Once mil quinientos cincuenta y nueve (11.559). Podría parecer que, tras recitarse el numerito en cuestión, iba a secundar una voz chillona espetando miiiiiiiil euuuuuurooooooooos. Pero no, no tiene nada que ver con la lotería, ni nada de eso. Once mil quinientos cincuenta y nueve (11.559) son, según los datos oficiales, los espectadores que han acudido hoy a los toros en Madrid. Vamos, lo que llega siendo que en la tarde de hoy no se ha ocupado ni media plaza. Que en la feria más importante del mundo, en una feria en la que hasta no hace muchos años había lleno diario, no se consiga llegar ni al medio aforo, aun siendo un hecho esporádico, es para ponerse serios y pensar en muchas cosas, porque no puede ser. La cosa viene del principio: se quiere hacer una feria grandiosa, y aquí viene el primer error de bulto, que no es otro que confundir la cantidad con la calidad. Pues nada, programamos treinta y cuatro tardes y nos pensamos que con esto ya es la mejor feria habida y por haber. Y de ahí, ya empiezan a derivarse todos los problemas: muchas ganaderías que contratar, no todas tiene toros para Madrid, hay que tirar de lo que sea para rellenar huecos... Y, para colmo de males, como un abono de treinta y cuatro festejos puede resultar caro para algunos bolsillos, sacamos una quiniela para que los señores abonados se quiten un número limitado de festejos, y así impedir que se pierdan abonados. ¡¡Qué gran paradoja!! Se quieren dar muchísimos festejo pero a la vez se le da al abonado la oportunidad de no sacar cierto número de entradas... No se le ocurre ni al que asó la manteca. Es algo que no tiene ni pies ni cabeza. Y por estos senderos de la noche, llegamos al fatídico punto que nos toca escribir: para rellenar uno de esos tantos huecos que quedan, se cuela con calzador una ganadería que junta seis moles bien grandotas y pesadas, y además con mucha leña, para que a los veterinarios no les dé por decir que los tiran para atrás porque carecen de trapío al ser pequeños (confundiendo una vez más el tocino con la velocidad). ¿Qué más da si esta ganadería lleva ya lustros y más lustros sin presentar un pitón con medio miligramo de dignidad y decoro? Se llame la ganadería El Ventorrillo, se llame Las Ramblas, se llame Valdefresno, se llame Zalduendo o se llame Perico el de los Palotes. Y con ellos, tres toreros que puede que hayan hecho más o menos méritos para venir a Madrid, pero que combinados de esta manera no tienen apenas tirón, y que si por si fuera poco, se las verán con un ganado que no invita nada acercarse a la plaza. Forma todo un cóctel explosivo que, cuando hace reacción, desemboca en el resultado numérico ya conocido: 11.559. Un completo desastre, ver la plaza así en pleno San Isidro. Más nos valdría que los responsables de esta hecatombe se lo hiciesen mirar y le pusieran remedio a este mal.
Y una vez dicho esto, sí. ¿Sí el qué? Pues sí que lo del Ventorrillo salió tan malo y vulgar como cabía esperar, que produjo un aburrimiento insoportable y un cabreo cuanto menos solemne. Sobre todo, por la cosa de que se barruntaba desde que se conocieron los carteles de la feria, pues los aficionados no serán adivinos, ni profetas, ni nada de eso, pero tampoco son tontos, y ven venir las cosas de lejos. ¿Qué hicieron los toretes del Ventorrillo? Pues salir con muy poca gracia, acudir al caballo como quien acude a quitar verdugos a los olivos, que se va porque hay que ir; no pelear, defenderse, salirse de najas, luego embestir en la muleta con muy feo estilo y aún menos gracia que con la que salieron... O sea, lo que hicieron fue ser la antítesis del toro de lidia. Sea este bravo o manso, que de las dos maneras puede salir, pero nunca sin casta y tontorrón perdido. Porque cuando sale así, es la antítesis del toro de lidia, y así fueron los del Ventorrillo. ¿Que por ahí hubo una excepción? Cierto es. Estaba destinado a ser el 5°, pero por cogida de Ritter hubo de correrse el turno de la lidia y acabó saliendo en sexto lugar. Que no fue un prodigio de bravura ni un derroche de casta, si bien es cierto que sí la tuvo, pero al menos peleó con más presteza en varas, metiendo la cara abajo y empleándose con mejor son; y en la muleta, aunque le costaba arrancarse al primer muletazo, embistió con buen tranco y humillando.
La terna se plantó aquí esta tarde y, como quien va a examinarse de unas oposiciones ante un tribunal, llegó, soltó todo aquello cuanto sabían y cuanto podían, pasaron el trago como buenamente pudieron, y hasta otro día. Ritter, ante el único que pudo matar, estuvo pegándole muletazos hasta que la Presidencia, a través del pañuelo blanco, le dijo "acaba ya pesado, que al final te lo dejas vivo y luego el mal afisionao seré yo y todo". De esa faena tan larga llegaron especialmente al tendido algunos muletazos con la zurda en los que el torero, siempre de perfil, movió la muleta con suavidad. Digno y con cierto estilo en este pasaje de la faena, pero nada más entre medias con un toreo vulgar con el que pasó las más vulgares aún embestidas del bicho. La cogida le llegó cuando realizaba un quite por chicuelinas al 4°, revolviéndosele el toro y tirándole un pitonazo en el gemelo que le hizo terminar su tarde antes de tiempo.
Francisco José Espadas cumplió a la perfección su guión propio de torero 2.0, basado en muletazos desargando la suerte y en línea, en el encimismo, en las manoletinas, en los cambiados por la espalda y todas esas cosillas. Ante el 3° todo quedó en nada, no así ante el 5° (que teóricamente era el 6°), pues el toro sí se movió con algo más de alegría y permitió que su faena tuviera más vibración. Y a los dos, los mató de la misma manera: malamente.
Eugenio de Mora, que pasó sin pena ni gloria ante su lote, se las vió por accidente con el único de la corrida que dio verdaderas opciones de triunfo. Y a su manera, consiguió aprovecharse del buen toro para terminar arrebañado una oreja. Y también, del aburrido y soñoliento público, que tras una tarde de insoportable tedio, debía de estar deseoso de ver ligarse unos cuantos muletazos para premiarlo con un despojo, aunque los muletazos fueran poco mandones y se dieran desde Manuel Becerra. Eugenio de Mora siempre le dio sitio y tiempo entre cada serie de muletazos, lo que le ayudó aún más a aprovechar al toro, pero nunca pisó los terrenos donde se torea de verdad, ni consiguió llevarse los toros atrás ni templar las embestidad. Estuvo, lo que se dice, por debajo del toro. Mató de una estocada en buen sitio, y a pesar de todo y de que el toro tardó en caer, se llevó la oreja.
Que la tarde de hoy les sirva a los mandamases de Plaza1 para reflexionar muy en serio sobre las condiciones de la feria de San Isidro, porque hay muchas cosas que mejorar. Mucho tiempo se lleva diciendo desde distintos colectivos de aficionados, y he aquí un claro ejemplo de que es necesario reducir el abono para alcanzar la calidad. Se puede y se debe mejorar.
lunes, 10 de junio de 2019
9 DE JUNIO DE 2019, VIGESIMOSÉPTIMA DE FERIA: UNA MALA CORRID DE TOROS Y UN TORERAZO ANTE ELLA
Mansa, correosa y complicada corrida de Baltasar Ibán. Apareció la casta con los ibanes, como era de prever, pero un casta acompañada de genio y mansedumbre que hicieron de ella una corrida no apta para torear bonito, ni para esas faenas interminables de tropecientos mil telonazos en los que el toro y el torero terminan tal cual, sin despeinarse ambos. Una corrida de toros mala y dura. Pero más dura fue aún la terrible imagen de Román colgado del pitón durante unos interminables segundos cuando el tercero de la tarde le echó mano entrando a matar, y cuya consecuencia fue una fortísima cornada de 30 centímetros en el muslo que le originó diversos destrozos musculares. Dramática secuencia, y más aún cuando se lo llevaban a la enfermería chorreando sangre a borbotones e intentando taponarse la herida por sí mismo.
La cogida de Román marcó negativamente, aún más, la corrida de Ibán. Esta ya empezó con mal pie cuando el primero fue devuelto a los corrales. Bien es verdad que el toro no andaba muy sobrado de fuerzas y que se le dosificó mucho el castigo en varas, pero no había doblado una pezuña hasta que Pepe Moral lo tumbó, literalmente, de un latigazo cuando intentaba hacer un quite. Y a partir de ahí, el toro empezó a caer en cada capotazo al que era sometido, teniendo que salir Florito con sus bueyes a recogerlo y llevárselo para dentro. En su lugar salió un sobrero de Montealto al que dejaron crudo en varas, y el resultado fue un temperamento indómito. Curro Díaz, desconfiado y haciendo uso de muchas precauciones, no fue capaz de sobreponerse a estas dificultades, realizando una faena plagada de medios pases y muchos enganchones. Acabó de fea manera con un metisaca en los bajos, más una estocada.
El segundo fue, de largo, el mejor de la tarde. Su nombre, Camarito, no podía traer consigo otra cosa que no fuera tan buena condición. Bravo de veras en el tercio de varas, pues acudió con alegría, se empleó con la cara abajo y metió riñones. El piquero, Juan Antonio Carbonell, colocó bien el palo en el primer encuentro, pero se le fue a mal sitio en el segundo, y además metió mucho el palo en sendos encuentros, lo que lastró al toro en su posterior pelea en el tercio de muerte. Ya en banderillas se vio al toro galopar con alegría cuando se le citaba y embestir haciendo surcos en el albero con el morro, por lo que en el tendido el personal se frotaba las manos mientras Pepe Moral se iba a por él muleta en mano. Y el toro empujó con verdadera casta y no menos clase en las dos primeras series por el lado derecho, pero una vez se echó el torero la muleta a la zurda, ya se le vio más desfondado, aunque no por ello sin afán de embestir. A partir de ahí, se vio que el toro quería, pero el castigo en varas había sido excesivo y se había sangrado demasiado al animal, por lo que empezó a quedarse paradote. Y tras una faena que no fue tampoco demasiado larga, acabó el toro aculado en tablas y haciendo amagos de echarse cuando el matador le dejó el primer pinchazo. Una pena, aunque no por ello dejó de ser un buen toro, y la ovación que se le tributó en el arrastre fue más que merecida. Un toro bravo en varas y que ofreció unas cuantas arrancadas encastadas, no todos los días se ve algo igual. Y más hubiera sido si se le hubieran medido un poco más los puyazos, que una cosa es dejar a los toros crudos, y otra muy distinta es masacrarlos. Hay término medio. ¿Que cómo estuvo Pepe Moral? Pues hombre, estar estar, lo que se dice estar... Pues ni eso.
El tercero fue, sin lugar a dudas, un cabrón. Un cabrón manso, reservón, con muy malas ideas, que esperaba a los peones en banderillas y que medía en cada capotazo y muletazo. Su pelea en varas fue como la de todo mansazo que se preste, es decir, sin emplearse, con la cara dirijida al castoreño del picador, defendiéndose y pegando cornadas al peto. En banderillas estaba aculado en tablas y muy agarrado al piso, por lo que los peones sudaron más sangre que Jesucristo en Getsemaní para bregarlo y banderillearlo. Acabaron entrando para ponerlas de una en una, como en el rejoneo pero sin caballo, y en una de esas El Sirio sufrió una tarascada y le propinó un fuerte revolcón, sin consecuencias graves aparentes. Román hizo señas al palco para cambiar el tercio aunque el toro aún no tenía los cuatro palos reglamentarios arriba. Y bueno, eso puede estar muy bien, porque hay veces que aplicar cualquier norma a rajatabla llega a ser injusto e incluso peligroso, en los toros y fuera de los toros. Pero pregunto, inocentemente y a riesgo de a uno se le acuse de chuflón, faltón, irrespetuoso y todas esas maravillas que los taurinejos estos sueltan por el hocico cuando se les lleva la contraria: a un toro tan complicado, ¿no cabría ponerle los pares a la media vuelta, al sobaquillo o al sesgo, antes de pedir el cambio de tercio sin las cuatro banderillas reglamentarias arriba? ¿O es que en las escuelas ya no se enseñan esas cosas, y solo se enseña a decir "baja tú", "eres un chufla", o "qué falta de respeto"? ¿No? Pues quién lo diría... Total, que el presidente se mantuvo en su sitio y no cambió el tercio hasta que las cuatro banderillas flamaban en el morrillo del toro. ¿Hizo bien? Pues hombre, hay otros recursos antes que saltarse el reglamento, pues esto último se entendería legítimo si fallara lo demás. Y lo demás no solo no falló, es que ni se intentó. De manera que Román, muleta en mano, se fue a por el reservón y genuino ibán, que tenía un peligro sordo. Y allí delante aguantó, estoico, sapos y culebras en forma de arreones y embestidas inciertas. No era toro para florituras ni para torearlo al uso moderno, pero Román lo trató como si lo fuera para tal cosa, poniéndose ahí delante con mucha verdad, ofreciendo la muleta sin ventajas y llegando incluso a tirar del toro con verdadero mando en algunos muletazos. Fue mucho más que digna su labor. El resto, fue una dramática historia. La cuadrilla recogió la oreja que le fue concedida.
Con el estómago de todos los presentes encogido, hizo aparición el cuarto. Por si hace falta decirlo, no se empleó en varas y fue picado de manera lamentable. Fue este un toro que sacó casta y más nobleza, si bien su pitón bueno fue el derecho. Curro Díaz comenzó la faena con torería y dejó bonitos detalles de fina bisutería. Por ese lado derecho lo pasó el torero suavemente y haciendo gala de sus personalísimos amaneramientos, pero muy despegado y descargando siempre la suerte. Faena tan llena de estética como vacía de verdad, pues nunca pisó los terrenos donde se hace el toreo y no hubo una sola vez en que no diera el pasito atrás. Con la zurda, más de lo mismo, solo que el toro no embistió por este pitón izquierdo com tanta claridad. Mató Curro de una estocada caída, y cayó una oreja que se presumió muy excesiva.
El quinto manso fue también muy castigado, además de muy mal castigado, en el primer tercio, defendiéndose con gañafones y cornadas al peto. Pepe Moral volvió a dejar en claro que no fue esta su tarde, pues se mostró muy desconfiado y precavido, además de molestado por el viento en diversas fases de la faena. El toro acudía siempre al cite con nobleza y se desplazaba, pero Pepe Moral nunca lo llevó por abajo y el animal, que por arriba no quería nada, se defendía de cada trallazo y acabó pareciendo peor de lo que en realidad fue. Mal además con la espada.
Y cerró la corrida un ejemplar que, para variar, tampoco fue derroche de bravura en el caballo ni el piquero escatimó en puyazos carniceros. El tercio de banderillas que se sucedió volvió a hacer florecer las preguntas de los pares a la media vuelta, al sesgo y demás, pues fue un toro muy incierto, acudía a los cites a arreones y, por ende, complicado de banderillear. Curro Díaz lo sacó al tercio y, sin apenas probaturas, agarró la muleta con la zurda para, muy de frente y dando el pecho, mover la muleta suavemente. Muchos fueron los altibajos de la faena, algunos muletazos fueron buenos pero se perdían en otros muchos enganchados. Después de algunas series de naturales, cogió el torero la muleta con la diestra, pero sin ponerse tan de verdad y metiendo mucho el pico. El toro ya se quedaba corto y se quedaba a medio viaje. Y cuando volvió a la zurda, ya no había toro.
Fue esta de Baltasar Ibán una corrida de toros que, a diferencia de lo que nos tiene acostumbrados, fue mala por mansa, correosa y peligrosa, que no imposible. Una mala corrida de toros, pero precisamente ahí estuvo el meollo de la tarde: eran toros. Mejores o peores, más dulces o más complicados, pero TOROS.
#FuerzaRomán
La cogida de Román marcó negativamente, aún más, la corrida de Ibán. Esta ya empezó con mal pie cuando el primero fue devuelto a los corrales. Bien es verdad que el toro no andaba muy sobrado de fuerzas y que se le dosificó mucho el castigo en varas, pero no había doblado una pezuña hasta que Pepe Moral lo tumbó, literalmente, de un latigazo cuando intentaba hacer un quite. Y a partir de ahí, el toro empezó a caer en cada capotazo al que era sometido, teniendo que salir Florito con sus bueyes a recogerlo y llevárselo para dentro. En su lugar salió un sobrero de Montealto al que dejaron crudo en varas, y el resultado fue un temperamento indómito. Curro Díaz, desconfiado y haciendo uso de muchas precauciones, no fue capaz de sobreponerse a estas dificultades, realizando una faena plagada de medios pases y muchos enganchones. Acabó de fea manera con un metisaca en los bajos, más una estocada.
El segundo fue, de largo, el mejor de la tarde. Su nombre, Camarito, no podía traer consigo otra cosa que no fuera tan buena condición. Bravo de veras en el tercio de varas, pues acudió con alegría, se empleó con la cara abajo y metió riñones. El piquero, Juan Antonio Carbonell, colocó bien el palo en el primer encuentro, pero se le fue a mal sitio en el segundo, y además metió mucho el palo en sendos encuentros, lo que lastró al toro en su posterior pelea en el tercio de muerte. Ya en banderillas se vio al toro galopar con alegría cuando se le citaba y embestir haciendo surcos en el albero con el morro, por lo que en el tendido el personal se frotaba las manos mientras Pepe Moral se iba a por él muleta en mano. Y el toro empujó con verdadera casta y no menos clase en las dos primeras series por el lado derecho, pero una vez se echó el torero la muleta a la zurda, ya se le vio más desfondado, aunque no por ello sin afán de embestir. A partir de ahí, se vio que el toro quería, pero el castigo en varas había sido excesivo y se había sangrado demasiado al animal, por lo que empezó a quedarse paradote. Y tras una faena que no fue tampoco demasiado larga, acabó el toro aculado en tablas y haciendo amagos de echarse cuando el matador le dejó el primer pinchazo. Una pena, aunque no por ello dejó de ser un buen toro, y la ovación que se le tributó en el arrastre fue más que merecida. Un toro bravo en varas y que ofreció unas cuantas arrancadas encastadas, no todos los días se ve algo igual. Y más hubiera sido si se le hubieran medido un poco más los puyazos, que una cosa es dejar a los toros crudos, y otra muy distinta es masacrarlos. Hay término medio. ¿Que cómo estuvo Pepe Moral? Pues hombre, estar estar, lo que se dice estar... Pues ni eso.
El tercero fue, sin lugar a dudas, un cabrón. Un cabrón manso, reservón, con muy malas ideas, que esperaba a los peones en banderillas y que medía en cada capotazo y muletazo. Su pelea en varas fue como la de todo mansazo que se preste, es decir, sin emplearse, con la cara dirijida al castoreño del picador, defendiéndose y pegando cornadas al peto. En banderillas estaba aculado en tablas y muy agarrado al piso, por lo que los peones sudaron más sangre que Jesucristo en Getsemaní para bregarlo y banderillearlo. Acabaron entrando para ponerlas de una en una, como en el rejoneo pero sin caballo, y en una de esas El Sirio sufrió una tarascada y le propinó un fuerte revolcón, sin consecuencias graves aparentes. Román hizo señas al palco para cambiar el tercio aunque el toro aún no tenía los cuatro palos reglamentarios arriba. Y bueno, eso puede estar muy bien, porque hay veces que aplicar cualquier norma a rajatabla llega a ser injusto e incluso peligroso, en los toros y fuera de los toros. Pero pregunto, inocentemente y a riesgo de a uno se le acuse de chuflón, faltón, irrespetuoso y todas esas maravillas que los taurinejos estos sueltan por el hocico cuando se les lleva la contraria: a un toro tan complicado, ¿no cabría ponerle los pares a la media vuelta, al sobaquillo o al sesgo, antes de pedir el cambio de tercio sin las cuatro banderillas reglamentarias arriba? ¿O es que en las escuelas ya no se enseñan esas cosas, y solo se enseña a decir "baja tú", "eres un chufla", o "qué falta de respeto"? ¿No? Pues quién lo diría... Total, que el presidente se mantuvo en su sitio y no cambió el tercio hasta que las cuatro banderillas flamaban en el morrillo del toro. ¿Hizo bien? Pues hombre, hay otros recursos antes que saltarse el reglamento, pues esto último se entendería legítimo si fallara lo demás. Y lo demás no solo no falló, es que ni se intentó. De manera que Román, muleta en mano, se fue a por el reservón y genuino ibán, que tenía un peligro sordo. Y allí delante aguantó, estoico, sapos y culebras en forma de arreones y embestidas inciertas. No era toro para florituras ni para torearlo al uso moderno, pero Román lo trató como si lo fuera para tal cosa, poniéndose ahí delante con mucha verdad, ofreciendo la muleta sin ventajas y llegando incluso a tirar del toro con verdadero mando en algunos muletazos. Fue mucho más que digna su labor. El resto, fue una dramática historia. La cuadrilla recogió la oreja que le fue concedida.
