lunes, 16 de octubre de 2017

DESAFÍOS GANADEROS

De sobra son conocidas las múltiples trabas, muchas de ellas ridículas, que tienen que pasar las corridas y novilladas para que sean aprobadas completas en Madrid. Que si el peso, que si el tamaño, que si este tiene los pitones así o asá...

Dicen los ganaderos que para venir bien a Madrid, hacen falta tener preparados un mínimo de ocho toros, cosa que para las ganaderías que disponen de camadas largas no suelen suponer generalmente un problema demasiado grande (y si llegara a suponerlo, no tardarían los figurines en aparecer por allí salvándole el culo al ganadero en el último instante). Pero para ganaderías cortas las cosas son mucho menos amables aún para lidiar en Madrid, y si además a esto se le suma las condiciones de volumen y peso que algunos encastes llevan consigo, se le da otra vuelta de tuerca más a un asunto demasiado trabado de por sí.

Por suerte para esos ganaderos y también para los aficionados, en los últimos tiempos ha surgido un modo de facilitar que este tipo de ganaderías lidien sus toros en Madrid y los aficionados disfrutemos de unos hierros sobre los cuales muchos ya habíamos perdido toda esperanza en verlos en corrida de toros en la capital del Reino. Me refiero, claro está, a los desafíos ganaderos. Que hombre, no digo yo que no sea mucho mejor una corrida de toros con seis ejemplares de Hoyo de la Gitana; otra con otros seis de Juan Luis Fraile, más con seis de Raso de Portillo, seis de Valdellán, y así hasta recorrerse toda la cabaña brava. Pero ante las dificultades ya mencionadas, los desafíos ganaderos se convierten en un comodín muy apetecible para resarcirse de ver en Madrid estos hierros. ¿Que tales ganadería no dispone de toros suficientes para completar corrida en Madrid? Pues no es el mayor de los problemas, se completa una corrida entera con dos hierros diferentes, tres y tres, y el percal no deja de ser atractivo, ni mucho menos.

Los desafíos ganaderos de este pasado mes de septiembre lo confirman, siendo al final todo un oasis en un desierto de monotonía y ganaderías birriosas que tanto ha predominado en los últimos años. No solamente por el disfrute que supuso ver ganaderías que, por unas cosas u otras, ni en los mejores sueños hubiéramos podido disfrutar en Madrid con corrida de toros completa esta temporada (y algunas, en muchas temporadas); sino por la seriedad que se les ha dado y la buena organización de la que han dispuesto. Desafío en el sentido más estricto de la palabra, declarándose premiados el mejor toro, el mejor matador, el mejor picador, el mejor peón de brega y el mejor rehiletero. Para ello fue imprescindible darle a la suerte de varas todo el valor que merece, y en este sentido los toreros, gracias a los cielos, lo tomaron en serio. La Lidia completa volvió a adquirir sentido y todos los hombres de luces tuvieron la oportunidad de adquirir protagonismo, cosa que por desgracia solamente se le viene dando al que calza la taleguilla bordada en oro. Brillaron picadores como Juan Melgar, Ismael Alcón, Félix Majadas, Francisco José Agudo o "Patilla"; sobresalieron las colosales maneras capoteras de Iván Aguilera o Raúl Cervantes, por supuesto no faltaron Fernando Sánchez y Ángel Otero a sus citas con los palos; los matadores se prestaron, más que menos, a que todo ello fuera posible y a lucir a sus toros, destacando especialmente en este sentido a Gómez del Pilar ante Asustado, el bravo de Palha que tanto nos emocionó. Y lo mas importante de todo: hubo Toro. Quizás nos falló Hoyo de la Gitana, de la cual esperábamos muchísimo más, pero el resto de ganaderías respondieron y el comportamiento de sus ejemplares se asentaron sobre ese pilar fundamental de la Tauromaquia que es la casta.

Ante la difícil situación que viven muchas ganaderías para poder completar encierro en Madrid, y que además se extiende a los aficionados deseosos de ver ciertos hierros en esta plaza, se planta el modo de los desafíos ganaderos como un comodín muy atractivo para darle mucho más interés no solamente a la temporada madrileña, sino también al resto de plazas. Por muchos motivos, pero sobre todo por el amplio abanico que se abre a la hora de seleccionar el ganado.
En Madrid esta temporada ha salido bien, por lo que se espera que en temporadas venideras se amplíe aún más este tipo de festejos y podamos disfrutar de otras ganaderías que no lo tienen demasiado fácil para completar una corrida con seis toros en Madrid, caso de Pereira Palha, Miguel Zabayos, Valdellán, Prieto de la Cal, Vinhas, Felipe Bartolomé, Concha y Sierra, Raso de Portillo, y tantísimas otras ganaderías que tanto bien hacen a nuestra maltrecha Fiesta inhibiéndose de todas las paparruchas esas del borrego artista y apostando por el Toro de verdad.

Siempre, eso sí, que los franceses y sus ostentosas ganas de hacer las cosas bien de verdad nos lo permita, claro.


miércoles, 4 de octubre de 2017

VICTORINO MARTÍN ANDRÉS

Belador, Baratero, Borgoñés, Cobradiezmos, Pobretón, Murciano, Pocapena, Muroalto, Veraniego, Vengativo, Jaquetón, Gamberro, Matador, Colombiano, Pastelero, Conducido, Madrugador, Director, Molinito, Gallareto, Bodeguero, Gaditano, 1 junio de 1982...

Muchos nombres célebres, fechas, tardes, momentos de gloria, recuerdos, faenas, premios... Y un solo hombre. Gracias Victorino, gracias por tanto. Que la tierra te sea leve. 

lunes, 2 de octubre de 2017

ÚLTIMA DE LA FERIA DE OTOÑO: ADOLFADA NUESTRA DE CADA OTOÑO

"Corrida de Adolfo Martín para la feria de Otoño, da igual cuando usted lea esto", se dijo cuando se presentaron los carteles de esta feria de Otoño que ha finalizado hoy. Los toros de Adolfo Martín llevan dando el cante en Madrid, varias veces en una sola temporada además, desde hace varios años ya, y esta tarde no ha sido menos. Adolfada en toda regla la que se ha lidiado, compuesta por seis toros muy desiguales, unos más grandullones y otros más chicos, pero con un denominador común todos ellos: la pésima presentación que derrochaban y lo fuera de tipo que estaban todos. Y si a eso se le suma lo poco o nada que se emplearon en el caballo (salvo el segundo, el cual se empleó más y hubiera sido agradable verlo ir por tercera vez), la sosería que llevaban dentro y la falta de casta de la que han hecho gala, el resultado es el de un petardazo como no se conoce ni en las fallas de Valencia. Solamente el quinto tuvo nervio y era mucho más claro para el toreo, pero ni muchísimo menos salva un solo ápice este bodrio de tarde. Lo mejor de la tarde, ironías de la vida, fue que no se demoró más de dos horas.

La adolfada nuestra de cada Otoño vino a ser cabeza de cartel para lo que nuestro gabacho de gafas de pasta, vendehumos excelso, quería hacer pasar como un reñidísimo mano a mano (que se decía antiguamente); y a mí que alguien me explique, si tiene la amabilidad, qué puñetas pintaba ahí, en sustitución de un nombre importantísimo de la temporada, para medirse en un vis a vis con otro tío esperadísimo en Madrid y cuya temporada tampoco ha sido tontería, nada menos que... Juan Bautista. Y lo que es peor, pasando por alto a toreros que dieron la talla en los desafíos ganaderos de septiembre, como Venegas, Gómez del Pilar o quien fue declarado triunfador por aclamación popular, Javier Cortés. Pues no, a Juan Bautista, que... Que... Que... Que a saber. Monsieur Casas, usted ¿qué fuma, si se puede saber?

El mano a mano quedó pues, por cosa de los toros principalmente pero también por la de dos toreros que se contagiaron de sus oponentes, en una tarde de lo más tediosa. Juan Bautista pasó ante primero y tercero aseadito y sin demasiadas apreturas, pero eso sí posando muy flamenco y estirado, algo así como con musho jarte. Cosa que no hizo ante el quinto, el único de la corrida que sacó cierta gracia y picante en la muleta, y al cual espantó las moscas con una bonita colección de trapazos sin parar quiero por un momento. Y rápido a por la espada, provocando una fuerte pitada. Por cierto, que su forma de usar la espada y, sobre todo, el verduguillo durante toda la tarde fue, cuanto menos, vergonzosa. Y otros toreros con más necesidad, más motivos para estar y por supuesto mejores maneras, en casita viéndolas venir.

Lo de Ureña esta tarde se resume en un quiero y no puedo demasiado forzado. Tres faenas calcadas unas de otras a tres mojones sin gracia alguna a los que muleteó con menos gracia aún, siempre con la postura muy superpuesta y, lo peor de todo, muy pesado al alargar las tres faenas mucho más de la cuenta. No, definitivamente, tampoco fue su tarde.

