domingo, 4 de octubre de 2026

4 DE OCTUBRE DE 2026, 4ª DE LA FERIA DE OTOÑO: "CUANDO HAY COMPLICACIONES Y SOLO SE PIENSA EN PEGAR PASES"

    Pegar pases es nocivo para la salud de uno mismo y para la de aquellos que están alrededor. ¿Qué tal plasmar esa frase en los programas de mano? Así como se plasma en las cajetillas de tabaco lo nocivo que es el fumequeo. Pues lo de pegar pases, igualito. Es muy nocivo para la salud y, sin embargo, ahí está todas las tardes. Un hábito, a su vez, reñidísimo con el LIDIAR. Ya no digamos con lo que es TOREAR... Si bien hay quien piensa que todo está en el mismo saco, la realidad es que no lo está. Lidiar y torear van de la mano, de hecho tener en la cabeza lo primero es el camino ideal para llegar a lo segundo. Al contrario que pegar pases, cuyo significado no concuerda en absoluto con lidiar y torear. O se lidia, o se pega pases. De la misma manera que o se torear, o se pega pases. 

    Pegar pases es, efectivamente, nocivo no ya para la salud. Lo es para la tauromaquia. Y mucho más nocivo es que los toreros vayan a la plaza con esa única idea en la cabeza. Si una corrida de toros es de extraordinaria condición y se va a por ella con la idea de pegar muchos pases, como el que va a echar papeletas en una tómbola a ver qué toca y qué no, es muy nocivo. Y si la corrida de turno sale complicada y solo se piensa, de nuevo, en pegar pases para salvar el expediente, peor. A la corrida de Victorino Martín lidiada el domingo, que no fue precisamente lo que se dice "de buena condición", sus correspondientes lidiadores le pegaron pases en su mayoría. Por momentos asomó tímidamente el milagro de torear, pero solamente fue de esa manera momentánea. 

    Los victorinos, que por cierto últimamente ir a verlos es como comprar papeletas en una tómbola de feria y "que sea lo que Dios quiera", salieron de nuevo haciendo más honor al Victorino apellidado García que al glorioso Victorino que llevaba Andrés por segundo apellido. Esta vez la rifa arrojó el resultado de una corrida de Victorino Martín muy desigual, tanto en hechuras como en comportamiento. Los hubo bien presentados como otros de más corrección; si bien, nunca el torazo de Victorino Martín cuya estampa arrancaba una ovación estruendosa. Y su juego, pues tres cuartas partes de lo mismo: los hubo flojos, muy flojos, con más pies, con mayor nobleza, con peores ideas, más correosos... Pero nunca el victorino de veras encastado, fiero y bravo, de esos que hicieron mundialmente famosas las muelas de oro que gastaba su criador. Mala, en definitiva, la corrida herrada con la A coronada y rubricada con divisa azul y encarnada de la que el domingo hemos sido testigos.

    Y ante esos seis toros de Victorino Martín -García, que no Andrés- se pegaron pases. No muchos pases, pues cuando las complicaciones asomaron los toreros no se dieron apenas coba y abreviaron luego de espantarles las moscas feamente, sin hacer honra tan siquiera a otro milagro que, así como torear, es el de lidiar. Y por aquel motivo ocurrió otro milagro: ni dos horas duró la corrida. ¡¡Aleluya!! Breve, intensa por momentos, insignificante durante otros... Pero al aburrimiento apenas le dio tiempo a asomar. 

    Uceda Leal no es un torero que aburra, pues si está con ánimos, claridad de ideas y le apetece, tira de repertorio y arranca oles verdaderamente sentidos; y si no, pues no se da mucha coba. Y esto último fue precisamente lo que hizo ante el 1º, que se quedaba siempre a medio viaje y no se dejaba hacer florituras. Lo mostró por ambos pitones, se convenció y convenció al resto del kiosko de que no podía ser, y a matar. 