Con el estómago de todos los presentes encogido, hizo aparición el cuarto. Por si hace falta decirlo, no se empleó en varas y fue picado de manera lamentable. Fue este un toro que sacó casta y más nobleza, si bien su pitón bueno fue el derecho. Curro Díaz comenzó la faena con torería y dejó bonitos detalles de fina bisutería. Por ese lado derecho lo pasó el torero suavemente y haciendo gala de sus personalísimos amaneramientos, pero muy despegado y descargando siempre la suerte. Faena tan llena de estética como vacía de verdad, pues nunca pisó los terrenos donde se hace el toreo y no hubo una sola vez en que no diera el pasito atrás. Con la zurda, más de lo mismo, solo que el toro no embistió por este pitón izquierdo com tanta claridad. Mató Curro de una estocada caída, y cayó una oreja que se presumió muy excesiva.
El quinto manso fue también muy castigado, además de muy mal castigado, en el primer tercio, defendiéndose con gañafones y cornadas al peto. Pepe Moral volvió a dejar en claro que no fue esta su tarde, pues se mostró muy desconfiado y precavido, además de molestado por el viento en diversas fases de la faena. El toro acudía siempre al cite con nobleza y se desplazaba, pero Pepe Moral nunca lo llevó por abajo y el animal, que por arriba no quería nada, se defendía de cada trallazo y acabó pareciendo peor de lo que en realidad fue. Mal además con la espada.
Y cerró la corrida un ejemplar que, para variar, tampoco fue derroche de bravura en el caballo ni el piquero escatimó en puyazos carniceros. El tercio de banderillas que se sucedió volvió a hacer florecer las preguntas de los pares a la media vuelta, al sesgo y demás, pues fue un toro muy incierto, acudía a los cites a arreones y, por ende, complicado de banderillear. Curro Díaz lo sacó al tercio y, sin apenas probaturas, agarró la muleta con la zurda para, muy de frente y dando el pecho, mover la muleta suavemente. Muchos fueron los altibajos de la faena, algunos muletazos fueron buenos pero se perdían en otros muchos enganchados. Después de algunas series de naturales, cogió el torero la muleta con la diestra, pero sin ponerse tan de verdad y metiendo mucho el pico. El toro ya se quedaba corto y se quedaba a medio viaje. Y cuando volvió a la zurda, ya no había toro.
Fue esta de Baltasar Ibán una corrida de toros que, a diferencia de lo que nos tiene acostumbrados, fue mala por mansa, correosa y peligrosa, que no imposible. Una mala corrida de toros, pero precisamente ahí estuvo el meollo de la tarde: eran toros. Mejores o peores, más dulces o más complicados, pero TOROS.
#FuerzaRomán
viernes, 7 de junio de 2019
7 DE JUNIO DE 2019, VIGESIMOQUINTA DE FERIA: SOLO LES FALTABA EL CENCERRO
Dicen los viejos aficionados de Madrid, grandes conocedores de lo que se ha cocido siempre en esta plaza, que la familia Lozano tiene por costumbre echar dos corridas de toros a lo largo de la temporada venteña, y que lo normal es que una sea buena y la otra sea para olvidar. Hace escasos días compareció Alcurrucén en Madrid, siendo el resultado el que todos conocemos: petardo estruendoso.
"Ahora nos toca la buena", veníamos comentado, con media sonrisa, a lo largo del día de hoy. Ilusos de nosotros, que no barruntábamos, ni por casualidad, una nueva bueyada que se nos iba a echar encima a eso de las siete de la tarde.
¿La "buena"? Pues cómo serán las malas, por Dios santo. Alcurrucén ha vuelto a echar en la tarde de hoy, un semana exacta después de hacer la misma jugarreta, otros seis marrajos sin apenas casta. Y digo apenas, porque haberla sí que la hubo, pero se la llevó toda consigo a mejor vida el toro que abrió plaza, que siendo manso peleó con temperamento y fiereza cuando el matador le plantó cara en sus terrenos, que no eran otros que los de toriles. El resto, nada. Cobardones, descastados, desprovistos de todo temperamento y poder, flojuchos y todas esas bondades que tiene una corrida de toros que merece ser calificada como "petardo".
Ese primero puso la nota emocionante de la tarde, por parte de los toros, en el último tercio. Que fue otro mansazo que se defendió y huyó en el tercio de varas tanto como sus hermanos, pero resultó tener mucho que torear. Ferrera, sin probaturas ni nada, se fue a esos terrenos de toriles y le citó de lejos con la zurda, viniéndose el toro al instante como una locomotora y repitiendo en cada muletazo. Ferrera le pegó dos series de muletazos con la zurda en la que tuvo a bien bajarle mucho la mano y mostrar así la enorme clase que tuvo el toro, pero sin lograr templar ni mandar sobre las embestidas del burel. Cambió de mano la muleta y siguió pegando tirones, haciéndole siempre las cosas por abajo pero nunca llevando al toro totalmente podido. Y después de pasarlo por ambos pitones unas cuantas veces más sin lograr sobreponerse al toro en ningún momento y tirando de muchas precauciones en forma de piquito y tirones hacia fuera, vino ese clásico en todas las faenas ferreristas, que no es otra cosa que el tirar la espada de madera y dar naturales con la derecha, siempre fuera de cacho y metiendo el pico de manera muy excesiva. Dicho todo en pocas palabras: se fue sin torear. Mal, muy mal Antonio Ferrera.
La corrida pareció terminarse en este punto y no volver a remontar. Los toros que fueron saliendo no llevaron ni de lejos la tónica del que abrió plaza. Al menos en cuanto a casta, porque lo que fue en mansedumbre, incluso la superaron. Diego Urdiales poco pudo hacer ante el mojón segundo, con el cual tampoco se pasó demasiado tiempo delante pegándole pases, cosa que es de agradecer. Ginés Marín se llevó en tercer lugar un torete que debió haber vuelto al corral por tetrapléjico, y con el que estuvo haciendo de enfermero. ¿Qué otra cosa podía hacer? El caso es que el toro no tuvo mal son en su embestida, y dotado de más fuerzas podría haber sido de lío gordo, sobre todo por el lado derecho. Pero cada vez que Ginés Marín le exigía, el toro acababa besando el albero. Y Antonio Ferrera se las vio y entendió en cuarto lugar con otro mojón con cuernos al cual llevó a media altura mediante una hermosa colección de telonazos abusando del pico y visiblemente apático y desganado. Pero, sin duda, el macheteo con el que preparó al animal para la suerte suprema fue lo más decoroso de su actuación. En realidad fue lo único decoroso, y dejó sobre el ruedo ese sabor añejo que tanto se agradece cuando un torero decide recuperarlo.
La tarde ya andaba espanzurrada en el suelo, cual estrella de mar, cuando salió el quinto, y a Urdiales le dio por ponerse el mono de faena y hacer el toreo. El toro llevaba muy poco dentro, y Urdiales empezó dando pases sobre el lado derecho sin demasiado brillo y dejando la sensación de que poco iba a suceder allí. Pero de repente se echó la muleta a la zurda y, poniéndose en el sitio donde se hace el toreo verdadero, empezó a echar la muleta alante y, tirando del toro con mucho poderío, pegó algunos naturales de suma pureza y torería. No muchos, pero sí los suficientes para recobrar el interés por lo que sucedía en el ruedo, y darle sentido a la tarde. Después de esto, otra vez a la mano derecha y llegaron otros cuantos redondos muy mandones y toreros. No quiso irse Urdiales a por la espada de verdad sin intentar torear por naturales de frente, pero no llegaron a alcanzar altas cotas que sí alcanzó anteriormente. Cambiada la espada, cerró al toro con ayudados por alto para, posteriormente, dejar lo que hasta ahora es la estocada de la feria.
Y la tarde de mansos culminó, como no podía ser menos, con otro mansazo de libro. El toro se pasó toda la lidia de un lado a otro del ruedo, haciéndose amo y señor del mismo y sin que nadie fuera capaz de imponerse ante él. Y en la muleta no lo fue menos. Ginés Marín se pasó todo lo que duró el trasteo esprintando tras él: le ponía la muleta, pegaba el latigazo, el animal huía a la otra punta de la plaza corriendo como una gacela con su matador detrás, y vuelta a lo mismo. Así unas cuantas veces hasta que el matador decidió quitárselo de enmedio.
La tarde de hoy volvió a ser una pasarela la mar de hermosa de mansos, bueyes, mulos, cabestros y boyazos. Y es esta la tónica que llevamos teniendo durante esta insufrible semana. Si la semana pasada se caracterizó por llevarse a cabo el llamado Ciclo en homenaje a Albaserrada, lo de esta semana ¿cómo se podría definir? ¿Ciclo en homenaje al buey de lidia, estaría bien?
"Ahora nos toca la buena", veníamos comentado, con media sonrisa, a lo largo del día de hoy. Ilusos de nosotros, que no barruntábamos, ni por casualidad, una nueva bueyada que se nos iba a echar encima a eso de las siete de la tarde.
¿La "buena"? Pues cómo serán las malas, por Dios santo. Alcurrucén ha vuelto a echar en la tarde de hoy, un semana exacta después de hacer la misma jugarreta, otros seis marrajos sin apenas casta. Y digo apenas, porque haberla sí que la hubo, pero se la llevó toda consigo a mejor vida el toro que abrió plaza, que siendo manso peleó con temperamento y fiereza cuando el matador le plantó cara en sus terrenos, que no eran otros que los de toriles. El resto, nada. Cobardones, descastados, desprovistos de todo temperamento y poder, flojuchos y todas esas bondades que tiene una corrida de toros que merece ser calificada como "petardo".
Ese primero puso la nota emocionante de la tarde, por parte de los toros, en el último tercio. Que fue otro mansazo que se defendió y huyó en el tercio de varas tanto como sus hermanos, pero resultó tener mucho que torear. Ferrera, sin probaturas ni nada, se fue a esos terrenos de toriles y le citó de lejos con la zurda, viniéndose el toro al instante como una locomotora y repitiendo en cada muletazo. Ferrera le pegó dos series de muletazos con la zurda en la que tuvo a bien bajarle mucho la mano y mostrar así la enorme clase que tuvo el toro, pero sin lograr templar ni mandar sobre las embestidas del burel. Cambió de mano la muleta y siguió pegando tirones, haciéndole siempre las cosas por abajo pero nunca llevando al toro totalmente podido. Y después de pasarlo por ambos pitones unas cuantas veces más sin lograr sobreponerse al toro en ningún momento y tirando de muchas precauciones en forma de piquito y tirones hacia fuera, vino ese clásico en todas las faenas ferreristas, que no es otra cosa que el tirar la espada de madera y dar naturales con la derecha, siempre fuera de cacho y metiendo el pico de manera muy excesiva. Dicho todo en pocas palabras: se fue sin torear. Mal, muy mal Antonio Ferrera.
La corrida pareció terminarse en este punto y no volver a remontar. Los toros que fueron saliendo no llevaron ni de lejos la tónica del que abrió plaza. Al menos en cuanto a casta, porque lo que fue en mansedumbre, incluso la superaron. Diego Urdiales poco pudo hacer ante el mojón segundo, con el cual tampoco se pasó demasiado tiempo delante pegándole pases, cosa que es de agradecer. Ginés Marín se llevó en tercer lugar un torete que debió haber vuelto al corral por tetrapléjico, y con el que estuvo haciendo de enfermero. ¿Qué otra cosa podía hacer? El caso es que el toro no tuvo mal son en su embestida, y dotado de más fuerzas podría haber sido de lío gordo, sobre todo por el lado derecho. Pero cada vez que Ginés Marín le exigía, el toro acababa besando el albero. Y Antonio Ferrera se las vio y entendió en cuarto lugar con otro mojón con cuernos al cual llevó a media altura mediante una hermosa colección de telonazos abusando del pico y visiblemente apático y desganado. Pero, sin duda, el macheteo con el que preparó al animal para la suerte suprema fue lo más decoroso de su actuación. En realidad fue lo único decoroso, y dejó sobre el ruedo ese sabor añejo que tanto se agradece cuando un torero decide recuperarlo.
La tarde ya andaba espanzurrada en el suelo, cual estrella de mar, cuando salió el quinto, y a Urdiales le dio por ponerse el mono de faena y hacer el toreo. El toro llevaba muy poco dentro, y Urdiales empezó dando pases sobre el lado derecho sin demasiado brillo y dejando la sensación de que poco iba a suceder allí. Pero de repente se echó la muleta a la zurda y, poniéndose en el sitio donde se hace el toreo verdadero, empezó a echar la muleta alante y, tirando del toro con mucho poderío, pegó algunos naturales de suma pureza y torería. No muchos, pero sí los suficientes para recobrar el interés por lo que sucedía en el ruedo, y darle sentido a la tarde. Después de esto, otra vez a la mano derecha y llegaron otros cuantos redondos muy mandones y toreros. No quiso irse Urdiales a por la espada de verdad sin intentar torear por naturales de frente, pero no llegaron a alcanzar altas cotas que sí alcanzó anteriormente. Cambiada la espada, cerró al toro con ayudados por alto para, posteriormente, dejar lo que hasta ahora es la estocada de la feria.
Y la tarde de mansos culminó, como no podía ser menos, con otro mansazo de libro. El toro se pasó toda la lidia de un lado a otro del ruedo, haciéndose amo y señor del mismo y sin que nadie fuera capaz de imponerse ante él. Y en la muleta no lo fue menos. Ginés Marín se pasó todo lo que duró el trasteo esprintando tras él: le ponía la muleta, pegaba el latigazo, el animal huía a la otra punta de la plaza corriendo como una gacela con su matador detrás, y vuelta a lo mismo. Así unas cuantas veces hasta que el matador decidió quitárselo de enmedio.
La tarde de hoy volvió a ser una pasarela la mar de hermosa de mansos, bueyes, mulos, cabestros y boyazos. Y es esta la tónica que llevamos teniendo durante esta insufrible semana. Si la semana pasada se caracterizó por llevarse a cabo el llamado Ciclo en homenaje a Albaserrada, lo de esta semana ¿cómo se podría definir? ¿Ciclo en homenaje al buey de lidia, estaría bien?
jueves, 6 de junio de 2019
6 DE JUNIO DE 2019, VIGESIMOCUARTA DE FERIA: Y MÁS BUEYES EN HONOR A SAN ISIDRO
Las nuevas tecnologías están en auge, y ello desprende los medios tradicionales de los nuevos modos de vida del siglo XXI. En las faenas agrícolas no lo son menos, si antes se cogía la aceituna a varazos, ahora con el paraguas agarrado al tractor se hace en un santiamén; si en la antigüedad se segaba a mano con la hoz, ahora se hace desde una máquina segadora con cómodos asientos, aire acondicionado, radio y hasta televisión en algunos casos; de la misma manera que si antes tiraban los bueyes del arado, ahora lo hace el tractor. Total, que con estos avances, las trillas, las hoces o las azadas han quedado casi para piezas de museo; y los bueyes... ¿Para qué han quedado los bueyes? Para tirar de las carretas que van al Rocío, para el manejo del ganado bravo... ¡¡Y hasta para ser utilizado como si de ganado de lidia se tratara!! Sí sí, así tal cual suena. Llega un señor cualquiera y echa unos cuantos bueyes en la dehesa, con la tontería dice ser ganadero de lidia, y al día siguiente lo tenemos acartelado en la feria de San Isidro, sin ir más lejos. Unos cuantos han sido los que han pasado por esta feria (y también por otras) de esta manera, y en la tarde de hoy no ha sido menos y hemos padecido otra bueyada que se ha colado como si de toros de lidia se trataran. Los bueyes de hoy, negros y con la marca a fuego del Puerto de San Lorenzo, se comportaron con tal: bueyes, y con las fuerzas muy al límite. Si en lugar de haber acabado sus días en Las Ventas los hubieran criado para tirar de las carretas que van al Rocío, no hubieran podido tirar ni de un patinete.
Pues sí, bueyada insufrible la que nos hemos chupado hoy de parte de los señores ganaderos del Puerto, quienes acostumbran a darlas de cal y de arena, aunque más por desgracia de cal. Que cuando son de arena, suelen ser de un albero bello y doradito que da gusto verlo y palparlo, pero hay que tragarse antes una cuantas de cal. Como la de hoy, que no ha habido ni por dónde cogerla. Ni fuerzas, ni casta, ni emoción, ni gaitas. Aburrimiento, muchísimo aburrimiento y sopor fueron lo único que predominó en toda la tarde. Antonio Ferrera, que fue obligado a saludar una ovación tras romperse el paseíllo, no tuvo toros. Algún detalle, como por ejemplo un quite por dos largas cambiadas y una revolera doblándose toreramente; u otro quite sacando al toro a los medios bregándolo con mucho temple, y también con el capote por arriba para que el pobre animalito no se derrumbara. Pero quites-quites, de los de verdad, como los de antaño, de los que se utilizan para sacar el toro del caballo. No de esos que el peón saca al toro del jaco, le coloca al gusto del maestro y este va a lucirse, no. Quites de verdad. Y poco más por su parte, pues no había de dónde sacar.
Miguel Ángel Perera, pues igual, sin toros. Con los dos bueyes que le tocaron, ¿qué podía hacer? Hombre, pues poca cosa. Tal vez mover el capote con más decoro para recibirlos, llevarlos al caballo, ponerlos en suerte y sacarlos; y no ponerse tan pesado cuando no hay nada de dónde sacar.
A López Simón le correspondió un torete que se movió con mejor sintonía. Que no fue una maravilla el bicho, pues le faltaban fuerzas por todos sitios además de casta, pero comparado con sus cinco hermanos restantes parecía un manantial de bravura aquello. Al menos iba y venía y se dejaba torear. Y su matador, ¿qué hizo? Pues lo que buenamente sabe, que fue, primeramente, comenzar con telonazos por alto que la verdad no animaron demasiado al personal. Viendo esto el torero, perro viejo en tales menesteres, le pegó entre medias un pendulazo seguido de un pase de pecho, y con eso ya estaba el personal metido en el canasto. Siguieron varias series de muletazos por ambos pitones que se basaron en acompañar la suavona embestida del torillo. Acompañar, que no someter. Corriendo la muleta hacia fuera, siempre pefilero, descargando la suerte y fuera de cacho. Y para rematar la faena antes de tirarse a matar... Sí, lo mismo de siempre. O sea, las bernardinas dichosas. Y en esas el toro le levantó los pies del suelo y le pegó una espeluznante voltereta que le dejó visiblemente mermado. No quiso quedarse a medias, y terminó lo que empezó, aun a riesgo grave de llevarse otro trompazo. ¿Agayas? ¿Tremendismo? ¿Casta torera? ¿Conversión de la seriedad del toreo en algo puramente circense? Que cada uno lo defina como quiera. Y es algo que se podría definir de una forma u otra, depende de cómo lo vea cada uno. Porque se puede definir, a diferencia de otras cosas que son imposibles de hacerlo. Idefinible fue la manera de tirarse a matar de López Simón: justo en el momento de irse al toro, soltaba la muleta, pegaba un salto y se tiraba de cabeza sin la muleta y sin nada. Algo parecido a aquello que hacía Antonio José Galán, pero soltando la muleta a mitad de camino hacia el toro... Y así pinchó dos veces. ¿Cómo se mastica algo así? Increíble y surrealista cuanto menos. Ya en la forma ortodoxa de matar, dejó otros dos pinchazos y remató con el descabello. Perdió López Simón una oreja. O incluso dos, después de la voltereta. Muy típico.
Y ante el sexto, nada de nada. No valió el toro ni para carne, salía rajado de cada muletazo y cuando el matador conseguía ligarle dos, repetía con una sosería y falta de chispa tremenda. Malamente se lo quitó de encima el matador, y a casita a cenar y descansar.
Lo más torero de la tarde corrió a cargo de Curro Javier pareando al segundo. Cuando no hay material, hay muy poco que hacer. Ya se sabe, "Sin Toro nada tiene importancia". Y el Toro es lo que viene faltando en muchas ocasiones.
miércoles, 5 de junio de 2019
5 DE JUNIO DE 2019, VIGESIMOTERCERA DE FERIA: MIAU
“Tanto baile y lío en los corrales es una equivocación, ya que se traen toros fuera de tipo, toros fuera de hechuras (...) Por muy grandioso ganadero que sea, creo que es una equivocación esto.”