Enorme fue la ovación que se llevó Pedro Iturrialde por ejecutar la suerte de varas vistosamente y plantarle la vara en todo lo alto al segundo toro las dos veces que entró. Tan fuertes fueron los aplausos que pareció que no hubiera plantado la vara levemente y la hubiera levantado al punto, dejando al toro totalmente sin picar. Tampoco sería justo no mencionar la solvencia toda la tarde del sobresaliente, David Saleri, siempre atento y bien colocado en el sitio que le correspondía.

Adolfada infame, como acostumbramos en los últimos tiempos por desgracia, y que seguramente no será impedimento para que el año que viene lidie otras dos corridas en Madrid, cuando lo único que merece es estar un tiempecito sin lidiar en esta plaza.

viernes, 29 de septiembre de 2017

FERIA DE OTOÑO: CUVILLOS PARA TOREAR

Don Álvaro Núñez Benjumea, criador por excelencia de lo que se viene llamando toro más bravo de la historia, y a quien no se le puede pedir que eche en ningún sitio un corridón de toros con toda la barba y de impresionante trapío, ni que vayan tres veces al caballo y se empleen como un toro bravo, ni que vendan cara su piel y sus apéndices ante los de luces. Así, por ejemplo y sin ir más lejos, a uno se le ocurre la corrida lidiada en el festejo correspondiente de la feria de Otoño celebrado esta tarde en Las Ventas, que ha sido un lote de seis toritos mal presentados por chicos y anovillados que, sin un ápice de casta ni de poder, sí han sido una delicia para expresarse y disfrutar, como se dice hoy en día. Pero a un altísimo precio que los aficionados exigentes no pasan por alto: el de no ser ni tan siquiera rozados por la puya.

Ofreció posibilidades de triunfo la corrida de Núñez del Cuvillo, y ante ellos por poco lo hace en esta tarde Paco Ureña, un buen torero a quien hay muchas ganas de ver saliendo en hombros de esta plaza. Demasiadas quizás. Cortó una oreja al inválido y boyante tercero tras una faena muy de menos a más. Empezó la faena Ureña con series de muletazos muy suaves y llevando al toro a media altura y sin someterlo por abajo a fin de que el animal no se fuera a pique, para ir subiendo poco a poco el tono de la faena y acabar dando algunos muletazos sueltos por ambos pitones que derrocharon ese estilo tan de verdad del que hace gala Ureña, y que en verdad suele dejar con las vergüenzas al aire a los que dicen eso de que se torea mejor que nunca. Detalles de buen toreo, en especial unos ayudados por alto muy elegantes para cerrar al toro y siendo rematados con un pase de la firma cadencioso y con muy buen estilo. Pero al asunto le faltó, sobre todo, Toro. Y también ser rematada la faena de una estocada mucho más decorosa que la estocada caída que al final quedó para la posterioridad, cosa que hizo que se escucharan protestas una vez ser concedida la oreja.
Con la puerta grande entreabierta, salió Ureña con todo a estoquear al quinto, pero no terminó de acoplarse a las embestidas este animal. Después de ser, literalmente, nada picado, el toro se vino arriba y necesitó de una faena de poder y sometimiento que nunca llegó. Trallazos, enganchones, tirones hacia fuera y, ante todo, falta de mano y de mando por parte de un Paco Ureña que estuvo firme y dispuesto a hacer el buen toreo que sabe hacer, pero totalmente desacertado. Desacertado fue también el uso de la espada, y como tuvo a gran parte de la gente muy de su parte, perdió el segundo despojo que le posibilitaría un triunfo que se hubiera antojado muy pequeño, dada la verdadera dimensión que este torero lleva dentro.

Sebastián Castella y Luis David Adame no consiguieron entendérselas ninguno de los dos con la corrida de Cuvillo. El primero dispuso de un segundo toro pastueño que iba y venía sin hacer un mal gesto, y de un cuarto  que también acusó el nulo castigo al que se le sometió en varas, siendo por ende un toro con complicaciones al que había que someter muy por abajo y acertar a llevarlo con temple. Y Castella, simple y llanamente, ni con uno ni con otro.

No digamos del confirmarme de alternativa Luis David Adame, de la inefable saga de toreros mexicanos con el mismo nombre, y que apunta a ser uno de esos pegapases del montón la mar de excelso. Suyo fue el lote más claro de toda la tarde, dos animalicos para ser toreados a placer y salir de Madrid ¡¡de Madrid, nada menos!!, en la tarde de su confirmación ¡¡la tarde de su confirmación, casi nada!!, con un triunfo gordísimo que le hubiera hecho un apaño bastante guapo de temporada 2018. Pero en cambio, se queda Luis David con la cosa de que se le fueron sin torear dos bombones tras dos faenas, calcada una de la otra, de trapazos fuera de sitio mientras los animalitos, sin maldad alguna, se le comían. Vamos, lo que se viene llamando torear como nunca se ha toreado, hablando de forma concisa. Pues nada, Habemus figura.

Gran ovación se llevó ese buen peón de brega que es Miguel Martín tras dos soberbios pares de banderillas.




FERIA DE OTOÑO: CORRIDA DE FUENTE YMBRO CON CIERTO INTERÉS

No ha sido uno de esos corridones de toros de los que uno sale deslumbrado por la casta, el poder, las buenas peleas en el caballo y la belleza de los toros, pero tampoco han sido moco de pavo los seis ejemplares lidiados en la cuarta de Otoño con el hierro de Fuente Ymbro. Seis toros de desiguales hechuras los del señor Gallardo, con sus cosas buenas, y también con sus cosas malas, muchas, como la mansedumbre o la no necesidad de ser excesivamente picados. Pero eso, ya se sabe, en la actualidad importa un comino y a día de hoy sólo se va a la plaza a ver cómo se pegan pases al mojón de turno, por lo que se podría decir que la corrida del señor Gallardo ha aprobado.

Una pena que los toreros de hoy, y muy en especial Morenito de Aranda y Joselito Adame, no tuvieran la inspiración en su punto álgido para aprovecharse de la condición de sus oponentes. Morenito ya se sabe que es uno de esos toreros "Guadiana", que aparece y desaparece de forma intermitente. Y en esta tarde, ante el lote más complicado de la corrida, ha estado más bien desaparecido. Medroso, sin sitio, inseguro y, a fin de cuentas, sin intención alguna de querer ver al primero, un toro al cual el subalterno Andrés Revuelta mostró con algunos capotazos espléndidos que el animal gastaba una embestida larga y por abajo. Hasta que Morenito cogió la muleta y empezó a espantarle las moscas de feas maneras, lo que hizo que el animal empezara a defenderse y parecer mucho peor de lo que demostró en los primeros compases de la lidia. Se lo quitó Morenito de enmedio sin darse mucha coba. Más dispuesto pareció salir en su segundo, pero igual de espeso y demasiado precavido a la hora de citar y de ofrecer la muleta. El animal se movió rebrincado y con feo estilo, puede que acusando el escaso castigo que recibió en varas, quizás por los trapazos a los que le sometió a los dos, o seguramente por un poco de todo. Tarde para el olvido la de Jesús Martínez.

Joselito Adame es de esa clase de toreros que coleccionan despojos a montones, pero si días después se le pregunta qué recuerda de la faena a quienes le pidieron la casquería y le jalearon eso de biiiiiiieeeeeeeeeenjjjjjjjj durante sus faenas, pone cara de póker. Hoy, podía haber sumado otra a la colección si no llega a ser porque en la presidencia reinaba la seriedad. Fue en su primer toro, segundo de la tarde, que derrochó dulzura y carencia de malas ideas mientras el matador lo pasaba con la muleta a medio kilómetro de distancia, presumiblemente para que no se le manchara el elegantísimo terno que calzaba. Eso sí, poniendo unas poses muy bonitas y elegantes. Pegapases, sí, pero con musho jarte, quede reflejado en acta. Pasaportó al bicho de un bajonazo muy elegante, que no fue impedimento para que asomaran pañuelos que, sumados a las ya clásicas triquiñuelas de los mulilleros para llevarse el aguinaldo, no fueron suficientes para que se llevara una oreja de verbena. Dio una vuelta al ruedo que fue mucho más protestada que aplaudida.
Ante el quinto, animal lo suficientemente nobilísimo para disfrutar, de nuevo el destoreo lineal y despegado de Adame salió a flote, junto con el aburrimiento del personal.

