miércoles, 18 de abril de 2018

SI BEBE, NO VAYA A LOS TOROS

"Si bebes, no conduzcas", rezan los anuncios televisivos y paneles informativos patrocinados por la DGT. Las consecuencias podrían ser terribles.

"Si bebes, no vayas a los toros", debería rezar en los carteles taurinos y en el reverso de las entradas de los toros. Las consecuencias son devastadoras. A los fabricantes y proveedores de alcohol no les haría demasiada gracia en verdad, sobre todo a los de ginebra. A los de tónica, seguramente que tampoco. Pero han de hacerse cargo de la situación. Que la Fiesta se va a la mierda, oigan.
Tampoco estaría de más, aprovechando la parafernalia que les ha entrado con la modernización de la Fiesta con cubrir las plazas de toros, poner butacas en el tendido, proveer a los porteros de lectores electrónicos para leer las entradas, y demás, poner en cada puerta, ahí al lado de los porteros, a los del Betis con un etiolímetro. Lo veo:

"Sople aquí... Muy bien, 0.0, individuo sin riesgo de pedir indulto y aplaudir hasta a los monosabios cuando ponen en pie al penco. Puede entrar caballero".

"A ver, usted, sople. Un poco más, un poc... ¡¡Hasta que yo le diga hombre!! A ver otra vez, no pare hasta que no se lo indique yo... Muy bien. Vaya, 1.03, le ha dado fuerte al gin-tónic, eh caballero. Así no puede entrar a los toros...". // "¡¡Cómo que no, oiga!! Valiente suflón es usté. Yo soy güen afisionao, ¿entiende? Y para que a uno se le catalogue como tar, no puede venir a los toros zobrio y zin haberze shutao un par de lingotazos de ginebra... ¿Cómo quiere usté que me den entonces el carné de güen afisionao?" // "¿Cómo es posible que siendo usted de la Castilla profunda, tenga cierto deje del Sur?" // "Pué hombre, porque ezo zale en er manuar de güen afisionao...". // "Vaya cogorza lleva... Pues así no puede entrar a los toros, señor mío".
Delicioso...

Lo sentirían también, y mucho, los taurinejos. Casi tanto como los proveedores y fabricantes de bebidas alcohólicas. Ya no solo porque sacarían menos perras procedentes de los vendedores de bebidas que pululan, antirreglamentariamente por cierto, por el tendido mientras el toro está en el ruedo. También porque, aunque suene a broma salida de fakes de Twitter, "No gin, no fiesta". O lo que es lo mismo,  sin gin no hay triunfalismo, y sin triunfalismo a ver cómo se vende que "la Fiesta vive un gran momento, se torea mejor que nunca, estamos ante el toro más bravo de la historia", etc.
Pero hay que ponerse en serio con este tema, porque los toros en verdad es algo muy serio, no puede convertirse la plaza de toros, sea cual sea, en un botellódromo en el que quien no viene de fuera con una chispa muy grande, se la coge dentro, ya sea porque la bebida la ha adquirido en el interior o porque en el chino de la esquina se ha comprado la litrona de Mahou o la botella de Brugal. No recuerdo yo en ir al cine o al teatro, y que gran parte de la sala esté bien azufrada, y aplauda entre acto y acto hasta al que sube el telón, porque "ha derrochao musho jarte en ello", o gritando a los actores biiiiiieeeeeeeeennnnnnnnjjjjjjjjjjj o jandaaaaaaaaa, hasta el punto de que el de la butaca de detrás, que ha entrado más fresco que una lechuga, sale también de grana y oro con sólo inspirar el aliento del chuzo de turno. Caso diferente el fútbol o el baloncesto, claro. Pero igual que no podemos poner a la misma altura a un torero que a un futbolista, ya que el primero sigue en su faena con el muslo rajado mientras el otro sólo con el roce de la bota contraria se retuerce de dolor, no pongamos a la misma altura la afición de los toros a la del fútbol.

