¡¡Silencio!! Hoy, Bailaor nos arrebató al Rey de los Toreros de una certera cornada. La afición de Madrid, 98 años después, no puede por menos que rendirle tributo. Viva Gallito, el más grande de cuantos toreros hayan existido.
Cómo estaba la plaza hoy de festivalera y de predisupuesta a la gresca. Tanto es así, que ni medio minuto han sabido aguantar en silencio para honrar al Rey de los toreros. ¿No se han enterado de que el Presidente marca el minuto de silencio, y no cuando al listo de turno le da por aplaudir? Qué van a saber, si mucho a de los hoy presentes llevaban meses sin ir a los toros... Hoy, tarde de campanillas con las figuritas y sus torillos a modo para andar a gusto y hacer ese presunto se torea mejor que nunca. Los proveedores de ginebra y tónica, frotándose las manos mientras en sus ojos brillaba la $ del dólar ante evento de tal magnitud (cuentan que a las 5 de la madrugada aún andaban contando billetes). Y por fin con nosotros, los güenos afisionaos haciendo acto de presencia por primera vez en la feria, más de una semana después de que esto diera el pistoletazo de salida. ¿Se habrán enterado de que la feria comenzó hace 9 días?
La tarde, con estos mimbres, solo podía estar encaminada a una cosa: el triunfalismo, fuera cual fuere el precio a pagar por ello. Y si a eso e añadimos que en el palco presidencial se hallaba el señor don José Magán, ya con la cartilla muy bien leída y con la bolsa escrotal intuyéndosele a la altura del nudo de la corbata, hubiera sido un milagro no haberse visto cortar una triste oreja. Y han caído tres, una por coleta.
La corrida de Núñez del Cuvillo, muy desigual de hechuras, ha sido el perfectísimo símil del llamado "Toro Artista": toretes que no han salido de chiqueros lo que se dice siendo un manantial de pies y de poder, toretes que hacen de la suerte de varas un mero trámite y de los picadores una comparsa que sirve para lo mismo que el segundo tiro de mulillas que hace el paseíllo, toretes que una vez llegado el tercio de muleta se vienen arriba y galopan, se mueven, repiten, transmiten, se prestan al triunfo como si alguien les hubiera enseñado a ello, alguno hasta ofrece cierta casta... En definitiva, animales para torearlos a placer hasta terminar aburrido, pero que no emocionan ni por un segundo durante parte de la lidia. El medio-toro, para unos. El toro artista, para otros. Dos términos que vienen significando lo mismo, y que desemboca en una única cosa: la desaparición de la lidia en los tres tercios.
Los seis de Cuvillo tuvieron en común que les apretaron muy poco en varas y que mansearon sobremanera en este tercio, pero en la muleta fueron cada uno de su padre y de su madre, sobresaliendo en especial los lidiados en tercer, quinto y sexto lugar. Tres ejemplares ideales para hacer el toreo, de los que cualquier ganadero con aspiraciones a anunciarse en tardes así sueña con criar.
Como puede deducirse, el premio gordo del sorteo se lo llevó Alejandro Talavante, a quien si no llega a ser por la espada se lo hubieran llevado en volandas por la puerta de Madrid, camino de acabar con el vestido de torear como el de la Cenicienta. Cortó la oreja del impresentable novillejo que saltó en tercer lugar, comenzando la faena con unos torerísimos doblones por el lado derecho que llevaron muy metido al toro en la muleta, y que desataron, así de buenas a primeras, la histeria colectiva. Prosiguió la faena por el lado derecho con muletazos en los que Talavante se colocó muy despegadito y embarcando con el pico, limitándose únicamente a acompañar la embestida. Después de algunas series por este pitón, coge el matador la zurda y deja algunos naturales más en los que no terminó de embraguetarse y termina llevando al toro en línea recta, mandando más el toro que el propio torero en cada muletazo. Y, cogida de nuevo la mano derecha, dejó casi como colofón una serie de tres redondos muy mandones, tirando del toro hacia atrás y arrastrando la muleta, los únicos buenos de verdad, que desataron la locura unánime. La estocada, casi entera, cayó trasera algo atravesada, siéndole concedida una oreja.
No fue menos el sexto, quizás el único que no hizo cosas feas en el caballo. Derribó en la primera vara y se enceló con la montura ya caída, llegando incluso a propinarle una cornada al caballo. Entró por segunda vez y se dejó pegar un picotacito señalado en el sitio por Miguel Ángel Muñoz, que fue muy aplaudido. Muy noble el toro en la muleta, pero también encastado y con picante. Un toro de bandera, al que Talavante comenzó sin preámbulos en los medios con la mano derecha, muy templado siempre, pero sin terminar de correr la mano ni de hilar al toro en el engaño, rematando una de las series con un natural pegado en redondo y que resultó ser eterno. Ya con la muleta en la izquierda, tardó Talavante algunos muletazos en acoplarse, pero ya al final llegó a sacar una serie buena de verdad, corriendo la mano con gran dominio. Casi fue un espejismo, porque una vez ocurrió esto, volvió Alejandro a coger la muleta con la derecha, y aquí se fue la faena al garete. El toro seguía embistiendo como una locomotora, pero el matador empezó a acortar distancias y a ponerse demasiado encima, ahogando al toro, que se defendió de tal cosa con feos tornillazos. Como si le recriminara a su matador que no hubiera seguido toreando con la mano izquierda, y dejar más naturales como aquellos tres que había conseguido sacar. Bajó considerablemente el listón la faena a partir de aquí, y Talavante tampoco se excedió mucho más. El triunfo se esfumó en compañía de los pinchazos que señaló.
Otro toro de bandera fue el quinto, del que Manzanares se llevó una oreja que, dicho de forma escueta y contundente, dio vergüenza ajena. Recibió a este toro José María con templadas verónicas en las que movió bien los brazos y dio el pasito atrás aún mejor. Bonito y torerísimo de verdad fue el quite por delantales que ejecutó, pero esto fue el prolegómeno de una faena exageradamente ventajista y aliviada. Pero un ventajismo con musho jarte, cuidado. Cites casi desde la M30 y ya no con el pico de la muleta, sino con los hilos que sobresalen de este, pero derrochando musho jarte, cuidado. Latigazos hacia fuera sin mando ni temple, pero con musho jarte, que quede claro. Una estocada de buena ejecución pero tendida, un palmo desprendida y atravesada, junto con los vapores de la milagrosa ginebra, que concede más orejas que los presidentes, echaron el resto.
El segundo fue un toro que regaló algunas buenas arrancadas por el pitón derecho, pero derrochó menos chispa y un tranco más soso. Su matador lo trapaceó con la misma vulgaridad y alivio que suele acostumbrar, pero sin asentarse nunca y muy atropellado. El moquero se quedó esta vez en el bolsillo, para colmo de quienes desean tener la minima oportunidad de ondearlo.
A Ferrera le correspondió un lote sosón, pastueño y flojo con el que anduvo haciendo de enfermero. Con el primero de la tarde se dedicó a pegar muletazos por ambos pitones tratando de hacer valer la estética más que otra cosa, siempre al hilo del pitón, moviendo la muleta a media altura para evitar que el animalico besara el suelo, y sin llevar sometido nunca al toro. Faena más de acompañar la bonacible embestida del bicho, que de torear de verdad y con verdad. Gran estocada cobró de este toro, quizás la mejor de lo que llevamos de feria, y la oreja cayó. Aunque fuera sólo por la estocada...
En cuarto lugar se las vio Ferrera con un semoviviente al que volvió a realizar una faena de alivio y muy preocupado por ponerse bonito, pero el toreo y la emoción nunca llegaron a calar. Además, la faena fue larguísima y a medida que las series de muletazos se iban sucediendo, el tedio se iba apoderando cada vez más de la parroquia. Un infame metisaca en el costillar tumbó al toro en cuestión de segundos.
El colmo del triunfalismo y de la Tauromaquia 2.0 llegaron de la mano a las figuras, sus medio-toros y su público de aluvión y poco habitual. Prueba de ello, las tres orejas concedidas. Muchas más que buen toreo existió. Si con esto les vale...
jueves, 17 de mayo de 2018
miércoles, 16 de mayo de 2018
15 DE MAYO DE 2018, OCTAVA DE FERIA: PACO UREÑA Y DOS PEGAPASES MÁS
Por fin un torero de verdad en Madrid. Un torero que se coloca en el sitio, que ofrece la muleta planita y sin escatimar en verdad. Un torero que carga la suerte y tira de los toros trazando un semicírculo valiéndose de su mando sobre el toro. Un torero, a fin de cuentas, con voluntad para hacer el toreo, y que llega a conseguir ese milagro. Don Paco Ureña, otra vez. No habrá sido la tarde en la que más rotundidad haya conseguido en su toreo, pero la verdad que atesora dentro de sí, sí que ha quedado patente en esta tarde. Bien de verdad ha llegado a torear al segundo de la tarde, un toro tan flojito y falto de chispa como noble y aprovechable para dejarle algunos buenos muletazos. Ureña pegó una buena tanda de naturales en los prolegómenos de la faena, aunque las sucesivas, siempre con las mismas intenciones de hacer de toreo, no terminaron de romper. Cambió a la derecha y de nuevo consiguió algunos redondos templados y mandones, pero ya para entonces quedaba poco toro, y los sucesivos naturales que dejó para la posterioridad fueron atropellados y sin llegar al personal. Los pinchazos le privaron de una oreja ganada a ley. Peor toro con diferencia fue el quinto, el cual se movió, pero con muy feo estilo, echando mucho la cara arriba y pegando tornillazos. Esa condición de tal ejemplar no amedrentó en absoluto a Paco Ureña, quien se fajó con él en una faena en la que poco a poco fue metiendo al toro en la muleta, pero los muletazos no resultaron ser del todo limpios ni fluidos. Faena más de buena intención y actitud que de toreo, aunque ante tal prenda lo milagroso hubiera sido que el toreo hubiera llegado a existir de forma continua. Esta vez sí, Ureña se tiró de verdad a matar, hasta el extremo que salió prendido y cobró una voltereta, a cambio eso sí de una estocada hasta los gavilanes que resultó medio palmo desprendida. La oreja cayó esta vez, quizás premiando más el conjunto de la tarde que la faena en sí.
El toreo y la verdad lo puso Ureña, y el pegapasismo excelso y chabacano, como bien se pudo prever el mismo día que se conocieron los carteles de la Feria, el señor Fandila, Fandi para los amigos y conocidos, y el señor Alberto López Simón. Lo del Fandi por Madrid ya es mero trámite, para él y para los que pegan el trasero en el duro granito del tendido.
Unas pocas fotos con los fans llegando a la plaza, conato de cucamonas con el capote, su singular y nada ortodoxo espectáculo en el segundo tercio, lo que buenamente se pueda con la muleta y la espada, y para el hotel, no sin antes pasarse a recoger el correspondiente sobrecito, que son sobrecito no hay Madrid ni soñando. Duchita, cenita rápida y al coche, que al día siguiente espera la feria de Horcajuelo de Arriba. Sin más que eso.
Para López Simón esto será otra cosa diferente a un mero trámite. Igual, su mayor motivación en esto de ser matador de toros, a fecha de hoy, será la de conseguir alguna oreja en Madrid, o en cualquier otra parte, habiendo pegado al menos una serie de muletazos como Dios manda. Tarea harto complicada, porque para eso primero habrá que saber torear. No digo pegar pases, que a lo mejor pueda parecer ser lo mismo. Lo de pegar pases, pues el chico sabe hacerlo muy divinamente, es indiscutible. Pero lo de torear, en el sentido estricto de la palabra, le viene holgado al amiguete.
Esto, suponiendo que esa sea su motivación a día de la fecha, porque viendo la actitud y las maneras que ha dejado esparcidos por el ruedo de Las Ventas en esta tarde, cuesta hasta creer que haya por ahí algo, aunque sea un poquito, una pizca solamente, de motivación por ser alguien.
La corrida del Puerto de San Lorenzo, más que menos se movió, aunque no es que sacara casta y picante, ni digamos bravura. Seis mansazos que huyeron de los picadores, hubo especialmente un toro que sirvió, el tercero, y otro, el segundo, que propició algunas arrancadas bonacibles pero faltas de picante y más chispa. El primero estaba inválido y El Fandi, gracias a los cielos, no se eternizó demasiado con él, como tampoco lo hizo con el cuarto, al que sin mucho ánimo le abanicó las moscas por ambos pitones y se lo quitó del medio sin mayor demora.
López Simón a lo suyo, dejándose ir a un toro de bandera, el tercero, con ese estilo tan particular y tan amodernado de cite al hilo, feo latigazo hacia fuera embarcando con el pico, y vuelta a citar fortísimo de cacho mientras se da el pasito atrás y se esconde la pierna de salida exageradamente. Exactamente el mismo trasteo le realizó al toro que cerraba festejo, con un pitó derecho potable, y con el que estuvo ahí delante mucho rato sin sacar en claro nada más que su vulgaridad y su estilo tan chabacano. Quien no da para más, no da y ya está, por mucho que se empeñen en hacernos creer que aquí hay un torero de culto, y tal.
Los pares de banderillas de Vicente Osuna y, sobre todo, de Jesús Arruga, le dieron a la tarde otro toque de torería cara. No serán espectaculares, ni las pondrán mientras corren hacia atrás, ni hacen eso del violín ni nada, pero ponen el par en la cara y se asoman al balcón, que vale mil veces más que cualquier cosa de aquellas que hacen otros y tienen mucha más verdad.
El toreo y la verdad lo puso Ureña, y el pegapasismo excelso y chabacano, como bien se pudo prever el mismo día que se conocieron los carteles de la Feria, el señor Fandila, Fandi para los amigos y conocidos, y el señor Alberto López Simón. Lo del Fandi por Madrid ya es mero trámite, para él y para los que pegan el trasero en el duro granito del tendido.
Unas pocas fotos con los fans llegando a la plaza, conato de cucamonas con el capote, su singular y nada ortodoxo espectáculo en el segundo tercio, lo que buenamente se pueda con la muleta y la espada, y para el hotel, no sin antes pasarse a recoger el correspondiente sobrecito, que son sobrecito no hay Madrid ni soñando. Duchita, cenita rápida y al coche, que al día siguiente espera la feria de Horcajuelo de Arriba. Sin más que eso.
Para López Simón esto será otra cosa diferente a un mero trámite. Igual, su mayor motivación en esto de ser matador de toros, a fecha de hoy, será la de conseguir alguna oreja en Madrid, o en cualquier otra parte, habiendo pegado al menos una serie de muletazos como Dios manda. Tarea harto complicada, porque para eso primero habrá que saber torear. No digo pegar pases, que a lo mejor pueda parecer ser lo mismo. Lo de pegar pases, pues el chico sabe hacerlo muy divinamente, es indiscutible. Pero lo de torear, en el sentido estricto de la palabra, le viene holgado al amiguete.
Esto, suponiendo que esa sea su motivación a día de la fecha, porque viendo la actitud y las maneras que ha dejado esparcidos por el ruedo de Las Ventas en esta tarde, cuesta hasta creer que haya por ahí algo, aunque sea un poquito, una pizca solamente, de motivación por ser alguien.
La corrida del Puerto de San Lorenzo, más que menos se movió, aunque no es que sacara casta y picante, ni digamos bravura. Seis mansazos que huyeron de los picadores, hubo especialmente un toro que sirvió, el tercero, y otro, el segundo, que propició algunas arrancadas bonacibles pero faltas de picante y más chispa. El primero estaba inválido y El Fandi, gracias a los cielos, no se eternizó demasiado con él, como tampoco lo hizo con el cuarto, al que sin mucho ánimo le abanicó las moscas por ambos pitones y se lo quitó del medio sin mayor demora.
López Simón a lo suyo, dejándose ir a un toro de bandera, el tercero, con ese estilo tan particular y tan amodernado de cite al hilo, feo latigazo hacia fuera embarcando con el pico, y vuelta a citar fortísimo de cacho mientras se da el pasito atrás y se esconde la pierna de salida exageradamente. Exactamente el mismo trasteo le realizó al toro que cerraba festejo, con un pitó derecho potable, y con el que estuvo ahí delante mucho rato sin sacar en claro nada más que su vulgaridad y su estilo tan chabacano. Quien no da para más, no da y ya está, por mucho que se empeñen en hacernos creer que aquí hay un torero de culto, y tal.
Los pares de banderillas de Vicente Osuna y, sobre todo, de Jesús Arruga, le dieron a la tarde otro toque de torería cara. No serán espectaculares, ni las pondrán mientras corren hacia atrás, ni hacen eso del violín ni nada, pero ponen el par en la cara y se asoman al balcón, que vale mil veces más que cualquier cosa de aquellas que hacen otros y tienen mucha más verdad.
martes, 15 de mayo de 2018
14 DE MAYO DE 2018, SÉPTIMA DE FERIA: LO NUNCA VISTO
Y parecía que estábamos a medio telediario de ver cortarse un rabo en Madrid, o de concederse un indulto. Pero antes han llegado a ver nuestros ojos algo que nunca hubiéramos imaginado: que en la mismísima plaza de Las Ventas se le enseñe el pañuelo verde a un toro solamente por... Manso.
Que no, que no es broma. Que va en serio, que hoy hemos visto cómo se ha tirado un toro para atrás solo por su condición abueyada de salida. Ni amago de intentar picarlo han hecho, vamos que ni el picador ha salido al ruedo. Esto se lo cuentan a uno siendo 28 de diciembre y resultaría hasta graciosa la broma.
--"Te juro que yo un día vi cómo echaron para atrás un toro por manso".
-- "Venga cachondo, déjame en paz. Y luego me vas a decir que pidió Emilio Muñoz el sobrero y le concedieron una oreja, ¿no?".
--"Que te lo juro".
-- "Cambia la marca de ginebra cuando vayas a los toros anda chato, que te deben de echar matarratas".
Pero resultó ser verdad, qué puñetas. El cuarto ejemplar de las Ramblas salió de toriles andando y olisqueando el albero. Desde la lejanía intentaron los peones de David Mora llamar su atención para cerrarlo en tablas, pero el animal como quien oye llover. Se acerca Ángel Otero al animal y, cuando a unos cuatro metros de distancia lo llama, el bicho recula y se va de ahí escopetado. El toro empieza a deambular a su aire por el ruedo como un fantasma, y los intentos de los peones por fijarlo son en vano, pues el toro hace caso omiso. Algunos en ese preciso instante ya empezábamos a echar en falta el caballo de picar en el ruedo, pensando que quizás un puyazo podría espabilarlo. Hubo incluso quienes ya sonreían maliciosamente y murmuraban algo que se medioentendía como "banderillas negras". Pero ocurrió lo que nunca hubiéramos imaginado, y el resto ya es historia.
-- "Habrá sido una ráfaga de aire, que le ha volado el pañuelo y justo ha asomado el verde, qué casualidad".
- "Se habrá confundido hombre, no creo que quisiera esto... Verás, verás cómo ahora se da cuenta y saca el blanco...".
-- "Estoy soñando, no me puedo creer que haya metido la pata de tal modo".
--" Niño, otro ginc-tónic, que me van a quitar el carné de güen afisionao por lo lento que eres, a este paso... Ya están armando trifulca los reventaores, ¿Qué tripa se les habrá roto ahora?".
-- Qué toro má malo, hombre ya... ¡¡Ezo no ze pué torear!! Bieeeeeeeeeeeeeeeenjjjjjjjjjjj, Prezidente, bieeennnnjjjj... ¿Cómo, que el Reglamento qué? Pero ¿qué ez ezo der Reglamento?
