domingo, 9 de agosto de 2015

LAS VENTAS, EXPRIMERA PLAZA DEL MUNDO POR EXCELENCIA

Segundo festejo de agosto y primera corrida desde que terminara la feria del Santo Patrón. Es decir, dos meses después, volvemos a tener una corrida de toros en Madrid. No está mal, oigan, sobre todo si tenemos en cuenta que ya no hablamos de la primera plaza del mundo, sino de la exprimera plaza del mundo. ¿Tal vez podemos estar hablando de la sucursal de Benidorm? Como me parece muy raro que en Benidorm sean tan tontos como para cambiar su gran playa por un antiespectáculo como el de hoy, esto quedaría en algo así como una mezcla de las plazas de... De... De...  ¿Soto del Real, Tobarra o San Fernando? ¿O las tres a la vez? Por decir los primeros ejemplos que se me vienen a la cabeza.

Y para la primera corrida de toros tras dos meses, contó nuestra querida Taurodelta con el hierro de Gavira, de la cual solo se enlotaron cuatro toros por la mañana; y de cuya presentación diremos simplemente que hemos tenido toros más feos y peor presentados. A ninguno de ellos hizo falta picarlos, para ser fieles a la tradición, y llegaron al último tercio suavones, nobles y manejables. Remendaron el sexteto dos de Carriquiri, 4° y 5°, que parecían el nieto y el abuelo, respectivamente, y con un comportamiento de aunténtico morucho de carne.

Y con ellos se vieron las caras Iván Vicente, Rubén Pinar y David Galván, acompañados los tres por una bonachona legión de paisanos que se nota que quieren a sus chicos una barbaridad.
Iván Vicente cortó una oreja con lacito rosa del primero después de una faena muy al uso moderno y una estocada trasera. Faena de cortes similares al cuarto, de Carriquiri, y del cual se privó de otra oreja con lacito por su reiterado fallo con la espada. Muchos pases, sí. Muchos bieeeennnjjjj desde los tendidos, pues también. Toreo e interés, cero patatero.
Rubén Pinar, a quien desde los tendidos se le decía jocosamente Julián y a saber por qué, estuvo a punto de ser agasajado grotescamente con uno, e incluso con dos despojos, si no llega a ser por su mal uso del verduguillo. A su faena no le faltó de nada: miles de pases metiendo el pico y descargando con mucho descaro, desplantes, las clásicas bernardinas con las que todos nos dan la murga, banderazos con la mano derecha después de tirar al suelo el palo que hace de ayuda, el aviso y hasta porrazo. Qué gozo para el que le guste lo circense. Tuvo el chaval de Tobarra una actuación más seria frente al quinto, un grandullón de Carriquiri que, lejos de embestir, topaba, y con el que el matador tiró de él en algunos muletazos de mano baja con mucho mérito.

Y por último, David Galván, que si bien solo mostró vulgaridad y pesadez ante el 3°, ante el que cerró corrida  demostró que ni tiene una pizca de dignidad ni conoce el significado de la palabra. El toro se partió el asta desde la cepa, y lo suyo hubiera sido acabar con él desde el primer momento, por dignidad, por vergüenza torera y sobre todo por no seguir dando argumentos a los fans de Bambi. Pero el chavalín, como no sabe nada de esas cosas, hala ahí a dar pases y pases sin fundamento ni fuste alguno al pobre animal con una de sus defensas colgándole feamente. Y el niño seguro que luego pedirá esa palabra tan en boga que es "respeto". Pues con esas, ya puede largarse adonde el viento da la vuelta.

Una tarde caótica más para la colección, la cual demuestra que Las Ventas ea exprimera plaza del mundo por excelencia.


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