Palabras de Sebastián Castella ante los impresentables aduladores del C+, una vez estoqueó al 4° toro. Lo califican de "rajada", pero cuando una persona dice la verdad, por mucho que esta duela, no se le puede censurar. Y es que no hay mejor descripción para la infame gatada de Garcigrande (Garcichico para los amigos), que la que ha realizado Sebastián Castella. Dicen los corrillos de aficionados (y cuando el río suena es porque agua lleva) que han sido hasta trece los toros que ha presentado este ganadero para la tarde de hoy. Trece, de los cuales han sido lidiado cinco. Y en la práctica, ninguno debería haber pisado jamás el ruedo de Las Ventas. ¡¡Cómo se puede ser tan caradura de colar semejante gatada en Madrid!! Una novillada, con todas sus letras. Pero una novillada no de Madrid, pues en Madrid se exige más hasta para novilladas, y de hecho lo normal es que estas sean más fuertes que las lagartijas que hoy ha colado este ganadero. Una novillada de Sevilla, más bien. Y esto, teniendo en cuenta solo a los que se han aprobado... ¡¡Cualquiera se pone a pensar en lo que han rechazado!!
Y ¿qué juego han dado los garcichicos? Pues hombre, a mí, si un día cualquiera, me preguntaran cómo describiría el llamado Toro artista, pondría como ejemplo a los de hoy: flojetes de remos, sin emplearse apenas en varas y haciendo que el piquero se emplee aún menos a la hora de realizar su cometido, sin malas ideas, nobles, toreables... Y rematadamente tontorrones. O, resumido en una palabra: descastados. El Toro artista en su máxima expresión. O como dirían los que entienden, el toro mas bravo jamás lidiado...
A Castella le correspondió bregar con el remiendo de la corrida, un borricote de Buenavista que, comparado con los garcimiaus (si será por nombres) parecía aquello Los Viajes de Gulliver. En cuanto a juego, gastó la misma casta que los cinco del hierro titular, o sea ná de ná. Pero además, muy reservón, paradote y soso. Imposible para cualquier tipo de lucimiento, así como el otro ejemplar que completó el lote de Castella y que salió en 4° lugar. Ante semejante bazofia de pareja, Castella los pasó de muleta con muy poca gracia y aún menos convicción. Y lo mejor de todo, sin demorarse mucho en despacharlos con la espada. En otro momento, Castella hubiera sacado su insufrible lado dontancredista, pero hoy optó por ahorráselo y ahorrarle tiempo al personal. Se agradece el detalle.
A Álvaro Lorenzo le correspondieron dos bambichicos (que no, que no será por nombres) con carácter pastueño, dulce y colaborador. Se movieron los animalicos, iban y venían sin hacer un mal gesto, se prestaron a los intereses del matador... Solo faltaba que la gracia que les faltaba se la pusiera el este. Y el matador, ¿qué hizo ahí delante? Pues dos faenas calcadas la una de la otra, basadas en un pegapasismo basado en ese típico e irritante afán de ahora por tirar líneas, siempre muy despegado y echándoselos para fuera en todos, toditos, todos los muletazos. No hay mucho más que decir al respecto.
Ginés Marín sí puso más gracia y salero. La que en realidad tiene, que no es poca. Porque es uno de esos privilegiados tocado por el halo de la clase y totalmente alejado de las formas vulgares que tan en boga anda. Y la puso ante el 3° nada más recibirlo de capa, toreando a la verónica con mucho gusto y acabando por rematar en los medios. Fue este 3° un novillo que se podría adjetivizar desde dos vertientes: un aficionado riguroso y serio diría que fue un torete de carril para cogerse un empacho toreando. Y luego está la vertiente de los aduladores de la tele/portales/periódicos: un toro de vacas. Pero para terminar de rematar la faena, ¿qué hizo el toro en varas? Pues tomó dos picotazos (es decir que, de primeras, al toro no se le picó), y después pues sí, metió la cara abajo, pero no se empleó... Ahí queda eso. Ginés Marín comenzó la faena sacando al toro a los medios muy toreramente con trincherazos, pases de la firma y remates de calidad. Siguió con la diestra para dejar dos series de muletazos muy despegadito, echando el pie atrás siempre y sin rematar los muletazos atrás, sobresaliendo los pases de pecho. Eso sí, con mucha torería. Que destoreaba, pero con mucha torería, conste. Cambió después de esto a la zurda, y llegaron telonazos sin terminar de acoplarse al toro, por lo que no tardó nada en volver a la mano derecha. Siguieron los medios-pases, metiendo mucho el pico y sin colocarse en el sitio ni una sola vez. Pero ¡¡eh!! Torería no le faltó. Tampoco le faltó para cerrar al toro hacia los adentros, con remates y detalles de bisutería fina. Sirvieron para cuadrar al toro, y dejarle una estocada en buen sitio. Y oreja.
Con media puerta grande abierta, se barruntaba que con poco que hiciera se le iban a llevar en volandas calle Alcalá arriba. Pero una cosa es con poco que hiciera, y otra cosa es... La nada. Pero nada de nada. Esta vez, no brilló en ningún momento Ginés Marín con el capote. Y luego, agarrada la muleta, comenzó sin tantearle ni nada citando a larga distancia con la zurda. Dos series de trallazos sin asentarse ni templarse ni una sola vez, y pasa a la mano derecha, para dejar algunos derechazos muy poco mandones y hacia fuera, y desde muy fuera. Cogió otra vez la zurda, pero a la faena le siguió faltando toda la importancia que le es necesaria a un trasteo de triunfo en Madrid. Trallazos sin someter al toro, y ni mucho menos llevarlo mandado. Y el toro, una perita en dulce que embestía como un carretón. Pero a parte de la concurrencia le dio por jalear como si fuera la única puerta grande que iban a ver en su vida. A Ginés Marín se le fue ese toro sin torear, pero primaban por encima de todo las ganas de verbena que había en el tendido. Y más aún cuando al matador le dio por cerrar la faena a base de... ¡¡Coooooorrecto, bernardinas!! Variedad y personalidad ante todo. Tenía la oreja en el bolsillo Ginés Marín y la puerta grande abierta. Solo le faltaba matar, cuando.... ¡¡Ahhggggggg!! Pinchazo... Se le escapó toda posibilidad de irse a hombros. ¿O no? Volvio a cuadrar al toro y la espada entró hasta los gavilanes, pero cayó trasera. No importó. ¡¡Pañuelos, venga pañuelos!! ¡¡Viva el jolgorio, la verbena, el gintónic, el vino y la Cruzcampo!! Pañuelos en el tendido, berridos y pitos de quien pide los despojos de tal manera y de quienes piden, también así, que no se conceda; los mulilleros dándose un rodeo bien hermoso para irse a por el toro (cualquier día de estos van a recogerlo no sin antes pasar por Manuel Becerra, Doctor Esquerdo, O'Donell, Goya, Conde de Peñalver, Avenida de América, Cartagena, Avenida de los Toreros y vuelta a la plaza para salirse a la M-30 y dar la vuelta entera a Madrid), el presidente que aguanta, más pitos y protestas, los mulilleros que se paran ante el toro sin motivo aparente, el presidente que sigue aguantando como un jabato (en peores se habrá visto, el hombre), los mulilleros que se van hacia el toro y ¡¡ay, que casualidad!! Fallan a la hora de engancharlo. Vuelven a darse otro buen rodeo para volver al toro, el señor Presidente que sigue aguantando sapos y culebras, otra vez van los mulilleros hacia el toro y ¡¡pero bueno, qué pena que hoy no tienen el día!! Otra vez se van las mulas sin el toro enganchado... Otra vuelta al mundo el 80 días de los mulilleros para volver al toro y, esta vez sí, se lo llevan. Y el señor don José Magán, presidente de la corrida, acabó como empezó: con las manos sin ni siquiera rozar el pañuelo blanco. División de opiniones para él. Nada de bronca, no. Que hubo también unos cuantos que aplaudían su saber estar y su aguante para no regalar otra puerta grande que hubiera sido vergonzosa. Una pase, pueden pasar accidentes de vez en cuando. Dos ya... No, definitivamente no. Bravo por don José Magán. ¡¡Que le nombren Presidente para todos los días!! Aunque, lejos de eso, a estas horas ya habrá unos cuantos pidiendo su cabeza...
Y entre tanto acontecimiento que provocaron un solemne cabreo de los unos y de los otros, brilló el peón Rafael Viotti poniendo dos excelentes pares de banderillas al 1°; y Rafael González, José Chacón y El Puchi expusieron mucho en sus correspondientes turnos, consiguiendo poner también buenos pares de banderillas.
martes, 4 de junio de 2019
4 DE JUNIO DE 2019, VIGESIMOSEGUNDA DE FERIA: COMO LOS TOROS DEL FARY, TORITOS "GUAPOS"
Nada. Ni un capotazo. Ni un par de banderillas. Ni un puyazo. Ni un detalle de torería. Ni una estocada. Por no hablar de la palabra mágica de siempre: casta. Ni bravura... ¡¡Uy bravura, dónde habrá quedado eso!! Sopor sí, para dar y regalar. Y bostezos. Y cabezazos contra el hombro del vecino de abono...
¡¡Qué tardecita de... De... Eso!! Con la factoría de bueyes marca Las Ramblas anunciada en el cartel, ¿qué cabía esperar? Sabíamos a lo que veníamos: a lo mismo del año pasado. Y del anterior. Y de hace tres, y cuatro, y así hasta el final de los tiempos. Es decir mansedumbre, descaste, bobaliconería, sosería y borreguez. Y también zambombos, que de esto también presume este hierro, de lo feos y mal hechos que salen sus toros. "Ay torito guapo", cantaba el gran Fary hace muchos años, pero nunca supimos a qué toro se refería ni a qué ganadería perteneció. Pero si hubiera que apostar, lo haría a que de Las Ramblas seguro que NO era el bicho.
Y ¿qué contar de semejante mojón de tarde? Bueno, pues aparte de que no hemos visto nada que no fueran todas esas cosas referidas a la parte chabacana de esta bendita Fiesta, que ha brillado una cosa buena por encima de todo. Muy buena, a decir verdad: que a las 21:05 horas de la tarde ya desertábamos del tendido, pues la cosa fue muy rápida. Y no será porque los matadores no se hayan explayado de lo lindo ante esas joyitas antes de darles muerte. Sobre todo Juan del Álamo, pegapases consumado, y Tomás Campos. Porque el Moreno de Aranda, viendo que carecía de material para sacar todo su arte, tampoco es que se haya demorado mucho en darles muerte. Siempre hay expectación cuando este torero viene a Madrid. Como para no, pues sus finas y puras maneras no se ven todos los días. Pero esta tarde no ha habido nada. Ni un quite, ni un par de verónicas, ni una media, ni el más mínimo detalle. Y a decir verdad, hubiera sido un milagro haberle sacado la más minima cosilla a los dos bueyes con los que le tocó andar delante. Lo único que cabía hacer, era mandarlos al otro barrio con decoro y pulcritud, pero no anduvo bien esta tarde la espada de Jesús Martínez. Con toreros de su estilo siempre cabe decir "otro día será".
Juan del Álamo hizo lo que buenamente sabe: pegar pases. Lo de torear va aparte y en eso ya no anda tan fino, el hombre. Pero lo de dar pases, de maravilla vamos. Ahí se tiró un buen rato ligándole derechazos y naturales al segundo de la tarde, un torete bobo y de carril, de esos que van y vienen y que quizás, si se pone enjundia y garbo, se puede conseguir altas cotas de lucimiento. Pero nada de nada, solo pases, o mejor dicho medios-pases, abusando mucho del pico y tirando fuera al borrego siempre. Y para terminar la faena, ¿alguien lo adivina? Exacto, ¡¡manoletinas!! Con el tiempo que llevábamos sin ver esta suerte del toreo... Por lo menos, por lo menos, si la memoria no me falla, desde ayer mismo.
Y esa misma faena de medios-pases al más puro estilo 2.0, y recreándose bien y sin importar que la parroquia pidiera la hora por estar hasta el gorro de tanta vulgaridad ante semejante buey, se la hizo al 5°. ¿Alguien se acuerda de algo a estas horas? Yo tampoco...
Y Tomás Campos, el hombre, pues vino con voluntad y ganas de agradar. Eso que no le falte a quien le escasean los contratos, malo sería lo contrario. Pero bien haría en plantearse las cosas y pensar seriamente en qué gusta y qué deja de gustar a una afición como la de Madrid. Que igual lo de intentar ponerse bonito ante un cabestro topón como lo fue el 3°, no es lo que corresponde. Porque al final pasa lo que pasa: que le echa mano aunque sea por accidente. Porque dudo mucho que el pobre animal quisiera hacerle el más mínimo daño cuando cuando se le quedó enganchado el pitón en la banda de la taleguilla, si solo le faltó pedir perdón. Tampoco es muy normal que ante semejante bicho, después de una larguísima faena de trapazos para espantarle las moscas, se ponga a dar ¡¡sí señor!!, manoletinas otra vez. Como si lleváramos sin verlas desde la época del Monstruo de Córdoba.
El sexto se movió con mas claridad, pero no era tontería este toro. Requería mando y sometimiento, mucho oficio al fin y al cabo. Demasiado para un torero que no torea demasiado. No se hizo con él Tomás Campos, quien se limitó a tirar líneas a media altura y sin temple alguno. "¡¡Bájale la mano!!" se oía decir una y otra vez, pero tan ostentosos consejos nunca llegaron a convertirse en algo material. Merecería este torero ser anunciado de nuevo con una corrida de más garantías, pues lo de hoy es una encerrona de muy mal gusto.
Las Ramblas cumplió con el guión, una vez más. Y el año que viene, seguro que otra vez estará anunciada en Madrid por San Isidro. Aburrimiento y cabreo asegurado, con semejante factoría de bueyes más apropiados para tirar de un arado que para ser lidiados como corrida de toros.
¡¡Qué tardecita de... De... Eso!! Con la factoría de bueyes marca Las Ramblas anunciada en el cartel, ¿qué cabía esperar? Sabíamos a lo que veníamos: a lo mismo del año pasado. Y del anterior. Y de hace tres, y cuatro, y así hasta el final de los tiempos. Es decir mansedumbre, descaste, bobaliconería, sosería y borreguez. Y también zambombos, que de esto también presume este hierro, de lo feos y mal hechos que salen sus toros. "Ay torito guapo", cantaba el gran Fary hace muchos años, pero nunca supimos a qué toro se refería ni a qué ganadería perteneció. Pero si hubiera que apostar, lo haría a que de Las Ramblas seguro que NO era el bicho.
Y ¿qué contar de semejante mojón de tarde? Bueno, pues aparte de que no hemos visto nada que no fueran todas esas cosas referidas a la parte chabacana de esta bendita Fiesta, que ha brillado una cosa buena por encima de todo. Muy buena, a decir verdad: que a las 21:05 horas de la tarde ya desertábamos del tendido, pues la cosa fue muy rápida. Y no será porque los matadores no se hayan explayado de lo lindo ante esas joyitas antes de darles muerte. Sobre todo Juan del Álamo, pegapases consumado, y Tomás Campos. Porque el Moreno de Aranda, viendo que carecía de material para sacar todo su arte, tampoco es que se haya demorado mucho en darles muerte. Siempre hay expectación cuando este torero viene a Madrid. Como para no, pues sus finas y puras maneras no se ven todos los días. Pero esta tarde no ha habido nada. Ni un quite, ni un par de verónicas, ni una media, ni el más mínimo detalle. Y a decir verdad, hubiera sido un milagro haberle sacado la más minima cosilla a los dos bueyes con los que le tocó andar delante. Lo único que cabía hacer, era mandarlos al otro barrio con decoro y pulcritud, pero no anduvo bien esta tarde la espada de Jesús Martínez. Con toreros de su estilo siempre cabe decir "otro día será".
Juan del Álamo hizo lo que buenamente sabe: pegar pases. Lo de torear va aparte y en eso ya no anda tan fino, el hombre. Pero lo de dar pases, de maravilla vamos. Ahí se tiró un buen rato ligándole derechazos y naturales al segundo de la tarde, un torete bobo y de carril, de esos que van y vienen y que quizás, si se pone enjundia y garbo, se puede conseguir altas cotas de lucimiento. Pero nada de nada, solo pases, o mejor dicho medios-pases, abusando mucho del pico y tirando fuera al borrego siempre. Y para terminar la faena, ¿alguien lo adivina? Exacto, ¡¡manoletinas!! Con el tiempo que llevábamos sin ver esta suerte del toreo... Por lo menos, por lo menos, si la memoria no me falla, desde ayer mismo.
Y esa misma faena de medios-pases al más puro estilo 2.0, y recreándose bien y sin importar que la parroquia pidiera la hora por estar hasta el gorro de tanta vulgaridad ante semejante buey, se la hizo al 5°. ¿Alguien se acuerda de algo a estas horas? Yo tampoco...
Y Tomás Campos, el hombre, pues vino con voluntad y ganas de agradar. Eso que no le falte a quien le escasean los contratos, malo sería lo contrario. Pero bien haría en plantearse las cosas y pensar seriamente en qué gusta y qué deja de gustar a una afición como la de Madrid. Que igual lo de intentar ponerse bonito ante un cabestro topón como lo fue el 3°, no es lo que corresponde. Porque al final pasa lo que pasa: que le echa mano aunque sea por accidente. Porque dudo mucho que el pobre animal quisiera hacerle el más mínimo daño cuando cuando se le quedó enganchado el pitón en la banda de la taleguilla, si solo le faltó pedir perdón. Tampoco es muy normal que ante semejante bicho, después de una larguísima faena de trapazos para espantarle las moscas, se ponga a dar ¡¡sí señor!!, manoletinas otra vez. Como si lleváramos sin verlas desde la época del Monstruo de Córdoba.
El sexto se movió con mas claridad, pero no era tontería este toro. Requería mando y sometimiento, mucho oficio al fin y al cabo. Demasiado para un torero que no torea demasiado. No se hizo con él Tomás Campos, quien se limitó a tirar líneas a media altura y sin temple alguno. "¡¡Bájale la mano!!" se oía decir una y otra vez, pero tan ostentosos consejos nunca llegaron a convertirse en algo material. Merecería este torero ser anunciado de nuevo con una corrida de más garantías, pues lo de hoy es una encerrona de muy mal gusto.
Las Ramblas cumplió con el guión, una vez más. Y el año que viene, seguro que otra vez estará anunciada en Madrid por San Isidro. Aburrimiento y cabreo asegurado, con semejante factoría de bueyes más apropiados para tirar de un arado que para ser lidiados como corrida de toros.
3 DE JUNIO DE 2019, VIGÉSIMOPRIMERA DE FERIA: ¡¡QUÉ NOVILLEROS MÁS MALOS!!
Qué envidia me producían aquellos que veían en la tauromaquia un futuro más que halagüeño, con sus dichosos se torea mejor que nunca, se lidia el toro más bravo de la historia, los toros es el 2° espectáculo de masas en España solo por detrás del fútbol, los antitaurinos son minoría, las plazas se llenan porque los toros sí interesan, y demás fantochadas. Y digo que "me producían envidia", en tiempo pretérito, porque a día de hoy ya no solo no me produce envidia ver las cosas de manera tan halagüeña y desde la perspectiva de quien vive en los mundos de Yupi. No, envidia no es la palabra. Es horror. Sí, me horrorizan tales afirmacione, pues el Titanic se hunde, y la tripulación solo se dedica a acallar la realidad con los violonchelos y contrabajos de la banda de música. Pero hundiéndose, a pique, camino del fondo del océano, llámenlo como lo deseen. O de un modo más coloquial, yéndose a la real mierda (y perdón por la expresión). Son muchas las situaciones que lo demuestran, pero una muy clara es lo mal que anda la novillería, pilar fundamental donde se sostiene el futuro más inmediato de la Fiesta. Y un perfecto resumen de esto es la lamentable feria de San Isidro que ha echado la representación novilleril anunciada en ella. Tres novilladas, de ganaderías X, Y y Z, que han servido considerablemente para triunfar en Madrid; y nueve novilleros, A, B, C, D, E, F, G H e I, que han pasado de puntillitas ante tan buen material, aunque el término pasar de puntillas sea un alarde de excesiva benevolencia.
Ya se habló en su momento sobre la primera novillada, con el hierro X y que lidiaron A, B y C; y también sobre la segunda novillada, con el hierro Y y ante la cual se midieron D, E y F. Lo escrito sobre ambos festejos coinciden: novillos desaprovechados por novilleros vulgares, monótonos y a los cuales poco futuro se les ve en esto. Si hasta el más puntero de todos y en quien más confía el aficionado (podríamos apodarlo... Yo qué se, F por ejemplo) patinó ante sus dos novillos.
