domingo, 2 de octubre de 2016

CUARTA Y ÚLTIMA DE OTOÑO: FALTÓ CASTA

Los cárdenos de Adolfo Martín vinieron a echar el cierre de la Feria de Otoño, la última de Taurodelta (tengo la siniestra impresión de que los acabaremos echando de menos), con una corrida de toros que empezó fuerte con un primero de bandera, al que siguieron tres bueyes completamente inválidos, un quinto también con mucho que torear, y un sexto complicado, de esos a los coloquialmente los llaman de "teclas que tocar". Faltó casta y poder en los albaserradas de Adolfo, quien por mucho que haya echado algún que otro toro interesante y alguno otro con posibilidades, ni muchísimo menos salva los muebles.
Lo que no hubo en la tarde de hoy, para variar, fueron toreros. Y eso que el cartel era interesante y tenía muchos alicientes. Por ejemplo el primer espada, Rafaelillo, siempre esperado, y que se ha dejado ir a un primero de categoría, toda una máquina de embestir. Recibió una primera vara en buen sitio muy fuerte de Juan José Esquivel en la que empujó mientras le tapaban la salida, y en la segunda fue puesto de largo y se arrancó pronto y galopando, aunque ya debajo del peto se dejó pegar y no llegó a emplearse. Sí se empleó, con mucha nobleza además y hasta sacando cierta casta, en la muleta de Rafaelillo, que no acertó en ningún momento a poderle sacar ni siquiera una triste tanda mandona. Muy encima del animal Rafaelillo en todo momento, sin templar ni acertar a bajar la mano ni a llevar al toro sometido, y dejando la ventana abierta, provocando así muchos achuchones que le pusieron en apuros. Y el animal muy por encima de un Rafaelillo que sucumbió de forma estrepitosa.
El cuarto fue uno más de esos a los que hay que cuidar en varas, y de un comportamiento estrictamente ovejuno y descastado. Rafaelillo estuvo mucho tiempo delante sin sacar absolutamente nada que no fueran trallazos fuera de cacho, volviendo a ponerle en apuros el toro al torero. Remató a este toro Rafaelillo de una gran estocada que tumbó al animal patas arriba, lo mejor sin duda de su actuación y prácticamente de la tarde de hoy.

Luego, vino El Cid. ¿A qué? A varias cosas. Por ejemplo, a hacernos escuchar a sus últimos partidarios decir "hoy tengo una corazonada", "no pierdo la esperanza en que hoy...", "hoy va a resucitar, lo tengo claro". ¿Y así cuánto tiempo llevamos?
Pues aunque por mucho que le aplaudieran y por mucha predisposición que derrochó en sus dos turnos, este servidor, miembro del talibanato más rancio, no vio el menor atisbo de una tarde cunvre. Se le fue un toro, el quinto, que regaló veinte embestidas categóricas y que fueron desaprovechada por un Manuel Jesús Cid encimista, burdo, pegapases y ventajista que desaprovechó esas veinte embestidas con un destoreo basado en el pico de la muleta y en los latigazos hacia fuera. Y poco más que comentar, porque el segundo de la tarde fue otro inválido amoruchado al que se le tenía que llevar a media altura, sin obligarlo, y lo más suavemente posible para que no se fuera al garete. ¡¡Qué emoción, oigan!!

Y cerró terna y feria, la última de Taurodelta (una siniestra voz interior me dice que los echaremos de menos), Morenito de Aranda, que vino vestido de un terno burdeos y azabache que era una maravilla contemplarlo. Y ya, eso fue lo único que hizo en la tarde de hoy, venir vestido que daba gusto. Otra cosa, por desgracia, no. El tercero también sufría de tetraplejía y no se le podía hacer el toreo mandón que hace Morenito, por lo que la faena, no demasiado larga gracias al Cielo, se basó en citar al hilo y mover la muleta al ritmo que iba marcando el pobre bicho.
El sexto fue un toro rajado al que cuando se le llamaba, iba al punto. Y si se le dejaba la muleta puesta, repetía. Y si se le daba el tirón hacia fuera, como así hizo Morenito en todo momento, se daba a la fuga buscando el abrigo de las tablas. Y si se le bajaba la mano, el toro hacía lo propio con el hocico, y si no, pues el animal también se aburría y se iba de allí. No está hecho Morenito de Aranda para sudar la hora gorda ante toros que ofrecen complicaciones, a fin de cuentas.

Adolfo tuvo un par de toros para torear y otro más para sacarle partido, pero se echó de menos mucha más casta. Y por supuesto, toreros que tuvieran  día bueno para cumplir con las posibilidades que tuvieron delante.
En fin, que sólo nos queda decir, como buen rezaba la pancarta del viernes en el tendido 7...........

Bye bye Taurodelta.
Simón, prepárate, seremos exigentes.

TERCERA DE OTOÑO: EMOCIÓN EMANADA DE LOS DEL PTO. DE SAN LORENZO

Ay, si los toros hablasen, y pudieran contarnos sus inquietudes, sus opiniones sobre cómo estuvo el coleta de turno frente a ellos, cómo les trataron los de luces y qué intentaron dar de sí en sus respectivos turnos de lidia. No puedo dejar de imaginarme a los seis pavos de ayer del Puerto de San Lorenzo hablando sobre cómo les trataron sus respectivos lidiadores, ¿qué hubieran dicho?
Estoy seguro de que halagos, desde luego, no. Estaría bien; así, quizás, podrían ratificar las palabras de los aficionados que hoy estamos siendo tratados como si tuviéramos la lepra, sólo porque ayer vimos muy por encima de los lidiadores a semejante corridón, mansa como ella sola sí, pero encastada y con mucho, muchísimo que torear. Y claro está, dura y con un peligro sordo cuando no se les hacían las cosas bien. Justamemte lo que no gusta a los mandones de la Tauromaquia 2.0. No, no fueron los de ayer los típicos borregos de los que tanto gustan hoy en día para estar cunvre ni hacer ese mejor toreo de la historia consistente en dar doscientos mil pases por delante, por detrás, por arriba y por abajo, haciendo el pino puente si es necesario, sin que el animalito se inmute y permita todas las perrerías que se le hace. No, nada de eso. Los atanasios de ayer iban al bulto cuando se les dejaba la ventana abierta, se ensañaban con los hombres cuando los tenían a merced, los hacían hilo e intentaban por todos medios darles caza, si se les llevaba a media altura soltaban tornillazos y protestaban una barbaridad, pero si se les bajaba la mano metían la cara de maravilla; pronto se revolvían queriendo coger las telas, echando humo como una locomotora antigua... Lo que, en una palabra, viene a estar resumido como CASTA. Justamente lo que tanta falta le hace hoy en día a la Fiesta. Casta, emoción, toros con ese poder y que transmitan el peligro, que dejen claro de una vez por todas que los toros son animales fieros y no meros colaboradores. Y a ser posible y si no es mucho pedir, toreros que los sometan y puedan con ellos, pero ah amigo, eso es más complicado, entre otras cosas porque a los toreros de hoy (y a sus lacayos de la prensa y palmeros) les va justamente lo contrario. Y así de bien nos va.

En mano a mano, se las vieron y desearon con los del Puerto de San Lorenzo Curro Díaz y José Garrido, que se creyeron quizás que los del Puerto de San Lorenzo iban a colaborar con ellos para crear jarte y estar a gusto, pero creo que su gozo en un pozo. Y un jamón para ellos. Ayer había que sudar ahí delante, que para eso había toros de verdad y no regalaban ni las buenas tardes. Y sudaron, vaya si sudaron. Hasta sangre sudaron. 

Abrió plaza Montesino I, número 81, que ya salió frenándose y metiéndosele por dentro a Curro Díaz. Lo dejaron al caballo de cualquier forma y recibió dos puyazos traseros, el primero dándole fuerte y tapando la salida, y el segundo midiendo el castigo; y en banderillas, el animal esperaba y acortaba mucho terreno. Curro, lejos de llevarlo por abajo y enseñarlo a embestir, comenzó la faena con banderazos por las nubes, rematados por uno ya de mano baja muy bueno y en el que el toro, curiosamente, descolgó. Hizo bien Curro en darle distancia, el animal se venía galopando y repetía. Franela a media altura, el animal protestaba y achuchaba al matador, que estuvo fuera de cacho en todo momento y no consiguió darle ni uno verdaderamente mandón. Con una lidia así, el toro pareció mucho peor de lo que en realidad fue. Para culminar la "obra", sartenazo horrible que degoya al pobre animal y deja el ruedo plagado de regueros y charcos de sangre. Esperpéntico espectáculo.

En segundo lugar salió Joyito, número 140, al que Garrido se saca a los medios sin mucha convicción y, cuando más o menos lo tiene metido en el capote, llegan los peones con sus feas costumbres y se lo llevan al burladero del 10, desde donde el toro, al vislumbrar en la lejanía la montura, se va directo a ella como alma que lleva al diablo y sin que ninguno de luces consiga echarle el alto. Nada más sentir la puya, el toro salió de najas y fue directo al caballo que guardaba puerta, donde recibe un picotazo antes de volver a irse suelto. Un descontrol de muy señor mío había en el ruedo, más parecía una capea de pueblo que una corrida de toros en la que se suponía hace no mucho Primera Plaza del Mundo; hasta que al final se llevan al toro a la contraquerencia para recibir un puyazo midiendo mucho. Se cambió el tercio con el toro prácticamente sin picar, y Javier Valdeoro dejó un par de banderillas de antología. El animal iba a su aire, sin fijar ni parar por una cuadrilla que todavía no había culminado su esperpento, y Garrido, que ya lo tenía todo programado antes siquiera de vestirse de torero, empezó la faena por estatuarios. Fue este Joyito un animal dotado de nobleza y cierto tranco con el que Garrido lo único que demostró fue ventajismo 2.0, porque de las excelsas cualidades que sus seguidores y los pagafantas de la prensa le atribuyen, desde luego, este humilde miembro del talibanato más rancio en integrista no se percató. Pico, cites al hilo, trallazos hacia fuera... Y el animalito, después de tanto pegapasismo, aburrido y exasperado.