-- Qué toro má malo, hombre ya... ¡¡Ezo no ze pué torear!! Bieeeeeeeeeeeeeeeenjjjjjjjjjjj, Prezidente, bieeennnnjjjj... ¿Cómo, que el Reglamento qué? Pero ¿qué ez ezo der Reglamento?
Después de tal metedura de pata, deberían empezar a rodar cabezas entre presidente, asesores y veterinarios. Pero oiga, antes quitarán de ahí a quien le niega los despojos a los toreros. No quepa la menor duda.
La corrida de Las Ramblas fue una escalera de toros fofos, mal hechos, bastos y grandones que, como puede deducirse, no destacaron lo que se dice por ser guapos. Llegó incluso hasta a empezar bien, con un primer toro que, si bien cantó la gallina en el primero tercio (nada diferente de lo que hicieron el resto), sacó en la muleta algunas arrancadas que, si se las califica de encastadas, no se exageraría en absoluto. David Mora, muy molestado por el viento durante todo el trasteo, lo sacó rápido más allá de la segunda raya e intentó imponerse al toro, en vano, con más estética y ventajismo que mando. Dejó una gran estocada. Nobilísimo, de empalagosa embestida y para hartarse a torear fue el bichejo de la ganadería de José Cruz que sustituyó a aquel devuelto por manso (que no, que no es coña, que es en serio). Fue castigado con dos picotacitos de nada, y ante él David Mora realizó una faena larguísima y en la que de nuevo estuvo mucho más preocupado de ponerse bonito que de ponerse bien de verdad y poner bien la muleta. La faena estuvo cimentada sobre unas cuantas docenas de trallazos por ambos pitones descargando la suerte con mucho descaro, metiendo el pico aún con más descaro y escupiéndolo hacia fuera con un feo tirón que le pegaba al final del muletazo. David Mora en estado puro. Mal además con la espada.
Juan del Álamo se llevó en segundo lugar un toro con la casta justa pero pastueño y manejable, con el que intentó torear con verdad, siempre pisando terrenos comprometidos, cargando la suerte e intentando correr la mano hacia atrás. Otra cosa es que lo consiguiera. Tuvo intención Juan del Álamo ciertamente, pero nunca consiguió tener al animal sometido y llevarlo muy atado al engaño. Realizó una faena en la que alternó muletazos por ambas manos, atropellados en su mayoría, sin temple ni mando, y con muy feo estilo. Salió el quinto a la arena y, como también reculaba cuando los subalternos y el matador le presentaban el capote, además de irse suelto y no querer saber nada, por un momento creímos que de nuevo Florito se le iba a llevar a sus dominios. Fue un milagro que no sucediera, visto el nivel. Y ante tal prenda mansa y abanta, llegó un señor llamado Roberto Martín, de apodo Jarocho, a poner orden. Y lo puso nada menos que yéndose a por el toro, meterse en su terreno y tirar de él a base de inteligencia y sobriedad, hasta el punto de llegar a fijarlo y hacerse con él. Qué cosas oye. El toro tomó la primera vara en el caballo que guarda puerta y el segundo en la contraquerencia, en ambos recibió dos fuertes puyazos y de ambos se defendió. Genio y mansedumbre fueron las dos principales condiciones sobre las que se sujetó el comportamiento del toro durante toda la lidia, pero empujaba cuando del Álamo le ponía la muleta e intentaba desplazarlo. Lo trapaceó con mal gusto y falta de temple, dejando para la posterioridad un trasteo vulgar, carente de poder sobre el manso y con poca relevancia, siendo rematado además con una estocada muy caída.
José Garrido, el pseudoartista encumbrado a los cielos de la Tauromaquia desde su época novilleril y del que a muchos aún nos cuesta vislumbrarle media virtud, cerró su feria pasando, una vez más, de puntillas por esta plaza. Se valió de un lote compuesto por un noblore y soso tercero, así como de un buey de carreta topón y protestón que cerró festejo. A ambos le realizó la misma faena larga y plagada de posturitas, en la que no dejó sobre el papel nada diferente a lo que ha hecho en otras ocasiones: desajuste, el latigazo hacia fuera que todos hacen, pico, pierna retrasada... Vamos, que tendrá musho jarte el chaval, y toreará con mucho empaque de ese que ahora, como por arte e magia, tienen todos (¿lo enseñarán en la Escuela acaso?).
Pero pasan los años, las ferias y las temporadas, y este torero no demostrado en esta plaza no unassola de esas bonanzas que se pregonan, seguro que de forma interesada en muchos casos, desde algunos sectores el mundo del toro.
Abandonamos la plaza con más retraso que otros días, y a todos los invadía una mezcla de incredulidad, cabreo solemne y mucha tristeza. La mala pata del palco, con el presidente a la cabeza y los asesores haciendo las veces de comparsa, casi nos hicieron olvidar una bueyada infame de Las Ramblas, y a tres toreros que pasaron de puntillas, sobre todo David Mora que se llevó en único de Las Ramblas que sacó casta, el primero, y un sobrero que fue una perita en dulce. "Siempre le tocan los mejores, estoy empezando a pensar que en los toros también hay bolas calientes", comentó alguien.
Los grandes aplausos de la tarde se los llevaron los pares de banderillas de Ángel Otero, la tarde completísima de Jarocho en banderillas y brega, y el capote de Antonio Chacón.
Juan del Álamo se llevó en segundo lugar un toro con la casta justa pero pastueño y manejable, con el que intentó torear con verdad, siempre pisando terrenos comprometidos, cargando la suerte e intentando correr la mano hacia atrás. Otra cosa es que lo consiguiera. Tuvo intención Juan del Álamo ciertamente, pero nunca consiguió tener al animal sometido y llevarlo muy atado al engaño. Realizó una faena en la que alternó muletazos por ambas manos, atropellados en su mayoría, sin temple ni mando, y con muy feo estilo. Salió el quinto a la arena y, como también reculaba cuando los subalternos y el matador le presentaban el capote, además de irse suelto y no querer saber nada, por un momento creímos que de nuevo Florito se le iba a llevar a sus dominios. Fue un milagro que no sucediera, visto el nivel. Y ante tal prenda mansa y abanta, llegó un señor llamado Roberto Martín, de apodo Jarocho, a poner orden. Y lo puso nada menos que yéndose a por el toro, meterse en su terreno y tirar de él a base de inteligencia y sobriedad, hasta el punto de llegar a fijarlo y hacerse con él. Qué cosas oye. El toro tomó la primera vara en el caballo que guarda puerta y el segundo en la contraquerencia, en ambos recibió dos fuertes puyazos y de ambos se defendió. Genio y mansedumbre fueron las dos principales condiciones sobre las que se sujetó el comportamiento del toro durante toda la lidia, pero empujaba cuando del Álamo le ponía la muleta e intentaba desplazarlo. Lo trapaceó con mal gusto y falta de temple, dejando para la posterioridad un trasteo vulgar, carente de poder sobre el manso y con poca relevancia, siendo rematado además con una estocada muy caída.
José Garrido, el pseudoartista encumbrado a los cielos de la Tauromaquia desde su época novilleril y del que a muchos aún nos cuesta vislumbrarle media virtud, cerró su feria pasando, una vez más, de puntillas por esta plaza. Se valió de un lote compuesto por un noblore y soso tercero, así como de un buey de carreta topón y protestón que cerró festejo. A ambos le realizó la misma faena larga y plagada de posturitas, en la que no dejó sobre el papel nada diferente a lo que ha hecho en otras ocasiones: desajuste, el latigazo hacia fuera que todos hacen, pico, pierna retrasada... Vamos, que tendrá musho jarte el chaval, y toreará con mucho empaque de ese que ahora, como por arte e magia, tienen todos (¿lo enseñarán en la Escuela acaso?).
Pero pasan los años, las ferias y las temporadas, y este torero no demostrado en esta plaza no unassola de esas bonanzas que se pregonan, seguro que de forma interesada en muchos casos, desde algunos sectores el mundo del toro.
Abandonamos la plaza con más retraso que otros días, y a todos los invadía una mezcla de incredulidad, cabreo solemne y mucha tristeza. La mala pata del palco, con el presidente a la cabeza y los asesores haciendo las veces de comparsa, casi nos hicieron olvidar una bueyada infame de Las Ramblas, y a tres toreros que pasaron de puntillas, sobre todo David Mora que se llevó en único de Las Ramblas que sacó casta, el primero, y un sobrero que fue una perita en dulce. "Siempre le tocan los mejores, estoy empezando a pensar que en los toros también hay bolas calientes", comentó alguien.
Los grandes aplausos de la tarde se los llevaron los pares de banderillas de Ángel Otero, la tarde completísima de Jarocho en banderillas y brega, y el capote de Antonio Chacón.
lunes, 14 de mayo de 2018
SEXTA DE FERIA: IBANES ENCASTADOS Y UN MANSAZO EN EL PALCO
Volvieron los toros de Baltasar Ibán a Madrid, y de nuevo volvieron a no dejar indiferente a nadie. Mucho menos aburrir. No habrá sido la mejor corrida que se pueda esperar de esta ganadería, pero bien es verdad que en algunos de los ejemplares lidiados ha aflorado ese componente tan fundamental del Toro de lidia que es la casta.
¡¡Casta, aleluya!! Qué poco la habíamos apreciado en todo lo que llevamos de feria. Si acaso, cortesía Fuente Ymbro en la tercera de feria, y gracias vuelva usted mañana. Hoy, cortesía Baltasar Ibán, ha hecho aparición como no podía esperarse menos en esta ganadería.
No empezó lo que se dice bien la tarde, abriendo plaza un ejemplar malo malísimo, que peleó en varas defendiéndose como buen manso que fue, se frenaba en cada muletazo, echaba mucho la cara arriba y terminó orientado.
No mejoró la cosa con el segundo en el ruedo, toro al cual se vio flojo y con muy poco poder en los primeros compases de la lidia. Por ello, el picador levantó el palo casi al instante de entrar el toro en su jurisdicción y dejando que se fuera de rositas y sin apenas ser castigado. Fue por esto por lo que el toro consiguió coger algo más de fuelle y llegar al último tercio ofreciendo algunas arrancadas pastueñas y manejables, pero vacías del picante necesario para enamorar al respetable.
Salió el tercero, y con él sí llegó la emoción. La emoción que transmite la verdadera casta, poder y fiereza de un toro importante. Mexicano, que así se llamaba el bicho, no realizó lo que se dice una pelea espectacular en varas, pero sí llegó a meter la cara y empujar con presteza, sin rehuir de las dos varas traseras que tomó. Su comportamiento en la muleta fue muy noble, pero no de esa nobleza bobalicona y tontorrona que llaman bravura del siglo XXI. No, esa nobleza vino acompañada de casta, por lo que no puso fáciles las cosas el animalito en cuestión. Un buen Toro, ni más ni menos. De lío gordo y para alzarse en figura ante él.
Tampoco fue menos el cuarto. Se dolió y protestó del primer puyazo, del que salió suelto; pero llegó a meter la cara con más franqueza en el segundo puyazo, tirando incluso la montura y encelarse con ella mientras el picador, apoyado a parte a iguales en el estribo y el caballo, le arreó de lo lindo. Se dolió en banderillas el toro y dejó de manifiesto que sus derroteros eran los de la mansedumbre, pero no por ello exento de casta. ¿Que si la tuvo? Vaya si la tuvo, con qué ímpetu se arrancaba y se comía la muleta.
Bajó mucho el nivel el quinto, el cual se dejó pegar, sin codicia ni presteza por empujar, dos varas muy mal colocadas. Lo poco que se movió después, ya en el tercio de muleta, fue con brusquedad y mal estilo.
El animal que cerró plaza empujó en el primer puyazo, que se lo pegaron fuerte; y se repuchó en el segundo, más dosificado. Fue complicado el toro, pero no por ello imposible de torear. Reponía en cada muletazo y se desplazaba con franqueza, pero los medio trallazos que le acortaban el viaje y el encimismo al que fue sometido le hizo aburrirse y ponerse a la defensiva.
Ante estos seis galanes de Baltasar Ibán se las vieron, desearon, sudaron, sufrieron y sucumbieron Alberto Aguilar, Sergio Flores y Francisco José Espada. Alberto Aguilar, ante la que parece ser su última tarde en Madrid (a falta de otras fechas a lo largo de la temporada) fue obligado a saludar una ovación al romperse el paseíllo, en señal de respeto a quien se va de esta dura profesión. Luego, como se dice, el hombre propone y el toro descompone. Trató Alberto de imponerle la monofaena pegapasista y 2.0 al difícil y orientado primero, tarea harto complicada, más aún sin tratar de poder a la fiera con una lidia de aliño. Si Alberto quería despedirse de Madrid por todo lo alto y con brillo, tuvo en sus manos al cuarto para ello. El enésimo gran toro de su carrera en Madrid fue este, y el enésimo gran toro de su carrera en Madrid que se le fue sin torear terminó siendo.
Sergio Flores, mexicano, realizó en sendos turnos dos faenas de similar calado. Trallazos hacia fuera, atropellados la mayoría, falta de temple, y mucha vulgaridad, basaron tan intrascendental actuación. Poco que decir y hacer había ante el quinto, pero sí es verdad que se podría haber estado mucho mejor ante el noble segundo, al cual nunca consiguió coger el aire ni tirar de él.
A Francisco José Espadas le dieron una oreja del tercero. ¿Mérito? Más que eso, la suerte de que en la tarde de hoy se encontrara sentado en el palco un pregonado de banderillas negras. Porque ni toreo, ni estocada, ni tan siquiera petición mayoritaria. Vamos, ni por asomo, sobre todo de esto último. Nada con el capote, salvo una bonita revolera para dejar al toro en suerte; su faena al buen toro nunca pasó más allá del tercio, y en terreno de toriles. Muchísimos muletazos por ambas manos, pero ninguno dotado de poderío sobre la encastada embestida del buen ejemplar. Trallazos, fuera de sitio todos, metiendo mucho el pico y tirando al toro fuera. Y como remate, estocada caída. Eso sí, de efecto fulminante. Pero caída, pero eso no importa al parecer. Muy mediocre y llena de carencias esta faena a pesar de la oreja, pero mucho peor en el toro que cerró plaza. Encimista y pegapases, no logró en ningún momento sobreponerse a la embestida del animal en una faena larguísima y de aires chabacanos. Se eternizó además con la espada, y por poco se lo deja a merced de los berrendos de Florito.
Fue una corrida con ejemplares importantes, pero también los hubo mansos. En el ruedo, pero sobre todo en el palco. ¿Qué se le pasaría por la cabeza al señor Justo Polo Ramos para rebajarse, y de paso rebajar el nivel de Madrid, de tal manera y conceder una oreja a Francisco José Espadas tan solo por haberse dejado sin torear un buen toro y matarlo mal? Quizás, almohadillas volando y plagando el ruedo, insultos desproporcionados hacia su persona, público (que no aficionados) subiendo tendido arriba hasta el palco para increparle con feos y airosos gestos, mulilleros que no cobran el aguinaldo, juntaletras lametraseros llamándole de todo, comentaristas de televisión agotando sus reservas de bilis, a Emilio Muñoz culpabilizándole hasta de no haber sido ovacionado jamás en esta plaza... Y con todo ello, su vida entera pasando por delante de sus ojos en cuestión de pocos segundos. Llegan a poner al famoso Cazarrata al frente del palco esta tarde, y se queda con el pañuelito blanquito colgadito detrás de la barandilla sin sacarlo.
sábado, 12 de mayo de 2018
CUARTA DE FERIA: IR A LOS TOROS Y TERMINAR ECHANDO LA SIESTA
De esto que uno no tiene nada mejor que hacer en casa, y decide irse a los toros, a ver si la corrida de Pedraza de Yeltes cumple con las expectativas y echa una corrida de toros como Dios manda, encastada, con poder y que cumpla en el caballo. Total, para quedarse en el sofá echando la siesta, nos vamos a los toros. Pero, por esos caprichos de la vida, a la salida de la plaza las tornas cambiaron radicalmente, y se convirtieron en algo así como "si lo llego a saber, para pegarme la siesta recostado en el hombro del vecino de abono, me quedo en casa y me la pego en mi sofá, que es más cómodo, y si quiero me duermo, si no me pongo un documentale de la 2, o si no me echo un FIFA". Cosas que tienen los toros bobalicones, blandengues, faltos de poder y pies, y sobre todo descastados y que no transmiten emoción.
¡¡Qué ruina de tarde ha ofrecido la de Pedraza de Yeltes!! Los seis cortados por el mismo patrón de sosería, nobleza tontorrona, manejabilidad, nulo poder y descaste. Sobre todo eso: descaste. Los toros iban y venían sin dar demasiadas complicaciones, alguno incluso permitiéndose la licencia de colocar la cara de manera lujosa en la muleta, pero sin esa chispa que un toro ha de sacar para transmitir emoción y viveza en los tendidos. Quizás, cuando los toros se mueven de esta manera tan poco dotada de gracia y salero, ahí deben estar los toreros para dar el equilibrio necesario y que todo tire hacia delante. Porque la corrida, con toda la poca casta que ha tenido, sí ha sido muy toreable y se podía haber estado bien ante ella. Eso, en la hipótesis de que los encargados de lidiarla y darle muerte fueran la alegría de la huerta, que no ha sido ni mucho menos el caso. Manuel Escribano y Daniel Luque, sobre todo, han dado cuatro hermosísimas y nada desperdiciables lecciones, dos cada uno, de toreo insulso, pegapasismo vulgar y destoreo aliviado. Escribano, el capote se ve que solo lo quiere para irse a hacer la portagayola esa pueblerina a la que tan pocas cuentas se le echa en Madrid, porque lo que es para parar y fijar a los toros de salida, dejarlos en suerte en varas y entrar en quites, desde luego que no. En banderillas, pues eso, pares a toro pasado, cuando no esa mezcla extraña del violín y el quiebro, o su clásico y arriesgadísimo par ejecutando un quiebro pegado a tablas, que no digo yo que esté mal, pero donde quede un par de poder a poder, cuadrando en la cara y asomándose al balcón, que se quite lo demás. Y con la muleta, pues lo dicho: tirones hacia fuera, cites al hilo del pitón y muchas ventajas para dos trasteos cuánto menos vulgares y e intrascendentales.
Menos ofreció Luque, el de los toros para ser figura (dos menos en la tarde de hoy, por cierto). Presunto buen capotero aunque solo le hayamos visto hacer dos o tres quites buenos, como mucho, en casi 10 años que lleva apareciendo por aquí. Hoy ha vuelto a intentar estirarse a la verónica sin resultado brillante. Tampoco es Daniel Luque un torero a quien le guste dejar a los toros en suerte para ser picados, como bien ha dejado claro esta tarde, dejándolos que fueran al caballo a su aire y dejándoloa que se estamparan, sin importarle ello lo más mínimo. Y en la muleta, dos faenas tan largas y pesadas como insustanciales y vacías.
