Juampedreó en Madrid a eso de las siete de la tarde. Una juampedrada que sobrepasó ligeramente las dos horas de duración, que fue intensamente relampagueante y que dio muchos dolores de cabeza. De esas que enguarrinan el coche, o peor aún, de las que hacen que el chapista se frote las manos y se le dibujen en los ojos la $ del dólar. Juampedrada terrorífica para los agricultores, pues la cosecha y la huerta se van al mismísimo carajo y deja pérdidas irreparables. Pero también terrorífica para cualquier aficionado a la Fiesta, el cual echa a temblar de pies a cabeza cuando vislumbra en el horizonte los negros nubarrones que hacen presagiar el magno petardo que se viene.
¡¡Y qué petardo de la vacada herrada con la vieja marca ducal!! Un auténtico desfile de toros irrisoriamente presentados, descastados, bobalicones, sosos, flojos y nulos en varas. No pudo faltar en una tarde así el desfile de los berrendos en colorado comandados por Júnior. Y hasta una muestra, a través del sobrero, de uno de los mayores petardos de la feria: Montalvo. El juampedreo de la tarde madrileña no destrozaría la huerta ni dejaría coches repletos de abolladuras, pero lo que es el ánimo del personal... ¡¡Cómo dejaron los ánimos!! Por lo menos los de unos pocos que van a los toros precisamente a eso: a ver los toros. Para los del ginc-tónic y los vivaspañas, como si nieva en agosto. El cubateo tiene una cosa buena y es que ahoga las penas, lo cual hace que al día siguiente uno no se acuerde ni de cómo se llama. Pero para los pocos de esos que caben en un autobús, la realidad viene siendo otra: hastío, protestas, palmas de tango, cabreo y hasta la incómoda sensación de sentirse víctimas de un tocomocho.
Llegados a este punto cabe preguntarse también por los toreros. ¿Cómo les caería la juampedrada de rigor a Uceda Leal, Clemente y Pablo Aguado -también conocido bajo el pseudónimo de El Educador de los güenos afisionaos-? A cada cual según su propia historia. A estas alturas de la vida, uno se imagina que lo de Uceda Leal ya queda muy en la línea de "ni fú ni fá". Se anuncia, se viste de torero con esa elegancia que le caracteriza y hace un paseíllo que da gusto ver. Y a lo que le salga: si cuela, bien; y si no cuela, pues al menos habrá pasado el cepillo como los monaguillos, y a otra cosa mariposa. Esta vez no coló, ni por toros ni tampoco porque el propio torero anduviera muy animado a que colara. Ni siquiera con la espada, eso por lo que de siempre ha hecho este torero suspirar a los aficionados.
A Clemente quizás le duela más. Y no solo en lo físico -que también- sino porque, a pesar de andar con buena actitud, no acabó de convencer. En su poder cayó el único toro de toda la corrida que sacó las cuatro patas de ese tiesto de inmundicia antitaurina que es la falta de casta, de fuerzas y de bravura. El 5º desarrolló casta dentro de su condición mansa, y ello se tornó en diversas complicaciones que a Clemente le fue muy difícil sobreponerse. Comenzando la faena con esos estatuarios tan trapaceros, no es de extrañar tal cosa, y menos aún tras la colección de trallazos a media altura que tuvo a mal de pegar sobre ambos pitones. Poco a poco fue consiguiendo dar algunos muletazos sueltos más sometidos por bajo y con esa firmeza que hace justamente un año cautivó a esta afición, pero sin redondear ni tampoco convencer. Tuvo mucho merito el aguante de Clemente ante ese toro, pero faltó el poder de verdad. Y en un desplante, el toro se le venció y le cogió tan feamente que hizo presagiar una cornada de caballo. Afortunadamente fue solo la sensación, y el motivo por el que a Clemente se le evacuó tan rápidamente a la enfermería no fue otro que una luxación de codo. Con el sobrero de Montalvo, lidiado en 2°, muy poca historia.
El amante de la claze y el ritmo parece no encontrar lo que con tanto ahínco busca. Seis toros en un mes en Madrid, seis petardos. Y con un toro al corral incluido. Acaso no sea cosa de la claze y el ritmo, ni de las paparruchas esas de las musas, la inspiración y los hados... A lo mejor lo que le pasa a Pablo Aguado en Madrid es que los aficionados del lugar aún no están educados para paladear sus extremas bonanzas, que no han de ser pocas como bien ha podido comprobar hace pocos días en Aranjuez, sin ir más lejos ¡¡Aranjuez, nada menos!! Allí sí se encontró con los hados y con el clazeyritmo dichoso, "paró los relojes", cortó orejas y rabo y hasta puso banderillas -por el "toro" nunca se pregunta, que es de talibanes-. Pero es llegar a Madrid y cero patatero. Con toros y vacadas muy selectos, con toda la propaganda que arrastra, con la predisposición de unos pocos a jalearle hasta los andares... Nada de nada. Sí, seguramente vaya ser cosa de la educación y de que los güenos afisionaos esto y lo otro.
Ni toros, ni toros artistas, ni toros para los "artistas", ni artistas, ni toreros, ni toreros artistas ni nada. O casi nada: dos buenos pares de banderillas por parte de Iván García, y un buen puyazo de Manuel Jesús Ruiz Román al 3°. Y entre medias, el juampedreo de todos los años y todas las ferias.
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