Langosto, número 132, fue el tercero, y lo cierto es que el animal tenía una fachada que quitaba el tipo al más bravucón de los hombres. Sin ser fijado por el matador, se va al caballo que guarda la puerta y el tercero lo corta, pero el toro se encela con este y le hace hilo durante unos angustiosos instantes sin que ninguno de los diez restantes hombres de luces que hay en el ruedo fuera capaz de estar al quite, haciéndole tomar el olivo y librarse por poco. Allí mismo, en el 4, tomó el toro un picotazo, saliendo de najas, y una vez puesto en el 7 le dan un puyazo en honor a todos aquellos animalitos que no necesitan ni que les acaricie el palo. Otro puyazo en regla más toma el toro, el cual embiste en el capote de brega con cojones y por abajo. Curro empezó la faena doblándose aunque apenas conseguió meter al aninal en el engaño. Volvió a darle distancia a este toro, que se arrancaba como un tren y galopaba que daba gusto. Curro Díaz, con mucha pose bonita y desde la periferia, no es capaz de llevarlo toreado, y en una de esas, al dejarle la ventana abierta, el toro se va directo a por el hombre y le dio la voltereta padre. Curro se levantó dolorido y, tras unos segundos sentado en el estribo, se repuso y volvió a la cara del toro. Deja una serie con la derecha bajando la mano y llevando al toro toreado, rematado con un trincherazo de cartel. Volvieron después los trallazos a media altura y los cites al hilo, y el toro, que de tonto no tenía un pelo, volvió a hacer por el torero y le propinó otro severo golpe, momento en el cual los demás lidiadores, que estaban a por uvas, no consiguieron quitárselo de encima, teniendo que saltar al ruedo un tío vestido de paisano a hacer lo que los que estaban de luces no consiguieron: salvar al compañero. Obrando en estado de necesidad, sería lícito perdonarle la multa al trajeado (que no era otro que el matador Sebastián Ritter), pero esa misma multa que le iba a caer a él, le tendrían que caer encima a los inútiles vestidos de luces que no cumplieron su cometido por no estar a lo que tenían que estar. Así, la próxima vez, ellos están atentos y colocados y no hace falta que ningún paisano se salte el reglamento.
Se fue a por la espada Curro Díaz y, para cuadrar al toro, dejó tres naturales imponentes, quizás de los mejores que se hayan visto en Madrid en todo este año. Con cuatro pinchazos y un golpe de verduguillo mandó al importante Langosto al desolladero, perdiendo una oreja que hubiera sido cortada a un toro de dos.

Montesino II, número 74, fue el cuarto y fue picado más bien poco. "Algabeño" dejó un gran par de banderillas dejándose ver y andando con mucha torería, y el toro quedó con un tranco emocionante en el último tercio, el cual José Garrido comienza por bajo. Molestado por el viento, se lo saca al tercio a seguir en esta tarde mostrando sus cartas de torero ventajista que cumple a rajatabla con las premisas de la Tauromaquia 2.0, de no torear cruzado, no ofrecer la muletita planchadita y llevar al toro con latigazos rematados allá en la lejanía, sin bajar la mano ni mandar. Y así toda la faena. El también importantísimo Montesino II metía la cara que daba gusto y repetía, pero Garrido erre que erre con su pegapasismo más vulgar, hasta que el toro acaba rajado y aburrido de tanta tontería, y Garrido empieza con eso de los circulares, el encimismo y las manoletinas, mientras le suenan los avisos y no le importa. El petardo que pegaron los de luces a continuación, OTRA VEZ, no tiene nombre. Garrido se tira a matar y el toro se lo lleva por delante, propinándole un fuerte golpe. Alguien por fin es capaz de llevarse al toro a la otra punta mientras el matador se repone, una vez lo cual volvió a entrar a matar, situado en el tercio entre los tendidos 7 y 8, con todos los de luces en el burladero del 9, y nadie, absolutamente NADIE, en el burladero del 6. Resultado: el matador sale rebotado y el toro le hace hilo hacia el burladero del 6. Sí, justamente donde los únicos que había en ese momento eran los areneros, quienes intentaron el quite con sus gorras; pero ningún peón con el capote preparado para salir a cortar al toro. De modo que, por negligencia de las cuadrillas, otra fea cogida y cornada en el glúteo, y el chaval a la enfermería, siendo Curro Díaz el encargado de darle fin al toro con un golpe de descabello.

Salió el quinto, herrado con el 40 y de nombre Macetero, escarbando y gazapeando molestamente cuando el matador se iba a por él. Se le arrancó y se le frenó a mitad de viaje, quitándose Curro de allí tan rápido como pudo y saliendo al paso José Manuel Montoliú, que fue capaz de meterlo en el canasto y hacerle embestir largo y humillando. Con un par el peón de brega, sí señor. Salió el toro de najas en el primer encuentro y empujó en el segundo, aunque también saliendo suelto y yéndose al caballo del 4, no siendole impedido tal cosa y donde recibió una vara medida.
El toro demostró virtudes en el capote de Montoliú durante el segundo tercio, quien lo llevó muy sujetado y por bajo. Curro se fue con el toro a los terrenos del 5, donde el primer y segundo muletazo se los tragaba, pero al tercero ya cantaba la caponata. El matador, citando al toro mostrándole las afueras y sin ningún ademán de llevárselo atrás, tampoco ayudó a corregirle ese defecto. Ni con la mano derecha ni mucho menos con la zurda, citando con la pierna retrasada y fuera de cacho. Así terminó Curro Díaz su tarde en Madrid, una tarde en la que dejó algunas cosillas sueltas pero sin ni muchísimo menos redondear, y a merced de la casta.

Tardaron en abrirle la puerta a Langostero, número 137 y encargado de cerrar plaza, dando tregua a Garrido para acabar de reponerse en la enfermería.
Salió por fin Garrido del hule para dar cuenta del toro más soso y reservón de la corrida (al cual Curro Sanlúcar asestó dos buenas varas) con su neotaurómaco estilo, alargando excesivamente la faena y dando un recital de terminología del Cossío espada en mano: pinchazo, media estocada, m etisaca... Lamentable, muy lamentable y mala la tarde de Garrido en el día de ayer.

Y emocionantísima corrida de los toros del Puerto de San Lorenzo, la cual, con más corridas así, un servidor no tendría ningún tipo de reparo en seguir viéndola anunciada dos tardes al año.
Curro Díaz, haciendo a sus toros mucho peores, dejó alguna que otra cosa buena; y José Garrido, que seguramente estaría esperando material para expresarse y sentirse, no fue capaz de meterlos mano de ninguna de las maneras.

Y los de la tele y los portales, en su condición de magníficos abrazafarolas que son, afeando la corrida y calificándola "de otro tiempo". Ay, si los toros hablasen y pudieran dar su opinión, cuántas cabezas no estarían volando en las últimas horas...

viernes, 30 de septiembre de 2016

SEGUNDA DE OTOÑO: LA INVALIDEZ TORNA EN LANZAS LAS BUENAS INTENCIONES DE LOS FUENTE YMBRO

Falta de fuerzas, esa ha sido la tónica general que ha marcado a los toros de Fuente Ymbro lidiados en el segundo festejo de la feria de Otoño. Corrida de presencia desigual, con tres toros de imponente e irreprochable fachada, primero, cuarto y quinto; sumados a tres animales con buenas cabezas y terciados hechuras, los lidiados en segundo, tercero y sexto lugar, y a los que apenas ha hecho falta siquiera darles medio puyazo en regla. Todos, sin excepción, han perdido las manos en algún momento de su correspondiente lidia, echando a perder así las buenas intenciones que, a excepción del reservón y soso ejemplar lidiado en cuarto lugar, han dejado entrever los productos del señor Gallardo. Una pena, porque de haber estado dotados de más poder y pies, la corrida hubiera sido de nota. Pero como cuando se cae el Toro se cae la Fiesta, aquí paz y después gloria.

Con los Fuente Ymbros se las han visto una terna de pegapases con distintos grados de disposición a darlo todo, pero pegapases los tres, al fin y al cabo, que no han logrado sacar a la palestra nada reseñable, despojos y aplausos aparte.
Eugenio de Mora abrió plaza muy echado hacia delante, comenzando su quehacer de rodillas, y continuando con dos series con la diestra muy jaleadas, mas llevando al toro con el pico de la muleta para (mal)rematar los pases allá en la lejanía. Se echa Eugenio la franela a la zocata y la faena continúa con muchos mediotrallazos en los que tan pronto como iniciaba el muletazo, le quitaba la tela al animal a mitad del viaje. Y así siguió durante todo el rato que duró una faena de más a menos, la cual si no llega a rematar de pinchazo y estocada caída, posiblemente se hubiera llevado un despojo. El toro que abrió plaza mereció mucho más.
El cuarto fue un mulo. Un buey ideal para arar los barbechos de mi abuela, pero nulo para la lidia. Eugenio se contagió de la sosería del animal, y su trasteo no cogió la más mínima trascendencia en ningún momento.

Juan del Álamo, ese mismo que logra algo tan meritorio como cortar orejas y orejas en Madrid sin que nadie recuerde después el más mínimo mérito para ello, se las vio en su primer turno con un torete de baja presencia y flojete flojete flojete, hasta tal punto de señalarle dos picotacitos de nada, como quien pincha una aceituna y esta sale rebotada del plato. Por ello, el animal en cierto modo se vino arriba en el último tercio y tuvo algunas arrancadas que del Álamo desaprovechó con una importante colección de banderazos, la mayoría enganchados, sin orden ni concierto. Larguísima faena con la que del Álamo, lo único que consiguió, fue cabrear al personal y que este le reprochara lo desastrosamente mal que estuvo con el toro. 
El quinto quería ir, pero su tetraplejía se lo impedía. Del Álamo tuvo disposición de justificarse, pero lo único que consiguió fue un porrazo del trece. Y volver a mosquear a la concurrencia con su pegapasismo. 

A Román, otrora componente de la terna, por poco se lo llevan en hombros calle Alcalá arriba después de vérselas y desentendérselas con dos toretes que pedían el carné, y con los cuales demostró que está más verde que el botella y oro que calzaba. A ambos les quiso hacer el toreo moderno, como si los animales fueran esos carretones de Dios que se tragan todo con una tontuna que da gran gusto a los que a ponen delante. No, no fue este el caso. A merced de ambos animales en todo momento, echándoselos encima él solito a causa de su falta de mando y de poderío con los toros, llegando incluso hasta a llevarse dos fuertes golpes del sexto; pegando muchos banderazos a media altura, encimista y sin dejarlos apenas aire. En todo esto se resume su actuación, a la cual no le faltó en ningún momento el hambre de ser algo que caracteriza a todo torero en su situación. Pero nada más, y por todo ello le dieron un despojo de verbena en el tercero, tras una estocada trasera y sin petición mayoritaria ni nada; y a poco se la lleva en el sexto, si no llega a ser porque pinchó. Bastó solamente con la inestimable cooperación de los tíos que llevan las mulillas de arrastre, alentados estos a su vez por las suculentas propinas de las cuadrillas, faltaría más; y la suerte de caer en manos de nuestro ilustre presidente señor Cano Seijo, don Javier.



PRIMERA DE OTOÑO: SOLEMNE MASCLETÁ DE LOS DEL 8 Y EL 4

Ni siquiera las santas vacas que parieron hace tres añetes a semejantes mojones dirían lo contrario. ¡¡Qué cruz de tarde la primera de la feria de Otoño!! Casi dos horas y media de festejo marcada por una
novillada de La Reina (los del 4) y El Tajo (los del 8) completamente inválida y hueca, carente de emoción y del más mínimo interés, y en la que pasamos el tiempo como buenamente pudimos entre cabezada y cabezada, charlas con los amigotes habituales en el abono a quien hacía algunos meses a los que no veíamos, y aburrimiento. Mucho aburrimiento. Y mucho asqueamiento, para no dejar de ser fiel a la tradición. 