Con una tarde así, en la que no había pasado nada de nada en cinco toros y todo el mundo andaba ya hastiado de tanto despropósito, cada cual andaba a lo suyo. Unos, abandonaban la plaza escopetados siendo arrastrado el quinto. Otros, a quienes de allí no los mueve ni un tsunami, aguantando hasta que los toreros abandonaran la plaza al tiempo que se resignaban a ver algo brillante. Y otros cuantos, predispuestos a aplaudir hasta lo inaplaudible para que su tarde de toros no hubiera sido en balde, que había que amortizar la entrada y los dos o tres ginc-tónic. Sólo así se entiende que se armara el cirio que se armó cuando el presidente negó a Jiménez Fortes un despojo del sexto tras una faena que tuvo dos partes bien contrastadas: la primera, la de un Fortes perfilero, abusando del pico y pegando trallazos atropellados y muy fuera de cacho. Y la segunda, pues con más de lo mismo, pero con el público entregado, a diferencia de la primera parte, en la que la plaza se hallaba en silencio y pidiendo la hora. Claro, es que hubo voltereta, y si no hay nada de eso el torero no merece premio. Sin importar siquiera la faena. Por muy discreta que esta sea, si hay voltereta, pedirán el premio sí o sí. Y ya no digamos la importancia que tiene la estocada. Caiga donde caiga, sea trasera, desprendida (como fue el caso), un bajonazo, contraria, haciendo guardia o sea como sea, si entra entera la plaza entera jalea a coro como cuando marca gol el Madrid, y se pide el premio. Torear y matar bien ya no tiene importancia alguna. Solo con que haya voltereta y la espada entre entera, el torero debe tener premio por obligación. Y así pasó con Fortes esta tarde. Faena vulgar y aliviada, público callado, voltereta, prosigue la faena vulgar y encimista, el público jalea hasta los muchis enganchones que hubo, estocada desprendida, grito de GOOOOOOOOOL, petición que es dudosa (teniendo en cuenta que los trofeos se piden ondeando el pañuelo blanco y no berreando y pitando), el presidente considera que no hay mayoría (de pañuelos) y que no hay motivo artístico para conceder la oreja, y armado el cirio. Y, dicho sea de paso, es muy respetable, y además forma parte de los toros, que se muestre descontento por no dar una oreja, o por darla; que se pite y hasta se pida la dimisión al presidente, o se proteste por no devolver inválidos, o por conceder vueltas al ruedo a toros que no lo merecían, o no concedérsela al que se lo merecía, o cualquier otra cosa que haga que el público se enfade. Pero lo que no es de recibo es que una piara de CAFRES se dediquen a arrojar almohadillas, porque aunque muchas caigan al ruedo, otras muchas caen al tendido y golpean a las personas, pudiendo hacerles daño e incluso hacerles que pierdan el equilibrio y caigan rodando tendido abajo. Vergonzoso y vomitivo cuando menos, como también lo fue escuchar feos insultos a la presidencia y hasta algunos que se arremolinaron en torno al palco presidencial increpando a este de forma muy feroz. Las cosas en los toros no son así, por mucho que se pueda o no estar de acuerdo con las decisiones. Y una vez dicho esto, enorme el presidente al no conceder esa vergüenza de despojo. Madrid no puede permitirse el lujo de que se den orejas por una voltereta, y menos cuando la espada ha caído desprendida.
Decir de Jiménez Fortes, más allá de su polémica actuación en el sexto, que estuvo muy preocupado toda la tarde de dejar en suerte a sus toros en el caballo, y que entró en quites siempre que tuvo oportunidad, unas veces más atropellado y otras mucho más brillantes (como un bonito quite por tafalleras al sexto). Pero que ante dos toros igual de manejables y faltos de casta como el resto, pecó de la típica faena pegapasista, perfilera y de trallazos hacia fuera metiendo mucho el pico. ¿Dónde quedó ayer el Fortes que dio aquellos naturales hace 2 meses a la de Victorino Martín en esta plaza?
Y, salvo dos pares de banderillas de José Antonio al Carretero al sexto, otro más al quinto por parte de Juan Contreras, el buen hacer del tercero José Luis Neira, quien gracias a su colocación y oportunidad toda la tarde salvó a más de un compañero con sus quites; y que el sexto llegó a pelear con mucha viveza y metiendo los riñones en el primer puyazo, la corrida de Pedraza de Yeltes. Una gran decepción, por parte de una de las ganaderías más esperadas de la feria.
Feliz día de rejones. O lo que es lo mismo, feliz jornada de descanso.
¡¡Qué ruina de tarde ha ofrecido la de Pedraza de Yeltes!! Los seis cortados por el mismo patrón de sosería, nobleza tontorrona, manejabilidad, nulo poder y descaste. Sobre todo eso: descaste. Los toros iban y venían sin dar demasiadas complicaciones, alguno incluso permitiéndose la licencia de colocar la cara de manera lujosa en la muleta, pero sin esa chispa que un toro ha de sacar para transmitir emoción y viveza en los tendidos. Quizás, cuando los toros se mueven de esta manera tan poco dotada de gracia y salero, ahí deben estar los toreros para dar el equilibrio necesario y que todo tire hacia delante. Porque la corrida, con toda la poca casta que ha tenido, sí ha sido muy toreable y se podía haber estado bien ante ella. Eso, en la hipótesis de que los encargados de lidiarla y darle muerte fueran la alegría de la huerta, que no ha sido ni mucho menos el caso. Manuel Escribano y Daniel Luque, sobre todo, han dado cuatro hermosísimas y nada desperdiciables lecciones, dos cada uno, de toreo insulso, pegapasismo vulgar y destoreo aliviado. Escribano, el capote se ve que solo lo quiere para irse a hacer la portagayola esa pueblerina a la que tan pocas cuentas se le echa en Madrid, porque lo que es para parar y fijar a los toros de salida, dejarlos en suerte en varas y entrar en quites, desde luego que no. En banderillas, pues eso, pares a toro pasado, cuando no esa mezcla extraña del violín y el quiebro, o su clásico y arriesgadísimo par ejecutando un quiebro pegado a tablas, que no digo yo que esté mal, pero donde quede un par de poder a poder, cuadrando en la cara y asomándose al balcón, que se quite lo demás. Y con la muleta, pues lo dicho: tirones hacia fuera, cites al hilo del pitón y muchas ventajas para dos trasteos cuánto menos vulgares y e intrascendentales.
Menos ofreció Luque, el de los toros para ser figura (dos menos en la tarde de hoy, por cierto). Presunto buen capotero aunque solo le hayamos visto hacer dos o tres quites buenos, como mucho, en casi 10 años que lleva apareciendo por aquí. Hoy ha vuelto a intentar estirarse a la verónica sin resultado brillante. Tampoco es Daniel Luque un torero a quien le guste dejar a los toros en suerte para ser picados, como bien ha dejado claro esta tarde, dejándolos que fueran al caballo a su aire y dejándoloa que se estamparan, sin importarle ello lo más mínimo. Y en la muleta, dos faenas tan largas y pesadas como insustanciales y vacías.
Con una tarde así, en la que no había pasado nada de nada en cinco toros y todo el mundo andaba ya hastiado de tanto despropósito, cada cual andaba a lo suyo. Unos, abandonaban la plaza escopetados siendo arrastrado el quinto. Otros, a quienes de allí no los mueve ni un tsunami, aguantando hasta que los toreros abandonaran la plaza al tiempo que se resignaban a ver algo brillante. Y otros cuantos, predispuestos a aplaudir hasta lo inaplaudible para que su tarde de toros no hubiera sido en balde, que había que amortizar la entrada y los dos o tres ginc-tónic. Sólo así se entiende que se armara el cirio que se armó cuando el presidente negó a Jiménez Fortes un despojo del sexto tras una faena que tuvo dos partes bien contrastadas: la primera, la de un Fortes perfilero, abusando del pico y pegando trallazos atropellados y muy fuera de cacho. Y la segunda, pues con más de lo mismo, pero con el público entregado, a diferencia de la primera parte, en la que la plaza se hallaba en silencio y pidiendo la hora. Claro, es que hubo voltereta, y si no hay nada de eso el torero no merece premio. Sin importar siquiera la faena. Por muy discreta que esta sea, si hay voltereta, pedirán el premio sí o sí. Y ya no digamos la importancia que tiene la estocada. Caiga donde caiga, sea trasera, desprendida (como fue el caso), un bajonazo, contraria, haciendo guardia o sea como sea, si entra entera la plaza entera jalea a coro como cuando marca gol el Madrid, y se pide el premio. Torear y matar bien ya no tiene importancia alguna. Solo con que haya voltereta y la espada entre entera, el torero debe tener premio por obligación. Y así pasó con Fortes esta tarde. Faena vulgar y aliviada, público callado, voltereta, prosigue la faena vulgar y encimista, el público jalea hasta los muchis enganchones que hubo, estocada desprendida, grito de GOOOOOOOOOL, petición que es dudosa (teniendo en cuenta que los trofeos se piden ondeando el pañuelo blanco y no berreando y pitando), el presidente considera que no hay mayoría (de pañuelos) y que no hay motivo artístico para conceder la oreja, y armado el cirio. Y, dicho sea de paso, es muy respetable, y además forma parte de los toros, que se muestre descontento por no dar una oreja, o por darla; que se pite y hasta se pida la dimisión al presidente, o se proteste por no devolver inválidos, o por conceder vueltas al ruedo a toros que no lo merecían, o no concedérsela al que se lo merecía, o cualquier otra cosa que haga que el público se enfade. Pero lo que no es de recibo es que una piara de CAFRES se dediquen a arrojar almohadillas, porque aunque muchas caigan al ruedo, otras muchas caen al tendido y golpean a las personas, pudiendo hacerles daño e incluso hacerles que pierdan el equilibrio y caigan rodando tendido abajo. Vergonzoso y vomitivo cuando menos, como también lo fue escuchar feos insultos a la presidencia y hasta algunos que se arremolinaron en torno al palco presidencial increpando a este de forma muy feroz. Las cosas en los toros no son así, por mucho que se pueda o no estar de acuerdo con las decisiones. Y una vez dicho esto, enorme el presidente al no conceder esa vergüenza de despojo. Madrid no puede permitirse el lujo de que se den orejas por una voltereta, y menos cuando la espada ha caído desprendida.
Decir de Jiménez Fortes, más allá de su polémica actuación en el sexto, que estuvo muy preocupado toda la tarde de dejar en suerte a sus toros en el caballo, y que entró en quites siempre que tuvo oportunidad, unas veces más atropellado y otras mucho más brillantes (como un bonito quite por tafalleras al sexto). Pero que ante dos toros igual de manejables y faltos de casta como el resto, pecó de la típica faena pegapasista, perfilera y de trallazos hacia fuera metiendo mucho el pico. ¿Dónde quedó ayer el Fortes que dio aquellos naturales hace 2 meses a la de Victorino Martín en esta plaza?
Y, salvo dos pares de banderillas de José Antonio al Carretero al sexto, otro más al quinto por parte de Juan Contreras, el buen hacer del tercero José Luis Neira, quien gracias a su colocación y oportunidad toda la tarde salvó a más de un compañero con sus quites; y que el sexto llegó a pelear con mucha viveza y metiendo los riñones en el primer puyazo, la corrida de Pedraza de Yeltes. Una gran decepción, por parte de una de las ganaderías más esperadas de la feria.
Feliz día de rejones. O lo que es lo mismo, feliz jornada de descanso.
viernes, 11 de mayo de 2018
TERCERA DE FERIA: A FUENTE YMBRO LE BASTA CON EL MEDIO TORO
Seamos positivos, que no cuesta nada. Esta tarde hemos visto casta y embestidas emocionantes, y ha sido de la mano de algunos buenos ejemplares de Fuente Ymbro. ¿Para qué ser realistas, pudiendo conformarse con tan poca cosa para ser felices en esta vida? A ver, que a continuación de esto cabría decir que a ninguno de los seis toros de Fuente Ymbro, incluidos los buenos, les han llegado a meter más de media puya, y que la sangre que les ha corrido por los lomos una vez finiquitado el primer tercio, no daba ni para un análisis. Pero ¿para qué mencionarlo? ¿Para que a uno le llamen mar afisionao y reventaor? Quite hombre, quite...
Y es que a la de Fuente Ymbro, con dos medio toros, primero y segundo; quizás tres si contamos con que el cuarto también ha tenido lo suyo, le ha valido para ponerle emoción a la tarde. Pero a un alto precio, prohibitivo prácticamente para muchos aficionados: hacer que el primer tercio sea un puro trámite. Hacer como si el tercio de varas no tuviera ninguna importancia sobre la lidia. Actuar como si diera lo mismo que el caballo de picar salga al ruedo o que se quede en la cuadra. ¿Que una vez en el tercio de muerte se vinieron arriba y sacaron casta, emoción, picante y mucho que torear? Por supuesto que sí, ¿y quién le quita mérito a eso? Otras corridas, qué digo otras corridas, otros toros lidiados en esta misma corrida han sido picados igual de poco, y apenas aguantaban en pie. Pero, como se suele decir, lo cortés no quita lo valiente, o valiendo para el caso, la casta mostrada en la muleta no tapa que los mismos animales hayan salido doblando las manos e incluso perdiéndolas y caer al suelo, y que los dos picotazos recibidos hayan sido por puro trámite.
El primero de la tarde, que no se empleó nada en varas, recibió dos picotazos y además cantó la gallina desde muy pronto. Llegó a la muleta con muy buen tranco y mucho que torear, pero enfrente estaba Joselito Adame (a buen entendedor, con pocas palabras basta).
El segundo fue el mejor de la corrida. Obviando que antes de ser picado ya había perdido las manos dada su flojera, que recibió dos rasguñitos de nada por parte del que se toca con el castoreño, y que no se empleó debajo del peto. Pero el mejor, sí. El mejor medio toro de la corrida, no hay duda alguna. Y ciertamente, ayudó a que se viera el tranco del toro y su encastada condición en la muleta la lidia que le recetó su matador, Román. Sitio y tiempo era la ecuación a resolver, ni más ni menos. Y Román la resolvió. Cómo galopaba el toro hacia la muleta. Cómo metía la cabeza. Cómo repetía. Cómo se comía la muleta. Lo malo de Román fue que, si bien entendió al toro a la perfección y le hizo que sacara lo mejor de sí, él no consiguió sacar ni temple ni mando para someter al animal y torearlo de verdad, en lugar de pegar esos tirones hacia fuera que compusieron tan vulgar quehacer. El fallo con la tizona le impidió tocar pelo.
Y el cuarto, aunque no con la misma claridad que primero y segundo, tampoco fue poca cosa. Derribó hasta en tres ocasiones, dos al caballo de contraquerencia y una al que guarda puerta, protagonizando de esta manera una instantánea de otro siglo. En estas tres entradas que realizó, a los picadores apenas les dio tiempo apretarle medio milímetro con la vara, y el toro quedó, literalmente, sin castigar. Y así fue como llegó a la muleta sobrado de poder y con muchas cosas que mostrar, sobre todo por el pitón derecho. Y de nuevo, Joselito Adame ahí delante. Y de nuevo, a buen entendedor, con pocas palabras bastan. Por cierto, eso de "Joselito", aun estando sucedido del apellido, le pega tanto como a un santo llevar un fusil de asalto.
El resto de la corrida tuvo buenas intenciones de prestarse al toreo en el último tercio, pero la falta de fuerzas y de poder lo dejaron en nada. Román ante el quinto porfió demasiado, mucho más de la cuenta, sin conseguir que su pegapasismo dejara de aburrir al personal. José Garrido, por su parte, sorteó dos animalitos que no conseguían sostenerse de pie, y ante ellos realizó dos largas faenas que fueron un calco la una de la otra: más preocupado por la estética y el hecho de ponerse bonito, que por torear de verdad. Bien es verdad que poco había que hacer ante los ejemplares que sorteó, pero en ningún momento dejó el mejor atisbo del toreo verdadero, ese de ponerse en el sitio, citar dando el pecho y la muleta planchada, y rematar los muletazos como mandan los cánones.
Qué decir acerca de la paupérrima tarde que ofreció Joselito Adame, abanderado del pegapasismo más vulgar, ante un lote de puerta grande. Acostumbrado al otro lado del charco a toretes bobalicones y muy a modo, cuando llega a España y le salen toros que piden los papeles, tal que los de esta tarde, queda en evidencia lo mal torero que es y lo sobrevaloradísimo que está. Y esto también deja en clara evidencia que, si tal conato de pegapases es máxima figura en nuestra querida México, cómo será la situación en aquellos lares, taurinamente hablando. Dos toros de triunfo gordo se llevó en el sorteo de las 12, y dos toros de triunfo dejó escapar en dos faenas cimentadas en mil trallazos fuera de sitio, sin mando, sin temple y con una actitud cuanto menos medrosa y apática. Y le queda otra tarde...
Si pretenden que la Fiesta sea solo muleta y lo demás no importe, desde luego que con corridas así llegarán a su meta sin dificultad alguna. Ya llevamos así años, y cada vez es más frecuente. ¿Suerte de varas? Para suerte, la que necesitarán los picadores de aquí a no mucho, cuando se vean en la fila del INEM.
Y es que a la de Fuente Ymbro, con dos medio toros, primero y segundo; quizás tres si contamos con que el cuarto también ha tenido lo suyo, le ha valido para ponerle emoción a la tarde. Pero a un alto precio, prohibitivo prácticamente para muchos aficionados: hacer que el primer tercio sea un puro trámite. Hacer como si el tercio de varas no tuviera ninguna importancia sobre la lidia. Actuar como si diera lo mismo que el caballo de picar salga al ruedo o que se quede en la cuadra. ¿Que una vez en el tercio de muerte se vinieron arriba y sacaron casta, emoción, picante y mucho que torear? Por supuesto que sí, ¿y quién le quita mérito a eso? Otras corridas, qué digo otras corridas, otros toros lidiados en esta misma corrida han sido picados igual de poco, y apenas aguantaban en pie. Pero, como se suele decir, lo cortés no quita lo valiente, o valiendo para el caso, la casta mostrada en la muleta no tapa que los mismos animales hayan salido doblando las manos e incluso perdiéndolas y caer al suelo, y que los dos picotazos recibidos hayan sido por puro trámite.
El primero de la tarde, que no se empleó nada en varas, recibió dos picotazos y además cantó la gallina desde muy pronto. Llegó a la muleta con muy buen tranco y mucho que torear, pero enfrente estaba Joselito Adame (a buen entendedor, con pocas palabras basta).
El segundo fue el mejor de la corrida. Obviando que antes de ser picado ya había perdido las manos dada su flojera, que recibió dos rasguñitos de nada por parte del que se toca con el castoreño, y que no se empleó debajo del peto. Pero el mejor, sí. El mejor medio toro de la corrida, no hay duda alguna. Y ciertamente, ayudó a que se viera el tranco del toro y su encastada condición en la muleta la lidia que le recetó su matador, Román. Sitio y tiempo era la ecuación a resolver, ni más ni menos. Y Román la resolvió. Cómo galopaba el toro hacia la muleta. Cómo metía la cabeza. Cómo repetía. Cómo se comía la muleta. Lo malo de Román fue que, si bien entendió al toro a la perfección y le hizo que sacara lo mejor de sí, él no consiguió sacar ni temple ni mando para someter al animal y torearlo de verdad, en lugar de pegar esos tirones hacia fuera que compusieron tan vulgar quehacer. El fallo con la tizona le impidió tocar pelo.
Y el cuarto, aunque no con la misma claridad que primero y segundo, tampoco fue poca cosa. Derribó hasta en tres ocasiones, dos al caballo de contraquerencia y una al que guarda puerta, protagonizando de esta manera una instantánea de otro siglo. En estas tres entradas que realizó, a los picadores apenas les dio tiempo apretarle medio milímetro con la vara, y el toro quedó, literalmente, sin castigar. Y así fue como llegó a la muleta sobrado de poder y con muchas cosas que mostrar, sobre todo por el pitón derecho. Y de nuevo, Joselito Adame ahí delante. Y de nuevo, a buen entendedor, con pocas palabras bastan. Por cierto, eso de "Joselito", aun estando sucedido del apellido, le pega tanto como a un santo llevar un fusil de asalto.
