lunes, 8 de junio de 2026

7 DE JUNIO DE 2026, CORRIDA IN MEMORIAM: "CUESTA ARRIBA Y SIN PEDALES"

    Ignacio Sánchez Mejías fueron el nombre y los apellidos del día. Grandioso banderillero, primero, a las órdenes de varios buenos lidiadores de la Edad de Oro, destacando entre ellos su cuñado Joselito. Posteriormente lidiador alternativado en 1919, con un estilo bizarro y valiente que le hizo figurar entre los más importantes durante parte de la Edad de Plata. Víctima de la Fiesta, pues cayó en las astas del toro Granadino durante el tórrido mes de agosto de 1934, en la plaza de Manzanares. Amante de los deportes, del automovilismo y de su Real Betis Balompié, hasta el punto de llegar a presidir este club durante unos meses. Hombre dotado de muchas luces y un gusto envidiable por las letras, y he aquí una de sus grandes aportaciones más allá del toreo: algunas obras literarias, entre las cuales destacaron Zaya y Sinrazón, y la Generación del 27. Miembro destacado de este selecto grupo de literatos y considerado el mecenas de la misma, pues a él se debió la primera reunión de sus miembros. 

    Este fue Ignacio Sánchez Mejías, personaje trascendental en la historia de la Tauromaquia y de la literatura española. La llamada Corrida In Memoriam del presente ha ido dedicada a él, pero su memoria no le ha sido rendida con el respeto y la consideración que su figura merecía. Para la ocasión un torero, Borja Jiménez, se ha anunciado para lidiar seis toros en solitario. Y la tarde, lejos de acabar todo lo triunfal y feliz que siempre se espera en estos casos, ha acabado siendo un tremendo petardo por parte de los toros y del propio torero que los reseñó. Así no se puede venir a Madrid, y mucho menos encerrándose con seis toros.

    La tarde se ha hecho muy cuesta arriba. Primero para el torero, el cual vio cómo todo transcurría sin que le llegara la faena grandiosa ni el triunfo rotundo, todo ello en un ambiente cargado de la inmundicia que desarrollaron aquellas reses que tanto él como su entorno tuvieron a mal de reseñar en el campo. Cuesta arriba para los aficionados presentes, que de seguro no han pagado una entrada ni han perdido su maravilloso tiempo para ir a ver un desfile de inválidos, sobreros, cabestros, vulgaridad, falta de frescura y variedad, y un pésimo uso de la espada. Y acaso se le habrá hecho cuesta arriba hasta al propio homenajeado allí arriba, en el cielo. 

    Cuesta arriba y sin pedales es imposible. O sin toros, que al caso viene siendo lo mismo. Algo así como tratar de hacer una paella sin arroz, o de jugar al fútbol sin balón. No se puede venir a encerrarse con seis toros a Madrid reseñando una auténtica birria de corrida que, para colmo, iba a estar destinada al fracaso desde el momento en el que uno decide que tres de esos toros sean de Domingo Hernández. Eso para empezar. Lo de Victoriano del Río suele ser jugar a lo seguro y, aunque más que menos también ha fallado, poco se puede reprochar el haberla seleccionado. Pero ¿no hay más ganaderías en el campo? ¿No hay más encastes? ¿No hay vergüenza torera para reseñar un par de toros cárdenos, y que sea lo que Dios quiera? 

    Tres de Domingo Hernández y tres de Victoriano del Río herrados a fuego con la marca blanca de la casa, eso de Toros de Cortés. De los cuales tres han vuelto a los corrales por no sostenerse en pie y han sido sustituidos por sendos toros de las respectivas ganaderías titulares, además de uno de El Torero que, a la postre, ha sido el que mejor se ha comportado. ¡¡Vaya!! 

    Cuesta arriba, muy cuesta arriba la tarde durante los tres primeros toros: 2º y 3º hicieron asomar el pañuelo verde, y los sustitutos no hicieron sino empeorar las cosas. Mucha fue la vulgaridad del lidiador  durante las respectivas lidias de estos toros, y absolutamente nada que rescatar. El 4º toro, de Cortés, tuvo algo más de movilidad en la muleta y ello animó el cotarro algo más. La faena de Borja Jiménez fue comenzada de rodillas y continuó en la línea que había dejado durante los tres turnos anteriores: la de la vulgaridad. Muletazos sin ajuste, rematados siempre afuera y muy acelerados. Las bernardinas de todos los días como colofón. Por debajo del bondadoso animal en todo momento, definitivamente. Y mal rematado todo ello con la espada, mediante una media estocada en mal sitio. 