Ahora, toca hablar de lo acontecido en la tercera y última novillada de la feria, con el hierro Z (de Fuente Ymbro) que lidiaron G (de Juanito), H (de Antonio Grande) e I (de Diego San Román). Y otra vez el mismo guión de todos los días, ¡¡otra puñetera vez!! Otra vez que hay que hablar de novillos de lío que salieron, y que se fueron al desolladero sin torear y con las orejas sin cortar. Tres novillos de Fuente Ymbro para armar un lío gordo, gordísimo: el primero, el segundo y el cuarto. No hace falta perder el tiempo en describir los quehaceres de cada uno de los novilleros ante tales pastelitos de merengue, pues se resume perfectamente en que tanto Juanito como Antonio Grande realizaron tres faenas (dos Juanito y una Antonio Grande) calcadas la una de la otra, y que si por algo sobresalieron fue por la adhesión radical que muestran estos dos chicarrones del norte a la infame Tauromaquia 2.0, esa del toreo perfilero y donde no se carga la suerte ni por accidente, se cita muy fuera de cacho, se embarca la embestida con todo el pico y se tira para fuera al toro. Y no hay más. Antonio Grande, el hombre, fue esta su primera tarde de toda su carrera en Las Ventas, y se le vio que anda más verde que un camión de melones, y que meterle en San Isidro, ¡¡en San Isidro nada menos!!, con tan pobre bagaje (cinco novilladas y un festival en 2018) es para coger por banda al autor de la gracia (que dudo mucho que fuera el propio interesado) e interponerle una orden de alejamiento de cualquier despacho taurino. Pero Juan Silva "Juanito", que ya ha toreado en Madrid ¡¡cinco veces en dos temporadas!!, (seis con la de hoy, y que se puede decir seis festejos en tres temporadas, a dos novilladas por año)... Siendo además uno de los novilleros que más torea (16 en 2018, octavo en el escalafón de novilleros). Es para pensar en muuuuuuuchas cosas, y que se dejen las adulaciones y los peloteos de lado. Y quien dice Juanito, novillero G de San Isidro, dice también lo mismo de otros cuantos novilleros acuantes en la misma feria.
Tres novillos de triunfo gordo los tres antes mencionados, sí. Pero ¿y los otros tres? Pues bien, ese resto (3°, 5° y 6°), no sirvieron más que para carne. O para tirar de las carretas que van al Rocío, si se le quiere dar otro uso. O, si no se sabe lidiar marrajos y solo se tiene en mente la monofaena de los tropecientosmil telonazos culminado con el arrimónde rigor, para buscarse un disgustobien egordo. Y eso fue lo que por poco le pasó a Diego San Román, otrora componente de la terna. Mal en lo lidiador, peor aún en lo técnico, y muy a merced toda la tarde de los dos novillos complicadísimos, por masos, que le cupieron en suerte. El tercero fue un animal que ya estaba muy rajado desde el tercio de varas, y aculado en tablas en banderillas. Que sí, que está muy bonito todo eso de dar pases y hacer las mil y una florituras que hacen los Julianes, Rocas, Pereras y demás redil de figuras, pero hay que tener cabeza y saber cuándo y cómo. Empezó con este tercero, sin apenas probarlo ni nada, citándolo desde los medios dándole mucha distancia. Y el animal se tragó ese primer trallazo por completo, pero más bien podría decirse que fue porque estaba aculado en el tendido 7, y enfrente tenía la puerta de toriles. Y entre medias, el novillero citando. Se tragó ese primer muletazo pero salió despavorido hacia la puerta de chiqueros como alma que lleva el diablo. Se empeñó el mexicano en sacarlo fuera, pero imposible. Ya más cerrado, intentó ponerse a pegarle pases como si fuera para ello, pero en una de esas el novillo hizo por él y le propinó una espeluznante voltereta. Y de ahí, a cerrarlo completamente en tablas e intentar el encimismo, para después realizar la temeridad de pegarle bernardinas a semejante mulo, quitándoselo de enmedio acto seguido degollándolo con una estocada que cayó trasera. Y ante el sexto, un novillo también muy manso y reservón, prácticamente lo mismo. Comenzó la faena nada menos que de rodillas, pero al segundo intento tuvo que ponerse en pie, y no porque el novillo le achuchara, sino porque tuvo que salir corriendo detrás de él para volverlo a recoger. Otra vez se puso de rodillas cuando llegó donde estaba el novillo, es decir casi en toriles, pero el intento le volvió a fallar. Porfió en sacarlo a los medios e intentar el toreo con la derecha, pero el toro se quedaba corto y gastaba mucha sosería. Lo prueba con la zurda y el novillo vuelve a hacer por él y le propina otra fortísima voltereta. Es entonces cuando el novillero lo cierra más y sigue porfiando por ambos pitones, pero no hay ni material ni maneras que convenzan al personal. Y tras otro larguísimo trasteo por el que muchos aficionados rogaban que terminara, intentó cerrar em mismo por manoletinas (sin fortuna), culminando con una estocada que cayó en buen sitio al hilo de las tablas
Y luego estuvo el quinto novillo, reservón, paradote como él solo, y que no derrochó ni medio mililitro de sangre encastada. Ideal para quitárselo de enmedio en menos que se persigna un cura loco. No ocurrió, y Antonio Grande se embarulló en un trasteo larguísimo y tedioso que no dijo absolutamente nada de nada.
La tarde fue calamitosa, por todos lados. Ni una verónica, ni un muletazo como mandan los cánones ortodoxos, ni una estocada... Ahora, que lo que no faltaron para nada fueron los telonazos con el capote a la espalda, las chicuelinas de esas que se dan despatarrado (abriendo el compás que dicen los que entienden) y que van camino de convertir las 7 plagas de Egipto en 8; las tafalleras combinadas con más chicuelinas, los pendulazos desde los medios, el toreo de rodillas, las bernardinas, las manoletinas, y toda esa patulea de moderneces. Y hasta se vio una nueva variante del toreo de rodillas con la muleta: algo así como intentar dar una larga cambiada con la muleta para comenzar la faena (Antonio Grande en el 2°, pero por razones que eran de esperar, tuvo que echarse al suelo). Tampoco se vio un par de banderillas (cosa harto de rara a decir verdad), y en cuanto a los piqueros solamente Tito Sandoval fue capaz de hacer la suerte ante el 3° y señalar un puyazo arriba, pero después de marrar al costillar en el anterior encuentro que tuvo con dicho novillo.
Una tardecita que pone muy en evidencia el pésimo estado del escalafón novilleril. Una tardecita que no se debe olvidar, pues de ello depende que se empiecen a asumir errores y males, para poder enderezar esto. Una tardecita que, como la.mayoría de novilladas aue se ven por aquí, hace presagiar un futuro gris.
Ya se habló en su momento sobre la primera novillada, con el hierro X y que lidiaron A, B y C; y también sobre la segunda novillada, con el hierro Y y ante la cual se midieron D, E y F. Lo escrito sobre ambos festejos coinciden: novillos desaprovechados por novilleros vulgares, monótonos y a los cuales poco futuro se les ve en esto. Si hasta el más puntero de todos y en quien más confía el aficionado (podríamos apodarlo... Yo qué se, F por ejemplo) patinó ante sus dos novillos.
Ahora, toca hablar de lo acontecido en la tercera y última novillada de la feria, con el hierro Z (de Fuente Ymbro) que lidiaron G (de Juanito), H (de Antonio Grande) e I (de Diego San Román). Y otra vez el mismo guión de todos los días, ¡¡otra puñetera vez!! Otra vez que hay que hablar de novillos de lío que salieron, y que se fueron al desolladero sin torear y con las orejas sin cortar. Tres novillos de Fuente Ymbro para armar un lío gordo, gordísimo: el primero, el segundo y el cuarto. No hace falta perder el tiempo en describir los quehaceres de cada uno de los novilleros ante tales pastelitos de merengue, pues se resume perfectamente en que tanto Juanito como Antonio Grande realizaron tres faenas (dos Juanito y una Antonio Grande) calcadas la una de la otra, y que si por algo sobresalieron fue por la adhesión radical que muestran estos dos chicarrones del norte a la infame Tauromaquia 2.0, esa del toreo perfilero y donde no se carga la suerte ni por accidente, se cita muy fuera de cacho, se embarca la embestida con todo el pico y se tira para fuera al toro. Y no hay más. Antonio Grande, el hombre, fue esta su primera tarde de toda su carrera en Las Ventas, y se le vio que anda más verde que un camión de melones, y que meterle en San Isidro, ¡¡en San Isidro nada menos!!, con tan pobre bagaje (cinco novilladas y un festival en 2018) es para coger por banda al autor de la gracia (que dudo mucho que fuera el propio interesado) e interponerle una orden de alejamiento de cualquier despacho taurino. Pero Juan Silva "Juanito", que ya ha toreado en Madrid ¡¡cinco veces en dos temporadas!!, (seis con la de hoy, y que se puede decir seis festejos en tres temporadas, a dos novilladas por año)... Siendo además uno de los novilleros que más torea (16 en 2018, octavo en el escalafón de novilleros). Es para pensar en muuuuuuuchas cosas, y que se dejen las adulaciones y los peloteos de lado. Y quien dice Juanito, novillero G de San Isidro, dice también lo mismo de otros cuantos novilleros acuantes en la misma feria.
Tres novillos de triunfo gordo los tres antes mencionados, sí. Pero ¿y los otros tres? Pues bien, ese resto (3°, 5° y 6°), no sirvieron más que para carne. O para tirar de las carretas que van al Rocío, si se le quiere dar otro uso. O, si no se sabe lidiar marrajos y solo se tiene en mente la monofaena de los tropecientosmil telonazos culminado con el arrimónde rigor, para buscarse un disgustobien egordo. Y eso fue lo que por poco le pasó a Diego San Román, otrora componente de la terna. Mal en lo lidiador, peor aún en lo técnico, y muy a merced toda la tarde de los dos novillos complicadísimos, por masos, que le cupieron en suerte. El tercero fue un animal que ya estaba muy rajado desde el tercio de varas, y aculado en tablas en banderillas. Que sí, que está muy bonito todo eso de dar pases y hacer las mil y una florituras que hacen los Julianes, Rocas, Pereras y demás redil de figuras, pero hay que tener cabeza y saber cuándo y cómo. Empezó con este tercero, sin apenas probarlo ni nada, citándolo desde los medios dándole mucha distancia. Y el animal se tragó ese primer trallazo por completo, pero más bien podría decirse que fue porque estaba aculado en el tendido 7, y enfrente tenía la puerta de toriles. Y entre medias, el novillero citando. Se tragó ese primer muletazo pero salió despavorido hacia la puerta de chiqueros como alma que lleva el diablo. Se empeñó el mexicano en sacarlo fuera, pero imposible. Ya más cerrado, intentó ponerse a pegarle pases como si fuera para ello, pero en una de esas el novillo hizo por él y le propinó una espeluznante voltereta. Y de ahí, a cerrarlo completamente en tablas e intentar el encimismo, para después realizar la temeridad de pegarle bernardinas a semejante mulo, quitándoselo de enmedio acto seguido degollándolo con una estocada que cayó trasera. Y ante el sexto, un novillo también muy manso y reservón, prácticamente lo mismo. Comenzó la faena nada menos que de rodillas, pero al segundo intento tuvo que ponerse en pie, y no porque el novillo le achuchara, sino porque tuvo que salir corriendo detrás de él para volverlo a recoger. Otra vez se puso de rodillas cuando llegó donde estaba el novillo, es decir casi en toriles, pero el intento le volvió a fallar. Porfió en sacarlo a los medios e intentar el toreo con la derecha, pero el toro se quedaba corto y gastaba mucha sosería. Lo prueba con la zurda y el novillo vuelve a hacer por él y le propina otra fortísima voltereta. Es entonces cuando el novillero lo cierra más y sigue porfiando por ambos pitones, pero no hay ni material ni maneras que convenzan al personal. Y tras otro larguísimo trasteo por el que muchos aficionados rogaban que terminara, intentó cerrar em mismo por manoletinas (sin fortuna), culminando con una estocada que cayó en buen sitio al hilo de las tablas
Y luego estuvo el quinto novillo, reservón, paradote como él solo, y que no derrochó ni medio mililitro de sangre encastada. Ideal para quitárselo de enmedio en menos que se persigna un cura loco. No ocurrió, y Antonio Grande se embarulló en un trasteo larguísimo y tedioso que no dijo absolutamente nada de nada.
La tarde fue calamitosa, por todos lados. Ni una verónica, ni un muletazo como mandan los cánones ortodoxos, ni una estocada... Ahora, que lo que no faltaron para nada fueron los telonazos con el capote a la espalda, las chicuelinas de esas que se dan despatarrado (abriendo el compás que dicen los que entienden) y que van camino de convertir las 7 plagas de Egipto en 8; las tafalleras combinadas con más chicuelinas, los pendulazos desde los medios, el toreo de rodillas, las bernardinas, las manoletinas, y toda esa patulea de moderneces. Y hasta se vio una nueva variante del toreo de rodillas con la muleta: algo así como intentar dar una larga cambiada con la muleta para comenzar la faena (Antonio Grande en el 2°, pero por razones que eran de esperar, tuvo que echarse al suelo). Tampoco se vio un par de banderillas (cosa harto de rara a decir verdad), y en cuanto a los piqueros solamente Tito Sandoval fue capaz de hacer la suerte ante el 3° y señalar un puyazo arriba, pero después de marrar al costillar en el anterior encuentro que tuvo con dicho novillo.
Una tardecita que pone muy en evidencia el pésimo estado del escalafón novilleril. Una tardecita que no se debe olvidar, pues de ello depende que se empiecen a asumir errores y males, para poder enderezar esto. Una tardecita que, como la.mayoría de novilladas aue se ven por aquí, hace presagiar un futuro gris.
sábado, 1 de junio de 2019
31 DE MAYO DE 2019, DECIMOCTAVA DE FERIA: PACO UREÑA, DOS GRANDES BANDERILLEROS Y SEIS BUEYES DE ALCURRUCÉN
"¡¡Vaya forma de venir a Madrid, ganadero!!, gritó desde el tendido, cuando la tarde iba tocando a su fin, uno de esos criminales-genocidas-traidores a la patria y demás memeces con los que el pesebre define a quienes hacen uso de la protesta. Tan simple frase no podía resumir mejor el devenir de la tarde. ¡¡Qué cosa más infumable de corrida la que han mandado los hermanos Lozano a Madrid!! ¿Dónde quedó la casta y la bravura? Porque dentro de los seis ejemplares de esta tarde no, desde luego. Lo de esta tarde fue el anti-toro de lidia: flojos y sin que les hiciera demasiada falta su paso por el percherón, descastados y mansurrones. El buey y la mula que habitaron el portal de Belén hace dos mil años fueron más bravos. Segurísimo.
Tan seguro como que la corrida salió así de mala por culpa de las protestas. No por las de hoy (que ya puestos también, oiga), sino por las de ayer, y anteayer, y las del año pasado, y las de hace diez años, y las de hace veinte, y cincuenta, y las de cuando se inauguró la plaza en el año treinta y uno, y hasta por culpa de los protestones que curtieron su afición en la antigua plaza de la carretera de Aragón y en la más antigua aún plaza sita en la Puerta de Alcalá. ¿Que no? Hombre, si los que protestan ya son culpables hasta de cuando un torero cae herido, cuanto ni menos cuando una corrida sale así de mala. Qué malos afisionaos, qué antiraurinos, qué talibanes, qué...
Y con este material agurdando en chiqueros, un calor perfecto para hacer carne a la piedra en el granito de los tendidos, y una plaza que rozó el lleno, aquí que se presentaron David Mora, Paco Ureña y Álvaro Lorenzo para echar la tarde, cada uno a su manera. Apenas hubo gran cosa que contar en los cuatro primeros toros, a decir verdad: dos grandes pares de banderillas de Ángel Otero al primero y otros tantos de Iván García al cuarto (vaya cuadrilla se trajo consigo David Mora, sea dicho de paso) conformaron las mayores ovaciones de este peregrinaje por el Sáhara que fueron los cuatro primeros toros. David Mora con el primero dejó algunos pases desmayados que remataron los estatuarios con los que comenzó, y el hombre ahí anduvo con su particular estilo ultraventajista y vulgar ante un torete que se movió, pero siempre embistiendo con la cara a media altura. Lo mató, además, malamente, pues salió volteado en el primer intento y trompicado en el segundo (afortunadamente sin consecuencias graves aparente), cobrando una estocada trasera y varios descabellos posteriores.
Ureña continuó después ante un toro soso con el cual estuvo aseadito y sin dar el paso definitivo que le hace tan especial y diferente a los demás. Algunos pases sí llevaron su sello propio, pero los menos, y quedaron en nada ante la vulgaridad que transmitió el toro en todo momento. Con el tercero en el ruedo la cosa no hizo sino empeorar. El animal tenía un comportamiento más propio de un buey, y Álvaro Lorenzo tuvo a mal ponerse muy pesado haciendo gala de un estilo poco clásico y sí muy apegado a esa Tauromaquia 2.0 que tanga tendencia crea en estos tiempos. Mató, además, de un bajonazo la mar de hermoso.
El cuarto debió haber vuelto al corral por no tenerse ni en pie, pero la terquedad de la Presidencia nos la comimos todos junto al inválido, podría decirse que como guarnición. También se lo comió el matador, quien con abulia y desgana realizó una faena innecesariamente larga y que terminó siendo completamente hueca.
Y en estas estábamos, con la mirada más puesta en el reloj que en la corrida y con las ganas de irnos a casa cuanto antes, cuando salió el quinto. Tan manso y abanto como el resto de la corrida, los lidiadores no consiguieron fijarlo en el percal. Tanto fue así que acabó el toro yéndose por su propia cuenta y riesgo al percherón que guardaba la puerta, donde se le pegó. Siguió el desorden en la lidia y, de nuevo, el torito se fue solo al caballo sin que nadie le conduciera allí, pero esta vez al que estaba montado por el picador a quien le correspondía turno. Rápido y poco lucido el tercio de banderillas, el toro estaba por completo a su aire y huía de todo lo que se le ponía por delante. Ureña se fue debajo del tendido 7 a comenzar su faena, lo cual se llevó a cabo por estatuarios que, a su vez, fueron rematados por dos trincherazos simplemente bellísimos. No salió Ureña mas allá del tercio, donde comenzó a pasar al toro sobre la mano derecha, intentando tirar del mansurrón y meterlo en la muleta como buenamente podía. No era fácil, pues el toro huía en cada muletazo y, además, cuando iba al siguiente muletazo después de hacer amago de huir, el matador quedaba descolocado. Pero este, lejos de quedarse tal cual, fuera de cacho, daba el pasito hacia delante y cargaba la suerte, como mandan los cánones del toreo clásico. Destacaron algunos derechazos sueltos pegados con toda la verdad del mundo y muy rematados atrás mientras rotaba la cintura el matador, pero a esos buenos derechazos siempre le acompañaban otros que, cuando no eran aliviados hacia fuera, resultaban punteados. Andaba en estas Ureña cuando se cambió la muleta a la mano izquierda, y siguió intercambiándose algunos naturales de muchísima calidad con otros mucho menos lucidos. No obstante, quedaba claro que Ureña estaba metiendo poco a poco al toro en la muleta y sobreponiéndose a su mansedumbre. Llegó el momento en que, tanto consiguió meterlo, que lo llevó a los medios a base de otros cuantos trincherazos enormes y algunos pases de la firma que lo dejaron allí plantado, en la boca de riego, aunque bien es verdad que, al estar andando hacia los medios pero a su vez hacia la puerta de toriles, ayudó a que el toro se moviera hacia allá. Allí mismo, casi en los medios, volvió a sacar Ureña algunos genuflexos sobre el pitón izquierdo, muy toreros. Y una vez erguido, una buena serie por la mano izquierda con que cerró la faena y quedó como un ahí queda eso, pues el toro ya estaba embebido totalmente en la muleta. Faltaba lo importante para culminar la obra: matar. Pero matar bien, y no de cualquier manera. Intentó Ureña la estocada a la suerte de recibir y pinchó, para luego dejar una estocada muy caída. Había perdido una oreja de ley, o al menos esa fue la sensación que quedaba. Pero entonces vino lo sorprendente: comenzaron a aflorar los pañuelos y, unido a las perrerías que hacen los tipejos que se encargan de conducir a las mulillas por su mísero aguinaldo, hicieron que la Presidencia sacara la tela blanca para conceder una oreja que, por la espada y porque a pesar de todo no había mayoría de pañuelos, no debió ser concedida. Y ahí queda el detalle de Ureña: no paseó el despojo. La torería también se mide en este tipo de actos.
