miércoles, 24 de mayo de 2017

DECIMOCUARTA DE FERIA: SIN NOTICIAS DEL PRIMER TERCIO, PERO CON MUCHO QUE TOREAR

Para hablar de la corrida de Núñez del Cuvillo lidiada en la decimocuarta de abono, cabrían dos lecturas. La primera, según los cánones de la Tauromaquia 2.0 y del torito moderno, es que hoy se han lidiado algunos ejemplares muy aptos para torear bien y triunfar rotundamente. Concretamente el segundo, el tercero y el quinto. Que el cuarto y el sexto tuvieron muzha claze, pero poco fondo (o como quiera que lo llame a la falta de fuerzas el lametraseros vendido ese de Triana, a quien el dicho ese de "Se torea como se es" no parece hacerle ninguna justicia); y que el primero iba y venía con nobleza y bondad, pero le faltó más chizpita (parafraseando de nuevo a ese pagafantas al que tan mal le sienta que los aficionados se cabreen ante tanto despropósito).
Ahora bien, si tenemos en cuenta que la Lidia se distribuye en tres tercios y la suerte de varas SÍ IMPORTA, habría que decir que en la tarde de hoy hubo toros que, efectivamente, sacaron sus cosas y tuvieron qué torear, pero a costa de tratar a la suerte de varas como si fuera, con perdón, la última mierda del mundo. O sea, que la corrida ha salido prácticamente ilesa de los jacos, y eso ha sido clave para que los toros se vinieran arriba. Que oiga, la mayoría de los mojones que llevamos en esta porquería de feria, ni eso. Pero eso no quita para que se denuncie la inexistencia de algo tan importante como la suerte de varas, aunque tal afirmación le moleste a tal ganadero, a quien eso del primer tercio le importa un bledo. 

Ante tal encierro de Cuvillo se las vieron Juan Bautista, Alejandro Talavante y Roca Rey.
El gabacho, ante el peor lote, no pasó de aseadito y sin demasiadas apreturas, más peocupado por lo estético que por el toreo de verdad. Muy frío y pasando de muleta con aburrida facilidad al pastueño primero, y haciendo de enfermero ante el inválido cuarto. Lo dicho: aburrido.

A Talavante, después de lo acontecido hace algunos días, se le esperaba como agua de mayo esta tarde. Pero, francamente, no logró ni muchísimo menos estar a la altura de un lote de puerta grande. El segundo de la tarde se comía la muleta y quería todo por abajo, pero no era tampoco esa típica tonta del bote que, por tragarse, se podría tragar hasta que Emilio Muñoz, el tal Maxipedia y Manolito Caballero son la objetividad personificada. Nada de eso, pues ese segundo era un toro para, primero, poder; y después, enmendarse con él en una faena de veinte muletazos como mucho, matarlo bien y a por las dos orejas. Pero Talavante, centrado desde el primer momento en ponerse a pegar pases en lugar de hacerse con el toro más poco a poco, naufragó estrepitosamente. Apuntó algunas cosas por el lado derecho, hubo algunos remates y pases de pecho de categoría; pero a la faena le faltó ajuste, acople y temple. Y, en definitiva, rayar a la altura de las buenas embestidas del toro de Cuvillo.
El quinto tampoco fue moco de pavo, no. Pero a Talavante volvió a costarle mucho acoplarse al buen tranco que derrochó el animal. Trallazos fuera de sitio, enganchones, y hasta que en una de esas, por estar fuera de cacho y dejarse la ventana abierta, el toro le echó mano y le pegó la cornada. Después de esto, se levantó el hombre y, en caliente, dejó dos series de naturales que entonces sí recordaron mucho más al Talavante que todos esperamos. Buenos esos naturales, además de algunos remates de quilates, para acabar con el toro acto seguido de una estocada recibiendo que cayó, y nunca mejor dicho, en mal sitio. Oreja, protestada en gran parte por la mala colocación de la espada. Más Talavante el próximo 6 de junio ante la de Victorino Martín.

Al joven Andrés Roca Rey también le cayó en suerte otro toro de Cuvillo, el tercero, para un triunfo de los gordos. Pero se embarulló en una de sus típicas faenas de toreo lineal, trallazos, pico, pierna retrasada, más trallazos, más pico, más pierna retrasada, banderazos por arriba, por abajo, por delante, por detrás... Y las bernardinas como colofón, para no desentonar. Ay el chavalín del Perú, que está empezando ya a estar muy visto.
Al pobre lisiado que hizo de sexto se lo quitó de enmedio en menos que se presina un cura loco, como no podía ser menos.

Que en esta tarde hubo más contenido que en otras, no hay duda, fruto del interés creado por algunos ejemplares que, si no llega a ser por el simulacro que se hizo en el primer tercio, quizás otro gallo hubiera cantado. ¿Y los picadores, sobre todo esto, qué pensarán? A juzgar por su obstinado silencio, no parece que les importe mucho eso de tener que irse en breve a recoger aceituna para ganarse el pan.
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