lunes, 11 de junio de 2018

CORRIDA DE LA PRENSA: TRACA FINAL DE FIESTA

Se acabó el cotarro. ¿Qué vamos a hacer sin toros, después de un mes intenso acudiendo a la plaza, fieles a nuestra cita con la Fiesta? ¿Qué va a ser de nosotros a partir de ahora, sin esas animadas tertulias con los vecinos de abono; sin nuestras alegrías cuando se ven retazos de torería y de emoción; sin nuestros enfados cuando se viven despropósitos; sin esas tardes de tedio en las que uno solo tiene ganas de que todo acabe para irse a cena; sin el día a día típico de San Isidro de conocer los toros a lidiarse por la tarde o de leer las opiniones de otros aficionados sobre lo acontecido en el día anterior?

Se acabó la feria de San Isidro de 2018, y lo ha hecho con la tradicional corrida no incluida en el abono que lleva el nombre de la Prensa, en la que se ha lidiado una corrida de Victorino Martín. ¡¡Una de Victorino Martín para finalizar este mes de toros!! Como en aquellos tiempos que tan lejanos parecen en los que se cerraba la feria lidiándose una de cárdenos herrados con A coronada. Qué tiempos aquellos, en las que Victorino Martín era un clásico cerrando la feria y nunca dejaban indiferente a nadie, gracias a su bravura, casta, emoción y dureza. Qué lejano queda todo aquello.

Qué melancolía y qué tristeza se palpaba en el ambiente una vez los aficionados abandonaban la plaza después de lidiarse la de Victorino para finiquitar este mes de toros. Y no porque se trate del fin de la feria precisamente. Melancolía, tristeza, enfado, decepción y hasta cierta resignación, porque cada año, cada temporada, cada festejo y cada corrida que, desde un tiempo a esta parte, se lidia de esta ganadería, más en evidencia queda el hecho de que el heredero del gran Victorino Martín Andrés no tiene lo que se dice en mente seguir con la cría de aquel albaserrada duro, encastado, vivo, emocionante, completo en los tres tercios y bravo. Qué se le pasa por la cabeza a Victorino Martín García es algo que solamente él conoce, pero vistos los resultados ofrecidos desde hace un tiempo a esta parte, desde luego que el actual ganadero no parece ser muy partidario de la casta. Y si lo es, sus toros lo disimulan bastante mal.

La corrida de Victorino Martín que ha cerrado el mes de toros venteño ha venido muy bien presentada y es justo, qué menos, resaltar la impresionante fachada que lucieron los seis animales. Pero, salvando el tercero de la tarde que sí hizo honor al hierro y a la casta (y tan solo a medias, ya que muy poco se le castigó en varas), ahí se quedó la cosa. En solamente fachada. Ni emplearse en el caballo, ni casta, ni ese temperamento tan de lo Victorino, ni nada de nada. Y de castigo en el primer tercio, no hablemos. ¡¡A quien se le hubiera dicho hace 12 años, y de ahí para atrás, que a los victorinos se les pegan dos refilonazos y ya con eso van sobrados!! ¡¡O pegarle un pendulazo desde los medios como el que le ha pegado Manuel Escribano al cuarto, y el animal si inmutarse!! ¡¡Qué ruina!!

Escriban, Ureña y de Justo han dado cuenta de la corrida y, cada uno a su estilo, han hecho lo que buenamente han podido y sabido hacer. Manuel Escribano, más allá de irse a portagayola en sus dos toros, banderillear a toro pasado, el pendulazo desde los medios (al Victorino que sabe que se lo puede hacer, claro), dar medios pases muy mal colocado y sin gracia alguna, así como matar malamente, no da para más el hombre. Ante dos toros flojitos, sosos y pastueños, ha calcado sendos quehaceres basándose en las premisas anteriormente enumeradas.

Paco Ureña ha estado hoy en Madrid después de perderse su anterior compromiso del día 25 de mayo por una lesión cervical. Y dentro de que ante el segundo toro ha estado bien y de no haber matado mal se hubiera llevado una merecida oreja, bien es verdad que se le ha visto limitado de facultades y lejos del 100% que se requiere para estar ante el toro. El segundo de la tarde ha sido un toro suavón y manejable al que ha conseguido llevar embebido en los vuelos de la muleta en muletazos sobre la mano derecha en los que corrió la mano con despaciosidad y mando. Una sola serie con la izquierda templada y poderosa, y aquí acabó el toro y la faena. Con inteligencia se fue Ureña a por la espada, y antes de cuadrar al toro intentó naturales sobre la mano derecha, que no destacaron. Una estocada caída que hizo guardia le impidió pasear una merecida oreja.
Intentó Ureña ante el quinto realizar el toreo, pero el oponente pasaba sosamente y sin transmitir, por lo que cualquier conato de toreo por parte del matador quedaban en nada. Se excedió Paco Ureña más de la cuenta porfiando ante semejante ejemplar, y el personal acabó aburrido y pidiendo la hora.

El único toro de la corrida que desarrolló condición picante en la muleta fue el tercero, tan poco castigado en varas como toda la corrida, y con el que Emilio de Justo no se entendió, en una faena muy atropellada y falta del más mínimo atisbo de temple y poder por parte de un Emilio de Justo que se vio muy por debajo de la situación. El toro tuvo buena condición sobre todo por el lado derecho, y su matador, sacádolo al tercio, comenzó con series de muletazos sobre la mano derecha, en los que pocos muletazos dejaron de ser enganchados. Cambió de Justo la muleta a la mano izquierda, lado por el cual el animal no embestía con la misma claridad que por el pitón derecho, y de Justo no consiguió alargarme el viaje al toro y tirar de él con poderío. De nuevo cambió el torero a la mano derecha, y siguieron los enganchones y la falta de mando sobre una embestida que se fue al desolladero sin ser aprovechada por un torero al que le vino grande todo.
El sexto tuvo un peligro sordo y probó a los banderilleros en cada envite que estos osaban a afrontar. Cumplieron con sobriedad, y el tercero José Luis Neira, de la cuadrilla de Escribano, evitó algunas cornadas al estar siempre atento y bien colocado. De Justo estuvo valiente y dispuesto ante semejante prenda. Aguantó gañafones y coladas estoico y resolvió la papeleta con dignidad, pero de nuevo volvió a alargar el trasteo innecesariamente, pues lo único que podía haber sacado ante ese toro hubiera sido una cornada. Se tiró a matar con verdad, pero cobró una estocada desprendida.

Más allá de ese buen hacer de José Luis Neiro en los quites, dentro de las cuadrillas destacó Pedro Iturrialde señalando un puyazo en el sitio, la brega de Ángel Gómez al tercero y los pares de banderillas de Morenito de Arles a este tercero.




sábado, 9 de junio de 2018

8 DE JUNIO DE 2018, TRIGESIMOSEGUNDA DE FERIA: PEPE MORAL Y CHAPARRITO, TOREO GRANDE Y CASTA

La tarde iba pasando sin pena ni gloria y, al arrastre del tercero, se intuía una adolfada que añadir a la colección de mojigangas que lleva sumando esta ganadería en los últimos años. La corrida solamente tenía buena fachada y el tipo clásico del señor Marqués de Albaserrada, pero hasta ese momento la casta era muy justita siendo generosos. Ángel Sánchez fue investido matador de toros sorteando un ejemplar que fue el que menos albaserrada tuvo de tipo, por alto, zancudo y no demasiado largo. Poco le arrearon en varas a este toro, y menos aún hizo por meter los riñones. Llegó a la muleta el de Adolfo muy agarrado al piso y con los niveles de casta bajo mínimos, y Ángel Sánchez se contagió de la sosería del animal realizando un trasteo despegado y atropellado, sin que en ningún momento se llegaran a intuir las buenas maneras que dejó evidentes cuando era novillero.

El segundo de la tarde, al cual se le simuló la suerte de varas y tampoco hizo mucho por empujar debajo del peto, mandó a El Cid a las manos de los doctores propinándole una cornada de 20 centímetros en el muslo cuando le iniciaba la faena por unos muletazos de tanteo. Pepe Moral, sin miramientos, se lo quitó del medio rápido después de probar por el pitón derecho lo orientado que estaba el animal.

El tercero se empleó en el caballo lo mismo que sus dos predecesores, si bien el castigo que recibió de parte del piquero fue más contundente que los dos anteriores. En banderillas el animal ya mostraba una marcadísima tendencia a tablas, y Pepe Moral quedó prácticamente inédito ante semejante marrajo, el cual confirmó su mansísima condición huyendo de cada muletazo que el matador intentaba darle. Pepe Moral se lo llevó a terrenos de toriles con la intención de probarlo en su terreno, pero ni ahí el toro quiso saber nada de nada, por lo que el matador, resginado, lo despachó más pronto que tarde.

A partir de aquí muchos ya pensaban en que la cosa no remontaba, pero en esto que cuando menos se lo espera uno va y salta la liebre. O lo que es lo mismo, un toro con casta. Y el cuarto adolfo lo fue. Después de realizar una pelea con el caballo en la que cumplió empujando y metiendo riñones, aunque saliendo suelto de ambos encuentros y haciendo incluso amago de saltar las tablas, terminó por sacar temperamento, pies y las dificultades propias de un mansazo con casta. Ante tal prenda, Ángel Sánchez intentó realizarle toreo bonito sin tan siquiera doblarse con él ni dominarlo por abajo. Y el resultado fue que, siendo un toro para pocas florituras, Ángel Sánchez se vio muy por debajo del manso encastado. Demasiado toro quizás para un recién doctorado.

El quinto de la tarde fue Chaparrito, uno de los toros de la feria así a bote pronto. Recibió dos varas en las que Pepe Moral lo dejó en suerte con corrección y de largo, arrancándose de largo pero sin terminar de emplearse bajo el peto con bravura, pues en el primer puyazo sólo empujó con un pitón e incluso salió suelto, y en el segundo puyazo llegó a defenderse y pegar cabezados. En el segundo tercio ya se intuía, por cómo metía la cara el albaserrada y por cómo se desplazaba, que ahí iba a tener Pepe Moral toro para dar en Madrid el campanazo gordo que le hacía falta para meterse a su afición en el bolsillo. Manuel Pérez Valcárcel dejó un gran par de banderillas, y Juan Sierra arriesgó mucho en otro y siendo achuchado por el encastado animal, saliendo del paso con mucha torería. Una vez se quedaron Chaparrito y Pepe Moral solos el uno frente al otro, llegó a Las Ventas la emoción de un toro encastado siendo podido por un torero que estuvo tremendo con él. Lo saca el matador a los medios doblándose para, posteriormente, ejecutar una serie de derechazos en las que templó y mandó  al animal con muchísima torería y corriendo bien la mano para llevarlo hacia atrás. Otra serie más con la derecha, muy mandona y despaciosa, fueron el preludio a que Pepe Moral se echara la franela roja a la zocata. Y con esa mano, siempre cruzado y cargando la suerte, llevó al toro de nuevo con mucho poder toreando en redondo. ¡¡Eso es torear!! Mal hizo Pepe Moral en cambiar de nuevo a la mano derecha, pues con la zurda estaba alcanzando grandes cotas de lucimiento, pero algunos de los derechazos que dejó volvieron a tener aroma de toreo caro. Cuando quiso volver a torear con la zurda, ya poco toro quedaba, y con mucha inteligencia se fue Pepe Moral a por la espada. Oreja de ley para Pepe Moral que, de no haber sido precedida por un pinchazo, podían haber sido dos perfectamente. Y petición de vuelta al ruedo para un buen toro, no concedida con acierto: en varas el toro no se empleó con la bravura necesaria para tal cosa (otra cosa es que a otro presidente, hace unos días, se le fuera la olla mostrándole el moquero azul a un marrajo).

Y el último de la tarde, que se dejó pegar sin más dos puyazos fuertes, también le vino grande al toricantano. Esta vez Ángel Sánchez asentó las zapatillas e hizo gala de mucha mejor colocación, pero nunca consiguió someter a un animal con las complicaciones propias de la casta. Derechazos y naturales muy acelerados y a media altura, acortando mucho el viaje al toro y echándoselo encima, son el resumen más conciso sobre este quehacer que cerró la tarde.

Adolfo Martín por fin embarcó a Madrid algunos toros que derrocharon el verdadero tipo del Marqués de Albaserrada y la casta suya de antaño que hizo a los aficionados respetar esta ganadería y tenerla entre sus favoritas. Y de entre todos, destacó el buen Chaparrito, un puro albaserrada con el que Pepe Moral convenció a la parroquia venteña toreando de verdad.

jueves, 7 de junio de 2018

7 DE JUNIO DE 2018, TRIGESIMOPRIMERA DE FERIA: DE DESAFÍO, EL NOMBRE COMO MUCHO

La feria languidece y cada día se hace más cuesta arriba venir a los toros. Y gran parte de culpa de que esto suceda la tiene el simple hecho de que cada tarde, salvo muy contadas excepciones, ha sido un enorme fiasco y el aburrimiento se ha apoderado de los aficionados. Por muchas mamadurrias de corridas de La Cultura, Las 6 Naciones o Desafío Ganadero que Monsieur Gafapasta se invente para venderlo como un espectáculo único.

