jueves, 17 de mayo de 2012

OTRO TOSTÓN

Nuevo ejemplar a la colección de tostones que llevamos en este insufrible San Isidro 2012. Hoy yo, personalmente, tenía mucha más ilusión que otros días por ir a la plaza; seguramente, el único día de lo que va de feria que iba radiante de felicidad a la plaza porque el cartel lo valía. Y es que aunque esté irreconocible, aún sigo confiando en El Cid, ese gran torero de izquierda tan poderosa que un día, un buen puñado en realidad, hizo de las delicias de la Plaza de Madrid; y yo sigo esperándole, por mucho que consiga cabrearme cada vez más. Tenía también muchísimas ganas de ver a Fandiño después de la seria actuación en la victorinada de Sevilla. Y la ganadería pues qué quieren que les diga, tratándose de unos toros criados por Paco Medina, por mucha sangre domecq que corran en sus venas, siempre cabe esperar algo diferente a lo que nos tiene acostumbrados este encaste. Total, que entré a la plaza ilusionado, expectante, con muchísima fe... y salí de ella, para qué voy a mentir, muy feliz sí, aunque por motivos más bien extrataurinos. Es que uno no puede salir cabreado de la plaza cuando una persona muy especial le está esperando afuera, por mucho que haya presenciado una moruchada mansa en la que quien un día fue uno de mis consentidos no tuvo ganas ni de mirarse al espejo, en la que un buen toro aunque duro y con su punto de mansedumbre se fuera sin torear y encima se regalara una oreja por una estocada de perfecta ejecución pero caída.
Y es que joder con el 6º, al que llamaban Desconocido, como romaneó en la primera vara que tomó y qué ímpetu de mandar al picador al suelo; qué manera de embestir luego en la muleta de Fandiño, vaya formas de protestar cuando se le subía la mano (nota predominante a lo largo de toda la faena)... Era un toro con querencia a tablas, pero un toro encastado y con poder. Pues yo creo que el poder de poder a un toro con poder se lo dejó Fandiño hoy en el hotel, pues se vió desbordado por el exigente pitón izquierdo y tuvo que sacar el piquito a relucir. Solo dejó tres derechazos buenos de verdad, de mano baja y echándoselo hacia dentro. Tres de ochocientos mil, muy poquito, la verdad... porque sí, dio muchos pases y se excedió con los muletazos en cada serie un poco más de la cuenta. He de reconocer, no obstante, que al ver la ejecución de la estocada he perdido los papeles y ha salido a pasear el isidro que llevo dentro (todos lo llevamos, en realidad); sin pararme a observar en que estaba caída. Y pedí la oreja, argumentando que se le había ido el toro, de acuerdo, pero que una estocada así bien vale una oreja. Gracias al vídeo y a la gente de alrededor de mi abono rectifico y reconozco el error. Rectificar es de sabios, dicen... Sí, pero rectificar las palabras y los hechos, no los pasitos entre muletazo y muletazo. Y menos si el toro no se come a nadie, como el manejable y boyante segundo, torillo con oreja que cortar y con el que César Jiménez... pues eso; que si pasitos atrás, pico, banderazos fuera de cacho... Horrible, vamos.
Como también fue horrible la apatía y desconfianza de Manuel Jesús con el bonachón que hizo de cuarto, que no le puso en muchas dificultades pero al parecer se creía que tenía delante una de esas alimañas cárdenas con las que tantas y tantas veces habrá estado un millón de veces más solvente que hoy. Manuel... con lo que tu has sido, ¿quien te ha visto y quien te ve? Me duele en el alma verte así...
Me dio igual que hubiera un nuevo tostón que añadir a la colección; salí de la plaza más feliz que un regaliz, sinceramente, y no por argumentos dados en el ruedo, vuelvo a repetir. Lo único de carácter taurómaco que podía tenerme un poco en vilo es a ese buen 6º, Desconocido... Porque por lo demás, ¡¡ná de ná!!


FICHA DEL FESTEJO

Toros de El Montecillo; descastados, noblotes, mansos y flojos; excepto el encastado 6º, con poder y puntito de casta.

El Cid (azul pavo y oro): Silencio y silencio tras aviso.
César Jiménez (rosa y plata): Palmas tras aviso y silencio.
Iván Fandiño (lila y oro): Silencio tras aviso y oreja.

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