De los novilleros que vinieron a dar cuenta de los del 4 y el 8, tampoco puede decirse gran cosa. 
Manolo Vanegas estuvo un rato, más de la cuenta, delante del primer lisiado, del 4, sin sacar nada en claro. Si acaso, que es un abonado más a la Tauromaquia 2.0. El cuarto de la tarde, también del 4, tuvo otro aire. El único del Maestro que sacó ciertas dificultades, por genuino y embestidas a la defensiva, que no por casta ni muchísimo menos bravura, dónde va a parar. Otro aire a fin de cuentas, aunque no fuera el animal una maravilla, ni mucho menos. Un animal de lidia, que no para ponerse bonito ni darle pases de los de por delante, por detrás, por arriba, por abajo, y cambiados. Pero como los chavales de hoy solo aprenden a lo segundo, y no se molestan en aprender a lo primero (ni nadie se molesta en inculcárselo) la cosa quedó en otro trasteo sin pena ni gloria. 

Pablo Aguado dejó el pasado mes de abril una sensación muy grata a raíz de un concepto del toreo de alto grado de pureza. Pero en el día de hoy, qué cosas, ha mostrado ser otro abonado más a eso del toreo moderno. Uno de esos pegapases al uso, que se pone bonito y es muy elegante, sí, pero un pegapases al fin y al cabo que tan pronto como puede echa la pierna atrás y cita al hilo, por no hablar de los latigazos a los que somete las embestidas de los novillos. El segundo se lo devolvieron pronto y sin muchos miramientos (cómo sería para que el señor Polo Ramos, de nombre Justo, no se lo pensara), y se corrió turno para dar salida a otro del 8 que en nada cambió la tónica borrega e inválida. Aguado estuvo dispuesto a torear bien de verdad con el capote, quedando simplemente en eso: disposición, y ya. Llevó al novillo siempre a media altura, aliviándolo y acompañando la embestida con trallazos en línea recta y sin meterse mucho con él. Muy elegante el muchacho, a medida que pasaba la faena hacía ademán de querer enroscarse al novillo y obligarle a descolgar, pero la disposición quedó, una vez más, en el intento. Lo mejor de su tarde, sin duda, un finísimo epílogo de faena con ayudados por algo y pase de la firma de cartel. 
La gente le aplaudió mucho y ello le espoleó para en el quinto irse, digamos, a "portagayola", aunque un poco más y se coloca de rodillas en la explanada exterior de la plaza, junto a las vendedoras de "agua fría, agua helada". En un traspiés al intentar levantarse, el novillo, sobrero por cierto de Ave María (divisa y hierro antiguo de Javier Molina), hizo por él y le propinó el batacazo padre, por suerte sin consecuencias graves. El de Ave María tuvo otro aire diferente a los tetrapléjicos del 4 y el 8. También manso, reservón y a la defensiva. Un animal para poderlo y lucirse con él en una faena corta más de poder y lidia que de bisutería fina. Obviamente, a Aguado, como a tantos de sus compañeros, no les han enseñado nada de esto, y entre eso y que el golpe que recibió le dejó mermado, la cosa quedó en otro trasteo sin trascendencia. 

Rafael Serna volvió a Madrid después de llevarse un tabaco bien gordo hace algunos meses, lo que supone una gran alegría verlo de nuevo por aquí. Ante dos mojones que a duras penas a mantenían en pie, poco pudo hacer más que demostrar voluntad y dejar entrever que a él, puestos ya a hablar de abonos, le gusta estar abonado al toreo a verdad, el toreo caro, tanto como a un servidor estar abonado al Canal Cocina o a Barça TV. 

Protagonista de la tarde, ya languindeciendo esta, durante el último novillo, fue también uno de los monosabios por encararse con los aficionados cuando estos le recriminaban algo que se prohíbe expresamente en el Reglamento: colear al toro mientras estaba este encelado en el caballo. Y además, de forma alevosa y casi sin venir a cuento, pues para algo están los peones, los capotes, los quites y el director a lidia. Sí, han leído bien, un monosabio se encara con el público porque se le recrimina que colee al toro, algo prohibidísimo. Lo que faltaba. ¿Qué será lo próximo, que el empresario dedique cortes de mangas a aquellos que protestan la concesión de despojos? Camino de ello estamos. 

Lo mejor de la tarde de hoy, primera de la feria de Otoño, fue que ya se terminó.

jueves, 1 de septiembre de 2016

LOS CARTELES DE OTOÑO ME PRODUCEN... INDIGESTIÓN

¡¡Qué novedad!! La afición de Madrid está que trina, no le gusta los carteles de la feria de Otoño. Vaya por Dios, ya están los de siempre quejándose, nunca contentos con nada.

A la afición de Madrid se le dan novedades, y lo más bonito con lo que te responde es que "vaya mierda de feria, metéosla por donde os quepa". Si serán reventadores...
Novedades son, en cuanto al plantel ganadero, los hierros del Puerto de San Lorenzo y Adolfo Martín, que como hace ya tantísimo tiempo que no vienen, todos estábamos deseosos de tenerlos por fin en Otoño, donde ni nunca han estado ni nunca han coincidido. ¡¡Que viva la variedad!!
Fuente Ymbro lidiará la corrida de toros que resta con un cartel, a diferencia de la isidrada (donde pegó un soberbio petardazo) ausente de figuras, por lo que uno piensa: "¿Y si así, sin figuritas, suena la flauta?" Que esto de los toros es así de caprichoso...
El Tajo y la Reina lidiará una novillada que será estoqueada por Manolo Vanegas (cortó una oreja este verano), Pablo Aguado (en abril ilusionó con un estilo muy de verdad)  y Rafael Serna (herido muy grave el pasado mes de junio). Ahí queda eso.

Fuente Ymbro será estoqueada el viernes 30 de septiembre por dos tíos que se ganaron en verano un hueco en Otoño, valiéndose eso sí de la benevolencia que derrocharon el poco público y el presidente de ese día, y que son Eugenio de Mora y Román. Tenían que estar sí o sí, que para eso dieron el toque de atención.
Completa esta terna Juan del Álamo, al que creo que si no se le llega a poner, nadie que no perteneciera a su peña le hubiera echado en falta. Creo que había por ahí alguno que otro con más interés.

Y llegamos al sábado 1 de octubre, donde hay bastante polémica. Y no por los toreros que lidiarán la del Puerto de San Lorenzo, sino por el planteamiento de la corrida. ¿Qué sentido tiene anunciar en un mano a mano a Curro Díaz y José Garrido? El primero es uno de los triunfadores del año en esta plaza, y tenía que estar si o sí en esta feria. Garrido, por su parte, es un jovencito al que todavía en Madrid se le espera teniendo la suerte de su lado y, por lo tanto, su presencia en esta feria para nada está de más, pero... ¿Qué competencia real hay entre ambos? ¿Qué sentido tiene? No, definitivamente no se entiende.

El último día, 2 de octubre, por la mañana se celebrará la final del Camino hacia Las Ventas, con la presencia además del novillero con picadores Daniel Menes, revelación a las novilladas de verano. Sí, está muy bien eso, pero ¿no se suponía que aquí iba a entrar el también novillero con picadores Carlos Ochoa? ¿Qué ha pasado?
La corrida vespertina del domingo será la de Adolfo Martín, que como ya digo es toda una novedad en Otoño, sí señor. Será estoqueada por dos señores a quien se les espera con ilusión, véase Rafaelillo y Morenito de Aranda (que vuelve después de cortar una oreja TOREANDO DE VERDAD a un sobrero del Ventorrillo en mayo); completando el cartel otro señor que, la verdad, también es una ilusionante novedad al que había muuuuuuuuuchas ganas de ver por aquí después de taaaaaaanto tiempo sin darnos la brasa: el fantasma de Manuel Jesús Cid Salas, del que ya está todo dicho.

Esta es la feria de Otoño que tantas indigestiones les está produciendo a unos cuantos, los que nunca se conforman con nada, claro. ¿Y qué querían, a Paco Ureña y a Javier Jiménez? Uy, vaya... Si el final van a llevar razón.
¿Qué ha pasado con el de Murcia? Según la versión del empresario, estaba cerrada hasta hace pocos días su presencia en la de Adolfo Martín, pero que como se ofreció a matar los 6 y no se vio conveniente, pues él tampoco vio conveniente venir a la feria.
La versión del propio Ureña va más allá: Sí, tenía cerrada la de Adolfo, pero quería otra tarde, la de la corrida del Puerto de San Lorenzo. No se le dio porque, parece ser, el mano a mano ya estaba cerrado.  Ofrecióse a matar en solitario los 6 de Adolfo, y también se le negó, contestándole además la empresa que "está sobrevalorado". ¡¡Toma ya, con un par!! No acaba aquí la cosa, el propio Ureña reconoce que, después de eso, hubiera matado la de Adolfo en una terna de "haber sido el primero al que hubieran llamado, no después de estar todos contratados".
Que cada cual saque sus propias conclusiones...

Por su parte, con Javier Jiménez se contaba desde un primer momento para estoquear la de Fuente Ymbro, pero pidió expresamente la del Puerto de San Lorenzo, y si no, adiós muy buenas. El resultado se condensa en otra ausencia que lamentar.
Pregunto: ¿tanto transtorno hubiera sido meterlo en esa corrida y dejar ese vis a vis sin sentido en una terna que, a todas luces, tenía muchísimo más interés y hacía un cartel rematado de verdad?

También pregunto: ¿No se podría haberle hecho un hueco a Gonzalo Caballero? ¿Y con David Mora, triunfador de San Isidro, se contó?

Por todo esto, los carteles de la feria de Otoño, una vez más, me resultan indigestos. Y no es quejarse de vicio, es quejarse de que se ríen en nuestra puñetera cara. Siempre nos quedará Antonio Lorca para echarle las culpas a él, ¿no?

martes, 30 de agosto de 2016

ENTRE TODOS LA MIMARON, PERO ANTONIO LORCA SE LA CARGÓ, ¿NO?

Menuda ha liado Antonio Lorca, periodista del diario El País, con lo que escribió en el día de ayer. Seguro que si se lo llegan a contar, se lo hubiera pensado dos veces y, quizás, se hubiera mordido la lengua.
Lo de Antonio Lorca ha sido intolerable. Impropio de todo un periodista taurino. Vergonozoso y censurable. ¡¡Qué mal aficionado a los toros!! Y sobre todo, qué mal compañero de profesión, pues se la ha liado, y bien gorda, a unos pocos taurinillos de poca monta, pseudoinformadores y pagafantas del taurineo, que a lo largo de esta madrugada y parte del día de hoy, me cuentan mis buenas fuentes, han colapsado las urgencias de los hospitales de toda España siendo atendidos de asfixia. Asfixia en su propia bilis, que la verdad que no ha sido poca. Así no, señor Lorca. No tiene usted vergüenza, mire que echarle la culpa del mal que asola la Tauromaquia a los propios taurinos, precisamente a ese putrefacto sistema que no ha roto un plato en su vida... ¡¡Mire que acordarse también en su escrito de sus colegas de profesión!!
¿No se da cuenta, señor Lorca, de que peca usted de cinismo?