El otrora componente de la terna fue Román que, aunque sólo sea por pundonor y predisposición de comerse el mundo, no dio la misma imagen caótica que sus otros dos compañeros. Pero siempre en el sino de la Tauromaquia 2.0. Siempre Román al hilo, echando al toro fuera en cada muletazo y obviando eso que tanto emociona y tanta verdad le da al toreo como lo es cargar la suerte. Oreja del tercero después de una faena que derrochó tanta actitud y garra como vulgaridad, más las ya clásicas bernadinas que hicieron saltar los uys, pero nada de los oles. Oreja a la que pudo sumarse otra del sexto si no llega a ser por su mal uso de la espada. Faena a este animal, que también tuvo lo suyo, llena de altibajos  y muy a menos, siempre en el marco de esas toscas formas modernistas, contando además con el favor del público que ante todo deseaba aupar al muchacho sobre los hombros del capitalista de turno para irse por la Puerta de Madrid.

No fueron la panacea los de Fuente Ymbro, pero sí dieron un juego más que aceptable para que se toreara en esta tarde. Aunque cada vez nos falte menos para sentenciar "¿qué es eso de torear?".

miércoles, 27 de septiembre de 2017

FERIA DE OTOÑO: DE VUELTA A LA REALIDAD

Después de los festejos de días anteriores donde la presencia del Toro, con su casta, su poder, sus dificultades y sobre todo su gallarda y arrogante presencia sobre el ruedo, en la novillada correspondiente a la Feria de Otoño ha tocado darse de bruces con la realidad que impera en la Fiesta de los toros actual, véase el medio toro bobo, flojo y aborregado. Adiós pues a la casta, a la emoción, a la importancia de la suerte de varas y, con ello, el buen hacer de algunos piqueros; adiós también a las lidias poderosas de unos subalternos. En definitiva, adiós a la Fiesta de verdad. Digámosle "adiós, ha sido un placer" a todo aquello, que han vuelto los pobrecitos animales con la misma casta y fortaleza que un animalista intelecto. Otra vez pobres animales revolcándose por el suelo como croquetas, otra vez la suerte de varas un mero simulacro, otra vez las lidias de alivio y cuidados patológicos con intención de cuidar. Sí, bienvenidos sean de nuevo el tedio y los aficionados que piden la hora deseosos de largarse de semejante espectáculo.

Así ha sido la infame novillada de El Ventorrillo que se ha lidiado en el festejo correspondiente a la Feria de Otoño madrileña, y sobre la que está todo dicho. Un asco de encierro, decían muchos a la salida de la plaza, echando mucho en falta lo de días precedentes en los que el Toro de verdad sí estuvo presente. Y es que, aunque sea repetirse, SIN TORO NADA TIENE IMPORTANCIA.

Tal lote de seis adefesios fue despachado a estoque por tres de lo que se llama "nuevos valores del toreo", y que la verdad si estos son quienes en un futuro no muy lejano serán el pilar fundamental del toreo, un servidor se pira de aquí a explorar el centro de la Tierra. Ellos, Jesus Enrique Colombo, Leo Valadez y Carlos Ochoa han hecho gala durante toda la tarde de una vulgaridad y un pegapasismo que los deja como discípulos muy adelantados de esos que andan por ahí con las paparruchas de que se torea mejor que nunca y tal. Y oiga, que igual se harán ricos con la gracia y se hartarán a torear por ahí y a ser famosetes (que no es poco, no es poco...), pero, a fin de cuentas, uno se deja sus cuartos en esto para ver TOREAR de verdad y ver lidiarse un TORO de verdad, no para que otros se hinchen a ganar millonadas a costa de la dichosa gracia.

Colombo, con su alternativa en Zaragoza vislumbrándose en el horizonte, ha vuelto a dar una imagen de torero bullidor y pudoroso, aseado y desangelado en sus muchas intervenciones capoteras, espectacular y muy aliviado con las banderillas, además de versionar dos formas distintas con la muleta: la de novillero sobrado y frío ante la babosa primera, y la de incapaz pegapases ante el complicado cuarto, animal con cierta exigencia que acudía pronto a los cites y embestía humillado y con recorrido. No se acopló con él el chaval, que se atascó en una faena larga y tan rebosante de trallazos como de falta de poder. Lo mejor de sí, que es su buen uso de la espada, tampoco terminó de asomar en esta tarde, con una estocada de buena ejecución al primero pero cayendo trasera, y otra al cuarto perdiendo el engaño.

Leo Valadez, que también tiene su alternativa próxima en Zaragoza, un servidor le recuerda mayormente por ser aquel quien en un día no muy lejano se atrevió a cuestionar, alcachofa a dos centímetros del morro, la afición de aquellos que consideran de más orejas precedidas de bajonazos (bajonazos así casi tan infames como los dos de esta tarde, sin ir más lejos). Y mucho tememos algunos que será por lo único que le recordaremos dentro de un tiempecito. Novillero al uso por tedioso, pesado y muy vulgar ante dos novillos que no fueron ni mucho menos la panacea, pero ante los que, al menos, se podía haber estado un poquito decoroso, sobre todo con la espada. Suerte en su próxima alternativa, la necesitará.

A los dos alumnos aventajados del tema ese que hacen llamar mejor toreo de la Historia, se sumó en esta tarde un novel aspirante a entrar en la cunvre de la Tauromaquia 2.0: Carlos Ochoa, quien hizo el paseíllo montera en mano, y que mandará en esto sin ninguna duda, así como mandan The Maestros de quien seguro habrá copiado esas formas tan perfileras, fueracachistas, hacia fuera todo y lo suficientemente retorcidas y toscas como para hacer sangrar por los ojos a quienes lo contemplan. Todo eso fue su mejor carta de presentación en esta tarde, dejando claro que él admira por encima de todo a los ases de la Tauromaquia 2.0. Un novillo, el tercero, que muy poco o nada tenía dentro, y con el que estuvo ahí delante una eternidad haciendo gala de un estilo con el que el mismísimo Joselito el Gallo de Velilla, el señor don Julián como le hacen llamar sus adeptos, llegaría a llorar de emoción. Tres cuartas de lo mismo con el que cerró plaza, el cual ofreció algunas arrancadas empalagosas las cuales pasó por ambas manos a su forma, aburriéndose de él hasta el novillo, que si le hubieran enseñado a hablar también le hubiera pedido la hora.

En pocas palabras sobre la actuación de los novilleros, baste con decir que los tres acabaron con el vestido de torear tan impoluto como cuando se lo enfundaron antes de salir a la plaza, lo que dice mucho sobre lo que dieron en esta tarde los tres.
Y aunque suene a lo de siempre, pena de otros chavales con tantos argumentos, o más incluso, que los de esta tarde, y que se han quedado en casita. Ya se sabe cómo funciona esto.

Mañana, más.

lunes, 25 de septiembre de 2017

DESAFÍO JOSÉ ESCOLAR vs ANA ROMERO: TOROS 6 - TOREROS 0

"El encaste minoritario, es minoritario porque no embiste", soltó por la boca no muchas lunas atrás cierto personajillo del taurineo, empedernido fumador de puros (qué le echará a los puros, madre del amor hermoso y divino). Claro que, vistos los tres desafíos ganaderos que a lo largo de este mes de septiembre la gente de Plaza 1 ha tenido a bien de agasajarnos, podría decirse que quizás el ganaduros de turno tuvo razón aquel día. Y no soy muy de darle la razón a ciertos personajillos de este Mundo, pero las cosas claras y el chocolate oscuro. Minoritario, o mejor dicho, MARGINADOS, porque no embisten. Estamos de acuerdo. Pero le faltó sentenciar que "no embisten como la gente de la cunvre del escalafón quisiera para hacer la monserga esa suya llamada torear como nunca antes se ha toreado." De nada señor Ruiz.

En el tercer y último desafío ganadero, todo aquello se ha demostrado, aún más si cabe. Y ahí está el resultado: 6 puntazos para los de cuatro patas, y un cerapio la mar de hermoso para los tres señores del chispeante bordado en oro, discípulos adelantados de eso del mejor toreo de la Historia, o como quiera que lo llamen por ahí. Embestir, se puede decir que han embestido los seis, pero nada de borreguez y tontuna antibovina de esa para disfrutar una barbaridad, no señor. Porque hoy, otra vez, ha habido casta, y ya se sabe que la casta trae dificultades, problemas que solventar, peligro cuando no se hacen bien las cosas y, en definitiva, necesidad de lidiadores capacitados para dejar atrás las faenas pegapasistas tan de moda a día de hoy. No como los tres mozalbetes de hoy, que venían ya con la idea de preconcebida de torear como nunca se ha toreado. Y así, el resultado final del festejo ha sido claramente de seis a cero a favor de los toros. Lo obvio, si lo que se busca ante toros encastados es el toreo moderno consistente en faenas larguísimas, trapazos, cites en la oreja, y todas esas cosas que los borregos artistas tragan como si nada. 

