante, la fiereza y todas esas cosas que imposibilitan eso que llaman mejor toreo de la historia, porque hoy en día los toreros se visten de luces para disfrutar, para crear arte y para todas esas mamadurrias que nos están llevando a la mismísima mierda, hablando en plata, y que solo se les puede ocurrir decir a una insufrible banda de subvencionados con el carné de periodista.
¿Que a santo de qué viene ahora, en este preciso instante, semejante chapa? Pues miren ustedes, viene a santo de que no hace ni dos horas que hemos salido de la tercera y última novillada de San Isidro 2016, festejo en el que se ha lidiado (por decir algo) una novillada de La Ventana del Puerto muy cómoda de hechuras y caras, y que ha desarrollado un comportamiento que se ajustó a la perfección a todas esas cualidades que los mandamases de la Tauromaquia 2.0, a través de sus lacayos de la tele, los papeles, la radio y los portales, demandan con tanto ahínco. Nobilisimos los seis aldeanuevas de La Ventana del Puerto, dulces como la miel y dejándose hacer de todo y, salvo la excepción del primero, no han pegado bocados ni han sido alimañas. En definitiva, una novillada para hartarse a torear.
Ni Alejandro Marcos, ni Joaquín Galdós ni Juan de Castilla (sustituto del lesionado Luis David Adame) han conseguido dar una a derechas, solo han hecho gala de un pegapasismo insufrible y una enorme capacidad para aburrir al personal que da gusto. ¡¡Qué más queréis para triunfar, niños!! ¡¡Qué más queréis!! Si salen encastados y con carbón, malo porque no vale para el toreo del siglo XXI; y si salen dejándose hacer mil y una virguerías y colaborando extremadamente con sus matadores, peor porque lo único que hacen son faenas interminables llenas de trapazos y exentas de colocación, mando y, en definitiva, de verdad.

A Alejandro Marcos le tocó bregar con un novillito que hizo de primero con las dificultades propias que sacan los toros cuando se les brega de pena. El animal tenía motor, y cuanto más se alargaba la faena, más patente quedaba que la nefasta brega a la que fue sometido le enseñó lo que había detrás del trapo. Y así fue como en el epílogo de una faena sin acople, ni temple ni dominio, se llevó por delante al chaval y le pegó una feísima voltereta que le dejó medio grogui. Consiguió matar al novillo con cierta dignidad, pero la vuelta al ruedo que dio fue sonrojante. Bochornosa. De vergüenza ajena. Se le va un novillo son torear y la gente le vitorea, le pide el despojo y, además, le tolera que dé una vuelta al redondel. ¿Hubiera sido tanto si la voltereta no hubiera existido? No, no hace falta que me contesten, era solamente una pregunta retórica.
Con el cuarto bombón volvió a moverse por los mismos derroteros de destoreo, aburrimiento y de pegapases, pero eso sí, un pegapases que se pone bonito. Con musho jarte el chaval, sí señor.

Joaquín Galdós ha llegado a la cunvre de la novillería, o que nos lo han colado bien colado, o como ustedes prefieran llamarlo. Y, después de verlo unas cuenta veces ya, todavía me sigo preguntando el porqué. Este chico seguro que tendrá  otras cualidades fabulosas por ahí, pero desde luego lo suyo no es lo de ser torero. Si ante dos animalicos más bondadosos que toda la congregación franciscana a nuestra con carencias, qué no será si por esas cosas de la vida le sale un animal con ciertas dificultades... Y además, horripilantemente horrible su manejo de la tizona: estocada desprendida al segundo y sartenazo en el número al quinto. Sin comentarios. Que después de lo de hoy medite las cosas, porque tiene mucho por delante.

A Juan de Castilla, vaya por delante que en la tarde de hoy ha sido la primera vez que le he visto torear, y de sus anteriores comparecencias muy poco puedo hablar. Entró ocupando la vacante de Luis David Adams, y la verdad es que no se le puede negar ese merecimiento después de hacerse cargo de cuatro novillos hace tan solo una semana en esta misma plaza, derrochando un pundonor y un coraje propio de quien quiere llegar a ser alguien. Pero, si nos circunscribimos únicamente a la tarde de hoy, hay que hablar de un Juan de Castilla que se ha dejado sin torear a un novillo de ensueño, el tercero. De esos novillos soñados en el momento soñado y en el sitio soñado. Cómo repetía el animal, sin hacer ningún mal gesto, todo dulzura y toreabilidad. Ideal para poner el cotarro bocabajo. El colombiano no lo llevó ni una sola vez toreado, dejaba un hueco entre sus muslos y el novillo que bien podía haber un autobús atravesado, todo pases en línea recta y sin cargar la suerte. Una ruina.
Cerró plaza un novillo colaborador que iba y venía, con el que el joven se embarulló en una faena larguísima en la que no dijo absolutamente nada.