Y por último el sexto, el cual se podría decir que se movió. Pero si se califica cómo se movió, se podría decir que como aquel intenta tirar una puerta abajo a base de empujones. Es decir, con mucha bastez y poca clase. Víctor Manuel Martínez, tercero de la cuadrilla de David Mora, fue herido en el muslo derecho durante en transcurso del tercio de banderillas. Álvaro Lorenzo volvió a sacar todo su arsenal de toreo 2.0, con telonazos en línea, muy pefilero siempre y sin ponerse en el sitio. Y así discurrió otra faena larga y vulgarota. No trascendió apenas el trasteo, pues el personal ya estaba más ocupado en recoger los bártulos y salir escopetado a casa, donde aguardaba la cena y el descanso.
Tan seguro como que la corrida salió así de mala por culpa de las protestas. No por las de hoy (que ya puestos también, oiga), sino por las de ayer, y anteayer, y las del año pasado, y las de hace diez años, y las de hace veinte, y cincuenta, y las de cuando se inauguró la plaza en el año treinta y uno, y hasta por culpa de los protestones que curtieron su afición en la antigua plaza de la carretera de Aragón y en la más antigua aún plaza sita en la Puerta de Alcalá. ¿Que no? Hombre, si los que protestan ya son culpables hasta de cuando un torero cae herido, cuanto ni menos cuando una corrida sale así de mala. Qué malos afisionaos, qué antiraurinos, qué talibanes, qué...
Y con este material agurdando en chiqueros, un calor perfecto para hacer carne a la piedra en el granito de los tendidos, y una plaza que rozó el lleno, aquí que se presentaron David Mora, Paco Ureña y Álvaro Lorenzo para echar la tarde, cada uno a su manera. Apenas hubo gran cosa que contar en los cuatro primeros toros, a decir verdad: dos grandes pares de banderillas de Ángel Otero al primero y otros tantos de Iván García al cuarto (vaya cuadrilla se trajo consigo David Mora, sea dicho de paso) conformaron las mayores ovaciones de este peregrinaje por el Sáhara que fueron los cuatro primeros toros. David Mora con el primero dejó algunos pases desmayados que remataron los estatuarios con los que comenzó, y el hombre ahí anduvo con su particular estilo ultraventajista y vulgar ante un torete que se movió, pero siempre embistiendo con la cara a media altura. Lo mató, además, malamente, pues salió volteado en el primer intento y trompicado en el segundo (afortunadamente sin consecuencias graves aparente), cobrando una estocada trasera y varios descabellos posteriores.
Ureña continuó después ante un toro soso con el cual estuvo aseadito y sin dar el paso definitivo que le hace tan especial y diferente a los demás. Algunos pases sí llevaron su sello propio, pero los menos, y quedaron en nada ante la vulgaridad que transmitió el toro en todo momento. Con el tercero en el ruedo la cosa no hizo sino empeorar. El animal tenía un comportamiento más propio de un buey, y Álvaro Lorenzo tuvo a mal ponerse muy pesado haciendo gala de un estilo poco clásico y sí muy apegado a esa Tauromaquia 2.0 que tanga tendencia crea en estos tiempos. Mató, además, de un bajonazo la mar de hermoso.
El cuarto debió haber vuelto al corral por no tenerse ni en pie, pero la terquedad de la Presidencia nos la comimos todos junto al inválido, podría decirse que como guarnición. También se lo comió el matador, quien con abulia y desgana realizó una faena innecesariamente larga y que terminó siendo completamente hueca.
Y en estas estábamos, con la mirada más puesta en el reloj que en la corrida y con las ganas de irnos a casa cuanto antes, cuando salió el quinto. Tan manso y abanto como el resto de la corrida, los lidiadores no consiguieron fijarlo en el percal. Tanto fue así que acabó el toro yéndose por su propia cuenta y riesgo al percherón que guardaba la puerta, donde se le pegó. Siguió el desorden en la lidia y, de nuevo, el torito se fue solo al caballo sin que nadie le conduciera allí, pero esta vez al que estaba montado por el picador a quien le correspondía turno. Rápido y poco lucido el tercio de banderillas, el toro estaba por completo a su aire y huía de todo lo que se le ponía por delante. Ureña se fue debajo del tendido 7 a comenzar su faena, lo cual se llevó a cabo por estatuarios que, a su vez, fueron rematados por dos trincherazos simplemente bellísimos. No salió Ureña mas allá del tercio, donde comenzó a pasar al toro sobre la mano derecha, intentando tirar del mansurrón y meterlo en la muleta como buenamente podía. No era fácil, pues el toro huía en cada muletazo y, además, cuando iba al siguiente muletazo después de hacer amago de huir, el matador quedaba descolocado. Pero este, lejos de quedarse tal cual, fuera de cacho, daba el pasito hacia delante y cargaba la suerte, como mandan los cánones del toreo clásico. Destacaron algunos derechazos sueltos pegados con toda la verdad del mundo y muy rematados atrás mientras rotaba la cintura el matador, pero a esos buenos derechazos siempre le acompañaban otros que, cuando no eran aliviados hacia fuera, resultaban punteados. Andaba en estas Ureña cuando se cambió la muleta a la mano izquierda, y siguió intercambiándose algunos naturales de muchísima calidad con otros mucho menos lucidos. No obstante, quedaba claro que Ureña estaba metiendo poco a poco al toro en la muleta y sobreponiéndose a su mansedumbre. Llegó el momento en que, tanto consiguió meterlo, que lo llevó a los medios a base de otros cuantos trincherazos enormes y algunos pases de la firma que lo dejaron allí plantado, en la boca de riego, aunque bien es verdad que, al estar andando hacia los medios pero a su vez hacia la puerta de toriles, ayudó a que el toro se moviera hacia allá. Allí mismo, casi en los medios, volvió a sacar Ureña algunos genuflexos sobre el pitón izquierdo, muy toreros. Y una vez erguido, una buena serie por la mano izquierda con que cerró la faena y quedó como un ahí queda eso, pues el toro ya estaba embebido totalmente en la muleta. Faltaba lo importante para culminar la obra: matar. Pero matar bien, y no de cualquier manera. Intentó Ureña la estocada a la suerte de recibir y pinchó, para luego dejar una estocada muy caída. Había perdido una oreja de ley, o al menos esa fue la sensación que quedaba. Pero entonces vino lo sorprendente: comenzaron a aflorar los pañuelos y, unido a las perrerías que hacen los tipejos que se encargan de conducir a las mulillas por su mísero aguinaldo, hicieron que la Presidencia sacara la tela blanca para conceder una oreja que, por la espada y porque a pesar de todo no había mayoría de pañuelos, no debió ser concedida. Y ahí queda el detalle de Ureña: no paseó el despojo. La torería también se mide en este tipo de actos.
Y por último el sexto, el cual se podría decir que se movió. Pero si se califica cómo se movió, se podría decir que como aquel intenta tirar una puerta abajo a base de empujones. Es decir, con mucha bastez y poca clase. Víctor Manuel Martínez, tercero de la cuadrilla de David Mora, fue herido en el muslo derecho durante en transcurso del tercio de banderillas. Álvaro Lorenzo volvió a sacar todo su arsenal de toreo 2.0, con telonazos en línea, muy pefilero siempre y sin ponerse en el sitio. Y así discurrió otra faena larga y vulgarota. No trascendió apenas el trasteo, pues el personal ya estaba más ocupado en recoger los bártulos y salir escopetado a casa, donde aguardaba la cena y el descanso.
jueves, 30 de mayo de 2019
29 DE MAYO DE 2019, DECIMOSEXTA DE FERIA: VICTORININES, QUE NO VICTORINOS
Qué días más felices eran aquellos en que los victorinos eran victorinos de verdad. No los trozos de carne y cuernos que conforman los bichejos de ahora, y que de victorinos tienen el hierro y el pelaje cárdeno, como mucho. No, estos no son victorinos. Aquellos victorinos no llevaban sangre en las venas, sino fuego. Fuego que se exteriorizaba en forma de un temperamento y una fiereza desde que asomaban por la oscuridad de toriles hasta que caían rodados tras la estocada. Fuego, temperamento, fiereza, poder, dureza... ¡¡Casta!! Aquello sí era casta de verdad, y seleccionada con mucho esmero y dedicación por quien fue uno de los mejores ganaderos de todas las épocas. Se comían los capotes y las muletas, empujaban al caballo con presteza y grandes alardes de poder, buscaban los tobillos por detrás de los engaños, no admitían fallos por parte de los de luces y no consentían la más mínima duda. ¡¡Esos, esos eran los victorinos verdaderos, y no los de ahora!!
Ahora, ¿qué diablos queda de todo aquello? Poco. Muy poco a decir verdad. ¿A qué diantres se ha dedicado el señor Victorino Martín (García) desde que se encarga de llevar este hierro en solitario? ¿A qué aspira usted, señor Victorino? ¿Acaso a que sus toros acaben matándolos los figurines esos de todo y a la vez de nada? Pues si es así, "congratulations" que se dice en idioma oficial de la Mundo. "Congratulations", porque está muy cerca de ello. Y la corrida lidiada en la tarde de hoy en Madrid, como tantísimas otras de los últimos años, así lo certifica. Lo de hoy, y lo del pasado Domingo de Ramos, y del pasado San Isidro, y del Domingo de Ramos del pasado año, y de ahí hasta unos cuantos años más atrás, si se les quitara el hierro de la A coronada y se les diera un brochazo en negro o en castaño, pasarían perfectamente como cualquier producto de esas ganaderías de Dios con sangre Domecq por los cuales las figuritas de porcelana suspiran.
¡¡Qué birria más grande lo de esta tarde!! Si con solo con verlos la pinta que gastaban cuando saltaban al ruedo, uno ya se barruntaba que la cosa no iba a ir bien. Seis victorinines seis chicos, escurridos, sin culata ni remate, y con caritas de adolescentes. Un aunténtico saldo ganadero que, como ya digo, su sola presencia en el ruedo despertaban las protestas y el mosqueo del personal. Y eso que la corrida no empezó del todo mal, pues la estrenó un ejemplar que recordó, y mucho, a esas alimañas que le salían antes a esta ganadería con cierta frecuencia. Pero solo fue un mero espejismo, porque lo que vino después, se caracterizó por una cosa que se resume en una simple frase: falta de casta. Tal cual, así como suena. Que no quiere decir esto que la corrida fuera una bueyada de órdago ante la cual cualquier opción de triunfo hubiera sido remota, no. Al contrario, hubo toros para hacer el toreo y con mucho que torear. O como se dice hoy en día, para expresarse, disfrutar una barbaridad, y tal... Para ser exactos, tres toros: uno por cada matador, y que fueron lidiados en 4°, 5° y 6° lugar. Pero, dentro de esa vertiente, hay toros y toros: los que se dejan con bondad, sin hacer extraños y con dulzura empalagosa; y los que son más exigentes, tienen nobleza pero también temperamento, no son la tonta del bote y no admiten errores. Victorinines vs victorinos. Nobleza dulzona y toreabilidad, toda la del mundo. Casta y fiereza, cero. Haciendo referencia a la pelea en varas, los victorinines fueron, metieron la cara abajo y pelearon, pero no con verdadera bravura, ni mucho menos poder. Cumplieron, sin más.
Y en la muleta, toreables y para soñar el toreo. Magníficas personas. Pero de ahí a encastados, hay un universo entre medias. Y esto es lo que siempre ha caracterizado a los victorinos: la casta. No la nobleza boba, no. La casta. Ce, a, ese, te, a. Mientras esta no aparezca, ya pueden salir como quieran los victorinines, que decepcionarán a buen seguro.
La primera parte de la corrida fue protagonizada por esa alimaña ya mencionada, y a la que le siguió un pobrecito desgraciado que tuvo la malísima suerte de toparse con un señor llamado Juan de Dios que, montado a caballo, se lo ventiló de mala manera con dos marronazos. El animal dejó entrever nobleza y afán por acudir a cada muletazo, pero se quedaba corto, se paraba y embestía a media altura. Y el tercero, un tetrapléjico que debió haber hecho a los bueyes de Florencio Fernández mover el trasero, pero estos se quedaron en sus aposentos y el torete, en el ruedo para inri de los parroquianos.
Pero el asunto cambió durante la segunda parte de la corrida, pues salieron tres toros que se prestaron al toreo y ofrecieron posibilidades de triunfo, que fueron aprovechadas o desaprovechadas según los casos. Octavio Chacón no se acopló nunca a las buenas embestidas del cuarto, basando la faena en una vulgar colección de trapazos sin parar quieto en ningún momento. Confianza y mando para conseguir tirar del toro fue lo que en verdad le hizo falta para conseguir aprovecharse del animal. Antes, con la alimaña, tampoco dio la sensación de tener claras las ideas. Bien es verdad que no era un toro para florituras, sino para una lidia de aliño sobre las piernas, como antaño. Pero, lejos de esto, hizo gala de un quiero hacer el toreo moderno, pero no puedo porque mi toro es a contraestilo. ¿Dónde quedaron en esta tarde sus buenas maneras como lidiador poderoso? No, no fue la tarde de Octavio Chacón.
Daniel Luque, don nosecuantostorosparaserfigura, estuvo muy centrado y hasta bien con el segundo. Sí, ese al que su picador destrozó. El toro no tenía mucho recorrido, pero Luque consiguió tirar de él y llevarlo largo en algunos derechazos muy mandones sobre la diestra, sin obligarlo mucho por bajo, pero llevándolo muy metido en la muleta. Si hasta causó una grata impresión y todo... Pero hete aquí que salió el 5°, y a hacer puñetas todo, porque salió en todo su esplendor el verdadero Daniel Luque al que estamos acostumbrados, el pegapases vulgar que si sabe agarrar la muleta es porque los milagros existen. Qué toro para reventar Madrid, por nobilísimo, colaborador y dulce. Luque, pues eso: Luque. Pases. Muchísimos pases. Tantos pases, y ni uno, ¡¡ni uno bueno!! Hacia fuera y desde fuera todos.
Y el bueno de Emilio de Justo, que quedó inédito ante la babosilla inválida que se lidió como 3°, se desquitó de este contratiempo cortándole una oreja al también buen sexto. Buenas en verdad fueron las verónicas de recibo y la enorme media verónica abelmontada con la que abrochó tan buen toreo de capote. No fue una faena completa ni rotunda la que consiguió hilvanar, más aún teniendo en cuenta que había toro de sobra para ello, pero sí cargada de muchos detalles de toreo caro. Comenzó, sin antes doblarse por abajo ni tantearlo, sobre la mano izquierda dando distancia al toro y dejándoselo venir, para darle una serie de naturales algo acelerado, pero siempre cargando la suerte y con intención de rematar la embestida atrás, cerrando la serie con un pase de pecho a pies juntos y llevado a la hombrera contraria que fue de aunténtico cartel de toros. Fueron algunas series más de naturales en las que hubo buena colocación, mucha plasticidad y hasta por momentos logró mandar y llevar al toro atrás, aunque bien es verdad que en otros momentos se le vio un tanto acelerado y no consiguió correr la mano del todo, quedando en muchos medios pases. Siguieron a estas series de naturales otras tantas de derechazos las cuales mantuvieron la misma línea de las anteriores: mucho clasicismo y alardes de toreo caro, colocación y algunos muletazos despaciosos y mandones, entremezclados con otros en los que le quitaba rápido la muleta del hocico al toro y no terminaba de rematarlos. La faena no fue larga. Suficiente para dejar buenas impresiones, pero sin terminar de aprovecharse al máximo del bonacible animal ni de alcanzar gran rotundidad. Cerró la faena, tras cambiar de espada, con intención de torear por naturales completamente de frente, aunque fue más la intención que el resultado, y cerrados eso sí con otro pase de pecho eterno, a pies juntos y rematado en la hombrera contraria. De locura. Mató de un bajonazo que no fue impedimento para que cayera un despojo, baratito baratito si se tiene en cuenta la mala estocada. Por algo es la "suerte suprema".
Otra unánime ovación se la llevó la cuadrilla de Emilio de Justo cubriendo el tercio de banderillas del 6°. Morenito de Arles y Manuel Pérez Valcárcel anduvieron bien con las banderillas, pero quien realmente hizo que se avivaran los aplausos fue Ángel Gómez moviendo el capote. Tan absorto estaba en su gran quehacer, que al llevarlo hacia el burladero del tendido 6 a punta de capote, pegó un traspié que le hizo quedar a merced del toro, el cual no le perdonó y le infirió una fuerte paliza. Por suerte, sin aparentes consecuencias graves, pues se levantó enrabietado tras salir del trance y terminó lo que empezó, para dejar al toro en el burladero del 6 plantado. Plata con quilates.
¡¡Qué birria más grande lo de esta tarde!! Si con solo con verlos la pinta que gastaban cuando saltaban al ruedo, uno ya se barruntaba que la cosa no iba a ir bien. Seis victorinines seis chicos, escurridos, sin culata ni remate, y con caritas de adolescentes. Un aunténtico saldo ganadero que, como ya digo, su sola presencia en el ruedo despertaban las protestas y el mosqueo del personal. Y eso que la corrida no empezó del todo mal, pues la estrenó un ejemplar que recordó, y mucho, a esas alimañas que le salían antes a esta ganadería con cierta frecuencia. Pero solo fue un mero espejismo, porque lo que vino después, se caracterizó por una cosa que se resume en una simple frase: falta de casta. Tal cual, así como suena. Que no quiere decir esto que la corrida fuera una bueyada de órdago ante la cual cualquier opción de triunfo hubiera sido remota, no. Al contrario, hubo toros para hacer el toreo y con mucho que torear. O como se dice hoy en día, para expresarse, disfrutar una barbaridad, y tal... Para ser exactos, tres toros: uno por cada matador, y que fueron lidiados en 4°, 5° y 6° lugar. Pero, dentro de esa vertiente, hay toros y toros: los que se dejan con bondad, sin hacer extraños y con dulzura empalagosa; y los que son más exigentes, tienen nobleza pero también temperamento, no son la tonta del bote y no admiten errores. Victorinines vs victorinos. Nobleza dulzona y toreabilidad, toda la del mundo. Casta y fiereza, cero. Haciendo referencia a la pelea en varas, los victorinines fueron, metieron la cara abajo y pelearon, pero no con verdadera bravura, ni mucho menos poder. Cumplieron, sin más.
Y en la muleta, toreables y para soñar el toreo. Magníficas personas. Pero de ahí a encastados, hay un universo entre medias. Y esto es lo que siempre ha caracterizado a los victorinos: la casta. No la nobleza boba, no. La casta. Ce, a, ese, te, a. Mientras esta no aparezca, ya pueden salir como quieran los victorinines, que decepcionarán a buen seguro.
La primera parte de la corrida fue protagonizada por esa alimaña ya mencionada, y a la que le siguió un pobrecito desgraciado que tuvo la malísima suerte de toparse con un señor llamado Juan de Dios que, montado a caballo, se lo ventiló de mala manera con dos marronazos. El animal dejó entrever nobleza y afán por acudir a cada muletazo, pero se quedaba corto, se paraba y embestía a media altura. Y el tercero, un tetrapléjico que debió haber hecho a los bueyes de Florencio Fernández mover el trasero, pero estos se quedaron en sus aposentos y el torete, en el ruedo para inri de los parroquianos.
Pero el asunto cambió durante la segunda parte de la corrida, pues salieron tres toros que se prestaron al toreo y ofrecieron posibilidades de triunfo, que fueron aprovechadas o desaprovechadas según los casos. Octavio Chacón no se acopló nunca a las buenas embestidas del cuarto, basando la faena en una vulgar colección de trapazos sin parar quieto en ningún momento. Confianza y mando para conseguir tirar del toro fue lo que en verdad le hizo falta para conseguir aprovecharse del animal. Antes, con la alimaña, tampoco dio la sensación de tener claras las ideas. Bien es verdad que no era un toro para florituras, sino para una lidia de aliño sobre las piernas, como antaño. Pero, lejos de esto, hizo gala de un quiero hacer el toreo moderno, pero no puedo porque mi toro es a contraestilo. ¿Dónde quedaron en esta tarde sus buenas maneras como lidiador poderoso? No, no fue la tarde de Octavio Chacón.
Daniel Luque, don nosecuantostorosparaserfigura, estuvo muy centrado y hasta bien con el segundo. Sí, ese al que su picador destrozó. El toro no tenía mucho recorrido, pero Luque consiguió tirar de él y llevarlo largo en algunos derechazos muy mandones sobre la diestra, sin obligarlo mucho por bajo, pero llevándolo muy metido en la muleta. Si hasta causó una grata impresión y todo... Pero hete aquí que salió el 5°, y a hacer puñetas todo, porque salió en todo su esplendor el verdadero Daniel Luque al que estamos acostumbrados, el pegapases vulgar que si sabe agarrar la muleta es porque los milagros existen. Qué toro para reventar Madrid, por nobilísimo, colaborador y dulce. Luque, pues eso: Luque. Pases. Muchísimos pases. Tantos pases, y ni uno, ¡¡ni uno bueno!! Hacia fuera y desde fuera todos.
