lunes, 3 de abril de 2017

DOMINGO MADRILEÑO: TINTO CON CASERA

Dicen los que entienden del tema que mezclar un vino con agua es una mala, pero que malísima idea. Un sacrilegio. En el mundo de los toros, sin embargo, los que entienden del asunto dicen que la bravura del siglo XXI consiste en una nobleza empalagosa y carente de dificultades para disfrutar ante el animalito de turno. O sea, que en resumidas cuentas, en lo que a la Tauromaquia de hoy en día respecta, si uno quiere tener un futuro próspero y dichado criando toros de lidia, más le vale que la base de su hierro sea lo que en la enología se llama "echar agua al vino". Crimen en una, supervivencia en la otra. Buenas noticias entonces para don Álvaro Martínez Conradi, propietario de la ganadería de La Quinta, la cual, visto lo visto esta tarde en la novillada que ha lidiado en Madrid, ha demostrado que eso de aguar el vino, un muy buen vino por cierto y con muchísima calidad, es la base de su hierro. Por lo cual, le espera un futuro más que prometedor. Con ejemplares como los lidiados hoy en Las Ventas, no tardarán los figurones del toreo en rifárselos para hacer eso del mejor toreo de la Historia. Enhorabuena.

Novillada, pues, descastada y boba; aunténtica juampedritis teñida de cárdeno, en la que han salido algunos ejemplares para ponerse las botas pegando pases bien a gusto: un primer novillo inválido al que le han arreado, por decir algo, dos picotazos, en buen sitio y trasero, respectivamente, para llegar al último tercio siendo todo bondad y buenas intenciones; segundo, a los berrendos de Florito por tetrapléjico y sustituido por uno de San Martín, el cual tampoco estaba sobrado de demasiada fuerza y casta; tercero, orientado y con malas ideas, en gran parte por la mala lidia que recibió, y que mandó al hule al pobre García Navarrete con una cornada en el cuello y otra en el muslo, además de una fractura de clavícula
El cuarto se tragaba los trallazos de Vanegas de veinte en veinte sin siquiera inmutarse, con una caridad impropia del alma de Santa Coloma; y el quinto fue una perita en dulce con la que Ángel Sánchez se explayó a gusto. Cerró la tarde un remiendo de Rehuelga que derrochó más genio que otra cosa.

Y con estos seis señores encerrados en los chiqueros mientras esperaban su momento, hicieron el paseíllo Manolo Vanegas, viejo conocido por estos fueros, y los debutantes Ángel Sánchez y García Navarrete. Empezando por el final, al pobre Navarrete solo queda desearle una recuperación lo más pronta posible y mandarle muchos ánimos para salir adelante y volver a la cara del toro cuanto antes.

Manolo Vanegas toreó bien con el capote a sus dos toros de La Quinta y a ambos los tumbó con sendas estocadas en buen sitio y aún mejor ejecutadas, pero su actuación se puede resumir en un novillero que estuvo frío, fuera de sitio, vulgar y muy pesado ante un lote de esos para disfrutar. También se hizo cargo del remiendo de Rehuelga que le correspondió en el sorteo a García Navarrete, y al que se limitó a pegar banderazos de todos los colores mientras la parroquia pedía la hora. En resumen, más de lo mismo de siempre por parte de un Manolo Vanegas que ya tiene su alternativa a la vuelta de la esquina, y que mucho tiene que mejorar si quiere decir algo en el toreo.

Pero el verdadero protagonista en el día de hoy fue el otrora debutante, Ángel Sánchez, quien perdió el premio gordo por pinchauvas. Fue ante el quinto novillo, un ejemplar al que le fue simulado el castigo en varas, y que embistió al ralentí y sin echar un sólo gesto censurable. Para agarrarse un coma etílico toreando. Ángel Sánchez, que ya en el recibo capotero había dejado algunos lances a la verónica para enmarcar, tuvo un comienzo de faena, rodilla en tierra, que fue un deleite para los ojos. A ello le siguió una serie con la derecha despegada que dijo más bien poco, para después echarse la franela a la zocata sin dilación. Al natural, el chaval, sabedor del ejemplar que tenía delante, no tenía más que dejar la muletita en los hocicos de tan boyante animal y acompañar su despaciosa embestida. Dos tandas con la zurda a cámara lenta y, sin miedo a decirlo, descargando la suerte, perfilero y sin llevar al toro toreado en redondo. Ni uno en redondo. Ni uno solo, todo en línea recta y ayudándose en todos losnmuletazos con el estoque simulado. Volvió a la diestra, bajando el listón, para de nuevo coger la zurda y dejar otra serie al ralentí y, una vez más, citando perfilero y llevando al toro muy lineal. Y a matar, sin más, convirtiéndola en una faena corta, cosa de agradecer en tiempos de muleteos interminables. Buenos de verdad fueron algunos remates, pero al toreo fundamental le faltó, digamos, más clasicismo y pureza. Virtudes que sí demostró por momentos ante el segundo de la tarde, sobrero de San Martín, ante el cual estuvo valiente y tragando ante algunos parones y malas miradas con las que el animal le puso a prueba, amén de dejar algunos muletazos con la mano derecha gustándose y, esta vez sí, llevando al toro toreado en redondo. Como mandan los cánones del toreo verdadero.

Que sí, que eso de la nobleza y la toreabilidad puede ser que sea el futuro de la Tauromaquia, y que a los toreros les encanta, y que para crear jarte hacen falta encierros así. Pero unos pocos, que se niegan a evolucionar (seguramente por ser herederos legitimos del Hombre de Cromañon), siguen prefiriendo la casta, las malas ideas, los toros con poder, bravura, tercios de picas espectaculares, y todas esas cosas que son inviables para la Tauromaquia en el año 2017.

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