El resto de la corrida tuvo buenas intenciones de prestarse al toreo en el último tercio, pero la falta de fuerzas y de poder lo dejaron en nada. Román ante el quinto porfió demasiado, mucho más de la cuenta, sin conseguir que su pegapasismo dejara de aburrir al personal. José Garrido, por su parte, sorteó dos animalitos que no conseguían sostenerse de pie, y ante ellos realizó dos largas faenas que fueron un calco la una de la otra: más preocupado por la estética y el hecho de ponerse bonito, que por torear de verdad. Bien es verdad que poco había que hacer ante los ejemplares que sorteó, pero en ningún momento dejó el mejor atisbo del toreo verdadero, ese de ponerse en el sitio, citar dando el pecho y la muleta planchada, y rematar los muletazos como mandan los cánones.
Qué decir acerca de la paupérrima tarde que ofreció Joselito Adame, abanderado del pegapasismo más vulgar, ante un lote de puerta grande. Acostumbrado al otro lado del charco a toretes bobalicones y muy a modo, cuando llega a España y le salen toros que piden los papeles, tal que los de esta tarde, queda en evidencia lo mal torero que es y lo sobrevaloradísimo que está. Y esto también deja en clara evidencia que, si tal conato de pegapases es máxima figura en nuestra querida México, cómo será la situación en aquellos lares, taurinamente hablando. Dos toros de triunfo gordo se llevó en el sorteo de las 12, y dos toros de triunfo dejó escapar en dos faenas cimentadas en mil trallazos fuera de sitio, sin mando, sin temple y con una actitud cuanto menos medrosa y apática. Y le queda otra tarde...
Si pretenden que la Fiesta sea solo muleta y lo demás no importe, desde luego que con corridas así llegarán a su meta sin dificultad alguna. Ya llevamos así años, y cada vez es más frecuente. ¿Suerte de varas? Para suerte, la que necesitarán los picadores de aquí a no mucho, cuando se vean en la fila del INEM.
jueves, 10 de mayo de 2018
SEGUNDA DE FERIA: CON MENOS TOREROS QUE TOROS
Que la corrida de La Quinta ha estado baja de bravura y de poder, y además le ha faltado casta, es una gran verdad. Tanto como que, aun así, ha lidiado ejemplares de triunfo y que los tres toreros que se han visto las caras con ella han estado muy por debajo de la situación y no han conseguido poder con ella.
¡¡Qué mojón de tarde!! Los santacolomas de don Álvaro Martínez Conradi no han sido fieles ni por asomo a las expectativas que suele generar un hierro de esta magnitud. Pero de ahí a que haya sido imposible ya no para estar bien, sino para triunfar de manera rotunda, hay un trecho largo. Muy poco castigada en varas, tercio en el que muy poco se han empleado y por lo general se han defendido. Pero, como ya digo, con ejemplares que se han venido arriba en la muleta y han ofrecido un puñado de arrancadas de esas que posibilitan el toreo. Quizás el señor Conradi debiera hacérselo mirar, porque tal flojera de remos ya desde la salida, tan poco empuje y bravura en el primer tercio, y esa excesiva nobleza que es inversamente proporcional a la existencia de la casta, es preocupante. Y más, en una ganadería que hace algunos años ofreció tardes importantes en esta plaza a base precisamente de eso que hoy ha estado prácticamente ausente: la casta.
Pero, si la cosa va de hacérselo mirar, los tres señores que han lidiado y estoqueado esta corrida, sí que deberían hacérselo mirar de verdad. Y además con carácter urgente. Juan Bautista, con el lote más soso, ha realizado dos trasteos que no han derrochado más alma que sus dos oponentes. No se ha pasado mucho rato ante el primero, cuya pelea en varas ha sido muy discreta y el castigo muy medido. Después de pasarlo por ambos pitones y comprobar que no tenía absolutamente nada dentro, lo ha pasaportado a la industria cárnica de un feo bajonazo que necesitó de un golpe de descabello. Así de rapidito cuando hay muy poco o nada que hacer, es lo ideal. El cuarto se quedó sin picar, y llegó a la muleta con muchísima nobleza y la dulzura suficiente para volcarse en una quincena de muletazos, no más, y poner Madrid como una olla a presión. Juan Bautista se mostró ante este cuarto toro de la tarde fácil, aseadito, sin demasiadas apreturas y vulgar. Vamos, que se mostró como siempre acostumbra. Mató de estocada rinconera esta vez.
Con El Cid, más vale ser breve: está para irse. Sí, es cierto que así lleva desde hace unas cuantas temporadas, pero a medida que pasan los años, mucho más queda en evidencia tal cosa. Hacía tiempo que no se veía por Las Ventas un torero tan inseguro, medroso, triste y falto de ideas para sacar adelante su tarde. Ante dos ejemplares más que óptimos para hacer el toreo, la imagen que ofreció fue cuanto menos deplorable, impropia de un matador con tantos años de alternativa a sus espaldas.
Morenito de Aranda remató la terna. Recibió al tercero con algunas verónicas de categoría que rubricó con tres medias que no fueron menos. Héctor Piña le asestó a este toro dos puñaladas traicioneras en mitad del espinazo, de las que se defendió. El toro, ya en el tercio de muleta, acudía con prontitud a cada cite, pero no terminaba de pasar y se quedaba corto, frenándose a mitad de cada muletazo. Morenito mostró voluntad de hacer el toreo y hasta consiguió dejar algún destello de bisutería fina, quedando en muy poca cosa dada la nula condición del oponente.
"Ya podría salir el sexto con más chispa, porque estando así de voluntarioso por ponerse a torear seguro que le formaría un lío", hablamos unos cuantos al arrastre del tercero en referencia a Morenito de Aranda. Y le salió. Vaya si le salió. Se nos hizo realidad ese deseo con el sexto y, la verdad, de haber conocido el resultado una vez arrastrado este toro, sabiendo que lo deseado se haría realidad, hubiera pedido que me tocara el Euromillón. Un buen toro este sexto, quizás el único de los seis que sacó algo de casta, y con el que Morenito de Aranda, embarullado en una faena larguísima y trapacera, se ahogó en un mar de dudas y de inseguridad, sin ser capaz ni una sola vez de estarse quietecito para conseguir embarcar al toro en la muleta y de llevarlo toreado. Se eternizó, además, con la espada y el descabello, y por poco escucha el tercer aviso.
El banderillero Zamorano se llevó las mayores ovaciones de la tarde tras parear al sexto. Sin duda, lo más brillante de una festejo en el que, de nuevo, una corrida que no fue la panacea dejó en evidencia a una terna incapaz de realizar algo mínimamente provechoso.
¡¡Qué mojón de tarde!! Los santacolomas de don Álvaro Martínez Conradi no han sido fieles ni por asomo a las expectativas que suele generar un hierro de esta magnitud. Pero de ahí a que haya sido imposible ya no para estar bien, sino para triunfar de manera rotunda, hay un trecho largo. Muy poco castigada en varas, tercio en el que muy poco se han empleado y por lo general se han defendido. Pero, como ya digo, con ejemplares que se han venido arriba en la muleta y han ofrecido un puñado de arrancadas de esas que posibilitan el toreo. Quizás el señor Conradi debiera hacérselo mirar, porque tal flojera de remos ya desde la salida, tan poco empuje y bravura en el primer tercio, y esa excesiva nobleza que es inversamente proporcional a la existencia de la casta, es preocupante. Y más, en una ganadería que hace algunos años ofreció tardes importantes en esta plaza a base precisamente de eso que hoy ha estado prácticamente ausente: la casta.
Pero, si la cosa va de hacérselo mirar, los tres señores que han lidiado y estoqueado esta corrida, sí que deberían hacérselo mirar de verdad. Y además con carácter urgente. Juan Bautista, con el lote más soso, ha realizado dos trasteos que no han derrochado más alma que sus dos oponentes. No se ha pasado mucho rato ante el primero, cuya pelea en varas ha sido muy discreta y el castigo muy medido. Después de pasarlo por ambos pitones y comprobar que no tenía absolutamente nada dentro, lo ha pasaportado a la industria cárnica de un feo bajonazo que necesitó de un golpe de descabello. Así de rapidito cuando hay muy poco o nada que hacer, es lo ideal. El cuarto se quedó sin picar, y llegó a la muleta con muchísima nobleza y la dulzura suficiente para volcarse en una quincena de muletazos, no más, y poner Madrid como una olla a presión. Juan Bautista se mostró ante este cuarto toro de la tarde fácil, aseadito, sin demasiadas apreturas y vulgar. Vamos, que se mostró como siempre acostumbra. Mató de estocada rinconera esta vez.
Con El Cid, más vale ser breve: está para irse. Sí, es cierto que así lleva desde hace unas cuantas temporadas, pero a medida que pasan los años, mucho más queda en evidencia tal cosa. Hacía tiempo que no se veía por Las Ventas un torero tan inseguro, medroso, triste y falto de ideas para sacar adelante su tarde. Ante dos ejemplares más que óptimos para hacer el toreo, la imagen que ofreció fue cuanto menos deplorable, impropia de un matador con tantos años de alternativa a sus espaldas.
Morenito de Aranda remató la terna. Recibió al tercero con algunas verónicas de categoría que rubricó con tres medias que no fueron menos. Héctor Piña le asestó a este toro dos puñaladas traicioneras en mitad del espinazo, de las que se defendió. El toro, ya en el tercio de muleta, acudía con prontitud a cada cite, pero no terminaba de pasar y se quedaba corto, frenándose a mitad de cada muletazo. Morenito mostró voluntad de hacer el toreo y hasta consiguió dejar algún destello de bisutería fina, quedando en muy poca cosa dada la nula condición del oponente.
"Ya podría salir el sexto con más chispa, porque estando así de voluntarioso por ponerse a torear seguro que le formaría un lío", hablamos unos cuantos al arrastre del tercero en referencia a Morenito de Aranda. Y le salió. Vaya si le salió. Se nos hizo realidad ese deseo con el sexto y, la verdad, de haber conocido el resultado una vez arrastrado este toro, sabiendo que lo deseado se haría realidad, hubiera pedido que me tocara el Euromillón. Un buen toro este sexto, quizás el único de los seis que sacó algo de casta, y con el que Morenito de Aranda, embarullado en una faena larguísima y trapacera, se ahogó en un mar de dudas y de inseguridad, sin ser capaz ni una sola vez de estarse quietecito para conseguir embarcar al toro en la muleta y de llevarlo toreado. Se eternizó, además, con la espada y el descabello, y por poco escucha el tercer aviso.
El banderillero Zamorano se llevó las mayores ovaciones de la tarde tras parear al sexto. Sin duda, lo más brillante de una festejo en el que, de nuevo, una corrida que no fue la panacea dejó en evidencia a una terna incapaz de realizar algo mínimamente provechoso.
miércoles, 9 de mayo de 2018
PRIMERA DE FERIA: NOVILLADA DESAPROVECHADA
¡¡Qué alegría!! ¡¡Qué alborozo!! ¡¡Que la feria de San Isidro está otra vez aquí!! Reencuentro con los amigos habituales del abono, a quienes se le saludan con afecto. La plaza, más concurrida que en festejos anteriores, aunque sin exagerar, que aún se palpaba el cemento de los tendidos en algunos sectores de la plaza. Será por la cosa de que los güenos afisionaos, además de querer conservar la salud hepática para estar en buenas condiciones cuando corresponda, pasan olímpicamente de las novilladas y solo van a los festejos de campanillas, no vaya a ser que cuando suban la foto al Instagram y digan que han estado viendo una una simple novillada, reciban pocos "megusta". Puede que para ellos pudiera ser eso: una simple novillada, sin toreros famosetes y guapos, sin el glamour propio de una tarde cunvre, sin gente famosa en los tendidos, ni nada. Pero una vez en la práctica, la novillada de Guadaira lidiada esta tarde, de simple, tuvo poco. Cuántas no nos comeremos peores a lo largo de las próximas semanas, y muy en especial las de aquellos días en que hagan acto de aparición precisamente esos que llenan la plaza.
La ganadería de Guadaira, muy respetada en estos fueros por mérito propio, ha abierto la isidrada de 2018 con una novillada presentada sin grandes excesos, digamos que correcta si obviamos al becerrillo que saltó en tercer lugar, y destacando al quinto novillo, todo hombretón que ha despertado los aplausos cuando ha hecho presencia en el ruedo. No ha sido lo que se dice una gran novillada, pero si se dijera que ha sido un mojón y no ha servido ni para caldereta, mentiríamos como bellacos. Servir para hacer el toreo, para triunfar, para alzarse en figurón de la novillería por propio mérito. Pero también, servir para destapar a los toreros que poco o nada tienen que decir en esto, y dejarlos en paños menores a la primera de cambio. Y de esto último ha sido de lo que más ha habido en el primer festejo esta feria, y muy en especial en dos casos: David Garzón y Carlos Ochoa, pues sobre Ángel Téllez, aun pasando sin pena ni gloria y sin mostrar grandes cosas, es justo decir que se ha llevado lo peor de la novillada.
David Garzón ya era el más veterano del cartel cuando se le pudo ver actuando sin picadores en el Camino Hacia Las Ventas del año 2013 (ya ha llovido), por lo que se puede afirmar que lleva unas cuantas temporadas dando tumbos en esto. Esta tarde se presentó en Madrid, también como primer espada, y desde luego muy pocas virtudes se le apreciaron que hagan albergar esperanza de que llegue lejos en esto. En su haber cayó el mejor lote de la tarde, abriendo plaza un novillo nobilísimo y hasta con un puntillo de chispa que hizo pelea de manso al tiempo que recibió el castigo justo en el primer tercio, y que se comió la muleta en cada embestida. Con alevosía se le fue sin torear a Garzón, tras una faena en la que nunca estuvo confiado ni asentado, pegando trapazos hacia las afueras y sin ponerse en el sitio ni una sola vez. Mató, además, de un feo bajonazo. Tampoco fue poca cosa el cuarto, que también manseó en varas, pero regaló un buen puñado de embestidas que bien podrían haber servido para triunfar de manera rotunda. Demasiada canela fina para un David Garzón medroso y fuera de sitio que no fue capaz de correrle la mano al novillo en ninguno de los muchos trapazos que dio. Tampoco su uso de la tizona en este turno fue el más decoroso.
A Carlos Ochoa nos lo querían colar como el paradigma del buen toreo ya desde antes incluso de que hubiera debutado con caballos, pero una cosa es tratar de engañar al respetable cuando sale un nuevo valor de esos suyos que abundan por aquí, y otra cosa es esto. Buen novillo fue el segundo, al cual Jesús Vicente asestó un buen primer puyazo, en el que manseó al igual que lo hizo en el segundo. En los primeros muletazos de la faena, Ochoa le dio distancia y el animal, con prontitud y presteza, se arrancaba y repetía en cada muletazo con gran franqueza. Después de esto, lo cerró más hacia el tercio el novillero y aquí fue donde se acabó el calibrar las distancias para echarse encima del animal y asfixiarlo, y todavía con esas seguía acudiendo a cada cite y dejándose torear con mucha nobleza. Por si hace falta decirlo, eso nunca pasó.
Peor fue lo del quinto, un señor con toda la barba al que acribillaron en el caballo con tres fortísimos puyazos en mitad del espinazo. Y el resultado de esto se condensó en un novillo que llegó al tercio de muerte amorcillado y mermado de facultades. Ochoa no ofreció nada que fuera diferente a su ya estilizado toreo despegado, hacia fuera y tan sumamente retorcido que hasta a los aficionados les sangran los ojos con tan solo mirarlo. En resumen, dos tardes en Madrid de Carlos Ochoa en menos de un mes y, vueltas al ruedo aparte (dadas por la jeta más que otra cosa), mucho tendrán que esforzarse sus mentores si quieren que siga colando como una futura promesa de esto. Y, además, muy mal con la espada en sus dos turnos.
Ángel Téllez se estrelló con el tercero, inválido a más no poder con el que estuvo más tiempo del necesario porfiando, sin sacar nada estimable. El sexto fue tan noble como soso y bobalicón, y Téllez volvió a realizar una faena larga y vacía que estuvo repleta de muletazos enganchados, poco temple y tirones marcando el final hacia fuera. Su lote, el peor de la tarde con diferencia.
De este primer festejo de feria, además del juego en la muleta de algunos novillos de Guadaira, y más en concreto los corridos en primero, segundo y cuarto lugar; fueron más que estimables los pares de banderillas de Andrés Revuelta y Juan Navazo, así como un puyazo de Jesús Vicente. No está mal, para ser el primer día. Solo nos quedan... 33.
Y en muchas de ellas veremos menos que hoy.
La ganadería de Guadaira, muy respetada en estos fueros por mérito propio, ha abierto la isidrada de 2018 con una novillada presentada sin grandes excesos, digamos que correcta si obviamos al becerrillo que saltó en tercer lugar, y destacando al quinto novillo, todo hombretón que ha despertado los aplausos cuando ha hecho presencia en el ruedo. No ha sido lo que se dice una gran novillada, pero si se dijera que ha sido un mojón y no ha servido ni para caldereta, mentiríamos como bellacos. Servir para hacer el toreo, para triunfar, para alzarse en figurón de la novillería por propio mérito. Pero también, servir para destapar a los toreros que poco o nada tienen que decir en esto, y dejarlos en paños menores a la primera de cambio. Y de esto último ha sido de lo que más ha habido en el primer festejo esta feria, y muy en especial en dos casos: David Garzón y Carlos Ochoa, pues sobre Ángel Téllez, aun pasando sin pena ni gloria y sin mostrar grandes cosas, es justo decir que se ha llevado lo peor de la novillada.
David Garzón ya era el más veterano del cartel cuando se le pudo ver actuando sin picadores en el Camino Hacia Las Ventas del año 2013 (ya ha llovido), por lo que se puede afirmar que lleva unas cuantas temporadas dando tumbos en esto. Esta tarde se presentó en Madrid, también como primer espada, y desde luego muy pocas virtudes se le apreciaron que hagan albergar esperanza de que llegue lejos en esto. En su haber cayó el mejor lote de la tarde, abriendo plaza un novillo nobilísimo y hasta con un puntillo de chispa que hizo pelea de manso al tiempo que recibió el castigo justo en el primer tercio, y que se comió la muleta en cada embestida. Con alevosía se le fue sin torear a Garzón, tras una faena en la que nunca estuvo confiado ni asentado, pegando trapazos hacia las afueras y sin ponerse en el sitio ni una sola vez. Mató, además, de un feo bajonazo. Tampoco fue poca cosa el cuarto, que también manseó en varas, pero regaló un buen puñado de embestidas que bien podrían haber servido para triunfar de manera rotunda. Demasiada canela fina para un David Garzón medroso y fuera de sitio que no fue capaz de correrle la mano al novillo en ninguno de los muchos trapazos que dio. Tampoco su uso de la tizona en este turno fue el más decoroso.
A Carlos Ochoa nos lo querían colar como el paradigma del buen toreo ya desde antes incluso de que hubiera debutado con caballos, pero una cosa es tratar de engañar al respetable cuando sale un nuevo valor de esos suyos que abundan por aquí, y otra cosa es esto. Buen novillo fue el segundo, al cual Jesús Vicente asestó un buen primer puyazo, en el que manseó al igual que lo hizo en el segundo. En los primeros muletazos de la faena, Ochoa le dio distancia y el animal, con prontitud y presteza, se arrancaba y repetía en cada muletazo con gran franqueza. Después de esto, lo cerró más hacia el tercio el novillero y aquí fue donde se acabó el calibrar las distancias para echarse encima del animal y asfixiarlo, y todavía con esas seguía acudiendo a cada cite y dejándose torear con mucha nobleza. Por si hace falta decirlo, eso nunca pasó.