    Con el 5º llegaron los mejores muletazos de toda la tarde, y en cierta medida la verdadera esencia que hace algunos años nos hizo fijarnos en este torero. Fue este un sobrero de El Torero que tuvo mucho que torear, y por momentos el lidiador lo hizo. Faena realizada principalmente sobre la mano derecha, con series de muletazos irregulares al principio, pues aunque algunos llevaron mando y mano baja, en otros le costaba. Con la zurda el asunto no cuajó, y al volver a la mano derecha, ya al final de faena, Borja Jiménez dejó derechazos extraordinarios. De esos lentos y poderosos que se rematan atrás y abajo. En una palabra: torear. Torear bien de verdad. Pero pinchó en reiteradas ocasiones, y lo que tenía ganado se le esfumó.

    La corrida acabó en este término, pues el 6º toro fue otra birria con la que Borja Jiménez optó por abreviar, cosa que se agradeció. Aquellos derechazos pegados al 5º fueron lo único verdaderamente bueno que se vio durante toda la corrida. Nada, absolutamente nada más. A Borja Jiménez le faltó durante toda la tarde la frescura y la variedad que se precisan para encerrarse con seis toros. Con el capote, aparte de tres portagayolas, no se le vio hacer absolutamente nada de provecho. Con la muleta estuvo vulgar durante casi toda la corrida y con la espada, paupérrimo en todo momento. Pero sobre todo lo que faltó fue el TORO. De la manera en que vino Borja Jiménez a encerrarse con seis toros a Madrid, no se puede venir. No, definitivamente no. A Ignacio Sánchez Mejías, con razón, no le hubiera gustado nada el tributo que se le rindió. Y este fue el único y verdadero protagonista de esa Corrida In Memoriam en la que el petardo ganadero fue inmenso, como también lo fue el del torero que escogió semejante corrida. Cuesta arriba y sin pedales no se puede. 

domingo, 7 de junio de 2026

6 DE JUNIO DE 2026, 26ª DE FERIA: "VICTORINO Y EL MILAGRO DEL VINO CONVERTIDO EN AGUA"

    "Entonces Jesús les dijo: llenad las tinajas de agua". El resto es pura historia, pues cuando ese agua fue servida se había convertido en un vino excelente. Con razón dicen los que en él creen que Jesús es, entre otras cosas, "nuestro amigo". Lloverían las tortas por echarse a semejante personaje de mejor amigo. Menos mal que no convirtió el agua en ginc-tónic, que si no...

    La conversión del agua en vino es el milagro más grandioso que haya podido quedar registrado. No así convertir el vino en agua, un vino extraordinario y muy bien considerado. Algo así debiera ser suficiente para declarar al ejecutor de semejante sacrilegio en enemigo público número uno. Hace dos mil años alguien convirtió agua en vino, y hoy en día es venerado por millones de personas en todo el mundo. No sin razón. Sin embargo, en el siglo XXI alguien ha sido capaz de convertir un vino extraordinario en el agua más densa y tratada que pueda beberse, de manera que lo de ser venerado por tal cosa pues como que no. No, imposible. A Victorino Martín García, brazo ejecutor de semejante milagro -o sacrilegio, siendo más francos- le van a venerar bien poco los adeptos a la religión taurómaca. 

    Vino convertido en agua. O lo que es igual, una vacada verdaderamente brava y encastada convertida en una factoría de toretes suavones, descastados, tontorrones y muy flojitos. En eso se ha convertido la legendaria vacada de la A coronada, y la corrida lidiada en Madrid el último día de la feria de San Isidro ha sido una buena muestra de ello. Victorinos que no son victorinos. Desfile de toros mal presentados. Muy flojos en varas y que se dejan pegar sin más. Sin el carácter fiero y duro que un día tuvieron sus antepasados. Vacíos de aquel temperamento que hizo grande a esta ganadería por obra y gracia del verdadero profeta que visionó y obró el verdadero milagro de la bravura y la casta: Victorino Martín Andrés. ¡¡Ay, si lo viera!!

    La corrida de Victorino Martín, evidentemente que García, ha pegado el petardo una vez más. No se sabe muy bien qué pretende el renombrado ganadero, pero desde luego no será la misma filosofía que sí se llevó a cabo hace décadas en su propia casa. ¿Acaso que se abra a los carteles donde aparecen "figuras"? ¡¡Por el amor de Dios, si hasta un negado y decadente José María Manzanares los lidiará en Alicante dentro de unos días!! A esto han llegado los victorinos. 