Y el bueno de Emilio de Justo, que quedó inédito ante la babosilla inválida que se lidió como 3°, se desquitó de este contratiempo cortándole una oreja al también buen sexto. Buenas en verdad fueron las verónicas de recibo y la enorme media verónica abelmontada con la que abrochó tan buen toreo de capote. No fue una faena completa ni rotunda la que consiguió hilvanar, más aún teniendo en cuenta que había toro de sobra para ello, pero sí cargada de muchos detalles de toreo caro. Comenzó, sin antes doblarse por abajo ni tantearlo, sobre la mano izquierda dando distancia al toro y dejándoselo venir, para darle una serie de naturales algo acelerado, pero siempre cargando la suerte y con intención de rematar la embestida atrás, cerrando la serie con un pase de pecho a pies juntos y llevado a la hombrera contraria que fue de aunténtico cartel de toros. Fueron algunas series más de naturales en las que hubo buena colocación, mucha plasticidad y hasta por momentos logró mandar y llevar al toro atrás, aunque bien es verdad que en otros momentos se le vio un tanto acelerado y no consiguió correr la mano del todo, quedando en muchos medios pases. Siguieron a estas series de naturales otras tantas de derechazos las cuales mantuvieron la misma línea de las anteriores: mucho clasicismo y alardes de toreo caro, colocación y algunos muletazos despaciosos y mandones, entremezclados con otros en los que le quitaba rápido la muleta del hocico al toro y no terminaba de rematarlos. La faena no fue larga. Suficiente para dejar buenas impresiones, pero sin terminar de aprovecharse al máximo del bonacible animal ni de alcanzar gran rotundidad. Cerró la faena, tras cambiar de espada, con intención de torear por naturales completamente de frente, aunque fue más la intención que el resultado, y cerrados eso sí con otro pase de pecho eterno, a pies juntos y rematado en la hombrera contraria. De locura. Mató de un bajonazo que no fue impedimento para que cayera un despojo, baratito baratito si se tiene en cuenta la mala estocada. Por algo es la "suerte suprema".
Otra unánime ovación se la llevó la cuadrilla de Emilio de Justo cubriendo el tercio de banderillas del 6°. Morenito de Arles y Manuel Pérez Valcárcel anduvieron bien con las banderillas, pero quien realmente hizo que se avivaran los aplausos fue Ángel Gómez moviendo el capote. Tan absorto estaba en su gran quehacer, que al llevarlo hacia el burladero del tendido 6 a punta de capote, pegó un traspié que le hizo quedar a merced del toro, el cual no le perdonó y le infirió una fuerte paliza. Por suerte, sin aparentes consecuencias graves, pues se levantó enrabietado tras salir del trance y terminó lo que empezó, para dejar al toro en el burladero del 6 plantado. Plata con quilates.
miércoles, 29 de mayo de 2019
28 DE MAYO DE 2019, DECIMOQUINTA DE FERIA: BUENA CORRIDA DE ESCOLAR GIL, CON LA CUÁL TRIUNFÓ EOLO/CAURUS
En una situación normal, al hablar de la corrida que hoy se ha lidiado con el hierro de don José Escolar Gil, se empezaría haciendo referencia a esas cositas que tan feliz le hacen a cualquier aficionado que se preste. Ya saben, lo de la casta, la dureza de patas, las dificultades, la emoción y tal. Pero ocurre una cosa, que la tarde de hoy no ha discurrido del todo por los senderos de la normalidad, pues ha tenido como protagonista a un señor al que todos los toreros temen casi tanto como a los pitones que miran hacia delante, los toros con los cuartos traseros muy desarrollados, el hierro de la A con asas o que la montera caiga boca arriba. Su nombre, en griego, Eolo. O Caurus, en la antigua Roma. El caso es que este indeseado no ha querido perderse la tarde de los escolares, seguramente porque presumirá de aficionado al toro-toro, o porque no tenía nada mejor que hacer en casa y le apetecía venir a dar por saco; pero sea por lo que fuere, ha deslucido sobremanera la tarde y los toreros, más que menos, se han visto muy dificultados, cuando no imposibilitados, con su afán de ser protagonista esta tarde.
Eolo, o Caurus (desconozco qué nombre le gustará más al colega) dio mucho, muchísimo por saco esta tarde a los de la taleguilla bordada en oro, o plata en el caso de Gómez del Pilar, pero no así a los de cuatro patas y pelaje cárdeno. Esos embisten, se paran, se comen los caballos, mansean o se caen, según los casos, haga frío, calor, lluvia, granizo, nieve, sol, viento o que el arcoiris luzca radiante. Y en esta tarde ventosa, embistieron. ¡¡Y cómo embistieron!! A pesar de que la presentación de la corrida dejó mucho que desear por desigual, con ejemplares correctos y otros verdaderamente sin remate y mal hechos, pero embistió. Unos más que otros. Unos con más claridad que otros. Tampoco llegaron a emplearse con bravura y codicia en varas, sin que tampoco rehuyeran de la pelea. Pero salió la bendita casta. ¡¡Milagro!!
No comenzó la corrida con el mejor ejemplar, pues fue este primero el típico albaserrada tobillero y probón que acortaba mucho el viaje y buscaba al bulto que había detrás de la muleta. Intentó Robleño ponerse a torear según los cánones modernos, o al menos a intentarlo, pero no estaba la cosa para andar pegando pases, ni por la condición del toro ni por la necedad del señor Eolo/Caurus. Por fin desistió, lo macheteó con dignidad y lo mandó al otro barrio no sin pinchar en hasta cinco ocasiones.
El segundo no mejoró la cosa, pues también tenía poco recorrido y aún menos ambición de embestir, y cuando lo hacía era con la cara a media altura. Gómez del Pilar no salió de la segunda raya, y bien que hizo. Basó la faena sobre el lado derecho, intentando tirar del toro y llevarlo largo, llegando a conseguirlo por momentos en algunos derechazos sueltos de mucho mérito. Fue larga la faena, tanto que le sonó un aviso cuando cambiaba el estoque simulado por el de verdad, pero ahí quedaron esos derechazos que le hicieron rayar a buen nivel al torero.
El tercero fue, esta vez sí, uno de los toros de la tarde por encastado, fiero, con pies y mucho que torear. Y todo eso, a pesar de la infame carnicería que le organizó el picador Luis Miguel Leiro, con el beneplácito de su matador, mediante dos varas asesinas. Porque en efecto, a pesar de la tentativa de homicidio que se llevó a cabo en el primer tercio, el toro llegó a la muleta haciendo gala de todas sus facultades. Ángel Sánchez, el hombre, entre el viento y, seguramente, por lo que no es el viento también, anduvo ahí delante haciendo lo que buenamente pudo. Gran toro, Combativo de nombre y con el número 15 en el costillar.
El cuarto completó el lote mas áspero de la tarde. Acudía con prontitud a los cites, pero se quedaba a medio viaje y probaba mucho al matador. Robleño tardó en acoplarse a la situación, pero poco a poco se fue cerrando más a tablas, y también reposándose, para, en esos terrenos del tendido 4, acabar sacando su oficio y tirar del burel en muletazos muy mandones por el pitón derecho y alargando la embestida. No fueron muchos, pero sí los suficientes para dejar un trasteo más que digno. La espada cayó, nunca mejor dicho, en mal sitio, y quizás por ello perdió una oreja.
Sobre el quinto decir que siempre nos quedaremos con la duda, aunque la embestida del animal durante los primeros tercios de la lidia apuntaba alto. Fue también un toro que acudió con alegría y prontitud al caballo, aunque no terminó de emplearse. Gómez del Pilar fue más allá de la segunda raya con él, pero Eolo/Caurus quiso ser aún mas protagonista, y no permitió que el matador estuviera confiado para colocarse, echar la muleta alante y correr la mano con poderío. Y ante tanta duda y telonazo, el toro acabó a la defensiva y pegando tornillazos. Siempre nos quedará la duda de si en otras condiciones...
Y el sexto y último también tuvo intenciones de embestir con fiereza, pero en este caso fue una lástima que anduviera corto de fuerzas en los remos. Lo de Ángel Sánchez ante él fue un calco de su actuación ante el tercero: muchas dudas y falta de confianza provocadas, otra vez, por Eolo/Caurus. No terminó de dar el paso hacia delante el matador, quien lo pasó de muleta tomando muchas precauciones, componiendo una faena larga y hueca. Lo suyo, de momento, tendrá que esperar.
Los de oro, y el de plata, sufrieron la mala baba del señor Eolo/Caurus, pero no así algunos hombres de plata y azabache. Y muy en especial, la cuadrilla de Ángel Sánchez, que ofreció un antológico tercio de banderillas ante el tercero de la tarde. Raúl Ruiz puso dos pares exponiendo mucho, y el par de Fernando Sánchez fue uno de los mejores que se ha visto en toda la feria. Todo ello acompañado por la magnífica brega de Iván García, quien además se llevó al toro casi de punta a punta de la plaza a una sola mano. También expuso mucho la cuadrilla de Gomez del Pilar banderilleando al quinto, destacando un par de Pedro Cebadera.
Eolo, o Caurus (desconozco qué nombre le gustará más al colega) dio mucho, muchísimo por saco esta tarde a los de la taleguilla bordada en oro, o plata en el caso de Gómez del Pilar, pero no así a los de cuatro patas y pelaje cárdeno. Esos embisten, se paran, se comen los caballos, mansean o se caen, según los casos, haga frío, calor, lluvia, granizo, nieve, sol, viento o que el arcoiris luzca radiante. Y en esta tarde ventosa, embistieron. ¡¡Y cómo embistieron!! A pesar de que la presentación de la corrida dejó mucho que desear por desigual, con ejemplares correctos y otros verdaderamente sin remate y mal hechos, pero embistió. Unos más que otros. Unos con más claridad que otros. Tampoco llegaron a emplearse con bravura y codicia en varas, sin que tampoco rehuyeran de la pelea. Pero salió la bendita casta. ¡¡Milagro!!
No comenzó la corrida con el mejor ejemplar, pues fue este primero el típico albaserrada tobillero y probón que acortaba mucho el viaje y buscaba al bulto que había detrás de la muleta. Intentó Robleño ponerse a torear según los cánones modernos, o al menos a intentarlo, pero no estaba la cosa para andar pegando pases, ni por la condición del toro ni por la necedad del señor Eolo/Caurus. Por fin desistió, lo macheteó con dignidad y lo mandó al otro barrio no sin pinchar en hasta cinco ocasiones.
El segundo no mejoró la cosa, pues también tenía poco recorrido y aún menos ambición de embestir, y cuando lo hacía era con la cara a media altura. Gómez del Pilar no salió de la segunda raya, y bien que hizo. Basó la faena sobre el lado derecho, intentando tirar del toro y llevarlo largo, llegando a conseguirlo por momentos en algunos derechazos sueltos de mucho mérito. Fue larga la faena, tanto que le sonó un aviso cuando cambiaba el estoque simulado por el de verdad, pero ahí quedaron esos derechazos que le hicieron rayar a buen nivel al torero.
El tercero fue, esta vez sí, uno de los toros de la tarde por encastado, fiero, con pies y mucho que torear. Y todo eso, a pesar de la infame carnicería que le organizó el picador Luis Miguel Leiro, con el beneplácito de su matador, mediante dos varas asesinas. Porque en efecto, a pesar de la tentativa de homicidio que se llevó a cabo en el primer tercio, el toro llegó a la muleta haciendo gala de todas sus facultades. Ángel Sánchez, el hombre, entre el viento y, seguramente, por lo que no es el viento también, anduvo ahí delante haciendo lo que buenamente pudo. Gran toro, Combativo de nombre y con el número 15 en el costillar.
El cuarto completó el lote mas áspero de la tarde. Acudía con prontitud a los cites, pero se quedaba a medio viaje y probaba mucho al matador. Robleño tardó en acoplarse a la situación, pero poco a poco se fue cerrando más a tablas, y también reposándose, para, en esos terrenos del tendido 4, acabar sacando su oficio y tirar del burel en muletazos muy mandones por el pitón derecho y alargando la embestida. No fueron muchos, pero sí los suficientes para dejar un trasteo más que digno. La espada cayó, nunca mejor dicho, en mal sitio, y quizás por ello perdió una oreja.
Sobre el quinto decir que siempre nos quedaremos con la duda, aunque la embestida del animal durante los primeros tercios de la lidia apuntaba alto. Fue también un toro que acudió con alegría y prontitud al caballo, aunque no terminó de emplearse. Gómez del Pilar fue más allá de la segunda raya con él, pero Eolo/Caurus quiso ser aún mas protagonista, y no permitió que el matador estuviera confiado para colocarse, echar la muleta alante y correr la mano con poderío. Y ante tanta duda y telonazo, el toro acabó a la defensiva y pegando tornillazos. Siempre nos quedará la duda de si en otras condiciones...
Y el sexto y último también tuvo intenciones de embestir con fiereza, pero en este caso fue una lástima que anduviera corto de fuerzas en los remos. Lo de Ángel Sánchez ante él fue un calco de su actuación ante el tercero: muchas dudas y falta de confianza provocadas, otra vez, por Eolo/Caurus. No terminó de dar el paso hacia delante el matador, quien lo pasó de muleta tomando muchas precauciones, componiendo una faena larga y hueca. Lo suyo, de momento, tendrá que esperar.
Los de oro, y el de plata, sufrieron la mala baba del señor Eolo/Caurus, pero no así algunos hombres de plata y azabache. Y muy en especial, la cuadrilla de Ángel Sánchez, que ofreció un antológico tercio de banderillas ante el tercero de la tarde. Raúl Ruiz puso dos pares exponiendo mucho, y el par de Fernando Sánchez fue uno de los mejores que se ha visto en toda la feria. Todo ello acompañado por la magnífica brega de Iván García, quien además se llevó al toro casi de punta a punta de la plaza a una sola mano. También expuso mucho la cuadrilla de Gomez del Pilar banderilleando al quinto, destacando un par de Pedro Cebadera.
martes, 28 de mayo de 2019
27 DE MAYO DE 2019, DÉCIMOCUARTA DE FERIA: Y OTRA QUE SE FUE SIN TOREAR
No habrá sido este el encierro más encastado y con más emoción que hayamos visto lidiarse con el hierro de La Quinta. Pero si se dijera de esta novillada que ha sido imposible para el triunfo, y se la calificara como una moruchada infame, tampoco se andaría muy acertado. Evitaré por todos los medios, o al menos se intentará, acudir a la ya clásica frase de muchas novilladas, y que dice algo así como "qué más necesitan estos muchachos para triunfar", pero es harto difícil. Sí, muy difícil, porque esto es el cuento de nunca acabar. La misma historia de casi siempre, novillos bonacibles, suavones, no muy sobrados de poder ni de malas ideas, que no hacen grsn cosa en el caballo, alguno que sale pidiendo los papeles pero sin complicar en demasía al que está delante, que por cierto va indocumentado; pero en general muy dulzones y con falta de sal y pimienta. Que quizás, ese punto de emoción que en ocasiones podría faltarles, les hubiera correspondido ponérselo a los novilleros. La emoción llega por sí sola cuando el coleta de turno se pone en el sitio, carga la suerte y tira de los toros hacia atrás, y ahí están los ejemplos, sin necesidad de salirse de esta feria, dictados por Pablo Aguado o Paco Ureña ante ejemplares que no transmitían más que los de esta tarde. Pero esta tarde los novilleros han estado muy lejos de ello, y han optado por el estar aseadito, la facilidad, la falta de apreturas, el aliviarse, y todas esas cosas que no llegan muy lejos.
Ángel Jiménez, si ya de por sí dispuso del lote más soso, él tampoco hizo por transmitirle al personal maneras lo que se dicen agradables de ver. El primero de la tarde fue un mulo que se movía porque sí, como quien anda por la calle sin rumbo y al final acaba estampado contra una farola por empanado. Mal empezó el novillero descuidando sus tareas lidiadoras, lanceándolo de recibo por puro trámite y sin gracia, y dejándolos irse solos al caballo sin hacer siquiera amago de ponerlos en suerte. Con la muleta lo pasó por la mano derecha en dos series de muletazos, y otras tantas series con la izquierda. Se caracterizó este trasteo por un pegapasismo sin apreturas, a media altura y acompañando la tontorrona embestida del novillo, centrándose más en poner posturitas jartísticas que en otra cosa. Y gracias a los cielos, se fue a por la espada tras esto y el trasteo no fue más allá. Con el cuarto novillo volvió otra vez a descuidar flagrantemente su quehacer lidiador y dejarlos estamparse en el caballo sin sobresaltarse. Y de nuevo, ante un novillo que pareció apuntar en los primeros compases de la lidia pero que acabó aburrido demasiado rápido, volvió a dejar pinceladas de su toreo aliviado, despegado y frío.
El Galo vino a San Isidro avalado por una actuación bullidora, tremendista y que rozó lo puramente circense el pasado agosto. Pareció incluso que quería hacer las cosas bien ante su primero, parándolo de salida y dejándolo en la misma boca de riego, y esmerándose en dejar a sus dos novillos en suerte para acudir a la montura. Hasta quiso dejar de banderillear a este novillo y dejar paso a su cuadrilla. Parecía que el muchachete había asentado la cabeza y se había decantado por darle seriedad a todo lo que rodea a la lidia, pero... Mero espejismo. Fue coger la muleta, y comenzó a rayar la vulgaridad, la chabacanería, el destoreo y las malas maneras. Un novillo como este, por nobilísimo y empalagoso, no salen todos los días y menos en Madrid. Casta, inexistente; toreabilidad, para parar un tren. Lo que se sueña hoy día para eso de torear mejor que nunca, o como quiera que se diga esa mamarrachada moderna. Trallazos hacia fuera, enganchones, más trallazos hacia fuera, más enganchones, después muchos más trallazos y muchos mas enganchones... Y así hasta que le dio por irse a por la espada, para dejar patente que lo suyo tampoco es lo de matar. Y en el quinto sí que sí, sacó toda su artillería. Verónicas muy aceleradas con las cuales no fijó al novillo, un quite por telonazos que aparentaban ser delantales, o algo así; entre medias volvió a poner a los toros en suerte y, esta vez sí, agarró los palos para dejar un irrisorio tercio de banderillas. Comenzó con un par de poder a poder a cabeza más pasada que una paella de chiringuito, le siguió el violín, y finalizó con un tercer par en el que se embarulló recortando y quebrando para acabar tomando el olivo, saliendo de nuevo para dejar un par en el que el toro le comió mucho terreno. Mucho que torear tuvo este 5°, con el cual apareció la bendita casta en el ruedo. No grandes alardes, pero sí lo suficiente para mantener el interés. El pobre chaval, perdido y sin recursos ni ideas para meterle mano, demasiado hizo con salir del trance y acabar matando al novillo. El infierno le espera a quien engaña de esta manera a los chavalines para que sean toreros sin tener la más mínima facultad pars ello.
Francisco de Manuel vino a cerrar la terna, y también a reafirmarle las ilusiones al aficionado. Pero eso, de momento, tendrá que esperar. Pareció prometer su tarde cuando, al recibir a su primer novillo, se lo llevó a la boca de riego con algunas verónicas de cante grande, una bonita media verónica y una larga muy torera que le dejó ahí plantado. Gusta este chico de cubrir el segundo tercio por sí solo, pero nunca han convencido sus maneras de banderillear. Esta tarde, por fin, lo hicieron. ¿Por qué? Porque no puso banderillas, y le relegó tal honor a la magnífica cuadrilla que le acompaña. Y fue una suerte, porque ante ese 3° se lució Iván García. Un buen novillo fue este, pues también tuvo mucho que torear y, aunque moviéndose con nobleza y suavidad, no era la tonta del bote. Ya en los pases de tanteo con los que comenzó la faena sufrió el novillero un arreón que pudo haberle supuesto un disgusto, justo por quedarse con la ventana abierta y al descubierto. Cambió de mano después para torearlo con la zurda, intentando siempre hacer las cosas con despaciosidad pero sin conseguir limpieza ni acople. Ni tampoco colocación, y fue por eso por lo que el novillo volvió a prevenirle con otro arreón que casi le cuesta otro disgusto. A partir de aquí no volvio a confiarse el novillero, le acortó mucho las distancias para asfixiar al novillo, le espantó las moscas pasándolo con vulgaridad sobre la mano derecha, y hasta aquí el trasteo. Eso sí, la estocada que dejó después de pinchar una vez fue magnífica. Con el 6° en el ruedo volvió Francisco de Manuel a intentar torear a la verónica de la misma manera que en su primero y, aunque consiguió volver a ganarle terreno y llevarlo de nuevo hasta los medios, esta vez no salieron con tanta enjundia. Bien poniendo a sus dos novillos en suerte, y tras una magnífica lidia de Iván García, la única buena en toda la tarde, se llevó el novillo al tercio del tendido 5 para comenzar sobre la mano derecha muy despegadito y pegando tirones hacia fuera. El novillo mostró cualidades excepcionales para el toreo, pero estaba claro que no era la tarde de Francisco de Manuel, quien se volvió a embarullar en una faena larga y de corte moderno que destacó por alternar muletazos de nulo acople sobre ambos pitones, y en los que apenas estuvo ni asentado ni confiado. Trasteo vulgar y tedioso ante un animal que se prestó al triunfo y que acabó aburrido de tanto pegapasismo.