Hoy, trigesimoprimera de abono, ha tocado precisamente de eso ultimo: un desafío ganadero entre dos hierros de origen Santa Coloma, distribuidos en tres toros con el hierro de Rehuelga, y otros tres con el de Pallarés. Eso, en la teoría.
En la práctica, la corrida terminó siendo un pseudodesafío entre 3 toros de Pallarés, dos de Rehuelga y uno, sobrero, de José Luis Marca que salió al ruedo para sustituir al segundo, de Pallarés, el cual salió lesionado. ¿Que quién ganó el tal desafío? Pues como todo en la vida, esto será según a quién se le pregunte, pero en cuanto a un servidor respecta, la cosa quedó en lo que llega siendo un premio "desierto". A los dos toros de Rehuelga se los protestó mucho por su baja alzada, y no ser demasiado aparatoso de carnes ni de cara. Vamos, lo que llegan siendo protestas a eso de estar en tipo. Quizás es que algunos esperaban ver zambombos de la talla del célebre Liebre lidiado hace justo un año. O sea, kilos, carnes, más kilos, más carnes, y así hasta que salga un elefante con cuernos para que se considere "bien presentado". Pero los dos salieron en tipo, qué gran pecado. Su comportamiento se resume en pocas palabras: de haber estado dotados de más poder y fuerzas, ambos hubieran sido de lío. Pero como se trató de un par de inválidos, todo lo demás les vino muy grande. Los cuatro de Pallarés levantaron más alzada, lucieron más carne y cornamenta, y la tablilla les sumó algunos dígitos más. Para los amantes de esta estadística, no por otra cosa...  Y en especial, destacó un hermosísimo zambombo, el sexto, que parecía una albóndiga con patas y cuernos. La antítesis perfecta del toro de Santa Coloma. O la panacea del trapío y de la buena presentación, según quién lo mire vaya.
Y el sobrero de José Luis Marca, otro zambombo regordete con mucho genio y poco apto para toreo excelso del siglo XXI.

La corrida, más allá de todas esas cosas, sacó posibilidades para propiciarle el triunfo a la terna. No excesiva casta, pero sí algunas arrancadas bonacibles como para triunfar. Ese verbo, ni Iván Vicente, ni Javier Cortés ni Javier Jiménez lo consiguieron conjugar en la tarde de hoy.
Iván Vicente pasó por ambos pitones al soso y flojo primero con frialdad, aseo y no muchas apreturas. No había toro ahí para nada de nada, pero Iván Vicente estuvo rato porfiando como si la cosa fuera a alcanzar altura en algún momento.
El cuarto fue el mejor de la corrida. Hizo una pelea en varas que fue de menos a más: protestó e hizo ademán de quitarse el palo en la primera vara, metió mejor la cara en la segunda, y puesto por tercera vez de largo, se arrancó pronto y a galope para acudir al peto a empujar metiendo los riñones y la cara abajo. Notable pelea en este tercer encuentro, y tres puyazos arriba aunque algo traseros por parte de Jesús Vicente. El toro tuvo muchísima nobleza y también casta, y acudía con prontitud y franqueza a cada cite de Iván Vicente quien, apático, muy espeso y sin apreturas, se lo dejó ir sin torear en una faena larguísima de trapazos en la que hasta el toro terminó aburrido de tanta vulgaridad.

Javier Cortés venía con ambiente después de la buena tarde que dio hace un mes en esta plaza vestido de goyesco. Pero esta no fue la suya. El segundo, de Pallarés, no se empleó en el caballo, y Abraham Neiro con su excelente brega mostró que el toro se desplazaba con nobleza y buenas formas. Cortés, ya con la muleta, comenzó dando derechazos a media altura y haciendo pasar al toro con trallazos metiendo mucho el pico. Cogió la mano izquierda Javier Cortés y, citando muy encima, volvió a pegar trallazos sin mandar en ningún momento, quedándose el toro corto y sin que el matador consiguiera alargar el viaje. Transcurrió la larga faena en ese halo de vulgaridad y mal hacer del torero, quedando el toro por encima, y mandándolo al desolladero con una estocada caída perdiendo la muleta. El quinto fue el sobrero de José Luis Marca, manso y muy bruto al que Javier Cortés le intentó imponer, con nulo acierto, el toreo 2.0 de cites fuera de cacho, trapazos hacia fuera, pico y pierna retrasada. Y en un momento dado el toro, que no era la tonta del bote, se lo llevó por delante y le propinó una fortísima voltereta que dejó muy mermado al matador, quien tuvo que ser atendido en la enfermería una vez estoqueado el toro. Valiente y dispuesto Javier Cortés, pero desacertado al plantearle la monofaena de siempre a tan complicado animal.

Javier Jiménez tuvo en su haber al segundo de los dos inválidos que se lidiaron con el hierro de Rehuelga, y con el que pegó muchos pases aliviados y sin obligar lo más mínimo al toro, para evitar la genuflexión de este dada su poca fuerza. No le puso las cosas fáciles el pastueño zambombo de Pallarés que cerraba corrida, pero tampoco imposibles. Ya en el caballo se arrancó con alegría hasta en tres ocasiones, pero sin hacer nada que no fuera defenderse una vez se le colocaba el palo en el morrillo. Por cierto que Agustín Romero, además de ejecutar la suerte más que correctamente, colocó el palo en todo lo alto, dejando así tres puyazos sencillamente COLOSALES. Enorme este picador. Ya cambiado al tercio de muerte, el toro demostró estar un tanto agarrado al piso, así como que se desplazaba con recorrido una vez tenía a bien de arrancarse. Javier Jiménez no supo tirar del toro en ningún momento, siempre pegando latigazos hacia fuera y quitándole la muleta de la cara para perderle pasos y tener que volver a colocarse siempre. Por debajo de las posibilidades que ofreció el animal Javier Jiménez. Una pena.

El desafío ganadero Rehuelga-Pallarés no dio más de sí salvo un toro bueno que fue el tercero, los puyazos de Agustín Romero al sexto, y un buen par de banderillas de Jesús Robledo "Tito" al cuarto. Y es que el final del festejo, la sensación fue de que se desafío, la corrida solamente tuvo el nombre.


miércoles, 6 de junio de 2018

6 DE JUNIO DE 2018, ¿EXTRAORDINARIA? CORRIDA DE LA ¿BENEFICENCIA?: A BENEFICIO DE LOS TAURINEJOS

Todo lo Extraordinaria que puede ser una corrida incardinada en mitad de la feria y con el cartel confeccionado desde el mes de febrero. Salvo que se tenga en cuenta que no estaba incluida en el abono y aquí todo el mundo, abonado o no, ha tenido que aflojar la caponata si no quería que el portero le dijese suba aquí y dé pedales, enseñando el dedo del medio. Y también, teniendo en cuenta las lonas de plástico con el escudo de la Comunidad de Madrid, camufladas como tapices (está la cuenta corriente de Plaza 1 para tapices de verdad), que colgaban de las andanadas; así como las banderillas, las divisas con moña y la ilustre presencia del Emérito, con la que nos sentimos honrados (un servidor por lo menos). Pero bueno sí, aceptemos pulpo como animal de compañía, y califiquémoslo de Extraordinara.  Qué sería entonces cuando se daba después de San Isidro y se remataba el cartel con los triunfadores de esta feria...

De Beneficencia... Pues hombre, si en la letra pequeña del cartel decía algo así del estilo de "A beneficio de los taurinejos, para satisfacer su cuenta corriente", clavado y mondado. Si se habla de Beneficencia para referirse a aquellos añorados tiempos en los que los toreros donaban sus honorarios a causas benéficas de verdad, de Beneficencia tuvo lo mismo que la pesebrera poltrona del Plus tiene de amor por la objetividad. Qué bonita es esa placa de mármol ubicada en el patio de caballos, y que recuerda a los toreros que un día tuvieron verdaderos gestos benéficos en fecha tal señalada. Desde 2007 lleva sin inscribirse ni una más, concretamente en aquella fecha en que Morante de la Puebla se encerró con seis toros en beneficio de una entidad con fines solidarios. Once años después, ahí sigue, esperando a ver si alguno hace por inscribirse en ella. Quizás, Alejandro Talavante, con fecha 25 de mayo de 2018, debiera aparecer no tardando mucho. Por lo demás... Bueno, igual los nombres de Antonio Ferrera, Miguel Ángel Perera y Ginés Marín, con fecha 6 de junio de 2018, y con la siguiente inscripción: "en beneficio de Plaza 1, para que el año que viene adquiera tapices, y ceda las lonas que cuelgan de las andanadas al  primer agricultor que pillen por ahí, para que con ellas tape el remolque en tiempos de la aceituna". Y quedarían como Dios. Porque lo de "en beneficio de Plaza 1, para que empiece a adquirir las cabezas de camada para ser lidiadas en la primera plaza del mundo"... Menos complicado sería ver a Emilio Muñoz cortar una oreja en Madrid.

Nuestra cita anual Extraordinaria de Beneficencia se completó con un cartel en la que los renombrados Ferrera, Perera y Ginés Marín estaban anunciados para vérselas y deseárselas ante una corrida de Alcurrucén muy desigual de presencia y hechuras, muy poco castigada en el primer tercio, y cuya condición fue mansa y rajada hasta decir basta. Pero sirvió para los toreros. O, por lo menos, hubo toros aptos para que los toreros alcanzaran altas cotas de lucimiento. Y también hubo casta. No a raudales, pero lo suficiente para deleitarse en algunos momentos con ella. 

Hablando de deleitar, poco de ello supieron los toreros de esta tarde, teniendo toros más que de sobra para hacerlo. Antonio Ferrera, por ejemplo, tuvo en su haber al primero para de una vez por todas darle la razón a todos aquellos que le aclaman como la panacea de la torería y el buen toreo, pero una vez más eso tendrá que esperar. Huidizo el toro de salida, nadie fue capaz de poner orden para fijarlo en el capote. Hasta que llegó Montoliú, ya en banderillas, y le echó el capote abajo unas cuantas de veces para conseguir meterlo en vereda. Y oye, que el marrajo metía la cara y todo. Ferrera se dejó de chiquitas desde el momento cero y se fue a terrenos de toriles con él, y cosas de la vida, el toro empujó y se comía la muleta en todo momento en que Ferrera se la presentaba e intentaba tirar de él. El toro nunca dejó de embestir, sobre todo por el pitón que le da el dinero a los toreros, cosa de la que no se enteró un Ferrera perfilero, despegado, poco asentado y menos mandón aún. El marrajo, encastado, se fue sin torear y con las orejas puestas al desolladero. 
El cuarto fue un burel muy complicado que requería mano baja y mando. Mucho mando. Y Ferrera, con actitud abúlica y desganada, se dedicó a espantarle las moscas durante toda, consiguiendo con ello que el toro pareciera peor de lo que en realidad fue. En otro momento quizás pueda ser lo de Ferrera y Madrid...

Miguel Ángel Perera, ilustre pegapases al servicio de la chabacanería hecha tauromaquia, estuvo estuvo lo suyo. "Y ¿qué es lo suyo?", pensarán algunos. Pues sacar de paseo el capote de brega y utilizarlo únicamente para darse un garbeo por el ruedo con él recogidito mientras pone poses, inhibirse de la lidia como hace siempre, y realizar su misma faena de hace dos semanas, y del año pasado, y de hace dos, y cinco, y diez, y... 
Ante un borrego soso y parado como fue el segundo, y un nobilísimo ejemplar que tuvo dulces arrancadas como lo fue el quinto, nada más que eso: trallazos citando al hilo y perfilero, esconder la patita, pico, latigazo hacia fuera y vuelta a empezar. Es lo que hay, lo que lleva tiempo habiendo y lo que seguirá habiendo cada vez que este hombre se vista de luces. Nada más que añadir.