Sí, señor Lorca, es usted un cínico y un hipócrita, y le voy a explicar por qué. Verá, aquí el único antitaurino que hay es usted, no le quepa la menor duda. Con gente como usted no nos hacen falta ni el PACMA, ni Unidos (ya no) Podemos, ni los boxeadores esos chatarreros que cada vez que hablan sube el pan (y baja la droga), ni nada de nada de nada de nada...
No mienta ni sea hipócrita, señor Lorca, que le hemos pillado. ¿Sabe por qué?

Pues mire, porque de que haya muchas ferias de provincias sin novilladas, y lo que es peor, plazas de tercera y portátiles donde las figuras no dejan una triste migaja a los novilleros, los cuales necesitan aprender el oficio y curtirse, la culpa, señor Lorca, es de usted.

De que se organicen taaaaaaantas ferias en las que los organizadores no pagan los mínimos a los toreros, y lo que es peor, que algunos de estos se malvendan y denigren su profesión y a sus compañeros, la culpa, señor Lorca, es de usted.

De que hayan desaparecido tantas ganaderías y encastes míticos que un día dignificaron la Fiesta y le daban variedad, señor Lorca, la culpa la tiene usted.

De que la suerte de varas esté prácticamente extinguida y apenas tenga importancia, señor Lorca, ¿Sabe de quién es culpa? Pues sí señor, de usted.

Oiga, señor Lorca, y lo que le ha pasado a Javier Jiménez en Bilbao, que no ha sido capaz nadie de darle la sustitución después de triunfar días antes en Las Ventas, ¿de quién es culpa? Sí hombre sí, de usted.

Y siguiendo el hilo de Javier Jiménez y teniendo en cuenta de que eso es solo la punta del iceberg en ese tema, ¿quién es culpable de que a los jóvenes que tienen muchas facultades se les corten las alas? Pues de quién va a ser, de usted señor Lorca.

Y sobre el fraude y la mala imagen que dan los toros que salen al ruedo escobillados, sangrando de los pitones y clamorosamente afeitados, señor Lorca, ¿qué tiene que decir? Usted no sé, pero yo lo tengo claro: que es usted el culpable.

Por cierto señor Lorca, ¿sabe que he visto muy alterado a su colega de profesión José Miguel Martín de Blas con su escrito? El de las retrasmisiones de Castilla la Mancha Televisión, efectivamente.
Pues sí, le llama antitaurino y dice que usted no respeta o no se qué. Claro, señor Lorca, usted también tiene la culpa de las bochornosos retrasmisiones de televisión que este señor capitanea. Vamos, que usted tiene la culpa de la pésima imagen que dan los festejos retrasmitidos por ese pobre mártir de usted y, además, usted le obliga a guardar silencio sobre ello y a no poner el grito en el cielo contra el fraude. ¡¡No faltaba más!!

También otro compañero suyo, Paco March, le llama antitaurino, ¿sabe señor Lorca? Es cierto, no me acordaba que es usted quien tiene la culpa de que en la tierra de su compañero March, Cataluña, los toros estén prohibidos. Ni Balañá, ni la lamentable gestión de Matilla en la Monumental, ni rábanos, señor Lorca. ¡¡Usted, usted es el culpable!!

¿Y qué me dice, señor Lorca, del negocio que hay escondido detrás del homenaje que se tributará al pobre Víctor Barrio en Valladolid? ¿No tiene nada que decir? Yo sí, desde luego: la culpa es de usted.

Oiga, señor Lorca, me estoy acordando también de los bailes de corrales que provocan las figuras cuando aterrizan en Madrid, la supuesta primera plaza del mundo. En especial, de los mamoneos que se trae el muñeco de Velilla de San Antonio sieeeeeeempre que torea por aquí. Recuerdo la última, aquella corrida de Jandilla rechazada que se sustituyó por una infame bueyada del Vellosino, y de la que misteriosamente desaparecieron dos toros, los dos más serios, que días antes sí llegaron a enchiquerarse en la misma plaza pero que no pudieron ser lidiados al suspenderse la corrida por lluvia. ¿Qué me va a decir, señor Lorca, que llegó usted, impuso la bazofia del Vellosino, y a esos dos toros antes mencionados se los llevó usted a escondidas esa misma noche y los dio el cambiazo por otros dos mojones? ¡¡Lo sabía, sabía que usted tenía mucho que ver con aquello!! Pobre Julián, que cargó con las culpas de algo que no había hecho. Si nunca ha roto un plato, la criatura.

Hablando de Madrid, me gustaría también hacer hincapié, señor Lorca, en el daño que causa usted a esa plaza. Usted es el responsable de programar tantas novilladas con chavales que no vienen preparados para pasar ese duro examen; y también tiene la culpa de tanto saldo ganadero en esta plaza, y de que los tendidos permanezcan vacíos de tarde
en tarde, siendo usted también incapaz y, por ende, el culpable de programar festejos sin el más mínimo interés para atraer al aficionado a la plaza.

Y señor Lorca, ya no hablamos de la alarmante falta de casta y bravura de la que hace alarde el toro actual, ni de lo vulgar que es el toreo moderno, ni de que se haya perdido el respeto al aficionado, ni de que este haya desertado las plazas harto y hastiado de tanto despropósito. Usted tiene la culpa de todo ello, no le quepa duda, pero seguro que los salvapatrias que en el día de ayer por poco se ahogan en su propia bilis al leerle a usted, darán palmas de alegría por ello. Tan contentos, es lo que buscan.

Y querido don Antonio Lorca, menos mal que hoy esos simpatiquísimos y encantadores (anti)taurinos a los que se refirió ayer no estaban hoy muy inspirados, que si no le culpan a usted también de la crisis económica, de que no tengamos Gobierno, del hundimiento del Titanic, de la traición de Judas Iscariote, y de su puñetera madre.

sábado, 27 de agosto de 2016

ANÉCDOTA MIUREÑA

Miura, bendita leyenda. Ganadería que nada tiene que ver con las demás. 
Una leyenda negra de desgracias que siempre ha planeado sobre los miureños. Inconfundible estampa. Incertidumbre en los momentos previos de lidiarse su corrida, "¿hoy qué saldrá, una bandada de seis hijoputas que nos harán pasar miedo? ¿Quizás una corrida dulce con la que los coletas podrán empacharse a torear? ¿O puede que una de esas borregadas infumables que también les suelen salir? Eso solamente lo generan los de la A con asas. Como también generan terror y aprehensión en todos los que se embuten en la taleguilla o se tocan el castoreño. Dice Ruiz Miguel, maestro curtido en mil miuradas, que el solo hecho de ver su nombre al lado de Miura en un cartel ya le generaba insomnio. O el Faraón de Camas, quien en una ocasión en la que se encontraba comiendo en un famoso restaurante sevillano, vio entrar a don Eduardo Miura Fernández por la puerta y, sin tan siquiera terminarse el primer plato, se levantó de la mesa y puso los pies en polvorosa, huyendo de allí como alma que lleva al Diablo, para acabar declarando después, al ser interrogado sobre por qué no mataba corridas de Miura, que "hasta me da miedo saludar a don Eduardo, ¿cómo voy a matar una corrida suya?".
Ese halo misterioso y legendario sólo lo tiene una ganadería en el mundo, la de Miura. ¡¡Qué goce la familia Miura, con cuyos toros han triunfado desde Lagartijo y Frascuelo hasta el Fundi, Rafaelillo, Escribano y, por qué no, Padilla; pasando a su vez por Gallito, Belmonte, Rafael el Gallo, Manolete, Diego Puerta o el Viti!! La mayor parte de la historia de la Tauromaquia, vaya (salvando, eso sí, a la inmensa mayoría de los que hacen eso del mejor toreo de la historia).

De la mítica vacada de Miura habla Filiberto Mira en su libro "El toro bravo, hierros y encastes", en el cual resalta esta curiosa anécdota que él mismo presenció, y que me parece digna de extraer:

Lo voy a contar, porque no es cuento, sino una realidad que presencié, y que me demostró que en los miuras no hay nada de mero tópico ni de falsa leyenda. Resultó que una noche fui a la plaza valenciana de la calle Játiva para presenciar una desencajonada, que son allí muy clásicas en las corridas de la feria de julio, pues a los aficionados les gusta ver los toros que por la tarde se lidian.
Como complemento de la desencajonada estaba anunciado un espectáculo cómico-taurino. Colocados los cajones al hilo de las tablas, fueron saliendo pacíficamente los toros que contenían. Agrupados los seis de cada ganadería fueron entrando en el toril, con suavidad, los de Benítez Cubero, Pío Tabernero y no recuerdo de quién otro.
Estaba previsto desenjaular en cuarto lugar a los miuras. En quinto y último, le correspondía el turno a media docena de hermosísima ejemplares de Pablo-Romero.
De la clausura de los cajones irrumpió en el ruedo, bajo la luz de los focos, el sexteto de los miuras, que por cierto lo hicieron muy alborotados y con gran espectacularidad. La vivacidad, los bramidos y el genio de estos impetuosos toros era algo totalmente diferente a los otros que habíamos apreciado. Cinco de ellos, aunque a regañadientes, pues se les notaba que no estaban cansados del viaje y querían pelea, entraron con estrépito en los chiqueros.
Uno de ellos, emplazado en los medios, se resistía y resistía a ser encerrado. Retornaron al ruedo sus hermanos de hierro y divisa a ver si se conjuntaba con ellos, y ni caso. Lo jalearon los mayorales, y él ni inmutarse. No le afectaron ni el ruido de las hondas, ni los reiterados intentos de los bueyes, ni han siquiera los golpes de las pedradas.
Pasaba el tiempo, se apagaron las luces dejando sólo encendida la de toriles a la par que se guardó absoluto silencio en el público. Pero no había nada que hacer, porque aquel toro decidió no moverse del ruedo, que estaba lleno de su arrogante presencia e increíble tozudez. Más de dos horas transcurrieron, y como al de Miura no había forma de convencerle, se decidió desenjaular la corrida de Pablo-Romero, a ver si de tal forma el pesadísimo morlaco de don Eduardo se enchiqueraba. Esta decisión de sacar a los otros entrañaba un enorme riesgo, pues es sabido que los que no son de la misma ganadería se extrañan mucho, y al juntarse suelen pelearse con furiosa saña.
Pensé que sería terrible la insólita lucha del indomable miura con el descomunal toro de Pablo-Romero. Efectivamente, con gran ímpetu irrumpió el primer torazo de Pablo-Romero en la arena, y nada más ver a su rival se arrancó hacia él a gran velocidad y con ansias de pulverizarlo. Tranquilo le observó el criado en Zahariche, que al ver llegarse al otro, a unos cinco metros, se limitó a estirarse como diciendo "¿a dónde vas tú? No te equivoques, que soy de Miura".
Ante la estirada del de Miura, se frenó en seco el atacante, le volvió la cara y, dando impresión como de estar poseso de un pánico insuperable, se introdujo a chiqueros lo más pronto que pudo. Los otros cinco de Pablo-Romero casi no se atrevieron a mirar al que emplazado continuaba, y de sopetón desaparecieron ligeritos del redondel. ¡Sin comentarios! Tanto tiempo transcurrió que hubo que suspender la parte cómica, y al día siguiente me dijeron que, engañado con un cubo de agua, lograron reducirle sobre las cinco de la madrugada. Es más, me contaron que, al darse cuenta de que le habían burlado, en vez de beber, destrozó el cubo y partió varias puertas de los chiqueros. A este toro, que fue nobilísimo al ser lidiado, le cortó las orejas Antonio José Galán. 
¡Toros de Miura, misterio de una ganadería inefable, que asusta hasta a sus semejantes los de Pablo-Romero, que nada saben de las muertes de "Espaetero", "Pepete" y "Manolete"!》.