    Y del milagro del vino que se convirtió en agua, al de la multiplicación de los panes y los peces. O lo que es lo mismo, las orejas y las puertas grandes en Madrid. Solo que esto lleva el Conste y Certifico de los maeses cuyas posaderas se plantan todas las tardes en el palco presidencial. En la tarde de marras, maese Fernández Serrano -de nombre Pedro- ha vuelto a obrar semejante milagro. Román se ha ido en volandas por la puerta grande de Madrid tras llevarse dos orejas del 3º y, aunque ha estado bien ante el victorino que más victorino fue de toda la tarde, no ha estado rotundo como para llevarse tanto premio. Al encastado toro 3º, al cual se le despachó en varas de dos picotazos que se dejó pegar, Román le planteó una faena basada en la mano derecha y de muletazos verdaderamente largos y poderosos, de esos que el toro está hilvanado en la muleta y es sometido por abajo. Muy bien Román, verdaderamente bien en esa faena sobre la mano derecha y superior recibiendo a la hora de estoquear. ¡¡Que estocada volvió a dejar Román en la suerte de recibir!! Pero ¿y la mano izquierda? Román no se acopló en ningún momento toreando al natural, que es el muletazo de los billetes y la grandeza por excelencia. Por lo bien que estuvo toreando con la derecha y esa grandiosa estocada, Román mereció una oreja de ley. Dos se tornan excesivas, pero con el infame rigor que se ha llevado a cabo por los maeses del palco durante las últimas semanas, ya todo es posible y nada sorprende. Una vez más cabe preguntarse en qué demonios piensa esta gente cada vez que se dedica a presidir una corrida de toros en la plaza de Madrid. 

    El resto de la corrida de Victorino Martín, recalcar que García de segundo, fue un mar de vulgaridad, aburrimiento, toritos flojos en el caballo y descastados durante el resto de la lidia. Morenito de Aranda anduvo discreto y sin confiarse. Demasiado discreto y muy sin confiarse, a decir verdad. Ni con el 1º, que requería aguante y saber alargar el viaje del toro por el pitón izquierdo, ni con el 4º. Peor fue lo de Fernando Adrián, al cual de seguro no volveremos a ver en semejantes lides. Porque si ante victorinos que no fueron victorinos se mostró así de perdido, ¿qué hubiera sido de él en el caso de haber tenido que lidiar un Gamberro, un Madrugador, un Murciano o cualquiera de los verdaderamente ilustres nombres de la casa? Ni con el 2º, que gastó cierto temperamento aunque muy justo de fuerzas; ni con el simplón  5º. Todo un conato de pegapasismo burdo y vulgar, de medios muletazos y trallazos sin dominio ni gracia. 

    Los milagros existen, claro que sí. Desde vino convertido en agua hasta multiplicación de panes y peces. Pero cuidado con hacerse el milagrero redentor, pues el último que pisó la Tierra acabó colgado de un travesaño de madera. La metáfora acepta miles de lecturas. 

viernes, 5 de junio de 2026

5 DE JUNIO DE 2026, 25ª DE FERIA: "TORMENTA JUAMPEDRERA"

    Juampedreó en Madrid a eso de las siete de la tarde. Una juampedrada que sobrepasó ligeramente las dos horas de duración, que fue intensamente relampagueante y que dio muchos dolores de cabeza. De esas que enguarrinan el coche, o peor aún, de las que hacen que el chapista se frote las manos y se le dibujen en los ojos la $ del dólar. Juampedrada terrorífica para los agricultores, pues la cosecha y la huerta se van al mismísimo carajo y deja pérdidas irreparables. Pero también terrorífica para cualquier aficionado a la Fiesta, el cual echa a temblar de pies a cabeza cuando vislumbra en el horizonte los negros nubarrones que hacen presagiar el magno petardo que se viene. 

    ¡¡Y qué petardo de la vacada herrada con la vieja marca ducal!! Un auténtico desfile de toros irrisoriamente presentados, descastados, bobalicones, sosos, flojos y nulos en varas. No pudo faltar en una tarde así el desfile de los berrendos en colorado comandados por Júnior. Y hasta una muestra, a través del sobrero, de uno de los mayores petardos de la feria: Montalvo. El juampedreo de la tarde madrileña no destrozaría la huerta ni dejaría coches repletos de abolladuras, pero lo que es el ánimo del personal...  ¡¡Cómo dejaron los ánimos!! Por lo menos los de unos pocos que van a los toros precisamente a eso: a ver los toros. Para los del ginc-tónic y los vivaspañas, como si nieva en agosto. El cubateo tiene una cosa buena y es que ahoga las penas, lo cual hace que al día siguiente uno no se acuerde ni de cómo se llama. Pero para los pocos de esos que caben en un autobús, la realidad viene siendo otra: hastío, protestas, palmas de tango, cabreo y hasta la incómoda sensación de sentirse víctimas de un tocomocho. 