Ginés Marín tiene un concepto del toreo que más quisieran muchos echárselo a las espaldas. Bueno, o mejor dicho, más quisiéramos muchos que la mitad del escalafón lo tuvieran. Pero al hombre todavía le falta reposarse más, asentarse y poder tirar de los toros con mayor suavidad y mando. Y, sobre todo, no dejarse llevar por orejitas festivaleras que no hacen sino engañar al que las recoge de manos del alguacil. El tercero fue noble a secas y duró muy poco, pero Marín, en una faena con aires muy toreros, consiguió sacarle algunos muletazos sueltos (no muchos ciertamente) que llegaron a llevar al toro atrás de la cadera, siempre cruzado el torero y cargando la suerte. Ni siquiera esa epidemia llamada bernardinas que ahora todos utilizan para cerrar la faena, incluido Marín ante este tercero, no le quitaron a la faena el aroma de clasicismo que tuvo. Pero al quehacer de Marín le faltó en sí más rotundidad y, sobre todo, Toro. De haber matado muy bien, la oreja concedida no hubiera tenido reproche. Pero con un pinchazo y una estocada trasera y un palmo caída, se antoja como más que prescindible. 
¿Que le hacía falta Toro a Ginés Marín? Pues toma el sexto toro, que vas a tener toro para reventar Madrid. Y sobre todo, no lo piques mucho, criatura. No vaya a ser que te lleven comisión por ello. Pero esta vez Marín, quizás porque se conformaba con un sólo despojo, quizás porque aún está verde para estas cosas, o vaya usted a saber por qué, no se las terminó de entender con un encastado animal que se arrancaba con prontitud y repetía con carbón y emoción. Ginés no se puso en el sitio ni una sola vez, y lo aburrió, y de paso aburrió al personal, con trapazos poco templados, pegando el latigazo hacia fuera, y haciendo que el toro quedara por encima de la situación. La voz que llegó de cierta parte de la plaza espetando se va sin torear, no pudo definir mejor la faena. 

No fue una gran corrida de Alcurrucén ni mucho menos. Se puede decir incluso, sin miedo a equivocarse, que de ella se esperaba muchísimo más. Pero echó toros aptos para cortarse orejas y hacer el toreo, yéndose al desolladero con ellas puestas y, además, sin torear. Pinceladitas de Ginés Marín ante el tercero, y nada más.
Eso, por parte de los de oro. Los de plata, cabe resaltar la magnífica tarde con capote y banderillas de Javier Ambel, que una vez más demostró que es de los subalternos más completos que existen en la actualidad. Montoliú también le pegó algunos capotazos buenos al primero, y sobre todo destacar a Guillermo Marín señalándole al tercero dos puyazos en todo lo alto, consiguiendo hacer la suerte con total pureza y toreando a caballo. Aunque parezca mentira a veces, todavía quedan grandes picadores. 

martes, 5 de junio de 2018

5 DE JUNIO DE 2018, VIGESIMONOVENA DE FERIA: Y CHUPETERO NOS DESPERTÓ DEL LETARGO

Qué tarde más mala estaba saliendo. Muchos ya desertaban de su escaño siendo arrastrado el quinto, aburridos y decepcionados por la falta de trapío y de casta de los de Pepe Escolar, y también por el pegapasimo de los tres matadores, incapaces de sacarle partido a una corrida suavona que se dejó torear con nobleza.

Y con el ambiente cargado de tedio y pesar, hizo aparición en el ruedo un galán apodado Chupetero, con el número 10 en el costillar. Los aplausos no tardaron en oírse una vez que los aficionados pudieron comprobar de cerca la preciosa estampa del bicho. Tanto así, que parecía el padre de sus cinco predecesores. Chupetero ya dejó claro desde el primer capotazo que tomó de Luis Bolívar que sus embestidas iban a llevar mucha clase. Bolívar consiguió estirarse en el recibo y sacarse algunos lances templados. Luego, ya en varas, dejó al toro de largo para que fuera lucido. Chupetero entró al primer encuentro y el picador, Félix Majada, no fue capaz de agarrar el puyazo, por lo que el toro empujó con la cara abajo y cumplió en este primer encuentro sin el palo encima. Bolívar lo volvió a colocar largo y de nuevo Majada, después de hacer la suerte con algo más que corrección, volvió a no conseguir agarrar el puyazo, por lo que el toro de nuevo volvió volvió emplearse con muy buenas maneras, pero sin ser castigado. Con dos entradas, el toro apenas sí tenía dos pequeños refilonazos, por lo que Bolívar volvió a colocarlo de largo por tercera vez y el toro acudió de nuevo con alegría, pero esta vez el picador colocó el palo, resultando ser el puyazo caído, y en un primer momento el animal metió la cara y empujó, pero después echó la cara arriba e hizo ademán de quitarse el palo. Lo sacaron inmediatamente y se cambió el tercio bajo las protestas de los aficionados, pues hubiera gustado mucho ver al toro en una cuarta vara. En banderillas el toro se desplazaba largo y surcaba el albero con el morro, cosa que se demostró gracias a los buenos capotazos de ese magnífico peón de brega que ha sido siempre EL Jeringa. No menos se lucieron con los palos sus compañeros de cuadrilla, Miguel Martín y sobre todo Fernando Sánchez. La lidia de Chupetero estaba resultando intensa hasta el momento, y prometía más vibración según Bolívar se disponía a vérselas cara a cara con él. Los primeros muletazos, con la derecha y en los mismos medios, el toro desbordó por completo al matador con su casta, cambiando este de mano para continuar con naturales. Se vio a Bolívar más reposado y asentado con la muleta en esta mano, pero los primeros muletazos no consiguieron salir ni limpios ni mandones. Le siguió otra serie en la que Bolívar consiguió tirar de Chupetero con más mando y poder, pero sin cruzar la línea ni una sola vez. El resto de la faena, basada sobre la mano izquierda, continuó la tónica de pases muy despegados de Bolívar en los que metió mucho el pico y sin conseguir en ningún momento someter al animal para llevarlo podido. El toro se fue parando y quedando más corto cuanto más se le alargan la faena, además de que empezó a aburrirse y a salir con la cara alta de cada muletazo. Y es que hasta el toro se aburrió de tal faena, ganándole la partida a su matador. Se tiró Bolívar a matar como quien se tira a la piscina en plancha, saliendo rebotado y cobrando una estocada que cayó en buen sitio. Gran ovación para el buen Chupetero, quien dio un toque colorido a tan gris tarde; y palmas entremezcladas con pitos para Bolívar.

La corrida, más allá de ese gran Chupetero, tuvo muy poca historia. Los toros de Pepe Escolar, quitando a ese Chupetero y al cuarto de la tarde, tuvieron presencia más de preescolar, por chica, terciada, vareada, y luciendo muy poco remate. Tampoco fue un derroche de casta la corrida, lo que no quiere decir que no se les pudiera haber toreado y lucirse ante ellos. Rafaelillo, en esta su segunda y última tarde isidril, de nuevo fue autor mediato de sendos asesinatos durante el tercio de varas a sus dos opinentes, ejerciendo otra vez como matarifes Juan José Esquivel y Agustín Collado, quienes mañana no podrán ni mover el brazo derecho más de medio milímetro a causa de las agujetas. Rafaelillo pasó sin pena ni gloria ante dos toros sin grandes complicaciones aparentes durante los dos primeros tercios, pero que una vez con Rafaelillo delante, parecían alimañas. Nunca fue capaz el matador de bajarles la mano, ni de someterlos con poderío, ni de alargarles el viaje. Más bien, se dedicó a pegar trallazos por arriba y a acortarle el viaje a los animales, lo que provocaron arreones por parte de los de cuatro patas y dos cuernos. Mal con la espada Rafaelillo en sus dos toros, y conclusión final de que su feria ha sido bochornosa. 

A Robleño se le aplaudió y jaleó mucho en su primer toro, un preescolar al que se le pegó también bastante en varas, y terminó con una embestida tan suavona que recorbada sobremanera a los saltillos mexicanos que las figurinas de porcelana se rifan al otro lado del charco. De esta condición se valió Robleño para sacar algunos muletazos templados con la mano derecha, pero sin conseguir tirar del toro hasta el final. Más bien, se la dejaba puesta, corría la mano con suavidad y, a mitad del muletazo, se la quitaba del hocico al toro. Tal quehacer llegaba a ciertos sectores de la plaza, pero en otros se le recriminaron al matador tales maneras. Acabó con estocada caída y atravesada, más dos descabellos.
Mucha menos suerte tuvo Robleño ante el quinto, el más morucho de toda la corrida y, por ende, con nulas posibilidades de lucimiento. Robleño se excedió en tiempo ante el toro, realizando una faena larga y totalmente hueca de emoción y de interés. 

Bolívar, además de su quehacer lidiador ante el buen sexto, tuvo en sus manos en tercer lugar a un ejemplar que, muy castigado en el primer tercio, sacó en el tercio a muleta cierta nobleza y actitud de dejarse torear, pero sin la más mínima casta. Bolívar bien pudo haber sacado algunos muletazos excelsos ante tan manejable ejemplar, pero su faena, basada casi por completo sobre la mano zurda, no pasó de los trallazos pegando el latigazo hacia fuera, y colocándose fuera de cacho. La estocada tendida y caída que dejó fue suficiente. 

El encastado y buen Chupetero no ha servido, ni mucho menos, para tapar la decepcionante tarde de los escolares. Corrida muy suavona y carente de casta, así como presentación censurable. Claro, los buenos ya sabemos para dónde están reseñados... ¿Se dará la vuelta alguno en Santo Domingo este año, como en años anteriores? Ahi estaremos para verlo. 

4 DE JUNIO DE 2018, VIGESIMOCTAVA DE FERIA: DON OCTAVIO CHACÓN

Lo siento, pero no puedo empezar de otra manera: OCTAVIO CHACÓN, EL MATADOR MÁS SERIO DE TODOS CUANTOS HAN VENIDO EN ESTE SAN ISIDRO. Y una vez dicho esto, vayamos al grano, que en esta tarde ha habido como para alimentar a una granja de pollos durante quince años.

La de Saltillo de esta tarde ha tenido muchísimas cosas y muchísimos matices: emoción, mansedumbre, dureza, malas ideas, genio, moruchez algunos, casta otros... Y en base a todo eso, se asienta la frase que sale a relucir en tardes así: nadie se aburrió. Y es muy cierto, en una tarde como la de hoy el aburrimiento se ausentó de los tendidos, los vendedores de pipas se quedaron con la caja registradora tal cual, y el cesto de las almendras fritas que pulula por el tendido durante toda la corrida presentó el mismo aspecto al final que al principio de la corrida. Dios me libre de defender la excelsa mansada que don Joaquín Moreno Silva, propietario de la ganadería de Saltillo, ha echado esta tarde en Las Ventas. Tal cosa es tarea que se presume imposible de llevar a cabo. ¿Que nadie se aburrió? Cierto. ¿Que la emoción estuvo presente en todo momento, alentada en gran parte por esa mala uva de los toros, la cual requería a los lidiadores el carné y un saber estar adecuado? Verdad verdadera. ¿Que no era imposible lucirse con estos toros y estar más dignos? Ahí han quedado grandes momentos protagonizados por algunos hombres de luces. ¿Que una corrida así, por mucho que deje de aburrir, es la antibravura? Correcto. ¿Que esto no hace sino que dejar en evidencia aún más los grandes males de la Fiesta, que son la monotonía que produce el medio-borrego bobo, cosa que hace que creamos que se nos apareció la Virgen cuando una corrida sale con mala leche? El perfecto resumen de la tarde de hoy. 

Corrida complicadísima para estar delante, pero no imposible. No señor. Bueno, imposible hacer eso de se torea mejor que nunca, o como se diga. Pero no para el lucimiento, lo cual no necesariamente llega única y exclusivamente con lo de pegar pases. Y si no, ahí quedan los quehaceres de Sebastián Ritter y, sobre todo, de Octavio Chacón, quienes han dado una magnífica lección, sobre todo el segundo, de cómo se puede alcanzar grandes cotas de lucimiento ante una corrida de este calibre. ¿Enseñarán a partir de ahora en las escuelas este tipo de cosas? No estaría de más.

Se podía estar muy digno, como ha hecho el novel de la terna, Sebastián Ritter, a quién no se le puede poner ningún pero. El tercero fue un manso huidizo, ante el cual se quiso poner de verdad para sacarle buenos muletazos, pero lo único que pudo hacer fue aguantar estoico los parones y las probaturas del toro. No se alargó Ritter en exceso, culminando con un decoroso y muy torero macheteo sobre los pies, para acabar con la vida del marrajo de estocada tendida y atravesada, que sirvió.
El comportamiento que tuvo el sexto de la tarde recordó más a un morrucho castellano que a un toro de lidia de verdad. El morucho ya de por sí puso en serios aprietos a los banderilleros a la hora de clavar los palos, quienes no consiguieron hacerlo de otra forma que no fuera de una en una, ya que el toro se venía con muchos pies y perseguía hasta el final. Ritter, ya con la muleta, de nuevo intentó ponerse, pero el toro le quitó rápido de la cabeza la idea cuando se le vino al pecho en uno de esos conatos. En otra, le arrebató la muleta de un gañafón y se fue derecho a por él, haciéndole hilo y llegando a darle caza casi cuando se disponía a saltar las tablas, afortunadamente sin consecuencias graves aparentes. No se demoró más, y metió la mano con habilidad para dejarle la estocada.
Digna, pero muy digna su actuación.

