"Tolón tolón", palabra onomatopéyica que viene a describir un poco más o menos el sonido de un cencerro. "Tolón tolón" se escucha en las dehesas de bravo, en los encierros de reses bravas, en los corrales de las plazas de toros y hasta de vez en cuando en el ruedo, cuando la Presidencia hace asomar el pañuelo verde. "Tolón tolón" es, por lo tanto, señal inequívoca de que una parada de bueyes o cabestros anda muy cerca.
Por cierto que, hablando de bueyes y de cencerros, ¿dónde se los dejaron esos seis entes que salieron al ruedo de la plaza de Madrid durante la tarde del viernes? "Toros de Alcurrucén" anunciaba el cartel... ¿Toros? ¿De veras? Muy generoso el que lo escribió en su momento, pero de toros no tuvieron absolutamente nada esos seis entes que, con la marca a fuego de la familia Lozano, fueron lidiados y muertos a estoque. Sí fueron dignos de llevar colgados un cencerro cada uno, así como de ser destinados a tirar del arado o a manejar el ganado bravo de verdad. Pero ¿destinados a la lidia? No, no y cien veces no.
Los de Alcurrucén fueron, en definitiva, un conjunto de animales mansos, descastados, flojos, cobardones, atontados, sosainas y de pésima condición que le dieron una tarde abominable hasta al aficionado más paciente y comprensivo que pueda existir. Hubo, no obstante, un toro -el cual fue destinado a la segunda posición de salida- que embistió con buen talante y cierto tranco de emoción. Pero ni siquiera así semejante escombrera de ganado vacuno fue mínimamente maquillada.
La oscuridad que durante el paseíllo se hizo patente en el cielo de Madrid solo podía vaticinar dos cosas: que la tarde iba a resultar un estupendo petardo ganadero, y que del cielo iba a caer agua a raudales. Ni una ni otra dejaron de hacerse realidad. El primero se hizo presente en el ruedo y Diego Urdiales con él se entretuvo en dibujar algunas verónicas, entre el recibo y el quite, de las que inspiran a los mejores pintores de toros. Acaso Pedro Escacena, desde el cielo, ya haya dado rienda suelta a su fantasía. Pero lo mejor vino cuando el ya veterano Diego agarró la muleta: una faena medida, como mandaba la reservona condición del de cuatro patas, y comenzada con doblones que derrocharon gusto y a los que siguieron unos derechazos de trazo más irregular. Pero lo mejor vino al agarrar la franela roja con la zocata: una serie de naturales, qué digo, SOBRENATURALES de suprema pureza y torería eterna. Muletazos estos trazados de uno en uno y dejándole un tiempo al toro, pero no por ello de menor emoción. Tan extraordinarios que ni la lluvia se los quiso perder. El diluvio universal cayó sobre Madrid mientras Diego Urdiales se entretenía en honrar el toreo al natural, y la siguiente serie de naturales, aunque más irregular, no dejó de tener algunos verdaderamente bellos. No hubo más, amén de unos derechazos arrebatados tras agarrar la espada y para cerrarse al toro de cara a la estocada. Por cierto que esta, a causa del pinchazo, se llevó por delante una oreja que hubiera premiado el toreo eterno.
Arrastrado el toro no paraba de llover. Más bien al contrario, por lo que hubo que dejar unos minutos de cortesía a que amainase el temporal y, tras las pertinentes cataduras de albero por parte de los lidiadores, la corrida continuó. La noticia de que finalmente la opción de la suspension había sido desechada fue acogida con gozo por el kiosko. Sin embargo, a la salida, no pocos eran los que comentaban algo así como "para lo que hemos visto después de Diego Urdiales, mejor que se hubiera suspendido la corrida".
El buen 2° dio algo de tregua, pero Fortes no anduvo ni centrado ni con el acierto suficiente para aprovecharlo. Buenas, pero que muy buenas fueron las verónicas de salida, pero después... Después, Fortes embarullado en un trasteo largo y vulgar en el que predominaron los enganchones, la falta de temple y el desacople. No anduvo bien, y tras ser arrastrado este 2° entre aplausos vino la nada más absoluta. Christian Parejo, que cogió la sustitución del convaleciente Mario Navas, no ratificó de ninguna manera las buenas sensaciones que hace un mes dejó sobre esta misma arena ante una corrida de Pedraza de Yeltes. Sin toros y con demasiado empeño en sacar provecho de donde no podía ser. Excesivo empeño quizás, y ya se sabe que lo excesivo nunca es bueno. Mató al 3° de una estocada trasera saliendo feamente cogido, y se lió a pinchar al 6°.
Diego Urdiales se recreó pegando muletazos de bonito trazo al 4°, sobre todo con la izquierda. Muy poco se le podía reprochar en lo técnico y artístico, pero sí en una cosa fundamental: el toro se movía a duras penas y se quedaba parado a mitad del muletazo dado su escaso fuelle. Dicho de manera más coloquial, SIN TORO NADA TIENE IMPORTANCIA . Y Fortes, ante el 5° buey, otra vez nada. Nada entiéndase, que no se llame vulgaridad y aburrimiento.
Los bueyes, a tirar del arado. ¿Cuándo se le dará a Alcurrucén el pertinente descanso que lleva años solicitando con tanto ahínco? He ahí la cuestión.
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