    Llegados a este punto cabe preguntarse también por los toreros. ¿Cómo les caería la juampedrada de rigor a Uceda Leal, Clemente y Pablo Aguado -también conocido bajo el pseudónimo de El Educador de los güenos afisionaos-? A cada cual según su propia historia. A estas alturas de la vida, uno se imagina que lo de Uceda Leal ya queda muy en la línea de "ni fú ni fá". Se anuncia, se viste de torero con esa elegancia que le caracteriza y hace un paseíllo que da gusto ver. Y a lo que le salga: si cuela, bien; y si no cuela, pues al menos habrá pasado el cepillo como los monaguillos, y a otra cosa mariposa. Esta vez no coló, ni por toros ni tampoco porque el propio torero anduviera muy animado a que colara. Ni siquiera con la espada, eso por lo que de siempre ha hecho este torero suspirar a los aficionados. 

    A Clemente quizás le duela más. Y no solo en lo físico -que también- sino porque, a pesar de andar con buena actitud, no acabó de convencer. En su poder cayó el único toro de toda la corrida que sacó las cuatro patas de ese tiesto de inmundicia antitaurina que es la falta de casta, de fuerzas y de bravura. El 5º desarrolló casta dentro de su condición mansa, y ello se tornó en diversas complicaciones que a Clemente le fue muy difícil sobreponerse. Comenzando la faena con esos estatuarios tan trapaceros, no es de extrañar tal cosa, y menos aún tras la colección de trallazos a media altura que tuvo a mal de pegar sobre ambos pitones. Poco a poco fue consiguiendo dar algunos muletazos sueltos más sometidos por bajo y con esa firmeza que hace justamente un año cautivó a esta afición, pero sin redondear ni tampoco convencer. Tuvo mucho merito el aguante de Clemente ante ese toro, pero faltó el poder de verdad. Y en un desplante, el toro se le venció y le cogió tan feamente que hizo presagiar una cornada de caballo. Afortunadamente fue solo la sensación, y el motivo por el que a Clemente se le evacuó tan rápidamente a la enfermería no fue otro que una luxación de codo. Con el sobrero de Montalvo, lidiado en 2°, muy poca historia.  

    El amante de la claze y el ritmo parece no encontrar lo que con tanto ahínco busca. Seis toros en un mes en Madrid, seis petardos. Y con un toro al corral incluido. Acaso no sea cosa de la claze y el ritmo, ni de las paparruchas esas de las musas, la inspiración y los hados... A lo mejor lo que le pasa a Pablo Aguado en Madrid es que los aficionados del lugar aún no están educados para paladear sus extremas bonanzas, que no han de ser pocas como bien ha podido comprobar hace pocos días en Aranjuez, sin ir más lejos  ¡¡Aranjuez, nada menos!! Allí sí se encontró con los hados y con el clazeyritmo dichoso, "paró los relojes", cortó orejas y rabo y hasta puso banderillas -por el "toro" nunca se pregunta, que es de talibanes-. Pero es llegar a Madrid y cero patatero. Con toros y vacadas muy selectos, con toda la propaganda que arrastra, con la predisposición de unos pocos a jalearle hasta los andares... Nada de nada. Sí, seguramente vaya ser cosa de la educación y de que los güenos afisionaos esto y lo otro. 

   Ni toros, ni toros artistas, ni toros para los "artistas", ni artistas, ni toreros, ni toreros artistas ni nada. O casi nada: dos buenos pares de banderillas por parte de Iván García, y un buen puyazo de Manuel Jesús Ruiz Román al 3°. Y entre medias, el juampedreo de todos los años y todas las ferias. 

jueves, 4 de junio de 2026

4 DE JUNIO DE 2026, 24ª DE FERIA: "¿QUÉ HACE UNA CHICA COMO TÚ EN UN SITIO COMO ESTE?"

    "Guapa, ¿estudias o trabajas?, le dijo el adulador a la dama. "Ni una ni otra", contestó esta entre abrumada y hastiada. "Yo embisto de lujo", terminó por sentenciar. Y ninguno la comprendió, ni a ella ni a las embestidas. Ninguno, pues a base de adular y adular, y volver a adular de manera tosca y poco sensible, no da ni para tomarse una Coca-Cola. ¿Qué hace una chica como esta en un lugar así?, se pregunta uno. O en caso contrario también cabe preguntarse: ¿qué hace un chico como tal, en un harén tan vulgar?

   Con las embestidas de lujo no caben las medias tintas, ni la vulgaridad, ni el adulamiento barato. Las embestidas de lujo se aprovechan. Y de la misma forma, las embestidas exigentes han de ser entendidas a la fuerza. No hablamos de chicas y chicos, ni de cortejos amorosos, ni nada. Hablamos de toros. Y a los toros que embisten se les debe aprovechar con la verdad del toreo, y no con pases y vulgaridad. 