También cabía el triunfo esta tarde y ante estos toros, aun pegando muy pocos muletazos buenos. Y si no, que le pregunten a Octavio Chacón, ese torero de cuyas hazañas en los duros festejos del valle del Tiétar se lleva tiempo hablando en muchas tertulias de aficionados. Y esta tarde en Madrid, tales hazañas han sido refrendadas ante un mansurrón que se dejó dar algunos muletazos por el lado derecho, y ante un marrajo pregonado que en todo momento fue a por el bulto que había detrás de la franela roja.
El mansurrón que tuvo cierta bondad por el lado derecho abrió plaza, y Chacón, con el capote, lo sacó a los medios andando hacia atrás y llevándolo muy toreado y sometido por abajo, con una suavidad y un poderío exquisito. Dejó al toro de largo hasta tres veces, cumpliendo en las dos primeras y cantando la gallina en el tercero; y después de esto dejó plasmado Chacón un bonito quite por delantales que volvieron a mandar sobre la embestida. Con mucho orden y acierto de desarrolló una lidia dirigida por el matador, quien ya con la muleta en la mano, comenzó la faena doblándose y sacando algunos muletazos de mucho sabor. Basó el torero la faena en el tercio, donde pegó algunas series con la mano derecha donde sobresalierom algunos redondos muy mandones que llevaron al toro hasta el final. Cogió la izquierda, pero lo único que quedó claro es que por ese lado el toro no quería nada, y volvió a la derecha para dejar otra serie en la que la noblota condición del animal por este lado ya estaba muy apagada. Dejó Octavio Chacón una estocada tendida y atravesada que, aunque tardó en hacer efecto, sirvió. Y tardó porque el toro fue más duro que una piedra y se negaba a doblar, llegando incluso a levantarse en varias ocasiones. Los pañuelos asomaron para pedir una oreja ganada a todas las de la ley, pero el único pañuelo que asomó fue... El azul. Sí, vuelta al ruedo a un toro que acabó manseando en el tercer puyazo, que por el lado derecho no pasó de pastueño, y que por el izquierdo no tuvo ni uno. Increíble pero cierto. Muy protestada tal concesión, y clamorosa vuelta al ruedo que se pegó Octavio Chacón bajo las ovaciones unánimes de toda la plaza.
No con menos brillantez resolvió la papeleta Chacón ante el cuarto, el cual de salida le apretó hacia dentro pero, haciendo gala de inteligencia y recursos, se dio media vuelta y volvió a sacárselo a los medios arrastrando el capote y mandando. Volvió a ponerlo tres veces en el caballo otra vez con sobriedad y afán lidiador, el toro recibió tres puyazos en los que cabeceó y se dolió de la vara como buen marrajo que fue. En banderillas no lo puso tampoco fácil, cortaba, apretaba hacia los adentros y echaba la cara arriba, pero nada de eso fue impedimento para que el subalterno Vicente Ruiz colocara dos grandes pares de banderillas. El toro, después, no tuvo ni uno de pregonado que fue. Chacón se dobló por abajo e intentó ponerse para sacarle algún derechazo, pero el toro, lejos de seguir la muleta, se lanzaba como un cohete al pecho del matador, quien como pudo, volvió a dar otra muestra más de dignidad y de vergüenza torera haciendo una lidia breve sobre las piernas, y matándolo sin más dilación con una estocada que cayó en todo lo alto. Gran ovación para él una vez arrastrado el toro.
La gran tarde de Octavio Chacón no acabó con la lidia y muerte a estoque de sus toros, pues estuvo en el resto de turnos muy atento de todo, muy bien colocado para hacer el quite, tanto en el ruedo como dentro del callejón; salió acompañando a los caballos de picar para cortar el viaje del toro si hubiera hecho falta, y hasta dejando en suerte al toro de algún compañero cuando este no era capaz. Sobran las palabras acerca de Octavio Chacón.

Esaú Fernandez completó la terna para hacerse cargo de segundo y quinto, y para no hacer leña del árbol caído mejor acortar palabras: no quiso ni ver a ninguno de sus dos toros y fue incapaz en todo momento de resolver la papeleta con un mínimo de dignidad, como sí hicieron sus compañeros ante situaciones no menos complicadas que las que él tuvo. Al quinto,  además, no se lo dejó vivo de milagro, pues es mitin de pinchazos que ofreció fue de escándalo. Quizás Esaú debería tener en cuenta que esto de la Tauromaquia no es sólo pegar pases.

Las cuadrillas de a pie, más que menos, resolvieron la papeleta también dignamente, y hasta en muchos casos, con lucimiento y torería. Tal fue el caso de Alberto Cerrato, tercero a las órdenes de Octavio Chacón, quien salvó la vida unas cuántas veces a los compañeros gracias a su magnífica colocación en el ruedo, y además logró soplarle un gran par de banderillas al primero. Vicente Ruiz también brilló con los palos y saludó montera en mano tras parear al cuarto. Sobre los seis picadores que ayer actuaron, baste con decir que a todos sin excepción se les debería tocar el bolsillo por las carnicerías y cuchilladas que asestaron a los animales por todas las partes de su cuerpo. En todas, excecto en donde se debe picar.


lunes, 4 de junio de 2018

3 DE JUNIO DE 2018, VIGESIMOSÉPTIMA DE FERIA: MIURA, Y NADA MÁS

En una feria con tanta importancia como lo es San Isidro, los legendarios toros de Miura se le hacen imprescindibles al aficionado. Pero no deberían serlo a cualquier precio. Primero, porque para la familia Miura no es imprescindible Madrid, ya que por delante van Pamplona y Sevilla. Y esto primero, nos lleva a lo segundo, que es que en Madrid toda ganadería ha de acudir con la cabeza de camada. Pero en casa de Miura, la plaza de Madrid no es la primera prioridad. Por sentimientos, por dinero, o por lo que sea, pero es tal cual y no se puede hacer nada. Sólo una cosa: si un año sale corrida apta y se puede venir a Madrid, se viene con todas las de la ley. Pero si no, no se viene, mal que nos pese a los amantes madrileños de la legendaria A con asas, y punto. Más duelen otras cosas. Por ejemplo, la escalera de corrida que la familia Miura ha traído en esta vigesimoséptima de San Isidro, en la que ha lidiado unos cuantos ejemplares indignos de Madrid. Un ganadero, sea cual sea, no puede presentarse en Madrid con bichejos como los que han asomado en tercer, cuarto y quinto lugar, más propios de plazas portátiles.

La escalera de Miura ha terminado siendo una corrida que ha ofrecido de todo. De todo, excepto dos cosas: inválidos, como aquellos de 2017 que hicieron de la miurada una borregada infumable más; y dos, toros poderosos y bravos en los caballos. Ninguno se ha empleado con bravura en el primer tercio, ni han emocionado sus peleas como sí lo hicieron antaño otros de sus hermanos. Pero sí se le pegó muy fuerte a la corrida desde lo alto de la montura, algunos incluso sufriendo una censurable carnicería. Y aun con esas, los animales, lejos de doblar la pezuña y ser carne de catedráticos en enfermería, fueron duros como ellos solos y en ningún momento el rictus de la cara se nos cambió al pensar que había sobreros preparados de José Cruz y de José Luis Marca. Acartelados con los toros de Miura se encontraban Rafaelillo, perfecto conocedor de tales menesteres; Pepe Moral, de quien se han pregonado mil y una hazañas, de las cuales algunas de ellas han sido ante esta ganadería; y el bueno de Román.

Rafaelillo puede desatar amores por un lado, y odios por otro. Por un lado, es un torero experto en corridas de esas que las figurinas de porcelana no quieren ni oler, y además ha demostrado en varias ocasiones que torea muy bien. Pero por el otro lado tiene fama de ser un torero perfectamente ratonero que tapa a los toros como nadie sabe hacerlo. Por desgracia, esta tarde ha aparecido el segundo Rafaelillo, el ratonero. Y si los toros supieran hablar, los de esta tarde hubieran certificado estas palabras. El primero, un colorado de preciosa estampa clásica miureña, ha salido escopetado cuando ha sentido por primera vez la puya, y acto seguido fue
condenado a dos varas asesinas más por parte de Rafaelillo y ejerciendo de verdugo Agustín Collado, que ha asestado las cuchilladas en mitad del espinazo y barrenando, a la par que el toro se los dejaba pegar como si tal cosa mientras pegaba cornadas a la montura. Después de esto, se le presumieron al animal intenciones de querer arrancarse a coger el engaño, pero sin apenas fuelle, y embistiendo andando y descompuesto. Rafaelillo, tras un exagerado quiero y no puedo en los que el toro todavía le puso en algún que otro apuro, dejó una estocada que hizo guardia y saliendo prendido y corneado; además de un lamentable sainete con el descabello.
Si este primero recibió dos puyazos asesinos, el cuarto, un novillejo que nunca debió ser lidiado en esta plaza, recibió nada menos que tres. Tres fortísima varas, esta vez ejerciendo de verdugo Juan José Esquivel, y todavía el toro conseguía desplazarse con la boca cerrada y sin tambalearse. Pero a la defensiva, y más aun cuando Rafaelillo le presentaba la muleta de feas maneras y con ella le espantaba las moscas con telonazos poco decorosos y menos poderosos. Y de ahí, a por la espada y a matar con estocada corta y dos descabellos.

A Pepe Moral le sonrió la suerte en el sorteo de las 12 de la mañana lo suficiente como para que le cupiera en suerte un miura de esos que de vez en cuando salen de embestida suavona, pastueña y dulce. Tanto así, que parecía un domecq herrado con la A con asas. Fue el segundo de la tarde, un toro con hechuras muy de Miura pero al que le faltaba estar más rematado, y que en varas se dejó pegar dos fuertes puyazos, sin emplearse y durmiéndose en el peto. Pepe Moral lo sacó más allá de la segunda raya haciendo lo más torero de la tarde por parte de los matadores, con unos doblones que le mostraron al toro el camino a seguir. Moral consiguió correr la mano con la suavidad que requería el no menos suavón compás del animal, pero lo que nunca terminó de conseguir fue asentarse en el piso y correr la mano hasta el final para rematar el muletazo atrás. Derechazos y naturales, algunos bien colocado y otros citando fuera, y ninguno sin tirar del toro ni de someterlo. Solo acompañando la empalagosa embestida del animal por donde este quería ir. La faena, no obstante, llegó a los tendidos, por lo que de haber matado bien, hubiera tocado pelo.
El quinto, de vergonzosa presencia, se denfendió con feo estilo en varas, y su matador dejó claras intenciones de no querer ni verlo desde que pegó el primer capotazo en el recibo. Y así terminó siendo, pues Pepe Moral, ya con la muleta en la mano, lo sacó con desgana y feas maneras a los medios por medio de banderazos. Ya fuera, sin ponerse ni una sola vez en el sitio y sin intención de someterlo, el torero lo pasó por ambos pitones de manera muy precavida, a la par que el toro protestaba y tiraba gañafones ante tales trapazos. No fue una alimaña ni mucho menos, pero su matador lo trató como si lo fuera, y se lo quitó del medio rápido dejando una estocada caída y pescuecera.

Román, entre muchas de las que podía haber elegido para completar su tercera y última tarde en esta feria, eligió Miura seguramente alentado por las ganas de realizar alguna gesta. Y el hombre tuvo las suficientes agayas para eso, para que su nombre apareciera en el mismo cartel que el legendario nombre de Miura, y para muy poco más. Con medrosidad, una alarmante falta de recursos, tan limitada técnica y tan solo con el conocimiento del toreo 2.0, no se llega muy lejos ante este tipo de toros, y menos aún con los que sorteó él en esta tarde, los cuales dentro de sus muchas complicaciones, tuvieron mucho que torear. Suponiendo que lo de torear sea algo que va muchísimo más allá que pegar miles de pases y de trallazos sin mando alguno. El tercero de  la tarde, para empezar, si no quería enrojecerse uno más de la cuenta a causa de la vergüenza que producen algunos toretes por hechuras y pitones, era mejor no pararse a mirarlo muy detenidamente. Ya de salida dejó claro que iba a dar guerra, pues lo primero que hizo fue perseguir a un peón hasta el final, llegando incluso a rematar en las tablas y hacer saltar por los aires algunas astillas. En varas se empleó poco e hizo ademán de quitarse de encima las dos buenas varas que le propinó Pedro Iturrialde, y ya en el tercio de muleta no dejó de defenderse ni de achuchar al matador, quien descompuesto, no sabía ni por dónde meterle mano. Román, con la cabeza puesta únicamente en las cucamonas modernas y sin pararse a pensar en el dominio sobre las piernas como medio de sometimiento, acabó naufragando y quedando realmente mal. Más aún cuando entró varias veces a matar cuarteando, quitándose del medio al bicho como buenamente pudo.
El miura que cerró plaza fue el único que recibió sinceros aplausos cuando se apareció de la oscuridad de toriles, por su arrogante y preciosa estampa. Esto sí era Miura por los cuatro costados, y no dejó de serlo en ningún momento. Miura de principio a fin. Miura desde que apareció, miró a su alrededor y se percató de que enfrente de sí mismo había algunas tablas astilladas, las mismas que su hermano que hizo de tercero había destrozado, y allá que se fue para pegar un salto al callejón y sembrar el pánico en el mismo. Una vez devuelto al ruedo, Román intentó estirarse ante él, pero sin conseguir fijarlo ni meterlo en la tela rosa. A Román le costó sobremanera conseguir ponerlo en suerte, y el toro se empleó con mal estilo y haciendo sonar el estribo en las dos fuertes varas que se le asestaron. Su encastadísima condición emocionó al aficionado y descompuso al pobre Román, quien de nuevo se vió carente de técnica y recursos para conseguir hilar al toro en la muleta y tirar de él con temple, mando y poder. Con la disposición y el coraje del que siempre hace gala, quién lo duda, pero ante un miura, y más siendo un miura como este, se necesita muchísimo más que disposición. Y, además, lo mandó al desolladero de un feo bajonazo. Importantísimo ejemplar este de Miura, demasiado para un torero tan limitado como lo es Román.