El futuro de la Tauromaquia pasa, en parte, por las manos que han estoqueado esta tarde la nobilísima novillada de La Ventana del Puerto y, después de dar cuenta de todo ello, digo dos cosas:
La primera, para los novilleros: ¿Qué más queréis para triunfar?
Y la segunda, lo de casi siempre: un halagüeño futuro tenemos por delante, sí señor.

DECIMOSÉPTIMA DE FERIA: DE NUEVO PACO UREÑA

En su última comparecencia en esta feria de San Isidro, Paco Ureña ratificó de nuevo que lo suyo es de otra latitud diferente a la que se estila en el neotoreo de hoy en día.
Francisco José Ureña Valero, natural de Lorca (Murcia), es un torero que muchas cosas de las que hace gustan en Madrid: se pone en el sitio, da el pecho, ofrece la muleta plana, carga la suerte, se pasa a los toros a milímetros de los muslos, hace las cosas con gusto y, además, remata los muletazos atrás. En resumidas cuentas, Paco Ureña tiene predilección por el toreo de verdad, el de toda la vida, el que huye de esos retorcimientos horrendos, de torear escondiendo la patita, de llevar al toro en línea recta, de ofrecer solo el piquito de la muleta, de los cites al hilo y de todas esas chabacanas excentricidades de las que hace gala el toreo 2.0. Ureña llegó en esta tarde a Madrid con los puntos aún frescos de la cornada sufrida en el glúteo hace una semana, y esos ogros talibanes que todo lo protestan y no dejan de dar por saco se lo quisieron agradecer al finalizar el paseíllo con una ovación, algo que no fue secundado por esos güenos afisionaos que todo saben en esto de los toros y tan buen paladar tienen para todo. Claro, no había figuras ni torerines guapos en el cartel, ¿qué iban a aplaudir entonces? Por lo cual y consiguiente, solo quedó en tímidas palmas.
A su primero, Paco, muy echado para delante, lo recibió con algunas verónicas en las que primaron las buenas intenciones sobre el acierto. Fue este toro una babosa de Las Ramblas, a la cual no se le picó, que acudía al cite por ir, no miraba raro, ni metía la cara con convicción, ni nada propio de un animal de casta. El matador, pues, hizo las cosas casi a placer, dejó algunos muletazos de bisutería fina con la mano izquierda, un pase del desprecio de aunténtico cartel de toros, y sobre todo, el detalle de hacer las cosas siempre colocado en el sitio y de verdad. ¡¡Qué gustazo en estos tiempos en los que se jalean y se  premian los trapazos citando en la oreja!!
En un arranque de tremendismo del que también dispone este murciano, y que a veces afea sobremanera su buen concepto del toreo, se fue a recibir al quinto de rodillas a la puerta de chiqueros. El toro salió regateando y haciendo extraños, por lo que el matador se quitó de ahí sin pensarlo dos veces tirando el capote.  Acto seguido y una vez repuesto, dejó algunas verónicas a pies juntos despaciosas y de manos bajas. Este de Las Ramblas no fue como el otro de su lote, pues embestía rebrincado, con poco recorrido y llevaba malas intenciones. Ureña se volvió a poner de verdad a intentar sacarle lo mínimo a tan infame material. Y sacar, lo que se dice sacar, sacó un porrazo y un par de naturales arrancados a granel. Poco más.
La oreja le fue concedida, quiero pensar, premiando el conjunto de su buena tarde pero, a ser justos, se antoja muy generosa dado el pinchazo y la estocada caída con la que pasaportó al torito al otro mundo.

La corrida de las Ramblas fue una moruchada más que, además, pecó de una pésima presentación. Con el primero, que recibió una lidia caótica pero no se comió a nadie y era todo bondad, el Cid fue todo corazón por agradar a quienes un día tanto dio y tanto le dieron, pero su desordenada azotea le impidió sacar una mínima pizca de confianza para intentar llevar a la babosa por bajo y sacar algo estimable.
El cuarto fue un piojo de Buenavista que remendaba la moruchada de Las Ramblas, y el torito ofreció una clara colaboración por el pitón derecho que el Cid, de nuevo contagiado del baile de San Vito y sin saber por dónde meter mano, dejó escapar. Alargó además la faena en exceso y sin sentido ninguno. En fin, que siempre nos quedará el agradable recuerdo de aquellos años en los que el gran Manuel Jesús Cid Salas y su prodigiosa mano izquierda nos hicieron llorar de emoción.

