jueves, 26 de mayo de 2016

VIGÉSIMA DE FERIA: NO HAY NOMBRE PARA CALIFICARLO

Llego a casa hundido, derrotado, asqueado, hastiado, cabreado... Me siento estafado, apaleado, engañado, robado, pisoteado, insultado, mofado; me siento, y como yo algunos aficionados más, hecho trizas. Apenas tengo ganas de escribir sobre lo de esta tarde, pero intento sacar fuerzas de la nada para hacerlo, porque deseo hacerme oír y dejar constancia de este esperpento.
Lo de hoy en Madrid no ha sido un petardo más, ni una tarde de figuras del montón, ni nada. No, lo de esta tarde ha sido la gota definitiva que ha colmado el vaso de despropósitos que la Tauromafia (toreros, ganaderos, apoderados, veedores, veterinarios y hasta la autoridad incluida) ha ido coleccionando con tanto esmero en los últimos años. Comencemos.

Corrida de Jandilla programada y que fue desembarcada el pasado lunes. Desde ese día llegaban de los corrales rumores (solo vivimos de rumores, dada la enorme transparencia de la que se hace gala por aquí) de que habían sido rechazados siete de ocho. Se cuenta que fueron reconocidos unos cuantos más de Jandilla, pero que no sirvieron (no sabemos si a los veterinarios o a los toreros).
En la tarde de ayer, a la salida del festejo, los rumores de que sería la de El Vellosino la encargada de suplir la de Jandilla cogen cada vez más fuerza. Y así fue, esta mañana, antes incluso del sorteo, ya sabíamos que se lidiaba la de El Vellosino , y que habría sido El Juli quien habría impuesto tal cosa, mientras que Miguel Ángel Perera se negaba en redondo. Pero, siguiendo la tónica del rumor, al final alguien medió y Perera acabó aceptando a regañadientes, y los de Vellosino se enlotaron y enchiqueraron a la hora reglamentada. Pero aquí no acaba la cosa, y esto ya es 100% verídico porque lo hemos visto todos con nuestros propios ojos, pero es que al ir mirando uno por uno los seis productos a lidiarse por la tarde, nos damos cuenta de que faltan dos toros que sí se llegaron a enlotar el pasado 10 de mayo, aquel día que finalmente la corrida fue suspendida por la lluvia. E indagando e indagando, observamos que fueron los toros n° 107 y n° 236, curiosamente los dos toros mejor hechos y más descarados de cuerna, entrando en su lugar los números 162 y 128, los dos primeros de hoy, y que eran dos aunténticos mojones, feos como ellos solos, mal hechos y muy pero que muy lavaditos de cara. Una nueva maniobra, parece ser, del Gallito del siglo XXI, el torero más ladrón y más golfo de toda la historia de la Tauromaquia, y del que son cómplices silenciosos tanto Miguel Ángel Perera como Alberto López Simón, por mucho que no quisieran en un primero momento los espantajos de El Vellosino.

El resto, ya se sabe. Empezaron a desfilar una por una las seis babosas de El Vellosino haciendo gala de una tontorronería desesperante. El Juli, a lo suyo. No da para más. Que se largue a los pueblos o que se cruce el charco, pero que nos deje aquí tranquilos porque no nos hacen falta ni él ni los que le comen el tasero. Ni a él tampoco creo que le haga falta Madrid. Aur revoir, Julián.
Perera, también a lo suyo, que es aburrir hasta a las ovejas con su desesperante vulgaridad y sus intermibles faenas de trapazos. Tampoco da para más, el hombre. Le quitan la alcachofa del morro y deja de dar juego.
López Simón se hinchó a pegarle muchos pases a la tercera babosa, y hasta le aplaudieron y le exclamaron biiiieeeeennnjjjj con mucho ahínco. Pero de casquería, nasti de nasti. ¿Porque pinchó o porque no hubo cogida? Conociendo cómo está la plaza de Madrid, no me aventuro a sacar conclusiones. El sexto, con medio palmo entre pitón y pitón y más feo que unos calzoncillos blancos usados seguidamente durante una semana entera, fue sustituido por un sobrero de Domingo Hernández (los Garcipequeños de toda la vida, vaya). Tuvo su aquel el toro con la muleta, y ante él, Alberto López Simón pasó un quinario. Latigazos al hilo del pitón, perdiendo pasos mientras el animal pasaba, falta de acople... Y las vergüenzas de tan pésimo torero, al descubierto. La sensación en el tendido fue que el temible garcipequeño se iba sin torear, y que si hubiera habido cornada, entrada al hule, y salida triunfal de él por medio del ruedo y con ese misticismo tan teatrero del que hace gala a la perfección este jovencito, a estas horas se estaría hablando de dos orejas, un rabo, y tres o cuatro patas cortadas.

Y entre medias de todo esto, el público aplaudiendo todo tan feliz de la vida y mosqueándose cuando a algunos no nos da la real gana de tragar con tanto despropósito. Y eso que en el día de hoy aquí ha sido estafado todo quisqui, hasta el Emérito, quien un día más nos honró con su presencia en la meseta de toriles. Y los de la tele y los portales, ganándose el jornal la mar de bien tapando todo y echando la culpa a los que nos jode que nos pisoteen de esta forma. Un día más, DE LOS ANIMALISTAS ME RÍO YO...
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