Acabada la corrida de Miura, las sensaciones eran dispares. La recochura que dejó la mala presentación y la mansedumbre de los animales se entremezclaban con la dureza de patas y la viveza miureña que derrocharon los de Zahariche. Una corrida para estar delante, pero con aires alejados del modernismo y el pegapasismo que se gasta ante las borregadas bobalicones. Cosa que los miuras de ayer no tuvieron, aun con todas las cosas malas  que sacaron. 

sábado, 2 de junio de 2018

1 DE JUNIO DE 2018, VIGESIMOQUINTA DE FERIA: ¡¡VAYA FERIA, VICTORIANO, VAYA FERIA!!

El catorce es un número que puede tener varias representaciones y significados. Catorce son el número de estaciones que tiene el Vía Crucis que se hace en Semana Santa. Catorce es el número atómico del silicio. Catorce son los trozos en los que fue dividido Osiris, según la mitología egipcia. Catorce son los días que tarda en crecer la Luna hasta hacerse llena. Catorce son las palabras que componen la frase del supremacista David Lane. 
Catorce son también los toros que ha lidiado Victoriano del Río en esta feria de San Isidro 2018. Catorce, ahí es nada. Catorce toros que han sido catorce espantajos descastados, inválidos y aborregados. Bueno, trece espantosos. Se salva de la quema aquel lidiado por Ginés Marín en sexto lugar en eso de la Corrida de la Cultura. Trece mojones en total, tantos como Copas de Europa tiene el glorioso Real Madrid. Y uno, solo uno, que dio la talla. Cosas que tiene lo de criar toritos a modo para que los importantes del escalafón se explayen y disfruten una barbaridad haciendo eso del se torea mejor que nunca. Ellos sí disfrutarán, pero el que paga la entrada y, a cambio, solo recibe toretes chicos, feos, inválidos a más no poder y profundamente tontorrones... Pues ese ya disfrutará menos. Me atrevería a decir que incluso hasta se cabrearía, y no sin razón. Pero ese, como solo cuenta para aflojar la caponata en la taquilla, no tiene derecho ni a estornudar.

¡¡Qué tarde, ganadero, qué tarde la de sus toros!! Tan mala, inválida, descastada, malamente castigada en el primer tercio y sin codicia por pelear en el caballo como lo fue la de hace algunos días. Igual, eso les puede servir a los grandes en otras plazas, para que se inventen un toro, para que hagan gala de su maestría y cátedra (en enfermería, como mucho), para que estuvieran cunvre, y para que se repartieran la casquería como el que reparte caramelos en la puerta de un colegio. Pero en Las Ventas... Bueno, en Las Ventas, visto lo visto en esta feria y más concretamente en esta misma tarde, también, qué puñetas. 

El cartel de espadas para dar cuenta de semejante bochorno de encierro, se ve que cuando fue confeccionado no se le iluminó la bombilla de las genialidades que lleva incorporada en las neuronas Monsieur Gafapasta. Si no, nos lo encasqueta con el sobrenombre de Corrida de las tres gracias, Corrida de los tres guaperas, Corrida del Salsa Rosa, Corrida de la pasarela Cibeles o Corrida de los Action Men. Sebastián Castella, José María Manzanares y Cayetano, no necesitan mayor presentación.

Castella, el hombre, hizo el esfuerzo de estar aquí esta tarde con el tobillo hecho polvo a consecuencia del porrazo que se llevó el otro día en este ruedo. Se notó bastante que no estaba bien ante el toro que abrió plaza, una babosa inválida que no tenía más faena que matarla con el mayor decoro posible, pero con el cual se empeñó tozudamente en imponer su monofaena tirando líneas a media altura, hacia fuera y la mayoría siendo atropellados. 
El cuarto se desplazó con una suavidad de ensueño, ideal para emborracharse a torear. Castella, a su manera, se valió de ello. Pendulazos desde los medios para comenzar la faena, para continuar con muletazos suaves que, más que tirar de la empalagosa embestida del animalico, la acompañaban y eran rematados fuera y haciendo uso excesivo del pico. Después, lo de siempre, se acortaron cada vez más las distancias, relucieron los banderazos quedándose en el sitio, los circulares esos haciendo del torete un tío-vivo... Y para finalizar, algunos pinchazos que le hicieron perder nuevo triunfo. Hasta el año que viene, Sebastián.

Con José María Manzanares no merece mucho la pena explayarse. Dos babosas le cupieron en suerte, y a ambas les hizo las mismas cosas: cites desde Manuel Becerra, pico, pierna retrasada, posturas, paseítos como si el ruedo fuera una pasarela de moda, vulgaridad, apatía... Hasta el año que viene, Chemari. 

Y el tercero en discordia, Cayetano, a quien se quisieron llevar en volandas, aun dejando la plaza de Madrid más hundida de lo que de por sí está ya. Qué importará el prestigio y la seriedad de esta plaza cuando se llevan dos o tres ginc-tónics digeridos... Ante el tercero de la tarde estuvo más bien inhibido con el capote en mano, y comenzó su faena pegando trapazos sentado en el estribo, rematando este inicio con algunas cucamonas, ya puesto en pie, pasándose al toro a kilómetros y teniendo gran acogida todo ello en los tendido, llegando a predominar las voces femeninas.
La faena de Cayetano se puede resumir en una colección de medios pases rematando al toro con un exagerado latigazo muy hacia fuera, tanto que entre muletazo y muletazo tenía que rectificar terreno y darse cuatro o cinco pasitos para volver a estar colocado. Ni dos consiguió ligar. Mucho menos correr la mano mandando sobre la suavona embestida del bichejo. Pero poniendo unas elegantísimas y finas posturas que le daban un gran toque de plasticidad a tan vulgar y pegapasista quehacer muletero. Y para rematar, estocada tendida, caída y atravesada, pero que entró hasta los gavilanes, que cuenta más que la colocación. Y petición, minoritaria, pero petición. Y don Trinidad López-Pastor Expósito, presidente del día, en ese momento debió de soñar despierto cómo le caía encima toda la retahíla de improperios que gastan los pesebreros cuando no se dan orejas, sumándose a esto que a los mulilleros se les iluminaron los ojillos con la $ cuando vieron que había pañuelos, dándose un rodeo tremendo para ir a recoger al toro y haciéndolo a paso de costalero. Y despojo al canto. 
Despojo que, ante la nube de protestas y abucheos que inundaban la plaza, tardó en recoger Cayetano, parado a dos metros del alguacilillo mientras miraba desafiante al sector que protestaba tan vergonzoso despojo, "esperando a que amainasen las protestas por algo que he merecido", vino a querer decir ante el pagafantas de turno con carné de periodista. Esa chulería, ante el toro oiga.
Al sexto se fue a recibirlo a Portagayola, y de nuevo las dicharacheras voces femeninas volvieron a inundar el ambiente. Más aún cuando llevó al toro al caballo con un preciosista, que no precioso, galleo por chicuelinas, e intentó realizar, con más bien poco éxito, el Quite de Ronda; y ya no digamos cuando plantó las rodillas en el albero para comenzar la faena de muleta. Se mascaba en el ambiente otra puerta chica que hubiera colmado el vaso de la poca seriedad que hay en Madrid, pero la condición mansa, abanta y rebrincada del toro, sumada al incompetente trasteo de un Cayetano que no consiguió meter al oponente en el canasto, ni someterlo ni tirar de él, dejó en agua de borrajas tal cosa. Mató, para hacer honor a la sangre, de estocada rinconera, y ni por esas dejaron de asomar algunos pañuelos. Madrid, quién te ha visto y quién te ve. 

Iván García colocó un extraordinario par de banderillas al tercero y corrió a una mano, de punta a punta de la plaza, al sexto, desatando una fuerte ovación. También se las llevaron Rafael Viotti y José Chacón por los pares y la brega, respectivamente, al cuarto. Y José Doblado agarró un buen puyazo al primero. Entre tanta sed de triunfalismo y poco respeto a la plaza de Madrid, sobresalen en muchas ocasiones detalles toreros de verdad. 

viernes, 1 de junio de 2018

31 DE MAYO DE 2018: VIGESIMOCUARTA DE FERIA: SEIS NACIONES, UN MISMO PATRON DE TOREO VULGAR

Monsieur Gafapasta, excelso vendehumos que hace las veces de taurinejo bajo el palio del empresariado y el apoderamiento, no sabe ya ni qué sacarse de la manga para llamar la atención del cliente. La última ha sido la de esta tarde: un festejo de seis matadores de las diferentes naciones donde la Tauromaquia tiene gran apogeo, para lidiar un toro cada uno. Algo así como un festival, pero vestidos de luces en lugar de lucir traje de corto, y con bóvidos con edad reglamentaria a lidiarse en corrida de toros. Edad, que no trapío. De esto último, de que era una corrida de toros y no un festival, no se ha debido de enterar don Moisés Fraile Martín, ganadero de El Pilar, quien ha decidido embarcar seis novillitos muy tulliditos a la que un día fue Primera Plaza del Mundo, muy aptos para unas novillada con picadores o para un festival benéfico en cualquier plaza, pero no para toda una corrida de toros.

El invento, llamado Corrida de las 6 Naciones, acabó saldándose en un festejo tedioso y aburrido que, lejos de rendir merecido homenaje a la universalidad que tiene la Fiesta de los toros desde tiempos inmemoriales, acabó rindiendo un bonito tributo a la neotauromaquia del pegapasismo burdo y el torito chico y descastado que emociona lo mismo que emocionaba el paparrucho ese metido a palabrero de Emilio Muñoz cuando actuaba en esta plaza y ante la antigua afición de Madrid, la cual en sus tiempos de seriedad nunca le tragó, y que menos le traga ahora desde que suelta mamadurrias desde su poltrona de Canal Plus, acompañado de un redil no menos pesebrero que él.

La de El Pilar vino muy mal presentada por chica, vareada y mal hecha, no fue excesivamente castigada en varas y tampoco peleó en los jacos con excesivo poder, aunque sí hubo uno, concretamente el segundo, que llegó a meter riñones en la primera vara y cumplió en la segunda. En lo que importa en el siglo XXI, que es el tercio de muleta, sirvió más que menos y hubo ejemplares que ofrecieron algunas arrancadas óptimas para hacer el toreo, cosa que nunca ocurrió, peticiones de orejas y vueltas al ruedo por toda la jeta aparte.

Los seis toreros que rindieron este tributo a la universalidad de la Fiesta de los toros vinieron respectivamente desde Francia, Colombia, España, Perú, México y Venezuela. Seis naciones, un mismo patrón de toreo vulgar y ventajista que ha sido copiado de los ídolos que conforman el escalafón toreril de la nueva Tauromaquia. Y en estas abrió plaza la representación de Francia, el señor Juan Bautista, en su última tarde de las tres que ha actuado en esta feria, viéndoselas ante un torete flojo, bobalicón y descastado al que muleteó con poca alma por ambos pitones y haciendo gala de las finas posturas que gasta este torero, siempre aliviado y a media altura para evitar que el animalico se dejara la mandíbula sobre el albero venteño. No se demoró en exceso ante semejante babosa Juan Bautista, cosa muy acertada, y lo quitó del medio malamente con dos pinchazos, estocada corta y descabello.
En segundo lugar, Colombia de la mano del ya veterano Luis Bolívar, para quien los años no pasan en balde, como bien demuestra su entrepelada cabellera. Su toro peleó con franqueza en la primera vara y cumplió en la segunda, arrancándose de lejos en ambas aunque acudiendo poco a poco a la segunda, y siéndole muy aliviado el castigo en esta última. En su quehacer muleteril, Bolívar se llevó un porrazo tremendo cuando se doblaba para comenzar la faena, afortunadamente sin consecuencias graves que le impidieran continuar. Después de esto, pegó algunas series de muletazos con la mano zurda que brillaron más por ser despegadas y siempre echando al toro fuera, que por otra cosa. Cambiose Bolívar la muleta a la mano diestra, lado por el que el toro empujaba con mucha más claridad, dejando trallazos metiendo muchísimo el pico y sin lograr tirar del toro hacia dentro y someterlo por bajo. No consiguió Bolívar en ningún momento acoplarse a la embestida del toro del Pilar, más que aceptable para el lucimiento, en una faena larga y muy apagada en la que Bolívar estuvo muy por debajo de su oponente. La estocada que dejó fue caída y atravesada.