Los toros, tres del señor José Escolar y otros tantos de la señora Ana Romero, apenas se han empleado con bravura y poder en varas. Tan solo en quinto, de Escolar, ha cumplido en las dos varas que ha tomado, aunque una vez puesto en suerte por tercera vez no ha querido ir. Sí se emplearon, de diversa forma los seis, en el último tercio. Abrió plaza un animal nobilísimo al cual le faltó un punto de chispa para terminar de emocionar, y ante el cual Iván Vicente estuvo un rato larguito dando muchos pases de nula calidad y menor enjudia aún. El segundo, uno de los toros de la tarde, ya en banderillas dejó entrever que iba a ser de lío. Y lo fue, vaya si lo fue. Muy noble, con casta y prontitud, así como embestida con el morro acariciando el albero, dejó a Luis Bolívar en paños menores, no siendo capaz este de templar y mandar sobre la embestida del animalito en ningún momento.
A la casta del manso tercero le vino de perlas la infame lidia a la que le sometió la cuadrilla de Alberto Aguilar. Miles de capotazos de cualquier manera, un desorden clamoroso durante la lidia y dos puyazos fortísimos en mal sitio fue en lo que consistió tal labor, llegando el toro al último tercio con más dificultades aún de lo que su casta ya ofrecía de por sí. Alberto Aguilar, descompuesto y con pocas ganas de hacer las cosas bien, basó su faena en trallazos a media altura y todo ello en los medios, cuando el animal sólo quería de tercio para dentro. Fue en esos terrenos donde el animal ofreció arrancadas en las que hizo surcos en la arena con el morro y embistió con carbón, mostrando así que fue un toro que mereció mucho más. A la hora de matar, se atascó aún más Alberto, y si no regresó el toro vivo al corral fue por la excesiva benevolencia de la presidencia. La bronca fue de órdago.
El cuarto, que hizo alarde de unas feas hechuras que en muy poco recordaban al tipo buendía, también tuvo lo suyo. Iván Vicente ante tal ejemplar ni quiso ni pudo. Mucho mejor se le dio eso de encararse con un aficionado que le reprochó su pésima colocación toda la tarde, cosa que desató algunas palmas y también unos cuantos pitos en señal de acuerdo total con la voz anónima.
El quinto fue otrora animal destacado de la tarde. Y también, el más completo, pues además de sacar casta y magníficas embestidas, fue el único que cumplió en el tercio de varas. Cumplió sin más, pero cumplió. Luis Bolívar salió más espoleado que en su anterior turno y consiguió gustarse en algunos muletazos sueltos, pero todo en la línea moderna de toreo lineal, pico y pierna retrasada. Aplaudida por momentos la faena, pero siempre muy por debajo del animal, fue rematada de estocada entera desprendida que hizo asomar los pañuelos, pero la presidencia esta vez puso las cosas en su sitio y negó lo que hubiera sido otro despojo de verbena. Dio Luis Bolívar una vuelta al ruedo por su cuenta que también le fue muy recriminada.
El de Ana Romero que cerró plaza ofreció una emnbestida suavona y noble, la cual, de igual manera, hizo sucumbir a un Alberto Aguilar que volvió a tomarse las debidas precauciones, siempre mal colocado, trallazos hacia fuera y metiendo el pico con enorme descaro. Está este torero en quien no hace mucho confiábamos plenamente como mero rellena-carteles para aquellas ganaderías que nadie quiere ver. Una pena.

Ovación unánime y merecida se llevó el picador Ismael Alcón, de la cuadrilla de Luis Bolívar, en su turno correspondiente ante el segundo de la tarde. Se le fueron dos dedos traseros los puyazos, pero esa forma de mover el caballo y hacer la suerte fue una lección para la inmensa mayoría de picadores de hoy. Todo un espectáculo. También Félix Majadas le pegó un gran puyazo al quinto e hizo la suerte con suma corrección; y Fernando Sánchez dejó un gran par de banderillas al segundo. Los demás atributos, para los de cuatro patas, que en esta tarde volvieron a ganárselos. Otra vez, aunque este tipo de encastes no embistan según las modas que imperan en la actualidad.


lunes, 18 de septiembre de 2017

DESAFÍO PALHA vs HOYO DE LA GITANA: LA EMOCIÓN DE LA BRAVURA

Sin Toro no hay nada, dicen los viejos aficionados. Y tienen mucha razón, porque el Toro es fuente y sustento de la emoción, y sin emoción ¿que sería de esto? Cada toro es un mundo, y eso le imprime más interés a esto de la Tautomaquia (excepto aquellos ideados para lo del se torea mejor que nunca, o como se llame la parafernalia esa, que esos están todos cortados por el mismo patrón de borreguez).

Pero pongamos que se habla de un toro cualquiera marcado a fuego con un hierro cualquiera, lidiado una tarde cualquiera en una tarde cualquiera. Un toro cuya alzada acojona, con perdón, a todo aquel que lo admira desde el tendido, y más aún al que se pone delante; y cuyo nombre recuerda a una reata clásica de una de las ganaderías más bravas de la actualidad. De este toro se diría que entró tres veces al caballo, bien puesto en suerte y de forma variada por su matador, y que su pelea en las tres varas que tomó fue, sencillamente, de bravo, llegando incluso a derribar el piquero en el primer encuentro y encelándose ferozmente con el jaco una vez derribado. No quedó atrás su pelea en el último tercio, pues el animal acudía a cada cite con prontitud, humillando y repitiendo en cada tanda con gran nobleza y no menos casta, la casta de un toro que fue bravo. El toro cualquiera que fue bravo se llamó Asustado, herrado con el número 656 en el costillar y el hierro de Palha en el anca, y fue lidiado por Noé Gómez del Pilar en la tarde de ayer domingo en el transcurso del desafío ganadero entre la mencionada ganadería y Hoyo de la Gitana. Bien estuvo el matador y la cuadrilla durante toda la lidia de este tercero. Bien el picador "Patilla" montando a caballo y haciendo la suerte con corrección y vistosidad, aunque yéndosele los puyazos un tanto traseros. Sublime el peón Iván Aguilera con el capote. Y, por supuesto, enorme el quehacer lidiador del matador, siempre preocupado de direccionar adecuadamente la lidia, de colocar al toro en suerte y de estar bien colocado en la plaza, de darle al toro sus pausas entre serie y serie de muletazos, y de darle sitio. No terminó, sin embargo, de acoplarse a las buenas embestidas del toro una vez tuvo la franela en la mano. Templado, despacioso y haciendo buen uso de las distancias y los tiempos, pero fuera de cacho y descargando la suerte siempre, sólo fue capaz de dar dos naturales sueltos de muy buen trazo que, si se hubieran convertido en unos cuantos más, ahora mismo se estaría hablando de algo muchísimo más gordo. Mató bien al toro y le fue pedida la oreja, la cual, de haber sido concedida, no hubiera estado para nada de más.

Del resto de la corrida pocas cosas de gran interés sí podrían reseñarse. Los otros dos toros de Palha, primero y quinto, fueron dos toros que mansearon lo suyo y que dieron un juego dispar en la muleta. El primero, no muy sobrado de fuerzas, se movió con poca gracia y la cara a media altura, y al cual Rubén Pinar le pegó pases con la misma poca gracia que la que derrochaba el toro. El quinto, tan bien presentado como sus dos hermanos, tuvo muy buen son en los primeros compases de la faena, hasta que Javier Cortés, más preocupado toda la tarde del encimismo que de torear bien, acortó las distancias exageradamente y lo ahogó.

Por su parte, los tres de Hoyo de la Gitana no salieron ni muchísimo menos como se esperaba. Al menos, a ojos de un servidor. Mucha romana y hechuras que recordaban más bien poco al tipo de los míticos toros del gran Graciliano Pérez-Tabernero, sangre a juzgar por lo que dicen los libros mayoritaria en esta ganadería, su juego no dio ni mucho menos la talla. El segundo, que fue picado de forma más que censurable por el picador Pedro Muñoz (uno de tantos a los que les regalan el carnet de picador en las tapas de los yogures de Danone) cumplió sin más en el caballo, y al cual nos hubiera encantado ver por tercera vez entrar al peto, pero no hubo tal amabilidad. Javier Cortés, encimista y sin dar sitio al toro, lo que cabreó a parte del personal, pues a muchos dio la impresión de que tal cosa tapó la condición del animal.
El cuarto también cumplió en los dos encuentros con el caballo, arrancándose incluso con alegría desde lejos en la segunda vara y empujando con brío, y de nuevo, se nos privó de una tercera vara sin entender muy bien por qué. Muy poco fondo, reservon y brusco, Pinar no se dio demasiada coba ante tal ejemplar.
Cerró plaza un animal al que ya le costó un mundo acudir al caballo en el segundo encuentro, y aun así se intentó llevarlo por tercera vez, desistiéndose de ello al ver qué el toro no quería caballo. Enorme de nuevo el picador, José Francisco Agudo montando a caballo y haciendo la suerte. Noble fue y poca casta sacó, estando ante él Gómez del Pilar muy fuera de sitio y con mucha desgana por hacer el toreo de verdad.