Peor fue lo del quinto, un señor con toda la barba al que acribillaron en el caballo con tres fortísimos puyazos en mitad del espinazo. Y el resultado de esto se condensó en un novillo que llegó al tercio de muerte amorcillado y mermado de facultades. Ochoa no ofreció nada que fuera diferente a su ya estilizado toreo despegado, hacia fuera y tan sumamente retorcido que hasta a los aficionados les sangran los ojos con tan solo mirarlo. En resumen, dos tardes en Madrid de Carlos Ochoa en menos de un mes y, vueltas al ruedo aparte (dadas por la jeta más que otra cosa), mucho tendrán que esforzarse sus mentores si quieren que siga colando como una futura promesa de esto. Y, además, muy mal con la espada en sus dos turnos.
Ángel Téllez se estrelló con el tercero, inválido a más no poder con el que estuvo más tiempo del necesario porfiando, sin sacar nada estimable. El sexto fue tan noble como soso y bobalicón, y Téllez volvió a realizar una faena larga y vacía que estuvo repleta de muletazos enganchados, poco temple y tirones marcando el final hacia fuera. Su lote, el peor de la tarde con diferencia.
De este primer festejo de feria, además del juego en la muleta de algunos novillos de Guadaira, y más en concreto los corridos en primero, segundo y cuarto lugar; fueron más que estimables los pares de banderillas de Andrés Revuelta y Juan Navazo, así como un puyazo de Jesús Vicente. No está mal, para ser el primer día. Solo nos quedan... 33.
Y en muchas de ellas veremos menos que hoy.
miércoles, 2 de mayo de 2018
LA GOYESCA: PREMIO AL BUEN TOREO DE JAVIER CORTÉS
A Javier Cortés se lo llevaron en volandas, camino del quirófano del doctor García Padrós, mientras le era concedida una oreja ganada a ley gracias a su buen quehacer ante el quinto de la tarde, un pavo de la ganadería de La Reina con un gran pitón derecho, y del que tiró con muletazos muy mandones y de mano baja. Andaba Javier Cortés en los inicios de su faena a este quinto dando una serie de buenos derechazos cuando, al cambiarse de mano la muleta para rematar con el pase de pecho, se confió en exceso y le perdió la cara un instante, el suficiente para que el toro hiciera por él y le hiriera de un derrote seco en la cara posterior del muslo. No se encogió el torero y volvió a la cara del toro para continuar con lo que había empezado, a base de buenos derechazos tirando del animal con mucho poder, siempre en el sitio y dejándole la muleta muy bien puesta en todo momento. No más de quince fueron los muletazos, los suficientes para cuajar un toro con un gran pitón derecho y poner Madrid en pie a base de toreo de verdad. Mató a la suerte de recibir y cobró una estocada defectuosa que no fue impedimento para llevarse un trofeo, aunque parte del público perdió la cabeza y pidió la segunda que, gracias al buen criterio de la presidencia, no se cortó. No anduvo fino Cortés ante el segundo de la tarde, un toro chico y mal presentado que se vino abajo durante una faena encimista y muy acelerada que fue rematada de un sartenazo.
Gonzalo Caballero también fue evacuado a la enfermería cuando, en el saludo capotero al sexto, sufrió una aparatosa voltereta que le dejó con una fuerte conmoción y, además, una cornada en el muslo. Se hizo cargo del toro momentáneamente Iván Vicente, ya que durante el tercio de banderillas salió Gonzalo Caballero de la enfermería para dar cuenta del toro y no perder la oportunidad que tenía en esta tarde de ratificar en el ruedo, que es donde hablan los buenos toreros, aquellas palabras dedicadas a Monsieur Gafapasta durante la gala que sirvió de presentación de la feria de San Isidro. No tuvo una actuación acertada Caballero ante este sexto, noble y muy apto para hacer el toreo. Muy mermado de facultades por el tremendo porrazo que minutos atrás había sufrido, no consiguió cogerle el pulso en ningún momento y conseguir así sacarle muletazos estimables. Demasiado hizo con lidiarlo y matarlo. Con claras intenciones de hacer el toreo puro con el que enamoró en su época de novillero estuvo ante el tercero, un mojón de toro, el peor de la tarde, que fue tan pastueño y tontorrón como soso. Muletazos por ambas manos muy bien colocado, ofreciendo el pecho y sin echar la pierna atrás en ningún momento, corrió la mano por momentos en redondo, lo que dejó muy buenas sensaciones que, dada la sosería manifiesta del oponente, quedaron en sólo eso: sensaciones.
Quien no ofreció ni maneras ni sensaciones, al menos buenas, fue quien encabezaba el cartel de la tarde. Iván Vicente abrió plaza con el toro más claro y empalagoso para hartarse a torear de toda la corrida. Toda una perita en dulce con el que Iván Vicente se mostró fácil y aseado, pasando la embestida por ambos pitones sin terminar de llevarlo sometido. Pegando pases, en resumidas cuentas, en lugar de torear.
El cuarto fue el único de toda la corrida que hizo una buena pelea en el primer tercio. Fue bien puesto en suerte, empujó y se empleó con presteza en las dos varas que tomó. Galopó y se desplazó con buenas maneras durante la brega en el segundo tercio, pero no fue el mismo en la muleta. ¿Quizás porque Iván Vicente se mostró muy encimista, asfixiando con ello al animal, y no salió nunca de la segunda raya cuando el toro dejó claro anteriormente que se desplazaba mejor en los terrenos de la boca de riego? Quien sabe, pero sea como fuere, Vicente naufragó ante este animal con una faena larga, vulgar y carente del más mínimo interés. Realmente, la sensación que quedó es que el toro fue tapado descaradamente por el matador. Sensacional fue la estocada con la que acabó con el toro, y que se convirtió en lo más destacable de su actuación. Lo único destacable en realidad.
La corrida de El Tajo y de La Reina, grandota, basta y con mucha romana, fue mansa, no se empleó en el caballo a excepción de aquel cuarto, y dispuso de algunos ejemplares que sirvieron para el toreo. Pero todos tuvieron un denominador común: la falta de casta y de picante. Una más de muchas, aunque bien es verdad que, si se mira el vaso medio lleno, la peor de todas las que están por venir en las próximas semanas bien podía ser así.
Gonzalo Caballero también fue evacuado a la enfermería cuando, en el saludo capotero al sexto, sufrió una aparatosa voltereta que le dejó con una fuerte conmoción y, además, una cornada en el muslo. Se hizo cargo del toro momentáneamente Iván Vicente, ya que durante el tercio de banderillas salió Gonzalo Caballero de la enfermería para dar cuenta del toro y no perder la oportunidad que tenía en esta tarde de ratificar en el ruedo, que es donde hablan los buenos toreros, aquellas palabras dedicadas a Monsieur Gafapasta durante la gala que sirvió de presentación de la feria de San Isidro. No tuvo una actuación acertada Caballero ante este sexto, noble y muy apto para hacer el toreo. Muy mermado de facultades por el tremendo porrazo que minutos atrás había sufrido, no consiguió cogerle el pulso en ningún momento y conseguir así sacarle muletazos estimables. Demasiado hizo con lidiarlo y matarlo. Con claras intenciones de hacer el toreo puro con el que enamoró en su época de novillero estuvo ante el tercero, un mojón de toro, el peor de la tarde, que fue tan pastueño y tontorrón como soso. Muletazos por ambas manos muy bien colocado, ofreciendo el pecho y sin echar la pierna atrás en ningún momento, corrió la mano por momentos en redondo, lo que dejó muy buenas sensaciones que, dada la sosería manifiesta del oponente, quedaron en sólo eso: sensaciones.
Quien no ofreció ni maneras ni sensaciones, al menos buenas, fue quien encabezaba el cartel de la tarde. Iván Vicente abrió plaza con el toro más claro y empalagoso para hartarse a torear de toda la corrida. Toda una perita en dulce con el que Iván Vicente se mostró fácil y aseado, pasando la embestida por ambos pitones sin terminar de llevarlo sometido. Pegando pases, en resumidas cuentas, en lugar de torear.
El cuarto fue el único de toda la corrida que hizo una buena pelea en el primer tercio. Fue bien puesto en suerte, empujó y se empleó con presteza en las dos varas que tomó. Galopó y se desplazó con buenas maneras durante la brega en el segundo tercio, pero no fue el mismo en la muleta. ¿Quizás porque Iván Vicente se mostró muy encimista, asfixiando con ello al animal, y no salió nunca de la segunda raya cuando el toro dejó claro anteriormente que se desplazaba mejor en los terrenos de la boca de riego? Quien sabe, pero sea como fuere, Vicente naufragó ante este animal con una faena larga, vulgar y carente del más mínimo interés. Realmente, la sensación que quedó es que el toro fue tapado descaradamente por el matador. Sensacional fue la estocada con la que acabó con el toro, y que se convirtió en lo más destacable de su actuación. Lo único destacable en realidad.
La corrida de El Tajo y de La Reina, grandota, basta y con mucha romana, fue mansa, no se empleó en el caballo a excepción de aquel cuarto, y dispuso de algunos ejemplares que sirvieron para el toreo. Pero todos tuvieron un denominador común: la falta de casta y de picante. Una más de muchas, aunque bien es verdad que, si se mira el vaso medio lleno, la peor de todas las que están por venir en las próximas semanas bien podía ser así.
MINIFERIA DE LA COMUNIDAD DE MADRID: EN MADRID, QUIEN NO TRIUNFA, ES PORQUE NO QUIERE
Cada vez menos aficionados en el tendido, de esos de la vieja escuela que son rigurosos y que no regalan el aplauso ni a su tía; y cada vez más paisanos que van a ver al torerillo del pueblo a Las Ventas, con un afán desmedido de que triunfe y se vaya de Madrid como se hubiera ido la reencarnación de Domingo Ortega, sin haber siquiera pegado un mísero muletazo a derechas; y que además piden la música durante las faenas ¡¡en Las Ventas!! Así está Madrid. Y así, quien no triunfa aquí, ya es porque no quiere o porque su destino está muy lejos de esto. Bueno, y porque en Madrid se echa un novillo muy grandote que no permite a los chavales estar, porque blablablabla... Para tener en cuenta todas las opiniones. Que no se diga.
Amor Rodríguez, primer espada del cartel, quizás debería de pensar en tal cosa muy seriamente y plantearse su futuro. Ya no es que haya estado discreto y haya pasado desapercibido durante su actuación esta tarde. Es que ha dado una imagen paupérrima de novillero incapaz que no sabe ni cómo, ni dónde, ni cuándo meter mano a sus oponentes, ni de saber qué hacer. Abrió plaza un novillo que, si lo llega a ver el maestro Ponce o cualquiera de los salvapatrias esos que piden animales chicos y sin trapío, más les hubiera valido tener un desfribilador cerca. No hizo honor en ningún momento el reservón y descastado animal a su imponente fachada, ni en varas ni mucho menos en la muleta. Amor Rodríguez pasó sin pena ni gloria en una faena larga y vulgar que no dijo nada. Si bien dispuso en este primer turno de este ejemplar con el que cualquier atisbo de lucimiento fue harto complicado de vislumbrar, el animal que sorteó Amor Rodríguez para ser estoqueado en cuarto lugar resultó ser la antítesis. No por nobilísimo, encastado y bravo, sino más bien por guasón, incierto y complicado. Y también, con casta y mucho que torear, siempre haciéndose las cosas bien claro. Amor, desconfiado, sin sitio ni ideas para mandar sobre el toro, y un tanto medroso, se embarulló en una faena muy larga sin destacar nada más que el novillo quedó muy por encima de su oponente. Mitin con la espada y pitos para el novillero.
Sí triunfaron, y además sin grandes alardes, sus dos compañeros de terna. Tanto Pablo Mora como Francisco de Manuel consiguieron llevarse una oreja cada uno, aunque de discutible valor. El primero, Pablo Mora, se la cortó al segundo de la tarde, novillejo chico, feo, mal hecho y que debió volver por donde salió por inválido. Pasado el trámite de los dos picotazos de rigor, Pablo Mora no consiguió que su faena cogiera vuelo en ningún momento, si acaso algún muletazo con la izquierda corriendo bien la mano pero despegado y descargando la suerte con mucho descaro. Lo verdaderamente importante de este quehacer fue la gran estocada con la que mandó al novillo a los carniceros. Y aquí es donde pueden hacerse dos lecturas: la del señor que tiene el día amable, ha dormido bien y comido mejor, y que diría que bueno, que como en los viejos tiempos, que una estocada como esa vale por sí sola la oreja. Y por otro lado, la de aquel que va a los toros por no quedarse en casa aguantando a la parienta, que le ha puesto de comer las sobras del perro y le manda noche sí y noche también a dormir al sofá, y que aseguraría no recordar ni un sólo muletazo, que no había petición mayoritaria y que el despojo cayó gracias en mayor parte a las ratonerías de los tipos de las mulillas. Ambas partes bien podrían tener razón.
El quinto de la tarde metió riñones y cumplió en el primer tercio, recibiendo dos puyazos bien pegados en sitio caído. Pablo Mora basó su quehacer sobre la mano derecha, en una faena larga que no obtuvo el más mínimo interés y que se compuso de mediopases que, más que llevar embarcado al toro y tirar de él, se la plantaba en la cara y se la quitaba rápidamente pegando un fuerte tirón. Algunos pases de pecho sí fueron de categoría.
También cortó una oreja Francisco de Manuel, un chaval que, el igual que Pablo Mora, fue nuevo en esta plaza. Novillero voluntarioso y bullidor que realizó numerosos gestos y guiños a la galería, recibió a sus dos novillos con verónicas ganando terreno y echando la pierna atrás en el momento del embroque, y que acaparó incluso con el tercio de banderillas, aunque en esta disciplina bien podría ser alumno muy aventajado de la escuela fandilista, muy dada a dejar pasar al toro y clavar los garapullos un instante después. La oreja la cortó al tercero, nobilísimo ejemplar que recibió dos picotacitos, y con el cual estuvo muy bien dándole distancia y dejándoselo venir desde lejos, lo cual fue de agradecer una vez visto el bello galope del novillo. Sin embargo, la faena no destacó precisamente por el buen toreo, sino más bien por los cites fuera de cacho y los latigazos hacia fuera, sin llegar a estar a la altura del importante novillo en ningún momento. La estocada con la que rubricó la faena fue sensacional, y de nuevo cayó una oreja que un aficionado amable la hubiera achacado a la buena estocada y a que estuvo en novillero; y alguien más severo lo hubiera calificado de baratija. Con el sexto, al que dejó ir al relance para recibir dos buenos puyazos de Jesús Vicente, volvió a darle sitio y dejárselo venir de lejos, cosa que se agradece y que hace ver las buenas cualidades de los toros. Mal con la derecha, no acoplándose al buen son del novillo, si bien con la izquierda dejó entrever una concepción del toreo muy clásica, dando el pecho, dejando la pierna adelantada, echándole la muleta al hocico y llevándolo atrás. No consiguió sacar muchos muletazos de esta factura, pero sí los suficientes como para creer, aunque sea un poquito, en que aquí puede haber un interesante novillero a seguir en el futuro. Metió bien la mano a la hora de matar y se le pidió la oreja, acertando el señor Presidente en no concederla, pues la puerta grande no correspondía ni por asomo a su quehacer durante toda la tarde.
La novillada de López Gibaja, muy desigual de hechuras, sacó de todo. Desde novillos que se prestaron al toreo hasta el buey de carreta, pasando por la prenda con guasa que requiere una buena mano por parte del que viste el chispeante. Con ellos, y en el Madrid del año 2018, triunfaron los dos que hicieron el paseo destocados, en una nueva muestra de que el rigor en esta plaza se ha perdido; y sucumbió el veterano.
Amor Rodríguez, primer espada del cartel, quizás debería de pensar en tal cosa muy seriamente y plantearse su futuro. Ya no es que haya estado discreto y haya pasado desapercibido durante su actuación esta tarde. Es que ha dado una imagen paupérrima de novillero incapaz que no sabe ni cómo, ni dónde, ni cuándo meter mano a sus oponentes, ni de saber qué hacer. Abrió plaza un novillo que, si lo llega a ver el maestro Ponce o cualquiera de los salvapatrias esos que piden animales chicos y sin trapío, más les hubiera valido tener un desfribilador cerca. No hizo honor en ningún momento el reservón y descastado animal a su imponente fachada, ni en varas ni mucho menos en la muleta. Amor Rodríguez pasó sin pena ni gloria en una faena larga y vulgar que no dijo nada. Si bien dispuso en este primer turno de este ejemplar con el que cualquier atisbo de lucimiento fue harto complicado de vislumbrar, el animal que sorteó Amor Rodríguez para ser estoqueado en cuarto lugar resultó ser la antítesis. No por nobilísimo, encastado y bravo, sino más bien por guasón, incierto y complicado. Y también, con casta y mucho que torear, siempre haciéndose las cosas bien claro. Amor, desconfiado, sin sitio ni ideas para mandar sobre el toro, y un tanto medroso, se embarulló en una faena muy larga sin destacar nada más que el novillo quedó muy por encima de su oponente. Mitin con la espada y pitos para el novillero.
Sí triunfaron, y además sin grandes alardes, sus dos compañeros de terna. Tanto Pablo Mora como Francisco de Manuel consiguieron llevarse una oreja cada uno, aunque de discutible valor. El primero, Pablo Mora, se la cortó al segundo de la tarde, novillejo chico, feo, mal hecho y que debió volver por donde salió por inválido. Pasado el trámite de los dos picotazos de rigor, Pablo Mora no consiguió que su faena cogiera vuelo en ningún momento, si acaso algún muletazo con la izquierda corriendo bien la mano pero despegado y descargando la suerte con mucho descaro. Lo verdaderamente importante de este quehacer fue la gran estocada con la que mandó al novillo a los carniceros. Y aquí es donde pueden hacerse dos lecturas: la del señor que tiene el día amable, ha dormido bien y comido mejor, y que diría que bueno, que como en los viejos tiempos, que una estocada como esa vale por sí sola la oreja. Y por otro lado, la de aquel que va a los toros por no quedarse en casa aguantando a la parienta, que le ha puesto de comer las sobras del perro y le manda noche sí y noche también a dormir al sofá, y que aseguraría no recordar ni un sólo muletazo, que no había petición mayoritaria y que el despojo cayó gracias en mayor parte a las ratonerías de los tipos de las mulillas. Ambas partes bien podrían tener razón.
El quinto de la tarde metió riñones y cumplió en el primer tercio, recibiendo dos puyazos bien pegados en sitio caído. Pablo Mora basó su quehacer sobre la mano derecha, en una faena larga que no obtuvo el más mínimo interés y que se compuso de mediopases que, más que llevar embarcado al toro y tirar de él, se la plantaba en la cara y se la quitaba rápidamente pegando un fuerte tirón. Algunos pases de pecho sí fueron de categoría.