Pena de novillos, que se fueron sin torear en la mayoría de los casos; y de orejas, pues se fueron puestas, con la falta que les hacen a los chicos cuando las agarran después de cortadas. Pero ciertamente, si ante una novillada como esta no hay un triunfo rotundo, ¿en el futuro y ante novillos que pidan el carné, qué pasará?
Y no estamos hablando de novilleros poco experimentados ni que estan muy nuevos, sino de chavales que ya llevan algunas temporadas en esto, son de los que mas torean y, además, tienen la alternativa cerrada (caso de Ángel Jiménez) o a punto de caramelo.
Ángel Jiménez, si ya de por sí dispuso del lote más soso, él tampoco hizo por transmitirle al personal maneras lo que se dicen agradables de ver. El primero de la tarde fue un mulo que se movía porque sí, como quien anda por la calle sin rumbo y al final acaba estampado contra una farola por empanado. Mal empezó el novillero descuidando sus tareas lidiadoras, lanceándolo de recibo por puro trámite y sin gracia, y dejándolos irse solos al caballo sin hacer siquiera amago de ponerlos en suerte. Con la muleta lo pasó por la mano derecha en dos series de muletazos, y otras tantas series con la izquierda. Se caracterizó este trasteo por un pegapasismo sin apreturas, a media altura y acompañando la tontorrona embestida del novillo, centrándose más en poner posturitas jartísticas que en otra cosa. Y gracias a los cielos, se fue a por la espada tras esto y el trasteo no fue más allá. Con el cuarto novillo volvió otra vez a descuidar flagrantemente su quehacer lidiador y dejarlos estamparse en el caballo sin sobresaltarse. Y de nuevo, ante un novillo que pareció apuntar en los primeros compases de la lidia pero que acabó aburrido demasiado rápido, volvió a dejar pinceladas de su toreo aliviado, despegado y frío.
El Galo vino a San Isidro avalado por una actuación bullidora, tremendista y que rozó lo puramente circense el pasado agosto. Pareció incluso que quería hacer las cosas bien ante su primero, parándolo de salida y dejándolo en la misma boca de riego, y esmerándose en dejar a sus dos novillos en suerte para acudir a la montura. Hasta quiso dejar de banderillear a este novillo y dejar paso a su cuadrilla. Parecía que el muchachete había asentado la cabeza y se había decantado por darle seriedad a todo lo que rodea a la lidia, pero... Mero espejismo. Fue coger la muleta, y comenzó a rayar la vulgaridad, la chabacanería, el destoreo y las malas maneras. Un novillo como este, por nobilísimo y empalagoso, no salen todos los días y menos en Madrid. Casta, inexistente; toreabilidad, para parar un tren. Lo que se sueña hoy día para eso de torear mejor que nunca, o como quiera que se diga esa mamarrachada moderna. Trallazos hacia fuera, enganchones, más trallazos hacia fuera, más enganchones, después muchos más trallazos y muchos mas enganchones... Y así hasta que le dio por irse a por la espada, para dejar patente que lo suyo tampoco es lo de matar. Y en el quinto sí que sí, sacó toda su artillería. Verónicas muy aceleradas con las cuales no fijó al novillo, un quite por telonazos que aparentaban ser delantales, o algo así; entre medias volvió a poner a los toros en suerte y, esta vez sí, agarró los palos para dejar un irrisorio tercio de banderillas. Comenzó con un par de poder a poder a cabeza más pasada que una paella de chiringuito, le siguió el violín, y finalizó con un tercer par en el que se embarulló recortando y quebrando para acabar tomando el olivo, saliendo de nuevo para dejar un par en el que el toro le comió mucho terreno. Mucho que torear tuvo este 5°, con el cual apareció la bendita casta en el ruedo. No grandes alardes, pero sí lo suficiente para mantener el interés. El pobre chaval, perdido y sin recursos ni ideas para meterle mano, demasiado hizo con salir del trance y acabar matando al novillo. El infierno le espera a quien engaña de esta manera a los chavalines para que sean toreros sin tener la más mínima facultad pars ello.
Francisco de Manuel vino a cerrar la terna, y también a reafirmarle las ilusiones al aficionado. Pero eso, de momento, tendrá que esperar. Pareció prometer su tarde cuando, al recibir a su primer novillo, se lo llevó a la boca de riego con algunas verónicas de cante grande, una bonita media verónica y una larga muy torera que le dejó ahí plantado. Gusta este chico de cubrir el segundo tercio por sí solo, pero nunca han convencido sus maneras de banderillear. Esta tarde, por fin, lo hicieron. ¿Por qué? Porque no puso banderillas, y le relegó tal honor a la magnífica cuadrilla que le acompaña. Y fue una suerte, porque ante ese 3° se lució Iván García. Un buen novillo fue este, pues también tuvo mucho que torear y, aunque moviéndose con nobleza y suavidad, no era la tonta del bote. Ya en los pases de tanteo con los que comenzó la faena sufrió el novillero un arreón que pudo haberle supuesto un disgusto, justo por quedarse con la ventana abierta y al descubierto. Cambió de mano después para torearlo con la zurda, intentando siempre hacer las cosas con despaciosidad pero sin conseguir limpieza ni acople. Ni tampoco colocación, y fue por eso por lo que el novillo volvió a prevenirle con otro arreón que casi le cuesta otro disgusto. A partir de aquí no volvio a confiarse el novillero, le acortó mucho las distancias para asfixiar al novillo, le espantó las moscas pasándolo con vulgaridad sobre la mano derecha, y hasta aquí el trasteo. Eso sí, la estocada que dejó después de pinchar una vez fue magnífica. Con el 6° en el ruedo volvió Francisco de Manuel a intentar torear a la verónica de la misma manera que en su primero y, aunque consiguió volver a ganarle terreno y llevarlo de nuevo hasta los medios, esta vez no salieron con tanta enjundia. Bien poniendo a sus dos novillos en suerte, y tras una magnífica lidia de Iván García, la única buena en toda la tarde, se llevó el novillo al tercio del tendido 5 para comenzar sobre la mano derecha muy despegadito y pegando tirones hacia fuera. El novillo mostró cualidades excepcionales para el toreo, pero estaba claro que no era la tarde de Francisco de Manuel, quien se volvió a embarullar en una faena larga y de corte moderno que destacó por alternar muletazos de nulo acople sobre ambos pitones, y en los que apenas estuvo ni asentado ni confiado. Trasteo vulgar y tedioso ante un animal que se prestó al triunfo y que acabó aburrido de tanto pegapasismo.
Pena de novillos, que se fueron sin torear en la mayoría de los casos; y de orejas, pues se fueron puestas, con la falta que les hacen a los chicos cuando las agarran después de cortadas. Pero ciertamente, si ante una novillada como esta no hay un triunfo rotundo, ¿en el futuro y ante novillos que pidan el carné, qué pasará?
Y no estamos hablando de novilleros poco experimentados ni que estan muy nuevos, sino de chavales que ya llevan algunas temporadas en esto, son de los que mas torean y, además, tienen la alternativa cerrada (caso de Ángel Jiménez) o a punto de caramelo.
domingo, 26 de mayo de 2019
25 DE MAYO DE 2019, DUODÉCIMA DE FERIA: EL VASO MEDIO LLENO O MEDIO VACÍO, SEGÚN SE MIRE
Una más que añadir a la colección. O una menos para acabar. Como con el vaso, dependiendo de si se ve medio lleno o medio vacío. Así podría analizarse también la corrida que ha echado Pedraza de Yeltes en esta tarde. Un señor que vea el vaso medio lleno diría que la corrida ha empujado en varas, unos más y otros menos, pero que por lo general se ha empleado. Seguiría diciendo que ha habido algunos toros que se han prestado al toreo, y que otros, como por ejemplo el lote de Octavio Chacón, tenían buenas intenciones de embestir pero que la falta de fuerzas de la que han hecho gala les ha deslucido bastante. En cambio, quien vea el vaso medio vacío diría que a la corrida le ha faltado básicamente casta, poder y pies, y que efectivamente ha habido toros que se han prestado al triunfo pero les faltaba más picante.
Por otro lado, es miy posible que ambos coincidirán en varias cosas: primera, lo mal presentada que estaba la corrida, con ejemplares escurridos y feos. Segundo, que sí, que efectivamente la corrida ha sido interesante en el primer tercio, y que además esta tarde los picadores, por lo general, han señalado los puyazos en buen sitio y no han cusado los estragos de otras tantas tardes. Coincidiría también en lo bien que han estado los banderilleros de Juan Leal con los palos. Marco Leal, hermano del matador, le sopló al 3° un espectacular par por el cual tuvo que saludar una ovación; y en el 6° Agustín de Espartinas y Manuel de los Reyes hicieron lo propio tras cubrir un buen tercio de banderillas. Y por supuesto, y sin que quepa duda de ello, la coincidencia más exacta entre la opinión de unos y de otros llegaría al hablar de la terna de esta tarde y de lo mal que han andado con ella, despojos aparte. ¡¡Vaya tardecita la que han dado entre los tres!! La corrida de Pedraza no habrá sido un derroche de poder y de casta, pero de ahí a que haya sido imposible para conseguir el mínimo lucimiento, hay un mundo. O dos. Y tres, y cuatro, y cinco, y... No solo que no haya sido imposible, es que ha habido toros de triunfo. Y la terna, lejos de valerse de ello y dar una bonita tarde de toros, ha aburrido más que un cura dando el sermón. Cierto es que Juan Leal, espada con menos antigüedad del cartel, ha sido el único en conseguir despertar pasiones varias en los tendidos, aunque sin convencer a la totalidad de la parroquia. Juan Leal, lo ha demostrado muchas veces ya y hoy no ha vuelto a ser menos, es un torero tan dotado valor como carente de técnica y del más mínimo estilo artístico, rebasando incluso en muchas ocasiones la línea que separa lo serio de lo tremendista. Solo pudo lidiar el primero de su lote (tercero de la tarde), animal que hizo buena pelea en varas aunque salió suelto de la segunda vara. Se le vio al animal mucha clase y recorrido durante la lidia, y más aún cuando el matador se fue a los medios para comenzar la faena de rodillas. El toro acudió con alegría y repitió como una locomotora mientras que Juan Leal lo pasaba de muleta una y otra vez y sin hacer amago de levantarse cuando se veía apurado. Meritorio mucho, ortodoxo ya menos. Una vez en pie y cogida la muleta con la mano derecha, vuelve a darle sitio en la primera serie de derechazos y el toro sigue embistiendo con un buen tranco, pero el matador se embarulla en una serie de derechazos en los que el animal le desborda y no consigue someterlo. Y a partir de aquí, nos quedamos sin ver más toro, porque empezó el matador a acortar cada vez más y más las distancias hasta meterse, literalmente, entre medias de los pitones, y basar el trasteo en el encimismo, los telonazos y la vulgaridad. Y el toro, asfixiado, comenzó a defenderse aunque no dejó de acudir a cada muletazo al que el matador le citaba. Aun así el matador se vio superado en todo momento por el encastadito ejemplar, y en una de esas le llegó a echar mano y pegarle una cornada en la zona anal. Visiblemente dolorido, volvió a la cara del toro para seguir por la misma tónica del encimismo, pero sin que en ningun momento apareciera el menor atisbo de toreo. Y para culminar, estocada que enterró a la primera y que volvió loca a parte de la concurrencia (quien en su mayoría no calibra en su colocación, como fue el caso que cayó trasera), petición mayoritaria y despojo. Le fue entregado por el alguacilillo y sin pasearla siquiera se metió a la enfermería para ser atendido de la grave cornada, no volviendo a salir para estoquear al último. Pronta recuperación para él.
Octavio Chacón era esperado con ilusión esta tarde por la afición de Madrid, que acabó con el gozo en un pozo. Es este un torero que necesita Toro-Toro para ser capaz de relucir sus cualidades lidiadoras y poderosas, justo lo que esta tarde se le volvió de espaldas. Tanto los dos de su lote como el que mató por Juan Leal sacaron nobleza y afán por embestir bien, pero la evidente falta de fuerzas que arrastraban les hizo quedar en prácticamente nada. Octavio estuvo toda la tarde desempeñando con corrección sus tareas como director de lidia, preocupado de parar a sus toros y de dejarlos en suerte en varas, pero ante tres toros como se han descrito realizó la misma faena: pases siempre a media altura y sin obligar al toro en exceso, despegadito siempre y, lo que es peor, alargando las tres faenas hasta el limite, lo que hizo que la gente acabara cansada, hastiada de tanto pase vulgar y pidiéndole la hora al matador. No ha sido esta la mejor tarde de Octavio Chacón, desde luego.
Tampoco fue la tarde, ni tampoco la feria de Javier Cortés. Si ya en la corrida de La Quinta en la que tomó parte hace algunos días se le vio perdido y por debajo de la situación, en esta tarde ha vuelto a dejar las mismas sensaciones de no estar. Y ante el lote más claro de la tarde. El segundo fue un toro noblote que acudía presto a cada muletazo aunque con el defecto de salir del muletazo con la cara alta. No era fácil, pero Javier Cortés consiguió con muy buena técnica tirar de él y conseguir meterlo en el canasto. Aunque tuvo su mérito, una cosa fue eso y otra muy distinta que los muletazos fueran de mano baja, mandones de verdad y rematados atrás, cosa que nunca sucedió, y la faena acabó sumergida en un mar de trallazos con la figura muy retorcida, metiendo mucho el pico y descargando la suerte. Más de lo mismo ante el quinto toro, quizás el animal que mejor embistió de toda la tarde y el que tuvo más claridad. Cortés, de nuevo, volvió a embarullarse entre mil y un trapazos olvidándose por completo del parar-templar-mandar-cargar. El animal se fue sin torear y así cerró este torero su decepcionante feria.
No habrá sido esto lo que todos esperábamos de Pedraza de Yeltes, pero tampoco ha sido ni mucho menos lo peor con lo que ha venido a Madrid. Nos quedamos con que de momenton ha sido lo que mejor ha embestido al caballo en toda la feria. De largo, vamos.
Por otro lado, es miy posible que ambos coincidirán en varias cosas: primera, lo mal presentada que estaba la corrida, con ejemplares escurridos y feos. Segundo, que sí, que efectivamente la corrida ha sido interesante en el primer tercio, y que además esta tarde los picadores, por lo general, han señalado los puyazos en buen sitio y no han cusado los estragos de otras tantas tardes. Coincidiría también en lo bien que han estado los banderilleros de Juan Leal con los palos. Marco Leal, hermano del matador, le sopló al 3° un espectacular par por el cual tuvo que saludar una ovación; y en el 6° Agustín de Espartinas y Manuel de los Reyes hicieron lo propio tras cubrir un buen tercio de banderillas. Y por supuesto, y sin que quepa duda de ello, la coincidencia más exacta entre la opinión de unos y de otros llegaría al hablar de la terna de esta tarde y de lo mal que han andado con ella, despojos aparte. ¡¡Vaya tardecita la que han dado entre los tres!! La corrida de Pedraza no habrá sido un derroche de poder y de casta, pero de ahí a que haya sido imposible para conseguir el mínimo lucimiento, hay un mundo. O dos. Y tres, y cuatro, y cinco, y... No solo que no haya sido imposible, es que ha habido toros de triunfo. Y la terna, lejos de valerse de ello y dar una bonita tarde de toros, ha aburrido más que un cura dando el sermón. Cierto es que Juan Leal, espada con menos antigüedad del cartel, ha sido el único en conseguir despertar pasiones varias en los tendidos, aunque sin convencer a la totalidad de la parroquia. Juan Leal, lo ha demostrado muchas veces ya y hoy no ha vuelto a ser menos, es un torero tan dotado valor como carente de técnica y del más mínimo estilo artístico, rebasando incluso en muchas ocasiones la línea que separa lo serio de lo tremendista. Solo pudo lidiar el primero de su lote (tercero de la tarde), animal que hizo buena pelea en varas aunque salió suelto de la segunda vara. Se le vio al animal mucha clase y recorrido durante la lidia, y más aún cuando el matador se fue a los medios para comenzar la faena de rodillas. El toro acudió con alegría y repitió como una locomotora mientras que Juan Leal lo pasaba de muleta una y otra vez y sin hacer amago de levantarse cuando se veía apurado. Meritorio mucho, ortodoxo ya menos. Una vez en pie y cogida la muleta con la mano derecha, vuelve a darle sitio en la primera serie de derechazos y el toro sigue embistiendo con un buen tranco, pero el matador se embarulla en una serie de derechazos en los que el animal le desborda y no consigue someterlo. Y a partir de aquí, nos quedamos sin ver más toro, porque empezó el matador a acortar cada vez más y más las distancias hasta meterse, literalmente, entre medias de los pitones, y basar el trasteo en el encimismo, los telonazos y la vulgaridad. Y el toro, asfixiado, comenzó a defenderse aunque no dejó de acudir a cada muletazo al que el matador le citaba. Aun así el matador se vio superado en todo momento por el encastadito ejemplar, y en una de esas le llegó a echar mano y pegarle una cornada en la zona anal. Visiblemente dolorido, volvió a la cara del toro para seguir por la misma tónica del encimismo, pero sin que en ningun momento apareciera el menor atisbo de toreo. Y para culminar, estocada que enterró a la primera y que volvió loca a parte de la concurrencia (quien en su mayoría no calibra en su colocación, como fue el caso que cayó trasera), petición mayoritaria y despojo. Le fue entregado por el alguacilillo y sin pasearla siquiera se metió a la enfermería para ser atendido de la grave cornada, no volviendo a salir para estoquear al último. Pronta recuperación para él.
Octavio Chacón era esperado con ilusión esta tarde por la afición de Madrid, que acabó con el gozo en un pozo. Es este un torero que necesita Toro-Toro para ser capaz de relucir sus cualidades lidiadoras y poderosas, justo lo que esta tarde se le volvió de espaldas. Tanto los dos de su lote como el que mató por Juan Leal sacaron nobleza y afán por embestir bien, pero la evidente falta de fuerzas que arrastraban les hizo quedar en prácticamente nada. Octavio estuvo toda la tarde desempeñando con corrección sus tareas como director de lidia, preocupado de parar a sus toros y de dejarlos en suerte en varas, pero ante tres toros como se han descrito realizó la misma faena: pases siempre a media altura y sin obligar al toro en exceso, despegadito siempre y, lo que es peor, alargando las tres faenas hasta el limite, lo que hizo que la gente acabara cansada, hastiada de tanto pase vulgar y pidiéndole la hora al matador. No ha sido esta la mejor tarde de Octavio Chacón, desde luego.
Tampoco fue la tarde, ni tampoco la feria de Javier Cortés. Si ya en la corrida de La Quinta en la que tomó parte hace algunos días se le vio perdido y por debajo de la situación, en esta tarde ha vuelto a dejar las mismas sensaciones de no estar. Y ante el lote más claro de la tarde. El segundo fue un toro noblote que acudía presto a cada muletazo aunque con el defecto de salir del muletazo con la cara alta. No era fácil, pero Javier Cortés consiguió con muy buena técnica tirar de él y conseguir meterlo en el canasto. Aunque tuvo su mérito, una cosa fue eso y otra muy distinta que los muletazos fueran de mano baja, mandones de verdad y rematados atrás, cosa que nunca sucedió, y la faena acabó sumergida en un mar de trallazos con la figura muy retorcida, metiendo mucho el pico y descargando la suerte. Más de lo mismo ante el quinto toro, quizás el animal que mejor embistió de toda la tarde y el que tuvo más claridad. Cortés, de nuevo, volvió a embarullarse entre mil y un trapazos olvidándose por completo del parar-templar-mandar-cargar. El animal se fue sin torear y así cerró este torero su decepcionante feria.