El tercer novillejo de la tarde fue a parar a las manos del paisano, Juan del Álamo, quien lo dejó al relance en las dos varas que tomó sin preocuparse lo más mínimo de ponerlo en suerte. La labor de Juan del Álamo en la muleta, se puede resumir en que su elegante y fino vestido blanco y plata quedó prácticamente tal cual, casi sin rastro de sangre. Derechazos y naturales citando fuera y tirando un nada decoroso latigazo hacia fuera desarrollaron el pobre quehacer de del Álamo ante un torete muy noble y dulce que también estuvo por encima de su matador, quien en ningún momento consiguió altas cotas de lucimiento. Mató de dos pinchazos y estocada caída y atravesada.

Perú también estuvo presente en esta tarde, de la mano de Joaquín Galdós para más señas, quien estoqueó al cuarto, poco castigado en el primer tercio y que desarrolló una condición interesante en la muleta. Noble el animal y con cierto picante, no le puso las cosas fáciles a Galdós, quien sufrió algunos arreones al quedarse con la ventana abierta cuando lo pasaba con la mano derecha. No consiguió tampoco tirar del toro con mando y suavemente por el lado la izquierdo, y vuelta a coger la derecha para aburrir al animal y a la concurrencia a base del pegapasismo 2.0 que impera. Sainete con la espada y más pena que gloria para Joaquín Galdós en esta su única comparecencia de la feria de San Isidro 2018.

Adame, Luis David, fue el mexicano de la tarde, y lo cierto es que, a ojos de este humilde servidor, dejó un momento maravilloso en su actuación. Un quite por navarras al cuarto de la tarde tuvo la culpa. ¡¡Navarras!! ¡¡Un quite por navarras!! ¡¡Un quite torero de verdad, de los de antes, alejado de esas cosas raras de chicuelinas mientras se despatarra uno, latigazos con el capote a la espalda, o trapazos de esos por arriba como si el capote fuera un ala-delta!! Lo demás por su parte, en su turno ante el quinto, no tuvo la menor relevancia. Fue este quinto un torete bobalicón, pastueño y de condición aborregada que salía de cada muletazo mirando a las musarañas. Adame Mediano porfió por ambos pitones en una faena demasiado larguita, en la cual nunca se colocó en el sitio ni consiguió tirar del mulo. Acabó con las bernardinas que nadie pega para terminar su correspondiente faena, y estocada caída además de atravesada, celebrada con un entusiasmo inversamente proporcional al que desató la faena, la cual se vivió casi en un ambiente de indiferencia profunda. Pero, para sorpresa del unos pocos, se pidió la oreja aun no habiéndose aclamado ni una sola serie de muletazos, pero el señor Magán veló con escrúpulo por la seriedad de esta plaza e hizo caso omiso de la petición. Se pegó Luis David Adame una vuelta al ruedo mucho más protestada que aplaudida. Bonita jeta, por cierto.

Y cerró plaza e inventor este de las 6 Naciones el venezolano de la terna, Jesús Enrique Colombo, a su vez sensación novilleril de las últimas dos temporadas. ¿Se puede preguntar por qué tanto revuelo por tan poca cosa, o quedaría como algo que solamente preguntaría un mar afisionao?
Que al muchachete no le faltan ganas ni actitud para agradar, pero otra cosa es que dos largas cambiadas de rodillas como recibo, capotazos que no terminan de fijar al toro, chicuelinas que acaban siendo un "¿la ves? Pues ya no la ves", pares de banderillas a toro muy pasado, rehiletes clavados uno en mitad del espinazo, otro en el morrillo, un par en el guarismo; y todas esas cosas más de plazas portátiles que otra cosa, sean la manera más oportuna de agradar a la afición de Madrid. Tuvo el sexto del Pilar tambien muchas opciones de lucimiento en el último tercio, las cuales Colombo, visiblemente mermado por un derrote en la cara cuando comenzaba la faena, no aprovechó. Muchos pases, sí, pero enganchando al toro con la muleta muy retrasada, y corriendo la mano no más de diez centímetros para acabar rematando el muletazo hacia fuera, fue en lo que se basó el nulo quehacer de Jesús Enrique Colombo en esta tarde. Mató de estocada muy baja, pero ni eso fue impedimento para que, de nuevo, asomaran los pañuelos con intención de premiar una faena sin el más mínimo interés. Después de saludar Colombo desde el tercio una ovación con poca fuerza... No, no se fue a las tablas, se pegó la vuelta al ruedo por todo el morro sin que nadie, y cuando digo nadie es ni sus banderilleros, se lo reclamaron. Y la pitada por ello, como no pudo ser a otra manera, fue de órdago.







lunes, 28 de mayo de 2018

SUSPENDIDA LA VIGESIMOPRIMERA DE FERIA

Por hallarse el ruedo en condiciones nada propicias para la lidia después de un día lluvioso en Madrid, y dada la previsión meteorológica para las próximas horas, se ha procedido a suspender la corrida de toros prevista para este lunes 28 de mayo de 2018, en la cual estaban programados 6 toros de Partido de Resina para a ser lidiados y estoqueados por Sánchez Vara (en sustitución del lesionado Ricardo Torres), Javier Castaño y Thomas Duffau.


27 DE MAYO DE 2018, VIGÉSIMA DE FERIA: MANSADA DE OTRA ÉPOCA

¿Dónde está el Juli? Se espetó desde el tendido varias veces a lo largo de la tarde. ¿Que dónde está el Juli? Una de dos, o en su casa, o disfrutando una barbaridad ante alguna corridita de esas pensada para embestir sin hacer feo alguno y con una nobleza extrema que, más que parecer toros, parecen ovejas. Y por allí está muy bien, no arriesguemos a mentar tres veces a Bitelchús y este tenga la cosa de aparecer.

Ante una corrida como la que se ha lidiado esta tarde con el hierro de la Doña, un servidor se preguntaba más bien por El Califa, Pepín Liria, Luis Francisco Esplá, Ruiz Miguel y todo ese redil de lidiadores que, lejos de venir a la plaza con la faena ya pensada, conseguían sobreponerse a las dificultades de auténticos marrajos, y hasta les conseguían cortar las orejas. Pero eso de lidiar, propiamente dicho, ya casi se ha extinguido y ahora los toreros solamente buscan imponer la monofaena al uso a cualquier tipo de toro. Y así se ha visto esta tarde, protagonizada por una mansada de marca Doña Lola, a la que se le ha picado muchísimo y aún peor, y ha corrido ejemplares que tenían mucho que torear; así como por tres toreros que solamente han estado preocupados en pegar derechazos y naturales, como si lo de torear solamente fuera eso.
Pero en esto de los toros no todo es blanco o negro, y de la misma forma que torear no solo es eso de pegar pases, tampoco los toros mansos son imposibles de torear y de poderlos. Pero no de cualquier manera.

Vayan por delante todos los respetos del mundo a una terna que ante una mansada de tal magnitud, tan peligrosa e incierta, han dado la cara y han sabido resolver la papeleta como su oficio buenamente les ha permitido. Pero quizás, y más en especial José Carlos Venegas y Gómez del Pilar, han pecado en exceso de querer imponer faenas de toreo 2.0 a ejemplares tan poco propicios para ello.
Tampoco han quedado atrás las cuadrillas, no sabiendo en ningún momento sobreponerse al caos ocasionado por toros abantos y muy sueltos echándoles el capote abajo para conseguir pararlos y tenerlos dominados en todo momento. No digamos la falta de recursos demostrada a la hora de colocar los rehiletes, tal como si sólo estuviera permitido banderillear de poder a poder y lo del sesgo, la media vuelta o el sobaquillo no estuviera inventado. Claro que, igual ante esto, les pesaría más aquella tarde isidril de 2010 en la que a un peón se le ocurrió banderillear al sesgo precisamente a un ejemplar de Dolores Aguirre, a decir verdad no menos cabroncete que algunos de los corridos esta tarde, dejando dos pares sencillamente colosales en esta modalidad. ¿Y por qué les pesaría hacer lo mismo? Porque a aquel banderillero, sólo por eso, se le calificó de chuflón después de lucirse de esta manera ante un toro manso. Vivir para ver. 
Esta tarde era ideal para desempolvar esos viejos recursos lidiadores, pero prefirieron la mayoría ejecutar varias entradas y ponerlas de una en una. Solamente destacaron un par de David Adalid al quinto y otro de Iván Aguilera al sexto.

Y los matadores, como buenamente pudieron, se quitaron de encima las seis prendas que se sortearon entre ellos. El primero, para Rubén Pinar, recibió de lo lindo en el primer puyazo y tan solo le fue señalado, en muy bien sitio por cierto, el segundo; y cumplió en la pelea. Se lo sacó Pinar a los medios y allí empezó a recetarle muletazos con la mano derecha citando muy encima, ante lo cual el toro tardeaba mucho al arrancarse, se quedaba corto y pegaba tornillazos. Pinar le dio más sitio en sucesivos muletazos, y aquí fue cuando le sacó algunos muletazos en redondo muy mandones y llevando al toro muy toreado, para continuar con otra tanda de derechazos más atropellada. Se cambió Pinar la franela a la zurda, citando muy perfilero y despegado, no consiguiendo nada lucido dada la nula condición del toro por ese pitón. Al cambiarlo de nuevo a la derecha, el toro ya andaba muy resabiado y mirón, por lo cual Pinar no se demoró más en quitárselo de enmedio con dos pinchazos y estocada atravesada.
El cuarto de la tarde fue lo más parecido que pueda haber a una bestia de tiro, y de lo único que se le pueda achacar a Rubén Pinar es que porfiara con él más de lo que el bicho merecía, que no eran más de dos minutos. Lo mandó al desolladero con pinchazo bajo y sartenazo.

El segundo de la tarde se dejó pegar sin hacer atisbo alguno de pelea dos puyazos muy fuertes en mitad del espinazo, de los que salió manseando. Esperaba mucho en banderillas y apenas tenía fijeza, pero menos recursos que todo aquello tuvo la cuadrilla de José Carlos Venegas para conseguir parearlo con el más mínimo decoro, en vez de ponerlas de una en una. Venegas, el hombre, con tres festejos en su haber en 2017, demasiado hizo con salir ileso del trance ante un toro con mucho carbón y complicadísimo. Empezó sacándolo a los medios sin siquiera machetearlo, precisamente cosa que requería el animal. Después, conato de toreo bonito que nunca llegó (y muy complicado de que llegara por lo poco propicio que era el toro para ello), con trallazos a media altura y espantándole las moscas de fea manera. Y para las manos de los carniceros con un sartenazo.
El quinto se fue como alma que lleva al diablo cuando el picador de su turno le rozó con la puya, yéndose escopetado al caballo que guardaba puerta para hacer lo mismo cuando sintió el palo. Se fue por sí sólo posteriormente al caballo que guardaba la puerta y aquí llegó a meter riñones y empujar mientras se le asestaba un puyazo de aunténtico carnicero. Se fue el toro por sí sólo, otra vez, al caballo de contraquerencia recibiendo un nuevo picotazo que le hizo huir. Pero no tardó en volver, de nuevo a cuenta propia, a la contraquerencia para recibir otro puyazo asesino. ¡¡Dale, que todavía respira!!, parecían decir algunos hombres de luces al picador. Nadie metió al toro en los capotes, como puede entenderse, y de nuevo Venegas intentó hacer la faena que traía pensada de casa, sin doblarse ni siquiera con él al comienzo. Poco tiempo estuvo ante semejante alimaña, pues después de unos pocos intentos de quedarse quieto y tirar latigazos por arriba, lo despachó de estocada contraria.

Gómez del Pilar se fue a portagayola ante el tercero, pero lo único que consiguió fue que el toro le hiciera cobra, no teniendo más remedio que levantarse e irse al tercio para intentar pararlo, sin éxito. Entró por primera vez al relance y recibió un picotazo en muy bien sitio que le hizo abandonar la pelea muy rápido. Hasta en tres ocasiones más se le intentó meter, casi a la desesperada, en el caballo, pero el toro salía escopetado de ahí cuado el palo le rozaba. Se cambió el tercio con el toro sin picar, y algunos sectores de la plaza se inundaron de protestas y de pañuelos rojos: las banderillas negras no hubieran estado de más, ni mucho menos. Con solvencia esta vez cubrieron los peones el segundo tercio, y Gómez del Pilar intentó el macheteo, viniéndose arriba el animal y sacando condición encastada y con mucho fuelle. Gómez del Pilar, lo intentó con tanta voluntad como poco acierto, quedando por debajo del toro al final, tras una faena poco poderosa y mandona.
Lo del sexto se puede resumir simplemente en el colmo de la moruchez, pues el toro se fue directo a toriles nada más comenzar la faena Gómez del Pilar, echándose en la misma puerta de donde salió minutos antes, y obligando con ello al matador a darle matarile con brevedad.

