lunes, 20 de abril de 2015

UN NOSEQUÉ QUE VIENE DE TRIGUEROS

La novillada de hoy, una vez pasado y digerido el pertinente suplicio con el petardo ganadero y con los del coche de viajeros, ha servido para salir de la plaza con un nosequé en el alma provocado por algo que no es nada usual a día de hoy: un novillero que ilusiona. Así, tal cual. Y no, no me refiero precisamente al que han sacado en volandas por la Puerta Grande por obra y gracia de un funcionario del CNP.
David de Miranda, de Trigueros, se ha presentado hoy en Madrid y nos ha dejado en algunos ese nosequé con unas maneras difícil de apreciar en la Tauromaquia del siglo XXI. Y lo ha hecho con dos novillos de la Ventana del Puerto que, al igual que el resto de sus hermanos de camada, más vale que su producción cárnica no tenga nada que ver con su comportamiento en el ruedo.
Si bien su quehacer ante el segundo de la tarde pasó sin pena ni gloria y estuvo dotada de un halo de frialdad, ante el quinto de la tarde su actitud cambió. No es que el chaval tuviera una actuación sobresaliente, ni tampoco el novillo era para estar de fábula con él. Pero sus cartas mostradas esta tarde nos descubren un novillero muy asentado, con la figura erguida y rematando los muletazos atrás y abajo. En pocas palabras, un chaval que quiere hacer el toreo. Aquí hay torero, señores. Solo hace falta verlo ante una novillada que embista.

David de Miranda nos ha dejado huella en el alma esta tarde, pero el verdadero triunfador ha sido un chaval llamado Roca Rey, y al cual se lo han llevado en volandas por una actuación tan corajuda como torpe, y sin haber dado siquiera un muletazo a derechas. Una oreja en el sexto novillo premiando el haber estado en novillero toda la tarde, hubiera sido el premio justo al conjunto de la tarde. Pero la oreja del tercero, ni por toreo, ni por mayoría, ni por supuesto por la estocada, era merecedora de tal honor. Al final, lo de siempre: 1+1=2, y todos contentos, pero en Madrid no todo debiera valer.

De Tomás Angulo, otrora componente del cartel, solo es destacable su enorme jeta, ya que dio una vuelta al ruedo por su cuenta y en la que los únicos vítores que escuchó fueron los de sus paisanos, que hasta le aplaudieron un bajonazo infame. ¿Qué tal si la próxima vez, en vez de regalarles entradas a los toros, se las regalara para el ballet o la ópera?

Apunten nombre: David de Miranda.
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