También cortó una oreja Francisco de Manuel, un chaval que, el igual que Pablo Mora, fue nuevo en esta plaza. Novillero voluntarioso y bullidor que realizó numerosos gestos y guiños a la galería, recibió a sus dos novillos con verónicas ganando terreno y echando la pierna atrás en el momento del embroque, y que acaparó incluso con el tercio de banderillas, aunque en esta disciplina bien podría ser alumno muy aventajado de la escuela fandilista, muy dada a dejar pasar al toro y clavar los garapullos un instante después. La oreja la cortó al tercero, nobilísimo ejemplar que recibió dos picotacitos, y con el cual estuvo muy bien dándole distancia y dejándoselo venir desde lejos, lo cual fue de agradecer una vez visto el bello galope del novillo. Sin embargo, la faena no destacó precisamente por el buen toreo, sino más bien por los cites fuera de cacho y los latigazos hacia fuera, sin llegar a estar a la altura del importante novillo en ningún momento. La estocada con la que rubricó la faena fue sensacional, y de nuevo cayó una oreja que un aficionado amable la hubiera achacado a la buena estocada y a que estuvo en novillero; y alguien más severo lo hubiera calificado de baratija. Con el sexto, al que dejó ir al relance para recibir dos buenos puyazos de Jesús Vicente, volvió a darle sitio y dejárselo venir de lejos, cosa que se agradece y que hace ver las buenas cualidades de los toros. Mal con la derecha, no acoplándose al buen son del novillo, si bien con la izquierda dejó entrever una concepción del toreo muy clásica, dando el pecho, dejando la pierna adelantada, echándole la muleta al hocico y llevándolo atrás. No consiguió sacar muchos muletazos de esta factura, pero sí los suficientes como para creer, aunque sea un poquito, en que aquí puede haber un interesante novillero a seguir en el futuro. Metió bien la mano a la hora de matar y se le pidió la oreja, acertando el señor Presidente en no concederla, pues la puerta grande no correspondía ni por asomo a su quehacer durante toda la tarde.
La novillada de López Gibaja, muy desigual de hechuras, sacó de todo. Desde novillos que se prestaron al toreo hasta el buey de carreta, pasando por la prenda con guasa que requiere una buena mano por parte del que viste el chispeante. Con ellos, y en el Madrid del año 2018, triunfaron los dos que hicieron el paseo destocados, en una nueva muestra de que el rigor en esta plaza se ha perdido; y sucumbió el veterano.
lunes, 30 de abril de 2018
A VUELTAS CON EL NOVILLO DE MADRID
Esta historia cuenta cómo un ganadero que es requerido para lidiar una novillada con sello abrileño en Las Ventas acaba siendo blanco perfecto de los estómagos agradecidos del taurineo. Pasa que este ganadero conoce lo que es la seriedad y el sentido de la responsabilidad, cosa que supone una herejía en los tiempos de la Tauromaquia 2.0, y no se le ocurre otra cosa mejor que acudir a su cita con Madrid trayendo seis novillos bien puestos, fuertes, con cara, trapío, y que perfectamente hubieran pasado como corrida de toros en cualquier plaza de segunda categoría. Como debe ser, que para eso estamos Las Ventas, la (supuestamente) primera plaza del mundo. Qué menos que en este escenario las novilladas tengan ese aliciente de más con respecto a otros lugares. Pero pasa que este señor, por todo lo anterior, está siendo puesto de vuelta y media el día después de haberse lidiado sus productos. ¿Que cuál es el problema de que un ganadero se plante en Las Ventas de esta manera? Aparentemente, no debería de haberlo. Bueno, pues sí. Sí, por lo menos, para esa caterva ilustrada de rufianes que no han tardado ni doce horas en echar sapos y culebras a través de su pluma en contra del ganadero de Los Chospes, solo porque este señor ha venido a Madrid con una novillada ya cuajada y que honra la categoría de esta plaza.
Vuelta a la misma canción de siempre. Se contratan novilleros poco o nada placeados y, en consecuencia, sin preparación para pasar el duro examen que supone Madrid (uno de los de ayer, Diego Fernández, al parecer se vistió de luces en tan solo en una ocasión la temporada pasada). Cada vez se dan menos novilladas y, por consiguiente, hay menos oportunidades para que los chavales cojan rodaje. Lo anterior, lleva a lo siguiente: en muchísimas ferias importantes ya no se programa ni una triste novillada (valga como ejemplo la próxima feria de Córdoba, plaza de primera categoría por cierto); y también el caso contrario: en muchas localidades pequeñas se programan carteles de figuras en lugar de novilladas, que sería lo suyo en realidad. Por no hablar de los festivales sin novillero, que son cada vez más habituales y, para colmo, su licitud es más que dudosa.
Y una vez dicho esto, ¿quién tiene la culpa, a ojos de los taurinejos y sus voceros, de que los novilleros vayan a Madrid y se estampen contra una corrida de toros? Efectivamente, del novillo de Madrid, que es muy grande y no permite estar. ¿Se puede ser más fariseo?
No, la novillada de Los Chospes lidiada en Madrid el domingo no fue "grande". Tenía trapío y el cuajo mínimo indispensable que una novillada debe tener para ser lidiada en Madrid. Que a algunos les parecerá lo mismo, seguro. Pero no lo es.
No, no es una salvajada que un novillero se las vea con un encierro así. En Madrid, por lo menos. Otra cosa sería si habláramos de... Valdecascote del Arroyo, sin ir más lejos. Lo que es una salvajada es hacer que un novillero venga a Madrid sin la preparación suficiente para vérselas con una novillada de Madrid.
No, el problema no es el novillo. El problema son los de siempre, los propios taurinejos. Los que permiten que no se den novilladas en ferias importantes. Los que quitan el sitio a los novilleros hasta en el lugar más recóndito de España solo para satisfacer su propio beneficio. Los que permiten que se den festivales sin novillero. Y con ellos, por supuesto, sus lacayos de la pseudoprensa taurina, que tapan todo ello.
Y por supuesto que el ganadero de Los Chospes no ha cometido ningún crimen de lesa humanidad trayendo a Madrid tal novillada. Solamente ha cumplido con la exigencia de Madrid, ni más ni menos. Ni tampoco él tiene la culpa de que en Madrid hagan el paseo espadas que no están preparados para dar ese paso de gigante en el toreo.
Dejen tranquilo al Toro, Rey de la Fiesta por antonomasia, y dedíquense a hacer autocrítica si de verdad quieren salvar nuestra malherida y querida Fiesta.
viernes, 20 de abril de 2018
JUAN BELMONTE, ESTÓMAGO AGRADECIDO DE LOS TOROS
En el mundo del Toro el nombre de Juan Belmonte evoca infinidad de hitos del toreo: revolución, Edad de Oro del toreo, genialidad, rivalidad con Gallito... También puede evocar uno de los mejores libros de toros que se ha escrito nunca, ese con el que Chaves Nogales dejó plasmada, en 1935, la biografía del Pasmo de Triana hasta ese momento. Juan Belmonte, Matador de toros. Su vida y sus hazañas es el título de semejante joya.
A muchos nos dan ganas de emular a don Manuel Chaves Nogales casi un siglo después, y escribir otro libro acerca de un personaje del momento. Un título perfecto para tal libro podría ser Juan Belmonte, estómago agradecido de los toros. ¿Que quién es ese tal Juan Belmonte? No, no se trata del Pasmo de Triana, aunque pudiera parecerlo. Se trata precisamente de eso, de un estómago agradecido que se mueve y vive la mar de bien de esto de los toros. Un pseudoinformador, con título de periodista seguramente (no sabemos si expedido en el mismo sitio donde la señora Cifuentes cursó su famoso Máster, o en un lugar más serio). Un pagafantas de los taurinejos, algunos toreros y ciertos ganaderos. Un fulano que se arrastra igual que un gusano ante los mandamases de la Fiesta. Un lameingles de quien, dicen, torean mejor que nunca y crían el toro más bravo de la Historia. Un cualquiera que ni él mismo se cree lo que escribe, aunque ello le permita tener contento al amo o amos. Un buen elemento a fin de cuentas.
Su última tesis en cierto panfletucho de desinformación antitaurina así lo certifica. Y como en ella ha sido tan directo y ha dedicado esta nueva hazaña suya a esos "pseudoaficionados que creen que los toros lidiados por las figuras son poco menos que burras con cuernos", no va a ser menos un servidor, quien precisamente reconozco pensar eso mismo, que las figuras vienen a matar algo así como burras con cuernos. Bueno, tanto así tampoco hombre... Jamás se me hubiera ocurrido tan perfecta metáfora. Soy más de "toros descastados, nobilísimos, bobalicones y flojos", "ganaderías que crían el toro ideal para pegar mil pases pero no aguantan medio puyazo y no se emplean en el caballo", o directamente "bichejos semovivientes y no aptos para la lidia en los tres tercios". Pasa que somos muchos los aficionados que defendemos a capa y espada a los del "Tío Picardías", como aquí el juntaletras se refiere al toro encastado, fiero, bravo en los tres tercios y que aguantan dos y hasta tres puyazos, cuatro incluso alguno aunque lo son menos; que evidentemente no le pone las cosas fáciles al que tiene delante vestido de luces (¡¡que estamos hablando de un toro oiga, no de una oveja!!), que vende cara su vida, que no es apto para esa neotauromaquia de los mil mantazos pegados de cualquier forma... Vamos, el Toro. Sin importar su encaste. Cosa que al abrazafarolas de desinformador ese sí parece importarle para saber si embisten o no, a juzgar por lo leído. "Las figuras solo matan lo de Domecq porque embiste y deja expresarse, lo demás no", parece que viene a querer decir el paisano. Es decir, que lo de Domecq no sale con las dificultades propias de la casta, es nobilísimo y dulzón, los toreros lo codician porque van a poder pegarles pases a gusto... Y a mí que me da que este no ha debido de ver una corrida de Pedraza de Yeltes en su puñetera vida. O igual sí, quién sabe, pero en ese día tan marcado se conoce que una rubia con generoso escote pululaba a su alrededor y ello le hizo despreocuparse del ruedo. Tampoco debe de haberse percatado de que al otro lado del charco sus queridísimas figuras del destoreo se hinchan a matar toros de encaste Saltillo, al tiempo que Barralva es repudiada, siendo de la misma vía que ganaderías españolas tipo Puerto de San Lorenzo, codiciada por aquí por figurines. Un día se enterará de que la palabra selección existe y es algo utilizado por los ganaderos bien para formar, independientemente del encaste, una ganadería de toros que sean bravos y encastados, o bien para criar el mojón artista ese que hace las veces de comparsa para que el maestro esté a gusto; y ese día se le quedará la misma cara que se le quedó cuando de pequeño le dijeron que los Reyes Magos no existen. O igual aún cree que sí existen, cualquiera sabe. O a lo mejor escucha hablar de selección y se le vienen a la cabeza Julen Lopetegui, dos Eurocopas y un Mundial. ¿Qué se puede esperar de una persona que, ante tal escenario de tardes historicas con Domecq y tal, "seguirá aceptando que las figuras lleven sus toros debajo del brazo"? Sí, así tal cual. Puede aceptarlo él, que vive y se lucra de esto. El que viva y trabaje para esto, o sea, para dejarse anualmente en torno a cien mil de las antiguas por ir a los toros, puede que no le haga tanta gracia. Ese, que le cuelen a la fuerza lo que viene siendo un animalico terciadito, escaso de cuernos (para colmo retocados por la mano del hombre en muchos casos), y de comportamiento noble y dulce solo para expresarse, arma la Revolución Francesa, y con razón. Porque a fin de cuentas el toro no es un material utilizado para crear arte o para expresarse, como si fuera un bote de acuarelas o un instrumento de música. El toro es eso, el toro. El que sale al ruedo mostrar su condición durante una lidia dividida en tres tercios. Y para ello tendrá delante uno que sepa imponerse a tal condición y sacarle partido. Y, llegado el momento, darle muerte. Que también está ahí, como "momento supremo". Aunque parezca molestarle a unos pocos, que no son del PACMA precisamente (¿o sí?).
También se atreve el juntaletras con nombre de viejo coloso del toreo a sacar a relucir eso de que
"de toda la vida las figuras han matado lo que han querido". Naturalmente, todos han tenido sus predilecciones: Antonio Ordóñez, Núñez y Pablo Romero; Paco Camino, la procedencia de Buendía; Manolete sentía gran debilidad por Villamarta... Y así todos, sin excepción. Eso es tan verdad como que ninguno obviaba matar corridas de Miura de vez en cuando, o del tronco graciliano o murubeño. O cobaledas. Eso, al señor este con tan bonito nombre, se le olvida mentarlo, que mataban lo que querían, pero al mismo tiempo mataban de todo. Y lo mejor de todo, estaban capacitados para ello y sabían dar una gran dimensión.
Que hoy en día matan lo que embiste... Qué leches, ¿acaso no embiste hoy en día Miura, con sus altibajos propios de toda ganadería? ¿Juan Luis Fraile, Palha o José Escolar, por poner ejemplos, no han echado recientemente grandes toros? O ¿qué me dicen de Baltasar Ibán, considerada por muchos una de las más bravas del momento? ¡¡Claro que embisten!! Pero ojo, ocurre que no embisten como a los importantes del escalafón y a su prole de palmeros les interesa para su Tauromaquia 2.0. Esos toros embisten con exigencia y no perdonan una, no se tragan los miles de muletazos que componen las interminlables faenas de ahora, hacen sudar y hasta miran, porque no son bobalicones. Para unos, corridas del Tío Picardías. Para otros, los "pseudoaficiondos", el Toro, sin más.
Este es Juan Belmonte. El de la actualidad, claro. El que trabaja en los medios de comunicación (anti)taurinos y cuya tarea es justificar y ensalzar cualquier cosa, por indefendible que sea, de los taurinejos más antitaurinos que manejan este cotarro. Este es quien se atreve a poner en duda la afición de aquellos que van los toros día tras día, domingo tras domingo, temporada tras temporada y feria tras feria, por supuesto pagando, sentándose en la dura piedra y teniendo que tragar con toros flojos y descastados, así como toreros repetitivos, vulgares y ventajistas. Y siempre manteniendo viva la esperanza de que algún día salga al contrario y se puede disfrutar de la verdadera esencia del toreo. Pedir casta, integridad y verdad en el toreo, entre otras, ya se sabe que está mal visto y es de no ser aficionado y de ser un reventados y un talibán. Claro, los güenos afisionaos siempre aplauden, no protestan aun habiendo motivos para ello, piden orejas e indultos a cualquier cosa y siempre tragan. Una pena que no todos traguemos, cuántos dolores de cabeza no se ahorraría toda esta banda de pesebreros con carné de periodista cuando les llega la hora de escribir para justificarles y taparles todo a los taurinejos.
A muchos nos dan ganas de emular a don Manuel Chaves Nogales casi un siglo después, y escribir otro libro acerca de un personaje del momento. Un título perfecto para tal libro podría ser Juan Belmonte, estómago agradecido de los toros. ¿Que quién es ese tal Juan Belmonte? No, no se trata del Pasmo de Triana, aunque pudiera parecerlo. Se trata precisamente de eso, de un estómago agradecido que se mueve y vive la mar de bien de esto de los toros. Un pseudoinformador, con título de periodista seguramente (no sabemos si expedido en el mismo sitio donde la señora Cifuentes cursó su famoso Máster, o en un lugar más serio). Un pagafantas de los taurinejos, algunos toreros y ciertos ganaderos. Un fulano que se arrastra igual que un gusano ante los mandamases de la Fiesta. Un lameingles de quien, dicen, torean mejor que nunca y crían el toro más bravo de la Historia. Un cualquiera que ni él mismo se cree lo que escribe, aunque ello le permita tener contento al amo o amos. Un buen elemento a fin de cuentas.
Su última tesis en cierto panfletucho de desinformación antitaurina así lo certifica. Y como en ella ha sido tan directo y ha dedicado esta nueva hazaña suya a esos "pseudoaficionados que creen que los toros lidiados por las figuras son poco menos que burras con cuernos", no va a ser menos un servidor, quien precisamente reconozco pensar eso mismo, que las figuras vienen a matar algo así como burras con cuernos. Bueno, tanto así tampoco hombre... Jamás se me hubiera ocurrido tan perfecta metáfora. Soy más de "toros descastados, nobilísimos, bobalicones y flojos", "ganaderías que crían el toro ideal para pegar mil pases pero no aguantan medio puyazo y no se emplean en el caballo", o directamente "bichejos semovivientes y no aptos para la lidia en los tres tercios". Pasa que somos muchos los aficionados que defendemos a capa y espada a los del "Tío Picardías", como aquí el juntaletras se refiere al toro encastado, fiero, bravo en los tres tercios y que aguantan dos y hasta tres puyazos, cuatro incluso alguno aunque lo son menos; que evidentemente no le pone las cosas fáciles al que tiene delante vestido de luces (¡¡que estamos hablando de un toro oiga, no de una oveja!!), que vende cara su vida, que no es apto para esa neotauromaquia de los mil mantazos pegados de cualquier forma... Vamos, el Toro. Sin importar su encaste. Cosa que al abrazafarolas de desinformador ese sí parece importarle para saber si embisten o no, a juzgar por lo leído. "Las figuras solo matan lo de Domecq porque embiste y deja expresarse, lo demás no", parece que viene a querer decir el paisano. Es decir, que lo de Domecq no sale con las dificultades propias de la casta, es nobilísimo y dulzón, los toreros lo codician porque van a poder pegarles pases a gusto... Y a mí que me da que este no ha debido de ver una corrida de Pedraza de Yeltes en su puñetera vida. O igual sí, quién sabe, pero en ese día tan marcado se conoce que una rubia con generoso escote pululaba a su alrededor y ello le hizo despreocuparse del ruedo. Tampoco debe de haberse percatado de que al otro lado del charco sus queridísimas figuras del destoreo se hinchan a matar toros de encaste Saltillo, al tiempo que Barralva es repudiada, siendo de la misma vía que ganaderías españolas tipo Puerto de San Lorenzo, codiciada por aquí por figurines. Un día se enterará de que la palabra selección existe y es algo utilizado por los ganaderos bien para formar, independientemente del encaste, una ganadería de toros que sean bravos y encastados, o bien para criar el mojón artista ese que hace las veces de comparsa para que el maestro esté a gusto; y ese día se le quedará la misma cara que se le quedó cuando de pequeño le dijeron que los Reyes Magos no existen. O igual aún cree que sí existen, cualquiera sabe. O a lo mejor escucha hablar de selección y se le vienen a la cabeza Julen Lopetegui, dos Eurocopas y un Mundial. ¿Qué se puede esperar de una persona que, ante tal escenario de tardes historicas con Domecq y tal, "seguirá aceptando que las figuras lleven sus toros debajo del brazo"? Sí, así tal cual. Puede aceptarlo él, que vive y se lucra de esto. El que viva y trabaje para esto, o sea, para dejarse anualmente en torno a cien mil de las antiguas por ir a los toros, puede que no le haga tanta gracia. Ese, que le cuelen a la fuerza lo que viene siendo un animalico terciadito, escaso de cuernos (para colmo retocados por la mano del hombre en muchos casos), y de comportamiento noble y dulce solo para expresarse, arma la Revolución Francesa, y con razón. Porque a fin de cuentas el toro no es un material utilizado para crear arte o para expresarse, como si fuera un bote de acuarelas o un instrumento de música. El toro es eso, el toro. El que sale al ruedo mostrar su condición durante una lidia dividida en tres tercios. Y para ello tendrá delante uno que sepa imponerse a tal condición y sacarle partido. Y, llegado el momento, darle muerte. Que también está ahí, como "momento supremo". Aunque parezca molestarle a unos pocos, que no son del PACMA precisamente (¿o sí?).
