sábado, 14 de mayo de 2016

OCTAVA DE FERIA: PUERTA GRANDE A LA TAUROMAQUIA MÁS BURDA

¡¡Ya desembarcaron las figuritas del neotoreo en la exprimera Plaza del mundo!! Ya han pisado el ruedo de Las Ventas tres de los que hacen el mejor toreo de la historia. Ya vinieron, con sus gatadas debajo del brazo tan cariñosamente preparadas por sus sirvientes ganaduros; y con sus palmerines amantes del ginc-tónic y las faenas trapaceras.
Ya vinieron las figuras, a hacer de Madrid su cortijo y a dejar por los suelos la verdad de la Tauromaquia. 
Lamentable la parcheada becerrada de Cuvillo, que echó tres becerras inválidas, los tres primeros, que seguían el trapito como si fueran corderos, sin lanzar una mala mirada ni poner en apuro alguno a los de luces; y un regordete y más serio jabonero sucio por cuyo comportamiento, que distó a años luz de la bravura, ya podía hablarse más de un "toro de lidia".  Los dos remiendos del Conde de Mayalde, cebones y con leña, se movieron con otro tranco. Una mierda pinchada en un palo, como se dice en el argot de la calle, el primero de los festejos en los que hacen aparición en Madrid los grandes figurones de la Tauromaquia 2.0. 

En los tres primeros "toros" apenas puede rescatarse el más mínimo detallito. Roca Rey en primer lugar tuvo un pobre tetrapléjco al que dio muchos pases embarullados, citando al hilo, escondiendo la piernecita y toreando hacia fuera. En definitiva, el toreo 2.0, con sus pendulazos, sus trapazos por la espalda, sus bernardinas de cierre de faena, sus pases por la espalda, su encimismo... Estarían bien contentos los elegantísimos y guapos afisionaos, que por ser la primera a la que vienen desde el pasado mes de mayo, no se les defraudó. No fuera que se les fuera la ginebra por otro lado y para qué queremos más.

Castella con el segundo se lió a pegar pases y pegar pases, y más pases y más pases, y cada vez más pases, y escuchó un aviso sin siquiera haberse ido por la espada. ¡¡Qué pegapases más bueno!!

Con la tercera borrega, Talavante podría haber abreviado y no hubiera pasado absolutamente nada. Todo lo contrario, nos hubiera ahorrado otro suplicio. Pero es Talavante otro pesado, y se embarulló en otra faena larga sin sacar nada de nada destacable. ¿Para qué tanta terquedad, si luego no hacen otra cosa que hastiar al personal?, me pregunto yo. ¿Lo harán aposta por joder?

Salió el 4°, remiendo del Conde de Mayalde, con más pies y poniendo en apuros a Castella en el saludo capotero. Obviamente, tal atrevimiento le condenó a un castigo en varas que los tres anteriores no recibieron ni juntos. Y el picador José Doblado, al que esperamos que le hayan puesto una buena multa por ello, al partírsele la vara mientras picaba, no se le ocurre otra cosa que meterle el palo astillado al toro por el boquete que anteriormente había hecho con la puya. ¿Se puede ser más... más... más...? Que mejor me callo. Llegó el toro a la muleta con movilidad, podría habérsele aprovechado en quince muletazos bien pegados y poner aquello patas arriba. Evidentemente Castella, con su faena ya pensada, la misma faena de hace uno, dos, tres, seis, diez y doce años, volvió a estar de pena, pegando trapazos sin convicción y cargados de apatía. Y hasta le sonó el "BUUUUM, PETARDO" que dedica el tendido 7 a quien hace méritos para ello. Y lo peor de todo esto no es la tarde que ayer nos dio Castella, sino que todavía nos quedan por aguantarle tres corridas más. Mejor sería que esos días el personal de la plaza, antes de entrar a la localidad, nos requise todo tipo de objetos cortantes, punzantes, cadenas de oro o plata, los cordones de las zapatillas, etc. Por precaución más que otra cosa.