Muchos, los taurinejos sobe todo, ven la solución de los males de la Fiesta en el triunfalismo, sea cual sea el precio. ¿De verdad le hace bien a la Fiesta indultar a un animalico que simplemente ha sido nobilísimo y dulce? ¿A un animalico que en el tercio de varas no ha hecho NADA? ¿Ese es el toro que se quiere, un toro bobalicón y que sólo se valorará positivamente si se ha dejado torear con mucha nobleza y clase? Porque si se indulta eso, es porque se quiere que sus futuros hijos tengan la misma cualidad. ¿Ese es el futuro de una ganadería y, en general, de la Fiesta?
¿Le hace bien a la Fiesta que la sola presencia de la nobleza y la carencia de casta y fiereza sea igual a la bravura?
¿Le hace bien a la Fiesta que el pegapasismo tramposo y aliviado a un animalico similar al antes descrito sea considerado "torear"?
¿Le hace bien a la Fiesta que se premien faenas como la anteriormente descrita, rematada además con una estocada que cae en mal sitio?
Para algunos, rotundamente, sí. Allá cada uno. En lo que a muchos respecta, eso es la degeneración de la Tauromaquia. El "todo vale" de toda la vida. "La gente ha sido feliz y se ha divertido, que es lo que cuenta". Pues nada, adiós a los viejos conceptos de la Tauromaquia. Adiós a importancia de los tres tercios de la lidia para determinar la verdadera dimensión del toro. Adiós al toro bravo, fiero y encastado. Adiós a cargar la suerte. Adiós a torear con la muleta plana. Adiós al toreo en redondo. Adiós a la suerte de varas, que ya no sirve porque la bravura moderna prescinde de ella. Adiós casi casi al toreo con el capote. Adiós a la importancia de la suerte suprema como colofón de una faena, qué digo, ¡¡adiós a la suerte suprema, que los antitaurinos dicen que si tal o que si cual y deja una imagen grotesca del toreo!! Al garete todo, que ya no hace falta. Ahora la gente que va a los toros es feliz con el prototipo de toro más tonto que Abundio que se traga una faena de dosmil pases sin rechistar. Es feliz con el toro justito de fuerzas y de poder. Es feliz con que no se piquen a los toros. Es feliz sin haber visto torear con el capote. Es feliz con el pegapasismo mentiroso de llevar al toro en línea recta y escondiendo la pierna. Es feliz con una estocada que ha entrado entera a la primera, aunque haya ido casi al costillar. La gente que va a los toros es feliz con todo eso. Pues muy bien por ellos. Pero ¿es que acaso hay gente que todavía va a los toros? En muchísimas ferias de España, desde luego, ya no se llena la plaza aunque toreen los que, supuestamente, tanto tirón tienen. Por mucho que los charlatanes y vendehumos quieran hacernos creer de que esto no es así. El aficionado de toda la vida se va. Se va cansado de tanto engaño, triste y renegando de algo que un día conoció totalmente diferente a lo que es hoy. Ese aficionado conoció verdaderos colosos del toreo que mataban y podían con todo tipo de ganaderías. Conoció la época en que un toro bravo se le consideraba tal porque resistía un tercio de varas en que se exigía un mínimo de tres entradas en las que se empleaba, porque tenía casta, porque solo se le podían pegar de 25 a 30 muletazos ya que no era tontorrón... Y ahora, pues eso. Abandona porque la antítesis a todo eso es lo normal y lo bueno. O lo cunvre, como se dice en el argot. Se aburre de los toreros que están como fabricados en serie, todos iguales y con el mismo repertorio. Se aburre de que los nuevos valores que salen de las escuelas solamente sepan copiar los malos vicios de las figuras. Se aburre de las torifactorías de nobleza empalagosa, tontuna bóvida y falta de poder para molestar lo menos posible al espada de turno. El aficionado de toda la vida abandona, hastiado de tanta mentira. Que, por otro lado, es lo que a los taurinejos las gustaría, que ese aficionado, por ende crítico y exigente, abandone y no moleste. Pero se van a ver solos en esta. Y se verán solos cuando llegue el día de defender esto de los ataques de los animalistas, y muchos digan tururú, que yo vuestro circo no lo defiendo ni por un sueldo de Nescafé.

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