lunes, 27 de marzo de 2017

PRIMERA DEL AÑO EN MADRID: SE FUERON SIN TOREAR

La novillada soñada en el lugar soñado. Simple y llanamente, es lo que ha sido la novillada de Fuente Ymbro lidiada en el primer festejo de la temporada venteña y, a la postre, de la era Simón Casas como empresario de la plaza de Madrid. Una novillada ideal para un triunfo gordo en la mismísima plaza de Las Ventas. Ideal para alzarse figura novilleril e hincharse a torear novilladas y llegar a la alternativa siendo sensación. Ideal para torear a placer y demostrar que cuando se habla de X novillero es por algo...
Y que al final ha quedado en seis novillos por encima, pero que muy por encima, de sus lidiadores, los cuales no se han salido ni por un segundo de los cánones típicos del destoreo de moda a día de hoy, despojos y ovaciones aparte.

La novillada soñada ha lucido en el lugar soñado una estampa verdaderamente bella e irreprochable, un buen ejemplo de lo que debe ser el "Novillo de Madrid". Los seis novillos ya cuajaditos, con remate y que perfectamente podrían haberse lidiado como corrida de toros en muchas plazas de provincias. Es más, y aunque las comparaciones sean odiosas, algunos de los novillos de hoy parecían los padres de esos que se rifan por ahí los que hacen el mejor toreo de la historia. ¡¡Qué gusto una novillada así en Madrid!! De momento, Simón Casas recuerda dónde está. De momento...

La novillada soñada, esa tan magníficamente presentada, en el lugar soñado se ha ido al desolladero sin ser aprovechada lo más mínimo. Lo que la afición exigente llama "irse sin torear", a fin de cuentas. El primero salió de chiqueros ya dando muestras de debilidad y hubo que tratarlo en el caballo como si aquello fueran las urgencias del Doce de Octubre. Se vino arriba en el tercio de muleta para acabar embistiendo con dulzura en la franela de Pablo Aguado, quien lo pasó por ambas manos sin molestarlo mucho, llevándolo en línea recta, a media altura y poniéndose, eso sí, muy bonito. El novillero ya se confió con el capote demasiado cuando el novillo le achuchó durante el primer tercio, pero a la segunda, mientras lo sacaba de las tablas para cuadrarlo en las rayas de picar, volvió a confiarse y fue cuando el novillo no perdonó: voltereta muy fea que dejó una dramática imagen sobre el ruedo de un chaval inconsciente al que tuvieron que evacuar a la enfermería , donde se le diagnosticó un traumatismo craneoencefálico. Ánimos y pronta recuperación para él.

La novillada quedó pues en mano a mano entre Leo Valadez y Diego Carretero, a los cuales les habrán regado los oídos de elogios, piropos y grandes pronósticos de futuro de los cuales, si son chicos honestos y humildes, harán caso omiso y los utilizarán únicamente para mejorar. Y vaya si tienen que mejorar. De aquí a Roma cada uno, ida y vuelta.
Leo Valadez estuvo toda la tarde bullidor y en novillero, sin perdonar un sólo quite, y aprovechando la mínima oportunidad para dejar patente sus ganas de comerse el mundo. Pero de torear, lo que se dice torear... Más bien poco. Sorteó en segundo lugar un novillo al que habrá que apuntar su nombre, Adulador, número 104, para no olvidarse de lo que a buen seguro será uno de los ejemplares más destacados del año. Buena pelea en varas y excelentemente picado por ese buen picador que es Manuel Jesús Bernal. Una pena que el novillero no fuera tan amable de ponerlo una tercera vez en suerte. ¿Para qué, si eso es del milenio pasado? Se viene arriba el toro durante la lidia y llega al último tercio con un torrente a embestidas encastadas y humillando, mientras Valadez se las entiende y desea ahí delante con otro torrente de trallazos hacia fuera, escondiendo la patita (para variar) y sin ponerse en el sitio. Dejó, eso sí, dos trincherazos de aunténtico cartel de toros. Y el novillo, sin ser sometido ni podido, yéndose al desolladero con las orejas puestas en medio de una gran ovación que reconocía su brava condición.
Valadez dispuso en quinto lugar de un ejemplar que empujó con brío en la primera vara hasta el punto de descabalgar al montado, pero con mucho menos ímpetu en la segunda. Mucho que torear en el último tercio, pero Valadez en la misma línea que en su comparecencia anterior: pico, trallazos, pierna retrasada y hacia fuera. Todo hacia fuera, hacia donde el novillo decía, y no había donde le mandaban. Novillo, como el resto de sus cinco hermanos, que se fue camino de ser despellejado entre aplausos y sin habérsele toreado.
Aplausos también para Valadez conjugados con protestas de algunos aficionados que le reprochaban su destoreo.

Llegó Diego Carretero, natural de Hellín, con las maneras toscas y ventajistas propias del mejor toreo de la historia. Tres grandes novillos, tercero, cuarto y sexto, a los que un gran ganadero de otro tiempo hubiera calificado "tontos y sin frenos". Con más pena que gloria pasó ante los dulcísimos tercero y cuarto, unas máquinas de regalar embestidas de ensueño ambos. Ante el sexto, otro "tonto y sin frenos" que se repuchó en varas y hasta llegó a pegar una coz (a estas horas un servidor, que cada dia entiende menos de esto, aún está en shock después de soñar despierto que a tal ejemplar se le pidió con ímpetu la vuelta al ruedo), y llegó al último tercio sin parar de embestir. Carretero dió muchos pases, algunos corriendo bien la mano y despaciosos, pero desde Manuel Becerra, retorcidísimo y hacia fuera. Ni una vez en el sitio, y ni uno hacia adentro. Y como además sufrió una aparatosa voltereta, sin consecuencias por suerte, ni siquiera la estocada defectuosa que ejecutó fue impedimento para que se le concediera un despojo de autobuses, el primero del año, que dio aunténtica vergüenza ajena.

Así las cosas, si con esta pedazo de novillada los chavales se van sin reventar Madrid, ya pueden hacérselo mirar. Fue su gran oportunidad y en el lugar deseado, y no lo aprovecharon. ¿Qué más queréis para triunfar?
Publicar un comentario