Se llevó el segundo desafío de ganaderías el hierro del señor Folque gracias a ese gran Asustado, pero también gracias a Gómez del Pilar, su banderillero y su picador, que hicieron posible que el verdadero potencial del toro reluciera en el ruedo.
Por su parte, Rubén Pinar pasó de puntillas en esta tarde; mientras que Javier Cortés, aquel chavalín rubito que deslumbró como novillero, demostró seis años después de su última comparecencia en esta plaza que es un torero que tiene dentro un gran concepto y puede mandar en esto convenciendo al aficionado más exigente, pero solo si se preocupa más de dar a cada toro las distancias que requieren que de subirse encima de estos.





domingo, 10 de septiembre de 2017

DESAFÍO SALTILLO-JUAN LUIS FRAILE: VENCIÓ EL INTERÉS

Ni el hierro de Saltillo, ni el de Juan Luis Fraile. Quien verdaderamente se llevó el gato al agua en este primer desafío ganadero fue el interés. Sí, el interés. El interés que trae de la mano la sola presencia del Toro en el ruedo, entendiéndose por Toro ese conglomerado de trapío, dureza de patas, poder y fiereza. En una sola palabra, CASTA, la que tan poquito vemos, por obra y gracia de esa paja mental hecha por los taurinos del siglo XXI y a la cual llaman mejor toreo de la Historia, el cual necesita del medio borrego bobo, diminuto y desmochado para ser llevado a cabo. Gracias a los cielos, aún quedan ganaderos en la actualidad que no se dejan llevar por las parafernalia modernas que tanto daño hacen a esta bendición que es la Tauromaquia, y creen en la casta. Y dos de esos ganaderos son precisamente los dos señores que han lidiado hoy seis toros, tres y tres, en Madrid, en esa otra bendición que es la Plaza de Toros de Las Ventas: Don Joaquín Moreno Silva y los señores herederos de don Juan Luis Fraile, Juan Luis y Carolina. Sus toros, con sus cosas buenas y también, faltaría más, sus defectos, han dado esta tarde interés y, por ende, han hecho del aburrimiento, tan presente otros días, en un mero ausente. Así sí se defiende esto.

Tres de Saltillo, primero, tercero y quinto, de desigual presentación, siendo el primero un animal de pavorosa fachada, y tercero y quinto con menos caja y remate, pero también aceptables. El primero, que en el recibo capotero de Octavio Chacón se permitió el lujo de hacer el avión en varias ocasiones, huyó del caballo como buen manso que fue las tres veces que se le colocó en suerte. El animal tuvo alegría y afán de embestir durante toda la lidia, pero los de luces no terminaron de estar acertados ahí delante. Jarocho, quien se ocupó de la brega, nunca lo llevó por abajo y eso provocaron tornillazos y embestidas a la defensiva. Ya en el último tercio, se vio claramente que el animal pedía las tablas, pero Chacón se empeñó en plantear la faena en los medios, donde siempre lo llevó a media altura con trapazos sin ponerse en el sitio en ninguno de ellos. ¿Y si hubiera sido todo en tablas y llevando al animal sometido por abajo? Nos quedaremos con esa duda por los restos.
El tercero desconcertó a media humanidad durante el primer tercio: cuatro picotazos, repartidos malamente por la paletilla, la mitad del lomo y el número en un pésimo quehacer de ambos picadores (a quien guardaba puerta le fue a parar el animal en el cuarto puyazo), de los que salió cantando la gallina y coceando en todos y cada uno de ellos . Pero ¡ay!, cuando se le puso por quinta vez en suerte... Pelea de bravo en esta ocasión, empujando abajo como un avión despegando y con el rabo mirando al cielo. ¿Qué explicación cabe ante algo así? La única que a un servidor se le ocurre, es que la colocación de la puya quizás pueda tener que ver en algunas ocasiones con el comportamiento del toro en el caballo. Cuatro picotazos en mal sitio, el toro sale despavorido, mientras que en la quinta entrada, con el palo colocado en todo lo alto, pelea de bravo. Se admite debate.
Gran toro fue este en el último tercio, noble y con mucha casta y, por lo cual, para romperse a torear en una veintena de muletazos y darse poca coba más. Así lo entendió José Carlos Venegas, que empezó doblándose con torería y sobriedad, para luego dar dos series con la diestra templadas y tirando del animal, pero despegado, perfilero y descargando la suerte con descaro, siendo muy jaleado por ello. Con la zocata no terminó de acoplarse el torero, y cuando quiso volver a la diestra, ya no quedaba toro. Estocada atravesada y orejita para José Carlos Venegas.
El quinto empujó en el caballo con un sólo pitón en el primer encuentro, peleando mejor en la segunda vara. Fue colocado en los medios para recibir un tercer puyazo, pero la Presidencia se apresuró a sacar el pañuelo demasiado rápido y nos quedamos con las ganas de verlo. Toro también de escándalo en la muleta, para hartarse a torear y salir en esta tarde de figura del toreo pero Pérez Mota, simple y llanamente, muy mal.

Por su parte, los descendientes de aquellos a los que un día llamaron los "miuras de Salamanca" (qué piropazo), lucieron presencia de toros antiguos, casi parecía que habían sido sacados de aquellas estampas de La Lidia. Largos, con buenas defensas y finos, sin exageraciones pero tampoco luciendo como raspas, a un servidor se le hicieron los ojos chiribitas presenciando aquellas hechuras que recordaban, efectivamente, a sus remotos antepasados. No fue tampoco tontería lo que llevaban dentro los de Juan Luis Fraile, no. El segundo fue picado de forma muy pésima por Francisco Vallejo, quien se llevó una tremenda bronca, en tres encuentros en los que el animal no terminó de pelear como un bravo. Fue pronto y noble en la muleta, un toro apto para una mano poderosa que tirara de él y le pusiera esa pizquita más de chispa que le faltaba. Pérez Mota bien, gracias.
El cuarto fue el toro que mejor y más completa pelea en varas hizo de toda la corrida, recibiendo un buen puyazo de Juan Melgar, el segundo, pero siendo la primera caída. Muy por dejabo de nuevo Octavio Chacón ante tan importante toro, encastado y noble, y al que no llegó nunca por abajo y templado.
Por último, el sexto recibió dos fuertes marronazos en la paletilla, y acabó, como no podía ser de otra manera, lisiadico perdido a causa de tan pésimo tercio de picas, pero la casta del animal pudo más y llegó al último tercio ofreciendo opciones a un Venegas que lo trapaceó de fea forma, sin llegar a someterlo ni poder con él.

Sobre los toreros está prácticamente todo dicho: de Octavio Chacón se pueden hacer dos lecturas: la del director de lidia siempre atento a los quites, a estar siempre bien colocado, a tener afán de poner en suerte a los toros, y todas esas cosas tan necesarias y a la vez, desgraciadamente, perdidas hoy en día; y la del torero vulgar a quien a quien se le fueron dos importantes animales sin torear.
Pérez Mota, de nuevo, bien, gracias. Así a lo tonto, ¿cuántos toros se le han ido en Madrid a este pobre hombre? Yo ya perdí la cuenta. Mal, mal, mal...
Y sobre Venegas, que despojos aparte, tampoco pudo con sus oponentes.
La ovación unánime de la tarde fue, una vez más, para el gran Ángel Otero por sus pares de banderillas al segundo. Nunca defrauda.

domingo, 3 de septiembre de 2017

DOMINGO VENTEÑO: SANTACOLOMAS MUY DESCAFEINADOS

¿Qué contar sobre un festejo en el que la falta de casta y de buenas maneras por parte de los de luces fueron la nota predominante? Quizás, que todo se puede resumir en una palabra que se presume ideal para tal situación: aburrimiento. Mucho aburrimiento a causa de seis novillos de San Martín cuya sangre santacolomeña aparecerá solamente en lo que pone en los libros de los ganaderos, visto lo visto. Así, novillos que no se emplearon en el jaco, sosos y descastados, algunos con esa nobleza lo suficientemente empalagosa como para esa parafernalia tan de moda como lo es disfrutar una barbaridad.

Ante tales adefesios se las vieron Diego Fernández (con una novillada en su haber la temporada pasada), Abel Robles (quien se presentaba en esta plaza y venía con la nada despreciable cifra de ¡¡dos!! actuaciones en 2016), y Diego Carretero. Tres novilleros tres que hicieron más bien poco para que se esfumara el dichoso aburriento, ovaciones y peticiones a orejas por parte del paisanaje acérrimo aparte. Diego Fernández sacó algunos naturales muy pintureros al que abrió plaza que llegaron poco a los tendidos, dada la sosa y floja condición del tetrapléjico bicho. El cuarto fue uno de esos hechos para disfrutar, y seguramente el chaval disfrutaría ante el animal dando pases despegadísimos, hacia fuera y, eso sí, templados. Birrioso fue el uso de la espada.