FUENTE: El Toro Bravo, hierros y encastes (Filiberto Mira).

lunes, 1 de agosto de 2016

NOVILLADAS

Sigamos, no pasa nada. Sigamos maltratando a los novilleros, pilar fundamental de la futura Tauromaquia. Los ejemplos de Arnedo, Calasparra, Arganda del Rey, Villaseca de la Sagra, Algemesí o certámenes de novilladas sin picadores como el Camino hacia Las Ventas o la Ribera del Tajuña son honorables excepciones a la norma. Las novilladas están vapuleadas, pisoteadas. Vejadas por un sistema al que solo le importa facturar cuanto más dinero mejor, sin preocuparse de cuidar a las nuevas generaciones de novilleros y becerristas dándoles oportunidades para curtirse y aprender el oficio.
¿Por qué en ferias importantes, como Valladolid, como Guadalajara, como Ciudad Real, Murcia, Badajoz, Vitoria-Gasteiz o San Sebastián, por poner algunos ejemplos, no se da ni una mísera novillada?
¿Por qué en muchas plazas de tercera categoría se dejan las novilladas de lado para que vayan a torear las figuras del toreo? ¿Por qué nadie hace nada por cortar de raíz esa infamia que son los festivales sin novillero? Efectivamente, porque los que en esto mandan se preocupan únicamente de sus intereses individuales, y los intereses de la Fiesta se lo suelen pasar por el arco del triunfo, faltaría más. Luego, cuando hay que rellenar huecos en las numerosas novilladas que, por pliego, se deben celebran en Madrid, con novilleros que torean poquísimo y acusan la falta de rodaje, vienen los lamentos. Los lamentos de que en Madrid "se lidia un novillo descomunal y desproporcionado, y por ello llevamos no sé cuántas cornadas de novilleros este año". Es decir, que el problema, según esta banda de iluminados, no es que no haya novilladas, sino que el novillo que se lidia en Madrid es simplemente acorde a la categoría de esta plaza. La solución, pues, no es darles más oportunidades a los chavales para que aprendan y vengan con oficio al exigente examen que supone Madrid. ¡¡No, por Dios, acabáramos!! Esto se arregla bajando la exigencia que debe tener la que se supone plaza más importante del mundo. ¿Se puede ser más fariseo?

Esto es solo una parte de lo maltratada que está la novillería. Ayer, vía redes sociales, un novillero sin picadores llamado David del Castillo denunciaba que estaba anunciado para torear en Mijas, pero que finalmente no lo hacía porque "la empresa le obligaba a vender 80 entradas". Entradas de 50 euros las más baratas, en tendido alto de sol (95 euros la más cara, barrera de sombra). ¡¡50 euros una novillada sin picadores, en la que se lidian 3 erales 3!! ¿Cómo se puede ser tan sumamente cafre?
La noticia la hizo saber el propio novillero, y rápidamente el portal Cultoro la propagó para que todos nos hiciéramos eco de tal descalabro... Todos, excepto los salvapatrias de Simón Casas y Mundotoro, por supuesto, que seguramente estaban más pendientes de que en la novillada de Madrid no salieran novillos con todo el cuajo que les corresponde. Por suerte, la Unión de Toreros ha anunciado medidas al respecto.
Esto, porque al novillero en cuestión le dio un ataque de valentía y coraje, y no quiso morderse la lengua. Pero ¿qué no pasará por ahí de lo que nadie tengamos idea, porque a los pobrecillos no les queda otro remedio que tragar para poder cumplir su ilusión? La culpa, claro está, es del novillo que se lidia en Madrid, no nos comamos más la cabeza.

Eso sí, en todos los ámbitos de la vida siempre han existido clases y clases, y en esto no iba a ser menos. ¿Verdad señor Adame, de nombre Luis David?
Vaya con el júnior de los Adame, que en poco más de un año de novillero con picadores le ha dado tiempo a ser apoderado por la empresa de Madrid, a torear dos de las tres novilladas de la Feria de San Isidro, debutando en la primera además; a programarse una alternativa de lujo en Nimes, y hasta a decidir cuáles ganaderías quiere torear y cuáles no. Qué bien se lo montan algunos.

Y otros, la inmensa mayoría, penando y recibiendo miles de zancadillas por parte de este putrefacto sistema que solo mira por sí mismo, llevándose por delante de esta forma tan deleznable a la Fiesta. Pero la culpa es de Podemos, Izquierda Unida, PACMA, del Ché Guevara, de la mona Chita y de su puñetero padre. Ah, y de que en Madrid se lidia un novillo acorde a la categoría de la plaza, por supuesto.

domingo, 10 de julio de 2016

MI PEQUEÑO HOMENAJE A UN TORERO CAÍDO

Llego, cayendo ya la noche, a casa. Todo parece una tarde normal, con el calor propio del mes de julio, la mente puesta en la corrida de Escolar que se está lidiando en Pamplona, y maldiciendo mi suerte por no poder presenciar ese desafío ganadero de Teruel entre Ana Romero y Los Maños, el cual por cierto me lleva pareciendo unas cuantas semanas un cartel rematadísimo, con tres toreros que tienen mucho que decir en esto.
Lo primero que hago al llegar a casa es mirar el móvil para comprobar el desarrollo de ambos festejos y, al abrir el WhatsApp, me topo de bruces con un mensaje de mi querido Emilio Roldán que me hiela la sangre: a Víctor Barrio le ha matado un toro en Teruel. Me quedo en shock, no me lo creo. Tengo que sentarme en una silla porque mis piernas, temblorosas, no me sostienen. Me llaman a cenar y el cuerpo me responde con náuseas. ¿Qué ha pasado? ¿Cómo ha sido? ¿Por qué? ¿POR QUÉ? 
No hay palabras para responder, es imposible sacarlas de donde no las hay. Tampoco hay consuelo posible. Ni que el toreo es así, tan duro como real, ni que al torero podrá quitarle el toro la vida pero la gloria jamás. No, no hay consuelo posible ante tanto dolor. Un torero ha muerto en las astas de un toro, un torero joven, con proyección, con ganas de ser y de mandar en esto, con hambre de triunfo en cada tarde. Ha muerto Víctor Barrio, no me lo creo aún, es doloroso y difícil de digerir. 


Recuerdo perfectamente, y además con mucho cariño, la primera vez que vi torear a Víctor Barrio. Fue en mi pueblo, Estremera, en un festival sin picadores un 13 de octubre del año 2009. Barrio había debutado con picadores hacía pocos meses, aún apenas empezaba a abrirse hueco en la crême de la novillería, y aquel martes octubreño Barrio se entretuvo en darnos una bonita tarde a toros ante dos novillos de Alcurrucén. Las tres orejas que cortó fueron lo de menos en ese momento. Le recuerdo como un chaval alto y espigado que, embutido en un elegante traje de corto oscuro, hizo un toreo despacioso, vertical y mostrándonos además que le gustaba colocarse en el sitio. "A este hay que volver a verlo", recuerdo que le dije a mi buen amigo Andrés al terminar el festejo. 
Meses después, recién terminado San Isidro, vino a presentarse a Madrid, y cortó una oreja a un novillo de Rehuelga. Volvió en la novillada de la Feria de Otoño, tres meses después y, sin cortar orejas, volvió a decir mucho aquella tarde.
Llega la temporada 2011, el año de su consagración como novillero. Dos tardes en la feria del Santo Patrón de Madrid, cosa que llevaba años sin verse en un novillero, el torear dos de las tres novilladas que componen San Isidro. Vuelta a lo mismo, que era decir que ahí había un novillero dotado de buenas maneras y con ambición suficiente para comerse el mundo. Mete la cabeza ese año en lugares importantísimos, llama la atención en las plazas donde pisa. La alternativa está cercana y el buen rodaje de Víctor Barrio queda más que patente.
Domingo de Resurreción del año 2012, domingo 8 de abril. Apadrinado por El Fundi, Barrio toma la alternativa vestido de fucsia y oro en la plaza que le puso en órbita: Madrid. No podía ser en otro lugar, gran promesa de la novillería y con el reconocimiento unánime de los aficionados, no merecía menos. Pero las cosas aquella tarde no salen como se espera, no hay suerte. Vuelve Barrio un mes después por San Isidro para darse de bruces con una corrida infumable de Fermín Bohórquez.
Llega el parón. Quien estaba llamado desde novillero a ocupar un lugar importante en el toreo, no entra en las ferias, pero la afición le espera.

Y llega el 9 de febrero de 2015. Los aficionados acudimos a Valdemorillo llamados por una corrida de Cebada Gago que ha de ser estoqueada por Paulita, Manuel Escribano y Víctor Barrio.
La corrida se desarrolla con poco a destacar, hasta que sale el sexto de Cebada Gago, un encastado ejemplar al que Barrio, espoleado ante la necesidad de llamar la atención para volver a estar en la pomada, cuaja un faenón. Aquellos naturales a pies juntos, colocado en el sitio y llevando al toro hacia atrás, todavía me erizan los pelos. Hacía tiempo que no veía torear con tanta verdad. De nuevo, Víctor Barrio está en boca de los aficionados.
Por desgracia no dura mucho, año y medio después Lorenzo, de Los Maños, se cruza en su camino y trunca cruelmente una carrera prometedora.

Escribiendo esto no puedo evitar derramar algunas lágrimas. Lágrimas de dolor, de rabia, de impotencia, de incapcidad para hallar respuesta a las tantas preguntas que nos invaden a todos.
No existen palabras de consuelo. No son posibles en estos momentos, no salen. Solo cabe mandar abrazos muy coordiales a la familia, cuadrilla, amigos, allegados y conocidos de Víctor Barrio.

Ha muerto un torero y ha nacido un mito. Gloria eterna a Víctor Barrio. Descanse en paz, TORERO.

martes, 5 de julio de 2016

MARCIAL LALANDA


¿Había muchos toros como estos, que daban la impresión de ilidiables, y en realidad no lo eran? 
Muchos. Me preguntaréis: "¿Es que quieres que vuelvan a los ruedos aquellos toros?". Mi respuesta rotunda sería: ¡¡Sí!! Aquellos toros -junto con otros más nobles- daban la tónica de lo que la Fiesta debe ser. Descubrían la importancia de un torero, y el público vivía en toda su intensidad la grandeza del toreo. Los aficionados que no se reconfortan con estas sensaciones son culpables de la decandencia actual de nuestra Fiesta. 

