sábado, 3 de mayo de 2014

PORQUE TOREAR NO ES SOLO DAR REGULARES

Urdiales volvió a TOREAR en Madrid. Foto de Juan Pelegrín-Las Ventas

-Plaza de toros de "Las Ventas del espíritu santo"
-Dos de mayo, festividad de la CAM.
-Media entrada en la Plaza.
-6 toros, 6 de El Cortijillo-Lozano Hermanos, con seriedad y cuajo en general, para:
-Antonio Ferrera (De blanco con los cabos negros): Silencio y leves pitos con dos avisos.
-Diego Urdiales (De sangre de toro con los cabos blancos): Vuelta al ruedo con petición de oreja y leves palmas.
-Arturo Saldívar (De verde botella con los cabos en oro. Terno goyesco parecido al de "Joselito" en su encerrona del 96): Silencio tras aviso y silencio.
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El matador de toros riojano Diego Urdiales volvió a demostrar ayer en Madrid que torear no es solo dar muletazos regulares, sino llevar a cabo una labor lidiadora consiguiendo domeñar al toro y pudiéndole por abajo con valentía y verdad.
La tarde comenzó con un núñez en tipo que fue picado en su querencia de manso en el primer encuentro y que, en el peto, se mostró bronco y huidizo, siendo, más que picado, marcado trasero por el picador de turno. A Ferrera le costó acoplarse a la pronta embestida del burel y acabó su trasteo con un macheteo por bajo que debió haber efectuado antes. Con el estoque estubo desacertado durante toda la tarde, matando a éste con un pinchazo haciendo guardia en la suerte contraria, un pinchazo hondo arriba y cinco descabellos, necesitando la ayuda de la puntilla de su tercero. A su segundo, uno de El Cortijillo muy largo y alto de agujas, el picador Alonso Sánchez le recetó dos caricias con la puya y en la primera, el burel apretó metiendo riñones cuando el pica le dio la vuelta al caballo. Tardó en acoplarse Ferrera de nuevo, haciendo uso de un repertorio muletero pueblerino y sin poder a un manso que apretaba hacia los adentros, buscando el abrigo de las tablas. Acabó con el manso de un bajonazo y escuchando dos avisos, el primero antes de tirarse tras el acero. En mi modesta opinión, con este toro Ferrera debió dedicarse a poder al toro doblándose por bajo hasta hacerse con él, como sí hizo Urdiales con el segundo, en vez de intentar dar regulares y pases cambiados sin ton ni son. Por otro lado, Ferrera puso un segundo par de enorme peligro, demostrando valentía  al clavar en los adentros ante el manso reservón que salió en cuarto lugar.

Urdiales es torero y ayer lo volvió a demostrar ante un lote al que había que poder con mucha valentía y ahínco. No creo que su actuación de ayer sorprendiese a nadie, porque lleva años demostrando que su capote, muleta y estoque son de los de más calidad del escalafón ante embestidas de todo tipo. Su primero, un núñez serio con gran desarrollo de morrillo, se encontró con el picador sin haber sido parado con la capa, y ante el que Manuel Burgos volvió a demostrar que con subirse a un caballo no se es picador. Urdiales tiene una cuadrilla malísima -exceptuando a "El Víctor, que tiene oficio con la capa-, hablando en plata, y las labores lidiadoras de ésta dificultan enormemente el triunfo del de Arnedo, porque condicionan el comportamiento del toro a peor, como ya hemos visto otras muchas tardes. Manuel Burgos picó muy trasero y sin rectificar a su primero, dejando una primera puya muy larga y una segunda leve, sin meter las cuerdas. Brindó su faena al maestro José Miguel Arroyo "Joselito", torero idolatrado por esta Plaza por, entre otras razones, su clamorosa encerrona del dos de mayo del 96. El toro calamocheaba, dando secos tornillazos por el izquierdo, y el diestro riojano supo ir ahormando su bronca embestida con naturales templados y de uno en uno, ya que el toro salía del encuentro con la franela con la cara muy alta, a pesar de que Urdiales se la dejaba por abajo, y sin querer emplearse en el tercio. Por el pitón derecho fue otra cosa, ya que metía la cara con prontitud hasta el final y Urdiales pudo deleitarnos con dos tandas de derechazos con pureza y mucho oficio, rematando atrás los muletazos y cargando la suerte, como bien muestra la instantánea que arriba he colgado. Mató de una estocada rinconera y, a la par, certera en la suerte contraria, provocando que la res rodara por la arena, ocasionando la petición de oreja de más de la mitad de los asistentes y escuchando un aviso. En mi modesta opinión, aunque a mi Urdiales me gustó y no creo que sea necesario volver a decir que es uno de mis toreros predilectos, creo que su faena no era merecedora de oreja, ya que tuvo altibajos y la estocada fue defectuosa. Lo malo es que Trinidad, presidente que acostumbra a regalar orejas siempre que las figuritas hacen el paseillo en el albero matritense y cuando éstos fecundan los tendidos de festivaleo y juerga circense, no aplicó ayer la misma tabla de medir que otras tardes a la hora de negarle a Urdiales la oreja, que, repito, en mi opinión hubiese sido generosa, aunque creo que si hay que ser comprensivo es con este tipo de toreros que se la juegan con la verdad por delante todas las tardes. Con el quinto, un toro de pitones acapachados y con hechuras en el tipo de Villamarta por su altura y caja, el picador decidió que no era el día para hacer la carioca ante un toro que lo pedía a gritos y el toro, que era pretendiente a ser castigado con banderillas negras, se quedó crudito y, de nuevo, sin parar. Diego Urdiales estuvo soberbio doblándose en la primera tanda con la franela, pudiendo de nuevo a un manso de embestidas inciertas, que acabó siendo un soso marmolillo y al que mató, dándole la suerte natural , a mi juicio, erróneamente, de un volapié con estocada corta y caída. Urdiales volverá pronto a este albero, por fortuna, y con la corrida del ganadero Adolfo Martín. Esperemos que vuelva a demostrar lo que lleva demostrando años y que los albaserradas se presten al espectáculo.

De Saldívar podemos decir que ni fu ni fa, ni todo lo contrario. Aburrió al personal con dos faenas larguísimas y sin sentido ante un lote que tampoco daba posibilidades para lo que hoy en día se entiende por lucimiento -dar tres mil muletazos sin ton ni son-, y eso que Urdiales ya le había mostrado que torear es mucho más que dar muletazos regulares gustándose, aunque no convenzas ni a tu peña ni al público más complaciente. Fueron dos toros sosos, muy blandos; el tercero destacó por ser un desierto, en lo que a casta respecta, y el sexto fue un manso bronco y de mucha presencia, que se quedaba a media embestida; el diestro azteca ni templó ni quiso saber nada de él, dando trallazos a espuertas.

Y así acabó la tarde. La corrida fue muy mansa, pero hubo toros con cierta raza y genio que, aplicándoles la Lidia correcta, podían ser aprovechados. Y ahí estuvo Urdiales, demostrando que no es necesario poner sonrisas al salir de la cara del toro ni tampoco hacer aspavientos para dar cuenta de las dificultades que el contrincante muestra a la hora de ser dominado. Urdiales toreó, haciendo uso de la técnica  para poder a sus oponentes, cargando la suerte y exponiendo en cada embestida. Y paladeando eso nos fuimos de la Plaza, esperando el próximo paseillo del torero riojano. 



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