   Los toros de Jandilla y de Santiago Domecq, como las damas o los caballeros, no merecieron semejante vulgaridad. ¿Qué hacían esos toros en un lugar así y ante los tres seductores con los que tuvieron que verse las caras? Las embestidas que derrocharon muchos de ellos se fueron a hacer gárgaras, acaso perdidas en ese mar de vulgaridad que suele ser el pegapasismo más chabacano que existe, el cual suele ser desarrollado la práctica totalidad de las tardes. ¿Nadie en la sala que tenga a bien demostrar que torear no es lo mismo que pegar pases? Se ve que no.

   Emilio de Justo, vestido con ese terno grosella y otro tan recargado y tan clásico, parecía el galán de toda la vida. Un seductor que con una sola mirada le basta hasta para que le contesten afirmativo en caso de solicitar matrimonio. Sin embargo, todo quedaba en la mera fachada una vez cogía la muleta. No digamos ya cuando agarraba la espada y el descabello. Y tuvo toros Emilio de Justo, ¡¡vaya si los tuvo!! Bueno fue el 1º por su nobleza, y extraordinario lo fue el 4º por su encastado afán de comerse la muleta. Lote este no ya para reivindicar un sitio importante, sino para pegar un puñetazo de tal magnitud que hicieran temblar los cimientos hasta de cualquier oficina de Nautalia. Pero ahí nada tembló. Ya se sabe lo que significa hablar de Emilio de Justo: el medio-pase. El espantoso latigazo que pega hacia dentro sin haber llevado la embestida hasta el final. El descargar la suerte con alevosía y nocturnidad. Las contorsiones. La pinturería hueca... ¡¡Qué mal anduvo Emilio de Justo ante semejantes toros, por Dios!! Pero aún peor con la espada: estocada desprendida y nada menos que diez descabellos para acabar con el 1º, y una de las estocadas más traseras que se recuerdan en los últimos tiempos, y que se sumó a otra colección de golpes de descabello. 

   Borja Jiménez, con un vestido violeta bordado en oro también de auténtico seductor, tampoco tuvo lo que se dice buena mano para el cortejo. Lo de Borja Jiménez extrapolado al piropo y a la seducción, fue lo más parecido que puede haber a Torrente y sus estridentes ocurrencias. Nada que reprocharle ante el toreable 2°, pues el viento que sopló durante toda la faena imposibilitó cualquier conato de lucimiento. Durante la lidia del 5° fue más apacible el clima, y también hubo un toro de Santiago Domecq encastado y exigente. Un toro que no se toreaba solo ni ponía las cosas en bandeja. Había que entenderlo, someterlo, poderlo y, sobre todo, bajarle la mano. Pero Borja Jiménez, lejos de "tocar esas teclas" que tan bella sinfonía hubiera hecho sonar, se limitó a los trallazos. Todo trallazos a media altura y sin someter, sin poder, sin templar, sin mandar. En una palabra, sin TOREAR. El toro d Domecq acabó soltando mucho la cara y a ponerse más complicado a medida que transcurría la faena. Y no se le podía reprochar, pues la casta y los telonazos no son una buena combinación. 

   Víctor Hernández se las vio ante el toro más soso y descastado de toda la corrida, que fue el 3°. No gustaron nada sus maneras en este toro. Pero la emotividad se hizo presente desde el primer capotazo al 6°: voltereta espeluznante, de las que asustan al miedo y dejan sin respiración a casi 25.000 personas. Fue un milagro que Víctor Hernández se levantara como si nada de ese tremendo porrazo y que terminara lidiando y estoqueando al toro. En varas fue masacrado vilmente por el picador, y ello no fue óbice para que el toro llegara a la muleta duro de patas, encastado y con ganas de pelea. Y el matador, acaso con el fuerte golpe aún rezumándole la sesera y la crisma, no dejó de aceptarla. La lidia fue emotiva porque se le vio cogido en cada instante, y de hecho sufrió otro achuchón que volvió a poner los pelos de punta. Pero más allá de ese arrojo, Víctor Hernández no terminó de estar acertado con tan exigente toro. Citó siempre muy encima y fuera de cacho, dejándose así una ventana abierta de par en par por la que el toro podía colarse sin problemas. Requería más sitio ese toro, mejor colocación y una muleta poderosa que fuera capaz de llevarlo sometido con poder. No lo hizo el torero en ningún momento, más centrado en el encimismo y en el trapazo que en otra cosa. El mero hecho de aguantar ahí tras la paliza que se llevó, de por sí merece todos los respetos. 