Abel Robles, ante dos animalitos también para eso de disfrutar, mal. Verde, muy verde, cosa que no es de extrañar dado el nulo rodaje del que dispone. Pero bien es verdad que se puede estar verde de dos maneras: una, dejando entrever un estilo elegante y de toreo clásico; y otro, dejando entrever un estilo 2.0 de pico, trallazos hacia fuera, cites en la oreja y piernecita bien escondidita.  En el caso que ocupa, podría decirse que más bien fue de lo segundo. 

Diego Carretero se las vio en tercer lugar con un buey de carreta ante el cual estuvo mucho rato y sacó muy pocas cosas en claro. El sexto, una babosilla que embestía andando y sin hacer extraños, le sirvió para acompañar con el trapo, se presupone que también con la cosa del disfrute y el a gusto, esa embestida tan dulce como carente de emoción. Nada nuevo bajo el sol. 

Ni novillos, ni novilleros, ni un par de banderillas, ni un capotazo, ni una vara, ni nada. Eso sí, feísimo el gesto hacia la afición del picador Carlos Écija tras (mal) picar al quinto, tras serle recriminada su lamentable actuación consistente en dos varas caídas. Después de esto, la reflexión que se le queda a uno es que si tuvieran el mismo garbo para hacer las cosas bien que para ponerse gallitos con el que paga, la palabra aburrimiento apenas existiría en los toros. Un asco.


lunes, 14 de agosto de 2017

SI ES POR ESO, AUR REVOIR, MORANTE

Que sí, que es verdad. Que se va, ha dicho que se va y punto. Así, de sopetón y casi sin vaselina. Se va, se retira por tiempo indefinido, y las razones que ofrece son delirantes, o como se dice en el argot de la calle, para mear y no echar ni gota.
Sí, se retira Morante de la Puebla. Y él mismo dice que es porque "el toro de hoy es tan grande que va contra el toreo de arte". Ahí, con un par. Pero señor Morante, ¿no lo dirá usted por los mojones con los que se planta allá donde torea, no? ¿O acaso es que lo que usted quiere es que se los echen mucho más pequeños? ¿Más aún, señor Morante? ¿Qué quiere torear usted entonces, becerros sin destetar? Mire usted, don José Antonio, le voy a ser claro en cuanto a lo que pienso: es usted un mediocre. Un enorme mediocre, cosa que no está reñida con ser un buen torero y torear con el capote como nadie lo hace en la actualidad. Sí, usted es un mediocre porque no es capaz de reconocer la gran incapacidad que lleva arrastrando por los ruedos durante los últimos años. Que si el toro es muy grande y por eso no le embiste, que si la cuesta no le deja estar a gusto, que si cierta parte del público, que si los presidentes, que si el aire, que si la lluvia, que si ahora hace calor, que luego hace frío, que si el puro se le ha ido por otro lado, que si... ¿Alguna vez va a reconocer algo mal hecho por usted? ¿Alguna vez hará autocrítica, señor Morante, con lo sano que es? ¿Está usted tan harto como de veras ha manifestado, señor Morante? ¿Quiere usted que le hable de estar harto? Bien, pues hablemos.

Estar harto de que un tío, bueno de acuerdo, varios tíos entre los que usted obviamente se encuentra, no sean capaces de salirse de las cuatro o cinco factorías de su gusto, factorías que por cierto apuestan más por la borreguez y la tontuna que por la casta y la verdadera bravura del Toro; y no contentos con ello, despotriquen contra aquellas ganaderías que se salen de su gusto como si de la última mierda, con perdón, se trataran.
Estar harto, señor Morante, de las excusas baratas de un mediocre de su talla (sí, mediocre) cuando, simplemente, no es capaz de estar a la altura cada vez que se viste de torero. Ah, pero ¿no es de aunténtico majadero todos los caprichitos que a usted se le antojan con la pendiente del ruedo, con la cosa de regar el ruedo, con sus imposiciones en los corrales y en los carteles; más aún cuando no es capaz después de todo esto de dar un mísero muletazo? Digamelo entonces, oiga.
Harto, señor Morante, de sus desplantes a la gente que paga por verle a usted torear cuando no le bailan el agua. Y lo que es mucho más grave, a los presidentes. O sea, a la máxima autoridad en una corrida de toros.
Harto, señor Morante, de las guarrerías de corridas que usted y sus compadres las figuras imponen allá donde son contratados, corridas chicas (aunque usted ahora las vea grandes), en muchos casos afeitadas y, por lo general, descastadas y aborregadas.
Harto, señor Morante, de un guiñapo que lo mismo descabella metido en el burladero, que entra de nuevo a matar con otra espada ya metida hasta los gavilanes. Y, para colmo, los que le aplauden hasta con las orejas lo venden como una genialidad.
Demasiado hartos, señor Morante, y no nos vamos. Aunque haya veces nos den ganas, pero mucho más fuerte que todo eso es el cariño y apego que se le tiene a esto de los toros. Por eso seguimos defendiendo esto de gentuza como usted, ¿sabe? Porque con todo esto, se lo digo por si acaso lo desconoce, hace usted muchísimo daño. Que no todo en los toros es dar cinco verónicas sublimes.

Dice usted también, estimado señor Morante, acordarse de los novilleros, porque "son los que más están padeciendoesta sin razón". ¿Qué sinrazón, señor Morante, qué sinrazón?
¿Ahora se acuerda usted de los novilleros, después de llevar años copando hasta los festejos en plazas de tercera, quitándole así el sitio a las novilladas y, como consecuencia, haciendo que se den menos novilladas y los chavales no tengan dónde curtirse? ¿Pero qué nos está usted contando, por favor? Que no señor Morante, que el problema no es que se lidie un novillo medianamente bien presentado, que el problema es que los chicos no tienen apenas festejos para rodarse, y eso en parte es por culpa de que ustedes van a torear hasta a los pueblos. Deje ya sus majaderías para otro momento, señor Morante, que son cada vez menos creíbles.

¿Por todo esto se va usted? ¿De verdad es por todo esto? Muy bien, señor Morante. Pues váyase, pero váyase de verdad y váyase para no volver nunca, o por lo menos mientras siga usted con sandeces en su cabeza. Que de peores retiradas se ha repuesto la Tauromaquia, y de la suya no será menos.

Adiós, Morante. Gracias por aqulla tarde que nos regaló en Madrid con el capote, o por su faena en Bilbao a Cacareo, o por otras tantas tardes en las que desplegó su incomparable personalidad. Pero no por eso se le puede consentir todo a quien se comporta como un aunténtico mediocre.


martes, 4 de julio de 2017

EL TORO QUE SOÑÓ MANOLETE: RATÓN, DE PINTO BARREIROS

Uno de los más grandes cumpliría hoy, 4 de julio del 2017, 100 años. Tamaña efeméride no puede pasar desapercibida. 


Madrid, 6 de julio de 1944. Corrida de la Prensa. Por tal motivo, en los corrales de Las Ventas aguarda una corrida de don Alipio Pérez-Tabernero Sanchón, la cual ha de ser lidiada y muerta a estoque por Luis Gómez "El Estudiante", Juanito Belmonte y Manuel Rodríguez "Manolete". Casi nada.

Las notas más destacadas de la corrida fueron sendos trofeos conseguidos por "Estudiante" y Manolete en los toros primero y tercero, respectivamente; hasta que llegó el sexto y último turno de la corrida. Saltó al ruedo un toro de don Alipio del que se cuenta que armó un escándalo monumental en el tendido por ser excesivamente feo y terciado, ante lo cual el señor presidente hizo asomar el pañuelo verde. En su lugar salió al ruedo un negro zaíno de nombre Ratón, número 242, del hierro portugués de don José Lacerda Pinto Barreiros. Ante este toro, Manolete no solo obtuvo su triunfo más apoteósico en Madrid, sino que además realizó la que para muchos críticos y aficionados fue la mejor y más completa faena de su carrera, la que retrata más a lo vivo su toreo, como dijo el famoso documentalista taurino Fernando Achúcarro.

Los que habíamos visto torear a Manolete en Barcelona, en Bilbao, en Valencia, en cualquier parte, sabíamos que un día le saldría el toro en Madrid y la capital se inclinaría. Y así ha sido. Tan rotundo, tan total, que no se habla de otra cosa. El fino sentido periodístico ha traído a la primera plana de los diarios esta figura tan tranquila e impasible, que pisa el ruedo como si llevase a sus espaldas cuarenta generaciones de toreros. Este es Manolete, a quien se rinden propios y extraños y que en su arte llega a cimas incalculables. Es hermoso coronar con la juventud el triunfo. Y coronarlo con el riesgo y el peligro, con el heroísmo de la muerte, escurrida entre cascadas de arte y alegría》. Artículo firmado por José Vicente y publicado en El Ruedo el 11 de julio de 1944, sobre aquella faena.