La terna fue completada por Jiménez Fortes, que dispuso en su primer turno de un sobrero de Julio de la Puerta para enfrentarse a él con una lupa, y con el que poco pudo hacer dado el escaso potencial del animalico. El sexto tampoco fue material, y Fortes poco más pudo hacer que mostrar voluntad por el vulgo (des)toreo 2.0, ese con el que hoy en día se es figura, y que una vez más alguien ha dejado en evidencia, esta vez un torero que tiene que decir mucho en esto: son Francisco José Ureña Valero, Paco Ureña en los carteles.

sábado, 21 de mayo de 2016

DECIMOQUINTA DE FERIA: BUUUUUUUUM, PETARDO

Petardo de tarde, por todos lados y se mire por donde a mire. Petardo, y de los gordos, de los Lozano, que ha colado en la exprimera Plaza del mundo una insufrible bueyada. De reconocer es la correcta presentación de la corrida, y más en concreto de los cuatro primeros: sin grandes excesos de caja y caritas con poca arboladura, como manda el prototipo Núñez, pero con hechuras bonitas. Y más, teniendo en cuenta quién estaba hoy acartelado. Pero en cuanto a comportamiento, peor imposible. Seis borregos que no se han empleado ni una pizca, ni han hecho aparecer por un momento casta, ni malas intenciones, ni fiereza, ni nada de nada. ¿Habrán pegado los Lozano una manita de pintura negra a seis cabestros que deambulaban por su finca? No sería la primera vez, cuentan las malas lenguas...
Los muermos de Alcurrucén no fueron los únicos en darnos la tarde. Por ahí anduvo el Todopoderoso don Julián, figurón del antitoreo y el antitaurinismo radical ensalzado como la mismísima resurrección de Gallito por su prole de voceros, plañideras, palmeros, pesebreros, pagafantas, subvencionados, lameculos, juntaletras y grandes afisionaos. El Juli vino a Madrid en la tarde de hoy a hacer lo único que sabe: pasar el trámite sin complicarse la vida y poner el cazo para recoger las perras, y a otra cosa mariposa. En el resto de lugares donde pisa, lo de hoy hubiera sido calificado como algo cunvre, y hubiera cortado orejas, rabos y hasta alguna pata, y nadie le hubiera dicho ni mú. Pero Madrid, aunque cada vez es menos Madrid, ciertas cosas no las pasa por alto (aún). Y a Julián, el mayor exponente de la antitauromaquia más antitaurina de cuantas haya, tampoco se le pasan sus vicios.

Petardo también, y de forma literal, fue el de Castella, otro excelso pegapases al servicio de lo burdo y del antitoreo. Al tercero de la tarde, uno de los animales más bobos de cuantos hemos visto en toda la feria, se empeñó en pegarle trapazos e imponer su monofaena, aun no habiendo sentido alguno. Vale que se justifique, pero una cosa es eso y otra que el señorito se chotee de los aficionados de esa manera. Y eso es lo que fue, un choteo y una mofa. Y cuanto más le recriminaba la gente su actitud, más aposta lo hacía, hasta el punto de que le sonó un aviso y, sin inmutarse, siguió dando trapazos al pobre animal. Ahora, que el quinto fue un toro que se movió y tuvo sus quince embestidas por abajo, pero Castella, en vez de tener un poco de amor propio y tapar bocas, se plantó en la oreja del animal a dar trallazos, la mayoría enganchados,  y hasta sufriendo algún desarme. Y por todo ello, escuchó su segundo buuuuuuuum petardo de la feria, ese grito jocoso que se dedica a quien hace méritos para ello. Hay que ser fuertes, aún le queda otras dos tardes en feria.

José Garrido, toricantano en esta tarde, es otro más de esos chavales de los que tantas maravillas se hablan cuando son novilleros y a los que tratan con tantísimo entusiasmo mucho antes de tiempo. Y ante un lote infumable de Alcurrucén, demostró que a él lo que le va es el antitoreo que hacen sus maestros, ese de citar el hilo, descargar la suerte, dar mantazos fuera de cacho, llevarse el toro para fuera, y no para dentro, embarcando con el pico; ponerse pesado, hacer de don Tancredo, y todas esas cualidades tan chabacanas que gasta la Tauromaquia 2.0. "¿Y este es otro de los que iban a tomar el relevo generacional y el que iba a mandar en los toros?", pensábamos, horrorizados, algunos. Tiene otra tarde en la feria, esperamos que lo de hoy haya sido un accidente y ese día demuestre que sabe hacer otras cosas.

Esta decimoquinta de feria fue, a fin de cuentas, el fiel reflejo de lo que es el toreo hoy en día y lo que va a predominar, cada vez con más fuerza, en el futuro. Así de bien nos va, básicamente tenemos lo que nos merecemos.