La de La Doña salió mansa de solemnidad, pero no por ello quiere decirse que no se le pudieran torear y poder. Entendiéndose por torear y poder muchas cosas que hay más allá de pegar verónicas, chicuelinas, gaoneras, derechazos, naturales, pendulazos, manoletinas, bernardinas y toda esa retahíla de toreo moderno que aguantan la mar de bien los toros de embestida excelsa y dulcísima, pero no los toros complicados como los de esta tarde. Mala y decepcionante, sin género de dudas. Pero imposible de cualquier atisbo de lucimiento, tampoco.

sábado, 26 de mayo de 2018

25 DE MAYO DE 2018, DECIMOCTAVA DE FERIA: AGUA PARA LA VERBENA

¡¡Que caiga agua, que a los pantanos, a la atmósfera y al campo les vendrá más que bien!! No tan bien, a lo mejor, le vendrá al albero de la Plaza de Madrid, el cual ahora, sin pendiente, se empantana en cosa de pocos minutos.

¿Que qué es eso de la pendiente? Pues la pendiente del ruedo venteño es, o mejor dicho, ERA un desnivel que existía en este ruedo, decreciente desde los medios a las tablas, que deslizaba el agua de lluvia hacia los sumideros ubicados en el callejón, evitando así que el ruedo se encharcara y quedara impracticable para la lidia. Y digo "era" porque, en verdad, ya no existe. Prueba de ello es el lamentable estado en el que ha quedado el ruedo, en cuestión de pocos minutos, tras el fuerte chaparrón caído al salir de chiqueros el cuarto. Esto, con la pendiente, no sucedía. Con la pendiente el ruedo drenaba y tardaba mucho, muchísimo más tiempo, en convertirse en un híbrido entre el lago de la Casa de Campo y el pantano de Buendía. Pero ahora, por obra y nada de gracia de uno de la Puebla, torero caprichoso y ridículo hasta los extremos más insospechados, la pendiente no existe y el ruedo se empantana con un fuerte chaparrón en menos que se persigna un cura loco. Y desde aquí, háganse a la luz las mismas palabras que aparecen ante situaciones similares: Morante, váyase usted a la real mierda de una puñetera vez.

El agua ha caído de manera torrencial, otra vez, sobre Las Ventas y sobre la verbena que hay montada en ella de público festivalero, toreros circenses, y toreros que torean bien de verdad pero no con la rotundidad suficiente como para llevarse dos orejas de un mismo toro. Pero claro, puestos a extrapolar las cosas, si a un vulgar y mentiroso pegapases se le pide una oreja en Madrid, ¡¡en Madrid!! tachada de ley, entonces cuando ven a un tío torear de verdad aunque sea a cuentagotas, ¿cómo no se van a volver locos del todo? Pues eso es lo que ha pasado con Alejandro Talavante en esta tarde, quien pidió ocupar la vacante del lesionado Paco Ureña para "poder quitarse la espina" que le dejó su poco afortunada tarde de hace 48 horas, y ha terminado quitándosela con creces. Ante un toro nobilísimo y de embestida de ensueño que fue el segundo de Núñez del Cuvillo, consiguió dejar muchos destellos de esa esencia taurómaca casi perdida en el siglo XXI. No fue, sin embargo, una faena rotunda, pues muchos de esos destellos de toreo puro se entremezclaron con otros muletazos que, si bien llevaban las mismas intenciones por colocación y ofrecimiento de la muleta, no terminaron de dejar ser enganchados, o de ser rematados de manera lineal. El culmen de esta faena llegó en unos muletazos, tres o cuatro a lo sumo, ejecutados de frente y en los que Talavante llevó al toro muy sometido en la franela roja y rematándolo atrás. Cerró la faena con esos genuflexos tan toreros por el lado derecho que ahora ha hecho de su cosecha, y terminó de una buena estocada. Faena de oreja de verdad y con mucha fuerza, pero  por allí abajo pudieron las ganas de ver a un torero salir en hombros por fin en esta feria, al precio que fuere, y cayeron dos. Premio excesivo teniendo en cuenta la seriedad que ha de tenerse en Madrid, pero justo en consideración de lo que se lleva premiando en esta calamitosa feria, y mas aún comparando con lo que se ha premiado después del quehacer de Talavante. Allá cada uno saque sus propias conclusiones.

¿Que qué fue lo que vino después de Alejandro Talavante y su faena de toreo grande a ese Cuvillo? Pues vino, primero, el primer toro devuelto en esta feria después de 18 tardes. ¡¡El primero devuelto por inválido, ojo!! Que ahora en Madrid también está de moda devolver a los mansazos, y no es broma, no señor. Ojalá lo fuera, qué leches.
Bueno, pues a lo que iba, que después del buen toreo de Tala y el primer toro devuelto en esta feria por inválido, salió un sobrero del Conde de Mayalde que le correspondió nada menos que a una de las mayores birrias vestidas de luces que ha salido en la historia de la tauromaquia, véase Alberto López Simón, y que en esta tarde ha demostrado dos cosas, nada nuevas por cierto: una, que ni sabe torear, ni nunca ha sabido ni tiene la más mínima ambición de aprender a hacerlo; y dos, que de no ser por las volteretas y los porrazos que recibe, a día de hoy andaría ganándose la vida descargando camiones en Mercamadrid. Ahí queda si no su tarde: al sobrero del Conde de Mayalde lo trapaceó con su mal gusto y su pésimo concepto del toreo sin que nadie le hiciera el menor caso, hasta que el toro se lo terminó echando a los lomos y le propinó la torta padre. Y el ginc-tónic hizo el resto. Más trapazos después del mismo corte despegado y hacia fuera, la parroquia ahora como loca, pinchazo, estocada entera con otro tremendo porrazo, y... Efectivamente, despojo al esportón. Lo que vendría rato después, una vez estuviera presente en el ruedo el sexto, no era difícil a prever. Y menos, con el ruedo hecho una piltrafa. Coge la muleta López Simón y, por si algún despistado ha dejado de atender, brinda al público para captar esa absoluta atención, y comenzar posteriormente doblándose por bajo y sacando al animal a los medios, donde ejecutó algunos trapazos con la mano izquierda que destaparon las múltiples carencias tauromacas de este hombre. El de Cuvillo, precioso de capa y hechuras, era una máquina de embestir por ambos pitones. López Simón lo pasó en muletazos por ambas manos siempre citando fuera de cacho y llevándose al toro fuera con el pico, sin que nunca el toro fuera sometido. Pesaban muchísimo más las ganas de una doble puerta grande que la importancia de la faena en sí, tanto como si a cada uno que berreaba como un poseso eso de biiiiiieeeeeeeennnnjjjjjjj por cada trapazo que ejecutaba el torero, se llevaran comisión por ello. Entró hasta la bola la espada a la primera, y segundo despojo para López Simón, el cual propiciaba su quinta puerta grande en esta plaza. Ya ha igualado a colosos de la talla de Luis Francisco Esplá o Marcial Lalanda, y superado a otros como Ángel Teruel, Manolo González o al mismísimo Dios: Manuel Laureano Rodríguez Sánchez. Y sin haber pegado medio muletazo en su vida. Así está esto, y quien diga que no tiene mérito algo así, que se vaya a acostar.

Talavante cumplió el trámite del quinto toro sin ánimo de realizar las grandes cosas que hizo saltar a la palestra en su primero. Con este quinto, muy bueno en la muleta por nobilísimo y de embestida dulce, tiró líneas sin ponerse en el sitio ni una sola vez, y tomando precauciones. Con la puerta grande ya en el bolsillo y el ruedo como estaba, cualquiera en su sano juicio hubiera hecho lo mismo.
Pero para faenón de Talavante en el día de hoy, el de donar los honorarios que le correspondían de este festejo a causas benéficas. Actos que engrandecen a una persona.

Juan Bautista actuó como primer espada, dejando para las postrimerías la estocada de la feria. Fue esta ejecutada al cuarto toro, cuando ya la lluvia había conseguido que muchos nos acordáramos, y no con buenas intenciones, de Morante de la Puebla y sus paparruchas dañinas. A la suerte de recibir fue, por las circunstancias del terreno, y cayendo en todo lo alto haciendo que el toro rodara. Ante este ejemplar, Juan Bautista aguantó estoico el temporal y el estado del piso como pudo, y cumpliendo la papeleta con la dignidad propia de tales circunstancias. Con su primero, un pastueño y soso ejemplar, lo trapaceó sin mucho ánimo y contagiado por la sosería del bicho.

La corrida de Núñez del Cuvillo fue poco castigada en varas y menos aún se empleó en el caballo, pero en el tercio de muleta cumplió más que sobradamente. El medio-toro, propiamente dicho, ese que para que embista hay que llevarlo entre algodoncitos durante la lidia, como si solamente importara el tercio de muleta. Teniendo en cuenta esa premisa, toros de alta nota fueron segundo y sexto, si bien no dejaron de colaborar con los matadores cuarto y quinto. En otras circunstancias meteorológicas, quizás...

Madrid, ¡¡qué poquito queda de ti!!

viernes, 25 de mayo de 2018

24 DE MAYO DE 2018, DECIMOSÉPTIMA DE FERIA: NOVILLADA SIN PICADORES EN HOMENAJE A LA CULTURA

Ha hecho falta mirarlo varias veces en el programa, en la entrada y en los carteles, pero ni por esas uno se convence. ¿Corrida de toros lo de hoy? ¿De veras?
Una corrida de toros lo hubiera sido en el hipotético caso de haberse seguido el rastro de presentación y de comportamiento que ha dejado el último de la corrida, con el hierro de Victoriano del Río. Que ese toro parecía el padre de los cinco que le han precedido, no sería mentira decirlo. Que dejaba a la altura de los ratones a sus hermanos de camada lidiados hace 24 horas, tampoco lo sería. Que se le pegó en varas más que a los otros cinco juntos y cumplió como ninguno anterior, sin ser tampoco un derroche de bravura, una verdad como un templo. Y que desarrolló casta e interés en el tercio de muerte, verdad verdadera.

El resto del encierro desató protestas más que justificadas por hechuras anovilladas, nulo juego en el caballo, flojera más que suficiente para simular el primer tercio, y descaste. Descaste inversamente proporcional a la flojera de remos de la que han hecho gala, que no ha sido poca. Y con esto se ha vuelto a ver que a los picadores les importa un mojón del tamaño de su castoreño el tener que dejar de aquí a no mucho la gregoriana, el jaco y la puya, para cambiarlos por el pico y la pala, si quieren seguir teniendo de qué comer. Que no se le meta en este saco a Agustín Navarro, quien demostró ante el sexto en su correspondiente turno que a él le importa su trabajo y la suerte de varas, realizando la suerte con brillantez  y poniendo dos puyazos arriba, si bien el primero cayó un palmo trasero, pero el segundo en el sitio donde todos los puyazos deberían caer. Picadores así dignifican la suerte de varas.

Todo esto, distribuido en dos de Alcurrucén, dos de Victoriano del Río y uno de Garcigrande más otro de Domingo Hernández (monta tanto, tanto monta), salió al ruedo de Las Ventas en el marco de la apodada "II Corrida de la Cultura", cosa que al fin y al cabo no dejó de ser una más de este largo San Isidro. Supongo que en homenaje a esos ilustres personajes cuyas imágenes inundan los pasillos de Las Ventas en estos días, y que un día su genialidad e intelecto desataron grandes hitos para la literatura, la pintura, el teatro, el cine y, en resumidas cuentas, el mundo del espectáculo y de las artes. Con qué orgullo cacarean los taurinejos que los intelectuales, los de ayer y los de ahora, se hayan interesado y se interesen tanto por los toros y hayan salido grandes aficionados a esto entre el mundo de la Cultura. Pero claro, pensando y pensando, a uno no le salen las cuentas, y llega a la conclusión de que igualito era aficionarse a los toros en época de Gallito y Belmonte, que en los tiempos del Pasmo de Velilla. Imagino a don Ramón Valle - Inclán, uno de los ilustres cuya fotografía cuelga en los pasillos del tendido alto, en la tesitura actual. Aquel que en su momento espetó algo así como "Juan, a ti solamente te falta que te mate un toro para ser el más grande", y siéndole ppr tal cosa contestado "se hará lo que se pueda, don Ramón", extrapolándolo al siglo XXI hubiera quedado algo así como "A ti Julián, para ser el más grande, solamente te falta conocer qué puñetas es un toro de verdad y pasártelo cerca", y no creo que se le hubiera contestado algo muy diferente a "es usted un chuflón". Y don Ramón no volvió más a los toros.
O Federico García Lorca, con su Llanto por Ignacio Sánchez Mejías, o con su postrera frase de "la Fiesta de los toros es la fiesta más culta del mundo", en el siglo XXI no hubiera querido dejar de escribir un Llanto por la suerte de varas. 
Y ¿qué me dicen de don Francisco el de los Toros? Aquel que osó a pintarse a sí mismo toreando, en un cuadro titulado La Novillada... Quizás hoy ese cuadro, con el mismo título, más que reproducirse a él mismo toreando, hubiera reproducido sin ir más lejos la II Corrida de la Cultura. Qué cruz.