El comportamiento del quinto toro, jabonero sucio de Cuvillo, fue otro cantar. Un toro de lidia, malo malísimo, pero al menos... Un Toro. Un marrajo con mucho genio, y también con mucho que torear. Dos puyazos fuertes le pegaron, de ambos salió de najas. Dolióse en banderillas con ímpetu, tercio en el que puso en algún apuro a los rehileteros. Al primer muletazo de Talavante le birló el trapo rojo de un gañafón. Se dobló con él el matador después esto, supongo que con ánimo de domeñar la violenta embestida del bicho, pero fue más que el toro domeñó a su matador. Siguió la faena, trallazos con la zocata a media altura que hacían que el bicho siguiera pegando tornillazos y poniéndose cada vez más violento. Cambia a la mano derecha, vuelta a los banderazos con la mano alta y los gañafones propios de un toro a la defensiva, más a la defensiva si se le hacen las cosas mal. Y así toda la faena, hasta que ya al final, muy pero que muy muy muy al final, llega Talavante y, milagrosamente, consigue tres naturales bajando la mano y dominando al marrajo. ¡¡Y el animal siguió la muleta, y humillando!! ¡¡La cosa era esa, bajar la mano!! Cuatro naturales más, de los que salió uno limpio y francamente bueno, más una estocada desprendida. Y cayó el despojo. El animalito se fue sin torear, solo cuatro muletazos con la zurda, y visto lo visto creo que hasta de casualidad; muy poco para lo que el complicado animal tenía dentro. Ahí está el figura Talavante, quien si de verdad hubiera tenido que hacerse figura como se hacían antaño, matando toros de verdad y no carretones, no se hubiera quedado ni llevándole el botijo al maestro. Ahí queda lo de ayer, por mucho despojo que cortara.

Y salió el sexto y último, un manejable y noble remiendo del Conde de Mayalde. Roca Rey será muy valiente, se quedará muy quieto, se lo pasará muy cerca, pero el capote no sabe ni por dónde se coge. Utiliza el percal rosa más como un instrumento de tortura a los toros, con esos trallazos intentando imitar las gaoneras, y esos banderazos al cielo como si quisiera torear por tafalleras; pero no como un instrumento de lidia y dominio al toro. Pero claro, como lo que cuenta aquí es que se haga el valiente y se queda quieto, ovaciones y alaridos como a quien hubiera inventado el toreo. Oigan, que también es valiente el de la grúa de Canal Plus, ahí subido todas las tardes, llueva, haga viento, diluvie, haga calor... Y nadie se acuerda del pobre hombre. Puestos a reconocer valientes, ya, ¿qué más da?
Cogió la muleta Roca Rey, y las cosas como son, fue todo muy meritorio. Mucho. De enorme mérito, sí. Como lo leen. Ah, pero ¿acaso no tiene mérito cortar dos orejas en la plaza de Madrid sin haber pegado un sólo muletazo en toda la santa tarde? Pero ni uno. Banderazos. Trallazos. Medios pases en línea. Con la pierna atrás. Metiendo el pico. Fuera de cacho. Destoreando chabacanamente. Haciendo gala de un tremendismo que ni el mismísimo Manuel Benítez Pérez, El Cordobés, hubiera conseguido calcar. Si solo le faltaron los molinetes de rodillas y el salto de la rana... En resumen, Andrés Roca Rey representó ayer en la exprimera plaza del mundo, más exprimera que nunca, una ideal muestra de la negación del toreo verdadero. Y como además sufrió varios arreones, y de la estocada recibiendo salió trompicado por tirarse al toro encima... ¡¡Histeria colectiva!! Que vive el tremendismo, que viva el destoreo, que viva la ginebra, que viva el whisky, que viva el Botellódromo de Toros de Las Ventas... Dos orejas de vergüenza a la Tauromaquia más burda que pueda haber, y el chavalín se hartará a torear y a ganar millones sin dar un muletazo a derechas. 

Y mientras tanto, torerazos como Morenito o Ureña, por poner los ejemplos más cercanos, jugándose la temporada y prácticamente su carrera de tarde en tarde. ¡¡Qué asco adonde hemos acabado!!
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