También se atreve el juntaletras con nombre de viejo coloso del toreo a sacar a relucir eso de que
"de toda la vida las figuras han matado lo que han querido". Naturalmente, todos han tenido sus predilecciones: Antonio Ordóñez, Núñez y Pablo Romero; Paco Camino, la procedencia de Buendía; Manolete sentía gran debilidad por Villamarta... Y así todos, sin excepción. Eso es tan verdad como que ninguno obviaba matar corridas de Miura de vez en cuando, o del tronco graciliano o murubeño. O cobaledas. Eso, al señor este con tan bonito nombre, se le olvida mentarlo, que mataban lo que querían, pero al mismo tiempo mataban de todo. Y lo mejor de todo, estaban capacitados para ello y sabían dar una gran dimensión.
Que hoy en día matan lo que embiste... Qué leches, ¿acaso no embiste hoy en día Miura, con sus altibajos propios de toda ganadería? ¿Juan Luis Fraile, Palha o José Escolar, por poner ejemplos, no han echado recientemente grandes toros? O ¿qué me dicen de Baltasar Ibán, considerada por muchos una de las más bravas del momento? ¡¡Claro que embisten!! Pero ojo, ocurre que no embisten como a los importantes del escalafón y a su prole de palmeros les interesa para su Tauromaquia 2.0. Esos toros embisten con exigencia y no perdonan una, no se tragan los miles de muletazos que componen las interminlables faenas de ahora, hacen sudar y hasta miran, porque no son bobalicones. Para unos, corridas del Tío Picardías. Para otros, los "pseudoaficiondos", el Toro, sin más.
Este es Juan Belmonte. El de la actualidad, claro. El que trabaja en los medios de comunicación (anti)taurinos y cuya tarea es justificar y ensalzar cualquier cosa, por indefendible que sea, de los taurinejos más antitaurinos que manejan este cotarro. Este es quien se atreve a poner en duda la afición de aquellos que van los toros día tras día, domingo tras domingo, temporada tras temporada y feria tras feria, por supuesto pagando, sentándose en la dura piedra y teniendo que tragar con toros flojos y descastados, así como toreros repetitivos, vulgares y ventajistas. Y siempre manteniendo viva la esperanza de que algún día salga al contrario y se puede disfrutar de la verdadera esencia del toreo. Pedir casta, integridad y verdad en el toreo, entre otras, ya se sabe que está mal visto y es de no ser aficionado y de ser un reventados y un talibán. Claro, los güenos afisionaos siempre aplauden, no protestan aun habiendo motivos para ello, piden orejas e indultos a cualquier cosa y siempre tragan. Una pena que no todos traguemos, cuántos dolores de cabeza no se ahorraría toda esta banda de pesebreros con carné de periodista cuando les llega la hora de escribir para justificarles y taparles todo a los taurinejos.
miércoles, 18 de abril de 2018
SI BEBE, NO VAYA A LOS TOROS
"Si bebes, no conduzcas", rezan los anuncios televisivos y paneles informativos patrocinados por la DGT. Las consecuencias podrían ser terribles.
"Si bebes, no vayas a los toros", debería rezar en los carteles taurinos y en el reverso de las entradas de los toros. Las consecuencias son devastadoras. A los fabricantes y proveedores de alcohol no les haría demasiada gracia en verdad, sobre todo a los de ginebra. A los de tónica, seguramente que tampoco. Pero han de hacerse cargo de la situación. Que la Fiesta se va a la mierda, oigan.
Tampoco estaría de más, aprovechando la parafernalia que les ha entrado con la modernización de la Fiesta con cubrir las plazas de toros, poner butacas en el tendido, proveer a los porteros de lectores electrónicos para leer las entradas, y demás, poner en cada puerta, ahí al lado de los porteros, a los del Betis con un etiolímetro. Lo veo:
"Sople aquí... Muy bien, 0.0, individuo sin riesgo de pedir indulto y aplaudir hasta a los monosabios cuando ponen en pie al penco. Puede entrar caballero".
"A ver, usted, sople. Un poco más, un poc... ¡¡Hasta que yo le diga hombre!! A ver otra vez, no pare hasta que no se lo indique yo... Muy bien. Vaya, 1.03, le ha dado fuerte al gin-tónic, eh caballero. Así no puede entrar a los toros...". // "¡¡Cómo que no, oiga!! Valiente suflón es usté. Yo soy güen afisionao, ¿entiende? Y para que a uno se le catalogue como tar, no puede venir a los toros zobrio y zin haberze shutao un par de lingotazos de ginebra... ¿Cómo quiere usté que me den entonces el carné de güen afisionao?" // "¿Cómo es posible que siendo usted de la Castilla profunda, tenga cierto deje del Sur?" // "Pué hombre, porque ezo zale en er manuar de güen afisionao...". // "Vaya cogorza lleva... Pues así no puede entrar a los toros, señor mío".
Delicioso...
Lo sentirían también, y mucho, los taurinejos. Casi tanto como los proveedores y fabricantes de bebidas alcohólicas. Ya no solo porque sacarían menos perras procedentes de los vendedores de bebidas que pululan, antirreglamentariamente por cierto, por el tendido mientras el toro está en el ruedo. También porque, aunque suene a broma salida de fakes de Twitter, "No gin, no fiesta". O lo que es lo mismo, sin gin no hay triunfalismo, y sin triunfalismo a ver cómo se vende que "la Fiesta vive un gran momento, se torea mejor que nunca, estamos ante el toro más bravo de la historia", etc.
Pero hay que ponerse en serio con este tema, porque los toros en verdad es algo muy serio, no puede convertirse la plaza de toros, sea cual sea, en un botellódromo en el que quien no viene de fuera con una chispa muy grande, se la coge dentro, ya sea porque la bebida la ha adquirido en el interior o porque en el chino de la esquina se ha comprado la litrona de Mahou o la botella de Brugal. No recuerdo yo en ir al cine o al teatro, y que gran parte de la sala esté bien azufrada, y aplauda entre acto y acto hasta al que sube el telón, porque "ha derrochao musho jarte en ello", o gritando a los actores biiiiiieeeeeeeeennnnnnnnjjjjjjjjjjj o jandaaaaaaaaa, hasta el punto de que el de la butaca de detrás, que ha entrado más fresco que una lechuga, sale también de grana y oro con sólo inspirar el aliento del chuzo de turno. Caso diferente el fútbol o el baloncesto, claro. Pero igual que no podemos poner a la misma altura a un torero que a un futbolista, ya que el primero sigue en su faena con el muslo rajado mientras el otro sólo con el roce de la bota contraria se retuerce de dolor, no pongamos a la misma altura la afición de los toros a la del fútbol.
Muchos, los taurinejos sobe todo, ven la solución de los males de la Fiesta en el triunfalismo, sea cual sea el precio. ¿De verdad le hace bien a la Fiesta indultar a un animalico que simplemente ha sido nobilísimo y dulce? ¿A un animalico que en el tercio de varas no ha hecho NADA? ¿Ese es el toro que se quiere, un toro bobalicón y que sólo se valorará positivamente si se ha dejado torear con mucha nobleza y clase? Porque si se indulta eso, es porque se quiere que sus futuros hijos tengan la misma cualidad. ¿Ese es el futuro de una ganadería y, en general, de la Fiesta?
¿Le hace bien a la Fiesta que la sola presencia de la nobleza y la carencia de casta y fiereza sea igual a la bravura?
¿Le hace bien a la Fiesta que el pegapasismo tramposo y aliviado a un animalico similar al antes descrito sea considerado "torear"?
¿Le hace bien a la Fiesta que se premien faenas como la anteriormente descrita, rematada además con una estocada que cae en mal sitio?
Para algunos, rotundamente, sí. Allá cada uno. En lo que a muchos respecta, eso es la degeneración de la Tauromaquia. El "todo vale" de toda la vida. "La gente ha sido feliz y se ha divertido, que es lo que cuenta". Pues nada, adiós a los viejos conceptos de la Tauromaquia. Adiós a importancia de los tres tercios de la lidia para determinar la verdadera dimensión del toro. Adiós al toro bravo, fiero y encastado. Adiós a cargar la suerte. Adiós a torear con la muleta plana. Adiós al toreo en redondo. Adiós a la suerte de varas, que ya no sirve porque la bravura moderna prescinde de ella. Adiós casi casi al toreo con el capote. Adiós a la importancia de la suerte suprema como colofón de una faena, qué digo, ¡¡adiós a la suerte suprema, que los antitaurinos dicen que si tal o que si cual y deja una imagen grotesca del toreo!! Al garete todo, que ya no hace falta. Ahora la gente que va a los toros es feliz con el prototipo de toro más tonto que Abundio que se traga una faena de dosmil pases sin rechistar. Es feliz con el toro justito de fuerzas y de poder. Es feliz con que no se piquen a los toros. Es feliz sin haber visto torear con el capote. Es feliz con el pegapasismo mentiroso de llevar al toro en línea recta y escondiendo la pierna. Es feliz con una estocada que ha entrado entera a la primera, aunque haya ido casi al costillar. La gente que va a los toros es feliz con todo eso. Pues muy bien por ellos. Pero ¿es que acaso hay gente que todavía va a los toros? En muchísimas ferias de España, desde luego, ya no se llena la plaza aunque toreen los que, supuestamente, tanto tirón tienen. Por mucho que los charlatanes y vendehumos quieran hacernos creer de que esto no es así. El aficionado de toda la vida se va. Se va cansado de tanto engaño, triste y renegando de algo que un día conoció totalmente diferente a lo que es hoy. Ese aficionado conoció verdaderos colosos del toreo que mataban y podían con todo tipo de ganaderías. Conoció la época en que un toro bravo se le consideraba tal porque resistía un tercio de varas en que se exigía un mínimo de tres entradas en las que se empleaba, porque tenía casta, porque solo se le podían pegar de 25 a 30 muletazos ya que no era tontorrón... Y ahora, pues eso. Abandona porque la antítesis a todo eso es lo normal y lo bueno. O lo cunvre, como se dice en el argot. Se aburre de los toreros que están como fabricados en serie, todos iguales y con el mismo repertorio. Se aburre de que los nuevos valores que salen de las escuelas solamente sepan copiar los malos vicios de las figuras. Se aburre de las torifactorías de nobleza empalagosa, tontuna bóvida y falta de poder para molestar lo menos posible al espada de turno. El aficionado de toda la vida abandona, hastiado de tanta mentira. Que, por otro lado, es lo que a los taurinejos las gustaría, que ese aficionado, por ende crítico y exigente, abandone y no moleste. Pero se van a ver solos en esta. Y se verán solos cuando llegue el día de defender esto de los ataques de los animalistas, y muchos digan tururú, que yo vuestro circo no lo defiendo ni por un sueldo de Nescafé.
"Si bebes, no vayas a los toros", debería rezar en los carteles taurinos y en el reverso de las entradas de los toros. Las consecuencias son devastadoras. A los fabricantes y proveedores de alcohol no les haría demasiada gracia en verdad, sobre todo a los de ginebra. A los de tónica, seguramente que tampoco. Pero han de hacerse cargo de la situación. Que la Fiesta se va a la mierda, oigan.
Tampoco estaría de más, aprovechando la parafernalia que les ha entrado con la modernización de la Fiesta con cubrir las plazas de toros, poner butacas en el tendido, proveer a los porteros de lectores electrónicos para leer las entradas, y demás, poner en cada puerta, ahí al lado de los porteros, a los del Betis con un etiolímetro. Lo veo:
"Sople aquí... Muy bien, 0.0, individuo sin riesgo de pedir indulto y aplaudir hasta a los monosabios cuando ponen en pie al penco. Puede entrar caballero".
"A ver, usted, sople. Un poco más, un poc... ¡¡Hasta que yo le diga hombre!! A ver otra vez, no pare hasta que no se lo indique yo... Muy bien. Vaya, 1.03, le ha dado fuerte al gin-tónic, eh caballero. Así no puede entrar a los toros...". // "¡¡Cómo que no, oiga!! Valiente suflón es usté. Yo soy güen afisionao, ¿entiende? Y para que a uno se le catalogue como tar, no puede venir a los toros zobrio y zin haberze shutao un par de lingotazos de ginebra... ¿Cómo quiere usté que me den entonces el carné de güen afisionao?" // "¿Cómo es posible que siendo usted de la Castilla profunda, tenga cierto deje del Sur?" // "Pué hombre, porque ezo zale en er manuar de güen afisionao...". // "Vaya cogorza lleva... Pues así no puede entrar a los toros, señor mío".
Delicioso...
Lo sentirían también, y mucho, los taurinejos. Casi tanto como los proveedores y fabricantes de bebidas alcohólicas. Ya no solo porque sacarían menos perras procedentes de los vendedores de bebidas que pululan, antirreglamentariamente por cierto, por el tendido mientras el toro está en el ruedo. También porque, aunque suene a broma salida de fakes de Twitter, "No gin, no fiesta". O lo que es lo mismo, sin gin no hay triunfalismo, y sin triunfalismo a ver cómo se vende que "la Fiesta vive un gran momento, se torea mejor que nunca, estamos ante el toro más bravo de la historia", etc.
Pero hay que ponerse en serio con este tema, porque los toros en verdad es algo muy serio, no puede convertirse la plaza de toros, sea cual sea, en un botellódromo en el que quien no viene de fuera con una chispa muy grande, se la coge dentro, ya sea porque la bebida la ha adquirido en el interior o porque en el chino de la esquina se ha comprado la litrona de Mahou o la botella de Brugal. No recuerdo yo en ir al cine o al teatro, y que gran parte de la sala esté bien azufrada, y aplauda entre acto y acto hasta al que sube el telón, porque "ha derrochao musho jarte en ello", o gritando a los actores biiiiiieeeeeeeeennnnnnnnjjjjjjjjjjj o jandaaaaaaaaa, hasta el punto de que el de la butaca de detrás, que ha entrado más fresco que una lechuga, sale también de grana y oro con sólo inspirar el aliento del chuzo de turno. Caso diferente el fútbol o el baloncesto, claro. Pero igual que no podemos poner a la misma altura a un torero que a un futbolista, ya que el primero sigue en su faena con el muslo rajado mientras el otro sólo con el roce de la bota contraria se retuerce de dolor, no pongamos a la misma altura la afición de los toros a la del fútbol.
Muchos, los taurinejos sobe todo, ven la solución de los males de la Fiesta en el triunfalismo, sea cual sea el precio. ¿De verdad le hace bien a la Fiesta indultar a un animalico que simplemente ha sido nobilísimo y dulce? ¿A un animalico que en el tercio de varas no ha hecho NADA? ¿Ese es el toro que se quiere, un toro bobalicón y que sólo se valorará positivamente si se ha dejado torear con mucha nobleza y clase? Porque si se indulta eso, es porque se quiere que sus futuros hijos tengan la misma cualidad. ¿Ese es el futuro de una ganadería y, en general, de la Fiesta?
¿Le hace bien a la Fiesta que la sola presencia de la nobleza y la carencia de casta y fiereza sea igual a la bravura?
¿Le hace bien a la Fiesta que el pegapasismo tramposo y aliviado a un animalico similar al antes descrito sea considerado "torear"?
¿Le hace bien a la Fiesta que se premien faenas como la anteriormente descrita, rematada además con una estocada que cae en mal sitio?
Para algunos, rotundamente, sí. Allá cada uno. En lo que a muchos respecta, eso es la degeneración de la Tauromaquia. El "todo vale" de toda la vida. "La gente ha sido feliz y se ha divertido, que es lo que cuenta". Pues nada, adiós a los viejos conceptos de la Tauromaquia. Adiós a importancia de los tres tercios de la lidia para determinar la verdadera dimensión del toro. Adiós al toro bravo, fiero y encastado. Adiós a cargar la suerte. Adiós a torear con la muleta plana. Adiós al toreo en redondo. Adiós a la suerte de varas, que ya no sirve porque la bravura moderna prescinde de ella. Adiós casi casi al toreo con el capote. Adiós a la importancia de la suerte suprema como colofón de una faena, qué digo, ¡¡adiós a la suerte suprema, que los antitaurinos dicen que si tal o que si cual y deja una imagen grotesca del toreo!! Al garete todo, que ya no hace falta. Ahora la gente que va a los toros es feliz con el prototipo de toro más tonto que Abundio que se traga una faena de dosmil pases sin rechistar. Es feliz con el toro justito de fuerzas y de poder. Es feliz con que no se piquen a los toros. Es feliz sin haber visto torear con el capote. Es feliz con el pegapasismo mentiroso de llevar al toro en línea recta y escondiendo la pierna. Es feliz con una estocada que ha entrado entera a la primera, aunque haya ido casi al costillar. La gente que va a los toros es feliz con todo eso. Pues muy bien por ellos. Pero ¿es que acaso hay gente que todavía va a los toros? En muchísimas ferias de España, desde luego, ya no se llena la plaza aunque toreen los que, supuestamente, tanto tirón tienen. Por mucho que los charlatanes y vendehumos quieran hacernos creer de que esto no es así. El aficionado de toda la vida se va. Se va cansado de tanto engaño, triste y renegando de algo que un día conoció totalmente diferente a lo que es hoy. Ese aficionado conoció verdaderos colosos del toreo que mataban y podían con todo tipo de ganaderías. Conoció la época en que un toro bravo se le consideraba tal porque resistía un tercio de varas en que se exigía un mínimo de tres entradas en las que se empleaba, porque tenía casta, porque solo se le podían pegar de 25 a 30 muletazos ya que no era tontorrón... Y ahora, pues eso. Abandona porque la antítesis a todo eso es lo normal y lo bueno. O lo cunvre, como se dice en el argot. Se aburre de los toreros que están como fabricados en serie, todos iguales y con el mismo repertorio. Se aburre de que los nuevos valores que salen de las escuelas solamente sepan copiar los malos vicios de las figuras. Se aburre de las torifactorías de nobleza empalagosa, tontuna bóvida y falta de poder para molestar lo menos posible al espada de turno. El aficionado de toda la vida abandona, hastiado de tanta mentira. Que, por otro lado, es lo que a los taurinejos las gustaría, que ese aficionado, por ende crítico y exigente, abandone y no moleste. Pero se van a ver solos en esta. Y se verán solos cuando llegue el día de defender esto de los ataques de los animalistas, y muchos digan tururú, que yo vuestro circo no lo defiendo ni por un sueldo de Nescafé.
lunes, 16 de abril de 2018
DOMINGO VENTEÑO: LOS AUTOBUSEROS VOLVIERON A HACER ESTRAGOS
El honor, la seriedad y el rigor de la Plaza de Madrid, aquella que antaño fue Primera del mundo precisamente por ser líder en todas esas cualidades, ha vuelto a ser mancillados por esos grupúsculos distribuídos por toda la plaza que solo hacen acto de presencia a entrada, autobús y bocata pagado por el chavalín del pueblo, ese que es hijo de la Trini y de Juanito el albañil, sobrino de Eusebio el Carnicero, nieto de Eulalia la de los Moscosos, o de la Josefina la del bar de la plaza, o simplemente el niño conocido de toda la vida. Porque como es torero y actúa esta tarde en Las Ventas, ha fletado dos o tres autobuses desde el pueblo y ha puesto a disposición de sus paisanos 200 o 300 invitaciones para ir a los toros. Y como el niño era tan salao cuando era pequeño, y porque es muy reguapo en la actualidad y además se le rifan las mozas en el pueblo, había que hacer acto de presencia en la plaza de toros, da igual en cual, para apoyarle, aplaudirle hasta los desarmes y las estocadas en mal sitio, sacar el pañuelo blanco para que le den las orejas y hasta pedir que sonara la música mientras toreaba. ¿Qué más da si la plaza de toros en cuestión es la mismísima plaza de Las Ventas, lugar en el cual siempre se han castigado las malas estocadas, se han abroncado a los toreroso que están mal o intentan engañar al respetable, no se aplauden toros mansos en el arrastre y en donde desde hace décadas no se toca la música durante la faena de muleta? Pues sí, este es el nivel que domingo tras domingo soportan los habituales, los pocos habituales, de esta plaza, y que ahí siguen siendo testigos de la agravada degradación sufrida por la Tauromaquia, sin recibir nada a cambio. Y cómo domingo tras domingo se mancilla esta plaza concediendo orejas y ovaciones que ni por asomo vienen a cuento. ¿Es esta la primera vez que se habla de algo así? Noooooo. Es más, raro es el día en que no se hace. Pero hay dos opciones: una, callarse y tragar; y dos, no mostrar conformidad, aun a riesgo de cabrear a los güenos afisionaos quienes, sin soltar el gin-tónic (no fuera a ser que hubiera una cámara cerca y se les pillara de imprevisto para salir en la foto y demostrar así que ellos son mu güenos afisionaos) nunca pasarán por alto la más mínima crítica hacia cualquier torero, por eso de es una falta de respeto opinar o no se qué paparrucha.
