lunes, 12 de junio de 2017

TRIGÉSIMO SEGUNDA Y ÚLTIMA DE FERIA: PETARDO DE MIURA COMO COLOFÓN

Mala, malísima. De las peores que se han lidiado en todo San Isidro, y ya era difícil realizar una "gesta" de tal magnitud. Y cuando encima se trata de una ganadería como Miura, de quien se espera mucho, duele el triple. Pero así las cosas, la corrida de Miura que ha clausurado esta birriosa feria de 2017 ha resultado ser un enorme petardo. Petardo por presentación, pues ninguno lució unas hechuras mínimamente dignas de lucirse en el alberto de Las Ventas.
Petardo por el juego ofrecido: seis borregos completamente inválidos, de los cuales dos volvieron por donde habían salido para ser apuntillados en la oscuridad del mueco, cuan vulgar ternera de carne. Y si los otros cuatro hubieran seguido el mismo camino, nadie hubiese puesto ninguna pega.
Y petardo el que tiró jocosamente, como manda la tradición en estos casos, el famoso Tendido 7 durante la lidia del sexto, y que resumía a la perfección el devenir de la última tarde de abono.

Con estos mimbres aguardando entre las sombras de los chiqueros venteños, trenzaron el paseíllo Rafaelillo, Dávila Miura y Rubén Pinar, y de quienes pueden sacarse conclusiones de lo más variopintas.
De Rafaelillo, que en la tarde de hoy se le vio un poquito más centrado que hace pocos días en esta misma plaza. Al primer inválido hecho novillo le trapaceó con cierta vulgaridad y sin apreturas por el lado derecho, así como que por el izquierdo tuvo grandes intenciones de realizar un conato de toreo, lo cual quedó en la nada a causa del nulo "oponente" que había delante. Al cuarto, también inválido hecho novillo, le pegó muchos pases sin pena ni gloria, hasta que en una de esas el animal se le coló y le propinó un golpe seco en el muslo, por el que tuvo que entrar a la enfermería al finalizar su labor. Después del golpe, trapazos con la mano derecha en uno en uno sin ningún fuste seguidos de algunos desplantes un tanto populistas que enardecieron a la masa. Poco más.

Lo de Dávila Miura fue cuanto menos irónico. Se anunció en Las Ventas tras once años retirado para celebrar el 175 aniversario de la vacada familiar, lo cual le fue agradecido con una ovación de la afición de Madrid al acabarse el paseíllo. Un señor que ya pasa de los cuarenta, retirado y con la vida más que resuelta, que se plante en la mismísima plaza de Madrid para dar cuenta de una corrida nada menos de de Miura, ¡¡de Miura!!, es algo digno de ser respetado. Y el hombre acabó sin dar cuenta de ninguno de sus parientes. Su lote se fue al corral, y fue sustituido por sendos sobreros de Buenavista y el Ventorrillo, respectivamente, que resultaron ser la antítesis de los toros de Miura. Ambos, bien presentados y cumpliendo en varas, tuvieron mucho que torear. El de Buenavista, boyante y sin comerse a nadie; y el del Ventorrillo, nobilísimo y con un punto de casta. Y se fueron sin torear por un Dávila Miura que pegó muchos pases sin pasarse a los bichos a menos de medio kilómetro, ni tener la más mínima intención de realizar el toreo.

Rubén Pinar, simple y llanamente, se estrelló con dos mojones de Miura, inválidos hechos novillos como no podía ser menos, y que dieron auténtica vergüenza. Como toda miurada al fin y al cabo.

Miura cabreó y decepcionó al personal en la última de esta feria de 2017, a la cual ya se ha catalogado desde los sectores del abrazafarolismo oficial como un ferión, la mejor de no sé cuántos años. Pues una de dos, o Simón Casas hace unos bocatas de jamón ibérico buenísimos a los cuales acompaña con el mejor de los vinos, o es que esta gente debería cambiar de camello inmediatamente. Así de bien va esto...

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