lunes, 8 de junio de 2015

RAFAELILLO vs INJURIADO, O EL MILAGRO DE TOREAR

Qué mal encaminada iba la tarde de los miuras al arrastre del tercer toro. Muy pero que muy mal, tanto que se vislumbraba en el horizomte un nuevo petardo ganadero. El primer toro de la tarde se le vio blando desde que Florito le puso la divisa, toda la plaza excepto el insigne funcionario que habita en el palco, don Julio Moreno Martínez, que después de ver cómo al tetrapléjico miureño le simulaban el castigo y se reclina varias veces durante la lidia, no tuvo inconveniente en permitir que el pobre bicho siguiera en el ruedo. El segundo fue el típico miura incierto que no regalaba ni las buenas noches. Tardeaba una barbaridad a la hora de arrancarse, pero el animal no volvía la cara y siempre volvía a estar, sobre todo por el lado izquierdo, porque por el derecho el tío sabía hasta hablar en arameo antiguo. Su matador, que por si hace falta decirlo fue Castaño, le dejaba la muleta por las nubes y provocaba él solito las tarascadas del de Zahariche, pero el animal embistió de otra forma en el capote del peón de brega, que por si también hace falta decirlo, fue el señor Marco Galán, a quien por cierto mandamos un abrazo y le deseamos una pronta recuperación tras cornada en el quinto. Y al tercero, se les juntaron el hambre con las ganas de comer. O lo que es lo mismo, su evidente flojera de remos con el pavor de Serafín Marín, que le dejó el trabajo sucio a su picador.
Total, que cuando en el ruedo irrumpió Injuriado, n° 55, las esperanzas de que Miura salvara los muebles a la grandeza del Toro ya no existían, y mucho menos aún que alguien se impusiera con pureza y verdad a un toro de Miura. Pero ahí anduvieron,  por suerte,  un toro encastado y un pequeño gran torero. Injuriado cumplió en el jaco,  donde recibió tralla, y José Mora le hizo las cosas de lujo durante la brega. Ahí había que estar, firme y sin cometer errores, porque el toro pronto iba al bulto. Cosas de la casta. Rafaelillo empezó con dos series por la mano derecha dominando al toro con poderío pero retorcido y perfilero. Pero fue echarse la muleta a la zocata y comenzar la fiesta. Aquellos naturales echándole la muleta al hocico, dando el pecho y llevando al toro por abajo y atrás nos hicieron vivir grandes emociones que no vivimos en toda la feria, por muchas orejas y alguna puerta grande que haya habido. La plaza rugió ante aquella maravilla que sucedía en el ruedo. Y es que había un torero que cargaba la suerte ante un toro de Miura. ¡¡Ahí es nada!! Solo la espada mandó al traste la puerta grande más verdadera de cuantas hayamos visto últimamente. ¡¡Ole torero!!

La corrida prosiguió con un quinto toro que también sacó dificultades dentro de sus posibilidades, pero Javier Castaño no está para muchos trotes, ya se sabe. Para él, todo eso del poderío, el bajar la mano, el templar y el mandar, es misión imposible.
Ya no digamos Serafín Marín, en cuyas manos tuvo a Arenoso, un toro de Miura noble y encastado que recibió en varas un castigo en honor a todos los toretes que matan aquellos que son tan buenos toreros que a Miura no la quieren ni ver. El toro no se amilanó después del caballo, y llegó a la muleta noble y encastado, con mucho que torear. Serafín, que solo con ver la A con asas en el anca del animal se pensaría que tenía delante a Satanás, ni estuvo ni quiso estar. ¡¡Vaya toro se le fue al tío!! Y el año que viene le darán otras dos tardes en Madrid. ¡¡Qué bien!!

Al final, Miura cerró la Isidro con algunos ejemplares ejemplares interesantes que dieron emoción y volvieron a hacernos sentir a los aficionados ese runrún que solo la casta del toro de lidia puede hacer sentir. Pero no solo fue cosa del mítico hierro. Rafaelillo regaló el mejor toreo al natural de lo que llevamos de año, y nos dio la razón a los que pensamos que otra forma de torear es posible. ¡¡Grande Rafael!!

Ah, y como dato curioso, Marco Galán paró al segundo de la tarde con tan sólo tres capotazos. ¡¡Sí sí, han leído bien, con tres capotazos dejó al animal postrado en la segunda raya!! Quizás sería bueno que volviera la buena y vieja costumbre de que sean los subalternos quienes salieran de inicio a parar a los toros...
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