   La corrida de Jandilla fue remendada con dos toros de Santiago Domecq, y más remendada que debería  haber sido porque se lidaron algunos ejemplares de vergonzosa estampa. Pasaron el trámite -nunca mejor dicho- del caballo con tan solo dos picotazos cada uno y realizando "peleas" de lo más discretas. Los picotazos que se suman a la llamada "extraordinaria condición" en la muleta, ya se sabe el resultado que arroja: el medio-toro de toda la vida. Los de Santiago Domecq lucieron mejores hechuras que los titulares, y ambos sacaron casta y exigencia para entenderse con ellos como solamente lo hacen los toreros de nivel superior. En una parte, el toro "de carril"; y en la otra, la casta. Unos y otros ofrecieron grandes posibilidades de triunfo, de haberles hecho las cosas bien. Pero... ¿Qué hacían unas embestidas como estas en un lugar así?


miércoles, 3 de junio de 2026

3 DE JUNIO DE 2026, 23ª DE FERIA: "QUE MARCHEN SEIS DE SILLAS DE RUEDAS"

   ¡¡Oiga mozo, vayan marchando para el 237 de la calle Alcalá seis de sillas de ruedas bien tiradas!! Van a hacer falta, pues viene Montalvo. Sí, viene una corrida de Montalvo como recambio de los toros anunciados de Lagunajanda; los cuales, por lo visto, no han sido aprobados por los señores veterinarios. Montalvo, sí. Montalvo... Pero ¿acaso no están preparados para la final de la Copa Chenel? ¿Se ha desvestido un santo para vestir a otro? Uhhhhh, aquí hay tomate... No se sabe muy bien a quien pudo ocurrírsele semejante idea -la de traer una montalvada, conociendo el historial de esta vacada en Madrid-, pero por lo visto el visionario ha quedado a la altura de quien asó la manteca. 

  Montalvo fue el recambio, y la necesidad de seis sillas de ruedas se hizo cada vez más grande conforme los inválidos eran puestos en libertad. Un infame desfile de toritos inválidos y tontorrones hasta la saciedad, es lo que fue la corrida de Montalvo que sustituyó a la de Lagunajanda. ¿Se perdió con el cambio? Más se perdió en Filipinas, pero a poco que sí. Los tetrapléjicos de Montalvo iban desfilando por el ruedo uno a uno y, con ellos, los berrendos en colorado que ya maneja Júnior. Por dos veces salieron estos, aunque si no llega a ser por la "generosidad" de maese Fernández Serrano, a la fuerza se hubiera hecho pleno. Y no hubiera pasado nada, so pena de que el bolsillo del Productor de Jarte y el del Productor de lunas de miel se hubiera visto más resentido de la cuenta. Pero como un servidor no tiene acciones ni tratos con ese par de dos, aquí paz y después gloria.

   Casi tres horas de inválidos, sobreros, cabestros y... Y José Garrido, Ismael Martín y Samuel Navalón. Al primero, por lo que se ve, aún le dura la obsesión por la estética de cierto coloso actual que ama los puros y las excentricidades. Pero para el bueno de José Garrido todo queda en la mera obsesión, y poco más. Cortó una oreja del 1° -sobrero de Casa de los Toreros que "se dejó"-, y en gran parte bien habría que achacarla a la buena estocada que dejó. El resto de su hacer fue una especie de performance que intentó realizar un toreo artista sin arte, un toreo arrebatado de medios muletazos sin arrebato, un toreo recargado de teatralidad e inspirado en sabe Dios qué y quién. En definitiva, un estilo de lo más personal pero parco en la verdad que otorga el templar y el mandar. También lo intentó con esmero ante el 4°, pero la manifiesta invalidez del torete de Montalvo lo dejó en la más absoluta nada.

   Si José Garrido es la obsesión por la estética llegada desde la Puebla del Río, ¿cómo definir lo de Ismael Martín y Samuel Navalón? Se vienen muchos nombres propios a la cabeza: Pedrés, Chamaco, Litri, Chicuelo II -el de Albacete, no el de verdad-, un tal Manuel Benítez, otro tal Sebastián Palomo, un Jesús Janeiro, un David Fandila... Es decir, heterodoxia en una palabra. En dos, heterodoxia y tremendismo. Y en más, el toreo alegre. El salir a darlo todo sin dejarse nada atrás. El arrojo. Las ganas de comerse hasta a sus toros, si fuera preciso. La línea del toreo bullidor... Y la verdad, la pureza y el hacer elegante, brillando por su absoluta ausencia. Dos toreros Martín y Navalón que han salido a la plaza totalmente entregados de hacer más de lo que pudieran o les dejaran hacer sus toros, así como todo aquello que supiesen hacer. 