Así las cosas, nadie mejor que el Todopoderoso don Julián, considerado el "Joselito el Gallo del siglo XXI" por los estómagos agradecidos, pagafantas a sueldos y palmeros que le rodean (que no son pocos) para celebrar esto de "la Cultura". Entré a la plaza pensando el Julián es un torero mentiroso y ventajista como el que más, y salí de la misma pensando lo mismo, pero elevado a la octava potencia. Porque Julián, rindió homenaje a esto de "la Cultura" con una de sus cunvres y ante un torete de Alcurrucén, el tercero, que, con dos picotacitos y demostrando una flojera de remos considerable en los primeros compases de la lidia, se vino arriba en la muleta (y de qué forma) para acabar siendo de carril y para soñar el toreo. Lo que tanto anhela Julián y cualquiera de sus compadres figurines cuando se visten de torero. Y Julián, a su manera, se valió del bomboncito para armar el alboroto. Tras un inicio de faena por bajo y desmayado, de auténtico primor y que puso a todos de acuerdo, se sacó al torete fuera de las rayas para comenzar su repertorio de toreo lineal, fueracachista, de pierna escondida y buena ración de pico. Julián acompañó en todo momento con gran despaciosidad la empalagosa embestida del toro, y por momentos hasta llevó al animal muy mandado por bajo, pero siempre dentro de ese ventajismo exagerado que nunca se deja escondido en algún lugar fuera de una plaza de toros. Una estocada corta muy trasera y ejecutada con esa peste de julipié, más un golpe de descabello, fueron el preludio a una vuelta al ruedo con despojo en mano.
Quisieron a toda costa llevarse al Juli en volandas calle Alcalá arriba, pero la fiesta les fue aguada cuando en los prolegómenos de la faena al quinto, ya de por sí muy flojete desde su salida, se lesionó la mano derecha y hubo Juli de abreviar.
Abrió plaza un aninalillo de Victoriano del Río aborregado con el que el Juli poco más hizo que pegarle pases aliviaditos y sin ninguna gracia ni verdad, y matarlo de otro hermoso julipié. 
Del Juli, en esta tarde, dos cosas buenas que resaltar: una, el inicio de faena a ese tercero, toreo caro como poco se ha visto en esta feria; y la segunda, que esta era su única tarde en Madrid y no tendremos que volver a tenerle por aquí, ni a él ni a sus palmeretes, hasta nueva orden. Aur revoir Julián, que tu ventajismo y tus mentiras sigan calando por ahí.

Ginés Marín se midió en vis a vis al maestro en homenaje a "la Cultura", no llegando a ser ni la sombra de lo que fue hace un año en estos fueros. Se le puede achacar que no tuvo la misma suerte de sortear algún torete de carril como sí lo hizo su maestro, pues lo que sorteó fue, por este orden, una babosa de Alcurrucén, un complicado animal de Garcigrande que fue de todo menos la tonta del bote, y aquel de Victoriano del Río que sí hizo honor a su condición de Toro de Lidia.
Con el de Alcurrucén porfió más de la cuenta para lo que semejante espantajo de bicho merecía, y ello llegó a ponerle al personal en contra.
El de Garcigrande no era un toro apto para eso de ponerse bonito, ni para pegarle pases y más pases a placer. Tampoco le hicieron demasiada sangre en el primer tercio, y eso le convirtió en un toro complicado que se quedaba corto y se iba a por el bulto cuando este dejaba el más pequeño recoveco, y Ginés Marín, que lo de lidiar, someter y poder no se lo debieron de contar en su momento, se dedicó a intentar hacer florituras desde el hilo del pitón, lo que provocó algunos achuchones y hasta una fuerte voltereta (sin consecuencias afortunadamente). Después de tal suceso, acortó distancias y empezó con el encimismo de rigor, pero ni por esas terminó de conseguir el completo favor de la parroquia.
Y en estas que le salió aquel de Victoriano del Río, el cual despertó interés en varas junto al magnífico hacer de Agustín Navarro. El tercero Manuel izquierdo colocó un señor par de banderillas, y Ginés Marín comenzó con la mano derecha dándole sitio al toro, el cual se arrancaba con alegría y repetía en cada muletazo con mucha nobleza y cierta casta y picante. Marín tiró líneas sin conseguir acoplarse en ningún momento, y al coger la zurda acortó distancias sobremanera y el toro ahí no dejó de seguir arrancándose al mínimo toque, pero  echando la cara arriba y quedándose más corto. No cambió los terrenos ni las distancias el matador a partir de aquí y el toro siguió defendiéndose ante tal lidia, cosa que a muchos nos hizo pensar que el toro estaba siendo descaradamente tapado por un torero incapaz de llevarlo hilado en la muleta, tirar de él sometiéndolo y aprovechar así su buena condición. Tarde para el olvido la suya.

La llamada "II CORRIDA DE LA CULTURA" terminó con la sensación de una nueva tomadura de pelo por parte de los taurinejos, colando otra gatada más de condición inválida y aborregada para que los importantes estuvieran a gusto y no les dieran demasiados problemas. A gusto y disfrutando estuvo uno. El otro terminó sudando la gota gorda y quedando por debajo de la situación.

jueves, 24 de mayo de 2018

23 DE MAYO DE 2018, DECIMOSEXTA DE FERIA: CHOTADA INFUMABLE Y OREJA DE VERBENA

Se podría resumir semejante tarde con un conciso y escueto "Meteros por donde os quepa vuestra Tauromaquia, vuestras borregadas y a vuestros burdos pegapases, e iros a tomar viento". Y sin más, irse a cenar tranquilamente y después a la cama, que mañana será otro día. Para qué complicarse más la vida, escribiendo un testamento acerca de la deplorable novill... Perdón, quise decir corrida. Corrida que ha tenido la desfachatez de enviar a Las Ventas don Victoriano del Río, a instancia de los figurones esos del pegapasismo tan circense que hacen llamar algo así como se torea mejor que nunca, o no sé qué paparruchas más; y con el consentimiento del equipo presidencial de esta tarde, véase don Justo Polo Ramos y los veterinarios que le asisten.

La chotada de Victoriano del Río, si los taurinejos conocieran el significado de la palabra "vergüenza", nunca hubiera salido de la finca con destino a Las Ventas. Hombre, quizás si hubiera sido para lidiarse el próximo sábado en la novillada programada para este día, pues todos a callar y aquí paz y después gloria. Pero resulta que semejante lote de toros chicos, terciados, sin remate ni cabezas bonitas, ha sido lidiado en el marco de una corrida de toros. Una corrida de toros de Madrid, y en pleno San Isidro, esa feria que hacen llamar Mundial del Toreo. El Mundial del Toreo, sí... ¡¡Hasta que llega el "seleccionador" de turno y convoca para esta cita a los juveniles en lugar de convocar a los mejores!!
¿Se puede tener mayor desfachatez?
Eso, por fuera. Por dentro, los bichejos de Victoriano del Río solo llevaban invalidez, falta de casta, de picante y de emoción, pocas o ninguna ganas de ser picados y de emplearse en el primer tercio; y tontuna a raudales. Que a los pseudofigurones esto les encanta y es lo que buscan, no nos engañemos. Esta corrida la cogen estos tres de hoy en cualquier feria de provincias, y llueven mares de orejas, rabos, patas, entresijos, gallinejas, mollejas y hasta algún indulto que otro también hubiera caído. Seguro. Pero en Madrid eso no es así, todavía claro (poco le falta). En Madrid, los borregos inválidos y bobalicones todavía desatan protestas, al igual que las trampas y la vulgaridad de la que hacen gala los toreros de ahora.

Y en todo eso se ha basado la tarde de hoy, en borreguitos inválidos, y en el pegapasismo chabacano y moderno ese de mil trallazos pegados hacia fuera embarcado con el pico, escondiendo la pierna y sin ponerse nunca en el sitio. ¡¡Qué emoción!! Y es que, estando presente en esta tarde ese gran exponente de esa tauromaquia vulgar que es el señor Miguel Ángel Perera, ¿podíamos esperar que la tauromaquia clásica hiciera acto de aparición en algún momento de su actuación? Con el capote, lo de siempre: por saber, no sabe ni cómo agarrarlo, no digamos moverlo. Y con la muleta, si describimos la faena al primero, nos ahorramos describir la del cuarto. Bueno, en realidad si hiciera un copia y pega sacado de cualquier otro escrito sobre él, nos ahorraríamos mucho más. Faenas larguísimas e interminables basadas en banderazos por arriba, banderazos a media altura y echando al toro fuera, mucho pico, cites quedándose en la oreja y nunca adelantando la pierna, encimismo... Lo de siempre en Perera. Aburre hasta cuando hay que escribir sobre él, siempre es igual.

Alejandro Talavante ha pasado de puntillas en su segunda y última comparecencia esta feria, ante un lote simplemente imposible. Llegó a parar a sus dos toros de salida eficazmente, y estuvo preocupado en sus dos turnos de poner a los toros en suerte para ser... Mejor dicho, para recibir un par de rasguñitos de parte de unos que se las verán dentro de poco en la fila del INEM. No perdió demasiado el tiempo en el tercio de muleta, ni tampoco se lo hizo perder al personal. Después de comprobar con cierto desdén que allí había muy poco que hacer, se quitó de enmedio sin más miramiento las babosas que le correspondió lidiar.

El sino de un tal Andrés Roca Rey es volver loca a la parroquia a base de valor seco y, a veces, hasta temerario. Pero el día que aprenda a torear medianamente con corrección, esto va a ser la hostia. Se llevó una oreja a última hora por eso, por el valor que tuvo de realizar sus cabriolas esas sacándose de la chistera un cambiado por la espalda cuando menos se lo espera uno, y por poco más. Luego, trallazos mandando al toro fuera, muy despegado siempre y descargando la suerte con un descaro atroz. ¿Algo más? Sí, una estocada en la suerte de recibir que se fue desprendida, no sin antes sufrir un achuchón que lo derribó en la misma cara del toro, sin que este hiciera el menor atisbo
de hacer por el bulto. "Perdón", le faltó decir al pobre animal.
Con el tercero en el ruedo empezó a llover con fuerza en Madrid, dejando los tendidos prácticamente desiertos. Y casi se repite la historia de hace días. ¿Se acuerdan? Sí hombre sí, aquella en la que a un torero se le echó más en cuenta aguantar en el ruedo diluviando que el hecho en sí de ponerse a torear. Llovía con fuerza cuando salía el toro, y en el primer capotazo de Roca Rey de escuchó un OLÉ estruendoso y de marcado acento femenino. Dos, tres, cuatro y así hasta que perdí la cuenta de los capotazos de Roca Rey para intentar parar al toro, acrecentándose ese OLÉ con fuerza por cada capotazo que ejecutaba el matador, y ovación de órdago. ¿Qué tienen de especial unos simples capotazos que ni siquiera introducen al toro en el percal? Más aún cuando empezó el chaval la faena con los pendulazos desde los medios, un poco más y el que no esté muy puesto en esto piensa que allí estaba la reencarnación de quien inventó el toreo. Pero para desgracia de Andrés Roca Rey, la lluvia arreció y el toro no servía ni para caldereta, por lo que algo que tan alto se pretendía hacer que apuntara, quedó en una tediosa y vulgar faena con el estilo tan característico de la Tauromaquia 2.0.
La tarde de Roca Rey se completó con un feísimo y nada profesional detalle que podía haber acabado mal: su profundo desconocimiento sobre dónde y cómo ha de estar colocado durante la la lidia le hizo pasar un mal trago a Curro Javier mientras banderilleaba al cuarto, pues el toro le hizo hilo en paralelo a las tablas mientras buscaba tomar el olivo, y tuvo que ser el tercero de Talavante, Julio López, quien saliera al rescate de manera tan improvisada que por poco se choca con Curro Javier cuando ya sentía los resoplidos del toro en el trasero. ¿Que dónde andaba Andrés en ese momento? Pues, sin exagerar, en la otra punta de la plaza, bien contando las musarañas, o bien pidiéndole el número de teléfono a la rubia guapa sentada en la meseta de toriles. Lo malo de todo es que no es un caso aislado, es algo que ocurre con frecuencia en este torero.

La birriosa tarde de figurines con el cuarto de tofo que tanto les gusta no es más que una muestra más de lo que se ha convertido la Tauromaquia. Aquí todo vale. Todo, excepto que los aficionados veteranos y habituales de cabreeny protesten tanto despropósito. Eso no, eso es intolerable que ocurra. Pero el resto, todo vale.