viernes, 29 de septiembre de 2017

FERIA DE OTOÑO: CORRIDA DE FUENTE YMBRO CON CIERTO INTERÉS

No ha sido uno de esos corridones de toros de los que uno sale deslumbrado por la casta, el poder, las buenas peleas en el caballo y la belleza de los toros, pero tampoco han sido moco de pavo los seis ejemplares lidiados en la cuarta de Otoño con el hierro de Fuente Ymbro. Seis toros de desiguales hechuras los del señor Gallardo, con sus cosas buenas, y también con sus cosas malas, muchas, como la mansedumbre o la no necesidad de ser excesivamente picados. Pero eso, ya se sabe, en la actualidad importa un comino y a día de hoy sólo se va a la plaza a ver cómo se pegan pases al mojón de turno, por lo que se podría decir que la corrida del señor Gallardo ha aprobado.

Una pena que los toreros de hoy, y muy en especial Morenito de Aranda y Joselito Adame, no tuvieran la inspiración en su punto álgido para aprovecharse de la condición de sus oponentes. Morenito ya se sabe que es uno de esos toreros "Guadiana", que aparece y desaparece de forma intermitente. Y en esta tarde, ante el lote más complicado de la corrida, ha estado más bien desaparecido. Medroso, sin sitio, inseguro y, a fin de cuentas, sin intención alguna de querer ver al primero, un toro al cual el subalterno Andrés Revuelta mostró con algunos capotazos espléndidos que el animal gastaba una embestida larga y por abajo. Hasta que Morenito cogió la muleta y empezó a espantarle las moscas de feas maneras, lo que hizo que el animal empezara a defenderse y parecer mucho peor de lo que demostró en los primeros compases de la lidia. Se lo quitó Morenito de enmedio sin darse mucha coba. Más dispuesto pareció salir en su segundo, pero igual de espeso y demasiado precavido a la hora de citar y de ofrecer la muleta. El animal se movió rebrincado y con feo estilo, puede que acusando el escaso castigo que recibió en varas, quizás por los trapazos a los que le sometió a los dos, o seguramente por un poco de todo. Tarde para el olvido la de Jesús Martínez.

Joselito Adame es de esa clase de toreros que coleccionan despojos a montones, pero si días después se le pregunta qué recuerda de la faena a quienes le pidieron la casquería y le jalearon eso de biiiiiiieeeeeeeeeenjjjjjjjj durante sus faenas, pone cara de póker. Hoy, podía haber sumado otra a la colección si no llega a ser porque en la presidencia reinaba la seriedad. Fue en su primer toro, segundo de la tarde, que derrochó dulzura y carencia de malas ideas mientras el matador lo pasaba con la muleta a medio kilómetro de distancia, presumiblemente para que no se le manchara el elegantísimo terno que calzaba. Eso sí, poniendo unas poses muy bonitas y elegantes. Pegapases, sí, pero con musho jarte, quede reflejado en acta. Pasaportó al bicho de un bajonazo muy elegante, que no fue impedimento para que asomaran pañuelos que, sumados a las ya clásicas triquiñuelas de los mulilleros para llevarse el aguinaldo, no fueron suficientes para que se llevara una oreja de verbena. Dio una vuelta al ruedo que fue mucho más protestada que aplaudida.
Ante el quinto, animal lo suficientemente nobilísimo para disfrutar, de nuevo el destoreo lineal y despegado de Adame salió a flote, junto con el aburrimiento del personal.

El otrora componente de la terna fue Román que, aunque sólo sea por pundonor y predisposición de comerse el mundo, no dio la misma imagen caótica que sus otros dos compañeros. Pero siempre en el sino de la Tauromaquia 2.0. Siempre Román al hilo, echando al toro fuera en cada muletazo y obviando eso que tanto emociona y tanta verdad le da al toreo como lo es cargar la suerte. Oreja del tercero después de una faena que derrochó tanta actitud y garra como vulgaridad, más las ya clásicas bernadinas que hicieron saltar los uys, pero nada de los oles. Oreja a la que pudo sumarse otra del sexto si no llega a ser por su mal uso de la espada. Faena a este animal, que también tuvo lo suyo, llena de altibajos  y muy a menos, siempre en el marco de esas toscas formas modernistas, contando además con el favor del público que ante todo deseaba aupar al muchacho sobre los hombros del capitalista de turno para irse por la Puerta de Madrid.

No fueron la panacea los de Fuente Ymbro, pero sí dieron un juego más que aceptable para que se toreara en esta tarde. Aunque cada vez nos falte menos para sentenciar "¿qué es eso de torear?".

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