MARCIAL LALANDA

lunes, 6 de junio de 2016

TRIGESIMOPRIMERA Y ÚLTIMA DE FERIA: MIURA CLAUSURA SAN ISIDRO CON UN POCO DE TODO

¿Qué tendrán los toros del mítico hierro de Miura, que cuando se anuncia en Madrid apenas se ve cemento en el tendido? En la tarde de hoy no ha sido menos, y la plaza presentaba un aspecto que cualquiera diría que se anunciaban tres de esos que hacen el mejor toreo de la historia, frente a una corrida de esas pensadas para disfrutar y para crear arte. 
Pero no, hoy en la plaza de Madrid, en la última de la feria de San Isidro, se anunciaban los toros de Miura, herrados con esa A con asas inconfundible que, con solo mirarla, se le pone a cualquiera la piel de gallina; con los figurones de la Tauromaquia contemporánea en la otra punta de España, y anunciada para ser lidiada y muerta a estoque por tres toreros modestos que venían prácticamente jugarse el devenir su temporada.
Miura tiene que es diferente al resto. Uno que va por la mañana al apartado y, el subir las escaleras que dan a los corrales, se topa de bruces con esos toros cariavacados, ofensivos, largos como el viaducto del AVE, altos, finos y fibrosos, agalgados y con ese cuello largo y ágil, solo piensa en una cosa "pobrecito el que se tenga que poner ahí delante".
Ya por la tarde, uno por uno empiezan a desfilar por el ruedo y a hacer gala arrogante y galantemente de su inconfundible y pavorosa fachada, y despiertan la admiración y el respeto del aficionado. Y una vez dado cuenta de la hermosura de forma individual, cada uno sale a su padre y a su madre, pero normalmente el interés lo mantienen en el ruedo de forma constante.

El primer miura de la tarde que clausuró la feria salió lisiado, y el presidente, don Jesús María Gómez Martín, que haciendo su trabajo también es diferente a sus colegas, no se dio mucha coba e hizo asomar el pañuelo verde pronto. Rafaelillo hizo correr turno y salió Tabernero, n° 17, nacido en diciembre de 2011. Un hermoso toro de Miura que, así a lo tonto, ha sido uno de los toros de la feria. Poco se emplea en varas mientras el picador pega dos puyazos fuertes, por tal sale perdiendo las manos del primer encuentro. El animal se viene arriba en banderillas, la brega de Álvaro Oliver ha sido eficaz y cuando Rafaelillo de dispone a muletearlo, el animal ya tiene una embestida fiera y enclasada con mucha emoción. Rafaelillo empieza en los medios con la zocata, el toro se arranca como un tren y deja una serie de naturales despegada y metiendo mucho pico. Le siguen otras dos tandas con la zocata en las que las intenciones de Rafaelillo son las de hacer el toreo de verdad, pero falta mucho acople a tan encastado toro. Es después de esto cuando Rafaelillo se relaja más, se pone en el sitio y, dando al toro la distancia oportuna deja, de uno en uno, tres naturales despaciosos, cargando la suerte y llevando al toro atrás. El toreo, en una palabra. Luego de esos tres naturales vuelve a faltarle a Rafaelillo el mando y el acople, el toro sigue embistiendo con mucha emoción y la sensación en el tendido es que se va sin torear. Y así fue. Cuatro naturales de frente que vuelven a emocionar son el prolegómeno a tres pinchazos y una estocada que le hicieron perder una oreja. Una oreja que hubiera sido cortada a un toro de dos. Mereció muchísimo más Tabernero, que fue despedido con una gran ovación mientras el tiro de mulillas se lo llevaba destino a la industria cárnica.
Rafaelillo dispuso en cuarto lugar de una de las cosas más feas que se han visto en los últimos tiempos por esta plaza: un sobrero de Valdefresno (de quién si no) que parecía más bien un búfalo de esos de los que salían en las películas de los indios ambientadas en las grandes llanuras de los Estados Unidos. Ese aspecto tan poco apropiado para lo que se supone un toro de lidia fue algo premonitorio, el bicharraco acudía al percal y a la franela roja como un vulgar morucho de carne, topando y dando tarascadas defensivas a todo lo que se movía. A estas horas, el de Valdefresno ya será hamburguesa pura, lo único para lo que servía sin lugar a dudas.

Javier Castaño fue recibido por la afición de Madrid con una afectuosa ovación que le reconocía el haber superado al toro más difícil de su vida. Luego, a la hora de la verdad, Dios dispuso y el de cuatro patas descompuso. Tuvo Castaño un segundo toro de esos típicos miureños que salen sin comerse a nadie, flojito y haciendo gala de un hermoso trote cochinero. Castaño hizo una faena larga en la que pegó muchos trallazos a media altura sin fajarse de veras con el animal, y sin llegar a hacer que el interés floreara por algún lado. Además, el uso de la espada y sobre todo del verduguillo no fue el apropiado.
Con el quinto de Miura en el ruedo vivimos momentos de enorme emoción de la mano, de quién si no, de Fernando Sánchez y de Marco Galán.
Fernando Sánchez puso el segundo par a este toro de esa forma tan personal y tan torera de la que hace uso, dejándose ver toreramente y dejando que el toro le llegue mientras él anda con despaciosidad; pero la ejecución del par no pasó de normalita, siendo generosos. De nuevo el presidente, en otro ejercicio más de afición, dio la nota para bien y permitió a Sánchez volver a entrar para dejar, esta vez sí, un grandioso par de banderillas en toda la cara y asomándose al balcón. Ovación que se escuchó en Manuel Becerra.
Marco Galán, por supuesto, volvió a dejar patente el porqué es el número uno con el capote en las manos. Vaya brega le sopló al de Miura, aunque ya no es noticia algo así.
Fue este toro el peor de la corrida, sin recorrido, echando la cara arriba y sin un ápice de casta. Javier Castaño, de nuevo, estuvo muy pesado y porfió más de la cuenta. Esta vez sí, mató con más dignidad.

Y Pérez Mota... ¿Qué decir de él? Siendo honestos, cuando un servidor le vio anunciado en esta corrida, no pudo contener cierta esperanza en que pudiera romper para delante y dar una buena tarde. Evidentemente, tales esperanzas me las como con papas arrugadas con mojo picón, y muy gustosamente además. A Pérez Mota le correspondió el mejor lote de miuras, o el peor, según se mire. Si lo mira quien está en el tendido calibrando las posibilidades de los toros, su comportamiento, sus virtudes y sus defectos, evidentemente fue el mejor lote de la tarde. Pero si lo mira un señor que tiene más miedo que quince viejas y un nulo oficio, fue el peor lote de largo. No se toreaban solos los dos miuras, eran toros para trabajárselos, poderlos primero, y torearlos después sin excederse de faena. El tercero de la tarde no fue picado apenas y, por si fuera poco, el matador empezó la faena con trallazos en los medios sin siquiera doblarse con él. Resultado: el toro a vino arriba, Pérez Mota le acortaba mucho el viaje en cada muletazo, le dio trallazos de mil colores y formas y, a fin de cuentas, hizo al toro muchísimo peor de lo que en realidad fue. Y para rematar la faena de la mejor forma posible, bajonazo.
El sexto y último de la tarde y la feria, llamado Ojeador y marcado a fuego con el número 11, ha sido el único toro de toda la santa feria que se ha arrancado desde lejos al caballo en tres varas. Las dos primeras el animal cumplió, romaneando además en la primera y siendo picado malamente; y en la tercera, arrancándose desde los medios con un hermoso galope, ya pegó gañafones y se repuchó, siendo picado esta vez por Francisco Vallejo en todo lo alto. El toro se gastó mucho en esta pelea en varas, pero llegó a la muleta con sus quince arrancadas para poner Madrid bocabajo si el torero se lo proponía. De nuevo, Pérez Mota empezó la faena por banderazos a media altura sin pararse a someterlo por bajo antes de intentar torearlo; y el animal, cada vez más corto y a la defensiva. En resumidas cuentas, el torero gaditano lo único que hizo en este tarde la más de bien fue tapar a sus dos toros. Mala suerte para ambos miuras en la hora del sorteo.

Ya acabó la feria, y acabó con una miurada que dejó de todo: casta, dificultades, invalidez, borreguez, suerte a varas, un tercio de banderillas vibrante, buenos capotazos, algunos naturales de Rafaelillo... De todo, menos aburrimiento. Y es que con Miura, malo es si nos aburrimos. Larga vida a Miura.

sábado, 4 de junio de 2016

VIGESIMONOVENA : LOS VICTORININES DEJAN EN EVIDENCIA A UNA TERNA QUE ES CARNE DE RETIRADA

Cuántas corridas de la A coronada no habremos visto mejores que la de hoy. Y también peores, el año pasado sin ir más lejos, pero ello no exime del hecho que los toros de Victorino Martín (García) no son ni la sombra de lo que fueron aquellos míticos albaserradas que criaba hasta no hace tanto el mítico Victorino Martín Andrés.
La corrida lidiada esta tarde en Madrid es un claro ejemplo de ello. Toros que han tenido qué torear, toros para cortar orejas y muy buenos para los toreros, pero ya no se ven aquellas alimañas que buscaban los tobillos como si se les fuera la vida en ello. Pero sin ser aquellos victorinos que engrandecieron la Fiesta y a todo aquel que se ponía delante de ellos y los podía, sí han dejado en paños menores a los tres señores que se han dejado caer en este cartel.

Horrorosa ha sido la tarde que nos han dado los tres, Uceda Leal, Miguel Abellán y El Cid, cada uno a su estilo. Ninguno de los tres están ya para trotes, han tenido toros para reventar Madrid y no han sabido ni han estado por la labor de estar a la altura.
Uceda Leal ha tenido un lote complicado, es verdad, pero a ninguno de los dos los ha querido ver. Lo que hizo con el primero fue una golfería. Salió el toro haciendo amagos de saltar el callejón, apretaba para dentro y recortaba mucho el viaje en el capote de Uceda quien, descompuesto, ordenó a su picador dos puyazos asesinos en mitad del espinazo, haciéndole cobrar lo suyo y lo de todos los que esta feria no han cobrado. El toro no por ello dejó de ser una prenda, no quería capotes, sólo estaba con los banderilleros y los seguía hasta el final; y mientras tanto, Abellán yendo a por uvas a la hora de hacer el quite. Salió Uceda con la muleta, intentó el macheteo y en una de esas el toro se le acostó por el izquierdo. Después de esto, pinchazo y estocada, y bronca de órdago. Con el cuarto de la tarde Uceda salió con un aire más dispuesto y más de querer, pero engañando. Engañando citando al hilo, ahogando al toro y pegándole trapazos a lo 2.0 y sin confiarse ni una vez. Está Uceda Leal para irse a casa y vivir del recuerdo.

Miguel Abellán dispuso de un segundo toro soso y noblote, pero sus cites a distancia corta ahogando al toro, sus carreritas entre pase y pase como si quisiera recordar su época en "Mira quién baila" y su nula disposición para hacer el toreo empeoraron las cosas. El quinto toro fue otra cosa, pues tuvo una nobleza exquisita y una embestida empalagosa, haciendo surcos con el morro en la arena y dejando a su matador el triunfo a tiro. Abellán quiso triunfar por las vías de la modernidad, esas de ser un completísimo pegapases que no se arrima, ni manda en el toro, ni carga la suerte, ni nada de nada. Qué toro se le fue al bailarín, uno de Victorino con tanta nobleza se veian muy pocos hace años, y ahora por desgracia parecen más habituales. ¿Por qué será?

