viernes, 19 de mayo de 2017

OCTAVA DE FERIA: ME CUENTAN QUE...

Pasan los días y la feria no remonta. Peor aún, va en caída libre. Me cuentan los amigos que han ido hoy a la plaza que, si ya estaban de malas pulgas antes de comenzar el festejo por culpa de la birria de corrida que coló Juan Pedro con el beneplácito de la Autoridad y los veterinarios, a la salida estaban que se comían a los leones vivos. Por todo: presentación de la corrida, juego ofrecido, nula casta, mansedumbre, ninguna faena, ningún torero que haya destacado de verdad, la suerte de varas como mero trámite... Y, mayormente, que ya llevamos con la misma canción una semana, y esta situación hastía, abochorna, cabrea y saca de sus casillas al más pintado. Pero oiga, que la culpa de todo es de quien protesta todo este desaguisado. Vamos, que el que paga solo tiene derecho a estar calladito y tragar con todo, sea lo que sea; pero el estómago agradecido que habla para la tele/portales/periódicos/sup***madre, y además vive de ello la mar de bien, tiene la razón en todo y lo que él dice va a misa. Anda que vaya banda...

Cinco mojones aprobados de Parladé (alguien me dice que cómo serían los rechazados), el segundo hizo trabajar por primera vez en esta feria a los berrendos de Florito. Dos de Paco Medina, herrados con el hierro de El Montecillo, que parecían los padres de los anteriores, pero cuyo juego no mejoró el panorama. El sobrero, estoqueado en quinto lugar por Fandiño, tuvo un peligro sordo, parece ser, porque no veía bien.

Curro Díaz, en su línea de elegantísimo y fino pegapases. Aburre, y mucho.

Fandiño sigue sin remontar. Cada día que pasa, se le ve más apático y desganado, como si la cosa no fuese con él. Una pena de alguien que tanto nos ilusionó en su día. La bronca que recibió en el quinto toro, el mismo del peligro sordo por no ver un mojón, quizás se presuma desproporcionada.

A David Mora le dieron un despojo del sexto, pero paradójicamente nadie comenta nada mínimamente destacable, para bien, de su actuación. Faena de medios pases citando al hilo del pitón, sin ninguna emoción y, ni mucho menos, toreo de verdad. Ay madre, Madrid...

De nuevo destacó Ángel Otero, quien por unos instantes calmó los ánimos en banderillas y puso a toda la plaza de acuerdo para bien. Por algo es uno de los mejores. Buena actuacion tambien con los palos de Víctor Manuel Martínez, quien derrochó vergüenza torera ante el peligro sordo del quinto.
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