lunes, 13 de mayo de 2013

ESTA SI QUE NO DECEPCIONÓ

Hablaba antes de entrar a mi abono con mi amigo Enrique Martín sobre qué hacíamos allí con un cartel así. Ambos llegamos a la conclusión de que esto es como la droga: una jodida mierda que te engancha y de la que no puedes escapar. De primeras, la ganadería horrorizaba. Luego, el circo de el Fandi pues también. Y si alguno fueramos pitonisos y llegamos a adivinar lo de Curro Díaz hoy, tenemos pesadillas para todo el año. Esa era la única esperanza de hoy, palpar la torería de Curro el de Linares. Pero ná de ná. Unicamente un buen comienzo de faena a su boyante primero, el cual no se comía a nadie y con el que Curro tomó unas precauciones exageradas, ni que le fuera a arrancar un dedo de un bocao, oiga. Un dulcecito que regaló embestidas suficientes para hartarnos a ver torear. Nuestras ganas. Nada mejoró con el cuarto, que no valió una mierda por si hace falta decirlo. Sinceramente, no quedan muchas ganas de volver a verlo dentro de unos días. El Fandi, como ya se ha especificado y como suele hacer siempre, nos vino como un tripi: nos hizo ver alucinaciones. Yo por lo menos me vi por momentos en una carrera de Formula 1. Ya cuando cogió la muleta volvimos a la cruda realidad. Y esa fue que nos encontramos con un hombre vestido de luces y haciendo como si quisiera torear. ¿O eso también fueron alucinaciones? Qué ridículo más grande que hizo el Fandi. Y qué ridículo más espantoso gran parte del público aplaudiendo eso. Parece que aquí todos tenemos alucionaciones. Va a ser verdad que esto es una droga. Otro aliciente de la tarde era la confirmación de un chaval de Sanlúcar al que nunca hemos visto en Madrid. Una conjuración de astros celestes tendrá que haber para volverle a veru en estos fueros. El de la confirmación le pidió los papeles por el izquierdo, y tras una voltereta y varias coladas por quedarse en la oreja, dejó patente su incompetencia y sus pocas ganas de hacer las cosas bien. Fue este primero el único de la corrida que tuvo algo de castita. Incompetencia a raudales del chaval, que no supo ni por donde meterle mano. Con el sexto, otro buey de carreta con dos buenas perchas, no hizo sino ratificar que esto no es lo suyo. Mató, además, a la última y se va de Madrid con pena y sin gloria. Los toros de La Palmosilla, desigualmente presentados y algunos como el primero o el quinto indignos para Madrid, nos dieron la razón a quienes criticamos su inclusión en el abono. Se medio salva el primero siendo generosos. Los demás, descastados, sin malas ideas y para más inri flojitos sin siquiera ser picados. Y esto sin que todavía no hayan venido las figuras con sus pseudotoros debajo del brazo...
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