domingo, 28 de mayo de 2017

DECIMOSÉPTIMA DE FERIA: ESPERPENTO MONUMENTAL

Esperpento por todos los sitios por los que se mire. Esperpento de corrida la de El Torero, de quien francamente se esperaba más, pero que ha mandado a Madrid una corrida de pésima presentación por fea, destartalada, grandota y, además, inválida perdida. Y, como para colmo de males, el señor presidente se debió de olvidar el moquero verde en casa, pues a tragarse saldos tetrapléjicos de veinte en veinte. Qué desastre.
A la corrida le faltó todas esas ricas cualidades que se le presumen al Toro, como lo son fuerzas, poder, pies, casta y fiereza, además de vista óptima al quinto toro; y les sobró borreguez, nobleza y tontuna, tanta como para llegar a creerse que Emilio Muñoz es torero de Madrid.

Mala suerte para quien confirmaba alternativa, el joven Francisco José Espada, que se llevó un tremendo golpe matando al toro de su confirmación de alternativa y fue evacuado a la enfermería, de donde no salió, con una fuerte conmoción. Antes de ello no pasó de discreto ante un animalito que iba y venía sin gracia ni maldad. Se le desea mucha fuerza y pronta recuperación.

Actuó como maestro de ceremonias Joselito Adame, mexicano que colecciona, según la prensa especialista y los voceros a sueldo, grandes hazañas en esta plaza. Esta tarde no fue menos, claro, pues se llevó una despojo tras una actuación de esas calificadas como cunvre. ¿Su mérito? Tirarse a matar sin muleta al sexto. Así, tal como suena. Y sin vaselina. Faena de trallazos hacia fuera, con la patita escondidita y citando desde el Pirulí. Y, salvo los pertinentes gritos de  biiiiiiieeeeeeennnnjjjjjjjjjj
y jaaaaandaaaaaaaaa que le tributaban sus allegados desde el callejón, y los cuatro vítores que le dedicaban sus más acérrimos partidarios desde el tendido, poca gente más le hizo el mínimo caso. Hasta que, una vez cuadrado el toro para ser estoqueado, soltó el trapito rojo y sin él que se tiró a matar en un gesto circense que poco, o mejor dicho NADA, tiene que ver con el toreo. Por mucho que no sea el primero en hacerlo.
Ante sus otros dos oponentes, faenas calcadas y de similar corte. Solo que el tremendismo que tanto gusta a los públicos no afloró, y nadie le tomó en cuenta a la hora de agasajarle. Lo dicho: esperpéntico.

Volvía Ginés Marín dos días después de su apoteosis en esta plaza, y como tal, se le esperaba con expectación. Pero la expectación se tornó en desilusión y frustración una vez dio cuenta de su lote. Su primero apenas podía sostenerse en pie, y la cara del chaval después de mandarlo al desolladero dejaba la impronta de un fuerte mosqueo. El señor presidente no anduvo fino, pero el chaval no quiso dejar de cuidarlo en el caballo y tanto él como sus banderilleros lo llevaron muy aliviado durante la lidia para evitar las caídas y, por consecuencia, la devolución. Igual es que algunos pecamos de mal pensados, pero no cuela, no. Ante este inválido, por lo poco que dejó entrever, dejó retazos de su personalidad y un toreo que quiere ir hacia adentro.
El quinto pareció tener problemas en la vista, y eso hizo imposible cualquier manera de lucimiento ante tal animal. Inédito Ginés de nuevo, dando así por concluida su exitosa feria. Es uno de los candidatos para ocupar la vacante del día 17 de junio en la Corrida de la Cultura. Suerte.

Una tarde que podía haber tenido interés, por toros y por alguno de los coletas, acabó siendo un aunténtico esperpento. Por toros, por despojos, por espectáculos circenses, y porque en definitiva aquí ya todo vale. Pero oiga, que si alguien se queja, ese osado va a los leones por reventador y por mar afisionao. 


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