Madrid. Son las 5 de la tarde, y la morriña propia de estas horas tan intempestivas es más alargada que nunca. En solo sesenta minutos el aficionado ha de estar sentado en la dura piedra del tendido para contemplar el primer festejo de la feria de Otoño. Al bostezo le sigue el desperezamiento en forma de estiramiento, y solo una ducha es capaz de terminar con la pereza... ¿O no?
Durante el trayecto a la plaza el aficionado parece estar sonámbulo. "Solamente cuando uno se siente en el escaño, empiece a dar cuenta de los toros y a comentar con los amigos... Entonces el letargo se habrá ido a hacer puñetas", parece jurase uno a sí mismo. Iluso...
Una vez comenzó esta primera tarde de la feria de Otoño, que por cierto consistió en una novillada con picadores, y mientras los seis novillos comenzaron a desfilar y sus correspondientes lidiadores a realizar lo propio, el aficionado se percató de que dejó la siesta de casa para irse a echarse otra siesta. Pero esta, en lugar de realizarse en la comodidad del colchón o del sofá, fue en la plaza de toros y con el trasero posado en la dura piedra. Salirse de Málaga para meterse en Malagón, solo que con menos comodidades.
El cartel hacía prometérselas muy felices: hete aquí los novilleros más destacados del verano de Madrid, en lo que parecía una "segunda oportunidad" tras el petardo ganadero acaecido durante el mes de julio y con la misma terna "finalista" de ese esperpéntico invento llamado "Cénate Las Ventas". Uno de los cuales, a última hora y por un desafortunado percance, tuvo que ser sustituido por otro triunfador. Pero este lo es del Circuito de Novilladas de Madrid. Y ante ellos, una novillada entroncada en Núñez y de la que a priori nadie veía motivos por los que pudiera resultar ser un petardo. Y tras esta ecuación planteada, la solución es la que sigue y que se resume en una sola palabra: aburrimiento. Y en varias: la hora de la siesta.
La novillada de El Retamar no se empleó en varas, fue mansa y de condición complicada, lo cual no quiere decir que fuera imposible para el toreo. De hecho no lo fue. La mansedumbre general de la novillada no impidió que hubiera algunos novillos que sacaran nobleza y/o temperamento -según los casos- para prestarse a eso de torear durante el último tercio de la lidia. Algunos, efectivamente, se prestaron. Casta muy poca, bien es verdad. Si los tres "triunfadores" hubieran tenido el día, acaso podría hablarse de cualquier cosa menos de la hora de la siesta. Pero no fue el caso.
Lo de El Mene fueron unas verónicas estupendas para recibir al novillo primero. Gastaron esas verónicas cadencia, elegancia y, además, acabaron con el novillo y el novillero fundiéndose en una media verónica de frente en la misma boca de riego. E igual que ahí empezó la actuación de El Mene, también se acabó. El resto fue paja, muchísima paja. Paja que no dijo absolutamente nada, más allá de que a El Mene no le va mucho eso de enfajarse con los toros, ni pasárselos cerca, ni colocarse en el sitio, ni esas bonanzas tan propias de lo que suele decirse "torear de verdad". Ni con el 1°, novillo manejable aunque provisto del fuelle justo, ni con el soso 4°. A ambos les finiquitó de dos buenas estocadas, precedidas ambas de un pinchazo.
Nacho Torrejón quedó por encima del descastado y parado 2° a base de una faena aseada y firme. El 5° le embistió con franqueza y nobleza, acaso el novillo que mejor embistió de toda la novillada. Y salvando una serie de naturales aseados en los que acompañó más que mandó, el resto no terminó de hacer que el kiosko se relamiera de gusto. Mereció mejor trato ese 5° novillo. Con la espada, mal: dos estocadas muy traseras.
Sergio Rollón, nuevo en esta plaza, cogió la vacante dejada por el convaleciente Mario Vilau. Flamante ganador del Circuito de Novilladas de Madrid, su temporada ha sido importante y, entre otras cosas, ha demostrado que el cornalón de hace un año ha sido superado. Sin embargo, la de su presentación en Madrid no parece haber sido su tarde. Muy amanerado y con la figura excesivamente forzada a la hora de interpretar el lance a la verónica. Con el 3°, novillo muy venido a menos, fue capaz de dibujar algún que otro natural de mano baja y buen trazo, así como de dejar una buena estocada que tuvo el defecto de salir perdiendo la muleta. Fue esto lo más relevante de su actuación, lo único relevante en realidad. A Sergio Rollón, que parece estar más centrado en pegar pases que en lidiar y poder con los novillos, se le atragantó el temperamento y la mansedumbre del 6°. No es lo que se dice ideal el comenzar, ante un novillo así, la faena de muleta en los mismos medios de la plaza, hincado de rodillas y dejándoselo venir. El novillo tomó la muleta sin entrega en ese lance y huyó despavorido, por lo que su lidiador hubo de salir en pos del mismo hasta acabar mucho más cerrado y, de nuevo, pegando trapazos de rodillas. Ya en pie, trapazos y más trapazos a media altura, con una importante colección de enganchones, falta de temple y hasta de cabeza para poder con el manso. Parece ser que el día que en la escuela explicaron eso de "lidiar", este chico se perdió la clase. Mucho camino por recorrer le queda a Sergio Rollón, a pesar de que la próxima temporada se postula como uno de los punteros en su escalafón.
El regreso a casa por parte del aficionado fue como la ida: soñoliento, enmorriñado y perezoso. Como un sonámbulo. La siesta en el escaño, además de incómoda, fue legendaria.