lunes, 24 de marzo de 2014

NADA HA CAMBIADO

Año nuevo, vida nueva. O eso dicen. Poco de ello entendemos los aficionados taurinos, quienes hoy hemos estrenado año nuevo, o temporada nueva mejor dicho, en nuestra plaza de Las Ventas. Novedades pocas, por desgracia. Uno entra a su abono reluciendo ilusión y ganas acumuladas de hace semanas, saluda a los conocidos, echa un vistazo alrededor para dar cuenta de los no tan habituales y los "guiris", y no le falta tiempo para de tenerse a observar, no sin cierta tristeza, que hay alguna ausencia. El resto ya se sabe. Se abre la puerta de chiqueros y empieza el desfile de inválidos, las cuadrillas dan el cante con pésimas lidias, los picadores dejan claro que lo suyo no es dar en el blanco sino en la paletilla, los novilleros pegan muchos pases y ninguno bueno hasta hacer bostezar al personal, sus autobuseros se lo aplauden todo y hasta se creen con derecho a mandar callar a los que recriminamos feas y ventajistas maneras... Lo dicho, poco hemos cambiado. Y si algo ha cambiado la cosa, ha sido para mal. Por ejemplo, Luis Gerpe, quien firmó una interesante actuación el verano pasado en esta misma plaza y hoy ha demostrado su lado más vulgar. Curro de la Casa, con dos novillos que parecía que querían pero las fuerzas no les daba para más, se ha dado mucha más coba de la necesaria y, para colmo, aunque tanta invalidez no le daba apenas opciones, ha dejado patente que de colocación y buenas maneras, cero patatero. Lo de Javier de Prado, más que otra cosa, lo que da es mucha lástima. ¿Quién puede tener el alma tan oscura como para engañar a un pobre chico que no tiene ni idea y hacerle creer que es torero? Ya lo demostró el pasado mes de septiembre con la de Prieto de la Cal y lo vuelve a demostrar hoy: es un suicidio poner a un muchacho ahí sin saber manejar los trastos, ni saber de terrenos, ni de colocarse en la plaza, ni de ná de ná. Y menos mal que ambos novillos, uno tetrapléjico perdido y el otro más dotado de fuerzas y dejándose hacer de todo, eran dos madres sin maldad. ¿Lo imaginan si llega a aparecer la casta? Lo único bien aprendido que llevaba eran las ventajas. ¡¡Qué descaro, por favor!! Pero claro, como los del pueblo estaban ahí aclamándole como si se les hubiera aparecido ante sí el mismísimo Gallito, el chaval estará a estas horas creyéndose el número uno de la novillería. El invierno, ya ven, ha pasado y las cosas siguen igual, hasta la ilusión por seguir siendo aficionado y aguantar lo que sea para lograr, aun siendo en pequeñísimas dosis, ver algo destacable. Feliz temporada nueva y salud a tod@s.
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