    Paco Ureña anduvo bien con el 2º, hasta tal punto de haberle podido cortar una oreja de no haber sido por el pinchazo previo que pegó antes de cobrar un feo bajonazo. Anduvo muy centrado desde que el toro se hizo presente en el ruedo y se lo sacó a los medios con gran eficacia. Lo que se dice "lidiar". La faena de Paco Ureña a este toro, muy justo de fuerzas, fue de menos a más. Con la mano derecha comenzó desengañándole a base de muletazos de alivio, y cuando se la echó a la zurda vino el toreo a base de naturales de mano baja y tirando del toro con gran firmeza. Hubo a continuación dos series de toreo al natural con la mano derecha, una rotunda y otra, ya con el torete muy parado, de mayor irregularidad. Paco Ureña dibujó, en definitiva, los mejores muletazos de la tarde ante un toro con las fuerzas justas y reservón. Una pena el uso de la espada. Y también, una pena la lidia del 5º...

    Borja Jiménez sí le cortó la oreja al 3º, y fue en su totalidad por la estocada que pegó. De siempre se ha dicho que en Madrid una gran estocada es motivo suficiente para cortar una oreja, y hete aquí la prueba. La faena de muleta, sin embargo, no terminó de levantar pasiones. Fue ese 3º el toro que con más claridad y franqueza embistió de toda la corrida, un toro que sin ser extraordinario sí regaló un buen puñado de embestidas como para haber realizado el toreo. Así lo demostró el peón Juan Carlos Rey con unos pocos capotazos durante el segundo tercio. Borja Jiménez, sin embargo, se centró única y exclusivamente en la cosa de pegar pases. Lo cual realizó a la perfección, porque pegó muchos. Pero torear, lo que se dice torear... Pues francamente no. Nunca dio el paso hacia delante ni tuvo la confianza suficiente para ligar los derechazos y los naturales, y al final la sensación fue que el toro mereció mucho más. Lo dicho: una gran estocada, una oreja. 

    Uceda Leal se dio más coba con el 4º, y llegó a arrancarle algunos naturales sueltos a principio de faena que despertaron del letargo a no pocos de los presentes. Pero la cosa se vino abajo demasiado pronto, pues el toro de victorino comenzó a quedarse corto y a no pasar. 

    Las verdaderas complicaciones aparecieron con la irrupción del 5º. Y también la gran bronca. La cuadrilla de Paco Ureña, así como el aludido, protagonizaron una lidia bochornosa. Mostró el toro empuje en la primera vara, acaso el único de la corrida que se permitió el lujo de empujar y no dejarse pegar. El picador de turno se agarró bien y por ello el toro no derribó, si bien tanto se empeñó en barrenar que el toro se llevó consigo la vara enhebrada en las carnes. Quizás hubiéramos visto un tercio de varas vistoso si el lidiador hubiera tenido a bien de permitirlo, pero Ureña dejó al relance el toro para tomar la segunda vara, y a continuación vino un espectáculo macabro en el que el varilarguero Cristian Romero -apodado Richi según el programa de mano, nombre más propio de una barriada de protección oficial que de todo un profesional del toreo-, consistente este en un navajazo asesino. Esa carnicería en el primer tercio y la paupérrima lidia que se le dio después, hicieron de este toro un animal que se defendió y embistió otorgando muchas complicaciones. Y aquí Ureña, en mitad de este entuerto, se empeñó en querer pegar pases sin tan siquiera pararse a lidiarlo con una faena de aliño. Y como aquello no era posible, se lo quitó pronto de encima sin tan siquiera lidiar. La bronca fue apoteósica, y no precisamente por el hecho de que Ureña abreviara con el toro. 

    El 6º toro de Victorino tuvo también muchas complicaciones. Y, de nuevo, el lidiador de turno salió pensando única y exclusivamente en pegar pases sin pararse a pensar que a lo mejor lo acertado era el aliño. Y cuando las complicaciones salen a relucir y solamente se piensa en pegar pases, feo asunto. Borja Jiménez calcó lo de Ureña en el toro anterior: empeño en ponerse bonito y pegarle pases, olvidándose de la lidia. ¿Resultado? El esperable: que la estocada no tardó en llegar.

     ¿Dónde quedaron los lidiadores de antaño que podían con este tipo de toros? ¿Dónde quedaron los ejemplos de Andrés Vázquez, Ruiz Miguel, Manili, Campuzano o Esplá? Ya no se piensa en lidiar, solo en pegar pases. Y eso siempre es un mal asunto... 

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