En fin, que ante este percal, el mismo de todos los domingos pero con caras y autobuses diferentes, los pocos aficionados habituales que quedan por aquí tomaron asiento con la esperanza de que la novillada de José Luis Pereda, uno de esos hierros que tantos dolores de cabeza ha provocado a lo largo de la inmensa mayoría de tardes que ha lidiado en Madrid, tuviera un desafortunado accidente genético y saliera más o menos decente. Y bien es verdad que la novillada, buena lo que se dice buena, no salió. Pero una de tantas borregadas inválidas que habitualmente lidia este ganadero, tampoco fue. Mansa fue como la que más, ninguno llegó a emplearse en el caballo, salieron todos cantando la gallina y hasta más de uno pegando una coz. Tampoco llegaron a doblar la pezuña ni a dar síntomas de invalidez, aunque bien es verdad que alguno de quedó sin picar. Y lo más importante, que para torear, más que menos, sí hubo ejemplares. Ya es algo, aun estando esto a años luz de la verdadera esencia del toro de lidia.
Ángel Jiménez, inhibido durante toda la tarde con el capote, sorteó en primer lugar un ejemplar bondadoso y carente de malas ideas; así como otro con más picante y que de tonto no tenía un pelo en cuarto lugar. Ante ninguno de los dos llegó a acoplarse. Sus dos faenas fueron calcadas y se caracterizaron por la falta de apreturas y de temple, los medio trallazos marcando las afueras a los novillos y, en definitiva, una total y manifiesta vulgaridad que aburrió hasta al más bondadoso espectador.
Como segundo espada del cartel se anunció un novillero al que apetecía verle después de su revelación en 2017 y en esta misma plaza. Pablo Atienza, desde luego, en la tarde de hoy no recordó ni por un momento a aquel novillero que el verano pasado causó tan grata impresión ante la parroquia de Las Ventas. El segundo de la tarde, muy poco sangrado en el primer tercio, noblote, soso y con la casta justa, iba y venía en la muleta sin transmitir la más mínima emoción; y Atienza, con semejante material, se embarulló en una larguísima y hueca faena de muleta. Muletazos por ambas manos, atropellados muchos, otros limpios pero pegando un feo tirón hacia fuera, cites quedándose en la oreja, abuso del pico... Vamos, la monofaena de todos.
El quinto también recibió poca cera en varas, llegando a la muleta con el gas suficiente para aguantar 20 arrancadas que bien podrían haber sido aprovechadas en otros tantos muletazos partiéndose el cuerpo y el alma toreando. Y para poco más. Si con el segundo novillo este novillero se pasó de faena, ante este quinto se sobrepasó. No sólo no aprovechó esas 20 arrancadas, sino que también estuvo muchísimo tiempo delante de un ejemplar que, aburrido ya de su matador, al igual que el respetable, acabó muy agarrado al piso y a la defensiva. Con la espada, mal.
Rafael González se las vio ante un bomboncito, el tercero, ideal para emborracharse toreando y hacer mil y una virguerías. ¿Lo hizo? Pues va a ser que no. Muchos pases, sí. El pendulazo de rigor para iniciar la faena, pues también. Las manoletinas con las que se cierran todas las faenas, tampoco faltaron. Y hasta la voltereta que terminó de calentar al personal y le hace entrar en la faena. Pero toreo, el toreo puro, el de verdad, el de adelantar la pierna y tirar del toro llevándolo detrás de la cadera, pues como que el día que explicaron eso en la Escuela él debía de andar o bien mirando a las musarañas, o leyendo un tebeo de Mortadelo y Filemón. Bueno, él y toda la clase, y en todas las escuelas de tauromaquia y de todas las promociones, a decir verdad. Faena que sirvió de homenaje a la tramposa y chabacana Tauromaquia 2.0, y que sólo cogió cierto vuelo, ante parte de la concurrencia eso sí, cuando el novillo se llevó por delante al chaval. Y como guinda al pastel, estocada tendida y trasera Y aunque fue surrealista, cayó la oreja. "La peor oreja que he visto concederse en Madrid en años", me escribe mi buen amigo Jorge por WhatsApp. Tal cual. Y no pasa nada. En Madrid se dan orejas por destorear y matar mal, y no pasa nada. Y encima hay que cerrar el pico. Callarse vaya, porque otro pico sí puede utilizarse sin que pase nada ni nadie pueda rechistar.
No hizo nada diferente Rafael González ante el novillo que cerró plaza, ejemplar también noble y con oreja que cortar. Trallazos hacia fuera, pico, pierna atrás, destoreo... Y estocada trasera después de pinchazo, que no fueron impedimento para que el paisanaje sacara el moquero y que los fulanos de las mulillas realizaran su bochornoso show de siempre para cazar media perra de parte de la cuadrilla. Don Trinidad, hoy en el palco, dijo que naranjas de la China, y Rafael González se quedó con las ganas de pasear otra oreja que hubiera supuesto una puerta grande, otra más, que calificarla de sonrojante hubiera sido quedarse corto. Salió a saludar una ovación tributada por el paisanaje, y cuando todo el mundo quedó callado y sin que nadie, a excepción de sus tres banderilleros, se lo reclamara, se pegó una vuelta al ruedo por toda la jeta, ya casi a plaza vacía.
Las Ventas, una vez más, mancillada por la concesión de otro despojo de pueblo y ovaciones y aplausos a cualquier cosa por muy chabacana y anti taurómaca que esta fuera. El aficionado de toda la vida mosqueado, y los del pueblo, tan contentos y felices poque su paisano "triunfó". Adaptando esta plaza a las cualidades de cualquiera que se viste de luces, en lugar del que se viste de luces de adapte a las exigencias y a las cualidades de esta plaza. Qué ruina. El próximo domingo, más autobuses, más paisanos, y más de lo mismo. Y así, hasta que en mayo los autobuseros echen el vuelo para dejar paso a los isidros. A ver quién son peores.
En fin, que ante este percal, el mismo de todos los domingos pero con caras y autobuses diferentes, los pocos aficionados habituales que quedan por aquí tomaron asiento con la esperanza de que la novillada de José Luis Pereda, uno de esos hierros que tantos dolores de cabeza ha provocado a lo largo de la inmensa mayoría de tardes que ha lidiado en Madrid, tuviera un desafortunado accidente genético y saliera más o menos decente. Y bien es verdad que la novillada, buena lo que se dice buena, no salió. Pero una de tantas borregadas inválidas que habitualmente lidia este ganadero, tampoco fue. Mansa fue como la que más, ninguno llegó a emplearse en el caballo, salieron todos cantando la gallina y hasta más de uno pegando una coz. Tampoco llegaron a doblar la pezuña ni a dar síntomas de invalidez, aunque bien es verdad que alguno de quedó sin picar. Y lo más importante, que para torear, más que menos, sí hubo ejemplares. Ya es algo, aun estando esto a años luz de la verdadera esencia del toro de lidia.
Ángel Jiménez, inhibido durante toda la tarde con el capote, sorteó en primer lugar un ejemplar bondadoso y carente de malas ideas; así como otro con más picante y que de tonto no tenía un pelo en cuarto lugar. Ante ninguno de los dos llegó a acoplarse. Sus dos faenas fueron calcadas y se caracterizaron por la falta de apreturas y de temple, los medio trallazos marcando las afueras a los novillos y, en definitiva, una total y manifiesta vulgaridad que aburrió hasta al más bondadoso espectador.
Como segundo espada del cartel se anunció un novillero al que apetecía verle después de su revelación en 2017 y en esta misma plaza. Pablo Atienza, desde luego, en la tarde de hoy no recordó ni por un momento a aquel novillero que el verano pasado causó tan grata impresión ante la parroquia de Las Ventas. El segundo de la tarde, muy poco sangrado en el primer tercio, noblote, soso y con la casta justa, iba y venía en la muleta sin transmitir la más mínima emoción; y Atienza, con semejante material, se embarulló en una larguísima y hueca faena de muleta. Muletazos por ambas manos, atropellados muchos, otros limpios pero pegando un feo tirón hacia fuera, cites quedándose en la oreja, abuso del pico... Vamos, la monofaena de todos.
El quinto también recibió poca cera en varas, llegando a la muleta con el gas suficiente para aguantar 20 arrancadas que bien podrían haber sido aprovechadas en otros tantos muletazos partiéndose el cuerpo y el alma toreando. Y para poco más. Si con el segundo novillo este novillero se pasó de faena, ante este quinto se sobrepasó. No sólo no aprovechó esas 20 arrancadas, sino que también estuvo muchísimo tiempo delante de un ejemplar que, aburrido ya de su matador, al igual que el respetable, acabó muy agarrado al piso y a la defensiva. Con la espada, mal.
Rafael González se las vio ante un bomboncito, el tercero, ideal para emborracharse toreando y hacer mil y una virguerías. ¿Lo hizo? Pues va a ser que no. Muchos pases, sí. El pendulazo de rigor para iniciar la faena, pues también. Las manoletinas con las que se cierran todas las faenas, tampoco faltaron. Y hasta la voltereta que terminó de calentar al personal y le hace entrar en la faena. Pero toreo, el toreo puro, el de verdad, el de adelantar la pierna y tirar del toro llevándolo detrás de la cadera, pues como que el día que explicaron eso en la Escuela él debía de andar o bien mirando a las musarañas, o leyendo un tebeo de Mortadelo y Filemón. Bueno, él y toda la clase, y en todas las escuelas de tauromaquia y de todas las promociones, a decir verdad. Faena que sirvió de homenaje a la tramposa y chabacana Tauromaquia 2.0, y que sólo cogió cierto vuelo, ante parte de la concurrencia eso sí, cuando el novillo se llevó por delante al chaval. Y como guinda al pastel, estocada tendida y trasera Y aunque fue surrealista, cayó la oreja. "La peor oreja que he visto concederse en Madrid en años", me escribe mi buen amigo Jorge por WhatsApp. Tal cual. Y no pasa nada. En Madrid se dan orejas por destorear y matar mal, y no pasa nada. Y encima hay que cerrar el pico. Callarse vaya, porque otro pico sí puede utilizarse sin que pase nada ni nadie pueda rechistar.
No hizo nada diferente Rafael González ante el novillo que cerró plaza, ejemplar también noble y con oreja que cortar. Trallazos hacia fuera, pico, pierna atrás, destoreo... Y estocada trasera después de pinchazo, que no fueron impedimento para que el paisanaje sacara el moquero y que los fulanos de las mulillas realizaran su bochornoso show de siempre para cazar media perra de parte de la cuadrilla. Don Trinidad, hoy en el palco, dijo que naranjas de la China, y Rafael González se quedó con las ganas de pasear otra oreja que hubiera supuesto una puerta grande, otra más, que calificarla de sonrojante hubiera sido quedarse corto. Salió a saludar una ovación tributada por el paisanaje, y cuando todo el mundo quedó callado y sin que nadie, a excepción de sus tres banderilleros, se lo reclamara, se pegó una vuelta al ruedo por toda la jeta, ya casi a plaza vacía.
Las Ventas, una vez más, mancillada por la concesión de otro despojo de pueblo y ovaciones y aplausos a cualquier cosa por muy chabacana y anti taurómaca que esta fuera. El aficionado de toda la vida mosqueado, y los del pueblo, tan contentos y felices poque su paisano "triunfó". Adaptando esta plaza a las cualidades de cualquiera que se viste de luces, en lugar del que se viste de luces de adapte a las exigencias y a las cualidades de esta plaza. Qué ruina. El próximo domingo, más autobuses, más paisanos, y más de lo mismo. Y así, hasta que en mayo los autobuseros echen el vuelo para dejar paso a los isidros. A ver quién son peores.
lunes, 9 de abril de 2018
DOMINGO VENTEÑO: SEIS GOLOSINAS DE RICARDO GALLARDO Y TRES PEGAPASES
Acudían esta tarde a Las Ventas los aficionados, los pocos que quedan, con la cosa aún presente de la notable novillada que lidió Fuente Ymbro en 2017 para abrir la temporada, hace ya un año. Cosas de la casta y la importancia del Toro, que suelen ser un buen reclamo. Y así es como fueron aposentándose estos locos, que aún creen en la regeneración del toreo, en el duro granito de la exprimera plaza del mundo, mezclándose un domingo más con los guiris, japos, yanquis... Y, por supuesto, con los güenos afisionaos (ya fueran estos venidos en alguno de los autobuses fletados por los novilleros, o bien porque les regalaron la entrada o el pase al callejón, consumición de gin-tónic incluida). En lo que respecta a los guiris, japos y yanquis, lo mismo de cada domingo: no duraron más de dos toros. Para los güenos afisionaos, tanto los de los autobuses como los del pase al callejón o al tendido por la gorra, seguramente cojonudo todo: aplausos a los mansos en el arrastre, berridos de bieeeeeeeeeeennnnnnnjjjjjjjjjjj y jaaaaaandaaaaaaaaaaa ante el más mínimo trallazo hacia afuera con el espinazo doblado, peticiones de oreja aun después de pinchar y cobrar acto seguido una estocada que ha caído en mal sitio y ha sido peor de ejecución, aplausos y más aplausos mientras el jeta de turno que, vestido de luces, pasa por debajo dando una vuelta al ruedo sin merecimiento alguno... ¡¡No podrán decir que se lo pasaron mal!! Lo malo es que quizás mañana se levantan con sequedad de boca, voz de cazallero, descomposición de tripa, dolor de cabeza, sed a todas horas del día... En solo una palabra, resaca. Al fin y al cabo, es el tributo a pagar por ser un güen afisionao.
Y para el aficionado, que al fin y al cabo es quien pasa por taquilla religiosamente sin importar la ganadería y la terna, si hace frío o calor; si llueve, truena o hace sol; el encierro de Fuente Ymbro se resume en un mojón la mar de hermoso, por descastado, por falto de poder, por manso, y por exceso, demasiado exceso a decir verdad, de nobleza y dulzura. Que como hoy en día solamente importa que los animalillos se dejen en la muleta de manera boyante y sin poner en apuros a los que visten de luces, igual la novillada ha sido hasta buena. Pero si hubiera que medirla por como se medían antaño las corridas, o sea por su comportamiento en el primer tercio, por su bravura y por la emoción que desprende la casta indómita de un toro de lidia, entre otras muchas cosas, la novillada de Fuente Ymbro ha sido vulgar, aburrida y caracterizada por la enorme falta de emoción. Que nadie dice que no se hubiera podido triunfar ante ella y haber estado bien, pero el Toro de lidia es otra cosa, la cual por supuesto se ha podido ver en esta ganadería.
En cuanto a los señores Isiegas, Ochoa y Téllez, los tres coletas de esta tarde, podría hacerse una observación parecida: si el toreo de hoy en día, eso de torear mejor que no se qué más, es pegar pases sin importar de qué manera, la valoración de sus actuaciones es más que positiva. O como diría un güen afisionao, "lohhh zavalehhh jan eztáo cunvre". Pero si el toreo se entiende por la compenetración de parar-templar-mandar, más cargar la suerte, los tres chiquetes de esta tarde han estado peor que mal.
Jorge Isiegas ha abierto plaza con un marrajo que no ha recibido mucho castigo en varas y ha destapado las vergüenzas de los de luces, fueran de oro o plata, cuando ha hecho hilo a los banderilleros Jesús Montes y José Antonio Prestel y nadie estaba presto al quite. El primero ha tenido que ser evacuado a la enfermería con una cornada, y el segundo ha recibido un varetazo que le ha mantenido fuera de juego durante su turno en este primer novillo, pudiendo volver a sus quehaceres en sucesivos turnos. Isiegas basó la primera parte de la faena a este ejemplar en la primera raya, donde el novillo tuvo algunas arrancadas boyantes y carentes de maldad que se fueron apagando. Se lo abrió más tarde a los medios, y el novillo dejó más patente aún su mansedumbre, a la par que Isiegas mostraba su vulgaridad y su pegapasismo en una faena que resultó ser tan larga que sonó el aviso cuando el chico cambiaba la ayuda por la espada de verdad. Mató de un feo sartenazo. En cuarto lugar salió el novillo con más pies de la novillada, que ofreció veinte arrancadas para estar mucho mejor de lo que estuvo, otra vez, Jorge Isiegas, que lo desaprovechó con una faena de destoreo basto y carente del más mínimo respeto por la torería eterna.
A Carlos Ochoa le llevan pregonando desde hace meses los voceros del sistema como futuro figurón del toreo y ese en quien gran parte del peso de la tauromaquia, en el día de mañana, recaerá. Y muy mal, pero que muy muy muy requetemal tiene que estar esto de los toros para que semejante conato de pegapases sea considerado el futuro. Y es que aquí el futuro se dedicó durante toda la tarde a pegar una ostentosa colección de trallazos embarcando al animal con los hilos que sobresalen del pico de su muleta y tirando al toro hacia fuera, sin colocarse en el sitio ni una sola vez (tan fue así que el vestido acabó limpito) y doblando el espinazo que hasta cualquiera de los presentes sentía dolor con tan solo contemplar tan esperpéntica escena de Tauromaquia 2.0. Y todo esto, ante dos animalejos que, por si hace falta decirlo, no se emplearon en varas ni una pizca y derrocharon una condición tan bobalicona y dulce como para haber triunfado rotundamente. Pero no dio para más Ochoa, que hasta haciendo un uso deficiente de la espada, se le pidió un despojo al doblar el segundo de la tarde que el debutante en el palco, el señor don José Magán Alonso, negó sin ningún género de dudas. Dio Ochoa una vuelta al ruedo bajo las protestas de parte de la parroquia.
Ángel Téllez debutó en Madrid embarullándose en una faena larga que no mostró ninguna característica diferente a la del toreo moderno ante el inválido y pastueño tercero. No menos larga y vulgar resultó ser la faena al novillo que cerró plaza, otro ejemplar con dulzura y manejabilidad más que suficiente para triunfar con rotundidad en Madrid, y con el que Téllez pasó demasiado rato delante pegando trallazos y aburriendo al personal. Nada, absolutamente nada que mereciera la pena en su actuación.
Tampoco lo mereció el conjunto de la tarde, la cual se caracterizó por la falta de casta y de poder que los aficionados esperaban de los novillos de Fuente Ymbro. Un puyazo en lo alto por parte de Marcial Rodríguez al segundo mientras tapabala salida fue quizás lo más destacable de tan aburrido festejo, en el que volvió a quedarse al descubierto, una vez más, lo rapidísimo que avanza la degeneración en la Fiesta. Con este futuro aguardando en la fragua de la novillería, no se puede esperar otra cosa.
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