lunes, 30 de abril de 2018

A VUELTAS CON EL NOVILLO DE MADRID

Esta historia cuenta cómo un ganadero que es requerido para lidiar una novillada con sello abrileño en Las Ventas acaba siendo blanco perfecto de los estómagos agradecidos del taurineo. Pasa que este ganadero conoce lo que es la seriedad y el sentido de la responsabilidad, cosa que supone una herejía en los tiempos de la Tauromaquia 2.0, y no se le ocurre otra cosa mejor que acudir a su cita con Madrid trayendo seis novillos bien puestos, fuertes, con cara, trapío, y que perfectamente hubieran pasado como corrida de toros en cualquier plaza de segunda categoría. Como debe ser, que para eso estamos Las Ventas, la (supuestamente) primera plaza del mundo. Qué menos que en este escenario las novilladas tengan ese aliciente de más con respecto a otros lugares. Pero pasa que este señor, por todo lo anterior, está siendo puesto de vuelta y media el día después de haberse lidiado sus productos. ¿Que cuál es el problema de que un ganadero se plante en Las Ventas de esta manera? Aparentemente, no debería de haberlo. Bueno, pues sí. Sí, por lo menos, para esa caterva ilustrada de rufianes que no han tardado ni doce horas en echar sapos y culebras a través de su pluma en contra del ganadero de Los Chospes, solo porque este señor ha venido a Madrid con una novillada ya cuajada y que honra la categoría de esta plaza. 

Vuelta a la misma canción de siempre. Se contratan novilleros poco o nada placeados y, en consecuencia, sin preparación para pasar el duro examen que supone Madrid (uno de los de ayer, Diego Fernández, al parecer se vistió de luces en tan solo en una ocasión la temporada pasada). Cada vez se dan menos novilladas y, por consiguiente, hay menos oportunidades para que los chavales cojan rodaje. Lo anterior, lleva a lo siguiente: en muchísimas ferias importantes ya no se programa ni una triste novillada (valga como ejemplo la próxima feria de Córdoba, plaza de primera categoría por cierto); y también el caso contrario: en muchas localidades pequeñas se programan carteles de figuras en lugar de novilladas, que sería lo suyo en realidad. Por no hablar de los festivales sin novillero, que son cada vez más habituales y, para colmo, su licitud es más que dudosa. 
Y una vez dicho esto, ¿quién tiene la culpa, a ojos de los taurinejos y sus voceros, de que los novilleros vayan a Madrid y se estampen contra una corrida de toros? Efectivamente, del novillo de Madrid, que es muy grande y no permite estar. ¿Se puede ser más fariseo? 

No, la novillada de Los Chospes lidiada en Madrid el domingo no fue "grande". Tenía trapío y el cuajo mínimo indispensable que una novillada debe tener para ser lidiada en Madrid. Que a algunos les parecerá lo mismo, seguro. Pero no lo es.

No, no es una salvajada que un novillero se las vea con un encierro así. En Madrid, por lo menos. Otra cosa sería si habláramos de... Valdecascote del Arroyo, sin ir más lejos. Lo que es una salvajada es hacer que un novillero venga a Madrid sin la preparación suficiente para vérselas con una novillada de Madrid.

No, el problema no es el novillo. El problema son los de siempre, los propios taurinejos. Los que permiten que no se den novilladas en ferias importantes. Los que quitan el sitio a los novilleros hasta en el lugar más recóndito de España solo para satisfacer su propio beneficio. Los que permiten que se den festivales sin novillero. Y con ellos, por supuesto, sus lacayos de la pseudoprensa taurina, que tapan todo ello. 

Y por supuesto que el ganadero de Los Chospes no ha cometido ningún crimen de lesa humanidad trayendo a Madrid tal novillada. Solamente ha cumplido con la exigencia de Madrid, ni más ni menos. Ni tampoco él tiene la culpa de que en Madrid hagan el paseo espadas que no están preparados para dar ese paso de gigante en el toreo. 

Dejen tranquilo al Toro, Rey de la Fiesta por antonomasia, y dedíquense a hacer autocrítica si de verdad quieren salvar nuestra malherida y querida Fiesta. 
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