  Ismael Martín quiere dominarlo todo: capote, banderillas, muleta y espada. Quizás algún día llegue a dominarlo de verdad a través de las reglas del toreo y del arte, pero para ello antes debe dominar su cabeza. Es lo que le falta, dominar su cabeza para pisar el freno. Ismael Martín embiste más de la cuenta, le falta contar hasta diez. Muy acelerado siempre, con unas condiciones físicas envidiables, un arrojo exagerado y una puesta en escena demasiado excesiva. Ha dejado cosas buenas, como ese quite de oro al 2° que ha sido quite de verdad, pues se lo ha llevado del caballo con el capote a la espalda y lo ha dejado en suerte de nuevo tal cual. También ha matado bien a ese mismo toro, al cual hasta ha llegado a dejar dos pares de banderillas cuadrados en toda la cara; si bien, con demasiadas florituras y excesiva contorsión en la preparación. Luego, en el toreo fundamental y que consiste este en las verónicas, los derechazos y los naturales, Ismael Martín anda muy verde. Y muy vulgar. Anduvo por debajo del 5°, sobrero de Fermín Bohórquez que gastó buena condición, y al cual citó siempre muy encima y no fue capaz de llevar toreado hasta el final. 

   Samuel Navalón también domina las florituras como pez en el agua. El encimismo, el toreo de rodillas con el capote, el toreo de rodillas con muleta, las bernardinas, los circulares, el aguante... Pero ¿qué tal Samuel Navalón a la hora de torear a la verónica y al natural? Pues con mucho, pero que muchísimo que pulir. No tuvo sentido alguno el alargarse con el bodrioso animalejo que fue lidiado como 3°. Pero sí fue a parar a su suerte el único torete de Montalvo que desarrolló dureza en los pies, regalando así una buena retahíla de embestidas para andar bien de verdad. La faena a este toro fue de sobar y sobar, muchos muletazos en los cuales ninguno fue mandón ni templado. Todo fue hacia fuera, perfilero y retorcido de figura. Y cuando el toro echó el freno, comenzó el encimismo, el aguante y las bernardinas. Mató mal al toro y, además, anduvo cerca de sonarle el aviso número tres. Es lo que tiene pasarse de faena.

   Montalvo reventó la tarde. Pero una cosas buenas parece que tendrá: no reventará la final de la Copa Chenel, a celebrarse en pocas semanas en la propia plaza de Madrid. Una pena por los mayoristas de sillas de ruedas.

2 DE JUNIO DE 2026, 22ª DE FERIA: "LOS ESCOLARES SUSPENDEN A LOS MAESTROS"

    Los escolares se personaron a su examen global como manda la etiqueta: guapos, bien uniformados, muy repeinados y perfumados. Casi parecían más ir de boda que a hacer un examen. Un examen ante la gran cátedra, su gran día de todo el año. Los escolares vinieron con la lección bien aprendida, si bien no en algunas de las asignaturas principales como lo son la bravura y el caballo. Sí en la de casta, aunque no con excesos. Algunos, incluso, pasaron el examen de casta raspadito raspadito. Los escolares estudiaron en la escuela de la vida, esa que no da para llegar a la universidad pero sí para sobrevivir en la calle. Escolares, a fin de cuentas, más propios de un instituto público de Entrevías o de Tetuán, que del más elitista de los colegios sitos en Boadilla del Monte o en Pozuelo de Alarcón. Escolares que suponen todo un reto para los buenos maestros de verdad a la hora de dar clase y examinar.
 
    A los escolares que estudiaron en la escuela de la vida y no son fáciles de meter en vereda durante la lección, un maestro verdaderamente cualificado es capaz de hacerles atender mientras explica las ecuaciones de segundo grado, la sintaxis o hasta la lista de los reyes godos. En el polo opuesto se encuentran los maestros que se limitan a dar su clase despreocupados de la atención de sus alumnos. Maestros como los eternos interinos, ya de vuelta de todo en su carrera profesional y al que no le queda otra que tragar si quiere conservar su derecho a vacante. O como los recién graduados que poco a poco se labran su sitio, que al principio tienen que tragar con lo que les echen. Los escolares exigentes que no suelen atender en clase y hay que bajar al barro con ellos, les suele venir grandes. E, incluso, suspenden. Sí, suspenden los maestros a manos de sus propios escolares.

    A los escolares que acudieron a examinarse ante la gran cátedra isidril, a pesar de andar muy justos en ciertas asignaturas, les dio para aprobar. Fue un aprobado raspado en algunos casos, salvados en su mayoría por la casta y la exigencia de sus embestidas. Suspendieron en el caballo, pues ninguno de los seis hicieron peleas bravas y de poder. Eso les llevó a suspender también en bravura, aunque los maestros no terminaron de examinarles del todo en esta asignatura dado que la pregunta sobre "los medios" nunca cayó en el examen. En casta hubo aprobados raspados, dos con notable alto -5º y 6º, para más señas- y algún que otro suspenso también. Hubo también aprobado general en dureza, fiereza y pies. De manera que, como puede verse, la corrida enviada a Madrid por José Escolar Gil -el tío Pichorronco para los amigos y admiradores- anduvo estupenda de trapío, muy floja de bravura, encastada, dura, exigente y con peligro si no se les hacía las cosas bien. Seis toros de verdad y variados en comportamiento, faltando desgraciadamente el bravo.