La apoteosis, el no va más, llega con el toro que cierra plaza, y que al salir de chiqueros hace cosas de muy feo estilo. La gente, ante tales maneras, se dispone a cubrir el expediente: se prepara para irse. Total, en un cuarto de hora estará fuera de la plaza, camino de casa. Pero el torero cordobés no es de la misma opinión y piensa otra cosa. Se esfuerza por sujetar al astado; torea a la verónica colosalmente. La primera serie de lances la remata con una media muy templada, le vale la correspondiente ovación. En el turno de quites se repite el éxito. Manolo tiene ganas de pelear; "habrá faena", aseguran los peñistas del 7. Efectivamente, tocan a matar, y el torero toma la muleta y el estoque y se va al centro del ruedo para brindar a los aficionados. Desde lejos, cita al toro y le administra un ayudado por algo que pone a la plaza en pie. Otra ovación. Luego se lleva el trapo rojo a la zurda y torea al natural. La serie resulta espectacular y redonda, pues el torero de Córdoba no se ha movido del sitio donde ha ejecutado el primer pase. Cuando le da el de pecho al final, el ruedo se cubre de sombreros. Ya hay incluso quien, adelantándose a los acontecimientos, pide, nervioso, la oreja. Manolete continúa con su magistral lección. Es todo un curso sobre aunténtico toreo. Entre palmas y vítores, Manolo hace pasar al bicho en otro capítulo de naturales, seguido de derechazos en redondo y de las discutidas manoletinas. Da algunos muletazos "mirando al tendido", que desatan la locura del público. En una breve pausa, los espectadores, en pie, le aclaman y solicitan para el espada los trofeos de rigor. Al fin, el torero de Córdoba monta el estoque y ejecuta la suerte suprema maravillosamente. No cae el toro y, cuando se dispone a descabellarlo, la gente, temiendo que no acierte a la primera y se produzca el desencanto, le pide que lo deje. Pero Manolete cumple con su deber. Al primer intento se derrumba el bicho, y se desencadena el entusiasta carrusel de aclamaciones. Con las dos orejas del vencido animal en la mano, recorre el torero el redondel, y por la Puerta Grande sale en hombros de los entusiastas》.
Francisco Narbona, en su obra "Manolete".


DE CENTELLA A RATÓN
Don José Lacerda, criador del toro con el que el Monstruo de Córdoba se encumbró en Madrid, contó una curiosa anécdota sobre el toro en cuestión. Resultó ser que el animal se llamó desde un primer momento Centella. El caso es que fue adquirido por la empresa de Madrid como novillo, haciendo de sobrero en algunas corridas durante algún tiempo, sin conseguirse que fuera lidiado. Centella se hizo amo y señor de los corrales de Las Ventas durante todo ese período de tiempo, llegando incluso a comerse el pienso destinado para los otros toros. Por tal motivo, el mayoral de la plaza comenzó a apodar al bicho Ratón, sobrenombre con el que pasó a figurar, de la mano del IV Califa del Toreo, en las páginas doradas de la Tauromaquia aquel histórico 6 de julio de 1944 en Las Ventas.




domingo, 18 de junio de 2017

A TI, IVÁN

No sabes lo que me está costando ponerme a escribirte unas líneas, Iván. Otra vez, otra vez en menos de un año, el mundo de los toros tiene que decir adiós a uno de los suyos porque un toro se ha llevado por delante su vida. Qué duro, Iván, qué duro se nos hace. Otra noche complicada, con la cabeza en otro lado y costando un mundo pegar ojo. No nos lo creemos, Iván. ¿Por qué?

Iván, qué duro fue lo de la tarde-noche de ayer. Salíamos de Las Ventas, tu plaza, la plaza donde has dado grandes tardes y la que tantas veces se te entregó. Salíamos satisfechos porque un compañero tuyo, joven y empezando en esto, nos había hecho lo mismo que tú en varias ocasiones y en este mismo sitio: ponernos en pie y hacer que nos rompiéramos las manos aplaudiendo. Quién nos iba a decir en ese momento lo que nos aguardaba al salir. Y sin embargo, ahí fuera nos estaba esperando la fatal noticia.

No me lo creía, Iván. De verdad que no me entraba en la cabeza que tú hubieras caído en las astas de un toro. Durante algunos minutos me volví loco con el móvil, fisgando en Internet y preguntando a todos los aficionados de que conozco, buscando desesperadamente una contestación que me confirmara que solo era una equivocación y que la cornada, aun siendo fuerte, no era mortal. Pero no fue así, Iván. Otra vez había que enfrentarse a la cruda verdad del toreo, que aquí se muere de verdad. No hay consuelo, Iván. Por mucho que intentemos consolarnos con que esto forma parte de la grandeza de la Fiesta, es imposible.

Ahora, todo son recuerdos. El primero, aquella tarde, hace ya muchos años, en la que coincidí contigo en mi pueblo porque toreabas a 5 kilómetros, y te vestías aquí. Le pregunté a tu mozo de espadas que qué tal se te dio la tarde, y me contestó que bien, que habías cortado dos orejas. Se paró un momento y, con toda la amabilidad del mundo, sacó una foto tuya del bolso que llevaba y me la dio, diciéndome: "Se está duchando y no tardará en bajar. Espérale si quieres y te la firmará". Y así fue, Iván. Bajaste sonriendo, me saludaste con gran afabilidad y me firmaste esa foto, la cual llevo guardándola desde entonces con muchísimo cariño. Te pregunté, lo recuerdo perfectamente, que cuándo vendrías a torear a Madrid (todavía no habías ni confirmado la alternativa) y me contestaste con firme rotundidad que a la temporada siguiente. Y así fue, meses después confirmaste la alternativa, y ahí empezó tu idilio con Madrid. Vaya tarde la tuya el día de tu confirmación, si hasta te ganaste una sustitución días después en la corrida de Victorino Martín, creo recordar. Sí, a partir de ahí es cuando empiezo a recordar que empezó todo, Iván.

Tú fuiste quien se encontró en su camino a aquel mítico cuadri llamado Podador, y vaya cómo estuviste con él, Iván. Meses después, el mano a mano con David Mora, tarde cargada de emociones fuertes que nunca se olvidarán. O la faena a aquel Grosella, de Parladé. Y los cojones (con perdón) que le echaste encerrándote con 6 toros en Madrid de ganaderías que muchos no quieren ver ni en pintura. Y no ganaste la apuesta, Iván, pero sí el respeto de los aficionados, que lo valoraron como se mereció. Desde entonces, te costó remontar el vuelo, pero los que te conocen confiaban en ti y en tu raza, y siempre decían que aguardáramos porque Iván Fandiño volvería a poner Madrid boca abajo. Por desgracia, el destino y un toro de Baltasar Ibán llamado Provechito lo han impedido.

Iván, aquí abajo nunca te olvidaremos. Da recuerdos por allí arriba a toda esa gente buena con la que seguro ya estás reunido. Y cuida de tus compañeros, quienes esta tarde te rendirán homenaje de la mejor forma que se le puede rendir a un torero caído: toreando. Que la tierra te sea leve, TORERO.

sábado, 17 de junio de 2017

LA BENEFICENCIA: TORITOS 2.0 EN TARDE CRISPANTE

Qué gran corrida la de Victoriano del Río lidiada en la Extraordinaria de Beneficencia, que tras algunos añetes vuelve a ser Extraordinaria, pero que de Beneficencia, no tuvo (salvo si se tiene en cuenta el beneficio sacado por y para los propios taurinejos, obviamente). Qué seis toritos, ni en el mejor de los sueños uno los hubiera imaginado más apropiados para esa cosa llamada mejor toreo de la Historia. Tan tulliditos y terciaditos ellos, y sin hacer grandes alardes de lo que es un verdadero toro de lidia con trapío y buenas hechuras, no fuera a ser que las lentejas del mediodía se convirtieran en agua casi por arte (jarte en el argot más taurino - cultural) de magia en las mismísimas tripas del Dios supremo del toreo, véase don Julián López Escobar; y del más guapo de cuantos toreros hay en el escalafón. Y como aquí todo es tan trasparente, nunca sabremos a qué se debe tanto camión de toros en los alrededores de Las Ventas durante las últimas 24 horas. Ahhhhhh, cierto, que el Juli andaba por ahí acartelado. Qué cosas, y qué gafe arrastra consigo esa pobre criatura allá donde pisa.