No habrá sido esto lo que todos esperábamos de Pedraza de Yeltes, pero tampoco ha sido ni mucho menos lo peor con lo que ha venido a Madrid. Nos quedamos con que de momenton ha sido lo que mejor ha embestido al caballo en toda la feria. De largo, vamos.
sábado, 25 de mayo de 2019
24 DE MAYO DE 2019, UNDÉCIMA DE FERIA: TARDE DE EMOCIONES FUERTES
La de historias que se han contado en esta tarde del 24 de mayo del año 2019, undécimo festejo de San Isidro. Historias tristes, historias irritantes, e historias bonitas, emocionantes y entrañables. Asi que manos a la obra y a hablar de toros, que hoy hay motivos para hacerlo con alegría.
La historia triste de esta tarde comienza, en realidad, un 14 de mayo de 2018. Se celebraba entonces la séptima de feria y los toros a lidiar pertenecían al hierro de Las Ramblas. El cuarto toro salió de chiqueros abueyado, huyendo despavorido cada vez que se le presentaba un capote y sin la menor intención de embestir. Vamos, un marrajo de toda la vida, y el cual no merecía otra cosa que no fueran banderillas negras. Lo que ocurrió, todos lo sabemos: al marrajo le sacaron pañuelo verde, sin siquiera hacer amago de sacar la montura e intentar picarlo, como se ha hecho toda la vida. Devuelto por manso, lo nunca visto. Y con esa frase nos quedamos en esa tarde, "lo nunca visto".
24 de mayo de 2019, un año y diez días después, aquello parece haber quedado en mera anécdota que se comenta entre los amigos de los toros con una sonrisa socarrona, por no echar lágrimas. Pero en este día, ocurre otro hecho que bien podría titularse, y de hecho así se hace, "Lo nunca visto, segunda parte". Resulta que el cuarto toro, con el hierro de Juan Pedro Domecq, sale al ruedo y la lidia parece ir con la normalidad propia de una tarde como esta: mansedumbre, flojera, nulidad en varas y picotacitos de nada. El tercio de banderillas ocurre con normalidad y rapidez, sin sobresaltos, y cuando se cambia el tercio y El Juli se dirige al toro, este parece estar lesionado de una mano. Efectivamente, cuando el matador le da los pases de tanteo el toro se resiente y las protestas afloran. El Juli, sin escrúpulos, intenta hacerle la faena al pobre animal, y todos creíamos que esto iba a ser colmo de los colmos... Hasta que la Presidencia sacó el pañuelo verde. Sí, el pañuelo verde, el que indica que hay que devolver el toro al corral y sustituirlo por el sobrero... ¡¡Con la faena de muleta comenzada!! Gran bronca, gritos de "fuera del palco", e incredulidad en la plaza. Otra vez una chacota magna que le da una buena patada al reglamento taurino y deja la seriedad de la Plaza de Madrid hecha unos arapos.
Después viene la historia irritante, y es protagonizada, como no podía ser menos, por el más golfo y sinvergüenza matador de toros de toda la historia. No hace falta extenderse mucho: el llamdo don Julián vino en esta tarde a pasearse por Madrid con una actitud deplorable. "Vengo a Madrid a mesa puesta y sin someterme al bombo, hago un poco el indio sin complicarme la vida, y lo más importante lo del final: pongo el cazo y me llevo todo el parné. Y a los que pagan, que les den morcillas", es el mejor resumen de lo que ha sido su tarde. No vuelvas Julián, hazte ese favor y haznos el favor. Gracias
Y por fin, vienen las notas alegres y bonitas de la tarde, protagonizadas por dos grandes hombres: Paco Ureña y David de Miranda. No solamente fue el hecho de tener en Madrid a dos toreros que en los últimos meses lo han pasado mal a causa de dos graves percances, es que esos dos toreros han venido a Madrid demostrando que todo aquello ha sido superado, y lo han hecho TOREANDO. Sí sí, como suena: TOREANDO. ¡¡Qué alegría más grande!!
Paco Ureña perdió un ojo el pasado mes de septiembre en la feria de Albacete, y durante algún tiempo todo lo relativo al discurrir su carrera fue una incógnita. Por fin se anunció que sí, que efectivamente iba a poder seguir toreando y que empezaría por la feria de Valencia, lo cual fue una alegría porque significaba que estaba en condiciones más que aptas para volver a torear. Ha ido transcurriendo la temporada y las sensaciones eran que Ureña seguía siendo el mismo, pero esas sensaciones había que ratificarlas en Madrid, en su Madrid, la plaza donde tan buenas tardes de toros ha dado. La afición de Madrid le hizo saludar al finalizar el paseíllo en señal de afecto, y ese acto fue correspondido por el torero en su primer turno, tercer toro de la tarde: comienza la faena con algunos doblones que empalma con algunos derechazos imponentes. El de Juan Pedro iba y venía sin ser gran cosa, simplemente se dejaba, y el matador puso todo lo que al toro le faltaba. Siguió Ureña sobre la mano derecha acoplandose poco a poco y cada vez asentándose mejor, hasta que surgió una serie más limpia y mandona que despertó el entusiasmo del personal. Cambió a la zurda y los tres naturales que dejó fueron simplemente colosales. ¡¡El toreo al natural, una vez más!! Siguió la faena con altibajos sobre la mano izquierda, sin lograr tirar del toro con limpieza pero sin dejar de pisar los terrenos comprometidos, ni de cargar la suerte ni de hacer por llevar al toro detrás de la cadera. Queriendo hacer el toreo, en una palabra. La última serie fue con la derecha, buena y bonita, y tras esto cerró al toro con unos ayudados por bajo muy toreros. Tenía la oreja ganada, pero el pinchazo previo y la posterior estocada que cayó ligeramente desprendida, le impidieron ese honor. Dio una vuelta al ruedo clamorosa. Si sosote fue este toro, el quinto no mejoró nada. Peor aún, se movió con brusquedad, pegaba tornillazos y se quedaba corto. Ureña no escatimó nada en volver a ponerse en el sitio, ofrecer siempre la muleta planchadita y sin ninguna arruga e intentar tirar para detrás. Solo pudo dejar detalles de toreo caro pero sin redondear ante este toro, y con una estocada de magnífica ejecución y colocación, sumada al conjunto de la tarde, hubieran sido suficientes para que se hubiera premiado con una justa oreja. Falló una cosa, muy importante por cierto: la estocada, que cayó baja. Aun asi, paseó una oreja que, debido a la espada, se antoja prescindible. Fue lo de menos en una tarde feliz para el torero y para la afición de Madrid, que tiene de vuelta a uno de sus ojitos derechos.
Y también está la preciosa historia de David de Miranda, quien en la tarde de hoy vino a confirmar la alternativa que tomó hace tres temporadas de la mano de uno que no fue nadie ni nada, José Tomás. David de Miranda llegó a tocar con la yema de los dedos la tragedia, cuando en agosto de 2017 sufrió una fuerte voltereta en la plaza de Toro (Zamora) que le causó graves daños en las cervicales. Nadie tenía claro si volvería a vestir de luces después de tan grave cogida, pero haciendo gala de una gran fuerza de voluntad por salir adelante y recuperarse, volvió a vestirse de luces un año después en su tierra, para torear hasta en siete ocasiones más ese mismo año. Y a la temporada siguiente, la actual, le esperaba Madrid para confirmar alternativa, y en un cartel de campanillas. Y lo hecho por él esta tarde es la mejor recompensa que puede tener un torero que tan mal lo ha pasado. La verdad es que hay que tener una suerte pésima para que el toro con el que uno confirme la alternativa sea un completo mulo que no vaya para delante ni para detrás, y aunque no había nada que hacer ante él, el toricantano ya dio muestras de su valioso concepto del toreo y de sus ganas en esta tarde. Pero tal y como se dijo en la crónica de ayer, la vida es dura pero a veces sabe hacer justicia, y eso se hizo realidad en el sexto toro, el mejor de la corrida con mucha diferencia. Mejor dicho, el mejor y el único bueno. El torero, desde luego, no dejó pasar la oportunidad: comenzó de manera poco ortodoxa con el típico pendulazo desde los medios, y con ello se metió gran parte del público en el bolsillo. Faltaba la otra parte, la afición que se emociona más por una simple tanda de naturales de verdad que por los mil pendulazos y trapazos de rodillas que existan, y no tardó el joven en llevárselos también de calle. Da distancia al toro y en la primera tanda, sobre la mano diestra, no se acopla y pega latigazos hacia fuera. Viene una segunda mucho más despaciosa y mandona, para acabar con una tercera que es buena de verdad, con el torero puesto en el sitio, sin esconcer la pierna y llevando al toro detrás haciendo gala de un portentoso mando. ¡¡El toreo otra vez!! Por fin, coge la mano izquierda, la mano que manda en el toreo, y deja una serie que baja en cierta parte el listón, pero no sin dejar un gran natural. Vuelve a intentar el toreo al natural y esta vez salen buenos de verdad, llevando al toro con mucho poder atrás y con un estilo muy clásico y puro. Una última tanda con la derecha, que sigue por la senda del clasicismo, y hecha la faena. Tocaba matar, pero no sin abrochar la faena de una forma elegante. ¿Unos ayudados por alto? No... ¿Por bajo tal vez? Tampoco... ¿Quizás unos naturales de frente? Quita quita...
Entonces, ¿no sería por...? Correcto, bernardinas. ¿Cómo es posible que un torero que gasta un concepto tan clásico y cargado de pureza, le dé también por los pendulazos, las bernardinas, y todas esas cosas? Pues así es. La faena apuntaba a premio gordo, solo faltaba que la estocada cayera donde tienen que caer si se quiere triunfar en Madrid sin ningún pero. ¿Lo hizo? Más bien no, se fue a un lado. Y eso empañó la concesión de la segunda oreja. Un torero que torea en Madrid, por muy bien que esté no se le puede conceder una segunda oreja si no ha matado en el sitio, y eso ha sido así toda la vida. Orejas aparte, fue una alegría encontrarse con este torero triunfando con tanta fuerza y tanta verdad después de todo lo que ha pasado. Una historia entrañable que, junto a la de Paco Ureña, dio la nota emocionante de la tarde en el marco de otra juampedrada que pecó de lo mismo de siempre: nula presencia, falta de fuerzas, descaste, mansedumbre y sosería. Ni siquiera ese buen sexto tapa las vergüenzas de semejante corrida. El año que viene más, por desgracia.
¡¡Viva el toreo eterno y vivan los buenos toreros!!
viernes, 24 de mayo de 2019
23 DE MAYO DE 2019, DÉCIMA DE FERIA: TOROS SOSOS, TOREROS VULGARES
Ser ganadero de bravo es tarea arduo complicada. Ser figura del toreo aún más, casi un milagro. Y lo de escribir acerca de una tarde de toros como la vivida hoy, eso ya es otro nivel. Casi el mismo nivel que aguantar una hermosa colección de toretes mal presentados, flojos, mansos y con una bobería irritante, ante los cuales se las vieron tres vulgares pegapases que no han dado una derechas en toda la bendita tarde. "Y qué demonios escribo yo de esta bazofia que nos acabamos de merendar...", me preguntaba saliendo de la plaza. Pues hombre, parece estar todo dicho: corriducha del montón, que no se empleó ni se picó, que fueron mansos hasta decir basta, que de casta mejor no hablar porque parece una batalla perdida, y que una vez en el tercio de muleta se caracterizaron mayormente por bobos, tontorrones, tontainas, simples, lelos, tarugos, paparotes, bodoques, memos, bolonios, tarugos y cualquier otro tipo de sinónimo afín a cualquiera de estos adjetivos que pueda aceptar la RAE. Y puestos a sacar la artillería de adjetivos calificativos para hacer lo propio sobre los toretes de Jandilla (5° con el hierro de Vegahermosa), también se podría sacar para hablar de la actuación de los tres espadas. Una pena que la RAE no acepte el término"pegapases", pues en este momento hubiera hecho un gran servicio. Pero en el diccionario del aficionado a los toros, existe y se acepta, de manera que se puede decir que los señores Sebastián Castella, Emilio de Justo y Ángel Téllez han dado una completísima cátedra de pegapasismo vulgar, chabacano, chocarrero, pedestre, tosco, basto, anódino, fútil, soso, insustancial, insulso, nimio, mediocre, y así hasta acabar existencias.
De uno en uno, el figurón del neotoreo moderno, véase Sebastián Castella, fue simplemente él. El mismo pegapases de siempre que le da igual ocho que ochenta, el que empieza pegando trapazos sobre la mano derecha fuera de cacho, descargando la suerte y en línea más recta imposible, y los cuales parecen que van haciendo entrar al público en vereda mientras los pocos aficionados exigentes que quedan reprochan las mil y una trampas al de luces. Y luego coge la zurda y prosigue con aquellas formas pero comienzan las dudas, la falta de limpieza de los trallazos y el público se queda a medias mientras el otro bando sigue a lo suyo. Y como todo se ha enfriado, comienzan a acortarse las distancias, el encimismo, el tirarse prácticamente encima del toro y todas esas cosillas de siempre... Lo único que diferenciaron sendas faenas una de las otra fueron los comienzos: la de su primero con unos elegantes doblones que resultaron ser lo más torero de la tarde por parte de los matadores, y los pendulazos clásicos de su particular tauromaquia ante el cuarto. Castella, y nada más...
Emilio de Justo... ¿Cómo decirlo? Bueno, pues que vino vestido de torero con una elegancia y un gusto que le son muy característicos... Y que, que, que... Que nada más. Que ni toreo de capote, ni lidia ordenada, ni colocación ante el toro, ni confianza para quedarse quieto, ni temple... Uy, temple, ¡¡temple!! La madre del cordero saltó a la palestra. Pregunta seria, ¿se le recuerda a Emilio de Justo alguna tanda de muletazos en que por lo menos dos o tres no hayan sido enganchados? No lo creo, porque ¡¡no existen!! Enganchones, y cuando no unos tirones con la muleta que dan que pensar que este torero no conoce el temple ni su significado. A otra cosa, mariposa.
Ángel Téllez vino a confirmar en esta tarde la alternativa que tomó hace no muchas semanas en Guadalajara. Y también a confirmar lo que ya dejó en su época de novillero: que si llega, no va a pasar de ser uno más. Imposible hacer cualquier intento de lucimiento ante el mulo con el que confirmó la alternativa, pero se empeñó en estar ahí dando pases, dando pases y dando pases. Aburriendo y haciendo que el personal pidiera la hora, que llegó a la última. Ya es mala suerte que un chico venga a tomar la alternativa y le caiga semejante mojón en suerte para abrir la tarde. La vida es dura, pero bien es verdad que a veces es justa y compensa. Y eso pasó con este chico cuando el sexto de Jandilla apareció en el ruedo. Si el destino le puso un garbanzo pocho en primer lugar, en el último le puso una perita en dulce para resarcirse y pegar algunos muletazos a gusto para seguir sumando en su carrera. Que no fue la panacea el toro, ni un torrente de casta ni mucho menos bravura, pero ahí estaba, presto a ofrecerse al toreo. Ángel Téllez estuvo animoso, quitando por saltilleras (que en realidad resultaron ser telonazos hacia arriba con más intención de pasarse al animal cerca que de torear de verdad), comenzando la faena de muleta citando de rodillas desde los medios, y mostrando actitud. Algo ya era, aunque luego, en lo fundamental, el asunto no prosperara. Que el torete se arrancó y galopó con alegría en ese comienzo de faena, saliendo trompicado el matador en el primer muletazo y teniéndose que poner en pie pronto para salir del trance como buenamente pudo. En los medios el toro pareció embestir con cierta alegría, pero el matador se lo cerró al tercio. Ahí comenzó con la derecha, trapazos usando pico, hacia fuera y mal colocado, y el toro empujando con dulzura. Después de algunas series, coge la mano izquierda y el toro comienza a quedarse más corto y a pararse. Pero solo fue por el lado izquierdo, porque cuando volvió a la derecha, el toro siguió empujando y yendo al trapo obedientemente. La faena fue larguísima, tanto así que sonó un aviso antes incluso de que el matador montara la espada, pero de tanto muletazo y tanto rato ante la cara del toro, no sacó el toricantano nada que no fuera vulgaridad y ganas de acabar con tan abominable tarde.
Y la tarde, precisamente tuvo en su fin lo mejor: que antes de las 21:15 horas ya nos disponíamos a abandonar la grada. Y entre medias de esto, un puyazo extraordiario por parte de Félix Majada al 5°, y dos buenos pares de banderillas de Morenito de Arles al 3°. Incluso cuando la tarde está abocada al mayor de los esperpentos, siempre queda el más mínimo detalle que compensa las más de dos horas sentado en la dura piedra.
De uno en uno, el figurón del neotoreo moderno, véase Sebastián Castella, fue simplemente él. El mismo pegapases de siempre que le da igual ocho que ochenta, el que empieza pegando trapazos sobre la mano derecha fuera de cacho, descargando la suerte y en línea más recta imposible, y los cuales parecen que van haciendo entrar al público en vereda mientras los pocos aficionados exigentes que quedan reprochan las mil y una trampas al de luces. Y luego coge la zurda y prosigue con aquellas formas pero comienzan las dudas, la falta de limpieza de los trallazos y el público se queda a medias mientras el otro bando sigue a lo suyo. Y como todo se ha enfriado, comienzan a acortarse las distancias, el encimismo, el tirarse prácticamente encima del toro y todas esas cosillas de siempre... Lo único que diferenciaron sendas faenas una de las otra fueron los comienzos: la de su primero con unos elegantes doblones que resultaron ser lo más torero de la tarde por parte de los matadores, y los pendulazos clásicos de su particular tauromaquia ante el cuarto. Castella, y nada más...
Emilio de Justo... ¿Cómo decirlo? Bueno, pues que vino vestido de torero con una elegancia y un gusto que le son muy característicos... Y que, que, que... Que nada más. Que ni toreo de capote, ni lidia ordenada, ni colocación ante el toro, ni confianza para quedarse quieto, ni temple... Uy, temple, ¡¡temple!! La madre del cordero saltó a la palestra. Pregunta seria, ¿se le recuerda a Emilio de Justo alguna tanda de muletazos en que por lo menos dos o tres no hayan sido enganchados? No lo creo, porque ¡¡no existen!! Enganchones, y cuando no unos tirones con la muleta que dan que pensar que este torero no conoce el temple ni su significado. A otra cosa, mariposa.
Ángel Téllez vino a confirmar en esta tarde la alternativa que tomó hace no muchas semanas en Guadalajara. Y también a confirmar lo que ya dejó en su época de novillero: que si llega, no va a pasar de ser uno más. Imposible hacer cualquier intento de lucimiento ante el mulo con el que confirmó la alternativa, pero se empeñó en estar ahí dando pases, dando pases y dando pases. Aburriendo y haciendo que el personal pidiera la hora, que llegó a la última. Ya es mala suerte que un chico venga a tomar la alternativa y le caiga semejante mojón en suerte para abrir la tarde. La vida es dura, pero bien es verdad que a veces es justa y compensa. Y eso pasó con este chico cuando el sexto de Jandilla apareció en el ruedo. Si el destino le puso un garbanzo pocho en primer lugar, en el último le puso una perita en dulce para resarcirse y pegar algunos muletazos a gusto para seguir sumando en su carrera. Que no fue la panacea el toro, ni un torrente de casta ni mucho menos bravura, pero ahí estaba, presto a ofrecerse al toreo. Ángel Téllez estuvo animoso, quitando por saltilleras (que en realidad resultaron ser telonazos hacia arriba con más intención de pasarse al animal cerca que de torear de verdad), comenzando la faena de muleta citando de rodillas desde los medios, y mostrando actitud. Algo ya era, aunque luego, en lo fundamental, el asunto no prosperara. Que el torete se arrancó y galopó con alegría en ese comienzo de faena, saliendo trompicado el matador en el primer muletazo y teniéndose que poner en pie pronto para salir del trance como buenamente pudo. En los medios el toro pareció embestir con cierta alegría, pero el matador se lo cerró al tercio. Ahí comenzó con la derecha, trapazos usando pico, hacia fuera y mal colocado, y el toro empujando con dulzura. Después de algunas series, coge la mano izquierda y el toro comienza a quedarse más corto y a pararse. Pero solo fue por el lado izquierdo, porque cuando volvió a la derecha, el toro siguió empujando y yendo al trapo obedientemente. La faena fue larguísima, tanto así que sonó un aviso antes incluso de que el matador montara la espada, pero de tanto muletazo y tanto rato ante la cara del toro, no sacó el toricantano nada que no fuera vulgaridad y ganas de acabar con tan abominable tarde.
Y la tarde, precisamente tuvo en su fin lo mejor: que antes de las 21:15 horas ya nos disponíamos a abandonar la grada. Y entre medias de esto, un puyazo extraordiario por parte de Félix Majada al 5°, y dos buenos pares de banderillas de Morenito de Arles al 3°. Incluso cuando la tarde está abocada al mayor de los esperpentos, siempre queda el más mínimo detalle que compensa las más de dos horas sentado en la dura piedra.
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