A Manuel Jesús Cid Salas ya apenas se le espera, y con razón. Dispuso en tercer lugar de otro bombón, que además hizo una buena pelea en el caballo y fue muy bien picado por Juan Bernal. El Cid lo lució, dándole las distancias adecuadas y tiempo entre serie y serie, pero su faena sucumbió  estrepitosamente. Muletazos muy despegados por ambos pitones, pegando siempre el latigazo final y más toreando el toro al torero que viceversa. En otra época, El Cid hubiera tenido una tarde gloriosa ante semejante ejemplar, pero en la actualidad, ya se sabe, está para irse. Y además, culminó la obra con un bajonazo de cinco estrellas, cosa que no paró los pies a parte de la plaza para pedir la oreja.
Cerró plaza un toro complicado al que había que llevar muy tapado y quedarse colocado, pues a la mínima que se le dejara la ventana abierta, el toro se colaba y ponía en apuros al torero. Manuel Jesús no lo hizo en ningún momento, el toro le puso en apuros en varias ocasiones, y sensación final fue que el toro se fue tapado y sin serle exprimido todo su potencial.

Los cárdenos de Las Tiesas de Santa María ya no son lo que eran, lo llevamos sabiendo algún tiempo y así quedó de nuevo reflejado en esta tarde. Hubo dos toros, tercero y quinto, con mucho que torear; muy nobles ambos y el quinto con cierto picante. Pero la sensación final es que los victorinines mucho tienen que envidiar a sus ascendientes, los verdaderos victorinos. Y para el año que viene, a ser posible, una terna con más ambición y a la que no se le haya pasado el arroz.

viernes, 3 de junio de 2016

VIGÉSIMOCTAVA DE FERIA: CUADRIS DOMECQSTICADOS

Hacer referencia al nombre de la casa Cuadri es hacerla también a la nobleza, sí, pero nobleza acompañada de casta, de poder, de agresividad, de malas ideas cuando las cosas no se hacen bien... Y de todo eso, salvo de nobleza y de exceso de toreabilidad, es de lo que han adolecido los seis bondadosos toros que don Fernando Cuadri ha enviado a la exprimera plaza del mundo en el día de hoy.
A los seis de hoy, una corrida más armónica y con menos caja que otros años, aunque de presentación más que correcta, le ha faltado ir más allá, algo más que seguir el trapo yendo y viniendo sin lanzar miradas fuera de lugar. Les ha faltado ese picante y esas dificultades que sí tuvieron sus antecesores Ribete, Podador, Poleo o Aragonés, y que tanto nos emocionaron en su día. En definitiva, la sensación a la salida de la plaza era de decepción. La corrida no había salido todo lo bien que todos podríamos desear, ni muchísimo menos. Faltó casta, faltó fiereza, faltó emplearse en el caballo (y ojo lo que les arrearon en varas a los seis), y le faltó, sobre todo, EMOCIÓN.
Y a todo esto hay que añadirle, por supuestísimo, que los tres anunciados, Luis Miguel Encabo, Fernando Robleño y Rubén Pinar, no han ayudado en absoluto a que la cosa alcanzara las cotas de emoción que los nobilísimos cuadris no llegaban a poner encima de la mesa.

Luis Miguel Encabo está ya entrado en años y apenas torea, y aunque se las haya visto y deseado en mil y una batallas, ello le pesa. Hoy sudó la gota gorda con un cuadri, el primero, de sosísima bondad, no se comía a nadie y, aunque le costaba Dios y ayuda arrancarse, cuando lo hacía repetía sin hacer extraños. Encabo lo trató como si de una alimaña se tratase: desconfiado, medroso y muy precavido con un animal que no se comía a nadie.
El cuarto fue un toro con mucho que torear y con orejas que cortar. Encabo, con tantas precauciones como con el primero, lo llevó con trallazos por alto, y de esa manera el animal protestaba y pegaba tarascadas; y cuando acertaba a llevarlo más por bajo, el animal descolgaba y metía la cara con más clase. Lo que no tiene justificación es la lamentable imagen que dio con el descabello en sus dos toros.
Por repescar algo bueno de su actuación, ahí quedó la forma que tuvo de dejar en suerte al primero en el caballo: con una larga cordobesa en el primer encuentro y con una serpentina muy vistosa en el segundo encuentro. Estampas de toreo antiguo que se agradecen en tiempos de monotonía y vulgaridad.

Fernando Robleño hizo de nuevo aparición por aquí para añadir otra corrida de Cuadri en su palmarés, y pasó sin pena ni gloria. Se contagió de la sosería de la que hizo gala el pastueño segundo, al cual hizo una faena larga y vacía; y se dejó ir, otro más, al bombón que hizo de quinto. Un toro este quinto pronto, con recorrido, muy noble y con una embestida muy alegre mucho que torear. Robleño se vio desbordado y no fue capaz de hacer que entre los muchísimos pases que dio destacara tan sólo uno. Otro año más y seguimos sin ver ni la sombra de aquel torero que deslumbró en sus comienzos.

Rubén Pinar tuvo dos toros para dar un vuelco a su difícil situación y poner de nuevo su carrera a funcionar. Ideales para hacer el toreo ambos, al tercero el subalterno Javier Ambel mostró a su jefe de filas que podía formar un escándalo al toro por ambos pitones. Qué brega la de Ambel, qué forma de TOREAR y que lección de torería y de plata con quilates que dio, mal que les pesara a algunos, que no ven bien lo de que los banderilleros de luzcan.
Ya con la muleta, Pinar basó el trasteo sobre todo con la mano zocata, y con la que pegó algunos naturales muy templados y corriendo bien la mano, pero a los que le faltó pureza.
El sexto fue otro toro con otros dos cortijos, un animal nobilísimo y con mucho que torear que, si bien tardeaba mucho a la hora de arrancarse, cuando lo hacía volvía de nuevo repitiendo con franqueza y sin hacer extraños. Pinar anduvo ahí pegando banderazos fuera de sitio, sin alma ni convicción, sin cargar la suerte ni dar la muleta planchada. Una pena para él eso dejar escapar un lote con tantas posibilidades de triunfo en una plaza como la de Madrid y una feria como la de  San Isidro. Porque Robleño y Encabo dejaron escapar sendos toros, cuarto y quinto, pero ellos son dos toreros que en los toros ya han dicho todo lo que tenían que decir. Pero Pinar, cuya carrera va en caída libre, necesitaba de algo para relanzarse. Y toros tuvo, pero no supo meterlos mano. Una pena.

El festejo terminó y todos habíamos hincapié en lo mismo: la excesiva bobaliconería de la que hicieron gala los toros de Cuadri, y que adoleció de casta y mucho más picante. No nos sirve que se dejaran torear sin más, y seguro que al ganadero, conociéndolo como se le conoce, tampoco. Con esto, cualquiera sabe cuándo volveremos a ver a los Herederos de don Celestino Cuadri Vides.

jueves, 2 de junio de 2016

LA BENEFICENCIA: TOROS, ALCOHOL Y JUERGA, MEZCLA EXPLOSIVA Y NOCIVA

¡¡Vivan las festividades, vivan las verbenas, vivan las juergas, los desmadres, los desenfrenos, las parrandas y vivan las correrías!! ¡¡Viva el vino, viva el whisky, viva el ron, la ginebra, la birra, el calimocho y los cubatas con colonia y alcohol de farmacia!!
Y ¡¡viva la Fiesta brava, viva la Tauromaquia, viva el toreo eterno, la bravura, la casta y la suerte de varas!! Que viva todo ello siempre, pero por separado y sin mezclar, que mezclar sustancias y abusar de ellas es nocivo para la salud.

No, definitivamente no es buena idea mezclar las correrías, los desmadres, la ginebra, el whisky y todas esas cosas con la Tauromaquia, nuestra maltrecha Tauromaquia que agoniza a pasos cada vez más acelerados. Hoy, en la Extraordinaria de Beneficencia (extraordinaria a medias sólo, por la cosa de las guirnaldas, las divisas y las banderillas con moñas y el Palco Real hasta los topes, pero no porque en ella se anuncien los triunfadores de San Isidro, como antaño; y de Beneficencia, el nombre solamente) el alcohol ha jugado una mala pasada a unos pocos. Y conste que venía ya prevenido con que hincharse a cubalibres antes de los toros podía jugar malas pasadas, pero no he podido resistirme a beberme una botella y media de ginebra yo solo y, por si fuera poco, llegar al bar de la plaza y pedir llevarme hasta al camarero. Pero hoy, al ser una corrida Extraordinaria, he echado el resto, que para eso es un día especial. Y conste que lo siento, porque la cogorza que me he agarrado me ha privado, por lo que parece, de presenciar la corrida del siglo. De este y de muchos, además. Olé yo.
La cosa es que la corrida de Victoriano del Río comenzó (seguro que estoy equivocado, el alcohol ya saben) con dos toros flojos y sosotes como ellos solos a los que los dos guaperas que tenían enfrente les han pegado pases sin más y han aburrido a todo el mundo. Hasta a mí, que iba contento. Qué cosas.
Salió el tercero, y por cosas de los vapores etílicos, más me estaba pareciendo ver un gorrino con cuernos que un toro de lidia, pero bueno poca importancia le doy. Le meten al caballo y me pregunto por qué, si ha ido para nada, no le han picado, e ir para nada es tontería. Sigue la lidia y el joven que tiene delante, llamado Alberto López Simón, empieza la faena al pastueño animal, y un servidor, que se ha bebido hasta el agua de los tiestos y está fuera de sí, lo único que alcanza a ver son trallazos y más trallazos lineales y escondiendo la piernecita. Perdí la cuenta de los que pudo dar con la diestra, y cuando me quise dar cuenta el matador ya estaba haciendo lo propio con la zocata, aunque creo que fue tan solo un espejismo, porque aquello no duró nada y volvió a la diestra para seguir pegando pases (sublimes deberían ser, porque yo solo escuchaba biiiiieeeennnjjjjjjj), pero un humilde servidor, entre lo poco que sabe de esto y la chispa que tenía encima, sólo alcanzaba a decir maaaaaalllljjjjjjjj. Total, que el tío se tira a matar, el toro le prendió y le pegó un fuerte golpe, y tuvo que ser buena la estocada, porque el resto de la plaza (que estoy seguro que no habían catado el alcohol en toda la tarde) se volvió loca; y el que iba tocado del ala, por ir tocado del ala debería de ser, solo alcanzaba a ver una estocada tendida, trasera y caída. Y lo que le costó al pobre bicho caer no está escrito... "Pues nada, una oreja le darán y ya está, y casi por la cogida", pensaba un servidor con la lengua medio trabada. "Qué mal voy, si hasta veo doble, me está pareciendo ver dos pañuelos en vez de uno asomados en la barandilla del palco", yo seguía a lo mío. "No sé si decirle que se esté tranquilo, que no ve doble porque en realidad son dos pañuelos lo que hay, o va a ser peor...", se comentaban entre sí dos señores de mi lado. Qué cachondos.

