miércoles, 25 de mayo de 2016

DECIMONOVENA DE FERIA: CULMEN DEL TRIUNFALISMO MÁS APOTEÓSICO

Si hay algo que tengo muy comprobado en mi parca experiencia como aficionado a los toros, eso es que para ser ganadero de bravo hace falta ser un genio y desprender arte a raudales. Que se lo pregunten si no a los Lozano, propietarios de la ganadería de Alcurrucén, que si bien hace cuatro días escasos nos colaron una borregada en tarde de glamour, en la tarde de hoy, con un cartel más modesto, han echado seis toros que han sido la antítesis de aquellos seis zopencos con cuernos. ¡¡Pues cualquiera les echa a los del mejor toreo de la historia una corrida como la de hoy!! Cada ganadero sabe perfectamente lo que tiene en casa, y los Lozano, con tres hierros en propiedad, más de un millar de cabezas de ganado en su haber y variedad para todos los gustos, saben perfectamente en qué momento tienen que mandar esto de aquí y en qué otro momento ofrecer eso de allá. Lo dicho, qué genialidad. 
La de hoy, ya digo, la antítesis total de lo del otro día: escalera a corrida, con algunos toros más armónicos y poca caja, como manda el prototipo Núñez; y otros más grandotes, destartalados y descarados de pitones. Interesantísima fue la condición que estos desarrollaron, los tres primeros fueron unos animales encastados y con muchísimo que torear; bajó el asunto considerablemente con el marrajo cuarto y el soso quinto, para acabar la corrida con un sexto toro que también sacó sus cosas y tuvo muy buenas maneras de embestir. 

Urdiales ha echado una feria lamentable. Apático, desganado, pasota total y sin apenas ganas de complicarse. El encastado primero tuvo muchísimo que torear y desbordó por todos sitios a su matador, que las pasó canutas ahí delante, sin confianza ni arrojo, sin colocación, sin mando, sin ideas... Pena de toro, en resumidas cuentas.
Se inhibió Urdiales de la lidia del manso que salió en cuarto lugar, al que nadie consiguió fijar en los engaños con una pizca de inteligencia lidiadora. Cinco veces lo metieron al caballo y cinco veces salió de najas nada más sentir el palo. Y con la muleta, el animal ya solo quería la puerta de toriles, pero Urdiales no estaba para esos trotes de quitarle la querencia al toro e intentar meterlo en el canasto. Vamos, que no lo quiso ni ver, y después de quitarle las moscas a base de banderazos, terminó pronto con él. ¿Qué ha pasado con Diego Urdiales esta feria? ¿El hecho de verse en la FIT le ha hecho acomodarse en exceso? 

David Mora volvió a la plaza donde casi pierde la vida una tarde de hace dos años, y Madrid, que tiene memoria, le quiso recibir con el cariño oportuno al romperse el paseíllo. Pero después de eso, había que ponerse y torear, y claro, aquí llega el lío. 
Recibió al primero con verónicas llenas de voluntad, de manos bajas y relajadas. Se picó con Roca Rey en quites: el primero dejó algunos banderazos que, supongo, intentaban ser saltilleras (qué raro, Roca Rey toreando por la espalda), y Mora contestó también con el capote a la espalda, pero pegando latigazos que, me imagino, querrían ser gaoneras. 
El toro se arrancó pronto y con alegría en la segunda vara, e Israel de Pedro le propinó un puyazo de bandera, pero el animal, más que empujar, pegó arreones y cornadas al peto en ambas entradas; y para colmo, del primer encuentro salió pegando una coz. Muy lejos queda una pelea así de la bravura. Ángel Otero lo bregó con mucha solvencia, y el animal quedó para la muleta con una embestida de lujo. Mora se empeñó en recibirlo con el pendulazo en las rayas de picar, pero el viento le jugó una mala pasada y el animal le propinó un golpe feísimo. Una vez repuesto del porrazo, toreó por estatuarios, y remató con dos trincherazos y otros tantos pases del desprecio de cartel. A ello le siguieron tres series despaciosas con la derecha que pusieron la plaza bocabajo, con el animal embistiendo con mucha nobleza y su punto de casta y emoción. Pero un servidor, que no se deja llevar una pizca por las emociones del momento y solo se fija en el cómo, vio en David Mora el mismo torero ventajista que ha sido siempre, citando al hilo con el pico de su descomunal muleta y descargando la suerte con mucho descaro. Después de esto, se echó la muleta a la mano zocata, y dejó algunos naturales que también fueron muy jaleados, pero donde faltó la verdad, la verdad de echar la pata adelante y llevarse al toro toreado hacia detrás de la cadera, y no pases lineales siguiendo el recorrido que le marcaba el toro, lejos de marcarle al toro el recorrido que tenía que hacer. Después de esto, se fue por la espada y, antes de la estocada, dejó otra serie de naturales con la mismas carencias antes descritas. Y claro, la espada entró a la primera (no importó dónde, como es costumbre) y dos orejas muy benévolas cayeron. Y me pregunto yo, si en vez de llamarse David Mora, eso mismo lo hace uno llamado Pepito Pérez. ¿Hubiera sido todo igual? 
Pero lo más delirante de todo fue la surrealista vuelta al ruedo concedida al toro. Sí, fue un gran toro en la muleta, pero ni siquiera llegó a cumplir en las dos varas que tomó. Y eso del caballo, llámenme anticuado, para una vuelta al ruedo en Madrid es sagrado. Y una vez más, un presidente se lo vuelve a pasar por el arco del triunfo. Pues nada...
El quinto fue un animal soso e insustancial como él solo. Mora lo intentó por ambos pitones, pero con dos orejas ya en el esportón, pensaría que se complicara la vida otro, y se lo quitó del medio prontito.

Y Roca Rey, gran exponente de la excelsa torería moderna y la chabacanería vestida de luces, demostró en esta tarde sus múltiples carencias ante dos animales que no eran el carretón de turno que tanto gusta hoy en día. El tercero, un toro con su casta y su mucho que torear, al que el bueno de Andrés pegó trallazos de mil colores con sus clásicas maneras 2.0 y sus arrimones, y hasta algún pase de esos por la espalda para no perder la costumbre. Pero de torear y de poder al animal, pues como que no. El sexto se repuso de un calambre que le pegó en el primer capotazo, y acabó siendo un animal complicado al que había que dar distancia, tiempo y mucho mando. Roca Rey empezó, raro en él, con el cambiado por la espalda, y realizó una faena laaaaaaaaargaaaaaaaaa ahogando la embestida del toro, pegando trallazos hacia fuera y terminando con el arrimón de siempre. ¿Y alguien se extraña de que a este hombre se le vayan dos toros complicados con mucho que torear? Pues... ¡¡No!! 

Al final de la tarde, a David Mora se lo llevaron en hombros en dirección la calle Alcalá, y a él, después de lo mucho que habrá pasado, le tuvo que saber a gloria. Pero a quien tiene la firme convicción de que torear es algo radicalmente diferente a lo hecho ayer por Mora, le dejó bastante indiferente.
Y Malagueño,  n° 1, que ahora mismo estará hecho filetes en alguna galería comercial de Madrid, recibió unos honores que no mereció. Cuanto menos, la tarde de ayer fue el culmen del triunfalismo más apoteósico. 
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