martes, 3 de mayo de 2016

LA GOYESCA MADRILEÑA: POCO TORO Y CERO TORERÍA

Tal día como hoy de hace veinte años, Joselito (el autoproclamado como El Verdadero) regaló a la afición madrileña una tarde de toros memorable, de esas que quedan guardadas con enorme afecto en el corazón del buen aficionado. Y hoy, para conmemorar alguna forma aquella tarde, se quiso contar para esta corrida goyesca del 2 de mayo con el protagonista de tal hazaña, pero esta vez ocupando otro rol diferente: el de ganadero.
Dice el tópico que quien ha sido gran figura del toreo nunca llega a a ser figura de los ganaderos, pero veo el caso de Joselito (el Verdadero) como una excepción. Y es que después de dar cuenta en esta tarde de las viandas que se cuecen en casa del maestro, le auguro un gran porvenir como ganadero de aquí a poco tiempo, sobre todo en carteles y ferias de postín, dando disfrute a los del "mejor toreo de la historia" y los grandes aficionados. 
Trajo el maestro a Madrid una corrida desigual, con algunos ejemplares como el 4° y el 5° de buena presencia, otros más justitos y dos impresentables (2° y 3°) para una plaza a la que algo de categoría (solo algo) le queda aún. El primero y el segundo regalaron ambos una veintena de francas embestidas, el tercero fue un nobilísimo ejemplar para soñar el toreo, los corridos en cuarto y quinto lugar (curiosamente los de mejor presencia) querían, pero la flojera de remos se lo impedía, y el sexto tuvo otra docena de embestidas antes de que se rajase y su matador le terminara de aburrir a base de circulares y arrimones. 

Miguel Abellán, elegantemente vestido y con un peinado que recordaba mucho al maestro hecho ganadero en el día de hoy, no se hizo con el primero, que tuvo dentro mucho más de lo que su matador mostró. Fue una faena de mucha pose joselitista, sí, y de un postureo elegantísimo también. Pero pasa que ponerse bonito no es torear, claro está, y entre trallazo y trallazo, y enganchón y enganchon, el torito echó el cerrojo y dijo hasta aquí. Al cuarto las pocas fuerzas le impedían sus nobles intenciones de dejarse torear, y aquí Abellán hizo gala de nuevo de un pegapasismo burdo y tedioso culminado, cómo no, con el típico arrimón. El viernes más por su parte, supongo.

Lo de Iván Vicente ya empezó mal desde el momento en que decidió calzarse esas antiestéticas medias negras para parecer goyesco. Y es que según se cuenta, en tiempos de don Francisco el de los toros este tipo de atuendo sólo eran utilizados por las monjas y las chicas de compañía. Ahí queda eso. 
La cosa siguió por los malos senderos cuando dejó sin aprovechar otro ramillete de buenas embestidas del que hizo de segundo, que también acabó aburrido, como gran parte de los presentes, de la enorme vulgaridad y del neotoreo 2.0. 
El quinto toro hizo una pelea interesante en varas, pues empujó con brío en el primer encuentro y se arrancó con alegría y prontitud cuando Héctor Vicente, que picó en el sitio y fue muy aplaudido por ello, lo llamó para acudir por segunda vez, en la que el animal volvió a cumplir. Pero todo se fue al garete en el último tercio a causa de la escasa fortaleza del animal que también quería pero poco podía. Vicente, de nuevo, por allí con una faena larga e insustancial que no dijo nada. 

Y por último Juan del Álamo, un diamante en bruto dotado de unas excelsas cualidades de las que muchos no conseguimos percatarnos ni aun queriendo. Qué más quisiera yo ver un elegantísimo toreo donde simplemente veo a un señor retorcerse y tirar trallazos hacia fuera, lo mismo supongo que los que protestaron la concesión de tan verbenera oreja al buen tercero. Qué le vamos a hacer...
Y es que del Álamo se vio desbordado con creces por un novillote que embestía una y otra vez dulcemente y sin un mal gesto. Como se suele decir, para hartarse a torear. Y toreo no, pero destoreo para dar y regalar. Y como colofón, una estocada caída y trasera, pero como lo que cuenta aquí es que la espada entre a la primera y el toro caiga, no fue impedimento para que la gente sacara los pañuelos para pedir el despojo. Y como además se juntó el hambre con las ganas de comer, o lo que es lo mismo, la fiebre ojeril con el señor Cano Seijo, don Javier, ocupando el trono presidencial, el despojo cayó y fue paseado entre protestas y negaciones de los aficionados. No tuvo la misma fortuna de encontrarse en sexto lugar con otro bomboncito al que dar el coñazo. Más al contrario, fue un toro que en las dos series que tuvo fue correoso y bravucón, hasta que cantó la caponata. Ya en tablas, del Álamo empezó con los pertinentes arrimones y circulares de siempre por si colaba y caía el despojo definitivo que le abriera la puerta grande (chica), pero la gente ya estaba más por irse a casa que por aguantar lo mismo de siempre. 

Total, que Joselito (el Verdadero) celebró su particular aniversario con una corrida boyante que derrochó cualquier cosa menos lo principal: casta y bravura, con algunos ejemplares para torear bonito y un tercero para tener un empacho y reventar aquello. Pero nada de ello pasó, claro está. 

Hasta el próximo viernes, que vamos a saber lo que es un empacho de verdad...
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