Sale el cuarto y yo, con lo que de por sí me aburre Castella cuando voy sobrio, imaginen cuando voy mamado, pues aprovecho para dormir la mona. Me despiertan en mitad de faena algunas voces gritando "ponte bien", "el toreo es para dentro" o "muy mal" (seguro que estaban igual o peor que yo, me juego media uña del índice derecho); y otras voces, la mayoría de la Plaza que, estoy seguro, solo bebió agua, volviendo a gritar biiiieeeeeennnnjjjjj. "Porque ha pinchado, que si no corta otra oreja", le oigo decir a alguien.
"Pues sí que me estoy perdiendo una gran tarde, sí" me maldigo para los adentros.

Y sale el quinto, y yo con mi modorra oigo de repente BIIIEEEEENNNNJJJJJJJJ, y miro abajo y resulta que es Manzanares, pegando verónicas mientras el toro embiste andando, porque el pobre animal no daba más por tener poco fuelle. Le simulan los puyazos mientras el pobre bicho, más que emplearse, está a la defensiva (aunque por ahí los grandes aficionados, que evidentemente iban sobrios, dicen que el toro empujó e hizo una pelea de bravo). Un servidor, que sigue ahí sentado en su abono, con una cogorza del quince, solo alcanza a ver un bomboncito que embiste al ralentí por falta de fuerzas y de picante, y es cuando el guapísimo Manzanares se echa la muleta a la zurda y, sujetándola desde el extremo del estaquillador, empieza a acompañar, a media altura y sin cargar la suerte, la tontorrona y despaciosos embestida del torillo. Y sigue Manzanares, sigue acompañando muy elegantemente a media altura, sigue al hilo, sigue metiendo el pico, sigue toreando en línea recta... Y la gente vociferando loca, llevándose las manos a la cabeza ante aquella maravilla. Y yo, infeliz de mí, poseído por el dios Baco y viendo cosas que no se correspondían con la realidad.  Y así más muletazos, hasta que entra a matar y cobra una estocada entera recibiendo, y cae una oreja, cae otra... Y no sé si porque bebí demasiado o porque la ginebra llevaba algo más que alcohol, me pareció ver a gran parte de la plaza pidiendo ¡¡el rabo!! ¿Pero cuál, el del toro o el de Manzanares? Aún me lo estoy preguntando... Y hasta la vuelta al ruedo para la babosa, que no se la dan al bravo Camarín (de Baltasar Ibán) y se la pedían a una pobre babosa a la que hubo que simular el castigo...

Y después de esto, con el sexto aún por lidiarse, me salí de la plaza y me fui a mi casa, mañana será otro día. Pero eso de mezclar los toros con el alcohol y la parranda, no se me vuelve a ocurrir en mi vida, mejor seguiré el ejemplo de los grandes y entendidos afisionaos que todo aplauden, que seguro que a ellos jamás a les ocurriría semejante disparate.

martes, 31 de mayo de 2016

VIGESIMOSEXTA DE FERIA: PARA MANDAR A MUCHOS A PLANTAR CEBOLLAS

La degeneración de la Fiesta pasa por muchos órdenes, pero hay uno que nunca falla: salir de la plaza esbozando una sonrisa después de ser testigos de una mansada de órdago que ha derrochado mala baba y han hecho pasar a los de luces un aunténtico quinario. En estos tiempos que corren de babosas tontorronas, toretes colaboradores, animalejos lastimosos y tardes aburridas, es un soplo de aire fresco el hecho de presenciar una corrida de toros en la que el ay está presente en todo momento y los problemas para los lidiadores se llevan por bandera. Por eso, y aunque la corrida haya sido un tremendo petardo de Joaquín Moreno Silva, hoy ha sido imposible ser víctima del aburrimiento. Muy triste llegar a estos extremos, pero a ello nos han llevado los mismos que lo de hoy lo calificaban de "salvajada" y para "coger al ganadero y no pagarle un duro" (sic Emilio Muñoz y Maxipedia, en la línea 5 del metro, cuando se creen que nadie los escucha. Ellos, precisamente...).

Los de Moreno Silva ya empezaron mal siendo anunciados como Saltillo y llevar el hierro de Moreno Silva, y siguió peor cuando el primero saltó al ruedo haciendo gala de un cuerpecito recogidito, terciadito y asardinadito. El pobre animal tampoco hizo nada del otro mundo para que le armasen la que le armaron el el caballo: puyazo paletillero SIN RECTIFICAR y DANDO FUERTE, al que respondió pegando arreones y saliendo suelto para acabar en el que guardaba la puerta, y recibir más leña en la paletilla. Sánchez Vara se empeñó en ponerlo una tercera vez en contraquerencia, con el animal diciendo nanai, hasta que lo meten a la fuerza para propinarle otro puyazo fuerte del que se repuchó. La lidia a este toro fue caótica, vergonzosa, propia de una capea en la Alcarria. El toro va adonde le da la gana y nadie le consigue meter en vereda. Sánchez Vara ya con la muleta se lo sacó a la segunda raya, y ahí el toro es donde demostró cierta bondad, yendo y viniendo sin maldad alguna y dando posibilidades. Sánchez Vara, desde Manuel Becerra casi, pegó trapazos sin más y dejó la faena en una vulgarísima actuación vacía de contenido. 

El segundo fue un toro mejor presentado, más larguito y con más remate, y al que volvieron a picarle de una forma que, en otra época, hubiera conllevado noche entre rejas. Francisco Javier Sánchez, el autor de la masacre, pega un picotazo en el primer encuentro antes de que el marrajo saliera de najas, pero esto fue el prolegómeno a un escándalo: cuando el toro entra en jurisdicción del piquero en el segundo encuentro, el pedazo de golfo e inútil (no tiene otro calificativo) empieza a pinchar en todas las partes del cuerpo del pobre animal, dejándole más boquetes que una bodega. A estas horas confiamos en que se le haya propuesto para sanción y recaiga una buena multa para este sujeto que, si hubiera seriedad, no volvería a tocarse el castoreño en su puñetera vida. El toro protestó de lo lindo ante esta masacre y volvió a salir de najas, pero en la muleta desarrolló casta y cierto poder, el que le faltó a Alberto Aguilar para someterlo y poner o plaza bocabajo. El toro repetía, acudía con prontitud a cada muletazo  y cuando Aguilar le bajaba la mano incluso metía la cara. Hasta que echó la persiana después de los veintipico mil trallazos que le dieron y no dio para más. 

El tercero fue uno de esos toros que, por presencia, nunca debería salir en Madrid. Le arrearon de lo lindo en el caballo, y por el derecho solo buscaba al pobre Venegas que, descompuesto, pasó un quinario y, de paso, se pasó de faena intentando ponerse bonito donde no correspondía. El bicho de lo único merecedor que era de ser sometido a un lustroso macheteo seguido de la estocada final, pero Venegas se empeñó y se empeñó, y cuando se quiso dar cuenta ya era más que hora de irse a matar. Suena el primer aviso y se las está viendo y deseando aún para meter la mano; suena el segundo aviso y se las sigue viendo canutas con el verduguillo. El toro, más duro que una piedra, no lo ponía nada fácil, y ya después de sonar el segundo aviso el matador se dio cuenta de que había que entrar a matar otra vez. Cobra otro pinchazo y una estocada entera, pero el animal se empeña en lo doblar, y su desesperado matador intenta, en vano, descabellar. Suena el tercer aviso y los cabestros de Florito recogen al toro que, después de todo lo que le han hecho, aún tiene la gallardía de irse del ruedo trotando, con la cabeza alta y con la boca cerrada. 

Lo del cuarto es difícil. Un toro que en el primer capotazo se va derecho a lo que hay detrás del capote sin pensárselo ni frenarse... Son cosas que dan que pensar. Y así sigue durante la lidia, los subalternos le presentan el percal, y si no huye se lanza como un rayo por el hombre. Va al caballo, y nada. Vuelve a ir, y menos. Le meten, no quiere. Le vuelven a meter, sigue sin querer. Hasta que el presidente, con buen criterio, hace asomar el pañuelo rojo que anuncia las banderillas negras.  El toro es una prenda, va de un lado a otro como si fuera su casa, se arranca contra todo lo que se intenta acercársele y hace hilo, y los banderilleros de Sánchez Vara, Javier Ortiz y Raúl Ramírez, dejan claro que ellos hicieron novillos el día que en la escuela explicaron lo de los pares a la media vuelta y al sesgo. Javier Ortiz consigue poner uno haciendo el lanzamiento de jabalina, y Raúl Ruiz consigue poner un par con mucha dignidad de sobaquillo, para dejar posteriormente otra casi como si estuviera rejoneando. El matador, obviamente, macheteó sin darse coba y se lo quitó del medio rapidito. 

Sale el quinto, también de buena presencia y, después de darse una vuelta al redondel enterándose de todo, se planta en lo medios y parece decir "aquí estoy yo, que venga a por mí quien los tenga bien puestos". Y fue César del Puerto, elegantemente vestido de azul marino y plata, y le pone el capote en la cara, le alarga el viaje, lo temple y lo lleva por bajo, y se lleva la ovación de la tarde sólo por echarle dos pelotas y un palo parando a semejante animal. Bravo por César del Puerto. También fue aplaudido en este turno el único picador que hizo bien la suerte y picó en lo alto, Juan Carlos Sánchez. El toro se defendió al recibir la puya y arreó como buen manso que fue. Llegó al último tercio con carbón y mucho que torear. Tuvo su castita el toro y también sus malas ideas, y Aguilar, aunque muy firme con él y con buena disposición, no fue capaz de someterlo y de llevarlo toreado, ni tampoco ni siquiera fue capaz de probarlo con la zocata. En resumidas cuentas, que también se le fue sin torear. Y van unos cuantos ya en esta feria que ya ha terminado para él. 

El sexto y último fue un toro que también lució una correcta presencia y, para seguir en la misma tónica, se defendió de lo lindo mientras le picaron fuerte y trasero. Llegó a la muleta pastueño y con cierta dosis de nobleza que Venegas, muy verde, no supo entender. Este torero demostró con este toro que tiene un buen concepto del toreo y puede ser un torero a tener en cuenta por los aficionados, pero el hombre está muy poco rodado y esta tarde lo acusó con creces.

Los de Moreno Silva pegaron un petardo gordo y dejaron en evidencia a gran parte de los que hoy se vistieron de luces. Cuatro picadores para multarlos, otro más para multarlo e inhabilitarlo de por vida, un subalterno que lidió al quinto toro con mucha sobriedad y un David Adalid que plantó un gran par al segundo. El resto pueden irse a plantar cebollas muy tranquilamente, porque tela. Si los toros tuvieron mala baba, la inmensa parte de las cuadrillas de hoy los hicieron peores con las nefastas lidiar a los que les sometieron. Y don Joaquín Moreno Silva, si quiere llevar su vacada por buen camino, que empiece mañana mismo haciéndose una deliciosa barbacoa con algunos de sus sementales y vacas de vientre.