sábado, 10 de junio de 2017

TRIGÉSIMA DE FERIA: LA DE ADOLFO MARTÍN SALE RANA

Grises, y no solo por fuera. Es la lectura genérica que puede hacerse del tremendo petardo que han pegado esta tarde los seis toros de Adolfo Martín, quien no atina a devolverle a su ganadería la casta que le es propia a este encaste. Bien presentada, de bonitas hechuras y mucho más acorde a su prototipo que en otras ocasiones, pero muy suavones, sosos, y descastados. Y duele decirlo de una ganadería que nos ha regalado buenas tardes de toros, pero está este hierro para darse un descanso fuera de Madrid durante un tiempecito no muy corto. Ni le vendría mal, ni nos vendría mal, aquí se necesita CASTA y lo de Adolfo, hoy por hoy y visto lo visto, no la ofrece.
Que se lo pregunten, sin ir más lejos, a Manuel Escribano, tercer espada de la tarde, a quien le correspondió en tercer lugar un toro que ya desde el saludo capotero le avisó de que no tenía muy buenas intenciones. Se empleó el toro en las dos varas que tomó metiendo la cara abajo y empujando, pero llegó a la muleta derrochando sosería y malas ideas. Escribano lo intentó, el toro salía de cada muletazo parado y mirando a las musarañas, cuando no se le colaba al matador. Hizo bien este en no darse demasiada coba y matarlo a no mucho tardar, dejando una estocada trasera.
Con el sexto, volvió a sufrir un achuchón al comenzar la faena, y Escribano se lo sacó pronto a los medios. Allí hubo un momento en el que el toro se desplazaba con la cara abajo, pero tan solo fue un espejismo porque al punto echó el freno de mano y no hubo más que hacer. Mala suerte la de Manuel Escribano esta tarde.

Juan Bautista solamente refrendó lo que muchos ya nos imaginábamos desde hace tiempo: que no pintaba en este cartel nada que no fueran bastos. Le cayó en suerte el único toro con claridad suficiente como para pillarse una chispa toreando. Nobilísimo y de embestida lenta y enclasada, que dicen los fulanos de lo oficial, a Juan Bautista se le atragantó tanta empalagosidad y se esmeró en realizar una faena de trapazos sin fuste y con mucha desgana. Vamos, que se le fue sin torear el bomboncito, hablando en plata.
También sorteó al quinto, ejemplar que debió haber vuelto al lugar de donde salió por lisiado. Faena muyyyyyyyy larga y espesa de muletazos a media altura, para que el pobre bicho no terminara en el suelo. ¡¡Qué emoción!!

Y llegó Ferrera, muy esperado, sobre todo por lo acontecido en este fuero hace dos domingos. Su primero se frenaba en cada muletazo y recortaba mucho terreno. Ferrera, para colmo, le llevó mediante trallazos cortándole mucho el viaje, muy lejos de intentar llevarlo más largo.
El cuarto también se empleó en el caballo, llegando a derribar en la primera vara y llegando a cobrar un buen puyazo de Antonio Prieto en todo lo alto. El toro solo quería tablas, pero Ferrera se empeñó en trapacearlo más allá de la segunda raya, con el resultado de que el toro se iba en cada muletazo. Tardó mucho el torero en darse cuenta de que el toro iba mucho mejor en tablas, e incluso haciendo lo que no hacía en otro lado: repetir y querer tomar la muleta por abajo. Hizo un esfuerzo su matador en las tablas del tendido seis, donde llegó a dejar algunos buenos muletazos con ese estilo tan personal que ha adquirido en los últimos tiempos. Mató de cuatro pinchazos y un bajonazo que buscó a la desesperada después de que le sonara el segundo aviso, más dos descabellos.

Así las cosas, la corrida de Adolfo Martín fue la rana de esta semana denominada "torista" que tan interesante está resultando. ¿Dónde quedó la casta, Adolfo?


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