    Delante de los escolares, impartiendo la lección del día y examinando como buenamente pudieron -y supieron-, tres maestros a los que bien puede considerarse los eternos interinos. Los que cada dos años firman un examen que luego dejan en blanco, acaso resignados a sus respectivos destinos ubicados en los barrios, llamémoslos "marginales", de Madrid. Lo que toca ha tocado, pues lo importante es figurar, dar clase, cotizar y que la nómina llegue a final de mes. Tres eternos interinos con diecisiete, catorce y trece años dando tumbos por esos centros docentes de Dios, con el alumnado más exigente -imposible en algunos casos- que pueda existir y ya con la resignación por bandera. Sus nombres son de sobra conocidos en esta cátedra: Pepe Moral, Damián Castaño y Gómez del Pilar. Los verdaderos suspensos ante la cátedra se los han llevado ellos. Los propios maestros, y ante escolares de lo más exigentes que solicitaban decisión, recursos, dominio y, lo más importante, olvidarse de pegar soflamas. O pegar pases, en este caso. La exigencia de los escolares pasaba por el poder antes de torear, las faenas de pocos muletazos, someter con firmeza por abajo y correr la mano hasta el final, el no dejarse la ventana abierta. ¡¡Toros, eso eran toros de verdad!! Nada que ver con ese alumnado elitista -también llamados "toros artistas"- donde los maestros que hacen millones de euros en esto se inflan a otorgar matrículas de honor, pero luego en la escuela de la vida semejante alumnado no sabe ni coger el metro de lo rematadamente idiotas que son. El mundo al revés, los escolares suspendiendo a sus propios maestros. 

    Pepe Moral lleva diecisiete años sobreviviendo en una espiral de idas y venidas con caídas al olvido, resurrecciones y vuelta a empezar. Hace un año volvió a "resucitar" ante un alumno de Miura en Sevilla, y aquí le tenemos otra vez saboreando las mieles de esa enésima oportunidad que la interinidad le brinda. El examen de los escolares no fue de miel, sino de hiel. Ni decisión, ni cabeza, ni nada. Descentrado, muy descentrado el maestro examinando a sus dos escolares. Sobó mucho al 1º a base de medios muletazos que acortaban el viaje, y ante los cuales el toro se le paraba y echaba miraditas de león enjaulado. A final de soflama tuvo más decisión para correr la mano con largura y, cosas de la vida, el alumno entró en vereda y siguió la lección con atención. Qué cosas... Al 4º no le sobó tanto, pero sí trapaceó feamente. Mal con la espada.

    Damián Castaño fue muy aplaudido tras su faena al 5º, tanto así que hasta fue requerido por parte de la cátedra para dar una vuelta al ruedo. Acaso por su valentía y arrojo, y es que verdaderamente hace falta tener mucho de ambas para ponerse delante de un escolar como ese 5º sin saber ni por dónde andarle. Y el resultado de ello fue un cóctel molotov que le hizo estar a merced durante toda la faena de tan encastado animal. De principio a fin. Damián Castaño sobrevivió con tan pocas facultades y tan poca cabeza, que no es poco. Al contrario, demasiado fue. El toro requería mando, largura, mano baja, firmeza. Castaño, lejos de otorgar todo eso, se centró en los trapazos desde la mala colocación y que saliera el sol por Antequera. Algún que otro muletazo llevó el sello del dominio, pero fueron tan pocos que hasta cabe pensar que fueron casualidad. Menos pasó ante el 2º, también encastado y que se orientó muy pronto a base de los medios trapazos y el poco dominio del lidiador. Con la espada, fatal. Como siempre. Como siempre en este buen hombre.

    Gómez del Pilar dejó a sus dos escolares sin examen en el caballo. Que los dejó sin picar, vaya. Y lo acabó pagando caro. Con el 3º no anduvo nunca confiado y se basó en los trapazos. Y con el 6º llegó a sacar los mejores muletazos de la tarde. Una faena larguísima, tanto así que le sonó un aviso mientras se disponía a pegarle otra serie de derechazos. Larga y de muy menos a un poco más, pues los mejores muletazos fueron unos naturales sobre la mano derecha que llegaron al final de faena. Buenos y dominantes esos muletazos, a los que se sumaron alguno que otro más sobre ambos pitones. El resto de tan largo trasteo se basó en los trapazos y en el espantar las moscas. Con la espada mal, pero peor aún con el descabello.

    La corrida de José Escolar fue dura y exigente, solo apta para lidiadores muy cualificados que los entendieran y pudieran. ¿Existe eso a día de hoy en el escalafón? Es difícil encontrarlo. Muy difícil...