lunes, 27 de julio de 2015

APUNTEN: SE LLAMA VÍCTOR TALLÓN

No sé qué se me habrá pasado a mí por la cabeza esta tarde para cambiar la siesta, el piscineo y los mojitos por una novillada de esas que nuestra querida Taurodelta nos prepara a lo largo de la temporada de estío. Supongo que, más que por la cabeza, lo que se me ha pasado ha sido por las venas y se trataba de ese veneno que nos une a nuestra maltratada Fiesta. Pero el caso es que hoy me ha dado por asistir a la última novillada de julio, en la que se acartelaban tres chavales con apenas rodaje, y una ganadería de esas que tanto nos ponen en Madrid y pocas alegrías nos ha dado. ¡¡Si es que bendita es la afición que tenemos!!

Los cuatro novillos de Araúz de Robles, lidiados en los cuatro primeros turnos y tan bonitos como acostumbra este ganadero a presentar, han tenido de todo. Mansos y con pocas ganas de ver al jaco todos, los dos primeros nobles y de poca transmisión, un tercero encastado, con mucho que torear y que mantuvo el interés en el ruedo; y un cuarto que se dejó torear sin poner muchas trabas. Remendaron la novillada dos ejemplares de José María López, quien en sus años como matador se anunció como "El Jose" y al que sus conocidos y allegados conocen cariñosamente como "El Cabra". Estos dos remiendos, de exquisita presentación el quinto y horripilantemente alto y asardinado el sexto, salieron del caballo dando coces; flojo aunque con cierto afán de embestir el quinto, y para haber sido condenado a banderillas negras el sexto, el cual tampoco quería comerse a nadie. Con este plantel ganadero, se presentaron en esta plaza Martín Campanario y Lorenzo Sánchez, acompañados por Víctor Tallón. Cuatro, tres y dos actuaciones en 2014, respectivamente. Cualquier día de estos Taurodelta nos acartelará a algún aficionado práctico, aunque bien es cierto que viendo a algunas de las delicatessen con las que nos agasajan, uno hasta duda.

Empezando por el final, que ha sido lo más ilusionte de la tarde, decir que Víctor Tallón se mostró con el poco oficio que le es propio a un novillero que, desde que debutó con picadores hace tres años, no llega a las diez actuaciones. Sucumbió ante las dificultades obvias de todo animal encastado que le propició el tercero, que no se cansó de embestir y fue un novillo muy interesante en la muleta. Con el quinto tuvo el dilema de que si subía la mano, como así fue toda la faena, el animal protestaba; y si la bajaba, se iba al suelo. Ahora bien, es justo romper una lanza a favor del chaval, porque en plena vorágine del destoreo más burdo, que un chiquito, adelante la muleta y la ofrezca de buenas maneras, cargue la suerte, no se retuerza y vaya con intenciones de rematar el muletazo atrás, es para tenerlo en cuenta y quedarse con ganas de volver a verlo. Así es el concepto de Víctor Tallón, clásico y con destellos de pureza. Aunque le falte mucho rodaje aún, cosa lógica en alguien que torea poco. Si esto fuera como debiera ser, en su próxima comparecencia en esta plaza ya estará mucho más rodado. Esperemos...

Lorenzo Sánchez salió con mucha disposición ante el único novillo que pudo estoquear, casi tanta disposición como que mostró la enorme legión de seguidores que poblaron gran parte de los tendidos 8, 9 y 10, quienes parecía que venían de festejar el último Mundial que ganó la Selección y aún les quedaban ganas de fiesta (que no la de los toros precisamente). Se equivocaron de lugar, sin duda.
El chaval toreó aseado con el capote, y tuvo un bonito comienzo de faena con la rodilla en tierra. Hasta ahí vimos. El chaval, con mucha disposición eso sí, pecó de falta de oficio, de colocación y de seguridad. Y así fue como llegó la fea cogida, de la que salió con una cornada de 15 cm en el muslo y un porrazo tremendo. Aguantó hasta matar al toro, se le pidió el despojo como no podía ser menos, el presidente, con mucho criterio y acierto, desatendió la petición; dio la.vuelta al ruedo y se metió a la enfermería. Y hasta aquí podemos decir de su actuación.

Y luego, Martín Campanario... Una cosa es tener poco rodaje, estar verde, poco toreado, poca experiencia, nulo oficio; y luego está lo de este señor, cuya actuación en otro tiempo hubiera sido para ir de la plaza al calabozo y pasar la noche allí. Lo único que enseño el con su curioso capote fue que una de dos: o las vueltas estaban muy gastadas, o es que le gusta llevarlas de color marfil. Porque su inhibición en los dos primeros tercios de los tres novillos que estoqueó fue total. Mero espectador de todo. Dos capotazos, como mucho, para recibir al toro, y quitarse rápido de allí para delegar todo al banderillero, incluido poner en suerte y sacar al toro del caballo. Como si la cosa no fuera con él. Cualquier japonés de los que nos visitan domingo tras domingo estuvo más metido en la lidia que este sinvergüenza vestido de luces. Sinvergüenza tanto él, como el que le recomendó para torear en Madrid, como el que le incluyó en el cartel. Todos se llenaron de gloria esta tarde. Suerte para él que los dos ejemplares que le cupieron en suerte por la mañana no se dieron demasiada guerra, porque sólo Dios sabe qué hubiera podido ocurrir. Peor fue en el que mató por Lorenzo Sánchez en último turno, un novillo que si le hubieran condenado a banderillas negras no hubiera pasado nada, y que tuvo más motor que los otros dos, pero tampoco sin pegar demasiados bocados. Cada cite, cada arrancada del animal, cada embestida, cada trapazo, suponía un verdadero suicidio para el novillero. Hubo un momento que hasta quedó acorralado contra las tablas, como quien se pone por primera vez delante de un animal de casta. ¿De qué bombero jubilado ha sido la idea de traer a este chico a Madrid? Y además, mató  de un feo bajonazo, y la bronca que le cayó fue mayúscula. ¿Qué pensarán los turistas al ver todo este esperpéntico espectáculo? Tiemblo de solo pensarlo.

Al final, además de bochornosos, hubo momentos de cierto interés en el ruedo, cosa que no todos los días se ve. Y mucho menos por un novillero que le da por querer torear de verdad, aunque aún le falte mucho camino por recorrer. Apunten el nombre, que aquí puede haber torero: se llama Víctor Tallón.




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