lunes, 22 de junio de 2015

PICADORES Y ALGUACILES: DOS ESPECIES (CASI) EXTINGUIDAS

Hace dos semanas que terminó eso de la Champions League de los Toros, y la verdad es que podría empezar ahora mismo a hablar ríos de tinta de lo que dio de sí esta feria y todo lo que en ella pasó. Pero prefiero no hacerlo porque terminaría pronto, resumiendo de forma clara y precisa que la Feria de San Isidro 2015 ha sido una gran mierda que ni Manuel Escribano, ni Rafaelillo ni tres toros de Miura fueron capaces de maquillar ni a última hora.
De este San Isidro 2015 prefiero hacer hincapié en lo patente que ha quedado el grave peligro de desaparición que corren dos especies. No, no hablo del aficionado. Ese, más que desaparecer, le han echado y además hace tiempo ya, y hoy día sólo queda algún ejemplar en cautiverio, aunque ya veremos por cuanto tiempo. Hablo, en primer lugar, de los picadores. Esos señores a caballo, que aun subordinados al matador, se les sigue permitiendo hoy vestir la chaquetilla de oro porque un día incluso tenían más protagonismo que el propio maestro. Pero lo que llega siendo las exigencias de la "nueva bravura", les han convertido en un pelele muy prescindible. La mayoría de los toros ya vienen picados desde que estaban en el vientre de su señora vaca, y no necesitan de los servicios de esos señores del castoreño. Ellos, que debe ser que les da igual verse de aquí a no muchos años plantando cebollas o recolectando fresas, son cómplices de la desaparición de la suerte de varas, prostituyéndose muy dolosamente a las exigencias de ese pseudoestectáculo que nos quieren colar como Tauromaquia. Pero lo peor viene cuando sale algún toro con muchos pies, que por suerte aún sigue quedando alguno, y hacen de una sola vez el trabajo que deberían hacer en tres entradas al caballo. No nos dejan ver lo que daría de sí el toro, y además lo masacrando y nos dejan sin toro. La suerte de varas, el trabajo del picador, o cómo queramos llamarlo, no es eso...
Que sí, que en realidad son unos mandados y solo cumplen las órdenes de su jefe. Pero... ¿y el amor y la afición a su profesión, dónde quedó? ¿No les interesa defender la suerte de varas, que al fin y al cabo es el pan suyo de cada día? ¿O quizás nos interesa más esa defensa a quienes nos dejamos los euros en esto? Si es que el mundo está hecho al revés

Así las cosas en el mundillo del castoreño, cuya extinción no será la única, no. Hay otros señores, dos en este caso, que tampoco parece que pinten mucho en la Tauromaquia 2.0. Estos dos señores también montan a caballo, pero no gastan castoreño, no se crean. Más bien, gastan pluma y bellas galas del Madrid antiguo.
¿Dónde ha quedado la labor de los alguaciles? Esa pregunta me la hacía cada tarde saliendo de la plaza. Está claro que el valor simbólico del despeje plaza lo hacen de manera extraordinaria, no hay duda. Tampoco se les da mal eso de entregar las orejas en mano, y además es algo que en esta feria han tenido que hacer de forma repetida (aunque a más de uno le tendrían que haber susurrado al oído: "niño, no te lo creas"). Pero poner orden en el ruedo y evitar las malas artes de algunos, parece ser que a los alguacilillos de la plaza de Madrid se la trae al viento. Los toreros no ocupan su correspondiente sitio y el de la pluma se queda mirando y no parece que le importe mucho, el picador que tapa la salida sin motivo, es decir todos, no es recriminado, y el que comete barbaridades con la puya nadie le dice nada. Pero lo más sangrante de este asunto son las censurable ruedas de peones. Recuerdo que hasta no hace mucho, ahí andaba el alguacil, azotando las tablas con su palito en señal de recriminación, y los peones bajaban la cabeza y hacían caso. Eso, después de esta feria, parece que es historia. Los peones salen del burladero, hacen la rueda en varias ocasiones, los de la pluma ahí como si fueran don Tancredo López, los cuatro talibanes que de esto no tienen idea pegando voces y protestando tan vomitiva acción, y los peones pasándose el reglamento y la ética por el arco del triunfo, que para eso se juegan la vida y deben merecer respeto, aun cuando hacen cosas feas.

Picadores y alguacilillos, esas dos especies de la Tauromaquia que han acabado en el purgatorio. Como acabará la Tauromaquia en sí, como a los nuevos mando es del país se les siga dando razones fundadas para que la eliminen del mapa.

Publicar un comentario