Las seis garrapatas con cuernos tan pésimamente presentadas por Victoriano del Río, como decía, fueron una auténtica delicia. Así como sin fuerzas y haciendo del primer tercio, como manda la costumbre, algo enteramente prescindible; pastueños, sosainas, sin causar molestias a The Maestros para que no sufrieran a la hora de torear como nunca se ha toreado y, en definitiva, descastados y bobalicones. Qué lástima que la talibana y leguaraz afición de Madrid no tenga ni idea de toros y sean tan malos aficionados, que si no hubiéramos vivido un acontecimiento de tal calado histórico como lo hubiera sido escuchar una ovación dedicada a Emilio Muñoz en esta misma plaza.
A los de Victoriano pues se les olvidó en casa la casta y el poder del que hacen gala sus mismos hermanos cuando las figuras del toreo no hacen intrusión en su corrida, y eso se vio condensado en una tarde aburrida y tediosa de inválidos, descaste, toreros pegapases, vulgaridad y hasta algún que otro despojo bochornoso, para que a Julianín el de Velilla se le pasara el mosqueo que se llevó ayer en Toledo cuando no le concedieron otro despojo, cuán niño de cinco años a quien le regalan una piruleta para que deje de llorar. Dicho despojo llegó tras estoquear al cuarto, de una estocada, o mejor dicho, de un julipié caído, tras una faena marca de la casa. ¿Qué esperábamos, que a Julián le diera por colocarse en el sitio, ofrecer la muleta plana, cargar la suerte y todos esos menesteres que nunca le veremos ni aunque se alineen los planetas? Muchos trapazos, colocado con un pie en Manuel Becerra y otro en Avenida de América, metiendo el pico con el descaro que le caracteriza, y todo todito todo hacia fuera. Ni uno rematado atrás. Eso sí, muy templadito
y sabiendo mover el trapo al mismo ritmo que marcaba la pobre babosa que había por ahí, que recordaba al coche de Fernando Alonso. Delirio juligan, que se acentuó cuando el matador acortó distancias hasta dejarse lamer los muslos por el torillo, a quien solamente le faltaba ponerse de rodillas y pedir perdón cuando tocaba la muleta. Ante su primero, un toro sin la más mínima casta, el Juli, pues fue el Juli. Sin más. Nada que no fueran sus latigazos de siempre con todo el pico y pésimamente colocado. Lo dicho, El Juli.

A José María Manzanares tampoco le gustan los toros que derrochan poder, y por ello hizo lo inhumanamente posible por que le mantuvieran en el ruedo al cojo salinero que hacía de segundo, del cual se ha llegado a oír y leer por ahí que "qué impaciente la afición de Madrid, haciendo presión para devolver a un toro que apuntaba grandes cosas". Y es que claro, ¿a quién le importa que el pobre animal estuviera lisiadico perdido y no se tuviera en pie, si ante él se hubiera podido torear muy a gusto? Qué barbaridad....
Se quedó Chemari con las ganas de tal cosa y los cabestros tuvieron que retirar de ahí al lisiado, para dar paso a un sobrero de Domingo Hernández, quien ahora resulta no ser sólo ganadero, sino también ser discípulo adelantado de los zotes enfarlopados esos llamados Chatarra Palace. Dicho ejemplar, así como quien no quiere la cosa, hizo una gran pelea en varas mientras tomaba dos puyazos en toda regla y en honor a los restantes de Victoriano, y posiblemente en el de los de Cuvillo de mañana. Llegó el animal a la muleta con las fuerzas justas y suficientes para aguantar veinte muletazos bien pegados de verdad, que los tenía. No sucedió tal cosa. Manzanares no fue capaz de darle ni uno, pero ni uno en condiciones a este toro, solamente trapazos hacia fuera, a media altura, haciendo así que el animal se defendiera; y desde la periferia naturalmente, no fuera a ser que se le manchara el elegantísimo vestido en el que estaba metido, que la elegancia cuesta un precio elevado conservarla. Más de lo mismo ante el quinto, un pobre animalito tetrapléjico que no era ni mucho menos conveniente bajarle la muleta para que no se derrumbara. Muchos trapazos a media altura, desde fuera y llevando en todo momento al pobre animalito en línea recta. Y el personal, aburrido y cabreado de tantísimo despropósito, le acabó pidiendo la hora al torero.

Talavante, en la última de las cuatro tardes que se ha anunciado en esta feria, cerró cartel con uno de esos días apáticos que de vez en cuando le entran. Al tercero, rajado y siempre al abrigo de las tablas del 10, no lo quiso ni ver. Empieza faena con un estaturario en el cual por poco se ve arrollado, lo que le hace recapacitar y darle dos ayudados por bajo para posteriormente comenzar, así de buenas a primeras, sin someter al toro ni poderlo antes de nada, toreando sobre la mano zocata, o mejor dicho, trapaceando mientras se quedaba en la oreja y se echaba al toro fuera, a la par que el toro, viéndose en los terrenos de tablas, repetía. Se lo sacó el matador a los medios,  y allí nasti, que el animal no quería nada. Y otra vez se fue Talavante a las tablas, donde no le puso demasiado empeño en sujetarlo y robarle algunos muletazos. Lo siguiente fue espantarle las moscas con poco decoro y hacer un quiero y no puedo absurdo que para algunos pocos no coló, quitándose del medio rápido al marrajo. El sexto, también inválido y descastado, ofreció pocas opciones de triunfo, mostrándose Talavante apático y a disgusto, trapaceando vulgarmente y sin convicción alguna al animalito.




lunes, 12 de junio de 2017

TRIGÉSIMO SEGUNDA Y ÚLTIMA DE FERIA: PETARDO DE MIURA COMO COLOFÓN

Mala, malísima. De las peores que se han lidiado en todo San Isidro, y ya era difícil realizar una "gesta" de tal magnitud. Y cuando encima se trata de una ganadería como Miura, de quien se espera mucho, duele el triple. Pero así las cosas, la corrida de Miura que ha clausurado esta birriosa feria de 2017 ha resultado ser un enorme petardo. Petardo por presentación, pues ninguno lució unas hechuras mínimamente dignas de lucirse en el alberto de Las Ventas.
Petardo por el juego ofrecido: seis borregos completamente inválidos, de los cuales dos volvieron por donde habían salido para ser apuntillados en la oscuridad del mueco, cuan vulgar ternera de carne. Y si los otros cuatro hubieran seguido el mismo camino, nadie hubiese puesto ninguna pega.
Y petardo el que tiró jocosamente, como manda la tradición en estos casos, el famoso Tendido 7 durante la lidia del sexto, y que resumía a la perfección el devenir de la última tarde de abono.

Con estos mimbres aguardando entre las sombras de los chiqueros venteños, trenzaron el paseíllo Rafaelillo, Dávila Miura y Rubén Pinar, y de quienes pueden sacarse conclusiones de lo más variopintas.
De Rafaelillo, que en la tarde de hoy se le vio un poquito más centrado que hace pocos días en esta misma plaza. Al primer inválido hecho novillo le trapaceó con cierta vulgaridad y sin apreturas por el lado derecho, así como que por el izquierdo tuvo grandes intenciones de realizar un conato de toreo, lo cual quedó en la nada a causa del nulo "oponente" que había delante. Al cuarto, también inválido hecho novillo, le pegó muchos pases sin pena ni gloria, hasta que en una de esas el animal se le coló y le propinó un golpe seco en el muslo, por el que tuvo que entrar a la enfermería al finalizar su labor. Después del golpe, trapazos con la mano derecha en uno en uno sin ningún fuste seguidos de algunos desplantes un tanto populistas que enardecieron a la masa. Poco más.

Lo de Dávila Miura fue cuanto menos irónico. Se anunció en Las Ventas tras once años retirado para celebrar el 175 aniversario de la vacada familiar, lo cual le fue agradecido con una ovación de la afición de Madrid al acabarse el paseíllo. Un señor que ya pasa de los cuarenta, retirado y con la vida más que resuelta, que se plante en la mismísima plaza de Madrid para dar cuenta de una corrida nada menos de de Miura, ¡¡de Miura!!, es algo digno de ser respetado. Y el hombre acabó sin dar cuenta de ninguno de sus parientes. Su lote se fue al corral, y fue sustituido por sendos sobreros de Buenavista y el Ventorrillo, respectivamente, que resultaron ser la antítesis de los toros de Miura. Ambos, bien presentados y cumpliendo en varas, tuvieron mucho que torear. El de Buenavista, boyante y sin comerse a nadie; y el del Ventorrillo, nobilísimo y con un punto de casta. Y se fueron sin torear por un Dávila Miura que pegó muchos pases sin pasarse a los bichos a menos de medio kilómetro, ni tener la más mínima intención de realizar el toreo.

Rubén Pinar, simple y llanamente, se estrelló con dos mojones de Miura, inválidos hechos novillos como no podía ser menos, y que dieron auténtica vergüenza. Como toda miurada al fin y al cabo.

Miura cabreó y decepcionó al personal en la última de esta feria de 2017, a la cual ya se ha catalogado desde los sectores del abrazafarolismo oficial como un ferión, la mejor de no sé cuántos años. Pues una de dos, o Simón Casas hace unos bocatas de jamón ibérico buenísimos a los cuales acompaña con el mejor de los vinos, o es que esta gente debería cambiar de camello inmediatamente. Así de bien va esto...