martes, 2 de mayo de 2017

MINIFERIA DE LA COMUNIDAD DE MADRID: POCOS DOLORES

El regreso a Madrid de los toros de Doña Dolores Aguirre Ybarra fue una de las mejores noticias que los aficionados nos llevamos cuando Simón Casas pregonó a los cuatro vientos sus planes hace algunos meses. Cuántas tardes de gloria no nos habrá regalado la Doña antaño, con aquellos toros de pavorosa estampa y encastadas embestidas.
Esta mañana, emocionado ante el regreso de esta vacada a la Plaza de Madrid, no podía parar de pensar, sin ir más lejos, en su última comparecencia por aquí, un 9 de mayo de 2010, en pleno San Isidro. De aquellas tardes que uno recuerda con gran cariño, de las tardes que hacen creer aún más enfervorizadamente que la Fiesta de los toros es otra cosa muy distinta a la gran pantomima que hoy en día se vende como Tauromaquia. Claro, qué menos que pensar en que aquellas emociones iban a resurgir en la tarde de hoy, durante el segundo festejo de la Miniferia de la Comunidad de Madrid, qué menos que pensar en aquellos toros duros de patas, encastados como si se les fuera la vida en ellos, peleones hasta el último momento, los cuales hasta sacaban su nobleza cuando el de luces le hacía las cosas bien (que también los había quienes toreaban como los propios ángeles a estos toros, aunque algunos iluminados digan por ahí que es sería imposible torear bien ante esta bravura del Neolítico).

¿Que cómo resultó ser finalmente este esperado regreso? Pues un fiasco de enormes magnitudes, la verdad. Por lo menos, a ojos de este humilde servidor. Novillada de presencia desigual, destacando dos novillos, tercero y cuarto, que nunca, nunca nunca nunca jamás de los jamases debieron pisar el ruedo de Las Ventas. Bueno sí, como mucho en eso del Camino hacia Las Ventas que se celebra en la feria de Otoño. El resto, sin grandes alardes, no pasaron de presentación correcta. En líneas generales, la novillada salió, aparte de mansurrona, noble y sin comerse a nadie ni poner en grandes aprietos a los hombres de luces. Alguno, como el primero, sacó su casta; otro, el tecero, fue una perita en dulce que embestía sin hacer un mal gesto, un novillito de escándalo; así como segundo y cuarto, que también se movieron y dieron sus opciones. Pero, a fin de cuentas, de un hierro como este del que siempre se esperan grandes cosas, una tarde como la de hoy es inevitable que decepcione.

Mediocre la novillada, pero peor aún, para variar un poquito, los tres novilleros. Miguel Maestro, Javier Marín y Fernando Flores; un señor de 33 añetes y más de quince como novillero con picas, y dos chavales que están, como quien dice, empezando en esto. Ausencia de todo intento de lucirse con el capote, inhibidos durante la lidia, vulgares, pegapasistas y muy previsibles en todos sus quehaceres con la muleta; y espantoso el uso que le dieron a la tizona los tres. Nada nuevo sobre la mesa, novilleros con todo preparado y sin nada que dejar a la improvisación. Ningún resquicio de toreo de verdad en ninguno de ellos, solamente el pico, la pierna atrás, los cites al hilo, echarse a los toros afuera... Fotocopias los unos de los otros: los de hoy, con los de la semana pasada, y estos a su vez con los de la anterior, y así sucesivamente hasta aburrirse de tanto contar. No merece la pena extenderse una coma más.

Que la del 5 de junio salga con más casta.
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